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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EINSTEIN Y LA INDISCERNIBILIDAD]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The subject of this contribution was suggested to me by Prof. Michel Paty. Since he knows I am interested in the logical and philosophical implications of the problem related to the concepts of identity and individuality in quantum physics, he suggested me to write something about Einstein&rsquo;s contributions to this topic. Thus, in this paper, I make a brief revision on the related topics and concepts involved in such a problematic, so as advance some directions which have been touched by me and colleagues in a series of works.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><b><font size="4">EINSTEIN Y LA INDISCERNIBILIDAD*</font></b></p>     <p> <b>D&eacute;cio Krause<a href="#&dagger;" name="s&dagger;">&dagger;</a></sup></b></p>     <p> Universidad Federal de Santa Catarina</p>     <p align="center">* Recibido Marzo de 2006; aprobado Abril de 2006.</p> <hr size="1">     <p> <b>RESUMEN</b></p>     <p> El tema de esta contribuci&oacute;n me fue sugerido por el Profesor Michel    Paty. Sabiendo que estoy muy interesado en la cuesti&oacute;n de la indiscernibilidad    (o indistinguibilidad, palabra que aqu&iacute; usar&eacute; como sin&oacute;nima)    de las part&iacute;culas elementales y de sus consecuencias l&oacute;gicas y    filos&oacute;ficas, &eacute;l me hizo la excelente sugerencia de que escribiera    esta peque&ntilde;a nota sobre el papel desempe&ntilde;ado por Einstein en la    consolidaci&oacute;n de ese concepto, y tambi&eacute;n para hablar un poco de    sus consecuencias l&oacute;gicas y filos&oacute;ficas para las bases de la f&iacute;sica    (y de la l&oacute;gica) presente. En este art&iacute;culo hago una revisi&oacute;n    de algunos de los temas de naturaleza l&oacute;gica relacionados con esa problem&aacute;tica,    sin entrar en los detalles t&eacute;cnicos de la f&iacute;sica, los cuales remito    a los textos indicados en las referencias.</p>     <p> <b>Palabras clave:</b> Indistinguibilidad, indiscernibilidad, estad&iacute;sticas    cu&aacute;nticas, l&oacute;gica de la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica, l&oacute;gicas    no reflexivas.</p> <hr size="1">     <p> <b>ABSTRACT</b></p>     <p> The subject of this contribution was suggested to me by Prof. Michel Paty.    Since he knows I am interested in the logical and philosophical implications    of the problem related to the concepts of identity and individuality in quantum    physics, he suggested me to write something about Einstein&#39;s contributions    to this topic. Thus, in this paper, I make a brief revision on the related topics    and concepts involved in such a problematic, so as advance some directions which    have been touched by me and colleagues in a series of works.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b>Key words:</b> Indistinguishability, indiscernibility, quantum statistics,    logia of quantum mechanics, non-reflexive logics.</p> <hr size="1">     <p><b><font size="3">1. Introducci&oacute;n: la indiscernibilidad de los quanta</font></b></p>     <p> La idea de que las entidades b&aacute;sicas de la materia, que llamar&eacute;    &#39;part&iacute;culas elementales&#39; (o quanta) pueden ser absolutamente    indiscernibles (o &#39;id&eacute;nticas&#39;, como prefieren decir los f&iacute;sicos)    es de fundamental importancia para la f&iacute;sica cu&aacute;ntica. Sin esa    suposici&oacute;n, podemos decir, no habr&iacute;a teor&iacute;a cu&aacute;ntica    propiamente dicha, por lo menos en sus interpretaciones m&aacute;s usuales.    La idea b&aacute;sica es la que sigue. Tanto las &#39;part&iacute;culas cl&aacute;sicas&#39;    (esto es, aquellas descritas por la f&iacute;sica cl&aacute;sica) como los quanta    pueden concordar en sus caracter&iacute;sticas, o atributos, como la carga el&eacute;ctrica,    la masa u otros. Pero hay una distinci&oacute;n fundamental: dadas ciertas condiciones    iniciales, las leyes de la f&iacute;sica cl&aacute;sica nos permiten determinar    con absoluta precisi&oacute;n la localizaci&oacute;n y la velocidad de las part&iacute;culas,    en cualquier momento de su existencia. En otras palabras, ellas son identificables    por su posici&oacute;n espaciotemporal, y debido a un principio b&aacute;sico    de la f&iacute;sica cl&aacute;sica, que llamaremos Principio de Impenetrabilidad,    no puede ocurrir que dos de esas part&iacute;culas puedan ocupar el mismo sitio    al mismo tiempo: ellas son impenetrables. En pocas palabras, las part&iacute;culas    cl&aacute;sicas son individuos. Por individuo entenderemos aqu&iacute; una entidad    que tiene caracter&iacute;sticas propias, de s&iacute; misma, que no las comparte    con ninguna otra. Decimos muchas veces que un individuo es una entidad dotada    de identidad. En efecto, muchas veces en filosof&iacute;a se toma la propiedad    "ser id&eacute;ntica a a" como la caracter&iacute;stica peculiar    del objeto a: solamente a es id&eacute;ntico a a, y nada m&aacute;s. Eso implica    que un individuo puede siempre ser discernido de otros, a&uacute;n de los otros    de su misma especie. En particular, &eacute;l puede ser nombrado, y se puede    contar una colecci&oacute;n de individuos, aunque similares, incluso siguiendo    los patrones habituales de los matem&aacute;ticos, para quienes contar, por    ejemplo una cantidad finita n de ellos, es exhibir una funci&oacute;n biyectiva    del ordinal n = {0, 1, ..., n- 1} en el conjunto en cuesti&oacute;n. Este    punto es importante para nuestros siguientes prop&oacute;sitos: sea X un conjunto    con n individuos (para todos lo que concierne a la f&iacute;sica, podemos proseguir    suponiendo que n es un n&uacute;mero natural, puesto que aparentemente no necesitamos    m&aacute;s que una cantidad finita de objetos). As&iacute;, contar los elementos    de X es definir una funci&oacute;n biyectiva f : n &rarr; X. Los valores n<sub>i</sub>&isin;    n pueden ser tomados como los nombres de los objetos de f(n<sub>i</sub>) &isin;    X. Cada uno de ellos (nombres y objetos) es distinto de los otros, puesto que    la funci&oacute;n f es una biyecci&oacute;n, o sea, como dije arriba, los elementos    de X son distinguidos por sus nombres. La posibilidad de que siempre podamos    &#39;seguir&#39; una part&iacute;cula por donde ella va hace que cualquier    permutaci&oacute;n de part&iacute;culas (una por la otra) conduzca a estados    distintos de las configuraciones inicial y final. En otros t&eacute;rminos,    y para que introduzcamos una terminolog&iacute;a que nos ser&aacute; &uacute;til    despu&eacute;s, las permutaciones son consideradas como observables en el &aacute;mbito    de la f&iacute;sica cl&aacute;sica.</p>     <p>Eso se expresa diciendo que las part&iacute;culas cl&aacute;sicas obedecen    a una &#39;estad&iacute;stica&#39; (proceso de contar) llamada Estad&iacute;stica    de Maxwell-Boltzmann, en homenaje a dos de los mayores f&iacute;sicos del siglo    XIX. En resumen, si tenemos dos part&iacute;culas cl&aacute;sicas indiscernibles    (o sea, que tienen las mismas propiedades) a y b, y dos estados posibles para    ellas, A y B, entonces hay cuatro posibilidades, cada una con igual probabilidad    de ocurrir: (i) ambas part&iacute;culas est&aacute;n en A, (ii) ambas est&aacute;n    en B, (iii) la part&iacute;cula a est&aacute; en A y la part&iacute;cula b est&aacute;    en B, y (iv) el opuesto: la part&iacute;cula b est&aacute; en A y la part&iacute;cula    a est&aacute; en B. Entonces, la distinci&oacute;n entre las situaciones (iii)    y (iv) nos dice que, a pesar de la indiscernibilidad de las part&iacute;culas,    ellas son individuos, y por tanto hay alguna cosa que las distingue. Abajo hablaremos    m&aacute;s sobre esto.</p>     <p> Los quanta indiscernibles, por otro lado, no pueden ser distinguidos uno del    otro ni a&uacute;n en mente Dei, como dijeran dos italianos que trabajaron mucho    en esas cuestiones, Maria Luisa Dalla Chiara y Giuliano Toraldo di Francia<sup><a href="#1" name="#s1">1</a></sup>    . En este caso, hay dos posibilidades cuando estamos considerando dos quanta    (para m&aacute;s de dos, otras combinaciones son formalmente posibles, lo que    posibilitar&iacute;a la definici&oacute;n de otras formas de estad&iacute;sticas):    los bosones obedecen la estad&iacute;stica de Bose-Einstein (y aqu&iacute; surge    por primera vez el nombre de Einstein en este contexto), y los fermiones que    obedecen la estad&iacute;stica de Fermi-Dirac. La distinci&oacute;n consiste    en que los bosones pueden agregarse m&aacute;s de uno en un mismo estado, lo    que los fermiones no pueden hacer porque cumplen el Principio de Pauli, que    dice exactamente que los fermiones no pueden agregarse en multiplicidades de    m&aacute;s de uno en cada estado. Para los bosones, los estados (iii) y (iv)    anteriores son id&eacute;nticos; ellos son el mismo estado. Entonces, hay solamente    tres posibilidades, cada una con la misma probabilidad (1/3) de ocurrir. Eso    significa que una permutaci&oacute;n de tales part&iacute;culas no es algo que    se pueda constatar por medio de la f&iacute;sica (como decimos nosotros, las    permutaciones no son observables &ndash;recu&eacute;rdese el caso opuesto de    las part&iacute;culas cl&aacute;sicas arriba mencionado). Para los fermiones,    debido al Principio de Pauli, tendremos &uacute;nicamente la situaci&oacute;n    (iv), pero en esa situaci&oacute;n tambi&eacute;n las permutaciones no representan    nada. As&iacute;, si tenemos una colecci&oacute;n de part&iacute;culas no discernibles,    no podremos (en principio) definir una funci&oacute;n &#39;contar&#39; como    la f introducida arriba. Pero, &iquest;qu&eacute; significa eso en t&eacute;rminos    l&oacute;gicos? Lo veremos m&aacute;s adelante como una de las consecuencias    de la indiscernibilidad.</p>     <p> Pero la indiscernibilidad de los quanta es una cuesti&oacute;n que tiene desdoblamientos    importantes. Hoy es muy importante el estudio de los llamados condensados de    Bose-Einstein (BEC es la sigla en ingl&eacute;s para Bose-Einstein Condensates),    que son usados incluso en la computaci&oacute;n cu&aacute;ntica<sup><a href="#2" name="s2">2</a> </sup> . Esos son    agregados (gas) de &aacute;tomos llevados a una temperatura de casi cero absoluto,    donde ellos modifican su comportamiento, y pasan a "andar al un&iacute;sono",    por as&iacute; decir. Cierto es que esos &aacute;tomos no son la misma cosa,    pues son varios de ellos. Los f&iacute;sicos tienen incluso modos de estimar    la cantidad de &aacute;tomos en una muestra. Eso nos permite decir que tal colecci&oacute;n    tiene un cardinal, pero los &aacute;tomos individuales no pueden ser discernidos    unos de los otros (en particular, no pueden ser &#39;contados&#39;, como    dije arriba). Las consecuencias para la l&oacute;gica ser&aacute;n exploradas    m&aacute;s adelante. En verdad, la indiscernibilidad es fundamental no solamente    cuando estamos hablando de part&iacute;culas, sino tambi&eacute;n para otras    formas de expresar la teor&iacute;a cu&aacute;ntica, como las ondas y mismo    en las m&aacute;s recientes teor&iacute;as de campos.</p>     <p> <b><font size="3">2. Una breve historia de la indiscernibilidad</font></b></p>     <p> La historia de la indiscernibilidad, como la de la propia mec&aacute;nica    cu&aacute;ntica, no puede ser separada de la historia de la mec&aacute;nica    estad&iacute;stica. Como dijo Schr&ouml;dinger, "la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica    naci&oacute; en la estad&iacute;stica y acabar&aacute; en la estad&iacute;stica"    (apud French &amp; Krause 2006, p. 84). En efecto, en su contribuci&oacute;n    fundamental, que es considerada como la que dio origen a la mec&aacute;nica    cu&aacute;ntica, Planck consider&oacute; datos estad&iacute;sticos, como lo    hac&iacute;a Boltzmann anteriormente, pero con una diferencia fundamental, y    para que veamos eso necesitamos una explicaci&oacute;n (seguiremos a Singh 2006;    French &amp; Krause 2006, caps. 3 y 4; Pais 1995, cap. 9). La historia resumida    empieza con Kirchhoff en 1859, quien verific&oacute; que los cuerpos calientes    emiten energ&iacute;a de radiaci&oacute;n con una emisi&oacute;n e(&lambda;,T),    que depende de la longitud de onda &lambda; (una funci&oacute;n que depende    de la naturaleza del cuerpo) y de la temperatura T. Del mismo modo, la absorci&oacute;n    de la radiaci&oacute;n a(&lambda;,T) sigue la misma regla, de manera que la    raz&oacute;n entre esas dos cantidades es dada por e(&lambda;,T) = E(&lambda;,T).a(&lambda;,T),    y entonces E(&lambda;,T) resulta ser una funci&oacute;n que depende &uacute;nicamente    de &lambda; y T. Kirchhoff defini&oacute; el cuerpo negro como aqu&eacute;l    en que a(&lambda;,T) = 1, y as&iacute; E(&lambda;,T) = e(&lambda;,T). Adem&aacute;s,    &eacute;l mostr&oacute; que la radiaci&oacute;n interna en una cavidad mantenida    a una temperatura T se comporta como un cuerpo negro, y entonces podemos estudiar    experimentalmente la radiaci&oacute;n por intermedio de esa cavidad. En 1884,    Boltzmann, usando la teor&iacute;a electromagn&eacute;tica de Maxwell, mostr&oacute;    que</p>     <p>       <center>     <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03f1.gif">   </center> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> donde &rho;(&lambda;,T) es la densidad de energ&iacute;a de la radiaci&oacute;n,    con frecuencia v=c/ &lambda; y temperatura T, siendo c la velocidad de la luz    en el vac&iacute;o. Despu&eacute;s, Wien hizo una simplificaci&oacute;n en 1894,    obteniendo &rho;(v,T)= v3.f(v/T), ecuaci&oacute;n en que figura una funci&oacute;n    &rho; de s&oacute;lo dos variables, pero una funci&oacute;n f de una &uacute;nica    variable v/T. Para representar esa ley, Wien propuso que</p>     <p>       <center>     <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03f2.gif">   </center> </p>     <p> que es la ley de Wien de la radiaci&oacute;n, donde a y b son coeficientes    num&eacute;ricos que deben ser fijados por las aplicaciones. En 1900, Rayleigh    propuso que &rho;(v,T) = c1.v2(T), pero no calcul&oacute; el coeficiente c1.    Despu&eacute;s, en 1905, propuso un valor que, no obstante, conten&iacute;a    un error, corregido por Jeans tambi&eacute;n en 1905, resultando</p>     <p>       <center>     <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03f3.gif">   </center> </p>     <p> que es la ley de la radiaci&oacute;n de Rayleigh-Jeans. El problema es que    cuando v/T tiende a cero, la energ&iacute;a total &rho;(v,T) tiende al infinito,    lo que fue llamado la cat&aacute;strofe ultravioleta, como la denomin&oacute;    Paul Ehrenfest debido a que el problema surge en la regi&oacute;n de peque&ntilde;as    longitudes de onda en el espectro. Planck, que hab&iacute;a sucedido a Kirchhoff    en Berl&iacute;n, propuso trabajar en el tema de la determinaci&oacute;n de    la funci&oacute;n &rho;(v,T); en 1900, lleg&oacute; a su ley de la radiaci&oacute;n    del cuerpo negro, que se escribe (Singh Op. Cit.; Eisberg y Resnick 1986, p.    37)</p>     <p>       <center>     <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03f4.gif">   </center> </p>     <p> donde k es la constante de Boltzmann y h la constante de Planck. En la derivaci&oacute;n    de esa ley, que abarca tanto la ley de Rayleigh-Jeans (cuando v/ T tiende a    cero) y la ley de Wien (cuando v/T tiende al infinito), Planck sigui&oacute;    los pasos de Boltzmann adoptando una versi&oacute;n probabil&iacute;stica de    la entrop&iacute;a. Para Boltzmann, la entrop&iacute;a S de una configuraci&oacute;n    estaba relacionada con la probabilidad termodin&aacute;mica W (el n&uacute;mero    de las subdivisiones distintas de su energ&iacute;a, o sea, la medida de la    probabilidad de que el sistema tenga una energ&iacute;a dada) por la ley S =    k.lnW. Planck, para calcular la probabilidad W, en un "acto desesperado"    (Singh 2006, p. 2104), asumi&oacute; la versi&oacute;n probabilista de Boltzmann,    pero para &eacute;l la probabilidad para una configuraci&oacute;n de N osciladores    con energ&iacute;a total U<sub>N</sub>=UN y entrop&iacute;a S<sub>N</sub>=NS,    exig&iacute;a necesariamente asumir que UN est&aacute; formada por elementos    con energ&iacute;a finita <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03f5.gif">, Planck    trabaj&oacute; con el numero total W<sub>N</sub> de modos de distribuir P elementos    de energ&iacute;a <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03f5.gif"></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"> W<sub>N</sub> = (N+P-1)!/P!(N-1)! (*)</p>     <p>Y, finalmente, lleg&oacute; a &Sigma; = h.v, o sea, que los osciladores con    frecuencia v pueden emitir (o absorber) radiaci&oacute;n solamente en unidades    de &Sigma; = h.v. Esa discretizaci&oacute;n es considerada como la primera y    fundamental hip&oacute;tesis cu&aacute;ntica, aunque no fuera considerada seriamente    por el propio Planck, para qui&eacute;n ella fue solamente una necesidad formal    que deber&iacute;a ser substituida m&aacute;s tarde.</p>     <p> &iquest;Qu&eacute; nos muestra la ecuaci&oacute;n (*)? Pensemos en N = 3 y    P = 5, o sea, que tenemos 5 elementos para distribuirlos en 3 cajas. &iquest;Cu&aacute;ntas    posibilidades hay? Por la ecuaci&oacute;n, precisamente 21 posibilidades, dadas    en la tabla abajo:</p>     <p>       <center>     <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03g1.gif">   </center> </p>     <p>Como se puede percibir, la indiscernibilidad de los &#39;elementos&#39;    debe ser asumida necesariamente, o sea, no debe haber identificaciones de los    elementos, como atribuci&oacute;n de nombres a ellos. Solamente m&aacute;s tarde    es cuando Ehrenfest percibi&oacute; la importancia metaf&iacute;sica de esa    suposici&oacute;n. Pero eso fue mucho m&aacute;s tarde. Albert Einstein fue    el primero que percibi&oacute; la importancia de la contribuci&oacute;n de Planck    a los quanta de energ&iacute;a discretos (el quantum de acci&oacute;n, como    lo llam&oacute; despu&eacute;s Bohr). En 1905, en su annus mirabilis, el public&oacute;    su famoso art&iacute;culo sobre el efecto fotoel&eacute;ctrico, utilizando la    hipotes de Planck. Pero esa es otra historia. Desde un punto de vista filos&oacute;fico,    la derivaci&oacute;n de Planck merece atenci&oacute;n. En efecto, la hip&oacute;tesis    de que los elementos de energ&iacute;a son indiscernibles es contraria a las    ense&ntilde;anzas de la f&iacute;sica cl&aacute;sica; si nosotros tuvi&eacute;ramos    el cuidado de expresar con detalles la derivaci&oacute;n de Planck en un sistema    l&oacute;gico, ver&iacute;amos que la derivaci&oacute;n es inconsistente, como    lo percibi&oacute; Einstein en 1917 (Cf. da Costa &amp; French 2003, p. 96).    Sin entrar en detalles hist&oacute;ricos, podemos decir que este asunto nos    ense&ntilde;a que la ciencia progresa a trav&eacute;s de teor&iacute;as informales    (prototeor&iacute;as, o cuasi-teor&iacute;as); ciertamente, un estudio de sus    fundamentos es muy importante. Entonces, debemos, entre otras cosas, entender    c&oacute;mo se pude asumir l&oacute;gicamente esa indiscernibilidad de los quanta.</p>     <p> La "decantaci&oacute;n" de la indiscernibilidad se vio a partir    de 1924, a&ntilde;o en que Einstein public&oacute; un art&iacute;culo en que    trataba el modo de contar los estados posibles de agregaci&oacute;n de los quanta    indiscernibles, a partir de un trabajo que le envi&oacute; el f&iacute;sico    hind&uacute; Satyendra Nath Bose, el cual describ&iacute;a una nueva derivaci&oacute;n    de la ley de Planck sin hacer uso de la teor&iacute;a electromagn&eacute;tica.    En esa derivaci&oacute;n, Bose hab&iacute;a tomado en consideraci&oacute;n la    indiscernibilidad de los fotones, contrastando con la estad&iacute;stica cl&aacute;sica    de Boltzmann, seg&uacute;n la cual las part&iacute;culas son individuos, pero    Bose no hab&iacute;a prestado la debida atenci&oacute;n a la indiscernibilidad.    Este resultado, en las manos de Einstein, condujo a la estad&iacute;stica de    Bose-Einstein y a la f&oacute;rmula que puede ser encontrada en los manuales    de f&iacute;sica, la cual es conocida como ecuaci&oacute;n de Einstein, y est&aacute;    basada en la f&oacute;rmula original de Planck (*) mencionada arriba. Entretanto,    gracias a Einstein, ella ahora pod&iacute;a ser aplicada, no solamente a fotones,    sino tambi&eacute;n a las part&iacute;culas materiales. En efecto, la gran contribuci&oacute;n    de Einstein fue suponer que el modo de contar de Bose podr&iacute;a ser extendido    a los &aacute;tomos en general (y no solamente a los fotones), que se comportar&iacute;an    en un gas (m&aacute;s tarde se vio que eso se aplica solamente a los gases bos&oacute;nicos,    y no a los fermi&oacute;nicos) de la forma descrita por Bose, si la temperatura    no fuese muy baja (el comportamiento de los gases a temperaturas muy bajas,    muy cerca del cero absoluto, ha conducido, en 1994, al descubrimiento de algo    que ellos hab&iacute;an previsto en 1924, los condensados de Bose-Einstein,    de los cuales hablamos un poco arriba). Hablar de entidades que obedecen a las    &#39;estad&iacute;sticas cu&aacute;nticas&#39;, como son llamadas esas formas    de contar, es asumir la indiscernibilidad de los quanta. Los objetos que puedan    ser tratados como individuos, en el sentido mencionado arriba, no obedecen esas    estad&iacute;sticas. As&iacute;, las nuevas estad&iacute;sticas aparentemente    implicaron que las part&iacute;culas cu&aacute;nticas deber&iacute;an perder    su individualidad; como dijo Heisenberg: "la individualidad de los corp&uacute;sculos    se perdi&oacute;" (Cf. French &amp; Krause Op. Cit., p. 105).</p>     <p> La indiscernibilidad de los fotones fue preponderante para la obtenci&oacute;n    de los resultados arriba descritos. Max Born, por ejemplo, dijo que "si    esos fotones hubieran sido tratados como genuinas part&iacute;culas, teniendo    una individualidad en s&iacute; mismas, la ley de Planck no hubiera sido obtenida"    (Born 1943, p. 27). Podr&iacute;amos as&iacute; quiz&aacute;s decir que Planck    fue quien introdujo la indiscernibilidad en la f&iacute;sica, pero que fue Einstein    quien la llev&oacute; a situaciones m&aacute;s generales y fundamentales, o    sea, a las part&iacute;culas materiales. Veamos a continuaci&oacute;n algunas    de las consecuencias filos&oacute;ficas de esas hip&oacute;tesis.</p>     <p> <b><font size="3">3. Consecuencias de la indiscernibilidad</font></b></p>     <p> Primeramente, fijemos alguna terminolog&iacute;a, que aqu&iacute; solamente    puede ser dada informalmente. Decimos que a y b son indiscernibles si ellos    tienen todas las propiedades en com&uacute;n, y escribiremos a &equiv; b. Por    otro lado, decimos que a es id&eacute;ntico a b, y escribimos a = b si, y solamente    si, ellos son el mismo objeto, o sea, si no hay dos objetos, sino uno s&oacute;lo,    que puede ser nombrado tanto por a como por b. En las matem&aacute;ticas tradicionales    (o sea, aqu&eacute;lla que puede ser construida sobre una teor&iacute;a patr&oacute;n    de conjuntos como Zermelo-Fraenkel), tenemos que a &equiv; b si, y solamente    si, a = b. Esto significa que la identidad es definida por medio de la indiscernibilidad,    lo que est&aacute; de acuerdo con el famoso Principio de la Identidad de los    Indiscernibles, que remonta a Leibniz. O sea, en las matem&aacute;ticas tradicionales,    no hay entidades indiscernibles. Pero, si la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica    pretende tratarlas, &iquest;c&oacute;mo hacer? Primeramente, es preciso decir    que, trat&aacute;ndose de una teor&iacute;a f&iacute;sica, podemos muy bien    discutir la noci&oacute;n de propiedad; &iquest;debemos considerar las propiedades    de localizaci&oacute;n espacio-temporales como leg&iacute;timas?, &iquest;y    qu&eacute; decir de las relacionales? &iquest;O entonces debemos considerar    solamente las mon&aacute;dicas (que son m&aacute;s cercanas a la noci&oacute;n    de atributos)? Todas esas cuestiones han sido consideradas por los fil&oacute;sofos,    quienes presentan entonces varias formulaciones del principio de Leibniz, dependiendo    de qu&eacute; sean las propiedades. Lo que importa para nosotros es que todas    esas formas, dicen esos fil&oacute;sofos, son violadas por las hip&oacute;tesis    cu&aacute;nticas sobre la indiscernibilidad (French 1989; French and Krause    2006). Entonces, eso apunta hacia la violaci&oacute;n de una de las m&aacute;s    b&aacute;sicas asunciones de las matem&aacute;ticas (y de la l&oacute;gica)    tradicionales, la noci&oacute;n tradicional de identidad. Abajo veremos eso    un poco m&aacute;s en detalle. Antes, veamos c&oacute;mo la indiscernibilidad    es tratada en las matem&aacute;ticas usuales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Como dije, m&aacute;s arriba, en las matem&aacute;ticas usuales (y en la l&oacute;gica    tradicional) no hay entidades que sean indiscernibles sin que resulten ser las    mismas entidades. Pero podremos siempre utilizar alguna especie de truco para    hablar de indiscernibles. Un modo de entender eso es seguir lo que hizo Hermann    Weyl, que nos esclarecer&aacute; muchas cosas. En el ap&eacute;ndice B del su    libro Philosophy of Mathematics and Natural Science (Weyl 1949), Weyl intent&oacute;    tratar las colecciones (agregados) de objetos de una forma que fuese compatible    con las leyes de la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica. La idea b&aacute;sica es    que tenemos un conjunto S con n elementos sobre el cual est&aacute; definida    una relaci&oacute;n de equivalencia ~. Si tomamos el conjunto cociente S/~,    sus elementos (clases de equivalencia) C<sub>1</sub>, ..., C<sub>k</sub>    son tales que cada una de ellas tiene una cantidad de elementos de S, digamos    n<sub>1</sub>, ..., n<sub>k</sub>, y esas cantidades son tales que n<sub>1</sub>+...+    n<sub>k</sub> = n. Entonces, dijo Weyl, podremos quedarnos &uacute;nicamente    con esa &#39;descomposici&oacute;n ordenada&#39; y no considerar que los    objetos son elementos de un conjunto, puesto que lo que nos interesa no es la    naturaleza de esos objetos individualmente, sino solamente la cantidad de ellos    en cada una de las clases (que &eacute;l identifica con los estados f&iacute;sicos).    Ahora bien, como podremos observar, para obtener las clases, hay por lo menos    las siguientes etapas a seguir: (1) empezamos con el conjunto S, que como dijo    Cantor, el fundador de la teor&iacute;a de conjuntos, es una colecci&oacute;n    de objetos distintos de nuestra intuici&oacute;n o pensamiento; (2) mediante    la relaci&oacute;n ~, que definimos sobre S, obtenemos el cociente S/~; (3)    consideramos los cardinales de cada clase, cuya suma es la cantidad de elementos    de S. Lo que nos pide Weyl es que olvidemos las etapas (1) y (2), qued&aacute;ndonos    solamente con la (3) que es la importante para los prop&oacute;sitos de la f&iacute;sica.    &iexcl;Pero eso es imposible! La matem&aacute;tica cl&aacute;sica nos dice que    debemos empezar con una colecci&oacute;n de individuos, y aunque deseemos olvidar    que ellos son discernibles unos de los otros (pues son elementos de un conjunto),    eso hace parte de la derivaci&oacute;n completa. Empezar por el paso (3) es    omitir parte de la matem&aacute;tica de la cosa.</p>     <p> Esa estrategia de Weyl es la utilizada, aunque no de esa forma, en la mec&aacute;nica    cu&aacute;ntica. En efecto, suponga que deseamos considerar dos quanta indiscernibles,    como los dos electrones de un &aacute;tomo de helio en el estado fundamental<sup><a href="#3" name="s3">3</a></sup>    . El procedimiento general para dos quanta en estado de superposici&oacute;n    (entangled) es lo que sigue. Primeramente, suponemos que los quanta son dos    objetos distintos con coordenadas x<sub>1</sub> y x<sub>2</sub>, cuyos comportamientos    son descritos por funciones <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03f6.gif">.    Escribimos entonces una funci&oacute;n (aqu&iacute; en forma simplificada) como</p>     <p>       <center>     <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03f7.gif">   </center> </p>     <p> donde el signo + vale para los bosones y el signo &ndash; para los fermiones.    As&iacute;, una permutaci&oacute;n de los &iacute;ndices (lo que representa    una permutaci&oacute;n de los quanta) no conduce a un estado que tenga densidad    de probabilidad distinta de la anterior, la cual es dada por |&psi;(x<sub>1</sub>,    x<sub>2</sub>)|<sup>2</sup>. O sea, empleamos un truco matem&aacute;tico semejante    a lo que dijo Weyl: empezamos suponiendo que tenemos individuos y despu&eacute;s    olvidamos este hecho para que las cosas queden bien. En efecto, eso funciona    bien, puesto que la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica es quiz&aacute;s la teor&iacute;a    mejor corroborada que tenemos hoy. Pero, filos&oacute;ficamente, hay una falacia:    suponemos que las entidades son individuos y despu&eacute;s olvidamos ese hecho.    &iquest;Podremos llegar a una teor&iacute;a que no necesite de ese truco? Tal    teor&iacute;a ser&iacute;a m&aacute;s cercana a las intuiciones primeras de    Planck y en conformidad con las estad&iacute;sticas de Bose y Einstein. Lo que    afirmamos es que existe tal teor&iacute;a: la teor&iacute;a de cuasi-conjuntos.</p>     <p> <b><font size="3">4. Los cuasi-conjuntos</font></b></p>     <p> Una cuesti&oacute;n importante que debemos enfatizar es que no estamos intentando    decir que los quanta deben ser vistos como &#39;peque&ntilde;as bolitas&#39;    como la tabla de arriba puede sugerir. El hecho es que la f&iacute;sica cu&aacute;ntica    (y la f&iacute;sica en general) trabaja con la hip&oacute;tesis de una cierta    objetividad (sin ella no se distinguir&iacute;a de las matem&aacute;ticas)<sup><a href="#4" name="s4">4</a></sup>    , haciendo referencia, aunque indirecta, a entidades de alg&uacute;n tipo, las    cuales son representadas en los modelos como part&iacute;culas (como en algunas    interpretaciones), u ondas, o cuerdas, etc. El hecho es que esas entidades,    para las finalidades de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica, pueden ser tratadas    como no-individuos, o sea, como entidades que no tienen una &#39;identidad&#39;.    Eso necesita explicaci&oacute;n.</p>     <p>El formalismo de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica (pensemos aqu&iacute;, por    simplicidad, en la teor&iacute;a no relativista) es compatible con dos tipos    de metaf&iacute;sicas: una que ve los quanta como no-individuos (esa es la &#39;concepci&oacute;n    heredada&#39; de Born, Schr&ouml;dinger, Heisenberg, Bohr y otros); y otra    que los considera como individuos a la par de sus hermanos &#39;cl&aacute;sicos&#39;,    descritos por la f&iacute;sica cl&aacute;sica, como ya dijimos m&aacute;s arriba    en la primer secci&oacute;n. Cuando decimos dos metaf&iacute;sicas, queremos    decir que el formalismo de la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica (por medio de    los espacios de Hilbert) es compatible con dos visiones de los quanta, una como    no-individuos y otra como individuos, pero la f&iacute;sica no puede decidir    cu&aacute;l es la &#39;m&aacute;s correcta&#39;, si esa expresi&oacute;n    tiene alg&uacute;n sentido aqu&iacute;. La consideraci&oacute;n de los quanta    como individuos tiene un precio, que consiste en la restricci&oacute;n que hay    que hacer en los estados a que ellos pueden acceder o en los considerados observables,    adem&aacute;s de una suposici&oacute;n de que su individualidad debe ser ocasionada    por alguna forma de substrato, lo que trae m&aacute;s complicaciones conceptuales    (v&eacute;ase French &amp; Krause Op.Cit.). Aqu&iacute; vamos a considerar la    versi&oacute;n de los no-individuos, que ciertamente es la m&aacute;s interesante,    y, adem&aacute;s, es la que es m&aacute;s cercana de las bundle theories (o    teor&iacute;as de &#39;paquetes de propiedades&#39;); o sea, que no nos    comprometemos con la dif&iacute;cil noci&oacute;n de sustancia. La primera cuesti&oacute;n    es considerar en qu&eacute; sentido podremos admitir esos no-individuos. Nuestro    modo de tratar la cuesti&oacute;n es rechazar la propiedad "ser igual    a a", que ciertamente es verdadera para a y solamente para ella. Representemos    esa propiedad escribiendo, por definici&oacute;n, I(x) =D x = a, y pensemos    entonces en el Principio de Identidad de los Indiscernibles que, como dijimos    arriba, es algo que debemos considerar. En un lenguaje de segundo orden podemos    escribir ese principio, que llamaremos PII, como F(F(x)&harr;F(y))&rarr;x =    y, en el cual x y y son variables individuales y F es una variable para las    propiedades de esos individuos. Es f&aacute;cil probar que si I(x) es contada    entre las propiedades de los individuos, entonces PII es un teorema de la l&oacute;gica    de segundo orden. En efecto, si I(x) est&aacute; entre las propiedades y si    a y b tienen en com&uacute;n todas sus propiedades, entonces como I(a) es ciertamente    verdadera, tenemos I(b), o sea, b = a. As&iacute;, si intentamos violar PII    admitiendo que podemos tener objetos indiscernibles sin admitir algo &#39;por    detr&aacute;s&#39; de las propiedades (alguna forma de substratum), una de    las salidas es negar la &#39;autenticidad&#39; de I(x) como una propiedad    &#39;leg&iacute;tima&#39;. Eso puede parecer extra&ntilde;o, pero concuerda    con las ideas de Schr&ouml;dinger, para quien el concepto de identidad carece    de sentido para las part&iacute;culas elementales de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica    (Schr&ouml;dinger 1952, pp.17-8; French &amp; Krause Op. Cit.). O sea, expresiones    de la forma x = y (como tambi&eacute;n su negaci&oacute;n: x &ne; y) no son    bien formadas si x y y denotan esas entidades. As&iacute;, sin hablar (formalmente,    en el lenguaje objeto) de la identidad y de la diversidad de las entidades b&aacute;sicas    de que tratan nuestras teor&iacute;as, podremos considerar que ellas pueden    tener todos los atributos o propiedades en com&uacute;n sin que resulten ser    las mismas cosas. El PII deja de ser v&aacute;lido generalmente. Los detalles    formales de esos sistemas no ser&aacute;n presentados aqu&iacute; (pero v&eacute;ase    French &amp; Krause Op. Cit.), pero podremos decir que los no-individuos son,    hablando intuitivamente, entidades que carecen de identidad, o entonces que    no obedecen a la teor&iacute;a de la identidad de la l&oacute;gica tradicional.    Asimismo, debido a los postulados, podemos tener colecciones de esas entidades,    los cuasi-conjuntos, los cuales pueden tener un cardinal, expresando la cantidad    de sus elementos, pero ese cardinal no es definido como usualmente, por medio    de los ordinales; en resumen, hay cuasi-conjuntos que tienen cardinales, pero    no ordinales.</p>     <p> <b><font size="3">5. Los cuasi-conjuntos en uso</font></b></p>     <p> Como dijimos arriba, la derivaci&oacute;n de las estad&iacute;sticas cu&aacute;nticas    depende de la hip&oacute;tesis de la indiscernibilidad de los quanta. Como hemos    visto, primero consideramos que los objetos cu&aacute;nticos son (en los formalismos)    individuos, nombrados de alg&uacute;n modo, por ejemplo por sus coordenadas,    y despu&eacute;s alguna forma del Postulado de Indiscernibilidad, expresando    condiciones de simetr&iacute;a, es entonces necesariamente introducido, una    que dice que cualquier permutaci&oacute;n de esos individuos no representa nada    de significativo. En esta secci&oacute;n veremos dos aplicaciones de la teor&iacute;a    de cuasi-conjuntos; primero, c&oacute;mo podremos expresar cosas como la descomposici&oacute;n    at&oacute;mica de un cierto elemento qu&iacute;mico por medio de ciertas cuasi-relaciones    que nos ayudar&aacute;n a entender c&oacute;mo las estad&iacute;sticas entran    en esa descripci&oacute;n.<sup><a href="#5" name="s5">5</a></sup> Despu&eacute;s veremos c&oacute;mo podemos entonces    derivar las estad&iacute;sticas sin hacer esa hip&oacute;tesis de la necesidad    de introducir postulados de simetr&iacute;a. Para eso, usaremos la teor&iacute;a    de los cuasi-conjuntos, aunque sin dar todos los detalles de ella, lo que puede    verse en los trabajos seleccionados en las referencias.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Veamos el primer ejemplo. Mostraremos en l&iacute;neas generales c&oacute;mo    se puede obtener la distribuci&oacute;n electr&oacute;nica del &aacute;tomo    de sodio en t&eacute;rminos de los cuasi-conjuntos, presentando una f&oacute;rmula    del lenguaje de esa teor&iacute;a que corresponde a la expresi&oacute;n 1s<sup>2</sup>2s<sup>2</sup>2p<sup>6</sup>3s<sup>1</sup>,    sin necesidad de nombrar las entidades. Haremos uso de cuantificadores restringidos:    <sub>A</sub> x(...) debe ser le&iacute;do as&iacute;: x(x A &rarr; (...)),    y &exist;<sub>A</sub> x(...) es: &exist;x(x&isin; A &and; (...)).    Ahora supongamos que P es una colecci&oacute;n de cuasi-conjuntos no vac&iacute;os    cuyos elementos son objetos para los cuales la relaci&oacute;n de identidad    no se aplica (ellos son llamados m-&aacute;tomos; si x es un m-&aacute;tomo,    escribimos m(x)). La uni&oacute;n de P, &cup;P, es el cuasi-conjunto de los    &#39;quanta&#39;. Sea S un &#39;conjunto&#39; finito y totalmente ordenado    (los conjuntos son copias de los conjuntos de Zermelo-Fraenkel con ur-elementos,    o sea, objetos que no son conjuntos pero que pueden ser elementos de los conjuntos)    cuyos elementos llamaremos &#39;estados cu&aacute;nticos&#39;, denotados    por s<sub>1</sub>, ..., s<sub>n</sub>. Adem&aacute;s, sea F un predicado    unitario definido as&iacute;: F(x) =Dm(x) &and; <sub>S</sub>x (si s es un cuasi-conjunto    tal que x&isin; s, entonces el cardinal de s es 1) &ndash;eso puede ser escrito    en el lenguaje objeto, pero aqu&iacute; no haremos eso. Intuitivamente, F dice    que x es un quanta que no puede pertenecer a m&aacute;s de un estado cu&aacute;ntico;    llamaremos esos quanta fermiones. Si &not;F(x), entonces x es un bos&oacute;n    (si la teor&iacute;a es consistente, ning&uacute;n m-&aacute;tomo puede ser    un fermi&oacute;n y un bos&oacute;n, com ose puede probar). Sea R la relaci&oacute;n    (m&aacute;s precisamente, una cuasi-relaci&oacute;n, pero esas diferencias no    importan aqu&iacute;)</p>     <p>       <center>     <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03f8.gif"><sup><a href="#6" name="s6">6</a></sup>   </center> </p>     <p>sujeta a la siguiente condici&oacute;n: si &lang;p, s&rang; &isin; R y si F(x)    para todo x &isin; p, entonces el cardinal de p es 1. Llamaremos esa restricci&oacute;n    Principio de Pauli. Tomemos entonces nuestro ejemplo. Supongamos un &aacute;tomo    de sodio. Entonces &cup;P tiene 11 elementos para ser distribuidos, y sea S    = {s1, ..., s12} la colecci&oacute;n de estados posibles &ndash;la raz&oacute;n    para 12 estados quedar&aacute; claro enseguida. As&iacute;, en este caso la    relaci&oacute;n R es</p>     <p>       <center>     <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03f9.gif">   </center> </p>     <p>con los cardinales de p<sub>i</sub> (i = 1, ..., 11) iguales a uno y el    cardinal de p12 siendo cero. Dada una relaci&oacute;n R como la de arriba, siempre    podemos seleccionar una familia de sub-cuasi-conjuntos Si (i = 1, ...,    n) de S tal que su intersecci&oacute;n sea vac&iacute;a, o sea, &cap;Si = &empty;.    En nuestro caso, podemos tener S1 = {s1, s2}, S2 = {s3, s4}, S3 = {s5, s6, s7,    s8, s9, s10}, S4 = {s11, s12}. Cada Si es llamado un bin de energ&iacute;a,    o un macro-estado. Los elementos s &isin; Si son los estados de energ&iacute;a,    o micro-estados. As&iacute;, cada Si de nuestro ejemplo corresponde a un nivel    de energ&iacute;a para los electrones del &aacute;tomo de sodio. El macro-estado    S4 permite dos quanta, mas como el cardinal de s12 es cero, solamente hay un    electr&oacute;n en &eacute;l. De este modo, tenemos la relaci&oacute;n</p>     <p>       <center>     <img src="img/revistas/pafi/n22/n22a03f10.gif">   </center> </p>     <p>donde los cardinales de p<sub>1</sub> &cup; p<sub>2</sub> y de p<sub>3</sub>&cup;    p<sub>4</sub> son iguales a 2, el de p<sub>5</sub> &cup;...&cup;p<sub>10</sub>    es 6 y el de p<sub>11</sub> &cup; p<sub>12</sub> es 1. Esa relaci&oacute;n R    es la versi&oacute;n cuasiconjuntista de la expresi&oacute;n 1s<sup>2</sup>2s<sup>2</sup>2p<sup>6</sup>3s<sup>1</sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Ahora tratemos el segundo ejemplo, el de las estad&iacute;sticas. Suponga    que tenemos una cuasi-relaci&oacute;n como la R definida en el ejemplo precedente,    o sea, R = {&lang;p, s&rang; : p&isin; P &and; s &isin; S}, y supongamos adem&aacute;s    que el cardinal de la uni&oacute;n de P (o sea, la cantidad de quanta considerados)    es N. Los estados posibles son, por supuesto, los K elementos de S = {S<sub>1</sub>,    ..., S<sub>k</sub>}, como arriba, el cual es una colecci&oacute;n de sub-cuasi-conjuntos    de S que son dos a dos disjuntos. Entonces, para una situaci&oacute;n particular    i, podremos definir una relaci&oacute;n R<sub>i</sub> = {&lang;p, s&rang; :    p&isin; P &and; s &isin; S<sub>i</sub>}, donde Si es un elemento particular    de S. Cada una de las relaciones Ri describe intuitivamente una distribuci&oacute;n    particular de N<sub>i</sub> quanta en los K<sub>i</sub> estados de S<sub>i</sub>.    As&iacute;, podremos considerar la cuesti&oacute;n b&aacute;sica: &iquest;De    cu&aacute;ntas maneras distintas podremos distribuir N<sub>i</sub> bosones indiscernibles    en K<sub>i</sub> estados cu&aacute;nticos? Una vez que la correspondencia entre    los bosones y los estados cu&aacute;nticos es dada por las relaciones R<sub>i</sub>    y considerando que los bosones no est&aacute;n sujetos al Principio de Pauli    formulado arriba, la respuesta es la cantidad de relaciones Ri que podamos formar.    Para ver eso con un ejemplo, supongamos que P = 5 y que haya tres estados en    S, que llamaremos s<sub>1</sub>, s<sub>2</sub> y s<sub>3</sub>. Una vez que    colecciones (cuasi-conjuntos) de esos bosones con la misma cardinalidad sean    indiscernibles (esa afirmativa resulta de los postulados de la teor&iacute;a    de cuasiconjuntos), hay precisamente 21 relaciones posibles, las cuales ejemplifican    exactamente las 21 situaciones de la tabla mostrada en la secci&oacute;n 2 precedente.    Tomemos por ejemplo la relaci&oacute;n R<sub>5</sub>, que corresponde a la quinta    l&iacute;nea de la tabla, o sea, R<sub>5</sub> = {&lang;p<sub>1</sub>, s<sub>1</sub>&rang;,    &lang;p<sub>2</sub>, s<sub>2</sub>&rang;, &lang;p<sub>3</sub>, s<sub>3</sub>&rang;},    con los cardinales de p<sub>1</sub>, p<sub>2</sub> y p<sub>3</sub> siendo respectivamente    4, 0 y 1.</p>     <p> De manera general, calculando las relaciones Ri que puedan ser formadas, llegamos    una vez m&aacute;s exactamente la ecuaci&oacute;n (*) de la secci&oacute;n 2    (llamada ecuaci&oacute;n de Einstein), que generaliza la de Planck, pero con    N en el lugar de P en la ecuaci&oacute;n y con S en el lugar de N en la misma.    Es importante decir que esa f&oacute;rmula surgi&oacute; aqu&iacute; de manera    &#39;natural&#39;, debido a la noindividualidad de los quanta, sin que fuese    necesario postular cualquier condici&oacute;n de simetr&iacute;a. El lector    debe reparar que no iniciamos la derivaci&oacute;n asumiendo que los quanta    fueran individuos, por ejemplo atribuy&eacute;ndoles &iacute;ndices o nombres.    La derivaci&oacute;n fue &#39;natural&#39;, como pensamos que debe ser con    los quanta tales como los describe la f&iacute;sica cu&aacute;ntica. Podr&iacute;amos    proseguir con otros ejemplos, pero lo que dijimos, pienso, es suficiente para    dar una idea de los desarrollos posibles en la teor&iacute;a de cuasi-conjuntos    (para m&aacute;s detalles, v&eacute;ase el art&iacute;culo mencionado arriba).</p>     <p><b><font size="3">6. Un realismo de no-individuos</font></b></p>     <p> La idea de considerar no-individuos de eso modo nos ayuda a entender uno de    los problemas centrales del debate cu&aacute;ntico. Como sabemos todos hoy,    Einstein objet&oacute; contra la interpretaci&oacute;n probabilista de la mec&aacute;nica    cu&aacute;ntica debido a su fuerte creencia en la separabilidad. En efecto,    la filosof&iacute;a de Einstein est&aacute; fuertemente conectada con las ideas    de localidad y separabilidad. Luego, despu&eacute;s del art&iacute;culo en que    presentan la &#39;paradoja EPR&#39; (Einstein-Podolski-Rosen), contestando    la supuesta completitud de la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica, como la defend&iacute;a    Bohr y su escuela, Einstein formul&oacute; su propia versi&oacute;n del argumento    de la incompletud de la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica (&eacute;l no hab&iacute;a    estado plenamente de acuerdo con la versi&oacute;n definitiva del art&iacute;culo    original, hecha por Podolski), la cual est&aacute; fuertemente vinculada a esas    dos nociones. Por separabilidad entenderemos la situaci&oacute;n en que sistemas    separados espacialmente tienen asociados a ellos estados de cosas reales independientes    (Howard 1985; 2004). De conformidad con Einstein, el realismo "no es una    doctrina filos&oacute;fica sobre la interpretaci&oacute;n de las teor&iacute;as    cient&iacute;ficas o de la sem&aacute;ntica de los t&eacute;rminos te&oacute;ricos    (...) sino que es un postulado f&iacute;sico, uno de los m&aacute;s t&iacute;picamente    interesantes" (citado por Howard 2004). Esa idea fundamenta su concepci&oacute;n    de la realidad f&iacute;sica. Como dijo el propio Einstein:</p>     <p> (...) lo que concebimos como existiendo (&#39;actual&#39;) debe estar    localizado en el espacio y en el tiempo. Esto es, lo real en una parte del espacio,    A, deber&iacute;a (en teor&iacute;a) de alg&uacute;n modo &#39;existir&#39;    independientemente de lo que es pensado como real en otra parte del espacio    B. Si un sistema f&iacute;sico se extiende sobre las partes A y B, entonces    lo que est&eacute; presente en B deber&iacute;a tener una existencia independiente    de lo que est&eacute; presente en A. Lo que est&eacute; presente en B deber&iacute;a    entonces no depender del tipo de medici&oacute;n desarrollada en la parte del    espacio A; &eacute;l deber&iacute;a tambi&eacute;n ser independiente de si una    medici&oacute;n es o no realizada en A. (en Howard, 2004).</p>     <p> As&iacute;, como dijo Howard, "el realismo es entonces la tesis de la    separabilidad espacial, la afirmaci&oacute;n de que la separaci&oacute;n espacial    es una condici&oacute;n suficiente para la individuaci&oacute;n de los sistemas    f&iacute;sicos, y esa hip&oacute;tesis es hecha aqu&iacute; como una condici&oacute;n    cuasi necesaria para la posibilidad de una ciencia inteligible de la f&iacute;sica"    (Ib&iacute;d). En efecto, en una carta a Born, Einstein insisti&oacute; que</p>     <p> ... si uno abandona la hip&oacute;tesis de que lo que existe en diferentes    partes del espacio tiene su propia e independiente existencia real, entonces    yo simplemente no puedo ver lo que la f&iacute;sica pretende describir. Lo que    es pensado como un &#39;sistema&#39; es, antes de todo, &uacute;nicamente    una convenci&oacute;n, y yo no puedo ver c&oacute;mo uno podr&iacute;a dividir    el mundo objetivamente de un modo que &eacute;l pudiera hacer declaraciones    sobre una parte de &eacute;l. (en French and Krause 2006, Chap. 4).</p>     <p>Las cr&iacute;ticas usualmente dirigidas contra el principio de la separabilidad    est&aacute;n centradas en el hecho de que &eacute;l funciona como un principio    de individuaci&oacute;n para los sistemas cu&aacute;nticos. Como individuos,    los sistemas cu&aacute;nticos no deber&iacute;an poder estar en estados de superposici&oacute;n    (entangled states), pues los individuos deber&iacute;an tener propiedades particulares,    lo que contrar&iacute;a la idea de la superposici&oacute;n. Entonces, la separabilidad,    vista como una condici&oacute;n suficiente para la individualidad, sugiere que    la violaci&oacute;n de las desigualdades de Bell implicar&iacute;a, primeramente,    que deber&iacute;amos rechazar la separabilidad de los objetos cu&aacute;nticos    en estados de superposici&oacute;n y por tanto, en segundo lugar, esos objetos,    estando en tales estados, no deber&iacute;an poder ser considerados como individuos.    En otras palabras, el teorema de Bell implicar&iacute;a la no-individualidad.</p>     <p> Por nuestra parte, pensamos que la eliminaci&oacute;n de la idea de separabilidad,    como est&aacute; indicada arriba, se justifica solamente si nosotros aceptamos    los objetos cu&aacute;nticos como si fueran &#39;objetos cl&aacute;sicos&#39;,    y sabemos que ellos no lo son. Entonces, si suponemos que hay &#39;objetos&#39;    (por la falta de una palabra m&aacute;s adecuada) que no tienen individualidad,    pero que pueden ser agrupados en colecciones que tienen un cardinal pero no    un ordinal asociado (aunque ese cardinal pueda cambiar con el tiempo, como es    el caso cuando entran las consideraciones relativistas), podremos hablar de    &#39;ellos&#39; sin individualizarlos. Entretanto, como esas entidades (eventualmente)    se asemejan totalmente, como los electrones, no hay c&oacute;mo decir que forman    sistemas que tienen sus propiedades caracter&iacute;sticas (o individuales),    y eso vale inclusive para las propiedades de localizaci&oacute;n espacio-temporal.    En efecto, uno podr&iacute;a decir, podemos nombrar dos electrones que est&aacute;n    localizados en posiciones distintas del espacio en un instante dado, como uno    aqu&iacute; en la red de mi computador (llamemos a ese electr&oacute;n Pedro)    y otro en la pared de mi casa (al cual llamaremos Paulo). Pero esos nombres    solamente ocasionan una individualidad ficticia (mock individuality), como la    llaman Dalla Chiara y Toraldo di Francia (1993, p. 266), no pudiendo ser considerados    como &#39;designadores r&iacute;gidos&#39; en el sentido de Kripke (o sea,    como t&eacute;rminos del lenguaje que designan los mismos objetos en todos los    mundos posibles), pues &#39;Pedro&#39; puede ser el nombre de cualquier    electr&oacute;n del universo, sin que haya diferencia entre dos situaciones    obtenidas cambiando &#39;un Pedro&#39; por &#39;otro&#39; (en verdad,    todos los electrones son &#39;Pedros&#39;). D&eacute;jenme insistir en este    punto. Hoy en d&iacute;a existen ciertas experiencias en las cuales se puede    &#39;aprisionar&#39; un electr&oacute;n por medio de fuertes campos electro-magn&eacute;ticos.    Si llamamos a uno de esos electrones &#39;Pedro&#39;, uno podr&iacute;a    decir que &eacute;l queda individualizado. Si realizamos el experimento dos    veces en locales distintos, entonces el otro quanta de la misma especie podr&iacute;a    llamarse &#39;Paulo&#39;, y podr&iacute;amos pensar que quedan individualizados    por sus localizaciones espaciales. Pero eso no es as&iacute; tan simple. La    idea asociada a un nombre es la de que sirva para que nosotros podamos reconocer    el objeto nombrado en otras situaciones, como cuando nos encontramos en otra    ocasi&oacute;n a un amigo (Pedro) en la calle y lo llamamos por su nombre. Aunque,    como dijo Hume, lo hacemos por la fuerza del h&aacute;bito, todo pasa como si    la persona que reconocimos como siendo nuestro amigo sea de hecho &eacute;l.    Eso no ocurre con los electrones. Ser&iacute;a como si cualesquiera de nuestros    amigos pudiera ser Pedro, y sabemos que este no es el caso con nuestros amigos.    El electr&oacute;n aprisionado en el experimento puede ser cambiado por &#39;otro&#39;    (sea lo que sea que entendamos por &#39;otro&#39; en este contexto), por    ejemplo deshaciendo el experimento y haci&eacute;ndolo una vez m&aacute;s (jam&aacute;s    podremos decir que el &#39;nuevo&#39; electr&oacute;n aprisionado es el    mismo que el anterior, o que es distinto de &eacute;l; esas palabras no tienen    sentido preciso aqu&iacute;). Adem&aacute;s, en el formalismo, si representamos    el quanta &#39;Pedro&#39; &pi;&omicron;&rho; |&#9120;1&rang; y el quanta    &#39;Paulo&#39; &pi;&omicron;&rho; |&#9120;2&rang;, entonces si intentamos    hablar del sistema conjunto debemos hacerlo por una funci&oacute;n |&#9120;12&rang;    = |&#9120;1&rang; |&#9120;1&rang; &plusmn; |&#9120;2&rang;|&#9120;1&rang; (excepto    por unas constantes, como indiqu&eacute; en la ecuaci&oacute;n (**) de la secci&oacute;n    3, y entonces la densidad de probabilidad conjunta ser&aacute; | |&#9120;12&rang;|2,    &theta;&upsilon;&epsilon; &epsilon;&sigma; &delta;&iota;&sigma;&tau;&iota;&nu;&tau;&alpha;    &delta;&epsilon; ||&#9120;1&rang;|2 + ||&#9120;1&rang;|2 debido a un t&eacute;rmino    de interferencia &theta;&upsilon;&epsilon; &alpha;&pi;&alpha;&rho;&epsilon;&chi;&epsilon;    &epsilon;&nu; &epsilon;&lambda; &delta;&epsilon;&sigma;&alpha;&rho;&rho;&omicron;&lambda;&lambda;&omicron;    &delta;&epsilon; ||&#9120;12&rang;|2. En s&iacute;ntesis, los quanta ya no pueden    ser individualizados, de modo que ya no sabremos cu&aacute;l de ellos est&aacute;    donde deber&iacute;a estar &#39;Pedro&#39; y cu&aacute;l es el que est&aacute;    donde deber&iacute;a estar &#39;Paulo&#39;. Ellos se quedan misturados (entangled)    y su identidad se pierde. De esa forma, como dijo Schr&ouml;dinger, si intentamos    decir que el electr&oacute;n que estaba aqu&iacute; en un instante de tiempo    t1 es el mismo electr&oacute;n que est&aacute; all&aacute; en el tiempo t2 (con    t2 &gt; t1), eso debe ser entendido solamente como una abreviaci&oacute;n de    lenguaje (1952, p. 17). En verdad, no tenemos un lenguaje adecuado para tratar    de esas entidades que no tienen individualidad. La teor&iacute;a de cuasi-conjuntos    puede prestarse, por lo menos parcialmente, para esos prop&oacute;sitos (Ball&oacute;n    2000).</p>     <p> La insistencia de Einstein en que deba haber separabilidad puede entonces    ser entendida no como implicando que los sistemas f&iacute;sicos sean individuos,    sino que aun sin individualidad, como es la suposici&oacute;n que dije para    llegar a la estad&iacute;stica de Bose-Einstein, sean contados como m&aacute;s    de uno, lo que lleva necesariamente a una ontolog&iacute;a de no-individuos.    La dificultad de tratamiento de esa ontolog&iacute;a, como se puede percibir,    es grande, pero quiz&aacute;s los sistemas de cuasi-conjuntos mencionados arriba    puedan ser una primera aproximaci&oacute;n en esa direcci&oacute;n. As&iacute;,    se ve que la contribuci&oacute;n fundamental de Einstein, cuyos precursores    fueran Planck y Bose, sugiri&oacute; tambi&eacute;n una nueva ontolog&iacute;a.    Eso muestra que las ideas del gran maestro contin&uacute;an proporcion&aacute;ndonos    nuevas y originales suposiciones filos&oacute;ficas y a&uacute;n l&oacute;gicas.</p> <hr size="1">    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s&dagger;" name="&dagger;">&dagger;</a></sup> Agradezco a Michel Paty por las conversaciones que tuvimos sobre el    tema de este art&iacute;culo y por los esclarecimientos que me ha dado, tambi&eacute;n    a Regino Mart&iacute;nez-Chavanz, pero no quiero decir que ellos van a estar    de acuerdo con todo lo que aqu&iacute; digo. Quiero tambi&eacute;n expresar    mis agradecimientos a Germ&aacute;n Guerrero Pino por la invitaci&oacute;n a    someter este art&iacute;culo a la revista Praxis Filos&oacute;fica, y a &eacute;l    y a Regino por toda su ayuda en la preparaci&oacute;n de la versi&oacute;n final.</p>     <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup> Jonathan Lowe hace comentarios semejantes en su libro &#91;2001&#93;, p. 62. Ese    &eacute;nfasis es importante porque nos dice que no se trata de una cuesti&oacute;n    de encontrarse mecanismos o variables ocultas que puedan caracterizar los quanta    individualmente, porque eso es imposible, o que indicar&iacute;a la necesidad    de aceptar una ontolog&iacute;a de no-individuos en alguna acepci&oacute;n.    Pero abajo veremos que la mec&aacute;nica cu&aacute;ntica (o su formalismo)    es tambi&eacute;n compatible con una metaf&iacute;sica de individuos, pero a    un precio.</p>     <p><sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup> Una p&aacute;gina donde se puede encontrar explicaciones introductorias sobre    los BECs es la "BEC Homepage", en <a href="http://www.colorado.edu/physics/2000/bec/" target="blank">http://www.colorado.edu/physics/2000/bec/</a>.</p>     <p><sup><a href="#s3" name="3">3</a></sup> Las personas interesadas en los detalles pueden consultar el libro de E.    Merzbacher, Quantum Mechanics (1970), p. 442, para ver la ecuaci&oacute;n de    Schr&ouml;dinger en el caso espec&iacute;fico del &aacute;tomo de helio. Esa    ecuaci&oacute;n utiliza un operador, el Hamiltoniano, que contiene dos &iacute;ndices    para nombrar los dos electrones, pero es sim&eacute;trico con respecto a un    cambio de tales &iacute;ndices. En otras palabras, esos &#39;nombres&#39;    son ficticios; el propio Merzbacher hace referencia a la "hip&oacute;tesis    provisional de que las part&iacute;culas son distinguibles en principio",    y contin&uacute;a: "De hecho, sabemos que esa hip&oacute;tesis &#91;de que    ellas son distintas&#93; es falsa, pero (...) &#91;ella&#93; puede ser tratada con    negligencia." (Ib&iacute;d., p. 442-3). Eso corrobora fuertemente lo que    estamos intentando decir.</p>     <p><sup><a href="#s4" name="4">4</a></sup>Pero como saben los fil&oacute;sofos, esa interpretaci&oacute;n de las teor&iacute;as    f&iacute;sicas es tambi&eacute;n tema de controversias. Nosotros no vemos c&oacute;mo    evitar ese compromiso de las teor&iacute;as f&iacute;sicas con entidades &#39;reales&#39;    de alg&uacute;n tipo. El problema est&aacute;, en nuestra opini&oacute;n, en    el modo de c&oacute;mo nos acercamos y representamos esa &#39;realidad&#39;    por medio de nuestras teor&iacute;as; podremos ser realistas, y creer en un    mundo independiente de nosotros, o ser antirealistas, de alg&uacute;n tipo,    acreditando que nosotros &#39;elaboramos&#39; el mundo de cierta forma,    sea con part&iacute;culas, con ondas u otra cosa. Una interesante defensa de    un antirealismo es presentada por E. Brian Davis en su libro &#91;2003&#93;, que es    contestada por Martin Gardner en su rese&ntilde;a del mismo libro (v&eacute;ase    Gardner 2005).</p>     <p><sup><a href="#s5" name="5">5</a></sup> Esas ideas fueran presentadas en Krause, Sant&#39;Anna y Volkov 1999.</p>     <p><sup><a href="#s6" name="6">6</a></sup> Una nueva alerta: hay diferencias entre las notaciones usadas en la teor&iacute;a    de los cuasiconjuntos, pero estaremos aqu&iacute; utilizando la notaci&oacute;n    usual por simplicidad. Eso no nos hace perder la generalidad y es m&aacute;s    aceptable desde un punto de vista intuitivo.</p> <hr size="1">    <p><b><font size="3">Referencias Bibliogr&aacute;ficas</font></b></p>     <!-- ref --><p> Ball&oacute;n, J. C., "F&iacute;sica cu&aacute;ntica y teor&iacute;a    cuasiconjuntista: &iquest;Nueva l&oacute;gica o nueva concepci&oacute;n de cientificidad?",    in M. Giusti (ed.), La Filosof&iacute;a del Siglo XX: Balance y Perspectivas,    Anales del 7&ordm; Congreso Nacional de Filosof&iacute;a, Lima, Per&uacute;,    Fondo Editorial de la PUC/Per&uacute;, Julio 2000, 397-407.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-4688200600010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Born, M., Experiment and Theory in Physics, Cambridge, Cambridge Univ. Press,    1943.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-4688200600010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> da Costa, N. C. A. and French, S., Partial Truth: A Unitary Approach to Models    and Scientific Reasoning, Oxford, Oxford Univ. Press, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-4688200600010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Dalla Chiara, M. L and Toraldo di Francia, G., "Individuals, kinds and    names in physics", in G. Corsi et al. (eds.), Bridging the Gap: Philosophy,    Mathematics, and Physics, Dordrecht, Kluwer Ac. Pub., 1993, 261-283 (Boston    Studies in the Philosophy of Science Series, Vol. 140).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-4688200600010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Davies, E. Brian, Science in the Looking Glass: What do Scientists Really    Know?, Oxford, Oxford Univ. Press, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-4688200600010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Eisberg, R. e Resnick, R., F&iacute;sica Qu&acirc;ntica. Rio de Janeiro, Campus,    4&ordf;. Ed., 1986. French, S., "Why the principle of the identity of    indiscernibles is not contingently true Esther", Synthese 78, 1989, 141-66.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-4688200600010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-4688200600010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> French, S. and Krause, D., Identity in Physics: a Historical, Philosophical    and Formal Analysis, Oxford, Oxford Univ. Press, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-4688200600010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Gardner, M., "Science in the looking glass: what do scientists really    know?", Notices de la American Mathematical Society, Decembre 2005, 1344-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-4688200600010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Howard, Don A., (1985) "Einstein on locality and separalility",    Studies in History and Philosophy of Science 16, 171-201.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-4688200600010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Howard, Don A., (2004) "Einstein&#39;s Philosophy of Science",    The Stanford Encyclopedia of Philosophy, Spring 2004 Edition, E.N. Zalta (ed.),    plato.stanford.edu/archives/spr2004/entries/einstein \- -philscience.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-4688200600010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Krause, D., Sant&#39;Anna, A. S. and Volkov, A. G., "Quasi-set theory    for bosons and fermions: quantum distributions", Foundations of Physics    Letters 12 (1), 1999, 51-66.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-4688200600010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Krause, D., "Una ojeada a las bases ontol&oacute;gicas de la f&iacute;sica    cu&aacute;ntica", Praxis Filos&oacute;fica, Nueva serie, No. 21, Julio-Diciembre    2005, pp. 5-20.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-4688200600010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Lowe, E. J., The Possibility of Metaphysics, Oxford, Clarendon Press, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-4688200600010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Merzbacher, E., Quantum Mechanics, New York, John Wiley and Sons, 2a. ed.,    1970. Pais, A., Sutil &eacute; o Senhor: a Ci&ecirc;ncia e a Vida de Albert    Einstein, S. Paulo, Nova Fronteira, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-4688200600010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-4688200600010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Rold&aacute;n Charria, J., Ben-Dov, Y. Guerrero Pino, G., La complementariedad:    una filosof&iacute;a para el siglo XXI, Programa Editorial Universidad del Valle,    Cali, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-4688200600010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Schr&ouml;dinger, E., Science and Humanism, Cambridge, Cambridge Univ. 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