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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[MOLDEADOS PARA LA CONTINGENCIA, DESTINADOS A LA COMPRENSIÓN]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,ALBERTA: Centro de Investigación Social y Educativa  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Social research based upon philosophical explanations becomes the fundamental task of the construction of sense, and a constant challenge when trying to carry the practice from reflection to useful and coherent action. In this way we arrive at the hermeneutical proposal from pragmatist expositions that they are the bridge to a new context for Social Sciences. This context implies that we consider ourselves from and within contingency, towards and for comprehension. From an anti-dualist and constituently cooperative view of the human being we understand ourselves as possessors of the tools required to address the infinite possibilities that contingency offers to us. We will consider a cooperative framework within which we are coherent beings, empowered with a predisposition for comprehension.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>MOLDEADOS PARA LA CONTINGENCIA, DESTINADOS    A LA COMPRENSI&Oacute;N*</b></font></p>     <p align="center"> <font size="3"><b>Shaped to contingency, appointed to comprehension</b></font></p>     <p><b> Itxaso Arias Arana</b></p>     <p> ALBERTA: Centro de Investigaci&oacute;n Social y Educativa, Formaci&oacute;n    y Documentaci&oacute;n</p>     <p align="center">* Recibido Marzo 31 de 2008;Aprobado Mayo 13 de 2008.</p> <hr size="1">     <p> <b>RESUMEN</b></p>     <p> Desde la perspectiva de la investigaci&oacute;n social partir de planteamientos    filos&oacute;ficos se convierte en la tarea fundamental de construcci &oacute;n    de sentido y en un reto constante al tratar de llevar a la pr&aacute;ctica desde    la reflexi&oacute;n acciones &uacute;tiles y coherentes. De esta manera llegamos    a la propuesta hermen&eacute;utica desde planteamientos pragmatistas que son    el puente hacia un nuevo contexto para las Ciencias Sociales. Este contexto    supone pensarnos desde y en la contingencia y hacia y para la comprensi&oacute;n.    Desde una visi &oacute;n antidualista y constitutivamente cooperativa del ser    humano nos entendemos poseedores de las herramientas necesarias para abordar    las infinitas posibilidades que nos ofrece la contingencia. Plantearemos un    marco cooperativo desde el cual ser coherentes y potenciar nuestra predisposici&oacute;n    a la comprensi&oacute;n.</p>     <p> <b>Palabras clave</b>: Investigaci&oacute;n social, Hermen&eacute;utica, Pragmatismo,    Contingencia, Comprensi&oacute;n.</p> <hr size="1">     <p> <b>ABSTRACT</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Social research based upon philosophical explanations becomes the fundamental    task of the construction of sense, and a constant challenge when trying to carry    the practice from reflection to useful and coherent action. In this way we arrive    at the hermeneutical proposal from pragmatist expositions that they are the    bridge to a new context for Social Sciences. This context implies that we consider    ourselves from and within contingency, towards and for comprehension. From an    anti-dualist and constituently cooperative view of the human being we understand    ourselves as possessors of the tools required to address the infinite possibilities    that contingency offers to us. We will consider a cooperative framework within    which we are coherent beings, empowered with a predisposition for comprehension.</p>     <p> <b>KeyWords</b>: Social Investigation, hermeneutic, pragmatism, Contingency, Understanding.</p> <hr size="1">     <p> La comprensi&oacute;n es un problema en el mundo y si fuera posible resolverlo    debe serlo en el mundo. La gente lo resuelve d&iacute;a tras d&iacute;a. Si    su soluci&oacute;n despista la idea de pureza y precisi&oacute;n de los fil&oacute;sofos,    mucho peor para los fil&oacute;sofos, porque la comprensi&oacute;n solo puede    hallarse donde est&aacute;.<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup></p>     <p> El planteamiento pragmatista de no separar teor&iacute;a y pr&aacute;ctica    supone admitir que la primera ya es un modo de intervenci&oacute;n sobre la    realidad, de acci&oacute;n, interpretaci&oacute;n y selecci&oacute;n. En definitiva,    es la perspectiva desde la cual o por la cual posteriormente podremos plantear    en las Ciencias Sociales otro tipo de acciones destinadas a incidir sobre los    problemas seleccionados. Recordemos que desde el pragmatismo toda teor&iacute;a,    todo pensamiento, es acci&oacute;n.</p>     <p> Si partimos de la idea de que ninguna teor&iacute;a est&aacute; mejor fundamentada    que otra, en el sentido de que represente m&aacute;s fielmente la realidad,    y si, desde la mirada psicosociol&oacute;gica, pensamos que nuestro saber se    justifica desde la praxis social y no desde su correspondencia con la verdad    o de su lealtad a la objetividad, entendida como correspondencia con lo real,    estamos m&aacute;s cerca de concebir la teor&iacute;a como una pr&aacute;ctica    social.</p>     <p> El hecho de abordar el campo de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica desde    la experiencia de la investigaci&oacute;n social nos supone retos y posibilidades    y creo que s&oacute;lo tiene sentido si nos ayuda a hacer mejor nuestro trabajo,    cuesti&oacute;n que no pongo en duda.</p>     <p> En este caso propongo que nos acerquemos a la hermen&eacute;utica desde la    propuesta rortiana. Esto fundamentalmente supone pensarnos como seres moldeados    para la contingencia gracias a nuestra naturaleza social o cooperativa y, adem&aacute;s,    pensarnos como seres destinados a convivir tanto con nuestras necesidades como    con nuestras posibilidades o, dicho de otro modo, como seres destinados a la    comprensi&oacute;n.</p>     <p> Lejos de pensar que abrazar la contingencia nos deja sin marcos desde los    cuales dar sentido a nuestro pensamiento y a nuestra acci&oacute;n en el campo    de la investigaci&oacute;n, esta propuesta nos reta a pensarnos desde una l&oacute;gica    diferente ya que estamos preparados &#147;constitutivamente&#148; para la contingencia    y en realidad poseemos la mejor de las herramientas para abordar las infinitas    posibilidades que nos ofrece. Hablamos de ese distintivo humano gracias al cual    emerge la capacidad de autorreflexi&oacute;n: la acci&oacute;n cooperativa.</p>     <p> <font size="3"><b>1. Contingencia, hermen&eacute;utica y pragmatismo</b></font></p>     <p> Pensar desde el neopragmatismo rortiano nos lleva a pensar desde la hermen    &eacute;utica y esto a su vez supone, fundamentalmente, avanzar en el pensamiento    antidualista con nuevas herramientas de reflexi&oacute;n y an&aacute;lisis.    La hermen &eacute;utica nos ayuda a seguir respondiendo una pregunta clave desde    el pragmatismo: &iquest;c&oacute;mo abordar la contingencia? Esta es la pregunta    que nos interesa plantear, como inicio de esta reflexi&oacute;n, siendo conscientes    de que no tiene una &#147;&uacute;nica&#148; respuesta, o de que tiene tantas    respuestas como los momentos hist&oacute;ricos en los que nos la planteemos.    Por ello, creo que partir de la idea de que somos tarea para nosotros mismos    -la contingencia del yo- supone hablar de la posibilidad del perfeccionamiento    moral pero desde la fusi&oacute;n de naturaleza y moral que supone el antidualismo    y no como opuesto a la evoluci&oacute;n natural. Esto nos llevar&aacute; a pensarnos    como m&aacute;s humanos cuanto m&aacute;s sociales, esto es, cuanto m&aacute;s    conscientemente cooperativos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Como se&ntilde;ala Bauman, el problema que se nos plantea desde las Ciencias    Sociales al tratar de situarnos en un contexto hermen&eacute;utico desde el    cual acercarnos cr&iacute;ticamente a nuestro marco de acci&oacute;n, tanto    en un nivel reflexivo como en el m&aacute;s operativo de investigar las pr&aacute;cticas    sociales, es el problema del consenso y la verdad. Este es el reto que recogemos    desde las Ciencias Sociales si deseamos repensarnos desde la hermen&eacute;utica.    Claro que, en nuestro caso, al llegar a la hermen&eacute;utica desde el neopragmatismo,    hemos recorrido ya un camino que nos lleva del universalismo a abrazar la contingencia    y a introducir el deseo en el criterio de &#147;verdad&#148;.</p>     <p> Desde las tradicionales teor&iacute;as del conocimiento, desde la epistemolog&iacute;a,    se dice que todas las aportaciones a un discurso son &#147;conmensurables&#148;,    que existe una medida com&uacute;n, o un conjunto de reglas en com&uacute;n,    que nos har&aacute; llegar a un acuerdo cuando surja un conflicto entre afirmaciones.    Este terreno com&uacute;n, para la epistemolog&iacute;a, es la racionalidad    que nos hace llegar a la Verdad.</p>     <p> La hermen&eacute;utica en cambio, desde la perspectiva rortiana, pone en tela    de juicio la suposici&oacute;n de tal conmensurabilidad, pues se duda de la    existencia de ese terreno com&uacute;n donde &#147;todo ser humano confluye&#148;.    Ser racional, para la hermen&eacute;utica, es no apelar a un lenguaje universal,    a un conjunto de reglas en com&uacute;n, tal y como pretende la epistemolog&iacute;a,    sino estar dispuesto a adquirir la jerga del interlocutor en vez de traducirla    a la suya propia<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup> . Los participantes en el discurso est&aacute;n unidos en    Societas y no en Universitas.</p>     <p>Esta &uacute;ltima afirmaci&oacute;n nos dar&aacute; pie a plantear que dejar    de lado la universalidad, el esencialismo y la fundamentaci&oacute;n, no supone    abocarnos al relativismo. Si abandonamos la idea de que el conocimiento y la    verdad tienen fundamentos &uacute;ltimos, nos volvemos sobre las pr&aacute;cticas    sociales para, desde ah&iacute;, tratar de comprender como producimos y justificamos    nuestras creencias, nuestros conocimientos y nuestras verdades. Es decir, trasladamos    el problema del conocimiento o la epistemolog&iacute;a al an&aacute;lisis de    la pr&aacute;xis humana, a la intersubjetividad. La lealtad estar&iacute;a dirigida    a la comunidad general (Societas) y no a la racionalidad o a la objetividad    o a laVerdad (Universitas).</p>     <p> &laquo;La epopeya y las idealizadas esperanzas que tradicionalmente se han    articulado en una ret&oacute;rica de la &#147;b&uacute;squeda de la verdad objetiva&#148;    se pueden igualmente articular en una ret&oacute;rica de la solidaridad social,    una ret&oacute;rica que ti&ntilde;a de romanticismo la b&uacute;squeda de un    acuerdo intersubjetivo, no forzado, entre grupos de interlocutores cada vez    m&aacute;s vastos&raquo;<sup><a href="#3" name="s3">3</a></sup> .</p>     <p> Como iremos viendo a lo largo de este trabajo, esa solidaridad social de la    que habla Rorty la planteamos de un modo m&aacute;s espec&iacute;fico y radical    desde el apoyo mutuo basado en la acci&oacute;n cooperativa ya que es precisamente    esta acci&oacute;n integral y cooperativa, constitutiva en el ser humano, la    que posibilitar &aacute; la emergencia de la capacidad de autorreflexi&oacute;n.    Lejos de quedarnos sin criterios o sin un marco de referencia, lo que planteamos    es un cambio de l&oacute;gica, otra forma de pensarnos y, por lo tanto, otras    formas de entender el consenso y la verdad desde dos elementos claves del pragmatismo:    el antidualismo y la acci&oacute;n cooperativa. Todo ello nos permite entendernos    como seres moldeados cooperativamente, esto es, seres moldeados y constitutivamente    preparados para abordar la contingencia.</p>     <p> En este momento, lo que nos interesa de la hermen&eacute;utica es que nos    aporta m&aacute;s elementos de an&aacute;lisis y reflexi&oacute;n, en un marco    general de pensamiento que compartimos pero al que hemos llegado bebiendo de    fuentes pragmatistas: &laquo; La hermen&eacute;utica se acomoda especialmente    al &#145;esp&iacute;ritu&#146; o a las &#145;ciencias del hombre &#146;, mientras    hay alg&uacute;n otro m&eacute;todo (el de las ciencias objetivizantes y positivas)    que es apropiado para la &#145;naturaleza&#146;. Si trazamos la l&iacute;nea    divisoria entre epistemolog&iacute;a y hermen&eacute;utica tal como vengo haciendo    &#151;como contraste entre el discurso normal y el anormal- parece claro que    no compiten entre si, sino m&aacute;s bien que se ayudan mutuamente&raquo;<sup><a href="#4" name="s4">4</a></sup>    .</p>     <p> Seg&uacute;n Heidegger, &laquo;el t&eacute;rmino hermene&uacute;tica pretende    indicar el modo unitario de abordar, plantear, acceder a, cuestionar y explicar    la facticidad&raquo;<sup><a href="#5" name="s5">5</a></sup> y &laquo;la facticidad    es (&#133;) aquello detr&aacute;s de lo cual no puede remontarse&raquo;<sup><a href="#6" name="s6">6</a></sup>    . Desde una mirada pragmatista aquello detr&aacute;s de lo cual no podemos remontarnos    es la contingencia, claro que, aunque no podamos ir hacia atr&aacute;s, si podemos    ir hacia delante, abordarlo y ver con qu&eacute; contamos. Por ello desde un    pragmatismo hermen&eacute;utico: abordamos, planteamos, accedemos y nos cuestionamos    en la contingencia. O dicho de otro modo, el pragmatismo hermen&eacute;utico    es un modo (elaborado) de encontrarse<sup><a href="#7" name="s7">7</a></sup>    con la vida. Cuando decimos elaborado supone que partimos de una opci&oacute;n    antidualista y todo lo que ello conlleva.</p>     <p> Heidegger, al igual que Dewey, quer&iacute;a liberarse de los idealismos y    precisamente el t&eacute;rmino facticidad &laquo;tanto en un sentido de &#147;vida&#148;    como de &#147;existencia &#148;, se dirige contra los conceptos idealistas de    &#147;conciencia&#148;, &#147;autoconciencia &#148;, &#147;esp&iacute;ritu&#148;    y &#147;yo trascendental&#148;&raquo;.<sup><a href="#8" name="s8">8</a></sup>    Dewey se alej&oacute; de los idealismos gracias a la uni&oacute;n de mente y    cuerpo en la acci&oacute;n, uni&oacute;n de la que surge una nueva teor&iacute;a    de la experiencia, desde la cual, al no tener una relaci&oacute;n neutra con    el entorno, lo que nos preguntamos no es &iquest;qu&eacute; somos? o &iquest;en    qu&eacute; entorno vivimos? Sino, &iquest;c&oacute;mo nos relacionamos con el    entorno? y &iquest;c&oacute;mo es el entorno mundo que podemos construir?</p>     <p> El problema de las dos primeras preguntas es que nos topamos de lleno con    planteamientos ontol&oacute;gicos que nos llevar&iacute;an inevitablemente a    establecer, dando respuesta al &#147;qu&eacute;&#148;, una realidad independiente    de nosotros con lo que caer &iacute;amos de nuevo en los dualismos. Podr&iacute;amos    decir que al sustituir el qu&eacute; por el c&oacute;mo nos situamos de lleno    en una empresa &eacute;tica, pero no es as&iacute; porque volver &iacute;amos    a pensarnos desde una l&oacute;gica dualista estableciendo una diferencia de    clase entre lo natural y lo social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Rorty nos dir&iacute;a que tenemos que dejar de elaborar este tipo de preguntas,    pues nadie va a negar la existencia independiente de las estrellas, el sol y    el mar. Simplemente vamos a dejar de hacernos preguntas que no podemos contestar    y vamos a ser m&aacute;s humildes porque si reconocemos que nosotros no hemos    creado ni el sol, ni las estrellas, que son independientes de nosotros, pensar    desde lo ontol&oacute;gico nos convierte en una burda imitaci&oacute;n de los    dioses. Mejor nos centramos en lo que podemos hacer con dignidad y desde nuestra    condici&oacute;n de seres humanos dotados del lenguaje, que no es poco.</p>     <p> Desde el pragmatismo, desechada la empresa epistemol&oacute;gica de la b&uacute;squeda    de la Verdad, abrazamos la contingencia. Esto supone que necesitamos pensar    desde otra l&oacute;gica, desde otro lenguaje que nos ayude a ir dando los pasos    que vayan concretando y avanzando este nuevo recorrido. En este camino la hermen&eacute;utica    nos ayuda a abordar esta empresa que consideramos fundamental para pensarnos    &laquo;en un intento de entender qu&eacute; son las ciencias humanas, m&aacute;s    all&aacute; de su autoconciencia metodol&oacute;gica, y que las conecta con    la totalidad de nuestra experiencia en el mundo&raquo;<sup><a href="#9" name="s9">9</a></sup>    .</p>     <p> La hermen&eacute;utica cuestiona la posibilidad misma de que se pueda aclarar    nuestro conocimiento de lo social dejando de lado la consideraci&oacute;n del    prop&oacute;sito, la posibilidad de ser neutral.Y los pragmatistas identificamos    el sentido de la vida con obtener lo que se desea. Entonces los fen&oacute;menos    sociales al ser actos de los hombres y de las mujeres, deben ser comprendidos    de manera diferente que a trav&eacute;s de la pretendida explicaci&oacute;n    neutral. Su comprensi&oacute;n, por lo tanto, debe contener un elemento que    se evita en la explicaci&oacute;n de los fen&oacute;menos naturales: &laquo;el    rescate del prop&oacute;sito, de la intenci&oacute;n, de la singular configuraci&oacute;n    de los pensamientos y los sentimientos que preceden al fen&oacute;meno social    y s&oacute;lo alcanzan su manifestaci&oacute;n imperfecta e incompleta, en la    evidencia de las consecuencias de la acci&oacute;n. Por lo tanto la comprensi&oacute;n    de un acto humano debe ser buscada en el sentido que le confer&iacute;a la intenci&oacute;n    del actor&raquo;.<sup><a href="#10" name="s10">10</a></sup></p>     <p> Desde el pragmatismo entendemos, en un primer acercamiento, la comprensi &oacute;n    como &#147;la forma que tenemos los seres humanos de abordar la contingencia    &#148;. &laquo;La comprensi&oacute;n es un modo de ser, m&aacute;s que un modo    de conocimiento; en consecuencia el misterio de la comprensi&oacute;n es un    problema ontol&oacute;- gico y no epistemol&oacute;gico&raquo;.<sup><a href="#11" name="s11">11</a></sup>    Pero desde el pragmatismo adem&aacute;s creemos que contamos con las herramientas    suficientes para poder dar un paso m&aacute;s y comenzar a pensarnos desde la    l&oacute;gica de la comprensi&oacute;n, como modo de ser en el mundo, y no desde    la l&oacute;gica del conocimiento. Plantear as&iacute; la comprensi&oacute;n    supone a su vez, y de modo fundamental para las Ciencias Sociales, tener que    abordar la noci&oacute;n de &#147;experiencia&#148; de una forma no &#147;neutral&#148;,    que es precisamente lo que nos planteaba Dewey desde el giro naturalista. Plantear    que tenemos una relaci&oacute;n no neutral con la experiencia significa alejarnos    de los dualismos al introducir el deseo en la noci&oacute;n de verdad o el prop&oacute;sito    en la experiencia.</p>     <p> A continuaci&oacute;n vamos a plantear la noci&oacute;n de experiencia pragmatista    de un modo coherente como una consecuencia de entender la comprensi&oacute;n    como la forma humana de abordar la contingencia. Para ello, acudiremos al planteamiento    deweyniano de la acci&oacute;n integrada, para pasar despu&eacute;s, en un mayor    grado de especificidad y coherencia, a plantearemos con Mead que esta acci &oacute;n    integrada es adem&aacute;s cooperativa. Es decir, introducimos a &#147;los otros&#148;    en la noci&oacute;n de comprensi&oacute;n.<sup><a href="#12" name="s12">12</a></sup>    Y, finalmente, veremos c&oacute;mo &#147;los otros&#148; est&aacute;n presentes    en nosotros de una manera tan radical y original que la acci&oacute;n cooperativa    ser&aacute; el mecanismo desde el cual explicar el origen de la capacidad autorreflexiva.</p>     <p> <font size="3"><b>2. El giro naturalista y la noci&oacute;n de experiencia pragmatista:    una apuesta por el antidualismo</b></font></p>     <p> El giro naturalista supone hablar de la adaptaci&oacute;n rec&iacute;proca    de naturaleza, vida y mente como vida humana, es decir de acci&oacute;n integrada.    Hablamos de un continuo que incluye lo natural, lo social y lo cultural. Comenzamos    a pensarnos desde el punto de vista de la acci&oacute;n integrada. Cuando hablamos    de mente incluimos lo natural, y por eso decimos que el mundo es materia de    conocimiento, porque la mente se ha desarrollado en ese mundo. Tambi&eacute;n    hablamos de lo social porque esa acci&oacute;n adem&aacute;s es cooperativa    y es el mecanismo que posibilita la emergencia de la conciencia o capacidad    autorreflexiva. Ese mecanismo es el lenguaje.</p>     <p> La unidad de acci&oacute;n que supone hablar de mente y cuerpo es lo que nos    ayuda a entender la mente como una funci&oacute;n del cuerpo, pero sin encerrarla    en determinismos biol&oacute;gicos ya que incluimos, en el proceso evolutivo,    lo social y cultural. Pero tambi&eacute;n relacionamos la mente con la conducta,    ya que hablar de mente es hablar de significaciones y &eacute;stas no son individuales    sino que son propiedades de las interacciones.</p>     <p> Desde el pragmatismo el punto de partida es tratar de entender nuestra relaci&oacute;n    con el entorno, por ello no podemos hablar de la mente como algo anterior, como    una realidad ontol&oacute;gica diferente del cuerpo, sino que integramos mente    y cuerpo en la acci&oacute;n. Este es el camino que nos libera de los dualismos.</p>     <p> Cuando Dewey habla de la mente nos conduce a un amplio campo, por ello dice    que la mente es &laquo;contextual&raquo;, es &laquo;persistente&raquo;, ya que    la acci&oacute;n nunca se detiene y supone un sistema total de significados.    Estamos hablando desde el marco de la experiencia en un sentido amplio, desde    el marco de la vida humana, ya que si tenemos una mente es gracias al proceso    evolutivo y gracias a la socializaci&oacute;n. Por ello podemos considerar la    mente, &laquo;como un conjunto de creencias, deseos y prop&oacute;sitos que    se originan en la acci&oacute;n rec&iacute;proca entre las aptitudes biol&oacute;gicas    y el medio social&raquo;<sup><a href="#13" name="s13">13</a></sup> .</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Seguimos avanzando en este continuo y pasamos ahora a entender a qu&eacute;    se refiere Dewey cuando habla de la consciencia, ya que este ser&aacute; otro    planteamiento fundamental que retomar&aacute; posteriormente Mead.</p>     <p> Dewey habla de la consciencia como el significado de los acontecimientos en    proceso de reconstrucci&oacute;n. La diferencia que establece Dewey entre experiencia    y experiencia consciente es la diferencia entre un mero experimentar y un experimentar    que de origen a experiencias cognoscitivas, es decir, que nos posibilita ser    conscientes. Estas experiencias cognoscitivas son el resultado de vivir una    crisis de la experiencia o conflicto entre los h&aacute;bitos.</p>     <p> Plantear la crisis de la experiencia quiere decir que la verdadera funci&oacute;n    del pensamiento es resolver los problemas que se nos presentan en la experiencia    (crisis de la experiencia), por ello pensar es una forma deliberada de reorganizar    la experiencia, es un plan de acci&oacute;n. Dewey insiste en la idea de que    no existe una relaci&oacute;n &#147;neutra&#148; con la experiencia, relacionando    moral y naturaleza en un continuo adaptativo. Por lo tanto, la consciencia es    redirecci&oacute;n, readaptaci &oacute;n o reorganizaci&oacute;n de significados.    Reorganizar los significados supone poder aprehenderlos, supone hablar de ideas    y no s&oacute;lo de significados.</p>     <p> Dewey nos dice que la conciencia, a diferencia de la mente, es &#147;focal&#148;    y &#147;transitoria&#148;. Hablar de conocimiento o consciencia para Dewey es    hablar de atenci&oacute;n, siendo &eacute;sta precisamente la crisis, vivir    la tensi&oacute;n ante la amenaza, la inseguridad o el desorden del entorno    mundo en el que nos movemos.</p>     <p> Entenderemos ahora mucho mejor a qu&eacute; se refiere Mead cuando nos habla    de lo ps&iacute;quico como una fase de la experiencia en la que somos conscientes    de los impulsos en conflicto. Mead est&aacute; dando un paso m&aacute;s en su    esfuerzo por enraizar la mente en la conducta e introducir un mayor grado de    especificidad en su af&aacute;n por aclarar el lugar de lo subjetivo en la conciencia.    En este sentido recordemos que, para Dewey, impulso e inteligencia nos dan las    claves para poder hablar de actividad mental individualizada. Adem&aacute;s,    defenderemos con Mead que la forma en que &eacute;ste entiende lo ps&iacute;quico,    en t&eacute;rminos de conducta, supone validez objetiva, esto es, conocimiento.</p>     <p> Estas importantes cuestiones nos introducen de lleno en el problema o enfermedad    de la psicolog&iacute;a que Mead denomin&oacute; diathesis epistemol&oacute;gica    o la propensi&oacute;n de la psicolog&iacute;a a contraer la enfermedad de la    epistemolog &iacute;a. Este debate se concreta en el encuentro de presupuestos    cient&iacute;ficos y de presupuestos filos&oacute;ficos heredados y en la consecuencia    que tuvo en el tema de la conciencia.</p>     <p> Pensemos qu&eacute; sentido tiene desde un marco pragmatista plantearse la    empresa epistemol&oacute;gica de la b&uacute;squeda de la verdad, esto es, hablar    del conocimiento como la representaci&oacute;n de la realidad en s&iacute; o    tal cual es. Obviamente entender la conciencia o conocimiento desde el planteamiento    deweyniano nos permite dejar a un lado esta empresa epistemol&oacute;gica.</p>     <p> Pregunt&eacute;monos por qu&eacute; hoy en d&iacute;a seguimos utilizando    un vocabulario heredado de tal empresa, cuando por ejemplo hablamos de representaciones    sociales. &iquest;Por qu&eacute; desde la psicolog&iacute;a social seguimos    encadenados a una concepci&oacute;n representacionalista?</p>     <p> Este complejo pero fundamental tema para la psicolog&iacute;a social se remonta    a una afirmaci&oacute;n de Dewey que es clave para entender la noci&oacute;n    de conocimiento que defiende el autor y que Mead ir&aacute; trabajando posteriormente.    Dewey nos dice que ni los h&aacute;bitos ni los impulsos producen conocimiento.</p>     <p>En un primer acercamiento podr&iacute;amos plantearnos si es que Dewey est&aacute;    estableciendo qu&eacute; tipo de conocimiento es &#147;verdadero&#148;, esto    es, el que nos pone en contacto la realidad. Pero si pensamos as&iacute; lo    estamos haciendo de nuevo desde la epistemolog&iacute;a cl&aacute;sica. Qu&eacute;    duda cabe que el trabajo deconstructivo de Rorty ser&aacute; clave para poder    avanzar en esta propuesta y optar por otro tipo de herramientas, en este caso,    desde la hermen&eacute;utica para manejarnos en el mundo con los otros. Pero    antes de introducirnos en lo que todo ello supone hemos de remontarnos de nuevo    a los or&iacute;genes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Conviene recordar que Dewey se refiere al h&aacute;bito como una predisposici    &oacute;n adquirida, (es decir que son aprendidos, esto es, sociales), hacia    formas o modos de reacci&oacute;n. Los h&aacute;bitos, son &uacute;tiles para    desenvolvernos en el mundo, ponen l&iacute;mites al entendimiento, l&iacute;mites    necesarios para poder &#147;ordenar &#148; el entorno en que se desarrollan    nuestras vidas. No estamos hablando s&oacute;lo de la repetici&oacute;n de actos    mec&aacute;nicos, pues Dewey defiende la idea de que el h&aacute;bito no tiene    por qu&eacute; ser exclusivamente repetici&oacute;n de una conducta, aunque    puede derivar en acci&oacute;n sin pensamiento, es decir, puede encerrar el    pensamiento en rutina.</p>     <p> Si nos situamos en el giro ling&uuml;&iacute;stico, de lo que estamos hablando    es de los prejuicios o del lenguaje &uacute;ltimo o sentido com&uacute;n, como    nos propone Rorty, que es condici&oacute;n necesaria pero no suficiente para    el proceso de edificaci&oacute;n que es ser persona. Pero como, desde el pragmatismo,    lenguaje y experiencia se entienden desde una uni&oacute;n indisoluble, en realidad    lo que vamos haciendo es profundizar en el papel del lenguaje en la experiencia    al plantear la reflexi&oacute;n desde los prejuicios o el lenguaje &uacute;ltimo.    Retomar&eacute; todas estas cuestiones en el apartado sobre el pragmatismo hermen&eacute;utico,    pero ahora, una vez planteados los principales elementos de la teor&iacute;a    deweyniana de la experiencia, demos un paso m&aacute;s.</p>     <p> <font size="3"><b>3. La comprensi&oacute;n y la acci&oacute;n cooperativa</b></font></p>     <p> Heidegger planteaba que no necesitamos acudir a cuestiones morales para hablar    de la comprensi&oacute;n<sup><a href="#14" name="s14">14</a></sup> , del mismo    modo planteamos la acci&oacute;n cooperativa desde la naturaleza constitutiva    de los seres humanos y no como un a&ntilde;adido moral a nuestra conducta. Por    todo ello, nuestra propuesta no es partir de la idea de que somos sujetos individuales    que cooperamos en busca de un bien com&uacute;n, m&aacute;s bien lo que vamos    a ver es que el proceso de cooperaci&oacute;n es lo que posibilita que seamos    personas, siendo, por tanto, el origen de nuestra capacidad reflexiva. Como    iremos mostrando, desde las acciones cooperativas podemos explicar tanto el    origen de la conciencia como el de la comunicaci&oacute;n. Se plantea as&iacute;    el reto de ser conscientes del papel de la acci&oacute;n cooperativa y no de    considerarla o calificarla como &#147;buena&#148;. Esto &uacute;ltimo ten&iacute;a    sentido desde una l&oacute;gica epistemol&oacute;gica en la que se planteaba    una relaci&oacute;n neutra con la experiencia. Somos morales porque somos sociales,    como nos dec&iacute;a Mead, por lo tanto dejamos de hablar de ser &#147;mejores&#148;    y nos planteamos como ser &#147;m&aacute;s humanos&#148;, c&oacute;mo cooperar    conscientemente los unos con los otros.</p>     <p> <b>La acci&oacute;n cooperativa</b></p>     <p> Partimos de la siguiente afirmaci&oacute;n: La persona es consecuencia de    la estructura del proceso socialmente organizado. Desde la psicolog&iacute;a    social meadiana el todo es anterior a la parte y la parte se expresa en t&eacute;rminos    del todo. La afirmaci&oacute;n inicial nos dice que si nuestra mente tiene hoy    en d&iacute;a determinadas caracter&iacute;sticas es porque el mundo en que    vivimos tiene tambi&eacute;n unas determinadas caracter&iacute;sticas.</p>     <p> Desde las acciones cooperativas, esto es, desde las acciones de interacci&oacute;n    en que nos construimos, Mead elabora las explicaciones sobre el origen de la    conciencia individual y de la comunicaci&oacute;n, superando as&iacute; los    riesgos individualistas. Para comprender esta afirmaci&oacute;n es conveniente    saber a qu&eacute; cuesti&oacute;n responde. Lo que Mead se preguntaba era:    &iquest;c&oacute;mo puede entenderse la reflexi &oacute;n en t&eacute;rminos    de conducta? Y en un paso anterior en el proceso de reflexi &oacute;n podr&iacute;amos    preguntarnos &iquest;por qu&eacute; se hace esta pregunta?</p>     <p> Para Mead, la psicolog&iacute;a padec&iacute;a de una enfermedad que &eacute;l    denominaba diathesis epistemol&oacute;gica o la enfermedad de la epistemolog&iacute;a.    La herencia filos&oacute;fica asumida por la psicolog&iacute;a tuvo como consecuencia    la adopci&oacute;n de una noci&oacute;n de persona procedente de las ciencias    naturales, desde la cual lo subjetivo es aquello que hay que evitar por err&oacute;neo    al alejarnos del verdadero conocimiento (lo objetivo). La nueva noci&oacute;n    de persona, seg&uacute;n Mead, pasaba inevitablemente por una reconstrucci&oacute;n    de la subjetividad entendida desde su validez cognitiva, es decir, reconociendo    en la subjetividad una fuente de sentido o de conocimiento que va m&aacute;s    all&aacute; de la mera creencia u opini&oacute;n individual.</p>     <p> Entonces, volviendo a la pregunta inicial, &iquest;c&oacute;mo entender la    reflexi&oacute;n en t&eacute;rminos de conducta? La respuesta a esta pregunta    est&aacute; directamente relacionada con la existencia de un proceso vital grupal    o de cooperaci&oacute;n grupal sin el cual no es posible la emergencia de la    persona. Es decir, necesitamos a los otros para ser m&aacute;s y mejor nosotros    mismos. A los otros con los que compartimos un sentido com&uacute;n para saber    qui&eacute;nes somos o, en otras palabras, para construir nuestra identidad    situada, y a los otros que nos sacan de nosotros mismos por la fuerza de lo    extra&ntilde;o para saber qui&eacute;nes queremos ser, esto es, construir nuestra    identidad como proyecto. Por lo tanto, la individuaci&oacute;n o autonom&iacute;a    no es algo dado en oposici&oacute;n a lo social, sino que requiere de ello para    su emergencia.</p>     <p> Mead nos proporciona una forma de entender el &laquo;origen&raquo; de lo que    llamamos conciencia, ahora bien, podemos dar un paso m&aacute;s y plantear &laquo;la    tarea&raquo; que supone ser conciencia desde la acci&oacute;n cooperativa. Al    plantearlo de tal manera, y analizar la acci&oacute;n cooperativa en profundidad,    vamos desmenuzando la tarea de ser conciencia, es decir, ir comprendiendo y    analizando este proceso desde una perspectiva psicosocial. Cuando decimos ser    conciencia, nos referimos a que ser persona es una cuesti&oacute;n de grado,    no de todo o nada, y que estamos inmersos en un proceso constante de construcci&oacute;n    y todo ello gracias a la capacidad que tenemos de reflexi&oacute;n sobre nosotros    mismos. De ello se desprende tambi&eacute;n que estamos comprendiendo los procesos    de construcci&oacute;n de la identidad desde la acci&oacute;n cooperativa, aspecto    en el que incidiremos posteriormente cuando planteemos la construcci&oacute;n    de la identidad situada.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Pero ahora hemos de dar un paso m&aacute;s. Para poder comprender este proceso    de cooperaci&oacute;n grupal incidiremos en el proceso de comunicaci&oacute;n    que supone la cooperaci&oacute;n.</p>     <p> <b>La comunicaci&oacute;n/el lenguaje. Una aproximaci&oacute;n al conductismo    social</b></p>     <p> Volvamos a la pregunta ya formulada que nos plantea Mead, &iquest;c&oacute;mo    podemos entender la reflexi&oacute;n en t&eacute;rminos de conducta? Lo planteamos    as&iacute; porque ese &laquo;en t&eacute;rminos de conducta&raquo; al que se    refiere Mead supone entender la reflexi&oacute;n desde la noci&oacute;n de conducta    reflexiva. Esto supone, en primer lugar, que vamos a analizar la experiencia    en t&eacute;rminos de conducta, pero, y este es un elemento fundamental que    diferencia este planteamiento del conductismo cl&aacute;- sico, siempre teniendo    en cuenta que nuestro punto de vista ser&aacute; social, esto es, ser&aacute;    el punto de vista de la comunicaci&oacute;n. Por todo ello Mead denomin&oacute;    conductismo social a esta forma de entender la psicolog&iacute;a.</p>     <p> Una cuesti&oacute;n fundamental para entender la inquietud de Mead, origen    del conductismo social, fue que no encontr&oacute; en ninguna de las etapas    o escuelas de psicolog&iacute;a una respuesta acerca de la aparici&oacute;n    de esa capacidad reflexiva (esp&iacute;ritu desarrollado, creativo, reflexivo,    responsable&#133;) dentro de la historia natural de la conducta. Por ello pensaba    que hab&iacute;a que tener en cuenta otro factor hasta ahora olvidado: la sociedad.</p>     <p> Podemos ahora formular la tesis fundamental de Mead: la persona emerge en    sociedad y el mecanismo fundamental para ello es el lenguaje. Por eso decimos    que, desde una mirada psicosocial, el todo &#151;la sociedad&#151; es anterior    a la parte &#151;el individuo&#151; y la parte es expresada en t&eacute;rminos    del todo. Entonces, ese &laquo;todo&raquo; es precisamente el proceso vital    grupal o de cooperaci&oacute;n grupal sin el cual no es posible la emergencia    de la persona.</p>     <p> Puede parecernos que en esta manera de entender el conductismo dejamos a un    lado la experiencia interna del individuo &#151;conductismo cl&aacute;sico&#151;,    pero en realidad lo que plantea Mead es sencillamente que lo entendamos de otra    manera. En lugar de entenderlo de &laquo;dentro&raquo; hacia &laquo;fuera&raquo;    nos propone que invirtamos el orden y vayamos de &laquo;fuera&raquo;, esto es,    desde la conducta, o si se prefiere desde la experiencia entendida en t&eacute;rminos    de conducta, hacia &laquo;dentro&raquo;, experiencia interna, pero sin considerarlo    como un mundo interno paralelo ni separado o aislado. Conviene recordar a Dewey    y su invitaci&oacute;n a pensar que el limite de la piel es muy superficial,    ya que &laquo;hay cosas dentro del cuerpo que son extra&ntilde;as a &eacute;l    y hay cosas fuera de &eacute;l que le pertenecen de jure, sino de facto y de    las que debe tomar posesi&oacute;n si la vida ha de continuar. En la m&aacute;s    baja escala, el aire y los alimentos son tales cosas; en una escala superior,    las herramientas, ya sea la pluma del escritor o el yunque del herrero, los    utensilios y los enseres, la propiedad, los amigos e instituciones, todos los    soportes y sostenes sin los cuales no puede haber vida civilizada<sup><a href="#15" name="s15">15</a></sup>    &raquo;</p>     <p> Mead est&aacute; muy lejos de querer dejar a un lado el estudio de la conciencia.    Es m&aacute;s, considera que es un elemento fundamental de la psicolog&iacute;a    pero siempre &laquo;en su relaci&oacute;n con las condiciones en las cuales    la conciencia se da. Es psicolog&iacute;a social cuando las condiciones son    sociales. Es conductista cuando el enfoque de la experiencia se hace a trav&eacute;s    de la conducta<sup><a href="#16" name="s16">16</a></sup> &raquo;</p>     <p> Aclaradas estas importantes cuestiones nos centraremos ahora en el lenguaje    como el mecanismo que posibilita la emergencia de la conducta reflexiva, tal    y como lo explica Mead desde su teor&iacute;a del gesto.</p>     <p> La primera idea respecto a la consideraci&oacute;n meadiana del lenguaje es    no considerarlo desde el punto de vista de las significaciones internas, &laquo;sino    desde el contexto m&aacute;s amplio de cooperaci&oacute;n que se lleva a cabo    en el grupo mediante signos y gestos. La significaci&oacute;n aparece dentro    de este proceso&raquo;<sup><a href="#17" name="s17">17</a></sup> . Esta idea    ser&aacute; fundamental para comprender el posterior desarrollo del interaccionismo    simb&oacute;lico que sit&uacute;a el significado en la interacci&oacute;n.</p>     <p> Hay que recalcar que uno de los elementos que supuso el desarrollo de una    perspectiva psicosocial fue el lenguaje, y ello tanto para Mead como para otros    autores de la &eacute;poca como Watson. Concretamente para Mead la psicolog&iacute;a    social era el &uacute;nico camino para una correcta teor&iacute;a del lenguaje.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En un principio Mead asume totalmente la interpretaci&oacute;n del gesto como    &laquo;expresi&oacute;n afectiva&raquo; pero pronto desarrollar&aacute; fuertes    cr&iacute;ticas a este planteamiento considerando el gesto como un &laquo;acto    comunicativo&raquo; y no una mera expresi&oacute;n de emociones: &laquo;el t&eacute;rmino    &#147;gesto&#148; puede ser identificado con estos comienzos de los actos sociales    que son est&iacute;mulos para la reacci&oacute;n de otros individuos<sup><a href="#18" name="s18">18</a></sup>    &raquo;.</p>     <p> Para Mead todo gesto, sea animal o humano, es acto comunicativo. Lo que diferencia    al acto comunicativo humano del animal es el uso de s&iacute;mbolos significativos,    s&iacute;mbolos que se emplean para comunicar un mensaje, un significado con    intenci&oacute;n, esto es, consciente. Y es ahora cuando podemos hablar del    lenguaje o, en palabras del autor, &laquo;cuando ese gesto representa la idea    que hay detr&aacute;s de &eacute;l y provoca esa idea en el otro individuo,    entonces tenemos un s&iacute;mbolo significante. (&#133;). Cuando el gesto llega    a esa situaci&oacute;n se ha convertido en lo que llamamos &#147;lenguaje&#148;.    Es ahora un s&iacute;mbolo significante y representa cierto significado<sup><a href="#19" name="s19">19</a></sup>    .&raquo;</p>     <p> Podemos sintetizar el recorrido del desarrollo de la teor&iacute;a del gesto    de la siguiente manera: primero se consider&oacute; que los gestos sirven para    expresar emociones (Darwin), despu&eacute;s que son fases iniciales de los actos    (Wundt) y posteriormente Mead considera que aunque los gestos rebelen emociones    al observador esto no quiere decir que su funci&oacute;n consista en dar expresi&oacute;n    a dichas emociones. Es m&aacute;s, lo que produce una acumulaci&oacute;n de    emociones que necesitan ser expresadas es, para Mead, la inhibici&oacute;n de    los impulsos inmediatos, la cual es producida por la tendencia a orientar nuestra    acci&oacute;n en respuesta a los comienzos de los actos de los otros, esto es,    a los gestos de los otros.</p>     <p> Vemos como Mead, en contraste conWundt, no trata de explicar la comunicaci    &oacute;n gestual por el significado de los actos mentales aislados, sino incorporando    el significado en la tarea a trav&eacute;s de la cual las acciones son dirigidas,    esto es, en los problemas naturales y en su dominio cooperativo.</p>     <p> El paso del gesto con significado al lenguaje (no debemos olvidar que el hecho    de que exista significado no quiere decir que se de conciencia de ese significado),    esto es, al s&iacute;mbolo significante, se produce teniendo en cuenta la inhibici&oacute;n    o el car&aacute;cter truncado del gesto &#147;corporal&#148; lo cual produce    a su vez el aumento de gestos &#147;vocales&#148;. Mead prestar&aacute; especial    atenci&oacute;n al gesto vocal ya que &eacute;ste se convertir&aacute; en &laquo;s&iacute;mbolo    significante cuando se produce el mismo efecto sobre el individuo que lo hace    que sobre el individuo a quien est&aacute; dirigido o que expl&iacute;citamente    reacciona ante &eacute;l, y de tal modo involucra una referencia a la persona    del individuo que lo hace<sup><a href="#20" name="s20">20</a></sup> &raquo;.</p>     <p> Frente a las teor&iacute;as de la imitaci&oacute;n muy en boga en esta &eacute;poca    (Royce), que defend&iacute;an que a trav&eacute;s de ella obtenemos una representaci&oacute;n    interna de las acciones que son necesarias para comprender el significado de    las mismas, Mead propone la necesidad de la cooperaci&oacute;n humana sin reducir    los procesos colectivos a la suma de acciones individuales.</p>     <p> La visi&oacute;n de las teor&iacute;as de la imitaci&oacute;n, ante las que    Mead reacciona, conlleva una noci&oacute;n de persona que se aleja de la idea    de la emergencia de la conciencia en el proceso de acci&oacute;n cooperativa.    Entender los procesos colectivos como &#147;suma&#148; de acciones individuales    supone la existencia de individuos aislados que supuestamente &#147;cooperan&#148;    entre s&iacute;, esto es, se definen desde esta perspectiva desde la racionalidad    como el distintivo humano anterior a todo proceso cooperativo. Mead sit&uacute;a    precisamente en las acciones cooperativas, que suponen el proceso de comunicaci&oacute;n    o lenguaje, ese distintivo humano gracias al cual emerge la conciencia o autoreflexividad.</p>     <p>Por todo ello, el proceso de elaboraci&oacute;n de representaciones mentales    no es anterior al proceso social o a la interacci&oacute;n, sino que requiere    del mismo para que se generen, requiere de un proceso de cooperaci&oacute;n    grupal sin el cual no podr&iacute;amos reflexionar sobre nosotros mismos. O    dicho de otra manera, no nos comunicamos porque somos personas sino que somos    personas porque nos comunicamos.</p>     <p> Por lo tanto, el origen de la conciencia se encuentra en la interacci&oacute;n    y en la cooperaci&oacute;n, de este modo, la conciencia deja de ser algo misterioso,    divino o milagroso y pasa a ser explicado en el continuo evolutivo del animal    humano, en su historia natural.</p>     <p> <b>Ponerse en el lugar del otro</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Ya hemos planteado y desarrollado los elementos fundamentales de la teor &iacute;a    de Mead respecto a la emergencia de la conciencia. Daremos ahora un paso m&aacute;s    en la comprensi&oacute;n y an&aacute;lisis de esta interesante y retadora propuesta    incidiendo un elemento fundamental del proceso cooperativo: ponerse en el lugar    del otro.</p>     <p> Cuando hablamos de la cooperaci&oacute;n, ya sea en una conversaci&oacute;n    cotidiana o en el marco de las relaciones de la llamada cooperaci&oacute;n al    desarrollo, es usual que en alg&uacute;n momento acabemos hablando de la importancia    de &#147;ponerse en el lugar del otro&#148; para poder llevar a cabo dicha cooperaci&oacute;n.</p>     <p> En el marco del enfoque de este trabajo esta cuesti&oacute;n es fundamental,    pero se entiende de un modo mucho m&aacute;s profundo y constitutivo, ya que    al ser el mecanismo de la comunicaci&oacute;n el que posibilita la emergencia    de la conciencia, y al ser interiorizado este mecanismo en el proceso de constituci&oacute;n    de la persona, nos dirigimos inconscientemente a nosotros mismos como los otros    se dirigen a nosotros. Entonces, inconscientemente nos ponemos en el lugar de    los otros y actuamos como lo hacen los otros, porque forma parte de nuestra    constituci&oacute;n como personas, y es el acto de comunicaci&oacute;n el que    lo ha posibilitado. Por lo tanto cuando hablamos del lenguaje existe una condici&oacute;n    fundamental: &laquo;si se quiere que sea un lenguaje, es preciso que uno entienda    lo que dice, tiene que afectarse a s&iacute; mismo como afecta a los dem&aacute;s.<sup><a href="#21" name="s21">21</a></sup>    &raquo;</p>     <p> Por lo tanto podemos afirmar que el individuo que es capaz de adoptar el papel    o la actitud del otro es un self. Deteng&aacute;monos por un momento en esta    importante cuesti&oacute;n. No estamos diciendo que ponerse en el lugar del    otro nos hace ser &#147;mejores&#148; personas, o &#147;&eacute;ticamente responsables&#148;    o el calificativo que se desee usar, estamos diciendo que es lo que nos posibilita    reflexionar sobre nosotros mismos. No nos movemos en un &aacute;mbito moral    o axiol&oacute;gico, sino en un &aacute;mbito m&aacute;s profundo y anterior,    en el &aacute;mbito de la constituci&oacute;n del ser humano como ser que es    conciencia. Estamos hablando del car&aacute;cter constitutivamente social de    la auto-reflexividad.</p>     <p>Entender el lenguaje desde las acciones cooperativas y situar en este proceso    la emergencia de la conciencia supone entenderla de un modo muy diferente al    del &#147;prisionero encerrado en su celda&#148;: &laquo;el prisionero sabe    que otros se encuentran en situaci&oacute;n semejante, y quiere entrar en comunicaci&oacute;n    con ellos. De modo que establecen alg&uacute;n m&eacute;todo de comunicaci&oacute;n,    alg&uacute;n c&oacute;digo arbitrario quiz&aacute;, tal como golpear la pared.    Ahora bien, cada uno de nosotros, desde este punto de vista, est&aacute; encerrado    en su propia celda de conciencia y, sabiendo que existen otras personas tambi&eacute;n    encerradas as&iacute;, desarrolla formas de ponerse en comunicaci&oacute;n con    ellas.<sup><a href="#22" name="s22">22</a></sup> &raquo; En cambio pensar meadianamente    supone abrirnos a los otros de modo tal que no existen barreras o mundos separados,    interno- externo, somos sociales de un modo integral y original, defendiendo    un continuo natural, social y cultural donde se superan los dualismos impuestos    desde psicolog&iacute;as autodenominadas cient&iacute;ficas.</p>     <p> <font size="3"><b>4. La comprensi&oacute;n como la uni&oacute;n de la necesidad    y la independencia</b></font></p>     <p> El reto de entender al ser humano desde la comprensi&oacute;n supone, como    venimos insistiendo, un inevitable cambio de l&oacute;gica. Creo que es un error    hablar del estatus epistemol&oacute;gico de la hermen&eacute;utica o tratar    de entender la comprensi &oacute;n como un modo de conocimiento. Estos dos planteamientos    conllevan un anclaje en otro modo de pensarnos y pensar el mundo, y no es lo    que nos proponemos en las l&iacute;neas siguientes de este trabajo. Sabemos    lo complicado que es abrir la mente a otros planteamientos y la tendencia a    entenderlos desde nuestros puntos s&oacute;lidos de referencia. Se asemeja la    situaci&oacute;n a la experiencia del contacto con otras culturas diferentes    a la nuestra, sobre todo en ese punto en el que creemos que hemos comprendido    al otro cuando hemos &#147;traducido&#148; su lenguaje al nuestro, en lugar    de haber &#147;adquirido&#148; ese lenguaje y entenderlo desde &eacute;l mismo,    desde su sentido y coherencia.</p>     <p> Por todo ello creo que la &uacute;nica forma de seguir adelante en la lectura    de este trabajo es, precisamente, intentando dejar a un lado ese marco de referencia    epistemol&oacute;gico y abrirnos a otra forma de pensar y actuar. En no pocas    ocasiones escuchamos que la hermen&eacute;utica no es filosof&iacute;a &#147;pura&#148;,    y creo que desde cierta forma de entender la filosof&iacute;a desde luego no    lo es, ni necesita serlo. Y, por otro lado, el pragmatismo tambi&eacute;n ha    sido siempre vapuleado por los &#147;aut&eacute;nticos fil&oacute;sofos&#148;,    calificada como una pseudo-filosof&iacute;a. De nuevo, todo ello es muestra    de la tendencia, una vez que creemos haber encontrado una &#147;base s&oacute;lida&#148;    a la que agarrarnos, de evitar precisamente el enfrentarnos a las muchas posibilidades    de entendernos, que existen y existir&aacute;n, de evitar, en definitiva, la    contingencia.</p>     <p> Una de las principales cr&iacute;ticas-temores que se vuelcan sobre todo planteamiento    desarrollado desde la contingencia es el hecho de creer que dejamos de tener    &#147;asideros&#148; o criterios de referencia, que nos abocamos a un relativismo,    o peor a&uacute;n al fatalismo. Pero como he tratado de ir desarrollando en    este trabajo, lejos est&aacute; de ser as&iacute;. Lo que hacemos es pensar    desde otro marco de referencia y no nos deja a la deriva sino que nos marca    otras metas y utop&iacute;as, otros proyectos.</p>     <p> Dewey, en su &uacute;ltimo trabajo titulado El arte como experiencia nos propon    &iacute;a entender el arte como la uni&oacute;n de la necesidad y la independencia.    Su intento por acercar el arte a la experiencia cotidiana encerraba todo un    planteamiento acerca de la autenticidad de la experiencia a cuyo sentido acudiremos    a continuaci&oacute;n en una libre interpretaci&oacute;n de sus planteamientos    ya que nuestro objetivo es acercar la comprensi&oacute;n a la experiencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Como es de sobra conocido, la naturaleza de la comprensi&oacute;n es m&aacute;s    bien art&iacute;stica que cient&iacute;fica, y es que como nos recuerda Bauman,    &laquo;la hermen&eacute;utica inspirada en la visi&oacute;n rom&aacute;ntica    de la creaci&oacute;n, significaba un serio desaf&iacute;o. En efecto, cuestionaba    la posibilidad misma de que se pudiera aclarar nuestro conocimiento de lo social    dejando de lado la consideraci&oacute;n del prop&oacute;sito<sup><a href="#23" name="s23">23</a></sup> En este sentido    fue un descubrimiento rom&aacute;ntico que la obra de arte (as&iacute; como    la creaci &oacute;n humana en general) fuera, sobre todo, un sistema intencional.    [&#133;] De pronto la obra de arte pareci&oacute; menos importante como reflejo    de la realidad &#147;fuera de&#148; que como reflejo del designio del autor,    sus pensamientos y emociones &raquo;<sup><a href="#24" name="s24">24</a></sup>.</p>     <p> Esta naturaleza art&iacute;stica de la comprensi&oacute;n, as&iacute; planteada,    nos ayuda a comprender el planteamiento de Dewey sobre el arte como experiencia,    en una continuidad y enriquecimiento de los planteamientos pragmatistas y hermen&eacute;uticos    que adem&aacute;s nos posibilitan seguir profundizando en la noci&oacute;n de    experiencia tan importante para las ciencias sociales.</p>     <p> Cuando hablamos de la comprensi&oacute;n estamos refiri&eacute;ndonos al modo    de ser humano en la contingencia, un modo de ser que le pone en contacto con    las infinitas posibilidades que tiene la existencia.Ahora bien, esta forma de    abordar la contingencia es una predisposici&oacute;n que tiene todo ser humano    y que se origina precisamente en nuestra naturaleza que funde lo biol&oacute;gico    y lo social. Es decir, s&oacute;lo desde una visi&oacute;n antidualista del    ser humano podemos entender nuestra predisposici&oacute;n a la comprensi&oacute;n.</p>     <p> Decir que la comprensi&oacute;n es la uni&oacute;n de la necesidad y la independencia    supone que abordamos la contingencia desde nuestra condici&oacute;n de seres    humanos, desde lo necesario<sup><a href="#25" name="s25">25</a></sup> hacia    el descubrimiento de infinitas posibilidades.</p>     <p>Abrazar la contingencia supone descubrir las &#147;posibilidades&#148; que    existen y pueden existir y entendemos que al hablar de independencia o autonom&iacute;a    elegimos una de esas posibilidades siendo conscientes de que estamos desechando    otras en tal elecci&oacute;n. Pero para poder llevar a cabo esta acci&oacute;n,    en este proceso que nos lleva a la independencia o autonom&iacute;a, tenemos    un punto de partida que &#147;nos viene dado&#148;, nos viene impuesto necesariamente    (por ejemplo el lenguaje heredado de la comunidad en la que vivimos), por ello    la comprensi&oacute;n conlleva siempre esta tensi&oacute;n entre lo necesario    y lo abierto a las posibilidades. La comprensi&oacute;n es, entonces, una forma    (la humana) de interactuar con el entorno, esto es entender la comprensi&oacute;n    como una forma de acci&oacute;n, que es acci&oacute;n integral.</p>     <p> Restaurar la continuidad entre la comprensi&oacute;n y los elementos constitutivos    de la experiencia supone ir socializando estas nociones acerc&aacute;ndolas,    paso a paso a nuestras formas de interactuar.</p>     <p> Para Dewey, &laquo;la experiencia es lo que el organismo &#147;vive&#148;,    y por tanto es un &aacute;mbito intr&iacute;nsecamente cargado de valor: es    &#147;afecci&oacute;n y deseo&#148;, prop&oacute;sito, preferencia, lugar donde    la cosas se provocan o se evitan (...) De modo que &#147;lo moral&#148; engloba    sin m&aacute;s todo aquello por lo que ciertas experiencias y no otras son buscadas,    la inevitable opci&oacute;n por una u otra forma de vivir la vida en sus aspectos    concretos&raquo;.<sup><a href="#26" name="s26">26</a></sup> Esta es la forma de entender la experiencia desde la comprensi&oacute;n.</p>     <p> Ahora bien, hemos planteado ya que la acci&oacute;n es integral y cooperativa.    Al decir cooperativa afirmamos que la individuaci&oacute;n o autonom&iacute;a    no es algo dado en oposici&oacute;n a lo social, sino que requiere de ello para    su emergencia. Entonces la comprensi&oacute;n que es la fusi&oacute;n de necesidad    e independencia supone hablar de la acci&oacute;n integral, esto es de nuestra    naturaleza como fusi&oacute;n de lo biol&oacute;gico y social (lo dado) y de    la independencia como resultado de las acciones cooperativas. Tener la capacidad    de elegir entre las posibilidades que se nos presentan es posible gracias a    nuestra naturaleza social o cooperativa, s&oacute;lo podemos llegar a la autonom&iacute;a    desde la cooperaci&oacute;n.</p>     <p> Hablar de necesidad conlleva plantear el car&aacute;cter integral de la acci&oacute;n    y hablar de independencia conlleva plantear la acci&oacute;n cooperativa.</p>     <p> De este modo la independencia nos lleva a hablar de la reflexi&oacute;n en    t&eacute;rminos de conducta, introduci&eacute;ndonos en la interacci&oacute;n    que es donde se producen los significados y precisamente la elecci&oacute;n    se llevar&aacute; a cabo entre dichos significados (posibilidades) construidos    en interacci&oacute;n. De este modo acercamos la comprensi&oacute;n a la interacci&oacute;n    simb&oacute;lica, a la comunicaci&oacute;n. Este paso nos ayuda a plantear no    s&oacute;lo la inevitable presencia de los otros en la comprensi&oacute;n, sino    a introducir las condiciones en las que se produce la comunicaci&oacute;n y    las dificultades para comunicarnos: todo ello desde el reconocimiento mutuo,    hablando en s&iacute;ntesis de fallos de la comunicaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &laquo;En mi mundo est&aacute; presente otra gente, no precisamente como otras    existencias [&#133;] Lo que sucede entre nosotros no son solo intercambios ling&uuml;&iacute;sticos    [&#133;] pero esta es la &uacute;nica tipolog&iacute;a de relaciones humanas    que le interesa a Heidegger. [&#133;] &iquest;Y los conflictos? &iquest;La subordinaci&oacute;n    pol&iacute;tica y econ&oacute;mica? &iquest;La violencia? Acaso no son importantes    en la formaci&oacute;n de la realidad y de la comprensi&oacute;n. &iquest;Se    puede hablar de la comprensi&oacute;n sin tener en cuenta todo esto? &raquo;<sup><a href="#27" name="s27">27</a></sup></p>     <p> No s&oacute;lo no se puede hablar de la comprensi&oacute;n sin tener en cuenta    todo esto, sino que la comprensi&oacute;n es centrarse en todo ello. Es decir,    la incomprensi&oacute;n supone hablar de fallos de la comunicaci&oacute;n. Pero,    para poder desarrollar esta idea hemos de acudir al viejo dilema de fines y    medios, tanto como una forma de relacionarnos con el mundo (cr&iacute;tica a    la raz&oacute;n instrumental) como una forma de relacionarnos con los otros    (reconocimiento y percepci&oacute;n)</p>     <p> Para Dewey en una experiencia consciente no se da la usual confusi&oacute;n    entre fines y medios ya que al ser total e integradora el fin est&aacute; presente    en cada parte del proceso. Los medios para Dewey son fines en s&iacute; mismos    y fue de este modo como elabor&oacute; una cr&iacute;tica radical a la raz&oacute;n    instrumental. Este error para Dewey se centra en designar con el nombre de medios    a cosas que no lo son &laquo;cosas que no son m&aacute;s que antecedentes externos    y accidentales de alguna otra cosa&raquo;<sup><a href="#28" name="s28">28</a></sup>    . Pero tambi&eacute;n llamamos fines a cosas que no lo son &laquo;excepto accidentalmente,    puesto que no son realizaciones, consumaciones de medios, sino puramente, &uacute;ltimos    t&eacute;rminos que cierran un proceso&raquo;<sup><a href="#29" name="s29">29</a></sup>    .</p>     <p> En este sentido establece una interesante diferencia entre reconocimiento    y percepci&oacute;n que nos ayuda a entender c&oacute;mo se da est&aacute; confusi&oacute;n    de medios y fines, ahora en el terreno de la interacci&oacute;n, que nos impide    percibir al otro como lo que es. As&iacute; nos dice: &laquo;El reconocimiento    es percepci&oacute;n detenida antes de que tenga oportunidad para desarrollarse    libremente. En el reconocimiento hay un comienzo de un acto de percepci&oacute;n.    Pero a este comienzo no se le permite servir al desarrollo de la percepci&oacute;n    de la cosa reconocida. Se detiene en el punto en que va a servir a alg&uacute;n    otro prop&oacute;sito, como cuando reconocemos a un hombre en la calle a fin    de saludarlo o evitarlo, no para verlo con el fin de ver lo que es&raquo;.<sup><a href="#30" name="s30">30</a></sup></p>     <p> El problema que ve Dewey en el reconocimiento es que el otro se convierte    en un medio para nosotros y esto supondr&aacute; la satisfacci&oacute;n de un    determinado &#147;fin&#148; que poco tiene que ver con esa persona. En realidad    el otro ni siquiera llega a ser un medio, ya que su reconocimiento simplemente    antecede a &#147;quiero saludarle o no&#148;, &#147;quiero conocerle o no&#148;&#133;    y esto hasta tal punto que el autor considera: &laquo;hasta un perro que ladra    y mueve la cola est&aacute; m&aacute;s plenamente vivo al recibir a su amigo    que un ser humano que se contenta con el mero reconocimiento &raquo;<sup><a href="#31" name="s31">31</a></sup> . Estamos    tan acostumbrados al reconocimiento y a confundirlo con la percepci&oacute;n    del otro que, en no pocas ocasiones, nos vemos a nosotros mismos asombrados    ante un determinado comportamiento de una persona a la que &#147;cre&iacute;amos    conocer&#148; sin darnos cuenta de lo lejos que est&aacute;bamos de percibirla    como lo que es.</p>     <p> Entonces esa percepci&oacute;n del otro &#147;como lo que es&#148; pasa por    el reconocimiento mutuo, lo cual nos plantea su b&uacute;squeda, al saber que    las condiciones de la comunicaci&oacute;n no est&aacute;n libres de las relaciones    de poder. Esta b&uacute;squeda no es otra cosa que la lucha por el reconocimiento    como el camino para establecer las condiciones de la comunicaci&oacute;n en    las que se pueda dar esa &#147;elecci &oacute;n&#148; entre las posibilidades    de la existencia<sup><a href="#32" name="s32">32</a></sup> . La condici&oacute;n    fundamental de la independencia es que, por nuestra naturaleza cooperativa,    mientras el otro no sea libre para elegir yo tampoco lo ser&eacute;, por lo    tanto mi libertad comienza donde comienza la libertad del otro.</p>     <p> As&iacute; planteado no nos situamos en el salto de una identidad situada    a otra identidad como proyecto (poder elegir entre las posibilidades) o nos    cuestionamos qui&eacute;nes pueden y qui&eacute;nes no. Nos situamos en el conflicto    y la incomprensi &oacute;n como el marco en el que se desarrollan nuestras vidas    y s&oacute;lo desde aqu&iacute; podemos plantear la comprensi&oacute;n de un    modo coherente como la forma de humana de abordar la contingencia: la comprensi&oacute;n    s&oacute;lo tiene sentido desde la incomprensi&oacute;n en la que vivimos, pero    en la que tambi&eacute;n podemos gradualmente acercarnos a existir.</p>     <p> De ah&iacute; que digamos que no existe el estado de comprensi&oacute;n, lo    &uacute;nico que existe es la lucha contra la incomprensi&oacute;n. &laquo;Es    s&oacute;lo la experiencia de la incomprensi &oacute;n lo que nos hace, en un    abrir y cerrar de ojos, conscientes de la tarea de comprender&raquo;<sup><a href="#33" name="s33">33</a></sup>    .</p>     <p> Ahora bien, este situarnos en el conflicto y la incomprensi&oacute;n lejos    est&aacute; de llevarnos a un pesimismo o quietismo ya que, como venimos desarrollando    en este trabajo, tenemos las herramientas para afrontarlo, estamos constitutivamente    moldeados para ello y lo que necesitamos es comenzar a pensarnos de otra forma    que nos aleje de las v&iacute;as de escape a este conflicto o las v&iacute;as    de escape a la incomprensi&oacute;n.</p>     <p> El miedo a este &#147;perderse&#148; (que s&oacute;lo es perderse desde otra    noci&oacute;n de ser humano), es decir, el miedo a lo que nos puede deparar    la vida o el sentir la contingencia como una amenaza en lugar de verla c&oacute;mo    infinitas posibilidades de libertad, son formas diversas de entender (o escapar    de) lo que supone enfrentarse a la tarea de comprender, tal es as&iacute; que    esto ha dado lugar a la elaboraci&oacute;n de formas diversas de evasi&oacute;n,    &laquo;todas las oposiciones de mente y cuerpo, de materia y alma, esp&iacute;ritu    y carne, tienen su origen fundamentalmente en el temor de lo que la vida nos    puede traer. Son signos de contracci&oacute;n y escape&raquo;.<sup><a href="#34" name="s34">34</a></sup>    Se nos impone la tarea de &#147;dar la cara&#148; a nuestra humanidad con &#147;todo&#148;    lo que ello conlleva.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Decir, con Dewey, que la mayor&iacute;a de las experiencias que tenemos no    son aut&eacute;nticas experiencias es, como dec&iacute;amos anteriormente, referirnos    a aquello que es &uacute;til para desenvolvernos en el mundo (llam&eacute;mosles    h&aacute;bitos o prejuicios o sentido com&uacute;n) corre el riesgo de ser un    punto de llegada en lugar de un punto de partida, &laquo;las cosas suceden,    pero ni las incluimos definitivamente ni las excluimos con decisi&oacute;n;    nosotros nos abandonamos. Cedemos de acuerdo con la presi&oacute;n externa o    nos evadimos y nos comprometemos. Hay comienzos y cesaciones, pero no hay genuinas    iniciaciones y conclusiones. Hay experiencia, pero tan laxa e inconstante que    no es una experiencia. Es innecesario decir que tales experiencias no son est&eacute;ticas&raquo;.<sup><a href="#35" name="s35">35</a></sup></p>     <p> Existen una serie de factores o elementos que dotan a la experiencia de autenticidad.    Todos necesitamos nuestro hueco en el orden simb&oacute;lico, nuestra identidad    situada, pero Dewey nos recuerda que cuando esa participaci&oacute;n en las    relaciones ordenadas del ambiente &laquo;viene dada despu&eacute;s de una fase    de desconexi&oacute;n y conflicto, lleva dentro de s&iacute; mismo los g&eacute;rmenes    de una consumaci &oacute;n pr&oacute;xima a lo est&eacute;tico&raquo;<sup><a href="#36" name="s36">36</a></sup>    . Dicho de otra forma lleva los g&eacute;rmenes de una consumaci&oacute;n pr&oacute;xima    a la comprensi&oacute;n.</p>     <p> Son las crisis de la experiencia, o la incomprensi&oacute;n o el ser conscientes    de los fallos de comunicaci&oacute;n, las que nos ponen en contacto con la necesidad    de comprender, que es una necesidad porque estamos destinados a la comprensi    &oacute;n como una meta/utop&iacute;a constante en nuestras vidas. La contingencia    nos avisa una y mil veces de que esos signos de contracci&oacute;n y escape    &#147;no sirven&#148;, que hemos de afrontar la tarea que nos toca de otra manera.    Pero es que adem&aacute;s, insisto, estamos preparados para ello, ya que en    realidad respondemos en nuestra constituci&oacute;n como seres humanos a los    retos y exigencias que nos plantea la contingencia.</p>     <p> Como vimos el ajuste entre lo nuevo y lo viejo, lo pasado y el presente, es    un elemento clave para decir que una experiencia es consciente. Lo dec&iacute;amos    antes cuando, desarrollando el giro naturalista, habl&aacute;bamos de lo doloroso    que puede ser la incorporaci&oacute;n de nuevos elementos en la conciencia.    Pero &iquest;cu&aacute;l es el mecanismo o la puerta por la que esos elementos    del pasado que forman parte de nosotros mismos hasta tal punto que tienen una    existencia separada de lo consciente, encuentren el camino hacia el presente?    Para Dewey la respuesta es clara: la imaginaci&oacute;n.</p>     <p> Pensemos qu&eacute; suceder&iacute;a si se diera siempre una correspondencia    entre pasado y presente. Estar&iacute;amos, fuera de toda duda, envueltos en    la rutina y repetici&oacute;n de h&aacute;bitos, estar&iacute;amos ante una    experiencia mec&aacute;nica que poco tiene que ver con la experiencia consciente.    Ese ajuste de lo viejo y lo nuevo es precisamente lo que nos hacer ser conscientes    de la contingencia y si, como hemos dicho, es la imaginaci&oacute;n la que lo    posibilita entendemos que Dewey afirme que &laquo;la conciencia es la fase imaginativa    de la experiencia&raquo;.<sup><a href="#37" name="s37">37</a></sup></p>     <p> Y es por esto precisamente que podemos plantear la comprensi&oacute;n como    un destino o mejor dicho hablamos de la comprensi&oacute;n porque nos entendemos    &#147;de esta manera&#148;, si podemos decir que la comprensi&oacute;n supone    estar abiertos a las infinitas posibilidades es porque precisamente esa &#147;fase    imaginativa de la experiencia &#148; es la que nos &#147;faculta&#148; de nuevo    de un modo constitutivo para descubrir posibilidades y convertirlas en un medio    definido. Entonces no estamos hablando de ning&uacute;n logro excepcional sino    de la existencia misma.</p>     <p> Otro elemento importante que caracteriza esta predisposici&oacute;n a la comprensi    &oacute;n es el dolor que puede suponer la experiencia consciente. Dewey nos    lo explica de la siguiente manera: &laquo;Hay en cada experiencia un elemento    de padecimiento, de sufrimiento en sentido amplio. De otra manera no habr&iacute;a    incorporaci &oacute;n de lo precedente. Porque incorporar en una experiencia    vital, es algo m&aacute;s que colocar algo encima de la conciencia, sobre lo    previamente conocido. Incorporar implica una reconstrucci&oacute;n que puede    ser dolorosa (&#133;) hay pocas experiencias intensamente est&eacute;ticas que    sean completamente placenteras&raquo;<sup><a href="#38" name="s38">38</a></sup>    .</p>     <p> Claro que, la mayor&iacute;a de las veces, lejos estamos de saber qu&eacute;    hacer con el dolor, de haber sido &laquo;educados&raquo; para transformarlo    en fuente de energ&iacute;a y no en motivo de hundimiento y pasividad. Lejos    estamos de reconocer en las crisis una ocasi&oacute;n para ejercer la libertad,    tal y como nos recordaba Mead. Esto es tanto m&aacute;s importante cuando consideramos    que &laquo;la experiencia es emocional, pero no hay en ella cosas separadas    llamadas emociones. Las emociones est&aacute;n unidas a los acontecimientos    y objetos en movimiento. No son salvo en casos patol&oacute;gicos privadas.    (&#133;). La emoci&oacute;n pertenece a una certeza del yo&raquo;.<sup><a href="#39" name="s39">39</a></sup></p>     <p> Queremos alejarnos precisamente de un elemento constitutivo y esencial, cuando    en realidad no comenzamos observando y analizando el mundo: comenzamos por vivirlo.</p>     <p> Entonces la fase emocional es precisamente la que da unidad de sentido, es    la que une a las partes en un todo y por ello: &laquo;No es posible dividir    en una experiencia vital, lo pr&aacute;ctico, lo emocional e intelectual y enfrentar    las propiedades de uno con las caracter&iacute;sticas de los otros.(&#133;)    &#147;intelectual&#148; simplemente denomina el hecho de que la experiencia    tiene un significado, &#147;pr&aacute;ctico&#148; indica que el organismo est&aacute;    en interacci&oacute;n con los acontecimientos y objetos que lo rodean&raquo;.<sup><a href="#40" name="s40">40</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Vamos a destacar dos elementos sin los cuales Dewey consideraba que no podemos    hablar de arte o experiencia consciente: &laquo;sin emoci&oacute;n puede haber    habilidad pero no arte; puede estar presente y ser intensa, pero si se manifiesta    directamente el resultado tampoco es arte&raquo;.<sup><a href="#41" name="s41">41</a></sup>    Podr&iacute;amos preguntarnos ahora: &iquest;Podemos hablar de comprensi&oacute;n/incomprensi&oacute;n    sin emoci&oacute;n?</p>     <p> Todas estas cuestiones planteadas nos lleva al centro de la tarea de ser,    la tarea de proyectar im&aacute;genes de futuro directamente relacionada con    la necesidad de expresi&oacute;n que supone ese ajuste de lo nuevo y lo viejo    en nuestras vidas. El reto que se nos plantea es que esa necesidad de expresi&oacute;n    se convierta en un medio definido. Este medio definido es nuestra existencia.</p>     <p> Ahora bien, se nos plantea como una reflexi&oacute;n fundamental el insistir    que la tendencia no es a redescribirse, y no lo es porque esta reorganizaci&oacute;n    de la que hablamos es dolorosa ya que mueve nuestros cimientos, es una opci&oacute;n,    es optar por un modo de relacionarnos con el mundo, con los otros y con nosotros.    Entonces, llegamos al problema al que se enfrentaba Heidegger: &laquo;comprender    la constituci&oacute;n de la existencia humana superando la tensi&oacute;n,    en el fondo dualista, entre el oscuro impulso de la vida y la claridad de la    autoconciencia&raquo;<sup><a href="#42" name="s42">42</a></sup> De nuevo necesidades,    posibilidades y elecciones, ya que:</p>     <p> &laquo;Solo cuando comprendo mi existencia como una posibilidad entre muchas    es cuando mi existencia se hace verdaderamente humana. En efecto, la autenticidad,    la comprensi&oacute;n y la realidad revelada como potencialidad son diferentes    nombres referidos al mismo acto o estado. Todos ellos se refieren a una oportunidad    que siempre esta a disposici&oacute;n org&aacute;nicamente en toda existencia;    a una oportunidad que, sin embargo, debe ser aprovechada, transformada en un    ofrecimiento hist&oacute;rico, en una elecci&oacute;n&raquo;.<sup><a href="#43" name="s43">43</a></sup></p>     <p> Necesitamos a los otros para ser m&aacute;s nosotros mismos. A los otros con    los que compartimos un sentido com&uacute;n para saber qui&eacute;nes somos,    o dicho con otras palabras para construir nuestra identidad situada, y a los    otros que nos sacan de nosotros mismos por la fuerza de lo extra&ntilde;o para    saber qui&eacute;nes queremos ser o construir nuestra identidad como proyecto.    &iquest;Supone esto que estamos hablando de &#147;dar el paso&#148; del estar    situado a la comprensi&oacute;n? &iquest;Tenemos toda esa posibilidad? &iquest;En    qu&eacute; condiciones? &iquest;Qu&eacute; supone hablar de la comprensi&oacute;n    en el marco de las interacciones?</p>     <p> Hemos intentado dar un primer paso para avanzar en estas complejas pero fundamentales    cuestiones y que nos ayuda a &#147;aterrizar&#148; la comprensi&oacute;n como    venimos intentando hacer a lo largo de este trabajo planteando la noci&oacute;n    de reconocimiento mutuo.</p>     <p> Planteamos por lo tanto la lucha por el reconocimiento como una muestra de    que somos conscientes de nuestra naturaleza cooperativa y de que esa toma de    conciencia supone esta lucha tambi&eacute;n entendida como la felicidad que    es un prop&oacute;sito, una necesidad y un esfuerzo.</p>     <p> En esta sociedad en la que la eficacia y la habilidad son elementos tan importantes    para encontrar un hueco y est&aacute;n tan estrechamente unidos a la tecnolog&iacute;a,    nos vamos construyendo como personas con pericia y maestr&iacute;a en determinadas    actividades, pero tambi&eacute;n nos vamos alejando cada vez m&aacute;s de la    producci&oacute;n de experiencias conscientes.</p>     <p> &laquo;El ser eficaz en la acci&oacute;n, sin embargo, no es tener una experiencia    consciente. La actividad es demasiado autom&aacute;tica para tener un sentido    de lo que es y lo que est&aacute; sucediendo. Llega a un fin, pero no a un t&eacute;rmino    o consumaci&oacute;n de la conciencia. Los obst&aacute;culos se superan con    astucia y habilidad, pero no alimentan la experiencia<sup><a href="#44" name="s44">44</a></sup>    &raquo;.</p>     <p> El reto que se nos plantea desde las ciencias sociales es, precisamente, el    de situarnos en esa lucha por el reconocimiento y, desde ah&iacute;, aportar    elementos de cr&iacute;tica que nos acerquen a ese necesario reconocimiento    mutuo como el camino para restablecer la comunicaci&oacute;n y por lo tanto    esos significados que surgen de la interacci&oacute;n, no sean significados    generados en la imposici&oacute;n o desde las relaciones de poder.</p> <hr size="1"> <font face="verdana" size="1">       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s1" name="#1">1</a></sup> BAUMAN, Z; Hermen&eacute;utica y Ciencias Sociales. NuevaVisi&oacute;n. 1978.    p.144.</p>     <p><sup><a href="#s2" name="#2">2</a></sup> RORTY, R. La filosof&iacute;a y el espejo de la naturaleza, Ediciones C&aacute;tedra.    Madrid.1979. p. 290.</p>     <p><sup><a href="#s3" name="#3">3</a></sup> RORTY,R. &#147;La ciencia como solidaridad&#148; en Objetividad, relativismo    y verdad. Paid &oacute;s. Barcelona. 1996. pp57-69.</p>     <p> <sup><a href="#s4" name="#4">4</a></sup> RORTY,R. Filosof&iacute;a y el espejo de la naturaleza. , p. 314.</p>     <p> <sup><a href="#s5" name="#5">5</a></sup> CONILL, SANCHO, J; &Eacute;tica hermen&eacute;utica., Tecnos. Madrid. 2006.    p. 94.</p>     <p> <sup><a href="#s6" name="#6">6</a></sup> CONILL, SANCHO, J; &Eacute;tica hermen&eacute;utica., p. 92.</p>     <p><sup><a href="#s7" name="#7">7</a></sup> Utilizamos esta f&oacute;rmula verbal porque indica un &laquo;encuentro con&raquo;    esto es un confrontase con o toparse con, salir de un estado para entrar en    otro, en este caso, &laquo;encontrare con la vida&raquo; se refiere a la experiencia    consciente.</p>     <p> <sup><a href="#s8" name="#8">8</a></sup> CONILL, SANCHO, J; &Eacute;tica hermen&eacute;utica. p. 102.</p>     <p><sup><a href="#s9" name="#9">9</a></sup> RORTY,R. Filosof&iacute;a y el Espejo de la Naturaleza, p. 325.</p>     <p> <sup><a href="#s10" name="#10">10</a></sup> BAUMAN, Z; Hermen&eacute;utica y Ciencias Sociales. p.11.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <sup><a href="#s11" name="#11">11</a></sup> BAUMAN, Z; Hermen&eacute;utica y Ciencias Sociales. p.143. En este sentido    ver la interpretaci&oacute;n queVattimo realiza del pensamiento de Heidegger.    G.VATTIMO, Introducci &oacute;n a Heidegger. Gedisa. 1985.</p>     <p> <sup><a href="#s12" name="#12">12</a></sup> De esta manera avanzaremos en el planteamiento hermen&eacute;utico de Heidegger    acerca del papel de los otros en la comprensi&oacute;n que, como afirma Barman,    no fue tratada m&aacute;s que tangencialmente.</p>     <p><sup><a href="#s13" name="#13">13</a></sup> DEWEY,J: Naturaleza y conducta humana. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    M&eacute;xico. 1992.p.11</p>     <p><sup><a href="#s14" name="#14">14</a></sup> La comprensi&oacute;n como el modo aut&eacute;ntico del Ser-ah&iacute; o    Dasein del ser humano en su estar en el mundo no es ni una mera habilidad ling&uuml;&iacute;stica    ni tampoco una actitud, es lo que nos caracteriza, es lo que nos constituye.    Ver VATTIMO, Introducci&oacute;n a Hedeigger.</p>     <p><sup><a href="#s15" name="#15">15</a></sup> DEWEY, J; El arte como experiencia. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. M&eacute;xico.    1954. p.53.</p>     <p> <sup><a href="#s16" name="#16">16</a></sup> MEAD,G.H; Esp&iacute;ritu, persona y sociedad. Editorial Paid&oacute;s.    BuenoAires. 1972. p.82</p>     <p> <sup><a href="#s17" name="#17">17</a></sup> MEAD, G .H; Esp&iacute;ritu, persona y sociedad. p.54.</p>     <p> <sup><a href="#s18" name="#18">18</a></sup> MEAD, G .H; Esp&iacute;ritu, persona y sociedad. p.86.</p>     <p><sup><a href="#s19" name="#19">19</a></sup> MEAD, G .H; Esp&iacute;ritu, persona y sociedad. p.88.</p>     <p> <sup><a href="#s20" name="#20">20</a></sup> MEAD, G .H; Esp&iacute;ritu, persona y sociedad. p.89</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s21" name="#21">21</a></sup> MEAD, G .H; Esp&iacute;ritu, persona y sociedad. p.114</p>     <p><sup><a href="#s22" name="#22">22</a></sup> MEAD, G .H; Esp&iacute;ritu, persona y sociedad. p.54</p>     <p><sup><a href="#s23" name="#23">23</a></sup> BAUMAN, Z; Hermen&eacute;utica y Ciencias Sociales. p.11.</p>     <p> <sup><a href="#s24" name="#24">24</a></sup> BAUMAN, Z; Hermen&eacute;utica y Ciencias Sociales. p.9</p>     <p> <sup><a href="#s25" name="#25">25</a></sup>. Hablar de lo necesario no significa plantear una necesidad como opuesta    a la contingencia, como lo dado universalmente e independientemente de todo    contexto o situaci &oacute;n concreta, sino, por el contrario, lo necesario    se presenta como ese marco en el que somos y nos constituimos, como el contexto    heredado o dado.</p>     <p><sup><a href="#s26" name="#26">26</a></sup> FAERNA, A. M. Introducci&oacute;n a la teor&iacute;a pragmatista del conocimiento.    Siglo XXI. Madrid. 1996. p.176.</p>     <p><sup><a href="#s27" name="#27">27</a></sup> BAUMAN, Z; Hermen&eacute;utica y Ciencias Sociales p.162.</p>     <p> <sup><a href="#s28" name="#28">28</a></sup> VerDEWEY, J; Pedagog&iacute;a y Filosof&iacute;a Francisco Beltr&aacute;n.    Librer&iacute;a Espa&ntilde;ola y extranjera. Madrid. 1930. p.493.</p>     <p> <sup><a href="#s29" name="#29">29</a></sup> Ver DEWEY, J; Pedagog&iacute;a y Filosof&iacute;a p.493.</p>     <p> <sup><a href="#s30" name="#30">30</a></sup> DEWEY, J; El arte como experiencia..p.42.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s31" name="#31">31</a></sup> DEWEY, J; El arte como experiencia. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. M&eacute;xico.1954.p.43.</p>     <p> <sup><a href="#s32" name="#32">32</a></sup>RICOUER, P; Los caminos del reconocimiento. Editorial Trotta. Madrid. 2005</p>     <p> <sup><a href="#s33" name="#33">33</a></sup> BAUMAN, Z; Hermen&eacute;utica y Ciencias Sociales. p.188.</p>     <p><sup><a href="#s34" name="#34">34</a></sup> DEWEY, J; El arte como experiencia. p.22.</p>     <p> <sup><a href="#s35" name="#35">35</a></sup> DEWEY, J; El arte como experiencia. p.39.</p>     <p> <sup><a href="#s36" name="#36">36</a></sup> DEWEY, J; El arte como experiencia. p.15.</p>     <p><sup><a href="#s37" name="#37">37</a></sup> DEWEY, J ; El arte como experiencia..p.241.</p>     <p> <sup><a href="#s38" name="#38">38</a></sup>DEWEY, J; El arte como experiencia.p.39.</p>     <p> <sup><a href="#s39" name="#39">39</a></sup> DEWEY, J; El arte como experiencia.p.40.</p>     <p><sup><a href="#s40" name="#40">40</a></sup> DEWEY, J; El arte como experiencia.p.51.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s41" name="#41">41</a></sup> DEWEY, J; El arte como experiencia.p.63.</p>     <p> <sup><a href="#s42" name="#42">42</a></sup> CONILL, SANCHO, J; &Eacute;tica hermen&eacute;utica. p.102.</p>     <p> <sup><a href="#s43" name="#43">43</a></sup> BAUMAN, Z; Hermen&eacute;utica y Ciencias Sociales. p.160.</p>     <p><sup><a href="#s44" name="#44">44</a></sup> DEWEY, J; El arte como experiencia. p.37.</p></font> <hr size="1"> </font>       ]]></body>
</article>
