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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ARISTÓTELES: DESEO Y ACCIÓN MORAL]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="fr"><p><![CDATA[Il est important de comprende la position d´Aristote et sa difference avec celle de Platon. Il ne s´agit pas seulement d´expliquer le pourquoi du passage de la division tripartite de l´âme - rationnelle, irascible et concupiscible - à la division bipartite - rationnelle et irrationnelle -, mais aussi de prendre la mesure des profondes implications qu´a ce passage, et surtout de ses conséquences pour le nouveau statut du désir dans la vie morale.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>ARIST&Oacute;TELES: DESEO Y    ACCI&Oacute;N MORAL*</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="center"> <font size="3" face="verdana"><b>Aristotle: Desire and Moral    Action</b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p> <b>Jean Paul Margot</b></p>     <p> Departamento de Filosof&iacute;a, Universidad del Valle, Colombia</p>     <p align="center">*Recibido Noviembre 13 de 2007; Aprobado Enero 25 de 2008. </p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p> <b>RESUMEN</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Es importante entender la posici&oacute;n de Arist&oacute;teles y su diferencia    con respecto a la de Plat&oacute;n. No se trata solamente de explicar el porqu&eacute;    del paso de la divisi&oacute;n tripartita del alma &ndash; racional, irascible    y concupiscible &ndash; a la divisi&oacute;n bipartita &ndash; racional e irracional    &ndash;, sino, tambi&eacute;n, de advertir y ser consciente de las profundas    implicaciones que este paso tiene y, sobre todo, sus consecuencias en el nuevo    estatuto del deseo en la vida moral.</p>     <p> <b>Palabras clave:</b> alma, deseo, pasi&oacute;n, moral, acci&oacute;n.</p> <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p> <b>R&Eacute;SUM&Eacute;</b></p>     <p> Il est important de comprende la position d&acute;Aristote et sa difference    avec celle de Platon. Il ne s&acute;agit pas seulement d&acute;expliquer le    pourquoi du passage de la division tripartite de l&acute;&acirc;me &ndash; rationnelle,    irascible et concupiscible &ndash; &agrave; la division bipartite &ndash; rationnelle    et irrationnelle &ndash;, mais aussi de prendre la mesure des profondes implications    qu&acute;a ce passage, et surtout de ses cons&eacute;quences pour le nouveau    statut du d&eacute;sir dans la vie morale.</p>     <p> <b>Mots-cl&eacute;s:</b> &acirc;me, d&eacute;sir, passion, morale, action.</p> <hr size="1">     <p>&#8220;[&#8230;] las acciones cuyos principios est&aacute;n en   nosotros dependen de nosotros y son <sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup>   voluntarias&#8221; .</p>     <p>1. Plat&oacute;n y la fractura del deseo   La oposici&oacute;n entre la sabidur&iacute;a tranquila y el deseo inquieto    no es un   descubrimiento de los griegos. Si la sabidur&iacute;a<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup>    es tranquila y el deseo inquieto,      &iquest;no es una paradoja que el hombre desee la sabidur&iacute;a? Esta paradoja    que se nos   presenta, s&oacute;lo pod&iacute;a plantearse desde una filosof&iacute;a que    sea amor de la sabidur&iacute;a.   En un mundo como el griego en el que reina la raz&oacute;n, o l&oacute;gos,    como due&ntilde;a y   se&ntilde;ora, y en el que tambi&eacute;n se da cuenta del deseo, es donde aparece    la relaci&oacute;n   parad&oacute;jica entre raz&oacute;n y deseo. As&iacute; el deseo se nos presenta    como un problema   &#8211;es decir, etimol&oacute;gicamente, una dificultad que hay que resolver&#8211;    al darse una   fractura con la raz&oacute;n: &iquest;c&oacute;mo y por qu&eacute; puede el    hombre desear algo, as&iacute; sea la      sabidur&iacute;a? He ah&iacute; nuestra paradoja<sup><a href="#3" name="s3">3</a></sup>    .</p>     <p>Un pasaje del Fedro muestra esta ruptura al distinguir entre dos aspiraciones   heterog&eacute;neas del hombre. Una de ellas tiende hacia el placer &#8211;desenfreno,   deseo natural e irracional; la otra hacia lo mejor&#8211; sensatez, deseo adquirido    y   racional:</p>     <p>&#8220;Ahora bien, que el amor es una especie de deseo <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f1.gif">    est&aacute; claro para todo el mundo. Asimismo, el que tambi&eacute;n   los que no est&aacute;n enamorados desean <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f2.gif">    a los bellos es   algo que sabemos. &iquest;Con qu&eacute; criterio, pues, discerniremos al   enamorado del no-enamorado? Preciso es de nuevo distinguir   que en cada uno de nosotros hay dos principios rectores o   conductores, que seguimos doquiera que nos gu&iacute;en: el uno es un   apetito innato de placeres <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f3.gif">, y    el otro un modo   de pensar adquirido <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f4.gif">. A veces    tienen ambos en   nosotros un mismo sentir, otras, en cambio, est&aacute;n en pugna. En ocasiones    es uno el que domina, en otras el otro. Si es ese modo de   pensar que gu&iacute;a hacia lo mejor mediante el razonamiento <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f6.gif">   el que detenta la victoria, se da a &eacute;ste el nombre de templanza   <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f7.gif">. En cambio, si es el apetito    que arrastra   irracionalmente hacia los placeres lo que en nosotros domina, se   aplica a este dominio el nombre de intemperancia <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f8.gif"><sup><a href="#4" name="s4">4</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;C&oacute;mo explicar el conflicto entre el deseo irracional y el deseo    racional, si   ambos tienen la misma forma <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f9.gif">?    &#8220;A veces tienen ambos en nosotros un   mismo sentir, otras, en cambio, est&aacute;n en pugna. En ocasiones es uno el    que   domina, en otras el otro&#8221;<sup><a href="#5" name="s5">5</a></sup> . Antes    de responder esta pregunta, conviene aclarar lo   siguiente. Aunque podemos, por comodidad de lenguaje, hablar de &#8220;partes&#8221;    del   alma, la racional, la irascible y la concupiscible, esto tan s&oacute;lo debe    entenderse   como metaf&oacute;rico. Desde el Alcibiades sabemos que el alma es la esencia    del   hombre. El alma es una y simple, pese a la diversidad de sus apetitos que   irradian de un mismo centro. Nunca hay por parte de Plat&oacute;n una ruptura    con la   concepci&oacute;n unitaria del alma. Plat&oacute;n mantiene que es el alma,    la misma y por s&iacute;   misma <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f10.gif"> la que, con o sin el concurso    o mediaci&oacute;n del   cuerpo, siente, desea, razona y delibera en cada uno de nosotros: &#8220;&#8230;es    el alma   la que examina por s&iacute; misma lo que las cosas tienen en com&uacute;n <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f9.gif">&#8221;<sup><a href="#6" name="s6">6</a></sup>    . La   met&aacute;fora que Plat&oacute;n utiliza en el Fedro 253 - 257 en la que compara    al alma con   un carro alado que incluye tanto al auriga como a los dos caballos, significa    que   el alma y el cuerpo forman un tronco de caballos connaturales. El alma est&aacute;   compuesta. Es, al igual que la polis, la unidad de una multiplicidad; pero ser&aacute;   ordenada, si sus partes inferiores &#8211;irascible y concupiscible&#8211; obedecen    al   auriga, que es aquella parte por la cual el alma razona.</p>     <p>Plat&oacute;n parte de una constataci&oacute;n: el estudio de las diferentes    poleis ha   revelado que hay una gran diversidad de los caracteres. Si existen sociedades   guerreras y sociedades &#8220;amantes del saber&#8221;, es porque los individuos    que las   componen tienen este o aquel rasgo dominante<sup><a href="#7" name="s7">7</a></sup>    . Aunque la divisi&oacute;n del alma podr&iacute;a explicar la repartici&oacute;n    e incluso, algunas veces, la oposici&oacute;n entre los   individuos<sup><a href="#8" name="s8">8</a></sup> , sin embargo, no es de suyo    evidente que se puede dividir al alma   como se divide a una ciudad-estado &#8220;clasificando&#8221; a sus miembros.    Apelar, por   tanto, a la divisi&oacute;n del alma como explicaci&oacute;n de los diferentes    car&aacute;cteres de los   individuos y de la sociedad no es suficiente: &eacute;ste ser&iacute;a un argumento    meramente   psicol&oacute;gico. En realidad, la argumentaci&oacute;n no es psicol&oacute;gica,    sino &#8211;como en   Arist&oacute;teles, pero por razones diferentes&#8211; l&oacute;gica. Descansa    en el principio de   no-contradicci&oacute;n del que S&oacute;crates destaca su car&aacute;cter operativo:    no es   l&oacute;gicamente posible que un mismo &#8220;sujeto&#8221; quiera al mismo    tiempo cosas   contradictorias.</p>     <p>&#8220;Es evidente <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f13.gif"> que el mismo    sujeto no admitir&aacute;, al mismo   tiempo, el hacer <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f14.gif"> o el padecer    <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f15.gif"> cosas   contrarias en la misma parte de s&iacute; mismo y con relaci&oacute;n al mismo   objeto, de modo que si en estos sujetos encontramos que se dan   estas cosas, sabremos que no hay un solo principio, sino varios&#8221;<sup><a href="#9" name="s9">9</a></sup>    .</p>     <p>&Eacute;sta es la paradoja que el Plat&oacute;n debe resolver: &iquest;c&oacute;mo    desear una cosa   &#8211;deseo irracional, o epithym&iacute;a&#8211; y su contrario &#8211;deseo    racional, o l&oacute;gos? Los   fundamentos de la racionalidad son los que se ponen aqu&iacute; en tela de juicio.    Tal   vez por ello, S&oacute;crates se&ntilde;ala que la dial&eacute;ctica es inadecuada    para este tipo de   reflexi&oacute;n. Aunque en el texto de La Rep&uacute;blica IV, 435 -441 esto    no parezca tan   claro. All&iacute; S&oacute;crates utiliza los mismos t&eacute;rminos que caracterizan    a la dial&eacute;ctica   para definir el deseo: el alma es, en tanto que &#8220;proceso del pensamiento&#8221;    como   un discurso que la mente entabla consigo misma acerca de cualquier tema que   est&eacute; considerando<sup><a href="#10" name="s10">10</a></sup> . Tambi&eacute;n    en el Fed&oacute;n donde el objeto del deseo aparece      finalmente como la verdad misma: &#8220;Afirmamos desear lo que es verdad&#8221;<sup><a href="#11" name="s11">11</a></sup>    .</p>     <p>La divisi&oacute;n del alma que implicar&iacute;a la puesta a distancia del    deseo por la   raz&oacute;n es necesaria para explicar nuestras contradicciones, aunque ellas   permanecen misteriosas. Esta divisi&oacute;n permitir&iacute;a la reducci&oacute;n    del deseo   &#8211;epithym&iacute;a&#8211; al cuerpo y permitir&iacute;a adem&aacute;s presentar    la contradicci&oacute;n en la que se incurre que luego habr&aacute; que dilucidar    &#8211;ya que, como lo mostrar&aacute; Hegel en su   Fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu, el deseo aparece como el lugar privilegiado    de la   dial&eacute;ctica. Es claro con todo que en Plat&oacute;n el alma no puede experimentar    &#8211;o,   mejor, padecer, y producir&#8211; efectos contrarios. Experimentar efectos contrarios   s&oacute;lo ser&aacute; posible si el alma se divide en partes absolutamente    heterog&eacute;neas: el   deseo irracional &#8211;epithym&iacute;a&#8211;, la fogosidad &#8211;thym&oacute;s&#8211;,    y la raz&oacute;n &#8211;logism&oacute;s. Por   tanto, el conflicto entre la raz&oacute;n y los deseos que a primera vista se    ve&iacute;a como   parad&oacute;jico, es solucionado en la medida en que son unos elementos distintos    los   que se oponen. Un deseo es &#8220;mandado&#8221; por la raz&oacute;n, mientras    que el otro est&aacute;   dejado a su libertad salvaje. Esta divisi&oacute;n no es, por lo tanto, neutral;    tiene que   ver con una estricta jerarqu&iacute;a de mando, la cual, a su vez, tiene que    ver con la   interrelaci&oacute;n entre el &ecirc;thos y la polis:</p>     <p>&#8220;&iquest;Y no sabes, adem&aacute;s, prosegu&iacute;, que por necesidad    existen tantas   especies de caracteres humanos como formas de gobierno? &iquest;O   crees t&uacute; que los gobiernos nacen por acaso de las encinas o de las   piedras y no de los caracteres de los ciudadanos, los cuales, como   el peso en la balanza, lo arrastran todo consigo? [&#8230;] Pero si el   individuo, prosegu&iacute;, es semejante a la ciudad, &iquest;no deber&aacute;    por   fuerza darse en &eacute;l la misma condici&oacute;n? &iquest;No estar&aacute;    su alma   henchida de esclavitud y vileza, y en servidumbre precisamente   las partes m&aacute;s nobles de ella, mientras que tiene el mando la parte   m&aacute;s despreciable, la m&aacute;s depravada y la m&aacute;s loca?&#8221;<sup><a href="#12" name="s12">12</a></sup>    .</p>     <p>Los caracteres de los individuos se transmiten a la ciudad y permiten   cualificarla moralmente. El car&aacute;cter de la ciudad y de su constituci&oacute;n    expresan   el orden interno instaurado. Este orden es similar al que se encuentra en el   car&aacute;cter humano. En &eacute;l se expresa, sobre todo, un modo de composici&oacute;n   ordenado de las evaluaciones y de las creencias acerca del Bien, de los deseos    y   de las emociones propias de cada car&aacute;cter. El paralelismo entre el car&aacute;cter    de   los individuos y el de la ciudad aparece claramente cuando Plat&oacute;n describe    en   los libros VIII y IX de La Rep&uacute;blica la patolog&iacute;a que afecta a    los caracteres.   Estos se alteran cuando la parte desiderativa o la parte apetitiva del alma    toman   una importancia excesiva y provocan la hipertrofia de un rasgo del car&aacute;cter.    El   desorden en el alma se manifiesta por el hecho de que el hombre razona de   manera descarriada, pero tambi&eacute;n por sus gustos, por sus pasiones y por    la   desorientaci&oacute;n total de su personalidad. Esta exposici&oacute;n de la    degeneraci&oacute;n de   los caracteres da una combinatoria de las distintas f&oacute;rmulas de composici&oacute;n    del alma. Se trata de mostrar c&oacute;mo, a partir de la desmesura de una raz&oacute;n    o de una   pasi&oacute;n, un rasgo del car&aacute;cter hipertrofiado forja un alma nueva.</p>     <p>Lejos de preconizar una filosof&iacute;a que fundamenta la sabidur&iacute;a    en una   supresi&oacute;n del deseo, Plat&oacute;n anuncia en La Rep&uacute;blica IV    una verdadera pol&iacute;tica   del deseo. La hidra &#8211;o peligro que renace sin cesar&#8211; del deseo,    al igual que el   pueblo, no debe ser eliminada sino dominada. As&iacute; y s&oacute;lo as&iacute;,    ser&aacute; dominado el   desorden que reina tanto en la ciudad como en el individuo. Para ello, el mismo   deseo, en tanto que thym&oacute;s ayudar&aacute; al fil&oacute;sofo, como los    guerreros ayudan a un   jefe. El hombre justo no es, por lo tanto, quien ha suprimido los deseos y no    se   deja llevar por el desenfreno &#8211;epithym&iacute;a; el hombre justo &#8220;se    enardece&#8221; contra   la injusticia y orienta sus deseos hacia el bien. Pero, he aqu&iacute; el problema,    la   dificultad que percibe Plat&oacute;n, pero que no puede resolver:</p>     <p>&#8220;No sin raz&oacute;n, por tanto, prosegu&iacute;, pretenderemos que son    dos   principios distintos entre s&iacute;; y llamaremos, a aquello con que se   razona, lo racional del alma <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f18.gif">,    y   aquello con que desea y tiene hambre y sed, y queda agitado por   los dem&aacute;s apetitos, lo irracional y concupiscible <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f19.gif">,    y amigo de ciertos hartazgos y placeres.</p>     <p>S&iacute;, dijo: es natural que juzguemos as&iacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Quedan as&iacute; definidos, prosegu&iacute;, estos dos principios que se dan   en el alma. Pero en cuanto a la fogosidad y aquello con que nos   enardecemos <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f20.gif">, &iquest;ser&aacute;    un   tercer principio, o compartir&aacute; la naturaleza de alguno de aquellos   dos?&#8221;<sup><a href="#13" name="s13">13</a></sup> .</p>     <p><font size="3"><b>2. Arist&oacute;teles y la unidad del deseo</b></font></p>     <p>   Como lo mostr&oacute; F. Nuyens<sup><a href="#14" name="s14">14</a></sup> ,    en la &Eacute;tica Eudemia y en la &Eacute;tica Nicomaquea   Arist&oacute;teles adopta una visi&oacute;n instrumentalista del alma que difiere    de la   concepci&oacute;n antropol&oacute;gica posterior que se dar&aacute; en el Tratado    del alma. La   concepci&oacute;n antropol&oacute;gica concibe al alma como forma del cuerpo.    El   hilemorfismo es una doctrina que Arist&oacute;teles profes&oacute; desde muy    temprano,   como lo atestigua el primer libro de la F&iacute;sica que Arist&oacute;teles    redact&oacute; en Assos.   El hilemorfismo puede ser definido como la teor&iacute;a de que la materia (hyl&eacute;)    y forma (morph&eacute;) son los dos principios que componen a t&iacute;tulo    de acto y potencia   la sustancia (ous&iacute;a). Aunque no desconocemos la evoluci&oacute;n de la    psicolog&iacute;a de   Arist&oacute;teles que va desde la fase idealista del Protr&eacute;ptico &#8211;escrito   probablemente hacia 354 a.n.e, y que defiende, con algunas modificaciones,   una tesis muy plat&oacute;nica, y hasta ultra plat&oacute;nica, seg&uacute;n    la cual el alma es ante   todo la parte racional, a saber, el intelecto, y que es esta alma la que es    inmortal&#8211;   hasta el hilemorfismo pasando por la fase instrumentalista, lo cierto es que    el   denominador com&uacute;n de la psicolog&iacute;a aristot&eacute;lica es la unidad    del alma o   psych&eacute;.</p>     <p>La vieja controversia de si Arist&oacute;teles entendi&oacute; a Plat&oacute;n    revela una completa   falta de comprensi&oacute;n. Arist&oacute;teles pisa el mismo suelo y lucha    con Plat&oacute;n para   ver mejor, pero su victoria no consiste en refutarlo, sino en imprimir el sello    de    su propia filosof&iacute;a sobre cada cosa plat&oacute;nica que toca<sup><a href="#15" name="s15">15</a></sup>    . Como a menudo sucede   en la obra aristot&eacute;lica, su posici&oacute;n con respecto a la psych&eacute;,    en general, y al   deseo, u &oacute;rexis, en particular, debe ser entendida en relaci&oacute;n    con su pol&eacute;mica   constante frente a su maestro Plat&oacute;n. Esta pol&eacute;mica es aqu&iacute;    expl&iacute;cita ya que se   trata de impugnar la divisi&oacute;n del deseo que se da en La Rep&uacute;blica.    Hijo de   m&eacute;dico, investigador de la naturaleza y de la vida, Arist&oacute;teles    hace de la psych&eacute;   y, por ende, de la &oacute;rexis, un asunto natural, f&iacute;sico. De hecho,    la investigaci&oacute;n   acerca del alma pertenece al grupo de escritos dedicados a la F&iacute;sica.</p>     <p>&#8220;El alma es, en efecto, la forma del cuerpo y, por esta raz&oacute;n,   responde a la definici&oacute;n de lo chato [camus]: est&aacute; inscrita   en lo sensible de la misma manera que la sustancia [engag&eacute;e]   formal de las <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f21.gif">se realiza en la    materia. La teor&iacute;a   general de la vida, que es el objeto del tratado, aparece as&iacute; como la       realizaci&oacute;n final de toda la Filosof&iacute;a de la naturaleza&#8221;<sup><a href="#16" name="s16">16</a></sup>    .</p>     <p>Es importante entender la posici&oacute;n de Arist&oacute;teles y su diferencia    con   respecto a la de Plat&oacute;n. No se trata solamente de explicar el porqu&eacute;    del paso,   bajo la influencia de Jen&oacute;crates, de la divisi&oacute;n tripartita &#8211;racional,    irascible y   concupiscible&#8211; a la divisi&oacute;n bipartita &#8211;racional e irracional&#8211;,    sino, tambi&eacute;n, de   advertir y ser consciente de las profundas implicaciones que este paso tiene    y,   sobre todo, sus consecuencias en el nuevo estatuto del deseo en la vida moral.   Aunque para Plat&oacute;n y para Arist&oacute;teles la divisi&oacute;n del alma    es   fundamentalmente l&oacute;gica, el paso de una divisi&oacute;n tripartita a    una bipartita es   algo que se puede explicar. Mientras la divisi&oacute;n tripartita de Plat&oacute;n    responde,   prioritariamente, a una preocupaci&oacute;n de orden pol&iacute;tico, la divisi&oacute;n    bipartita de   Arist&oacute;teles responde, ante todo, a una de orden f&iacute;sico.</p>     <p>La argumentaci&oacute;n de Arist&oacute;teles en Acerca del alma se dirige    en contra de   cualquier divisi&oacute;n del alma en una parte racional &#8211;t&ograve; l&oacute;gon&#8211;    y en una parte   irracional &#8211;t&ograve; &aacute;logon. Tal divisi&oacute;n, como cualquier    otra, tan s&oacute;lo responde a   determinados presupuestos filos&oacute;ficos que no son naturales sino l&oacute;gicos<sup><a href="#17" name="s17">17</a></sup>    . Esta   posici&oacute;n aristot&eacute;lica se advierte tan pronto como se considera    al deseo en su   sentido m&aacute;s amplio y gen&eacute;rico de &oacute;rexis: el deseo existe,    en efecto, tanto en la   parte racional &#8211;bo&uacute;lesis&#8211; como bajo la forma de la fogosidad    &#8211;thym&oacute;s&#8211; o de los   deseos irracionales &#8211;epithym&iacute;a&#8211;, o sea, como especies de    este g&eacute;nero.</p>     <p>&#8220;Es en la parte racional <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f24.gif">    que el deseo razonado   <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f25.gif">se origina, y en la parte irracional    <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f26.gif">   &lt;que se originan&gt; el apetito y el impulso <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f27.gif">;    luego si el alma est&aacute; constituida por estas tres partes, en   cada una de ellas tendr&aacute; lugar el deseo <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f28.gif"><sup><a href="#18" name="s18">18</a></sup></p>     <p>Este problema ya aparec&iacute;a en ciernes en nuestro texto de La Rep&uacute;blica    IV: la   forma del deseo parece com&uacute;n a los impulsos m&aacute;s irracionales &#8211;el    hambre, la   sed&#8211; y a la dial&eacute;ctica.</p>     <p>   Arist&oacute;teles resuelve esta dificultad refiri&eacute;ndose a la estructura    de la vida   animal que es opuesta a la vida vegetativa. Distingue dos facultades   fundamentales: el juicio &#8211;reflexi&oacute;n o sensaci&oacute;n, no&ucirc;s    o a&iacute;sthesis&#8211; y el   movimiento &#8211;k&iacute;nesis. Ahora bien, el movimiento, seg&uacute;n Arist&oacute;teles,    puede ser   explicado gracias a la intervenci&oacute;n del deseo, u &oacute;rexis, que es,    por el fin que   tiene, siempre motor<sup><a href="#19" name="s19">19</a></sup> . As&iacute;    se establece la unidad profunda de la facultad desiderativa <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f34.gif">    y de lo cognitivo <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f35.gif">. La b&uacute;squeda    de   la verdad y del bien s&oacute;lo es posible a partir de un deseo. No hay, entonces,   ning&uacute;n conflicto entre la raz&oacute;n y los deseos. El conflicto se    explica porque la   bo&uacute;lesis y la &oacute;rexis no concuerdan siempre, pero no porque el    alma est&eacute;   dividida en dos. La eventual oposici&oacute;n entre bo&uacute;lesis y &oacute;rexis    no es una   contradicci&oacute;n l&oacute;gica, dado que no se da el caso de que uno quiera    una cosa y su   contrario; el bien es siempre el fin, pero no siempre sabemos identificarlo    o   diferenciarlo del bien aparente. Si los deseos pueden verse mutuamente   encontrados, si raz&oacute;n &#8211;l&oacute;gos&#8211; y deseo &#8211;&oacute;rexis&#8211;    se contradicen, es porque en   &#8220;los animales que tienen la percepci&oacute;n del tiempo&#8221; la previsi&oacute;n    del intelecto no   siempre va en el sentido de la satisfacci&oacute;n inmediata.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&#8220; Y puesto que se producen deseos mutuamente encontrados   &#8211;esto sucede cuando la raz&oacute;n <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f36.gif">    y el apetito <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f37.gif"> son   contrarios; lo que, a su vez, tiene lugar en aquellos seres que   poseen percepci&oacute;n del tiempo <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f38.gif">:    el intelecto manda resistir ateni&eacute;ndose al futuro <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f39.gif">,    pero el apetito se atiene a lo inmediato <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f40.gif">;    y es   que el placer inmediato aparece como placer absoluto y bien   absoluto porque se pierde de vista el futuro&#8230;&#8221;<sup><a href="#20" name="s20">20</a></sup>    .</p>     <p>El alma no va entonces en contra del principio de no contradicci&oacute;n que   conoce muy bien: no es posible encontrar en un mismo sujeto al mismo tiempo   una cosa y su contrario<sup><a href="#21" name="s21">21</a></sup> . Arist&oacute;teles    inaugura con este an&aacute;lisis una concepci&oacute;n positiva y activa del    deseo como apetito, &oacute;rexis, que asimila al movimiento,   k&iacute;nesis, y que va a fundar toda una concepci&oacute;n din&aacute;mica    y productiva.   Arist&oacute;teles siempre distingue entre epithym&iacute;a, thym&oacute;s u    org&eacute;, y bo&uacute;lesis   como tres formas, o mejor, especies, del deseo &#8211;&oacute;rexis. Est&aacute;    claro que   Arist&oacute;teles considera la &oacute;rexis como &iacute;ntimamente relacionada    con las   funciones distintivas del alma animal, la sensaci&oacute;n &#8211;a&iacute;sthesis&#8211;,    y el   movimiento &#8211;k&iacute;nesis. El deseo, dice, es provocado por la sensaci&oacute;n,    por la   imaginaci&oacute;n o por el pensamiento, y es &eacute;l mismo la causa pr&oacute;jima    de los   movimientos del animal:</p>     <p>&#8220;Todos los animales mueven y son movidos para algo, de modo   que eso para lo que se mueven es para ellos el t&eacute;rmino de todo   movimiento. Vemos que lo que mueve al animal es la inteligencia   <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f48.gif">, la imaginaci&oacute;n <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f49.gif">,    la elecci&oacute;n   <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f50.gif">, la voluntad <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f51.gif">,    el apetito <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f52.gif">.   Todas estas cosas se refieren a la mente <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f53.gif">    y al deseo <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f54.gif"><sup><a href="#22" name="s22">22</a></sup></p>     <p>De lo que se trata es de la relaci&oacute;n que existe entre la sensaci&oacute;n    &#8211;a&iacute;sthesis&#8211;, y   el deseo &#8211;&oacute;rexis&#8211;, o entre la facultad sensitiva &#8211;t&oacute;    aisthetik&oacute;n&#8211; y la facultad   desiderativa &#8211;t&oacute; orektik&oacute;n. Pero es tambi&eacute;n la relaci&oacute;n    entre la bo&uacute;lesis, el   thym&oacute;s o la org&eacute;, la sensaci&oacute;n, la imaginaci&oacute;n &#8211;phantas&iacute;a,    y el intelecto &#8211;no&ucirc;s.   El alma animal es sensitiva. Pero Arist&oacute;teles conecta una variedad de   fen&oacute;menos vitales con la facultad sensitiva &#8211;t&ograve; aisthetik&oacute;n&#8211;,    y ve al alma   sensitiva &#8211;t&ograve; aisthetik&egrave; psych&eacute;&#8211;, como la fuente    de varias operaciones   diferentes. Es as&iacute; como le atribuye a la facultad sensitiva las sensaciones    de   placer y dolor. Placer y dolor son respectivamente la sensaci&oacute;n de un    objeto   bueno como bueno y la sensaci&oacute;n de un objeto malo como malo:</p>     <p>&#8220;Pero cuando lo percibido es placentero o doloroso, la facultad   sensitiva &#8211;como si de este modo estuviera afirm&aacute;ndolo o   neg&aacute;ndolo&#8211; lo persigue o se aleja de ello. Placer y dolor son el   acto del t&eacute;rmino medio en qu&eacute; consiste la sensibilidad para lo   bueno y lo malo en cuanto tales. Esto mismo son tambi&eacute;n la   aversi&oacute;n y el deseo en acto: las facultades del deseo y la aversi&oacute;n   no se distinguen, pues, realmente ni entre s&iacute; ni de la facultad   sensitiva. No obstante, su esencia es distinta&#8221;<sup><a href="#23" name="s23">23</a></sup>    .</p>     <p>Est&aacute; entonces claro que tanto el deseo como las formas m&aacute;s rudimentarias   de &eacute;ste est&aacute;n conectados entre s&iacute; y resultan naturalmente    de la facultad   sensitiva.</p>     <p>   Sin embargo, en el deseo hay m&aacute;s que sensaci&oacute;n. Todos los animales,    con un   grado o una forma m&aacute;s o menos desarrollada, poseen una especie de conciencia   que va m&aacute;s all&aacute; del acto moment&aacute;neo de sentir. Lo que persiste    despu&eacute;s de la   sensaci&oacute;n, &#8220;la facultad en virtud de la cual decimos que una imagen    se produce   en nosotros&#8221;<sup><a href="#24" name="s24">24</a></sup> , es lo que Arist&oacute;teles    llama la imaginaci&oacute;n sensitiva &#8211;aisthetik&egrave;   phantas&iacute;a&#8211;, a la cual tambi&eacute;n se suma la imaginaci&oacute;n    deliberativa &#8211;phantas&iacute;a   bouleutik&eacute; o logistik&eacute;&#8211; que tan s&oacute;lo pertenece a    los animales racionales<sup><a href="#25" name="s25">25</a></sup> .</p>     <p><font size="3"><b>3. Deseo y pasi&oacute;n.</b></font></p>     <p>   Las sucesivas divisiones y subdivisiones del alma en la &Eacute;tica Nicomaquea   responden a la dificultad insuperable que Arist&oacute;teles halla en Plat&oacute;n    para dar   cuenta, a la manera de mitos o relatos, de c&oacute;mo el dios manda a sus criaturas   &#8220;llevar a cabo el nacimiento de los mortales&#8221;, de la situaci&oacute;n    intermediaria del   thym&oacute;s de la que los guardianes de la Rep&uacute;blica son los representantes.    El texto   d-e de La Rep&uacute;blica IV 439 muestra que toda alma tiene tres dimensiones,    la del   l&oacute;gos, la de la epithym&iacute;a y la del thym&oacute;s. Estas tres dimensiones    corresponden a   tres situaciones bien determinadas del hombre. La primera, es la del hombre   cuya alma tiene el principio racional (t&ograve; logistik&oacute;n). La segunda,    la del hombre   cuya alma tiene el principio irracional (t&ograve; epithymetik&oacute;n) y,    entre las dos, la   tercera, en la que el alma tiene el principio col&eacute;rico (t&ograve; thymetik&oacute;n).    Plat&oacute;n   opone en el alma misma el deseo que tiene que ver con el cuerpo y el l&oacute;gos.   Ahora, s&iacute; est&aacute; claro que el alma no es solamente racional sino    que tambi&eacute;n tiene   una parte apetitiva, la concupiscible; lo que no est&aacute; claro, es el estatus    y la   funci&oacute;n de esta parte intermedia del alma que es el thym&oacute;s. Esta    parte   intermedia algunas veces &#8220;escucha a la raz&oacute;n y junto con ella coacciona   violentamente la parte apetitiva&#8221; y, otras veces, &#8220;no se encuentra    en absoluta   dispuesta a cumplir voluntariamente la orden y la palabra proveniente de la   acr&oacute;polis&#8221;<sup><a href="#26" name="s26">26</a></sup> , es decir,    del l&oacute;gos. En tanto que representante de la situaci&oacute;n   intermediaria de los guardianes en el cuerpo social ideal de la p&oacute;lis    plat&oacute;nica, el deseo col&eacute;rico o thym&oacute;s, localizado en el    t&oacute;rax<sup><a href="#27" name="s27">27</a></sup> es la mayor expresi&oacute;n    de la   ambig&uuml;edad no s&oacute;lo de la teor&iacute;a plat&oacute;nica de las pasiones,    sino tambi&eacute;n, y sobre   todo, de una filosof&iacute;a que, desde Plat&oacute;n &#8211;Arist&oacute;teles    va a ser la excepci&oacute;n&#8211;   se&ntilde;ala el dilema del hombre confrontado, en lo &eacute;tico y en lo pol&iacute;tico,    a las   solicitudes de lo racional y a las solicitudes de lo irracional. Al igual que    los   guardianes de la kalipolis de Plat&oacute;n, el hombre es raz&oacute;n y pasi&oacute;n,    sin ser   exclusivamente ninguno de los dos. El thym&oacute;s es esta parte del alma que   expresa el dilema. El hombre puede superar el obst&aacute;culo del deseo irracional   escuchando a la raz&oacute;n &#8211;l&oacute;gos; pero, si el coraje y la voluntad    le faltan, puede   atender el llamado de la pasi&oacute;n &#8211;epithym&iacute;a. Decimos que    el hombre &#8220;puede&#8221;,   porque es esta posibilidad de elegir, de acuerdo a la fortaleza o a la debilidad    de    su voluntad <sup><a href="#28" name="s28">28</a></sup>, la que constituye el    principio de la moralidad. En Plat&oacute;n, por el   contrario, es el conocimiento o la ignorancia el principio rector de la elecci&oacute;n    y   por ende el de la moralidad<sup><a href="#29" name="s29">29</a></sup> . La pasi&oacute;n    es sensibilidad, a&iacute;sthesis, antes que   moralidad. Es el signo de la contingencia del hombre. Si pasi&oacute;n y moral    est&aacute;n   desde siempre asociados, no hay que perder de vista que, en el origen, p&aacute;thos    es   ante todo esta conciencia sensible, irreflexionada, que nos hunde en las olas    de   la vida y que nos impele tanto a huir de sus peligros como a buscar sus placeres.   La pasi&oacute;n es tanto lo que nos une al mundo como lo que, al se&ntilde;alarlos,    nos   puede alejar de sus peligros.</p>     <p>La &Eacute;tica Nicomaquea integra y supone conocidos todos los an&aacute;lisis    del   alma, de la raz&oacute;n, de la vida y del Ser que Arist&oacute;teles ha desarrollado    en otras   partes de su obra. Adem&aacute;s, es solamente desde la perspectiva &eacute;tica,    que se   plantea la pregunta por la mejor forma o por el fin de la vida y de las acciones   humanas. As&iacute;, estos conocimientos racionales encuentran su lugar y su    sentido.   En efecto, el alma permanece inscrita en la materia, aun en su principio   puramente racional, y es &eacute;sta la condici&oacute;n necesaria para darle    forma y sentido.   El que el alma permanezca inscrita en la materia es, al mismo tiempo, la   condici&oacute;n ineluctable del hombre. As&iacute;, al discurso plat&oacute;nico    de la necesidad, de   &#8220;lo que es&#8221;, se contrapone en el discurso aristot&eacute;lico la    contingencia, la   multiplicidad. A la moral del l&oacute;gos que impone naturalmente un fin universal,   el Bien, inmanente al g&eacute;nero humano, Arist&oacute;teles contrapone una    moral del   p&aacute;thos que ve al hombre libre &#8211;eleuth&eacute;ros&#8211; en la elecci&oacute;n    de sus fines, hundido   en la contingencia y que se asigna cada vez unos fines particulares que se deben   constantemente redefinir. La moral del p&aacute;thos busca integrar las pasiones    con   el l&oacute;gos, sin pretender suprimirlas; es decir, la moral del p&aacute;thos    busca   estructurar inteligiblemente la sensibilidad. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;amos    suprimir las pasiones si ellas son constitutivas del alma humana<sup><a href="#30" name="s30">30</a></sup>    ? Cada hombre, que es el   compuesto concreto de forma y materia &#8211;<img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f56.gif">&#8211;,    la uni&oacute;n de un alma y   de un cuerpo, es capaz de ser afectado por lo sensible y es precisamente esta   capacidad de ser afectado la que lo diferencia de todos los dem&aacute;s seres.   Recordemos la definici&oacute;n de la pasi&oacute;n:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&#8220;Afecci&oacute;n <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f57.gif">se llama    en un sentido, la cualidad seg&uacute;n la   cual cabe alterarse, como lo blanco y lo negro, lo dulce y lo   amargo, la pesadez y la ligereza, y las dem&aacute;s cosas tales, en otro,   los actos e incluso las alteraciones de estas cualidades. Adem&aacute;s,   entre &eacute;stas, m&aacute;s bien las alteraciones y movimientos da&ntilde;inos,    y   sobre todo los da&ntilde;os penosos. Todav&iacute;a, se llaman afecciones los   infortunios y penas grandes&#8221;<sup><a href="#31" name="s31">31</a></sup>    .</p>     <p>El hombre no es solamente natural. Lo que es natural posee su propio   principio de desarrollo, es decir, su propio fin, en la medida en que no tiene    sus   fines en s&iacute; mismo. Pero, en el caso del hombre, &eacute;l debe buscarlos.    Al no ser   simplemente un ser natural, el hombre deviene con Arist&oacute;teles un ser    &eacute;tico. Ah&iacute;   donde una planta se limita a realizar inexorablemente su fin de planta, el   hombre debe construir sus propios fines. Estos fines nos son dados a trav&eacute;s    de   nuestros propios deseos. Los deseos, gracias a la imaginaci&oacute;n, aparecen    como   ya realizados y exigen, por tanto, que la raz&oacute;n o sabidur&iacute;a pr&aacute;ctica,    la phr&oacute;nesis,   nos proporcione los medios para pasar de lo imaginario a lo real. Enraizada    en   esta especie del deseo gen&eacute;rico que es la &oacute;rexis, en el deseo    voluntario, racional,   razonado, pero general e ineficaz, que es la bo&uacute;lesis, la vida moral    consiste en   estructurar con el lenguaje esta parte &#8220;irracional&#8221; del alma sensible    y sede de las   pasiones que, en la medida en que escucha y obedece a la raz&oacute;n, permite    que el   agente moral delibere acerca de los medios y pueda, por medio de la elecci&oacute;n   preferencial, o proa&iacute;resis, pasar a la acci&oacute;n para llegar al fin    deseado.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">   <font face="verdana" size="1">       <p><sup><a href="#s1" name="#1">1</a></sup> Arist&oacute;teles, &Eacute;tica Nicomaquea, I, 5, 1113 20-21: la traducci&oacute;n    es nuestra</p>     <p>   <sup><a href="#s2" name="#2">2</a></sup> Arist&oacute;teles, Metaf&iacute;sica A, 980&ordf; 21: &#8220;Todos los hombres    desean <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f5.gif"> por   naturaleza saber&#8221;. V&eacute;ase, Xavier Zubiri, &#8220;La idea de filosof&iacute;a    en Arist&oacute;teles&#8221; en,   Naturaleza, historia, Dios, Madrid, Editora Nacional, 1974, pp. 99-106</p>     <p>   <sup><a href="#s3" name="#3">3</a></sup> &iquest;C&oacute;mo el hombre puede desear una cosa y su contrario? La contradicci&oacute;n    se presenta   porque el hombre desea, al mismo tiempo, cosas opuestas. Sin embargo, esto se   soluciona en la medida en que consideramos que unas de las cosas que &eacute;l    desea son   parte del deseo irracional, las otras del deseo racional. Esta es una lectura    de la   contradicci&oacute;n. La otra lectura es que el hombre tiene dos maneras de    desear y &eacute;l no sabe   cu&aacute;l de las dos elegir. De acuerdo con esta contradicci&oacute;n, una    misma situaci&oacute;n no puede   verse afectada en formas opuestas de manera simult&aacute;nea, as&iacute; que    no es el hombre como   un todo quien se encuentra en un estado de contradicci&oacute;n, sino diferentes    partes de &eacute;l   que se mueven en distintas direcciones.</p>     <p>4<sup><a href="#s4" name="#4">4</a></sup>Plat&oacute;n, Fedro, 237 , edici&oacute;n biling&uuml;e, traducci&oacute;n,    notas y estudio preliminar por Lu&iacute;s   Gil Fern&aacute;ndez, Madrid, Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos, 1957.</p>     <p>   <sup><a href="#s5" name="#5">5</a></sup> Sobre la divisi&oacute;n tripartita del alma en el Fedro, v&eacute;ase 246&ordf;-253e,    y la representaci&oacute;n   de un combate entre dos principios distintos y antag&oacute;nicos del alma &#8211;    ibid., 248 . V&eacute;ase   Santo Tom&aacute;s de Aquino, Suma teol&oacute;gica, I, q. 81, a. 2-3, cuando    se pregunta si la parte   sensitiva del alma, dividida en los apetitos irascible y concupsicible, obedece    a la parte   superior, la racional</p>     <p>   <sup><a href="#s6" name="#6">6</a></sup> Plat&oacute;n, Teeteto, 185 : Introducci&oacute;n,    traducci&oacute;n y notas de &Aacute;lvaro Vallejo Campos,   Madrid, Gredos, 1988. Acerca de las cosas en com&uacute;n <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f12.gif">, que    ser&iacute;an las formas   o ideas plat&oacute;nicas, v&eacute;ase Plato&acute;s Theory of Knowledge. The    Theaetetus and the Sophist   of Plato, translated, with commentary, by Francis M. Cornford, Indianapolis,    Bobbs-   Merrill Educational Publishing, 1980, pp. 105-106.</p>     <p>   <sup><a href="#s7" name="#7">7</a></sup> Plat&oacute;n, La Rep&uacute;blica    IV, 435 -441 .</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s8" name="#8">8</a></sup> V&eacute;ase el mito de Er, La Rep&uacute;blica, X, 614 y ss.</p>     <p>   <sup><a href="#s9" name="#9">9</a></sup> La Rep&uacute;blica, IV, 436 . Introducci&oacute;n, versi&oacute;n y notas    de Antonio G&oacute;mez Robledo,   M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 2000.    Se trata del primer   enunciado en la historia de la filosof&iacute;a del principio de no-contradicci&oacute;n</p>     <p>   <sup><a href="#s10" name="#10">10</a></sup> Teeteto, 189 -190 y Filebo, 38 .</p>     <p>   <sup><a href="#s11" name="#11">11</a></sup> 66 : &#8220;Puede ser que alguna    senda nos conduzca hasta el fin, junto con el   razonamiento, en nuestra investigaci&oacute;n, en cuanto a que, en tanto tengamos    el cuerpo y   nuestra alma est&eacute; contaminada por la ruindad de &eacute;ste, jam&aacute;s    conseguiremos   suficientemente aquello que deseamos <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f16.gif">.    Afirmamos desear lo que es   verdad <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f17.gif">&#8221;, Taducci&oacute;n,    introducci&oacute;n y notas por C.   Garc&iacute;a Gual, Madrid, Editorial Gredos, 1986.</p>     <p><sup><a href="#s12" name="#12">12</a> </sup> Plat&oacute;n, La Rep&uacute;blica,    VIII, 544 y IX, 577 . Recordemos el libro IV, 441 : [...] las   mismas clases que hay en la ciudad, hay en el alma de cada individuo y en el    mismo   n&uacute;mero&#8221;; pero recordemos, tambi&eacute;n, el libro IV, 428&ordf;:    no hay justicia en la ciudad sino   en la medida en que el alma es una.</p>     <p><sup><a href="#s13" name="#13">13</a></sup> Ibid, IV, 439 : modificamos ligeramente la traducci&oacute;n. Recordemos    al Gorgias, 492   c &#8211; 493 y la alegor&iacute;a del tonel.</p>     <p>   El alma no es simple: lleva en s&iacute; la marca de la complejidad del hombre.    La fogosidad   puede ser aliada de la raz&oacute;n cuando ella reprime los deseos. Plat&oacute;n    nos ofrece un   ejemplo en el personaje de Leoncio, quien experimenta el impulso de ir a ver    los   cad&aacute;veres de los ajusticiados; lucha contra ese movimiento, pero termina    por ceder a &eacute;l   y corre hacia los muertos al tiempo que injuria a sus propios ojos: &laquo;&#8220;Ah&iacute;    los ten&eacute;is,   desdichados; hartaos del hermoso espect&aacute;culo&#8221;&raquo;, La Rep&uacute;blica    IV, 440&ordf;</p>     <p>   <sup><a href="#s14" name="#14">14</a></sup> F. Nuyens, L&acute;&eacute;volution    de la psychologie d&acute;Aristote, Louvain, &Eacute;ditions de l&acute;Institut   sup&eacute;rieur de philosophie (1948), 1973.</p>     <p><sup><a href="#s15" name="#15">15</a></sup>Como dice G.E.R. Lloyd, &#8220;Podemos asumir razonablemente que al inicio    mismo de   su carrera filos&oacute;fica Arist&oacute;teles aceptaba mucho de la ense&ntilde;anza    de Plat&oacute;n [&#8230;] Sin   embargo, aun despu&eacute;s de haber formulado sus principales objeciones a    la doctrina   plat&oacute;nica de las Formas, Arist&oacute;teles permaneci&oacute; a&uacute;n    profundamente influenciado por   otros aspectos de la ense&ntilde;anza de Plat&oacute;n. No s&oacute;lo hered&oacute;    de Plat&oacute;n muchos de sus   problemas, sino que sus cr&iacute;ticas a Plat&oacute;n suministran a menudo    el punto de partida y la   fundamentaci&oacute;n de sus propias teor&iacute;as&#8221;, Aristotle: the Growth    and Structure of his   Thought, London, Cambridge University Press, 1980, p. 41.</p>     <p>   <sup><a href="#s16" name="#16">16</a></sup> J. Tricot, De l&acute;&acirc;me,    Par&iacute;s, Vrin, 1977, introducci&oacute;n, p. VII. Sobre &#8220;lo chato    <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f22.gif">, ejemplo frecuentemente utilizado    por Arist&oacute;teles &#8211; Metaf&iacute;sica VI, 1, 1025 34-   b b 1027&ordf;6; VII, 5, 1030 18-1039&ordf;1; Acerca del alma, III, 4, 429 14;    F&iacute;sica, II, 2, 194&ordf;13,   etc&#8230; &#8211; para designar las sustancias naturales donde la forma est&aacute;    inscrita en la materia,   y no puede ser separada de ella en la definici&oacute;n, v&eacute;ase: H. Bonitz,    Index Aristotelicus,   680&ordf; 40; A. Mansion, Introduction &agrave; la physique aristot&eacute;licienne,    Louvain, &Eacute;ditions de   l&acute;Institut sup&eacute;rieur de philosophie &#8211; Paris, Vrin, 1945,    pp. 145 y ss., y S. Mansion, &#8220;<img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f23.gif">    et la d&eacute;finition physique&#8221; (1969) en, &Eacute;tudes aristot&eacute;liciennes,    Louvain-laneuve,   &Eacute;ditions de l&acute;Institut sup&eacute;rieur de philosophie, 1984, pp.    347-355.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s17" name="#17">17</a></sup> Esta posici&oacute;n ser&aacute; retomada por Descartes en Las pasiones    del alma, art. LXVIII y   XLVII.</p>     <p>   <sup><a href="#s18" name="#18">18</a></sup> Arist&oacute;teles, Acerca del alma,    III, 9, 432 5-8: la traducci&oacute;n es nuestra. Ya en el   Protr&eacute;ptico, fr. 6, encontramos la divisi&oacute;n bipartita del alma:    &#8220;Del alma, una parte es la   raz&oacute;n, que por naturaleza gobierna y juzga sobre aquello que nos concierne,    y, otra,   aquello que la obedece y a la cual le es connatural el ser gobernado&#8221;    en, Arist&oacute;teles,   Fragmentos, Introducci&oacute;n, traducci&oacute;n y notas de &Aacute;lvaro    Vallejo Campos, Madrid,   editorial Gredos, 2005, p. 155. Tal divisi&oacute;n Aparece tambi&eacute;n en    la &Eacute;tica Eudemia, II, 1,   b b 1219 28-1220&ordf; 4, y en la &Eacute;tica Nicomaquea, I, 7, 1097 33-1098&ordf;    5; I, 13, 1102&ordf; 26-   b 1103&ordf; 3; VI, 1, 1138 34-1139&ordf; 17. Sabemos que Arist&oacute;teles    subdivide, a su vez, la parte   irracional del alma &#8211; E.N, I, 13&#8211; no con el fin de diferenciar la    parte vegetativa &#8211;t&ograve;   physik&oacute;n&#8211; de la parte desiderativa &#8211;t&ograve; orektik&oacute;n&#8211;,    sino con el fin de recalcar que esta   &uacute;ltima, aunque irracional, participa de alguna manera de la raz&oacute;n    al obedecerle. Este   esquema autoridad/mando-subordinaci&oacute;n/obediencia &#8211;esquema que Arist&oacute;teles    utiliza   en el primer libro de La Pol&iacute;tica I, 2, 1254&ordf; 22-24 para justificar    su teor&iacute;a de la   esclavitud por naturaleza&#8211; es una herramienta fundamental para entender    el papel que   juega el deseo en la acci&oacute;n moral. En efecto, la parte desiderativa cuya    naturaleza es la de obedecer a la raz&oacute;n puede, sin embargo, hacer caso    omiso a la voz de la raz&oacute;n y   negarse a escucharla: el deseo que nace entonces en el alma es el deseo ciego    de la   epithym&iacute;a. Puede tambi&eacute;n escuchar la voz de la raz&oacute;n, pero    solamente en parte: es el   thym&oacute;s, que desconoce a la raz&oacute;n por su fogosidad, pero se conforma    a ella en una cierta   medida &#8211; v&eacute;ase E.N, VII, 6, 1149&ordf; 26-32. Finalmente, la parte    desiderativa puede   escuchar a la raz&oacute;n, obedecerle y en cierto modo dejarse persuadir por    ella, hasta   modelar su movimiento sobre la regla, u <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f29.gif">,    que le dicta: es la bo&uacute;lesis. La   bo&uacute;lesis es, por esencia, un acto de la parte irracional del alma, como    bien lo dice   b Arist&oacute;teles en La Pol&iacute;tica, VII, 15, 1334 20-25, texto contempor&aacute;neo    de la &Eacute;tica   Eudemia. Y si tanto al inicio de su carrera, en T&oacute;picos, IV, 5, 126&ordf;    12-13, como al final   b de ella, en Acerca del alma, III, 9, 432 5-6, Arist&oacute;teles sit&uacute;a    a la bo&uacute;lesis en la parte   racional del alma a la que obedece. &#8220;Lo cierto, en todo caso, es que Arist&oacute;teles    nunca   pens&oacute; hacer de ella un acto de raz&oacute;n, y que en ninguna parte aparece    la noci&oacute;n que   elaborar&aacute; despu&eacute;s la filosof&iacute;a cristiana de un deseo racional    por esencia que ser&aacute; para   ella la voluntad: no hay huella en Arist&oacute;teles de tal concepci&oacute;n    de la voluntad, y menos   a&uacute;n, desde luego, de algo que evoque lo que la psicolog&iacute;a moderna    llama voluntad,   actividad espec&iacute;ficamente distinta de la emoci&oacute;n que es el deseo&#8221;,    Ren&eacute;-A. Gauthier,   La morale d&acute;Aristote, Paris, Presses universitaires de France, 1963, p.    24. La facultad   desiderativa es una facultad pasiva, movida por su objeto. A diferencia de la    actividad   voluntaria moderna, capaz de determinarse a s&iacute; misma, para Arist&oacute;teles    lo que mueve   es el deseo del fin: la atracci&oacute;n del fin deseado &#8211;bo&uacute;lesis.    La inserci&oacute;n del medio en este   deseo es lo que comunica a la decisi&oacute;n, o proa&iacute;resis, su fuerza    motr&iacute;z. Uno desea   necesariamente lo que uno cree que es un bien, y uno hace necesariamente lo    que uno ha   necesariamente decidido, es decir, lo que uno ha necesariamente juzgado que    es el   medio para realizar ese bien. En otros t&eacute;rminos, Arist&oacute;teles no    da cuenta del car&aacute;cter   motor de la decisi&oacute;n moral.</p>     <p><sup><a href="#s19" name="#19">19</a></sup> &#8220;Todo deseo tiene tambi&eacute;n    un fin, y el objeto deseado es el punto de partida del   intelecto pr&aacute;ctico <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f30.gif">, y    el &uacute;ltimo paso del intelecto pr&aacute;ctico es   el comienzo de la acci&oacute;n <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f31.gif">&#8221;,    Acerca del alma, III, 10, 433&ordf; 15-18:   la traducci&oacute;n es nuestra. El deseo da el fin, el cual sirve de punto    de partida &#8211;<img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f32.gif">:   sobre este sentido de arch&eacute;, v&eacute;ase Metaf&iacute;sica, V 1, ab    principio&#8211; al intelecto pr&aacute;ctico   cuya obra, o &eacute;rgon, consiste en descubrir los medios para alcanzar el    fin. El &uacute;ltimo paso   del pensamiento pr&aacute;ctico &#8211;<img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f33.gif">&#8211;,    o sea, el &uacute;ltimo medio descubierto es   entonces el primer paso de la acci&oacute;n, que retoma en sentido inverso el    camino recorrido.   b Arist&oacute;teles da un ejemplo de la marcha del pensamiento en Metaf&iacute;sica    VII, 7, 1032 6-   30, donde explica la manera como &#8220;lo sano&#8221; es el resultado del encadenamiento    de los pensamientos del m&eacute;dico: salud, equilibrio, calor y fricci&oacute;n,    hasta el punto de llegar a   aquello que el m&eacute;dico puede finalmente producir. Se trata del m&eacute;todo    anal&iacute;tico de los   antiguos ge&oacute;metras: v&eacute;ase Pappus de Alejandr&iacute;a (floruit    300 d.C) en su Colecci&oacute;n   matem&aacute;tica Libro VII, en M. Cohen and I.E. Drabkin, A Source Book in    Greek Science,   Cambridge, Harvard University Press, 1975, pp. 38-40. As&iacute; es como se    procede en la   deliberaci&oacute;n <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f41.gif">: &#8220;El que delibera parece, en efecto,    que investiga y analiza a   la manera que hemos dicho, como una figura geom&eacute;trica <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f42.gif">&#8230;;    y lo   &uacute;ltimo en el an&aacute;lisis es lo primero en el orden de la generaci&oacute;n    <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f43.gif">, Arist&oacute;teles, &Eacute;tica    a Nicomaco, edici&oacute;n   biling&uuml;e y traducci&oacute;n por Mar&iacute;a Araujo y Juli&aacute;n Mar&iacute;as,    Madrid, Centro de Estudios   b Constitucionales, 1985: III, 3, 1112 20-24.</p>     <p>  <sup><a href="#s20" name="#20">20</a></sup> Acerca del alma, III, 10, 433 5-10: Introducci&oacute;n, traducci&oacute;n    y notas de Tom&aacute;s Calvo   Mart&iacute;nez, Madrid, Editorial Gredos, 1978. Los animales tambi&eacute;n    tienen memoria   <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f44.gif">, pero s&oacute;lo los hombres tienen reminiscencia <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f45.gif">: el    acto de   acordarse es, en efecto, una suerte de inferencia <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f46.gif">, y este acto    pertenece   tan s&oacute;lo a aquellos animales que tienen la facultad deliberativa <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f47.gif">:   v&eacute;ase Arist&oacute;teles, On Memory and Recollection, 449 28-30 y 453&ordf;    5-14: Parva   Naturalia, with an english translation by W.S.Hett, Cambridge/London, Harvard   University Press, Loeb Classical Library, 1986.</p>     <p>   <sup><a href="#s21" name="#21">21</a></sup> Metaf&iacute;sica IV, 3-4 y Anal&iacute;ticos    posteriores, I, 11.</p>     <p><sup><a href="#s22" name="#22">22</a></sup>  Movimiento de los animales, 700 15-19: Introducciones, traducciones y notas    de   Elvira Jim&eacute;nez S&aacute;nchez-Escariche y Almuneda Alonso Miguel, Madrid,    Editorial   Gredos, 2000; Aristotle, Movement of animals, with an english translation by    E.S.   Forster, Cambridge/London, Harvard University Press, Loeb Classical Library,    1993.</p>     <p>   <sup><a href="#s23" name="#23">23</a></sup> Arist&oacute;teles, Acerca del Alma,    III, 7, 431&ordf; 9-14. Como dice J. Tricot: &#8220;La sensibilidad   afectiva es id&eacute;ntica a la sensibilidad en general. No hay una facultad    que desea y otra que siente aversi&oacute;n: no hay sino una facultad a la vez    de deseo y de aversi&oacute;n que es   id&eacute;ntica a la facultad sensitiva; tan s&oacute;lo sus conceptos son diferentes&#8221;,    Trait&eacute; de l&#8217;&acirc;me,   Op. Cit., p. 191, nota 2.</p>     <p>   <sup><a href="#s24" name="#24">24</a></sup>  Ibid, III 3, 428&ordf; 1-2.</p>     <p>   <sup><a href="#s25" name="#25">25</a></sup>  Ibid., III 11, 434&ordf; 6-7.</p>     <p>   <sup><a href="#s26" name="#26">26</a></sup> Plat&oacute;n, Timeo, 70&ordf;.    Introducci&oacute;n, traducci&oacute;n y notas de Francisco Lisi. Madrid,   Planeta de Agostini, 1988. Para los griegos las pasiones &#8211;a las que Plat&oacute;n    califica de   <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f55.gif">, temibles e inevitables, Ib&iacute;d.,    69 &#8211;, son ante todo pol&iacute;ticas: ellas   expresan la vida de la p&oacute;lis, es decir, las relaciones que los hombres    libres mantienen   entre s&iacute;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <sup><a href="#s27" name="#27">27</a></sup> Plat&oacute;n, Timeo, 69c.</p>     <p>    <sup><a href="#s28" name="#28">28</a></sup> Sobre la debilidad de la voluntad, o &#8220;acras&iacute;a&#8221;, v&eacute;ase    &Eacute;tica Nicomaquea, VII, 1-10.</p>     <p>   <sup><a href="#s29" name="#29">29</a></sup> Acerca de la cr&iacute;tica de Arist&oacute;teles    a la teor&iacute;a socr&aacute;tica de la virtud-ciencia, v&eacute;ase E.N,</p>     <p><sup><a href="#s30" name="#30">30</a></sup> &#8220;Puesto que son tres las cosas que suceden en el alma, pasiones [pavqh],    facultades   <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f59.gif"> y modos de ser <img src="img/revistas/pafi/n26/n26a11f58.gif">, la virtud ha de pertenecer a una de ellas&#8221;,   Arist&oacute;teles, &Eacute;tica Nicomaquea, II, 5, 1105 18-20. La traducci&oacute;n    es nuestra.</p>     <p>   <sup><a href="#s31" name="#31">31</a></sup> Arist&oacute;teles, Metaf&iacute;sica, V, 1022 15-21. Gredos, Garc&iacute;a    Yebra. Acerca del sentido   muy ambiguo de p&aacute;thos, v&eacute;ase la nota de J. Burnet a &Eacute;tica    Nicomaquea, II, 4, 1105 21-   23, The Ethics of Aristotle, edited with an introduction and notes, London,    Methuen &amp;   Co, 1900, pp. 88-89.</p>   </font> <hr size="1">  </font>      ]]></body>
</article>
