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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL LENGUAJE EN EL PENSAMIENTO GRIEGO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper looks panoramically at the diverse postures on language that were present in the Greek thought from presocratic thinkers to Aristotle. It is considered particularly Plato's postures; because his thought is the center that articulates the presocratic tendencies and the Aristotelian answers. It is mainly analyzed three issues: the origin of language, the relationship among language, ontology and epistemology; and finally, the utility of language.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>    <center><font size=4 face="verdana"><b>EL LENGUAJE EN EL PENSAMIENTO GRIEGO<sup>*</sup></b></font></p>      <p><font size=4 face="verdana"><b>The language in the Greek thought</font></b></p>      <p><font size=2 face=verdana>    <p><b>Jorge Alejandro Fl&oacute;rez</b>    <br> Universidad de Caldas</center></p>      <p><sup>*</sup> <b>Recibido</b> Abril de 2009; <b>aprobado</b> Agosto de 2009.</font></p>  <hr>  <font size=3 face="verdana">      <p><b>RESUMEN</b></p>      <p>El art&iacute;culo presenta una mirada panor&aacute;mica de las posturas sobre el lenguaje que se dieron en el pensamiento griego desde los presocr&aacute;ticos hasta Arist&oacute;teles. Se consideran particularmente las posturas de Plat&oacute;n, por ser el centro que articula las tendencias presocr&aacute;ticas y las respuestas aristot&eacute;licas. Se analizan principalmente tres problem&aacute;ticas: el origen del lenguaje, la relaci&oacute;n del lenguaje con la ontolog&iacute;a y la epistemolog&iacute;a, y finalmente, la utilidad del lenguaje.</p>      <p><b>Palabras clave</b>: Filosof&iacute;a del lenguaje, naturaleza del lenguaje, Plat&oacute;n, Cr&aacute;tilo, ontolog&iacute;a.</p> <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>      <p>This paper looks panoramically at the diverse postures on language that were present in the Greek thought from presocratic thinkers to Aristotle. It is considered particularly Plato's postures; because his thought is the center that articulates the presocratic tendencies and the Aristotelian answers. It is mainly analyzed three issues: the origin of language, the relationship among language, ontology and epistemology; and finally, the utility of language.</p>      <p><b>Keywords</b>: Philosophy of language, language, Plato, Cratilo, ontology.</p>  <hr>      <p>Para analizar las reflexiones en torno al lenguaje en el pensamiento griego, lo primero que es menester dejar en claro es que en aquella &eacute;poca no se sistematiz&oacute;, ni se formul&oacute; lo que ha sido llamado en nuestros tiempos una filosof&iacute;a del lenguaje. Se trata, en aquella &eacute;poca, de unas reflexiones dispersas y discontinuas que no responden de forma un&aacute;nime a una pregunta expl&iacute;cita sobre la naturaleza del lenguaje, ni sus aseveraciones se organizan en una l&oacute;gica sucesiva entre antecesores y sucesores. No obstante, el pensamiento griego inaugura una serie de reflexiones a las que no debemos ser ajenos, pues en ellas se originan las actuales reflexiones en torno al lenguaje.</p>      <p>En la filosof&iacute;a griega antigua se dio inicio principalmente a tres reflexiones en torno al lenguaje: en primer lugar, el origen y naturaleza del lenguaje, con sus dos posturas opuestas b&aacute;sicas: naturalismo o convencionalismo. En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, la relaci&oacute;n entre el lenguaje y el ser, que trae como consecuencia la relaci&oacute;n entre el lenguaje y la verdad. Por &uacute;ltimo, la funci&oacute;n y utilidad del lenguaje para el hombre tanto en relaci&oacute;n con la polis como en la ciencia.</p>      <p><b>1. El origen del lenguaje</b></p>      <p><b>1.1 El Pensamiento Presocr&aacute;tico</b></p>      <p>Es com&uacute;nmente aceptado que el primer intento de realizar un an&aacute;lisis amplio y sistem&aacute;tico acerca del lenguaje es el Cr&aacute;tilo de Plat&oacute;n; de hecho, varios intentos de realizar una historia de la filosof&iacute;a del lenguaje comienzan un&iacute;vocamente con las doctrinas de esta obra.<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> No desconocemos aqu&iacute; su importancia por plantear expl&iacute;citamente los problemas del lenguaje, pero queremos traer a consideraci&oacute;n varios autores donde se encuentran los antecedentes que permiten hacer tales tipos de preguntas por el lenguaje. Es reconocido, inclusive, que Plat&oacute;n responde en el Cr&aacute;tilo a varias posturas filos&oacute;ficas de su tiempo representadas en los dos personajes de su di&aacute;logo; Cr&aacute;tilo, como disc&iacute;pulo de Her&aacute;clito, hace el papel del naturalista; mientras que Herm&oacute;genes representa la tesis convencionalista de los sofistas.<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup></p>      <p>Esta relaci&oacute;n de los personajes del dialogo plat&oacute;nico con pensadores anteriores, adem&aacute;s de ser una sugerencia obvia en su lectura, es adem&aacute;s una aseveraci&oacute;n que hace Proclo, el neopitag&oacute;rico del siglo V E.C., en su comentario al Cr&aacute;tilo. All&iacute; vincula la visi&oacute;n naturalista de Cr&aacute;tilo con Pit&aacute;goras y seguida posteriormente por Epicuro; mientras que la visi&oacute;n convencionalista, la vincula con Dem&oacute;crito y posteriormente con Arist&oacute;teles. Es adem&aacute;s, el mejor testimonio que se tiene actualmente sobre las posturas de Pit&aacute;goras y Dem&oacute;crito acerca de esta cuesti&oacute;n.</p>      <p>En otros autores presocr&aacute;ticos el asunto no es tan expl&iacute;cito, ni en los fragmentos directo, ni en testimonios, pero es evidente que ciertas posturas sobre esas cuestiones se pueden derivar de las filosof&iacute;as de Parm&eacute;nides y de sus seguidores Emp&eacute;docles y Anax&aacute;goras. Analicemos a continuaci&oacute;n las dos posturas opuestas acerca del origen del lenguaje y vinculemos a ellas los argumentos que se dan en uno y otro bando.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>1.1.1. El naturalismo</b></p>      <p>El naturalismo considera que entre las cosas y las palabras que las nombran hay una relaci&oacute;n directa y propia, y que a cada cosa le corresponde un &uacute;nico y verdadero nombre. Es decir que a la 'casa' le corresponde natural y directamente la palabra "casa", y que no podr&iacute;a una mejor manera de nombrarla. Gracias al comentario de Proclo se sabe que Pit&aacute;goras mantuvo esta idea, pero tambi&eacute;n es posible deducir que Parm&eacute;nides la sostuvo, adem&aacute;s Plat&oacute;n, aunque no la asume, presenta argumentos para oponerla al convencionalismo, y decir que es preferible que el lenguaje sea as&iacute;.</p>      <p>Todos ellos tienen en com&uacute;n que defienden esta postura como consecuencia de sus doctrinas filos&oacute;ficas. No pretenden responder exclusivamente a la pregunta por el origen del lenguaje, como si la filosof&iacute;a del lenguaje fuera en su tiempo una disciplina aparte, sino que de sus postulados filos&oacute;ficos se deriva que los nombres deben ser apropiados para cada cosa que nombran.</p>      <p>Pit&aacute;goras, en primer lugar, asume que los nombres se adjudican con la misma precisi&oacute;n que los n&uacute;meros. El comentario de Proclo es el siguiente:</p>  <font size=2 face=verdana> <ol>La postura de Cr&aacute;tilo procedi&oacute; de Pit&aacute;goras y Epicuro; mientras que la de Herm&oacute;genes procedi&oacute; de Dem&oacute;crito y Arist&oacute;teles: En cierta ocasi&oacute;n se le pregunt&oacute; a Pit&aacute;goras &iquest;cu&aacute;l es la cosa m&aacute;s sabia? el n&uacute;mero, respondi&oacute;; luego se le pregunt&oacute; &iquest;<b>qu&eacute; lleva hacia la sabidur&iacute;a? asignar los nombres a las cosas</b>. Por el n&uacute;mero se refer&iacute;a enigm&aacute;ticamente a un orden inteligible que rodea a una gran cantidad de ideas inteligibles, pues all&iacute; el primer y m&aacute;s importante n&uacute;mero sostuvo conforme al uno a lo supersubstancial, el cual provee la medida de la esencia a todos los entes, en el cual tambi&eacute;n est&aacute; la sabidur&iacute;a y el conocimiento verdaderos, la cual es en s&iacute; misma, meditada por s&iacute; misma y acabada por s&iacute; misma, entonces es en s&iacute; mismo pensado, pensamiento y mente, de este modo el n&uacute;mero y la sabidur&iacute;a est&aacute;n all&iacute; mismo; por la asignaci&oacute;n de los nombres se refer&iacute;a enigm&aacute;ticamente al alma, la cual se somete a la mente; pues las cosas mismas no son en primer lugar como la mente, sino que ella tiene im&aacute;genes de las cosas y <b>palabras semejantes a las cosas externas</b>, por ejemplo las estatuas de las cosas, de la misma manera que los nombres que imitan las formas inteligibles de los n&uacute;meros. Por consiguiente, el ser para todas las cosas procede de lo conocido y lo sabio, en cambio, el nombrar procede de alma que imita a la mente. Por tanto, no dice Pit&aacute;goras que es por casualidad que se colocan los nombres, sino por la contemplaci&oacute;n que hace la mente de la naturaleza de las cosas, <b>en conclusi&oacute;n los nombres son por naturaleza</b>.<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>    </ol></font>      <p>El comentarista asume de entrada que la manera de hablar de Pit&aacute;goras es enigm&aacute;tica, por lo cual no se puede pretender que se pueda reconstruir clara y coherentemente su postura. En primer lugar, pone en relaci&oacute;n directa a los nombres con la sabidur&iacute;a. Los nombres llevan hacia ella. La sabidur&iacute;a es el n&uacute;mero, pues este adem&aacute;s de ser el sustento ontol&oacute;gico de todos los entes, es el sustento del conocimiento y la verdad. La unidad, como n&uacute;mero primero y m&aacute;s importante, posibilita la existencia y el conocimiento de la realidad. Ahora bien, se accede al conocimiento de las cosas, por medio del nombre, cualidad que intentar&aacute; solamente analizar de nuevo Plat&oacute;n. Los nombres, si tienen alguna utilidad, es &uacute;nicamente la comunicaci&oacute;n del conocimiento; s&oacute;lo Arist&oacute;teles, le reconocer&aacute; m&aacute;s tarde su utilidad para comunicar, no necesariamente proposiciones verdaderas.</p>      <p>El nombrar, contin&uacute;a Pit&aacute;goras, es ejercicio del alma, es decir, del hombre, la cual se subordina y adecua a la mente (nous), la cual pertenece a la perfecci&oacute;n del n&uacute;mero. Por ello, el nombrar no es un ejercicio arbitrario o subjetivo, sino que se adecua a lo que le dictamina la sabia y verdadera mente. Es conciente que los nombres son im&aacute;genes e imitaciones, pues no pueden ser las cosas mismas; de no ser as&iacute;, caer&iacute;a el naturalismo en una posici&oacute;n muy ingenua, con lo cual podr&iacute;a decir Agust&iacute;n, siglos m&aacute;s adelante que la palabra Le&oacute;n les ruge y los muerde.</p>      <p>Pit&aacute;goras considera al nombre como una imitaci&oacute;n, pero no cualquier imitaci&oacute;n, sino la imitaci&oacute;n que el alma hace de lo inteligible num&eacute;rico; por eso es algo natural, porque comunica la verdad y la sabidur&iacute;a del mundo inteligible. Esta idea de imitaci&oacute;n (mimesis) ser&aacute; la misma que emplear&aacute; Plat&oacute;n en su an&aacute;lisis del lenguaje.</p>      <p>Parm&eacute;nides, por su parte, asume en la primera parte de su poema filos&oacute;fico que s&oacute;lo existen dos v&iacute;as posibles para el pensar: El Ser y el No-Ser; la primer es transitable, la otra no, dado que la v&iacute;a del Ser, que es y que es imposible que no sea, es una v&iacute;a pensable, que se puede conocer y expresar. Por lo tanto, el lenguaje y el ser van unidos en una relaci&oacute;n &uacute;nica. Todo lo que puede decirse y pensarse es. En cambio, el no-ser es impensable e impronunciable. Cualquier intento de enunciarlo cae en una paradoja, porque qu&eacute; podr&iacute;a decirse de &eacute;l sin hacerlo ser. Del siguiente modo se expresa Parm&eacute;nides al respecto:</p>  <font size=2 face=verdana> <ol>B2 "yo te dir&eacute; las dos &uacute;nicas v&iacute;as de investigaci&oacute;n pensables. La una, que es y que le es imposible no ser, es el camino de la persuasi&oacute;n (porque acompa&ntilde;a a la verdad); la otra, que no es y que le es necesario no ser, &eacute;sta, te lo aseguro, es una v&iacute;a totalmente indiscernible; pues no podr&aacute;s conocer  <font face="times new roman" size="4"></font> <a name="ima1"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i1.jpg">lo no ente, ni expresarlo  <a name="ima2"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i2.jpg">.    <br> B3 "pues pensar <a name="ima3"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i3.jpg"> y ser son lo mismo".    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  B6 "lo que puede decirse <a name="ima4"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i4.jpg"> y pensarse <a name="ima3"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i3.jpg"> debe ser, pues es ser y la nada no es".    <br>  B8 7 "No te permitir&eacute; que digas <a name="ima5"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i5.jpg"> ni pienses <a name="ima3"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i3.jpg"> de lo "no ente", porque no es decible <a name="ima6"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i6.jpg"> ni pensable <a name="ima7"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i7.jpg"> lo que no es".    <br>  B8, 16 "Pero se ha decidido, como es necesario, abandonar una v&iacute;a por impensable y sin nombre <a name="ima8"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i8.jpg">".</p>    </ol></font>      <p>De este modo, Parm&eacute;nides, vincula estrechamente el ser, el pensar y el hablar, la cual es la tesis naturalista. De lo otro no se puede hablar, por lo cual todo lo que se nombre o se diga se refiere a algo que es.</p>      <p><b>1.2. El Convencionalismo</b></p>      <p>De otro lado, la tesis convencionalista sostiene que los nombres los adjudican arbitrariamente los hombres y contin&uacute;an utiliz&aacute;ndolos por costumbre. Parad&oacute;jicamente, Parm&eacute;nides es el primero en el que podemos encontrar vestigios de esta postura, pero lo hace en la parte de su poema en que habla de las opiniones de los mortales, quienes como bic&eacute;falos asumen un tercer camino en el que el ser puede no ser y el no-ser puede ser. Para mantener sus creencias mortales pueden crear nombres falsos, particularmente los que se refieren a las ideas que contradicen la visi&oacute;n parmen&iacute;dea del Ser. Esta idea es repetida por sus seguidores Emp&eacute;docles y Anax&aacute;goras.</p>      <p>Todos ellos parten de la idea b&aacute;sica de que el ser es el ser, no puede ser el no-ser, ni mezclarse con &eacute;l, porque este &uacute;ltimo nada es. Las ideas de cambio y transformaci&oacute;n son ilusorias y son producto de una err&oacute;nea visi&oacute;n de la realidad. Por ello, consideran que todos aquellos supuestos fen&oacute;menos de cambio, transformaci&oacute;n, muerte y vida, no son m&aacute;s que nombre acu&ntilde;ados por los mortales, quienes est&aacute;n equivocados y no alcanzan a ver la realidad. Parm&eacute;nides se refiere a ello del siguiente modo:</p>  <font size=2 face=verdana> <ol>B8 38 "ha recibido todos los nombres <a name="ima9"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i9.jpg"> que los mortales, convencido de que eran verdaderos, le impusieron: nacer y perecer; ser y no ser, cambio de lugar y alteraci&oacute;n del color resplandeciente".    <br> B8 50: "Aqu&iacute; termino mi fidedigno discurso y pensamiento sobre la verdad; aprende, de ahora en adelante, las opiniones de los mortales escuchando el orden enga&ntilde;oso de mis palabras <a name="ima10"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i10.jpg">".    <br> B8 53 "pues decidieron dar nombre <a name="ima11"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i11.jpg"> a dos formas".    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> B19 "... los hombres les impusieron un nombre <a name="ima9"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i9.jpg"> para distinguir a cada una".    </ol></font>      <p>Emp&eacute;docles, aunque acepta el cambio y la transformaci&oacute;n, no acepta el nacer y el perecer. Basado en la postura parmen&iacute;dea que de la nada, nada surge, que todo lo que es (los cuatro elementos) ha existido y existir&aacute; siempre, por lo cual, lo &uacute;nico posible es la mezcla y la separaci&oacute;n de estos elementos. Por ello afirma con respecto al nombrar falsamente las cosas:</p>  <font size=2 face=verdana> <ol>B8. "solamente existen la mezcla y el intercambio de lo mezclado, y esto <b>es llamado</b> nacimiento por los hombres".    <br> B9. "... a esto <b>lo llaman</b> entonces nacer, y cuando se separan, a esto a su vez <b>lo llaman</b> muerte desdichada. <b>No usan los nombres con justicia</b>, y a&uacute;n yo mismo me expreso as&iacute; <b>por la costumbre</b>".    <br> B 15 "mientras viven <b>eso que llaman vida</b>".    </ol></font>      <p>Anax&aacute;goras sostiene el mismo principio parmen&iacute;deo: la nada no-es y de ella nada se puede generar. Por ello afirma que lo &uacute;nico que existe son las homeomer&iacute;as, peque&ntilde;as part&iacute;culas imperceptibles, que llenan todo, las cuales a partir de su mezcla y separaci&oacute;n pueden crear todo lo que existe. Por esta raz&oacute;n afirma lo mismo que Emp&eacute;docles sobre el nombrar err&oacute;neo de los mortales:</p>  <font size=2 face=verdana> <ol>B17: "ninguna cosa nace ni perece sino que a partir de las cosas que son, hay combinaci&oacute;n y separaci&oacute;n. De modo que, para hablar correctamente, <b>deber&iacute;an llamar</b> al nacer combinarse y al perecer separarse".    </ol></font>      <p>Ahora bien, con ello est&aacute;n aceptando, estos tres fil&oacute;sofos, que el nombrar, primera funci&oacute;n del lenguaje, es una cuesti&oacute;n arbitraria y susceptible de error. Los hombres pueden nombrar cosas que no existen como el nacer o el morir, y ocultar lo que realmente sucede. El lenguaje, no es, entonces, algo natural, ni establece una relaci&oacute;n directa e indisoluble entre las cosas y los nombres. El lenguaje es una convenci&oacute;n humana que est&aacute; al servicio de las creencias de cada uno.</p>      <p>El ideal es que el lenguaje sea acorde a la verdad del ser, pero la fuerza de la costumbre, que Parm&eacute;nides describe como violenta y astuta (B6, 3), y que impulsa al mismo Emp&eacute;docles a seguir pronunciando lo que no es correcto, adjudica los nombres.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Igualmente, encontramos en Dem&oacute;crito de Abdera un argumento en contra de la tesis naturalista del origen del lenguaje. Aunque tambi&eacute;n es continuador, de cierta manera, de las tesis parmen&iacute;deas, su cr&iacute;tica a la hip&oacute;tesis naturalista se encuentra desvinculada de su postura ontol&oacute;gica, y su argumento es mucho m&aacute;s sofisticado y expl&iacute;cito que el de los anteriores fil&oacute;sofos mencionados. Escuchemos de nuevo a Proclo, a quien le debemos la subsistencia del fragmento del abderita.</p>  <font size=2 face=verdana> <ol>Que la postura de Cr&aacute;tilo procedi&oacute; de Pit&aacute;goras y Epicuro; mientras que la de Herm&oacute;genes procedi&oacute; de Dem&oacute;crito y Arist&oacute;teles:    <br> Pero Dem&oacute;crito estableci&oacute; a trav&eacute;s de cuatro argumentos que los nombres se dicen por convenci&oacute;n:    <br> 1. Por la homonimia: pues las diferentes cosas son llamadas con los mismos nombres, por lo tanto el nombre no es por naturaleza.    <br> 2. Por la diversidad de nombres para una sola cosa (polinimia): pues si diversos nombres se aplica a una &uacute;nica y misma cosa, y viceversa, entonces, es imposible que se nombre por naturaleza.    <br> 3. En tercer lugar, por la transposici&oacute;n de los nombres: pues si fuese por naturaleza, por qu&eacute; renombramos a Arist&oacute;cles como Plat&oacute;n, y a Tirtamo como Teofrasto.    <br> 4. Por la falta de semejanza: pues, &iquest;Por qu&eacute; decimos pensar, a partir del pensamiento, pero no derivamos nada de Justicia?<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> Por lo tanto, no es por naturaleza sino por azar que se dan los nombres.    <br> Dem&oacute;crito llama al primer argumento: polisemia; al segundo, equilibrado; al tercer, metonimia; y al cuarto, an&oacute;nimo.<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>    </ol></font>      <p>Dem&oacute;crito quiz&aacute; quer&iacute;a atacar ciertos fil&oacute;sofos que sosten&iacute;an la tesis naturalista, aunque parece m&aacute;s evidente que quer&iacute;a simplemente atacar la postura ingenua de la gente com&uacute;n de pensar que existe una relaci&oacute;n directa de las palabras con las cosas.</p>      <p>El naturalismo asume como primera tesis que a cada cosa le corresponde un &uacute;nico nombre; pues bien, Dem&oacute;crito evidencia en el lenguaje com&uacute;n que hay diversas cosas que reciben el mismo nombre, por ejemplo, una ciudad, una fruta y una herramienta reciben el mismo nombre de "Lima". Al igual que Proclo, actualmente se llama a este fen&oacute;meno Homonimia, mientras que dem&oacute;crito lo llama polisemia, refiri&eacute;ndose a que una palabra puede tener varios significados. De all&iacute; concluye &eacute;l que si las palabras no corresponden propiamente a un &uacute;nico objeto, entonces el lenguaje no es natural.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El siguiente argumento de Dem&oacute;crito es la inversi&oacute;n del anterior, ya que es posible tambi&eacute;n que un &uacute;nico objeto reciba varios nombres, lo que llevar&iacute;a a la misma conclusi&oacute;n, pues rompe igualmente el principio naturalista. Al objeto en que nos transportamos se puede llamar coche, carro o autom&oacute;vil, por lo tanto no hay una &uacute;nica palabra que lo represente. Este fen&oacute;meno es conocido hoy d&iacute;a con el nombre de sinonimia; Proclo lo identifica como polinimia, Dem&oacute;crito lo nombre equilibrio (en compensaci&oacute;n de la polisemia anterior). -Esta diversidad de nombres para este fen&oacute;meno demuestra adem&aacute;s lo que la argumento trata de establecer-.</p>      <p>El tercer argumento rompe tambi&eacute;n el principio de unidad entre la palabra y la cosa, propio del naturalismo, e incluye como elemento nuevo que puede ser el lenguaje una actividad convencional. Los hombres pueden cambiar los nombres de las cosas, como se cambia el de Arist&oacute;cles y Tirtamo por el de sus famosos poseedores. As&iacute; como se cambian estos, se pueden cambiar muchos otros, y cabe la duda adem&aacute;s si durante la historia humana no han sido cambiados todos los nombres. Se concluye que el lenguaje no es natural y a&ntilde;ade que puede ser por convenci&oacute;n o arbitrio humano.</p>      <p>El cuarto y &uacute;ltimo argumento asume que si el lenguaje fuese natural ser&iacute;a l&oacute;gico, coherente y habr&iacute;a semejanza en sus estructuras, en cambio, encuentra Dem&oacute;crito que hay una ruptura en la estructura morfol&oacute;gica. El campo sem&aacute;ntico del pensar <a name="ima12"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i12.jpg"> es coherente con todas las palabras que se derivan de &eacute;l; caso contrario ocurre con las palabras derivadas de Justicia <a name="ima13"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i13.jpg">.</p>      <p>Por todo ello, Dem&oacute;crito concluye directamente que el lenguaje surge entre los hombres, simple y llanamente por acci&oacute;n del azar. En anteriores versiones del naturalismo se vio como el hombre creaba los nombres por alguna raz&oacute;n: para nombrar lo que &eacute;l cre&iacute;a que era verdadero. En cambio, Dem&oacute;crito no le adjudica ning&uacute;n objetivo al nombrar, sino que es el azar el que determina como se llaman las cosas. Sin caer en la postura ingenua del convencionalismo, el Humpty Dumpty de Lewis Carroll, que dir&iacute;a que cualquiera en cualquier momento puede crear los nombres a su ama&ntilde;o, puede decirse que Dem&oacute;crito es la postura m&aacute;s radical del convencionalismo en la filosof&iacute;a Grecia. No acepta ninguna utilidad, ni consenso entre los hombres para intentar un lenguaje m&aacute;s exacto, si puede hablarse de algo as&iacute;. Dem&oacute;crito coloca c&oacute;mo &uacute;nico responsable del nombrar al Azar.</p>      <p><b>1.2.1 Plat&oacute;n</b></p>      <p>Ahora bien, El Cr&aacute;tilo de Plat&oacute;n asume como trama el conflicto entre estas dos posturas (naturalismo vs. convencionalismo) en sus formas m&aacute;s extremas y contradictorias. Lo interesante es que brinda argumentos v&aacute;lidos para cada una de ellas, por lo cual, cae en una paradoja insoluble en este di&aacute;logo, en el que pide seguir reflexionando sobre el asunto, pero que en di&aacute;logos posteriores no resuelve, sino que termina aceptando la inutilidad del lenguaje para sus prop&oacute;sitos filos&oacute;ficos. El tema principal del di&aacute;logo es la exactitud <a name="ima14"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i14.jpg"> de los nombres.</p>      <p>S&oacute;crates se acerca a Herm&oacute;genes y Cr&aacute;tilo, quienes se encontraban en una discusi&oacute;n sobre la exactitud de los nombres, y le solicitan que les ayude a resolver esta cuesti&oacute;n tan complicada. Herm&oacute;genes sostiene la postura que la exactitud de los nombres se debe a <a name="ima15"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i15.jpg"> y <a name="ima16"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i16.jpg"> (pacto y consenso) 384d. 1; <a name="ima17"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i17.jpg"> y <a name="ima18"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i18.jpg"> (convenci&oacute;n y h&aacute;bito) 384d. 7-8. Su argumento se basa en la idea ya vista en el tercer argumento de Dem&oacute;crito, seg&uacute;n el cual, si los nombres pueden cambiarse entonces no son adjudicados por v&iacute;a natural, sino convencional. Enuncia como ejemplo el hecho de que a los esclavos se les cambie a voluntad sus nombres, y as&iacute; podr&iacute;a hacerse con cualquier otro nombre. Por lo tanto, todo nombre nuevo es tan exacto como su antecesor.</p>      <p>Inclusive, Herm&oacute;genes esgrime la posibilidad de que la convenci&oacute;n de los nombres sea una mera convenci&oacute;n individual, asegurando en 385e que el nombre que cada persona ponga a un objeto es tan apropiado como cualquier otro. Aunque no desconoce tambi&eacute;n que los nombres dados por convenci&oacute;n colectiva (cada ciudad, un dialecto en particular, u otro idioma) tambi&eacute;n son apropiados y verdaderos.</p>      <p>No obstante, en un primer momento, esta forma en que Herm&oacute;genes ve al lenguaje no le parece muy apropiada a S&oacute;crates; y su inconformidad radica en su visi&oacute;n ontol&oacute;gica al considerar que los seres tienen cierta consistencia en su propia esencia 386&ordf; 3-4. Existen hombres realmente malos e insensatos, y hombre realmente buenos y sensatos. No acepta el relativismo de Prot&aacute;goras. "es evidente que las cosas tienen un ser propio consistente. No tienen relaci&oacute;n ni dependencia con nosotros ni se dejan arrastrar arriba y abajo por obra de nuestra imaginaci&oacute;n, sino que son en s&iacute; y con relaci&oacute;n a su propio ser conforme a su naturaleza" (386e 1-4) Las acciones que emprendamos frente a los seres deben ser conformes a su naturaleza, como el cortar que debe adecuar nuestra acci&oacute;n y el instrumento que utilicemos a la naturaleza propia del objeto que queramos cortar. El hablar es una acci&oacute;n (387b 8) El nombre es el instrumento con lo que la realizamos (388&ordf; 7-8), es el instrumento para ense&ntilde;ar y distinguir la esencia (388c 1). El que crea los nombres es el que conoce del oficio, que no es otro que el uso (nomos), por lo que el creador es el <a name="ima19"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i19.jpg"> (legislador), no cualquiera sino el nominador (Crat. 389.a.1 <a name="ima20"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i20.jpg">) que se fija en las naturalezas en s&iacute; mismas para crear los nombres apropiados para ellas. "Mientras apliquen la misma forma, aunque sea en otro hierro, el instrumento ser&aacute; correcto por m&aacute;s que se haga aqu&iacute; o en tierra b&aacute;rbara (389e3 390 a2)" quien juzga una buena obra del fabricante es quien la usa, en cuyo caso es otro que el dial&eacute;ctico que sabe preguntar y responder. "con que Cr&aacute;tilo tiene raz&oacute;n cuando afirma que las cosas tienen el nombre por naturaleza y que el artesano de los nombres no es cualquiera, sino s&oacute;lo aquel que se fija en el nombre que cada cosa tiene por naturaleza y es capaz de aplicar su forma tanto a las letras como a las s&iacute;labas". 390 d 9 - e 4.</p>      <p>S&oacute;crates hace, entonces, en un primer momento del di&aacute;logo, una defensa del naturalismo basado en su concepci&oacute;n ontol&oacute;gica de la consistencia y perseverancia del ser de las cosas, la cual ser&iacute;a resquebrajada si aceptamos el relativismo de decir que cualquier nombre es apropiado a cualquier ente. Intenta, por tanto, verificar la veracidad de su prematura doctrina naturalista a trav&eacute;s de una digresi&oacute;n etimol&oacute;gica que le permita saber si las palabras que &eacute;l utiliza est&aacute;n bien adjudicadas a sus objetos. Sin embargo, desde un principio, S&oacute;crates manifiesta sus dudas frente a este procedimiento y encubre todo el ejercicio etimol&oacute;gico desde referencias a los poetas antiguos y a la inspiraci&oacute;n divina que le dicta involuntariamente todo lo que est&aacute; diciendo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Mucho puede decirse sobre el ejercicio etimol&oacute;gico en este di&aacute;logo, pero simplemente digamos que analiza la veracidad de los nombres comunes de dioses, h&eacute;roes, virtudes y vicios, etc., descomponiendo su estructura hasta los nombres m&aacute;s simples de su estructura, para finalmente llegar hasta las letras, &uacute;ltimos componentes de los nombres.</p>      <p>Al final de este viaje etimol&oacute;gico, sin embargo, S&oacute;crates manifiesta que es poco lo que se haya podido lograr con ello en la defensa del naturalismo del lenguaje. Lanza una serie de cr&iacute;ticas demoledoras contra este. En primer lugar manifiesta que si existe un nominador o legislador de nombres, deben ser iguales que el resto de legisladores, entre los que hay buenos y malos por lo cual es posible que alguno de ellos se haya equivocado, y que si se equivoca en un solo elemento, da&ntilde;a por completo todos los nombres que lo posean. Por ejemplo, si atribuye mal la rho (&rho;), o entiende mal lo que ella representa, todos los nombres que la posean ser&aacute;n mal asignados. Adem&aacute;s, el hecho de que se encuentren nombres incorrectos, como el de Herm&oacute;genes, cuyo representante nada tiene que ver con su etimolog&iacute;a (hijo de Hermes) hace dudar de todos los dem&aacute;s; de hecho, Plat&oacute;n encuentra que el criterio m&aacute;ximo con el que se asignaron los nombres, el criterio heracl&iacute;teo seg&uacute;n el cual todo fluye, es incorrecto con la realidad de las cosas que debe ser fija y constante.</p>      <p>En el ejercicio etimol&oacute;gico, adem&aacute;s, jug&oacute; constantemente a&ntilde;adiendo o quitando elementos, y eso precisamente se revela como un error que inmediatamente cambia el objetivo de cada nombre, pues se supone que un nombre bien dise&ntilde;ado debe tener los elementos propios de la esencia que quiere significar. Ejemplifica esto con el n&uacute;mero diez, lo cual es f&aacute;cil de entender si se sabe que los n&uacute;meros griegos se escrib&iacute;an con las letras del alfabeto, por lo que si se les a&ntilde;ad&iacute;a o quitaba un elemento, ya no era m&aacute;s el n&uacute;mero que pretend&iacute;a significar sino otro. (432b)</p>      <p>Ahora bien, estas tesis representadas por Cr&aacute;tilo y por Herm&oacute;genes son los extremos m&aacute;s radicales que ellas pueden representar. Por una parte, el naturalismo de Cr&aacute;tilo implica que el nombre es la cosa misma, que los que nombran las cosas jam&aacute;s se equivocan y siempre hablan con verdad. Por el lado del convencionalismo defendido por Herm&oacute;genes, se cree que cualquier persona podr&iacute;a decir lo que se le antojase con los nombres que prefiriera. La posici&oacute;n de Plat&oacute;n es intermedia, pues anhela que el lenguaje sea una representaci&oacute;n de las cosas en s&iacute; mismas, no tanto como iguales, pues ser&iacute;a imposible, sino como una imitaci&oacute;n lo m&aacute;s fidedigna posible. Ante la imposibilidad de tal evento, dado que habr&iacute;a que refundar el lenguaje, acepta el convencionalismo, pero no como un ejercicio del azar, sino como un intento de representaci&oacute;n por semejanza.</p>      <p>"La discusi&oacute;n ha llegado a un callej&oacute;n sin salida. La convenci&oacute;n le parece a S&oacute;crates grosera pero inevitable, el naturalismo le parece m&aacute;s adecuado, pero "forzado"" 435c. <sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup> Lo que realiza Plat&oacute;n, por tanto es una mediaci&oacute;n entre estas dos posturas antag&oacute;nicas del modo m&aacute;s extremo, en el que concluye que los nombres son una convenci&oacute;n que debe intentar ser fiel a la naturaleza de las cosas. No obstante, esto no le sirve de mucho en su filosof&iacute;a, pues como se ver&aacute; en el apartado siguiente, es un instrumento muy rudimentario para aprender la esencia de las cosas y no es indispensable para conocer los seres en s&iacute; mismos. "es posible conocer los seres, sin necesidad de nombre" (Crat. 439b.)</p>      <p><b>2. Ser, pensar y hablar</b></p>      <p>La problem&aacute;tica del lenguaje en Plat&oacute;n, como ya se dijo, implica un conflicto al interior de su filosof&iacute;a. En principio, Plat&oacute;n se acerca al lenguaje como un recurso para conocer la esencia de las cosas, lo cual lo lleva directamente a la problem&aacute;tica ontol&oacute;gica de conocer cu&aacute;l es esa esencia. Parm&eacute;nides no pose&iacute;a tal problem&aacute;tica, dado que unific&oacute; el lenguaje, la epistemolog&iacute;a y la ontolog&iacute;a. Si su postura era que el Ser era Uno y Todo, no hab&iacute;a cabida a la diferencia de un conocimiento o del nombre. "Ser y pensar son los mismo" afirm&oacute; en el fragmento 2, alejando cualquier referencia al no-ser. De hecho, se&ntilde;alaba este no-ser como algo impensable, indecible e impronunciable; por lo cual, lo &uacute;nico pensable es el ser, as&iacute; como lo &uacute;nico decible y pronunciable. Todo lo que se piense o se diga es; todo lo nombrable o pensable es algo. De all&iacute; entonces que no habr&iacute;a cabida para la ignorancia y la falsedad.</p>      <p>Pero esto es precisamente lo que Plat&oacute;n encuentra generalizado entre los sofistas, por lo cual, si quer&iacute;a fundamentar bien su cr&iacute;tica a ellos deber&iacute;a empezar por desmontar este principio de su "padre" Parm&eacute;nides; realizar el parricidio, como &eacute;l lo llama en <i>EL Sofista</i>. Esta postura parmen&iacute;dea que fundamenta el naturalismo del lenguaje unificaba el nombre con el pensar y el ser; es decir, no hab&iacute;a una diferencia clara entre signo, significado y cosa. Es Plat&oacute;n, el primer fil&oacute;sofo en mostrar claramente la diferencia entre la palabra y la cosa, proyect&aacute;ndolas adem&aacute;s sobre la Idea, por lo cual har&aacute; entrar el concepto en esta tr&iacute;ada lingü&iacute;stica.<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> El siguiente fragmento muestra c&oacute;mo esta diferencia estaba clara para Plat&oacute;n, al momento de hacer uno de sus famosos ejercicios dial&eacute;cticos por divisi&oacute;n: "Respecto de todo, siempre es necesario ponerse de acuerdo acerca del <b>objeto</b> mismos gracias a las <b>definiciones</b>, en vez de atenerse al <b>nombre</b> s&oacute;lo, sin su definici&oacute;n". La definici&oacute;n revela la esencia, por lo cual es f&aacute;cil entenderla como el concepto.</p>      <p>En el <i>Sofista</i> acepta la posibilidad de que el no-ser exista de alguna manera,<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> y por lo tanto, es posible hablar de &eacute;l y pensar en &eacute;l. En consecuencia, se pueden tener conocimientos equivocados y se puede hablar err&oacute;neamente. Los nombres pueden no coincidir con las cosas que nombran; ellos no revelan sin obst&aacute;culos las esencias de las cosas que dicen nombrar. En la visi&oacute;n parmen&iacute;dea, el nombre siempre era nombre de algo, pero con Plat&oacute;n se comienza a ver que el nombre puede en muchos casos no nombrar nada, es as&iacute; como podemos nombrar el no-ser aunque esto no sea nada, o como podemos nombrar animales fant&aacute;sticos o hecho no realizados como "Teetetos vuela"</p>      <p>Entendido esto, Plat&oacute;n coloca el lenguaje como una de tantas artes (<i>technai</i>) humanas, fruto del fuego prometeico.<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> Ahora bien, en el Sofista, establece que existen dos tipo de artes, no s&oacute;lo humanas, sino tambi&eacute;n divinas, que se dividen entre productivas y adquisitivas; dentro de las productivas se encuentran las imitativas. Las imitativas se subdividen a su vez en productoras de realidades o productoras de im&aacute;genes. Las imitativas divinas crearon por ejemplo, el mundo sensible, en el caso de creaci&oacute;n de realidades, y crean los sue&ntilde;os, los reflejos y las sombras, en el caso de creaci&oacute;n de im&aacute;genes. Por su parte, las artes imitativas humanas pueden crear realidades como en el caso de los artesanos, que crean muebles o utensilios, o las artes imitativas de im&aacute;genes, que como la pintura o la escultura. Las artes imitativas de im&aacute;genes se divide a su vez en figurativas y simulativas.<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al relacionar esto con el punto de vista expuesto en el Cr&aacute;tilo y la Rep&uacute;blica se establece que el lenguaje es un arte imitativo de im&aacute;genes y simulativo, como lo es la pintura. Como imitaci&oacute;n, dice en el primero, no puede ser la cosa en s&iacute; misma, adem&aacute;s que se podr&iacute;a caer en la referencia de una mala imitaci&oacute;n. En la Rep&uacute;blica establece toda una jerarqu&iacute;a ontol&oacute;gica y epistemol&oacute;gica, en la que la imitaci&oacute;n ocupa el peor lugar, por eso la poes&iacute;a es rechazada de su estado ideal. La imitaci&oacute;n es el m&aacute;s bajo y deplorable estado del ser; es lo que m&aacute;s se acerca al no-ser; son las sombras &uacute;ltimas de la caverna, las m&aacute;s alejadas de la luz de la Idea del Bien.</p>      <p>En la Carta VII, Plat&oacute;n presenta brevemente el resumen de todo su sistema filos&oacute;fico. Afirma que este consiste en llegar a conocer la esencia de las cosas, para la cual cuenta con cinco posibilidades: una imagen de las cosas, sus nombres, sus definiciones, el conocimiento, y las cosas mismas. Los tres primeros son insuficientes; s&oacute;lo son posibles las dos &uacute;ltimas.</p>  <font size=2 face=verdana> <ol>"Existen para cada uno de los seres tres elementos de los cuales hay que servirse forzosamente para llegar a su conocimiento; el cuarto es el conocimiento mismo, y hay que a&ntilde;adir, en quinto lugar, la cosa en s&iacute;, cognoscible y real. El primer elemento es el nombre <a name="ima9"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i9.jpg">, el segundo, la proposici&oacute;n (logos – definici&oacute;n); el tercero, la imagen <a name="ima21"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i21.jpg"> el cuarto, el conocimiento <a name="ima22"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i22.jpg">. Para entender lo que estoy diciendo, apliqu&eacute;moslo a un objeto determinado y extendamos la noci&oacute;n as&iacute; adquirida a todos los dem&aacute;s. Existe algo llamado c&iacute;rculo, cuyo nombre es precisamente la palabra que acabo de enunciar. Viene en segundo lugar su definici&oacute;n, compuesta de nombres y predicado: "lo equidistante por todas partes desde los extremos al centro", ser&iacute;a la definici&oacute;n de lo que se llama "redondo", "circunferencia" y "c&iacute;rculo". En tercer lugar la figura que se dibuja y se borra de nuevo, se traza en giro y se destruye; pero nada de esto le sucede al c&iacute;rculo mismo, al cual se refieren todas estas representaciones, en cuanto es algo distinto de ellas. Lo cuarto es el conocimiento, la inteligencia y la recta opini&oacute;n acerca de estos objetos. : todo ello ha de considerarse como una sola cosa que reside no en las palabras ni en las figuras de los cuerpos, sino en las almas; por lo que resulta evidente que es algo distinto tanto de la naturaleza del c&iacute;rculo mismo como de los tres elementos anteriormente citados. De todos estos elementos, el que m&aacute;s se aproxima al quinto por afinidad y semejanza es la inteligencia; los otros est&aacute;n m&aacute;s lejos de &eacute;l... Adem&aacute;s los primeros intentan mostrar la cualidad de cada cosa, no menos que su esencia vali&eacute;ndose de algo tan d&eacute;bil como es la palabra, <b>teniendo esto en cuenta ninguna persona inteligente se arriesgar&aacute; a confiar sus pensamientos a este d&eacute;bil medio de expresi&oacute;n, sobre todo cuando ha de quedar fijado, cual es el caso de la palabra escrita</b>... Decimos tambi&eacute;n que el nombre de los objetos no es una cosa fija en modo alguno para ninguno de ellos, y que nada impide que las cosas ahora llamadas redondas sean llamadas rectas y las rectas, redondas; su valor significativo no ser&aacute; menos consistente para los que hacen el cambio y las llaman por los nombres contrarios"<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>.    </ol></font>      <p>Conclusi&oacute;n para plat&oacute;n: El lenguaje es un instrumento humano que pretende imitar la esencia de las cosas, pero que termina tergiversando la realidad. Un ejercicio de correcci&oacute;n de nombres ser&iacute;a complejo y dif&iacute;cil, por lo cual es preferible arregl&aacute;rselas directamente con la esencia de las cosas. El lenguaje es un obst&aacute;culo para conocer la verdad, por lo cual debe ser descartado. Algunos comentaristas critican el Cr&aacute;tilo por no lograr una soluci&oacute;n definitiva al asunto principal de este di&aacute;logo: &iquest;es el lenguaje natural o convencional? Sin embargo, ning&uacute;n de ellos tiene en mente las conclusiones de Plat&oacute;n en la carta s&eacute;ptima, acerca de la imposibilidad del lenguaje para ser el veh&iacute;culo perfecto para conocer la naturaleza de las cosas; por eso no es tan trascendental el hecho de que fracase cualquier intento de definir el lenguaje como natural o convencional.</p>      <p>Un caso similar de escepticismo frente al lenguaje lo encontramos en Gorgias de Leontini. Pero hay que tener mucho cuidado al compararlo con Plat&oacute;n, pues aunque los dos concuerdan en que el lenguaje no comunica la verdad, ni la esencia de las cosas, Plat&oacute;n considera que existe una tal esencia y que es posible (s&oacute;lo posible, no necesario) un lenguaje perfecto. Por el contrario, Gorgias es un nihilista ontol&oacute;gico y epistemol&oacute;gico. La &uacute;nica sentencia suya que al respecto se conserva dice: "Nada existe; si existiera no se podr&iacute;a conocer; si se conociera no se podr&iacute;a comunicar". No existe el ser; si este llegara a existir, no se podr&iacute;a conocer; y si existiera y se pudiera conocer, jam&aacute;s podr&iacute;amos comunicarlo.</p>      <p><b>2.1. La verdad y la falsedad en el lenguaje</b></p>      <p>El Cr&aacute;tilo tiene como objetivo la correcci&oacute;n de los nombres, con lo cual pretende dirimir la disputa entre el naturalismo o convencionalismo del lenguaje. No obstante, lo que se entiende aqu&iacute; por el t&eacute;rmino lenguaje es simplemente el nombrar <a name="ima11"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i11.jpg">, inclusive un poco difuso, y dejando de lado otros fen&oacute;menos del lenguaje como la proposici&oacute;n, el razonamiento y otros que en la modernidad se han analizado.</p>      <p>Bajo la denominaci&oacute;n del nombrar, Plat&oacute;n abarca dos sustantivos que aparecen ambiguos en el dialogo: (onoma) <a name="ima9"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i9.jpg"> y <a name="ima32"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i32.jpg"><a name="ima23"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i23.jpg">, los cuales han sido traducidos por los gram&aacute;ticos como sustantivo y verbo respectivamente, pero que para Plat&oacute;n no es una distinci&oacute;n clara a&uacute;n. <a name="ima9"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i9.jpg">, como queda claro a trav&eacute;s del ejercicio etimol&oacute;gico de gran parte del texto, hace referencia en general a palabra, sin importar su naturaleza morfol&oacute;gica y gramatical, es decir, que dentro de ella se incluyen los nombres propios, los sustantivos y cualquier sujeto de la predicaci&oacute;n. Por su parte, <a name="ima23"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i23.jpg"> hace referencia a las frases o uni&oacute;n de dos elementos, no necesariamente en proposiciones.<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup> S&oacute;lo en el Sofista 262&ordf; lo definir&aacute; como verbo.</p>      <p>El Cr&aacute;tilo, entonces, siendo un di&aacute;logo intermedio, no tiene una idea completa del fen&oacute;meno del lenguaje, y lo reduce al nombrar. En di&aacute;logos posteriores, sobre todo el Teetetes y el Sofista, Plat&oacute;n aclara mejor su postura. Esto se evidencia en el trato que da a las proposiciones (logoi): mientras que en el Cr&aacute;tilo no hac&iacute;a gran diferencia entre ellas y los nombres, en los di&aacute;logos posteriores va a establecer unos criterios claros que las diferencian.</p>      <p>En el Cr&aacute;tilo, Plat&oacute;n considera el lenguaje como una estructura compuesta de partes, todas ellas con significado; as&iacute; lo demuestra en la parte etimol&oacute;gica, pues para hacer la correcci&oacute;n de nombres debe descender hasta las &uacute;ltimas partes de los nombres y establecer sus significados. En &uacute;ltimo lugar se encuentran las letras, y ellas deben poseer un significado natural que le aportan a las palabras que componen. No obstante, los resultados obtenidos no son muy satisfactorios, pues en muchos casos se encontrar&iacute;an contradicciones de sentido, o p&eacute;rdida del significado. La idea, por tanto, que subsiste en este proceder es que despu&eacute;s de las letras, elementos simples del lenguaje, todo, incluidos los nombres, es compuesto.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta postura lleva a Plat&oacute;n a considerar que las caracter&iacute;sticas, en especial la verdad y la falsedad de las proposiciones, era propia tambi&eacute;n de los nombres. Postura que corregir&aacute; en los di&aacute;logos posteriores y que luego de Arist&oacute;teles ser&aacute; asumida por toda la tradici&oacute;n: el lugar de la verdad es s&oacute;lo la proposici&oacute;n. <sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup></p></p>      <p>No obstante, en el Cr&aacute;tilo mantendr&aacute; Plat&oacute;n la postura de la verdad y falsedad de los nombres. El argumento que utiliza para sostener esto es el siguiente: Si las proposiciones (logoi) pueden ser verdaderas o falsas, los nombres <a name="ima24"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i24.jpg"> como partes de las proposiciones, son tambi&eacute;n susceptibles de ser verdaderas o falsas.<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup> Esto es lo que ha sido objetado luego por Plat&oacute;n mismo. Sin embargo, no es del todo err&oacute;neo, ni ingenuo si se tiene en cuenta la postura ya explicada del Cr&aacute;tilo en la que la unidad sem&aacute;ntica se lleva hasta las letras.</p>      <p>La verdad o falsedad son propias de la proposici&oacute;n debido a que ella une o compone dos conceptos simples. Si la uni&oacute;n que establece la proposici&oacute;n existe realmente, la proposici&oacute;n es verdadera, de lo contrario es falsa. Para ello debe considerarse al nombre (sustantivos y verbos) como la unidad m&iacute;nima sem&aacute;ntica; es el elemento m&aacute;s simple que puede tener significado. Pero Plat&oacute;n consider&oacute; en primera instancia que los nombres estaban compuestos por otro elementos m&aacute;s simples que ten&iacute;an sentido; por lo cual, la verdad o falsedad que Plat&oacute;n buscaba como prueba del naturalismo en los nombres era la misma de la uni&oacute;n de sus componentes. La gran mayor&iacute;a de etimolog&iacute;as dadas en el Cr&aacute;tilo se resuelven a trav&eacute;s de una proposici&oacute;n, es decir, el nombre es una proposici&oacute;n en s&iacute; misma. Por ejemplo, 'hombre', el que reflexiona sobre lo que ha visto <a name="ima25"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i25.jpg"> :<a name="ima26"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i26.jpg"> <a name="ima27"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i27.jpg">). Por ello la verdad o falsedad de los nombres depende para Plat&oacute;n de la propiedad con que su poseedor lo asuma. El hombre es un nombre verdadero, pues esa es la esencia de su poseedor, pero tambi&eacute;n puede ser falso, como en el caso de Herm&oacute;genes, quien ni es hijo de Hermes, ni es poseedor de la elocuencia propia de los hijos de este. (383b; 384c) De este modo, lleg&oacute; incluso a analizar las letras, diciendo que la rho significa movimiento y fluidez (426c-e) y la delta, reposo, quietud.</p>      <p>Sin embargo, aunque se clarifique que la verdad o falsedad pertenecen exclusivamente a las proposiciones, descartando los nombres por ser unidades sem&aacute;nticas simples, esto implica un problema mayor para Plat&oacute;n. Si se sostiene que la verdad o falsedad pertenecen a las proposiciones, Plat&oacute;n, dado el an&aacute;lisis que ha hecho del lenguaje, cae en la dificultad de creer que s&oacute;lo la verdad puede adjudic&aacute;rsele, mientras que ninguna proposici&oacute;n podr&iacute;a ser susceptible de falsedad. Esta dificultad ha sido llamada por Crombie como 'La Paradoja de la Opini&oacute;n Falsa'<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup> y consiste en afirmar que es imposible que existan proposiciones falsas, debido a que toda proposici&oacute;n se refiere a algo, todos los elementos de la proposici&oacute;n se refieren a entidades que son, todas se refieren a algo real, por lo tanto todas ellas son verdaderas. En cambio, las proposiciones falsas se referir&iacute;an al no-ser, el cual "no puede ser nombrado ni caracterizado (Parm. 142&ordf;; Sof. 237c-d; Crat. 433b).</p>      <p>En esta paradoja se ve envuelto Plat&oacute;n desde los primeros di&aacute;logos,<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup> para reaparecer con fuerza en dos di&aacute;logos posteriores (Teeteto y Sofista) en los que no s&oacute;lo replantear&aacute; la cuesti&oacute;n sino que intentar&aacute; una soluci&oacute;n definitiva. La paradoja, si se aceptara como verdadera, presenta varias dificultades que Plat&oacute;n no est&aacute; dispuesto a aceptar y que por tanto tiene que combatir. En primer lugar, implicar&iacute;a que toda opini&oacute;n es verdadera, por lo cual cualquier persona podr&iacute;a opinar sobre cualquier asunto y aunque sus proposiciones fuesen contradictorias, ambas ser&iacute;an verdaderas; esto implicar&iacute;a aceptar la postura de Prot&aacute;goras seg&uacute;n la cual el Hombre es la medida de todas las cosas. En segundo lugar, derivada de esta consecuencia, Plat&oacute;n se percata que de aceptar aquella paradoja se tendr&iacute;a que aceptar que los Sofistas pueden seguir haci&eacute;ndose pasar como los poseedores del conocimiento de cualquier ciencia o disciplina –sin darse cuenta que asumir la postura de Prot&aacute;goras implica que no hay nadie m&aacute;s sabio que otros, pues todos poseen proposiciones verdaderas-.</p>      <p>El problema ontol&oacute;gico de esta paradoja surge de la creencia de que en las proposiciones falsas se habla de cosas que no son, lo cual, desde Parm&eacute;nides, ha quedado establecido como una imposibilidad, pues del no-ser no es posible pensar, ni decir nada. En el Sofista se encuentra Plat&oacute;n con este problema, al definir a este como una persona que afirma falsedades, es decir, que todo lo que dice son cosas que no son. Por lo tanto, a Plat&oacute;n s&oacute;lo le quedan s&oacute;lo dos posibilidad, rendirse ante los sofistas y decir que todas sus afirmaciones por contradictorias y absurdas que sean son verdaderas, o contradecir a Parm&eacute;nides, su padre filos&oacute;fico, y decir que el no-ser puede ser dicho de alguna manera. Plat&oacute;n comete el parricidio y admite que es posible que el no-ser sea de alguna manera, y que pueda ser pensado y dicho de alguna manera. No entraremos en todos los pormenores de esta discusi&oacute;n ontol&oacute;gica, pero concluiremos que, al aceptar que el no-ser existe, Plat&oacute;n podr&aacute; identificar inmediatamente el discurso falso como posible, de igual modo que el verdadero. El logos, la proposici&oacute;n, habla sobre algo, si se habla de ese algo tal cual es, ese logos es verdadero; si se habla de algo que no es como si fuera, ese logos es falso.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup></p></p>      <p><b>3. Utilidad del lenguaje: la postura de Arist&oacute;teles frente a sus antecesores y su visi&oacute;n propia</b></p>      <p>En el <i>Cr&aacute;tilo</i> no se tiene una referencia directa al lenguaje como un instrumento de comunicaci&oacute;n o de cohesi&oacute;n social, a pesar de que lo intuye en el pasaje 388b, donde S&oacute;crates afirma que "con los nombres nos ense&ntilde;amos algo mutuamente". Sin embargo esta es una sentencia aislada del texto, en el que no vuelve a ver una preocupaci&oacute;n real sobre la utilidad del lenguaje, sino sobre el conocimiento de las esencias absolutas. La funci&oacute;n social del lenguaje ser&aacute; una preocupaci&oacute;n de Arist&oacute;teles, quien quit&aacute;ndole la responsabilidad de ser el veh&iacute;culo del conocimiento verdadero, puede ver en &eacute;l sus funciones comunicativas.</p>      <p>Las conclusiones negativas acerca del lenguaje, emanadas del an&aacute;lisis plat&oacute;nico, podr&iacute;an haber ocasionado desm&eacute;rito o desinter&eacute;s posteriores. No obstante, Arist&oacute;teles posee un inter&eacute;s muy particular por el lenguaje, aunque es claro que su camino es muy diferente al de su maestro. No le interesa pensar demasiado acerca del origen del lenguaje, pues f&aacute;cilmente luego de los argumentos de Dem&oacute;crito y de Plat&oacute;n, toma la postura convencionalista; as&iacute; lo dice directamente en <i>Sobre la Interpretaci&oacute;n</i>, sin detenerse a argumentar sobre ello: "nombre, pues es un sonido significativo por convenci&oacute;n <a name="ima28"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i28.jpg">"<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup>.</p>      <p>Pero esto para &eacute;l no es una caracter&iacute;stica negativa del lenguaje, sino que precisamente es lo que lo hace valioso por ser una creaci&oacute;n &uacute;nica y exclusivamente humana. Le servir&aacute; inclusive para definir la esencia propia de lo humano; el hombre es el animal que tiene lenguaje. De ah&iacute; tambi&eacute;n descubre una caracter&iacute;stica del lenguaje que sus antecesores pasaron por alto: el lenguaje es el mejor instrumento de comunicaci&oacute;n que tenemos los humanos y lo que determina nuestra esencia.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el primer libro de la <i>Pol&iacute;tica</i>, Arist&oacute;teles afirma que la mayor comunidad de la cual el hombre puede hacer parte es la polis; en ella el hombre cumple el mayor fin para el que existe, ser feliz; fuera de ella el hombre pierde toda oportunidad de llevar a cabo sus potencialidades, incluso dice que sin polis el hombre ser&iacute;a una bestia o un dios. Siendo la polis la totalidad m&aacute;xima a la que el hombre se une, Arist&oacute;teles ve en ello algo completamente natural y necesario. &iquest;C&oacute;mo es posible esto en el hombre? y &iquest;c&oacute;mo puede hacerlo de una forma diferente a otro tipo de animales que tambi&eacute;n convivenen comunidades? El Estagirita formula estas preguntas y las contesta del siguiente modo:</p>  <font size=2 face=verdana> <ol>El porqu&eacute; sea el hombre un animal pol&iacute;tico, m&aacute;s a&uacute;n que las abejas y todo otro animal gregario, es evidente. La naturaleza, seg&uacute;n hemos dicho no hace nada en vano; ahora bien, el hombre es entre los animales es el &uacute;nico que tiene logos. La voz es se&ntilde;al de pena y de placer, y por esto se encuentra en los dem&aacute;s animales (cuya naturaleza ha llegado hasta el punto de tener sensaciones de pena y placer y comunicarlas entre s&iacute;). Pero el logos est&aacute; para hacer patente lo provechoso y lo nocivo, lo mismo que lo justo y lo injusto; y lo propio del hombre con respecto a los dem&aacute;s animales es que &eacute;l s&oacute;lo tiene la percepci&oacute;n de lo bueno y de lo malo, de lo justo y de los injusto y de otras cualidades semejantes, y la participaci&oacute;n com&uacute;n en estas percepciones es lo que constituye la familia y la ciudad.<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup></p>    </ol></font>      <p>El hombre difiere de otros animales gregarios por tener logos. Esta es la principal caracter&iacute;stica humana; lo cual implica que lo que entendamos por logos ser&aacute; de suma importancia. Pero en esto radica una gran dificultad, pues ella denota m&uacute;ltiples cosas en diversos autores griegos, desde Her&aacute;clito quien le da la connotaci&oacute;n de Inteligencia Universal del cual depende el mundo, hasta los ret&oacute;ricos griegos que lo asumen como discurso; adem&aacute;s, a lo largo de la tradici&oacute;n filos&oacute;fica se ha entendido por ella lo que los medievales tradujeron como Raz&oacute;n, lo cual le ha valido la fama a Arist&oacute;teles de ser el padre de la famosa definici&oacute;n de hombre como animal racional. En este breve p&aacute;rrafo de la <i>Pol&iacute;tica</i> se asume que el logos sirve para hacer manifestar lo provechos y nocivo, lo bueno y lo malo, percepciones que s&oacute;lo puede hacer el hombre. El logos es el veh&iacute;culo con el cual el hombre manifiesta las afecciones que est&aacute;n en su alma; se diferencia adem&aacute;s de la simple voz, que la tienen tambi&eacute;n los animales.</p>      <p>En <i>Sobre la Interpretaci&oacute;n</i>, Arist&oacute;teles complementa un poco m&aacute;s esto dando un panorama general del lenguaje. El hombre, como los animales, es capaz de expresar por medio de la voz <a name="ima29"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i29.jpg"> las afecciones que hay en su alma. Pero, sus afecciones van m&aacute;s all&aacute; del simple dolor o placer, por ello necesita una forma m&aacute;s sofisticada de manifestarlas, por ello emplea nombres <a name="ima30"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i30.jpg"> y logos. Estos no son meros sonidos como la voz, sino que son portadores de significados. "Nombre es un sonido significativo por convenci&oacute;n sin indicar tiempo y ninguna de cuyas partes es significativa por separado".<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup> El nombre es la m&aacute;s simple unidad de significado y sus partes por separado no significan nada. Con esta sencilla afirmaci&oacute;n, Arist&oacute;teles refuta el sue&ntilde;o plat&oacute;nico de ir hasta las letras como unidades de significado.</p>      <p>El logos, por su parte, es "Un sonido significativo, cualquiera de cuyas partes es significativa por separado".<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup> Este es entonces la uni&oacute;n de dos nombres, y la forma en que se unen es a trav&eacute;s de la c&oacute;pula o verbo ser. Logos es, por tanto, para Arist&oacute;teles lo que la tradici&oacute;n ha denominado Juicio o proposici&oacute;n. Dentro del concepto de l&oacute;gos incluye todo tipo de enunciados, como la plegaria o el mandato; pero el principal de todos estos enunciados es el denominado por &eacute;l como <i>logos apophantikos</i> o asertivo, el cual tiene como principal caracter&iacute;stica ser el &uacute;nico susceptible de verdad o falsedad. Este <i>logos apophantikos</i> consiste en afirmar o negar algo de algo. Con esto tambi&eacute;n da por concluido la pol&eacute;mica plat&oacute;nica acerca del lugar de la verdad, estableciendo que s&oacute;lo existe en el <i>logos apophantikos</i>; ni la voz, ni el nombre, ni otros tipos de enunciados son susceptibles de verdad o falsedad.</p>      <p>A pesar de afirmar que la verdad se encuentra en el <i>logos apophantikos</i>, a Arist&oacute;teles no le interesa interrogar al lenguaje sobre su pertinencia para alcanzar el conocimiento. Encuentra que el lenguaje es el instrumento que permite la comunicaci&oacute;n entre los hombres, y que gracias a &eacute;l podemos llegar a establecernos en una comunidad como la polis, &uacute;nica en la que el hombre podr&aacute; ser feliz, lo cual es su principal finalidad en la vida. A su vez, podr&iacute;a decirse que el lenguaje es a pesar de todo, el mejor medio para la ciencia. Por lo tanto, para Arist&oacute;teles es de sumo inter&eacute;s identificar las caracter&iacute;sticas de ese instrumento (gram&aacute;tica y sintaxis) e identificar las reglas de juego con las cuales funciona (l&oacute;gica).</p>      <p>Describir cu&aacute;les fueron los an&aacute;lisis y avances que hizo sobre cada uno de estos saberes es una empresa amplia y no es pertinente para este trabajo. Baste con decir que sus primeros an&aacute;lisis gramaticales como por ejemplo la clasificaci&oacute;n de los tipos de palabras (v.g. diferenciar un verbo de un sustantivo) fue la base para todos los an&aacute;lisis posteriores que llevaron a los gram&aacute;ticos alejandrinos a hacer de la gram&aacute;tica toda una ciencia.<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup> Sus avances en el an&aacute;lisis de las relaciones entre los tipos <i>logos apophantikos</i> lo llev&oacute; hasta la consolidaci&oacute;n del cuadro de contradicci&oacute;n y las tablas de verdad. El an&aacute;lisis de la relaciones entre estas proposiciones para indicar la deducci&oacute;n v&aacute;lida que pueden hacer le vali&oacute; establecer el sistema completo de la silog&iacute;stica categ&oacute;rica y colocar las bases de la silog&iacute;stica modal.<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup> Con ello, aport&oacute; las herramientas que la ciencia demostrativa necesitaba para hacer m&aacute;s s&oacute;lidos sus razonamientos, pero tambi&eacute;n con el an&aacute;lisis de los tipos diversos de argumentaci&oacute;n inaugur&oacute; un estudio sistem&aacute;tico de la ret&oacute;rica<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup> e identific&oacute; las falacias o paralogismos.<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup></p></p>   <hr> <font face="verdana" size=2>      <p><b>Pie de P&aacute;gina</b></p>      <p> <sup><a href="#nu1">1</a><a name="num1"></a></sup> <i>Cf</i>. Lled&oacute; E. <i>Filosof&iacute;a y Lenguaje</i>. Barcelona. Ariel. 1995. p. 10.    <br>  <sup><a href="#nu2">2</a><a name="num2"></a></sup> <i>Cf</i>. Proclo. <i>In Platonis Cratylum commentaria</i>. 10. 13-19.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a href="#nu3">3</a><a name="num3"></a></sup> <i>Ib&iacute;dem</i>. 16. 1-22.    <br>  <sup><a href="#nu4">4</a><a name="num4"></a></sup> En griego, la palabra justicia <a name="ima11"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i13.jpg">, no deriva ning&uacute;n tipo de palabra cercana y sencillamente como el ejemplo anterior a este. En su lugar, el verbo y el adjetivo se forman sin el sufijo final <a name="ima31"><img src="img/revistas/pafi/n29/n29a03i31.jpg">.    <br>  <sup><a href="#nu5">5</a><a name="num5"></a></sup> Proclo. <i>Op. Cit</i>. 16. 23- 36.    <br>  <sup><a href="#nu5">6</a><a name="num6"></a></sup> Esta cita es una par&aacute;frasis del texto citado del Cr&aacute;tilo, toma de: Blasco, J. L., Grimaltos, T. & S&aacute;nchez, D. <i>Signo y Pensamiento. Una introducci&oacute;n filos&oacute;fica a los problemas del lenguaje</i>. Ariel: Barcelona, p.20.    <br>  <sup><a href="#nu7">7</a><a name="num7"></a></sup> <i>Cf</i>. Lled&oacute; E. Op Cit. p. 26.    <br>  <sup><a href="#nu8">8</a><a name="num8"></a></sup> <i>Cf</i>. Plat&oacute;n. <i>Sofista</i>. 240e; 258b-c    <br>  <sup><a href="#nu9">9</a><a name="num9"></a></sup> <i>Cf</i>. Plat&oacute;n. <i>Prot&aacute;goras</i>. 320d.    <br>  <sup><a href="#nu10">10</a><a name="num10"></a></sup> Para esta divisi&oacute;n de las artes confr&oacute;ntese Sofista 265a ss    <br>  <sup><a href="#nu11">11</a><a name="num11"></a></sup> Plat&oacute;n. Carta VII. 342&ordf; 7- 343b 5.    <br>  <sup><a href="#nu12">12</a><a name="num12"></a></sup> <i>Cf</i>. Plat&oacute;n. <i>Cr&aacute;tilo</i>. 399 a-b; 421b.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a href="#nu13">13</a><a name="num13"></a></sup> Arist&oacute;teles. <i>Categor&iacute;as</i>. 4. 2&ordf; 7-10.    <br>  <sup><a href="#nu14">14</a><a name="num14"></a></sup> Plat&oacute;n. <i>Cr&aacute;tilo</i>. 385 b-c.    <br>  <sup><a href="#nu15">15</a><a name="num15"></a></sup> <i>Cf</i>. Crombie, I.M. <i>An&aacute;lisis de las Doctrinas de Plat&oacute;n</i>. Alianza. Vol II. p. 482-493.    <br>  <sup><a href="#nu16">16</a><a name="num16"></a></sup> <i>Cf</i>. Plat&oacute;n. Rep&uacute;blica. 478 d 3-c1; Eutidemo 283-7; Cr&aacute;tilo 430-1.    <br>  <sup><a href="#nu17">17</a><a name="num17"></a></sup> <i>Cf</i>. Plat&oacute;n. <i>Sofista</i>. 260 a-d.    <br>  <sup><a href="#nu18">18</a><a name="num18"></a></sup> Arist&oacute;teles. <i>Sobre La Interpretaci&oacute;n</i>. 16&ordf; 19.    <br>  <sup><a href="#nu19">19</a><a name="num19"></a></sup> Arist&oacute;teles. <i>Pol&iacute;tica</i>. 1253&ordf;7-18.    <br>  <sup><a href="#nu20">20</a><a name="num20"></a></sup> Arist&oacute;teles. <i>Sobre la Interpretaci&oacute;n</i>. 16&ordf;19-21.    <br>  <sup><a href="#nu21">21</a><a name="num21"></a></sup> <i>Ib&iacute;dem</i>. 16b 26-27.    <br>  <sup><a href="#nu22">22</a><a name="num22"></a></sup> Adem&aacute;s de las m&uacute;ltiples referencias mezcladas con elementos de l&oacute;gica que hace Arist&oacute;teles en varios de sus tratados, v&eacute;ase especialmente el primer esbozo particular de una gram&aacute;tica que hace en la Po&eacute;tica al hablar de la Lexis como parte fundamental de los dramas.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a href="#nu23">23</a><a name="num23"></a></sup> Trabajo presentado en los <i>Anal&iacute;ticos primeros y segundos</i>.    <br>  <sup><a href="#nu24">24</a><a name="num24"></a></sup> La <i>Ret&oacute;rica</i> es el tratado principal, pero tambi&eacute;n hay contribuciones en los T&oacute;picos.    <br>  <sup><a href="#nu25">25</a><a name="num25"></a></sup> Como es mostrado en las <i>Refutaciones Sofistas</i>.    <br>  </font>      ]]></body>
</article>
