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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[TEORÍAS DE LA CONCIENCIA]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p>    <center><font size=4 face="verdana"><b>TRADUCCI&Oacute;N</b></font></center></p>  <hr>      <p>    <center><font size=4 face="verdana"><b>TEOR&Iacute;AS DE LA CONCIENCIA</b>*</font></center></p>      <p>    <center><font size=2 face=verdana><b>Uriah Kriegel</b></font></center></p>      <p>    <center><font face="verdana" size="2">Traducci&oacute;n:    <br> <b>Carlos M. Mu&ntilde;oz-Su&aacute;rez</b>    <br> Universidad del Valle    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Universidad Icesi</font></center></p>      <p><font size=2 face="verdana">* Originalmente en Uriah Kriegel &#91;2006&#93;: "Consciousness, Theories of", <i>Philosophy Compass</i>; 1/1; pp. 58- 64.</font></p>  <hr>  <font size=3 face="verdana">      <p>La conciencia fenom&eacute;nica es la propiedad que los estados, sucesos y procesos mentales poseen cuando, y s&oacute;lo cuando, hay algo que es como algo para el sujeto que los posee; para experimentarlos o estar en tales estados. Hay algo que es como oler caf&eacute; reci&eacute;n preparado. Tener la experiencia de oler caf&eacute; reci&eacute;n preparado es un estado fenom&eacute;nicamente conciente. Com&uacute;nmente, qu&eacute; es algo como tener una experiencia conciente refiere al <i>car&aacute;cter fenom&eacute;nico</i> de las experiencias. Las teor&iacute;as de la conciencia intentan explicar &eacute;ste car&aacute;cter fenom&eacute;nico.</p>      <p>En primera instancia, por lo general, estas teor&iacute;as se dividen en <i>fisicistas</i> y <i>anti fisicistas</i>. Las teor&iacute;as fisicistas intentan explicar la conciencia fenom&eacute;nica en t&eacute;rminos (micro) f&iacute;sicos. Las teor&iacute;as anti-fisicistas afirman que esto es imposible. Tal vez una divisi&oacute;n m&aacute;s fundamental radique en distinguirlas entre teor&iacute;as <i>reduccionistas</i> y <i>no reduccionistas</i>. Las teor&iacute;as reduccionistas intentan explicar el car&aacute;cter fenom&eacute;nico en t&eacute;rminos no fenom&eacute;nicos; las teor&iacute;as no reduccionistas no. Actualmente permanece abierta la pregunta por si los t&eacute;rminos fenom&eacute;nicos relevantes pueden ser explicados en t&eacute;rminos (micro) f&iacute;sicos.</p>      <p>A pesar de que gran parte del trabajo filos&oacute;fico se ha concentrado en las teor&iacute;as reduccionistas, tambi&eacute;n se ha dedicado otro tanto a las teor&iacute;as noreduccionistas, afirmando que la conciencia no puede ser reductivamente explicada en t&eacute;rminos no fenom&eacute;nicos; una teor&iacute;a no reduccionista trata a la conciencia fenom&eacute;nica como un rasgo <i>fundamental</i> del mundo, por lo tanto, considera que existen (al menos) dos clases de rasgos fundamentales en el mundo: los f&iacute;sicos y los fenom&eacute;nicos, es por esta raz&oacute;n que este tipo de perspectiva es conocida como <i>dualismo</i> (de la palabra latina para "dos").    <p>      <p>Como se se&ntilde;alo, los rasgos fundamentales no pueden ser explicados en t&eacute;rminos de otros rasgos. Por consiguiente, si la conciencia fenom&eacute;nica es fundamental, posiblemente no puede ser explicada en t&eacute;rminos no fenom&eacute;nicos; sin embargo, esto no significa que no podamos tener una teor&iacute;a acerca de la conciencia fenom&eacute;nica. Se podr&iacute;a teorizar acerca de la conciencia fenom&eacute;nica especificando las leyes de la naturaleza que gobiernan las interacciones causales (o de otro tipo) de los sucesos fenom&eacute;nicos (i) entre ellos mismos y (ii) con estados no fenom&eacute;nicos. Tal especificaci&oacute;n constituir&iacute;a una explicaci&oacute;n de la conciencia fenom&eacute;nica sin intentar reducirla a algo no fenom&eacute;nico (Chalmers, 1996, 2002).</p>      <p>Las teor&iacute;as reduccionistas buscan identificar un rasgo aparentemente no fenom&eacute;nico de los estados mentales y explicar la conciencia en t&eacute;rminos de este rasgo. En consecuencia, muchos proceden a explicar los rasgos no fenom&eacute;nicos relevantes en t&eacute;rminos puramente (micro) f&iacute;sicos; el resultado es conocido como <i>fisicismo</i>. Tradicionalmente, para ser reduccionistas se ha apelado a dos clases de rasgos: <i>los funcionales y los representacionales</i>. Tambi&eacute;n, tradicionalmente, se ha asumido que los rasgos relevantes funcionales y representacionales son susceptibles al tratamiento fisicista.</p>      <p>Los estados mentales poseen causas y efectos t&iacute;picos. Por ejemplo, un sentimiento de tristeza podr&iacute;a ser causado por un da&ntilde;o emocional y generar una salida de compras desenfrenada. El rol funcional de un estado mental est&aacute; dado por un subgrupo de todas las causas y efectos t&iacute;picos de dicho estado. El <i>funcionalismo</i> es una teor&iacute;a que intenta explicar el car&aacute;cter fenom&eacute;nico de los estados concientes en t&eacute;rminos de sus roles funcionales (V&eacute;ase: Dennett, 1981, 1991; Baars, 1988, 1997; tambi&eacute;n es posible interpretar las teor&iacute;as "enactivas" de la conciencia (como en No&euml;, 2004) como una versi&oacute;n sofisticada del funcionalismo).</p>      <p>Los estados mentales, por lo general, representan toda clase de cosas, por ejemplo: la experiencia visual de un arco iris representa el arco iris, su color, su forma etc. El <i>contenido representacional</i> de un estado mental es lo que representa o se pretende representar. El <i>Representacionismo</i> (algunas veces conocido como "Representacionismo de Primer orden", por razones que ser&aacute;n evidentes m&aacute;s adelante) es una teor&iacute;a que intenta explicar el car&aacute;cter fenom&eacute;nico de los estados concientes en t&eacute;rminos de su contenido representacional (Dretske, 1995; Tye, 1995, 2000).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De acuerdo con el <i>representacionismo de orden superior</i>, los estados mentales no son concientes debido a que <i>representen</i>, sino en virtud de que </i>son representados</i>. En otras palabras, son concientes debido a que en s&iacute; mismos son contenidos representacionales de representaciones de orden superior. Por ejemplo: un sentimiento conciente de cosquilleo tras el o&iacute;do implica la percataci&oacute;n del cosquilleo, y tal percataci&oacute;n consiste en que el sentimiento de cosquilleo sea fijado por una representaci&oacute;n de orden superior (Armstrong, 1968; Rosenthal, 1986, 1990, 2002; Lycan, 1996; Carruthers, 2000; Van Gulick, 2001, 2006).</p>      <p>Finalmente, de acuerdo con la <i>teor&iacute;a autorepresentacional</i> (o "autorepresentacionismo"), lo que sea que una experiencia conciente represente siempre se representa tambi&eacute;n a s&iacute; misma y es en virtud de este representarse a s&iacute; misma que es conciente. Desde esta perspectiva, por consiguiente, todos y &uacute;nicamente los estados concientes se <i>auto-representan</i>. Por ejemplo: cuando usted se sienta en la ba&ntilde;era y concientemente observa fijamente los dedos de sus pies, ciertamente est&aacute; percatado de los dedos y (tal vez, de manera m&aacute;s d&eacute;bil) de su experiencia visual de los dedos de los pies. De acuerdo con los autorepresentacionistas, esto se debe a que sus experiencias concientes representan al mismo tiempo los dedos de sus pies y a s&iacute; mismas (Smith, 1986; Kriegel, 2003).</p>      <p>Por lo pronto, realizar&eacute; una breve revisi&oacute;n de los meritos y dem&eacute;ritos de cada una de estas teor&iacute;as. Presentar&eacute; lo que considero la l&iacute;nea m&aacute;s fuerte de argumentaci&oacute;n a favor de y en oposici&oacute;n a cada una de las teor&iacute;as bosquejadas. Para todos los argumentos y contra argumentos existen innumerables objeciones, r&eacute;plicas, respuestas, modificaciones y complicaciones que han sido exploradas a lo largo de la literatura; sin embargo, no tendremos ocasi&oacute;n de discutirlo aqu&iacute;.</p>      <p>El argumento principal <i>a favor del dualismo es el argumento a partir de la concebibilidad de los zombis</i>. Podemos f&aacute;cilmente imaginar, con toda seriedad, criaturas f&iacute;sicamente indistinguibles de nosotros pero no concientes, en el sentido de que carecen de experiencias concientes. Que estos "zombis" sean efectivamente posibles podr&iacute;a significar que nuestra conciencia es algo "extra", algo por encima o por debajo de todos los hechos f&iacute;sicos acerca de nosotros. Podr&iacute;amos haber sido exactamente los mismos f&iacute;sicamente y a&uacute;n carecer de conciencia. (V&eacute;ase: Chalmers, 1996. Para otro argumento clave, v&eacute;ase: Jackson, 1982).</p>      <p>El argumento principal <i>contra el dualismo</i> es el <i>argumento de la eficacia causal</i>. La acusaci&oacute;n radica en que el dualismo implica la tesis de que los estados concientes no tienen poder para afectar el dominio f&iacute;sico. La idea es que el dominio de lo f&iacute;sico es "causalmente cerrado" (todo suceso f&iacute;sico est&aacute; completamente causado por otro suceso f&iacute;sico) y, por consiguiente, sobre la afirmaci&oacute;n de que los sucesos f&iacute;sicos probablemente no son causados sistem&aacute;ticamente por dos tipos independientes de causas, se afirma que los sucesos no f&iacute;sicos son carentes de todo tipo de eficacia vis-&agrave;-vis con el dominio f&iacute;sico. Sin embargo, esta consecuencia es demasiado contraintuitiva: ciertamente cuando decido concientemente levantar mi brazo parece que mi decisi&oacute;n conciente causa el subsiguiente movimiento del brazo (Kim, 1989, 2001).</p>      <p>El argumento principal a <i>favor del fisicismo</i> yace en el hecho de que la ciencia se las ha arreglado, de vez en cuando, para explicar el aparentemente recalcitrante e inicialmente misterioso fen&oacute;meno en t&eacute;rminos puramente (micro) f&iacute;sicos. Ser&iacute;a exagerado destacar a la conciencia (con todo lo dicho y lo hecho) como el &uacute;nico fen&oacute;meno que define esta tendencia (Smart, 1959). Los argumentos <i>contra el fisicismo</i> son, b&aacute;sicamente, los argumentos <i>a favor</i> del dualismo.</p>      <p>Al argumento principal <i>a favor del funcionalismo</i> podemos denominarle "el argumento a partir de lo que siempre deseamos". Por un lado, deseamos creer que no existen fen&oacute;menos no f&iacute;sicos en el mundo; por otro lado, deseamos creer que la conciencia, de alguna manera, es independiente de la materia f&iacute;sica bruta. Esto podr&iacute;a ser el caso si el car&aacute;cter fenom&eacute;nico tan s&oacute;lo fuese rol funcional. Los roles funcionales, en tanto roles, tienen que ser ocupados. Es posible asegurar, por una parte, que el rol funcional que define a la conciencia fenom&eacute;nica pueda ser en principio ocupado por cierto n&uacute;mero de rasgos f&iacute;sicos, de modo que la conciencia sea independiente de (o sea "algo m&aacute;s" que) cualquiera de estos rasgos; por otra parte, que todos los ocupantes posibles de los roles funcionales tengan que ser rasgos f&iacute;sicos y que, en consecuencia, no existan rasgos no f&iacute;sicos en el mundo (Putnam, 1967).</p>      <p>El argumento principal <i>contra el funcionalismo</i> radica en que podemos imaginar casos en los que (i) el rol funcional correcto no se encuentra acompa&ntilde;ado de car&aacute;cter fenom&eacute;nico, o (ii) que el mismo rol funcional est&eacute; acompa&ntilde;ado por diferentes caracteres fenom&eacute;nicos. De este modo, podemos imaginar (i) una naci&oacute;n gigante cuyos ciudadanos interact&uacute;en de modo que imiten las interacciones funcionales de las neuronas en el cerebro, sin que dicha naci&oacute;n tenga experiencias concientes (en tanto que naci&oacute;n), y (ii) dos personas cuyo espectro de color ha sido completamente invertido, de modo que uno experimenta verde donde otro experimenta rojo: ya que las relaciones comparativas entre sus respectivas experiencias son exactamente las mismas, sus experiencias tienen exactamente el mismo rol funcional (Block, 1978; Shoemaker, 1975).</p>      <p>El argumento principal <i>a favor del representacionismo</i> es el <i>argumento por la transparencia</i>. Considere la experiencia visual de un computador que se encuentra frente a usted. Si intentase quitar su atenci&oacute;n del computador y centrarla en su experiencia, encontrar&aacute; que el &uacute;nico rasgo de su experiencia que puede detectar es su contenido representacional: detectar&aacute; que eso es una experiencia <i>de un computador</i>. En otras palabras, cuando examina su propia experiencia del mundo no puede m&aacute;s que ver el mundo completamente a trav&eacute;s de esta (como si la experiencia fuese en s&iacute; misma transparente). Suponer que el car&aacute;cter fenom&eacute;nico de sus experiencias concientes, no obstante, es distinto de su contenido representacional equivale a suponer que nos encontramos bajo una ilusi&oacute;n masiva en cuanto al car&aacute;cter fenom&eacute;nico de nuestras experiencias concientes. Frente a eso, esto &uacute;ltimo parece implausible (Harman, 1990; Tye, 2000).</p>      <p><i>Contra el representacionismo</i>, al igual que con el funcionalismo, se han ofrecido numerosos argumentos como contra-ejemplos (Peacocke, 1983; Block, 1990), a pesar de esto, todos son relativamente intransigentes; no obstante, existe un argumento mejor cimentado. Cualquier objeto o rasgo del mundo, presumiblemente, puede ser representado conciente o inconcientemente. A&uacute;n el representacionismo, por su insistencia en que la diferencia entre estados fenom&eacute;nicamente concientes y estados que no lo son radica en aquello que representan (su contenido representacional), est&aacute; comprometido con la existencia de objetos o rasgos que &uacute;nicamente se dan en s&iacute; mismos para la representaci&oacute;n conciente. Este compromiso es mucho m&aacute;s implausible (Kriegel, 2002; Chalmers, 2004).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El argumento principal <i>a favor del representacionismo de orden superior</i> parte de la observaci&oacute;n de que los estados concientes son estados de cuya posesi&oacute;n nos encontramos percatados. La noci&oacute;n de un estado conciente del que el sujeto no se encuentra de ning&uacute;n modo percatado parece una contradicci&oacute;n terminol&oacute;gica. Por supuesto, lo que hace que un estado mental sea conciente es que se est&aacute; percatado de dicho estado de la forma correcta, ya que &uacute;nicamente hay algo como estar en un estado <i>para el sujeto</i> cuando dicho estado mental es representado por &eacute;l. Ahora bien, estar percatado de algo es cuesti&oacute;n de tener una representaci&oacute;n de aquello de lo que se est&aacute; percatado (estar percatado de un &aacute;rbol implica tener una representaci&oacute;n del &aacute;rbol). As&iacute;, la percataci&oacute;n del sujeto de su estado conciente es cuesti&oacute;n de tener una representaci&oacute;n de tal estado; se sigue, entonces, que lo que hace a un estado mental conciente es que el sujeto que lo posee tiene una representaci&oacute;n de orden superior de dicho estado (Lycan, 2001; Rosenthal, 2002).</p>      <p>El argumento principal <i>contra el representacionismo de orden superior es el argumento a partir de la carencia de objeto</i> &#91;target&#93; <i>de las representaciones de orden superior</i>. Tanto las representaciones de orden superior como sus contrapartes de primer orden pueden representar incorrectamente. Adem&aacute;s, no s&oacute;lo pueden representar incorrectamente las <i>propiedades</i> de sus objetos &#91;targets&#93;, sino tambi&eacute;n su <i>existencia</i>. Del representacionismo de orden superior se sigue que la falta de objeto de las representaciones de orden superior da como resultado una impresi&oacute;n subjetiva de estar en un estado conciente, sin realmente estarlo. Absurdamente, esto significa que no hay un estado conciente en el que el sujeto se encuentre pero que hay algo que es como algo para tal sujeto en ese momento. De acuerdo con esto, suponga que una persona tiene una representaci&oacute;n de orden superior, de modo que siente el sabor del chocolate blanco. Esta persona no tiene la sensaci&oacute;n de sabor de algo; de acuerdo con el representacionismo de orden superior, esta persona no tiene ning&uacute;n tipo de experiencia conciente, a&uacute;n cuando le parece como si as&iacute; fuese. En otras palabras, la persona no es conciente pero se encuentra bajo la impresi&oacute;n de que lo es. Esto suena absurdo (Byrne, 1997; Neander, 1998; Levine, 2001).</p>      <p>El argumento principal <i>a favor del auto-representacionismo</i> presenta la forma de un dilema. Los estados concientes son estados de los que nos encontramos percatados y, por ende, nos representan a nosotros mismos como teni&eacute;ndolos; sin embargo, un estado conciente puede ser representado o (i) por una representaci&oacute;n de orden superior o (ii) por s&iacute; mismo. Ya que (i) conlleva los problemas presentados en el argumento a partir de la carencia de objeto de las representaciones de orden-superior, y a que estos son evadidos por (ii), entonces, deber&iacute;amos aceptar (ii). Si un estado mental es conciente en virtud de ser representado por s&iacute; mismo, no puede ser que dicho estado sea representado como existente cuando de hecho no existe; ya que si dicho estado no hubiese existido ser&iacute;a incapaz de representarse a s&iacute; mismo (o, para el caso, a cualquier otra cosa). El resultado final es que la &uacute;nica forma de preservar la idea de que los estados concientes son estados de los cuales estamos percatados, sin ser victimas de los problemas de la carencia de objeto de las representaciones de orden superior, radica en asegurar que los estados son autorepresentados y que, por consiguiente, auto-representan (Kriegel, 2003).</p>      <p>El argumento principal <i>contra el autorepresentacionismo</i> concierne a la noci&oacute;n de autorepresentaci&oacute;n. Algunas veces esta noci&oacute;n es considerada como incoherente, ininteligible o inconsistente por parte de las doctrinas aceptadas acerca de la representaci&oacute;n. De este modo, parece esencial a la noci&oacute;n de representaci&oacute;n que halla una distinci&oacute;n entre lo que est&aacute; siendo representado y aquello que ejerce el representar; sin embargo, tal distinci&oacute;n no podr&iacute;a aplicarse al caso de la autorepresentaci&oacute;n. En el mismo sentido, parece que la representaci&oacute;n requiere, al menos, de una m&iacute;nima relaci&oacute;n causal entre lo representado y el representante; sin embargo, nada puede establecer una relaci&oacute;n causal consigo mismo. Para muchos, el principal atractivo de las explicaciones representacionistas de la conciencia radica en que pavimentan el camino para el fisicismo, esto se debe a que se piensa que la representaci&oacute;n sucumbir&aacute; a la explicaci&oacute;n puramente f&iacute;sica presentada mayoritariamente en t&eacute;rminos de informaci&oacute;n-te&oacute;rica. No obstante, a&uacute;n no queda claro, en un sentido no trivial, cu&aacute;les elementos se pueden identificar como acarreando informaci&oacute;n acerca de s&iacute; mismos (Levine, 2001, 2006).</p>      <p>El debate sobre los m&eacute;ritos y dem&eacute;ritos de las diversas teor&iacute;as de la conciencia no est&aacute; cerca de ser resuelto, tampoco es posible regular la emergencia de nuevos contendores en la escena. Probablemente, en la medida en que el debate se intensifique ser&aacute; m&aacute;s y m&aacute;s t&eacute;cnico, sobre incrementando el contacto con el trabajo emp&iacute;rico en ciencias cognitivas. La persistente insatisfacci&oacute;n en la comunidad filos&oacute;fica con respecto a las teor&iacute;as existentes acerca de la conciencia sugiere que no es probable que el debate se desarrolle &uacute;nicamente en un nivel t&eacute;cnico.</p>  <hr>      <p><b>Referencias Bibliogr&aacute;ficas</b></p>      <!-- ref --><p>Armstrong, D. M. &#91;1968&#93;: <i>A Materialist Theory of the Mind</i>, New York, Humanities Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0120-4688200900020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Baars, B. &#91;1988&#93;: <i>A Cognitive Theory of Consciousness</i>, Cambridge, Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S0120-4688200900020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Baars, B. &#91;1997&#93;: <i>In the Theater of Consciousness: The Workspace of the Mind</i>, Oxford y New York, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S0120-4688200900020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Block, N. J. &#91;1978&#93;: "Troubles with Functionalism", <i>Minnesota Studies in the Philosophy of Science</i>, 9, pp. 261- 325.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000042&pid=S0120-4688200900020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Block, N. J. &#91;1990&#93;: "Inverted Earth", <i>Philosophical Perspective</i>, 4, pp. 52- 79.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0120-4688200900020001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Byrne, A. &#91;1997&#93;: "Some Like It HOT: Consciousness and Higher Order Thoughts", <i>Philosophical Studies</i>, 86, pp. 103- 29.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000044&pid=S0120-4688200900020001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Carruthers, P. &#91;2000&#93;: <i>Phenomenal Consciousness</i>, Cambridge, Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0120-4688200900020001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Chalmers, D. J. &#91;1996&#93;: <i>The Conscious Mind</i>, Oxford y New York, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000046&pid=S0120-4688200900020001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Chalmers, D. J. &#91;2002&#93;: "Consciousness and Its Place in Nature" en D. J. Chalmers (ed.) <i>Philosophy of Mind</i>, Oxford y New York, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0120-4688200900020001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Chalmers, D. J. &#91;2004&#93;: "The Representational Character of Experience" en B. Leiter (ed.) <i>The Future for Philosophy</i>, Oxford, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0120-4688200900020001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dennett, D. C. &#91;1981&#93; "Towards a Cognitive Theory of Consciousness" en <i>Brainstorms</i>, Brighton, Harvester.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0120-4688200900020001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dennett, D. C. &#91;1991&#93;: <i>Consciousness Explained</i>, Boston, MA, Little Brown.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0120-4688200900020001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Dretske, F. I. &#91;1995&#93;: <i>Naturalizing the Mind</i>, Cambridge, MA, MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0120-4688200900020001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Harman, G. &#91;1990&#93;: "The Intrinsic Quality of Experience", <i>Philosophical Perspectives</i>, 4, pp. 31- 52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0120-4688200900020001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jackson, F. C. &#91;1984&#93;: "Epiphenomenal Qualia", <i>Philosophical Quarterly</i>, 34, pp. 147- 52.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-4688200900020001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kim, J. &#91;1989&#93;: "Mechanism, Purpose, and Explanatory Exclusion", <i>Philosophical Perspectives</i>, 3, pp. 77- 108.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0120-4688200900020001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kim, J. &#91;2001&#93;: "Lonely Souls: Causality and Substance Dualism," en K. Corcoran (ed.) <i>Soul, Body and Survival: Essays in the Metaphysics of Human Persons</i>, Ithaca, Cornell University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0120-4688200900020001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kriegel, U. &#91;2002&#93;: "PANIC Theory and the Prospects for a Representational Theory of Phenomenal Consciousness", <i>Philosophical Psychology</i>, 15, pp. 55- 64.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0120-4688200900020001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Kriegel, U. &#91;2003&#93;: "Consciousness as Intransitive Self-Consciousness: Two Views and an Argument", <i>Canadian Journal of Philosophy</i>, 33, pp. 103-32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-4688200900020001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Levine, J. &#91;2001&#93;: <i>Purple Haze: The Puzzle of Consciousness</i>, Oxford y New York, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0120-4688200900020001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Levine, J. &#91;2006&#93;: "Conscious Awareness and (Self-)Representation", en U. Kriegel y K.Williford (eds.) <i>Self-Representational Approaches to Consciousness</i>, Cambridge, MA: MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0120-4688200900020001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lycan,W. G. &#91;1996&#93;: <i>Consciousness and Experience</i>, Cambridge, MA, MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0120-4688200900020001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lycan, W. G. &#91;2001&#93;: "A Simple Argument for a Higher-Order Representation Theory of Consciousness", <i>Analysis</i>, 61, pp. 3- 4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0120-4688200900020001200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Neander, K. &#91;1998&#93;: "The Division of Phenomenal Labor: A Problem for Representational Theories of Consciousness", <i>Philosophical Perspectives</i>, 12, pp. 411- 434.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0120-4688200900020001200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>No&euml;, A. &#91;2004&#93;: <i>Action in Perception</i>, Cambridge, MA, MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0120-4688200900020001200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Peacocke, C.A. B. &#91;1983&#93;: <i>Sense and Content</i>, Oxford, Clarendon.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-4688200900020001200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Putnam, H. &#91;1967&#93;: "The Nature of Mental States", originalmente publicado como "Psychological Predicates" en W. H. Capitan y D. D. Merrill (ed.) <i>Art, Mind, and Religion</i>. Reimpreso en D. M. Rosenthal (ed.) <i>The Nature of Mind</i>, Oxford, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0120-4688200900020001200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rosenthal, D. M. &#91;1986&#93;: "Two Concepts of Consciousness", <i>Philosophical Studies</i>, 94, pp. 329- 359.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-4688200900020001200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rosenthal, D. M. &#91;1990&#93;: "A Theory of Consciousness", <i>ZiF Technical Report</i>, 40, Bielfield, Germany. Reimpreso en &#91;1997&#93;: N. J. Block, O. Flanagan y G. Guzeldere (eds.) <i>The Nature of Consciousness: Philosophical Debates</i>, Cambridge, MA, MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-4688200900020001200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Rosenthal, D. M. &#91;2002&#93;: "Explaining Consciousness" en D. J. Chalmers (ed.) <i>Philosophy of Mind</i>, Oxford y New York, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-4688200900020001200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Shoemaker, S. &#91;1975&#93;: "Functionalism and Qualia", <i>Philosophical Studies</i>, 27, pp. 291- 315.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-4688200900020001200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Smart, J. J. C. &#91;1959&#93;: "Sensations and Brain Processes", <i>Philosophical Review</i>, 68, pp. 141- 156.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-4688200900020001200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Smith, D.W. &#91;1986&#93;: "The Structure of (Self-)Consciousness", <i>Topoi</i>, 5, pp. 149- 156.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-4688200900020001200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Smith, D.W. &#91;1989&#93;: <i>The Circle of Acquaintance</i>, Dordrecht, Kluwer Academic Publishers.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-4688200900020001200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tye, M. &#91;1995&#93;: <i>Ten Problems of Consciousness</i>, Cambridge, MA, MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-4688200900020001200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tye, M. &#91;2000&#93;: <i>Consciousness, Color, and Content</i>, Cambridge, MA, MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-4688200900020001200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Van Gulick, R. &#91;2001&#93;: "Inward and Upward - Reflection, Introspection, and Self- Awareness", <i>Philosophical Topics</i>, 28, pp. 275- 305.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-4688200900020001200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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