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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El Cooperativismo coexistiendo con la empresa tradicional. Orígenes y viabilidad del modelo]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Cooperativism Coexisting With the Traditional Company. Origins and Viability of the Model]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[As a product of the deregulation of a big company such as Leonisa, there is a cooperative of associated work, which in its exercise of government retains its cooperative identity, principles and values, the double dimension of its partners - as associates and as customers - as well as its economic and human- social dimension. To understand, today, where the fundamental difference of this model lies compared to other types of organization, it is important to know the cooperativism in essence and from its origins.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>El Cooperativismo coexistiendo con la empresa tradicional. Or&iacute;genes y viabilidad del modelo*</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>The Cooperativism Coexisting With the Traditional Company. Origins and Viability of the Model</b></p>     <p>Jenny Mart&iacute;nez Crespo**</p>     <p>* El presente art&iacute;culo es producto de la revisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica que la autora est&aacute; realizando para construir el marco conceptual de su tesis doctoral enfocada en el Gobierno cooperativo de la Cooperativa de Trabajo Asociado Incoomar y su relaci&oacute;n con Leonisa, una empresa colombiana.</p>     <p>** Administradora de Empresas (1997) de la Universidad de Nari&ntilde;o, Mag&iacute;ster en Ciencias de la Organizaci&oacute;n M.Sc. (2006) y Mag&iacute;ster en Administraci&oacute;n de Empresas MBA (2008) de la Universidad del Valle, estudiante de tercer a&ntilde;o del Doctorado en Administraci&oacute;n de la Universidad EAFIT. Docente de tiempo completo de la Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas y Administrativas de la Universidad de Medell&iacute;n, miembro del Grupo de Investigaci&oacute;n en Gesti&oacute;n Organizacional Aplicada IGOA. Correo Electr&oacute;nico: <a href="mailto:jmartinez@udem.edu.co">jmartinez@udem.edu.co</a></p>     <p>Art&iacute;culo Tipo 3: de revisi&oacute;n. Seg&uacute;n Clasificaci&oacute;n Colciencias.</p>     <p>Fecha de Recepci&oacute;n: 2 de abril de 2009 Fecha de Aprobaci&oacute;n: 3 de julio de 2009</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>Como resultado de la desregularizaci&oacute;n de una gran empresa como Leonisa, tiene lugar una cooperativa de trabajo asociado que en su ejercicio de gobierno conserva su identidad, principios y valores cooperativos, la doble dimensi&oacute;n de sus asociados - como socios y como clientes- al igual que su dimensi&oacute;n econ&oacute;mica y humano-social. Para comprender en la actualidad d&oacute;nde radica la diferencia fundamental de este modelo frente a otros tipos de organizaci&oacute;n, es importante conocer el cooperativismo en esencia y desde sus or&iacute;genes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras claves</b>: Globalizaci&oacute;n, cooperativismo, identidad cooperativa, democracia participativa, gobierno cooperativo.</p>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>As a product of the deregulation of a big company such as Leonisa, there is a cooperative of associated work, which in its exercise of government retains its cooperative identity, principles and values, the double dimension of its partners - as associates and as customers - as well as its economic and human- social dimension. To understand, today, where the fundamental difference of this model lies compared to other types of organization, it is important to know the cooperativism in essence and from its origins.</p>     <p><b>Key words: </b>Globalization, cooperatives, cooperative identity, social welfare, government.</p> <hr>     <blockquote>La dificultad para dirigir la empresa autogestionada ha sido uno de los argumentos que se han sostenido en la literatura econ&oacute;mica para demostrar la inviabilidad del modelo. La existencia de personas dispuestas y con talento suficiente para dirigir, por un lado a trabajadorespropietarios y, por otro, asumir procesos de decisi&oacute;n colectiva, constituye un recurso escaso y que implicar&iacute;a unos incentivos insostenibles para estas empresas tan peculiares. No obstante, el desarrollo de la empresa autogestionada ha demostrado la posibilidad de realizar esta labor falsando desde los hechos este argumento para su inviabilidad. (Morales, 2004, 99)</blockquote>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>A partir del estudio de la perspectiva humanistaradical, fundamentada en las ra&iacute;ces del fen&oacute;meno cultural inspiradas directamente desde la antropolog&iacute;a<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>, junto al estudio de la Inhumanidad en las organizaciones y las perspectivas de un nuevo pensamiento administrativo<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>, y la presentaci&oacute;n de diferentes casos exitosos de organizaciones que siendo productivas, tienen un enfoque humano-social que las caracteriza y las diferencia de otras similares, tales como Cascades Aktouf &amp; Chr&egrave;tien, (1986, 1987, 2002), Hydro-Qu&eacute;bec Chanlat, A., Bolduc, A. &amp; Larouche, D., (1984), la Corporaci&oacute;n Cooperativa Mondrag&oacute;n Whyte, (1991); Baleren, et.al., (2004); Bonav&iacute;a y Quintanilla, (1999); Sanchis, (2001); P&eacute;rez y Gargallo, (2005); Errasti, et.al., (2002); Bakaikoa, et.al., (2004); Cruz y Cardoso, (2004); Sanchis y Campos, (2007); entre otros; para terminar con el estudio de algunos casos colombianos como, Reconstructora Comercial Ogliastri, (1994), Coohilados del Fonce Ltda. Castillo, (2008), Ecosesa Castillo, (2008), Cooperativas rurales de Santander Coque, (2005), las experiencias de los andes orientales colombianos Coque, D&aacute;vila y Mataix, (2000), entre otras. Surge el inter&eacute;s por trabajar en la tesis doctoral casos que representen de alguna manera el management renovado del que tanto hablan los autores antes mencionados, en especial Aktouf. Una organizaci&oacute;n que combine ‘la buena Administraci&oacute;n de las cosas y el buen gobierno de las personas’, como dir&iacute;a hace muchos siglos Saint-Simon y que se reconfigura en autores como Vall&eacute;e, A. Chanlat, B&eacute;dard y Zapata. De ah&iacute; que la autora se haya aproximado al estudio de una organizaci&oacute;n cooperativa de trabajo asociado, Incoomar, que en su relaci&oacute;n permanente con una gran empresa, Leonisa, ha venido demostrando c&oacute;mo se puede crecer tanto financiera como humanamente.</p>     <p>De acuerdo con Aricapa (2008), para 1997, cercana a cumplir sus cuarenta a&ntilde;os, Leonisa S.A., hab&iacute;a logrado constituirse como la empresa l&iacute;der en la industria de confecci&oacute;n del pa&iacute;s; doblando a Everfit, que ocupaba el segundo puesto; producto de la estrategia adoptada por Leonisa en el escenario de apertura y liberaci&oacute;n de mercados vivido a inicios de la d&eacute;cada de los noventa: incorporaci&oacute;n de nueva tecnolog&iacute;a, implementaci&oacute;n de procesos de maquila, ajuste de las pol&iacute;ticas de mercadeo, reingenier&iacute;a de procesos, reducci&oacute;n de costos fijos, en especial de tipo laboral. Estrategia que le permite mantener un incremento constante de su producci&oacute;n, hasta ser considerada una de las 150 empresas m&aacute;s grandes de Colombia en volumen de ventas; hoy un emporio confeccionista y textil, pionera y l&iacute;der en la apertura de mercados internacionales, dada su presencia en 20 pa&iacute;ses.</p>     <p>Dentro de su plan de reingenier&iacute;a laboral, Leonisa privilegi&oacute; la contrataci&oacute;n de trabajadores temporales y ampli&oacute; su red de maquila con famiempresas y microempresas. Igualmente, se dio la contrataci&oacute;n de personal por medio de cooperativas de trabajo asociado, el famoso modelo de las CTA que a finales de la d&eacute;cada del noventa se implementa en Everfit-Indulana, y se propaga en el sector textil y de confecciones del pa&iacute;s. Leonisa adopta tard&iacute;amente este modelo, pues hac&iacute;a varios a&ntilde;os ven&iacute;a funcionando con un modelo cooperativo diferente. Un modelo desarrollado en el oriente Antioque&ntilde;o, liderado por un alto ejecutivo de la empresa, Humberto Giraldo, y apoyado por uno de sus fundadores, Joaqu&iacute;n Urrea, empresario fundador de Leonisa, reconocido como un empresario visionario pero conectado con las necesidades de la comunidad (La Rep&uacute;blica, 2009). Seguidores del modelo cooperativo y convencidos de sus virtudes econ&oacute;micas, sociales y humanas; facilitan la fundaci&oacute;n de dos cooperativas de trabajo asociado que le prestan servicios laborales a Leonisa, una integrada por mujeres de Santuario, Ecoelsa, y otra por mujeres de Marinilla, Incoomar. Estas dos cooperativas constituyen ejemplos vivientes de aut&eacute;nticas cooperativas de trabajo asociado, “no el remedo distorsionado (cooperativas de papel, simples intermediarias laborales) que en los a&ntilde;os noventa prolifer&oacute; por toda la geograf&iacute;a nacional, no s&oacute;lo en el sector textil y de confecci&oacute;n, sino en casi todos los sectores de la producci&oacute;n” (Aricapa, 2008, 19).</p>     <p>La experiencia de Marinilla, municipio de la regi&oacute;n oriente del Departamento de Antioquia, constituye el reflejo de la capacidad aut&oacute;noma de una comunidad en el desarrollo de peque&ntilde;as y medianas localidades. En este sentido, buscando el desarrollo de un sistema productivo, ha potencializado la organizaci&oacute;n de grupos de trabajo asociado que buscan resolver el problema de empleo, donde el apoyo del sector empresarial del entorno local y regional, que se beneficia de la maquila o del mercadeo aut&oacute;nomo, ha permitido la consolidaci&oacute;n de un sistema empresarial de tipo solidario. Donde, Incoomar se configura como un sistema productivo exitoso, afirma Duque (2001). De hecho, la capacitaci&oacute;n permanente y el ejercicio de la producci&oacute;n y el mercadeo durante sus a&ntilde;os de vida, han tra&iacute;do consigo grandes resultados en innovaci&oacute;n y en empleo, as&iacute; como el mejoramiento de servicios complementarios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De este escenario surge la idea de estudiar este fen&oacute;meno Leonisa-Incoomar, desde la noci&oacute;n del gobierno cooperativo, como un modelo h&iacute;brido de cooperaci&oacute;n entre la gran empresa y la comunidad asociada, un modelo econ&oacute;micamente viable y socialmente responsable. No obstante, estudiar el gobierno cooperativo, remite a conocer los or&iacute;genes fundamentales del cooperativismo, establecer aquellos puntos cr&iacute;ticos que determinan su diferencia con otros modelos organizacionales, diferencia fundamentada en la identidad cooperativa, los valores y principios cooperativos, el doble papel que ejercen los socios como due&ntilde;os y como usuarios, hasta llegar a comprender que la organizaci&oacute;n cooperativa debe funcionar como cualquier organizaci&oacute;n de capital en busca de productividad y generaci&oacute;n de riqueza, teniendo siempre presente que el factor capital est&aacute; al servicio del factor humano-social. Tem&aacute;tica sobre la cual girar&aacute; este primer art&iacute;culo, producto de la investigaci&oacute;n doctoral que la autora est&aacute; desarrollando.</p>     <p><b>LA GLOBALIZACI&Oacute;N Y LA RESIGNIFICACI&Oacute;N DEL COOPERATIVISMO</b></p>     <p>Para Hobsbawn (1997) es posible que el siglo XXI traiga consigo la posibilidad de resignificar las relaciones sociales y, en especial, las formas asociativas, que tienen en la cooperaci&oacute;n una herramienta para dar cuenta de situaciones complejas. Ejemplo de ello es como, junto a la alteraci&oacute;n de las estructuras sociales del pacto social keynesiano, emergen pr&aacute;cticas asociativas que intentan fortalecer las comunidades por medio de la generaci&oacute;n de conciencia pol&iacute;tica democr&aacute;tica.</p>     <p>Con la globalizaci&oacute;n se advierte un cambio en las experiencias y pr&aacute;cticas de cooperaci&oacute;n social, que modifican las representaciones que los sujetos ten&iacute;an de la econom&iacute;a y la sociedad. Frente a las amenazas que alteran sus posibilidades de supervivencia y su esencia misma, en t&eacute;rminos de lo humano-solidario, es m&aacute;s importante ver la oportunidad de que este desarrollo no se quede simplemente en lo local, sino que tenga una implantaci&oacute;n planetaria –la glocalizaci&oacute;n-, poniendo en contexto, de esta manera, la forma en que muchas personas hoy act&uacute;an en una forma humana y democr&aacute;tica de hacer econom&iacute;a y gestionar, en sus propias manos, el mejoramiento de su calidad de vida y oportunidades de desarrollo.</p>     <p>La globalizaci&oacute;n es un t&eacute;rmino que despierta m&uacute;ltiples significaciones y perspectivas con respecto al impacto que tiene hoy en la vida de las personas; una expresi&oacute;n de una fase extendida del capitalismo, cuya caracter&iacute;stica es el fomento de la libre circulaci&oacute;n de flujos financieros y de bienes econ&oacute;micos Radrig&aacute;n y Barr&iacute;a, (2007).</p>     <p>Beck (1998), para mayor precisi&oacute;n habla de internacionalizaci&oacute;n, concepto que “formula y explica bastante bien que las relaciones comerciales siguen siendo dominantes entre los pa&iacute;ses altamente industrializados en el seno de los grandes espacios econ&oacute;micos”; es una cosa que modifica violentamente la vida cotidiana y obliga a todos a adaptarse y a responder.</p>     <p>Por su parte G&eacute;linas (2006), la entiende como un nuevo sistema de concentraci&oacute;n de riqueza y poder, que debe esconderse tras una poderosa ideolog&iacute;a –neoliberalismo- para ser aceptada por la opini&oacute;n p&uacute;blica y sus v&iacute;ctimas, un discurso que le da credibilidad, legitimidad y le confiere el signo de benefactora, inevitable e irreversible.</p>     <p>As&iacute;, con el advenimiento de la globalizaci&oacute;n y la transformaci&oacute;n de las multinacionales en Corporaciones Transnacionales (CTN), se da tal concentraci&oacute;n de riqueza que, por primera vez en la historia, &eacute;stas logran emancipar el poder econ&oacute;mico del control jur&iacute;dico y pol&iacute;tico nacional, desapareciendo los l&iacute;mites de tiempo, espacio, fronteras, lengua y cultura. Se denuncia el Contrato Social de Roosevelt, se reclama el fin del Estado benefactor, la supresi&oacute;n de toda legislaci&oacute;n que reglamente precios, salarios e inversiones y que proteja el medio ambiente; se exige la privatizaci&oacute;n de las empresas estatales y de los servicios p&uacute;blicos; la libre circulaci&oacute;n del comercio y de las inversiones; la “flexibilidad laboral”, denominada outsourcing o tercerizaci&oacute;n Urrea (1997); Zapata (2009). Finalmente, con la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n (1989), se desploman las barreras que contribu&iacute;an a humanizar el sistema, materializ&aacute;ndose en 1990 la ofensiva neoliberal, cuyo objetivo era un mercado &uacute;nico y un Estado reducido a su m&iacute;nima expresi&oacute;n.</p>     <p>Esta globalizaci&oacute;n y localizaci&oacute;n no son solo dos caras de la misma moneda, afirma Beck (1998), “son al mismo tiempo fuerzas impulsoras y formas de expresi&oacute;n de una nueva polarizaci&oacute;n y estratificaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n mundial en ricos globalizados y pobres localizados”. La glocalizaci&oacute;n es a la vez un nuevo reparto de “privilegios y ausencia de derechos, riqueza y pobreza, posibilidades de triunfo y falta de perspectivas, poder e impotencia, libertad y falta de libertad”. Se ha perdido el nexo entre riqueza y pobreza, la globalizaci&oacute;n divide la poblaci&oacute;n mundial en ricos globalizados, actores de la escena pol&iacute;tica que dominan el espacio y no tienen tiempo; y pobres localizados sin utilidad alguna, pegados al espacio, sin nada m&aacute;s para hacer que matar el tiempo. En esta relaci&oacute;n de no unidad y no dependencia, la dial&eacute;ctica amo-siervo toca a su fin, “se ha roto el lazo que tornaba la solidaridad no solo necesaria, sino tambi&eacute;n posible”.</p>     <p>La flexibilizaci&oacute;n del trabajo, estrategia de minimizaci&oacute;n de costes, maximizaci&oacute;n de utilidades y generaci&oacute;n de empleos productivos, ha demostrado su inutilidad, afirma Beck (1998). Ello supone una nueva mirada donde el pacto social permita cimentar la democracia m&aacute;s all&aacute; de la sociedad del trabajo. Destruir los tres mitos que blindan el debate p&uacute;blico contra la comprensi&oacute;n de esta situaci&oacute;n: el mito de la impenetrabilidad (todo es m&aacute;s complicado), el mito de la prestaci&oacute;n de las servicios (que va a salvar la sociedad del trabajo) y el mito de los costes (la reducci&oacute;n de los costes laborales a su m&iacute;nima expresi&oacute;n esfumar&aacute; el problema del paro) (pp.93).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>“(…) necesitamos un nuevo modelo social capaz de recoger un testigo de la actual sociedad laboral, cada vez m&aacute;s deteriorada. (…) nuestra gran oportunidad reside en una sociedad civil realmente comprometida y empe&ntilde;ada en conseguirlo” Beck, (2007). La desregulaci&oacute;n y la flexibilizaci&oacute;n transforman la sociedad laboral en una sociedad de riesgo, “un riesgo que no es calculable ni para el modo de vida de cada individuo ni para el Estado y la esfera pol&iacute;tica”.</p>     <p><b>LA NUEVA CLASE MEDIA</b></p>     <p>Rosenberg y Birdzell (1986), conciben el desarrollo de las econom&iacute;as del oeste, desde su apertura a experimentos tecnol&oacute;gicos y organizacionales y a diversidad de formas organizacionales, lo que lleva a pensar el sistema que gener&oacute; el crecimiento de las econom&iacute;as del oeste como una ideolog&iacute;a. Dichas econom&iacute;as siguieron creciendo en el siglo XX, dando paso a una clase media emergente trabajadora que prosperaba y crec&iacute;a en proporci&oacute;n a toda la poblaci&oacute;n, que produce su propio sistema de jerarqu&iacute;a, favorece una nueva estructura de poder y ayuda a la sostenibilidad del sistema; manteni&eacute;ndose la diferencia entre la clase rica y la clase pobre; expansi&oacute;n que cre&oacute; una brecha entre ricos y pobres, tanto al interior de sus econom&iacute;as, como frente a otros pa&iacute;ses. Mills, (1957).</p>     <p>El t&iacute;pico americano del siglo XIX, con independencia m&aacute;gica, esp&iacute;ritu hogare&ntilde;o, gran capacidad de trabajo, ha sido desplazado, por una peque&ntilde;a cantidad de empresarios libres y de trabajadores asalariados y empleados, que lentamente se han enfrentado a la expropiaci&oacute;n de sus bienes y al espectro de la falta de empleo; r&aacute;pidamente el hombre de negocios del siglo XIX, individualista, due&ntilde;o de s&iacute; mismo, es relevada por un h&eacute;roe-v&iacute;ctima que trabaja an&oacute;nimamente, que no habla fuerte, no replica y no opina Mills, (1957). Se han desintegrado todas las certidumbres de los siglos XVIII y XIX en todas las esferas de la existencia humana. Se vive un periodo latente sin aceptaci&oacute;n ni rechazo, sin esperanza ni rebeli&oacute;n, donde no existe un plan de vida. Un malestar en medio de la falta de creencias que los dejan “moralmente indefensos como individuos y pol&iacute;ticamente impotentes como grupo”.</p>     <p>Al obtener empleo venden su tiempo y energ&iacute;a, su personalidad. Lo racional directamente proporcional a la libertad, presente en los siglos XVIII y XIX, pierde asiento en los hombres individuales y se trasladada a las instituciones sociales, las cuales basadas en un planteamiento burocr&aacute;tico y una previsi&oacute;n matem&aacute;tica, usurpan la libertad y la racionalidad del individuo; las personas pasan a ser engranajes intercambiables de la maquina en r&iacute;gidas cadenas de autoridad, perezosos sistem&aacute;ticos destinados simplemente a obedecer Mills, (1957); Taylor, (1972); Aktouf, (1998) y Murillo, (2007).</p>     <p>En 1787 Noah Webster afirm&oacute; que “la tiran&iacute;a se fundaba en el poder de oprimir, y la libertad en el poder de resistir a la opresi&oacute;n” Mills, (1957). El poder para Webster consist&iacute;a en la propiedad, su distribuci&oacute;n igualitaria era la base de la libertad nacional. Con la posesi&oacute;n de tierras, el peque&ntilde;o empresario ten&iacute;a una inversi&oacute;n y dominaba la esfera de su propio trabajo. Como propietario, era independiente. En la capacidad y habilidad para hacer que el trabajo se ejerza con y en la propiedad que se pose&iacute;a, se establec&iacute;a la base l&oacute;gica de una democracia original. Hab&iacute;a un v&iacute;nculo directo entre ingresos, posici&oacute;n personal, trabajo y propiedad. Los hombres solo pose&iacute;an las propiedades que pod&iacute;an trabajar y, las diferencias entre ellos, estaban mediadas por la fortaleza y su capacidad personal.</p>     <p>Hoy es notorio c&oacute;mo muchos de los antiguos empresarios y sus descendientes han pasado a ser parte de la gran masa de empleados carentes de propiedad que trabajan por jornales y salarios, mientras los que han podido resistir ya no est&aacute;n en capacidad de operar en un mundo organizado a su propia imagen Mills, (1957). La propiedad democr&aacute;tica trabajada por su due&ntilde;o cede el paso a la propiedad de clases, donde los hombres son contratados para trabajarla.</p>     <p>Surge en el siglo XX el monopolio impersonal, que transforma al capit&aacute;n de industria en rentista, en propietario ausente, en gerente de compa&ntilde;&iacute;a, en el nuevo empresario; quien se desfigura en medio del magnate de las finanzas que vive a la sombra legal de una sociedad y usa el dinero de otros en su provecho propio. Un alto porcentaje de la poblaci&oacute;n se gana la vida trabajando para ese peque&ntilde;o porcentaje que posee pr&aacute;cticamente la propiedad privada de los Estados Unidos, esa es la clase media, afirma Mills, una poblaci&oacute;n “a sueldo”. La posibilidad de acceso a ingresos, al ejercicio del poder, al goce de prestigio y al cultivo y ejercicio de habilidades, est&aacute; determinada por el mercado laboral y no por el control sobre la propiedad; girando en torno a un nuevo eje de estratificaci&oacute;n, la ocupaci&oacute;n.</p>     <p>En esencia, Mills integra en su discurso la ideolog&iacute;a de la movilidad social, donde lo importante no es poseer sino controlar los medios de producci&oacute;n. Una integraci&oacute;n que niega la explotaci&oacute;n y la exclusi&oacute;n, porque vincula a todos al sistema, que configura un nuevo estatuto social, fruto de una explotaci&oacute;n m&aacute;s sutil y menos expl&iacute;cita. Es evidente el cambio de enfoque del hombre econ&oacute;mico, de lo material basado en la simple posesi&oacute;n, al conocimiento; que da origen a una relaci&oacute;n de dominaci&oacute;n m&aacute;s sutil y compleja, que favorece el crecimiento de la burocracia y la dominaci&oacute;n de las grandes corporaciones. La propiedad ya no es la fuente del conflicto, es el salario lo que determina la funci&oacute;n social del estatuto social.</p>     <p>M&aacute;s personas manipulan “s&iacute;mbolos” para la responsabilizaci&oacute;n del individuo y el desborde del consumismo. La emergencia de la clase media favorece la aparici&oacute;n de una falsa conciencia que cree que a partir de la burocracia del control (la coordinaci&oacute;n) es posible tener cierto tipo de control en la pir&aacute;mide de la nueva clase media. El control de s&iacute;mbolos en la burocracia se da por medio de instrucciones y no de &oacute;rdenes, el fin sigue siendo el mismo, cambia la forma en que se hace, funciona a trav&eacute;s del anonimato, se sabe que hay una cabeza pero no se la reconoce, funciona basada en la irresponsabilidad, que podr&iacute;a traducirse en las famosas externalidades.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ALGUNAS PROPUESTAS VIABLES</b></p>     <p>La globalizaci&oacute;n es un fen&oacute;meno asim&eacute;trico, donde coexisten los globalizadores, los globalizados y los excluidos; estas din&aacute;micas han ampliado la desigualdad social y han incrementado los rangos de pobreza, llevando a una desintegraci&oacute;n socio-cultural al interior de los pa&iacute;ses Radrig&aacute;n y Barr&iacute;a, (2007). En palabras de Izquierdo (2007), se vive en una econom&iacute;a caracterizada por a) el control de los procesos de producci&oacute;n y distribuci&oacute;n (con fuertes tendencias de concentraci&oacute;n); b) la hipercompetencia; c) la revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica y su impacto en los modos de producir (y en el desempleo); d) la reducci&oacute;n del tama&ntilde;o y de las funciones del Estado (un fen&oacute;meno m&aacute;s estructural que ideol&oacute;gico); e) la microempresarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a (relacionada directamente con el fen&oacute;meno de exclusi&oacute;n y de creatividad de esos grupos marginados).</p>     <p>Frente a esta perspectiva, surgen algunas preguntas en relaci&oacute;n con posibles alternativas, &iquest;Es &uacute;til y realista proponer un nuevo modelo socioecon&oacute;mico donde lo preponderante sea el principio del bien com&uacute;n?, &iquest;es posible tener una econom&iacute;a al servicio del ser humano y de la sociedad, como alguna vez lo so&ntilde;aron los socialistas ut&oacute;picos? Al respecto, G&eacute;linas (2006), afirma que, negar la posibilidad de una alternativa ser&iacute;a desconocer el potencial creativo de la humanidad y la capacidad que tiene para orientar su propio destino. Es un reto que obliga a repensar los supuestos b&aacute;sicos del modelo en t&eacute;rminos del papel del hombre, del progreso, de la actividad econ&oacute;mica y del compartir de manera solidaria; reconsiderar las relaciones entre gobiernos, organizaciones internacionales y la sociedad civil; replantear las nociones de individualismo, competencia, guerra econ&oacute;mica, concentraci&oacute;n extrema de riqueza y gesti&oacute;n autoritaria en detrimento de las comunidades y los ecosistemas.</p>     <p><b>EL NUEVO SENTIR POL&Iacute;TICO</b></p>     <p>Liberalizaci&oacute;n comercial y desregulaci&oacute;n laboral, las grandes banderas del desarrollo y el progreso, una falacia o una realidad discriminadora e irreductible. Con la secularizaci&oacute;n de la individualizaci&oacute;n, la sociedad pierde conciencia colectiva y con ello, su capacidad de negociaci&oacute;n pol&iacute;tica. Se rompe as&iacute; “la alianza hist&oacute;rica entre sociedad de mercado, Estado asistencial y democracia que hasta ahora ha integrado y legitimizado al modelo occidental, es decir, al proyecto de modernidad del Estado nacional” Beck, (1998). El Estado naci&oacute;n debe hoy vivir entre la contradicci&oacute;n de la sostenibilidad del territorio y la permisividad para atraer capital, mano de obra y cerebros que garanticen dicha sostenibilidad; situaci&oacute;n que socava su autoridad y representatividad.</p>     <p>Mientras las multinacionales eluden f&aacute;cilmente el pago de impuestos en los pa&iacute;ses donde se encuentran afincadas, las peque&ntilde;as y medianas empresas (pymes) se enfrentan cada vez m&aacute;s a las trabas fiscales que los Estados les imponen; al tiempo los Estados intentan atraer capitales transnacionales con la falsa esperanza de creaci&oacute;n de empleos, mientras los que realmente sostienen el grueso de generaci&oacute;n de empleo en las regiones, se ven cada vez m&aacute;s atosigados con tasas impositivas que los hacen menos competitivos ante la amenaza transnacional Beck (1998).</p>     <p>Si la globalizaci&oacute;n es una ideolog&iacute;a de car&aacute;cter pol&iacute;tico, determinada por el mercado, sus efectos minimizan la capacidad de acci&oacute;n de los Estados en un entorno internacional complejo, disminuyendo su autonom&iacute;a y soberan&iacute;a. Rompe, la unidad del Estado nacional y de la sociedad nacional, al establecer nuevas relaciones de poder y competitividad, nuevos conflictos y entrecruzamientos entre unidades y actores del mismo Estado nacional y entre entidades transnacionales Beck (1998). Resultan evidentes, entonces, movimientos sociales transnacionales ‘desde abajo’, que rompen la idea de una sociedad individual apol&iacute;tica.</p>     <p><b>EL SURGIMIENTO DE LA SOCIEDAD CIVIL</b></p>     <p>Bajo este contexto surge un movimiento que podr&iacute;a destacarse como el fen&oacute;meno m&aacute;s importante de finales del siglo XX, “un movimiento asociativo a escala mundial inscrito en un proceso hist&oacute;rico” G&eacute;linas (2006). Lo que confirma que indiscutiblemente, la globalizaci&oacute;n produce la destrucci&oacute;n de comunidades y la desigualdad extrema, y al tiempo, permite la recomposici&oacute;n del movimiento social.</p>     <p>Se percibe la necesidad de una justificaci&oacute;n p&uacute;blica que pide “elaborar y modificar marcos institucionales para legitimar y consolidar esta pieza importante que se llama una mayor democracia” Beck, (1998). Bajo la percepci&oacute;n p&uacute;blica de los riesgos, surge una sociedad autocr&iacute;tica bien preparada, donde va tomando forma una utop&iacute;a de la democracia ecol&oacute;gica que, para Beck, constituir&iacute;a lo que se podr&iacute;a denominar una modernidad responsable.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>En este autocuestionamiento subversivo, no querido, no visto y fundamentalmente pol&iacute;tico (“modernizaci&oacute;n reflexiva”), que se pone en movimiento por doquier mediante los riesgos percibidos, ocurre al final algo que los soci&oacute;logos que se reclaman de Max Weber apenas consideran posible: que las instituciones acaben movi&eacute;ndose. El diagn&oacute;stico de Max Weber es el siguiente: la modernidad se convierte en una caja de hierro en la que los hombres, (…), deben hacer sacrificios en los altares de la racionalidad. La teor&iacute;a de la sociedad de riesgo mundial desarrolla el siguiente contraprincipio: se ha abierto la jaula de la modernidad. (Beck, 1998, 144)</blockquote>     <p>Surge la sociedad mundial como pol&iacute;tica no democr&aacute;ticamente legitimada, afirma Beck (1998), as&iacute;, la inserci&oacute;n del hombre en la globalidad envuelve dos cosas, “por un lado, un conjunto de relaciones de poder y sociales pol&iacute;ticamente organizadas de manera no nacional-estatal y, del otro, la experiencia de vivir y actuar por encima y m&aacute;s all&aacute; de las fronteras” (pp.146).</p>     <p>De esta manera, en Rio de Janeiro (1992), surge la primera asamblea mundial del movimiento asociativo, que en la Cumbre de la Tierra, propende por la b&uacute;squeda de soluciones alternativas al sistema de globalizaci&oacute;n y redefine el papel de la sociedad civil planetaria en la organizaci&oacute;n del mundo, que finaliza con la firma de 45 tratados. Una nueva realidad sociopol&iacute;tica, una sociedad civil donde se define el inter&eacute;s p&uacute;blico, que ejerce su papel como conciencia moral del planeta, expresi&oacute;n de las necesidades y aspiraciones de la humanidad y l&iacute;der en la experimentaci&oacute;n de nuevas alternativas.</p>     <p>La visi&oacute;n de responsabilidad social que surge en la crisis de los a&ntilde;os treinta McMahon, (2002); Pasquero, (2005); Reich, (2007); Van Luijk, (2002); Waddock, (2005), r&aacute;pidamente se transforma en un paternalismo de los Estados sociales que con un exacerbado individualismo, facilitan el adormecimiento de la sociedad civil. Para los ochenta las grandes empresas proponen revisar las pol&iacute;ticas sociales de los Estados, pues eran esas pol&iacute;ticas las que hac&iacute;an poco competitivas las empresas y los pa&iacute;ses. Es as&iacute; como el producto de fuertes luchas sociales pasan a ser necesidades que pueden ser satisfechas por las empresas, si el cliente es solvente, en caso contrario, para eso existe la familia u organismos de car&aacute;cter caritativo Friedman, (2005). En este contexto hist&oacute;rico social surge la nueva econom&iacute;a social, como una propuesta de los organismos comunitarios para apropiarse de los procesos econ&oacute;micos.</p>     <p>Es en este sentido que las cooperativas, desde un an&aacute;lisis particular, y la sociedad civil, a nivel general, podr&iacute;an ser pensadas como “escuelas” de ciudadan&iacute;a, escuelas de formaci&oacute;n de hombres, la expresi&oacute;n genuina de escenarios democr&aacute;ticos. La sociedad civil no se constituye una alternativa al Estado y tampoco desea su desaparici&oacute;n, se propende por la reapropiaci&oacute;n democr&aacute;tica de los asuntos econ&oacute;micos por parte de la sociedad civil, donde &eacute;sta &uacute;ltima estructure la econom&iacute;a y la oriente en funci&oacute;n de sus aspiraciones, sus derechos fundamentales y sus necesidades G&eacute;linas, (2006).</p>     <p><b>EL PROYECTO COOPERATIVO</b></p>     <p>La b&uacute;squeda de formas alternativas al capitalismo de mercado se viene construyendo a partir de la segunda mitad del siglo XIX, donde surgen las cooperativas junto a otras formas de resistencia obrera (los sindicatos), como una modalidad de reacci&oacute;n frente al capital, producto de una motivaci&oacute;n ideol&oacute;gica.</p>     <p><b>LA UTOP&Iacute;A</b></p>     <p>El t&eacute;rmino utop&iacute;a surge en la &eacute;poca moderna con Thomas More (1478-1535), bajo una acepci&oacute;n ir&oacute;nico-positivista caracter&iacute;stica de la Europa de las primeras d&eacute;cadas del siglo XVI, a partir de la combinaci&oacute;n de tres factores: 1. La cr&iacute;tica moral del capitalismo incipiente a la mercantilizaci&oacute;n y la privatizaci&oacute;n, 2. El prop&oacute;sito de dar una forma moderna alternativa al comunitarismo municipalista tradicional que propend&iacute;a por la reivindicaci&oacute;n de la propiedad comunal y, finalmente, 3. Una vaga atracci&oacute;n por la forma de vida del nuevo mundo, predominantemente comunitaria Fern&aacute;ndez, (2002). Su preocupaci&oacute;n b&aacute;sica era la justicia y la equidad. Es pionero en imaginar una producci&oacute;n organizada en un estado naci&oacute;n, donde la ciencia est&eacute; al servicio de la producci&oacute;n. Se hace dif&iacute;cil, afirma Ackerley (2008), no relacionar esta obra con el pensamiento desarrollado por los socialistas ut&oacute;picos.</p>     <p>Normalmente la utop&iacute;a socialista ha funcionado como un ideal, una idea reguladora que gu&iacute;a los pasos hacia un horizonte mejor, para aquellos humillados, ofendidos y excluidos de la historia, los pobres, los de abajo, quienes se han sentido representados en el ideario socialista que enlaza con el esp&iacute;ritu de la utop&iacute;a inaugurado por More, las desigualdades sociales. Paralelamente, para otro extremo de la poblaci&oacute;n este no es m&aacute;s que un sue&ntilde;o irrealizable, por ello defienden lo establecido socialmente y le asignan un tono peyorativo al t&eacute;rmino utop&iacute;a. Las clases dirigentes asumen cualquier cambio menos el de las relaciones sociales de producci&oacute;n, sobre la cual se conserva el derecho de propiedad y se sostiene el privilegio de mandar, que incluye vigilar y castigar Fern&aacute;ndez (2002); Morgan (1998); Grahan (1997) y Foucault (1996).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>LOS SOCIALISTAS UT&Oacute;PICOS</b></p>     <p>Surge, en los albores del siglo XIX, el socialismo ut&oacute;pico, en respuesta a una burgues&iacute;a que intentaba abrirse camino desde el siglo XV, como representante de la nueva clase social, producto de la ca&iacute;da del feudalismo y la revoluci&oacute;n industrial. Es calificada en sus inicios como una teor&iacute;a pol&iacute;tico-social y filos&oacute;fica progresiva, que parte de una cr&iacute;tica demoledora al capitalismo y que recoge las aspiraciones de los trabajadores que propugnaban por el establecimiento de una nueva sociedad socialista, de ah&iacute; que sea considerado predecesor del socialismo cient&iacute;fico. Al respecto, Engels reconoce que el socialismo te&oacute;rico alem&aacute;n no puede olvidar que se sostiene sobre los hombros de los socialistas ut&oacute;picos, quienes a pesar de su car&aacute;cter fant&aacute;stico y el utopismo de sus doctrinas, pueden ser considerados una de las mentes m&aacute;s brillantes de todos los tiempos, por su capacidad de anticiparse a verdades que ser&iacute;an demostradas a&ntilde;os despu&eacute;s por Marx y por &eacute;l mismo Dynnik, (1975).</p>     <p>Para Engels, las doctrinas de los fundadores del socialismo, no son m&aacute;s que teor&iacute;as nacientes que reflejan el estado incipiente de la sociedad capitalista y de la condici&oacute;n de clase Dynnik (1975). S&oacute;lo ellos fueron capaces de abordar con amplitud y profundidad los problemas hist&oacute;ricos, filos&oacute;ficos y econ&oacute;micos relacionados con la cr&iacute;tica del r&eacute;gimen de su tiempo y con los proyectos de organizaci&oacute;n de la sociedad futura. Al igual que los hombres de la Ilustraci&oacute;n francesa, quer&iacute;an establecer el “reino de la raz&oacute;n” y de la “justicia eterna”, pero su idea del “reino de la raz&oacute;n” var&iacute;a mucho del propuesto por los ilustrados, reducido al r&eacute;gimen burgu&eacute;s, irracional e injusto como el feudalismo Dynnik (1975). En consecuencia, el socialismo ut&oacute;pico es considerado hasta 1845 la concepci&oacute;n pol&iacute;tico social m&aacute;s progresiva de todas cuantas en ese periodo existieron, ya que plantea el problema de la existencia, el sentido y el valor de las leyes hist&oacute;rico-sociales con toda agudeza para la &eacute;poca. Hoy son reconocidos como los precursores del cooperativismo moderno.</p>     <p><b>Claude-Henri de Rouvroy, Conde de Saint- Simon (1760-1825).</b> Conocido como el primer socialista ut&oacute;pico cr&iacute;tico de Francia, “se impuso la tarea de reorganizar la sociedad europea sobre las bases de la ciencia y la industria, de tal modo que los hombres pudieran proyectar su propia marcha colectiva de acuerdo con la ley universal” Bravo (1998). No ataca la propiedad privada en s&iacute; misma, la acepta solo si esta es merecida y si se trabaja para ella; critica ciertas formas hist&oacute;ricas en que &eacute;sta se manifiesta. Defiende la neutralidad cient&iacute;fica, considera que el progreso est&aacute; condicionado por el desenvolvimiento de la ciencia, de las artes y de los oficios.</p>     <p>Pionero en entender y tratar de adivinar el poder, los elementos y las contradicciones de la sociedad, intenta descubrir las leyes que rigen la vida social en movimiento y que dirigen de modo racional la vida humana Bravo (1998). Logra entender –y reorganizar- el car&aacute;cter contradictorio de la sociedad, producto de la revoluci&oacute;n francesa. Subordina la historia de la humanidad a la ley del progreso de la raz&oacute;n humana, de la cual los hombres no son m&aacute;s que meros instrumentos; reduciendo as&iacute; todo su sentido filos&oacute;fico a la fundamentaci&oacute;n de una organizaci&oacute;n social racional, de un sistema social perfecto Dynnik (1975). “(…) proclama ya claramente la transformaci&oacute;n del gobierno pol&iacute;tico sobre los hombres en una Administraci&oacute;n de las cosas y en la direcci&oacute;n de los procesos de la producci&oacute;n, que no es sino la idea de la “abolici&oacute;n del Estado”.” Engels (1969).</p>     <p>Plantea el advenimiento de la sociedad industrial. Su objetivo era construir una sociedad basada en la industria, con elementos s&uacute;per-estructurales que la cohesionen. Su mayor aporte, “su anticipaci&oacute;n a la sociedad opulenta del siglo XX con su organizaci&oacute;n economicista, su desarrollismo y sus cuadros dirigentes, los tecn&oacute;cratas” D&iacute;az, (2004).</p>     <p>Define al industrial como “un hombre que trabaja en producir o en poner al alcance de la mano de los diferentes miembros de la sociedad uno o varios medios materiales de satisfacer sus necesidades o sus gustos f&iacute;sicos” Saint-Simon, (1985); es la clase m&aacute;s importante de todas pues subsiste por sus propias fuerzas, mientras las otras simplemente trabajan para ella -son su creaci&oacute;n y dependen de ella.</p>     <p>Considera el trabajo como la fuente de todas las virtudes, de ah&iacute; que los m&aacute;s &uacute;tiles deber&iacute;an ser los m&aacute;s considerados, siendo el m&aacute;s importante el de la clase industrial. Su sistema industrial est&aacute; fundado sobre el principio de igualdad perfecta, se opone a todo establecimiento de derecho de nacimiento o privilegios, afirma que los llamados a regular todo el sistema industrial son los industriales Saint-Simon, (1985).</p>     <p>“(…) la producci&oacute;n de las cosas &uacute;tiles constituye el &uacute;nico fin razonable y positivo que las sociedades pol&iacute;ticas pueden proponerse, de donde resulta que el principio respeto a la producci&oacute;n y a los productores es infinitamente m&aacute;s fecundo que el de respeto a la propiedad y a los propietarios” Bravo, (1998). Considera que “la organizaci&oacute;n del trabajo y la producci&oacute;n conducir&iacute;a al desaparecimiento de la pobreza y sustituir&iacute;a la filantrop&iacute;a y el asistencialismo” Ackerley, (2008). El gobierno perjudica a la industria cuando se mezcla en sus asuntos, as&iacute; sea para estimularla, por tanto debe limitarse a preservar la industria de perturbaciones y contrariedades.</p>     <p>A su muerte, sus disc&iacute;pulos, entienden el socialismo como una doctrina religiosa y la organizan a semejanza de la Iglesia; abandonan sus concepciones cient&iacute;ficas, olvidan su cr&iacute;tica a la religi&oacute;n oficial, deforman sus puntos de vista, corrigen sus obras y llevan el nuevo cristianismo como bandera de la “religi&oacute;n del amor” sansimoniana, hostil a toda idea de lucha de clases y a la transformaci&oacute;n revolucionaria de la sociedad. Finalmente, al no comprender la significaci&oacute;n hist&oacute;rica del proletariado en la revoluci&oacute;n de 1830, que hab&iacute;a entrado a una lucha social y pol&iacute;tica, termina degener&aacute;ndose y desapareciendo. Dynnik, (1975).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Fran&ccedil;ois Marie Charles Fourier (1772-1837).</b> Socialista ut&oacute;pico, cr&iacute;tico franc&eacute;s, profeta genial del futuro a quien Marx denomin&oacute; “patriarca del socialismo”. Critica la miseria y los valores que la ilustraci&oacute;n hab&iacute;a enarbolado. Para determinar las causas del desarrollo precisa “buscar los puntos del desarrollo social en que de forma m&aacute;s acusada se manifiestan las colisiones, los choques y las divergencias de las pasiones como fuerzas motrices de la historia” Dynnik, (1975). En una de sus conjeturas, afirma que la competencia era una expresi&oacute;n deformada propia de la civilizaci&oacute;n, de la discordia de las pasiones.</p>     <blockquote>Lo que en Saint-Simon era una amplitud genial de conceptos que le permite contener ya, en germen, casi todas las ideas no estrictamente econ&oacute;micas de los socialistas posteriores, en Fourier es la cr&iacute;tica ingeniosa aut&eacute;nticamente francesa, pero no por ello menos profunda, de las condiciones sociales existentes. (…) Pone al desnudo despiadadamente la miseria material y moral del mundo burgu&eacute;s (…) no es s&oacute;lo un cr&iacute;tico; su esp&iacute;ritu siempre jovial hace de &eacute;l un sat&iacute;rico, uno de los m&aacute;s grandes sat&iacute;ricos de todos los tiempos. (…) Pero todav&iacute;a es m&aacute;s magistral en &eacute;l la cr&iacute;tica de la forma burguesa de las relaciones entre los sexos y de la posici&oacute;n de la mujer en la sociedad burguesa. (…) Sin embargo, donde m&aacute;s descuella Fourier es en su modo de concebir la historia de la sociedad. Fourier divide toda la historia anterior en cuatro fases o etapas de desarrollo: el salvajismo, el patriarcado, la barbarie y la civilizaci&oacute;n, (…) y demuestra que el “orden civilizado eleva a una forma compleja, ambigua, equ&iacute;voca e hip&oacute;crita todos aquellos vicios que la barbarie practicaba en medio de la mayor sencillez”. Para &eacute;l, la civilizaci&oacute;n se mueve en un “c&iacute;rculo vicioso”, en un ciclo de contradicciones, que est&aacute; reproduciendo constantemente sin acertar a superarlas Engels (1969)</blockquote>     <p>Al contemplar las calamidades de la “civilizaci&oacute;n” de su tiempo, pone de relieve las vergonzosas lacras del capitalismo, ataca las bases de la sociedad existente y propone la necesidad de una “nueva ciencia”. El capitalismo era un vicioso sistema industrial que condenaba a la mayor parte de la poblaci&oacute;n a la pobreza, trabajos agotadores y mon&oacute;tonos. “Aunque ataca el sistema capitalista, no es capaz de comprender “la naturaleza de las antag&oacute;nicas contradicciones de clase del capitalismo”.” Dynnik, (1975).</p>     <p>Contrario a Saint-Simon que mostraba el signo del siglo en el industrialismo, Fourier habla de un futuro dom&eacute;stico agr&iacute;cola; partiendo de un punto de vista psicol&oacute;gico metaf&iacute;sico Bravo, (1998).</p>     <p>No estaba en contra de la propiedad privada ni promulgaba un sistema comunista, para &eacute;l la sociedad deber&iacute;a estar organizada por intermedio de la asociaci&oacute;n libre y voluntaria de acuerdo con la “atracci&oacute;n pasional”, un “principio de atracci&oacute;n universal”, el origen mismo de los falansterios. Entend&iacute;a que el trabajo deber&iacute;a atraer, seducir, ser compatible con otras pasiones y con la libertad individual. No preconizaba la raz&oacute;n o la ciencia como medios fundamentales para la creaci&oacute;n de un nuevo orden social, hablaba de la atracci&oacute;n pasional de la libertad de las pasiones humanas Luna, (2007).</p>     <p>Los peores males de la sociedad “civilizada” eran resultado de la atomizaci&oacute;n de la producci&oacute;n y de la forma en que estaba organizada la propiedad. El trabajo como castigo, el envilecimiento de la mujer y la miseria, eran consecuencia de las contradicciones del liberalismo, as&iacute; formulaba un camino para contrarrestarlo, el nuevo feudalismo, la asociaci&oacute;n voluntaria –no igualitaria- donde se retribuye de manera diferente al capital, al talento y al trabajo Bravo, (1998).</p>     <p><b>Robert Owen (1771-1858).</b> Ha pasado a la historia del pensamiento filos&oacute;fico y social como el fundador del socialismo ut&oacute;pico cr&iacute;tico ingl&eacute;s y como distinguido precursor del socialismo cient&iacute;fico. “Todos los movimientos sociales, todos los progresos reales registrados en Inglaterra en inter&eacute;s de la clase trabajadora, van asociados al nombre de Owen” Engels, (1996).</p>     <p>Surge en una Inglaterra que enfrentaba un proceso revolucionario tan poderoso como franc&eacute;s, pero m&aacute;s tranquilo. Reformador y dirigente innato, seguidor de las ense&ntilde;anzas de los ilustradores materialistas del siglo XVIII, afirma que el hombre es producto de las circunstancias, la ra&iacute;z de donde provienen todas las nociones verdaderas y valiosas acerca de la naturaleza humana; de ah&iacute; que los hombres no sean responsables de sus vicios y defectos, sino producto del r&eacute;gimen social en el que viven.</p>     <p>A diferencia de Saint-Simon y Fourier, no orienta su cr&iacute;tica contra el feudalismo, sino contra las relaciones sociales burguesas, un r&eacute;gimen imperfecto como los anteriores, punto de partida de su propuesta. Considera la propiedad privada, la religi&oacute;n y la forma vigente del matrimonio, los grandes obst&aacute;culos para la construcci&oacute;n de un nuevo r&eacute;gimen socialista donde se imponga la igualdad social y la destrucci&oacute;n de las contradicciones de clase.</p>     <p>Como capit&aacute;n de empresa, inicia su tarea reformadora en New Lanark, una gran factor&iacute;a escocesa de hilados de algod&oacute;n, donde introduce innovaciones revolucionarias en la organizaci&oacute;n del trabajo, y mejora las condiciones de trabajo de 2.500 obreros (Bravo, 1998; Engels, 1996). Sin embargo, sent&iacute;a que sus obreros no ten&iacute;an una existencia digna de un ser humano “aquellos hombres eran mis esclavos” –dec&iacute;a Engels, (1996). As&iacute;, empieza a denunciar los excesos del sistema de competencia sin l&iacute;mites.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Su mayor preocupaci&oacute;n se centraba en como las condiciones de existencia del sistema industrial estaban generando un tipo de hombre envilecido, con vicios y taras. De ah&iacute; que la &uacute;nica forma de llevar a cabo una reforma social sea solo a trav&eacute;s de un proceso de educaci&oacute;n racional dirigido a transformar radicalmente el medio social existente. Propugnaba por la eliminaci&oacute;n de la propiedad privada y la construcci&oacute;n de comunidades agrarias. Su modelo era un sistema racional basado en la naturaleza.</p>     <p>Rechaza la huelga y las luchas por las libertades pol&iacute;ticas, busca la conciliaci&oacute;n y la adhesi&oacute;n de los se&ntilde;ores a la causa a trav&eacute;s de la evidencia y la filantrop&iacute;a, D&iacute;az (2004). Cre&iacute;a que la liberaci&oacute;n espiritual y econ&oacute;mica del hombre s&oacute;lo se produce en comunidad. Propone la creaci&oacute;n de “aldeas de cooperaci&oacute;n”, nuevas c&eacute;lulas de la sociedad, “apoyadas sobre el principio de la asociaci&oacute;n de trabajo, de consumo y de propiedad, as&iacute; como de iguales privilegios”, donde se pueda llevar a cabo la educaci&oacute;n racional y la actividad productiva Bravo, (1998). De esta manera, sus seguidores se convierten en una secta cerrada que repudiaba toda manifestaci&oacute;n pol&iacute;tica o lucha del proletariado, predicando transformaciones paulatinas en el marco capitalista Dynnik (1975).</p>     <p>Conocedor de los problemas econ&oacute;micos y sociales planteados por la revoluci&oacute;n industrial en su natal Inglaterra, se compromete en pensar la realidad de los obreros y la organizaci&oacute;n del trabajo. La base de su doctrina estaba centrada en el sistema fabril y la educaci&oacute;n popular, sin embargo, es considerado uno de los m&aacute;s importantes antecesores del movimiento cooperativo, especialmente por la fundaci&oacute;n – a cargo de sus disc&iacute;pulos- de la cooperativa de los “Pioneros de Rochdale” Ackerley, (2008).</p>     <p>Saint-Simon, Owen y Fourier ten&iacute;an puntos comunes b&aacute;sicos que sirven de criterio para caracterizarlos como los representantes de esta nueva corriente: enaltec&iacute;an la cuesti&oacute;n social en detrimento de las dem&aacute;s y buscaban una promoci&oacute;n del bienestar y de la felicidad; no aceptaban la continuaci&oacute;n de un orden social que predica la disputa entre los seres humanos, defienden otras formas de conciencia del trabajo como la asociaci&oacute;n, la cooperaci&oacute;n, la concordia, la compensaci&oacute;n. Colocaban en manos de los productores el desempe&ntilde;o del ejercicio de los asuntos sociales despreciando una acci&oacute;n de los pol&iacute;ticos, Luna, (2007).</p>     <p>Marx reconoce la superioridad del socialismo ut&oacute;pico franc&eacute;s, pues muestra “las contradicciones y la deformaci&oacute;n de la vida moderna no s&oacute;lo en las relaciones entre las distintas clases, sino en todas las esferas y formas de la sociedad contempor&aacute;nea, y lo hace con im&aacute;genes brillantes y vivas, con sentido de la vida, con amplitud de horizontes y con una atrevida originalidad.” Dynnik, (1975).</p>     <p>Marx, Engels y Lenin ven al socialismo ut&oacute;pico como una corriente ideol&oacute;gica progresiva que contribuy&oacute; a la preparaci&oacute;n del socialismo cient&iacute;fico. “Critic&oacute; –dice Lenin- la sociedad capitalista, la conden&oacute; y maldijo, aspiraba a destruirla, (…) Pero el socialismo ut&oacute;pico no pod&iacute;a se&ntilde;alar una salida real. No sab&iacute;a explicar la esencia de la esclavitud asalariaba bajo el capitalismo, ni descubrir las leyes de su desarrollo, ni encontrar la fuerza social capaz de convertirse en la creadora de la sociedad nueva.” Dynnik, (1975). Aspiraban lograr el nuevo sistema sin luchas y sin revoluciones, criticaban el sistema actual, pero cre&iacute;an que llegar&iacute;an al nuevo r&eacute;gimen s&oacute;lo a trav&eacute;s de un cambio paulatino. Rechazaban el accionar pol&iacute;tico y revolucionario, llegar al socialismo deb&iacute;a ser el producto de la colaboraci&oacute;n de las clases. No obstante su profunda cr&iacute;tica al capitalismo les permiti&oacute; vislumbrar tendencias muy claras.</p>     <p>Para Marx y Engels, el socialismo ut&oacute;pico surge en el periodo inicial de la lucha de clases, no obstante, reconoce el antagonismo de clases y la acci&oacute;n de los elementos destructores dentro de la sociedad dominante, sin embargo, no advierte de parte del proletariado ninguna iniciativa hist&oacute;rica o movimiento pol&iacute;tico propio. Para Marx los socialistas ut&oacute;picos ven al proletariado como la clase que m&aacute;s padece, no como una clase social que pueda asumir el poder; de ah&iacute; que sus soluciones sean fant&aacute;sticas, nieguen la acci&oacute;n social, favorezcan la asistencia social; su preocupaci&oacute;n por resolver la vida de todos los miembros de la sociedad los conduce a reverenciar a la clase dominante esperando que sean ellos quienes se toquen el coraz&oacute;n y donen los recursos necesarios para el cambio social. Ackerley, (2008).</p>     <p>En suma, para Marx los pensadores ut&oacute;picos no eran m&aacute;s que sectas reaccionarias que perjudican la lucha de clases y concilian los antagonismos, de ah&iacute; que los t&eacute;rminos utop&iacute;a, utopismo y socialismo ut&oacute;pico adquieran una connotaci&oacute;n despreciativa, al tildarlas como incompletas, inmaduras, on&iacute;ricas, ideolog&iacute;as peque&ntilde;o burguesas camufladas, imposibles Luna, (2007). No obstante, es posible que ni los socialistas ut&oacute;picos ni la propuesta m&aacute;s determinista de Marx ofrezcan una salida &uacute;nica a los problemas que se afrontan hoy en d&iacute;a, un buen ejemplo de ello ser&iacute;an los movimientos espont&aacute;neos surgidos de la crisis en Argentina (2001), las f&aacute;bricas recuperadas, que nacen de la necesidad de la gente de trabajar para sobrevivir.</p>     <p>Al respecto, Durkeim (1982), afirma que, el socialismo es una propuesta insuficiente, pues s&oacute;lo pone al descubierto una de las dimensiones del problema, la econ&oacute;mica. Critica su inclinaci&oacute;n hacia el radicalismo revolucionario, pues advierte que no se trata de la utilizaci&oacute;n de medios violentos para desaparecer el orden social actual y crear uno nuevo, &eacute;sta, es una creencia ingenua e imposible de alcanzar, pues las instituciones futuras no son sino las pasadas transformadas. La sociedad es una realidad producida por los seres humanos al asociarse, es el garante de la civilizaci&oacute;n, es en esos hechos sociales donde se encuentra la llave del progreso humano. “(…) el hombre s&oacute;lo es hombre civilizado en el interior de la sociedad. (…) la vida social implica coacci&oacute;n, pero esa coacci&oacute;n es la llave de la civilizaci&oacute;n; y, viceversa, la ruptura de integraci&oacute;n social es el paso decisivo para la pulverizaci&oacute;n de la posibilidad del progreso humano, es la reca&iacute;da en la barbarie” Durkheim, (1982).</p>     <p><b>DEFINICI&Oacute;N B&Aacute;SICA</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La Alianza Cooperativa Internacional ACI, en su declaraci&oacute;n sobre identidad cooperativa Manchester, (1995) define la cooperativa como “una asociaci&oacute;n aut&oacute;noma de personas que se unen voluntariamente para satisfacer sus comunes necesidades y aspiraciones econ&oacute;micas, sociales y culturales, por medio de una empresa de propiedad conjunta democr&aacute;ticamente administrada” (ACI, 2007). Definici&oacute;n que destaca sus caracter&iacute;sticas b&aacute;sicas: a) autonom&iacute;a, b) asociaci&oacute;n libre de personas, c) adhesi&oacute;n voluntaria de las personas, d) su objetivo de satisfacer las necesidades econ&oacute;micas, sociales y culturales comunes a los asociados y e) su car&aacute;cter de empresa de propiedad conjunta econ&oacute;micamente administrada.</p>     <p>Su car&aacute;cter de empresa de propiedad conjunta econ&oacute;micamente administrada, diferencia claramente la organizaci&oacute;n cooperativa de otro tipo de organizaci&oacute;n capitalista. Al ser una empresa que funciona en el mercado, la propiedad se distribuye de manera democr&aacute;tica entre los asociados, no pierde su esencia misma, servir a sus asociados con eficiencia y efectividad; elementos que constituyen su singularidad.</p>     <p>Los valores y principios cooperativos constituyen las directrices b&aacute;sicas de orientaci&oacute;n de la acci&oacute;n de las cooperativas, la ACI los instituye en 1934, y los reforma en 1966 y 1995. Las cooperativas est&aacute;n basadas en los valores de autoayuda, auto responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad; fundamentados en la tradici&oacute;n de sus fundadores, donde los asociados hacen suyos los valores &eacute;ticos de la honestidad, la transparencia, la responsabilidad y la vocaci&oacute;n social.</p>     <p>Los principios, entendidos como pautas mediante las cuales ponen en pr&aacute;ctica sus valores, definidos inicialmente por la Sociedad de los Equitativos Pioneros de Rochdale, son adoptados m&aacute;s tarde por la ACI como universales (1937). En su Declaraci&oacute;n sobre la Identidad Cooperativa (1995), aprueba siete grandes principios: Adhesi&oacute;n voluntaria y abierta; gesti&oacute;n democr&aacute;tica por parte de los asociados; participaci&oacute;n econ&oacute;mica de los asociados; autonom&iacute;a e independencia; educaci&oacute;n, formaci&oacute;n e informaci&oacute;n; cooperaci&oacute;n entre cooperativas e inter&eacute;s por la comunidad.</p>     <p><b>LA IDENTIDAD COOPERATIVA</b></p>     <p>La identidad est&aacute; vinculada con las nociones de pertenencia, significaci&oacute;n y representaci&oacute;n que comparten los individuos sobre un territorio, proceso, movimiento, que los une y los identifica. Con Rochdale se plasman principios y valores que dan coherencia a la noci&oacute;n de identidad cooperativa, distingui&eacute;ndola como una empresa econ&oacute;mica con elevada finalidad social. En este sentido, el cooperativismo surge y se desarrolla “a partir de principios que han guiado su accionar, de valores que muestran su significaci&oacute;n, lo que se ha expresado a trav&eacute;s de una empresa que conjuga arm&oacute;nicamente lo econ&oacute;mico y lo social, para contribuir al desarrollo de la sociedad y a la transformaci&oacute;n del orden econ&oacute;mico existente” Izquierdo, (2007). En concordancia con lo anterior, para ACI (1995) la identidad cooperativa se cimenta sobre la cultura de la solidaridad, la cual permite la diferenciaci&oacute;n con otro tipo de modelos empresariales.</p>     <p>Fundamentada en la igualdad y la colectividad, una de sus grandes responsabilidades es la de asegurar que “todos ellos reciben el trato m&aacute;s justo posible, que no se pierda nunca de vista el inter&eacute;s general; que existe un esfuerzo permanente por dar un trato justo a los empleados (sean estos asociados o no), as&iacute; como a las personas no asociadas vinculadas a la cooperativa” Izquierdo, (2007).</p>     <p>La solidaridad implica una responsabilidad por el inter&eacute;s colectivo de sus asociados, son afirmaciones de fuerza colectiva y responsabilidad mutua. Los valores &eacute;ticos configuran la forma de organizaci&oacute;n propia de la cooperativa, caracterizada por sistemas abiertos de Administraci&oacute;n, honestos, tanto interna como externamente, de ah&iacute; su obligaci&oacute;n de ser responsables socialmente en todas sus actividades.</p>     <p>Aunque la honestidad, la responsabilidad social y la preocupaci&oacute;n por los dem&aacute;s, son valores que pueden encontrarse en cualquier tipo de organizaci&oacute;n, son intr&iacute;nsecos a la forma organizacional cooperativa, le aportan sentido, raz&oacute;n de ser, en concordancia con los valores de la mayor&iacute;a de la humanidad. En este sentido, la identidad cooperativa es definida como “el conjunto de principios y valores universales, que se expresan a trav&eacute;s de la empresa cooperativa, caracterizada por su dualidad econ&oacute;mica y social, que en correcta armon&iacute;a entre ambos, es expresi&oacute;n de una cultura, de una manera de pensar y hacer para transformar la realidad en un contexto hist&oacute;rico determinado” Izquierdo, (2007). La noci&oacute;n de armon&iacute;a entre lo econ&oacute;mico y lo social, implica que la empresa cooperativa debe ser eficiente y competitiva en el plano econ&oacute;mico y tambi&eacute;n en el plano social; esta &uacute;ltima dependiente de la primera.</p>     <p><b>LAS MUTACIONES COOPERATIVAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para Bertullo (2007), la erosi&oacute;n de las concepciones originales del cooperativismo en el plano ideol&oacute;gico discursivo, en el plano conceptual y organizacional cooperativo y en el plano laboral, han llevado a las transformaciones que vienen sufriendo las cooperativas en el plano organizacional o institucional. Dichas manifestaciones las analiza a partir de tres advertencias: los cambios organizacionales, los cambios en el marco laboral de las relaciones laborales y los cambios en el discurso.</p>     <p>Los cambios organizacionales los explica desde el an&aacute;lisis realizado por Alicia Kaplan (1997) sobre las “Mutaciones estructurales de las cooperativas”, quien identifica una serie de mutaciones, que ponen en duda su capacidad de prosperar y extenderse, como consecuencia de subvertir su naturaleza misma y de la p&eacute;rdida de su identidad cooperativa; llevando al factor capital al centro sobre el cual gira la organizaci&oacute;n y los dem&aacute;s factores de la misma, incluyendo el humano-social; contradiciendo su esencia misma.</p>     <p>Para analizar los cambios en el marco laboral de las relaciones laborales, Bertullo acude a la noci&oacute;n de la “hu&iacute;da del derecho del trabajo” explicada por L&oacute;pez y Mora (2006), quienes afirman que la precarizaci&oacute;n laboral de las empresas convencionales ha permeado el campo del cooperativismo a trav&eacute;s de la “deslaboralizaci&oacute;n” del estatuto del trabajador, su transformaci&oacute;n en organizaciones proveedoras de empleo temporal y el abuso de la herramienta cooperativa para los procesos de tercerizaci&oacute;n. Fen&oacute;meno que en Colombia ha tomado el nombre de Cooperativas de Trabajo Asociado CTA, con el consecuente silencio c&oacute;mplice del Estado.</p>     <p>Finalmente, para analizar los cambios en el discurso cooperativo, Bertullo evidencia la mutaci&oacute;n de fondo que viene ocurriendo en el cooperativismo. Acude a Orellana (2007), quien sostiene que al igual que la empresa capitalista tradicional, las cooperativas deben hacer frente a dos t&oacute;picos: “1. La organizaci&oacute;n y coordinaci&oacute;n de las actividades para el funcionamiento eficiente de la empresa; y 2. La medici&oacute;n y determinaci&oacute;n de las producciones o aportaciones individuales de los miembros a la producci&oacute;n conjunta” Bertullo, (2007). As&iacute;, la &uacute;nica diferencia entre las cooperativas y las empresas capitalistas tradicionales, radicar&iacute;a en que el control de las decisiones recae en sus trabajadores propietarios, representados por la Asamblea o el Consejo. De esta manera, las diferencias entre una y otra forma de organizaci&oacute;n est&aacute;n en funci&oacute;n del plano organizativo o del proceso de toma de decisiones y no -como deber&iacute;a ser- en el campo de los prop&oacute;sitos y de la ideolog&iacute;a.</p>     <p>En suma, para Bertullo (2007) el detonante principal de las mutaciones que se vienen percibiendo en las organizaciones cooperativistas, tiene su origen en la p&eacute;rdida de carga ideol&oacute;gica de las manifestaciones cooperativas frente al uso de un mayor lenguaje empresarial, que lleva al vaciamiento del contenido ideol&oacute;gico y valorativo de las expresiones cooperativas. De aqu&iacute; surge un problema que ha rondado a las cooperativas durante mucho tiempo, la posibilidad de “encontrar y desarrollar un modelo de gesti&oacute;n propio que basado en los valores y principios universalmente aceptados, obtenga legitimidad y expresi&oacute;n en el campo de la gesti&oacute;n cotidiana”.</p>     <p><b>COOPERACI&Oacute;N: UN ESPACIO DEMOCR&Aacute;TICO EN LA TOMA DE DECISIONES</b></p>     <p>La retracci&oacute;n del sujeto colectivo en las sociedades modernas lleva a construir un nuevo entendimiento sobre identidad, entendido como el resultante de una negociaci&oacute;n de la relaci&oacute;n con los otros, un proceso sistem&aacute;tico de definici&oacute;n y redefinici&oacute;n de la realidad. Es en este marco que “la democracia se convierte en una forma de lidiar con los desacuerdos entre ciudadanos que comparten una sociedad, pero no necesariamente una misma cultura” Rojas &amp; cols., (2007). Y es precisamente en esa complejidad de lo social, en t&eacute;rminos de diversidad, donde la noci&oacute;n de cooperar toma fuerza, pues una sociedad que pretende ser democr&aacute;tica debe antes que nada aprender a reconocer las diferencias.</p>     <p>“(…) para la comprensi&oacute;n del proceso cooperativo, la noci&oacute;n de voluntad pol&iacute;tica es un elemento integrante del cuadro de referencia b&aacute;sico que inspira la democracia cooperativa” (Rojas y cols., 2007, 27). Cooperar significa un “alineamiento de inteligencias”, un modo de interacci&oacute;n social que genera un patr&oacute;n de comportamiento que estimula la continuidad del grupo. Es “llegar a ser”, entendido como un proceso donde la actividad humana se da a trav&eacute;s de la interacci&oacute;n social que de manera constante se produce, reproduce y cambia. Definida desde sus presupuestos pragm&aacute;ticos: intencionalidad (acci&oacute;n orientada para una necesidad), reconocimiento (la aceptaci&oacute;n objetiva del otrodiferente) y responsabilidad (actitud que permite articular ideas e intereses que fluyen de los individuos a los grupos); la cooperaci&oacute;n se niega a quedarse en la pura abstracci&oacute;n. (Rojas &amp; cols., 2007: 28)</p>     <p><b>LA EMPRESA AUTOGESTIONADA</b></p>     <p>Para Morales (2004), en la empresa autogestionada existe la b&uacute;squeda de dos equilibrios, el primero, la prioridad de asignaciones entre el factor trabajo y el factor capital, y el segundo, entre trabajo de naturaleza productiva y el relacionado con la direcci&oacute;n y Administraci&oacute;n de la empresa por otro; equilibrio desde una coherencia con los valores cooperativos de igualdad y solidaridad, y con las exigencias de funcionalidad impuestas por el mercado. Dicho equilibrio requiere el montaje de una doble instancia de decisi&oacute;n que permita la defensa de los ideales del grupo humano y, a la vez, de las exigencias de desarrollo empresarial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La complejidad del trabajo en un contexto de gesti&oacute;n democr&aacute;tica aumenta en la medida en que las posibilidades de incentivar econ&oacute;micamente este ejercicio se vuelve dif&iacute;cil, una gran diferencia entre la empresa cooperativa y la tradicional. No obstante, las empresas cooperativas han superado este impase compitiendo adecuadamente en un mercado cada vez m&aacute;s complejo. En este sentido, adquiere importancia entender que la funci&oacute;n directiva que adoptan las empresas de trabajo asociado s&oacute;lo puede comprenderse desde un enfoque contingente; la profesionalizaci&oacute;n en la gesti&oacute;n y su contribuci&oacute;n al buen gobierno, pueden chocar con dos problemas estructurales: cultural y de econom&iacute;a de escalas; una vez instaurada la direcci&oacute;n profesionalizada, la disyuntiva centralizaci&oacute;ndescentralizaci&oacute;n plantea una demanda latente; el ejercicio de un buen directivo plantea la b&uacute;squeda y desarrollo de potencial directivo en la base social de las peque&ntilde;as y medianas empresas de la econom&iacute;a social; se precisa m&aacute;s estudios emp&iacute;ricos que aborden el problema desde la &oacute;ptica de gobierno, Morales, (2004).</p>     <p><b>EL COOPERATIVISMO EN COLOMBIA.</b></p>     <p>De acuerdo con D&aacute;vila (2002), existen m&uacute;ltiples y diversas formas diferentes de entender y hacer realidad los principios y valores cooperativos, sin embargo, pueden identificarse algunos rasgos comunes que definen y caracterizan su organizaci&oacute;n y Administraci&oacute;n.</p>     <p>La cooperativa es una organizaci&oacute;n, que produce interacciones sociales, genera cultura, desarrolla memoria y crea identidad; “puede ser entendida como una unidad que representa la sumatoria entre la asociaci&oacute;n de personas y la empresa productiva. Esta uni&oacute;n tiene un doble objetivo (econ&oacute;mico y social), donde lo econ&oacute;mico se considera como el medio para conseguir el objetivo social” D&aacute;vila, (2002).</p>     <p>La cooperativa es una organizaci&oacute;n alternativa, una forma organizacional diferente con un estilo de gesti&oacute;n particular. Un modelo de democracia participativa que reemplaza las pr&aacute;cticas jer&aacute;rquicas y burocr&aacute;ticas por pr&aacute;cticas democr&aacute;ticas y participativas, donde el poder se ejerce desde una concepci&oacute;n diferente.</p>     <p>Modelos de innovaci&oacute;n y &eacute;xito. Los fracasos de las cooperativas de reforma agraria en los setenta, o de las cooperativas de comercializaci&oacute;n en los ochenta, o la crisis de finales de los noventa del sector cooperativo financiero, han generado un mito, al considerarlas ineficientes, poco productivas y con alta tendencia al fracaso. Esto es proceso del desconocimiento social que se tiene sobre el papel y la acci&oacute;n que cumplen las cooperativas en el marco del modelo de desarrollo del pa&iacute;s. Los estudios adelantados por el Instituto de Estudios Rurales IER, permiten afirmar que “en varias regiones y localidades del pa&iacute;s los casos de &eacute;xito e innovaci&oacute;n en la gerencia cooperativa son una generalidad. El fracaso es la excepci&oacute;n” D&aacute;vila, (2002).</p>     <p>Gobierno cooperativo, noci&oacute;n trabajada desde la idea de la buena gerencia de las cosas y el buen gobierno de las personas. Entendido como la forma en que se maneja el poder y se ejerce la Administraci&oacute;n. “Por gobierno cooperativo se entiende el conjunto de instituciones y normas mediante las cuales los asociados vigilan el cumplimiento de sus objetivos” D&aacute;vila, (2002). En otras palabras, al hablar de gobierno cooperativo se hace alusi&oacute;n a la participaci&oacute;n del asociado en la vida cooperativa. Sus elementos m&aacute;s importantes son los siguientes: el criterio de identidad, el principio de identidad y la reducci&oacute;n de costos, el n&uacute;cleo b&aacute;sico (un colectivo en acci&oacute;n), la toma de decisiones y la cooperativa como un taller de desarrollo de habilidades sociales, gerenciales y organizacionales.</p>     <p>La cooperativa, un modelo particular de gesti&oacute;n. La doctrina cooperativa se ha venido desarrollando lentamente durante cincuenta a&ntilde;os, desarrollo supeditado al quehacer cotidiano de sus actores, quienes aprenden de la experiencia diaria, en un permanente proceso de prueba-error. El modelo gerencial de las cooperativas en Colombia, es una buena expresi&oacute;n de “la Administraci&oacute;n como un arte, en el cual la intuici&oacute;n juega un papel primordial y la experiencia es la &uacute;nica fuente de aprendizaje y entrenamiento de los administradores” D&aacute;vila, (2002).</p>     <p>La organizaci&oacute;n solidaria, la Constituci&oacute;n Colombiana (1991) reconoce la existencia de organizaciones solidarias y asociativas; con la crisis del sector cooperativo financiero de 1997- 1999, aparece la Ley 454 de 1998, donde se definen los principios y el marco conceptual de un sistema de econom&iacute;a solidaria, se determinan adem&aacute;s quienes pueden hacer parte del sistema.</p>     <p>El desarrollo del concepto de econom&iacute;a solidaria en los pa&iacute;ses de Sur Am&eacute;rica, permite definir los aspectos en los cuales estos arreglos son diferentes de las otras formas organizacionales y empresariales: la gente participa en este tipo de organizaciones movida por el &aacute;nimo de servicio m&aacute;s que por el de lucro; son ejemplo de organizaciones humanas, el ser humano y la propiedad colectiva por encima del capital y de la propiedad individual; un estilo de poder y de autoridad democr&aacute;tico y participativo, siendo lo principal la interrelaci&oacute;n entre sus miembros; el excedente econ&oacute;mico es el medio para lograr el objetivo social, en t&eacute;rminos de rentabilidad solidaria, donde el bienestar general est&aacute; por encima del particular D&aacute;vila, (2002).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>RETOS DEL COOPERATIVISMO</b></p>     <p>Indiscutiblemente con la crisis de identidad se ponen de manifiesto una serie de problemas que constituyen retos a superar: la p&eacute;rdida de la naturaleza y esencia cooperativista; la deficiente estructura, diversificaci&oacute;n y base financiera; los deficientes procesos de educaci&oacute;n; el marco legal inadecuado y el deterioro de las relaciones Estado-Cooperativa, y finalmente, la falta de integraci&oacute;n. Retos que remiten reiteradamente al problema de la identidad cooperativa.</p>     <p><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p>De acuerdo con Urrea (2006), con el proceso de apertura, el pa&iacute;s sufre muchos cambios en su estructura, en sus instituciones y en sus organizaciones, de tal manera, que la flexibilizaci&oacute;n toma al cooperativismo de trabajo asociado como el basti&oacute;n de apoyo sobre el cual construye toda una estrategia de reducci&oacute;n de costos, incremento de productividad y flexibilizaci&oacute;n laboral. Las empresas de trabajo temporal y las cooperativas de trabajo asociado, pasaron a ser los nuevos sujetos jur&iacute;dicos con quienes quer&iacute;an contratar las empresas. En particular, el sector textil colombiano, como afirma Aricapa (2008), toman este nuevo instrumento de contrataci&oacute;n como una excelente estrategia de incremento de calidad y costos. Sin embargo, Leonisa, buscando los mismos beneficios de las empresas de su sector, trabaja con la figura cooperativa, pero no degradada y desdibujada; as&iacute; dos emprendedores fil&aacute;ntropos que ve&iacute;an -y siguen viendo- en el fen&oacute;meno cooperativo, una opci&oacute;n viable de desarrollo social y econ&oacute;mico, a escala humana, vienen apoyando decididamente este modelo hace m&aacute;s de medio siglo, en aras no s&oacute;lo de conseguir mejores niveles de productividad a menores costos, sino de generar mejores condiciones de vida para las personas que hacen parte de la cooperativa, sus familias y en general, como afirma Duque (2001) el desarrollo de todo un territorio, como resultado del trabajo mancomunado de la industria local y regional y de la comunidad organizada y decidida a mejorar su realidad.</p>     <p>Esto muestra como, la polarizaci&oacute;n y estratificaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en ricos globalizados y pobres localizados, como afirma Beck (1988), es una realidad que puede ser intervenida y transformada con ayuda de diferentes actores que propendan por un desarrollo m&aacute;s humano y social de las comunidades. Marinilla es posiblemente una muestra de esa resignificacion de lo que significa hoy el cooperativismo en relaci&oacute;n con la comunidad, con la empresa productiva y con los gobiernos locales, departamentales y nacionales. En otras palabras, se verifica, como afirma Beck (1988) que la dial&eacute;ctica amo-esclavo toca a su fin, pues se han roto los lazos que tornaban la solidaridad no s&oacute;lo necesaria sino tambi&eacute;n posible.</p>     <p>Para Beck (1998), la flexibilizaci&oacute;n del trabajo ha demostrado su inutilidad, sin embargo, bajo la perspectiva que se pretende estudiar, es posible que se pueda flexibilizar el trabajo a trav&eacute;s de cooperativas de trabajo asociado, creadas bajo la identidad cooperativa, los valores y los principios cooperativos, como un proceso de libre adhesi&oacute;n de sus miembros, que entienden su doble papel en la organizaci&oacute;n, como socios y como clientes, incluso como trabajadores, sin perder su esencia cooperativa, que los hace diferentes y especiales, sin pauperizar la mano de obra, en otras palabras, como dir&iacute;a Aktouf, es posible generar utilidades de manera inteligente, para las dos partes, tanto la empresa que desregulariza el trabajo, como para aquella que se organiza para prestar el servicio en un ambiente desregularizado.</p>     <p>Posiblemente este modelo h&iacute;brido reconceptualice la auto-enajenaci&oacute;n de la que habla Mills, es posible que la racionalidad y la libertad, p&eacute;rdida en los hombres individuales y, trasladada a las instituciones sociales; que esa percepci&oacute;n de engranajes intercambiables de la m&aacute;quina, percepci&oacute;n trabajada durante un siglo por los practicantes -y te&oacute;ricos- del management; vea en el modelo cooperativo una posibilidad real de resignificar el hombre a partir de la democracia participativa, de la noci&oacute;n de gobierno cooperativo, del mantenimiento de esa dualidad socio/cliente, donde el asociado, no s&oacute;lo puede pensar como jefe, o como obrero, o como cliente, sino que debe asumir un papel multicomplementario que le permita entender el cooperativismo en su dimensi&oacute;n financiera y econ&oacute;mica, humana y social.</p>     <p>Como afirma Beck acudimos hoy a menores posibilidades de empleos bien remunerados y a mayor explotaci&oacute;n laboral dentro del sector formal y la supervivencia en el sector informal; nos enfrentamos a un retroceso de los ingresos reales en el medio social. Frente a esta postura, se va formalizando una propuesta alternativa de empleo bien remunerado, calidad de vida, protecci&oacute;n del trabajador y de su entorno familiar y social, donde la solidaridad, lo colectivo adquieren importancia en la medida en que permiten minimizar los estragos del capitalismo globalizado.</p>     <p>Recordando las palabras de Webster, es posible pensar en una democracia participativa a partir de la recuperaci&oacute;n de la propiedad colectiva, donde se recupere la libertad y se asuma el ejercicio democr&aacute;tico del poder. Una distribuci&oacute;n igualitaria de la propiedad como base de la libertad. Un mundo de peque&ntilde;os empresarios que se equilibraba por s&iacute; mismo, proporcionando orden con libertad y sin autoridad; donde la libertad individual era el principio del orden social y entra&ntilde;aba por s&iacute; misma la seguridad, dando lugar a un hombre libre no explotado. Una descripci&oacute;n que puede aproximarse y contener el esp&iacute;ritu del cooperativismo en su esencia m&aacute;s pura, hombres libres asociados en busca de la satisfacci&oacute;n de un objetivo com&uacute;n y trabajando de manera colectiva para el logro del mismo. Habr&iacute;a que pensar hasta d&oacute;nde, como afirma Mills, la movilidad social que vincula a todos al sistema puede configurar un nuevo estatuto social fruto de la explotaci&oacute;n m&aacute;s sutil y menos expl&iacute;cita, a partir de la nueva configuraci&oacute;n de una nueva estructura de poder que ayuda al sostenimiento del sistema, uno de los grandes peligros del desdibujamiento del cooperativismo. Sin embargo, frente a los peligros, no se puede negar, como afirma G&eacute;linas (2006), que el potencial creativo de la humanidad y su capacidad para orientar su propio destino, constituyen dos pilares sobre los cuales se puede fortalecer un cooperativismo democr&aacute;ticamente viable.</p>     <p>Es posible que Incoomar y Marinilla, demuestren, como dice Beck (1998), que la capacidad din&aacute;mica de adaptaci&oacute;n de las comunidades locales, a partir de su potencial creativo e innovador, garantiza su permanencia y perpetuidad en el tiempo, y es precisamente en ese espacio, donde se reconfigura la asociatividad, la colectividad, desde lo econ&oacute;mico y lo social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es interesante mirar c&oacute;mo, bajo la mirada cooperativa, emerge una nueva percepci&oacute;n frente a la posibilidad de volver a ser due&ntilde;os del capital, de los medios de producci&oacute;n, de los productos y servicios generados en el proceso de transformaci&oacute;n. Sujetos pol&iacute;ticos dispuestos a trabajar en beneficio propio y de la sociedad, resignificando al tiempo la propiedad privada y colectiva y, el trabajo individual y colectivo.</p>     <p>El cooperativismo no es, ni debe ser entendido, como una simple filantrop&iacute;a de parte de algunos personajes que ofreciendo caridad intentan minimizar el costo social que se vive hoy en d&iacute;a. Al contrario, una conciencia clara de responsabilidad social, que permite la suma de esfuerzos para la construcci&oacute;n de una colectividad aut&oacute;noma y eficiente, capaz de resolver sus propios problemas y necesidades, constituye sin lugar a dudas, una nueva visi&oacute;n de la econom&iacute;a social y de su inserci&oacute;n en ella. Posiblemente, Leonisa configure este tipo de visi&oacute;n, pues no tom&oacute; ninguno de los caminos f&aacute;ciles, no contrat&oacute; la maquila con la consecuente pauperizaci&oacute;n de los trabajadores, pero tampoco se ha convertido en el proveedor permanente de las cooperativas, el ‘padre’ dispuesto a solucionar siempre los problemas de un hijo incompetente. Sin embargo, hay que averiguar hasta d&oacute;nde esa libertad y autonom&iacute;a se evidencia en el gobierno cooperativo de Incoomar. En otras palabras es posible que el fen&oacute;meno cooperativo replantee la uni&oacute;n de la propiedad y el trabajo como base de la libertad esencial del hombre, como afirma Mills, donde la vida econ&oacute;mica del cooperante est&eacute; basada en la propiedad y no en el contrato de empleo y en el tiempo remunerado. Es posible encontrar en la propiedad colectiva y democr&aacute;tica esas razones sobre las cuales se fundamentaba el proyecto moderno de igualdad y equidad de los hombres, en contraposici&oacute;n a la actual propiedad de clases. Retornar al derecho del hombre a “ser libre y a trabajar en lo que es suyo”.</p>     <p>Indiscutiblemente, el cooperativismo vive hoy en medio de dos posiciones, la “pervivencia de su car&aacute;cter alternativo en el plano ideol&oacute;gico y constituir una forma de eliminar o combatir el capital y el mercado” y al tiempo est&aacute; “frente a una forma colectiva y singular de organizaci&oacute;n empresarial (por sus valores), que participa del mercado, como cualquier otro tipo de empresa sin intenciones ni ideolog&iacute;a de cambio social” Bertullo, (2007). Incoomar vive esta dualidad, una dualidad que debe mantenerse equilibrada para no perder la esencia cooperativa y mantenerse competitiva en el mercado. De ah&iacute; que cuestionarse sobre el gobierno cooperativo de esta organizaci&oacute;n sea de tanto inter&eacute;s para la autora, en la medida en que pueda develar la forma en que estas dos posiciones -multicomplementarias como dir&iacute;a A. Chanlat (1984)- se viven diariamente y configuran todo un esquema econ&oacute;mico-social.</p>     <p>Valdr&iacute;a la pena analizar hasta d&oacute;nde la “hu&iacute;da del derecho del trabajo” trabajada por Bertullo (2007), puede explicar la relaci&oacute;n existente entre Leonisa- Incoomar, o si por el contrario, constituye una f&oacute;rmula de evitar esta mutaci&oacute;n que destruye en su esencia el cooperativismo. Igualmente, valdr&iacute;a la pena analizar el discurso cooperativo, para ver si la diferencia entre la cooperativa y otra forma de organizaci&oacute;n se sustenta sobre los prop&oacute;sitos y la ideolog&iacute;a cooperativa, o ha perdido su esencia y ahora se basa solo en el plano organizativo o del proceso de toma de decisiones. En otras palabras, poder descifrar si el modelo de gesti&oacute;n de la cooperativa est&aacute; basado en los valores y los principios universalmente aceptados, que la conduce a obtener legitimidad y expresi&oacute;n en el campo de la gesti&oacute;n cotidiana, como afirma Bertullo.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Esbozada en autores tales como Croizier (1989), Sainsailieu (1983), Chanlat, (1984, 1995, 1997), Chanlat, et B&eacute;dard (1990, 1998), Chanlat, Bolduc &amp; Larouche, (1984), Chanlat, &amp; Dufour, (1985), Chanlat, (2002), Dejours (1980), Morgan (1986), Aktouf (1986, 1988, 1989, 1990, 1992), Vall&eacute;e (1985), Zapata (2000, 2001, 2002, 2003, 2007), Zapata y Rodr&iacute;guez (2008), Ibarra y Monta&ntilde;o (1987), entre otros.</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. Adelantado por autores tales como Cruz (2002, 2003, 2005, 2007), Carvajal (2002, 2003, 2005, 2007), Rojas (2007), Etkin (2007), Sampson (2005), Pesqueux (2005), Grueso (2005), Ebrahimi (2005), Aktouf (2003, 2005, 2007), Mej&iacute;a (2007), Guti&eacute;rrez (2007), Nascimiento (2007), Boiral (2005), L&oacute;pez (2005, 2009).</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. ACI (Alianza Cooperativa Internacional). (1966). Principios cooperativos reiterados en el 23&ordm; Congreso de la A.C.I. reunido en Viena en 1966. En Mundo Cooperativo. Buenos Aires. <a href="http://www.notimutual.com.ar" target="_blank">http://www.notimutual.com.ar</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-4645200900010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. ACI (Alianza Cooperativa Internacional). (1995). Declaraci&oacute;n sobre identidad cooperativa. En XXXI Congreso de la ACI, Manchester, Ginebra. <a href="http://www.cooperativaobrera.com.ar" target="_blank">http://www.cooperativaobrera.com.ar</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-4645200900010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Ackerley, M.I. (2008). Socialismo Ut&oacute;pico, la cr&iacute;tica de C. Marx y F. Engels. Su vigencia en el siglo XXI. Eikasia, a&ntilde;o III, 16, P. 152-161. <a href="http://www.revistadefilosofia.org" target="_blank">http://www.revistadefilosofia.org</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-4645200900010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Aktouf, O. &amp; Chr&eacute;tien, M. (1986). Antropolog&iacute;a de la comunicaci&oacute;n y cultura organizacional. En International conference on organizational symbolism, Universidad de Qu&eacute;bec, Montreal, junio de 1986. Traducci&oacute;n de Mar&iacute;a Clara Cavagnaro, Lima, ESAN.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-4645200900010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Aktouf, O. &amp; Chr&eacute;tien, M. (1987). Le cas Cascades. Comment se cr&eacute;e une culture organisationnelle, dans Revue francaise de gestion, novembre-decembre, 65-66, P. 155-166.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-4645200900010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Aktouf, O. &amp; Chr&eacute;tien, M. (2002). El Simbolismo y la Cultura de la Empresa. De los abusos conceptuales a las lecciones de campo. Revista Ad Minister, 1. Universidad EAFIT.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-4645200900010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Aktouf, O. (1998) La Administraci&oacute;n: entre tradici&oacute;n y renovaci&oacute;n. (2&ordf; edici&oacute;n en espa&ntilde;ol). Cali: Ediciones Universidad del Valle.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-4645200900010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Aricapa, R. (2008) Lo que va de las CTA al contrato sindical: Caso Leonisa. En Las Cooperativas de Trabajo Asociado en el sector textil antioque&ntilde;o. La negaci&oacute;n del trabajo decente. Documentos No. 73 de la Escuela. Medell&iacute;n: Ediciones ENS Escuela Nacional Sindical. P. 17-28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-4645200900010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Beck, U. (1998). &iquest;Qu&eacute; es la globalizaci&oacute;n? Falacias del globalismo, respuestas a la globalizaci&oacute;n. Espa&ntilde;a: Ediciones Paid&oacute;s Ib&eacute;rica, S.A.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-4645200900010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Beck, U. (2007). Un nuevo mundo feliz. La precariedad del trabajo en la era de la globalizaci&oacute;n. Espa&ntilde;a: Editorial Paid&oacute;s, Estado y Sociedad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-4645200900010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Bertullo, J. (2007). El cooperativismo en la sociedad global. En: El rol de las cooperativas en un mundo globalizado. Editado por IRECUS – Facult&eacute; d’administration Universit&eacute; de Sherbrooke (Qu&eacute;bec) Canad&aacute;, UniRcoop. P. 90-108.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-4645200900010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Bravo, P. (1998). Socialismo premarxista. (2&ordf; ed.) Colecci&oacute;n “Cl&aacute;sicos del Pensamiento”, No. 130, Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-4645200900010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Castillo, D. (2008). Casos de cooperativas colombianas frente a los procesos de integraci&oacute;n regional y de globalizaci&oacute;n. Estudio de caso Coohilados del Fonce Ltda. Trabajo Asociado. Proyecto: Impactos de la integraci&oacute;n regional del Mercosur sobre el sector Cooperativo. Bogot&aacute;, Pontificia Universidad Javeriana, Unidad de Estudios Solidarios, Instituto de Estudios Rurales, Facultad de Estudios Rurales y Ambientales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-4645200900010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Castillo, D. (2008). Casos de cooperativas colombianas frente a los procesos de integraci&oacute;n regional y de globalizaci&oacute;n. Estudio de caso Ecosesa. Trabajo Asociado. Proyecto: Impactos de la integraci&oacute;n regional del Mercosur sobre el sector Cooperativo. Bogot&aacute;, Pontificia Universidad Javeriana, Unidad de Estudios Solidarios, Instituto de Estudios Rurales, Facultad de Estudios Rurales y Ambientales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-4645200900010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Chanlat, A. (1984b). La multicomplementariedad en el conocimiento y la acci&oacute;n. En Gesti&oacute;n y Cultura de la empresa. Montr&eacute;al: Qu&eacute;bec-Amerique.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-4645200900010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Chanlat, A., Bolduc, A. &amp; Larouche, D. (1984a). Gestion et culture d’entreprise. Le cheminement d’Hydro-Qu&eacute;bec. Montr&eacute;al, et Paris, Qu&eacute;bec / Qu&eacute;bec / Am&eacute;rique.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-4645200900010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Coque, J. (2005) &iquest;C&oacute;mo seguir compartiendo soluciones? La gesti&oacute;n del ciclo de vida cooperativo. En Capaya, Revista Venezolana de Econom&iacute;a Social, 5, (9), P. 4-22. <a href="http://www.saber.ula.ve" target="_blank">http://www.saber.ula.ve</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-4645200900010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Coque, J.; D&aacute;vila, R. y Mataix, C. (2000) Teor&iacute;a sobre gobierno de cooperativas frente a experiencias de los andes orientales colombianos. En REVESCO Revista de Estudios Cooperativos, 70. <a href="http://redalyc.uaemex.mx" target="_blank">http://redalyc.uaemex.mx</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-4645200900010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Dahrendorf, R. (1959). Classes in Post-Capitalist Societies: The Industrial Conflict. In Class and Class Conflict in Industrial Society. California, Stanford University Press. P. 243-282.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-4645200900010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. D&aacute;vila, C. (2001). Teor&iacute;as organizacionales y Administraci&oacute;n, enfoque cr&iacute;tico. (2&ordf; ed.). Colombia: McGraw-Hill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-4645200900010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. D&aacute;vila, R. (2002). Gesti&oacute;n y Desarrollo: La experiencia de las Cooperativas en Colombia. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, Instituto de Estudios Rurales IER, Unidad de Estudios Solidarios UNES, con el apoyo financiero de la ACDI y la Universidad de Sherbrooke – Canad&aacute;. Bogot&aacute;: Fundaci&oacute;n Cultural Javeriana de Artes Gr&aacute;ficas –JAVEGRAF-.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-4645200900010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. D&iacute;az, A. (2004). La utop&iacute;a como elemento transformador de la sociedad. En Revista L&iacute;mite, 11, P. 56-85. <a href="http://dialnet.unirioja.es" target="_blank">http://dialnet.unirioja.es</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-4645200900010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Duque, J.L. (2001). El empleo como motor del desarrollo local: la organizaci&oacute;n y el conocimiento para una producci&oacute;n municipal. El caso del Municipio de Marinilla. En Encuentro Municipio Productivo y Generaci&oacute;n de Empleo. Autonom&iacute;a local y desarrollo sostenible: Cooperar benefici&aacute;ndose y beneficiarse COOPERANDO. Oriente antioque&ntilde;o construyendo la provincia como ente territorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-4645200900010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Durkheim, E. (1982). La divisi&oacute;n del trabajo social. Madrid: Akal Editor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-4645200900010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Dynnik, M.A. (1975). Historia de la filosof&iacute;a II. M&eacute;xico: Juan Grijalbo Editor S.A.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0120-4645200900010000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Engels, F. (1969). Del socialismo ut&oacute;pico al socialismo cient&iacute;fico. Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-4645200900010000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Fayol, H. (1972). Administraci&oacute;n industrial y cient&iacute;fica. Argentina: Editorial El Ateneo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0120-4645200900010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Fern&aacute;ndez, F.J. (2002). Sobre la utop&iacute;a socialista. En Daimon: Revista de filosof&iacute;a, N&ordm; 27. P. 89-102. <a href="http://dialnet.unirioja.es" target="_blank">http://dialnet.unirioja.es</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-4645200900010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Foucault, M. (1996). El sujeto y el poder. En Revista de Ciencias Sociales, No. 12. Departamento de Sociolog&iacute;a, Facultad de Ciencias Sociales. Montevideo: Fundaci&oacute;n de Cultura Universitaria.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0120-4645200900010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Friedman, M. (1998). Libertad de elegir: hacia un nuevo liberalismo econ&oacute;mico. Barcelona: Grijalbo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0120-4645200900010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Friedman, M. (2005). The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits. In Ethical Challenges to Business as Usual. New Jersey: Pearson Prentice Hall. P. 224-229.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0120-4645200900010000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. G&eacute;linas, J.B. (2006). El monstruo de la globalizaci&oacute;n. Desaf&iacute;os y alternativas. Medell&iacute;n: Hombre Nuevo Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0120-4645200900010000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Graham, P. (ed.). (1997). Mary Parker Follet, precursora de la Administraci&oacute;n. M&eacute;xico: Editorial McGraw-Hill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0120-4645200900010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Hobsbawn, E. (1997). Historia del siglo XX. Barcelona: Ed. Cr&iacute;tica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0120-4645200900010000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Izquierdo, C.E. (2007). La globalizaci&oacute;n neoliberal. Tendencias fundamentales. Impacto en el Cooperativismo. En El rol de las cooperativas en un mundo globalizado. Editado por IRECUS – Facult&eacute; d’administration Universit&eacute; de Sherbrooke (Qu&eacute;bec) Canad&aacute;, UniRcoop. P. 40-66.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0120-4645200900010000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Keynes, J.M. &amp; Malthus, T.R. (1998). Principios de econom&iacute;a pol&iacute;tica. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0120-4645200900010000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. La Rep&uacute;blica. (11 de mayo de 2009). Don Joaqu&iacute;n Urrea, ejemplo de compromiso social. Medell&iacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0120-4645200900010000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Luna, I.N. (2007). Seres humanos, trabalho e utop&iacute;as. En Psicolog&iacute;a &amp; Sociedade, 19. P. 7-13. <a href="http://www.scielo.br" target="_blank">http://www.scielo.br</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0120-4645200900010000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Marx, C. (1981). El capital: cr&iacute;tica a la econom&iacute;a pol&iacute;tica. Bogot&aacute;: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0120-4645200900010000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Mills, C.W. (1957). Las clases medias en Norteam&eacute;rica (White-Collar). Madrid: Aguilar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0120-4645200900010000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Morales, A.C. (2004). La direcci&oacute;n en la empresa de trabajo asociado: una revisi&oacute;n de estudios emp&iacute;ricos. En Revista de la econom&iacute;a p&uacute;blica, social y cooperativa, 48. Valencia: CIRIEC. P. 99-122.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0120-4645200900010000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>42. Morgan, G. (1998). Im&aacute;genes de la organizaci&oacute;n. M&eacute;xico: Algaomega Grupo Editor, S.A. de C.V.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0120-4645200900010000900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>43. Murillo, G., Zapata, A., Mart&iacute;nez, J., &Aacute;vila, H., L&oacute;pez, H. y Salas, J. (2007). Teor&iacute;as cl&aacute;sicas de la organizaci&oacute;n y el management. Bogot&aacute;: ECOE Ediciones, Universidad del Valle.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0120-4645200900010000900043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>44. Ogliastri, E. (1994). Pedro y Gloria. En Revista Universidad EAFIT, Medell&iacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0120-4645200900010000900044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>45. Radrig&aacute;n, M. (2007). El rol de las cooperativas en un mundo globalizado. Editado por IRECUS –Facult&eacute; d’administration Universit&eacute; de Sherbrooke (Qu&eacute;bec) Canad&aacute;, UniRcoop.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0120-4645200900010000900045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>46. Radrig&aacute;n, M. y Barr&iacute;a, C. (2007). Cooperativismo y Globalizaci&oacute;n &iquest;Amenazas u oportunidades? En El rol de las cooperativas en un mundo globalizado. Editado por IRECUS – Facult&eacute; d’administration Universit&eacute; de Sherbrooke (Qu&eacute;bec) Canad&aacute;, UniRcoop. P. 5-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0120-4645200900010000900046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>47. Ricardo, D. (1950). Principios de econom&iacute;a pol&iacute;tica y tributaci&oacute;n. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0120-4645200900010000900047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>48. Rojas, J.J. (Coordinador) (2007). El paradigma cooperativo en la encrucijada del siglo XXI. Editado por IRECUS – Facult&eacute; d’administration Universit&eacute; de Sherbrooke (Qu&eacute;bec) Canad&aacute;, UniRcoop.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0120-4645200900010000900048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>49. Rosenberg, N. &amp; Birdzell, L.E. Jr. (1986). How the West Grew Rich: The Economic Transformation of the Industrial World. New York: Basic Books Inc.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0120-4645200900010000900049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>50. Saint-Simon. (1985). Catecismo pol&iacute;tico de los industriales. Barcelona: Ediciones Orbis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0120-4645200900010000900050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>51. Smith, A. (1958). Investigaci&oacute;n sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0120-4645200900010000900051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>52. Taylor, F.W. (1972). Principios de la Administraci&oacute;n cient&iacute;fica. Argentina: Editorial El Ateneo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0120-4645200900010000900052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>53. Urrea, F. (1997). La l&oacute;gica de la subcontrataci&oacute;n en las relaciones laborales contempor&aacute;neas. Trabajo no publicado, Universidad del Valle.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0120-4645200900010000900053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>54. Urrea, F. (2006). La r&aacute;pida expansi&oacute;n de las Cooperativas de Trabajo Asociado en Colombia. Medell&iacute;n. Escuela Nacional Sindical – Colciencias.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0120-4645200900010000900054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>55. Zapata, A., Murillo, G., Mart&iacute;nez, J., Gonz&aacute;lez, C.H., Salas, J., &Aacute;vila, H. y Caicedo, A. (2009). Teor&iacute;as contempor&aacute;neas de la organizaci&oacute;n y el management. Bogot&aacute;: ECOE Ediciones, Universidad del Valle.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0120-4645200900010000900055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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