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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>L&Oacute;GICAFORMALYL&Oacute;GICAINFORMAL<sup><a href="#*" name="#s*">*</a></sup></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p> <b>Cha&iuml;m Perelman</b></p>     <p>   <b>Traducci&oacute;n: Pierre Angelo Gonz&aacute;lez</b></p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   Apesar que la idea de una l&oacute;gica formal es conocida desde Arist&oacute;teles, es bajo la   influencia de los l&oacute;gicos matem&aacute;ticos que se generaliza, desde mediados del siglo   XIX, la idea de que l&oacute;gica y l&oacute;gica formal son sin&oacute;nimos, eliminando as&iacute; toda concepci &oacute;n de una l&oacute;gica informal. El padre Bochenski, uno de los representantes de esta tendencia, la ha expresado en un reciente coloquio realizado en Roma en 1976 sobre el tema de la l&oacute;gica moderna. En una comunicaci&oacute;n intitulada "The General Sense and Car&aacute;cter of Modern Logic",<sup><a href="#1" name="#s1">1</a></sup> Bochenski identifica la l&oacute;gica moderna (ML) con la l&oacute;gica formal y reconoce en laMLtres principios metodol&oacute;gicos: el uso de una lengua artificial, el formalismo y el objetivismo.</p>     <p>   Bochenski insiste sobre los grandes progresos que introduce el recurso a una   lengua artificial que permite eliminar los equ&iacute;vocos, ambig&uuml;edades y controversias,   que son dif&iacute;cilmente evitables cuando se trata de lenguas naturales.</p>     <p>   En efecto, la condici&oacute;n fundamental en la construcci&oacute;n de una lengua artificial es   que cada signo tenga uno y solamente un sentido, al igual que cada expresi&oacute;n bien   construida. El objetivismo al cual hace alusi&oacute;n, presupone que la l&oacute;gica moderna no   se ocupa m&aacute;s que de propiedades objetivas, verdad, falsedad, probabilidad, necesidad,   etc., independientes de la actitud de los hombres, de lo que piensan o creen. Lo   mismo ocurrir&aacute; con los axiomas del sistema, enumerados al comienzo, as&iacute; como las   reglas de sustituci&oacute;n y de deducci&oacute;n que indican cu&aacute;les son las operaciones permitidas,   conformes a las reglas, y que permiten distinguir una deducci&oacute;n correcta de   una incorrecta.</p>     <p>Cada sistema formal ser&aacute;, limitado en sus posibilidades de expresi&oacute;n y de demostraci   &oacute;n de suerte que, una lengua artificial dada, no permite decirlo todo; un conjunto   de axiomas y de reglas de deducci&oacute;n dado, debe admitir, al menos si el sistema es   coherente, la existencia de proposiciones indecidibles, es decir, de proposiciones que no puedo demostrar ni negar.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Por estas diversas exigencias, un lenguaje artificial y un sistema formal se oponen   tanto a las caracter&iacute;sticas de una lengua natural como a las de un sistema no formal, como ocurre en un sistema de derecho moderno.</p>     <p>   Una lengua natural es un instrumento de comunicaci&oacute;n, en principio universal.   Ella debe ser capaz de comunicar no importa cu&aacute;l idea. Las condiciones metodol&oacute;gicas   de una comunicaci&oacute;n sensata priman sobre toda otra consideraci&oacute;n, tal como la   univocidad de signos utilizados. De este modo se presume que lo que decimos no   es incoherente ni carece de inter&eacute;s. En relaci&oacute;n con el c&eacute;lebre fragmento de Her&aacute;clito "Nos ba&ntilde;amos y no nos ba&ntilde;amos dos veces en el mismo r&iacute;o", nuestra primera reacci&oacute;n no es creer en la incoherencia de Her&aacute;clito: se busca m&aacute;s bien interpretar lo que nos dice a fin de asignarle un sentido aceptable, por ejemplo, se&ntilde;alando la ambig&uuml;edad de la expresi&oacute;n "el mismo r&iacute;o", que se refiere tanto a las riberas como a las aguas que corren. Para conservar la idea de comunicaci&oacute;n sensata, se renuncia a la hip&oacute;tesis de la univocidad de las palabras empleadas.</p>     <p>   As&iacute;, cuando en C&eacute;sar, la c&eacute;lebre pieza de Pagnol, el autor hace decir a Panisse   sobre su lecho de muerte: "Morir no me preocupa. Pero me apena abandonar la   vida", estamos obligados, para comprender a Panisse, no tratar "morir" y "abandonar la vida" como sin&oacute;nimos, a pesar de que esto es lo que nos ense&ntilde;an los diccionarios.</p>     <p>   Cuando decimos "una perra es una perra", "los asuntos son los asuntos", nadie   interpretar&aacute; estas expresiones como aplicaciones del principio de identidad, salvo   en un curso de l&oacute;gica; para que alguien se tome la molestia de expresar tales ideas, es necesario que ellas comuniquen otra cosa que una tautolog&iacute;a.</p>     <p>   Recuerdo una an&eacute;cdota. Los padres han venido a la estaci&oacute;n a esperar el regreso   del extranjero de su peque&ntilde;o despu&eacute;s de una larga ausencia. Cuando el ni&ntilde;o aparece   en la porter&iacute;a, el padre no puede contener las l&aacute;grimas de la emoci&oacute;n. Al ver esto,   la madre exclama: "Ahora veo que no solamente una madre es un madre, sino tambi &eacute;n que un padre es un padre". Si la madre hab&iacute;a tenido que esperar esta ocasi&oacute;n emotiva para admitir que un padre era un padre, este enunciado no puede ser tautol&oacute;gico.</p>     <p>   Hay otras situaciones que nos imponen interpretar un texto de manera no habitual.   Se conoce el pensamiento de Pascal "Cuando la palabra de Dios que es verdadera,   es falsa literalmente, es verdadera espiritualmente".<sup><a href="#2" name="#s2">2</a></sup> Para conservar la verdad   del texto sagrado, Pascal nos recomienda descartar el sentido literal. As&iacute; mismo en   Derecho, se opondr&aacute; a la letra el esp&iacute;ritu de la ley, con el fin de dar al texto una   interpretaci&oacute;n aceptable.</p>     <p>La posibilidad de acordar a una misma expresi&oacute;n m&uacute;ltiples sentidos, en ocasiones   enteramente nuevos, de recurrir a met&aacute;foras, a interpretaciones controvertidas, est&aacute;   ligado a las condiciones de empleo del lenguaje natural. El hecho de que esto   conduzca a menudo a nociones confusas, que dan lugar a m&uacute;ltiples interpretaciones,   a varias definiciones, nos obliga muchas veces a efectuar elecciones, decisiones   que no necesariamente coinciden. De all&iacute; la obligaci&oacute;n tan frecuente de justificar estas elecciones, de explicar tales decisiones.</p>     <p>   En derecho, la mayor&iacute;a de las veces, contrariamente a lo que ocurre en un sistema   formal, el juez est&aacute; obligado, al mismo tiempo, a tomar una decisi&oacute;n y a justificarla. El   c&eacute;lebre art&iacute;culo 4 del C&oacute;digo Napole&oacute;nico proclama, en efecto, que "el juez que   rechazara juzgar bajo pretexto del silencio, de la oscuridad o de la insuficiencia de la   ley, ser&aacute; culpable de denegar justicia". Cuando el texto le parece, a primera vista,   presentar una laguna, una antinomia o una ambig&uuml;edad, debe interpretar el sistema   con los medios t&eacute;cnicos de razonamiento jur&iacute;dico, a fin de encontrar una soluci&oacute;n y   justificarla. En todos estos casos deber&aacute; recurrir a la l&oacute;gica informal, que es la l&oacute;gica   que justifica la acci&oacute;n, que permite zanjar una controversia, tomar una decisi&oacute;n razonable.</p>     <p>   Es as&iacute; que Arist&oacute;teles hab&iacute;a opuesto a los razonamientos anal&iacute;ticos, los silogismos   como tal, los razonamientos dial&eacute;cticos, es decir, aquellos que surgen en los debates   y en las controversias de toda &iacute;ndole, cuando se trata de derivar la opini&oacute;n razonable (<img src="img/revistas/pafi/n25/n25a09f1.gif">).</p>     <p>   Cuando la l&oacute;gica formal es la l&oacute;gica de la demostraci&oacute;n, la l&oacute;gica informal es la de   la argumentaci&oacute;n. Cuando la demostraci&oacute;n es correcta o incorrecta, valorada en el   primer caso y sin valor en el segundo, los argumentos son m&aacute;s o menos fuertes, m&aacute;s   o menos pertinentes, m&aacute;s o menos convincentes. En la argumentaci&oacute;n no se trata de   mostrar, como en la demostraci&oacute;n, que una cualidad objetiva, como la verdad, pase   de las premisas a la conclusi&oacute;n, sino si es permitido admitir el car&aacute;cter razonable,   aceptable de una decisi&oacute;n, a partir de lo que el auditorio admite ya, a partir de tesis   a las cuales adhiere con intensidad suficiente. El discurso persuasivo apunta, a una   transferencia de adhesi&oacute;n de una cualidad subjetiva que puede variar de esp&iacute;ritu a esp&iacute;ritu.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Esta es la raz&oacute;n, entre otras, por la cual la falta de razonamiento llamada "petici&oacute;n   de principio" es una falta de argumentaci&oacute;n, pues ella supone admitir una tesis   discutible. Por el contrario, el principio de identidad, si p, entonces p, lejos de ser una falta de razonamiento, es una ley l&oacute;gica que ning&uacute;n sistema formal puede desconocer.</p>     <p>   Un sistema formal nos muestra cu&aacute;les son las consecuencias derivadas de los   axiomas, a saber, que &eacute;stas sean consideradas como proposiciones evidentes o   como simples hip&oacute;tesis convencionalmente admitidas. En un sistema formal los   axiomas nunca son objeto de discusi&oacute;n; son considerados verdaderos, objetivamente o por convenci&oacute;n.</p>     <p>   No es as&iacute; en la argumentaci&oacute;n, donde el punto de partida debe ser admitido por el   auditorio que se quiere persuadir o convencer con su discurso. Las tesis iniciales   consisten en lugares comunes, es decir, en proposiciones com&uacute;nmente admitidas,   en proposiciones de sentido com&uacute;n o tesis no discutidas en una disciplina particular. A veces, como en los di&aacute;logos socr&aacute;ticos, el orador se asegura, de manera   expresa, de la adhesi&oacute;n del interlocutor a las tesis sobre las cuales funda su argumentaci &oacute;n.</p>     <p>   Pero contrariamente a los axiomas, que no dan lugar a controversia en el sentido   del sistema, los lugares comunes, sobre los cuales existe un consenso general,   conciernen a nociones vagas, confusas, controvertidas y de las que no es posible   deducir consecuencias sin aclararlas previamente. Es as&iacute; que todo el mundo estar&aacute;   de acuerdo sobre el hecho de que la libertad vale m&aacute;s que la esclavitud, que es   importante buscar la justicia o el bien com&uacute;n; pero, para derivar una l&iacute;nea de conducta   particular, ser&aacute; necesario precisar lo que se entiende por estas tesis que, al   comienzo, parecen indiscutibles. Por otra parte, los lugares comunes, que son supuestamente   admitidos al comienzo, y que nadie discute cuando se presentan aisladamente,   pueden dar lugar a incompatibilidades. &iquest;Qu&eacute; hacer cuando la b&uacute;squeda   del bien com&uacute;n se opone a la realizaci&oacute;n de la justicia, al menos en un primer momento?   Algunos dir&aacute;n que el bien opuesto a la justicia no es m&aacute;s que un bien aparente;   otros dir&aacute;n que el bien com&uacute;n se opone a una justicia aparente. &iquest;C&oacute;mo decidir cu&aacute;l   es el valor aut&eacute;ntico y aquello que es s&oacute;lo ilusi&oacute;n? Se trata de dar a un concepto   habitual un sentido nuevo, mejor adaptado a la situaci&oacute;n. Pero este cambio de   sentido no puede hacerse sin raz&oacute;n, pues contrariamente al sentido habitual admitido,   y que es el presunto sentido, el cambio de sentido debe ser justificado. Es a quien se opone al sentido habitual que incumbe la carga de la prueba.</p>     <p>   Esta noci&oacute;n de carga de la prueba, desconocida en l&oacute;gica formal, como es desconocida   la noci&oacute;n de presunci&oacute;n, es tomada en pr&eacute;stamo del Derecho, donde ella   dispensa de la prueba de hecho. Es as&iacute; que la presunci&oacute;n de inocencia impone la   carga de la prueba a aquel que quiere apelarla. Asimismo, cuando el esposo de la   madre se presume ser el padre del ni&ntilde;o, no debe pasar por la prueba de la paternidad.   Esta noci&oacute;n de presunci&oacute;n, con la noci&oacute;n correspondiente de carga de la prueba   es de uso corriente en el dominio de las normas y valores.Yesto explica, como lo ha   mostrado P. Day en su conferencia "Presunciones",<sup><a href="#3" name="#s3">3</a></sup> el pluralismo filos&oacute;fico. Desde   el momento en que adherimos a un principio o a un valor, no tenemos que justificar   lo que es conforme, sino &uacute;nicamente el comportamiento que lo viola o se opone.   Day distingue tres actitudes, a las que califica de conservadora, liberal y socialista,   cada una caracterizada por su adhesi&oacute;n a principios y valores diferentes. De este   modo, la presunci&oacute;n conservadora favorece lo que es, y ella se manifiesta por la   regla seg&uacute;n la cual el cambio, en todos los casos, siempre, y en todo, exige una   justificaci&oacute;n. Asimismo, ella es conforme a los precedentes, a la costumbre o a la   tradici&oacute;n, no tiene que justificarse, pero toda desviaci&oacute;n deber&aacute; ser justificada. La   presunci&oacute;n liberal est&aacute; muy bien expresada en esta frase de J. St. Mill (On Liberty,   Cap. V): "dejar hacer a la gente lo que quiere siempre es mejor, ceteris paribus, que   contenerla". La libertad va de suyo, s&oacute;lo la limitaci&oacute;n de la libertad exige una justificaci &oacute;n. Isa&iuml;ah Berlin expresa la presunci&oacute;n socialista cuando escribe: "La igualdad no necesita razones, s&oacute;lo la desigualdad lo requiere" (Equality, Proceedings of Aristotelian Society, 56, 1955-1956, p. 305). Mas se puede generalizar su tesis: aquel que se ajusta a la regla de oro, como el imperativo categ&oacute;rico o el principio utilitarista, no tiene que justificar su conducta. Esto no significa que aquel que viole uno de los principios deba justificarse. La existencia de estos diversos principios, que pueden tambi&eacute;n entrar en conflicto en situaciones concretas, explica la diversidad de las filosof&iacute;as, cada una insert&aacute;ndose en una corriente de opini&oacute;n que es generalmente admitida en un medio y en un tiempo determinado. Se ve as&iacute; que la l&oacute;gica informal, al apoyarse sobre hechos, principios, opiniones, lugares y valores admitidos por el auditorio, es necesariamente situada, y por esto no puede pretender la objetividad de la l&oacute;gica formal.</p>     <p> &iquest;Pero, en este caso, el criterio al cual debe someterse la l&oacute;gica informal consiste &uacute;nicamente en la eficacia, en el hecho de persuadir al auditorio al cual el discurso se     dirige? &Eacute;sta era la grave objeci&oacute;n de Plat&oacute;n contra los sofistas y los demagogos     quienes, utilizando medios indignos para un fil&oacute;sofo, como la mentira y el halago,     pretend&iacute;an ganar la adhesi&oacute;n de una masa ignorante. A esta objeci&oacute;n que Plat&oacute;n     presenta en el Gorgias, opone, en el Fedro, otra ret&oacute;rica que ser&iacute;a digna de un     fil&oacute;sofo, aquella que podr&iacute;a convencer a los dioses mismos (273e). En otros t&eacute;rminos,     la eficacia de un discurso persuasivo no basta para garantizar su valor. Como la     eficacia es funci&oacute;n del auditorio, la mejor argumentaci&oacute;n es aquella que podr&iacute;a     convencer al auditorio m&aacute;s exigente, m&aacute;s cr&iacute;tico, mejor informado, como ser&iacute;a aquel     constituido por los dioses o por la raz&oacute;n divina. Es as&iacute; que la argumentaci&oacute;n filos&oacute;-     fica se presenta como un llamado a la raz&oacute;n, que yo traduzco en el lenguaje de la     argumentaci&oacute;n, o aquel de la nueva ret&oacute;rica, como un discurso que se dirige al     auditorio universal. Una argumentaci&oacute;n racional se caracteriza por una intenci&oacute;n de     universalidad, que aspira a convencer, es decir, a persuadir un auditorio que, en el     esp&iacute;ritu del fil&oacute;sofo, encarna la raz&oacute;n. Mientras que una demostraci&oacute;n formal es     v&aacute;lida, en la medida que ella es conforme a criterios puramente formales, no se     puede hablar de validez de una argumentaci&oacute;n en un razonamiento no formal. En     efecto, una argumentaci&oacute;n nunca es exclusiva pues permite siempre una argumentaci &oacute;n en sentido opuesto. De all&iacute; el principio fundamental del procedimiento judicial     seg&uacute;n el cual el hecho siempre implica la parte contraria. Sin embargo no es     porque los argumentos existan a favor de la tesis, o a favor de la ant&iacute;tesis, que estos     argumentos tienen el mismo valor. &iquest;C&oacute;mo apreciar al valor de los argumentos? Esto     depende de la filosof&iacute;a y metodolog&iacute;a adoptada. As&iacute;, el utilitarismo toma en cuenta     esencialmente el valor de las consecuencias, el aristotelismo valora lo que es conforme     a la esencia, el neoplatonismo se funda sobre una jerarqu&iacute;a ontol&oacute;gica, etc.     Pero cada una de estas concepciones admite la regla de justicia formal seg&uacute;n la cual     es necesario considerar de la misma manera situaciones semejantes. Aquel que ha     admitido en un caso el valor de una argumentaci&oacute;n deber&aacute;, ceteris paribus, admitir     el valor de esta misma argumentaci&oacute;n en un caso esencialmente semejante. Esta     regla justifica la conformidad a los precedentes, no solamente en Derecho, sino     tambi&eacute;n en toda materia. Es tambi&eacute;n la que permite elaborar una metodolog&iacute;a propia   en cada disciplina.</p>     <p>Una &uacute;ltima cuesti&oacute;n: &iquest;se pueden formalizar las t&eacute;cnicas argumentativas? Se podr   &iacute;a intentar reducir los argumentos, mediante ciertas convenciones previas, a un   c&aacute;lculo de probabilidad. Y hay casos en los que es posible, sin ninguna dificultad,   ponerse de acuerdo sobre tales convenciones. Pero esto supone siempre un acuerdo   sobre las nociones utilizadas. No obstante, cuando el desacuerdo recae sobre   ellas, lo que es el caso de las nociones fundamentales de la filosof&iacute;a, como la realidad,   la libertad, la justicia, el bien, tal reduccionismo me parece imposible.Vali&eacute;ndose   de t&eacute;cnicas de argumentaci&oacute;n, la filosof&iacute;a se propone presentar una visi&oacute;n razonable   del hombre en sus relaciones con la sociedad y el universo, que no me parece   reductible a la visi&oacute;n que ser&iacute;a m&aacute;s probable y porque, por otra parte, toda filosof&iacute;a original es acto de libertad.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1"> <font face="verdana" size="1">      <p><a href="#s*" name="#*">*</a> Texto in&eacute;dito de una conferencia pronunciada por Ch. Perelman el 23 de febrero de 1981 en   el seminario de Maurice Loi en la Escuela Normal Superior de Par&iacute;s; "Logique formelle et   logique informelle" impreso en De la Metaphysique a la Rhetorique, edited by Michel Meyer,   Bruxelles, Editions de L'Universit&eacute; de Bruxelles, (Belgique), 1986. pp. 15-21. Esta traducci   &oacute;n de Pierre &Aacute;ngelo G&oacute;nzalez, Profesor de Semi&oacute;tica, L&oacute;gicaArgumental y Epistemolog&iacute;a,   Universidad Aut&oacute;noma de Occidente, fue presentada en el seminario permanente del Grupo   de Investigaci&oacute;n Anal&iacute;tikos y constituye un insumo en la investigaci&oacute;n sobre "El sentido de   la Formaci&oacute;n human&iacute;stica y las exigencias de la educaci&oacute;n basada en competencias", proyecto   aprobado en la Convocatoria interna para proyectos de investigaci&oacute;n y creaci&oacute;n art&iacute;stica   y human&iacute;stica de laVicerrector&iacute;a de Investigaciones, Universidad delValle, 2007.     <p><a href="#s1" name="#1">1</a> En el volumen "Modern Logic", editado por E. Agazzi, Re&iacute;dle, Dordrecht, 1980, pp. 3-14.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#s2" name="#2">2</a> Pascal &#150; Pensamientos 555 (31). En L'&#140;uvre, Bibl. de la Pl&eacute;iade, p. 1003.</p>     <p><a href="#s3" name="#3">3</a> Publicado en las Actas del XIV&ordm; Congreso Internacional de Filosof&iacute;a, Herder,Viena, 1970,   vol. V, pp. 137-143.</p> </font> <hr size="1"> </font>      ]]></body>
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