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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Tungiasis en población indígena del departamento de Vaupés: epidemiología, clínica, tratamiento y prevención]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Tungiasis in native Amerindians in Vaupés province: epidemiology, clinical aspects, treatment, and prevention]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Introduction. Tungiasis, the skin infestation with the flea Tunga penetrans, occurs in poor communities. Objective. To present a study of this condition among native Amerindians from Vaupés (Colombia). Methods. After reviewing this topic, we present a description of the geographic area and the housing of the affected subjects; animal carriers infected with this zoonosis were also detected. We illustrate the clinical aspects and complications. Patients were treated with creolin (liquid cresol). We modified the floor of malocas in two communities using wet clay, and we educated the community on this parasite. Results. About 95% of the 33,000 inhabitants of Vaupés are native Amerindians. Some households have dry sandy floors, where food leftovers attract dogs infested with tungiasis. From 1996 to 2007 we confirmed 942 human cases of this parasitic disease. Among the native communities, 3 to 8 per 1,000 persons and 62% of the dogs have tungiasis. Feet were affected in 98% of the patients. Severe cases, with more than 20 lesions, occurred among children and the elderly. Complications included secondary infections, pain, anonychia (loss of toenails), toe deformities, amputation of toes and walking problems. Three patients died as a result of sepsis originating from toe infections. Topic use of liquid creolin and extraction of the parasite cured the problem in humans and dogs. Floor modifications eradicated the problem in one community. Conclusions. Tungiasis is an intradomiciliary disease. Favorable conditions for infestations include dry sandy floors and infected dogs. Treatment of the floors with creolin and wet clay resulted in control of one focus of the disease; this method could be applied more widely. This is the first known research study on tungiasis in Colombia, a disease that affected the soldiers of the Spanish Conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada in the 1500s.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>ART&Iacute;CULO ORIGINAL</p> <font face="verdana" size="2">     <p><font size="4">    <center><b>Tungiasis en poblaci&oacute;n ind&iacute;gena del departamento de Vaup&eacute;s: epidemiolog&iacute;a, cl&iacute;nica, tratamiento y prevenci&oacute;n</b></center></font></p>      <p>    <center>Hollman Miller<sup>1</sup>, Gerza&iacute;n Rodr&iacute;guez<sup>2</sup></center></p>      <p><sup>1</sup> Programa de Enfermedades Transmitidas por Vectores, Secretar&iacute;a Departamental de Salud del Vaup&eacute;s, Mit&uacute;, Colombia</p>      <p><sup>2</sup> Facultad de Medicina, Universidad de La Sabana, Ch&iacute;a, Colombia</p>      <p>Premio a las Ciencias M&eacute;dicas, 2009, en Ciencias Cl&iacute;nicas, Academia Nacional de Medicina, Bogot&aacute;, D.C., Colombia</p>      <p>Recibido: 16/09/09; aceptado:18/02/10</p> <hr size="1">      <p><b>Introducci&oacute;n. </b>La   tungiasis, o infestaci&oacute;n cut&aacute;nea por la pulga <i>Tunga penetrans,</i> ocurre en   comunidades muy pobres. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Objetivo. </b>Presentar la entidad en ind&iacute;genas del Vaup&eacute;s.</p>      <p><b>M&eacute;todos. </b>En primer lugar, se revis&oacute; el tema. Luego, se describi&oacute; el &aacute;rea y la vivienda de los pacientes afectados; se detectaron los animales infestados con la zoonosis. Se iIustr&oacute; el aspecto cl&iacute;nico y sus complicaciones y, posteriormente, se trataron los pacientes con creolina. Se logr&oacute; hacer modificaciones en el piso de las malocas de dos comunidades, con humedad y arcilla, y se imparti&oacute; educaci&oacute;n a la comunidad sobre esta parasitosis.</p>        <p><b>Resultados.</b> El 95% de los 33.000 habitantes del Vaup&eacute;s son ind&iacute;genas. Algunos moran en viviendas de piso arenoso, seco, con detritos alimenticios y perros con tungiasis. Entre 1996 y 2007 confirmamos 942 casos del parasitismo. De los ind&iacute;genas estudiados, 3 a 8 de cada 1.000 y 62% de los perros, presentaban tungiasis. Los pies se vieron afectados en 98% de los pacientes. Se presentaron casos graves con m&aacute;s de 20 lesiones, en ni&ntilde;os y ancianos. Como complicaciones, se presentaron: infecci&oacute;n secundaria, dolor, anoniquia, deformaci&oacute;n y amputaci&oacute;n de los dedos de los pies e imposibilidad para la marcha. Hubo sepsis mortal en tres pacientes. No se presentaron casos de t&eacute;tanos. Los ba&ntilde;os con creolina y la extracci&oacute;n del par&aacute;sito fueron curativos, en hombres y animales. La modificaci&oacute;n de los pisos redujo a cero la enfermedad en una comunidad.</p>        <p><b>Conclusiones. </b>La enfermedad es intradomiciliaria. El piso de la vivienda y la convivencia con perros infestados son ideales para adquirirla. La creolina, la humectaci&oacute;n del piso y el cubrirlo con arcilla controlaron un foco de la enfermedad, actividad que podr&iacute;a generalizarse. Ésta es la primera investigaci&oacute;n colombiana sobre la tungiasis, entidad conocida en Colombia desde que afect&oacute; a los soldados de Gonzalo Jim&eacute;nez de Quesada, fundador de Santaf&eacute; de Bogot&aacute; en 1538.</p>        <p><b>Palabras clave: </b>pulgas, zoonosis, infestaciones ectoparasitarias, sepsis, pobreza, poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, Colombia, tungiasis. </p>   <hr size="1">        <p><font size="3"> <b>Tungiasis in native Amerindians in Vaup&eacute;s province: epidemiology, clinical aspects, treatment, and prevention</b></font></p>      <p><b>Introduction.</b> Tungiasis, the skin infestation with the flea <i>Tunga penetrans</i>, occurs in poor communities.</p>      <p><b>Objective. </b>To present a study of this condition among native Amerindians from Vaup&eacute;s (Colombia).</p>      <p><b>Methods. </b>After reviewing this topic, we present a description of the geographic area and the housing of the affected subjects; animal carriers infected with this zoonosis were also detected. We illustrate the clinical aspects and complications. Patients were treated with creolin (liquid cresol). We modified the floor of malocas in two communities using wet clay, and we educated the community on this parasite.</p>      <p><b>Results.</b> About 95% of the 33,000 inhabitants of Vaup&eacute;s are native Amerindians. Some households have dry sandy floors, where food leftovers attract dogs infested with tungiasis. From 1996 to 2007 we confirmed 942 human cases of this parasitic disease. Among the native communities, 3 to 8 per 1,000 persons and 62% of the dogs have tungiasis. Feet were affected in 98% of the patients. Severe cases, with more than 20 lesions, occurred among children and the elderly. Complications included secondary infections, pain, anonychia (loss of toenails), toe deformities, amputation of toes and walking problems.  Three patients died as a result of sepsis originating from toe infections. Topic use of liquid creolin and extraction of the parasite cured the problem in humans and dogs. Floor modifications eradicated the problem in one community.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Conclusions.</b> Tungiasis is an intradomiciliary disease. Favorable conditions for infestations include dry sandy floors and infected dogs. Treatment of the floors with creolin and wet clay resulted in control of one focus of the disease; this method could be applied more widely. This is the first known research study on tungiasis in Colombia, a disease that affected the soldiers of the Spanish Conquistador Gonzalo Jim&eacute;nez de Quesada in the 1500s.</p>        <p><b>Key words: </b>fleas, zoonoses ectoparasitic infestations, sepsis, poverty, indigenous population, Colombia, tungiasis.</p> <hr size="1"> 	     <p><b>Revisi&oacute;n general del tema</b></p>      <p><b><i>Definici&oacute;n</i></b></p>     <p>La tungiasis es la infestaci&oacute;n de la piel producida por la pulga <i>Tunga penetrans</i>. Afecta los pies en el 95%<b> </b>de los casos y predomina en las poblaciones con pobreza extrema de Am&eacute;rica y &Aacute;frica, entre las cuales alcanza prevalencias de 16% a 54%; es<i> </i>poco conocida por los m&eacute;dicos y es una enfermedad desatendida por los programas de salud (1,2). <i>T. penetrans</i> tiene numerosas denominaciones regionales, tales como nigua, <i>bicho dos pes, bicho do porco</i>, pulga de la arena, chica, pico, pica y varios m&aacute;s (3). La enfermedad es una zoonosis cuyos hu&eacute;spedes principales son el perro, el cerdo, los gatos y las ratas (4-6).</p>      <p><b><i>Historia</i></b></p>      <p>La palabra &quot;nigua&quot; es un vocablo ind&iacute;gena americano, de donde es originaria esta zoonosis, una de las primeras enfermedades aut&oacute;ctonas en afectar a los conquistadores (7,8). Gonzalo Fern&aacute;ndez de Oviedo, en 1526, describi&oacute; as&iacute; la afecci&oacute;n de los espa&ntilde;oles en Hait&iacute;: </p>        <p>&quot;[…] Hay en esta isla y en todas estas Indias… el mal… que llaman de las niguas… La nigua es una cosa viva &eacute; peque&ntilde;&iacute;sima, mucho menor que la menor pulga que se puede ver. Pero en fin es g&eacute;nero de pulga, porque assi como ella salta, salvo que es m&aacute;s peque&ntilde;a. Este animal anda por el polvo, &eacute; donde quiera que quisieren que no la haya, h&aacute;se de barrer a menudo la casa. Éntrase en los pies y en otras partes de la persona, y en especial las m&aacute;s de las veces en las cabezas de los dedos… Muchos perd&iacute;an los pies por causa de estas niguas, o por lo menos algunos dedos dellos, porque despu&eacute;s se enconaban &eacute; hac&iacute;an materia, y era necesario curarse con hierro o con fuego… Pero aquesto es f&aacute;cil de remediar presto, sac&aacute;ndolas al principio…&quot;(7). </p>      <p>Los soldados de Gonzalo Jim&eacute;nez de Quesada tambi&eacute;n sufrieron la tungiasis en 1538 durante su viaje hacia Bogot&aacute;, cuando pasaban por un poblado, abandonado por los ind&iacute;genas por temor a los invasores y sobre todo a sus caballos, y no por sufrir de tungiasis como se cita con exageraci&oacute;n (1), seg&uacute;n lo relata el obispo santafere&ntilde;o Lucas Fern&aacute;ndez de Piedrahita: </p>        <p>&quot;[…] Pasada la noche y entrado el siguiente dia, fueron marchando por las grandes poblaciones de Sorocot&aacute;, desiertas ya todas de moradores…, aunque bien proveidas las casas de semillas de ma&iacute;z…, frijoles, turmas, papas blancas, moradas y amarillas,… Considerado, pues, el buen temple del sitio, abundancia de v&iacute;veres, forraje y grano para los caballos, acord&oacute; el General Quesada detenerse all&iacute; cuatro dias, que salieron bien costosos &aacute; sus soldados, pues queriendo marchar al fin de ellos, se hallaron impedidos de los pies de tal suerte que no podian moverse, &aacute; causa de que en aquellos sitios se crin un g&eacute;nero de pulgas algo menores qu&eacute; estas de Espa&ntilde;a, las cuales se entran en las carnes, especialmente en los dedos de los pies por la parte que se juntan las u&ntilde;as, donde crecen hasta ponerse algunas tan grandes como garbanzos peque&ntilde;os, causando un dolor y escocimiento insufrible todo el tiempo que all&iacute; se detienen, de que se origina imposibilitarse los hombres de caminar hasta que las saquen. Y como los dolientes ignoraban la plaga, no supieron aplicar el remedio siendo tan f&aacute;cil, hasta que algunas mujeres b&aacute;rbaras de las que en aquellas poblaciones encontraron, entendida su dolencia por se&ntilde;as, se comidieron &aacute; sacarlas con las puntas de los topos, no sin dolor grande de los m&aacute;s achacosos; pero la pena sirvi&oacute; desde ent&oacute;nces para entrar en las casas cautelados y guarnecidos de calzado y m&eacute;dias, que defendiesen la entrada de las niguas, que as&iacute; las llaman&quot; (8).</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde Am&eacute;rica, la tungiasis se extendi&oacute; al &Aacute;frica a finales del siglo XIX, llevada en el balasto y arena de un buque brit&aacute;nico que parti&oacute; de Rio de Janeiro y lleg&oacute; a Angola, en donde deposit&oacute; su carga que llevaba los par&aacute;sitos. Éstos encontraron all&iacute; y, luego, en gran parte de &Aacute;frica, un nicho ecol&oacute;gico favorable y una poblaci&oacute;n vulnerable (9).</p>        <p><b><i>Ciclo biol&oacute;gico de Tunga penetrans</i></b></p>      <p>Tanto el macho como la hembra son hemat&oacute;fagos, pero s&oacute;lo la pulga hembra permanece   incrustada en la piel para chupar sangre y efectuar la postura de huevos (10). Su h&aacute;bitat ideal es el piso arenoso, caliente, seco, sombreado, con polvo o cenizas, en el cual los huevos pasan por las fases larvarias y de pupa, aliment&aacute;ndose de restos de comida y de hojas secas. En el estado adulto es la pulga m&aacute;s peque&ntilde;a conocida, con apenas un mil&iacute;metro de longitud (1,2). Este ciclo ambiental, que dura de 3 a 4 semanas en las mejores condiciones, puede mantenerse en suspenso durante semanas o meses en terrenos abandonados, hasta que aparezca el deseado hu&eacute;sped (2). </p>      <p>La pulga salta un m&aacute;ximo de 20 cent&iacute;metros, por lo cual las lesiones que produce ocurren en los pies en el 95% de los casos, pero puede afectar cualquier sitio de la piel (2,11). Penetra la epidermis e introduce su proboscis en la dermis papilar; su porci&oacute;n anogenital se abre a la superficie cut&aacute;nea, para eliminar las heces y poner huevos. </p>        <p>Con el comienzo de la ingesti&oacute;n de sangre se hipertrofian los segmentos abdominales, cambios que se designan como neosom&iacute;a, o cuerpo nuevo (11,12). Su volumen se incrementa por un factor de 2.000 a 3.000 (2). Cuando agota su postura de centenares de huevos (10), disminuye de tama&ntilde;o, muere y su carcasa es eliminada por el hu&eacute;sped (12,13). </p> 		     <p>Este ciclo, que dura de 4 a 6 semanas, se document&oacute; en Brasil, en la clasificaci&oacute;n de Fortaleza (2,12,13), que lo divide en las siguientes cinco fases: </p>        <p><i>Penetraci&oacute;n:</i> dura de 3 a 7 horas y cursa con prurito discreto y eritema. </p>      <p><i>Hipertrofia inicial:</i> se presenta en los primeros 1 a 2 d&iacute;as, durante los cuales comienza a ingerir sangre, hay hipertrofia de sus segmentos abdominales y eritema alrededor de la pulga, que se aprecia como un punto negruzco de 0,5 a 2 mm. Los pacientes experimentan una sensaci&oacute;n &quot;deliciosamente pruriginosa&quot;. </p> 	     <p><i>Fase de halo blanco:</i> tiene 2 a 3 semanas de duraci&oacute;n. La hipertrofia abdominal le hace adquirir el aspecto de una esfera. La lesi&oacute;n se aprecia como un punto negruzco central, que corresponde al poro anogenital del par&aacute;sito, rodeado por un halo blanquecino que corresponde a la hipertrofia abdominal, la cual alcanza un cm de di&aacute;metro. El prurito es intenso y se puede apreciar la excreci&oacute;n de heces y de huevos. </p>        <p><i>Involuci&oacute;n:</i> comienza 3 a 4 semanas despu&eacute;s de la penetraci&oacute;n y dura de 10 a 14 d&iacute;as. La lesi&oacute;n se contrae, es negruzca y la epidermis es costrosa e hiperquerat&oacute;sica; desaparecen las pulsaciones del par&aacute;sito, notorias en la fase anterior. Finalmente, el par&aacute;sito muerto es eliminado por el hu&eacute;sped.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Fase residual:</i> se presenta con una depresi&oacute;n epid&eacute;rmica, sin restos del par&aacute;sito. La   comprensi&oacute;n de este ciclo facilita entender, diagnosticar y tratar la enfermedad. </p>        <p>En Ecuador se ha descrito otra especie, <i>Tunga trimamillata</i>, que produce lesiones semejantes en varios hu&eacute;spedes (14-16).</p>        <p><b><i>Epidemiolog&iacute;a</i></b></p>      <p>Hoy, en los comienzos del siglo XXI, la tungiasis prevalece en asentamientos humanos urbanos y rurales con pobreza extrema y condiciones sanitarias inadecuadas de M&eacute;xico, Costa Rica, Hait&iacute;, Trinidad, Brasil, Venezuela, Ecuador, Per&uacute;, Argentina, en pa&iacute;ses del &Aacute;frica subsahariana, en Pakist&aacute;n e India (2,17-27). </p>        <p>Los factores de riesgo para adquirir esta zoonosis incluyen vivir en &aacute;reas rurales, costeras, bananeras o selv&aacute;ticas de clima c&aacute;lido, la pobreza extrema, la vivienda inadecuada, con pisos de tierra o arena y paredes de adobe, la educaci&oacute;n precaria, la falta de uso de calzado y la convivencia con animales que tambi&eacute;n sufren y amplifican la enfermedad, como el perro, el gato, los cerdos y las ratas (4-6,17-27). Otros animales, como los ovinos, caprinos, bovinos, micos, roedores salvajes y armadillos, pueden adquirir y diseminar la enfermedad (2,4-6). </p>        <p>Ocasionalmente, la tungiasis se diagnostica en turistas del primer mundo que consultan a hospitales de tercer nivel, luego de haberse infectado en las &aacute;reas end&eacute;micas de la enfermedad, as&iacute; como en inmigrantes o desplazados, y en ni&ntilde;os adoptados (28-42). Brasil y Colombia fueron los pa&iacute;ses visitados por la mayor&iacute;a de los 83 turistas as&iacute; diagnosticados hasta 2003, en los que usualmente ocurrieron s&oacute;lo una o dos lesiones (28), y que originaron publicaciones en Estados Unidos desde 1966 (29-35), en Canad&aacute; (36), en numerosos pa&iacute;ses europeos y en Australia (37-42).</p>        <p><b><i>Cl&iacute;nica</i></b></p>      <p>Las lesiones de la tungiasis ocurren en pacientes de cualquier edad, y predominan en los ni&ntilde;os, en los hombres y en los ancianos; son p&aacute;pulas, n&oacute;dulos y placas que traducen el desarrollo del par&aacute;sito y la infecci&oacute;n secundaria. Se presentan en los pies en el 95% de los casos, con predilecci&oacute;n por los bordes de las u&ntilde;as, la superficie plantar de los dedos, el tal&oacute;n y las plantas (1,2,17,22). La pulga <i>T. penetrans</i> puede comprometer cualquier sitio fuera de los pies, entre el 5% y el 10% de los casos, especialmente cuando la afecci&oacute;n es muy notoria; se ha observado en las regiones gl&uacute;tea, inguinal, escrotal, perineal, en los muslos, codos, manos, rodillas, senos y p&aacute;rpados, junto con lesiones numerosas de los pies y raras veces como manifestaci&oacute;n &uacute;nica de la enfermedad (2,11,12,21,43-48).</p>        <p><b><i>Complicaciones</i></b></p>      <p>La pulga, con su proboscis en la dermis papilar y su extremo posterior o anogenital libre, en contacto con el exterior, es un canal para la entrada de bacterias a la piel, no s&oacute;lo de las que est&eacute;n en contacto con la piel descalza del paciente, sino con las que habiten el intestino y la cut&iacute;cula de la pulga. La pulga posee una endobacteria simbi&oacute;tica, localizada en sus &oacute;rganos y tejidos, llamada <i>Wolbachia </i>sp<i>. </i>(2,49,50). <i>T. penetrans</i> act&uacute;a como un cuerpo extra&ntilde;o que no s&oacute;lo induce inflamaci&oacute;n por s&iacute; misma, sino por las bacterias que acarrea. La inflamaci&oacute;n depende, adem&aacute;s, del n&uacute;mero de pulgas nuevas que penetren al hu&eacute;sped, n&uacute;mero que var&iacute;a seg&uacute;n la densidad del parasitismo y que puede ser hasta 10 diarias, y de la disposici&oacute;n de las lesiones en ac&uacute;mulos o conglomerados (12,17).</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Existe una uni&oacute;n imbricada entre la cubierta quitinosa de la pulga y la membrana celular de los queratocitos epid&eacute;rmicos, que fortalece la adherencia de la pulga al hu&eacute;sped y que es tan estrecha que no facilitar&iacute;a la entrada de g&eacute;rmenes por esta v&iacute;a (45), pero la pulga lleva bacterias adheridas a su cut&iacute;cula y en su intestino, y act&uacute;a como un cuerpo extra&ntilde;o que facilita la colonizaci&oacute;n bacteriana (12). Se genera as&iacute; una complicaci&oacute;n habitual que es la infecci&oacute;n secundaria, producida por <i>Staphylococcus aureus, Streptococcus pyogenes, Pseudomonas spp</i>., <i>Peptostreptococcus </i>spp., <i>Escherichia coli, Klebsiella aerogenes, Enterobacter agglomerans, Clostridium</i> spp. y otras especies no identificadas (17,51,52). </p>        <p>El t&eacute;tanos es una complicaci&oacute;n grave, potencial-mente letal, informada en varias comunidades con tungiasis, especialmente en los ni&ntilde;os. En 1916, en Costa Rica, 250 casos de t&eacute;tanos ocurridos en un periodo de cuatro a&ntilde;os se debieron a la tungiasis (3); en la isla africana de Zanz&iacute;bar, la mayor&iacute;a de los 35 casos de t&eacute;tanos en ni&ntilde;os, en 1987, se relacionaron con tungiasis (53); en el estado de São Paulo (Brasil), 12 de los 133 casos de t&eacute;tanos ocurridos en 1989 fueron secundarios a tungiasis (54), y en Hait&iacute;, en 2004, cuatro pacientes murieron por t&eacute;tanos y uno por septicemia, seg&uacute;n el informe de la comunidad, ya que no recibieron atenci&oacute;n m&eacute;dica (21). Por esta raz&oacute;n, la vacuna antitet&aacute;nica se incluye en el tratamiento de la tungiasis. La infecci&oacute;n bacteriana persistente llega a ser alarmante y ha llevado a la amputaci&oacute;n digital (55).</p>        <p>Las fisuras y la ulceraci&oacute;n cut&aacute;neas son otras complicaciones secundarias a la infecci&oacute;n y al prurito. La profusi&oacute;n de lesiones, la infecci&oacute;n secundaria y la ulceraci&oacute;n son dolorosas e incapacitan la marcha, que se hace de una manera ondulante y peculiar que identifica al enfermo (1,26,43), y es una seria discapacidad para cualquier actividad. La implantaci&oacute;n de la pulga alrededor de las u&ntilde;as conduce a anoniquia, a la deformaci&oacute;n digital y a la amputaci&oacute;n de los dedos de los pies (20,25,55).</p>        <p><b><i>Diagn&oacute;stico diferencial</i></b></p>      <p>El diagn&oacute;stico diferencial de la tungiasis incluye abscesos, piodermitis, ectima, paroniquias, pio-dermas, &uacute;lcera tropical, verrugas vulgares, miasis, <i>larva migrans </i>cut&aacute;nea, infestaciones por garrapatas, leishmaniasis, sarna, demodecidosis, micosis profundas, granulomas por cuerpo extra&ntilde;o y melanoma, dificultades m&aacute;s aparentes en las tungiasis de los turistas que en aqu&eacute;llas end&eacute;micas (2,28,55). </p>        <p>En la biopsia se observan los componentes del par&aacute;sito, intraepid&eacute;rmicos, que son sus estructuras respiratorias, digestivas, musculares y ov&aacute;ricas, con huevos voluminosos (11,56). En la dermis hay inflamaci&oacute;n variable seg&uacute;n la infecci&oacute;n secundaria, con numerosos neutr&oacute;filos, pocos eosin&oacute;filos, linfocitos, macr&oacute;fagos y ocasionales c&eacute;lulas gigantes. Esta inflamaci&oacute;n, inducida por la pulga y sus bacterias, refleja una respuesta inmunitaria mixta, Th1 y Th2, con producci&oacute;n de interfer&oacute;n gamma, factor de necrosis tumoral alfa e interleucina 4, tanto en humanos como en la rata de experimentaci&oacute;n (57,58), que no ayudan a controlar el parasitismo ni la reinfecci&oacute;n permanente. </p>        <p>Un tema reciente es el aspecto de las lesiones a la dermatoscopia, que identifica la morfolog&iacute;a de la nigua y sus huevos con otro examen microsc&oacute;pico directo, en el paciente (59-63), que algunas veces ha sido pobre y err&oacute;neamente interpretado (63).</p>        <p><b><i>Tratamiento</i></b></p>      <p>Desde los conquistadores hasta hoy se sabe que la extracci&oacute;n temprana de la pulga es la mejor terapia (7,8,28,64,65), concepto que les ense&ntilde;aron las &quot;b&aacute;rbaras&quot; mujeres ind&iacute;genas (8). La extracci&oacute;n de la pulga demanda cuidado y experiencia para no fragmentarla, lo cual aumenta el proceso inflamatorio local.</p>        <p>Se han usado medicamentos locales o ingeridos, como la ivermectina, un medicamento calificado como maravilloso para tratar varios parasitismos (66), como la pediculosis, la escabiosis y la estrongiloidiasis, por lo cual se le llama tambi&eacute;n &quot;droga de Dios&quot; (J. Heukelbach, comunicaci&oacute;n personal, noviembre de 2005), no es especialmente &uacute;til para la tungiasis (67,68). El tiabendazol s&iacute; ha sido &uacute;til para tratarla (67,68). El Zanzarin<sup>®</sup>, un repelente extra&iacute;do de plantas, a base de aceite de coco, de extracto de jojoba y de <i>Aloe vera</i>, aplicado dos veces al d&iacute;a en los pies, redujo en 92% la infestaci&oacute;n por pulgas (69,70). </p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En Brasil, el tratamiento de los perros con Advantil<sup>®</sup>, t&oacute;pico a base de imidaclopril al 10% y permetrina al 50%, fue muy &uacute;til luego de siete d&iacute;as de aplicaci&oacute;n (71).</p>        <p><b><i>Prevenci&oacute;n</i></b></p>      <p>Debe incluir las mejoras de la vivienda, la pavimentaci&oacute;n de pisos y calles, la recolecci&oacute;n de basuras, la educaci&oacute;n a la comunidad y al personal de salud, el control de la enfermedad en humanos y reservorios, entre muchas actividades para mejorar la calidad de vida de las comunidades abandonadas en donde ocurre la enfermedad (1,2,17-27). </p>        <p><b>Tungiasis en el departamento del Vaup&eacute;s </b></p>      <p>El objetivo general de este estudio fue estudiar la tungiasis en las poblaciones ind&iacute;genas del departamento del Vaup&eacute;s. Los objetivos espec&iacute;ficos fueron: estudiar los aspectos epidemiol&oacute;gicos de la tungiasis en las comunidades ind&iacute;genas del departamento de Vaup&eacute;s; estudiar la morfolog&iacute;a y el ciclo del par&aacute;sito para identificar la especie; demostrar los animales afectados por esta zoonosis; registrar la cl&iacute;nica y las complicaciones en los ind&iacute;genas con tungiasis; utilizar terapias razonables para la tungiasis, disponibles en el departamento del Vaup&eacute;s; adoptar medidas preventivas que permitieran reducir el da&ntilde;o que la enfermedad produce, y educar e informar a las comunidades sobre la tungiasis.</p>        <p>Nuestras observaciones indican que la tungiasis es frecuente y grave en algunas comunidades ind&iacute;genas del departamento del Vaup&eacute;s, porque presentan condiciones ecol&oacute;gicas, de pobreza, habitaci&oacute;n y abandono social ideales para adquirirla. Se detectaron, en promedio, 79 casos anuales. Se demostr&oacute; la enfermedad en el perro, el hu&eacute;sped principal, as&iacute; como en el cerdo y en animales salvajes. Se ilustraron la cl&iacute;nica, las complicaciones de la entidad, que incluyeron tres muertes, y el manejo terap&eacute;utico con ba&ntilde;os de creolina, eficaces para tratarla. Las medidas preventivas adoptadas en las malocas, modificando los pisos de arena, permitieron controlar la endemia en una comunidad. La educaci&oacute;n comunitaria ha sido &uacute;til para prevenir la enfermedad y para que no sea considerada como un castigo de esp&iacute;ritus vengativos. Se enfatiza que no existe otro trabajo colombiano de investigaci&oacute;n sobre esta enfermedad aut&oacute;ctona americana, conocida en nuestro pa&iacute;s desde que afect&oacute; a los soldados de Gonzalo Jim&eacute;nez de Quesada (8).</p>        <p><b>Materiales y m&eacute;todos</b></p>      <p><b><i>&Aacute;rea de estudio y poblaci&oacute;n</i></b></p>      <p>Con base en el habitual desplazamiento por el departamento de uno de los autores, se describieron las caracter&iacute;sticas del &aacute;rea y de las comunidades ind&iacute;genas que la habitan.</p>        <p><b><i>Ciclo de la pulga </i></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se recolectaron huevos de las pulgas a partir de las lesiones de los pacientes y se observ&oacute;, en cultivo, su desarrollo larvario hasta el estado adulto, cuya morfolog&iacute;a se ilustra; se siguieron las primeras fases de penetraci&oacute;n y crecimiento del par&aacute;sito en la piel humana.</p>        <p><b><i>Recolecci&oacute;n de los datos</i></b></p>      <p>Ante la frecuente identificaci&oacute;n de casos de tungiasis en las comunidades, desde 1996 la enfermedad es de notificaci&oacute;n obligatoria semanal por el Sistema Alerta Acci&oacute;n departamental. Inicialmente, la notificaci&oacute;n se hizo s&oacute;lo de los casos que ameritaron atenci&oacute;n en los centros de salud rurales, as&iacute; como en las unidades b&aacute;sicas de promoci&oacute;n o en el hospital San Antonio, el centro principal de atenci&oacute;n del departamento, situado en Mit&uacute;, la capital, que tiene 6.000 habitantes.</p>        <p>Se reunieron datos sobre la incidencia de tungiasis en varios grupos de ind&iacute;genas, durante 12 a&ntilde;os, as&iacute; como en sus animales dom&eacute;sticos. Para tal fin, se utilizaron los registros tabulados anualmente por el programa de enfermedades transmitidas por vectores, por el Sistema Alerta Acci&oacute;n y por el Sistema de Vigilancia Epidemiol&oacute;gica (Sivigila), correspondientes a los a&ntilde;os 1994 a 2007 y algunos de 2008. </p>        <p>El grupo de Enfermedades Transmitidas por Vectores (ETV) est&aacute; constituido por un bi&oacute;logo y por ind&iacute;genas promotores y auxiliares comunitarios de salud. No hay en &eacute;l m&eacute;dicos ni enfermeras. Los m&eacute;dicos del departamento son j&oacute;venes en servicio social obligatorio, que duran pocos meses en el cargo y que no han mostrado inter&eacute;s especial por la enfermedad. Tampoco disponen de tiempo para los desplazamientos a las comunidades, que toman varios d&iacute;as. <i>T. penetrans</i> no transmite ninguna enfermedad, pero tenemos especial inter&eacute;s por la tungiasis y por la pulga, por la gravedad de su impacto y por la enfermedad bacteriana secundaria grave que propicia.</p>        <p><b><i>Animales afectados</i></b></p>      <p>Mediante la observaci&oacute;n cl&iacute;nica y la extracci&oacute;n de pulgas, se demostr&oacute; la tungiasis en el perro y el cerdo. Tambi&eacute;n, se mencionan especies silvestres en las cuales hemos diagnosticado la enfermedad.</p>        <p><b><i>Cl&iacute;nica</i></b></p>      <p>Se ilustraron diferentes fases de la tungiasis en los humanos, as&iacute; como sus complicaciones.   La enfermedad se clasific&oacute; como leve cuando el paciente ten&iacute;a una a cuatro lesiones, moderada cuando ten&iacute;a entre 4 y 20, y grave cuando presentaba un n&uacute;mero mayor.</p>        <p><b><i>Tratamiento</i></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se utilizaron tres estrategias. La primera fue la extracci&oacute;n manual de los par&aacute;sitos por personal entrenado y autorizado, especialmente en los casos leves y moderados. La segunda fue la atenci&oacute;n de los casos graves en el hospital, en donde el paciente recibi&oacute; antibi&oacute;ticos de amplio espectro, vacunaci&oacute;n con toxoide tet&aacute;nico e inmersi&oacute;n de sus pies en soluci&oacute;n de creolina al 0,005% por cinco minutos, durante 5 a 7 d&iacute;as. Despu&eacute;s del ba&ntilde;o se aplicaba vaselina en los pies, los cinco primeros d&iacute;as del tratamiento, y se vendaban con una tela fina hasta el d&iacute;a siguiente, cuando se repet&iacute;a el lavado con creolina, despu&eacute;s de quitar la vaselina aplicada el d&iacute;a anterior. Esta terapia mata, endurece y contrae las pulgas, que, luego del quinto d&iacute;a, se extraen con mayor facilidad, usando agujas est&eacute;riles, lo que hace una persona entrenada. A los pacientes se les informa sobre la naturaleza de los ba&ntilde;os aplicados y siempre se cuenta con su aceptaci&oacute;n verbal del procedimiento, por los adultos o los padres de los ni&ntilde;os. La tercera estrategia fue el tratamiento de los perros con los mismos ba&ntilde;os de creolina. </p>      <p><b><i>Prevenci&oacute;n</i></b></p>      <p>Para prevenir la enfermedad, se adoptaron b&aacute;sica-mente seis pasos:</p>      <p>1. Se mejoraron las condiciones de vivienda, reemplazando el piso de arena por arcilla dura, programa llevado a cabo durante ocho meses en los asentamientos de Santa Catalina y San Joaqu&iacute;n. Este &uacute;ltimo tiene ocho malocas habitadas por 52 a 69 personas.</p>        <p>2.  Se rociaron los pisos con insecticidas piretroides y se aplicaron creolina y agua, que humedecen el terreno y lo hacen hostil para el desarrollo de las larvas de la pulga.</p>        <p>3.  Se elevaron los fogones para que no tuvieran contacto con el piso, lo cual disminuye la estad&iacute;a de los perros a su alrededor y, por lo tanto, la concentraci&oacute;n de huevos y larvas de la pulga provenientes de estos animales. </p>        <p>4.  Los perros afectados se trataron con creolina. </p>      <p>5.  Se hizo un examen peri&oacute;dico de los ni&ntilde;os, por ser los m&aacute;s propensos a contraer la tungiasis.</p>        <p>6.  Se dieron video conferencias a las comunidades, para explicar la tungiasis y modificar su percepci&oacute;n como enfermedad incurable, con origen m&iacute;tico, de brujer&iacute;a y maldad. </p>        <p><b>Resultados</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>&Aacute;rea de estudio y poblaci&oacute;n</i></b></p>      <p>El departamento del Vaup&eacute;s est&aacute; situado en la zona suroriental de Colombia, en la frontera con Brasil (<a href="#figura1">figura 1</a>). Tiene un &aacute;rea de 54.135 km<sup>2</sup>, en su mayor&iacute;a selv&aacute;tica, con r&iacute;os caudalosos. Su clima es c&aacute;lido y lluvioso. Est&aacute; habitado por 33.000 personas, en poblaci&oacute;n muy dispersa, el 95% de la cual es ind&iacute;gena, agrupada en 23 grupos &eacute;tnicos que sobreviven gracias a la pesca y la caza. </p>      <p>    <center><a name="figura1"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09m1.jpg"></a></center></p>        <p>Son poblaciones econ&oacute;micamente deprimidas, con presencia de enfermedades ex&oacute;ticas, como la angiostrongilosis abdominal, la mansonelosis, la hidatidosis, la lobomicosis y el p&eacute;nfigo de la selva o <i>fogo selvagem</i> (72-76). No existen carreteras, por lo cual la movilizaci&oacute;n es fluvial, en lanchas con motor fuera de borda que demoran hasta ocho horas para ir de una comunidad a otra. Tambi&eacute;n existe la v&iacute;a a&eacute;rea, limitada y muy costosa, en avionetas monomotor. Hay tambi&eacute;n caminos, con recorridos que toman varios d&iacute;as entre comunidades. Nuestros desplazamientos fueron a&eacute;reos, durante 30 minutos a una hora, seguidos de dos a tres horas en lancha y de una a tres horas a pie. </p>        <p>Los pobladores ind&iacute;genas viven en peque&ntilde;os grupos, con menos de 200 habitantes, en viviendas de madera y malocas, con techos de hoja de palma o cinc, y pisos de tierra arenosa y seca o de madera en algunos casos, en los cuales es com&uacute;n la presencia de restos alimenticios de pescados, frutas silvestres y almidones; en la mayor&iacute;a de los hogares se carece de pr&aacute;cticas adecuadas de manipulaci&oacute;n de alimentos (<a href="#figura2-4">figuras 2 a 4</a>). El suministro de agua es deficiente en todo el departamento; no hay agua potable tratada ni electrificaci&oacute;n en ninguna localidad, incluidos los cascos urbanos de los tres municipios y tres corregimientos departamentales. Las personas captan el agua directamente de los ca&ntilde;os y r&iacute;os; pocos utilizan el agua lluvia, la cual consumen sin tratamiento alguno.</p>      <p>    <center><a name="figura2-4"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i2-4.jpg"></a></center></p>        <p>Los habitantes ind&iacute;genas del &aacute;rea rural del departamento duermen en hamacas y poseen pocos animales dom&eacute;sticos, entre los cuales son comunes los perros, que viven dentro de las malocas, en donde tienden a permanecer alrededor de los fogones (<a href="#figura5-7">figuras 5 a 7</a>). Tambi&eacute;n, hay cerdos de vida libre peridomiciliaria, sin corrales ni porquerizas (<a href="#figura8">figura 8</a>). Es usual que se alberguen especies de aves silvestres, micos y roedores como lapas, guaras y tintines, las mascotas de los ni&ntilde;os (<a href="#figura9">figura 9</a>). </p>      <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center>   <a name="figura5-7"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i5-7.jpg"></a> </center></p>      <p>    <center>   <a name="figura8"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i8.jpg"></a> </center></p>      <p>    <center><a name="figura9"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i9.jpg"></a></center></p>        <p>La poblaci&oacute;n carece de trabajo asalariado, los &iacute;ndices de escolaridad son bajos, algunos grupos ind&iacute;genas son semin&oacute;madas y, en t&eacute;rminos generales, la poblaci&oacute;n no usa calzado adecuado, no s&oacute;lo por ancestro cultural sino por carencia de recursos para adquirirlo. Tienen sus propios dialectos y pr&aacute;cticas culturales que hacen de la poblaci&oacute;n un grupo particular.</p>        <p><b><i>Ciclo de vida de la pulga</i></b></p>  </font>     <p><font size="2" face="verdana">Se extrajeron huevos de las pulgas a partir de las lesiones en estado de hipertrofia (<a href="#figura10">figura 10</a> y <a href="#figura11">figura 11</a>). Los huevos se desarrollan f&aacute;cilmente en suelo arenoso est&eacute;ril, en donde pasan por estados larvarios y, finalmente, a adultos, un ciclo que dura entre 30 y 45 d&iacute;as. </font></p>      <p>    <center><a name="figura10"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i10.jpg"></a></center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="figura11"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i11.jpg"></a></center></p>    <font face="verdana" size="2">    <p>La morfolog&iacute;a general de la pulga es la de <i>T. penetrans</i> y no la de <i>T. trimamillata</i> (<a href="#figura12">figura 12</a>) (16, 77), un aspecto que no discutimos aqu&iacute;. </p>      <p>    <center><a name="figura12"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i12.jpg"></a></center></p> 	     <p>La presencia cercana del hu&eacute;sped induce el salto de la pulga hembra hacia su piel, a la cual penetra luego de 6 a 12 horas (<a href="#figura13">figura 13</a>). El objetivo de la pulga es introducir su proboscis en la dermis papilar, en donde chupa la sangre de los capilares. As&iacute; alimentada, sus &oacute;rganos se hipertrofian, se distiende ampliamente su porci&oacute;n media y comienza su raz&oacute;n de ser que es la postura de huevos (<a href="#figura10">figura 10</a>). Estas fases de hipertrofia r&aacute;pida y de halo blanco (2, 12, 13), son seguidas por la involuci&oacute;n y muerte del par&aacute;sito, que termina en una masa residual, costrosa y negruzca, dentro de una epidermis hiperquerat&oacute;sica (12, 13). Estos procesos de desarrollo se aprecian bien cl&iacute;nicamente, en especial, cuando las lesiones no son tan profusas ni confluentes (<a href="#figura10">figuras 10</a>, <a href="figura14">figura 14</a>, <a href="#figura15">figura 15</a>,  <a href="#figura16">figura 16</a>, <a href="#figura17">figura 17</a>).</p>     <p>    <center><a name="figura13"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i13.jpg"></a></center></p>     <p>    <center><a name="figura14"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i14.jpg"></a></center></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="figura15"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i15.jpg"></a></center></p>     <p>    <center><a name="figura16"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i16.jpg"></a></center></p>     <p>    <center><a name="figura17"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i17.jpg"></a></center></p>	     <p><b><i>Datos generales</i></b></p>      <p>La incidencia de tungiasis en el departamento se ilustra en las <a href="gr&aacute;fica1">gr&aacute;fica 1</a> y <a href="gr&aacute;fica2">gr&aacute;fica 2</a>, y los grupos de edad afectados en la <a href="gr&aacute;fica3">gr&aacute;fica 3</a>. </p>      <p>    <center><a name="gr&aacute;fica1"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09g1.jpg"></a></center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="gr&aacute;fica2"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09g2.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="gr&aacute;fica3"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09g3.jpg"></a></center></p>        <p>Entre 1996 y 2007, se registraron 942 casos de tungiasis, 79 anuales en promedio, con una tasa de incidencia anual de 3 a 8 casos por 1.000 habitantes, en los grupos rurales examinados (<a href="gr&aacute;fica2">gr&aacute;fica 2</a>). El hombre se afect&oacute; en el 58% de los casos, que ocurrieron a cualquier edad, incluyendo 17 ni&ntilde;os menores de un a&ntilde;o de edad (<a href="gr&aacute;fica3">gr&aacute;fica 3</a>). Los ni&ntilde;os menores de 15 a&ntilde;os representaron el 45% de los afectados (<a href="gr&aacute;fica3">gr&aacute;fica 3</a>). </p>        <p>Todos los a&ntilde;os se observaron casos de infestaci&oacute;n muy grave, que predominaron en hombres mayores de 50 a&ntilde;os y en los ni&ntilde;os (<a href="gr&aacute;fica3">gr&aacute;fica 3</a>). De 24 casos as&iacute; confirmados, 11 ocurrieron en hombres mayores de 50 a&ntilde;os, 7 en ni&ntilde;os menores de 11 a&ntilde;os y 4 en personas entre 36 y 43 a&ntilde;os. S&oacute;lo hemos detectado dos mujeres con esta forma grave de la enfermedad, de 43 y 59 a&ntilde;os de edad, cuya cl&iacute;nica ilustramos m&aacute;s adelante. </p>        <p>Varios de los pacientes con estas formas graves de tungiasis eran personas abandonadas por sus comunidades, con defectos visuales que llegaban hasta la ceguera, o con trastornos mentales, convulsivos y caqu&eacute;cticos, que en la regi&oacute;n se identifican como &quot;corea de Huntington&quot; (<a href="#cuadro1">cuadro 1</a>), otra condici&oacute;n ocasional sin estudio m&eacute;dico profundo en ind&iacute;genas de la regi&oacute;n. Nuestras observaciones indican que la tungiasis se adquiere y persiste en el domicilio, en las casas y malocas.</p>       <p>    <center><a name="cuadro1"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09t1.gif"></a></center></p>        <p>Por las dificultades de desplazamiento y de permanencia de los autores, no se ha determinado con exactitud la proporci&oacute;n de enfermos de tungiasis en cada comunidad, que en las observadas, es muy variable. Entre los 200 <i>jupta mak&uacute;</i>, 30 ten&iacute;an la entidad (15%). </p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>Animales con tungiasis</i></b></p>      <p>El m&aacute;s afectado es el perro, con tasas de infestaci&oacute;n hasta de 62%. Las lesiones en las patas y en el hocico fueron comunes (<a href="#figura18">figura 18</a>). En una localidad de 60 personas (11 familias) hab&iacute;a un promedio de ocho perros, de los cuales cinco estaban infestados. Este hallazgo cambiaba seg&uacute;n el numero de perros cazadores, pues la infestaci&oacute;n en &eacute;stos era baja –un cazador de los cinco infestados; de los perros &quot;perezosos o maloqueros&quot;, que no sal&iacute;an de la comunidad al bosque, que no se mojaban ni ten&iacute;an contacto con el suelo h&uacute;medo del bosque y que, adem&aacute;s, permanec&iacute;an en los fogones (<a href="#figura4">figuras 4</a> y <a href="#figura5">figura 5</a>), el 80% estaban infestados (cuatro no cazadores de los cinco infestados). Este dato corresponde a la comunidad de Puerto L&oacute;pez Taraira, pero creemos que la infestaci&oacute;n de los perros en otras comunidades es semejante. </p>      <p>    <center><a name="figura18"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i18.jpg"></a></center></p>      <p>Tambi&eacute;n, se detect&oacute; tungiasis en pocos cerdos dom&eacute;sticos, en las pezu&ntilde;as (<a href="#figura19">figura 19</a>) y en los cerdos silvestres <i>Tayassu tajacu</i> y <i>Tayassu pecar&iacute;</i> (cafuche y cerrillo, respectivamente), as&iacute; como en roedores como <i>Agouti paca</i> (paca, lapas o borugos), <i>Myoprocta pratii</i> (tintin, <a href="#figura9">figura 9</a>) y <i>Dasyprocta fuliginosa</i> (guara, chacure o &ntilde;eque). No se identificaron ratas ni micos infestados. </p>     <p>    <center><a name="figura19"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i19.jpg"></a></center></p>        <p><b><i>Cl&iacute;nica y complicaciones</i></b></p>      <p>La divisi&oacute;n de los casos en leves, moderados y graves, introduce un sesgo importante que subestima la incidencia real de la enfermedad, porque al hospital s&oacute;lo se remiten los casos graves y porque a partir de 2004 no se registran los casos con menos de cuatro lesiones. </p>        <p>Los enfermos de tungiasis se diagnosticaron cl&iacute;nicamente por la presencia de p&aacute;pulas, n&oacute;dulos y placas, costrosos, pruriginosos, hiperquerat&oacute;sicos, dolorosos, situados en los pies, con tendencia a agruparse, localizados con mayor frecuencia en la superficie plantar de los pies y alrededor de las u&ntilde;as, en las plantas, los bordes laterales y el tal&oacute;n (<a href="#figura20">figura 20</a>, <a href="#figura21">figura 21</a>, <a href="#figura22">figura 22</a>, <a href="#figura23">figura 23</a> <a href="#figura24">figura 24</a> <a href="#figura25">figura 25</a> <a href="#figura26">figura 26</a> <a href="#figura27">figura 27</a>, <a href="#figura28">figura 28</a> <a href="#figura29">figura 29</a> <a href="#figura30">figura 30</a>, <a href="#figura31">figura 31</a>, <a href="#figura32">figura 32</a>). El mayor n&uacute;mero de lesiones contadas fue de 395 en una mujer que ten&iacute;a afectados ambos pies, las manos, la regi&oacute;n genital, la espalda y las mamas (<a href="#figura26">figura 26</a>). Todos los pacientes acusaban prurito o dolor, que llegaba a impedir la marcha habitual. Pocos afectados, usualmente ni&ntilde;os, presentaron p&aacute;pulas y n&oacute;dulos en la regi&oacute;n gl&uacute;tea y en las manos (<a href="#figura33">figura 33</a>, <a href="#figura34">figuras 34</a>, <a href="#figura35">figuras 35</a>), concomitantes con las de sus pies. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="figura20"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i20.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="figura21"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i21.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="figura22"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i22.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="figura23"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i23.jpg"></a></center></p>      <p>    <center>   <font face="verdana" size="2"><a name="figura24"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i24.jpg"></a></font> </center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="figura25"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i25.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="figura26"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i26.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="figura27"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i27.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="figura28"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i28.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="figura29"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i29.jpg"></a></center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="figura30"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i30.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="figura31"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i31.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="figura32"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i32.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="figura33"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i33.jpg"></a></center></p>      <p>    <center><a name="figura34"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i34.jpg"></a></center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="figura35"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i35.jpg"></a></center></p>        <p>En la mayor&iacute;a de los casos se identificaron el par&aacute;sito o sus huevos en el examen directo.</p>        <p>Las complicaciones detectadas fueron dolor local, incapacidad para caminar, infecci&oacute;n secundaria, anoniquia, fisuras, &uacute;lceras, deformaci&oacute;n y amputaci&oacute;n parcial de los dedos de los pies   (<a href="#figura23">figuras 23</a>, <a href="#figura26">figuras 26</a>, <a href="#figura27">figuras 27</a>, <a href="#figura28">figuras 28</a>, <a href="#figura30">figuras 30</a>, <a href="#figura31">figuras 31</a>, <a href="#figura32">figuras 32</a>). La infecci&oacute;n secundaria se constat&oacute; por la presencia de dolor, eritema y secreci&oacute;n purulenta o serohem&aacute;tica. La dificultad para caminar era una complicaci&oacute;n grave porque imped&iacute;a la capacidad de recolecci&oacute;n y de caza, fuente b&aacute;sica del sustento. La p&eacute;rdida de las u&ntilde;as y la deformaci&oacute;n digital fueron complicaciones importantes y frecuentes de la enfermedad (<a href="#figura30">figura 30</a>, <a href="#figura31">figura 31</a>, <a href="#figura32">figura 32</a>). La anoniquia es irreversible. No se han presentado casos de t&eacute;tanos ni de gangrena. Tres pacientes murieron con tungiasis grave, sin atenci&oacute;n m&eacute;dica. Por interrogatorio a sus familiares, se dedujo que la causa de muerte pudo haberse debido a septicemia. </p>        <p><i>Tratamiento</i></p>      <p>Los resultados fueron, en general, satisfactorios (<a href="#figura36">figura 36</a>), aunque los tiempos de hospitalizaci&oacute;n fueron largos. Por ejemplo, la mujer con 395 lesiones fue atendida primero en la localidad de San Joaqu&iacute;n. Se le lavaron en el r&iacute;o las masas costrosas con imp&eacute;tigo de sus pies, se le retiraron abundantes piojos que tambi&eacute;n ten&iacute;a y se desparasit&oacute; de numerosas pulgas que corr&iacute;an por sus piernas y sus manos. Con ayuda de los ind&iacute;genas, pues no pod&iacute;a caminar, se traslad&oacute; durante dos horas hasta el r&iacute;o, donde una lancha, luego de 10 horas de viaje, nos condujo a la comunidad de Acaricura. All&iacute;, una avioneta la transport&oacute; a Mit&uacute;, en un vuelo de 35 minutos. En el hospital, la enferma recibi&oacute; el tratamiento indicado y mejor&oacute; su desnutrici&oacute;n muy grave. Permaneci&oacute; hospitalizada durante dos meses y medio, y sali&oacute; caminando y curada de su tungiasis. Este caso da idea de las dificultades para enfrentar la enfermedad en la regi&oacute;n.</p>        <p>    <center><a name="figura36"><img src="img/revistas/bio/v30n2/2a09i36.jpg"></a></center></p>        <p>El tratamiento con creolina no es t&oacute;xico y no hemos detectado efectos secundarios. En los perros tambi&eacute;n se obtuvieron resultados satisfactorios. </p>        <p><b><i>Prevenci&oacute;n </i></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El cambio de los pisos de las malocas, su humectaci&oacute;n y rociado con piretroides, as&iacute; como el tratamiento oportuno y simult&aacute;neo de los humanos y los perros, han dado resultados muy buenos en las dos comunidades intervenidas. En San Joaqu&iacute;n, que tiene ocho viviendas habitadas por 52 a 69 personas, se detectaron 48 casos de tungiasis entre 2000 y 2003, incluyendo la mujer con 395 lesiones. All&iacute; no ocurrieron casos en 2004, luego del tratamiento de los pisos; se present&oacute; una sola tungiasis moderada en 2005, ninguna en 2006 y ocurrieron cuatro moderadas en 2007. </p>        <p>Otro reto importante ha sido combatir el poco cumplimiento del tratamiento, debido a la concepci&oacute;n de la enfermedad como una fatalidad inducida por da&ntilde;os a la naturaleza, desacato de normas tradicionales o maldades generadas por otras personas. La educaci&oacute;n a la comunidad ha tenido buena acogida y sabemos que el conocimiento de los factores de riesgo ha aumentado entre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y ha disminuido la endemia, aunque no hemos medido estad&iacute;sticamente estos resultados.</p>        <p><b>Discusi&oacute;n </b></p>      <p>Nuestras observaciones generales, realizadas desde 1996 hasta la fecha, muestran que la tungiasis es una enfermedad importante en las comunidades ind&iacute;genas rurales y selv&aacute;ticas del Vaup&eacute;s. Hemos documentado 942 casos, con una prevalencia global variable en la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena campesina, entre 3 y 8 casos por 1.000 habitantes, en las comunidades que hemos logrado visitar. </p>        <p>La infestaci&oacute;n grave o masiva se ha presentado en ni&ntilde;os y en adultos mayores de 50 a&ntilde;os, algunos abandonados por su tribu y con condiciones serias como trastornos convulsivos, demencia y ceguera, condiciones que requieren investigaci&oacute;n m&eacute;dica competente. La paciente con 395 lesiones es un caso &uacute;nico. Sospechamos que la ceguera sea consecuencia del tracoma, otra entidad de la regi&oacute;n desconocida por las autoridades nacionales de salud y enteramente accesible a proyectos de investigaci&oacute;n con gran impacto social, como ocurre tambi&eacute;n con la tungiasis.</p>        <p>Las condiciones clim&aacute;ticas, el piso arenoso, seco y con cenizas de las malocas, la convivencia con perros afectados de tungiasis, la falta de uso de calzado adecuado, la insuficiente educaci&oacute;n escolar y sanitaria, la baja capacidad adquisitiva de la poblaci&oacute;n, as&iacute; como el poco compromiso de las autoridades locales y nacionales de salud, unidas a las dificultades geogr&aacute;ficas de la zona, hacen que los ind&iacute;genas del Vaup&eacute;s y sus viviendas representen un ambiente ideal para el desarrollo de <i>T. penetrans.</i> </p>     <p>El   piso arenoso y seco de la vivienda, que da otro nombre al par&aacute;sito como &quot;pulga   de la arena&quot;, aumenta cuatro veces el riesgo de adquirir la tungiasis (5). La falta de disposici&oacute;n de desechos, la pr&aacute;ctica de hogueras en el interior del domicilio, que secan m&aacute;s el piso, producen cenizas y atraen a los perros –con lesiones importantes y numerosas en sus almohadillas plantares, en las gl&aacute;ndulas mamarias, la piel abdominal y el hocico–, son factores que propician el desarrollo de los huevos y larvas de la pulga, y la penetraci&oacute;n del adulto a los humanos. Los perros &quot;maloqueros&quot; o domiciliarios, son los m&aacute;s afectados por la tungiasis y conviven m&aacute;s tiempos con los ind&iacute;genas. </p>        <p>La presencia de cerdos de vida libre en varias comunidades es otro factor amplificador de la enfermedad. Cuando est&aacute;n confinados a porquerizas, el ambiente h&uacute;medo y lodoso que les es usual, no es un buen h&aacute;bitat para el desarrollo de la pulga (4). </p>        <p>Documentamos la tungiasis en, al menos, cinco especies salvajes, un &iacute;ndice de la extensi&oacute;n amplia de la enfermedad. La tungiasis se ha descrito en roedores salvajes, coat&iacute;es y armadillos, elefantes, micos, cabras, ovejas, ratas y puercoespines (1-6). Nuestros hallazgos sugieren amplia diseminaci&oacute;n de la tungiasis, pero el estudio nos indica que la enfermedad se adquiere dentro de las casas o malocas. </p>        <p>La mayor&iacute;a de las investigaciones sobre la tungiasis se han hecho en poblaciones rurales, suburbanas, favelas y en comunidades de pescadores con gran atraso social y pobreza, de Brasil, Hait&iacute;, Trinidad y Nigeria (17-27). Dos publicaciones se refieren a las niguas en los ind&iacute;genas, una en Venezuela, en donde se afirma, sin documentaci&oacute;n, que es com&uacute;n en abor&iacute;genes del Amazonas (78), y otra en Argentina, que muestra una infestaci&oacute;n de 6% en la comunidad<i> wichi </i>del norte del pa&iacute;s, m&aacute;s frecuente en ni&ntilde;os y con 82% de lesiones &uacute;nicas (79). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En Colombia la tungiasis era com&uacute;n, pero su incidencia disminuy&oacute; notoriamente por varios factores, tales como el rociado con DDT, las mejoras en las viviendas y el uso de calzado; es muy conocida la an&eacute;cdota de llamar &quot;patojos&quot; a los habitantes de Popay&aacute;n, por la profusi&oacute;n de lesiones de tungiasis de sus pies (H. Sotomayor Trib&iacute;n, comunicaci&oacute;n personal, julio de 2009). El hecho sorprendente es que no hemos encontrado un solo trabajo colombiano de investigaci&oacute;n sobre la tungiasis, ni en la extensa literatura internacional revisada en los &iacute;ndices m&eacute;dicos de internet, ni en la &quot;Historia de la Medicina Tropical&quot; de Bonilla-Naar, que compila la literatura colombiana sobre el tema desde 1525 hasta 1944 (80), ni en la bibliograf&iacute;a del Instituto Nacional de Salud (81), ni en textos de parasitolog&iacute;a, uno de los cuales no incluye la entidad (82) y el otro la ilustra con im&aacute;genes prestadas de un libro extranjero (83). Una Publicaci&oacute;n presenta un minicaso, con buenas fotos cl&iacute;nicas, con la cual se logra saber que la ni&ntilde;a afectada era campesina y que otros hermanos tambi&eacute;n ten&iacute;an tungiasis (84).</p> 	     <p>Las lesiones cut&aacute;neas de los ind&iacute;genas se presentan con mayor frecuencia en menores de 15 a&ntilde;os y en mayores de 50; cuando se registr&oacute; la edad, el 45% eran ni&ntilde;os menores de 15 a&ntilde;os. Las lesiones afectan los pies en el 98% de los casos, como ocurre en general con esta enfermedad (10, 24-26). Se localizaban con mayor frecuencia en la regi&oacute;n plantar y alrededor de los dedos de los pies, en las plantas y en los bordes externos, como se ha descrito (1,2, 11, 23, 43), y con menor frecuencia en los talones. Es com&uacute;n que tiendan a agruparse. Probablemente, porque as&iacute; se facilita la fecundaci&oacute;n de las hembras por el macho, que no tendr&iacute;a que transitar grandes distancias para realizar esta funci&oacute;n y porque el edema local por la inflamaci&oacute;n har&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil la penetraci&oacute;n de las nuevas pulgas infecto-contagiosas (10, 12). </p>        <p>Las lesiones muy numerosas son dolorosas e inhabilitan al paciente para caminar. Los estados m&aacute;s llamativos son los de halo y los involutivos, costrosos, con frecuente supuraci&oacute;n por infecci&oacute;n bacteriana secundaria. Varios ni&ntilde;os presentaron tungiasis dolorosas, molestas y numerosas en las palmas, que imposibilitaban la funci&oacute;n manual. Las lesiones en gl&uacute;teos y en la regi&oacute;n perianal eran igualmente dolorosas, con imp&eacute;tigo, f&eacute;tidas y atraen otros insectos como las moscas.</p>        <p>La anoniquia de varios dedos de los pies fue una complicaci&oacute;n com&uacute;n e irreversible en los ind&iacute;genas, inclusive en los ni&ntilde;os. Se relaciona con la colonizaci&oacute;n del reborde de las u&ntilde;as, o ungular, un sitio preferido por las pulgas y en donde el compromiso inflamatorio y traum&aacute;tico destruye la matriz de la u&ntilde;a. La misma localizaci&oacute;n deforma seriamente los dedos de los pies y puede llegar a la amputaci&oacute;n o p&eacute;rdida parcial de los mismos, como demostramos en pocos de los ind&iacute;genas (19, 26, 55).</p>        <p>El tratamiento de la tungiasis es complejo porque requiere retirar el par&aacute;sito de la piel y no s&oacute;lo destruir su viabilidad, sino prevenir o curar la infecci&oacute;n secundaria. La prevenci&oacute;n debe ir impl&iacute;cita en este concepto, pues la reinfecci&oacute;n ser&aacute; inmediata, tan pronto como el ind&iacute;gena regrese a su casa o maloca.</p>        <p>En los territorios rurales, semiselv&aacute;ticos y selv&aacute;ticos en los que actuamos, no disponemos de los medicamentos y repelentes que han dado buenos resultados para tratar la tungiasis en Brasil (67-71). Recurrimos a la creolina, f&aacute;cilmente disponible y barata. Es un derivado del petr&oacute;leo, con efecto esterilizador y desinfectante, con amplio uso para diversas infestaciones parasitarias en animales. La utilizamos en concentraciones bajas pero efectivas que matan la pulga, la compactan y la contraen, cambios que hacen, luego, m&aacute;s f&aacute;cil su eliminaci&oacute;n o su extracci&oacute;n manual. Las pulgas muertas generan menos inflamaci&oacute;n (69).</p> 	     <p>En los perros usamos ba&ntilde;os de las extremidades con creolina, que redujeron claramente la infestaci&oacute;n. Junto con el reemplazo de los pisos de arena por arcilla dura y su humectaci&oacute;n con piretroides, repetida y peri&oacute;dicamente, que impiden el ciclo del par&aacute;sito, logramos reducir la incidencia de la tungiasis, al menos, en dos comunidades, especialmente en San Joaqu&iacute;n, en donde la frecuencia de casos se redujo a cero en 2004, y, luego, ha sido ocasional y moderada.</p>        <p>Son triunfos peque&ntilde;os pero muy significativos para nosotros, lo cual es digno de continuarse e intensificarse en todo el departamento, provisto que exista el inter&eacute;s solidario local, nacional o internacional, con los aportes de personal y de recursos econ&oacute;micos pertinentes. La modificaci&oacute;n de los pisos, en una zona donde es imposible llevar el cemento, es una labor que requiere tenacidad y sacrificio. Creemos que al difundir estos hallazgos la comunidad de salud colombiana se interesar&aacute; m&aacute;s por este problema, que seg&uacute;n informaci&oacute;n preliminar, ocurre de manera semejante en poblaciones ind&iacute;genas de los departamentos de la Orinoquia y la Amazonia. </p>        <p>En conclusi&oacute;n, no existe un solo trabajo de investigaci&oacute;n en Colombia sobre la tungiasis, un signo ya indicador de grave negligencia m&eacute;dica y de salud p&uacute;blica en relaci&oacute;n con esta enfermedad. La entidad est&aacute; ampliamente extendida en las comunidades ind&iacute;genas del Vaup&eacute;s, entre las cuales el medio silvestre en que se desarrolla la poblaci&oacute;n, la lejan&iacute;a de las ciudades principales del pa&iacute;s, el abandono social y de atenci&oacute;n en salud, la nula capacidad adquisitiva, la habitaci&oacute;n en casas o malocas con piso arenoso y seco, y los perros como reservorios, forman un h&aacute;bitat ideal para el desarrollo del par&aacute;sito. </p>        <p>Es com&uacute;n observar pacientes con m&aacute;s de 50 lesiones en sus pies, con infecci&oacute;n secundaria, dolor e incapacidad para la marcha. La anoniquia y deformaci&oacute;n de los dedos de los pies son comunes. La  infecci&oacute;n secundaria es la regla y es posible que tres pacientes con tungiasis hayan muerto por septicemia. </p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El diagn&oacute;stico y el tratamiento corren por cuenta de personal de salud y de auxiliares ind&iacute;genas. Los m&eacute;dicos tienen poco o ning&uacute;n inter&eacute;s por la enfermedad y, en general, son j&oacute;venes en servicio social obligatorio que permanecen pocos meses en la regi&oacute;n, en Mit&uacute;, la capital del departamento. </p>        <p>El uso de creolina a bajas concentraciones ha sido beneficioso, tanto para los humanos, como para los perros. El tratamiento de los pacientes debe ir acompa&ntilde;ado de la prevenci&oacute;n, pues la reinfestaci&oacute;n es la regla. La prevenci&oacute;n incluye el compromiso de brindar cobertura adecuada en salud a la comunidad, abolir las condiciones de pobreza extrema, mejorar los pisos de la vivienda para hacer hostil este h&aacute;bitat para el ciclo del par&aacute;sito, y educar a la comunidad y al personal de salud, para que deje de considerar la enfermedad como un castigo o como una condici&oacute;n inherente a la vida en la regi&oacute;n, una parte de lo cual hemos logrado con este trabajo.</p>        <p>    <center><b>Agradecimientos</b></center></p>      <p>A los promotores y auxiliares de salud de la red rural de prestaci&oacute;n de servicios y del Hospital San Antonio de Mit&uacute;, por la notificaci&oacute;n y atenci&oacute;n esmerada de los casos presentados. A Piedad S&aacute;nchez Mart&iacute;nez, por su valiosa contribuci&oacute;n para incluir la tungiasis como de notificaci&oacute;n obligatoria en el Servicio Alerta Acci&oacute;n y por su motivaci&oacute;n para desarrollar desde el programa de Enfermedades Transmitidas por Vectores (ETV) el subprograma de Tungiasis. A los auxiliares ind&iacute;genas y colonos del programa de ETV, por su permanente disposici&oacute;n y disciplina en la ejecuci&oacute;n de las acciones de vigilancia, prevenci&oacute;n y control de la tungiasis en el departamento. A los promotores de salud ind&iacute;genas Cesar de Jes&uacute;s Tamayo y Estanislao Valle, por su trabajo intenso y efectivo de prevenci&oacute;n y control de esta zoonosis en las comunidades ind&iacute;genas de San Joaqu&iacute;n y Santa Catalina. A Ingrid Garc&iacute;a Vel&aacute;squez, por su apoyo y colaboraci&oacute;n. Al Ministerio de la Protecci&oacute;n Social, al Programa Nacional de Enfermedades Transmitidas por Vectores y a la Gobernaci&oacute;n Departamental del Vaup&eacute;s, por financiar la movilizaci&oacute;n y suministrar los recursos e insumos requeridos para asistir a las diferentes comunidades.</p>        <p>    <center><b>Conflicto de intereses</b></center></p>      <p>Los autores declaran que no tienen conflicto de inter&eacute;s alguno en la elaboraci&oacute;n, escritura o publicaci&oacute;n de este trabajo.</p>        <p>    <center><b>Financiaci&oacute;n</b></center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las actividades llevadas a cabo para atender a las comunidades ind&iacute;genas objeto de este trabajo han sido financiadas por la Gobernaci&oacute;n Departamental del Vaup&eacute;s, a trav&eacute;s del Programa de Enfermedades Transmitidas por Vectores, y por el Ministerio de la Protecci&oacute;n Social. </p>      <p>Correspondencia: Hollman Miller <a href="mailto:hollmanmiller@gmail.com">hollmanmiller@gmail.com</a></p>        <p>    <center><b>Referencias </b></center></p>      <!-- ref --><p>1. <b>Heukelbach J, Oliveira Sa, Hesse H, Feldmeier H.</b> Tungiasis: a neglected health problem of poor communities. Trop Med Internat Hlth. 2001;6:267-72.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0120-4157201000020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. <b>Heukelbach J.</b> Tungiasis. Rev Inst Med Trop S Paulo. 2005;47:307-13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0120-4157201000020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. <b>N&uacute;&ntilde;ez AR.</b> Tungiasis. Gac Med Mex. 1952;82:11-5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0120-4157201000020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. <b>Heukelbach J, Costa AML, Wilcke T, Mencke N, Feldmeier H.</b> The animal reservoir of <i>Tunga penetrans</i> in severely affected communities in north-east Brazil. Med Veter Entomol. 2004;18:329-35.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0120-4157201000020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. <b>Witt L, Heukelbach J, Schwalfenberg S, Ribeiro RA, Harms G, Feldmeier H. </b>Short report: infestation of Wistar rats with <i>Tunga penetrans</i> in   different microenviroments. Am J Trop Med Hyg. 2007;76:666-8. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0120-4157201000020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. <b>Pilger D, Schwalfenberg S, Heukelbach J, Witt L, Mehlhorn H, Mencke N, <i>et   al</i>.</b> Investigations on the biology, epidemiology, pathology and control of <i>Tunga penetrans</i> in Brazil: VII. The importance of animal reservoirs for human infestation. Parasitol Res. 2008;102:875-80. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S0120-4157201000020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. <b>Fern&aacute;ndez de Oviedo G.</b> Historia general de las Indias, islas y tierra firme  del mar oc&eacute;ano. Primera parte, Libro II; 1526. Fecha de consulta: 10 de enero de 2009. Disponible en: <a href="http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=24193">http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=24193</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0120-4157201000020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. <b>Fern&aacute;ndez de Piedrahita L.</b> Historia General del Nuevo Reino de Granada; 1688. Fecha de consulta: 10 de enero de 2009. Disponible en: <a href="http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/hisgral/indice.htm">http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/hisgral/indice.htm</a>.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0120-4157201000020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. <b>Hoeppli R.</b> Early references to the occurrence of <i>Tunga penetrans</i> in Tropical Africa. Acta Tropica. 1963;20:143-52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0120-4157201000020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. <b>Witt LH, Linardi PM, Meckes O, Schwalfenberg S, Ri</b><b>beiro RA, Feldmeier H, <i>et al.</i></b> Blood-feeding of <i>Tunga penetrans</i> males. Med Veter Entomol. 2004;18:439-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0120-4157201000020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. <b>Feldmeier H, Eisele M, van Marck E, Mehlhorn H, Ribeiro R, Heukelbach J.</b> Investigations on the biology, epidemiology, pathology and control of <i>Tunga penetrans</i> in Brazil. IV. Clinical and histopathology. Parasitol Res. 2004;94:275-82.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S0120-4157201000020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. <b>Eisele M, Heukelbach J, Mehlhorn EVMH, Meckes O, Franck S, Feldmeier H.</b> Investigations on the biology, epidemiology, pathology and control of <i>Tunga penetrans</i> in Brazil: I. Natural history of tungiasis in man. Parasitol Res. 2003;90:87-99.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S0120-4157201000020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. <b>Feldmeier H, Witt L, Schwalfenberg S, Linardi PM, Ri beiri RA, Capaz RAC, <i>et al</i>.</b> Investigations on the biology, epidemiology, pathology and control of <i>Tunga penetrans</i> in Brazil. VI. Natural history of the infestation in laboratory-raised Wistar rats. Parasitol Res. 2007;102:1-13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S0120-4157201000020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. <b>Trentini M, Pampiglione S, Marini M, Gianetto S.</b> Observations about specimens of <i>Tunga sp.</i> extracted from goats of Ecuador. Parasitologia. 2001;42:65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S0120-4157201000020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. <b>Pampiglione S, Trentini M, Fioravanti ML, Onore G, Rivasi F.</b> Additional description of a new species of <i>Tunga</i> (Siphonaptera) from Ecuador. Parasite. 2003;10:9-15. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000241&pid=S0120-4157201000020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. <b>Pampiglione S, Trentini M, Fioravanti ML, Onore G, Rivasi F.</b> Differential diagnosis between <i>Tunga penetrans</i> (L..,1758) and <i>T. trimamillata </i>Pampiglionie <i>et al</i>. 2002 (Insecta, Siphonaptera), the two species of the genus <i>Tunga</i> parasitic in man. Parasite. 2004;11:51-7. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000242&pid=S0120-4157201000020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. <b>Chadee DD.</b> Tungiasis among five communities in south-western Trinidad, West Indies. Ann Trop Med Parasitol. 1998;92:107-13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000243&pid=S0120-4157201000020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. <b>Heukelbach J, Mencke N, Feldmeier H.</b> Editorial: Cutaneous larva migrans and tungiasis: the challenge to control zoonotic ectoparasitosis associated with poverty. Trop Med Internat Health. 2002;7:907-10.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000244&pid=S0120-4157201000020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. <b>Feldmeier H. Eisele M, Saboia-Moura RC, Heukelbach J.</b> Severe tungiasis in underprivileged communities: case series from Brazil. Emerg Infect Dis. 2003;9:949-55.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000245&pid=S0120-4157201000020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. <b>Heukelbach J, van Haeff E, Rump B, Wilcke T, Moura RCS, Feldmeier H.</b> Parasitic skin diseases: health care-seeking in a slum in north-east Brazil. Trop Med Internat Health. 2003;8:368-73.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S0120-4157201000020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. <b>Joseph JK, Bazile J, Mutter J, Shin S, Ruddle A, Ivers L, <i>et al</i>.</b> Tungiasis in rural Haiti: a community-based response. Trans Roy Soc Trop Med Hyg. 2006;100:970-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000247&pid=S0120-4157201000020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. <b>Feldmeier H, Kehr JD, Heukelbach J, Poggensee G, Heukelbach J.</b> High exposure to <i>Tunga penetrans</i> (Linnaeus, 1758) correlates with intensity of infestation. Mem Inst Oswaldo Cruz. 2006;101:65-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000248&pid=S0120-4157201000020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. <b>Muehlen M, Feldmeier H, Wilcke T, Winter B, Heukelbach J.</b> Identifying risk factors for tungiasis and heavy infestation in a resource-poor community in northest Brazil. Trans R Soc Trop Med Hyg. 2006;100:371-80.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000249&pid=S0120-4157201000020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. <b>Ugbomoiko US, Ofoezie IE, Heukelbach J.</b> Tungiasis: high prevalence load and morbidity in a rural community in Lagos State, Nigeria. Int J Dermatol. 2007;46:475-81.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000250&pid=S0120-4157201000020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. <b>Ugbomoiko US, Ariza L, Ofoezie IE, Heukelbach J.</b> Risk factors for tungiasis in Nigeria: Identification of targets for effective intervention. PLoS Neglected Trop Dis. 2007;1:1-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000251&pid=S0120-4157201000020000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. <b>Ariza L, Seidenschwang M, Buckendahl J, Gomide M, Feldmeier H, Heukelbach J.</b> Tung&iacute;ase: doenca negligenciada causando patolog&iacute;a grave en uma favela de Fortaleza, Cear&aacute;. Rev Soc Brasil Med Trop. 2007;40:63-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000252&pid=S0120-4157201000020000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. <b>Heukelbach J, Wilcke T, Harms G, Feldmeier H.</b> Seasonal variation of tungiasis in an endemic community. Am J Trop Med Hyg. 2005;72:145-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000253&pid=S0120-4157201000020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. <b>Franck S, Feldmeier H, Heukelbach J. </b>Tungiasis: more than an exotic nuisance. Travel Med Infect Dis. 2003;1:159-66.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000254&pid=S0120-4157201000020000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. <b>Reiss F.</b> Tungiasis in New York City. Arch Dermatol. 1966;93:404-7. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000255&pid=S0120-4157201000020000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. <b>Zalar GL, Walther RR.</b> Infestation by <i>Tunga penetrans</i>. Arch Dermatol. 1980;116:80-1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000256&pid=S0120-4157201000020000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. <b>Sanusi D, Brown EB, Shepard TG, Grafton WD.</b> Tungiasis: Report of one case and review of the 14 reported cases in the United States. J Am Acad Dermatol. 1989;20:941-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000257&pid=S0120-4157201000020000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. <b>Burke WA, Jones BE, Park KH, Finley JL.</b> Imported tungiasis. Int J Dermatol. 1991;30:881-3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000258&pid=S0120-4157201000020000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. <b>Mashek H, Licznerski, Pinkus S.</b> Tungiasis in New York. Int J Dermatol. 1997;36:276-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000259&pid=S0120-4157201000020000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. <b>Fein H, Nassem S, Witte D, Garc&iacute;a V, Lucky A, Staat MA.</b> Tungiasis in North America: A report of 2 cases in internationally adopted children. J Pediatr. 2001;139:744-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000260&pid=S0120-4157201000020000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. <b>Brane S, Adams B, Bazemore A.</b> Tungiasis in the returning traveler. J Am Acad Dermatol. 2005;52:1105-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000261&pid=S0120-4157201000020000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. <b>Leung A, Woo T, Robson W, Trotter M.</b> A tourist with tungiasis. Can Med Assoc J. 2007;177:343-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000262&pid=S0120-4157201000020000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. <b>Grumwald M, Shai A, Mosovich B, Avinoach I.</b> Tungiasis. Austral J Dermatol. 2000;41:46-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000263&pid=S0120-4157201000020000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. <b>Swaminathan A, Gosbel Ib, Zwar NA, Douglas MW.</b> Tungiasis in recently arrived African refugees. Med J Aust. 2005;183:51.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000264&pid=S0120-4157201000020000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. <b>Veraldi S, Schiamnchi R, Cremonesi R.</b> Bullous tungiasis. Int J Dermatol. 2005;44:1067-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000265&pid=S0120-4157201000020000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. <b>Veraldi S, Valsecchi M.</b> Imported tungiasis: a report of 19 cases and review of the literature. Int J Dermatol. 2007;46:1061-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000266&pid=S0120-4157201000020000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. <b>Posp&iacute;silov&aacute; A, Pirochtov&aacute; K.</b> Tungiasis (tungosis) comes to the Czech Republic. J Cosmet Dermatol. 2002;1:216.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000267&pid=S0120-4157201000020000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. <b>Casals M, Campo A, Garc&iacute;a F, Aspiolea F, Camps A.</b> Tungiasis. Presentaci&oacute;n de dos nuevos casos y revisi&oacute;n de 20 casos de la literatura espa&ntilde;ola. Actas Dermosifilogr. 1999;90:311-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000268&pid=S0120-4157201000020000900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. <b>Muehlen M, Heukelbach J, Wilcke T, Winter B, Mehlhorn </b><b>H, Feldmeier H. </b>Investigations on the biology, epidemiology, pathology and control of <i>Tunga penetrans</i> in Brazil. II. Prevalence, parasite load and topographic distribution of lesions in the population of a traditional fishing village. Parasitol Res. 2003;90:449-55.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000269&pid=S0120-4157201000020000900043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. <b>Sachse MM, Guldbakke KK, Khachemoun A.</b> <i>Tunga penetrans</i>: a stowaway from around the world. J Europ Acad Dermatol Venereol. 2006;21:121-16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000270&pid=S0120-4157201000020000900044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. <b>Connor DH.</b> Tungiasis. In: Connor DH, Chandler FW, editors. Pathology of Tropical Infectious Diseases. Stanford, Conn.: Appleton and Lange; 1997. p. 1699-07. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000271&pid=S0120-4157201000020000900045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. <b>Bezerra S.</b> Tungiasis -an unusual case of severe infestation. Int J Dermatol. 1994;33:725.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000272&pid=S0120-4157201000020000900046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. <b>Heukelbach J, Wilcke T, Eisele M, Feldmeier H.</b> Ectopic localization of tungiasis. Am J Trop Med Hyg. 2002;67:214-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000273&pid=S0120-4157201000020000900047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. <b>Heukelbach J, Sahebali S, van Marck E, Saboia-Moura RC, Feldmeier H. </b>An unusual case of ectopic tungiasis with pseudoepitheliomatous hyperplasia. Braz J Infect Dis. 2004;8:465-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000274&pid=S0120-4157201000020000900048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. <b>Heukelbach J, Bonow I, Witt LH, Feldmeier H, Fischer P.</b> High infection rate of <i>Wolbachia</i> endobacteria in the sand flea <i>Tunga penetrans</i> from Brazil. Acta Trop. 2004;92:225-30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000275&pid=S0120-4157201000020000900049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. <b>Fischer P, Schmetz C, Bandi C, Bonow I, Mand S, Fischer K, <i>et al</i>.</b> <i>Tunga penetrans</i>: molecular identification of <i>Wolbachia </i>endobacteria and their recognition by antibodies against proteins of endobacteria from filarial parasites. Exp Parasitol. 2002;102:201-11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000276&pid=S0120-4157201000020000900050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. <b>Kehr D, Heukelbach J, Mehlhorn H, Feldmeier H.</b> Morbidity assessment in sand flea disease (tungiasis). Parasitol Res. 2007;100:413-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000277&pid=S0120-4157201000020000900051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. <b>Feldmeier H, Heukelbach J, Eisele M, Sousa AQ, Meireles LB, Carvalho CBM.</b> Bacterial superinfection in human tungiasis. Trop Med Internat Health. 2002;7:559-64.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000278&pid=S0120-4157201000020000900052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. <b>Tonge BL.</b> Tetanus from chigger flea sores. J Trop Pediatr. 1989;35:94.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000279&pid=S0120-4157201000020000900053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. <b>Litvoc J, Leite RM, Katz G.</b> Aspectos epidemiol&oacute;gicos do t&eacute;tano no estado de Sao Paulo (Brasil). Rev Inst Med Trop Sao Paulo. 1991;33:477-84. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000280&pid=S0120-4157201000020000900054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. <b>Beg MA, Mehraj V, Yakoob N, Pervez S, Salleem T, Zubart A, <i>et al</i>.</b> Tungiasis: consequences of delayed presentation/diagnosis. Int J Infect Dis. 2008;12:218-9. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000281&pid=S0120-4157201000020000900055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>56. <b>Smith MD, Procop GW.</b> Typical histologic figures of <i>Tunga penetrans</i> in skin biopsies. Arch Pathol Lab Med. 2002;126:714-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000282&pid=S0120-4157201000020000900056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>57. <b>Feldmeier H, Heukelbach J, Eisele M, Ribeiro R, Harms G, Mehlhorn H, <i>et al</i>. </b>Investigations on the biology, pathology and control of <i>Tunga penetrans</i> in Brazil: III. Cytokine levels in peripheral blood of infected humans. Parasitol Res. 2003;91:298-303.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000283&pid=S0120-4157201000020000900057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>58. <b>Feldmeier H, Witt L-H, Schwalfenberg S, Ribeiro R, Cunha F, Harms H, <i>et al</i>. </b>Investigations on the biology, pathology and control of <i>Tunga penetrans</i> in Brazil: V. Cytokine concentrations in experimentally infected Wistar rats. Parasitol Res. 2004;94:371-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000284&pid=S0120-4157201000020000900058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>59. <b>Bauer J, Forschner A, Garbe C, Röcken M.</b> Dermoscopy of tungiasis. Arch Dermatol. 2004;140:761-3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000285&pid=S0120-4157201000020000900059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>60. <b>Bauer J, Forschner A, Garbe C, Röcken M.</b> Variability of dermoscopic features of tungiasis. Arch Dermatol. 2005;141:643-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000286&pid=S0120-4157201000020000900060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>61. <b>Bakos RM, Bakos L.</b> &quot;Whitish chains&quot;: a remarkable <i>in vivo</i> dermoscopic finding of tungiasis. Br J Dermatol. 2008;159:991-2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000287&pid=S0120-4157201000020000900061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>62. <b>Cabrera R, Daza F.</b> Tungiasis: eggs seen with dermoscopy. Br J Dermatol. 2008;158:635-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000288&pid=S0120-4157201000020000900062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>63. <b>Gibbs SS.</b> The diagnosis and treatment of tungiasis. Br J Dermatol. 2008;159:981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000289&pid=S0120-4157201000020000900063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>64. <b>Marrero MD, Nagore E, Igual-Adell R, Rodr&iacute;guez-Calabuig D, Castej&oacute;n P. </b>Tungiasis presenting with whitish nodules on the feet. J Europ Acad Dermatol Veneorol. 2003;17:247-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000290&pid=S0120-4157201000020000900064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>65. <b>Heukelbach J.</b> Revision of tungiasis: treatment options and prevention. Exper Rev Anti Infect Ther. 2006;4:151-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000291&pid=S0120-4157201000020000900065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>66. <b>Geary TG.</b> Ivermectin 20 years on: maturation of a wonder drug. Trends Parasitol. 2005;21:530-2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000292&pid=S0120-4157201000020000900066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>67. <b>Heukelbach J, Franck S, Feldmeier H.</b> Therapy of tungiasis: a double-blind randomized controlled trial with oral Ivermectin. Mem Inst Oswaldo Cruz. 2004;99:873-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000293&pid=S0120-4157201000020000900067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>68. <b>Heukelbach J, Eisele M, Jackson A, Feldmeier H.</b> Topical treatment of tungiasis: a randomized, controlled trial. Ann Trop Med Parasitol. 2003;97:743-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000294&pid=S0120-4157201000020000900068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>69. <b>Schwalfenberg S, Witt LH, Kehr JD, Feldmeier H.</b> Prevention of tungiasis using biological repellent: a small case series. Ann Trop Med Parasitol. 2004;98:89-94.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000295&pid=S0120-4157201000020000900069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>70. <b>Feldmeier H, Kehr JD, Heukelbach J.</b> A plant-based repellent protects against <i>Tunga penetrans</i> infestation and sand flea disease. Acta Tropica. 2006;99:126-36. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000296&pid=S0120-4157201000020000900070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>71. <b>Klimpel S, Mehlhorn H, Heuikelbach J, Feldmeier H, Mencke N.</b> Field trial of the efficacy of a combination of imidacloprid and permethrin against <i>Tunga penetrans</i> (sand flea, jigger flea) in dogs in Brazil. Parasitol Res. 2005;97:S113-20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000297&pid=S0120-4157201000020000900071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>72. <b>Rodr&iacute;guez G.</b> Hematoquecia letal por angiostrongilosis abdominal. Biom&eacute;dica. 2000;20:120-30. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000298&pid=S0120-4157201000020000900072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>73. <b>Ariza Y, Rodr&iacute;guez G.</b> Haga usted el diagn&oacute;stico. Biom&eacute;dica. 2001;21:162-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000299&pid=S0120-4157201000020000900073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>74. <b>Rodr&iacute;guez G, Tamayo M, Boshell J.</b> Estructura del quiste hidat&iacute;dico producido por <i>Echinococcus oligarthrus</i> en el hospedero intermediario <i>Proechimyis c.f. guairae</i> (rata espinosa) en Casanare, Colombia. Biom&eacute;dica. 2000; 20:238-47.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000300&pid=S0120-4157201000020000900074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>75. <b>Rodr&iacute;guez-Toro G, T&eacute;llez N.</b> Lobomycosis in Colombian Amer Indian patients. Mycopathologia.   1992;120:5-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000301&pid=S0120-4157201000020000900075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>76. <b>Rodr&iacute;guez G.</b> P&eacute;nfigo foli&aacute;ceo en ind&iacute;genas colombianos. Rev Soc Col Dermatol.   1993;2:91-4. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000302&pid=S0120-4157201000020000900076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>77. <b>Salved-S&aacute;nchez B.</b> Claves para la identificaci&oacute;n de adultos de las especies de pulgas (Insecta: Siphonaptera) comunes y de mayor importancia m&eacute;dica en M&eacute;xico. Folia Entomol Mex. 2004;43:27-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000303&pid=S0120-4157201000020000900077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>78. <b>Oliver LM, P&eacute;rez R, Garc&iacute;a L.</b> Epidemiolog&iacute;a de la <i>Tunga penetrans</i> en Venezuela. Dermatol Venez. 1997;35:99-105.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000304&pid=S0120-4157201000020000900078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>79. <b>Gonz&aacute;lez A, de Villalobos C, Ranalletta MA, Coscaron MC.</b> Aspectos adaptativos y biol&oacute;gicos de <i>Tunga penetrans</i> (Linn&eacute; 1758). Epidemiolog&iacute;a en comunidades abor&iacute;genes del norte argentino. Arch Argent Dermatol. 2004;54:119-23. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000305&pid=S0120-4157201000020000900079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>80. <b>Bonilla-Naar A.</b> Historia de la medicina tropical, parasitolog&iacute;a e higiene en   Colombia. Bogot&aacute;: Cooperativa Nacional de Artes Gr&aacute;ficas; 1950.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000306&pid=S0120-4157201000020000900080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>81. <b>Instituto Nacional de Salud.</b> Bibliograf&iacute;a, INS, 1930-1992.Bogot&aacute;: Instituto Nacional de Salud; 1996. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000307&pid=S0120-4157201000020000900081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>82. <b>L&oacute;pez MC, Corredor A, Nicholls S, Agudelo CA, &Aacute;lvarez C, C&aacute;ceres E, <i>et al</i>. </b>Atlas de parasitolog&iacute;a. Bogot&aacute;: Manual Moderno; 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000308&pid=S0120-4157201000020000900082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>83. <b>Botero D, Restrepo M.</b> Parasitosis humanas. Segunda edici&oacute;n. Medell&iacute;n: CIB; 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000309&pid=S0120-4157201000020000900083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>84. <b>Herrera SE, Ochoa A, Escovar M, Correa LA.</b> Tungiasis -reporte de un caso. Rev Asoc Col Dermatol. 2004;12:63-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000310&pid=S0120-4157201000020000900084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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