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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[MAL RADICAL EN EL ESTADO LOCKEANO: EL DESCUIDO DE LAS EMOCIONES POLÍTICAS]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>MAL RADICAL EN EL ESTADO LOCKEANO: EL DESCUIDO    DE LAS EMOCIONES POL&Iacute;TICAS<sup><a href="#*" name="s*">*</a></sup></b></font></p>     <p align="center"> <font size="3"><b>Radical Evil in the Lockean State: The Neglect    of the Political Emotions</b></font></p>     <p> <b>Martha C. Nussbaum<sup><a href="#&#134;" name="s&#134;">&#134;</a></sup></b></p>     <p> University of Chicago</p>     <p> Traducci&oacute;n:</p>     <p> <b>Alba Yaneth Jaramillo, Yobany Serna Castro</b><sup><a href="#&#135;" name="s&#135;">&#135;</a></sup></p> <hr size="1">     <p> <b>RESUMEN </b>     <p> El art&iacute;culo aborda el problema de la tolerancia en el contexto de la    filosof&iacute;a de John Locke. Sin embargo, acude a otras posiciones tambi&eacute;n    filos&oacute;ficas (como las de Kant, Rousseau, Mill) que permiten contrastar    las ideas sobre la tolerancia en un contexto mucho m&aacute;s amplio. Adem&aacute;s,    las tesis expuestas explicitan por qu&eacute; es necesario que los estados democr&aacute;ticos    modernos, mediante sus pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, fomenten y apoyen una    amplia cultura cr&iacute;tica mundial de igual respeto por los ciudadanos, como    condici&oacute;n necesaria para la educaci&oacute;n, la libertad de expresi&oacute;n    y la deliberaci &oacute;n p&uacute;blica.      <p> Asimismo, se muestra por qu&eacute;, si bien la tolerancia es una urgente    preocupaci&oacute;n en las sociedades democr&aacute;ticas modernas, es a&uacute;n    dif&iacute;cil de alcanzar. Entre los m&oacute;viles que imposibilitan una realizaci    &oacute;n estable de la tolerancia, se encuentra el mal radical. El mal radical    imposibilita tal cosa porque, entre otros aspectos, hace que desatendamos la    ley moral (Kant), que nos obliga a actuar correctamente. Esto, como puede deducirse,    hace que nuestro actuar refleje tendencias y actitudes propiamente intolerantes,    tales como el ans&iacute;a de poder o la codicia. Todas estas ideas se tratan    de aplicar a casos particulares, como por ejemplo algunas sociedades modernas    actuales, la India y los Estados Unidos son algunas de ellas.      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b>Palabras clave</b>: Tolerancia, emoci&oacute;n, mal, democracia liberal, Locke,    Mill, Kant, Rousseau.  <hr size="1">     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b>I. La fragilidad de la tolerancia</b></font></p>     <p> La tolerancia es una urgente preocupaci&oacute;n en todas las democracias    liberales modernas. Tales democracias est&aacute;n basadas en la idea de igual    respeto por los ciudadanos. Pero todas contienen una pluralidad de &#147;doctrinas    comprehensivas &#148; (para usar la expresi&oacute;n de John Rawls) religiosas    y seculares, a partir de las cuales las personas le confieren sentido a sus    vidas, y buscan para su moral un fundamento y significado &uacute;ltimos. As&iacute;,    parece ser que el igual respeto por los ciudadanos, en semejantes circunstancias,    requiere del respeto por su libertad e igualdad, cuando ellos persiguen asuntos    de fundamental importancia. Dichas democracias, adem&aacute;s, tienen fuertes    razones para apoyar la idea de tolerancia, entendida en t&eacute;rminos de respeto    y no s&oacute;lo como una aceptaci&oacute;n reluctante, y para extender la tolerancia    a todas las doctrinas religiosas y seculares, limitando solamente la conducta    que viole los derechos de otros ciudadanos. Esta norma es ampliamente compartida    en las democracias liberales modernas, cualquiera que sean los desacuerdos acerca    de otras ideas (como la idea de que las razones religiosas pueden justificar    ciertas excepciones en leyes de aplicabilidad general).</p>     <p> Sin embargo, no hay democracia moderna en la que la tolerancia de esta clase    sea una realizaci&oacute;n estable. La tolerancia est&aacute; siempre en la    mira de las fuerzas de la intolerancia, y requiere constante vigilancia para    evitar que un poderoso grupo imponga sus h&aacute;bitos a una minor&iacute;a    relativamente impotente. En los Estados Unidos, casualmente el lenguaje y los    sentimientos cristianos son a menudo introducidos en estamentos pol&iacute;ticos    p&uacute;blicos, de una manera que sugiere la desigual dignidad de los no cristianos.    En Francia, ahora el Estado contempla la posibilidad de convertir la intolerancia    en pol&iacute;tica de estado, prohibiendo el porte de indumentarias religiosas    sobresalientes en escuelas p&uacute;blicas. Aunque esta ley pretende ser imparcial,    de hecho constituye una discriminaci &oacute;n contra los musulmanes y jud&iacute;os,    ya que mientras los cristianos no consideran como una obligaci&oacute;n religiosa    el portar cruces grandes, el velo musulm&aacute;n y (para algunos jud&iacute;os)    el yarmulke son considerados como obligatorios. La India, el particular tema    de gran parte de mis actuales escritos, una democracia que antes se enorgullec&iacute;a    de s&iacute; misma por el respeto al pluralismo y por un amor real de la diversidad    religiosa y &eacute;tnica, tiende ahora, de modo creciente, a volverse un Estado    hind&uacute;. Los libros de texto usados por adolescentes expresan una concepci&oacute;n    fundamentalista hind&uacute; de la naci&oacute;n y su historia; el derecho de    las minor&iacute;as musulmanas a la protecci&oacute;n equitativa de las leyes    no es seguro; los niveles m&aacute;s altos del Estado e incluso del gobierno    nacional, permiten que se violen enormemente los derechos de esta minor&iacute;a<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup>    .</p>     <p> &iquest;Por qu&eacute; la tolerancia, atractiva en principio, es tan dif&iacute;cil    de alcanzar? El argumento a favor de la tolerancia fue bien articulado por John    Locke en su influyente Carta sobre la tolerancia, una obra que influy&oacute;    profundamente todas las propuestas subsecuentes en la tradici&oacute;n occidental.    Pero Locke no procur&oacute; diagnosticar las fuerzas que, en los seres humanos,    militan contra la tolerancia; de este modo, su atractiva propuesta descansa    en un fr&aacute;gil fundamento. Kant, argumentar&eacute;, hizo mucho m&aacute;s,    combinando una explicaci&oacute;n lockeana del Estado con un profundo diagn&oacute;stico    del &#147;mal radical&#148;, las tendencias que en todos los seres humanos act&uacute;an    contra la estabilidad de la tolerancia y el respeto. Pero Kant hizo poco por    conectar estas dos partes de su pensamiento acerca de la religi&oacute;n. No    propuso un mecanismo a trav&eacute;s del cual el Estado pudiera mitigar la influencia    perjudicial del mal radical, para as&iacute; mantener la estabilidad de la tolerancia.    Sus puntos de vista acerca de los l&iacute;mites de la acci&oacute;n p&uacute;blica    en la esfera de la opini&oacute;n, lo llevaron a sostener amplias protecciones    para la libertad de expresi&oacute;n y el cultivo de una vigorosa cultura cr&iacute;tica;    todo lo dem&aacute;s, desde su punto de vista, debe dejarse a la libre elecci&oacute;n    de los ciudadanos. Esto, como fue muy consciente el propio Kant, deja a la tolerancia,    y al Estado tolerante, en una situaci&oacute;n fr&aacute;gil y precaria.</p>     <p> Una soluci&oacute;n al problema del mal radical fue propuesta por Rousseau,    quien es la fuente de la doctrina kantiana del mal radical. Rousseau argument&oacute;    c&eacute;lebremente que el Estado tolerante, para ser estable, necesita inculcar    sentimientos que soporten la tolerancia en la forma de una &#147;religi&oacute;n    civil&#148;. Su propuesta ense&ntilde;a profundas intuiciones humanas. Pero    estos rasgos coercitivos seguramente ser&aacute;n inaceptables para Locke y    Kant, y ellos ser&aacute;n inaceptables para nosotros. Rousseau limita dr&aacute;sticamente    las libertades de expresi&oacute;n e investigaci &oacute;n, logrando estabilidad    por medio de una homogeneidad dada a la fuerza. Mientras se ovaciona a Rousseau    por oponerse al problema del mal radical en el Estado tolerante, nosotros deber&iacute;amos    rechazar su soluci&oacute;n.</p>     <p> Entonces, &iquest;c&oacute;mo podr&aacute;n las modernas sociedades pluralistas    resolver el problema del mal radical?, &iquest;c&oacute;mo puede una sociedad    pluralista respetuosa desposeer el fr&aacute;gil fundamento humano de la tolerancia,    especialmente en un mundo en el cual nosotros necesitamos cultivar la tolerancia,    no solamente en el interior de cada Estado, sino tambi&eacute;n entre personas    y Estados, en este mundo entrelazado? Una parte de la soluci&oacute;n seguramente    puede encontrarse, como argumenta Kant, en la atenta protecci&oacute;n de las    libertades de expresi&oacute;n e investigaci &oacute;n rigurosa, y en el cultivo    de una cultura p&uacute;blica cr&iacute;tica, incluyendo una cultura p&uacute;blica    global. Si estas propuestas nos parecen demasiado d&eacute;biles, podemos, no    obstante, encontrar una prometedora l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n en    la obra de John Stuart Mill, en su idea de la &#147;religi&oacute;n de la humanidad&#148;.Argumentar    &eacute; que la idea de Mill fue, en efecto, prometedora para su tiempo, pero    hizo muy pocos cuestionamientos acerca de qu&eacute; tanto el Estado deber&iacute;a    permitir tal religi&oacute;n en una sociedad pluralista. Intentar&eacute; responder    a trav&eacute;s de mi propia explicaci&oacute;n del mal radical, que resulta    un poco m&aacute;s compleja que la de Kant.</p>     <p> <font size="3"><b>II. La tolerancia y la igualdad de respeto: el Estado lockeano</b></font></p>     <p> El pensamiento de John Locke sobre la tolerancia es complejo, y es imposible    comprender completamente el argumento de su Carta sin conectarlo con el resto    de su pensamiento pol&iacute;tico. Hagamos, no obstante, un resumen. Locke insiste    que en materia de creencias y conductas religiosas (en la medida en que esto    no viole los derechos de otros) el Estado debe hacer lo posible por proteger    la &#147;[a]bsoluta libertad, lo justo y la verdadera libertad, la igual e imparcial    libertad &#148;. El Estado no s&oacute;lo debe rechazar el uso de la fuerza    para imponer la homogeneidad religiosa, tambi&eacute;n debe proteger fuertemente    a todos sus ciudadanos de la coacci&oacute;n por parte de otros. Adem&aacute;s,    ninguna persona debe ser &#147;perjudicada en sus goces civiles&#148; a causa    de la religi&oacute;n. Los magistrados deben ir m&aacute;s all&aacute; de la    no-persecuci&oacute;n, hasta la protecci&oacute;n obsesiva de los derechos de    todos sus ciudadanos, para que &#147;los bienes y la salud de los sujetos no    sean perjudicados por el fraude o la violencia de otros&#148; (35)<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup> . El Estado    debe dejar a la religi&oacute;n estrictamente aislada, excepto en la medida    en que &eacute;sta se involucre en &aacute;reas que el Estado regula por derecho    propio, tales como la propiedad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Tanto para los ciudadanos como para los actores estatales, la norma de la    tolerancia no solamente requiere la preservaci&oacute;n poco generosa de los    derechos, sino un esp&iacute;ritu de &#147;caridad, munificencia y liberalidad&#148;    (27). Los l&iacute;deres religiosos deber&iacute;an advertir a sus miembros    de &#147;los deberes de la paz y la buena voluntad hacia todos los hombres,    incluidos los herejes y los ortodoxos&#148; (32). Deben &#147;exhortar laboriosamente&#148;    a sus miembros y, especialmente a los magistrados civiles, hacia la &#147;caridad,    la humildad y la tolerancia&#148; (32).</p>     <p> Locke propone varios argumentos para esta norma. Algunos de &eacute;stos se    apoyan en doctrinas y textos cristianos. Otros se apoyan en una actitud esc&eacute;ptica    con respecto a las creencias religiosas. Una parte influyente del argumento    se apoya en la idea protestante de &#147;libre creencia&#148;: una creencia    religiosa genuina no puede ser forzada. Lo que me interesa aqu&iacute;, sin    embargo, es una l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n que tomo como central en    el trabajo, y m&aacute;s pertinente a los debates modernos que alg&uacute;n    otro.</p>     <p> Los lectores de Locke pueden pensar justamente que algunos de sus argumentos    son demasiado &#145;internos&#146;, al requerir una estructura de ideas protestantes    para sus logros. Pero esta cr&iacute;tica no puede hacerse contra la l&iacute;nea    de argumentaci &oacute;n que me interesa. Esto es, que todos los ciudadanos    tienen derechos, es decir, reclamar de nuevo la leg&iacute;tima libertad, propiedad    y otros prerrequisitos para su bienestar. Adem&aacute;s, estos derechos son    equitativos. Esto es totalmente equivocado, porque estos derechos equitativos    subyacen sobre fundamentos de diferencia religiosa. Resumiendo su argumento,    Locke enfatiza el meollo de este punto y declara: &#147;La suma de todo lo que    nosotros manejamos es que todos los hombres disfruten los mismos derechos que    son concebidos a otros&#148; (69).</p>     <p> El argumento est&aacute; basado en la teor&iacute;a pol&iacute;tica general    de Locke, y, en particular, en su idea del contrato social y su relaci&oacute;n    con lo justo. (No seguir&eacute; estas conexiones m&aacute;s all&aacute; de    aqu&iacute;). No obstante, nosotros comprendemos el origen de la doctrina de    los derechos de Locke. Esto es una idea fuerte para las modernas democracias    pluralistas, una de ellas que la mayor&iacute;a ya acepta. Sin embargo, muchos    de ellos difieren en relaci&oacute;n con el fundamento metaf&iacute;sico de    las exigencias de derechos y la precisa naturaleza de los derechos en cuesti&oacute;n.    Me apoyo en la idea central del argumento lockeano por ser una idea del respeto    por las personas. Opino que las personas tienen derechos que no pueden ser interferidos    con esa forma de decir que las personas merezcan respeto entre s&iacute;. Con    respecto a los principios de bienestar, ellos est&aacute;n en igualdad de lugar    e igualdad de derechos; y su igualdad de derechos no debe ser interferida o    por la inacci&oacute;n del Estado, o por alg&uacute;n otro.</p>     <p> Locke reconoce que las personas no siempre son generosas y pac&iacute;ficas.    De hecho, su insistencia en el deber de la iglesia para exhortar a sus miembros    a la tolerancia, la generosidad y la paz, admite la presencia de un problema:    las personas est&aacute;n inclinadas a ir contra el ideal lockeano. El ambiente    pol&iacute;tico de Locke hizo mucho para ilustrar tales violaciones. Pero nada    se dice sobre c&oacute;mo un Estado lockeano puede enfrentarse con este problema,    m&aacute;s all&aacute; de pedirles a las personas que sean buenas entre s&iacute;.    Quiz&aacute;s Locke cree que el problema es s&oacute;lo temporal; el objeto    de la reciente disputa religiosa y la mala conducta clerical. A lo mejor &eacute;l    cree que una vez el Estado tome la l&iacute;nea que recomienda, todo ser&aacute;    mejor. No puede decirse que la psicolog&iacute;a moral sea el punto m&aacute;s    fuerte de Locke como fil&oacute;sofo. &Eacute;l carece simplemente de inter&eacute;s    por los aspectos psicol&oacute;gicos de la intolerancia, tendiendo a culpar,    en cambio, a los individuos malos quienes pueden ser reemplazados por individuos    buenos.</p>     <p> Locke deja as&iacute; su propio proyecto en una posici&oacute;n que es un    tanto incierta, en el peor de los casos, precaria e inestable, sin intentar    deducir por qu&eacute; la intolerancia es tan ubicua. No obstante la especulaci&oacute;n    de que todos aquellos acontecimientos est&aacute;n ligados, resulta dif&iacute;cil    para justificar una concepci&oacute;n del Estado. Ciertamente, para justificar    la parte de una concepci&oacute;n pol&iacute;tica, est&aacute; mostrando que    con el tiempo puede ser estable, y estable, como Rawls lo estima, &#147;por    las razones correctas&#148;, es decir, estable no propiamente como un reluctante    modus vivendi, sino como algo que las personas pueden aprobar realmente como    bueno para s&iacute; mismas y sus vidas. Locke nos deja con incertidumbre sobre    si esta condici&oacute;n se ha cumplido.</p>     <p> <font size="3"><b>III. El mal radical</b></font></p>     <p> Kant est&aacute; profundamente influenciado por las doctrinas del contrato    social tanto de Locke como de Rousseau. Como veremos, la estructura de su Estado    es b&aacute;sicamente lockeana; hace uso de una aproximada comprensi&oacute;n    lockeana de los derechos, y entiende los l&iacute;mites de la acci&oacute;n    del Estado en una forma aproximada a la de Locke. Sin embargo, Kant siente la    necesidad de llenar el vac&iacute;o que deja la concepci&oacute;n de Locke,    proporcionando una psicolog&iacute;a moral del mal y la intolerancia que explique    por qu&eacute; es probable que la intolerancia y otras formas del mal sigue    siendo un problema permanente en las sociedades humanas. En La religi&oacute;n    dentro de lo l&iacute;mites de la mera raz&oacute;n<sup><a href="#3" name="s3">3</a></sup> , Kant articula su famosa    doctrina del &#147;mal radical&#148;; una doctrina que est&aacute; estrechamente    relacionada con la psicolog&iacute;a moral de Rousseau, pero que Kant desarrolla    de una manera original y profunda.</p>     <p> De acuerdo con Kant, el mal es radical, es decir va a la ra&iacute;z de nuestra    humanidad porque los seres humanos tenemos, antes de cualquier experiencia,    una propensi&oacute;n a lo bueno y a lo malo, en la forma de tendencias que    est&aacute;n arraigadas profundamente en nuestra naturaleza. De este modo, podemos    seguir la ley moral, pero tambi&eacute;n hay algo en nosotros que hace que en    ciertas circunstancias la desatendamos y actuemos incorrectamente.</p>     <p> &iquest;Cu&aacute;les son esas condiciones? El problema no es la propia animalidad,    &eacute;sta es casi que neutral (6.32, 6.57-8). Aqu&iacute; es donde Kant encuentra    el error del estoicismo, que &eacute;l describe (equivocadamente<sup><a href="#4" name="s4">4</a></sup> ) como si    implicara la doctrina de que nuestro forcejeo moral est&aacute; contra la sola    inclinaci&oacute;n animal (57-8). El tentador, el invisible enemigo interior,    es algo peculiarmente humano, una propensi &oacute;n al amor propio competitivo,    que se manifiesta cuando los seres humanos est&aacute;n en grupo. Los apetitos    por s&iacute; mismos son f&aacute;cilmente satisfechos y la necesidad animal    es limitada (6.93). El ser humano se considera pobre s&oacute;lo &#147;en la    medida en que le preocupa que otros as&iacute; lo consideren y lo desprecien    por esto&#148;. Pero la sola presencia de otros es una condici&oacute;n suficiente    para tal preocupaci &oacute;n:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> La envidia, el ans&iacute;a de poder, la codicia y las inclinaciones hostiles    asociadas a todo ello, asaltan su naturaleza, en s&iacute; modesta, tan pronto    como est&eacute; entre seres humanos. No es necesario suponer que &eacute;stos    est&aacute;n hundidos en el mal y constituyen ejemplos que inducen a &eacute;l,    basta con que ellos est&eacute;n ah&iacute;, que lo rodeen, y que sean seres    humanos, para que se corrompan mutuamente en su disposici&oacute;n moral y se    hagan malos unos a otros (6. 94).</p>     <p> La explicaci&oacute;n kantiana es muy influyente. Aunque seguramente &eacute;l    es demasiado optimista en cuanto a la oportunidad de muchas personas del mundo    de satisfacer las necesidades corporales<sup><a href="#5" name="s5">5</a></sup> , seguramente tambi&eacute;n est&aacute;    en lo cierto al sostener que la mera satisfacci&oacute;n no es la causa principal    del mal comportamiento. Incluso cuando las personas est&aacute;n bien alimentadas    y alojadas, e incluso cuando ellas est&aacute;n bastante seguras con respecto    a otros requisitos previos de bienestar, a&uacute;n as&iacute; se comportan    mal y violan los derechos entre s&iacute;.Yaunque es dif&iacute;cil demostrar    una propensi&oacute;n innata, Kant est&aacute; en lo cierto cuando sugiere que    las personas no requieren ninguna ense&ntilde;anza social particular para actuar    incorrectamente, y, de hecho, por lo regular lo hacen a pesar de que reciban    la mejor ense&ntilde;anza social.</p>     <p> Kant est&aacute; ofreciendo una explicaci&oacute;n general de los or&iacute;genes    del mal comportamiento, no una explicaci&oacute;n particular de la intolerancia.    Sin embargo, &eacute;sta tiene una evidente relaci&oacute;n con el problema    de Locke. Dondequiera que las personas est&eacute;n juntas, ellas conforman    grupos religiosos y compiten entre s&iacute; por su superioridad. Este proceso,    dif&iacute;cil de explicar con referencia a las ideolog&iacute;as internas de    las religiones que pueden estar fuertemente a favor de la paz y la compasi&oacute;n&#151;como    Locke apunt&oacute; para el caso del cristianismo&#151;es bien explicado por    el postulado de Kant de una propensi&oacute;n a la competencia, que es activada    por la mera presencia de una pluralidad.</p>     <p> La explicaci&oacute;n de Kant del mal radical, atractiva en muchos aspectos,    parece incompleta. Es del todo correcto afirmar que en los seres humanos existen    tendencias, tales que la presencia de otros sacar&aacute; a flote su competitividad    y su comportamiento agresivo; pero Kant dice poco acerca de la naturaleza de    esas tendencias. Quiz&aacute;s &eacute;l piensa que basta con decir que el mal    radical es simplemente la disposici&oacute;n para manifestar una actitud competitiva    y un comportamiento moralmente desafiante en presencia de otros. No obstante,    considero que podemos decir algo m&aacute;s. En dos obras sobre las emociones<sup><a href="#6" name="s6">6</a></sup>    sostengo que para comprender el origen del mal comportamiento se requiere pensar    sobre la relaci&oacute;n problem&aacute;tica de los seres humanos con su propia    mortalidad y finitud, su deseo de trascender condiciones que suelen ser dif&iacute;cilmente    aceptadas por cualquier ser humano inteligente. Las primeras experiencias de    un ni&ntilde;o contienen una alteraci&oacute;n que fluct&uacute;a entre una    integridad satisfactoria en el que el mundo entero parece moverse alrededor    de sus necesidades, y un conocimiento ag&oacute;nico de impotencia cuando las    cosas buenas no llegan en el momento deseado y el ni&ntilde;o no puede hacer    nada para asegurar su llegada. La expectativa de ser cuidado constantemente    &#151;la &#147;omnipotencia infantil&#148; fue bien descrita en la frase de    Freud &#147;su majestad el ni&ntilde;o&#148;&#151; se une a la ansiedad, y a    la verg&uuml;enza, de saber que uno no es de hecho omnipotente, sino absolutamente    impotente. Fuera de esta ansiedad y verg&uuml;enza surge un deseo urgente de    alcanzar una completa integridad y satisfacci&oacute;n. Empero, mucho de lo    que uno aprende de ni&ntilde;o hace parte de un mundo de seres finitos y necesitados.    Y este deseo de superar la verg&uuml;enza de la incompletud conduce hacia una    gran inestabilidad y peligro moral. En ensayos sobre el rol de la verg&uuml;enza    y el disgusto en los procesos de formaci&oacute;n grupal y la intolerancia social,    he discutido que el tipo de mal comportamiento social al que me refiero en este    texto, puede remontarse al dolor prematuro del ni&ntilde;o, al hecho de que    es imperfecto e incapaz de lograr una completa integridad, que en ciertos momentos    lo motiven a esperar. Este dolor lo lleva a avergonzarse y a rebelarse ante    las se&ntilde;ales de su propia imperfecci&oacute;n. Entonces, lo que m&aacute;s    me interesa aqu&iacute;, la verg&uuml;enza y la rebeli&oacute;n, a su vez, a    menudo son demasiado exteriorizadas sobre grupos secundarios que pueden simbolizar    convenientemente aspectos problem&aacute;ticos de la corporeidad humana, aquellos    de los que a las personas les gustar&iacute;a distanciarse.</p>     <p> As&iacute;, mi explicaci&oacute;n del prejuicio y el odio, sea religioso,    &eacute;tnico o sexual, es m&aacute;s compleja que la de Kant, pues no s&oacute;lo    apela a la mera pluralidad sino tambi&eacute;n al odio por la debilidad, la    impotencia y (finalmente) la muerte, que es omnipresente en nuestra relaci&oacute;n    como humanidad<sup><a href="#7" name="s7">7</a></sup> . Y planteo que la raz&oacute;n principal por la que las personas    forman la clase de grupos que comprometen el mal comportamiento, es un (f&uacute;til)    intento por recuperar la integridad y la seguridad. Al definir su propio grupo    como el &#147;normal&#148;, al que no le falta nada, y al rodearse en todas    partes con tal gente, las personas obtienen la ilusi&oacute;n de seguridad y    control, proyectando hacia los otros subordinados la debilidad que no quieren    aceptar en s&iacute; mismos. Estigmatizando y persiguiendo a otros, ellos ocultan    su propia debilidad y vulnerabilidad.</p></p>     <p>De este modo, contrario a Kant, pienso que el mal radical no es una mera disposici&oacute;n    para comportarse mal en ciertas circunstancias. Esto tiene un fondo y una historia    narrativa. El mal radical se relaciona con la b&uacute;squeda de la trascendencia    y la aversi&oacute;n a la finitud; podr&iacute;a decirse que el miedo a la muerte    es una fuerte caracter&iacute;stica del narcisismo humano. Por ello, la soluci&oacute;n    al mal radical tendr&aacute; que dirigirse al narcisismo, no cur&aacute;ndolo,    pero s&iacute; mitigando su papel en la vida humana, porque la vida es demasiado    dolorosa como para que los seres humanos la acepten como es.</p>     <p> Esta historia narrativa del mal radical tiene implicaciones para el tratamiento    social del mal, que la explicaci&oacute;n m&aacute;s abstracta de Kant no hace.    Por ahora, sin embargo, antes de volver ami propia explicaci&oacute;n en la    secci&oacute;n final, perm&iacute;- tanme retomar la explicaci&oacute;n gen&eacute;rica    abstracta de Kant que, aunque no de forma directa, es totalmente compatible    con la m&iacute;a.</p>     <p> De acuerdo con Kant, cada vez que los seres humanos est&aacute;n juntos, el    mal comportamiento es un resultado probable, y la intolerancia es una forma    prominente y t&iacute;pica de semejante comportamiento, como una forma muy prominente    del mismo-amor por la competencia. Por consiguiente, la intolerancia no es una    condici&oacute;n social f&aacute;cil de erradicar. Las personas por lo general    buscar&aacute;n violar los derechos de otros y, en particular, buscar&aacute;n    establecer la superioridad de sus propias doctrinas religiosas. Aunque el propio    Kant no hace directamente esta conexi&oacute;n entre su doctrina del mal y el    problema espec&iacute;fico de la intolerancia, s&iacute; la sugiere fuertemente    en su argumento.</p>     <p> Kant brinda amplios consejos a los seres humanos individuales. En particular,    para neutralizar las malas inclinaciones en su naturaleza, ellos tienen el deber    de rodearse por un grupo de personas que trabajen por la victoria del bien sobre    el mal. Es improbable que una persona sola logre tal victoria, pero en un grupo    donde todos luchen, tiene una mayor oportunidad, formando una contrasociedad    que fortalezca la disposici&oacute;n moral y la proteja de las tentaciones mundanas    que ofrece la sociedad. Ese es el papel que Kant ve para la religi&oacute;n:    es una fuerza social que proporciona una estructura de apoyo para la moralidad.    Dado que somos moralmente d&eacute;biles y propensos al error, tenemos un deber    &eacute;tico para unificar tal sociedad, dejando nuestro estado &eacute;tico    natural para unificar una comunidad &eacute;tica. Kant sostiene, entonces, que    no s&oacute;lo ser&aacute; una comunidad &eacute;tica: tiene que ser una comunidad    religiosa, que significa que uno est&aacute; unido por la idea de un ser moral    superior.</p>     <p> Gran parte de este texto est&aacute; consagrado a distinguir las comunidades    religiosas buenas de las malas, preguntando qu&eacute; clase de comunidad religiosa    puede realmente hacer el trabajo que Kant ha propuesto. &Eacute;l argumenta    que la mayor&iacute;a de las iglesias existentes realmente son una mala influencia    moral, en la medida en que le ense&ntilde;an a la gente a conciliar con Dios    en formas extra&ntilde;as, y en otras formas que socavan la pureza del incentivo    moral. Pero m&aacute;s o menos cualquiera de las grandes creencias puede convertirse    en una iglesia aceptable si es reconstruida de manera correcta (moral, racional).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, &iquest;qu&eacute; sucede con el Estado lockeano? Dada la ubicuidad    de la propensi&oacute;n al mal, &iquest;qu&eacute; puede hacer un Estado semejante    para protegerse, en general, contra las fuerzas del mal comportamiento, y de    la intolerancia en particular? Ciertamente, puede usar la coerci&oacute;n para    proteger los derechos de propiedad de las personas y otros derechos que ellos    tienen bajo el contrato social. Aqu&iacute; Locke y Kant est&aacute;n de acuerdo.    Pero he sugerido que esto deja al igual respeto en una posici&oacute;n fr&aacute;gil.    As&iacute; que ser&iacute;a bueno pensar que el Estado podr&iacute;a encontrar    algunos medios adicionales de apoyar en general el buen comportamiento y, en    particular, la tolerancia.</p>     <p> Para Kant, la opci&oacute;n de entrar a una iglesia debe seguir siendo siempre    una opci&oacute;n. &Eacute;l es contrario a Locke como &eacute;ste lo es a la    idea hobbesiana de Estado basada en la coerci&oacute;n religiosa. Kant argumenta    en contra de ambos fundamentos morales y prudenciales: &laquo;[D]esdichado el    legislador que quisiera provocar a trav&eacute;s de la coerci&oacute;n una organizaci&oacute;n    pol&iacute;tica con fines &eacute;ticos, porque con eso &eacute;l no s&oacute;lo    lograr&iacute;a algo muy opuesto a los fines &eacute;ticos, sino que tambi&eacute;n    destruir&iacute;a sus fines pol&iacute;ticos y los volver&iacute;a inseguros&raquo;    (6: 96).A&uacute;n m&aacute;s, incluso cuando las personas hacen una mala elecci&oacute;n    y entran a una mala iglesia, o incluso se declaran ateos, Kant est&aacute; convencido    que el respeto por la autonom &iacute;a requiere del respeto por su libertad.    Al igual que Locke, &eacute;l insiste que las libertades civiles de ninguna    persona pueden infringirse sobre fundamentos de filiaci&oacute;n religiosa o    de pr&aacute;ctica; pero &eacute;l va m&aacute;s all&aacute; que Locke, al proteger    a los ateos as&iacute; como a los creyentes. La mayor parte del Estado puede    exigir que las iglesias no incluyan en su constituci&oacute;n nada que contradiga    los deberes de los miembros como ciudadanos del Estado (aqu&iacute; Kant permanece    cerca de Locke).</p>     <p> Hay un problema: el respeto por la autonom&iacute;a exige de nosotros que    toleremos las malas iglesias, las que para Kant realmente son la mayor&iacute;a.    Tales iglesias realmente fortalecen el mal y, de este modo, socavan la tolerancia.    &iquest;Qu&eacute; puede, entonces, hacer el Estado lockeano para protegerse?</p>     <p> La respuesta de Kant, y la &uacute;nica que &eacute;l cree poder dar, de forma    consistente con su defensa de la autonom&iacute;a, es que el Estado puede y    debe fomentar una cultura cr&iacute;tica vigorosa, incluyendo fuertes protecciones    de la libertad de expresi &oacute;n y debate. Esto, por supuesto, preocup&oacute;    a Kant durante toda su vida y fue uno de los problemas pol&iacute;ticos en los    que m&aacute;s se enfoc&oacute;. Del mismo modo, este apoyo del Estado debe    extenderse al financiamiento generoso de la educaci &oacute;n y apoyar la investigaci&oacute;n.    Kant frecuentemente enfatiza en los posibles t&eacute;rminos m&aacute;s fuertes,    que en el foco de la educaci&oacute;n p&uacute;blica constituyen una pieza clave    en el esclarecimiento de lo p&uacute;blico. En Ideas para una historia universal,    &eacute;l escribe:</p>     <p> Ya que los estados aplican todos sus recursos a sus esquemas vanos y violentos    de expansi&oacute;n, obstruyendo continuamente as&iacute; los esfuerzos lentos    y laboriosos de sus ciudadanos para cultivar sus mentes, e incluso los priva    de todo el apoyo en estos esfuerzos, no puede esperarse ning&uacute;n progreso    en esta direcci&oacute;n. Para la educaci&oacute;n de sus ciudadanos es necesario    un largo proceso interior de cuidadoso trabajo por parte de cada comunidad.    Pero todas las buenas empresas que no se unen para lograr una actitud moralmente    buena de mente, no son m&aacute;s que una ilusi&oacute;n, y hacen relucir la    miseria exteriormente<sup><a href="#8" name="s8">8</a></sup> .</p>     <p> En El conflicto de las facultades, Kant enfatiza, de nuevo, que la confianza    en los esfuerzos de la educaci&oacute;n privada es probablemente una prueba    insuficiente:</p>     <p> Esperar que la educaci&oacute;n de los j&oacute;venes en la cultura intelectual    y moral, reforzada por las doctrinas de la religi&oacute;n, primeramente a trav&eacute;s    de la instrucci&oacute;n dom&eacute;stica y luego por medio de una serie de    escuelas de la m&aacute;s baja a la m&aacute;s alta calidad, har&aacute; de    ellos en el futuro no s&oacute;lo ciudadanos buenos, sino que tambi&eacute;n    los conducir &aacute; a practicar un tipo de bondad que puede progresar y mantenerse    continuamente, es un plan que tiene poca probabilidad de lograr el &eacute;xito    deseado<sup><a href="#9" name="s9">9</a></sup> .</p>     <p> El argumento pareciese plantear la idea de que los esfuerzos privados ser&aacute;n    espor&aacute;dicos y descoordinados. No deber&iacute;a permitirse que el sistema    educativo se desarrolle de una manera fortuita, mientras que el Estado invierte    todos sus recursos en la guerra. La educaci&oacute;n producir&aacute; una cultura    p&uacute;blica ilustrada, para de esta manera mitigar la violencia. S&oacute;lo    si &#147;es dise&ntilde;ada sobre el plan y la intenci&oacute;n consideradas    por las autoridades de mayor rango del Estado, se pondr &aacute; en movimiento    y se mantendr&aacute;, despu&eacute;s de esto, operando de manera uniforme &#148;<sup><a href="#10"  name="s10">10</a></sup>    . Kant piensa claramente que mantener una cultura p&uacute;blica ilustrada comprende    m&uacute;ltiples aspectos: apoyo para las escuelas y universidades; una fuerte    protecci&oacute;n de las libertades civiles; y, con especial importancia, un    fuerte &eacute;nfasis en la publicidad de todos los temas pol&iacute;ticos,    y en las instituciones que facilitan y defienden el debate p&uacute;blico<sup><a href="#11" name="s11">11</a></sup>    .</p>     <p> En La religi&oacute;n dentro de lo l&iacute;mites de la mera raz&oacute;n,    Kant se enfoca particularmente en el papel que juega el saber cr&iacute;tico    religioso en la formaci&oacute;n de buenas iglesias dentro de la existencia    y divulgaci&oacute;n de las posibilidades de la religi&oacute;n racional y moral.    &Eacute;l brinda numerosos ejemplos de las formas en que el saber b&iacute;blico    puede producir un texto recalcitrante en contraste con la ley moral. Es de esperarse    que tal saber gu&iacute;e gradualmente a un p&uacute;blico que aumenta su apoyo    a la religi&oacute;n racional y lo disminuya a las malas iglesias. Los estudiosos    cr&iacute;ticos de la Biblia deben tener buenas condiciones pol&iacute;ticas    para que su labor sea efectiva. &laquo;Es evidente que por ning&uacute;n motivo    deben ser impedidos por el brazo secular en el uso p&uacute;blico de sus visiones    y descubrimientos en su campo, o ser limitados por ciertos dogmas&raquo; (6:    113, el cf. 6: 133).Adem&aacute;s de mantener la libertad acad&eacute;mica y    la libertad de expresi&oacute;n y divulgaci&oacute;n, el Estado tiene la tarea    positiva de asegurar el empleo de tales intelectuales (6: 113).</p>     <p> Hasta aqu&iacute; todo est&aacute; bien. Pero el mismo principio que protege    la investigaci &oacute;n, protege tambi&eacute;n el principio al que se opone    Kant. Y el mismo p&uacute;blico abierto que crea las condiciones para la religi&oacute;n    racional que hace parte de la existencia, tiene tambi&eacute;n un gran alcance    para la movilizaci&oacute;n de los prejuicios y la intolerancia. Este es el    caso del Estado que Kant considera que permanece en una condici&oacute;n fr&aacute;gil.    &Eacute;l tiene que confiar en la sofisticaci&oacute;n y racionalidad de un    p&uacute;blico general que est&eacute;, como Kant mismo sabe, bastante inclinado    a las apelaciones emocionales y ret&oacute;ricas de las malas iglesias. En su    desconfianza de las pasiones y sentimientos, parece renuente a proponer alguna    dimensi&oacute;n emocional para la ret&oacute;rica p&uacute;blica a favor de    la religi&oacute;n racional y de las buenas iglesias. Para el punto que ellas    hacen predominar, esto debe ser fruto de un saber bien fundamentado y de argumentos    esclarecidos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Kant va m&aacute;s all&aacute; que Locke en su profunda comprensi&oacute;n    sobre la psicolog&iacute;a humana y, de este modo, de las amenazas a una sociedad    liberal del tipo que &eacute;l defiende. Pero su liberalismo, combinado con    su desconfianza de las pasiones, le impide ahondar m&aacute;s en lo que respecta    a estas amenazas.</p>     <p> El dilema con que nos deja el pensamiento kantiano se vuelve a&uacute;n m&aacute;s    agudo cuando consideramos la sociedad global a la que tan poderosamente apunta    el pensamiento de Kant. Como &eacute;l conoci&oacute; y recalc&oacute;, la mentira    es una de las peores expresiones del mal radical en el comportamiento de unas    naciones con otras. Las guerras de conquista, la dominaci&oacute;n colonial,    son todas estas consecuencias de las tendencias competitivas que Kant identific&oacute;    tan acertadamente. Yno es sorprendente que la intolerancia de las diferentes    creencias y formas de vida de otros sea a menudo una parte de estos proyectos.    Pero si el Estado parece ser impotente para detener las amenazas a la estabilidad    de sus propias pol&iacute;ticas internas tolerantes, afronta un periodo a&uacute;n    m&aacute;s dif&iacute;cil, una vez articulemos la meta en t&eacute;rminos mundiales,    como el de respetar a la humanidad dondequiera que sea, proteger la libertad    religiosa de todos los ciudadanos del mundo y, en general, la libertad para    ir en seguimiento de la propia doctrina comprehensiva para todos los ciudadanos    del mundo. Muchas personas que pueden ser llevadas a comportarse tolerantemente    con los de su misma nacionalidad, se olvidan completamente de este principio    cuando est&aacute;n en el extranjero. As&iacute;, un orden mundial tolerante    ser&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil de realizar que un estable Estado lockeano    tolerante.</p>     <p><font size="3"><b>IV. &iquest;Una religi&oacute;n civil?</b></font></p>     <p> Dado que la psicolog&iacute;a moral de Kant no es del todo nueva, el problema    que aqu&iacute; se plantea para una sociedad liberal tampoco es nuevo. Rousseau,    cuya psicolog&iacute;a es, en esencia, la fuente de la de Kant, comprendi&oacute;    que el Estado que va a proteger la tolerancia necesita pensar sobre las emociones    morales y las necesidades para adoptar algunos programas para su desarrollo.    En la importante secci&oacute;n de El contrato social sobre la &#147;religi&oacute;n    civil&#148;, Rousseau argumenta que la completa tolerancia en materia espiritual    es de gran importancia, pero que necesita ser reforzada por la promulgaci&oacute;n    de una &#147;religi&oacute;n civil&#148; consistente de &#147;sentimientos de    sociabilidad, sin los cuales es imposible ser un buen ciudadano o un aut&eacute;ntico    sujeto&#148;. Esta religi&oacute;n, un tipo de de&iacute;smo moralizado fortificado    con creencias y sentimientos patri&oacute;ticos, sostendr&aacute; conjuntamente    al Estado y crear&aacute; unanimidad moral entre los ciudadanos. Sus dogmas    incluyen la existencia de una deidad ben&eacute;fica poderosa y la creencia    en una vida despu&eacute;s de la muerte; la felicidad del justo; el castigo    del malvado; la santidad del contrato social y de la ley; y la inaceptabilidad    de la intolerancia.</p>     <p> Alrededor de todos estos dogmas, el soberano crear&aacute; ceremonias y rituales,    engendrando fuertes lazos de sentimientos conectados a la moralidad y al deber    patri&oacute;tico. La religi&oacute;n civil funciona como el centro com&uacute;n    moral de todas las formas aceptables de religi&oacute;n: las personas pueden    agregar este centro a varias creencias metaf&iacute;sicas y espirituales. &#147;Cada    hombre puede tener, adem &aacute;s, tales opiniones como a &eacute;l le parezca,    sin pertenecer a cualquiera de los negocios del soberano para conocer lo que    ellos son&#148;. Pero todos deben adherirse al centro, en lo que respecta a    la conducta y a la creencia.</p>     <p> Rousseau cree que este mecanismo solucionar&aacute; los problemas de la estabilidad    en el Estado tolerante, proporcion&aacute;ndoles a las personas fuentes de motivaci    &oacute;n para que se comporten correctamente las unas con las otras, m&aacute;s    en la forma que, para Kant, una iglesia del tipo correcto fortalecer&aacute;    las buenas disposiciones y socavar&aacute; el mal. Para Kant, sin embargo, el    respeto por la autonom&iacute;a requiere que la elecci&oacute;n para ingresar    a una iglesia sea enteramente libre. Rousseau, por el contrario, le permite    al soberano implementar la religi&oacute;n civil por medios coercitivos, incluyendo    el destierro, e incluso la pena capital. La coerci&oacute;n estatal se aplica    no s&oacute;lo a la conducta perjudicial de los otros, sino tambi&eacute;n a    las conductas no perjudiciales que expresan su falta de adhesi&oacute;n a la    religi&oacute;n civil; y esto se aplica, tambi&eacute;n, a la no conformidad    de creencia y expresi&oacute;n. En particular, Rousseau insiste en una creencia    no s&oacute;lo en lo civil, sino tambi&eacute;n en la tolerancia teol&oacute;gica.    De esta manera, la coerci&oacute;n estatal se extiende a un gran trato en la    forma de opiniones religiosas, desde que Rousseau cree que &#147;es imposible    vivir en paz con aquellos que uno cree que van a ser condenados&#148;. Si pensamos    sobre la relaci&oacute;n de las ideas de Rousseau con las doctrinas vigentes    de las principales religiones de su &eacute;poca, podemos ver r&aacute;pidamente    que en el Estado de Rousseau los cat&oacute;licos romanos no ser&aacute;n tolerados,    y muchas, si no la mayor &iacute;a, de formas de protestantismo no ser&aacute;n    de cualquier tipo.</p>     <p>Rousseau ha asumido seriamente el problema del mal y ha hecho una propuesta    que puede ser suficiente para confrontarse con &eacute;ste. Sin embargo, su    soluci&oacute;n ser&aacute;, obviamente, inaceptable para Locke, Kant y cualquiera    que encuentre atractiva la idea de un Estado lockeano. Un Estado semejante est&aacute;    construido sobre la idea de que el respeto por las personas implica el respeto    por sus doctrinas comprehensivas. Este punto inicial requiere una amplia tolerancia    de opini&oacute;n religiosa, incluyendo opiniones teol&oacute;gicas sobre la    salvaci&oacute;n de las otras personas, siempre que estas opiniones no se manifiesten    en conductas que violen los derechos civiles de otros. Rousseau ha comprado    la estabilidad a un precio demasiado alto. Podemos ver la enf&aacute;tica insistencia    de Kant sobre la libertad de expresi&oacute;n, investigaci&oacute;n y asociaci&oacute;n    como una impl&iacute;cita discrepancia con Rousseau, as&iacute; como un comentario    sobre su propia situaci&oacute;n bajo una serie de diferentes l&iacute;deres    prusianos.</p>     <p> Otro problema grave con la religi&oacute;n civil de Rousseau, como con todos    los esfuerzos de una religi&oacute;n civil basados en un sentimiento patri&oacute;tico    y en la idea de la buena voluntad de morir por el pa&iacute;s de uno, es que    esta religi&oacute;n suministra una base muy mala para las relaciones internacionales.    Los mismos sentimientos que fijan la homogeneidad de la sociedad de Rousseau,    se hacen sospechosos e intolerantes para los extranjeros, y conducen al comportamiento    belicoso contra &eacute;stos. A Rousseau le gusta esta consecuencia. De hecho,    una raz&oacute;n para que considere la necesidad de que una religi&oacute;n    civil complemente el cristianismo es que encuentra a &eacute;ste demasiado pasivo,    manso y apacible. Pero cualquiera que encuentre atractiva la idea de Kant de    una comunidad mundial tolerante y tranquila, encontrar&aacute; aqu&iacute;,    a&uacute;n, razones adicionales para distanciarse de Rousseau.</p>     <p> La visi&oacute;n psicol&oacute;gica de Rousseau, sin embargo, no desaparece    cuando uno rechaza su soluci&oacute;n. &Eacute;l parece estar en lo cierto cuando    insiste que el Estado necesita tratar seriamente el problema del mal, y dise&ntilde;ar    alguna clase de psicolog &iacute;a p&uacute;blica para dirigirlo; una &#147;religi&oacute;n    civil&#148; si se quiere. Y todav&iacute;a Kant parece estar en lo cierto al    insistir que el problema del mal radical no puede ser dirigido por la coerci&oacute;n    estatal de la libertad del libre debate pol&iacute;tico y religioso; esta cura    es peor que la enfermedad. En los m&aacute;rgenes podemos debatir leg&iacute;timamente    sobre las regulaciones legales de algunas formas de expresiones aberrantes,    preguntando c&oacute;mo la inmediata amenaza a la seguridad y la estabilidad    debe ser tal para que el discurso sea legalmente regulable. Pero en general,    deber&iacute;amos estar de acuerdo con Kant: los mismos valores de respeto por    las personas que nos llevan a querer un Estado lockeano tambi&eacute;n nos impiden    protegerlo con una religi&oacute;n civil coercitiva de la clase de Rousseau.</p>     <p> &iquest;Cu&aacute;l es la soluci&oacute;n a este dilema? &iquest;C&oacute;mo    puede una sociedad pluralista respetuosa desposeer las bases fr&aacute;giles    de la tolerancia, especialmente en un mundo en el que necesitamos cultivar la    tolerancia no s&oacute;lo entre cada Estado, sino tambi&eacute;n entre las personas    en este mundo entrelazado?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Seguramente, Kant estuvo en lo cierto al pensar que una parte muy importante    de la soluci&oacute;n consiste en la atenta protecci&oacute;n de la libertad    de expresi&oacute;n, prensa e investigaci&oacute;n. La tolerancia prospera en    una situaci&oacute;n en la que la opini&oacute;n es reducida, y podemos observar    que los grupos intolerantes normalmente, si no siempre, buscan la reducci&oacute;n    de estas libertades como un camino hacia la dominaci&oacute;n. Consid&eacute;rese    la situaci&oacute;n actual del derecho hind&uacute; en la India. Estos grupos    quieren, en esencia, cambiar un respetuoso Estado pluralista lockeano en una    primera sociedad hind&uacute; no respetable, en la que las normas de pureza    &eacute;tnica son usadas para establecer qui&eacute;n pertenece a una primera    clase y qui&eacute;n a una segunda clase de ciudadanos. Central a sus operaciones    est&aacute;n los ataques a la libertad acad&eacute;mica, la libertad de los    acad&eacute;micos para publicar puntos de vista disidentes (de historia, religi&oacute;n,    pol&iacute;tica), y la libertad de expresi&oacute;n en general. Esto solamente    parece correcto en este caso para los defensores del pluralismo y la tolerancia    que se enfocan en el desposeimiento de las libertades kantianas, como un baluarte    esencial de las otras libertades pol&iacute;ticas. No obstante, este caso ense&ntilde;a    tambi&eacute;n que una amenaza posiblemente fatal para la misma existencia de    una democracia lockeana, puede elevarse y volverse fuerte aunque las libertades    kantianas han sido hasta ahora, de alguna manera, bien protegidas. &iquest;Qu&eacute;    m&aacute;s podr&iacute;a hacerse a lo largo de las l&iacute;neas rousseauianas,    sin sus estrategias no liberales?</p>     <p> Algo que una sociedad puede hacer ciertamente, y que la mayor&iacute;a de    las sociedades ya hace, es unir los rituales y las ceremonias a las libertades    b&aacute;sicas protegidas por la sociedad, inspirando a los ciudadanos a amar    estos valores, uni&eacute;ndose a &eacute;stos la m&uacute;sica, el arte y el    ritual. Esta estratagema es peligrosa, dada la propensi&oacute;n de todas las    formas de patriotismo para dirigir la satanizaci &oacute;n de los extranjeros    y los &#147;subversivos&#148; locales. Vemos en el caso del derecho hind&uacute;    c&oacute;mo tales valores patri&oacute;ticos pueden ser raptados y vueltos hacia    los servicios del mal radical. No obstante, me parece que hay formas razonables    de institucionalizar tales ceremonias que no adquieren estos peligros. Donde    la tolerancia est&eacute; relacionada con una &#147;religi&oacute;n civil&#148;    razonable, puede incluir, por ejemplo, una celebraci&oacute;n de la diversidad    de las tradiciones y las doctrinas comprehensivas que est&aacute;n contenidas    dentro de una naci&oacute;n, como una fuente de su fuerza y riqueza. En general,    hay mucho por lo que el Estado tolerante puede hacer por v&iacute;a de la persuasi&oacute;n    y el ce&ntilde;imiento ret&oacute;rico, sin infringir en la libertad de expresi&oacute;n,    congregaci&oacute;n, y publicaci&oacute;n de aquellos que piensan diferente.</p>     <p> Una atractiva propuesta adicional fue hecha por John Stuart Mill en su ensayo    sobre La utilidad de la religi&oacute;n. Aqu&iacute; Mill, reconociendo la importancia    de los sentimientos religiosos que le dan fuerza a la motivaci&oacute;n moral,    sugiere que (siguiendo a Comte y a otros) lo que denomina como &#147;La religi&oacute;n    de la humanidad&#148;, es un ideal moral que puede ser promulgado a trav&eacute;s    de la educaci &oacute;n p&uacute;blica. De acuerdo con este ideal moral, una    buena persona es quien se preocupa profundamente por la humanidad en general.    Sus pensamientos y sentimientos adquieren el h&aacute;bito de ser llevados fuera    de sus propias preocupaciones parroquiales; ellos est&aacute;n habitualmente    fijados en este &#147;objeto desinteresado, amado y seguido como un fin para    su propio bien&#148;. Ella aprende a ayudar viendo a otros como parte de su    propio bien: identifica su bien con el de la humanidad como una totalidad, y    piensa en su vida despu&eacute;s de la muerte como la vida de aquellos que la    siguen. Ella aprende, de esta y otras formas, que ayudar a los dem&aacute;s    no es un sacrificio, sino un bien intr&iacute;nseco.</p>     <p> Estas ideas est&aacute;n estrechamente vinculadas con algunas que he intentado    desarrollar en Upheavals of Thought: The Intelligence of Emotions, concernientes    a la compasi&oacute;n como un sentimiento moral que puede ser cultivado por    las instituciones y la educaci&oacute;n p&uacute;blicas. He argumentado que    una sociedad liberal, sin afrentar contra el respeto por el pluralismo, puede    emplear todav&iacute;a un ideal moral de esta clase, y promover una educaci&oacute;n    moral que aspire a subscribirlo. Este ideal puede servir como una base para    la cultura pol&iacute;tica p&uacute;blica, en conexi&oacute;n con las normas    p&uacute;blicas de igualdad y respeto. En efecto, una educaci&oacute;n moral    semejante puede ser el fundamento psicol&oacute;gico de las normas p&uacute;blicas    que pueden comandar un &#147;consenso entrecruzado&#148; rawlsiano, y as&iacute;,    como argumento, esto no necesita entenderse como divisivo o no liberal, cuando    hace parte de una educaci&oacute;n p&uacute;blica.</p>     <p> M&aacute;s precisamente, &iquest;c&oacute;mo puede ser institucionalizada    esta educaci&oacute;n moral? Argumento que una buena parte de esto puede, de    hecho, adoptar la forma de las instituciones en v&iacute;a de desarrollo que    expresan los puntos de vista de igual respeto y la debida atenci&oacute;n de    las necesidades de todos: un sistema justo de impuestos, de salud, de bienestar.    Pero las instituciones permanecen estables s&oacute;lo cuando los seres humanos    tienen la voluntad de permanecer estables. Un hecho que el colapso de la democracia    social de los Estados Unidos desde la &eacute;poca de Reagan, ha producido una    realidad demasiado intensa. Por lo tanto, argumento que la educaci&oacute;n    p&uacute;blica (y tambi&eacute;n la educaci&oacute;n privada) debe enfocarse    en todos los niveles en sacar adelante algo as&iacute; como la religi&oacute;n    de la humanidad de Mill, impartiendo el sentimiento de que todas las vidas humanas    merecen el mismo valor, y todo merece ser vivido con dignidad, y en un nivel    m&iacute;nimo decente de bienestar.</p>     <p> M&aacute;s concretamente, la educaci&oacute;n p&uacute;blica puede cultivar    el conocimiento de los problemas que los seres humanos enfrentan cuando van    en busca de su bienestar en diferentes lugares de la propia naci&oacute;n y    en diferentes lugares del mundo, y pueden impartir un sentimiento de urgencia    concerniente a la importancia de brindarles a todos los ciudadanos del mundo    oportunidades decentes de vida. Los ni&ntilde;os pueden aprender con la creciente    sofisticaci&oacute;n de los obst&aacute;- culos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos    que afrontan los seres humanos en la b&uacute;squeda de su bienestar, y pueden    aprender a ver las formas en las que una sociedad justa podr&iacute;a superar    estos problemas. Al mismo tiempo, la educaci&oacute;n puede intentar minimizar    el papel de la codicia y la acumulaci&oacute;n competitiva en la sociedad, interpret&aacute;ndola    bajo una concepci&oacute;n negativa como ambiciosa, y mostrando c&oacute;mo    esto subvierte los esfuerzos leg&iacute;timos de otros &#151;una ense&ntilde;anza    a la que las principales doctrinas comprehensivas religiosas y seculares puedan    ciertamente servirle, incluso si ellas no siempre insisten sobre esto en la    pr&aacute;ctica &#151;.</p>     <p> Donde la tolerancia es un inter&eacute;s, la &#147;religi&oacute;n de la humanidad&#148;    adopta, en primera instancia, una forma institucional, en el sentido de fuertes    protecciones para la libertad religiosa y el apoyo de la idea de un igual respeto    por las doctrinas comprehensivas. (Una doctrina del no establecimiento es un    medio muy usual y valioso de promover el igual respeto). Incrementadas las penas    para los cr&iacute;menes que implican aversi&oacute;n &eacute;tnica, racial    y religiosa, pueden ser tambi &eacute;n partes prominentes del aspecto institucional    de un programa semejante, expresando una fuerte desaprobaci&oacute;n, por parte    de la sociedad, de la intolerancia y de las acciones que pueden surgir de &eacute;sta<sup><a href="#12" name="s12">12</a></sup>    .</p>     <p> A pesar de que mi propuesta es kantiana en el sentido de que ninguna multa    civil sujeta a las personas que hablan a favor de la codicia, la desigualdad    e incluso la intolerancia, siempre y cuando ellas no perjudiquen a otros, parece    apropiada para que la educaci&oacute;n p&uacute;blica y la mediana cultura de    una sociedad democr&aacute;tica se enfoquen en impartir normas que apoyen los    valores de una sociedad liberal y una cultura mundial decente. As&iacute;, donde    la tolerancia es un inter&eacute;s, apoyo la educaci&oacute;n en todos los niveles    que apunten a la comprensi&oacute;n y al respeto por las diferentes doctrinas    comprehensivas religiosas y seculares, y por las diferentes tradiciones &eacute;tnicas    y nacionales. Aunque el conocimiento no garantiza el buen comportamiento, la    ignorancia es una garant&iacute;a virtual del mal comportamiento: la estigmatizaci&oacute;n    del otro es mucho m&aacute;s f&aacute;cil o nada complicado de darse cuando    las personas no saben nada sobre una religi&oacute;n diferente o una tradici&oacute;n    cultural, tanto local o extranjera. Pero la educaci&oacute;n puede ciertamente    ir m&aacute;s all&aacute;, fomentando un sentimiento de respeto por las personas,    su igual valor y su igual derecho a la vida con dignidad humana, de la que la    libertad religiosa es una gran parte.</p>     <p> Dado que mi comprensi&oacute;n del mal radical es m&aacute;s compleja que    la de Kant, tambi&eacute;n argumento, en mi reciente libro sobre la verg&uuml;enza    y el disgusto, que esa cultura p&uacute;blica necesita consagrar un &eacute;nfasis    especial para minimizar los efectos negativos del narcisismo y, de este modo,    de la agresi&oacute;n que est&aacute; estrechamente relacionada con la renuencia    de las personas para tolerar sus propias necesidades, finitudes y personificaciones.    Muchos aspectos de la inhibici&oacute;n del narcisismo ser&aacute;n, una vez    m&aacute;s, institucionalizados. Insisto, por ejemplo, que el disgusto nunca    es una raz&oacute;n suficiente para considerarla una pr&aacute;ctica ilegal,    cuando no causa da&ntilde;o a otros con respecto a sus derechos establecidos;    que la verg&uuml;enza nunca es un buen mecanismo para usar en el castigo delictivo.    Y considero muchas maneras en que la ley puede proteger a los ciudadanos de    la humillaci&oacute;n y minimizar los efectos da&ntilde;inos del estigma. Pero    gran parte del programa debe ser, una vez m&aacute;s, informal y educativo,    ideando maneras de plantearles a los ni&ntilde;os un clima que fomente el igual    respeto y minimice las letales influencias sociales de la aversi&oacute;n y    la estigmatizaci&oacute;n.</p>     <p> Una vez m&aacute;s: estas ense&ntilde;anzas pueden ser el objeto de un imbricado    consenso en una sociedad liberal. Ellas se dan al servicio de todas las principales    doctrinas comprehensivas, incluso cuando no son llevadas a cabo en la realidad.    No hay raz&oacute;n por la que la versi&oacute;n psicol&oacute;gicamente m&aacute;s    compleja de la &#147;religi&oacute;n de la humanidad&#148; de Mill sea ampliamente    pensada y promulgada por sociedades democr&aacute;ticas liberales &#151;en todos    los niveles de educaci&oacute;n p&uacute;blica (y privada) &#151;, en la ret&oacute;rica    de los l&iacute;deres y otros actores pol&iacute;ticos, en el pensamiento normativo    de la magistratura. Estas normas deber&iacute;an fomentarse junto con el apoyo    de una amplia cultura cr&iacute;tica de la clase en la que Kant est&aacute;    a favor. De esta manera, tranquilizamos a aquellos que disienten en que nuestra    propuesta no es &#147;una religi&oacute;n civil&#148; roussoniana. As&iacute;,    adem&aacute;s, expresamos un compromiso de igual respeto por las personas, incluso    cuando sus puntos de vista no son los &uacute;nicos incluidos en la cultura    p&uacute;blica dominante.Ycomo enfatiz &oacute; Mill, protej&aacute;monos de    las ideas de la cultura p&uacute;blica que se volvieron meras conchas vac&iacute;as,    sin pasi&oacute;n que las sostenga, si nosotros las debatimos vigorosa y constantemente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &iquest;C&oacute;mo est&aacute; alej&aacute;ndose el mal radical hoy en el    mundo? Obviamente, no bien. Para confirmar mis cr&iacute;ticas a mi pa&iacute;s,    en el frente muy espec&iacute;fico de la tolerancia local de las diferencias    religiosas y &eacute;tnicas, los Estados Unidos tienen un registro bastante    bueno. Incluso con respecto a la raza, el discurso p&uacute;blico ha continuado    desde mis d&iacute;as escolares, y la educaci&oacute;n p&uacute;blica est&aacute;    haciendo un trabajo bastante bueno por describir todas las razas, las religiones    y los grupos &eacute;tnicos como merecedores de respeto. Ha habido un progreso    significativo incluso en las &aacute;reas m&aacute;s dif&iacute;ciles, como    las actitudes de algunos ciudadanos religiosos hacia la igualdad de homosexuales    y lesbianas.</p>     <p> Sin embargo, el mal radical no es un asunto divisible. Es decir, lo que Kant    y Mill consideran es un punto totalmente nuevo sobre las relaciones humanas,    que no progresa simplemente a lo largo de un frente local. Es claro que el mal    radical est&aacute; vivo y floreciente en los Estados Unidos, activamente ayudado    e incitado por las pol&iacute;ticas de la administraci&oacute;n actual. Su unilateral    pol&iacute;tica extranjera transmite poderosamente el mensaje de que nuestro    papel en el mundo es el de la dominaci&oacute;n, a&uacute;n cuando &eacute;sta    es supuestamente de un tipo benigno y en pro de la democracia. La sospecha y    desconfianza de otras personas y grupos est&aacute; aumentando; en lugar de    animarnos a ver el mundo como una sociedad internacional en la cual estemos    obligados a apoyar, en todas partes, las aspiraciones de las personas a tener    una vida decente y digna, nos est&aacute;n animando a que pensemos en t&eacute;rminos    de la superioridad de los Estados Unidos, y a ver a las otras naciones como    amenazas para su poder y su seguridad &#151;lo que yo llamar&iacute;a un punto    de vista narcisista de la pol&iacute;tica&#151;<sup><a href="#13" name="s13">13</a></sup> . Entretanto, el orden econ&oacute;mico    internacional, controlado por las naciones del G8, est&aacute; poniendo las    barreras de proteccionistas irrazonables en la forma de los objetivos de las    naciones m&aacute;s pobres: una vez m&aacute;s, nos animan a que tengamos una    visi&oacute;n del mundo que superpone los intereses estadounidenses, en lugar    de pensar en lo que concierne al apoyo mutuo y al compa&ntilde;erismo.</p>     <p> Kant enfatiz&oacute; en el papel de la competencia y la codicia expresando    el mal radical, y nosotros con seguridad vemos hoy c&oacute;mo la codicia florece    en los Estados Unidos con cortes de los impuestos que benefician al rico, que    ensanchan las distancias en el ingreso y el estilo de vida entre el rico y el    pobre, con una total ausencia de compromiso para equilibrar las oportunidades    b&aacute;sicas de vida incluso en &aacute;reas como la salud y la educaci&oacute;n,    tan esenciales para una vida decente y digna. Aunque estas pol&iacute;ticas    parecen algo aisladas del problema de la tolerancia, el an&aacute;lisis de Kant,    combinado con mis propias reflexiones sobre el narcisismo, sugiere que ellas    no est&aacute;n muy separadas: si las personas son educadas para que crean que    la vida est&aacute; sobre la dominaci&oacute;n, sobre la superioridad, sobre    ser mejor que otros, entonces ellas expresar&aacute;n la tendencia al mal en    una variedad de formas. La armon&iacute;a religiosa, &eacute;tnica y racial    escasamente se afianza cuando esta psicolog&iacute;a general es la moda actual.</p>     <p> En semejante momento vemos las deficiencias en el propio programa de Kant.    Mi naci&oacute;n disfruta de un fuerte y eficaz proteccionismo de la libertad    de expresi&oacute;n, congregaci&oacute;n e investigaci&oacute;n intelectual.    Y todav&iacute;a el mal radical florece aqu&iacute;, deformando las tendencias    hacia el bien, que tambi&eacute;n est&aacute;n presentes en cualquier parte    del mundo, e impidiendo el crecimiento de las oportunidades de vida de aquellos    que no disfrutan de superioridad. Kant no nos ofrece ninguna soluci&oacute;n    para esta situaci&oacute;n, excepto la esperanza de que si discutimos libremente    y divulgamos al mundo nuestro saber, eso puede representar alguna diferencia.</p>     <p> Empero, con las pol&iacute;ticas y los medios de comunicaci&oacute;n dominados,    como lo est&aacute;n, por el poder de intereses corporativos, hay poca esperanza    de que lo que los intelectuales digan ser&aacute; realmente escuchado, a menos    que la direcci&oacute;n p&uacute;blica cambie el curso, proporcionando una nueva    visi&oacute;n p&uacute;blica y recomendando algo as&iacute; como la religi&oacute;n    de la humanidad de Mill como una base para la educaci&oacute;n y la deliberaci&oacute;n    p&uacute;blicas. Cuando los liberales desde&ntilde;an las emociones morales    y la propia idea de una &#147;religi&oacute;n civil&#148;, otros secuestran    estas fuerzas poderosas para el servicio del mal radical. Durante el Nuevo Trato,    guiado por el genio psicol&oacute;gico y ret&oacute;rico de Roosevelt, los liberales    entendieron que la compasiva e igualitaria ret&oacute;rica p&uacute;blica es    un apoyo esencial para las pol&iacute;ticas que expresan respeto por las personas.</p>     <p>El Nuevo Trato nunca habr&iacute;a prevalecido sin el uso del lenguaje emotivo    y persuasivo de Roosevelt y su apoyo a las artes (por ejemplo, la fotograf&iacute;a),    en formas que complementaron sus esfuerzos pol&iacute;ticos. Es tiempo para    que aquellos que se preocupan por la igualdad humana y la justicia econ&oacute;mica    recuperen tal comprensi&oacute;n, encontrando maneras de hacer de la educaci&oacute;n    el apoyo de la tolerancia y de la igualdad, en lugar de la desigualdad. Lo que    han hecho los Estados Unidos medianamente con la etnicidad y las muestras raciales,    es un principio posible para que el cambio educativo tome lugar aqu&iacute;,    y para influir en una cultura m&aacute;s amplia. Ahora nosotros debemos dirigir    nuestros pensamientos a la gran tarea de desarrollar formas de educaci&oacute;n    que apoyen establemente una cultura mundial de igual respeto, y eligiendo l&iacute;deres    que apoyar&aacute;n esa visi &oacute;n.  <hr size="1"> <font face="verdana" size="1">       <p><sup><a href="#s*" name="#*">*</a></sup> Publicado en &#147;Radical evil in the Lockean state: the neglect of the    political emotions &#148; / Martha C. Nussbaum. // IN: Journal of moral philosophy.    &#150; 3 (2006):159-178. Reimpreso en Locke and law; edited by Thom Brooks (2007),    p. 321-340.</p>     <p> <sup><a href="#s&#134;" name="#&#134;">&#134;</a></sup> Martha Nussbaum, University of Chicago: martha_nussbaum@law.uchicago.edu</p>     <p> <sup><a href="#s&#135;" name="#&#135;">&#135;</a></sup> Licenciados en Filosof&iacute;a y Letras. Universidad de Caldas</p>     <p><sup><a href="#s1" name="#1">1</a></sup> Cfr.mi Genocide in Gujarat, Dissent, verano 2003. pp. 61-29.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s2" name="#2">2</a></sup> Las referencias de p&aacute;gina son de la edici&oacute;n de los Prometheus    Books, 1990.</p>     <p><sup><a href="#s3" name="#3">3</a></sup> Todas las citas son de la versi&oacute;n traducida y editada por Allen Wood    y George Di Giovanni en los Cambridge Texts. En: The History of Philosophy Series    (NewYork and Cambridge: Cambridge University Press, 1998). Los n&uacute;meros    de la p&aacute;gina son aquellos de la edici&oacute;n acad&eacute;mica que se    da en los m&aacute;rgenes de la traducci&oacute;n.</p>     <p> <sup><a href="#s4" name="#4">4</a></sup> Cfr. Equity and Mercy. En: Sex and Social Justice (Oxford: Oxford University    Press, 1999), y tambi&eacute;n The Therapy of Desire: Theory and Practice. En:    Hellenistic Ethics (Princeton: Princeton University Press, 1994), cap&iacute;tulo    11. Sugiero que S&eacute;neca localiza los or&iacute;genes del mal en las &laquo;circunstancias    de vida&raquo;, que es el esfuerzo competitivo para el bien de esa vida humana    como se menciona adelante. Su explicaci&oacute;n no es exactamente kantiana,    porque &eacute;l no sostiene que ese apetito corporal sea f&aacute;cilmente    satisfecho; ni postula una tendencia innata a la competencia. Pero la similitud    de ambas explicaciones es considerable.</p>     <p><sup><a href="#s5" name="#5">5</a></sup> De esta manera, la explicaci&oacute;n de S&eacute;neca es, de alguna manera,    m&aacute;s fuerte que la de Kant.</p>     <p><sup><a href="#s6" name="#6">6</a></sup> Upheavals of Thought: The Intelligence of Emotions (Cambridge: Cambridge    University Press, 2001), y Hiding from Humanity: Disgust, Shame, and the Law    (Princeton: Princeton University Press, 2004).</p>     <p> <sup><a href="#s7" name="#7">7</a></sup> Cfr. Hiding From Humanity: Disgust, Shame, and the Law.</p>     <p><sup><a href="#s8" name="#8">8</a></sup> Reiss p. 49.</p>     <p> <sup><a href="#s9" name="#9">9</a></sup> Reiss pp. 188-9.</p>     <p> <sup><a href="#s10" name="#10">10</a></sup> P. 189.</p>     <p> <sup><a href="#s11" name="#11">11</a></sup> Cfr. Perpetual Peace. pp. 126-7.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s12" name="#12">12</a></sup>Cfr. Cap&iacute;tulo 5 de Hiding from Humanity: Disgust, Shame and the Law,    donde argumento que estas multas no involucran un castigo ileg&iacute;timo del    discurso pol&iacute;tico.</p>     <p><sup><a href="#s13" name="#13">13</a></sup> Cfr. The Death of Pity: Orwell and American Political Life, forthcoming.    En: Nineteen Eighty-Four: Orwell and Our Future, ed. A. Gleason, J. Goldsmith,    y M. Nussbaum (Princeton: Princeton University Press, 2004).</p></font> <hr size="1">     <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>     <!-- ref --><p> LOCKE, John. (1990) A letter concerning toleration. Buffalo, N.Y., Prometheus    Books.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-4688200800010001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> MILL, John Stuart. (1963) Three essays on religion. In: Collected works of    John Stuart Mill, J. M. Robson (ed.), Toronto: University of Toronto Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-4688200800010001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> NUSSBAUM, Martha. (1994) The therapy of desire: theory and practice in Hellenistic    ethics. Princeton: Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-4688200800010001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> __________________. (1999) Equity and mercy. In: Sex and social justice. Oxford:    Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-4688200800010001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> __________________. (2001) Upheavals of thought: the intelligence of emotions.    Cambridge: University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-4688200800010001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> __________________. (2003) Genocide in Gujarat. Dissent 61. Page. 29. University    of Chicago. Summer.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-4688200800010001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> _________________. (2004) Hiding from humanity: disgust, shame and law. Princeton:    Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-4688200800010001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> _________________. (2004) The death of pity: Orwell and american political    life. In: Nineteen eighty four: Orwell and Our future. Edited by A Gleason,    J. Goldsmith, and M. Nussbaum. Princeton: Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-4688200800010001500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> ROUSSEAU, Jean-Jacques. (1968) The social contract. Translated by Maurice    Cranston. Penguin Classics.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-4688200800010001500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> KANT, Immanuel. (1963) Idea for an universal history from a cosmopolitan point    of view. Translation by Lewis White Beck. From Immanuel Kant, &#147;On History,&#148;    The Bobbs-Merrill Co.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-4688200800010001500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> _______________. (1991) The contest of faculties. In: Kant: political writings,    2d ed. Hans Reiss. (ed.) Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-4688200800010001500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>_______________. (1997) Perpetual peace: essays on Kant&#146;s cosmopolitan    ideal. Edited by James Bohmann and Matthias Lutz Bachmann. United States of    America: Massachusetts Institute of Technology.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-4688200800010001500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> _______________. (1998) Religion within the boundaries of mere reason. Edited    by Allen Wood and George Di Giovanni. In: Cambridge Texts in the History of    Philosophy Series. New York: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-4688200800010001500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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