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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Regarding language, there is a metaphysical program which relies on signs and configures language as a means of logical representation. This view pervades Piaget's proposal and, in turn, underlies some current pedagogical models. This paper approaches some constructivist theories and specifically, the relationship between language and thought and the role of transduction in children's reasoning.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[    <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><font size="4"><b>Piaget: lenguaje, conocimiento y Educaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Piaget: Language, Knowledge and Education</b></font></p>      <p align="center">Alfonso C&aacute;rdenas P&aacute;ez<sup><a name="nu*"></a><a href="#num*">*</a></sup></p>  <sup><a name="num*"></a><a href="#nu*">*</a></sup>Profesor de planta e investigador del Departamento de Lenguas de la Universidad Pedag&oacute;gica Nacional. Coordinador del &eacute;nfasis en Lenguaje y Educaci&oacute;n del Doctorado Interinstitucional en Educaci&oacute;n-DIE. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:acardena@pedagogica.edu.co">acardena@pedagogica.edu.co</a></p>    </FONT>    <p><font size="2" face="verdana">Recibido: 3-abr-11. Arbitrado: 20/06/11</font></p> <font size="2" face="verdana"><hr>        <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>      <p>En lo concerniente al lenguaje, existe un programa metaf&iacute;sico que se apoya en el signo y que configura el lenguaje como medio de representaci&oacute;n l&oacute;gica. Esta concepci&oacute;n es la que permea la propuesta de Piaget y, a la vez, sirve de base a algunos modelos pedag&oacute;gicos actuales. Este art&iacute;culo es una aproximaci&oacute;n a algunas tesis constructivistas y, en particular, a la relaci&oacute;n entre el lenguaje y el pensamiento y el papel que desempe&ntilde;a la transducci&oacute;n en el razonamiento infantil.</p>      <p align="center"><b>Palabras Clave</b> Piaget, lenguaje, pensamiento, Educaci&oacute;n, constructivismo, transducci&oacute;n.</p><hr>       <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      <p>Regarding language, there is a metaphysical program which relies on signs and configures language as a means of logical representation. This view pervades Piaget's proposal and, in turn, underlies some current pedagogical models. This paper approaches some constructivist theories and specifically, the relationship between language and thought and the role of transduction in children's reasoning.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><b>Keywords</b> Piaget, language, thought, education, constructivism, transduction.</p><hr>       <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p>Uno de los pensadores m&aacute;s importantes del siglo pasado fue el psic&oacute;logo suizo Jean Piaget. De hecho, sus planteamientos llenaron buena parte de la historia del conocimiento y sus tesis orientaron, no sin controversia, la Educaci&oacute;n que se impart&iacute;a en los planteles de Europa y Am&eacute;rica, muy a pesar del presupuesto de que "Aprender es inventar". Su inter&eacute;s l&oacute;gico y epistemol&oacute;gico corresponde, en la pr&aacute;ctica, a un per&iacute;odo de transici&oacute;n en que comienzan a ventilarse muchos de los conceptos que han contribuido a variar la historia del pensamiento en el &uacute;ltimo siglo: acci&oacute;n, construcci&oacute;n, razonamiento y lenguaje.</p>      <p>Si bien es cierto que en la historia de Occidente y en particular en el per&iacute;odo que conocemos como modernidad, el hombre ha sido proclive a prescribir un cierto programa que pasa por la creencia en la realidad, las ideas, la objetividad, la conciencia y la verdad, no lo es menos que este programa comenz&oacute; a hacerse insostenible bien entrado el Siglo XX. Dicho modelo comprend&iacute;a el universo positivo donde se impone la verdad como concepto objetivo y la experiencia se configuraba como un terreno observable, medible y controlable cuya expresi&oacute;n m&aacute;xima era la ciencia.</p>      <p>En lo concerniente al lenguaje, tal programa metaf&iacute;sico se apoyaba en el signo y en el papel del lenguaje como <I>medio de representaci&oacute;n</I> que reflejaba la realidad que el hombre asimilaba e incorporaba a trav&eacute;s de la experiencia. Fue en torno a esta disputa como a lo largo del siglo XX, el lenguaje cobr&oacute; una fuerza inusitada y gener&oacute; diversidad de propuestas que conformaron el llamado "giro ling&uuml;&iacute;stico" (Rojas, 2006).</p>      <p>Dada esta situaci&oacute;n y dentro de la l&iacute;nea de investigaci&oacute;n <I>Un marco semiodiscursivo y sociocognitivo para la ense&ntilde;anza del lenguaje</I><sup><a name="n1"></a><a href="#nm1">1</a></sup>, uno de los autores que nos concierne es Jean Piaget. Al lado de Vygostky y Bruner, constituye una de las fuentes que alimenta la mirada sobre el lenguaje, en particular en lo correspondiente a la funci&oacute;n simb&oacute;lica, as&iacute; como al enfoque constructivista que enmarca su aproximaci&oacute;n al conocimiento.</p>      <p>Por eso, este art&iacute;culo busca, en primer lugar, aproximarse a algunas tesis piagetianas en cuanto a su importancia para el cambio de visi&oacute;n psicol&oacute;gica y el inter&eacute;s que pudieron tener para la educaci&oacute;n; en segundo lugar, proponer una visi&oacute;n cr&iacute;tica que precise algunas l&iacute;neas para sacar el mejor provecho educativo de lo que, en su momento, constituy&oacute; una revoluci&oacute;n en el conocimiento.</p>      <p>Por eso, concentraremos la atenci&oacute;n en las relaciones entre el pensamiento y el lenguaje (Piaget, 1977a) y, en particular, en el razonamiento transductivo, habido el inter&eacute;s que ellos motivan en la Educaci&oacute;n.</p>      <p><font size="3"><b>1. Pensamiento, lenguaje y Educaci&oacute;n</b></font></p>      <p>Como se sabe, una de las preocupaciones fundamentales de Piaget es el desarrollo cognitivo del ni&ntilde;o y el papel que diferentes factores (acci&oacute;n, afectividad, emoci&oacute;n, socializaci&oacute;n, razonamiento) ejercen en el funcionamiento psicol&oacute;gico, a trav&eacute;s de las transformaciones que definen el cambio cualitativo que va del ni&ntilde;o al adulto. Gracias a la disposici&oacute;n interna caracter&iacute;stica del organismo (inteligencia), el ser humano tiene una manera &uacute;nica y espec&iacute;fica de interactuar con el medio ambiente para organizar estructuralmente el conocimiento, a partir de la acci&oacute;n (Wallon, 1980).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El organismo humano act&uacute;a una vez entra en contacto con el medio; dichas acciones se van organizando en esquemas que coordinan acciones f&iacute;sicas y mentales y conducen desde los reflejos a esquemas sensoriomotores y, luego, a estructuras intencionales, conscientes y generalizables. Cada una de las instancias (reflejos, esquemas y estructuras operacionales) responden a diversos grados de conocimiento e implican que este, m&aacute;s que una forma de incorporar la realidad, es una manera de organizarla de manera activa mediante acciones y operaciones que incorporan de modo complejo otras nuevas acciones, o gracias al acomodamiento a nuevos objetos o situaciones, cuya finalidad es buscar el equilibrio que responda a las exigencias actuales del medio dentro de un dinamismo compensatorio abierto e indefinido.</p>      <p>Para Piaget, la fuente de las operaciones mentales no hay que buscarla en el lenguaje sino en la acci&oacute;n como base de la organizaci&oacute;n de la experiencia. Este dualismo interesado en el desarrollo cognitivo y poco atento al lenguaje es conexo, por un lado, de la instancia estructural propia de la transparencia del lenguaje y, por otro, del principio de representaci&oacute;n, de modo que el pensamiento pre-operativo est&aacute; en la base adquisici&oacute;n del lenguaje; uno y otro hacen parte, entonces, de una funci&oacute;n general: la funci&oacute;n simb&oacute;lica sin que su relaci&oacute;n sea necesaria. As&iacute;, el lenguaje s&iacute;gnico es definitivo para la representaci&oacute;n (Piaget, 1981a) y tendr&aacute; un papel decisivo en la formaci&oacute;n de los conceptos, pero no ser&aacute; necesario en la percepci&oacute;n o en los esquemas sensorio motores, ya que a partir de la imitaci&oacute;n de modelos, las acciones se transforman en esquemas que paulatinamente se desprenden de los modelos y los contextos y se interiorizan para dar lugar a las representaciones.</p>       <p>De acuerdo con lo dicho, el origen del pensamiento est&aacute; en la funci&oacute;n simb&oacute;lica pero no en el lenguaje. Esta concepci&oacute;n piagetiana responde exactamente a la l&oacute;gica de la lengua, es decir, a una visi&oacute;n del signo verbal como expresi&oacute;n del concepto cuya cobertura est&aacute; por debajo de la funci&oacute;n simb&oacute;lica y en la cual se destacan el juego simb&oacute;lico, la imitaci&oacute;n diferida y las im&aacute;genes mentales.</p>      <p>La situaci&oacute;n es descrita por Piaget (1991: 115) cuando plantea que:</p>  <ul>...como el lenguaje no es m&aacute;s que una forma particular de la funci&oacute;n simb&oacute;lica, y como el s&iacute;mbolo individual es m&aacute;s simple que el signo colectivo, nos vemos obligados a concluir que el pensamiento precede al lenguaje, y que este se limita a transformarlo profundamente ayud&aacute;ndole a alcanzar sus formas de equilibrio mediante una esquematizaci&oacute;n m&aacute;s avanzada y una abstracci&oacute;n m&aacute;s m&oacute;vil.    </ul>      <p>Por tanto, en Piaget, se enfrentan dos nociones relativas al lenguaje: una ling&uuml;&iacute;stica y otra semi&oacute;tica. En la arena de este conflicto, por un lado, destaca el signo y su capacidad de representaci&oacute;n conceptual correlativa de la concepci&oacute;n de lengua y, por otro, una visi&oacute;n semi&oacute;tica de mayor cobertura que, adem&aacute;s de los signos verbales, cubrir&iacute;a factores t&iacute;picos de orden indicial, simb&oacute;lico e imaginario, atinentes a la acci&oacute;n cuyo marco es la funci&oacute;n simb&oacute;lica.</p>      <p>De este modo, la funci&oacute;n simb&oacute;lica es decisiva en la puesta en escena y en la interiorizaci&oacute;n de la acci&oacute;n, en el distanciamiento de la realidad, en el desarrollo de la significaci&oacute;n y en la necesidad de echar mano, no solo de los signos verbales, sino de diferentes dispositivos semi&oacute;ticos: s&iacute;mbolos, se&ntilde;ales e indicios; todos, de manera diversa, contribuyen a la construcci&oacute;n de la realidad y al intercambio comunicativo, con lo cual es posible aceptar que el ser humano se encuentra en un mundo cultural doblemente marcado por la <I>interobjetividad</I> y por la <I>intersubjetividad</I>. Parece, pues, que no es este el sustrato en que se ubican los planteamientos.</p>      <p>El modelo constructivista de Piaget si bien parte del trasfondo indicial y simb&oacute;lico que lo caracteriza no saca todos los frutos constructivistas que se derivan de &eacute;l<sup><a name="n2"></a><a href="#nm2">2</a></sup>. Sigue en cierta medida el modelo metaf&iacute;sico de la representaci&oacute;n y la verdad. As&iacute;, el modelo simb&oacute;lico e indiciario queda atr&aacute;s como un rezago de la <I>analog&iacute;a</I> (Babolin, 2005) y tampoco se hacen sentir los efectos narrativos de la acci&oacute;n por lo cual, su enfoque, a pesar de que se aparta de la postura frente a la realidad y se inclina por las formas de concebirla, sigue fiel a los presupuestos epistemol&oacute;gicos y l&oacute;gicos que animan su propuesta. En este sentido, Piaget se atiene a las consecuencias del inter&eacute;s epistemol&oacute;gico que persigue.</p>      <p>De acuerdo con Piaget (1973), el intelecto humano avanza desde lo sensoriomotor hasta lo conceptual-l&oacute;gico en la constituci&oacute;n de estructuras mentales; pero este proceso no se circunscribe a ninguno de los dos factores, pues el conocimiento no se manifiesta en etapas sino que es integral, hol&iacute;stico, no obstante la posibilidad de que, a veces, prevalezca uno sobre el otro, otros a trav&eacute;s de manifestaciones m&aacute;s o menos caracterizadas e identificables en sus elementos.</p>      <p>Si bien es cierto que el conocimiento resulta epistemol&oacute;gicamente de la relaci&oacute;n sujeto-objeto, la cultura es la encrucijada que no se puede soslayar porque all&iacute; se conectan el individuo como ser biol&oacute;gico y ps&iacute;quico con la realidad social; en ese entronque la persona se subjetiviza de m&uacute;ltiples maneras, formando una tr&iacute;ada donde se operan m&uacute;ltiples transformaciones que afectan a cada cual en particular. Por ejemplo, el sujeto asume el objeto, incorpor&aacute;ndolo a su mente y transform&aacute;ndolo cognitivamente, pero ese objeto asumido, asimilado ya no es el objeto real, f&iacute;sico y concreto, externo e independiente del sujeto; a la vez, el sujeto concept&uacute;a el objeto pero, adem&aacute;s, posee capacidades para sentirlo, desearlo, imaginarlo, so&ntilde;arlo. En este proceso, se transforma el sujeto que, en &uacute;ltima instancia, al enfrentar o al confrontar su saber con el de la sociedad, se diversifica y sufre una nueva transformaci&oacute;n que no solo adapta su conocimiento, sino que adopta el conocimiento social, abriendo un campo donde juegan dos vertientes poderosas: la racional y la imaginaria, colectivas ambas pero cimentadas en ese complejo enfrentamiento sujeto-objeto, en el que se pone en evidencia el hombre en sus aristas como ser biol&oacute;gico, ps&iacute;quico, cultural, hist&oacute;rico y social.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esa relaci&oacute;n entre lo biol&oacute;gico y lo ps&iacute;quico, a la luz de la racionalizaci&oacute;n emp&iacute;rica de la actividad del ni&ntilde;o, lleva a Piaget a plantear que el desarrollo mental del ni&ntilde;o avanza desde estructuras reflejas innatas hasta estructuras l&oacute;gicas mentales (Piaget &amp; Inhelder, 1976), a trav&eacute;s de una serie de etapas sucesivas, que partiendo de lo biol&oacute;gico llegan a lo l&oacute;gico-formal. Sin embargo, falta la integraci&oacute;n de las dem&aacute;s facetas que apenas quedan enunciadas. Por tanto, Piaget (1975, 1991; 1977) se&ntilde;ala que en el proceso de evoluci&oacute;n mental del ni&ntilde;o, se da la tendencia a no diferenciar entre el <I>yo</I> y el mundo exterior. A partir de la funci&oacute;n simb&oacute;lica, opera un bloque de indicios que manifiesta un egocentrismo inconsciente donde el <I>yo</I> es el centro de ese universo.</p>      <p>De tal egocentrismo, solo se cobra conciencia en la medida en que se producen la socializaci&oacute;n, primero como relaciones de subordinaci&oacute;n al adulto, luego como intercambio a partir de la acci&oacute;n y capacidad de fabulaci&oacute;n y de juego mediante el lenguaje. Pero, &iquest;acaso ese bloque de indicios deja de operar cuando se alcanza un mayor grado de desarrollo mental? &iquest;Desaparece el papel significativo de los indicios en aras de la demostraci&oacute;n y de la prueba, en pro de la s&iacute;ntesis y la generalizaci&oacute;n? &iquest;Se empobrece la funci&oacute;n simb&oacute;lica, se desemiotiza a favor de la importancia que cobran los signos verbales y los conceptos?</p>      <p>De acuerdo con Piaget (1961/1987), el pensamiento egoc&eacute;ntrico se presenta en esa especie de juego al que se puede denominar juego simb&oacute;lico o juego de imaginaci&oacute;n e imitaci&oacute;n. Estos juegos constituyen una actividad real del pensamiento que consiste, efectivamente, en satisfacer al yo mediante una transformaci&oacute;n de lo real en funci&oacute;n de los deseos: el ni&ntilde;o que juega recrea su propia vida corrigi&eacute;ndola seg&uacute;n su idea de la misma, reviviendo sus placeres o sus conflictos, resolviendo, compensando y completando la realidad mediante la ficci&oacute;n. &iquest;Desaparecen los deseos bajo el manto de la vida intelectual? &iquest;Deja el hombre de simbolizar para significar conceptualmente?</p>     <p>El hombre construye y transforma la realidad a partir de suyo: sus deseos, sus pensamientos y suficci&oacute;n. En el caso de Piaget, esta tendencia se ve reforzada por el animismo y el finalismo dos caracter&iacute;sticas &iacute;ntimamente ligadas, seg&uacute;n las cuales todas las cosas est&aacute;n dotadas de vida y de intenciones y todos los movimientos tienen una finalidad que no es puramente mec&aacute;nica. Piaget (1969) acota en relaci&oacute;n con estos esquemas lo siguiente:</p>  <ul>Estos esquemas no tienen nada de inteligentes, son simplemente demasiado ingeniosos, demasiado f&aacute;ciles para servir para un uso preciso. Pero tarde o temprano ser&aacute;n sometidos a una severa selecci&oacute;n y a una reducci&oacute;n mutua que los aguzar&aacute; y har&aacute; de ellos un excelente instrumento de invenci&oacute;n en los &aacute;mbitos en que son &uacute;tiles las hip&oacute;tesis.    </ul>      <p>Piaget, al orientar su planteamiento hacia la invenci&oacute;n, muestra que el ni&ntilde;o revela, desde un principio, rasgos de creatividad, donde siendo fiel a su "realidad", a su naturalismo, a su inconsciencia y a su fantas&iacute;a crea productos que, m&aacute;s que manifestaciones del dominio de su ser ps&iacute;quico, son la materia para producir el lenguaje figurado<sup><a name="n3"></a><a href="#nm3">3</a></sup> que, en el caso del ni&ntilde;o, se expresa a trav&eacute;s de figuras como la <I>personificaci&oacute;n</I> y la <I>coordinaci&oacute;n</I> (Desrosiers, 1978).</p>      <p>La personificaci&oacute;n instaura una relaci&oacute;n entre seres conectados por el animismo y la visi&oacute;n sincr&eacute;tica e intuitiva de la realidad; como se sabe, en esta etapa, el lenguaje posee un poder m&aacute;gico que, en detrimento de su funci&oacute;n comunicativa, le permite no solo acompa&ntilde;ar la acci&oacute;n, sinollegar a sustituirla (Piaget, 1975, 1977). En cuanto el ni&ntilde;o supera la etapa de las operaciones concretas, dicho poder m&aacute;gico se matiza y comienza a operar ya una actividad consciente propia de la imaginaci&oacute;n creativa que marca un distanciamiento de la realidad, convirti&eacute;ndose de reproductora en transformadora y creadora de otra realidad nueva. En este momento, la imaginaci&oacute;n se hace voluntaria y cobra plena libertad frente a la realidad, es capaz de prever el futuro, de producir im&aacute;genes t&iacute;picas, se hace fecunda, puesto que crea dentro de los l&iacute;mites de lo que es significativo y tiene poder de valorar la creaci&oacute;n por su novedad y originalidad. Una y otra implican el dinamismo de la imaginaci&oacute;n en sus nexos con los intereses. Motivos, deseos y sentimientos propios de la personalidad que transforma con fundamento en motivos especiales</p>      <p>Con respecto a la coordinaci&oacute;n, el lenguaje del ni&ntilde;o expresa la tendencia a hacer afirmaciones, a explicar todo sin justificaci&oacute;n l&oacute;gica, por el dominio de la precausalidad y por la existencia de enlaces m&uacute;ltiples. Estas caracter&iacute;sticas propias de la incapacidad sint&eacute;tica del ni&ntilde;o (Piaget, 1961/1987, 1969) tienen nexos con la yuxtaposici&oacute;n y confieren a las creaciones del ni&ntilde;o una manera especial de ser: en ellas se conecta lo continuo y lo discontinuo, lo real y lo m&aacute;gico, lo racional y lo irracional, lo previsible y lo imprevisible, de manera pl&aacute;stica y espont&aacute;nea; el ni&ntilde;o juega con distintas realidades configurando un retablo, si se quiere, confuso pero pleno de novedad, fantas&iacute;a y originalidad.</p>      <p>Esta ambivalencia intelectual se manifiesta tanto en el plano del pensamiento como del lenguaje a trav&eacute;s de la discontinuidad. Atendiendo a indagaciones de Piaget, el ni&ntilde;o antes de la etapa de las operaciones formales vive en un mundo sincr&eacute;tico, fantasioso, egoc&eacute;ntrico con sus dosis respectivas de ambivalencia y oscilaci&oacute;n entre grados de conciencia. Este actuar hace de &eacute;l un ser creativo, imaginativo y m&aacute;gico; estos dotes no son inherentes a todos los individuos en igual medida por lo cual presentan distorsiones y desequilibrios. Sin embargo, configuran el contexto donde, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, ocurre la <I>transducci&oacute;n</I> (C&aacute;rdenas, 2011).</p>      <p>Gracias a ese actuar, el pensamiento figurativo y formal ser&aacute; capaz en el futuro de percibir y abstraer rasgos sensoriales, generalizar las propiedades y relaciones de cualquier objeto de conocimiento y construir sentido a trav&eacute;s de la funci&oacute;n ps&iacute;quica que se sobrepone a la sint&aacute;ctica y pragm&aacute;tica (C&aacute;rdenas, 2004, 2011)<sup><a name="n4"></a><a href="#nm4">4</a></sup>, todas ellas concurrentes en la unidad dial&eacute;ctica de significante y significado. Asimismo, vali&eacute;ndose del car&aacute;cter operativo, realiza acciones mentales que reducen la neutralidad de la informaci&oacute;n y le asignan a los objetos marcas que los desarrollan tem&aacute;ticamente y crean redes de significaci&oacute;n que los diferencian de otros objetos a partir de los cuales se organiza el conocimiento.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como consecuencia, el modo operativo del pensamiento l&oacute;gico a trav&eacute;s de conceptos, estructuras, categor&iacute;as, demostraciones y razonamiento formal, invalida gran parte de lo anal&oacute;gico (O&ntilde;ativia, 1978) de la funci&oacute;n simb&oacute;lica, impone lo discreto en contra del sincretismo y define todo por la diferencia (Foucault, 1971), poniendo al margen lo difuso, marco dentro del cual opera la <I>transducci&oacute;n</I>.</p>      <p><font size="3"><b>2. Acci&oacute;n, lenguaje y representaci&oacute;n</b></font></p>      <p>De acuerdo con Bruner (1989b: 144), Piaget es uno de los titanes del desarrollo humano. El desarrollo humano constituye una forma de acci&oacute;n dram&aacute;tica en que el ni&ntilde;o tiene que reinventar el mundo a trav&eacute;s de un proceso de transformaci&oacute;n que va desde estructuras sensorio motoras a estructuras l&oacute;gicas; este proceso se concentra en sus efectos l&oacute;gicos y epistemol&oacute;gicos y tiene incidencia particular en la Educaci&oacute;n donde la premisa piagetiana asevera que "aprender es inventar".</p>      <p>La <I>acci&oacute;n</I>, en su solidaridad con el tiempo, pone en escena la construcci&oacute;n tel&eacute;tica del sentido de llegar a la verdad. Con tal fin<sup><a name="n5"></a><a href="#nm5">5</a></sup>, el lenguaje<sup><a name="n6"></a><a href="#nm6">6</a></sup> poco a poco se va desprendiendo de su funci&oacute;n simb&oacute;lica primordial y de sus contextos inmediatos para convertirse en lengua y, por tanto, en instrumento del pensar l&oacute;gico. Este papel instrumental, a pesar de los presupuestos sociales que permean la reflexi&oacute;n piagetiana, significa dejar de lado distintos tipos del pensamiento as&iacute; como el uso discursivo; dicha distancia parece ser necesaria en pro del soporte que el lenguaje brinda a las operaciones formales.</p>      <p>Para Piaget, este proceso es enteramente natural (Hern&aacute;ndez, 1984); el ni&ntilde;o se enfrenta al mundo con sus propias armas y a trav&eacute;s de la acci&oacute;n opera transformaciones que conllevan al desarrollo mental; la autosuficiencia de la mente y los dispositivos l&oacute;gicos hacen de ella una poderosa m&aacute;quina de procesamiento de estructuras l&oacute;gicas donde el lenguaje, cumple el papel de medio de representaci&oacute;n.</p>      <p>El lenguaje, si bien es motor del desarrollo mental, de la comprensi&oacute;n de lo humano, persiste en sus v&iacute;nculos con lo simb&oacute;lico y la acci&oacute;n humana en contextos culturales y sociales espec&iacute;ficos. En la perspectiva de Piaget, a diferencia de Vygotsky (1989), el lenguaje se aparta de la funci&oacute;n simb&oacute;lica y de la acci&oacute;n y pasa a reflejar el pensamiento; esto supone que el pensamiento avanza solo y que algunos de sus elementos, entre ellos la conciencia, anteceden al lenguaje. Este, en su papel de acompa&ntilde,ar, influye muy poco en el pensamiento y la conciencia, siendo su mayor ganancia las operaciones mentales en detrimento de la expresi&oacute;n.</p>      <p>Esta subordinaci&oacute;n significa que el lenguaje es un <I>medio</I><sup><a name="n7"></a><a href="#nm7">7</a></sup> cuya funci&oacute;n es reflejar el pensamiento; con ello, la tesis de Piaget, a pesar del constructivismo que la anima, es consistente con la creencia de una realidad pre-existente frente a la cual el lenguaje desempe&ntilde;a un papel referencial, distante de lo que podr&iacute;a ser su funci&oacute;n constituyente del pensamiento o del sujeto. Esta manera de concebir las cosas no extra&ntilde;a para nada al estructuralismo ling&uuml;&iacute;stico y la manera como este cay&oacute; presa de una visi&oacute;n dualista que redujo la lengua a un sistema formal y transparente, cuya significaci&oacute;n es reducible a ser espejo del pensamiento, la conciencia, la intencionalidad, la ideolog&iacute;a pues todos lo pre-existen. En consecuencia, la racionalidad nos impone un mundo &uacute;nico superior a la hechura cultural de la condici&oacute;n humana con sus dramas y conflictos, donde queda poco espacio para negociar el sentido y asumir los efectos de la misma acci&oacute;n a no ser la de los productos de la mente totalmente elaborados y asumidos en abstracto. La representaci&oacute;n contin&uacute;a siendo "espejo del mundo".</p>      <p>En s&iacute;ntesis, el hombre como ser de acci&oacute;n organiza mentalmente el conocimiento, a partir del piso de la experiencia. En apariencia, se podr&iacute;a presumir que Piaget se distancia de la reflexi&oacute;n y se al&iacute;a con pensadores que se afirman en la raz&oacute;n pr&aacute;ctica; sin embargo, la realidad es que no pudo romper los hilos que lo ataban a la reflexi&oacute;n, tal como se desprende de su concepci&oacute;n l&oacute;gica y epistemol&oacute;gica gen&eacute;tica para la cual lo importante es el conocimiento y la validez que le confieren las pruebas emp&iacute;ricas que le provee la psicolog&iacute;a.</p>      <p>Una opini&oacute;n diferente es la que nos propone Vigotsky (1989) quien, cercano al sentir de Bajt&iacute;n (1992), nos advierte que <I>lo social de las ideas se vuelve ps&iacute;quico por la mediaci&oacute;n del lenguaje</I> (ley de doble formaci&oacute;n); <I>el lenguaje transduce </I>(C&aacute;rdenas, 2011) <I>o transfiere la relaci&oacute;n que opera entre estos dos territorios que, siendo exteriores al lenguaje mismo, se transforman y magnifican la capacidad semi&oacute;tica del individuo a trav&eacute;s del sentido</I>. Las relaciones sociales y los procesos de interiorizaci&oacute;n psicol&oacute;gica resultan sustancialmente modificados en cuanto no son reflejo de lo que ocurre en la realidad, sino producto de la construcci&oacute;n psico-social de seres humanos en interacci&oacute;n.</p>      <p>En este proceso, el lenguaje media en el conocimiento multiplicando las formas de la representaci&oacute;n, reconstruyendo y controlando la actividad superior, d&aacute;ndole la flexibilidad y dinamismo operacional al sistema que, a la vez, se aferra al contexto a la par que cobra independencia de &eacute;l.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por eso, el lenguaje, m&aacute;s que simple medio, asume la condici&oacute;n de <I>mediador semi&oacute;tico y discursivo</I><sup><a name="n8"></a><a href="#nm8">8</a></sup> que integra, regula y transforma la acci&oacute;n inscrita en los <I>modos de conocer y comportarse de sujetos humanos</I> y hacia sus propias operaciones ling&uuml;&iacute;sticas, por lo cual el objeto resulta transformado y cargado axiol&oacute;gicamente. Este despliegue de contenido y valor, de relaciones y operaciones, provoca que resulten sustancialmente transformados el mundo, el hombre como sujeto y el lenguaje mismo, por lo cual <I>es imposible hablar de un reflejo isom&oacute;rfico de la realidad en la mente humana</I>. La realidad es una construcci&oacute;n lastrada por la experiencia del hombre; llena de vivencias, de focos de atenci&oacute;n espec&iacute;ficos, pre&ntilde;ada de puntos de vista, es abordable desde numerosas perspectivas que nos aproximan a ella en su complejidad.</p>      <p>Es por la acci&oacute;n de los sujetos discursivos que el sentido constituye una mediaci&oacute;n que se produce en contextos heterog&eacute;neos y revierte sobre aquella regul&aacute;ndola, equilibr&aacute;ndola y transform&aacute;ndola en acto, impidiendo que se prolongue al infinito, diversific&aacute;ndola y haci&eacute;ndola m&aacute;s intensa a trav&eacute;s de ciclos que agilizan el flujo<sup><a name="n9"></a><a href="#nm9">9</a></sup> de su ejecuci&oacute;n y garantizan la eficacia de los procesos. As&iacute;, el lenguaje rompe los lazos con la representaci&oacute;n ya que la mediaci&oacute;n<sup><a name="n10"></a><a href="#nm10">10</a></sup> disocia simb&oacute;licamente la realidad objetiv&aacute;ndola,</p>      <p><font size="3"><b>3. El razonamiento en Piaget</b></font></p>      <p>Como se dijo al principio, Piaget acoge los principios demostrativos de la ciencia y persigue explicar la naturaleza del conocimiento, ci&ntilde;&eacute;ndose a los c&aacute;nones epistemol&oacute;gicos y l&oacute;gicos de su programa de investigaci&oacute;n. Este programa obedece, entonces, a los principios de la inducci&oacute;n. Esto quiere decir que la demostraci&oacute;n, como aquel principio que, seg&uacute;n Arist&oacute;teles, "produce ciencia", nos lleva a la verdad ya porque los enunciados sean verdaderos por definici&oacute;n (l&oacute;gica y matem&aacute;tica), porque sean coherentes o correspondan a la realidad o porque provoquen consensos o sean verificables emp&iacute;ricamente. En esto, Piaget se mantiene fiel a los postulados l&oacute;gicos y epistemol&oacute;gicos que persigue en su compromiso con la representaci&oacute;n<sup><a name="n11"></a><a href="#nm11">11</a></sup> y en su b&uacute;squeda del conocimiento.</p>      <p>Sin embargo, el hecho de tratar con ni&ntilde;os y de aludir a la funci&oacute;n simb&oacute;lica genera en su teor&iacute;a diversos planteamientos que forman progresos y perspectivas que apuntan, dentro de su visi&oacute;n constructivista, hacia lo que m&aacute;s tarde se llamar&aacute; complejidad. Una de esas perspectivas es la que toca el razonamiento transductivo, el cual, a nuestro parecer tiene asiento en que dentro de su programa demostrativo, por un lado, el estudio de la causalidad en el ni&ntilde;o lo llevaba a la paradoja de aceptar las instancias f&iacute;sica y l&oacute;gica pero, al mismo tiempo, acoger la psicol&oacute;gica y, por otro, reconocer la importancia de las se&ntilde;ales dentro de la funci&oacute;n simb&oacute;lica.</p>      <p>Piaget, al tomar en sus manos el problema de los porqu&eacute;s infantiles, pon&iacute;a de manifiesto la tendencia de los ni&ntilde;os a dar prelaci&oacute;n a las causas psicol&oacute;gicas y a dar explicaciones con base en un esquema ce&ntilde;ido a la relaci&oacute;n motivo-acci&oacute;n (Piaget, 1977 y 1977a). Este aserto nos sugiere que en el desarrollo cognitivo queda por fuera la <I>causalidad psicol&oacute;gica</I> (motivo-acci&oacute;n) cuando no el azar, lo cual cuenta cuando se trata de recuperar los asuntos relativos al acontecimiento y la acci&oacute;n y, por supuesto, el papel del sujeto en cuanto a sus posiciones, intereses y necesidades, en la manera como organiza y vive su vida, como produce cultura y construye, en general, los modos de vivir humanos. Por eso, es necesario hablar de nuevas formas de razonamiento y establecer diferencias entre el razonamiento tradicional (inductivo y deductivo) y la forma que aqu&iacute; nos interesan particular al razonamiento transductivo.</p>      <p>En cuanto a las consecuencias que se derivan de la funci&oacute;n simb&oacute;lica, es claro que las se&ntilde;ales desempe&ntilde;an un papel fundamental en la manera como el hombre vive, act&uacute;a y se comporta; solo que las se&ntilde;ales no aportan ninguna verdad y, en su lugar, acogen la certeza, lo veros&iacute;mil o lo posible o apuntan a la correcci&oacute;n de nuestros actos o indican qu&eacute; debemos hacer o c&oacute;mo proceder en determinadas circunstancias. Como es previsible, estas formas del sentido se apartan de la concepci&oacute;n piagetiana de la representaci&oacute;n y, por supuesto, de los c&aacute;nones cient&iacute;ficos cercanos al signo en la modernidad<sup><a name="n12"></a><a href="#nm12">12</a></sup> (Kristeva, 1974).</p>      <p>Sin embargo, la raz&oacute;n compleja est&aacute; en ciernes en Piaget; solo que la concepci&oacute;n diacr&oacute;nica de las etapas del desarrollo cognitivo induce a pensar que la construcci&oacute;n de una etapa posterior borra en la pr&aacute;ctica los presupuestos que le sirven de apoyo. As&iacute;, la maduraci&oacute;n cognitiva del adulto aniquila los procesos que le sirvieron de base en la ni&ntilde;ez. Por eso, nos acercaremos a algunos planteamientos acerca de la transducci&oacute;n en la medida en que dicha forma de razonamiento ha logrado abrir nuevos caminos para una visi&oacute;n compleja y organizacional del mundo.</p>      <p>Piaget (1961/1987: 210-219) es uno de los pioneros en trabajar el razonamiento infantil, para lo cual se apoya en dos caracter&iacute;sticas: la globalizaci&oacute;n y la yuxtaposici&oacute;n del sentido, que son manifestaciones de la etapa sensoriomotriz en la cual encontramos el dominio de lo simb&oacute;lico y preconceptual, adem&aacute;s del egocentrismo y la irreversibilidad que le son connaturales.</p>      <p>Seg&uacute;n sus planteamientos (Piaget, 1961/1987:182), "la transducci&oacute;n puede ser definida como una combinaci&oacute;n de relaciones tejidas entre las cosas y el organismo por la acci&oacute;n misma (por los movimientos del organismo), pero sin que esta acci&oacute;n sea consciente de sus propios procesos, y sin que, por consiguiente, el pensamiento haya llegado a la toma de conciencia de su existencia". Queda claro que la transducci&oacute;n se caracteriza, en primer lugar, por el grado de inconsciencia que le es propio; en segundo lugar, queda por fuera de cualquier calificaci&oacute;n positiva por carecer de los rasgos l&oacute;gicos que tipifican la deducci&oacute;n; por tanto, es una forma de razonamiento que, si bien acoge la secuencia de relaciones que construye el conjunto de los movimientos cumplidos, esbozados o imaginados, carece de la reversibilidad de las acciones, de la conciencia del yo, de la ausencia de generalizaci&oacute;n, de la reciprocidad de las relaciones entre el mundo, el yo y los otros.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como se puede apreciar, esta es una visi&oacute;n excluyente y negativa de la transducci&oacute;n; sencillamente no merece mayor cr&eacute;dito porque, por principio, no es l&oacute;gica y tampoco se manifiesta como un proceso operatorio formal que se apoye en conceptos. Queda, entonces, relegada a la etapa pre-conceptual y primitiva del pensamiento lo que, de paso, supone que tiene poca significaci&oacute;n en el pensamiento adulto. En s&iacute;ntesis, es un proceso que no implica una cierta maduraci&oacute;n cognitiva.</p>      <p>Para Piaget, la inteligencia y la representaci&oacute;n constituyen una superaci&oacute;n de la imitaci&oacute;n, del simbolismo, del juego y de la imagen. Seg&uacute;n este decir, hay unas formas de pensar primitivas y otras superiores que evolucionan de manera lenta y mediada a partir de aquellas. As&iacute;, el ni&ntilde;o en la etapa sensoriomotriz (esquemas) adolece de un pensamiento primitivo pues maneja preconceptos relacionados con esquemas verbales donde prevalece la funci&oacute;n simb&oacute;lica de base. En este momento, el ni&ntilde;o es transductivo lo que significa que no es propiamente inteligente, que no piensa l&oacute;gicamente.</p>      <p>Para que este pensar se alcance, debe abandonarse el estado pre-conceptual y simb&oacute;lico, operar con la definici&oacute;n fija del concepto y manejar la inclusi&oacute;n o el sistema de clases y de relaciones que son propios de los <I>conceptos</I> en su correspondencia con los <I>signos. </I>En efecto, a Piaget le interesa saber c&oacute;mo se pasa de los juicios de acci&oacute;n a los juicios de comprobaci&oacute;n, donde el concepto se vincula con la diferencia, con la clase, con la generalizaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n (Piaget, 1961/1987: 297-308).</p>      <p>A la larga, su inter&eacute;s est&aacute; en establecer c&oacute;mo se pasa de la simple expresi&oacute;n egoc&eacute;ntrica a la comunicaci&oacute;n, de la imagen y el s&iacute;mbolo al signo, del sincretismo a la diferenciaci&oacute;n, de los preconceptos a los conceptos. Dadas las caracter&iacute;sticas que se desprenden de esta etapa (egocentrismo, irreversibilidad, pre-conceptualizaci&oacute;n, concretizaci&oacute;n, singularizaci&oacute;n, esquematizaci&oacute;n, ausencia de individualidad y de clase general, etc.), es f&aacute;cil concluir que all&iacute; donde predominan los s&iacute;mbolos, las im&aacute;genes y la acci&oacute;n no puede haber representaci&oacute;n y, por tanto, razonamiento. Solo se puede hacer transducci&oacute;n.</p>      <p>De acuerdo con Piaget (1961/1987: 315), "La generalidad completa no es alcanzada sino con la reversibilidad de las operaciones, como lo hemos demostrado en otra parte". Esta generalidad aparece con los conceptos operatorios que funcionan por encajes jer&aacute;rquicos (clases: parte/todo, por ejemplo), donde la asimilaci&oacute;n es mediata (no se asocia con objetos) y asume car&aacute;cter reversible y comunicable, a partir de la individualizaci&oacute;n del sujeto.</p>      <p>Por tanto, ese modo de proceder por "participaci&oacute;n pre-l&oacute;gica" y no por operaciones es t&iacute;pico del pensamiento infantil; cuando prevalecen los s&iacute;mbolos y las im&aacute;genes, lo importante es la imitaci&oacute;n, la acci&oacute;n y la sensaci&oacute;n, no el pensamiento. As&iacute;, para que haya razonamiento seg&uacute;n Piaget (1987: 316), "...es necesario que intervengan juicios que rebasen el campo de la percepci&oacute;n actual y est&eacute;n ligados a esta por un lazo de subordinaci&oacute;n necesaria". Entonces, cuando el razonamiento se apoya en preconceptos nos encontramos con la transducci&oacute;n, situaci&oacute;n intermedia entre el razonamiento sensorio-motor (coordinaci&oacute;n de esquemas de acciones) y el razonamiento conceptual (coordinaci&oacute;n de clases y de juicios).</p>      <p>Siguiendo a Stern, para quien los primeros razonamientos infantiles son inferencias que, en lugar de proceder de lo singular a lo general, o de lo general a lo singular, proceden de lo singular a lo singular, Piaget (1961/1987: 321) plantea que la transducci&oacute;n es un tipo de razonamiento que precede a la inducci&oacute;n y a la deducci&oacute;n. Entonces, adem&aacute;s de lo pre-conceptual, la transducci&oacute;n es una inferencia no regulada (no necesaria) inferior a los dos modos de razonamiento cl&aacute;sico, que se apoya en esquemas intermediarios entre lo individual y lo general.</p>      <p>Veamos, entonces, c&oacute;mo explica el psic&oacute;logo suizo la transducci&oacute;n:</p>  <ul>...la transducci&oacute;n es un razonamiento sin encajes reversibles de clases jer&aacute;rquicas ni relaciones. Siendo un sistema de coordinaciones sin encajes, por conexi&oacute;n directa entre esquema semi-singulares, la transducci&oacute;n ser&aacute;, pues, una especie de experiencia mental que prolonga las coordinaciones de esquemas sensorio-motores en el plano de las representaciones, y como estas representaciones no constituyen conceptos generales, sino simplemente esquemas de acci&oacute;n evocados mentalmente, como resultado &eacute;stos seguir&aacute;n siendo intermediarios entre el s&iacute;mbolo visual y el mismo concepto (Piaget, 1961/1987: 321-322).    </ul>      <p>En atenci&oacute;n a este planteamiento, la transducci&oacute;n da lugar a dos sistemas de inferencia; por tanto, puede conducir a <I>inferencias correctas</I> cuando se basa en esquemas pr&aacute;cticos (generalizados por las acciones) y a <I>inferencias incorrectas</I> cuando son necesarios "encajes de clases o composiciones de relaciones", pues no es un "mecanismo operatorio reversible", es decir, no tiene car&aacute;cter l&oacute;gico. Por lo mismo, la transducci&oacute;n resulta un mecanismo transitorio, un caso particular del proceso que de la centralizaci&oacute;n perceptiva y del egocentrismo lleva a la reciprocidad l&oacute;gica pero sin que cumpla un papel determinado en la cognici&oacute;n formal.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En opini&oacute;n de Piaget, la ausencia de clases, el escaso poder generalizador, la carencia de conciencia individual y la falta de socializaci&oacute;n (egocentrismo) vienen a ser propiedades del razonamiento transductivo. Estos son algunos s&iacute;ntomas de cierto primitivismo intelectual (Piaget, 1977b: 167-179) que llevan al ni&ntilde;o a incurrir en contradicciones y a que el pensamiento se muestre irreversible y sea incapaz de elaborar s&iacute;ntesis.</p>      <p>Seg&uacute;n Piaget (1961/1987: 173), "...la ausencia de rigor de la transducci&oacute;n se debe a la dificultad de manejar las relaciones y en particular a la dificultad para captar reciprocidades". Es, a la larga, producto de un desequilibrio entre la asimilaci&oacute;n y la acomodaci&oacute;n. El ni&ntilde;o, entonces, asimila todo al punto de vista inmediato o yuxtapone varias explicaciones lo que supone la irreversibilidad del pensamiento debido a la ausencia de leyes generales. Parece, pues, que el pensamiento que no se ajuste a los patrones de la l&oacute;gica descubiertos dentro de sus investigaciones por Piaget, no merece ser considerado dentro del proceso de construcci&oacute;n del razonamiento comprobatorio.</p>      <p>A pesar de esta visi&oacute;n negativa cuya constante es el primitivismo intelectual (Piaget, 1977b:175), m&aacute;s los factores de imitaci&oacute;n y contradicci&oacute;n que la caracterizan y que no se ajustan a la l&oacute;gica, los nuevos estudios que se han hecho acerca del tema reubican el asunto y desvirt&uacute;an los argumentos piagetianos. Uno de ellos se refiere a que la transducci&oacute;n es un razonamiento, que m&aacute;s all&aacute; de las estructuras l&oacute;gicas tradicionales (general/particular, simple/complejo), obedece a un orden transitivo que transfiere caracter&iacute;sticas del t&eacute;rmino medio a los extremos, procediendo de lo singular a lo singular, apoy&aacute;ndose en experiencias no generalizadas, conectadas con formas de justificar, afianzadas en la causalidad ps&iacute;quica.</p>      <p>En concreto, la transducci&oacute;n es un tipo de razonamiento transitivo que consiste en que la conclusi&oacute;n tiene el mismo grado de generalidad que las premisas. Seg&uacute;n Gortari (1972: 180). "La novedad del conocimiento obtenido a trav&eacute;s de una inferencia transductiva consiste en transferir las relaciones establecidas entre el t&eacute;rmino medio y los extremos, respectivamente, formul&aacute;ndola como relaci&oacute;n entre los t&eacute;rminos extremos". Para este autor, solo se pueden hacer inferencias transductivas a partir de premisas que consistan en juicios universales definidos o indefinidos o de juicios particulares, en donde la relaci&oacute;n que existe entre las premisas es la misma que se transfiere a la conclusi&oacute;n, de acuerdo con una &lsquo;ley de transitividad'.</p>      <p>En todo caso, la transducci&oacute;n se apoya en relaciones que se sostienen tanto en la transitividad como en el principio de identidad; de este modo, resulta que se pueden hacer inferencias por igualdad, por desigualdad, por simetr&iacute;a pero llaman la atenci&oacute;n las que se refieren a la homolog&iacute;a, referencia y analog&iacute;a<sup><a name="n13"></a><a href="#nm13">13</a></sup>. La diferencia est&aacute; en que, a diferencia de las seis primeras donde la relaci&oacute;n entre premisas y conclusi&oacute;n es transitiva, en la &uacute;ltima lo que se transfiere es la semejanza de la relaci&oacute;n, sin que se encuentre de manera expl&iacute;cita en las premisas.</p>      <p>Tal como se desprende de esta propuesta, la analog&iacute;a fundamenta la <I>transducci&oacute;n</I> como forma de razonamiento que se instala sobre la semejanza y los factores que la atraviesan, pero sin dejarla inmune: <I>igualdad</I>,<I> identidad</I>,<I> proporci&oacute;n</I>,<I> simetr&iacute;a</I>,<I> homolog&iacute;a.</I> Es decir, como toda inferencia, la transducci&oacute;n se apoya en la conexi&oacute;n que existe entre procesos ya sean de orden natural o mental; pero, en este &uacute;ltimo caso, no se queda en aquellos que experimenta (inducci&oacute;n) como tampoco en los que caben por necesidad l&oacute;gica (deducci&oacute;n) dentro del razonamiento. Al concebir la organizaci&oacute;n sistem&aacute;tica y auto-reflexiva de los sistemas, considera que no todo proceso obedece a la necesidad ni a la causalidad, que no todo proceso es rigurosamente nomol&oacute;gico.</p>      <p>Adicionalmente, la transducci&oacute;n es un tipo de <I>razonamiento sincr&oacute;nico</I> (extra&ntilde;o a la secuencia temporal) que transforma una se&ntilde;al o informaci&oacute;n en otra; su complejidad resulta de que a la par que <I>informa</I>, <I>forma</I> y <I>transforma</I> gracias a la mediaci&oacute;n de los transductores. Como tal, se apoya en la paradoja como puerta de entrada al pensamiento que tiene en la ambig&uuml;edad, la circularidad, la recursividad del lenguaje un sistema organizativamente auto-codificado pero informativamente abierto en cuanto produce y recibe informaci&oacute;n de continuo. Esta relaci&oacute;n supone trabajar tres instancias de la forma: real, imaginaria y simb&oacute;lica e incorporar el problema del sujeto, la acci&oacute;n y los valores como forma de atinarle a la verdad construida sobre la base de m&uacute;ltiples implicaciones que la configuran como un proceso permanente de transformaci&oacute;n. As&iacute;, la verdad<sup><a name="n14"></a><a href="#nm14">14</a></sup> est&aacute; atravesada por s&iacute; misma, es propuesta por alguien y construida a partir de determinadas formas y desde determinadas posiciones, con lo cual lo que llamamos mundo resulta sustancialmente transformado por nuestras visiones.</p>      <p>En consecuencia, la manera como conozco tiene que ver con el lenguaje que utilizo y con los recortes que hago en el flujo de energ&iacute;a que mueve la realidad y que percibo. Dentro de esos flujos, construyo mundos reales, imaginarios y simb&oacute;licos, que produzco y reproduzco, formo e informo, estableciendo entre ellos diversidad de relaciones, donde no se excluye la paradoja: debo hablar de la realidad en t&eacute;rminos de la realidad construida por los hombres y a trav&eacute;s de mediciones humanas (Mart&iacute;n-Barbero, 2003), entre ellas el sentido y su profunda condici&oacute;n refractaria: valorativa, ideol&oacute;gica.</p>      <p>En este sentido, la transducci&oacute;n violenta el principio de representaci&oacute;n introduciendo, por un lado, la  transformaci&oacute;n de todo: sujeto, objeto, instrumentos, m&eacute;todos, los cuales se vuelven auto-reflexivos y, por tanto, parad&oacute;jicos y, por otro, conservando la relaci&oacute;n sin exclusiones donde la unidad es abierta y problem&aacute;tica y la totalidad es organizaci&oacute;n de sistemas.</p>      <p>Aunque cabe reconocer que una de sus caracter&iacute;sticas es la ausencia de rigor, supuesta la incapacidad del ni&ntilde;o para manejar las relaciones y captar la reciprocidad entre ellas, la transducci&oacute;n es un medio de conocimiento leg&iacute;timo que supera los l&iacute;mites de lo conocido al extender las relaciones de las premisas a la conclusi&oacute;n en el mismo grado de una cualquiera de estas relaciones.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante, sabemos que esta no es la condici&oacute;n general. La transducci&oacute;n puede hacer uso del rigor conceptual seg&uacute;n lo evidencia el razonamiento matem&aacute;tico que se despliega sobre la <I>igualdad</I> y la <I>proporci&oacute;n</I>, o mostrar su importancia en la caracterizaci&oacute;n de diversos procesos a la luz de nuevos resultados del conocimiento (Simondon, 2005). Esto nos permite caracterizarla como un procedimiento anal&oacute;gico que, de por s&iacute;, no excluye la demostraci&oacute;n como tampoco el trabajo l&oacute;gico.</p>      <p>Por otro lado, pareciera que de acuerdo con Piaget, la transducci&oacute;n se opusiera a la creatividad dada su naturaleza apegada a lo pre-conceptual. Sin embargo, habr&iacute;a que reconocer que la creatividad no obedece a un exclusivo corte espec&iacute;fico. En funci&oacute;n de sus variantes, la transducci&oacute;n nos permite volvernos desconfiados, rebasar el molde convencional, configurar lo sincr&eacute;tico, desbordar la costumbre, acceder a la sorpresa, volvernos creativos. Es entonces cuando captamos de manera &iacute;ntegra, repentina e iluminada <I>relaciones</I> y <I>cualidades</I> entre elementos que, de continuo, participan en el intrincado campo de la experiencia. Debido a la hip&oacute;stasis que nos impone de golpe mundos posibles, acogemos, por ejemplo, el mito y la literatura como formas donde se conjugan lo racional con lo instintivo y adivinatorio para visualizar el mundo desde la unidad, desde la semejanza, desde la inclusi&oacute;n, desde la diferencia no indiferente.</p>      <p>Resulta, entonces, que esta es otra dial&eacute;ctica que no conduce necesariamente a la s&iacute;ntesis, a la generalizaci&oacute;n, a la verdad, tampoco consiste en ejercer una ontolog&iacute;a, pues es anterior a ella; es precisamente una <I>ontog&eacute;nesis</I> donde el ser deviene (Simondon, 2005). Ser&iacute;a f&aacute;cil decir que esta es una visi&oacute;n heraclitiana, en donde "todo fluye, nada permanece". La transformaci&oacute;n vendr&iacute;a a ser el resultado de dicho movimiento, la gran s&iacute;ntesis de tal proceso.</p>      <p>Para el caso, el devenir no afecta al ser, no le llega desde otro lugar, no le inhiere, como la forma a la materia: es el mismo ser que deviene y, por ello mismo, en esta acci&oacute;n, sus potencialidades, su energ&iacute;a, su unidad aparecen como una pluralidad cuya relaci&oacute;n es precisamente <I>transductividad; </I>mediante ella el individuo "ec-siste" como un fen&oacute;meno, una figura destacada del fondo.</p>      <p><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>      <p>Tal como se advierte a lo largo de este trabajo, son varios los aportes y muy nutrida la literatura que, en torno a ellos, produjo Piaget en relaci&oacute;n con el desarrollo l&oacute;gico del ni&ntilde;o. Su postura epistemol&oacute;gico gen&eacute;tica, pionera de lo que hoy se conoce como constructivismo, fue capaz en su momento de acoger diversos factores: biol&oacute;gicos, afectivos, emocionales, sociales e intelectuales que contribuyeron a configurar una teor&iacute;a fuerte de lo que pod&iacute;a ser el desarrollo cognitivo del ni&ntilde;o. En el mundo, son numerosos sus seguidores como ricas las aplicaciones de su visi&oacute;n en campos tan dis&iacute;miles como los de la filosof&iacute;a, la ciencia y la educaci&oacute;n.</p>      <p>De hecho, el desarrollo es un complejo integrado por determinaciones hereditarias, sociales, afectivas, intelectuales que implica para el ni&ntilde;o un trabajo enjundioso. As&iacute;, el papel de la mente consiste en organizar un sinn&uacute;mero de situaciones, acontecimientos y disposiciones para dar cuenta cierta de las condiciones que impone el mundo y de donde se desprende que la conducta es una integraci&oacute;n activa de cuerpo y mente, cosa que, por lo dem&aacute;s, no siempre es reconocida por los estudiosos o de serlo, no tiene las consecuencias que de dicha integraci&oacute;n se esperan.</p>      <p>Piaget, que era un buen moderno, consolid&oacute; una visi&oacute;n emp&iacute;rica fuertemente apoyada en las herramientas que le ofrec&iacute;a la psicolog&iacute;a para sostener su epistemolog&iacute;a gen&eacute;tica. Sin embargo, en eso quiz&aacute;s tambi&eacute;n radican algunos de sus problemas. El inter&eacute;s que mostr&oacute; por la acci&oacute;n, el lenguaje y el razonamiento, si bien le permitieron establecer principios de mucho arraigo y convicci&oacute;n, tambi&eacute;n dejaron puertas abiertas al debate y a la correcci&oacute;n que otros, desde diferentes fronteras, han emprendido con el fin de comprender de mejor manera lo que es el desarrollo humano. Tal es el caso de Vygotsky y Bruner quienes, adem&aacute;s de reconocer el trabajo de Piaget, discutieron fuertemente algunos de sus planteamientos con miras a hacerlos m&aacute;s coherentes con los principios que predicaban.</p>      <p>Uno de los planteamientos que suscita pol&eacute;mica apunta a la relaci&oacute;n entre el lenguaje y el pensamiento; la base de la discusi&oacute;n arraiga en el dualismo que, al final, escinde al uno del otro en la medida en que el &eacute;nfasis en la construcci&oacute;n cae bajo el manto de la representaci&oacute;n del lenguaje como medio de reflexi&oacute;n transparente, al amparo de la fuerza significativa del signo.</p>      <p>Otro punto de debate apunta a la transducci&oacute;n. Si bien se destaca la especial atenci&oacute;n que Piaget puso en el razonamiento infantil, la situaci&oacute;n precedente en que la pone frente a la inducci&oacute;n y la deducci&oacute;n, as&iacute; como las diferencias que establece (Piaget, 1961/1987: 321), si bien no contradicen la cronolog&iacute;a del desarrollo cognitivo, s&iacute; lo llevan a desconocer la persistencia de este modo de razonamiento en el adulto, as&iacute; como su posible extensi&oacute;n a otros campos como el de la organizaci&oacute;n gen&eacute;tica, donde como bi&oacute;logo pod&iacute;a tener intereses intelectuales. Quiz&aacute;, en este caso, se impuso su mente estructuralista y excluyente con lo cual entr&oacute; en discusi&oacute;n con los principios constructivistas que predicaba.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A pesar de todo, muchas de las tesis de Piaget gozan de buena salud y su m&eacute;todo psicol&oacute;gico puede tener alguna validez en la actualidad. Su trabajo serio, riguroso, emp&iacute;rico de vastos alcances, jam&aacute;s puede ser pasado por alto y los puntos de discusi&oacute;n que se destacan siempre han de configurar un marco para ahondar en la comprensi&oacute;n del desarrollo humano, sobre todo en el campo de la educaci&oacute;n donde sus teor&iacute;as, sin duda, han de generar inter&eacute;s en la ejecuci&oacute;n de mejores pr&aacute;cticas pedag&oacute;gicas y en la comprensi&oacute;n de los procesos de aprendizaje.</p><hr>       <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>  <sup><a name="nm1"></a><a href="#n1">1</a></sup>Este art&iacute;culo corresponde a la l&iacute;nea de investigaci&oacute;n DLE-033-99, patrocinada por UPN-CIUP y que, en diferentes momentos, ya sea bajo la modalidad de proyectos o de seminarios de investigaci&oacute;n adelanta el grupo "Ense&ntilde;anza del lenguaje-ELECDIS", clasificado &lsquo;C' por Colciencias.    <br>  <sup><a name="nm2"></a><a href="#n2">2</a></sup>Quien saca provecho de esta mirada es Bruner (1989a), cuyo inter&eacute;s se centra en la representaci&oacute;n en tres niveles: enactivo, ic&oacute;nico y simb&oacute;lico que, grosso modo, corresponder&iacute;an a las fases preoperatoria, de las operaciones concretas y de las operaciones l&oacute;gicas propuestas por Piaget.    <br>  <sup><a name="nm3"></a><a href="#n3">3</a></sup><I>De acuerdo con esta tesis, podemos preguntar: &iquest;Qu&eacute; pasa con el lenguaje como medio de re</I><I>presentaci&oacute;n?</I> &iquest;Por qu&eacute; el lenguaje es concebido como instrumento de representaci&oacute;n intelectual?    <br>  <sup><a name="nm4"></a><a href="#n4">4</a></sup>Estos planos indican que la funci&oacute;n semi&oacute;tica crea sentido gracias al car&aacute;cter concreto o abstracto de las unidades signo; al modo de representaci&oacute;n entre sus elementos y a las relaciones con los usuarios; asimismo, defines modos de aproximaci&oacute;n sint&aacute;ctica, sem&aacute;ntica y pragm&aacute;tica al sentido.    <br>   <sup><a name="nm5"></a><a href="#n5">5</a></sup>Curiosamente, la tesis de Piaget no lleva a considerar los actos de lenguaje sino que se compenetra con la mirada estructuralista que, desde la impronta saussureana (Saussure, 1967), considera a la lengua un conjunto de relaciones sistem&aacute;ticas compuesto por formas vac&iacute;as que, gracias a sus oposiciones, constituyen valor.    <br>  <sup><a name="nm6"></a><a href="#n6">6</a></sup>Uno de los estudiosos que se ha interesado en el lenguaje como acci&oacute;n es Echeverr&iacute;a (1997), desde una posici&oacute;n ontol&oacute;gica que contrasta fuertemente con la epistemol&oacute;gica de Piaget. Sin embargo y por paradoja, al ponernos en situaci&oacute;n, configura un fen&oacute;meno cultural que nos hace entrar en relaci&oacute;n con el mundo en calidad de realidad conocida y valorada; por tanto, el lenguaje genera referencia, lo que implica que nuestros discursos no se refieran a la realidad a secas sino a una construcci&oacute;n (Goodman, 1990) mediante la cual nos damos mundo.    <br>  <sup><a name="nm7"></a><a href="#n7">7</a></sup>Esta concepci&oacute;n es quiz&aacute;s una de las marcas diferenciales entre el pensamiento de Piaget y Vygotsky; para este, el lenguaje es una <I>media</I><I>ci&oacute;n</I> (Wertsch, 1985) que abre el universo del sentido hacia el pasado cultural, tiene poder productivo sobre las operaciones mentales superiores, a la par que fundamenta la conciencia y la visi&oacute;n ideol&oacute;gica del presente.    <br>  <sup><a name="nm8"></a><a href="#n8">8</a></sup>Esta mirada ha sido muy productiva, tanto desde la perspectiva del sentido como de la comunicaci&oacute;n; en este caso, uno de sus cultivadores es Mart&iacute;n-Barbero (2003) cuyo enfoque gira en torno a los mass media.    <br>  <sup><a name="nm9"></a><a href="#n9">9</a></sup>Este modo de operar muestra el car&aacute;cter activo y dial&oacute;gico y su papel impulsor de los <I>flujos sim</I><I>b&oacute;licos</I> (Araujo, 2002) de la cultura humana. El car&aacute;cter abierto y, en la pr&aacute;ctica ilimitado del proceso mediador, m&aacute;s las distancias que introduce promueven nuevas estructuras de conocimiento y de conducta, a las cuales se accede desde diversos <I>puntos de vista</I>, en una traves&iacute;a que va de lo l&oacute;gico a lo ideol&oacute;gico, pasa por lo psicol&oacute;gico y recorre el camino de lo temporal y espacial. La mediaci&oacute;n tiene, pues, un efecto catalizador que impide que se reinstale la unidad, se borre la diferencia, se tache la relaci&oacute;n, se obstruya la operaci&oacute;n.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="nm10"></a><a href="#n10">10</a></sup>Siguiendo lineamientos del mismo Piaget, puede decirse que la mediaci&oacute;n es un factor regulador y equilibrante que distingue la acci&oacute;n de las reacciones naturales o de la simple actividad y la transforma en la <I>conciencia</I> y en <I>conducta. </I>Gracias a las mediaciones, la conciencia se carga de lo <I>intencional</I> y la conducta deja de ser reactiva, ambas se enriquecen racional y contextualmente y construyen el marco donde fluyen y se consolidan la experiencia y el saber y, en general, la cultura humana. es decir, convirti&eacute;ndola en el avistamiento de un sujeto que, gracias a su acci&oacute;n, la reduce y llena de contenido, transform&aacute;ndola en algo valioso dentro de la cultura.    <br>  <sup><a name="nm11"></a><a href="#n11">11</a></sup>Desde la representaci&oacute;n, el pensamiento se muestra excluyente y monol&oacute;gico, borra la paradoja y anula la <I>semejanza</I> y, en consecuencia, las manifestaciones no s&iacute;gnicas de la funci&oacute;n simb&oacute;lica: ic&oacute;nicas, simb&oacute;licas y se&ntilde;al&eacute;ticas. Tal pensamiento ling&uuml;&iacute;stico (no semi&oacute;tico) dificulta hablar del conocimiento transductivo basado en se&ntilde;ales que forman, informan, transforman y deforman (Simondon, 2005), as&iacute; como de redes, <I>sincron&iacute;as</I>, simultaneidades cuya convergencia crea la posibilidad del di&aacute;logo y configura una visi&oacute;n <I>dial&eacute;ctica, anal&eacute;ctica y dial&oacute;gica</I> del mundo (C&aacute;rdenas, 2011).    <br>  <sup><a name="nm12"></a><a href="#n12">12</a></sup>Esta diferencia entre signo y s&iacute;mbolo tambi&eacute;n la plantea Foucault (1968: 26) cuando expresa que: "Hasta finales del siglo XVI, la semejanza ha desempe&ntilde;ado un papel constructivo en el saber de la cultura occidental. En gran parte, fue ella la que gui&oacute; la ex&eacute;gesis e interpretaci&oacute;n de los textos; la que organiz&oacute; el juego de los s&iacute;mbolos, permiti&oacute; el conocimiento de las cosas visibles e invisibles, designo el arte de representarlas. El mundo se enrollaba sobre s&iacute; mismo: la tierra repet&iacute;a el cielo, los rostros se reflejaban en las estrellas y la hierba ocultaba en sus tallos los secretos que serv&iacute;an al hombre. La pintura imitaba el espacio. Y la representaci&oacute;n -ya fuera fiesta o saber- se daba como repetici&oacute;n: teatro de la vida o espejo del mundo, he all&iacute; el t&iacute;tulo de cualquier lenguaje, su manera de anunciarse y de formular su derecho a hablar.    <br>  <sup><a name="nm13"></a><a href="#n13">13</a></sup>Piaget (1961/1987: 173-174), distingue la transducci&oacute;n del razonamiento por analog&iacute;a. Dado que se refiere a un caso de razonamiento, esto no desvirt&uacute;a, en nuestra opini&oacute;n, la hip&oacute;tesis defendida acerca de la existencia de un campo anal&oacute;gico del sentido.    <br>  <sup><a name="nm14"></a><a href="#n14">14</a></sup>Entre otras cosas, la verdad es un tipo de predicado que solo puede predicarse de determinadas cosas. Se aplica, en consecuencia, a determinados objetos que pueden aparecer como referencias en el universo del conocimiento. No as&iacute;, podr&iacute;a aplicarse a objetos autorreferentes; esto se hace claro si consideramos, parodiando a Bajt&iacute;n (1992), que existen objetos reflejos, refractarios e imaginarios.    <br><hr>       <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>Araujo, I. (2002). <I>Mediaciones y poder.</I> En: Orozco G&oacute;mez, Guillermo (comp.). Recepci&oacute;n y mediaciones. Bogot&aacute;: Norma, S. A.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-3916201100010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Babolin, S. (2005). <I>Producci&oacute;n de sentido</I>. Bogot&aacute;: San Pablo - Universidad Pedag&oacute;gica Nacional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-3916201100010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bajt&iacute;n, M. M. (1992). <I>El marxismo y la filosof&iacute;a del lenguaje. </I>Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-3916201100010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bronkart, J. P. y otros (1985). <I>Vigotsky aujourd'hui</I>. Par&iacute;s: Delachaux &amp; Niestl&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-3916201100010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>      <!-- ref --><p>Bruner, J. (1989a). <I>Acci&oacute;n, pensamiento y lenguaje</I>. Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-3916201100010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>_______ (1989b). <I>Realidad mental y mundos posibles</I>. Barcelona: Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-3916201100010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>C&aacute;rdenas P. A. (2011). <I>Elementos para una pedagog&iacute;a del lenguaje. </I>Bogot&aacute;: Universidad Pedag&oacute;gica Nacional (en prensa).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-3916201100010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>___________ (2004). <I>Elementos para una pedagog&iacute;a de la literatura.</I> Bogot&aacute;: Universidad Pedag&oacute;gica Nacional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-3916201100010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Desrosiers, R. (1978). <I>La creatividad verbal en los ni&ntilde;os.</I> Barcelona: Oikos-Tau.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-3916201100010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Echeverr&iacute;a, R. (1997). <I>Ontolog&iacute;a del lenguaje</I>. Santiago (Chile): Dolmen, 4&ordf; edici&oacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-3916201100010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Foucault, M. (1971). <I>Las palabras y las cosas</I>. M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-3916201100010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Gortari, E. (1972). <I>L&oacute;gica general. </I>M&eacute;xico: Grijalbo, S.A.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-3916201100010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Goodman, N. (1990). <I>Maneras de hacer mundos</I>. Madrid: Visor.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-3916201100010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hern&aacute;ndez, F. (1984). <I>Teor&iacute;as psico-socioling&uuml;&iacute;sticas y su aplicaci&oacute;n en la adquisici&oacute;n del espa&ntilde;ol como lengua materna</I>. Madrid: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-3916201100010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Kristeva, J. (1974). <I>El texto de la novela. </I>Barcelona: Lumen.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-3916201100010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mart&iacute;n B., J. (2003). <I>De los medios a las mediaciones.</I> Bogot&aacute;: Convenio Andr&eacute;s Bello.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-3916201100010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>O&ntilde;ativia, O. (1978). <I>Antropolog&iacute;a de la conducta</I>. Buenos Aires: Guadalupe.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-3916201100010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Orozco, G. (comp.) (2002). <I>Recepci&oacute;n y mediaciones</I>. Bogot&aacute;: Norma, S. A.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-3916201100010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Piaget, Jean (1961/1987). La f<I>ormaci&oacute;n del s&iacute;mbolo en el ni&ntilde;o</I>. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-3916201100010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>__________ (1969). <I>El nacimiento de la inteligencia en el ni&ntilde;o</I>. Madrid: Aguilar, S. A.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-3916201100010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>__________ (1973). <I>Estudios de psicolog&iacute;a gen&eacute;tica</I>. Buenos Aires: Emec&eacute;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-3916201100010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>      <!-- ref --><p>__________ (1977). <I>Psicolog&iacute;a de la inteligencia</I>. Buenos Aires. Psique.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-3916201100010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>__________ (1977a). <I>El lenguaje y el pensamiento en el ni&ntilde;o</I>. Buenos Aires: Guadalupe.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-3916201100010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>__________ (1977b). <I>El juicio y el razonamiento en el ni&ntilde;o</I>. Buenos Aires: Guadalupe.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-3916201100010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>__________ (1981a). <I>La representaci&oacute;n del mundo en el ni&ntilde;o</I>. 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Medell&iacute;n: Universidad de Antioquia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-3916201100010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Saussure, F. de (1967). <I>Curso general de ling&uuml;&iacute;stica</I>. Buenos Aires: Losada, S. A.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-3916201100010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Simondon (2005). <I>L'individuation a la lumi&egrave;re des notions de forme et d'information</I>. 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Pp. 139-168.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0120-3916201100010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Vigotsky, L. S. (1998). <I>Pensamiento y lenguaje</I>. Barcelona: Ediciones Fausto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0120-3916201100010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </FONT>      ]]></body><back>
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