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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>LA NORMALIDAD DEL DESACUERDO</b></font><sup>*</sup></p>     <p align="center"><b>Christian Plantin</b>    <br> Centre National de Recherche Scientifique: CNRS. Universidad de Lyon</p>       <p align="center">Traducci&oacute;n y notas de:    <br> <b>Diana Marcela Pati&ntilde;o Rojas</b><sup>**</sup>    <br> <b>John Alexander Giraldo</b><sup>***</sup></p>     <br>     <p><sup>*</sup>Conferencia de apertura del Coloquio La ret&oacute;rica de la cr&iacute;tica en el discurso universitario. Conflictos, pol&eacute;micas y controversias. Universidad de Varsovia. 22 de abril de 2009. El autor ha autorizado a los traductores para la versi&oacute;n espa&ntilde;ola y a la Revista Praxis filos&oacute;fica para su publicaci&oacute;n.    <br> <sup>**</sup> Profesora de la Escuela de Ciencias del Lenguaje. Universidad del Valle.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup>***</sup> Profesor Titular del Departamento de Filosof&iacute;a. Universidad del Valle. Miembro del Grupo de Investigaci&oacute;n Hermes.</p> <hr>     <p>El estatus del discurso pol&eacute;mico o controversial es un asunto discutido en el campo de la teor&iacute;a de la argumentaci&oacute;n, en el que la tendencia dominante est&aacute; orientada ala minimizaci&oacute;n del desacuerdo y, correlativamente, a la maximizaci&oacute;n del acuerdo. La primera parte de este art&iacute;culo (&sect;1-&sect;3) recapitula los elementos que fundamentan esta visi&oacute;n: por una parte, las regularidades observadas que han sido conceptualizadas en preferencia al acuerdo: principio de cooperaci&oacute;n, respuesta preferida<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> o simplemente cortes&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica; y por otra parte, las teor&iacute;as de la argumentaci&oacute;n orientadas hacia la disminuci&oacute;n del desacuerdo, a trav&eacute;s de la persuasi&oacute;n ret&oacute;rica, la discusi&oacute;n dial&eacute;ctica o la co-construcci&oacute;n interaccional. En ese sentido, la pol&eacute;mica y la controversia solo pueden ser concebidas como conjuntos de falacias y de <i>pecados de la lengua</i><sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> en los que se manifiestan el fracaso de la argumentaci&oacute;n.</p>     <p>La segunda parte (&sect;4 &agrave; &sect;6) propone una visi&oacute;n de la argumentaci&oacute;n agn&oacute;stica desde el punto de vista de las orientaciones hacia el acuerdo o el desacuerdo; es un hecho emp&iacute;rico que la argumentaci&oacute;n puede servir tambi&eacute;n para producir o incrementar los desacuerdos m&aacute;s que para resolverlos. Llamaremos aqu&iacute; <i>falacia del consenso </i>a la tendencia a constituir en t&eacute;rminos absolutos la exigencia de consenso. En este sentido, se retoma la cuesti&oacute;n de los sistemas de reglas capaces de conducir a una resoluci&oacute;n racional, o simplemente honorable, de las diferencias de opini&oacute;n. Despu&eacute;s de Hamblin, no le adjudicaremos el arbitraje de la disputa al "l&oacute;gico" si no que lo pondremos ah&iacute; donde siempre ha estado, entre las manos de los participantes del desacuerdo. Esta perspectiva basada en las reglas de la controversia nos lleva a considerar los sistemas de reglas como un objeto emp&iacute;rico de investigaci&oacute;n y a interesarnos prioritariamente en el vasto <i>corpus </i>de normas que funcionan efectivamente en las m&aacute;s variadas situaciones de argumentaci&oacute;n.</p>     <p><font size="3"><b>1. Del acuerdo conversacional al consenso razonable</b></font></p>     <p><b>1.1 Una regularidad interaccional: la preferencia por el acuerdo</b></p>     <p>La voluntad de construir un consenso puede ser vista como la expresi&oacute;n discursiva macro de una tendencia observable en el nivel micro de la secuencia interaccional, la "preferencia por el acuerdo". La noci&oacute;n de preferencia por el acuerdo es fundamental en el estudio de las interacciones. Su funcionamiento es b&aacute;sicamente el siguiente. Es una secuencia compuesta de un par adyacente de turnos de palabra. El primero de los turnos proyecta una preferencia por un segundo turno de cierto tipo; una solicitud, una invitaci&oacute;n, "prefieren" una aceptaci&oacute;n o un rechazo (aunque estas son hechas para ser aceptadas y no para ser rechazadas). La respuesta preferida no se encuentra marcada mientras que el segundo turno, no preferido, se caracteriza por tener marcas espec&iacute;ficas de duda, la presencia de un turno precedente y, por &uacute;ltimo, la presencia de una justificaci&oacute;n.</p> <ol>    <p>A: - &iquest;Qu&eacute; haces esta noche?</p>     <p>B: - Umm, a&uacute;n no lo s&eacute;.</p>     <p>A: - Pasa para que tomemos algo.</p>     <p>B: - (Silencio) Umm, no creo, tengo que trabajar aunque sea un poco.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Dar razones para aceptar una invitaci&oacute;n es casi un insulto:</p>     <p>A: - &iexcl;Ven a cenar ma&ntilde;ana en la noche!</p>     <p>B: - Claro que s&iacute;, eso me evitar&aacute; cocinar y aprovechar&eacute; para sacar la basura.</p>    </ol>     <p>Esta preferencia no es un hecho psicol&oacute;gico si no una regularidad observable. El marco de la interacci&oacute;n principalmente argumentativa transforma esta preferencia por el acuerdo en una "preferencia por el desacuerdo"<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>, que pone en cuesti&oacute;n el sistema ling&uuml;&iacute;stico de la cortes&iacute;a.</p>     <p><b>1.2.&nbsp;Reglas de cortes&iacute;a</b></p>     <p>Les reglas de la cortes&iacute;a constituyen los cimientos de las teor&iacute;as del acuerdo conversacional. La teor&iacute;a interaccionista de la cortes&iacute;a (Brown &amp; Levinson, Kerbrat-Orecchioni) define el individuo por sus im&aacute;genes y sus territorios. La intervenci&oacute;n cortes es definida positiva o negativamente. Las reglas de la cortes&iacute;a negativa exigen que la intervenci&oacute;n no eche a perder las im&aacute;genes ni los territorios (la esfera privada y las posesiones) del interlocutor (principio de no intrusi&oacute;n); si la intervenci&oacute;n tiene que ver con los territorios del otro, esta debe ser lo m&aacute;s sencilla posible, resultado que se obtiene empleando t&eacute;rminos atenuantes. Positivamente, la intervenci&oacute;n cortes valoriza las propiedades y las cualidades del otro. El v&iacute;nculo con ciertos principios argumentativos es evidente. Prohibir el ataque a la persona es solo una formulaci&oacute;n de una regla fundamental de la que surge otra norma de cortes&iacute;a que exige a los interlocutores preservar las im&aacute;genes de los participantes. Pero la cuesti&oacute;n es m&aacute;s compleja, puesto que las situaciones argumentativas presentan problemas debido a este modelo. En esas situaciones de conflicto, se constata una inversi&oacute;n de las reglas de la cortes&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica a la vez masiva y sistem&aacute;tica, al punto de poder hablar, en estos contextos, de un antisistema de la cortes&iacute;a.<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> Este antisistema es diferente a lo que denominar&iacute;amos una falta de cortes&iacute;a sistem&aacute;tica: si yo estoy en conflicto con mi vecino a prop&oacute;sito de los l&iacute;mites exactos de mi propiedad, la definici&oacute;n de nuestros "territorios" respectivos es puesta en duda, y es evidente que la cuesti&oacute;n del respeto por esa parte compartida, "mi territorio y el del otro" no tiene ya sentido alguno.</p>     <p><b>1.3.&nbsp; La "continuaci&oacute;n ideal" de la teor&iacute;a de la argumentaci&oacute;n en la lengua</b></p>     <p>El fen&oacute;meno de la preferencia por el acuerdo fue claramente identificado por Ducrot<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup>, en un marco te&oacute;rico que no corresponde al de la interacci&oacute;n frente a frente sino al del di&aacute;logo tal como lo concibe la pragm&aacute;tica enunciativa. En el an&aacute;lisis que transform&oacute; nuestra visi&oacute;n de la noci&oacute;n de presuposici&oacute;n, Ducrot comenta el efecto "pol&eacute;mico" que produce la negativa del interlocutor a respetar los presupuestos introducidos por el locutor<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup> y, d e manera general, el rechazo de inscribir su discurso en la perspectiva abierta por este en el turno precedente. Esta idea de que un enunciado determina (es orientado hacia) una "continuaci&oacute;n ideal" es la base de lo que se convertir&iacute;a en la teor&iacute;a de la argumentaci&oacute;n en la lengua.</p>     <p>Hay un hecho que se vuelve particularmente importante si trasladamos la visi&oacute;n de Ducrot a la cuesti&oacute;n del acuerdo. Ducrot no habla de un acuerdo ecum&eacute;nico general que determinar&iacute;a las relaciones de interlocuci&oacute;n (lo que no es el caso tampoco de la teor&iacute;a de las interacciones), y subraya que el acuerdo es impuesto: no es "nosotros estamos de acuerdo", sino "usted est&aacute; de acuerdo conmigo, &iquest;cierto?". La descripci&oacute;n del acto de presuponer se realiza enteramente en el registro de la fuerza legal: al introducir un presupuesto en un enunciado, el locutor lleva a cabo "un acto con valor jur&iacute;dico y por ende ilocutivo &#91;...&#93; transformando al mismo tiempo las posibilidades discursivas del interlocutor. &#91;...&#93; Lo que es modificado del lado del auditorio es su derecho a hablar".<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup> Lo presupuesto pretende imponer un "marco ideol&oacute;gico"<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> al di&aacute;logo ulterior, es decir, canalizar, forzar el discurso del otro. La naturaleza violenta de esta imposici&oacute;n es proporcional a la necesaria para rechazarla; el cuestionamiento de los presupuestos "siempre es considerado como agresivo, y contribuye en gran medida a personalizar el debate, a transformarlo en querella. &#91;...&#93; Atacar los presupuestos del adversario, es &#91;...&#93; atacar al adversario mismo".<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup> El rechazo del presupuesto es agresivo -en el caso particular en el que el locutor se reh&uacute;sa a inscribirse en el marco de las expectativas que el locutor le presenta. La pol&eacute;mica est&aacute; en la lengua.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>1.4. El principio de cooperaci&oacute;n de la pragm&aacute;tica de Grice</b></p>     <p>Para la pragm&aacute;tica de Grice, la inteligibilidad de la conversaci&oacute;n est&aacute; regida por un principio de cooperaci&oacute;n "un principio general aproximado que, puede esperarse, las partes implicadas observar&aacute;n (<i>ceteris paribus</i>): a saber, haga usted su contribuci&oacute;n a la conversaci&oacute;n, tal y como exige, en el estadio en que tenga lugar, el prop&oacute;sito o direcci&oacute;n del intercambio que usted sostenga. Esto podr&iacute;a denominarse el PRINCIPIO COOPERATIVO"<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup>, que se especifica en cuatro categor&iacute;as: cantidad, cualidad, relaci&oacute;n y modo.</p>     <p>Estos principios no tienen que ver con la aceptaci&oacute;n ni con el rechazo de los contenidos, ni con el marco de la conversaci&oacute;n, si no con la gesti&oacute;n de la conversaci&oacute;n, el acuerdo sobre las maneras de "hacer juntos la conversaci&oacute;n"; se trata de un nivel de acuerdo diferente a los precedentes, cercano al principio de responsabilidad del an&aacute;lisis conversacional<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup>.</p>     <p>Es posible sin embargo relacionar estos cuatro imperativos con aquellos propuestos por la argumentaci&oacute;n normativa. La m&aacute;xima de cantidad exige proporcionar exactamente la cantidad de informaci&oacute;n necesaria, ni m&aacute;s ni menos. La m&aacute;xima de calidad exige que la informaci&oacute;n sea verdadera, lo que hace posible establecer la relaci&oacute;n con el requerimiento de precisi&oacute;n mencionado en la regla pragmadial&eacute;ctica n&uacute;mero 8<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup>. El imperio de la verdad es mencionado en las reglas de Hedges "por una controversia honorable".<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup></p>     <p>La m&aacute;xima de relaci&oacute;n, sea relevante, se encuentra ligada a la falacia <i>d'ignoratio elenchi, </i>y, de manera m&aacute;s amplia al asunto del desplazamiento de la cuesti&oacute;n (Grice tiene el gran m&eacute;rito de reconocer la dificultad para identificar lo que es pertinente en un intercambio). La regla pragmadial&eacute;ctica n&uacute;mero 4 se refiere a esta misma exigencia de "relevancia". La m&aacute;xima de modo corresponde al imperativo "sea perspicuo", "sea claro". Bajo este precepto encontramos el rechazo a la oscuridad de expresi&oacute;n; a la ambig&uuml;edad (la primera de las falacias aristot&eacute;licas); a la "prolijidad innecesaria" que nos recuerda la falacia de la palabrer&iacute;a (verborrea), la cual pesa en la ampliaci&oacute;n ret&oacute;rica.</p>     <p>Esta problem&aacute;tica del acuerdo cooperativo es la manifestaci&oacute;n de una racionalidad dialogal; Grice afirma que sus principios expresan el car&aacute;cter racional de la conversaci&oacute;n "uno de mis fines es el de hacer ver que la conversaci&oacute;n es una variedad o caso especial de la conducta guiada por prop&oacute;sitos, racional de hecho",<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup> as&iacute; como de su car&aacute;cter razonable: "el tipo est&aacute;ndar de practica conversacional no es solamente algo que todos hacen DE HECHO, siguen, sino como algo que es para nosotros RAZONABLE seguir y que no podemos abandonar".<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup></p>     <p><b>1.5. Los acuerdos previos, condici&oacute;n de la argumentaci&oacute;n</b></p>     <p>El tratado de la argumentaci&oacute;n (TA) insiste sobre la necesidad de acuerdos previos en la argumentaci&oacute;n y sobre su variedad: "para que haya argumentaci&oacute;n, es necesario,en un momento dado, que una comunidad de ideas efectivas exista. Es indispensable tambi&eacute;n estar de acuerdo primero que todo y en principio, sobre la formaci&oacute;n de esta comunidad intelectual y, posteriormente, sobre el hecho de debatir juntos a prop&oacute;sito de un asunto determinado: ahora bien, esto no se da de manera espont&aacute;nea".<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup> Dos tipos de acuerdo bastante diferentes son mencionados aqu&iacute;.</p>     <p><b>1.5.1. Un acuerdo constituyente de las comunidades discursivas</b></p>     <p>El primer acuerdo se refiere a la construcci&oacute;n de una "comunidad de intelectuales". La evocaci&oacute;n de esta "comunidad intelectual efectiva", constituida por el acuerdo libre de sus miembros de modo similar a los principios de Rousseau, es un tipo de contrato microsocial, aunque de hecho tenemos la dificultad de saber qui&eacute;nes son esos "miembros" y de qu&eacute; tipo de comunidad de intelectuales se trata. Por ejemplo, el tribunal es un lugar argumentativo protot&iacute;pico, y es evidente que ning&uacute;n acuerdo previo debe hacerse con los criminales que comparecen all&iacute; y que es posible recurrir a la violencia legal para llevar hasta ese sitio a los que merecen ser juzgados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los unos llegaron ah&iacute;, los otros fueron convocados, nunca es cuesti&oacute;n de condicionar la comparecencia a la existencia de alg&uacute;n acuerdo en particular. El pasaje citado subestima las realidades socioinstitucionales que caracterizan la argumentaci&oacute;n, subestimaci&oacute;n concomitante con una sobrevaloraci&oacute;n del asunto de los acuerdos y de las "comunidades intelectuales".</p>     <p><b>1.5.2.&nbsp;Acuerdo sobre el asunto para debatir</b></p>     <p>Este segundo tipo de acuerdo es tan ficticio como el precedente. Es evidente que en las comunidades institucionales se debate sobre los puntos que ser&aacute;n puestos en el orden del d&iacute;a de la agenda cient&iacute;fica. Pero las comunidades cient&iacute;ficas son estructuradas institucionalmente, inclusive las comunidades de fil&oacute;sofos. En consecuencia, el orden del d&iacute;a de sus reuniones no se decide de com&uacute;n acuerdo, sino que es una prerrogativa del presidente o de los miembros del despacho de la asociaci&oacute;n en cuesti&oacute;n. Incluir o no un tema en el orden del d&iacute;a es siempre una apuesta estrat&eacute;gica de poder. La noci&oacute;n de acuerdo le permite a la teor&iacute;a idealista de la argumentaci&oacute;n hacer a un lado la cuesti&oacute;n del poder, omnipresente en todas las pr&aacute;cticas argumentativas.</p>     <p><b>1.5.3.&nbsp;Acuerdos sobre las premisas de la argumentaci&oacute;n</b></p>     <p>Seg&uacute;n TA<i>, </i>la pr&aacute;ctica de la argumentaci&oacute;n supone acuerdos con respecto a los seres, los hechos, el estado del mundo, las reglas y los valores (TA, II parte, Cap.1, <i>Los acuerdos). </i>El tema de los acuerdos est&aacute; ligado al hecho de identificar qu&eacute; es lo que en un debate debe ser considerado como un argumento. En ese sentido, se tiene la costumbre de afirmar que un argumento es aceptado si este es verdadero, es decir, si est&aacute; conforme a unos criterios de sentido, a la intuici&oacute;n intelectual o porque corresponde a una informaci&oacute;n que ha sido revelada como es el caso de una discusi&oacute;n teol&oacute;gica.</p>     <p>Como todas estas verdades son discutibles, la noci&oacute;n de verdad es sustituida por la de aceptaci&oacute;n por parte de las instancias involucradas, aceptaci&oacute;n que se interpreta generalmente como un acuerdo entre las partes. No obstante, por un lado, este acuerdo es dif&iacute;cil de obtener; los participantes de la discusi&oacute;n saben muy bien que aceptar el argumento significa aceptar la conclusi&oacute;n y, por otro lado, la noci&oacute;n de argumento es introducida con relaci&oacute;n a la noci&oacute;n de conclusi&oacute;n. Ahora bien, los argumentos tienen un estatus interaccional, de modo que el problema se encuentra en determinar lo que en realidad cuenta como un argumento efectivo para el debate y no para el argumentador. La noci&oacute;n de acuerdo juega el rol de un <i>deus ex machina </i>que permite que un enunciado se convierta en un argumento para todos los participantes de la discusi&oacute;n ya que la noci&oacute;n de acuerdo condenar&iacute;a el debate a un "desacuerdo profundo". Si el destino de un debate queda en manos de los participantes, esta ausencia de acuerdo trae como consecuencia el hundimiento de la argumentaci&oacute;n.<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup> Sin embargo, esta discusi&oacute;n no tiene en cuenta un hecho fundamental, la existencia del poder de terceros, que permite establecer un acuerdo; la decisi&oacute;n del juez, o la de otros terceros, puede llevarse a cabo sobre la base de un argumento rechazado por alguna de las partes.</p>     <p>De manera general, entre m&aacute;s se busquen los acuerdos, la pr&aacute;ctica de la argumentaci&oacute;n se aproxima m&aacute;s a la simple deducci&oacute;n. Basta con arreglar los acuerdos en un determinado orden para que la conclusi&oacute;n surja. Pero la argumentaci&oacute;n es una manera de hablar para tratar las diferencias en una situaci&oacute;n de desacuerdo y de incertidumbre generalizada. Existe una incompatibilidad decisiva entre los intereses materiales que est&aacute;n en juego: se puede en efecto compartir el pastel pero lo que se come el uno no es necesariamente lo que se come el otro.</p>     <p><b>1.6. El amor por el consenso</b></p>     <p><b>1.6.1. Lo mismo siempre: persuadir</b></p>     <p>La argumentaci&oacute;n ret&oacute;rica reposa sobre la base de los acuerdos previos, que tienen que ver con hechos, teor&iacute;as, presunciones, valores (abstractos y concretos) y jerarqu&iacute;as de valores. Sobre estos acuerdos, se construye la empresa persuasiva. Desde Arist&oacute;teles, la argumentaci&oacute;n ret&oacute;rica se define por el deseo de persuasi&oacute;n; se trata de "descubrir especulativamente lo que, en cada caso, sirve para persuadir".<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup> Persuadir al interlocutor es despejar la duda que este ten&iacute;a sobre un punto; la argumentaci&oacute;n que se le dirige para tal efecto "parte de presuposiciones certeras o veros&iacute;miles y deja por fuera lo que parece dudoso o menos veros&iacute;mil".<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup> Se trata de actuar sobre el interlocutor "buscando modificar las diversas representaciones que el sostiene"<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup> y proponi&eacute;ndole esquematizaciones apropiadas. Es provocar o acrecentar la adhesi&oacute;n de su mente a las tesis que se le presentan a su consentimiento".<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La ret&oacute;rica argumentativa no habla de interlocutor sino de auditorio: el auditorio oye, &eacute;l no habla ni replica. En la teor&iacute;a ret&oacute;rica este mutismo es constitutivo de la noci&oacute;n de toma de decisiones p&uacute;blicas. Al menos en situaciones en la que se est&aacute; frente a frente, el p&uacute;blico real dispone de algunos medios de retroacci&oacute;n que le permiten influir en el orador, animarlo o desestabilizarlo, como lo ha demostrado Goffman, al punto que los pol&iacute;ticos consideran que es mucho m&aacute;s prudente que ellos mismos determinen la composici&oacute;n de los estudios de televisi&oacute;n. El orador constituye fundamentalmente su auditorio a trav&eacute;s de la exigencia que este le hace: "s&aacute;queme de la duda". &Eacute;l lo estima capaz de resolver la duda aportando una verdad, una representaci&oacute;n, una tesis que es la suya propia. &Eacute;l se siente, <i>vir bonus</i>, hombre de bien que conoce la verdad, sincero y apto para guiar las mentes.</p>     <p>El auditorio ret&oacute;rico es a la vez humillado y magnificado. Es humillado porque este es definido por su ignorancia; sea porque este no profese ninguna opini&oacute;n, y no tenga una representaci&oacute;n de las cosas o porque tenga una opini&oacute;n d&eacute;bilmente formada, inestable. T&iacute;picamente, el orador se dirige a los indecisos y hace a un lado los oponentes determinados, los que no dudan, y est&aacute;n ya casados con una tesis que no es la suya. Pero el auditorio es as&iacute; mismo magnificado en una instancia cr&iacute;tica, en el largo camino que conduce a lo universal. Este es, entonces, puesto en una posici&oacute;n alta o baja, pero jam&aacute;s en un lugar de igualdad; es por eso que hay que considerar no solo uno sino dos discursos, es decir, dos posiciones de confrontaci&oacute;n. El orador no quiere compartir sino hacer que los otros compartan su opini&oacute;n.</p>     <p>Una vez despejada la duda, las representaciones modificadas y la adhesi&oacute;n de las mentes indecisas estabilizada, el orador ha hecho su trabajo. &Eacute;l ha reducido la disonancia cognitiva convirtiendo las incertidumbres en certezas, agrup&aacute;ndolas en la contemplaci&oacute;n de una misma representaci&oacute;n en la verdad de una misma tesis. &Eacute;l ha asegurado la reproducci&oacute;n de su opini&oacute;n, de su representaci&oacute;n, universaliz&aacute;ndolas. &Eacute;l ha instruido a los ignorantes, reducido el n&uacute;mero de esc&eacute;pticos y una vez hecho todo esto, el orador consigue el consenso. De esta manera todo es bueno y maravilloso.</p>     <p>Esta visi&oacute;n de la persuasi&oacute;n argumentativa tiene, sin embargo, muchas dificultades para diferenciarse de la propaganda. La propaganda tambi&eacute;n, sea esta religiosa o pol&iacute;tica, y en cualquiera de los casos, totalitaria o democr&aacute;tica, se presenta tambi&eacute;n como vectora de la verdad. Para Domenach tiene por funci&oacute;n "crear, transformar o confirmar las opiniones".<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup> Esta definici&oacute;n equivale pr&aacute;cticamente, palabra por palabra, a la que Perelman y Olbrecth-Tyteca proponen a prop&oacute;sito de la argumentaci&oacute;n: "provocar o acrecentar la adhesi&oacute;n de las personas a las tesis que se les proponen".<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup> El discurso persuasivo convierte. Dascal en su texto<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup> aborda la cuesti&oacute;n de la "colonizaci&oacute;n de los esp&iacute;ritus", y por encima de las proclamaciones virtuosas, la empresa de persuasi&oacute;n ret&oacute;rica posee igualmente algo de colonial. En ese sentido, la controversia deprime al orador: si algo no funcion&oacute;, &eacute;l ha fracaso en la empresa de persuasi&oacute;n. Nada de eso deber&iacute;a existir y si existe, de todos modos, hay que eliminarlo urgentemente; es el dial&eacute;ctico el que se encargar&aacute; de esto.</p>     <p><b>1.6.2.&nbsp;Uno de nosotros dos est&aacute; de m&aacute;s: reducir la diversidad de posici&oacute;n</b></p>     <p>La teor&iacute;a pragmadial&eacute;ctica abre al m&aacute;ximo, en su regla No. 1, el espacio del debate y la controversia: "Las partes no deben impedirse unas a otras el presentar puntos de vista o el ponerlos en duda". Esta se proponga cerrar el asunto a trav&eacute;s de un consenso racional, eliminando la duda o el punto de vista que ha sido cuestionado. "El enfoque pragmadial&eacute;ctico tiene por 292 objeto la resoluci&oacute;n de la divergencia de opiniones por medio del discurso argumentativo".<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup> Esta resoluci&oacute;n se logra gracias a la eliminaci&oacute;n de la falsedad. El punto de vista <i>concluyentemente defendido</i>, seg&uacute;n las reglas Nos. 6, 7 y 8, es el &uacute;nico que debe sobrevivir en la disputa. El oponente tiene el deber dial&eacute;ctico de retirar la duda y, en el caso contrario, el oponente debe retirar su punto de vista.</p>     <p><b>1.6.3.&nbsp;A partir de dos se construye un tercero: co- construir</b></p>     <p>Algunas visiones con orientaci&oacute;n interaccionista proponen otra manera de reducir la diferencia de opini&oacute;n a partir de la idea de que las opiniones, las tesis o las representaciones elaboradas se transforman como resultado del intercambio argumentativo; el consenso es obtenido gracias a la fusi&oacute;n de los puntos de vista de base o por co-contrucci&oacute;n de una tercera opini&oacute;n. Es interesante observar que en este punto emerge de nuevo la oposici&oacute;n entre una dial&eacute;ctica aristot&eacute;lica que promueve la eliminaci&oacute;n de lo falso (la pragmadial&eacute;ctica) y una dial&eacute;ctica hegeliana que promueve la s&iacute;ntesis de las posiciones (la co-construcci&oacute;n interaccionista). En efecto, en cualquiera de los dos casos se llega al mismo resultado: la reducci&oacute;n de los dos puntos de vista a uno solo y al restablecimiento de la armon&iacute;a social en la uniformidad de opini&oacute;n.</p>     <p>De manera general, las teor&iacute;as de la argumentaci&oacute;n est&aacute;n orientadas a la b&uacute;squeda de un consenso capaz de concluir el debate. El dial&eacute;ctico, el sabio y el ret&oacute;rico no soportan la barbarie de un discurso moldeado seg&uacute;n los intereses. Ellos fundamentan sus esperanzas en dos tipos de <i>ethos </i>bien diferentes, el <i>ethos </i>racional regulador y el <i>ethos </i>moral virtuoso, pero completamente convergentes en la vasta empresa de civilizar el discurso en nombre de la raz&oacute;n y la virtud.</p>     <p><font size="3"><b><i>2. Ad directionem lingu</i></b><b><i>a;</i></b><b><i>: </i>sistemas de reglas para civilizar el debate</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La preferencia por el acuerdo es una realidad emp&iacute;rica; los postulados de la conversaci&oacute;n son instrumentos preciosos para el an&aacute;lisis de la significaci&oacute;n indirecta y las reglas de cortes&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica permiten dar cuenta de las regularidades interaccionales. No obstante, en ciertas condiciones, los participantes eligen desafiar las preferencias, desviar la continuaci&oacute;n deseada de las discusiones, no ser corteses en la relaci&oacute;n y no cooperar racionalmente. En consecuencia, todo se da como si la regularidad se convirtiera en una norma y debiera ser impuesta como tal: se&ntilde;alamos los puntos de contacto, por ejemplo, entre el sistema de Grice y el sistema de reglas pragmadial&eacute;cticas y estamos llamados a reinterpretar como normativos los principios reguladores habituales. Las reglas normativas sobre el debate aparecen como una reimposici&oacute;n de la normalidad, un &uacute;ltimo esfuerzo por "civilizar el debate" haciendo lo que de costumbre es <i>la ley.</i></p>     <p>Entramos as&iacute; al vasto campo de los sistemas de normas sobre el debate. Estos sistemas son fundamentalmente optimistas y suponen el debate conveniente y productivo. Es necesario sin embargo tener en cuenta la existencia de un contra discurso sobre el valor del debate. Pero no contamos con los autores que ven en el debate una orientaci&oacute;n fundamentalmente improductiva. De ah&iacute; la tentaci&oacute;n de volver al discurso controlado por un solo individuo y no perder el tiempo con <i>reg</i><i>&uacute;</i><i>l</i><i>et</i><i>e ad directionem lingu</i><i>ce </i>y atenerse a <i>regul</i><i>ce </i><i>ad directionem ingenii </i>despu&eacute;s de todo, el objetivo es siempre el mismo en los dos casos: "La meta de los estudios debe ser dirigir la mente de manera que se hagan juicios s&oacute;lidos y verdaderos sobre todo lo que se le presente".<sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup></p>     <p>La pragmadial&eacute;ctica propone un conjunto de diez reglas para la discusi&oacute;n cr&iacute;tica; como estas son bien conocidas, no las retomaremos aqu&iacute;.<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup> La idea de regular sistem&aacute;ticamente la discusi&oacute;n parece constituir una verdadera l&iacute;nea de investigaci&oacute;n; sea desde la perspectiva de una resoluci&oacute;n racional del punto de vista, o desde la de una discusi&oacute;n simplemente soportable; es en esta l&iacute;nea que se inscriben las siete reglas del juego limpio de Levi Hedge. En <i>Elements of Logic, or a Summary of the General Principles and Different modes of Reasoning</i>, este autor propone un conjunto de siete reglas para "una controversia honorable".<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup> Estas reglas merecen estar presentes en la discusi&oacute;n sobre las normas del debate pol&eacute;mico.</p> <ol>    <li>    <p>Los t&eacute;rminos del debate est&aacute;n bien definidos. "Regla 1: Los t&eacute;rminos en los que se expresa la cuesti&oacute;n del debate y el punto preciso de discusi&oacute;n deben estar tan claramente definidos que no podr&iacute;a haber malentendidos con respecto a ellos".<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup></p></li>     <li>    <p>Los participantes est&aacute;n en igualdad de condiciones. "Regla 2: Las partes deben considerarse mutuamente en una posici&oacute;n de igualdad con respecto al tema del debate. Cada uno debe ver al otro como un par poseedor de igual talento, conocimiento y deseo de encontrar la verdad. Es posible, por ende que uno de los participantes est&eacute; equivocado y que el otro est&eacute; en lo cierto".</p></li>     <li>    <p>Los participantes hablan en los t&eacute;rminos del debate. "Regla 3: Todas las expresiones que carecen de significado o que no vengan al caso con respecto al tema del debate deben ser estrictamente evitadas".</p></li>     <li>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El adversario no es puesto en tela de juicio. "Regla 4: Las reflexiones personales sobre el adversario no deben ser permitidas en ning&uacute;n caso".</p></li>     <li>    <p>En particular, no se le hace al adversario un juicio de intenci&oacute;n. "Regla 5: Nadie tiene derecho de acusar a su adversario de motivaciones ocultas.</p></li>     <li>    <p>No se refutan las consecuencias incorrectas. "Regla 6: Las consecuencias de cualquier doctrina no est&aacute;n para serle endilgadas a la persona que las sostiene, a menos que esta exprese su acuerdo en permitirlo".</p></li>     <li>    <p>Se busca la verdad no la victoria. "Regla 7: La verdad y no la victoria es el objetivo pretendido de la controversia, independientemente de las pruebas, aportadas por ambas partes, estas deben ser examinadas con justicia y franqueza; y cualquier intento por atrapar al adversario a trav&eacute;s del arte de la sof&iacute;stica, o de atenuar la fuerza de su razonamiento, con ingenio, reparo o mediante el rid&iacute;culo, es una violaci&oacute;n de las reglas de la controversia honorable.</p></li>    </ol>     <p><font size="3"><b>3. El odio contra el consenso falaz</b></font></p>     <p><b>3.1. Discurso argumentativo, conflictivo, emocional: lo que las palabras dicen</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>"Conflicto, pol&eacute;mica, controversia": Seg&uacute;n el <i>Petit Robert </i>(PR), la pol&eacute;mica es un "debate por escrito vivo o agresivo - Controversia, debate, discusi&oacute;n" (PR, art. <i>Pol&eacute;mica</i>). La controversia parece m&aacute;s pac&iacute;fica, al menos en la definici&oacute;n: "Discusi&oacute;n argumentada continua sobre una cuesti&oacute;n o una opini&oacute;n" (PR, art. <i>Controversia</i>). La pol&eacute;mica y la controversia son una especie de g&eacute;nero de debate (no necesariamente escrito). El l&eacute;xico propone 295 una subcategorizaci&oacute;n del g&eacute;nero "debate" que uno puede aceptar f&aacute;cilmente. Este distingue as&iacute;, por una parte, g&eacute;neros de interacciones colaborativas no violentas, fuertemente argumentativas como <i>debatir, deliberar, hacerse preguntas, discutir o concertar </i>sobre algo, etc. Por otra parte, g&eacute;neros de interacciones del mismo modo fuertemente argumentativas, pero m&aacute;s bien conflictivas, de las que surgen la pol&eacute;mica y la controversia; entre los que encontramos <i>polemizar </i>(acad&eacute;mico-pol&iacute;tico, escrito/oral),as&iacute; como <i>pelear </i>(ordinario, verbal, mimo-posturo-gestual), que tambi&eacute;n pueden ocurrir en una controversia. Tomado en su conjunto, el g&eacute;nero "debate" debe ser distinguido de otras formas de violencia verbal no argumentativas como el <i>intercambio de insultos</i>.</p>     <p>La violencia verbal en la controversia o la pol&eacute;mica est&aacute; menos marcada por la injuria que por una forma de dramatizaci&oacute;n emocional, a menudo presente,mas no siempre, en el acto de habla que abre este tipo de debates: <i>levantarse contra</i>, <i>indignarse, protestar</i>, (contestar). No est&aacute; excluido el hecho de sentirse un poco <i>herido </i>en una controversia (sobre sus distinciones, as&iacute; como sobre las categorizaciones lexicales de las diferentes formas de interacciones violentas m&aacute;s o menos argumentativas.<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup></p>     <p><b>3.2.&nbsp;"La pasi&oacute;n por el disentimiento es esencialmente falaz"</b></p>     <p>Si el debate no logra el acuerdo racional y consensual de la diferencia de puntos de vista es porque las reglas no han sido respetadas. Ahora bien, la pol&eacute;mica es una forma de debate sin final, los polemistas (y los polemizadores) manifiestan una verdadera pasi&oacute;n por el disentimiento, que rechaza o al menos aplaza la clausura. El aficionado al debate arrastra al aficionado de la verdad. Las pol&eacute;micas prosperan as&iacute; sobre la abundancia de paralogismos (Plantin: 2002). En &uacute;ltima instancia, el grado de pol&eacute;mica se vuelve un buen indicador del car&aacute;cter falaz del intercambio. Los paralogismos de emociones y jerarqu&iacute;as (<i>ad personam</i>, <i>ad verecundiam</i>) est&aacute;n sin falta asociados al debate "vivo y agresivo".</p>     <p>La negaci&oacute;n a rendirse frente a los argumentos del otro es un paralogismo de obstinaci&oacute;n, estigmatizado por la regla No. 9 de la discusi&oacute;n critica "Si un punto de vista no ha sido defendido de manera concluyente, entonces el que lo propone lo debe retirar. Si un punto de vista ha sido defendido de manera concluyente, entonces el oponente no debe ponerlo m&aacute;s en duda".<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup> Pero, &iquest;qui&eacute;n decide si el punto de vista ha sido defendido de forma concluyente? Quien polemiza es precisamente quien se niega a admitir que el punto de vista de su oponente ha sido defendido "de manera concluyente" y quien pone su opini&oacute;n por encima de toda duda razonable.</p>     <p><b>3.3.&nbsp;"Es un pecado"</b></p>     <p>Esta condena de la pol&eacute;mica falaz sobrepasa aquella de la Edad Media en la que se hac&iacute;a referencia a la disputa pecaminosa, considerada como un pecado de la lengua (Plantin: 2009). Los te&oacute;logos medievales construyeron una teor&iacute;a de los "pecados de la lengua", entre los cuales figuran el pecado de <i>contentio; </i>palabra latina que en franc&eacute;s se convirti&oacute; en "contantieux"<i>, </i>que alude a "lucha, rivalidad, conflicto".<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup></p> <ol>"La <i>contentio </i>es una guerra que se lleva a cabo con las palabras. Es seguramente la guerra defensiva de aquel que, tercamente, se niega sin raz&oacute;n a cambiar de opini&oacute;n. No obstante, se trata a menudo de una guerra que puede tomar formas numerosas: un ataque verbal in&uacute;til contra el pr&oacute;jimo, no para buscar la verdad sino para manifestar su agresividad (Aymon); una disputa de palabras que haciendo a un lado toda verdad, da lugar al litigio y va hasta la blasfemia (Isidore); una argumentaci&oacute;n refinada y mal&eacute;vola que se opone a la verdad para satisfacer un incontenible deseo de victoria (<i>Glossa ordinaria</i>); un altercado malvado, cuestionable y violento con alguien (Vincent de Beauvais); un ataque contra la verdad que se apoya en la fuerza del <i>clamor </i>(<i>Glossa ordinaria</i>, Pierre Lombard). Con frecuencia, sin embargo, la <i>contentio</i>aparece en los textos sin ser definida, como si la connotaci&oacute;n de antagonismo verbal violento ligado al t&eacute;rmino fuera suficiente para subrayar el peligro que hay que evitar y el pecado que se debe condenar".<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup>    </ol>     <p>La <i>contentio </i>es un pecado de "segundo nivel" derivado de un pecado "capital", b&aacute;sicamente el orgullo ("<i>filiation de la vaine gloire</i>", id.), modo de expresi&oacute;n de la c&oacute;lera y de la envidia.<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup> Las definiciones restringen el pecado de <i>contentio </i>a los ataques violentos contra la verdad. Atacar violentamente el error no es un pecado; la c&oacute;lera pecaminosa se transforma en ese caso en una c&oacute;lera santa.</p>     <p><b>3.4. El desacuerdo radical (<i>deep disagreement</i>) es un desaf&iacute;o</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En su esencia, la pol&eacute;mica ser&iacute;a falaz por el hecho de tratarse de un compromiso personal demasiado intenso. Este se desarrolla, en principio, de manera diferente al <i>deep disagreement</i>. Fogelin<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup> introdujo esta noci&oacute;n de <i>deep disagreement</i>, debate radical o profundo. Es interesante tener en cuenta esta categor&iacute;a ya que un debate radical no es necesariamente 297 una controversia o pol&eacute;mica, en el sentido en que el debate radical puede perfectamente mantenerse apacible. En un sentido, el debate est&aacute; por encima de la controversia o de la pol&eacute;mica puesto que pone en juego principios o valores incompatibles. El altercado que lo organiza estar&iacute;a caracterizado m&aacute;s bien por una diferencia metaf&iacute;sica que por un conflicto epist&eacute;mico. Dicho de otro modo, si el debate radical no avanza no es por falta de implicaci&oacute;n de los participantes sino porque la realidad no logra ejercer una presi&oacute;n suficiente sobre el discurso. De ah&iacute; que la consecuencia de un debate radical era, <i>radical and shocking, </i>un desaf&iacute;o a la empresa argumentativa como tal "Si &eacute;l estuviera en lo cierto, &iquest;en qu&eacute; se convertir&iacute;a el campo? M&aacute;s importante a&uacute;n, &iquest;qu&eacute; se har&iacute;a con respecto al desacuerdo radical en s&iacute; mismo?"<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup></p>     <p><font size="3"><b>4. Normalidad del desacuerdo</b></font></p>     <p>Podr&iacute;amos sostener que todo debate argumentativo con algo de seriedad contiene elementos de radicalidad, y que esta radicalidad es normal y de ninguna manera dram&aacute;tica, ni desde el punto de vista social ni desde el punto de vista moral. La apreciaci&oacute;n exacta de la situaci&oacute;n exige una reevaluaci&oacute;n de los terceros participantes que son protagonistas esenciales de la situaci&oacute;n argumentativa, por encima de toda satanizaci&oacute;n del desacuerdo. Como lo afirma Willard, autor que ha escribo bastante sobre la valorizaci&oacute;n del desacuerdo: "valorar el desacuerdo va en contra de una antigua tradici&oacute;n en la argumentaci&oacute;n que valora menos la oposici&oacute;n que las reglas que la regulan".<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup></p>     <p>La preferencia por el consenso no excluye la normalidad del desacuerdo. La una viene de las preferencias; la otra, de los hechos. La cuesti&oacute;n compromete una visi&oacute;n del campo de los estudios de la argumentaci&oacute;n. Desde el punto de vista del enfoque de las ciencias del lenguaje, entendido como gram&aacute;ticas y l&eacute;xicos del discurso, diremos que el estudio de la argumentaci&oacute;n toma como objeto la producci&oacute;n, la gesti&oacute;n, la resoluci&oacute;n, la amplificaci&oacute;n y la transformaci&oacute;n de las diferentes opiniones a trav&eacute;s la confrontaci&oacute;n de las mismas; o, simplemente, que su objetivo es la modelizaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica de situaciones de confrontaci&oacute;n de puntos de vista. Saber en qu&eacute; condiciones conviene maniobrar para reducir las diferencias de opini&oacute;n y en qu&eacute; condiciones se debe, por el contrario, favorecer su desarrollo es una cuesti&oacute;n social y cient&iacute;fica mayor; tiene implicaciones pedag&oacute;gicas cruciales, que no pueden darse por sentadas sobre la base de una aprehensi&oacute;n correcta de lo que pasa cuando se argumenta.</p>     <p>En este orden de ideas y desde esta perspectiva, la cuesti&oacute;n de la evaluaci&oacute;n (de-valuaci&oacute;n y re-valuaci&oacute;n) de los argumentos no es considerada a trav&eacute;s de un sistema de reglas sino como un conjunto de sistemas controlado por los participantes y articulados unos con otros. Estos sistemas evaluativos son asumidos por grupos, lo que supone un socio-an&aacute;lisis de las pr&aacute;cticas argumentativas. Le corresponde entonces a la teor&iacute;a de la argumentaci&oacute;n dar cuenta de esas estructuras argumentativas complejas si quiere resultar descriptivamente adecuada. Consideraremos la evaluaci&oacute;n, primero en su surgimiento, como una pr&aacute;ctica esencial de los mismos argumentadores; como una actividad sobre la que reflexionan las comunidades argumentativas producidas por las cuestiones argumentales que se toman en serio; por las comunidades argumentativas permanentes que constituyen las asambleas deliberativas en el campo de la argumentaci&oacute;n socio-pol&iacute;tica y por los grupos de expertos que eval&uacute;an constantemente las producciones en el &aacute;mbito de la argumentaci&oacute;n en las diferentes &aacute;reas cient&iacute;ficas. Es as&iacute; como podemos entender las palabras, muy expl&iacute;citas, de Hamblin sobre lo que debe ser "la posici&oacute;n del l&oacute;gico", expresi&oacute;n que se refiere al "especialista de la argumentaci&oacute;n":</p> <ol>"Los l&oacute;gicos pueden permitirse por supuesto expresar sus sentimientos, pero hay algo repugnante en la idea de que la L&oacute;gica<i>es </i>un veh&iacute;culo para que estos expresen sus juicios propios con respecto a la aceptaci&oacute;n o la negaci&oacute;n de declaraciones y argumentos. El l&oacute;gico no se puede situar por encima o por fuera de la argumentaci&oacute;n pr&aacute;ctica o, proponer necesariamente, un juicio sobre la misma. &Eacute;l no es un juez o una corte, y no hay tal juez ni corte:&eacute;l es en el mejor de los casos un experto abogado. En consecuencia, el trabajo particular del l&oacute;gico no es declarar la verdad ni ninguna ley de validez a prop&oacute;sito de alg&uacute;n argumento".<sup><a name="nu38"></a><a href="#num36">38</a></sup>    </ol>     <p>Todo este pasaje se inscribe en una concepci&oacute;n &eacute;mica de la racionalidad del intercambio argumentativo: la apreciaci&oacute;n de los hechos, la cr&iacute;tica y la evaluaci&oacute;n son, por una parte, relativas al &aacute;mbito del conocimiento y, por otra, un asunto de los participantes.</p>     <p><b>4.1. Consecuencia para el consenso</b></p>     <p>Partimos de un postulado que viene de la antropolog&iacute;a: existen conflictos de inter&eacute;s entre los humanos y los grupos humanos, y sucede que esos conflictos se manifiestan en discursos que hacen referencia a puntos de vista diferentes. Estas diferencias de inter&eacute;s pueden ser tratadas por el lenguaje (parcial o completamente), y la argumentaci&oacute;n es uno de los modos de tratamiento de esas diferencias, que se materializa en las diferencias de opini&oacute;n. La argumentaci&oacute;n puede servir para trabajar la opini&oacute;n del otro, convencerlo, crear acuerdos, reducir esas diferencias de opini&oacute;n y producir un consenso. Esta una afirmaci&oacute;n emp&iacute;ricamente verdadera. Se puede tomar como programa de investigaci&oacute;n las condiciones en las que la argumentaci&oacute;n elaborada ha sido parte determinante en la resoluci&oacute;n de un conflicto. De este programa se genera otro, sobre la investigaci&oacute;n de los medios a trav&eacute;s de los cuales se puede favorecer el acuerdo: la argumentaci&oacute;n aplicada.</p>     <p>La argumentaci&oacute;n puede ser &uacute;til para dividir la opini&oacute;n y profundizar en las diferencias de puntos de vista: es lo que hace, en la visi&oacute;n cristiana del mundo, el discurso de Jesucristo: "34.No crean que yo he venido a traer la paz en la tierra; yo no vine a traer la paz sino la espada.35. Porque yo he venido a poner la divisi&oacute;n entre el hombre y su padre, entre la hija y su madre, entre la nuera y la suegra; 36. Y el hombre tendr&aacute; como enemigos la gente de su casa".<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La teor&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica de la argumentaci&oacute;n es el estudio de la manera en la que son manejados discursivamente los conflictos de inter&eacute;s y las diferencias de opini&oacute;n. La argumentaci&oacute;n es vista fundamentalmente como un m&eacute;todo de gesti&oacute;n de la diferencia. Como lo afirma muy bien un corresponsal del peri&oacute;dico <i>El Pa&iacute;s </i>"No se trata de convencer sino de convivir":<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup> el problema no est&aacute; en convencer al otro, sino de convivir con &eacute;l.</p>     <p>En un contexto social, ideol&oacute;gico o cient&iacute;fico, marcado por el consenso, el primer momento en la generaci&oacute;n de una cuesti&oacute;n argumentativa es el de crear un discurso "alternativo" que se oponga al consenso. Como las situaciones de consenso no necesitan una justificaci&oacute;n, los discursos alternativos deben ser poderosamente justificados para que se vuelvan susceptibles de ser escuchados en la esfera pertinente: ser&iacute;a una noble tarea para la teor&iacute;a de la argumentaci&oacute;n reflexionar sobre las condiciones en las que ella puede contribuir al desarrollo de estos discursos.</p>     <p>El enfoque dialogal, tripolar, en la argumentaci&oacute;n permite desdramatizar la cuesti&oacute;n del consenso, que tiene que ver m&aacute;s bien con el confort psicol&oacute;gico. Es posible sin ning&uacute;n inconveniente hacer a un lado el consenso, inclusive el de los acuerdos "previos" que condicionar&iacute;an el ejercicio de la argumentaci&oacute;n. El encuentro argumentativo necesita un lenguaje com&uacute;n, un lugar f&iacute;sico o virtual para acogerlo y, en los casos m&aacute;s elaborados, una instituci&oacute;n que los organice.</p>     <p>El caso del encuentro judicial es ejemplar. Se ignora completamente el acuerdo previo de las personas en cuesti&oacute;n; si las personas no quieren ir al tribunal, se les convoca y se les obliga. Del mismo modo, en el momento del veredicto, no se le pide al condenado que reconozca la racionalidad del tribunal y de dar su consentimiento con respecto a la violencia con la que se le condena (en los reg&iacute;menes totalitarios tienen exigencias como esas), sino simplemente que soporte su pena. Entendido esto, se supone que se integra a la reflexi&oacute;n sobre la argumentaci&oacute;n el ejercicio de la violencia legal, que participa tambi&eacute;n de la racionalidad social. El pensamiento que domina en la argumentaci&oacute;n, el del acuerdo y el consenso, no tiene en cuenta el poder, que est&aacute; all&iacute; para quedarse.</p>     <p><b>4.2. La falacia del consenso</b></p>     <p>La puesta en primer plano del consenso supone que la unanimidad seria el estado normal y sobre todo deseable de la sociedad y de los grupos. Si no hay unanimidad, hay una mayor&iacute;a en lo cierto y una minor&iacute;a en la falacia. Esta ha resistido al poder de persuasi&oacute;n del orador y se ha negado a reconocer la derrota que le ha impuesto el dial&eacute;ctico. Lo &uacute;nico que le queda es separarse o emigrar a un mundo nuevo.<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup></p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>En franc&eacute;s: "suite pr&eacute;f&eacute;r&eacute;e", corresponde a la respuesta esperada o preferida ("prefered" en ingl&eacute;s) se refiere a la expectativa presente en la primera parte de una intervenci&oacute;n conversacional sobre la intervenci&oacute;n que corresponde al siguiente turno; hecho que clarifica la noci&oacute;n de preferencia correspondiente al concepto ling&uuml;&iacute;stico de marcadez, permitiendo distinguir entre categor&iacute;as de respuestas preferidas y no preferidas. Cfr. Levinson, S. <i>Pragmatics</i>, Cambridge University, Cambridge, 1983, p. 307. Hay versi&oacute;n espa&ntilde;ola: <i>Pragm&aacute;tica</i>, Teide, Barcelona, 1989. Traducci&oacute;n de &Aacute;frica Rubi&eacute;s (Nota de los traductores).    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Por ejemplo, mordacidad, murmuraci&oacute;n, lisonja, adulaci&oacute;n, loa, calumnia o denostaci&oacute;n. Cfr. Chauchadis, Claude, "Virtudes y pecados de la lengua: Sebasti&aacute;n de Covarrubias y Mart&iacute;n de Azpilcueta", <i>Critic&oacute;n</i>, 92, 2004, pp. 39-45. La noci&oacute;n de pecados de la lengua es ampliada m&aacute;s adelante por el autor (Nota de los traductores).    <br>  <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Bilmes, J., "Toward a Theory Of Argument in Conversation: The Preference for Disagreement", en Van Eemeren, F. H., Grootendorst, R., Blair, J. A. And Willard, C. A. (Eds.), <i>Proceedings of the Second International Conference on Argumentation</i>, Sicsat. International Centre for The Study of Argumentation, Amsterdam, 1991, pp. 462-469.    <br>  <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Plantin, C., <i>L'interaction argumentative. Document de synth&egrave;se pr&eacute;sent&eacute; pour l'Habilitation &agrave;diriger les recherches</i>, Universit&eacute; Lyon 2, Lyon, 1995 (Disponible en Internet: <a href="http://icar.univ-lyon2.fr/Membres/cplantin/publications.htm" target="_blank">http://icar.univ-lyon2.fr/Membres/cplantin/publications.htm</a>).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Ducrot, O., <i>Dire et ne pas dire. Principes de s&eacute;mantique linguistique, </i>Hermann,3, 1972.    <br>  <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Ducrot, O., <i>La preuve et le dire, </i>Mame, Tours, 1973, pp. 69-101.    <br>  <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>Ducrot, O., <i>La preuve et le dire, Op. Cit., </i>p. 91.    <br>  <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup><i>Ib&iacute;dem</i>, p. 97.    <br>  <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup><i>Ib&iacute;dem</i>, p. 92.    <br>  <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>Grice, H. P., "Logic and conversation", en Cole P. Morgan J. L. <i>Syntax and Semantics</i>, Vol. 3, <i>Speech Acts</i>, Academic Press, New York, 1975, pp. 45 (Ingl&eacute;s en el original, transcribimos la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de Grice, P. "L&oacute;gica y conversaci&oacute;n" en <i>La B&uacute;squeda Del Significado: Lecturas de Filosof&iacute;a Del Lenguaje</i>. Luis M. Vald&eacute;s Villanueva (Comp.). Editorial Tecnos, Madrid, 2005, p. 516 (Nota de los traductores).    <br>  <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>Cfr. Kerbrat-Orecchioni, Catherine, "La place de l'interpr&eacute;tation en Analyse du Discours en Interaction", <i>Signes, Discours et Soci&eacute;t&eacute;s. 3. Perspectives crois&eacute;es sur le dialogue, </i>26 juillet, 2009 (Disponible en Internet: <a href="http://www.revue-signes.info/document.php?id=821" target="_blank">http://www.revue-signes.info/document.php?id=821</a>. ISSN 1308-8378.) (Nota de los traductores).    <br>  <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>Cfr. Eemerer, Frans van y Grootendorst, Rob. "Reglas para una discusi&oacute;n cr&iacute;tica", <i>Praxis filos&oacute;fica</i>, No. 28, Cali ene./jun. 2009. Traducci&oacute;n de Sebasti&aacute;n Agudelo M. Juli&aacute;n Fernando Trujillo Amaya, Universidad del Valle, Cali, pp. 220-221. Original ingl&eacute;s: Traducido de "Rules for a critical discussion" (Chapter 6), en Esmeren, F. van y Grootendorst, <i>A Systematic Theory of Argumentation</i>: <i>The Pragma-dialectical Approach, </i>Cambridge University Press, Cambridge, 2004, pp. 123-157. Hay traducci&oacute;n Espa&ntilde;ola de la obra completa: <i>Una teor&iacute;a sistem&aacute;tica de la argumentaci&oacute;n. La perspectiva pragmadial&eacute;ctica</i>, Editorial Biblos, Buenos Aires, 2011. Traducci&oacute;n de Celso L&oacute;pez y Ana Mar&iacute;a Vicu&ntilde;a. La alusi&oacute;n a estas reglas ser&aacute; una constante a lo largo del texto. En adelante nos orientaremos por la traducci&oacute;n de Celso y Vicu&ntilde;a (Nota de los traductores).    <br>  <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>Hedge, L., <i>Elements of Logick, or a Summary of the General Principles and Different modes of Reasoning</i>, Hilliard, Boston, 1838 (Disponible en Internet: <a href="http://books.google.com/books?id=hVcZAAAAYAAJ&printsec=frontcover&dq=hedge+logick&hl=fr#PPR1,M1" target="_blank">http://books.google.com/books?id=hVcZAAAAYAAJ&printsec=frontcover&dq=hedge+logick&hl=fr#PPR1,M1</a>).     <br>  <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>Grice, H. P., "Logic and conversation", <i>Op. Cit., </i>p. 47 ("L&oacute;gica y conversaci&oacute;n" <i>Op. Cit., </i>p.518) (Nota de los traductores).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>May&uacute;sculas en el original. <i>Ib&iacute;dem </i>p. 29 (Nota de los traductores).    <br>  <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>Perelman, C., &amp; L. Olbrechts-Tytec, <i>Trait&eacute; de l'argumentation - La Nouvelle rh&eacute;torique</i>. Ed. de l'Universit&eacute; de Bruxelles, Bruxelles, 3e &eacute;d, 1976p.18.    <br>  <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>Doury, M., <i>Le D&eacute;bat immobile. Analyse de l'argumentation dans le d&eacute;bat autour desparasciences, </i>Paris, Kim&eacute;, 1997.    <br>  <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>Arist&oacute;teles. <i>Rh&eacute;torique</i>, Introd. et Trad. de P. Chiron. Paris: Garnier-Flammarion, 2007.    <br>  <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>Cicer&oacute;n, <i>Divisions de l'art oratoire &ndash; Topiques</i>. Texte &eacute;tabli et traduit par H. Bornecque, LesBelles Lettres, Paris 1e &eacute;d., 3e tirage, (<i>Div.</i>, XIII, 46), 1924, p. 19.    <br>  <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Grize, Jean-Blaise, <i>Logique et langage</i>, Ophrys, Paris, 1990, p. 40.    <br>  <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>Perelman &amp; Olbrechts-Tyteca, <i>Op. Cit., </i>p. 5.    <br>  <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>Domenach, <i>La propagande politique, </i>Presses universitaires de France, Paris, 1950, p. 8.    <br>  <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>Perelman &amp; Olbrechts-Tyteca, <i>Op. Cit., </i>p. 5.    <br>  <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>El autor se refiere a Dascal, M., "Colonizing and decolonizing minds" en I. Ku&ccedil;uradi (ed.), <i>Papers of the 2007 World Philosophy Day</i>, Philosophical Society of Turkey, Ankara, 2009, pp. 308-332 (nota de los traductores).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>Eemeren, van Frans &amp; Grootendorst, <i>Argumentation, communication and fallacies: A pragma-dialectical perspectiva, </i>Lawrence Erlbaum Associates, Inc., Hillsdale, N.J., 1992, p.18.    <br>  <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>Descartes, "Regla No. 1" en <i>Regul&aelig;ad directionem ingenii / R&egrave;gles pour la direction de l'esprit</i>, Traduction et notes de J. Sirven, Vrin, Paris (versi&oacute;n libre de los traductores), 2003.    <br>  <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>Eemeren, Frans van y Grootendorst, R., <i>La nouvelle dialectique, </i>Trad. de l'anglais "argumentation, communication, fallacies" par Chr. Plantin &amp; al.. Paris, Kim&eacute;, 1996.    <br>  <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>Hedge, L., <i>Op. Cit., </i>1838, pp. 159-162.    <br>  <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>Esta y las siguientes reglas son citadas en ingl&eacute;s en el original, presentamos la versi&oacute;n libre de los traductores.    <br>  <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup>Cfr. Plantin, Chr., "Des pol&eacute;mistes aux pol&eacute;miqueurs", M. Murat, G. Declercq, J. Dangel (&eacute;ds), <i>La parole pol&eacute;mique</i>, Champion, Paris, 2002, pp. 377-408. Para un an&aacute;lisis de caso, Cfr. Plantin, Chr., "De "l'inf&acirc;me rumeur" &agrave; la pol&eacute;mique d'&eacute;tat : sur La politique de Beno&icirc;t XV". <i>Mots </i>76, 2004, pp. 93-107.    <br>  <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup>Eemeren, Frans van y Grootendorst, R., <i>La nouvelle dialectique, Op. Cit., </i>p. 205.    <br>  <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup>Gaffi ot, F&eacute;lix,"art. <i>Contentio</i>" en <i>Dictionnaire latin fran&ccedil;ais</i>, Hachette, Paris, 1984.    <br>  <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup>Casagrande &amp; Vecchio, <i>Les p&eacute;ch&eacute;s de la langue </i>(Trad. de l'italien <i>I peccati della lingua </i>par Ph. Baillet), Le Cerf, Paris, 1991, pp. 213-214.    <br>  <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup>Casagrande &amp; Vecchio, <i>Op. Cit., </i>1991, pp. 213-214.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup>Fogelin, Robert, "The Logic of Deep Disagreements", <i>Informal Logic.</i>VII.1, Winter, 1985, pp. 1-8.    <br>  <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup>Turner, D. &amp; Campolo, C., "Introduction: Deep disagreement reexamined", <i>Informal Logic</i>, 25, 1, 2005, pp. 1-2.    <br>  <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup>Willard, Arthur, <i>A Theory of Argumentation</i>, L.A. University of Alabama Press, Toscaloosa, 1989, pp. 149 (Versi&oacute;n libre de los traductores).    <br>  <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup>Hamblin, C. L., <i>Fallacies</i>, Methuen, Londres, 1970, pp. 244-245 (it&aacute;lica en el texto, versi&oacute;n libre de los traductores).    <br>  <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup>Mateo 10; 34-36.    <br>  <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup>Ortega, A., "La raz&oacute;n razonable" en <i>El Pa&iacute;s</i>, 25-09-2006.    <br>  <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup>Rosanvallon P., <i>Cours, </i>2008-2009 (Disponible en Internet: <a href="http://www.college-de-france.fr/default/EN/all/his_pol/audio.htm" target="_blank">http://www.college-de-france.fr/default/EN/all/his_pol/audio.htm</a>)    <br> </font>      ]]></body>
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