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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las enfermedades cardiovasculares: un problema de salud pública y un reto global]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p><b>Editorial</b></p>      <p><font size="4"><b>Las enfermedades cardiovasculares: un problema de salud p&uacute;blica y un reto global</b></font></p>  <hr size="1">      <p>Las enfermedades cardiovasculares son responsables de la mayor parte de las muertes en el mundo. De acuerdo con el Informe del Estado Global en Salud de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS), publicado en abril de 2011 (1), las enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles fueron la causa de, aproximadamente, el 63 % (36 millones) del total (57 millones) de muertes ocurridas en el mundo en el a&ntilde;o 2008. De las cuatro principales enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles &ndash;las enfermedades cardiovasculares, el c&aacute;ncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias cr&oacute;nicas&ndash; las cardiovasculares fueron las causantes del 29,82 % (17 millones) de las muertes (1).</p>       <p>La OMS estim&oacute; la mortalidad y la prevalencia de enfermedades cr&oacute;nicas en cada estado miembro. Resulta alarmante que, en todos los continentes, con la excepci&oacute;n de &Aacute;frica, las muertes por enfermedades no transmisibles superan las de las enfermedades transmisibles, maternas y perinatales, nutricionales y causas combinadas (1,2).</p>       <p>En los pa&iacute;ses desarrollados, por ejemplo, los Estados Unidos, m&aacute;s de 2.200 personas mueren de enfermedades cardiovasculares cada a&ntilde;o y &eacute;stas son la causa de una de cada 2,9 muertes; adem&aacute;s, en promedio, cada d&iacute;a muere una persona cada 39 segundos en este pa&iacute;s (1-4). En los pa&iacute;ses europeos se observa una tendencia similar a la de los norteamericanos. Para los hombres europeos, por ejemplo, las muertes por las enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles son 13 veces m&aacute;s altas que otras causas combinadas, y para los hombres en la regi&oacute;n occidental del Pac&iacute;fico, son ocho veces mayor (1-3).</p>       <p>La muerte por enfermedades infecciosas ha disminuido en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. A medida que los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres mejoren sus condiciones de vida, es probable que sus sistemas de salud mejoren y que se reduzcan los niveles de enfermedades infecciosas y parasitarias. A pesar de la prevalencia de las enfermedades transmisibles (como el VIH/sida, la malaria y la tuberculosis), las enfermedades cardiovasculares siguen en aumento en el n&uacute;mero de muertes y cobran m&aacute;s &quot;a&ntilde;os de vida perdidos&quot; en los pa&iacute;ses en desarrollo, porque afectan no s&oacute;lo a personas mayores, sino tambi&eacute;n a personas j&oacute;venes (4,5).</p>       <p>Pese a que las enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles son m&aacute;s frecuentes en personas mayores de 60 a&ntilde;os, el 25 % de los fallecimientos por debajo de esta edad est&aacute; relacionado con las enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles. Esto sugiere que el aumento de la prevalencia en enfermedades cardiovasculares puede resultar, en parte, por un aumento de los diferentes factores de riesgo de desarrollar enfermedades cr&oacute;nicas y, quiz&aacute;s, por m&uacute;ltiples factores que no siempre son de orden m&eacute;dico, sino de naturaleza pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, sociocultural y ambiental (5-7).</p>       <p>Cabe destacar que el impacto de la carga de enfermedad y de la mortalidad por las enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles, est&aacute; aumentando de manera desproporcionada en los pa&iacute;ses y en las poblaciones con ingresos m&aacute;s bajos, con casi el 80 % de las muertes asociadas a enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles registradas en los pa&iacute;ses de bajos y medianos ingresos (2,6). En estos pa&iacute;ses, el aumento de las enfermedades cardiovasculares es alarmante, por ejemplo, los pa&iacute;ses de bajos y medianos ingresos aportan el 62 % de las muertes por enfermedades cardiovasculares. En los pa&iacute;ses de ingresos medianos, la tasa de mortalidad se elev&oacute; a 28 % entre 1980 y 2008, que es m&aacute;s del doble que en los de ingresos altos (2,5).</p>       <p>En Colombia, igualmente, las causas de mortalidad est&aacute;n encabezadas por las enfermedades cardiovasculares, que corresponden al 28,7 % de todas las defunciones (1-3,6). De hecho, en los hombres predomina la enfermedad coronaria y, asociada a &eacute;sta, la enfermedad cardiaca isqu&eacute;mica; y en las mujeres predominan las enfermedades relacionadas con la hipertensi&oacute;n arterial, como la enfermedad cerebrovascular y la insuficiencia cardiaca (1,6). Estas enfermedades constituyen problemas importantes de salud p&uacute;blica en el pa&iacute;s.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se estima que, para el a&ntilde;o 2020, las muertes a causa de las enfermedades cardiovasculares aumentar&aacute;n en 15 a 20 % y, en el a&ntilde;o 2030, las cuatro enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles mencionadas anteriormente ser&aacute;n responsables del 75 % de las muertes en el mundo (1-3). Es decir, se calcula que en el a&ntilde;o 2030 morir&aacute;n cerca de 23,6 millones de personas por enfermedades cardiovasculares y se pronostica que seguir&aacute;n siendo la principal causa de muerte a nivel global.</p>       <p>Estas cifras podr&iacute;an explicarse por m&uacute;ltiples factores que no necesariamente son excluyentes entre s&iacute;: por una parte, por deficiencias en los sistemas de salud, en cuanto a su capacidad de llevar a cabo acciones de promoci&oacute;n y prevenci&oacute;n, as&iacute; como por deficiencias en las intervenciones y los tratamientos basados en la &quot;evidencia&quot; (7-10); por otra parte, por un aumento en los factores de riesgo de desarrollar la enfermedad cardiovascular, tanto por los conocidos como por los a&uacute;n no conocidos suficientemente.</p>       <p>Como ejemplos, estar&iacute;an los factores de riesgo por alteraciones metab&oacute;licas, producto de los trastornos alimentarios, la obesidad abdominal, consumo de sustancias il&iacute;citas y cambios de estilos de vida saludables (2,8-10). Entre los nuevos factores de riesgo, que tambi&eacute;n se podr&iacute;an considerar en un futuro, estar&iacute;an los asociados con la complejidad gen&oacute;mica, la diversidad prote&oacute;mica y metabol&oacute;mica, as&iacute; como por la variedad de mecanismos de regulaci&oacute;n celular y molecular, que hacen parte de la naturaleza humana y de sus ciclos de vida (11).</p>       <p>Unos de los factores m&aacute;s importantes para explicar el impacto en la carga de enfermedad y de mortalidad por las enfermedades cardiovasculares, son los cambios demogr&aacute;ficos. Hoy en d&iacute;a hay m&aacute;s personas en el planeta, con un incremento relativo en la esperanza de vida al nacer, lo que permitir&aacute; que un n&uacute;mero mayor de ellas envejezca lo suficiente como para desarrollar enfermedades cardiovasculares. Considerando las tendencias previstas del envejecimiento demogr&aacute;fico mundial, se estima que de 10 % de la poblaci&oacute;n mundial actual con 60 y m&aacute;s a&ntilde;os de edad, ascender&aacute; a 16,6 % en el a&ntilde;o 2030 y a 21,4 % en el a&ntilde;o 2050 (4-6). Colombia vive actualmente una r&aacute;pida transformaci&oacute;n demogr&aacute;fica. En el &uacute;ltimo medio siglo, la esperanza de vida promedio al nacer aument&oacute;, aproximadamente, 20 a&ntilde;os, de 50 a 70, y la tasa global de fecundidad disminuy&oacute; a menos de la mitad, de alrededor de seis hijos por mujer a menos de tres. En el mismo per&iacute;odo, el porcentaje de personas de 60 a&ntilde;os y m&aacute;s ascendi&oacute; de 6 a 8 %. El r&aacute;pido incremento de la poblaci&oacute;n mayor de 60 a&ntilde;os, que ha pasado de, aproximadamente, 600.000 personas en 1950 a tres millones en el 2001, refleja un acelerado crecimiento de la poblaci&oacute;n mayor, la cual se estima ser&aacute; de 15,5 millones en el a&ntilde;o 2050 (5,6).</p>      <p>La modificaci&oacute;n profunda en las tendencias demogr&aacute;ficas requiere que hoy se le preste atenci&oacute;n prioritaria. Estos cambios tienen incidencia en la organizaci&oacute;n social, en los valores y en las normas de comportamiento individual y de la familia; tambi&eacute;n tienen implicaciones en el campo socioecon&oacute;mico y en los sistemas de educaci&oacute;n, salud y seguridad social, entre otros efectos (5,6,12). Finalmente, otros factores relacionados, que tampoco se pueden dejar de considerar, son los asociados con la pobreza y con la equidad de la distribuci&oacute;n de la riqueza entre los grupos sociales, as&iacute; como el acceso a alimentos saludables e inocuos, la seguridad alimentaria, las diferencias culturales y el acceso a servicios de salud de buena calidad (7-11).</p>       <p>El nuevo orden econ&oacute;mico mundial ha puesto de manifiesto que, en la medida en que los pa&iacute;ses pobres mejoren sus ingresos y sus econom&iacute;as sean m&aacute;s abiertas a la globalizaci&oacute;n y a los tratados bilaterales de libre comercio, se producir&aacute; un aumento en comportamientos poco saludables, tales como fumar, beber alcohol y consumir alimentos con alto contenido cal&oacute;rico, que todos y en conjunto contribuyen significativamente al incremento en las tasas de enfermedades cardiovasculares, la diabetes y otras condiciones que afectan la salud cardiovascular de las personas (6-8,12).</p>       <p>El estudio del Foro Econ&oacute;mico Mundial, realizado junto con la Escuela de Salud P&uacute;blica de Harvard, revel&oacute; que el impacto econ&oacute;mico de las enfermedades cardiovasculares, es muy grande. Por ejemplo, las p&eacute;rdidas de producci&oacute;n en los pa&iacute;ses de ingresos bajos y medios (en d&oacute;lares estadounidenses) pasar&iacute;an de US$ 3 billones en el 2010 a US$ 8,6 billones en el 2030. Asimismo, las estimaciones de los costos directos e indirectos por las enfermedades cardiovasculares en el mundo pasar&iacute;an de US$ 863.000 millones en el 2010 y estos pasar&iacute;an a ser de US$ 1,04 billones en el 2030 (6,13).</p>       <p>Las enfermedades cardiovasculares son unas de las causas de pobreza que dificultan el desarrollo econ&oacute;mico en todo el mundo. La carga de la enfermedad y de la mortalidad est&aacute; creciendo, el n&uacute;mero de personas, familias y comunidades afectadas est&aacute; aumentando y se presentan como un gran obst&aacute;culo para el logro de los objetivos del milenio en la lucha contra la pobreza. Claramente, las enfermedades cardiovasculares representan un enorme desaf&iacute;o a nivel global y, especialmente, para los pa&iacute;ses en desarrollo (6,7,13). Enfrentar la epidemia de las enfermedades cardiovasculares debe ser una prioridad nacional e internacional, debido a que estas enfermedades y otras cr&oacute;nicas relacionadas, tales como la diabetes y la obesidad, no s&oacute;lo tienen una alta carga para las personas, las familias y las comunidades, sino que tambi&eacute;n obstaculizan el crecimiento socioecon&oacute;mico, especialmente de las personas y de los pa&iacute;ses de menores ingresos (5,6). Por lo tanto, las actuaciones e intervenciones necesarias para integrar la gesti&oacute;n de las enfermedades cr&oacute;nicas en las prioridades de salud p&uacute;blica en el mundo, son urgentes.</p>       <p>Como se se&ntilde;al&oacute; en el Foro Econ&oacute;mico Mundial, el sector pol&iacute;tico y los tomadores de decisiones, se preocupan naturalmente por el crecimiento econ&oacute;mico; sin embargo, los datos del impacto de la carga de la enfermedad y de la mortalidad producido por las enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles y, en particular, por las cardiovasculares, indican que ser&iacute;a il&oacute;gico e irresponsable ocuparse s&oacute;lo por el crecimiento econ&oacute;mico y, al mismo tiempo, ignorar estas enfermedades. Las intervenciones en esta &aacute;rea, sin duda, ser&aacute;n costosas, pero es probable que la falta de actuaci&oacute;n sea mucho m&aacute;s costosa (13).</p>       <p>La lucha contra las enfermedades cardiovasculares requiere una respuesta multisectorial coordinada. Las pol&iacute;ticas de salud, las estrategias de investigaci&oacute;n y los sistemas de salud en el mundo y, en especial en los pa&iacute;ses en desarrollo, se deben adaptar y fortalecer para enfrentar las enfermedades que tienden a desarrollarse m&aacute;s tarde en el ciclo de vida (5,9). Se deben desarrollar estrategias dirigidas a las personas y a las poblaciones. Para este fin, la actuaci&oacute;n de manera integral a nivel nacional, regional y global, es urgente y obligatoria para garantizar medidas eficaces para la prevenci&oacute;n de la morbilidad, la discapacidad y la mitigaci&oacute;n de la progresi&oacute;n de la enfermedad cardiovascular.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Existen intervenciones costo-efectivas, basadas en la &quot;evidencia&quot;, para prevenir y controlar la amenaza de las enfermedades cr&oacute;nicas a nivel mundial regional, nacional y local. Factores de riesgo modificables, como el tabaco, el consumo nocivo de alcohol, la dieta poco saludable, la insuficiente actividad f&iacute;sica, la obesidad, as&iacute; como la hipertensi&oacute;n, la hiperglucemia y la hipercolesterolemia, son reconocidos como factores de riesgo principales, que contribuyen a la patogenia subyacente de las enfermedades cardiovasculares (1-5). Estos riesgos han sido bien estudiados. Por medio de cambios en el estilo de vida y la dieta, se obtiene una disminuci&oacute;n de los mismos. Se sabe que, globalmente, los nueve factores de riesgo cardiovascular medibles y modificables (tabaquismo, hipertensi&oacute;n arterial, sobrepeso corporal, per&iacute;metro abdominal mayor de 90 cm, hiperlipidemias por aumento de colesterol total, colesterol HDL, colesterol LDL y triglic&eacute;ridos, e hiperglucemia) representan el 90 % del riesgo atribuible a la poblaci&oacute;n para hombres y el 94 % para mujeres, con estimaciones similares en la mayor&iacute;a de las regiones del mundo, incluyendo a Colombia, India, China y otras partes de Asia (6,8). Sin embargo, es importante vigilar, caracterizar y estimar en cada pa&iacute;s o regi&oacute;n, los riesgos m&aacute;s prevalentes, los &iacute;ndices y los puntos de corte de algunos factores de riesgo, porque el efecto de las estrategias de intervenci&oacute;n podr&iacute;a variar en funci&oacute;n de factores socioecon&oacute;micos, ambientales y culturales particulares (6,10).</p>       <p>La aplicaci&oacute;n e implementaci&oacute;n del plan de acci&oacute;n de la OMS para la prevenci&oacute;n y el control de las enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles, la estrategia mundial sobre r&eacute;gimen alimentario, la actividad f&iacute;sica y la salud y la estrategia mundial para reducir el uso nocivo del alcohol, son iniciativas globales y vitales (1-3). La lista de las intervenciones para la prevenci&oacute;n y el control de las enfermedades cardiovasculares, se puede complementar con los esfuerzos para reducir su impacto en la carga de enfermedad y de mortalidad en los individuos y las familias. En particular, el dise&ntilde;o y la implementaci&oacute;n de modelos de atenci&oacute;n m&aacute;s costo-efectivos (tal vez los que dependen menos de los miembros de la familia y m&aacute;s de los profesionales capacitados), pueden generar un mayor impacto en las personas directamente afectadas por las enfermedades cardiovasculares (1, 5-8).</p>       <p>La OMS y la recientemente adoptada declaraci&oacute;n pol&iacute;tica sobre las enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles de la Asamblea General de las Naciones Unidas han hecho un llamado a la comunidad mundial para que se reconozcan las repercusiones devastadoras de las enfermedades no transmisibles en todo el mundo y la importancia de adoptar medidas encaminadas a reducirlas (1-5). Los pr&oacute;ximos diez a&ntilde;os, 2012- 2022, se han definido como el decenio de las Naciones Unidas de la lucha contra las enfermedades no transmisibles, para garantizar que el 85 % de la poblaci&oacute;n mundial tenga acceso a la informaci&oacute;n, a la educaci&oacute;n y a los servicios de salud, para reducir la vulnerabilidad y las tasas de mortalidad asociadas a las enfermedades cr&oacute;nicas (1-3).</p>       <p>En este contexto, se proponen algunas recomendaciones a escala mundial, que incluyen la promoci&oacute;n y la prevenci&oacute;n dirigidas a toda la poblaci&oacute;n en riesgo, la detecci&oacute;n temprana, el desarrollo de programas globales y locales de vigilancia, seguimiento y evaluaci&oacute;n. Para el a&ntilde;o 2013 se incluyen el desarrollo y la aplicaci&oacute;n de medidas de regulaci&oacute;n, para lograr reducciones sustanciales en los niveles de grasas saturadas, sal y az&uacute;cares refinados en alimentos transformados, as&iacute; como para reducir el consumo de sal en todo el mundo. El objetivo en el a&ntilde;o 2018, es disminuir la mortalidad y la morbilidad de las enfermedades cardiovasculares, as&iacute; como de otras enfermedades cr&oacute;nicas, como la diabetes y el c&aacute;ncer, mediante la reducci&oacute;n de los factores de riesgo, incluyendo los ambientales y ocupacionales asociados con las enfermedades cardiovasculares (1,6-8). De igual o mayor importancia, tambi&eacute;n est&aacute; el poder garantizar el acceso universal a la informaci&oacute;n, al diagn&oacute;stico, al tratamiento y a la rehabilitaci&oacute;n de alta calidad, que sean seguros, oportunos y efectivos, as&iacute; como el fortalecimiento de los sistemas de salud nacionales y de los sistemas y programas de base comunitaria para facilitar la continuidad de la atenci&oacute;n.</p>       <p>Adem&aacute;s, se necesita desarrollar acciones r&aacute;pidas para incrementar y acelerar la generaci&oacute;n e integraci&oacute;n del conocimiento sobre los factores determinantes biol&oacute;gicos, la etiolog&iacute;a y la patogenia de las enfermedades cardiovasculares. Asimismo, es necesario mejorar la gesti&oacute;n y la calidad de la prestaci&oacute;n de servicios de salud para atender la salud cardiovascular en los sistemas de prestaci&oacute;n de servicios de salud general y especializada. La salud cardiovascular se debe incluir dentro de las prioridades de salud, dado que la cantidad de personas, familias y comunidades afectadas a escala mundial, es exponencialmente cada vez mayor. El escenario mundial y nacional pone de manifiesto la necesidad imperiosa de nuevos m&eacute;todos de diagn&oacute;stico, ojal&aacute; de naturaleza precoz, as&iacute; como de nuevas herramientas terap&eacute;uticas, que no s&oacute;lo modifiquen los s&iacute;ntomas, sino que ataquen las causas. Igualmente, es necesaria ahora y durante la pr&oacute;xima d&eacute;cada, la promoci&oacute;n de la salud cardiovascular que busque comportamientos saludables y atenci&oacute;n &oacute;ptimos para el beneficio de las personas y de la poblaci&oacute;n.</p>       <p>Es importante continuar trabajando en investigaci&oacute;n cient&iacute;fica biom&eacute;dica y cl&iacute;nica para la incorporaci&oacute;n de nuevos avances de la medicina molecular en el cuidado de los pacientes y de las poblaciones (11). En este sentido, para que los nuevos descubrimientos sean de beneficio para los pacientes y la poblaci&oacute;n en riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, se requieren diferentes pasos integrados en una cadena de valor (14-16). Por ejemplo, se parte de las necesidades y de los vac&iacute;os de conocimiento para afrontar problemas y necesidades de salud global no resueltos, y se formulan y se desarrollan investigaciones iniciales; luego, el conocimiento cient&iacute;fico inicial puede conducir al desarrollo y evaluaci&oacute;n de potenciales aplicaciones, bienes y servicios en salud, seguidos por la validaci&oacute;n y la prescripci&oacute;n de recomendaciones basadas en la &quot;evidencia&quot;, para la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica y para la toma de decisiones en salud. Finalmente, el conocimiento y las aplicaciones centradas en el paciente se traducen en intervenciones de atenci&oacute;n integral en salud y en las pr&aacute;cticas comunitarias.</p>       <p>Para acelerar la respuesta del sector de la salud a las enfermedades cardiovasculares, la estrategia global de la OMS y la estrategia regional de la Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud (OPS), establecen que debe consolidarse la capacidad de los sistemas de salud para concentrarse m&aacute;s en la promoci&oacute;n y en la atenci&oacute;n primaria de la salud con miras a intensificar la prevenci&oacute;n y mejorar la asistencia sanitaria, que garantice que el individuo reciba los servicios de prevenci&oacute;n, de diagn&oacute;stico, de tratamiento y de rehabilitaci&oacute;n eficaces y oportunos para la recuperaci&oacute;n de su salud cardiovascular, en el menor tiempo posible, y logre la pronta incorporaci&oacute;n a sus actividades normales. Esto comprende el desarrollo de sistemas eficaces que puedan dirigir a las personas y a los enfermos a los niveles primario, secundario y terciario de la atenci&oacute;n, seg&uacute;n sea necesario (1-3, 10).</p>       <p>Entre tanto, no se pueden dejar de lado la identificaci&oacute;n y el desarrollo de soluciones que podr&iacute;an transformar el horizonte de la atenci&oacute;n de la salud. Por ejemplo, intervenciones dirigidas hacia procesos moleculares y celulares espec&iacute;ficos que subyacen a la biolog&iacute;a y a la patogenia de las enfermedades cardiovasculares (14-16).</p>       <p>Luis Alberto G&oacute;mez</p>     <p>Grupo de Fisiolog&iacute;a Molecular, Instituto Nacional de Salud, Bogot&aacute;, D.C., Colombia <a href="mailto:lgomez@ins.gov.co">lgomez@ins.gov.co</a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Referencias</b></p>      <!-- ref --><p>1. <b>World Health Organization. </b>Global status report on non communicable diseases 2011. Fecha de consulta: 25 de noviembre de 2011. Disponible en: <a href="http://www.who.int/nmh/publications/ncd_report2010/es/" target="_blank">http://www.who.int/nmh/publications/ncd_report2010/es/</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000034&pid=S0120-4157201100040000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. <b>World Health Organization. </b>Global Health Observatory 2011. Fecha de consulta: 25 de noviembre de 2011. Disponible en: <a href="http://www.who.int/gho/ncd/en/" target="_blank">http://www.who.int/gho/ncd/en/</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000035&pid=S0120-4157201100040000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. <b>World Health Organization. </b>New HWO report. April 27, 2011. Fecha de consulta: 25 de noviembre de 2011. Disponible en: <a href="http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2011/ncds_20110427/en/" target="_blank">http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2011/ncds_20110427/en/</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000036&pid=S0120-4157201100040000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. <b>Roger VL, Go AS, Lloyd-Jones DM, Adams RJ, Berry JD, Brown TM, </b><b><i>et al</i></b><i>. </i>Heart disease and stroke statistics-2011 update: a report from the American Heart Association. Circulation. 2011;123:e18-209.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000037&pid=S0120-4157201100040000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. <b>Butler D. </b>UN targets top killers. International summit considers how to stem the rise in non-communicable diseases. Nature. 2011;477: 260-1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000038&pid=S0120-4157201100040000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. <b>Abegunde DO, Mathers CD, Adam T, Ortegon M, Strong K. </b>The burden and costs of chronic diseases in low-income and middle-income countries. Lancet. 2007;370:1929-38.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0120-4157201100040000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. <b>Brownson RC, Haire-Joshu D, Luke DA. </b>Shaping the context of health: a review of environmental and policy approaches in the prevention of chronic diseases. Annu Rev Public Health. 2006;27:341-70.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S0120-4157201100040000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. <b>Beaglehole R, Ebrahim S, Reddy S, Vo&ucirc;te J, Leeder S; Chronic Disease Action Group</b>. 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Biom&eacute;dica. 2011;31(Supl.2):11-12.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0120-4157201100040000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. <b>Kovacic JC, Fuster, V. </b>From treating complex coronary artery disease to promoting cardiovascular health: therapeutic transitions and challenges, 2010-2020. Clin Pharmacol Ther. 2011;90:509-18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0120-4157201100040000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. <b>Penn MS, Dong F, Klein S, Mayorga ME. </b>Stem cells for myocardial regeneration. Clin. 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