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<institution><![CDATA[,Universidad Santo Tomás de Aquino Profesora e investigadora del Doctorado en Educación ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><font size="4"><b>Invasiones B&aacute;rbaras</b></font><sup><a name="nu*"></a><a href="#num*">*</a></sup></p>      <p align="center">Claudia V&eacute;lez de la Calle<sup><a name="nu**"></a><a href="#num**">**</a></sup></p>      <p><sup><a name="num*"></a><a href="#nu*">*</a></sup>Documento preparado para la novena sesi&oacute;n del seminario doctoral "Pedagog&iacute;a, Escuela y Cine", >celebrado el 9 de mayo de 2011 en el Doctorado Interinstitucional en Educaci&oacute;n. La sesi&oacute;n gir&oacute; alrededor del filme: Las invasiones b&aacute;rbaras. T&iacute;tulo original: Les invasions barbares. Pa&iacute;s: Canad&aacute; y Francia. A&ntilde;o: 2003. Duraci&oacute;n: 112 minutos. Director: Denys Arcand. Gui&oacute;n: Fotograf&iacute;a: Guy Dufaux. Montaje: Isabelle Dedieu. Vestuario: Denis Sperdouklis. M&uacute;sica: Pierre Aviat. Producci&oacute;n: Denise Robert y Daniel Louis. Int&eacute;rpretes: R&eacute;my Girard (R&eacute;my), St&eacute;phane Rousseau (S&eacute;bastien), Marie-Jos&eacute;e Croze (Nathalie), Marina Hands (Ga&euml;lle), Doroth&eacute;e Beryman (Louise), Johanne Marie Tremblay (Constance), Yves Jacques (Claude), Pierre Curzi (Pierre), Louise Portal (Diane), Mitsou Gelinas (Ghislaine).    <br>  <sup><a name="num**"></a><a href="#nu**">**</a></sup>Doctora en Teor&iacute;a de la Educaci&oacute;n (UNED). Profesora e investigadora del Doctorado en Educaci&oacute;n de la Universidad Santo Tom&aacute;s de Aquino, sede Bogot&aacute;.Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:cvelez02@yahoo.es">cvelez02@yahoo.es</a></p><hr>      <p>Todos hemos o&iacute;do hablar de libros prohibidos, libros ocultos, libros indescifrables. Esta es la historia del libro probablemente m&aacute;s misterioso que existe, el <I>Manuscrito Voynich</I>. Durante el reinado de Enrique VIII, el duque de Northumberland se dedic&oacute; a quitar de circulaci&oacute;n todo escrito cuyo contenido fuese poco claro o tocase el tema de la brujer&iacute;a; para ello requis&oacute; todos los monasterios del reino, que eran los lugares por excelencia donde se guardaron, por siglos, semejantes obras. Aquel duque era amigo de John Dee, gran ocultista y cient&iacute;fico ingl&eacute;s, y como sab&iacute;a que Dee se dedicaba al estudio y colecci&oacute;n de libros extra&ntilde;os, le regal&oacute; ese libro misterioso escrito en un lenguaje desconocido; solamente el pr&oacute;logo estaba en ingl&eacute;s y all&iacute; se le&iacute;a: <I>"</I>Esta es copia fiel del original que se encuentra guardado bajo las monta&ntilde;as que corren sobre la costa oeste de un lejano lugar situado en el extremo sur del planeta". John Dee intent&oacute; descifrar el c&oacute;digo, pero no pudo. Lo &uacute;nico que logr&oacute; concluir fue que ese libro conten&iacute;a "los secretos de los mundos olvidados y subyacentes".</p>      <p>Al igual que en las &eacute;pocas antiguas, los cultos secretos, los ritos de iniciaci&oacute;n y los libros han ocupado un lugar de privilegio en la formaci&oacute;n de los mejores pensadores. Los libros se constituyen en portales a otras dimensiones, otros tiempos y nos aproximan a personajes que hablan desde el texto con voces &iacute;ntimas, con pensamientos que muchas veces anidaron ocultos en las almas de sus due&ntilde;os.</p>      <p>Ser&iacute;a largo intentar un relato de la lista de libros que nos conmovieron y abrieron las puertas al deseo por saber. Escritores como Honore de Balzac, George Sand, Lawrence Durrell, Oscar Wilde, Charles Dickens, Henry Miller, Thomas Mann, Fedor Dostoievsky, Anton Chejov, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Anais Nin, Ernest Hemingway y otros m&aacute;s, habitaron con pasi&oacute;n los pensamientos de una pueril adolescencia saturada de sue&ntilde;os, en busca de una ciudad amada por todos: Par&iacute;s. No la ciudad tur&iacute;stica, espectacular, de rutas comerciales ligeras, sino la ciudad acontecimiento, llamada <I>la ciudad luz </I>por la apertura a lo sublime, a lo voluptuoso, a lo ominoso y a lo perverso.</p>      <p>Ciudad que emerge como un destino a pesar de su decadencia. En ella estamos signados por el olvido o por la desmemoria. Su examen supone un tratamiento parad&oacute;jico como si fuese posible trazar un mapa que inscribe simult&aacute;neamente aventuras, desmesuras, iron&iacute;as y ambig&uuml;edades. Met&aacute;foras que constituyen la b&uacute;squeda del sentido por un saber que se dibuja en las instituciones sagradas como conocimientos. Paradoja de un saber que no se alcanza pues su fundamentaci&oacute;n de verdad/raz&oacute;n excluy&oacute; en la modernidad tard&iacute;a los deleites del pensamiento art&iacute;stico, independiente, irreverente y maldito.</p>      <p>As&iacute; como valores medievales del blindado mundo de las leyendas m&iacute;ticas en pos del santo grial, donde paganismo/cristianismo representaban en medio de sus iconograf&iacute;as, batallas simb&oacute;licas por la virtuosidad de lo humano, la modernidad aport&oacute; en vez de la magia, la raz&oacute;n. Con la despedida de Merl&iacute;n se fueron los secretos de los libros sagrados y aparecieron las enciclopedias instrumentales del conocimiento perdiendo la alquimia de las palabras por la met&oacute;dica variable de los experimentos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Algunos pensadores como Gast&oacute;n Bachelard recuperaron el intersticio de la poes&iacute;a y la ciencia en textos inolvidables como "la po&eacute;tica del espacio"; rincones, pasillos, refugios, volvieron a hablar del esp&iacute;ritu del pensador/creador/investigador sin ignorar la profundidad de los descubrimientos de la f&iacute;sica relativista y humana.</p>      <p>Pero el tercero exclu&iacute;do expuls&oacute; del para&iacute;so cient&iacute;fico no solo la metaf&iacute;sica, sino tambi&eacute;n la est&eacute;tica de la m&uacute;sica, de la pintura, del cuerpo/movimiento, de la poes&iacute;a de lo indecible. Lo impensable se releg&oacute; a los cuentos de Bradbury, Tolkien, Ende y otros escritores so&ntilde;aron con Verne, mundos imposibles; aquellos prof&eacute;ticos espacios paralelos que anticipan el futuro siendo estigmatizados por los cient&iacute;ficos modernos como especulaci&oacute;n no demostrable.</p>      <p>&iexcl;Cu&aacute;nto dolor en el olvido de la historia! &iexcl;Cu&aacute;nta aridez en el discurso educativo instrumental! Qu&eacute; desolaci&oacute;n de palabras en la formaci&oacute;n humana que convierte en base de datos los pensamientos de nuevos mundos pedag&oacute;gicos.</p>      <p>Como dice Remy, la historia de la humanidad es una historia de infamias y horrores. Los maestros, estudiantes adeptos de la practicidad de la ense&ntilde;anza desprecian el saber de la historia, de la pol&iacute;tica, de la geograf&iacute;a, de la literatura y el arte preocupados por perpetuar el statu quo de un curr&iacute;culo validado como competencias profesionales.</p>      <p>En <I>Las invasiones b&aacute;rbaras</I> la inteligencia se despide. Parte del mundo de las aulas sin conectar los saberes contempor&aacute;neos con su genealog&iacute;a. Como le dec&iacute;a un joven a un adulto mayor recientemente: "Pensamos diferente porque ahora existen aviones, cine, internet", y el viejo sonriendo respond&iacute;a: "Pensamos diferente porque precisamente en nuestra &eacute;poca no exist&iacute;a esa tecnolog&iacute;a, por ello tuvimos que inventarla". Dicho de otro modo, la memoria se invisibiliza pero es ella precisamente la que da cuenta de lo actual: comenta, dice, explica, comprende m&aacute;s all&aacute; de la informaci&oacute;n medi&aacute;tica obtenida de forma ligera en los motores de b&uacute;squeda ocasionales.</p>      <p>Si el mundo es ficci&oacute;n, el hombre lenguaje, el saber narrativas de interpretaci&oacute;n todos los mundos son validables en sus paradigmas de tiempo/espacio. Shopenhauer nombraba que el gato de hace 300 a&ntilde;os es el mismo que hoy nos mira detr&aacute;s de la ventana. Textos cl&aacute;sicos, modernos y contempor&aacute;neos tratando de asir una historia del acontecimiento que escapa siempre en la ficci&oacute;n fr&aacute;gil de su emergencia.</p>      <p>Por ello, la historia es genealog&iacute;a, pero tambi&eacute;n acontecimiento y devenir. Es un tiempo continuum, paralelo, con rupturas y vacios mostr&aacute;ndonos inclemente la inmanencia de la desaparici&oacute;n del ego personal. El yo, in&uacute;til construcci&oacute;n de la pragm&aacute;tica capitalista donde opinamos dolidos como Remy: "&iexcl;Si siquiera, hubiera escrito algo respetable!".</p>      <p><I>Las invasiones b&aacute;rbaras</I> est&aacute; plena de sentimientos de este tiempo consustancial y en tr&aacute;nsito: modernidad/contemporaneidad; historia/futuro; muerte/ vida; amistad/soledad; mortalidad / vac&iacute;o. Emociones humanas cercanas como dec&iacute;a Sting: <I>repletas de fragilidad</I>.</p>      <p>Emociones obsoletas en el escenario del narcisismo ignorante. El saber, los libros, la amistad, el vino, el dolor, la ineluctable finitud, la piedad, la conmiseraci&oacute;n se convoca en esta pel&iacute;cula con nost&aacute;lgica voluptuosidad record&aacute;ndonos lo pasajeras que son las corrientes de pensamiento. Los ismos pol&iacute;ticos como los clich&eacute;s acad&eacute;micos se nos adhieren en la palabra sin impactar la sospecha por los or&iacute;genes de sus construcciones y pasan a trav&eacute;s de los espejos de otros que conforman la pasajera comunidad de semejantes llamados pomposamente acad&eacute;micos. Seres humanos con pretensi&oacute;n de pensadores tan desconcertados como nosotros con el paso de los tiempos, indagando en las bodegas del conocimiento los secretos de la alquimia de la mente.</p>      <p>Al modo de Cioran, formar pensadores (no dioses de los dogmas) exige un fuerte nivel de escepticismo. Borges lo cuenta espl&eacute;ndidamente en <I>Las ruinas circulares</I>: so&ntilde;ar un hombre (incluyendo lo femenino porque ello no se separa dicot&oacute;micamente) que transmute los mundos de la historia y el presente sin perder su esencia de transhumante de saberes. Vaya utop&iacute;a de los anacoretas de la filosof&iacute;a/poes&iacute;a que dudan de sus substancias pues conocen, como afirmaba Kundera, de su levedad.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La pel&iacute;cula se aprovecha de los eventos de la ca&iacute;da de las Torres Gemelas en septiembre de 2001 para re&iacute;rse de la met&aacute;fora opositora de Occidente: civilizaci&oacute;n/barbarie, pero tambi&eacute;n para darle un sentido de cr&iacute;tica a todo aquello actual que constituye la anomia de lo humano como pr&aacute;ctica de lo ligero, lo desechable y lo perecedero.</p>      <p>Tal vez la barbarie a la que Remy hac&iacute;a alusi&oacute;n era ese mundo roto sin los otros. Aquel donde no vale la pena acompa&ntilde;ar a un enfermo terminal o a un adulto mayor. Aquel donde est&aacute; vedado el libre albedr&iacute;o de decidir por la finalizaci&oacute;n de la propia vida. En una interpretaci&oacute;n accidental de fondo -afortunadamente la interpretaci&oacute;n nunca tiene pretensiones de verdad- la barbarie es el escenario de un mundo contempor&aacute;neo, sin libros, sin historia, sin analog&iacute;a, sin lujuria, sin excesos. Un mundo donde la raz&oacute;n cient&iacute;fica se posiciona como criterio de veracidad y el consumo en el mercado como criterio &uacute;nico de poder.</p>      <p>Un mundo sin memoria, ni historia, sin contexto. Un vacio del texto y un exceso del humanismo como etiqueta de proyectos educativos hegem&oacute;nicos. Al estilo de Zalamea Borda en <I>El sue&ntilde;o de las escalinatas</I>, dejando a su paso millones de excluidos, desvalidos, leprosos, exiliados que no pudieron comprar el b&aacute;sico vital de su existencia.</p>      <p>Los otros autores que rodean el tema: Carroll, Borges, Kafka escaparon en su &eacute;poca al sentido &uacute;nico del pensamiento que el monol&iacute;tico poder les impuso. La literatura fue su v&iacute;a de escape; el sue&ntilde;o y la ficci&oacute;n sus mediaciones.</p>      <p>Formar doctores en educaci&oacute;n pasa por estas provocaciones a reconocer otros saberes, otras est&eacute;ticas, otras formas de concebir lo investigativo/lo l&oacute;gico/lo impensable. Conmoverse con la ins&iacute;pida muerte de un maestro de historia que r&aacute;pidamente es reemplazado como los &iacute;conos de los templos cat&oacute;licos que nadie compra y las denuncias silenciadas de los holocaustos de la civilizaci&oacute;n humana a los que a&uacute;n no se les ha construido museos.</p>      <p>Fernando B&aacute;rcena, opina en la <I>Ausencia del testimonio </I>que la educaci&oacute;n debe repensar los genocidios y los holocaustos sucedidos en el campo de concentraci&oacute;n, como el de Aushwitz, porque no pueden volver a ocurrir. Por ello la educaci&oacute;n de los siglos anteriores incluyendo el siglo XX ha fracasado, porque no pudo hacer mejor a la condici&oacute;n humana. Tal vez una dedicaci&oacute;n de la educaci&oacute;n a la est&eacute;tica y el arte pueda lograrlo.</p>   </FONT>      ]]></body>
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