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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL ETHOS FILOSÓFICO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Our philosophical tradition has functioned as a myth of rationality and not as a development of rationality itself. This tradition exhibits all the characteristics typical of mythic - magical systems. Only a change in social conditions could permit the emergence of genuine rationality. Conversely, only the emergence of a genuine rationality could bring about the emergence of appropriate social conditions for rationality to thrive in. There cannot be a genuine philosophical development outside of appropriate social conditions. A sketch of this situation is here attempted.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p><b>        <center>     <font face="verdana" size="4">EL ETHOS FILOS&Oacute;FICO</font></center></b></p> 	    <p>&nbsp;</p>     <p><b>   Danilo Guzm&aacute;n</b>    <br>   Universidad del Valle</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>* Recibido Noviembre de 2006; aprobado Enero de 2007.</p>     <p><b>   RESUMEN</b></p>     <p>Nuestra tradici&oacute;n filos&oacute;fica ha funcionando como un mito de la    racionalidad y no como un desarrollo de la racionalidad misma. Esta tradici&oacute;n    muestra todas las caracter&iacute;sticas t&iacute;picas de los sistemas m&iacute;tico    &#8211; m&aacute;gicos. S&oacute;lo un cambio de condiciones sociales podr&iacute;a    permitir el surgimiento de una racionalidad genuina. De manera inversa, s&oacute;lo    el surgimiento de una racionalidad genuina, podr&iacute;a producir el surgimiento    de las condiciones sociales apropiadas en las que la racionalidad pueda prosperar.    No puede haber un desarrollo filos&oacute;fico genuino al margen de las condiciones    sociales apropiadas. Se intenta aqu&iacute; hacer un bosquejo de esta situaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>   Palabras clave:</b> Filosof&iacute;a, ethos, magia, pensamiento cr&iacute;tico.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p><b>   ABSTRACT</b></p>     <p>Our philosophical tradition has functioned as a myth of rationality and not    as a development of rationality itself. This tradition exhibits all the characteristics    typical of mythic &#8211; magical systems. Only a change in social conditions    could permit the emergence of genuine rationality. Conversely, only the emergence    of a genuine rationality could bring about the emergence of appropriate social    conditions for rationality to thrive in. There cannot be a genuine philosophical    development outside of appropriate social conditions. A sketch of this situation    is here attempted.</p>     <p><b>   Key words:</b> philosophy, ethos, magic, critical thinking.</p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p> Un ethos es el esp&iacute;ritu que permea a un grupo social, un conjunto de    actitudes y valores, de h&aacute;bitos arraigados en el grupo. Podemos as&iacute;,    hablar de un ethos militar, religioso, de la sociedad de mercado, del de la    familia P&eacute;rez, de los gamines bogotanos, etc. En las sociedades siempre    hay ethos dominantes y ethos dominados. En tiempos de guerra el ethos militar    se hace dominante y tiende a pernear a todos los otros ethos que componen la    organizaci&oacute;n social. Lo que nos interesa tratar aqu&iacute; es la posibilidad    del desarrollo de un ethos filos&oacute;fico.</p>     <p>   La tradici&oacute;n filos&oacute;fica occidental se presenta a s&iacute; misma    como la irrupci&oacute;n de la raz&oacute;n en la vida del ser humano, como    una verdadera mutaci&oacute;n en la mentalidad humana, que emerge de una mentalidad    b&aacute;sicamente supersticiosa. Pero esto no es as&iacute;. Esta filosof&iacute;a    se constituye en un mito de la raz&oacute;n y no en la irrupci&oacute;n de la    raz&oacute;n misma. El ideal de un ethos filos&oacute;fico no puede ser otro    que el de una filiaci&oacute;n en la verdad: una comunidad de seres humanos    integrada en torno a la verdad, al rechazo a permitir que en sus relaciones    se cuele el enga&ntilde;o.</p>     <p>   Figuras como la del zapatero, han sido escogidas como paradigmas de quien detenta    un conocimiento profano y t&eacute;cnico que no necesita del respaldo de ninguna    metaf&iacute;sica ya que en todo momento sus procedimientos y resultados resultan    evidentes. El hechicero hacedor de lluvia que con sus danzas y sus tambores    hace creer que act&uacute;a sobre la atm&oacute;sfera como el zapatero sobre    su cuero, realmente no hace llover sino que hace creer que hace llover; el hechicero    no act&uacute;a sobre la atm&oacute;sfera sino sobre su auditorio. Como el artista    farandulero el hechicero se debe a su p&uacute;blico. Lo que realmente produce    es creencia. Pensar m&aacute;gicamente es pensar con el deseo. El &eacute;xito    del hechicero radica en que hace creer lo que su p&uacute;blico quiere creer.    El hechicero mismo es hechizado por el hechizo; la convicci&oacute;n producida    en su auditorio sugestiona al propio hechicero que se ve confirmado por su p&uacute;blico.    El hechicero se hace cautivo de su auditorio cautivo de su hechizo en un proceso    de retroalimentaci&oacute;n que los liga de manera indisoluble. Entre el hechicero    y su auditorio se establece una complicidad que impide que puedan ver la verdad    de su relaci&oacute;n, pues hacerlo la aniquilar&iacute;a. Se romper&iacute;a    el hechizo. El pensamiento m&aacute;gico se constituye como un sistema cerrado    sobre s&iacute; mismo; condena a sus participantes a permanecer fijados en su    creencia; como el hechicero disfruta de privilegios sociales derivados de su    funci&oacute;n social especial, tiene motivos particulares para querer eludir    toda percepci&oacute;n de que su hechizo es un fraude. El hechicero deber&iacute;a    ser consciente de su fraude. Para quien puede observarlo objetivamente resulta    asombroso el que no lo sea, trat&aacute;ndose de algo completamente patente.    Pero ni &eacute;l ni su clientela pueden captarse objetivamente. El hechicero    ni siquiera necesita ser c&iacute;nico, &eacute;l no enga&ntilde;a deliberadamente,    evita la deliberaci&oacute;n: comienza enga&ntilde;&aacute;ndose a s&iacute;    mismo para mejor poder enga&ntilde;ar a los otros. El enga&ntilde;o es socialmente    excluyente, divide a la sociedad entre enga&ntilde;adores y enga&ntilde;ados.    En el enga&ntilde;o colectivo de la sociedad m&aacute;gica toda la sociedad    queda excluida de la verdad, de la posibilidad de actuar adecuadamente, es decir    de acuerdo a la manera como de hecho son las cosas. La sociedad m&aacute;gica    se encuentra en condiciones de inferioridad frente a la sociedad efectivamente    abierta a la cr&iacute;tica en la que puede surgir la verdad. La sociedad m&aacute;gica    se encuentra en una especie de bloqueo cognitivo y necesariamente sufre las    consecuencias de &eacute;ste.</p>     <p>   El funcionalismo antropol&oacute;gico es un punto de vista que destaca y pone    su atenci&oacute;n sobre el hecho de que las sociedades se encuentran conformadas    por estructuras diferenciadas e interrelacionadas entre s&iacute; de tal manera    que como en los organismos vivientes multicelulares, diferentes &oacute;rganos    cumplen funciones espec&iacute;ficas en el mantenimiento de la home&oacute;stasis    corporal. La funci&oacute;n declarada de un agente social no necesariamente    corresponde a su funci&oacute;n social: el hacedor de lluvia, no hace llover;    hace creer que hace llover. Las instituciones de car&aacute;cter m&aacute;gico    no cumplen la funci&oacute;n que aparentan cumplir. La filosof&iacute;a entendida    como se deber&iacute;a entender, como el empe&ntilde;o en hacer surgir y mantener    la verdad como proceder inverso al proceder m&aacute;gico, como de hecho es    entendida en el mito socr&aacute;tico, nunca se ha podido constituir en un ethos    dominante, en un ethos en t&eacute;rminos del cu&aacute;l se estructure toda    una sociedad. El mismo mito socr&aacute;tico da cuenta de la dificultad de establecer    este ethos: S&oacute;crates resulta ser un personaje completamente idiosincr&aacute;tico,    que sin embargo, se presenta claramente como el paradigma de la personalidad    filos&oacute;fica. Es claro en este mito tambi&eacute;n que S&oacute;crates    se encuentra completamente solo. Ninguno de sus amigos se ofrece a tomar la    cicuta en su compa&ntilde;&iacute;a. No hay all&iacute; la menor posibilidad    de conformar una sociedad filos&oacute;fica. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si la filosof&iacute;a ha existido durante veinticinco siglos despu&eacute;s    de la muerte de S&oacute;crates que no consigui&oacute; un solo aliado para    su empresa, no es porque esta situaci&oacute;n de orden social o pol&iacute;tico,    se haya resuelto a favor del ideal socr&aacute;tico de hacer prevalecer socialmente    una negativa a entrar en complicidades con el enga&ntilde;o. Se trata m&aacute;s    bien de que este ideal ha sido suplantado usando un suced&aacute;neo que puede    prevalecer invocando el sentido original del ideal pero desconoci&eacute;ndolo    y viol&aacute;ndolo en la pr&aacute;ctica. No necesitamos salir de nuestra propia    cultura para encontrar en el caso del ideal cristiano, otro ejemplo de una situaci&oacute;n    recurrente en las innumerables culturas que han existido, en la que los ideales    son distorsionados para ser usados por castas sacerdotales que se convierten    en intermediarios que se presentan como necesarios para acceder a &eacute;stos.</p>     <p> El mito de la integridad &eacute;tica socr&aacute;tica es sustituido de manera    velada e inmediatamente por el mito de las ideas plat&oacute;nicas que no es    sino la fetichizaci&oacute;n de la escritura. La escritura a&iacute;sla y protege    de la realidad. Los veinticinco siglos de filosof&iacute;a acad&eacute;mica    no son m&aacute;s que el desarrollo y mantenimiento de un canon textual en torno    al cual se configura un ritual inici&aacute;tico y consagratorio a trav&eacute;s    del cual se marca la distinci&oacute;n entre el profesional y el profano, a    trav&eacute;s del cual el pensamiento se hace jer&aacute;rquico. </p>     <p>Quien apela a su posici&oacute;n jer&aacute;rquica en materia filos&oacute;fica,    reconoce la debilidad de sus argumentos para sostenerse por s&iacute; mismos,    por su valor intr&iacute;nseco, apela no a la capacidad cr&iacute;tica de su    interlocutor que le podr&iacute;a servir al mismo hablante para valorar su propia    posici&oacute;n, sino a su posici&oacute;n de autoridad. En nuestra filosof&iacute;a    convencional se accede a la jerarqu&iacute;a a trav&eacute;s del rito acad&eacute;mico    controlado por quienes ya controlan las jerarqu&iacute;as de hecho establecidas    y que a su vez se encuentran encuadradas dentro del r&eacute;gimen jer&aacute;rquico    social total. La jerarqu&iacute;a, cualquiera que &eacute;sta sea, no es algo    a lo que el individuo pueda renunciar impunemente. Esta es la fuente de la identidad    social que a no ser que pueda ser cambiada por una que resulte m&aacute;s ventajosa,    no se puede abandonar sin caer en la degradaci&oacute;n social. El fil&oacute;sofo    acreditado no puede cuestionar su propia acreditaci&oacute;n sin aventurarse    en terreno movedizo.</p>     <p>   Cada empresa tiene su propia racionalidad. Para el hechicero, es racional afianzarse    en su creencia en la medida en que &eacute;sta le reporta beneficios de jerarqu&iacute;a    social. Para su clientela y en la medida en que &eacute;sta no encuentra una    mejor soluci&oacute;n a sus problemas, lo cual siempre es el caso, pues la magia    siempre opera como el substituto de una soluci&oacute;n real, aferrarse a su    creencia le resulta racional en la medida en que &eacute;sta le proporciona    un soporte emocional. Para la sociedad m&aacute;gica en su conjunto su creencia    es irracional, pues enruta sus maneras de actuar de forma equivocada con el    agravante de que al presentarse como una soluci&oacute;n real bloquea el acceso    a &eacute;sta. Individual y colectivamente toda la sociedad paga el precio de    su enga&ntilde;o al tener que asumir las consecuencias que &eacute;ste genera.    El pensamiento cr&iacute;tico puede entenderse como el intento de sustituir    el enga&ntilde;o en el que se encuentra la sociedad m&aacute;gica por una situaci&oacute;n    en la que la sociedad entera pueda relacionarse objetivamente con la verdad,    de trocar las relaciones de dominio por relaciones de cooperaci&oacute;n de    tal manera que los intereses creados que impiden el surgimiento de la verdad    al encontrarse est&aacute; estancada por el enga&ntilde;o den paso a la b&uacute;squeda    de &eacute;sta como inter&eacute;s creado de la sociedad. </p>     <p>   El acto sincero es el que se puede tomar por lo que es pues es lo que es: se    entiende como tal en contraposici&oacute;n con el acto enga&ntilde;osos o fingido    que busca ser entendido como cumpliendo prop&oacute;sitos distintos a los que    realmente cumple. En el enga&ntilde;o siempre se da una relaci&oacute;n de dominio    en la que el enga&ntilde;ador utiliza a su v&iacute;ctima para sus prop&oacute;sitos.    Las relaciones humanas se establecen en forma de cooperaci&oacute;n y de dominio,    generalmente en combinaci&oacute;n y de manera m&aacute;s frecuente como cooperaci&oacute;n    en el dominio. Las jerarqu&iacute;as se constituyen como distinciones que cuando    logramos ver a trav&eacute;s de su funcionamiento muestran no tener otra raz&oacute;n    de ser que la de constituir y mantener la situaci&oacute;n de privilegio de    quienes la detentan. Se trata de distinciones de car&aacute;cter m&aacute;gico.    As&iacute; como el correlato de la dominaci&oacute;n es la jerarqu&iacute;a,    el de la cooperaci&oacute;n es la igualdad. La racionalidad del igualitarismo    social consiste en que al eliminar los intereses creados por las situaciones    de dominaci&oacute;n libera las posibilidades cognitivas individuales y por    lo tanto tambi&eacute;n sociales. El individuo s&oacute;lo podr&aacute; acceder    a la verdad objetiva en la medida en que su sociedad no lo obligue a enga&ntilde;arse    a s&iacute; mismo, a participar del enga&ntilde;o social. El esp&iacute;ritu    cr&iacute;tico del individuo s&oacute;lo puede surgir en consonancia con una    esp&iacute;ritu cr&iacute;tico social, en un ethos propicio en el que todos    sus participantes se encuentren permeados y estimulados por este esp&iacute;ritu.    La filosof&iacute;a aqu&iacute; no corresponder&iacute;a a una de las formas    de la divisi&oacute;n social del trabajo con su cuerpo de profesionales sino    que se constituir&iacute;a en el ethos dominante. Ser&iacute;a la sociedad del    ciudadano, del individuo de esp&iacute;ritu cr&iacute;tico capaz de identificar    y rechazar creencias espurias cooperativamente con otros ciudadanos igualmente    cr&iacute;ticos. Ser&iacute;a este el surgimiento de una verdadera sociedad    civil inmune a la colonizaci&oacute;n por parte de cualquier tipo de dominaci&oacute;n    y de la dignificaci&oacute;n del individuo como ser pensante que puede fundar    su autoestima en esta capacidad.</p>     <p>   Lo que sostiene a los sistemas jer&aacute;rquicos no es otra cosa que su existencia    de hecho. Poseen el poder pol&iacute;tico efectivo para imponerse como palabra,    como creencia, pues tienen el poder para eliminar la disidencia, la voz que    les sea contraria. Hablar de determinada manera es ya percibir, actuar y en    general, estar mentalizado de determinada manera. La articulaci&oacute;n del    lenguaje es la articulaci&oacute;n del mundo en que vivimos. El ingreso a la    cultura por nacimiento es un proceso de diferenciaci&oacute;n perceptual mediado    por la palabra. Distinguir la voz como voz, la palabra como palabra, es haber    entrado en el contexto cultural. La voz entra a jugar un papel privilegiado    pues se reconoce ya como el nexo social a trav&eacute;s del que se estructuran    todas las identidades que no son otra cosa que las maneras de marcar las diferencias,    de constituir un mundo, el de la cultura a la que se ingresa. Es as&iacute;    que el poder pol&iacute;tico descansa sobre la palabra. El poder pol&iacute;tico    consolidado es la palabra consolidada.</p>     <p>   Los desarrollos culturales son desarrollos de filiaciones, de alianzas cooperativas    entre seres humanos. El sentido de las alianzas es la acci&oacute;n concertada,    la cooperaci&oacute;n, que permite a los asociados realizar tareas que individualmente    no podr&iacute;an realizar o que no podr&iacute;an realizar con la misma eficiencia.    Las alianzas persisten mientras persisten los intereses comunes. Por ser circunstanciales,    las alianzas son inherentemente inestables. Es as&iacute; que quienes derivan    claros beneficios de su existencia buscan que la alianza persista y para lograrlo    tratan de hacer que las circunstancias no cambien o si esto no se puede evitar,    tratan de hacer que el cambio no s&oacute;lo no sea lesivo, sino incluso provechoso.    Las relaciones humanas se mueven entre dos polos:</p>     <p> la cooperaci&oacute;n en la que el inter&eacute;s individual se funde en el    inter&eacute;s colectivo creando el poder pol&iacute;tico y la dominaci&oacute;n    en la que este poder es usado para sacar ventaja unos individuos de otros usando    sus posiciones de privilegio. </p>     <p>En las relaciones entre seres humanos el balance entre cooperaci&oacute;n que    idealmente involucra la disoluci&oacute;n del inter&eacute;s ego&iacute;sta    que se ve transfigurado en el inter&eacute;s colectivo del que por supuesto    se beneficia el individuo, y la dominaci&oacute;n usando el poder pol&iacute;tico    generado por la cohesi&oacute;n cooperativa tiende a ser precario. Nuestro acontecer    social es el desenvolvimiento de alianzas, traiciones, enga&ntilde;os, rivalidades,    etc. En los &aacute;gapes culturales uno no siempre puede estar seguro en calidad    de qu&eacute; es que uno participa, si de comensal o de comida. Un mecanismo    que garantiza la cohesi&oacute;n social es la exclusi&oacute;n: la amenaza del    marginamiento social. Quines no logran integrarse a las jerarqu&iacute;as superiores    se ven relegados a pertenecer a los &oacute;rdenes inferiores y eventualmente    a pertenecer a la masa de descastados que realizan el trabajo degradante de    la sociedad. El ganado humano (expresi&oacute;n usada por Karl R. Popper, en    su obra &#8221;The Open Society and It&#8217;s enemies&#8221; de 1945) expropiado    econ&oacute;mica, pol&iacute;tica e intelectualmente, trata de sobrevivir, y    no siempre lo logra, tratando de permanecer unido a la sociedad por el tenue    nexo que representa su devaluado pero gravoso trabajo, pero por fuera de la    cual se encuentra liquidado. Las filiaciones siempre se estructuran en t&eacute;rminos    de beneficios mutuos. Cada aliado se beneficia de la alianza de manera personal;    est&aacute; mejor dentro que fuera de ella. Pero lo que m&aacute;s poder le    confiere a una alianza es la posibilidad de la exclusi&oacute;n. Los &oacute;rdenes    jer&aacute;rquicos de nuestra sociedad son rangos de exclusi&oacute;n. Quienes    quedan excluidos de los &oacute;rdenes superiores pasan a constituir alianzas    subordinadas que a su vez pueden ser excluyentes. Mientras unas especies animales    pueden ser domesticadas, colocadas bajo el control del ser humano en todo su    proceso vital, s&oacute;lo o principalmente para ser aprovechadas como alimento    o para realizar cierto tipo de trabajos, el mismo ser humano posee un potencial    de domesticaci&oacute;n que lo hace excepcionalmente &uacute;til al poder ser    controlado para que sustituya al mismo ser humano en el desempe&ntilde;o de    actividades solo realizables por seres humanos pero que resultan peligrosas,    tediosas o degradantes. Unos seres humanos colocan a otros seres humanos a realizar    ciertas tareas para disfrutar de sus beneficios sin pagar sus costes.</p>     <p>   No toda cooperaci&oacute;n es el resultado de una alianza que como tal es equitativa.    Los participantes en la alianza sacan provecho de &eacute;sta sin sacar provecho    unos de otros; el provecho se saca de factores externos a la alianza misma.    El esclavo coopera con su due&ntilde;o de manera desigual: el due&ntilde;o opera    en la realizaci&oacute;n de la empresa dando la orden y el esclavo opera obedeciendo    en su ejecuci&oacute;n. Los &oacute;rdenes sociales tienen que ver, precisamente    con la capacidad de ordenar, de dar &oacute;rdenes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Las filiaciones m&aacute;gicas son filiaciones acr&iacute;ticas. Su permanencia    depende de que se mantenga el enga&ntilde;o. Estas filiaciones pueden ser vistas    como opuestas a lo que serian filiaciones en la verdad, filiaciones en las que    su raz&oacute;n de ser sea el develamiento de la verdad. Conocer la verdad es    conocer como son realmente las cosas y, a diferencia de quien se enga&ntilde;a,    el que realmente conoce est&aacute; en condiciones de actuar correctamente.    El meteor&oacute;logo operando de manera cr&iacute;tica se encuentra en condiciones    de mejorar su entendimiento de las situaciones pertinentes y ajustar su actividad    de manera adecuada. El hacedor de lluvia debe permanecer tocando sus tambores.    Las sociedades m&aacute;gicas se perpet&uacute;an en un estancamiento cognitivo    correlativo a los intereses creados de quienes detectando las posiciones dominantes    del sistema sacan beneficios de quienes ocupan las posiciones dominadas.</p>     <p>   Las dificultades intelectivas entre los seres humanos no obedecen tanto a diferencias    de capacidades intelectuales naturales, las que como factor de selecci&oacute;n    natural han sido igualmente exigentes para toda la especie y se encuentran,    consecuentemente, igualmente distribuidas dentro de &eacute;sta. Son los sistemas    de dominaci&oacute;n mismos los que invariablemente han contribuido a coartar    su desarrollo intelectual. Es precisamente la capacidad intelectiva del individuo    la que le lleva a renunciar a su propia capacidad cr&iacute;tica cuando comprende    que el ejercicio de esta &uacute;ltima solo podr&iacute;a ponerlo en conflicto    con su entorno social y hacerlo v&iacute;ctima de la represalia del sistema    que no solo reprime la disidencia sino que usa esta represi&oacute;n como escarmiento    para disensiones prospectivas. En sociedades con ethos arraigados de obediencia    y domesticaci&oacute;n la mera noci&oacute;n de cr&iacute;tica es desconocida.</p>     <p>   La filosof&iacute;a acad&eacute;mica pretende ser cr&iacute;tica cuando en realidad    se encuentra condicionada por un orden social que la hace completamente innocua.    Es precisamente el hecho de que no tenga ninguna incidencia social distinta    a la de mantener la ilusi&oacute;n de que en sus claustros universitarios la    sociedad tiene sus pensadores, lo que la hace socialmente viable, llevando una    existencia marginal. En condiciones normales de las que nuestras palabras derivan    sus sentidos, la palabra se ve confrontada en el terreno en el que realmente    le pertenece, en el que de su propio contexto, lo que decimos con lo que hacemos,    lo que pensamos con lo que decimos, etc. La ciencia, por ejemplo, puede funcionar    como ciencia solamente en la medida en que su articulaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica    se mantenga en permanente retroalimentaci&oacute;n con sus situaciones experimentales.    El sistema acad&eacute;mico a trav&eacute;s del discurso del escrito can&oacute;nico,    de los rituales de sal&oacute;n de clase, de conferencia, etc. proporciona a    su palabra el aislamiento social, el ethos necesario para que esta pueda prosperar    fuera de sus contextos en los que estas engranan con sus situaciones originales    y, por tanto, con sus significaciones genuinas. En el aislamiento acad&eacute;mico    la palabra pasa a funcionar como mero verbalismo del que sus participantes no    son conscientes ni lo pueden ser, so pena de romper el hechizo. La sensaci&oacute;n    de libertad de palabra llega a ser tan abrumadora, que puede parecer de origen    divino. &#8220;For Quine&#8217;s sake God!&#8221; reza el t&iacute;tulo de un    art&iacute;culo de una prestigiosa revista filos&oacute;fica americana. Esta    sensaci&oacute;n, el mayor deleite que como tal proporciona este ethos, deriva    de la inconsciencia de que las palabras han dejado de funcionar en los contextos    en los que estas cobran sentido. En este contexto artificial se puede decir    no exactamente cualquier cosa ni de cualquier manera pero s&iacute; cualquier    cosa que refuerce la verosimilitud de la empresa. Se trata de un comportamiento    t&iacute;pico de la sociedad m&aacute;gica.</p>     <p>   Las invocaciones a personajes como S&oacute;crates, Plat&oacute;n, Arist&oacute;teles,    Kant, o m&aacute;s cercanamente, Wittgentein, Heidegger, o a fil&oacute;sofos    vivientes en torno a cuya palabra gira todo el discurso can&oacute;nico son    t&iacute;picamente m&iacute;ticas. Estas invocaciones proporcionan una visi&oacute;n    estereosc&oacute;pica que hace percibir a las figuras m&iacute;ticas como seres    ante los que los mortales comunes resultan insignificantes y deben reconocer    una debida distancia. Las figuras m&iacute;ticas son objeto de una admiraci&oacute;n    supersticiosa h&aacute;bilmente explotada por los sacerdotes del culto. El verdadero    pensamiento no puede ser m&aacute;s que pensamiento y sus resultados no pueden    ser m&aacute;s que la claridad o el entendimiento sobre las situaciones que    le ocupan. No tiene por qu&eacute; dejar residuos m&iacute;ticos. La mitolog&iacute;a    filos&oacute;fica crea un cuerpo, una doctrina que el pensamiento como tal no    tiene por qu&eacute; tener. Desde un punto de vista desmitificado, puede verse    como una excrescencia, cuya funci&oacute;n es la de servir como un filtro por    el cual se obliga a pasar a cualquier discurso de pretensiones racionales. La    verdadera racionalidad termina siendo aniquilada por el mito de la racionalidad,    por la obligaci&oacute;n de filtrar el discurso racional por entre el mito de    la racionalidad que lo absorbe y de esta manera lo liquida, lo ahoga en su mara&ntilde;a    erudita. Los mismos fil&oacute;sofos que pretenden hacer historia de la filosof&iacute;a    no podr&aacute;n realmente hacerla hasta que no puedan hacer una narraci&oacute;n    objetiva respecto a su propio discurso. Lo que ellos hacen es no la historia    sino la mitograf&iacute;a del mito en que se encuentran inmersos. </p>     <p>   En nuestra sociedad de consumo, el elemento ideol&oacute;gico, la necesidad    de mantener la dominaci&oacute;n a trav&eacute;s del mito y del rito, pasa a    un segundo plano. Las manifestaciones culturales pasan a convertirse ellas mismas    en productos para el consumo. La verdadera ideolog&iacute;a de esta sociedad    es la publicidad orientada a convencer sobre la bondad de sus productos y la    necesidad de consumirlos. Nuestro ethos es el ethos del consumo y nuestra filosof&iacute;a    tradicional no es la excepci&oacute;n. No podr&iacute;a serlo: no se puede ir    en contracorriente a un ethos fuertemente establecido. Marginada dentro de la    instituci&oacute;n acad&eacute;mica su funci&oacute;n social es tambi&eacute;n    marginal. La ganancia econ&oacute;mica se justifica a s&iacute; misma y no necesita    de apuntalamiento ideol&oacute;gico. La funci&oacute;n ideol&oacute;gica marginal    es la de crear la ilusi&oacute;n de que existe un pensamiento cr&iacute;tico.    Mucha &#8220;filosof&iacute;a radical&#8221; puede crear la impresi&oacute;n    de que se est&aacute;n produciendo verdaderas revoluciones intelectuales cuando    se trata meramente de art&iacute;culos de consumo que circulan en el mercado    protegido de la instituci&oacute;n acad&eacute;mica. </p> </font>        ]]></body>
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