<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0120-4688</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Praxis Filosófica]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Prax. filos.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0120-4688</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad del Valle]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0120-46882008000100021</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LOS ORÍGENES DEL LENGUAJE Puente Ferreras, Aníbal y Gabriela Russell Madrid, Alianza Editorial, 2006, 335 páginas.]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Agudelo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sebastián]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad delValle  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
<country>Colombia</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2008</year>
</pub-date>
<numero>26</numero>
<fpage>335</fpage>
<lpage>346</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-46882008000100021&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0120-46882008000100021&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0120-46882008000100021&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>LOS OR&Iacute;GENES DEL LENGUAJE Puente Ferreras,    An&iacute;bal y Gabriela Russell Madrid, Alianza Editorial, 2006, 335 p&aacute;ginas.</b></font></p>     <p> <b>Sebasti&aacute;n Agudelo </b></p>     <p>Universidad delValle, Colombia</p> <hr size="1">     <p> Cuenta Her&oacute;doto que el rey egipcio Psam&eacute;tico I (664 &#150; 610    adC) encomend&oacute; a un pastor la labor de cuidar a dos ni&ntilde;os reci&eacute;n    nacidos en aislamiento y sin dirigirles palabra, con el prop&oacute;sito de    que sus primeros vocablos fueran en la lengua originaria. Con esto, Psam&eacute;tico    I pretend&iacute;a conocer cu&aacute;l era el pueblo m&aacute;s antiguo. Al    cabo de dos a&ntilde;os, el pastor advirti&oacute; que los ni&ntilde;os a su    cargo hab&iacute;an hecho suya la palabra bekos. Indagando su procedencia, el    rey egipcio lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que el pueblo frigio era    el m&aacute;s antiguo, pues con este nombre llamaban al pan.</p>     <p> La idea de que habr&iacute;a un c&oacute;digo originario que reposa en lo    m&aacute;s profundo de todo hombre es usual en muchos relatos &#150;incluido    el de la ciencia. Los mitos han sido el lugar privilegiado para hacer del hombre    el portador exclusivo del mayor de los dones divinos. De entre ellos, el libro    del G&eacute;nesis ha sido el m&aacute;s difundido en la sociedad Occidental    y fue acaso el m&aacute;s aceptado hasta que el proyecto moderno de la Ilustraci&oacute;n    emprendi&oacute; la merecida inquisici&oacute;n de los relatos b&iacute;blicos.    Fitchte, Humboldt y Herder, entre otros, aportaron elementos e hip&oacute;tesis    a las nuevas ciencias del hombre para tratar la naturaleza de su competencia    verbal.</p>     <p> Los nuevos esfuerzos fueron a menudo nuevos abusos a la materia. La especulaci&oacute;n    fue casi tan abundante como el n&uacute;mero de monograf&iacute;as, de suerte    que en 1866 la Sociedad Ling&uuml;&iacute;stica de Paris resolvi&oacute; que    en lo sucesivo no admitir&iacute;a &laquo; aucune communication concernant,    soit l&#146;origine du langage, soit la cr&eacute;ation d&#146;une langue universelle    &raquo;.</p>     <p> Por cerca de un siglo la ling&uuml;&iacute;stica se encarg&oacute; de temas    diferentes y dio v&iacute;a libre a que otras ciencias expusieran sus conjeturas    sobre los or&iacute;genes del lenguaje. Teor&iacute;a evolutiva, psicolog&iacute;a,    arqueolog&iacute;a, paleontolog&iacute;a y ciencias de la informaci&oacute;n    hacen parte de las disciplinas que se encargaron de este tema. El veto afect&oacute;    tanto los intereses de la ling&uuml;&iacute;stica que Bickerton (1994, vol.    5, p. 2881) escribi&oacute; que &#147;con muy pocas excepciones, solo a partir    de principios de los noventa han tenido los ling&uuml;istas el coraje de meterse    con este tema. En consecuencia la discusi&oacute;n ha estado estorbada por la    ingenuidad ling&uuml;&iacute;stica de los estudiosos de otras disciplinas que    han abordado estas cuestiones&#148;.</p>     <p>La ingenuidad no fue, sin embargo, el &uacute;nico aporte de los estudiosos    de las otras disciplinas. Diferentes instrumentos, paradigmas y niveles de investigaci&oacute;n    fueron implementados, permitiendo de esta manera que el estudio de los or&iacute;genes    del lenguaje fuera multidisciplinario por excelencia.</p>     <p> La proliferaci&oacute;n de estudios es tambi&eacute;n una angustia para el    ne&oacute;fito que se interesa en el tema. A este p&uacute;blico se encuentra    dirigida la obra de An&iacute;bal Puente y Gabriela Rusell que aqu&iacute; rese&ntilde;amos.    Puente, profesor e investigador de la Universidad Complutense de Madrid y Rusell,    profesora de la Universidad de Quilmes de Argentina, han querido recoger las    consideraciones, a su juicio, m&aacute;s preponderantes para lograr introducir    al p&uacute;blico no especializado en los ejes capitales del estudio de los    or&iacute;genes del lenguaje.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Su libro, bien estructurado y escrito en un lenguaje sencillo, gu&iacute;a    con destreza al lector por las sendas fragosas de las ciencias del lenguaje.    El &iacute;ndice es una prueba del inter&eacute;s por alcanzar un estado de    la cuesti&oacute;n por medio de un di&aacute;logo cr&iacute;tico con el sinf&iacute;n    de autores que invitan en m&aacute;s de 300 p&aacute;ginas. Alcanzar un estado    de la cuesti&oacute;n no implica, claro est&aacute;, la soluci&oacute;n del    problema. De hecho, esto es lo que piensan Puente y Rusell cuando dicen creer    que ninguna teor&iacute;a podr&aacute; jam&aacute;s explicar con exactitud c&oacute;mo    evolucion&oacute; el lenguaje (p. 27). Su veredicto no es, sin embargo, una    censura, de tal suerte que su tarea es enriquecer la reflexi&oacute;n.</p>     <p> Dividido en 7 cap&iacute;tulos, a los que hay que sumar pr&oacute;logo y ep&iacute;logo,    es de notar que Puente y Rusell han tenido en cuenta aspectos biol&oacute;gicos,    psicol&oacute;gicos y ling&uuml;&iacute;sticos en su compendio. En el primer    cap&iacute;tulo, intitulado &#147;Biolog&iacute;a y aprendizaje&#148;, los autores    discuten las relaciones que una especie mantiene con otras especies y con su    medio. Dos patrones antag&oacute;nicos sirven para interpretar la informaci&oacute;n:    el que da exclusividad a la crianza y el que agota en la herencia los recursos    del comportamiento. El conductismo de B. F. Skinner es la base de los discursos    que mantienen la primera hip&oacute;tesis. En The behavior of organisms (1938),    Skinner sostiene que sin importar su posici&oacute;n taxon&oacute;mica todo    organismo es, en su umbral, una t&aacute;bula rasa que selecciona comportamientos    a partir del tipo de incentivo que produce su pr&aacute;ctica: si la experiencia    es placentera el organismo muy seguramente buscar&aacute; la manera de volverla    a vivir.</p>     <p> Una posici&oacute;n contraria, opinan Puente y Rusell, es la mantenida por    la etolog&iacute;a. Para esta ciencia del comportamiento el concepto de instinto    es elemental, puesto que este es un mecanismo de programaci&oacute;n gen&eacute;tica    que no solo determina las conductas de un individuo (especie), sino tambi&eacute;n    los tipos de est&iacute;mulos exteriores que le son significativos, es decir,    de los que puede aprender. La efectividad de un condicionamiento o de un aprendizaje    depende tanto de si &#147;el est&iacute;mulo y la respuesta [esperada] pertenecen    al mismo campo o modalidad sensorial&#148; (p. 39) como de la acogida que pueden    brindarle las estructuras biol&oacute;gicas del individuo.</p>     <p> Si ni innatismo ni empirismo logran explicar por s&iacute; solos las disposiciones    motrices, ni que decir de sus intentos asilados por explicar la capacidad ling&uuml;&iacute;stica.El    siglo veinte se ha batido en dos posiciones que se pueden simplificar, acaso    con abuso, en la sostenida por Chomsky, por un lado, y en la que desarrolla    Skinner, nuevamente, del otro. En Verbal behavior (1957), Skinner aplica su    m&eacute;todo conductista al estudio del lenguaje toda vez que este es, a su    modo de ver, un comportamiento motor. De ah&iacute; que intente revelar el aprendizaje    del habla en el infante por medio del esquema est&iacute;mulo-refuerzo-privaci&oacute;n    que tiene lugar en un entorno particular. Chomsky (1959) consagr&oacute; una    rese&ntilde;a de este libro a exponer las enormes lagunas del enfoque skinneriano    en el estudio del lenguaje y, m&aacute;s tarde ense&ntilde;ar&iacute;a con detalle    sus propios pareceres acerca de la facultad ling&uuml;&iacute;stica humana.Apesar    de las cr&iacute;ticas de Chomsky, por muchos a&ntilde;os reinaron proyectos    conductistas que buscaron ense&ntilde;ar diferentes c&oacute;digos de comunicaci&oacute;n    a chimpanc&eacute;s con el objeto de conocer si nuestra proximidad era, adem&aacute;s    de zool&oacute;gica, simb&oacute;lica. Los avances en esta l&iacute;nea son    ciertamente modestos, aunque no desde&ntilde;ables. M&aacute;s adelante volveremos    sobre ellos.</p>     <p> Puente y Rusell se permiten rastrear el esp&iacute;ritu dualista, que enfrent&oacute;    las tesis de Skinner y las de Chomsky, hasta los inicios de la &eacute;poca    moderna y recuerdan que la oposici&oacute;n entre memes y genes que se mantiene    en la actualidad no difiere en esencia de la que otrora mantuvieron empirismo    y racionalismo. El designio de los autores es, ante todo, bosquejar una s&iacute;ntesis    muy general que comprenda estas perspectivas; de no ser as&iacute; la ciencia    se ver&aacute; dogmatizada, al tiempo que justificar&aacute; haberse convertido    en la plataforma de muchos discursos pol&iacute;ticos malintencionados. Damasio    (2000) es uno de los elegidos para cumplir esta tarea. Puente y Rusell recuerdan    las palabras de Damasio que versan que un organismo posee un gran n&uacute;mero    de rasgos no determinados epistemol&oacute;gicamente &#150;sino estructuralmente,    si se quiere- que se configuran en relaci&oacute;n con el ambiente; entre estos    menciona los sectores modernos del cerebro. A este tipo de din&aacute;mica entre    genes y ambiente se le llama &#147;radio de reacci&oacute;n&#148;. La prohibici&oacute;n    del incesto, por ejemplo, es resultado de esta din&aacute;mica. En ella participan    aspectos de interrelaci&oacute;n social, apego, canje y biolog&iacute;a (De    Waal, 1993) que impiden reducir el problema a una sola variable.</p>     <p> En el segundo cap&iacute;tulo, &#147;&iquest;Somos los &uacute;nicos que hablamos?&#148;,    Puente y Rusell abordan los sistemas de comunicaci&oacute;n humanos y los de    los (dem&aacute;s) animales desde el punto de vista de la ling&uuml;&iacute;stica.    Hay que notar aqu&iacute; la especial atenci&oacute;n que recibe la llamada    paradoja de la continuidad, se&ntilde;alada por Bickerton (1990), como prueba    de la diferencia fundamental entre c&oacute;digos humanos y animales. La consideraci&oacute;n    de que el lenguaje humano ser&iacute;a el resultado de la evoluci&oacute;n paulatina    de un c&oacute;digo animal es parad&oacute;jica toda vez que el c&oacute;digo    que pudiese haber dado vida al lenguaje no ha sido encontrado; no hay por tanto    indicios para atribuir a ning&uacute;n animal la paternidad de nuestro hablar.    La diferencia entre el lenguaje y los c&oacute;digos animales es tanto cualitativa    como cuantitativa. El n&uacute;mero de palabras de un hombre ordinario supera    por miles el de un chimpanc&eacute; perspicaz y la estructura del lenguaje de    aquel se distingue en t&eacute;rminos fonol&oacute;gicos, morfol&oacute;gicos,    sint&aacute;cticos, sem&aacute;nticos, pragm&aacute;ticos y tecnol&oacute;gicos    de la naturaleza de los c&oacute;digos animales. Junto con este nivel ling&uuml;&iacute;stico,    los autores destacan en su reflexi&oacute;n el hecho de que m&aacute;s que un    sistema de comunicaci&oacute;n, el lenguaje es un sistema de representaci&oacute;n.    Sobre &eacute;l estructuramos nuestra consciencia y el mundo que nos rodea;    tanto as&iacute; que el lenguaje determina la manera en que el mundo nos llega    a los ojos. El lenguaje es una interpretaci&oacute;n del mundo (Lee Whorf 1941).</p>     <p> El tercer cap&iacute;tulo (&#147;Biolog&iacute;a del lenguaje&#148;) se encarga    de desarrollar algunos elementos del lenguaje desde el punto de vista de la    biolog&iacute;a. La reflexiones de Chomsky son nuevamente investidas de la mayor    autoridad, m&aacute;s a&uacute;n pues el lenguaje es a su modo de ver una entidad    propia, un &oacute;rgano, m&aacute;s que un instrumento del pensamiento. El    lenguaje no es algo que se ense&ntilde;a formalmente. Chomsky plantea que debe    existir un dispositivo de adquisici&oacute;n del lenguaje (LAD, por sus siglas    en ingl&eacute;s), seguramente ubicado en el enc&eacute;falo (Chomsky 1968),    que determina la manera en que un ni&ntilde;o se hace de su lengua materna independientemente    del tipo o calidad de modelo verbal o est&iacute;mulo que tenga. Incluso si    este es pobre, el ni&ntilde;o lograr&aacute; hacerse del c&oacute;digo, siempre    que no supere el periodo cr&iacute;tico de aprendizaje. El LAD contiene los    elementos gramaticales universales que conforman, en diferentes configuraciones,    todas las lenguas existentes. El papel del ni&ntilde;o consiste en develar los    datos sensoriales a partir de los conceptuales que le son inherentes. Con todo,    la creatividad que cada uno posee es responsable de que a partir de finitos    elementos del corpus gramatical universal, una lengua pueda engendrar infinitas    configuraciones. La sintaxis recibe gran atenci&oacute;n en esta hip&oacute;tesis    porque explica que a pesar de las ambig&uuml;edades que pueden resultar en el    habla, es posible comprender el significado de las oraciones. Con el objetivo    de explorar m&aacute;s fondo las relaciones sem&aacute;nticas con las sint&aacute;cticas,    Chomsky divide las ambig&uuml;edades en dos niveles que reciben el nombre de    estructura superficial y estructura profunda (bien que su s&iacute;ntesis minimalista    ya no sostenga este fraccionamiento). Otra divisi&oacute;n fundamental de la    lengua, que permite el estudio de los componentes innatos del lenguaje, es la    de competencia ling&uuml;&iacute;stica y la de actuaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica.    La primera es la que interesa a la gram&aacute;tica generativa. Ella se estudia    a trav&eacute;s de la puesta en escena del discurso, o actuaci&oacute;n, que    lleva a cabo un hablanteoyente ideal, a saber, un sujeto que no comete ning&uacute;n    tipo de errores en su discurso. No hace falta aclarar que este es un concepto    abstracto, pero s&iacute; que de &eacute;l depende que la intuici&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica    tenga m&aacute;s peso que los datos sensibles.</p>     <p> Apesar de haber dado pie a los estudios biol&oacute;gicos de la gram&aacute;tica,    Chomsky se abstuvo de desarrollar conjeturas con respecto a la emergencia filogen&eacute;tica    de esta facultad. Puente y Rusell recuerdan a algunos de los m&aacute;s osados    disc&iacute;pulos de Chomsky que no han atendido a su reserva, de entre los    cuales Pinker recibe la mayor atenci&oacute;n. Pinker ha intentado una fisiolog&iacute;a    del lenguaje que, adem&aacute;s de tener como base los trabajos de Chomsky,    se vale de los de Dawkins para dotar a sus razonamientos de una perspectiva    evolutiva (ultradarwinista, habr&iacute;a que decir). Jenkis (2001) sigue a    Chomsky muy de cerca y se impide, tal como este, tratar el tema. Bickerton,    por otro lado, que comparte con Pinker y Jenkins la ascendencia filos&oacute;fica    chomskiana, se vale de la teor&iacute;a de los equilibrios puntuados de Gould    y Eldredge para afirmar que el lenguaje emergi&oacute; de un macromutaci&oacute;n    gen&eacute;tica (&#147;catastrofismo&#148;).</p>     <p> Evitando profundizar en esta &uacute;ltima l&iacute;nea, Puente y Rusell se    proponen demostrar con la ayuda de algunos de los autores que han analizado    los trastornos del lenguaje, la hip&oacute;tesis innatista de Chomsky desde    una perspectiva ontogen&eacute;tica. Afasias, dislexias y lesiones del hemisferio    izquierdo son r&aacute;pidamente miradas en aquello que pueden corroborar de    la teor&iacute;a de la gram&aacute;tica generativa. Adem&aacute;s de la figuraci&oacute;n    de un periodo cr&iacute;tico para la adquisici&oacute;n del lenguaje, Lenneberg    (1967) ha propuesto una serie de etapas o hitos bien definidos que sistematizan    los datos observados en el proceso de adquisici&oacute;n de la primera lengua    y que fortalecen en otro nivel lo que Chomsky hab&iacute;a dicho de la aptitud    del ni&ntilde;o para hacerse de un lenguaje. Estos hitos son acompa&ntilde;ados    de un programa motor que se desarrolla paralelo al lenguaje y que, tanto como    aquel, es inmune a las influencias del ambiente.</p>     <p> El apartado cuarto lleva el t&iacute;tulo de &#147;Lenguaje y cognici&oacute;n&#148;.    En este se enfrentan de nuevo las hip&oacute;tesis del innatismo y la que tiene    al aprendizaje como pilar, solo que esta vez la relaci&oacute;n pensamiento-lenguaje    es el tel&oacute;n de fondo. Piaget, quien ha estudiado el desarrollo del habla    en el ni&ntilde;o, es contrapuesto a Chomsky. La incompatibilidad entre ambos    no es ciertamente trivial. Para Piaget el lenguaje es un reflejo del pensamiento    y de la capacidad simb&oacute;lica inherente al hombre y no su precursor. El    pensamiento tiene tambi&eacute;n la forma de la experiencia visual, auditiva,    olfativa, etc., as&iacute; como la marca de las acciones vividas, pues estos    son los elementos de que se vale la inteligencia pr&aacute;ctica. Dado que la    experiencia sensorio-motriz es tan rica, ella, piensa Piaget, determina la adquisici&oacute;n    del lenguaje toda vez que las estructuras con que el ni&ntilde;o organiza el    mundo f&iacute;sico y social son las mismas que estructuran el lenguaje. Si    bien Piaget acepta la existencia de una disposici&oacute;n cong&eacute;nita    para tratar y organizar la informaci&oacute;n que llega a trav&eacute;s de los    sentidos, esta no es una jurisdicci&oacute;n &uacute;nica del lenguaje sino    una facultad cognitiva general. Los estadios que Piaget propone registran las    habilidades adquiridas tanto en el terreno de la lengua como en el del pensamiento    y el del movimiento corporal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Con base en los avances de la ciencia a prop&oacute;sito de la capacidad de    representaci&oacute;n, Puente y Rusell desestiman el alcance actual de la epistemolog&iacute;a    piagetiana. Piaget cre&iacute;a que la representaci&oacute;n hac&iacute;a parte    de uno de los estadios superiores del desarrollo, de suerte que no estar&iacute;a    fijada gen&eacute;ticamente. De all&iacute; que su noci&oacute;n de &#147;permanencia    del objeto&#148;, que se refiere a la competencia del infante para saber de    la existencia de un objeto ausente, no aparezca sino entre los 12 y 18 meses    (reacciones circulares terciarias del estadio sensorio-motor, seg&uacute;n la    jerga de Piaget). De esta capacidad depende la posibilidad del lenguaje, si    entendemos este como una imagen, acci&oacute;n o concepto que se hace presente    en la palabra. Con todo, estudios posteriores a los de Piaget han demostrado    que la habilidad de representaci&oacute;n parece ser m&aacute;s una propiedad    biol&oacute;gica que una construcci&oacute;n. Puente y Rusell citan varios ejemplos    para aclarar este punto. El del neonato de dos meses que al ser apagada la luz    contin&uacute;a la b&uacute;squeda de un objeto antes percibido, es uno de ellos.    Se concluye en este cap&iacute;tulo, luego de un buen ejercicio intelectual,    que hay una recia disposici&oacute;n gen&eacute;tica al lenguaje (consid&eacute;rese    &eacute;sta sint&aacute;ctica con Chomsky o sem&aacute;ntica con Bruner), posiblemente    organizada en ciertos estadios sensorio-motores y cognitivos que controlan la    informaci&oacute;n que llega al ni&ntilde;o. La informaci&oacute;n y la experiencia    son, sin embargo, a menudo menospreciadas por Puente y Rusell quienes se basan    en estudios concernientes a la poca inherencia del habla matern&eacute;s en    el desarrollo del habla del ni&ntilde;o. El lenguaje es, seg&uacute;n muestran,    un &oacute;rgano sin relaci&oacute;n directa con la inteligencia o con otros    instrumentos del pensar, evidenciado de esta manera el aprecio que tienen por    Chomsky, por lo menos hasta aqu&iacute;. Lo cierto es que s&oacute;lo llegado    el Ep&iacute;logo los autores har&aacute;n clara su distanciaci&oacute;n de    la gram&aacute;tica universal, dado que el aprendizaje por asociaci&oacute;n    y los procesos generales del pensamiento pueden explicar bastante bien la estructuraci&oacute;n    de las lenguas (Seebach et al. 1994). La paradoja de Chomsky es que la ling&uuml;&iacute;stica    algor&iacute;tmica no ha podido siquiera describir las oraciones de una lengua    espec&iacute;fica cualquiera.</p>     <p> El siguiente cap&iacute;tulo, &#147;Cerebro y lenguaje&#148;, explora diferentes    hip&oacute;tesis que tratan con el umbral filogen&eacute;tico del lenguaje.    El cerebro recibe mayor atenci&oacute;n en estas p&aacute;ginas que la industria    prehist&oacute;rica o la anatom&iacute;a, pues a lo largo del libro se ha querido    insistir en la idea de que el lenguaje es ante todo un &oacute;rgano. De all&iacute;    justamente que se preste tanto cuidado a las variaciones encef&aacute;licas    sufridas en tiempos pret&eacute;ritos; una suerte de paleoneurofisiolog&iacute;a,    si se puede utilizar el t&eacute;rmino. F&aacute;cil ser&iacute;a suponer, como    sucede en la opini&oacute;n popular, que a mayor tama&ntilde;o cerebral, mayor    inteligencia y, en consecuencia, la presencia de un lenguaje. De cualquier modo,    Puente y Rusell examinan la postura ant&iacute;poda y concluyen que &#147;cada    vez hay m&aacute;s pruebas de que el cerebro de nuestra especie Homo sapiens    era de mayor tama&ntilde;o en el pasado que en la actualidad&#148; (p. 181).    Pero la reducci&oacute;n de tama&ntilde;o es un proceso moderno y si en algo    es enf&aacute;tico este cap&iacute;tulo es que la evoluci&oacute;n del hombre    se ha dado primordialmente en t&eacute;rminos de un crecimiento encef&aacute;lico.    El volumen cerebral de nuestra especie es tres veces mayor que el de un chimpanc&eacute;    de la misma talla. M&aacute;s importante que el tama&ntilde;o es, sin embargo,    la organizaci&oacute;n cerebral. Conforme a la transformaci&oacute;n anat&oacute;mica    de los hom&iacute;nidos, el cerebro Homo fue perdiendo mecanismos que trataban    con la informaci&oacute;n sensorial (salvo la audici&oacute;n) y las habilidades    cin&eacute;ticas y fue ganando en capacidades intelectuales. Esto es al menos    lo que indica el particular desarrollo del neoc&oacute;rtex.All&iacute; se han    desarrollado los dispositivos de asociaci&oacute;n de las facultades motrices    m&aacute;s finas y las actividades cognitivas de nivel superior. Ahora bien,    al entrar en materia de los m&oacute;dulos cerebrales del lenguaje, Puente y    Rusell exponen lo dificultoso que resulta atribuir a ciertas &aacute;reas precisas    la habilidad ling&uuml;&iacute;stica. Las &aacute;reas de Broca yWernicke no    agotan las funciones del lenguaje y la plasticidad cerebral revela que el programa    ling&uuml;&iacute;stico que determina la conducta del hombre es tan general    que, de ser necesario y de encontrarse a&uacute;n dentro del periodo cr&iacute;tico,    el hemisferio derecho puede suplir al izquierdo en la administraci&oacute;n    del lenguaje (hip&oacute;tesis de la equipotencia de Lenneberg). Aparte de los    diferentes tipos de afasias, esta secci&oacute;n se ocupa de introducir los    temas de la lateralizaci&oacute;n, las asimetr&iacute;as de los hemisferios    y el del predominio del uso de la mano derecha en el hombre. Este &uacute;ltimo    aspecto es sin duda esencial y apenas comienza a recibir la atenci&oacute;n    que merece. La hegemon&iacute;a del hemisferio izquierdo en las actividades    motrices y ling&uuml;&iacute;sticas es tambi&eacute;n la predominancia de la    mano derecha en las actividades t&eacute;cnicas. Seg&uacute;n estudios, los    esquemas que Homo habilis segu&iacute;a para la fabricaci&oacute;n de sus utensilios    ense&ntilde;an que era diestro, lo cual es confirmado por los trazos que un    &aacute;rea de Broca considerablemente desarrollada ha dejado al interior de    su cr&aacute;neo. Acaso sea esta la prueba de que el lenguaje ha sido la principal    estrategia de supervivencia del hombre por al menos un mill&oacute;n de a&ntilde;os.Aun    as&iacute;, hay que hacer notar que el proyecto de Puente y Rusell cede por    momentos a las t&eacute;cnicas de la frenolog&iacute;a. Su sentencia es la siguiente:    &#147;la c&aacute;mara craneal se desarrolla de manera tal que asume la forma    que el cerebro quiere adquirir; por lo tanto, la forma externa del cr&aacute;neo    reproducir&iacute;a la forma interna cerebral&#148; (p. 202). Tiempo atr&aacute;s,    no obstante, la paleoantropolog&iacute;a ha desechado la hip&oacute;tesis de    que la masa cerebral tenga alguna influencia sobre la forma de la estructura    corporal. Antes bien, el crecimiento del cerebro ha dependido del espacio que,    producto de la disminuci&oacute;n dental y de la bipedestaci&oacute;n, ha quedado    libre en la b&oacute;veda craneal. El tama&ntilde;o del cerebro es un epifen&oacute;meno    de la verticalidad (Leroi-Gourhan 1965).</p>     <p> Lo cierto es que no est&aacute; claro qui&eacute;n fue el primer primate en    hacerse de la palabra. La herramienta, alguna vez considerada el punto de ruptura    de este enigma, parece haber perdido hoy su valor heur&iacute;stico. Las pruebas    de dataci&oacute;n han mostrado que antes de que emergiera Homo habilis, el    &#147;hombre capaz de construir objetos&#148;, ciertos artefactos rupestres    eran ya parte de la econom&iacute;a de otros individuos. Probablemente pertenecientes    a una variedad moderna de australopitecinos o, habr&iacute;a que agregar, a    una especie de primate que sigui&oacute; una l&iacute;nea evolutiva diferente    a la nuestra. En efecto, en nuestros d&iacute;as se sabe que la fabricaci&oacute;n    y uso de herramientas no es una destreza exclusiva del hombre moderno o arcaico.    No obstante, la estereotipaci&oacute;n de la industria es un hecho al que solo    Homo sapiens lograr&aacute; imponerse. Ni Homo habilis, ni Homo erectus en m&aacute;s    de un mill&oacute;n de a&ntilde;os han logrado el despliegue t&eacute;cnico    que Homo sapiens ha alcanzado en cuarenta mil. Este despliegue s&uacute;bito    en la producci&oacute;n de artefactos y materiales simb&oacute;licos fundamenta    la idea desarrollada por Gould (1989) y Bickerton (1990) de que el lenguaje    es un acontecimiento gen&eacute;tico repentino. De acuerdo con Puente y Rusell,    el lenguaje es el resultado fortuito de la conjunci&oacute;n entre el incremento    cerebral y la nueva disposici&oacute;n del tracto respiratorio.</p>     <p>El cap&iacute;tulo sexto, que lleva por t&iacute;tulo &#147;El mono gram&aacute;tico&#148;,    abandona temporalmente el estudio del cerebro para introducirse en el de la    consciencia y la inteligencia que exhiben los comportamientos comunicativo,    social y t&eacute;cnico de algunas aves y primates no humanos. El cometido es    estimar qu&eacute; pueden aportar otras especies a la reflexi&oacute;n sobre    el origen de la conducta ling&uuml;&iacute;stica humana. La f&oacute;rmula que    se examina aqu&iacute; es la siguiente: si la selecci&oacute;n natural tiene    algo que ver con el desarrollo de la facultad de lenguaje, debe existir alg&uacute;n    precursor a partir del cual esta se ha desarrollado. Los chimpanc&eacute;s,    entonces, nuestros parientes vivos m&aacute;s cercanos, deben dar cuenta de    un dispositivo similar. Pero aquel esp&iacute;ritu particular de los a&ntilde;os    setentas y ochentas que llev&oacute; a que un gran n&uacute;mero de primat&oacute;logos    e investigadores entrenaran chimpanc&eacute;s en diferentes c&oacute;digos simb&oacute;licos    comprob&oacute; la distancia entre especies. Primero se ensay&oacute; un condicionamiento    que esperaba respuestas orales. Luego, al comprobarse las limitaciones f&oacute;nicas    de los chimpanc&eacute;s, se decidi&oacute; por instruirles en una lengua de    se&ntilde;as o de c&oacute;digos visuales artificiales. Pese a que los resultados    fueron variables, ning&uacute;n chimpanc&eacute; sobrepas&oacute; el dominio    de 700 signos y la comunicaci&oacute;n lograda entre mascotas y entrenadores    no super&oacute;, salvo ciertos casos excepcionales, el umbral instrumental    y contextual. Pero la distancia entre especies no impide reconocer los puntos    de encuentro (que son m&aacute;s) y los autores dejan claro que &#147;nuestras    capacidades ling&uuml;&iacute;sticas est&aacute;n profunda y s&oacute;lidamente    arraigadas en las facultades cognitivas observadas en el cerebro de los simios&#148;    (p. 239). Una de estas facultades es la inteligencia t&eacute;cnica. Ella ense&ntilde;a    que los animales son capaces de resolver problemas in&eacute;ditos e, incluso,    transmitir las soluciones a otras generaciones, forjando as&iacute; fraccionamientos    entre diferentes comunidades que se pueden tildar de culturales. Parece ser,    seg&uacute;n precisan Puente y Rusell, que el tama&ntilde;o del neoestriato    y el hiperestriato determinan las competencias de invenci&oacute;n en las aves    (Lefebvre 2002), y el del neoc&oacute;rtex las de los primates. La psicolog&iacute;a    ha logrado demostrar que los animales establecen mapas mentales que les permiten    proceder en situaciones de la vida diaria. El mapa mental es una imagen global    de la situaci&oacute;n espec&iacute;fica que permite hacer el c&aacute;lculo    de las alternativas. El conocimiento de lo exterior como una realidad implica,    por lo dem&aacute;s, una divisi&oacute;n con lo interior. El animal no es m&aacute;s    el representante de una simple acci&oacute;n instintiva y maquinal, es un ser    que logra distanciarse para tomar decisiones sobre sus pr&aacute;cticas (que    est&aacute;n ciertamente encaminadas a satisfacer necesidades org&aacute;nicas    muy precisas). Podr&iacute;a aplic&aacute;rsele al animal, con cierta reserva,    el axioma cartesiano cogito ergo sum. La prueba del espejo es, por ejemplo,    una evidencia contundente de la autoconsciencia animal, al menos entre aquellos    que son tan visuales como nosotros. Esta consiste en situar al animal frente    a un espejo tras haber pintado una marca sobre su rostro; si el animal se detiene    ante la marca y no asume su reflejo como la presencia de otro individuo, se    deduce que es consciente de s&iacute; mismo.</p>     <p>La inteligencia social de los primates, junto con la t&eacute;cnica, ha recibido    gran atenci&oacute;n en el &aacute;mbito acad&eacute;mico. Al interior de los    grupos de la gran mayor&iacute;a de primates se manifiestan jerarqu&iacute;as,    alianzas, luchas por el poder, etc. Incluso Premack yWoodruff (1987) insisten    en la existencia de una teor&iacute;a de la mente en los chimpanc&eacute;s;    atribuci&oacute;n con la que Dennet (1999) no est&aacute; de acuerdo y prefiere    llamar &#147;sistemas intencionales de segundo orden&#148;. Puente y Rusell    agregan al conjunto de las inteligencias sociales, la inteligencia maquiav&eacute;lica,    que adem&aacute;s de ayudar a explicar el gran tama&ntilde;o del cerebro de    los primates antropomorfos, aclara una de las conductas sociales m&aacute;s    importantes: el enga&ntilde;o. Esta conducta est&aacute; asociada con las alianzas    que se establecen en el interior de una comunidad y su prop&oacute;sito es lograr    un equilibrio entre los requerimientos del grupo que benefician la supervivencia    y los designios individuales. Justamente, el hecho de que ciertas llamadas,    gestos o comportamientos de los primates no sea puedan descontextualizar, es    el fundamento del enga&ntilde;o. Es el caso del macaco que hace un llamado de    peligro para ahuyentar a un cong&eacute;nere que ha encontrado comida con la    intenci&oacute;n de apropi&aacute;rsela. El llamado de peligro requiere una    reacci&oacute;n que no se puede postergar, so pena de convertirse en alimento    de otro. De all&iacute; que facilite el timo. Entre las llamadas de los primates,    las m&aacute;s estudiadas son las de los monos vervet. Estos monos tienen sonidos    espec&iacute;ficos para manifestar la presencia de predadores que atacan desde    el aire, reptan o caminan. Una de las conclusiones m&aacute;s substanciales    de las que dan cuenta Cheney y Seyfarth (1986, 1990) es que los monos vervet    no emiten las llamadas en ausencia de compa&ntilde;eros o en presencia de un    rival. Tambi&eacute;n se le presta atenci&oacute;n en este cap&iacute;tulo a    la teor&iacute;a del despulgamiento como comportamiento que cultiva la cohesi&oacute;n    social en los primates (Dumbar 2001) m&aacute;s que una mera rutina de higiene.    El lenguaje, propone Dumbar, es nuestro modo de despulgar.</p>     <p> &#147;Itinerarios del lenguaje&#148;, es el cap&iacute;tulo final del libro.    All&iacute; se trata la hip&oacute;tesis de la divergencia ling&uuml;&iacute;stica    a partir de un protolenguaje originario. Ciertamente este cap&iacute;tulo destaca    por su disimilitud metodol&oacute;gica. Ello se debe a que tiene como base la    ling&uuml;&iacute;stica comparativa y la clasificaci&oacute;n de las lenguas.    Pese a esta especificidad, tambi&eacute;n se comentan diferentes contribuciones    realizadas por la gen&eacute;tica (Cavalli-Sforza), la arqueolog&iacute;a (Renfrew    y Bellwood), el estudio de los top&oacute;nimos (Bynon) y la comparaci&oacute;n    multilateral (Greenberg) al esclarecimiento de c&oacute;mo se dio la expansi&oacute;n    de las lenguas y cu&aacute;l fue la primera. A estos prop&oacute;sitos se encaminan    las definiciones de las diferentes variedades ling&uuml;&iacute;sticas, tales    como la estandarizada, artificial, pidgin, vern&aacute;cula, criolla y dialecto,    as&iacute; como los atributos de historicidad, vitalidad y autonom&iacute;a.    Los autores hacen notar la relevancia de los aspectos econ&oacute;micos (el    inicio de la agricultura) y pol&iacute;ticos (guerras e invasiones) que atraviesan    no solo las definiciones sino tambi&eacute;n los impulsos que dieron lugar a    la dispersi&oacute;n y enriquecimiento de las lenguas. Los criterios de clasificaci&oacute;n    pueden restringirse a dos: el geneal&oacute;gico y el sint&aacute;ctico.Ambos    han dado origen a escuelas aisladas que, sin embargo, comparten el mismo problema:    la mutabilidad de las lenguas y la insuficiencia de documentos hist&oacute;ricos    escritos. Con relaci&oacute;n al origen del lenguaje Bickerton (1990) opina    que ha sido s&uacute;bito. Para ello hace una analog&iacute;a, quiz&aacute;    extremada, entre la ontogenia y la filogenia del lenguaje. Si como nos muestra    el cruel ejemplo de la esclavitud del siglo pasado, cuando gentes de diversas    procedencias han sido juntadas en torno a un trabajo, han debido crear lenguas    con elementos prestados de los c&oacute;digos maternos de los expatriados y    del lugar al que llegan para poder comunicarse. Estas lenguas son llamadas pidgin.    Tras unas cuantas generaciones estas lenguas gramaticalmente pobres, se convierten    en lenguas criollas que son lenguas propiamente dichas. Bickerton sostiene que    algo similar sucedi&oacute; en el origen del lenguaje. De un no-lenguaje se    pas&oacute; r&aacute;pidamente a un protolenguaje, as&iacute; como de un pidgin    se pasa a un creole. Se presume que este protolenguaje emergi&oacute; hace un    mill&oacute;n y medio de a&ntilde;os con Homo habilis y Homo erectus, hom&iacute;nidos    cuyo cerebro y comportamiento fueron muy similares a los nuestros. Ahora, si    bien la aparici&oacute;n del protolenguaje fue repentina, la del lenguaje fue    un proceso lento de acumulaci&oacute;n de palabras, nombres, pronombres, marcadores    de tiempo, etc. As&iacute; pues, a modo de conclusi&oacute;n general, podemos    decir que Puente y Rusell han logrado mostrar con lucidez la ardua labor detectivesca    que implica la b&uacute;squeda del origen de aquella facultad que nos hace humanos.    Mucho camino se ha recorrido desde los tiempos del rey egipcio Psam&eacute;tico    I, pero la pregunta sigue sin respuesta.</p>     <p> <font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>     <p> BICKERTON, D. (1994). &#147;Origin and Evolution of Language&#148;. En ASHER,    R. y J. M. SIMPSON (eds.). The Encyclopedia of Language and Linguistics, vol.    5. Oxford: Pergamon.</p>     <p> ___________. (1990). Lenguaje y especie. Madrid: Alianza Editorial.</p>     <p> CHOMSKY, N. (1959). &#147;A Review of B. F. Skinner&#146;s Verbal Behavior&#148;.    Language, 35, No. 1, pp. 26-58.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> ___________. (1968; 1977). Lenguaje y entendimiento. Barcelona: Seix Barral.</p>     <p> ___________. (1965; 1975). Aspectos de la teor&iacute;a de la sintaxis. Madrid:    Alianza Editorial.</p>     <p> CHENEY,D. L. yR.M. SEYFARTH(1986). &#147;The recognition of social alliances    by vervet monkeys&#148;. Animal Behavior, 34, 1722-1731.</p>     <p> ___________. (1990). How monkeys see the world: inside the mind of another    specie. Chicago: The University of Chicago Press.</p>     <p> DAMASIO, A. (2000). &#147;Creaci&oacute;n cerebral de la mente&#148;. Investigaci&oacute;n    y ciencia, enero.</p>     <p> DENNET, D. (1999). La peligrosa idea de Darwin. Barcelona: Galaxia Gutenberg.</p>     <p>DUMBAR, R. (2001). &#147;El lenguaje crea el v&iacute;nculo social&#148;. Mundo    Cient&iacute;fico, 224.</p>     <p> GOULD, S. J. (1989). &#147;Tires to sandals&#148;. Natural History, 8-15.</p>     <p> HER&Oacute;DOTO. (1987). Historia; Volumen II (Libros III-IV). Trad. y notas    de C. Schrader. Madrid: Editorial Gredos.</p>     <p> JENKINS, L. (2001). Biolinguistics. Exploring the biology of language. Cambridge,    Mass.: Cambridge University Press.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> LEFEBVRE, L. (2002). &#147;El inteligente seso de los p&aacute;jaros&#148;.    Mundo Cient&iacute;fico, 230, IV.</p>     <p> LENNEBERG, E. H. (1967). Biological foundations of language. New York: Wiley.</p>     <p> LEROI-GOURHAN, A. (1965). Le geste et la parole. Paris: Albin Michel.</p>     <p> PINKER, S. (2001). El instinto del lenguaje: c&oacute;mo crea el lenguaje    la mente. Madrid: Alianza.</p>     <p> PREMACK, D.; G.WOODRUFF. (1987). &#147;Does the chimpanzee have a theory of    mind?&#148;. Behavioral and Brain Science, 4, 515.</p>     <p> SEEBACH, B. S. et al. (1994). &#147;A model of prenatal acquisition of speech    parameters&#148;. Proceedings of the National Academy of Sciences, 91, 7473-7476.</p>     <p> SKINNER, B. E. (1938). The behavior of organism: An experimental analysis.    New York: Appleton Century-Croft.</p>     <p> ___________. (1957). Verbal behavior. New York: Prentice Hall.</p>     <p> WAAL De, F. (1993). La pol&iacute;tica de los chimpanc&eacute;s. El poder    y el sexo entre los simios. Madrid: Alianza Editorial.</p>     <p> WHORF, B. L. (1941). &#147;The relation of Habitual Thought and Behavior of    Language&#148;. L. SPIER (ed.). Language, culture, and personality. New York:Wiley.</p> </font>      ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
