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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LEY NATURAL Y DETERMINACIÓN DEL DERECHO POSITIVO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper tries to show the nature of the determinatio. The classical iusnaturalism is conceived of as one of the ways to derive human law from natural law, especially as the mode of derivation from positive law or simply legal law. Although Aquinas and the Scholastics refiect on this issue, they don't specify the procedure nor method of determination. As a result, further study of the way to create justice and law is pertinent.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>LEY NATURAL Y DETERMINACI&Oacute;N DEL DERECHO POSITIVO</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Natural Law and Determination of Positive Law</b></font></p>      <p align="center"><b><i>Sebasti&aacute;n Contreras</i></b>    <br> Universidad de los Andes (Chile)    <br> <a href="mailto:sca@uc.cl">sca@uc.cl</a></p>      <p>Recibido: junio 2011 aprobado: octubre 2011</p>  <hr>      <p><b><i>RESUMEN</i></b></p>      <p>El presente trabajo intenta mostrar la naturaleza de la <i>determinatio</i>. El iusnaturalismo cl&aacute;sico la concibe como uno de los modos de derivarse la ley humana desde la ley natural, especialmente como el modo de derivaci&oacute;n del derecho positivo o simplemente legal. Si bien Santo Tom&aacute;s y los escol&aacute;sticos tratan este problema, no detallan, sin embargo, el procedimiento y modalidad de la determinaci&oacute;n. De ah&iacute; que nos parezca pertinente el estudio de este modo de crearse el derecho y la ley.</p>      <p><b>Palabras clave</b>: <i>determinatio</i>, ley positiva, derecho positivo, derecho natural.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>ABSTRACT</i></b></p>      <p>This paper tries to show the nature of the <i>determinatio</i>. The classical iusnaturalism is conceived of as one of the ways to derive human law from natural law, especially as the mode of derivation from positive law or simply legal law. Although Aquinas and the Scholastics refiect on this issue, they don't specify the procedure nor method of determination. As a result, further study of the way to create justice and law is pertinent.</p>      <p><b>Key words</b>: <i>determinatio</i>, positive law, positive just, natural law (or natural just).</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Planteamiento</b></font></p>      <p>El orden jur&iacute;dico se compone tanto de normas de justicia natural como de normas de derecho positivo o civil; e incluso de normas que son en parte naturales y en parte convencionales, por ejemplo: en la norma que atribuye una sanci&oacute;n al homicidio, se distingue claramente un trasfondo natural, cual es el reconocimiento de la maldad del acto de matar injustamente, y un elemento convencional, por el que el legislador particular establece una serie de especificaciones al precepto natural que proh&iacute;be el homicidio, convirti&eacute;ndolo en un "el que mate a otro ser&aacute; castigado con tales penas en tales circunstancias."<a name="nu1"></a><a href="#num1"><sup>1</sup></a></p>      <p>Pese a esto, lo que nos interesa m&aacute;s directamente no es la manera en que esas normas naturales y civiles<a name="nu2"></a><a href="#num2"><sup>2</sup></a> son, de hecho, parte integrante de una misma disposici&oacute;n, como en el caso de la norma penal que sanciona el homicidio, sino la distinta naturaleza de las reglas del derecho civil y las normas del derecho natural, aunque, sobre todo, la manera en como son creadas las normas del derecho positivo a partir de una serie de principios evidentes y de justicia universal, es decir, lo que en la teor&iacute;a del derecho se conoce con el nombre de "determinaci&oacute;n" o "especificaci&oacute;n" de la ley natural.</p>      <p>En este sentido, a pesar de que en el orden jur&iacute;dico se encuentran, de hecho, correlacionadas, lo cierto es que las normas naturales son distintas de las reglas de justicia convencional. En el primer caso, se trata de un conjunto de preceptos indemostrables que proceden del instinto de la naturaleza,<a name="nu3"></a><a href="#num3"><sup>3</sup></a> y que dan cuenta de una justicia y equidad evidentes.<a name="nu4"></a><a href="#num4"><sup>4</sup></a> En el segundo caso, por el contrario, se trata de normas que dependen del parecer humano, y que, "por lo mismo, no son ni universales ni inmutables, sino, a la inversa, mudables y limitadas en cuanto a su &aacute;mbito de validez temporal y territorial."<a name="nu5"></a><a href="#num5"><sup>5</sup></a> Por esta raz&oacute;n, a diferencia de lo que sucede con las normas de justicia legal (o convencional), las normas del derecho natural no son artefactos humanos; su fuerza obligatoria es independiente de su positivaci&oacute;n por parte de la autoridad.<a name="nu6"></a><a href="#num6"><sup>6</sup></a></p>      <p>Ahora bien, es cierto que el ordenamiento jur&iacute;dico es un todo compuesto de preceptos naturales y de reglas de derecho positivo, e incluso de normas que podr&iacute;amos identificar como mixtas (en parte naturales y en parte positivas); pero que el orden jur&iacute;dico sea un todo compuesto por normas de distinta naturaleza no significa que sea un sistema l&oacute;gicamente coherente, sin lagunas ni ambig&uuml;edades, y que es capaz de prever las respuestas jur&iacute;dicas a todas las situaciones sociales relevantes.<a name="nu7"></a><a href="#num7"><sup>7</sup></a> &Eacute;sta es la interpretaci&oacute;n del positivista, que aqu&iacute; no suscribimos, donde el derecho (todo el derecho) se identifica con la ley creada por la autoridad. All&iacute; no existen verdades universales, ni tampoco principios normativos independientes del parecer humano; s&oacute;lo es derecho el derecho legal.</p>      <p>Esto no es as&iacute; para el iusnaturalista. Precisamente porque el orden jur&iacute;dico dice relaci&oacute;n con las acciones humanas (con su reglamentaci&oacute;n), y puesto que las acciones humanas se sit&uacute;an en el &aacute;mbito de lo contingente, no es posible dar respuesta <i>prima facie </i>a todas y cada una de las controversias jur&iacute;dicas que puedan present&aacute;rsele al juez, por ejemplo. Por esto es que la regulaci&oacute;n de los casos, tal como ocurren por lo general, se entrega a la ley; aunque siempre es posible dar cabida a la equidad, que es una suerte de justicia singularizadora<a name="nu8"></a><a href="#num8"><sup>8</sup></a> o del caso concreto, y que existe porque la ley no es lo justo sino s&oacute;lo por accidente.<a name="nu9"></a><a href="#num9"><sup>9</sup></a></p>      <p>Esto muestra que en el orden jur&iacute;dico s&iacute; es posible el reconocimiento de unos principios de justicia suprapositivos (o no escritos<a name="nu10"></a><a href="#num10"><sup>10</sup></a>), que representan una justicia objetiva y v&aacute;lida incondicionadamente,<a name="nu11"></a><a href="#num11"><sup>11</sup></a> y que puede ser aplicada directamente por la autoridad en los casos en que el sistema legal no sea suficiente para resolver con justicia el conflicto de derechos. Son estos principios los que imprimen racionalidad a las determinaciones y resoluciones humanas; &eacute;stas "no implican un concepto absoluto de cosa debida o indebida";<a name="nu12"></a><a href="#num12"><sup>12</sup></a> es m&aacute;s: su existencia depende &uacute;nicamente de su mayor conveniencia o utilidad para la consecuci&oacute;n del bien com&uacute;n.<a name="nu13"></a><a href="#num13"><sup>13</sup></a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se entiende, de esta manera, c&oacute;mo es que la ciencia jur&iacute;dica toma los principios de sus razonamientos desde la ley natural,<a name="nu14"></a><a href="#num14"><sup>14</sup></a> lo que no significa que la creaci&oacute;n de las normas positivas sea un puro encadenamiento logicista entre esos principios naturales y las normas finales resultantes. En la determinaci&oacute;n, distinto de lo que sucede en la idea positivista de la aplicaci&oacute;n deductiva de las normas,<a name="nu15"></a><a href="#num15"><sup>15</sup></a> existe un verdadero ejercicio poi&eacute;tico-prudencial por parte de la autoridad; es decir, la determinaci&oacute;n consiste en un mecanismo de construcci&oacute;n del derecho que no s&oacute;lo tiene un aspecto productivo, que es la creaci&oacute;n de la norma (o la dictaci&oacute;n de una sentencia, por ejemplo), sino, sobre todo, un elemento fron&eacute;tico, que dice relaci&oacute;n con la b&uacute;squeda del bien en el caso concreto y con la conducci&oacute;n de los s&uacute;bditos a la perfecci&oacute;n moral y la felicidad com&uacute;n.</p>      <p>Por esta raz&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de la pura correcci&oacute;n formal en el procedimiento de creaci&oacute;n del derecho o la ley, lo que realmente interesa en la determinaci&oacute;n es "la integraci&oacute;n de los elementos racionales que van m&aacute;s all&aacute; del mero razonamiento formal". Porque, en efecto, "saber qu&eacute; es lo justo &#91;&hellip;&#93; en un caso concreto no se obtiene &uacute;nicamente a trav&eacute;s de un procedimiento de deducci&oacute;n silog&iacute;stica a partir de unas normas jur&iacute;dicas previamente establecidas, sino que requiere un proceso de deliberaci&oacute;n prudencial, medio por el cual la raz&oacute;n pr&aacute;ctica determina el derecho en un caso concreto."<a name="nu16"></a><a href="#num16"><sup>16</sup></a></p>      <p>As&iacute;, la exigencia de contar con una l&oacute;gica jur&iacute;dica no agota el razonamiento pr&aacute;ctico, "justamente en cuanto no es provisorio de una correcci&oacute;n sustancial o material de las premisas utilizadas en una argumentaci&oacute;n de este tipo."<a name="nu17"></a><a href="#num17"><sup>17</sup></a> Esto sucede, porque la determinaci&oacute;n, tal como la entendemos ac&aacute;, consiste, no en una aplicaci&oacute;n deductiva de las normas y principios de justicia, sino en una actividad racional que configura el derecho en los casos concretos (sea una ley, una sentencia o un contrato, por ejemplo), y a partir de unos supuestos de hecho que deben ser ponderados por la autoridad (condiciones geogr&aacute;ficas, culturales, paso del tiempo, etc.) en base a unos principios de justicia universal que otorgan validez y racionalidad a las decisiones del legislador, de las partes o del juez, o de cualquiera otro que lleve a cabo la tarea de positivaci&oacute;n de esos principios naturales.<a name="nu18"></a><a href="#num18"><sup>18</sup></a></p>      <p>Con todo, a pesar de que la ley y el derecho no sean lo mismo, en tanto que la ley es s&oacute;lo una cierta raz&oacute;n del derecho,<a name="nu19"></a><a href="#num19"><sup>19</sup></a> el proceso de determinaci&oacute;n de la ley natural y del derecho natural son id&eacute;nticos: porque sea que se trate del proceso de creaci&oacute;n del derecho civil a partir del derecho natural, o del procedimiento de especificaci&oacute;n de las normas (leyes) positivas desde las normas naturales, en ambos casos lo que intenta la autoridad es reducir la tensi&oacute;n entre la universalidad de los principios de justicia natural y la contingencia y cambio de las circunstancias particulares de la comunidad de que se trate. Es decir, sea que se trate de normas positivas o de convenciones, en uno y otro caso lo que hace la autoridad es traducir esos principios de la raz&oacute;n natural en derecho vigente. Es acerca de este proceso de construcci&oacute;n del derecho o la ley positiva que trata el presente trabajo,<a name="nu20"></a><a href="#num20"><sup>20</sup></a> para el cual hemos decidido la siguiente estructura: (i) necesidad del derecho positivo o civil; (ii) naturaleza de la determinaci&oacute;n; (iii) criterios para reconocer una determinaci&oacute;n o norma de justicia legal; (iv) consideraciones finales.</p>      <p><font size="3"><b>Necesidad del derecho positivo o civil</b></font></p>      <p>Pese a que la ley natural se encuentra perfectamente adecuada a la naturaleza del hombre, no se halla, sin embargo, completamente conformada a la condici&oacute;n del hombre que vive aqu&iacute; y ahora;<a name="nu21"></a><a href="#num21"><sup>21</sup></a> por eso debe ser determinada por lo justo legal o positivo, porque la ley natural se refiere tan s&oacute;lo a los contornos de la acci&oacute;n, no a sus particularidades.<a name="nu22"></a><a href="#num22"><sup>22</sup></a></p>      <p>Esto significa que los preceptos de la ley natural son de tal manera generales, que por eso necesitan de alguna especificaci&oacute;n;<a name="nu23"></a><a href="#num23"><sup>23</sup></a> por ejemplo: es una exigencia clara de la raz&oacute;n natural que en una gran comunidad haya funcionarios, jueces y soldados; "que haya un determinado orden y procedimiento penal; que para ciertos delitos haya tambi&eacute;n determinadas penas. Igualmente es necesario que los miembros de la sociedad colaboren a la conservaci&oacute;n del todo mediante contribuciones, impuestos, prestaciones personales, etc. Pero lo que en cada caso es necesario, seg&uacute;n las exigencias del momento, c&oacute;mo y cu&aacute;ndo y d&oacute;nde y por qui&eacute;n han de ser prestadas, no est&aacute; determinado por la ley moral natural, sino que es misi&oacute;n del poder p&uacute;blico competente."<a name="nu24"></a><a href="#num24"><sup>24</sup></a></p>      <p>En este sentido, adem&aacute;s de ser necesaria por la generalidad e indeterminaci&oacute;n de los preceptos naturales, la determinaci&oacute;n existe porque hay materias que no est&aacute;n mandadas por la ley natural, sino que dependen de la prudencia del legislador<a name="nu25"></a><a href="#num25"><sup>25</sup></a> (y de la conveniencia o inconveniencia de su regulaci&oacute;n en raz&oacute;n del bien com&uacute;n particular). Esto no quiere decir que la autoridad tenga poder como para imponer una injusticia o una arbitrariedad; las normas positivas, para ser obligatorias, deben incorporar en sus disposiciones la justicia de la ley natural, porque son los principios naturales los que legitiman e imprimen racionalidad a las determinaciones del legislador.</p>      <p>Por esta raz&oacute;n, a pesar de que las determinaciones de la autoridad no sean lo justo sino s&oacute;lo accidentalmente,<a name="nu26"></a><a href="#num26"><sup>26</sup></a> al menos deben contener la justicia de los principios morales (siendo unas derivaciones de su verdad y justicia<a name="nu27"></a><a href="#num27"><sup>27</sup></a>). Luego, y precisamente porque esas determinaciones contienen y no representan la justicia natural, son mudables y contingentes por definici&oacute;n. Se entiende, por esto, que la autoridad pol&iacute;tica, respecto de sus propias determinaciones, deba actuar como un m&eacute;dico que se va de viaje, pero que ha dejado claras instrucciones entre sus pacientes: "si &eacute;l regresa antes de lo esperado y encuentra que el estado de un paciente ha cambiado, no vacilar&aacute; en anular sus propias instrucciones anteriores."<a name="nu28"></a><a href="#num28"><sup>28</sup></a> As&iacute; ser&aacute; el actuar del legislador, el cual modificar&aacute; sus propias leyes y las costumbres de su pueblo cuando le parezca adecuado para la consecuci&oacute;n del bien social.</p>      <p>Esta variabilidad de las leyes positivas se debe a que las determinaciones no se encuentran en una relaci&oacute;n directa e inmediata con los principios naturales;<a name="nu29"></a><a href="#num29"><sup>29</sup></a> s&oacute;lo se vinculan con ellos por causa de la racionalidad y justicia de sus disposiciones, y no porque sus contenidos dependan o se deriven teorem&aacute;ticamente de la justicia natural. Es esto lo que explica que "lo justo y lo bueno no sea lo mismo en todos los sitios y para todos",<a name="nu30"></a><a href="#num30"><sup>30</sup></a> porque, tal como las medidas del vino y del grano no son iguales en todas partes, sino que donde se compran son mayores y donde se venden son menores,<a name="nu31"></a><a href="#num31"><sup>31</sup></a> as&iacute; tambi&eacute;n "lo que no es naturalmente justo sino establecido por los hombres no es lo mismo en todas partes, como en todas partes no es el mismo el castigo que se impone al robo."<a name="nu32"></a><a href="#num32"><sup>32</sup></a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En definitiva, y justamente porque la ley natural no es suficiente para la regulaci&oacute;n de la vida moral y pol&iacute;tica, se requiere de un proceso prudencial de creaci&oacute;n del derecho por parte de la autoridad. Este proceso de creaci&oacute;n de las normas positivas, conocido como "determinaci&oacute;n" o "especificaci&oacute;n", tiene como resultado una serie disposiciones cuya justicia y racionalidad dependen en &uacute;ltimo t&eacute;rmino de su nivel de conformidad o disconformidad con los preceptos naturales. Tales determinaciones son obligatorias, y son fundamentales para el buen gobierno de la comunidad.<a name="nu33"></a><a href="#num33"><sup>33</sup></a> A menos que se tratara de un hombre que tuviese una condici&oacute;n especial para no estar sujeto a las leyes de los hombres, todos debemos someternos a la autoridad del Estado. Como esta situaci&oacute;n es imposible de hallarla, debemos escoger la ordenaci&oacute;n de la ley, a pesar de que las leyes traten &uacute;nicamente de las generalidades, sin hacer referencia a todos y cada uno de los casos.<a name="nu34"></a><a href="#num34"><sup>34</sup></a></p>      <p><font size="3"><b>Naturaleza de la determinaci&oacute;n</b></font></p>      <p>Los preceptos naturales, dada su generalidad, no son suficientes para la regulaci&oacute;n de la vida moral y pol&iacute;tica; la raz&oacute;n pr&aacute;ctica debe, por consiguiente, llegar a soluciones m&aacute;s concretas partiendo de las exigencias indeterminadas de la ley natural.<a name="nu35"></a><a href="#num35"><sup>35</sup></a> Por este motivo, sin una tarea de determinaci&oacute;n de las normas naturales (que, como ya se ha dicho, son indefectiblemente generales), cualquiera norma de justicia legal o convenci&oacute;n ser&iacute;a radicalmente imperfecta, justamente porque se dejar&iacute;a de atender a los elementos que hacen posible el cumplimiento aqu&iacute; y ahora de lo preceptuado por la raz&oacute;n natural.</p>      <p>Se muestra, de esta manera, la necesidad de la determinaci&oacute;n de la ley natural, cuyo procedimiento se asemeja a lo que sucede con las artes, donde unas formas comunes como "casa" o "puerta", deben concretarse en una casa o puerta en particular, con especificaciones que ciertamente se derivan de la idea general, pero que podr&iacute;an haber sido m&aacute;s o menos diferentes en muchos aspectos, y que por lo tanto exigen del artista una multitud de elecciones tendientes a dar concreci&oacute;n a esa forma com&uacute;n o idea general.<a name="nu36"></a><a href="#num36"><sup>36</sup></a></p>      <p>Esto mismo sucede en el derecho. Porque esas formas comunes que llamamos principios naturales de justicia, deben ser especificados para una sociedad particular (Chile o Venezuela, por ejemplo), "seg&uacute;n las necesidades y caracter&iacute;sticas de cada sociedad, y tambi&eacute;n seg&uacute;n las opiniones o preferencias del legislador."<a name="nu37"></a><a href="#num37"><sup>37</sup></a> Por esta raz&oacute;n, las diferencias que se dan en esta tarea de determinar los principios naturales son muy grandes de una sociedad a otra, "y dependen de las costumbres, la psicolog&iacute;a de los pueblos y de muchos otros factores contingentes":<a name="nu38"></a><a href="#num38"><sup>38</sup></a> de la lengua, de la cultura, de las condiciones geogr&aacute;ficas, etc.; en general, de la realidad concreta en la que se da la conducta y accionar de los hombres.<a name="nu39"></a><a href="#num39"><sup>39</sup></a></p>      <p>De acuerdo con esto, la tarea del legislador no puede entenderse sencillamente como una mera traslaci&oacute;n de los principios de la raz&oacute;n natural a una sociedad particular; esto ser&iacute;a tanto como pensar la tarea legislativa como una simple aplicaci&oacute;n teorem&aacute;tica de las normas naturales. Lo que hace la autoridad (en lo que podr&iacute;amos llamar una actividad t&oacute;pica<a name="nu40"></a><a href="#num40"><sup>40</sup></a>) es traducir esos principios universales de justicia a un derecho propio y espec&iacute;fico de una comunidad pol&iacute;tica, o, lo que es lo mismo, convertir esos preceptos naturales de justicia en derecho vigente.</p>      <p>En este sentido, bien puede afirmarse que las determinaciones de la autoridad son derivaciones de las normas naturales; pero que sean unas "derivaciones" de la ley natural, no significa que sean unas puras aplicaciones deductivas de los principios naturales. Esto porque en la determinaci&oacute;n no existe deducci&oacute;n alguna; la especificaci&oacute;n de las normas de justicia natural es un problema de prudencia y no de geometr&iacute;a legal. Quiz&aacute; por eso no sea tan sencillo hablar de una "derivaci&oacute;n" de la ley positiva desde la ley natural en este caso, ya que la idea misma de "derivaci&oacute;n" parece estar fuertemente cargada de un aspecto deductivo.</p>      <p>Sin embargo, sucede que "derivaci&oacute;n" significa ac&aacute;, no "derivaci&oacute;n del contenido de la norma" (como en el caso de la derivaci&oacute;n por conclusi&oacute;n, que da origen a las normas del derecho de gentes), sino "derivaci&oacute;n de la fuerza de obligar", lo que se traduce en que toda ley civil toma su fuerza obligatoria de su conformidad con la ley natural, aunque la causa eficiente de esa norma sea directamente la voluntad de los hombres. Supuesto eso, los principios de la ley natural se hacen siempre presentes en la creaci&oacute;n de las convenciones o leyes civiles, porque esos principios no s&oacute;lo justifican el ejercicio de la autoridad; sobre todo explican la fuerza obligatoria de las normas positivas.<a name="nu41"></a><a href="#num41"><sup>41</sup></a></p>      <p>Por lo tanto, lo que se deriva no son los contenidos de las normas civiles o positivas; lo que se deriva es la racionalidad de esas convenciones o normas de justicia legal, sin la cual f&aacute;cilmente podr&iacute;an ser identificadas como puros abusos de poder por parte de la autoridad. De esta manera, no existe un encadenamiento axiom&aacute;tico entre las normas naturales y las convenciones o normas positivas; el proceso de creaci&oacute;n del derecho es ineludiblemente dependiente de la contingencia y variaci&oacute;n de las circunstancias de la comunidad pol&iacute;tica. Por esto es que la determinaci&oacute;n no equivale a la b&uacute;squeda de una &uacute;nica explicaci&oacute;n determinada y completa para todo lo que ha acontecido y va a acontecer, por muy inusual que esto sea.<a name="nu42"></a><a href="#num42"><sup>42</sup></a> Porque tal es la contingencia que envuelve al proceso de determinaci&oacute;n, que, de hecho, no siempre existe una raz&oacute;n para que el contenido de una ley sea X en vez de Y, por ejemplo.<a name="nu43"></a><a href="#num43"><sup>43</sup></a></p>      <p>Una consecuencia de esta derivaci&oacute;n de la ley positiva desde la ley natural es el hecho de que los preceptos de justicia convencional deben sujetarse a lo dispuesto por las normas naturales. Es decir, estos preceptos de justicia natural son los que dan sentido y racionalidad a las determinaciones del legislador. Y es m&aacute;s, en alguna medida son como el esqueleto del razonamiento legal.<a name="nu44"></a><a href="#num44"><sup>44</sup></a> As&iacute;, cualquiera norma positiva debe estar conforme con los principios del derecho que se encuentran en la raz&oacute;n natural, que no cambian,<a name="nu45"></a><a href="#num45"><sup>45</sup></a> porque "lo que pertenece a la raz&oacute;n de justicia de ning&uacute;n modo puede variar, como que no se debe robar, que es un hecho injusto."<a name="nu46"></a><a href="#num46"><sup>46</sup></a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se explica, entonces, por qu&eacute; una determinaci&oacute;n que aspira a ser autoritativa a los ojos de un hombre razonable debe ser coherente con las exigencias b&aacute;sicas de la razonabilidad pr&aacute;ctica (o de la ley natural), aunque no tiene por qu&eacute; ser necesariamente, ni siquiera usualmente, la determinaci&oacute;n que &eacute;l mismo habr&iacute;a hecho si hubiera tenido la oportunidad de legislar.<a name="nu47"></a><a href="#num47"><sup>47</sup></a> Lo importante es, por consiguiente, no perder de vista que "el acto de poner el derecho (sea judicial o legislativamente o de cualquier otra forma) es un acto que puede y debe ser guiado por reglas y principios morales",<a name="nu48"></a><a href="#num48"><sup>48</sup></a> a saber, los principios y reglas de la justicia natural.</p>      <p>Ahora bien, dada la contingencia que envuelve al proceso de la determinaci&oacute;n, no es cierto que exista una &uacute;nica respuesta correcta para todas las controversias jur&iacute;dicas,<a name="nu49"></a><a href="#num49"><sup>49</sup></a> o que en cada uno de los asuntos humanos exista una &uacute;nica soluci&oacute;n conforme con el derecho natural. Precisamente porque el derecho reconoce la contingencia de las acciones humanas, a menudo lo justo por naturaleza mantiene un espacio de indeterminaci&oacute;n en raz&oacute;n de su m&aacute;xima generalidad. Por esto es que en la mayor&iacute;a de los casos la autoridad pol&iacute;tica, cuando lleva a cabo su tarea de determinaci&oacute;n, debe decidir entre dos o m&aacute;s alternativas igualmente razonables ante la ley natural, siempre que &eacute;stas sean compatibles con los dict&aacute;menes de la recta raz&oacute;n.</p>      <p>Supuesta esa contingencia en el proceso de determinaci&oacute;n, las decisiones de la autoridad deben irse ajustando a los cambios hist&oacute;ricos y culturales de sus comunidades, de manera que los preceptos naturales sean concretizados en funci&oacute;n de las variaciones hist&oacute;ricas y culturales de las comunidades de que se trate. Esta mutabilidad e historicidad propias del derecho natural (una vez determinado en unas circunstancias particulares de lugar y tiempo), en nada se asemeja a la idea (stammleriana) de una justicia natural de contenido variable. Porque, a pesar de que las normas naturales se especifiquen y determinen en raz&oacute;n del tiempo y de las variaciones culturales de una sociedad particular, no se rompe con la distinci&oacute;n fundamental entre males intr&iacute;nsecos, por una parte, y cosas que son malas s&oacute;lo por la voluntad de los hombres, por otra parte (esto es, con la distinci&oacute;n entre <i>prohibita quia mala </i>y <i>mala quia prohibita</i>). En este sentido, y a diferencia de lo que ocurre con el derecho natural de contenido variable, cuyos principios dependen, al fin y al cabo, del consenso de los hombres, la justicia natural a la que hacemos referencia con la doctrina de la determinaci&oacute;n se mantiene inmutable, al menos en sus principios m&aacute;s universales y evidentes.</p>      <p>Estos principios de justicia natural que sirven de fundamento para la determinaci&oacute;n, no representan una suerte de "opciones compartidas" o un derecho universal pero dependiente del acuerdo y la opini&oacute;n;<a name="nu50"></a><a href="#num50"><sup>50</sup></a> no se trata de unos pocos puntos en los que se debe convenir para iniciar el discurso moral y jur&iacute;dico. Si as&iacute; lo fuera, ya no podr&iacute;a afirmarse que "las mismas cosas son buenas o malas";<a name="nu51"></a><a href="#num51"><sup>51</sup></a> lo verdadero, como lo bueno y lo justo, ser&iacute;an tales, no porque representen la verdad o la justicia de un orden natural (o de la realidad), sino s&oacute;lo por su adecuaci&oacute;n con las elecciones de los hombres y sus costumbres.<a name="nu52"></a><a href="#num52"><sup>52</sup></a> Por esta raz&oacute;n, si esos principios naturales fueran solamente el resultado del acuerdo de los hombres, los padres, por ejemplo, "estar&iacute;an legitimados al ejercicio de la patria potestad no sobre la base de una obligaci&oacute;n natural y en vista de un fin independiente de su voluntad, que regla su obrar, sino si y porque este poder es &laquo;reconocido&raquo; y en la medida y en las formas en que es &laquo;reconocido&raquo;."<a name="nu53"></a><a href="#num53"><sup>53</sup></a></p>      <p>Junto con esto, esos principios de la raz&oacute;n natural son un verdadero l&iacute;mite a la prudencia del legislador, que s&oacute;lo puede ser ejercida leg&iacute;timamente dentro del marco de lo establecido previamente por la ley de la naturaleza. Esto sucede, porque las elecciones o valoraciones de la conducta dirigidas por la prudencia, que es la virtud que modela este proceso de creaci&oacute;n de las normas positivas, "s&oacute;lo pueden hacerse una vez que se han excluido aquellas acciones intr&iacute;nsecamente incorrectas, como el homicidio, el robo o el adulterio; esta exclusi&oacute;n decisiva de los tipos naturalmente incorrectos de acci&oacute;n es lo que forma la parte central de la ley natural."<a name="nu54"></a><a href="#num54"><sup>54</sup></a> S&oacute;lo as&iacute; se explica que, antes de iniciar su tarea de determinaci&oacute;n del derecho natural, el legislador deba excluir de su deliberaci&oacute;n todas las opciones que supongan una violaci&oacute;n directa de las normas morales negativas<a name="nu55"></a><a href="#num55"><sup>55</sup></a> o de los bienes humanos b&aacute;sicos.<a name="nu56"></a><a href="#num56"><sup>56</sup></a></p>      <p>Pero esto no significa que el legislador no pueda ejercer sus potestades con un cierto margen de libertad; al contrario, en el ejercicio de sus potestades legislativas, la autoridad posee una cierta medida de libertad creativa,<a name="nu57"></a><a href="#num57"><sup>57</sup></a> es decir, el legislador puede no s&oacute;lo completar los requerimientos indeterminados de la ley natural, sino, sobre todo, mandar o prohibir una conducta que no haya sido mandada o prohibida por el derecho natural bajo ning&uacute;n respecto. Esto porque si a la autoridad pol&iacute;tica corresponde &uacute;nicamente el castigo de los delitos o la recompensa de lo bueno, sin poder, por ejemplo, prohibir una acci&oacute;n que de suyo sea buena y l&iacute;cita, entonces la importancia del derecho positivo y de las potestades legislativas del Estado se vuelve incontrovertiblemente superfiua. Y es m&aacute;s, si no corresponde a la autoridad la prohibici&oacute;n de que uno se case con su prima, sino solamente el castigo para el caso de que uno se casara con su hermana, entonces no se ve cu&aacute;l sea el alcance real de las potestades humanas en materia legislativa.<a name="nu58"></a><a href="#num58"><sup>58</sup></a></p>      <p>Por consiguiente, las acciones que por su naturaleza no est&aacute;n definidas como justas o injustas, pueden ser o no determinadas por la autoridad, y pueden serlo de un modo o de otro, seg&uacute;n las circunstancias y el juicio que el legislador se forme de &eacute;stas.<a name="nu59"></a><a href="#num59"><sup>59</sup></a> De ah&iacute; que las determinaciones no manden o proh&iacute;ban solamente lo que por naturaleza es bueno o malo, "sino tambi&eacute;n aquellas cosas que no hab&iacute;an sido prohibidas o mandadas de otra manera",<a name="nu60"></a><a href="#num60"><sup>60</sup></a> como cuando se especifica una pena cualquiera, o como cuando se determina una regla acerca del modo en que debe ser juzgada una conducta particular.<a name="nu61"></a><a href="#num61"><sup>61</sup></a></p>      <p>Pese a esto, cuando el legislador regula una materia indiferente al derecho natural y la impone a los ciudadanos, no realiza una constituci&oacute;n radical de su racionalidad o bondad, sino solamente una definici&oacute;n de su car&aacute;cter vinculante y normativo. De ah&iacute; que se diga que las normas positivas proh&iacute;ben &uacute;nicamente "lo que puede ser ocasi&oacute;n de males, o prescriben algo que ordena hacia la virtud."<a name="nu62"></a><a href="#num62"><sup>62</sup></a> En este sentido, s&oacute;lo puede imponerse legalmente un objeto o materia que ya pertenezca a la racionalidad y rectitud humanas, aunque s&oacute;lo se halle incoativamente regulado por lo justo natural. &Eacute;ste es el sentido, ciertamente restringido, de la expresi&oacute;n: "es justo porque as&iacute; lo ha establecido el legislador".<a name="nu63"></a><a href="#num63"><sup>63</sup></a></p>      <p><font size="3"><b>Algunos criterios para reconocer una determinaci&oacute;n</b></font></p>      <p>Se ha llegado a pensar que las normas que establecen la obligaci&oacute;n de indemnizar sin culpa,<a name="nu64"></a><a href="#num64"><sup>64</sup></a> o las que se refieren a la potestad marital,<a name="nu65"></a><a href="#num65"><sup>65</sup></a> o, incluso, las que disponen que se forma una comunidad entre el que realiza de buena fe una obra con materiales ajenos y el due&ntilde;o de esos materiales,<a name="nu66"></a><a href="#num66"><sup>66</sup></a> son todas ellas normas de derecho natural. Hay buenas razones para decir esto. Algo de la justicia natural se encuentra presente en esas normas, porque todas ellas han sido derivadas, de alguna manera, desde la ley natural. Pero esto no significa que deban identificarse como normas puramente naturales; eso ser&iacute;a tanto como desconocer el papel de la <i>adinventio </i>humana en la creaci&oacute;n de la ley y del derecho positivo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por este motivo, y a pesar de que en todos estos casos sea posible reconocer la presencia de un fundamento natural para decidir en un sentido o en otro, lo cierto es que, ni la imposici&oacute;n de una indemnizaci&oacute;n por responsabilidad sin culpa, ni la formaci&oacute;n de una comunidad entre el que realiza la obra y el due&ntilde;o de los materiales, pueden ser consideradas como de derecho natural; porque "es evidente que el derecho natural no desciende< a ese tipo de minucias."<a name="nu67"></a><a href="#num67"><sup>67</sup></a></p>      <p>Sin embargo, &eacute;ste no es un tema sencillo. Por esto es que hemos decidido bosquejar algunas reglas para el reconocimiento de una determinaci&oacute;n o norma de justicia legal. Antes bien, debe quedar de manifiesto que las normas obtenidas por v&iacute;a de determinaci&oacute;n se encuentran en una situaci&oacute;n intermedia entre las reglas del derecho natural terciario,<a name="nu68"></a><a href="#num68"><sup>68</sup></a> que son como conclusiones lejanas de los principios primarios, y las llamadas normas &oacute;nticas o t&eacute;cnicas,<a name="nu69"></a><a href="#num69"><sup>69</sup></a> que son aquellas que crean estados de cosas que no tienen una causa de ser en la raz&oacute;n natural (como la regla que determina tales o cuales emblemas nacionales).</p>      <p>Entonces, un primer criterio para reconocer una determinaci&oacute;n es la materia de la ley. A diferencia de las normas naturales, que son necesarias <i>per se</i>, las reglas del derecho civil son contingentes, en cuanto que tratan sobre materia indiferente, esto es, sobre aquello que no est&aacute; exigido al hombre por su naturaleza, sino s&oacute;lo por el imperio de la ley.<a name="nu70"></a><a href="#num70"><sup>70</sup></a> Esto quiere decir que mientras que se trate de acciones o conductas que no han sido ordenadas o prohibidas por el derecho natural, el legislador tiene completa capacidad para definir algo como justo o injusto, siempre que eso favorezca al bien de la comunidad. Un ejemplo de esto lo vemos a prop&oacute;sito de las normas que regulan el tr&aacute;nsito, porque sin ninguna duda "favorece al bien com&uacute;n que exista un tr&aacute;nsito ordenado y lo perjudica si est&aacute; desordenado."<a name="nu71"></a><a href="#num71"><sup>71</sup></a> Pero no es la ley natural la que define el sentido del tr&aacute;nsito; a lo sumo promueve su regulaci&oacute;n al disponer el orden social y el bien de la comunidad. De manera que la regulaci&oacute;n del tr&aacute;nsito es una materia en principio indiferente a la ley natural, pero cuya indiferencia debe ser superada por la autoridad en raz&oacute;n del bien com&uacute;n.</p>      <p>Supuesto eso, el legislador debe adoptar una posici&oacute;n clara sobre cu&aacute;l de todas las alternativas disponibles para la regulaci&oacute;n del tr&aacute;nsito es la que conviene mayormente en unas determinadas circunstancias de tiempo y lugar. Esto es fundamental, porque, dada la contingencia que envuelve a la derivaci&oacute;n por determinaci&oacute;n, la decisi&oacute;n del legislador franc&eacute;s, por ejemplo, no tiene por qu&eacute; ser id&eacute;ntica a la de las autoridades inglesas. Y, de hecho, mientras que el legislador franc&eacute;s "comprob&oacute; que no hay una obligaci&oacute;n categ&oacute;rica de circular por la izquierda, y opt&oacute; por la circulaci&oacute;n por la derecha; el legislador ingl&eacute;s &#91;&hellip;&#93; opt&oacute; por la otra alternativa, deriv&aacute;ndose ambas por delegaci&oacute;n de la ley natural."<a name="nu72"></a><a href="#num72"><sup>72</sup></a></p>      <p>Luego, el derecho natural no determina el sistema de circulaci&oacute;n perfecto y definitivo para cada sociedad, ni prefija ninguna alternativa como la &uacute;nica y categ&oacute;ricamente correcta. Por el contrario, y justamente porque se trata de una materia indiferente a la ley natural, "habr&aacute; varios sistemas que acarrear&aacute;n distintos riesgos, ventajas, costes y beneficios, a menudo inconmensurables, que cabr&aacute;n dentro de las exigencias del derecho natural. Por tanto, el legislador podr&aacute; actuar con un amplio margen de libertad creativa al elegir y hacer obligatorio un sistema en particular entre las distintas opciones razonables."<a name="nu73"></a><a href="#num73"><sup>73</sup></a></p>      <p>Un segundo criterio para reconocer una determinaci&oacute;n es el hecho de que "la decisi&oacute;n contraria no causa injusticia."<a name="nu74"></a><a href="#num74"><sup>74</sup></a> Es decir, el legislador no est&aacute; obligado a tomar una decisi&oacute;n en un sentido determinado; s&oacute;lo debe tomar una decisi&oacute;n que excluya otras alternativas posibles.<a name="nu75"></a><a href="#num75"><sup>75</sup></a> El ejemplo de la regulaci&oacute;n del tr&aacute;nsito nos puede iluminar un poco m&aacute;s: porque se trata de una materia indiferente en la que se presentan distintas opciones compatibles con el derecho natural, la elecci&oacute;n de "por la derecha" en vez de "por la izquierda" no supone una contravenci&oacute;n a las normas de la recta raz&oacute;n. El legislador ingl&eacute;s bien podr&iacute;a haber adoptado, en justicia, una decisi&oacute;n diferente.</p>      <p>Una tercera caracter&iacute;stica de las determinaciones es su car&aacute;cter variable. Esto es, adem&aacute;s de tratar sobre materias indiferentes a la ley natural y de que el legislador no est&aacute; obligado en una cierta direcci&oacute;n, es propio de las convenciones su naturaleza cambiante: cuando cesa la utilidad de una determinaci&oacute;n o el motivo por la que se promulg&oacute;, &eacute;sta deja entonces de mirar al bien de la comunidad; por eso debe ser modificada o dejada sin efecto. Esto se ve claramente en las normas que regulan el cat&aacute;logo y definici&oacute;n de los estupefacientes, o en aquellas que dicen relaci&oacute;n con los reg&iacute;menes previsional, laboral, sindical y de seguridad social:<a name="nu76"></a><a href="#num76"><sup>76</sup></a> todas estas materias son cambiantes por definici&oacute;n, aunque en raz&oacute;n de su conveniencia o inconveniencia para la felicidad com&uacute;n.<a name="nu77"></a><a href="#num77"><sup>77</sup></a></p>      <p>En cuarto lugar, y volviendo al ejemplo de la regulaci&oacute;n del tr&aacute;nsito, la elecci&oacute;n de "por la izquierda" en vez de "por la derecha" representa un acto de la voluntad del legislador. Esto no quiere decir que las normas civiles o convencionales sean &uacute;nicamente el resultado de la voluntad de la autoridad pol&iacute;tica (esto convertir&iacute;a nuestra tesis en una forma de voluntarismo), sino solamente que en el &aacute;mbito de cosas igualmente razonables para el cumplimiento de la ley natural, es un acto de la voluntad el que especifica qu&eacute; es lo justo en tales condiciones de tiempo y lugar.</p>      <p>Pero es un acto de la voluntad que no procede <i>ex nihilo</i>. El acto del entendimiento se encuentra presupuesto en el acto de la voluntad, porque "el objeto de la voluntad es el bien en cuanto entendido; y en tal sentido la inteligencia opera como fin respecto de la voluntad."<a name="nu78"></a><a href="#num78"><sup>78</sup></a> Seg&uacute;n esto, el apetito no puede autodeterminarse en la identificaci&oacute;n de lo bueno o de lo malo moral. Necesita estar guiado por la inteligencia. De ah&iacute; que se le haya caracterizado como una potencia ciega:<a name="nu79"></a><a href="#num79"><sup>79</sup></a> en su obrar, debe seguir el juicio pr&aacute;ctico de la raz&oacute;n.</p>      <p>En consecuencia, la ley positiva es tambi&eacute;n un ordenamiento de la voluntad (y no s&oacute;lo del entendimiento), porque "quien hace la ley no se limita a entenderla, sino que tambi&eacute;n la quiere, en el sentido de que quiere que se la cumpla."<a name="nu80"></a><a href="#num80"><sup>80</sup></a> Pero esta intervenci&oacute;n de la voluntad en la determinaci&oacute;n del derecho y la ley natural no equivale a la afirmaci&oacute;n de un voluntarismo ciego, donde la elecci&oacute;n de la autoridad se hace de manera irrazonable e injustificada. La tarea de determinar los principios naturales se traduce, por el contrario, en el equilibrio necesario entre raz&oacute;n y voluntad, tal como se muestra, por ejemplo, en el caso de la adjudicaci&oacute;n: "en el proceso de adjudicaci&oacute;n judicial el jurista, por medio de un acto de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica, indaga acerca de las posibles v&iacute;as de acci&oacute;n que realizan lo justo en el caso concreto, y a trav&eacute;s de un acto de la voluntad elige una, que le proporciona el suficiente soporte racional para la concreci&oacute;n espec&iacute;fica de lo justo concreto."<a name="nu81"></a><a href="#num81"><sup>81</sup></a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Consideraciones finales</b></font></p>      <p>La determinaci&oacute;n, en tanto que mecanismo de especificaci&oacute;n del derecho natural, opera siempre que las reglas del derecho positivo contienen algo que no se deduce desde la ley natural, es decir, siempre que la ley natural ha dejado un espacio de indiferencia o indeterminaci&oacute;n que debe ser cubierto prudencialmente por la autoridad en raz&oacute;n del bien com&uacute;n pol&iacute;tico.</p>      <p>Esto no significa que la tarea creativa del legislador entra&ntilde;e el ejercicio de una libertad absoluta. La actividad inventiva de la autoridad es libre, pero dentro de los m&aacute;rgenes de la razonabilidad pr&aacute;ctica, y sin que esto contravenga lo dispuesto por la justicia natural. De ah&iacute; que las potestades legislativas de la autoridad se manifiesten en su incapacidad para obligar y constre&ntilde;ir sin el sost&eacute;n de un mandato gen&eacute;rico de la naturaleza.<a name="nu82"></a><a href="#num82"><sup>82</sup></a> Luego, su capacidad inventiva no es completa, sino que m&aacute;s bien consiste en una libertad afectada.</p>      <p>En este sentido, a pesar de que las normas positivas sean el resultado de las elecciones libres del legislador, sin un principio objetivo que valide su obligatoriedad y justicia, estas determinaciones no ser&iacute;an sino el resultado del abuso de poder.<a name="nu83"></a><a href="#num83"><sup>83</sup></a> Este principio de legitimidad de las leyes humanas se encuentra en la propia raz&oacute;n natural; por eso se ha dicho que la justicia de las leyes escritas depende de su grado de conformidad o disconformidad con la norma de la raz&oacute;n, que es la ley de la naturaleza.<a name="nu84"></a><a href="#num84"><sup>84</sup></a></p>      <p>Pero en su tarea de creaci&oacute;n de las normas positivas, el legislador debe no s&oacute;lo considerar la justicia de la ley natural; tambi&eacute;n debe considerar la contingencia de las condiciones de lugar y tiempo de su comunidad. Este proceder tanto desde los principios universales como desde los particulares es lo propio de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica, y, en particular, de la virtud de la prudencia;<a name="nu85"></a><a href="#num85"><sup>85</sup></a> en su operaci&oacute;n, y justamente por tratar acerca de lo singular, siempre existe un elemento de riesgo e inseguridad.<a name="nu86"></a><a href="#num86"><sup>86</sup></a> Esto porque a pesar de que lo bueno moral en lo pr&aacute;ctico sea, en principio, com&uacute;n a todas las clases de acciones, no lo es en lo particular,<a name="nu87"></a><a href="#num87"><sup>87</sup></a> donde no existe el mismo nivel de seguridad que en los conocimientos universales, sino que al contrario: todo queda sometido a la contingencia de las acciones y decisiones de los hombres.</p>      <p>En definitiva, las determinaciones de la autoridad no son simples explicitaciones de lo justo natural; son el resultado de un proceso de medici&oacute;n de la realidad, consistente en la ponderaci&oacute;n de unos principios de justicia universales y unas muy particulares (y cambiantes) circunstancias de lugar y tiempo. Es esto lo que explica que las leyes positivas sean un objeto cultural,<a name="nu88"></a><a href="#num88"><sup>88</sup></a> en el sentido de una creaci&oacute;n humana establecida libremente por las elecciones creativas de la autoridad, elecciones que deben, sin embargo, someterse a las prescripciones de aquellas verdades morales objetivas que hemos llamado de ley o derecho natural.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>      <p><a name="num1"></a><a href="#nu1"><sup>1</sup></a> Joaqu&iacute;n GARC&Iacute;A-HUIDOBRO. <i>Raz&oacute;n pr&aacute;ctica y derecho natural</i>, Valpara&iacute;so, Edeval, 1993, p. 243.    <br>  <a name="num2"></a><a href="#nu2"><sup>2</sup></a> Debe saber el lector que por "derecho civil" entendemos todo el "derecho no natural", esto es, todo el conjunto de normas cuyo origen se encuentra directamente en la convenci&oacute;n humana. De ah&iacute; que usemos indistintamente las expresiones "derecho convencional", "derecho civil" y "derecho positivo".    <br>  <a name="num3"></a><a href="#nu3"><sup>3</sup></a> Cfr. SAN ISIDORO, <i>Etymologiarum</i>, V, 4, 1.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <a name="num4"></a><a href="#nu4"><sup>4</sup></a> Cfr. SANTO TOM&Aacute;S, <i>Summa Theologiae</i>, II-II, q. 57, a. 3.    <br>  <a name="num5"></a><a href="#nu5"><sup>5</sup></a> Agust&iacute;n SQUELLA, "&iquest;Por qu&eacute; vuelve a hablarse de derecho natural?", en: <i>Revista Chilena de Derecho</i>, vol. 22 n&deg;. 1, 1995, p. 80.    <br>  <a name="num6"></a><a href="#nu6"><sup>6</sup></a> Cfr. Santiago LEGARRE. "El concepto de derecho en John Finnis", en: <i>Persona y Derecho</i>, n. 40, 1999, p. 74.    <br>  <a name="num7"></a><a href="#nu7"><sup>7</sup></a> Cfr. Jos&eacute; SU&Aacute;REZ-RODR&Iacute;GUEZ. "La <i>determinatio </i>en el proceso de adjudicaci&oacute;n. Una visi&oacute;n prudencial del razonamiento jur&iacute;dico", en: <i>D&iacute;kaion</i>, vol. 19 n&deg;. 2, 2010, p. 378.    <br>  <a name="num8"></a><a href="#nu8"><sup>8</sup></a> Cfr. Mar&iacute;a Jos&eacute; FALC&Oacute;N y TELLA. <i>Equidad, derecho y justicia</i>. Madrid, Centro de Estudios Ram&oacute;n Areces, 2005, p. 263.    <br>  <a name="num9"></a><a href="#nu9"><sup>9</sup></a> Cfr. ARIST&Oacute;TELES. <i>Ethica Nicomachea</i>. 1137a 26.    <br>  <a name="num10"></a><a href="#nu10"><sup>10</sup></a> La identificaci&oacute;n entre normas naturales y leyes no escritas fue una idea generalmente aceptada entre los griegos. A este respecto: Cfr. Jacqueline de ROMILLY, <i>La ley en la Grecia cl&aacute;sica</i>, Buenos Aires, Biblios, 2004, pp. 40 ss.    <br>  <a name="num11"></a><a href="#nu11"><sup>11</sup></a> Cfr. MARCO TULIO CICER&Oacute;N. <i>Pro Milone</i>, 4, 10.    <br>  <a name="num12"></a><a href="#nu12"><sup>12</sup></a> SANTO TOM&Aacute;S. <i>Summa Theologiae</i>. I-II, q. 104, a. 1.    <br>  <a name="num13"></a><a href="#nu13"><sup>13</sup></a> Cfr. SANTO TOM&Aacute;S. <i>In Sententiarum</i>. III, d. 3, a. 3.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <a name="num14"></a><a href="#nu14"><sup>14</sup></a> Cfr. Javier HERVADA. <i>Lecciones proped&eacute;uticas de filosof&iacute;a del derecho</i>. Pamplona, Eunsa, 1992, p. 416.    <br>  <a name="num15"></a><a href="#nu15"><sup>15</sup></a> Cfr. Pedro SERNA. "Sobre las respuestas al positivismo jur&iacute;dico", en: Renato Rabbi-Baldi (coord.), <i>Las razones del derecho natural</i>, Buenos Aires, Depalma, 2000, p. 64.    <br>  <a name="num16"></a><a href="#nu16"><sup>16</sup></a> SU&Aacute;REZ-RODR&Iacute;GUEZ (2010), p. 387 (por ambas citas)    <br>  <a name="num17"></a><a href="#nu17"><sup>17</sup></a> Gabriel MORA. <i>Justicia constitucional y arbitrariedad de los jueces</i>. Madrid, Marcial Pons, 2010, p. 370.    <br>  <a name="num18"></a><a href="#nu18"><sup>18</sup></a> Cfr. Andr&eacute;s OLLERO. <i>Interpretaci&oacute;n del derecho y positivismo legalista</i>. Madrid, Editorial Revista de Derecho Privado, 1982, p. 44.    <br>  <a name="num19"></a><a href="#nu19"><sup>19</sup></a> Cfr. SANTO TOM&Aacute;S. <i>Summa Theologiae</i>. II-II, q. 57, a. 1.    <br>  <a name="num20"></a><a href="#nu20"><sup>20</sup></a> En general, y salvo menci&oacute;n expresa, hablaremos indistintamente de la determinaci&oacute;n de la ley natural como de la determinaci&oacute;n del derecho natural; esto por la similitud de ambos procesos de positivaci&oacute;n de los principios naturales. Seguimos, por consiguiente, las ideas de Santo Tom&aacute;s y los Escol&aacute;sticos, quienes, cuando tratan del problema de la determinaci&oacute;n, no distinguen entre la determinaci&oacute;n del derecho o de la ley natural    <br>  <a name="num21"></a><a href="#nu21"><sup>21</sup></a> Cfr. Reginaldo PIZZORNI. <i>La filosof&iacute;a del diritto secondo Tomasso d'Aquino. </i>Bologna, Studio Domenicano, 2003, p. 619.    <br>  <a name="num22"></a><a href="#nu22"><sup>22</sup></a> Cfr. Wolfgang KLUXEN. <i>L'etica filosofica di Tommaso d'Aquino</i>. Milano, Vita e Pensiero, 2005, p. 333.    <br>  <a name="num23"></a><a href="#nu23"><sup>23</sup></a> Cfr. SANTO TOM&Aacute;S. <i>Summa Theologiae</i>, I-II, q. 99, a. 3. Estas determinaciones, piensa Santo Tom&aacute;s, que <i>ex sola lege humana vigorem habent</i>, se derivan de lo justo natural no de manera directa y conclusiva, sino mediatamente, y s&oacute;lo una vez atendidas las diversas particularidades que existen en la comunidad pol&iacute;tica    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <a name="num24"></a><a href="#nu24"><sup>24</sup></a> Victor CATHREIN. <i>Filosof&iacute;a del derecho. El derecho natural y el positivo</i>. Madrid, Reus, 1958, p. 200.    <br>  <a name="num25"></a><a href="#nu25"><sup>25</sup></a> Cfr. Rafael FERN&Aacute;NDEZ CONCHA. <i>Filosof&iacute;a del derecho o derecho natural. </i>Barcelona, Tipograf&iacute;a Cat&oacute;lica, 1887, p. 172.    <br>  <a name="num26"></a><a href="#nu26"><sup>26</sup></a> Cfr. ARIST&Oacute;TELES. <i>Ethica Nicomachea</i>, 1137a 26.    <br>  <a name="num27"></a><a href="#nu27"><sup>27</sup></a> Cfr. PLAT&Oacute;N. <i>Politicus</i>, 300c.    <br>  <a name="num28"></a><a href="#nu28"><sup>28</sup></a> William GUTHRIE. <i>Historia de la filosof&iacute;a griega</i>. <i>Plat&oacute;n, segunda &eacute;poca y la Academia</i>. Madrid, Gredos, 1992, p. 202    <br>  <a name="num29"></a><a href="#nu29"><sup>29</sup></a> Cfr. John FINNIS. "The Truth in Legal Positivism", en su <i>Philosophy of Law</i>, Oxford, Oxford University Press, 2011, p. 177.    <br>  <a name="num30"></a><a href="#nu30"><sup>30</sup></a> SANTO TOM&Aacute;S<i>. De Malo</i>, q. 2, a. 4.    <br>  <a name="num31"></a><a href="#nu31"><sup>31</sup></a> Cfr. ARIST&Oacute;TELES. <i>Ethica Nicomachea</i>, 1134b 18-1135a 5.    <br>  <a name="num32"></a><a href="#nu32"><sup>32</sup></a> SANTO TOM&Aacute;S. <i>In Ethicorum</i>, V, lect. 12, n. 730.    <br>  <a name="num33"></a><a href="#nu33"><sup>33</sup></a> Cfr. PLAT&Oacute;N. <i>De Republica</i>, 563d.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <a name="num34"></a><a href="#nu34"><sup>34</sup></a> Cfr. PLAT&Oacute;N. <i>De Legibus</i>, 875c-d.    <br>  <a name="num35"></a><a href="#nu35"><sup>35</sup></a> Cfr. SANTO TOM&Aacute;S. <i>Summa Theologiae</i>, I-II, q. 91 a. 3.    <br>  <a name="num36"></a><a href="#nu36"><sup>36</sup></a> Cfr. John FINNIS. <i>Natural Law and Natural Rights</i>. Oxford, Clarendon Press, 1989, p. 284.    <br>  <a name="num37"></a><a href="#nu37"><sup>37</sup></a> Camilo TALE. "Derecho de da&ntilde;os y derecho natural", en: Eduardo SOTO KLOSS y Sergio Ra&uacute;l CASTA&Ntilde;O (eds.), <i>El derecho natural en la realidad jur&iacute;dica y social</i>, Santiago, Universidad Santo Tom&aacute;s, 2005, p. 602.    <br>  <a name="num38"></a><a href="#nu38"><sup>38</sup></a> Joaqu&iacute;n GARC&Iacute;A-HUIDOBRO y Daniel MANSUY. "Nicol&aacute;s de Oresme y su interpretaci&oacute;n del derecho natural aristot&eacute;lico", en: <i>T&oacute;picos</i>, n. 35, 2008, p. 55.    <br>  <a name="num39"></a><a href="#nu39"><sup>39</sup></a> Cfr. Carlos AUGUSTO CASANOVA. <i>Racionalidad y justicia. Encrucijadas pol&iacute;ticas y culturales</i>. M&eacute;rida, Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello, 2004, p. 238.    <br>  <a name="num40"></a><a href="#nu40"><sup>40</sup></a> Sobre el car&aacute;cter t&oacute;pico del razonamiento jur&iacute;dico: Cfr. Theodor VIEHWEG. <i>T&oacute;pica y jurisprudencia</i>. Madrid, Taurus, 1964, pp. 60 ss.    <br>  <a name="num41"></a><a href="#nu41"><sup>41</sup></a> Cfr. FINNIS (1989), pp. 284 ss.    <br>  <a name="num42"></a><a href="#nu42"><sup>42</sup></a> FINNIS (2011), p. 177.    <br>  <a name="num43"></a><a href="#nu43"><sup>43</sup></a> Cfr. FINNIS (2011), p. 177.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <a name="num44"></a><a href="#nu44"><sup>44</sup></a> Cfr. John FINNIS. "Derecho natural y razonamiento jur&iacute;dico", en: <i>Persona y Derecho</i>, n. 33, 1995, p. 15.    <br>  <a name="num45"></a><a href="#nu45"><sup>45</sup></a> Cfr. SANTO TOM&Aacute;S. <i>De Malo</i>, q. 2, a. 4.    <br>  <a name="num46"></a><a href="#nu46"><sup>46</sup></a> SANTO TOM&Aacute;S. <i>In Ethicorum</i>, V, lect. 12, n. 729.    <br>  <a name="num47"></a><a href="#nu47"><sup>47</sup></a> Cfr. FINNIS (1989), p. 289.    <br>  <a name="num48"></a><a href="#nu48"><sup>48</sup></a> FINNIS (1989), p. 290.    <br>  <a name="num49"></a><a href="#nu49"><sup>49</sup></a> Acerca de esta afirmaci&oacute;n, que representa la tesis de Dworkin: Cfr. Ronald DWORKIN. "On Gaps in the Law", en: Paul Amselek y Neil MacCormick (eds.), <i>Controversies about Law's Ontology</i>, Edimburgh, Edimburgh University Press, 1991, p. 84.    <br>  <a name="num50"></a><a href="#nu50"><sup>50</sup></a> Tal ha sido la idea de Marsilio, quien escribe que el derecho universal, que com&uacute;nmente se conoce como natural, no es m&aacute;s que un derecho legal o puesto por el hombre, aquello en lo que "casi todos convienen". A este respecto: Cfr. MARSILIO DE PADUA. <i>Defensor Pacis</i>, II, 12, 7.    <br>  <a name="num51"></a><a href="#nu51"><sup>51</sup></a> PLAT&Oacute;N. <i>De Republica</i>, 505b.    <br>  <a name="num52"></a><a href="#nu52"><sup>52</sup></a> Cfr. Danilo CASTELLANO. <i>Orden &eacute;tico y derecho</i>. Madrid, Marcial Pons, 2010, p. 25.    <br>  <a name="num53"></a><a href="#nu53"><sup>53</sup></a> CASTELLANO (2010), p. 25.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <a name="num54"></a><a href="#nu54"><sup>54</sup></a> Carlos Ignacio MASSINI. "Determinaci&oacute;n del derecho y prudencia", en: <i>Sapientia</i>, en prensa.    <br>  <a name="num55"></a><a href="#nu55"><sup>55</sup></a> Cfr. John FINNIS. <i>Aquinas. Moral, Political, and Legal Theory</i>. Oxford, Oxford University Press, 1998, pp. 168-169.    <br>  <a name="num56"></a><a href="#nu56"><sup>56</sup></a> Cfr. John FINNIS. <i>Moral Absolutes</i>. Washington DC, Catholic University of America Press, 1991, pp. 104-105.    <br>  <a name="num57"></a><a href="#nu57"><sup>57</sup></a> Cfr. FINNIS (1989), p. 28.    <br>  <a name="num50"></a><a href="#nu58"><sup>58</sup></a> Cfr. FRANCISCO DE VITORIA. <i>De Matrimonio</i>, p. 910.    <br>  <a name="num59"></a><a href="#nu59"><sup>59</sup></a> Cfr. FERN&Aacute;NDEZ CONCHA (1887), p. 166.    <br>  <a name="num60"></a><a href="#nu60"><sup>60</sup></a> LUIS DE LE&Oacute;N. <i>De Legibus</i>, q. 3, a. 2.    <br>  <a name="num61"></a><a href="#nu61"><sup>61</sup></a> Cfr. RUSSELL HITTINGER. <i>The First Grace. Rediscovering the Natural Law in a Post-Christian World</i>. ISI Books, Wilmington, 2003, p. 51.    <br>  <a name="num62"></a><a href="#nu62"><sup>62</sup></a> SANTO TOM&Aacute;S. <i>In Sententiarum</i>, I V, d. 15, q. 3, a. 1.    <br>  <a name="num63"></a><a href="#nu63"><sup>63</sup></a> Cfr. Juan CASTILLO. <i>El pensamiento jur&iacute;dico-pol&iacute;tico de Fray Luis de Le&oacute;n en el Tratado De Legibus</i>. Universidad de Burgos (tesis doctoral), Burgos, 1998, p. 396.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <a name="num64"></a><a href="#nu64"><sup>64</sup></a> Cfr. TALE (2005), pp. 595 ss.    <br>  <a name="num65"></a><a href="#nu65"><sup>65</sup></a> Cfr. Baruch SPINOZA. <i>Tractatus Theologicus Politicus. Tractatus Politicus</i>, pp. 261-262.    <br>  <a name="num66"></a><a href="#nu66"><sup>66</sup></a> Cfr. Hugo GROCIO. <i>De Iure Belli</i>, 2, 8, 19.    <br>  <a name="num67"></a><a href="#nu67"><sup>67</sup></a> Jos&eacute; Joaqu&iacute;n UGARTE. <i>Curso de filosof&iacute;a del derecho</i>. Santiago, Ediciones Universidad Cat&oacute;lica, 2010, p. 489.    <br>  <a name="num68"></a><a href="#nu68"><sup>68</sup></a> Cfr. SANTO TOM&Aacute;S. <i>Summa Theologiae</i>, I-II, q. 100, a. 1.    <br>  <a name="num69"></a><a href="#nu69"><sup>69</sup></a> Cfr. Gregorio ROBLES. "Tres tipos de reglas en el derecho", en: Rolando TAMAYO y SALMOR&Aacute;N (coord.). <i>Teor&iacute;a del derecho y conceptos dogm&aacute;ticos</i>, M&eacute;xico DF, UNAM, 1987, pp. 64 ss.    <br>  <a name="num70"></a><a href="#nu70"><sup>70</sup></a> Cfr. JUAN DE SANTO TOM&Aacute;S. <i>Cursus Theologicus</i>, disp. IX, a. 6, n. 11.    <br>  <a name="num71"></a><a href="#nu71"><sup>71</sup></a> Daniel Alejandro HERRERA. <i>La noci&oacute;n de derecho en Villey y Kalinowski</i>. Buenos Aires, Educa, 2005, p. 175.    <br>  <a name="num72"></a><a href="#nu72"><sup>72</sup></a> Georges KALINOWSKI. <i>El problema de la verdad en la moral y en el derecho</i>. Buenos Aires, Eudeba, 1979, p. 152.    <br>  <a name="num73"></a><a href="#nu73"><sup>73</sup></a> Robert P. GEORGE. <i>Entre el derecho y la moral</i>. Navarra, Aranzadi-Thomson, 2009, p. 41.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <a name="num74"></a><a href="#nu74"><sup>74</sup></a> Esta regla no puede ser aplicada para el caso de las normas naturales, donde, precisamente, decidir en sentido contrario (o en contra de lo que "por naturaleza" ha sido definido como bueno) es causa de injusticia.    <br>  <a name="num75"></a><a href="#nu75"><sup>75</sup></a> Cfr. Jos&eacute; Tom&aacute;s ALVARADO. <i>La determinaci&oacute;n del derecho en Santo Tom&aacute;s</i>. Santiago, Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile (tesis de licenciatura), 1993, p. 14.    <br>  <a name="num76"></a><a href="#nu76"><sup>76</sup></a> Cfr. Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de la Rep&uacute;blica de Chile, art&iacute;culo 63 n. 4.    <br>  <a name="num77"></a><a href="#nu77"><sup>77</sup></a> La variabilidad es un elemento de la esencia de las determinaciones, pero el cambio de las normas positivas es algo que debe decidirse prudencialmente. A este respecto: Cfr. SANTO TOM&Aacute;S. <i>Summa Theologiae</i>, I-II, q. 97, aa. 1 y 2.    <br>  <a name="num78"></a><a href="#nu78"><sup>78</sup></a> Mirko SKARICA. "La ley natural seg&uacute;n la mente de Santo Tom&aacute;s como principio de la ley positiva", en: Jos&eacute; Luis WIDOW, Miguel AYUSO y &Aacute;lvaro PEZOA (eds.). <i>Raz&oacute;n y tradici&oacute;n</i>. Santiago, Globo Ediciones, 2011, vol. 2, p. 105.    <br>  <a name="num79"></a><a href="#nu79"><sup>79</sup></a> DOMINGO DE SOTO. <i>De Iustitia et Iure, </i>I, q. 1, a. 1.    <br>  <a name="num80"></a><a href="#nu80"><sup>80</sup></a> Antonio MILL&Aacute;N-PUELLES. <i>L&eacute;xico Filos&oacute;fico</i>. Madrid, Rialp, 1984, p. 384.    <br>  <a name="num81"></a><a href="#nu81"><sup>81</sup></a> SU&Aacute;REZ-RODR&Iacute;GUEZ (2010), p. 394.    <br>  <a name="num82"></a><a href="#nu82"><sup>82</sup></a> Cfr. Giuseppe GRANERIS. <i>La filosof&iacute;a del derecho a trav&eacute;s de su historia y de sus problemas</i>. Santiago, Editorial Jur&iacute;dica de Chile, 1979, p. 74.    <br>  <a name="num83"></a><a href="#nu83"><sup>83</sup></a> Cfr. SANTO TOM&Aacute;S. <i>Summa Theologiae</i>, I-II, q. 90, a. 1.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <a name="num84"></a><a href="#nu84"><sup>84</sup></a> Cfr. <i>Ib&iacute;d</i>., I-II, q. 95, a. 2.    <br>  <a name="num85"></a><a href="#nu85"><sup>85</sup></a> Cfr. <i>Ib&iacute;d</i>., I-II, q. 58, a. 5.    <br>  <a name="num86"></a><a href="#nu86"><sup>86</sup></a> Cfr. Javier HERVADA. "Refiexiones acerca de la prudencia jur&iacute;dica y el derecho can&oacute;nico", en: <i>Revista espa&ntilde;ola de derecho can&oacute;nico, </i>n. 16, 1961, pp. 415-451.    <br>  <a name="num87"></a><a href="#nu87"><sup>87</sup></a> Cfr. SKARICA (2011), p. 107.    <br>  <a name="num88"></a><a href="#nu88"><sup>88</sup></a> Cfr. FINNIS (1995), p. 21.</p> <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>      <p><i>Fuentes cl&aacute;sicas</i></p>      <!-- ref --><p>ARIST&Oacute;TELES. <i>&Eacute;tica Nicomaquea</i>, M&eacute;xico DF, UNAM, 1954.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-4688201100020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DOMINGO DE SOTO. <i>De iustitia et iure libri decem. De la justicia y el derecho en diez libros</i>. Madrid, Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos, 1967-1968.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-4688201100020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FRANCISCO DE VITORIA. <i>Sobre el matrimonio</i>. Salamanca, San Esteban, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-4688201100020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>JUAN DE SANTO TOM&Aacute;S. <i>Cursus theologicus in Summam Theologicam</i>. Paris, Ludovicus Vives, 1886.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-4688201100020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LUIS DE LE&Oacute;N. <i>De legibus. Tratado sobre la ley</i>. Madrid, San Lorenzo del Escorial, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-4688201100020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MARCO TULIO CICER&Oacute;N. "En defensa de T. Anio Mil&oacute;n", en su <i>Discursos IV</i>, Madrid, Gredos, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0120-4688201100020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PLAT&Oacute;N, <i>El Pol&iacute;tico</i>. Madrid, Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos, 1955.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-4688201100020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>____________ <i>Rep&uacute;blica</i>. Buenos Aires, Eudeba, 1966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0120-4688201100020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>____________ <i>Las Leyes</i>. Madrid, Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos, 1960.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-4688201100020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SAN ISIDORO. <i>Etimolog&iacute;as</i>. Madrid, BAC, 1951.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0120-4688201100020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MARSILIO DE PADUA. <i>The Defender of Peace</i>. New York, Torchbooks, 1967.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0120-4688201100020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SANTO TOM&Aacute;S. <i>Opera Omnia</i>. Roma, Commissio Leonina, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0120-4688201100020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><i>Bibliograf&iacute;a secundaria</i></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>ALVARADO, Jos&eacute; Tom&aacute;s. <i>La determinaci&oacute;n del derecho en Santo Tom&aacute;s</i>. Santiago, Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile (tesis de licenciatura), 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0120-4688201100020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CASANOVA, Carlos Augusto. <i>Racionalidad y justicia. Encrucijadas pol&iacute;ticas y culturales</i>. M&eacute;rida, Universidad Cat&oacute;lica Andr&eacute;s Bello, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0120-4688201100020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CASTELLANO, Danilo. <i>Orden &eacute;tico y derecho</i>. Madrid, Marcial Pons, 2010.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0120-4688201100020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CASTILLO, Juan. <i>El pensamiento jur&iacute;dico-pol&iacute;tico de Fray Luis de Le&oacute;n en el Tratado De Legibus</i>. Burgos, Universidad de Burgos (tesis doctoral), 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0120-4688201100020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CATHREIN, Victor. <i>Filosof&iacute;a del derecho. El derecho natural y el positivo</i>. Madrid, Reus, 1958.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0120-4688201100020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>De ROMILLY, Jacqueline. <i>La ley en la Grecia cl&aacute;sica</i>. Buenos Aires, Biblios, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0120-4688201100020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>DWORKIN, Ronald. "On Gaps in the Law", en: Amselek, Paul y MacCormick, Neil (eds.) <i>Controversies about Law's Ontology</i>. Edimburgh, Edimburgh University Press, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0120-4688201100020001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FERN&Aacute;NDEZ CONCHA, Rafael. <i>Filosof&iacute;a del derecho o derecho natural</i>. Barcelona, Tipograf&iacute;a Cat&oacute;lica, 1887.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0120-4688201100020001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FALC&Oacute;N y TELLA, Mar&iacute;a Jos&eacute;. <i>Equidad, derecho y justicia</i>. Madrid, Centro de Estudios Ram&oacute;n Areces, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0120-4688201100020001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FINNIS, John. <i>Aquinas. Moral, Political, and Legal Theory</i>, Oxford, Oxford University Press, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0120-4688201100020001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>____________ "The Truth in Legal Positivism", en: <i>Philosophy of Law</i>, Oxford, Oxford University Press, 2011.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0120-4688201100020001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>____________ <i>Natural Law and Natural Rights</i>. Oxford, Clarendon Press, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0120-4688201100020001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>____________ "Derecho natural y razonamiento jur&iacute;dico", en: <i>Persona y Derecho</i>, n&deg;. 33, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0120-4688201100020001000025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>____________ <i>Moral Absolutes</i>, Washington DC, Catholic University of America Press, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0120-4688201100020001000026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARC&Iacute;A-HUIDOBRO, Joaqu&iacute;n. <i>Raz&oacute;n pr&aacute;ctica y derecho natural</i>. Valpara&iacute;so, Edeval, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0120-4688201100020001000027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARC&Iacute;A-HUIDOBRO, Joaqu&iacute;n y MANSUY, Daniel. "Nicol&aacute;s de Oresme y su interpretaci&oacute;n del derecho natural aristot&eacute;lico", en: <i>T&oacute;picos</i>, n. 35, 2008.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0120-4688201100020001000028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GEORGE, Robert P. <i>Entre el derecho y la moral</i>. Navarra, Aranzadi-Thomson, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0120-4688201100020001000029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GRANERIS, Giuseppe. <i>La filosof&iacute;a del derecho a trav&eacute;s de su historia y de sus problemas</i>. Santiago, Editorial Jur&iacute;dica de Chile, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0120-4688201100020001000030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GUTHRIE, William. <i>Historia de la filosof&iacute;a griega</i>. <i>Plat&oacute;n, segunda &eacute;poca y la Academia</i>. Madrid, Gredos, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0120-4688201100020001000031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GROCIO, Hugo. <i>Del derecho de presa. Del derecho de la guerra y de la paz</i>. Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0120-4688201100020001000032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HERRERA, Daniel Alejandro. <i>La noci&oacute;n de derecho en Villey y Kalinowski</i>. Buenos Aires, Educa, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0120-4688201100020001000033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HERVADA, Javier. <i>Lecciones proped&eacute;uticas de filosof&iacute;a del derecho</i>. Pamplona, Eunsa, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0120-4688201100020001000034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>____________ "Reflexiones acerca de la prudencia jur&iacute;dica y el derecho can&oacute;nico", en: <i>Revista espa&ntilde;ola de derecho can&oacute;nico, </i>n. 16, 1961.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0120-4688201100020001000035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HITTINGER, Russell. <i>The First Grace. Rediscovering the Natural Law in a Post-Christian World</i>. Wilmington, ISI Books, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0120-4688201100020001000036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>KALINOWSKI, Georges. <i>El problema de la verdad en la moral y en el derecho</i>. Buenos Aires, Eudeba, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0120-4688201100020001000037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>KLUXEN, Wolfgang. <i>L'etica filosofica di Tommaso d'Aquino</i>. Milano, Vita e Pensiero, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0120-4688201100020001000038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LEGARRE, Santiago. "El concepto de derecho en John Finnis", en: <i>Persona y Derecho</i>, n&deg;. 40, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0120-4688201100020001000039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MASSINI, Carlos Ignacio. "Determinaci&oacute;n del derecho y prudencia", en: <i>Sapientia</i>, en prensa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0120-4688201100020001000040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MILL&Aacute;N-PUELLES, Antonio. <i>L&eacute;xico Filos&oacute;fico</i>. Madrid, Rialp, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0120-4688201100020001000041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MORA, Gabriel. <i>Justicia constitucional y arbitrariedad de los jueces</i>. Madrid, Marcial Pons, 2010.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0120-4688201100020001000042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>OLLERO, Andr&eacute;s. <i>Interpretaci&oacute;n del derecho y positivismo legalista</i>. Madrid, Editorial Revista de Derecho Privado, 1982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0120-4688201100020001000043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PIZZORNI, Reginaldo. <i>La filosof&iacute;a del diritto secondo Tomasso d'Aquino</i>. Bologna, Studio Domenicano, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0120-4688201100020001000044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ROBLES, Gregorio. "Tres tipos de reglas en el derecho", en: TAMAYO y SALMOR&Aacute;N, Rolando (coord.) <i>Teor&iacute;a del derecho y conceptos dogm&aacute;ticos</i>. M&eacute;xico DF, UNAM, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0120-4688201100020001000045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SERNA, Pedro. "Sobre las respuestas al positivismo jur&iacute;dico", en: RABBI-BALDI, Renato (coord.), <i>Las razones del derecho natural</i>, Buenos Aires, Depalma, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0120-4688201100020001000046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SKARICA, Mirko. "La ley natural seg&uacute;n la mente de Santo Tom&aacute;s como principio de la ley positiva", en: WIDOW, Jos&eacute; Luis, AYUSO, Miguel, y PEZOA, &Aacute;lvaro (eds.), <i>Raz&oacute;n y tradici&oacute;n</i>, Santiago, Globo Ediciones, 2011.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0120-4688201100020001000047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SPINOZA, Baruch. <i>Tratado teol&oacute;gico-pol&iacute;tico. Tratado pol&iacute;tico</i>. 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