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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">       <p align="center"><font size="4"><b>ARTHUR SCHOPENHAUER   El arte de tratar a las mujeres   Bogot&aacute;,Villegas Editores, 127pp.</b></font></p>     <p>   <b>Yobany Serna Castro</b></p>     <p>   Universidad de Caldas</p><hr size="1">      <p>   El arte de tratar a las mujeres es la obra de un mis&oacute;gino. No obstante,   en sus p&aacute;ginas se halla contenido el grato sabor estil&iacute;stico que    caracteriza la   prosa de Arthur Schopenhauer. En esta obra, compilada por Franco Volpi,   encontramos condensado el pensamiento que sobre las mujeres asumi&oacute; el   fil&oacute;sofo alem&aacute;n. Sin embargo, es en los suplementos de El mundo    como   voluntad y representaci&oacute;n y en la Metaf&iacute;sica del amor sexual,    donde se   encuentra mejor sustentado tal pensamiento.</p>     <p>   Aunque Schopenhauer haya tenido la determinaci&oacute;n de expresar sus   ideas sobre el gentil sexo, lo cierto es que no ha sido el &uacute;nico fil&oacute;sofo    que se   ha expresado al respecto. Nietzsche, por ejemplo, tambi&eacute;n nos ha dicho    algo   sobre las mujeres; aunque en su caso, el influjo de Schopenhauer es notorio.   Del mismo modo, parece que tan desafortunada forma de hablar de las   mujeres obedece a los tambi&eacute;n desafortunados sucesos que con ellas tuvieron   ambos fil&oacute;sofos. Sin embargo, hurgando en la historia de la filosof&iacute;a   notamos que, a pesar de las eventuales excepciones, las relaciones entre los   fil&oacute;sofos y las mujeres han generado irremediables desilusiones. Tal    es el   caso de Kierkegaard, Abelardo, Heidegger oWittgenstein, por ejemplo. Esto,   quiz&aacute;, ha sido uno de los m&oacute;viles del porqu&eacute; la filosof&iacute;a    parece un asunto   puramente masculino.</p>     <p>   En el caso de Schopenhauer, parece que no s&oacute;lo su relaci&oacute;n con    las   mujeres determin&oacute; el modo como deber&iacute;an concebirse y tratarse    &eacute;stas seg   &uacute;n &eacute;l. Se cree que, aunque sus infortunios amorosos fueron recurrentes,    la   relaci&oacute;n con su madre, Johanna Trosiener Schopenhauer, influy&oacute;    decisivamente   en sus ideas sobre las mujeres.</p>     <p>   En El arte de tratar a las mujeres, vemos a un Schopenhauer agudo,   cr&iacute;tico y enemigo de aquello que compone la vida femenina y la relaci&oacute;n    de   las mujeres con los hombres. Lo cual, ciertamente, hace del libro una diatriba.   En sus p&aacute;ginas, Schopenhauer nos ofrece un amplio panorama a trav&eacute;s    del cual podemos llegar a reconocer la naturaleza de la mujer, sus tareas   naturales, sus cualidades, sus defectos, sus derechos, entre otros aspectos.   No obstante la forma como Schopenhauer desarrolla sus tesis, hace que   reluzca un desconocimiento, no sabremos si intencional o no, de las maravillas   del eterno femenino.</p>     <p>   Adiferencia de la mujer, el hombre es quien goza de una mejor posici&oacute;n   en las reflexiones de Schopenhauer. A trav&eacute;s de los XVII cap&iacute;tulos    que   componen el libro, vemos grotescas comparaciones, reclamos y hasta el   desprecio de las cualidades femeninas. Schopenhauer hace el papel de analista   y nos proporciona una imagen de la mujer en la que no s&oacute;lo se consideran   sus aspectos psicol&oacute;gicos o morales, sino que se aventura hasta otros   como, por ejemplo, el del comportamiento, la sexualidad y la constituci&oacute;n   f&iacute;sica. Sin embargo, y aunque esto no salva a Schopenhauer de las acusaciones   de machista o mis&oacute;gino, en algunos pasajes vemos c&oacute;mo habla convenientemente   de la mujer. Esto lo vemos, por ejemplo, cuando afirma, siguiendo   a Jouy, lo siguiente: &#147;Sans les femmes, le commencement de notre   vie serait priv&eacute; de secours, le milieu de plaisirs, et la fin de consolation   &#148; (p. 125).</p>     <p>   Una de las ideas m&aacute;s recurrentes en el libro es la que tiene que ver    con   la necesidad de que el hombre se relacione con la mujer adecuada para que   los hijos, fruto de su relaci&oacute;n, gocen de buena salud y buenas capacidades   ps&iacute;quicas y f&iacute;sicas. Esta idea, ciertamente, gozo de aceptaci&oacute;n    y popularidad   en la Antig&uuml;edad y en el Renacimiento, y la encontramos en pensadores   como Plat&oacute;n y Tom&aacute;s Moro. Schopenhauer se expresa al respecto    de la   siguiente manera: &#147;La profunda seriedad con que los hombres examinamos   y evaluamos todas las partes del cuerpo de una mujer, y con la que ella, a su   vez, hace lo mismo; el escr&uacute;pulo cr&iacute;tico con que escudri&ntilde;amos    a una mujer   que empiece a gustarnos; la obstinaci&oacute;n que ponemos en nuestra selecci&oacute;n;   la preocupaci&oacute;n con que el esposo observa a su mujer; las precauciones    que   toma, en cualquier parte, para no ser enga&ntilde;ado, as&iacute; como el gran    valor que   asigna a cualquier exceso o defecto de sus partes esenciales, todo ello es   plenamente apropiado dada la importancia del fin. Porque el hijo a engendrar   tendr&aacute; que llevar, durante toda su vida, una parte parecida. Por ejemplo,   si la mujer es torcida, as&iacute; sea ligeramente, podr&iacute;a f&aacute;cilmente    traspasarle   a su hijo una joroba; y as&iacute; con el resto del cuerpo&#148; (p. 51). Y    m&aacute;s adelante   nos vuelve a recordar que &#147;Un seno femenino t&uacute;rgido ejerce una atracci&oacute;n   extraordinaria sobre el sexo masculino porque, estando en directa relaci&oacute;n   con las funciones reproductoras de la mujer, promete abundante alimentaci   &oacute;n para el reci&eacute;n nacido. Por otra parte, las mujeres excesivamente    gordas   nos producen repulsi&oacute;n, pues tal conformaci&oacute;n f&iacute;sica indica    atrofia del   &uacute;tero, es decir, esterilidad.Yno es la mente, sino el instinto, el que    lo sabe&#148;   (p. 52).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Posiblemente esto nos parecer&aacute; excesivo, grotesco o falso, pero sin    lugar   a dudas tales ideas hacen parte de las razones por las cuales piensa   Schopenhauer que es tarea nuestra andar siempre con los ojos bien abiertos   para evitar caer en brazos de la mujer inapropiada. Aquella que a pesar de   sus inconsistencias f&iacute;sicas, intelectuales o morales, se procura, a costa    del   hombre, satisfacerse a s&iacute; misma.</p>     <p>   Seguramente, Schopenhauer justificar&iacute;a sus ideas apelando no s&oacute;lo    a los   hechos que tuvo que presenciar y vivir, como el mal trato de su madre para   con su padre y &eacute;l, adem&aacute;s de sus malestares con algunas mujeres,    sino   tambi&eacute;n a partir de concepciones metaf&iacute;sicas. Seg&uacute;n &eacute;l,    la voluntad de vivir   justificar&iacute;a el hecho de que haya, entre otras cosas, atracci&oacute;n    entre el hombre   y la mujer; lo que explicar&iacute;a su amor. Sin embargo, la voluntad hace   manifiesto nuestro sufrimiento, nuestro dolor. Pues, a pesar de que el hombre   lucha siempre por alcanzar satisfacci&oacute;n o alejarse del dolor, el mundo    le   revela su imposibilidad para lograrlo. Schopenhauer ve en el vivir algo an&aacute;-   logo al sufrimiento. Esto hace comprensible por qu&eacute; la vida implica sufrir.   Ahora bien, si el amor y la atracci&oacute;n entre el hombre y la mujer obedecen    a   una exigencia o a un impulso de la voluntad para que haya, por ejemplo,   continuidad de la especie, podr&iacute;a decirse que Schopenhauer vio en el    acto   del amor una manifestaci&oacute;n de la voluntad de vivir. Si esto fuera as&iacute;,    dir&iacute;amos   que aquello que compone dicho acto tendr&iacute;a que ser negado por nosotros.   Sin embargo, y dada nuestra natural forma de ser, esto mismo parece   imposible de realizarse, motivo por el cual siempre nos advierte el propio   Schopenhauer, consciente de esto, que lo mejor que podemos hacer es procurarnos   una buena mujer para que el dolor sea mitigado. </p> </font>      ]]></body>
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