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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Juicios evaluativos, verdad y objetividad]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this essay I discuss whether we should understand the objectivity of evaluative judgments in the same terms as we do with epistemic judgments. I argue for a domain-specific understanding of objectivity, according to which we should see truth as central to epistemic objectivity, but not to evaluative objectivity. However, this position has traditionally led to see these judgments as subjective. Here I argue that the lack of truth values does not necessarily lead to subjectivism-not if we do not conceive evaluative judgments as expressions of feelings or desires without any rational constraints. In the case of the objectivity of evaluative judgments, the emphasis should go on justification, rather than on truth. However, justification alone is no guarantee of objectivity (but, in the same way, neither is truth). I try to delve into some of the conditions necessary to claim objectivity of evaluative judgments and also distinguish between types of objectivity]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="Verdana, Geneva, sans-serif">      <p align="center"><font size="4"><b>Juicios evaluativos, verdad y objetividad</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Value judgments, truth and objectivity</b></font></p>      <p><i>Gustavo Ortiz-Mill&aacute;n</i>    <br>  Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas, M&eacute;xico D.F. - M&eacute;xico    <br> E-mail: <a href="mailto:gmom@filosoficas.unam.mx">gmom@filosoficas.unam.mx</a></p>      <p><b>Recibido:</b> febrero 12 de 2013    <br> <b>Aprobado:</b> junio 9 de 2013</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Resumen</b></font>      <p>En este ensayo discuto si deber&iacute;amos entender la objetividad que predicamos de juicios evaluativos en los mismos t&eacute;rminos en que lo hacemos de juicios epist&eacute;micos. Argumento a favor de un entendimiento de dominio espec&iacute;fico de la objetividad, seg&uacute;n el cual deber&iacute;amos ver a la verdad como central para la objetividad epist&eacute;mica, pero no para la objetividad evaluativa. Sin embargo, esta posici&oacute;n tradicionalmente ha conducido a ver los juicios evaluativos como subjetivos. Aqu&iacute; argumento que la carencia de valores de verdad no necesariamente conduce al subjetivismo; no, si no se conciben los juicios evaluativos como expresiones de sentimientos o deseos sin ninguna restricci&oacute;n racional. M&aacute;s que en el concepto de verdad, en el caso de la objetividad de juicios evaluativos, el &eacute;nfasis debe ponerse en el de justificaci&oacute;n. Sin embargo, este concepto por s&iacute; solo no es garante de objetividad (del mismo modo en que tampoco lo es el de verdad). Trato de ahondar en algunas de las condiciones para predicar objetividad de juicios evaluativos y para ello tambi&eacute;n distingo entre tipos de objetividad.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> objetividad, juicios evaluativos, verdad, justificaci&oacute;n.</b>  <hr>      <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>      <p>In this essay I discuss whether we should understand the objectivity of evaluative judgments in the same terms as we do with epistemic judgments. I argue for a domain-specific understanding of objectivity, according to which we should see truth as central to epistemic objectivity, but not to evaluative objectivity. However, this position has traditionally led to see these judgments as subjective. Here I argue that the lack of truth values does not necessarily lead to subjectivism-not if we do not conceive evaluative judgments as expressions of feelings or desires without any rational constraints. In the case of the objectivity of evaluative judgments, the emphasis should go on justification, rather than on truth. However, justification alone is no guarantee of objectivity (but, in the same way, neither is truth). I try to delve into some of the conditions necessary to claim objectivity of evaluative judgments and also distinguish between types of objectivity.</p>      <p><b>Keywords:</b> objectivity, value judgments, truth, justification.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>1. Introducci&oacute;n</b></font></p>      <p> Tradicionalmente se ha afirmado que los juicios evaluativos no pueden ser objetivos si no tienen valores de verdad, dado que usualmente se toma a la verdad como garante de objetividad. Si no podemos predicar verdad de los juicios de valor, se dice, entonces estos son completamente subjetivos y parece imposible predicar objetividad de ellos; si renunciamos a la verdad en los juicios evaluativos, estamos conden&aacute;ndonos al subjetivismo. Asimismo, si los juicios evaluativos no tienen valores de verdad, esto significa que no tienen las caracter&iacute;sticas definitorias de las creencias: no son ni verdaderos ni falsos y consecuentemente no pueden ser objetivos. Entonces estos juicios deben estar m&aacute;s cercanos a los sentimientos, las emociones o los deseos, que no tienen valores de verdad y, se nos dice, no se pueden justificar a trav&eacute;s de argumentos racionales. Estos estados est&aacute;n libres de cualquier tipo de constricci&oacute;n racional y constituyen l&iacute;mites a la argumentaci&oacute;n y la cr&iacute;tica racionales: no podemos argumentarlos, se afirma, porque no se pueden dar razones para apoyarlos. Si los juicios evaluativos no tienen valores de verdad, entonces son cuesti&oacute;n de opini&oacute;n personal, si no es que de mera superstici&oacute;n. Este es, por ejemplo, el modo en que Crispin Wright piensa acerca de la idea de que los juicios morales carezcan de valores de verdad:</p>      <blockquote>     <p>Es de fundamental importancia que los juicios morales est&eacute;n dirigidos hacia la verdad, y si la filosof&iacute;a nos ense&ntilde;a que no hay verdad moral que alcanzar, &iquest;c&oacute;mo se supone que vamos a tomarnos seriamente al pensar como lo hacemos acerca de cualquier asunto que veamos como de gran importancia moral? &iquest;C&oacute;mo puede ser que permitamos racionalmente que las opiniones que la fr&iacute;a reflexi&oacute;n filos&oacute;fica nos ense&ntilde;a que no son mejores que la superstici&oacute;n constri&ntilde;an nuestras acciones en la forma en que las opiniones morales distintivamente lo hacen? (Wright 1996, p. ;2)<a href="#1" name="v1"><Sup>1</Sup></a></p> </blockquote>      <p>Pero, &iquest;necesitamos realmente de la verdad para tomarnos en serio cuando tratamos asuntos evaluativos? &iquest;No nos estamos tomando demasiado en serio? &iquest;No nos estamos tomando en serio al pensar que, aun cuando no todos nuestros juicios est&aacute;n dirigidos a la verdad, tenemos razones justificativas para pensar como lo hacemos? Afirmar que los juicios evaluativos no est&aacute;n dirigidos a la verdad, &iquest;realmente los hace equivalentes a supersticiones? Las supersticiones son creencias irracionales que usualmente est&aacute;n basadas en la ignorancia y de las que se puede probar que son falsas o est&aacute;n injustificadas. Nada de esto, creo yo, se aplica a los juicios de valor. No, podemos argumentar, si no los hacemos equivalentes a meros sentimientos o a deseos entendidos como estados no sujetos a ninguna constricci&oacute;n racional. No, si estamos de acuerdo en que los juicios evaluativos admiten justificaci&oacute;n y la influencia de razones; y finalmente, no, si no pensamos que la verdad es nuestra &uacute;nica garant&iacute;a de objetividad.</p>      <p>El subjetivismo es la idea de que nuestros juicios de valor se basan en nuestros gustos, sentimientos, emociones o deseos y nada m&aacute;s. Tradicionalmente, el subjetivismo ha ido de la mano de una visi&oacute;n empirista de estos estados como completamente fuera del alcance de la raz&oacute;n. As&iacute;, seg&uacute;n el subjetivismo, los juicios morales o est&eacute;ticos se parecen m&aacute;s a los juicios de gusto y no tiene sentido debatir acerca de ellos o criticar a nadie por sostener los valores que sostiene. En asuntos evaluativos la subjetividad reina y no hay tal cosa como estar objetivamente en lo correcto. Cuando alguien eval&uacute;a algo como bueno o malo, valiente o cobarde, bello o kitsch, esa evaluaci&oacute;n no es diferente de sus sentimientos personales de aprobaci&oacute;n o desaprobaci&oacute;n de la acci&oacute;n o situaci&oacute;n en cuesti&oacute;n, o del deseo de que se obtenga tal o cual situaci&oacute;n. Esto es lo que dice el subjetivista. No obstante, los cr&iacute;ticos del emotivismo -;una de las m&aacute;s influyentes posiciones subjetivistas-; hicieron mucho para mostrar c&oacute;mo la concepci&oacute;n de emociones y sentimientos de esta teor&iacute;a descansaba en una visi&oacute;n simplista y equivocada de estos estados, pero tambi&eacute;n de los juicios evaluativos.<a href="#2" name="v2"><sup>2</sup></a> Creo que basta con rechazar la identificaci&oacute;n entre estos estados y los juicios de valor para objetar la posici&oacute;n que sostiene que estos juicios son irremediablemente subjetivos.<a href="#3" name="v3"><sup>3</sup></a></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La idea de que la carencia de valores de verdad hace que un juicio sea subjetivo est&aacute; basada en una noci&oacute;n restrictiva de la objetividad, una noci&oacute;n que no captura algunos de los posibles sentidos en los que usamos el t&eacute;rmino "objetividad". Este es usualmente un concepto que se aplica en contextos epist&eacute;micos. Por lo com&uacute;n se piensa que el conocimiento objetivo requiere de la creencia, la verdad y la justificaci&oacute;n: el conocimiento de <i>p</i> es objetivo si el agente cree la proposici&oacute;n <i>p</i>, <i>p</i>es verdadera y el agente est&aacute; justificado en creerla. Bajo esta definici&oacute;n, cualquier actitud proposicional que no cumpla con estas condiciones, no puede ser objetiva. S&oacute;lo las creencias pueden serlo, dado que estas son las &uacute;nicas actitudes proposicionales que est&aacute;n dirigidas a la verdad y admiten justificaci&oacute;n; otras actitudes son, seg&uacute;n la imagen dualista, subjetivas. As&iacute; es como todas nuestras actitudes no cognitivas (es decir, que no sean creencias) est&aacute;n condenadas al subjetivismo. Sin embargo, independientemente de c&oacute;mo las definamos, y de las teor&iacute;as de la verdad y de la justificaci&oacute;n que sostengamos, la verdad y la justificaci&oacute;n son dos categor&iacute;as que deben distinguirse, puesto que refieren a propiedades diferentes. De este modo, aqu&iacute; quiero distinguir entre dos sentidos diferentes de objetividad que dependen del papel que la verdad tiene como un est&aacute;ndar de justificaci&oacute;n. Quiero argumentar que la noci&oacute;n tradicional de objetividad es v&aacute;lida s&oacute;lo para la creencia y el conocimiento, esto es, s&oacute;lo en contextos epist&eacute;micos en los que la verdad funciona como un fin a alcanzar, pero que podemos tener una noci&oacute;n de objetividad diferente en contextos en los que la verdad no est&aacute; en juego. Esta segunda noci&oacute;n de objetividad est&aacute; basada en est&aacute;ndares diferentes que incluyen fines y valores distintos de la verdad.<a href="#4" name="v4"><sup>4</sup></a> As&iacute;, tendremos diferencias entre dos sentidos de objetividad que dependen de fines diferentes. La objetividad epist&eacute;mica involucra verdad, as&iacute; como otros valores epist&eacute;micos, mientras que la objetividad no epist&eacute;mica o evaluativa -;como aqu&iacute; la llamar&eacute;-; no involucra verdad.</p>      <p>Voy a defender entonces una perspectiva de dominio espec&iacute;fico de la objetividad, seg&uacute;n la cual la objetividad debe entenderse de modos diferentes seg&uacute;n el dominio en el cual se aplica, esto es, la concepci&oacute;n de objetividad apropiada a cuestiones evaluativas es diferente de la de dominios epist&eacute;micos en los que hay valores de verdad en juego. En adelante tratar&eacute; de dar algunos argumentos a favor de la especificidad de dominio de la objetividad.<a href="#5" name="v5"><sup>5</sup></a> En cuestiones evaluativas, el &eacute;nfasis en las condiciones de objetividad debe estar en el concepto de justificaci&oacute;n, m&aacute;s que en el de verdad. Sin embargo, en contextos evaluativos, la justificaci&oacute;n por s&iacute; misma tampoco es una condici&oacute;n suficiente de objetividad, dado que hay razones objetivas y subjetivas que se pueden aducir para la justificaci&oacute;n. Lo que cuenta para la justificaci&oacute;n objetiva de un juicio de valor (y tal vez para otros estados intencionales que admitan justificaci&oacute;n) reside, por principio, en el hecho de que estos juicios pueden justificarse apelando a criterios o normas compartidos de justificaci&oacute;n. Mientras m&aacute;s sigan nuestros juicios estos criterios y menos descansen en rasgos espec&iacute;ficos de la constituci&oacute;n del individuo y de su situaci&oacute;n, m&aacute;s objetivos ser&aacute;n.</p>      <p><font size="3"><b>2. La objetividad absoluta: ontol&oacute;gica y epistemol&oacute;gica</b></font></p>      <p> Hay un posible sentido de la noci&oacute;n de objetividad que quiero desechar desde el principio. Seg&uacute;n esto, objetividad quiere decir aquello que tiene que ver con objetos materiales o lo que tiene existencia o realidad, y no es dependiente de la mente, es decir, es "independiente de la mente" (para usar aqu&iacute; una jerga filos&oacute;fica que es un tanto confusa y que m&aacute;s bien deber&iacute;amos evitar, si no es que rechazar completamente). Objetivo, se nos dice, es lo que existe en la realidad como es en s&iacute; misma, independientemente de nuestro conocimiento de ella. Por otra parte, subjetivo es lo que es "dependiente de la mente", lo que procede de la mente de la persona o que existe s&oacute;lo en la mente de quien tiene una experiencia. El dualismo objetivo/subjetivo toma aqu&iacute; la cara de ese otro dualismo entre la realidad como es en s&iacute; misma y el sujeto cognoscente; entre el mundo y la mente. Sin embargo, la objetividad no deber&iacute;a confundirse con el realismo. El realismo es la posici&oacute;n que mantiene que cierto tipo de enunciados poseen un valor de verdad objetivo, independiente de nuestros medios para conocerlo. Este entendimiento del objetivismo nos compromete con una forma de realismo metaf&iacute;sico que no s&oacute;lo est&aacute; lejos de nuestro sentido com&uacute;n acerca de la objetividad que est&aacute; impl&iacute;cita en nuestro discurso acerca de juicios de valor, sino que tambi&eacute;n nos compromete con posiciones epist&eacute;micas y evaluativas con las que tendr&iacute;amos que ser cuidadosos.</p>      <p>En el nivel epist&eacute;mico, este concepto de objetividad va de la mano con la idea de que el conocimiento es una cierta forma de representaci&oacute;n de la realidad, y que una creencia verdadera es aquella que representa la realidad fielmente o que se corresponde con ella. Mientras m&aacute;s se correspondan con esta realidad, m&aacute;s objetivas ser&aacute;n nuestras creencias. La verdad y la objetividad parecen acompa&ntilde;arse muy bien en la perspectiva representacionista. Si nuestras creencias son verdaderas, esto significa que se corresponden con el mundo; son objetivas si representan las cosas como son, esto es, cuando realmente se ajustan al mundo. Mientras menos involucre este proceso otros estados mentales del sujeto (estados no representacionales como los sentimientos, deseos o emociones), m&aacute;s objetivo ser&aacute; este conocimiento de la realidad. Es de aqu&iacute; de donde derivan otras definiciones del concepto de objetividad, como aquella que la define como un juicio que no est&aacute; influido de emociones y prejuicios. El ideal de la objetividad en este sentido ser&iacute;a aquel en el que nos deshici&eacute;ramos de todos nuestros estados mentales subjetivos y "trep&aacute;ramos fuera de nuestras propias mentes" para obtener la objetividad.<a href="#6" name="v6"><sup>6</sup></a> Dado que me parece que esto es imposible, por la sencilla raz&oacute;n de que es algo que involucra la participaci&oacute;n activa de la mente misma, esta perspectiva hace de la objetividad algo completamente fuera del alcance de los sujetos, una meta imposible de alcanzar. No tenemos que poner nuestros est&aacute;ndares en algo absolutamente imposible de alcanzar, en ideales de una visi&oacute;n desde ning&uacute;n lugar, del punto de vista del ojo de Dios o, como quer&iacute;a Popper, de un conocimiento sin sujetos cognoscentes, para obtener objetividad. Hacerlo simplemente genera escepticismo acerca de la posibilidad de alcanzar una perspectiva objetiva: dado que la objetividad estar&iacute;a fuera de nuestro alcance, entonces cualquier creencia o juicio estar&iacute;a siempre condenado a la subjetividad. &iquest;Qu&eacute; sentido tiene definir la objetividad como algo imposible de alcanzar? No podemos decir nada acerca de una realidad que trascienda la mente, que no est&eacute; localizada o que sea eterna. S&oacute;lo podemos hablar de la realidad que nos es accesible a trav&eacute;s de un conocimiento local y temporal y a trav&eacute;s de la participaci&oacute;n activa del sujeto. Lo que necesitamos es un concepto m&aacute;s asequible de objetividad y no este ideal inalcanzable.</p>      <p>Adicionalmente, este concepto de objetividad de entrada nos compromete con una perspectiva representacionista y empirista de la mente y del conocimiento, que la concibe como un recept&aacute;culo pasivo o como un espejo de la naturaleza -;para usar la frase de Rorty-;, as&iacute; como con un concepto de verdad como correspondencia con la realidad. Las creencias, en este tipo de teor&iacute;as, se definen en t&eacute;rminos de su ajuste con el mundo. Algunos fil&oacute;sofos recientes han criticado estas formas de empirismo, representacionismo y tambi&eacute;n el concepto de verdad como correspondencia y no es mi objetivo ahondar en este punto.<a href="#7" name="v7"><sup>7</sup></a> Esta misma perspectiva suele acompa&ntilde;arse de la idea de que estados no representacionales o no cognoscitivos son algo completamente subjetivo, en el sentido de que no est&aacute;n sujetos a ninguna constricci&oacute;n racional. No es raro encontrar en teor&iacute;as empiristas de la mente la idea de que los deseos, las emociones y otros estados relacionados est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de cualquier control racional, y que estos estados son un tipo de impulsos que nos asaltan y que no responden a ninguna forma de justificaci&oacute;n o de cr&iacute;tica. Dado que estos estados no tienen una naturaleza representacional, no pueden ser objetivos o aspirar a tener ning&uacute;n tipo de adecuaci&oacute;n al mundo; son m&aacute;s bien manifestaciones de la subjetividad del agente.</p>      <p>El sentido epist&eacute;mico de objetividad en esta versi&oacute;n implica un sentido ontol&oacute;gico seg&uacute;n el cual son objetivas aquellas cosas que tienen una existencia real en el mundo independientemente de la mente, y subjetivas aquellas que son "dependientes de la mente", o que proceden de la mente del agente. No s&oacute;lo encuentro este sentido poco interesante, sino tambi&eacute;n una fuente potencial de malos entendidos. Uno de estos malos entendidos creados por este concepto de objetividad en el nivel evaluativo est&aacute; ilustrado por la idea de que los valores pueden tener una existencia ontol&oacute;gica objetiva, pero tambi&eacute;n por la cr&iacute;tica que John Mackie hizo de esta idea (1977, cap. 1). Seg&uacute;n Mackie, no hay valores objetivos, si entendemos objetividad en este sentido ontol&oacute;gico. En su teor&iacute;a, &eacute;l presenta tanto las implicaciones metaf&iacute;sicas como las epist&eacute;micas que tendr&iacute;a el que concedi&eacute;ramos existencia a estas entidades raras o singulares (<i>queer</i>) que ser&iacute;an los valores objetivos. Conceder objetividad a los valores es comprometerse con la existencia de cualidades o entidades completamente diferentes de todo lo que existe en el universo, es decir, de cualidades o entidades objetivas. Adem&aacute;s, estas entidades metaf&iacute;sicas raras demandan la existencia de un aparato cognitivo singular que nos permitir&iacute;a tener conocimiento de ellas. No creo que mucha gente realmente mantenga este punto de vista tal como Mackie lo present&oacute; -;salvo, tal vez, alg&uacute;n plat&oacute;nico o algunas formas de la &eacute;tica material de los valores-;. A pesar de que podemos concederle su rechazo de estas entidades singulares, no quiero seguir esta l&iacute;nea argumental, puesto que nos conducir&iacute;a a lo que creo que es una mala comprensi&oacute;n de la naturaleza de la objetividad en relaci&oacute;n con los juicios de valor y, particularmente, nos comprometer&iacute;a con algunas de las suposiciones que he estado cuestionando. Los argumentos de Mackie descansan en concepciones empiristas y representacionistas de la verdad y del conocimiento. En realidad, Mackie es un te&oacute;rico de la correspondencia, que sostiene que la verdad es una cuesti&oacute;n de lo que puede mapearse en un mundo independiente de la mente, es cuesti&oacute;n de aquello que representa la realidad. Los juicios evaluativos no pueden mapearse en una realidad objetiva -;puesto que esto implicar&iacute;a que los valores tendr&iacute;an una existencia como entidades singulares-; a pesar de que, como las creencias, son aptos para la verdad (<i>truth apt</i>), afirma. Para las creencias f&aacute;cticas, &eacute;l aceptar&iacute;a la perspectiva representacionista, mientras que para los juicios de valor, s&oacute;lo acepta una parte de la f&oacute;rmula representacionista (los juicios de valor son aptos para la verdad o son estados representacionales), pero no la otra (no hay nada que representen o los haga verdaderos), as&iacute; es que los juicios de valor son falsos por <i>default</i>. Esta su llamada teor&iacute;a del error.</p>      <p>En lo que sigue, voy a dejar de lado cualquier concepci&oacute;n ontol&oacute;gica de la objetividad, y me voy a centrar en la objetividad de nuestros estados mentales, particularmente creencias y juicios evaluativos. Cualquier referencia al concepto de objetividad se aplicar&aacute; s&oacute;lo a estos y no a entidades ontol&oacute;gicas independientes de la mente.</p>      <p><font size="3"><b>3. Dos conceptos de objetividad</b></font></p>      <p> Quiero distinguir dos conceptos de objetividad basados en diferentes est&aacute;ndares de justificaci&oacute;n: uno en el que se alcanza la objetividad a trav&eacute;s de un proceso que involucra evitar cualquier factor de distorsi&oacute;n que conduzca nuestras creencias lejos de la justificaci&oacute;n y la verdad; y otro diferente en el que no hay tal expectativa de verdad, sino en donde se alcanza la objetividad a trav&eacute;s de un proceso basado solamente en seguir criterios de justificaci&oacute;n que no dependen (o por lo menos no en una forma directa) del concepto de verdad.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Llamar&eacute; al primero un sentido epist&eacute;mico o dox&aacute;stico de objetividad. Este sentido ciertamente implica la idea de verdad, y esta es la clase de objetividad que podemos encontrar en &aacute;reas de investigaci&oacute;n que involucran valores de verdad y, por lo tanto, la clase de objetividad que implican procesos cognitivos. La llamo epist&eacute;mica porque, dado que hay una expectativa de verdad, y la verdad es una propiedad de nuestras creencias, esta clase de objetividad lo es tambi&eacute;n de nuestros estados epist&eacute;micos. La gente es objetiva en este sentido si, mientras forma sus creencias y juicios epist&eacute;micos acerca de un cierto asunto, es sensible a factores epist&eacute;micamente relevantes a la verdad de sus creencias y juicios acerca de este asunto (<i>cfr</i>. Raz 1999, p. ;119). David Wiggins nos da una caracterizaci&oacute;n similar de objetividad -;aunque &eacute;l trata de cubrir todos los posibles sentidos de objetividad con su definici&oacute;n-;: "Un asunto es objetivo (o se relaciona con una realidad objetiva) si y s&oacute;lo si hay cuestiones acerca de &eacute;l (y suficientes cuestiones acerca de &eacute;l) que admiten respuestas que son sustancialmente verdaderas, esto es, simple y sencillamente verdaderas" (Wiggins 1996, p. 35; <i>vid. </i>Wiggins 1991).</p>      <p>Sin embargo, admitir la verdad no es suficiente para que la creencia acerca de alg&uacute;n asunto sea considerada objetiva: el proceso a trav&eacute;s del cual se alcanza la verdad tiene que ser uno que no involucre factores que distorsionen la justificaci&oacute;n y que desv&iacute;en nuestras creencias de la verdad o que involucre razones completamente subjetivas. No cualquier clase de justificaci&oacute;n cuenta como base para el conocimiento objetivo, puesto que algunas de las razones que tenemos para sostener creencias verdaderas pueden ser subjetivas. Una creencia puede ser verdadera, pero puede ser acerca de nuestros estados subjetivos, tales como sensaciones f&iacute;sicas, sentimientos o, m&aacute;s generalmente, estados fenom&eacute;nicos, es decir, estados a los que tenemos acceso s&oacute;lo desde el punto de vista de la primera persona. Creencias acerca de las caracter&iacute;sticas cualitativas o fenom&eacute;nicas de los propios estados mentales pueden ser verdaderas, aunque su justificaci&oacute;n sea subjetiva. Verdad y justificaci&oacute;n har&iacute;an que estas creencias contaran como conocimiento, pero no como conocimiento objetivo. La objetividad depende de la naturaleza de las razones que aducimos en apoyo de una cierta proposici&oacute;n, pero lo que es m&aacute;s importante, en seguir criterios compartidos de justificaci&oacute;n que permitan cr&iacute;ticas y argumentaci&oacute;n desde puntos de vista diferentes de aquel del agente que sostiene la creencia. Dir&eacute; m&aacute;s acerca de este concepto de objetividad y sobre criterios de justificaci&oacute;n m&aacute;s adelante.</p>      <p>El conocimiento objetivo demanda que una creencia sea verdadera y justificada siguiendo ciertos criterios que pueden incluir, por ejemplo, el requisito de que las razones aducidas sean imparciales y desprejuiciadas. La naturaleza de las razones que aducimos al justificar una cierta afirmaci&oacute;n no debe involucrar distorsiones emocionales, o estar influida por prejuicios personales, ideol&oacute;gicos, inclinaciones idiosincr&aacute;sicas o argumentos falaces. As&iacute;, por ejemplo, un agente es objetivo en este sentido cuando, en un proceso de investigaci&oacute;n, es sensible a la evidencia relevante y a la informaci&oacute;n disponible, es consciente de las circunstancias que podr&iacute;an afectar la confiabilidad de sus opiniones, y no est&aacute; afectado por distorsiones emocionales o psicol&oacute;gicas o por intereses particulares que podr&iacute;an desviar el resultado de la investigaci&oacute;n lejos de la verdad y de la justificaci&oacute;n imparcial. Decir que una persona est&aacute; justificada para creer una proposici&oacute;n <i>p</i> significa que la persona tiene suficiente evidencia, razones, etc., para creer que <i>p</i> es verdadera. Tambi&eacute;n significa que esta persona ha seguido ciertas normas de justificaci&oacute;n imparciales y desprejuiciadas. Estas normas de justificaci&oacute;n tienen que ver con la manera en que inferimos nuestras creencias; con cu&aacute;nto apoyo tiene una proposici&oacute;n de las creencias a partir de las cuales la inferimos; con la manera en que argumentamos a favor o en contra de una cierta creencia; con la evidencia que damos en su favor; con la metodolog&iacute;a que seguimos para alcanzar la proposici&oacute;n cre&iacute;da, etc&eacute;tera.</p>      <p>Ahora bien, he afirmado que objetividad y verdad son dos conceptos que, a pesar de que frecuentemente van juntos, no deber&iacute;an confundirse. Son conceptos independientes y ninguno es condici&oacute;n suficiente para el otro. En general, para contar como objetivo, el conocimiento tiene que tener estos dos componentes: verdad y justificaci&oacute;n. Pero ninguno de estos es condici&oacute;n suficiente para obtener conocimiento objetivo. Tal vez ni siquiera una condici&oacute;n necesaria, como nos dice Robert Nozick:</p>      <blockquote>     <p>La objetividad de una creencia est&aacute; determinada por, y deriva de, la naturaleza del proceso por el cual surge (y se mantiene). Una creencia objetiva puede resultar falsa. (Igualmente una creencia justificada.) Sin embargo, lo que condujo a la persona a esta creencia falsa, pero objetiva, no habr&aacute; sido la operaci&oacute;n de factores sesgados. Asimismo, una creencia no objetiva puede resultar ser falsa. Aunque le han dado forma factores sesgados que tienden, <i>en general</i>, a conducir lejos de la verdad, en algunos casos la creencia de una persona llega a la verdad a pesar de factores sesgados. (Nozick 2001, p. 94)</p> </blockquote>      <p>Usualmente se afirma que ciertas formas de justificaci&oacute;n cuentan m&aacute;s para la objetividad de una creencia que la verdad. En ocasiones, en investigaciones cient&iacute;ficas, por ejemplo, una manera objetiva de justificar una cierta afirmaci&oacute;n tiene m&aacute;s que ver con seguir un proceso de experimentaci&oacute;n estricto o mec&aacute;nico, y con la posibilidad de replicar experimentos, que con la verdad de la hip&oacute;tesis que se quiere probar. Tiene tambi&eacute;n que ver con la objetividad de los datos. Con esto, los cient&iacute;ficos quieren decir, como afirma Helen Longino, "que la informaci&oacute;n en la cual descansan sus teor&iacute;as y sus hip&oacute;tesis ha sido obtenida de tal forma que se justifica la confianza en ella. Esto involucra la suposici&oacute;n o la convicci&oacute;n de que los experimentos han sido realizados adecuadamente y que los datos cuantitativos no est&aacute;n desviados por fallas en el dise&ntilde;o de instrumentos de medici&oacute;n o por excentricidades sistem&aacute;ticas, aunque poco caracter&iacute;sticas, en la conducta del ejemplar estudiado" (Longino 1990, p. ;63). La objetividad, aqu&iacute;, tiene un sentido procedimental, que puede definirse en t&eacute;rminos de seguir un procedimiento reconocido por una comunidad cient&iacute;fica.<a href="#8" name="v8"><sup>8</sup></a> Es en este sentido que una cierta proposici&oacute;n puede tener justificaci&oacute;n suficiente -;alcanzada de un modo procedimentalmente objetivo-; y aun as&iacute; ser falsa. Como dice Nozick, una creencia objetiva puede resultar falsa. No creo que muchos encuentren extra&ntilde;o, en casos de teor&iacute;as cient&iacute;ficas que se han mostrado falsas, que alguien afirme que sus resultados fueron alcanzados de una forma objetiva, porque fueron alcanzados a trav&eacute;s de un proceso de experimentaci&oacute;n y confirmaci&oacute;n aceptado. En ciertos casos, es m&aacute;s el procedimiento a trav&eacute;s del cual justificamos alguna afirmaci&oacute;n que su verdad lo que cuenta para su objetividad. Con este punto s&oacute;lo quiero llamar la atenci&oacute;n al hecho de que, incluso en contextos epist&eacute;micos, la forma procedimental de justificar una cierta hip&oacute;tesis puede tener un papel m&aacute;s importante que la verdad como un medio para alcanzar la objetividad, y que incluso si tradicionalmente los fil&oacute;sofos han enfatizado el componente de la verdad como una condici&oacute;n para la objetividad, estos dos componentes pueden ir separados y la justificaci&oacute;n contar m&aacute;s que la verdad para alcanzar objetividad. A veces la justificaci&oacute;n y el procedimiento a trav&eacute;s del cual justificamos una cierta afirmaci&oacute;n pueden definir m&aacute;s claramente que la verdad la objetividad del proceso a trav&eacute;s del cual se alcanz&oacute; el conocimiento.</p>      <p>Muchos fil&oacute;sofos han identificado a la objetividad con la verdad de tal manera que cualquier &aacute;rea del discurso o cualquier estado mental que no posea valores de verdad es desestimado inmediatamente como subjetivo. Muchos han hecho depender tanto a la objetividad de la idea de verdad que cualquier argumento que defienda la posibilidad de la objetividad debe empezar con una defensa de la idea de verdad.<a href="#9" name="v9"><sup>9</sup></a> La verdad parece ser el caso paradigm&aacute;tico de una raz&oacute;n impersonal, puesto que solemos pensar que la verdad es independiente de individuos y contextos particulares, y es por esto que se la ha tomado como una condici&oacute;n fundamental para la objetividad. Sin embargo, la verdad por s&iacute; misma no es una garant&iacute;a  suficiente de objetividad, puesto que, como he afirmado, alguien puede tener creencias verdaderas, pero s&oacute;lo subjetivamente justificadas; o pueden ser objetivamente justificadas, pero falsas, como afirma Nozick.</p>      <p>Ahora bien, quiero distinguir un segundo sentido de objetividad, uno que funciona en dominios en los que los criterios de justificaci&oacute;n dependen de metas diferentes a la verdad. Si en el sentido epist&eacute;mico de conocimiento objetivo, la justificaci&oacute;n busca b&aacute;sicamente alcanzar la verdad, en este segundo sentido, la justificaci&oacute;n depende de fines diferentes a la verdad. En el caso de juicios de valor, por ejemplo, la meta consistir&iacute;a en alcanzar las mejores razones posibles, dada la informaci&oacute;n disponible, para valorar, decidir o actuar. La verdad no es una meta de la investigaci&oacute;n en este caso: tanto la verdad como la creencia tienen un rol secundario, puesto que algunas de las razones que aducimos en esta clase de investigaci&oacute;n est&aacute;n basadas en creencias e informaci&oacute;n acerca del mundo, de los dem&aacute;s y de nosotros mismos.</p>      <p>La verdad no s&oacute;lo es la marca definitoria de las creencias, sino que es tambi&eacute;n lo que las distingue de otros estados mentales y es lo que hace que cuenten como conocimiento y, en buena medida, contribuye a su objetividad. Pero, &iquest;impide la exclusividad que tienen las creencias sobre la verdad que prediquemos objetividad de otros estados mentales? El hecho de que otros juicios no est&eacute;n dirigidos a la verdad, &iquest;hace imposible que sean objetivos? Me parece que no. En tanto que un juicio admita alguna forma de justificaci&oacute;n, la posibilidad de la objetividad est&aacute; abierta; esto es, en tanto que podamos basar nuestros juicios en normas aceptadas de justificaci&oacute;n, la objetividad es posible. Mientras podamos dar razones para mantener un cierto juicio cuando se nos pregunte o se nos critique, citando criterios aceptados de justificaci&oacute;n, esta actitud es susceptible, en principio, de ser objetiva. En este segundo sentido, objetividad significa conformidad con normas de justificaci&oacute;n, de modo que podr&iacute;amos decir que este es un sentido puramente justificativo de objetividad.<a href="#10" name="v10"><sup>10</sup></a> Si las creencias y las actitudes cognitivas admiten que rediquemos de ellas objetividad en un sentido epist&eacute;mico, actitudes proposicionales que no involucran valores de verdad, tales como juicios de valor, pueden serlo en mi segundo sentido. Cualquier estado mental o juicio que sea susceptible de ser justificado siguiendo ciertas normas o criterios de justificaci&oacute;n puede, en principio, ser objetivo. Nicholas Rescher afirma algo similar para los juicios evaluativos cuando dice:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>Lo que hace que la evaluaci&oacute;n sea una empresa racional es el hecho de que los valores son <i>objetivos</i> en por lo menos uno de los varios sentidos de ese t&eacute;rmino, a saber, en que la evaluaci&oacute;n est&aacute; sujeta a <i>est&aacute;ndares</i> de propiedad/impropiedad o de correcci&oacute;n/incorrecci&oacute;n. Puesto que s&oacute;lo a trav&eacute;s de est&aacute;ndares podemos alcanzar la impersonalidad y la generalidad de aplicaci&oacute;n, que es crucial para la objetividad. Lo que separa a las evaluaciones de las meras preferencias es que las primeras involucran est&aacute;ndares. Al evaluar hacemos que los criterios descansen sobre la base de las ideas en cuesti&oacute;n como buenas o malas, superiores o inferiores, justas o injustas, etc. Las evaluaciones, como tales, tendr&aacute;n que ser respaldadas por la raz&oacute;n, articulada en t&eacute;rminos de las normas relevantes... (Rescher 1997, p. ;185).</p> </blockquote>      <p>Lo que abre la posibilidad de objetividad para los juicios evaluativos es el hecho de que podemos dar razones y argumentos para apoyarlos. Pero el que est&eacute;n justificados no significa que sean verdaderos. La objetividad de nuestros juicios de valor reside en la forma en que se justifican, y en la naturaleza de las razones en las que los basamos. La afirmaci&oacute;n de que algo es valioso, o de que debemos actuar de cierta forma, de alg&uacute;n modo nos compromete con la disponibilidad de razones de por qu&eacute; a uno deber&iacute;a o no de importarle el objeto o la acci&oacute;n valorada. No obstante, la mera disponibilidad de razones tampoco es equivalente a la objetividad, puesto que puede haber razones subjetivas para valorar o apreciar algo. La objetividad de un juicio depende de la posibilidad de seguir normas o est&aacute;ndares de justificaci&oacute;n p&uacute;blicamente aceptados que determinar&aacute;n la naturaleza de las razones sobre las que basamos el juicio. Cuando hablo de normas de justificaci&oacute;n, quiero decir criterios a partir de los cuales podemos en principio juzgar o evaluar acciones, estados intencionales, objetos o sucesos en el mundo, entre otras cosas. Las normas especifican que el objeto o la acci&oacute;n evaluados tienen que cumplir ciertas condiciones a las que se tienen que conformar. Justificar un juicio de valor significa apelar a normas acerca de lo que es bueno o malo, apropiado o inapropiado, efectivo o inefectivo, entre otras cosas. Tanto en el caso de los dominios epist&eacute;micos como en el de los no epist&eacute;micos objetividad es seguir normas de justificaci&oacute;n, as&iacute; como tambi&eacute;n limitar la intrusi&oacute;n de preferencias individuales subjetivas.(m&aacute;s espec&iacute;ficamente, en el de los evaluativos), lo que se requiere para la objetividad es seguir normas de justificaci&oacute;n, as&iacute; como tambi&eacute;n limitar la intrusi&oacute;n de preferencias individuales subjetivas.</p>      <p>Helen Longino, al discutir la objetividad en el caso de la ciencia, ha definido cuatro criterios que un grupo de investigadores cient&iacute;ficos debe satisfacer para que su investigaci&oacute;n sea objetiva; creo que podemos extender estos criterios a nuestra discusi&oacute;n m&aacute;s general sobre la objetividad: (1) Debe haber v&iacute;as reconocidas para la cr&iacute;tica de la evidencia, de los m&eacute;todos y de las suposiciones y el razonamiento; (2) deben existir est&aacute;ndares compartidos que los cr&iacute;ticos puedan invocar; (3) el grupo de investigadores como un todo debe ser sensible o receptivo a tales cr&iacute;ticas; (4) la autoridad intelectual debe compartirse igualmente entre practicantes calificados (Longino 1990, p. 76). Algunos de estos criterios variar&aacute;n dependiendo del dominio. Incluso si no podemos apelar a v&iacute;as reconocidas para la cr&iacute;tica de la evidencia o de m&eacute;todos en el caso de juicios de valor, existen, dentro del contexto de un grupo dado, v&iacute;as reconocidas para la cr&iacute;tica de formas de razonamiento y argumentaci&oacute;n; est&aacute;ndares compartidos o normas que los cr&iacute;ticos pueden invocar. Para hacer este punto m&aacute;s claro, tomemos por ejemplo el caso de un valuador, alguien que eval&uacute;a el valor de joyer&iacute;a o de antig&uuml;edades en una tienda de empe&ntilde;o. Este es el caso de alguien que tiene que seguir ciertos est&aacute;ndares al hacer sus juicios de valor. Sus juicios ser&aacute;n m&aacute;s objetivos mientras m&aacute;s siga est&aacute;ndares y normas de justificaci&oacute;n que tienen que ver con precios en el mercado, antig&uuml;edad del objeto, demanda del objeto en el mercado, etc. De formas similares justificamos juicios morales o est&eacute;ticos, por ejemplo, al apelar a est&aacute;ndares acerca de lo que es decente o indecente, correcto o incorrecto, con clase o kitsch -;incluso si los est&aacute;ndares no siempre parecen ser tan claros como en el caso del valuador-;. Cuando decimos que una evaluaci&oacute;n es objetiva, apelamos a est&aacute;ndares com&uacute;nmente aceptados de justificaci&oacute;n: a cierto canon o a cierta teor&iacute;a que nos dice c&oacute;mo juzgar, como cuando alguien apela a una concepci&oacute;n de armon&iacute;a aceptada en composici&oacute;n musical; o a procedimientos utilitaristas o deontol&oacute;gicos que le dir&aacute;n c&oacute;mo juzgar una cierta acci&oacute;n o una cierta pol&iacute;tica p&uacute;blica. Cuando juzgamos, seguimos est&aacute;ndares que han sido aceptados por nuestras pr&aacute;cticas sociales -;lo que no quiere decir que estos no puedan llegar a chocar, como veremos en el siguiente apartado-;. A trav&eacute;s de nuestra pertenencia a cierto contexto de pr&aacute;cticas sociales podemos encontrar est&aacute;ndares que nuestros juicios tendr&iacute;an que seguir para contar como m&aacute;s o menos objetivos. Por supuesto, los est&aacute;ndares o los criterios no est&aacute;n forjados en bronce: cambian y est&aacute;n sujetos a cr&iacute;tica, alguien puede romper con est&aacute;ndares establecidos, digamos, de composici&oacute;n musical y crear una nueva po&eacute;tica y una nueva concepci&oacute;n de la armon&iacute;a, como en el caso de la m&uacute;sica dodecaf&oacute;nica o en el de la m&uacute;sica de John Cage con respecto de concepciones tradicionales de armon&iacute;a y composici&oacute;n. Lo mismo vale para est&aacute;ndares morales u otros tipos de evaluaci&oacute;n.</p>      <p>Es contra estos est&aacute;ndares o normas que se pueden hacer cr&iacute;ticas que aspiren a la objetividad; pero estas cr&iacute;ticas tienen sentido s&oacute;lo con el trasfondo de las pr&aacute;cticas sociales de un grupo que es sensible a tal cr&iacute;tica -;un grupo de investigadores o de gente igualmente calificada para valorar una hip&oacute;tesis o un juicio evaluativo propuesto-;. Que est&eacute;n involucrados estos est&aacute;ndares les da a las razones su car&aacute;cter de m&aacute;s o menos objetivas o subjetivas. La justificaci&oacute;n por s&iacute; misma no es garant&iacute;a o condici&oacute;n suficiente para la objetividad; es solo esta clase de justificaci&oacute;n que apela a est&aacute;ndares de justificaci&oacute;n y a v&iacute;as reconocidas de cr&iacute;tica lo que posibilita que una hip&oacute;tesis o un juicio de valor califique como objetivo. Puedo justificar un juicio de valor citando razones completamente subjetivas, tales como las reacciones emocionales que, por ejemplo, una cierta obra de arte me provoca; o puedo no darle ning&uacute;n valor a ciertos tipos de acciones por las asociaciones que esta conducta tiene con alg&uacute;n episodio de mi ni&ntilde;ez. Algunas actitudes, tales como gustos o deseos apetitivos, dada su dependencia de hechos personales del car&aacute;cter, del humor o de la constituci&oacute;n de la persona, pueden justificarse, pero no de un modo objetivo. Una actitud o un pensamiento es m&aacute;s objetivo que otro si la naturaleza de las razones sobre las que se base, como dice Nagel, "descansan menos en rasgos espec&iacute;ficos de la constituci&oacute;n y la posici&oacute;n en el mundo de un individuo, o en el car&aacute;cter del tipo particular de persona que es" (Nagel 1986, p. 5), y al mismo tiempo descansa m&aacute;s en el seguimiento de normas o est&aacute;ndares de justificaci&oacute;n compartidos. Apelar a criterios p&uacute;blicamente aceptados de justificaci&oacute;n es una manera en que nuestros juicios toman distancia de prejuicios, distorsiones emocionales, prejuicios personales, predilecciones o filiaciones ideol&oacute;gicas.</p>      <p>Es cierto que muchos esc&eacute;pticos sostienen que no existen tales criterios compartidos de justificaci&oacute;n y eso implicar&iacute;a la imposibilidad de las afirmaciones evaluativas objetivas. Pero, &iquest;qu&eacute; querr&iacute;a decir que no hay tales criterios? Por ejemplo, &iquest;que uno podr&iacute;a juzgar como inmoral una determinada acci&oacute;n con criterios que nadie compartir&iacute;a, dando razones que nadie podr&iacute;a tomar como v&aacute;lidas, salvo uno mismo? Es posible que eso pueda llegar a suceder en casos particulares y muy espec&iacute;ficos, pero algo as&iacute; no podr&iacute;a generalizarse, b&aacute;sicamente porque la interacci&oacute;n social ser&iacute;a muy dif&iacute;cil -;si no es que imposible-; si no existieran criterios p&uacute;blicamente aceptados de justificaci&oacute;n, de lo que constituyen buenas pr&aacute;cticas argumentativas (por ejemplo, definiendo t&eacute;rminos, realizando inferencias v&aacute;lidas, no falaces, etc.). Tambi&eacute;n, por ejemplo, apelando a teor&iacute;as &eacute;ticas o est&eacute;ticas socialmente aceptadas (como el consecuencialismo, el deontologismo, el marxismo, etc.). El hecho de que esas teor&iacute;as puedan llevarnos a desacuerdos y, por ende, a cuestionar su objetividad es algo que analizar&eacute; un poco m&aacute;s abajo, en la secci&oacute;n 4.</p>      <p>Ahora bien, aqu&iacute; creo que es mejor concebir el par objetivo/subjetivo no como una dicotom&iacute;a, sino m&aacute;s bien como una gradaci&oacute;n, como extremos en un espectro en el que las razones pueden ir de lo completamente subjetivo a lo m&aacute;s objetivo por grados -;por el grado en el que los juicios siguen est&aacute;ndares y son susceptibles de responder a cr&iacute;ticas de un modo impersonal-;.<a href="#11" name="v11"><sup>11</sup></a> En un extremo del espectro encontraremos nuestras actitudes m&aacute;s subjetivas, como nuestros deseos apetitivos o nuestras sensaciones, es decir, actitudes que dependen de rasgos espec&iacute;ficos de nuestra constituci&oacute;n, contexto, etc.; la direcci&oacute;n hacia el otro extremo involucrar&iacute;a est&aacute;ndares impersonales de justificaci&oacute;n y la disposici&oacute;n para responder a cr&iacute;ticas de un modo impersonal.</p>      <p>Afirmar que la objetividad de juicios evaluativos depende del hecho de que se puedan dar razones para apoyarlo, que puedan ser racionalmente refrendadas y apoyadas por formas aceptadas de justificaci&oacute;n implica una noci&oacute;n diferente de juicios evaluativos que la que nos hab&iacute;a dado una cierta tradici&oacute;n no cognoscitivista acerca de asuntos evaluativos. Esta tradici&oacute;n vio a los juicios de valor, pero tambi&eacute;n otros tipos de actitudes que carecen de valores de verdad, como incapaces de responder a razones, de entrar en relaciones inferenciales y, a fin de cuentas, como incapaces de justificaci&oacute;n. Si los juicios de valor son meras expresiones de gustos, entonces no hay necesidad de dar razones para justificarlos, estas parecen ser gratuitas. Vistas de este modo, constituyen l&iacute;mites a la argumentaci&oacute;n racional, y no podemos dar cuenta de ellas en la misma manera en que lo hacemos en el caso de creencias y estados cognitivos.</p>      <p>Sin embargo, como he venido argumentando, el hecho de que un juicio evaluativo carezca de valores de verdad no lo hace, por ese mero hecho, inaccesible a razones -;o por lo menos no si no tomamos el dualismo cognitivo/no cognitivo como equivalente al dualismo racional/arracional-;. La justificaci&oacute;n de actitudes tienen que ver con la posibilidad de fundarlas en razones, con la posibilidad de inferir el contenido de un estado intencional del contenido de otros, y de apelar a est&aacute;ndares p&uacute;blicamente aceptados. As&iacute;, estas son condiciones que un juicio evaluativo debe tener para contar como un candidato a la objetividad.</p>      <p><font size="3"><b>4. &iquest;Juicios objetivos en conflicto?</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Alguien podr&iacute;a afirmar que el punto de vista que he estado defendiendo no descarta la posibilidad de llegar a un punto en el que obtengamos juicios de valor contrarios, que est&eacute;n igualmente justificados y que se pretendan igualmente objetivos. &iquest;C&oacute;mo puede ser que dos juicios evaluativos opuestos est&eacute;n igualmente justificados y sean objetivos? &iquest;No revela esto una inconsistencia? Para hacer el caso extremo: gente con puntos de vista opuestos, digamos, acerca del aborto, uno liberal y otro conservador, podr&iacute;an afirmar que est&aacute;n haciendo juicios evaluativos igualmente justificados e imparciales (ellos podr&iacute;an incluso decir que lo que ellos piensan "es verdad"), y as&iacute; predicar objetividad para sus juicios. Estos pueden haber sido alcanzados a trav&eacute;s de est&aacute;ndares aceptados de justificaci&oacute;n, haber aducido razones imparciales, etc. El resultado es que alcanzamos dos juicios contradictorios que pretenden ser igualmente objetivos. Alguien podr&iacute;a preguntar: &iquest;es esta una posici&oacute;n tolerable? Esta objeci&oacute;n parece tener en mente la idea de que esto no sucede cuando casamos objetividad con verdad: verdad s&oacute;lo hay una, y por lo tanto no puede haber m&aacute;s que un juicio evaluativo verdadero y objetivo.</p>      <p>Sin embargo, no creo que la situaci&oacute;n sea mucho mejor para quienes aceptan una relaci&oacute;n necesaria entre verdad y objetividad. &iquest;Hay realmente una forma de encontrar la verdad de dos juicios evaluativos contradictorios que afirman ser verdaderos? &iquest;Realmente ganamos algo afirmando su verdad? &iquest;C&oacute;mo sabemos, en esos casos, cuando estamos en posesi&oacute;n de la verdad? Es claro que esta situaci&oacute;n de conflicto no deber&iacute;a ser tolerada si casamos verdad y objetividad, pero al renunciar a esta conexi&oacute;n necesaria, y al mantener lo que he llamado un sentido evaluativo o no cognoscitivista de objetividad en el que la verdad no es una preocupaci&oacute;n, el problema de los juicios evaluativos en conflicto toma otra cara. En otro lugar he argumentado que los conflictos de juicios evaluativos en conflicto no deben tolerarse en casos de dilemas evaluativos, puesto que involucran una inconsistencia (Ortiz-Mill&aacute;n 2006). Pero, &iquest;qu&eacute; hay de los casos de desacuerdos? &iquest;Cu&aacute;l es la diferencia entre estos casos? En el caso de un agente individual que se enfrenta a una inconsistencia debida a juicios evaluativos en conflicto, deber&iacute;a ser parte de los compromisos del individuo, como agente racional, no permanecer en esta situaci&oacute;n de conflicto sin suspender el juicio e involucrarse en un proceso de investigaci&oacute;n que tuviera el fin de resolver el conflicto. En el caso de juicios evaluativos en conflicto entre diferentes agentes, es decir, en casos de desacuerdos evaluativos, no parece haber una exigencia de racionalidad semejante. En este caso, en estas situaciones los agentes racionales idealmente deber&iacute;an tratar de valorar de forma objetiva los datos y argumentos del otro, de debatir y dar buenas razones a favor de sus respectivos puntos de vista, pero no me parece que el consenso entre <i>todos</i> los agentes o grupos sociales que debaten represente algo as&iacute; como una exigencia social de racionalidad.<a href="#12" name="v12"><sup>12</sup></a></p>      <p>Sin embargo, la pregunta se mantiene y el objetor podr&iacute;a insistir: &iquest;qu&eacute; sentido tiene predicar objetividad acerca de juicios evaluativos en conflicto? Pero cuando se baja la objetividad evaluativa de las alturas de la verdad a un sentido puramente justificativo que involucra la aceptaci&oacute;n de los est&aacute;ndares de justificaci&oacute;n seguidos por quienes debaten, entonces estamos m&aacute;s cerca de la concepci&oacute;n de sentido com&uacute;n de la objetividad como imparcialidad. Cuando, en un contexto no filos&oacute;fico, uno habla acerca de la objetividad de tal o cual juicio de valor, nos referimos mayormente a la imparcialidad y a que nuestra evaluaci&oacute;n est&aacute; sujeta a ciertos est&aacute;ndares de justificaci&oacute;n. Por otro lado, el punto de vista filos&oacute;fico que traza una conexi&oacute;n necesaria entre verdad y objetividad parece estar destinado a contestar la misma pregunta que estoy tratando de contestar aqu&iacute;: acerca del prop&oacute;sito de alcanzar s&oacute;lo una respuesta verdadera y objetiva para asuntos evaluativos, cuando no parece haber ninguna forma de resolver desacuerdos acerca de juicios de valor o de alcanzar un consenso apelando a la verdad, cuando ni siquiera es clara la forma en que eso podr&iacute;a llegar a darse.</p>      <p>Quiz&aacute;s esta concepci&oacute;n de la objetividad que he presentado en realidad est&aacute; en pos de una noci&oacute;n de objetividad que podr&iacute;amos llamar "argumentabilidad", esto es, la posibilidad o la capacidad de argumentar y justificar juicios de valor. Esto es lo que el subjetivismo, en sus formas m&aacute;s radicales, rechaza (es, por ejemplo, lo que el emotivismo rechazaba). Concebir los juicios de valor como meros sentimientos o deseos arracionales nos condena al subjetivismo, y los convierte en l&iacute;mites a la argumentaci&oacute;n racional. Pero rechazar este subjetivismo no necesariamente significa que deber&iacute;amos concebir nuestras evaluaciones como creencias (en el sentido estricto del t&eacute;rmino), ni hacer que la verdad sea nuestro &uacute;nico garante de objetividad. A fin de cuentas, me parece que lo que el cognoscitivismo muchas veces persigue al buscar objetividad no es sino la posibilidad de argumentar nuestros juicios evaluativos (y tambi&eacute;n es lo que busca al dar teor&iacute;as cognoscitivas de emociones o deseos, por ejemplo). Si es eso lo que el cognoscitivista persigue, entonces podr&iacute;amos decir que su meta y la m&iacute;a no son tan diferentes.<a href="#13" name="v13"><sup>13</sup></a></p>      <p>Citas de pie de p&aacute;gina</p>      <p><a href="#v1" name="1">1.</a> V&eacute;ase tambi&eacute;n Wright 1992 para un desarrollo m&aacute;s completo de sus ideas acerca de la objetividad y la verdad.</p>      <p><a href="#v2" name="2">2.</a>V&eacute;anse, por ejemplo, Foot 1994 y Toulmin 1950. De alg&uacute;n modo, tambi&eacute;n las teor&iacute;as cognitivistas de las emociones han tenidos buenas razones para criticar el modelo de emociones y sentimientos que estaba detr&aacute;s del emotivismo.</p>      <p><a href="#v3" name="3">3.</a>La imagen que correlaciona juicios de valor con el subjetivismo es tambi&eacute;n sospechosa porque el dualismo entre creencias y deseos se identifica con el dualismo entre objetivo y subjetivo, sin cuestionar si estos t&eacute;rminos realmente coinciden y, m&aacute;s a&uacute;n, sin cuestionar la misma correcci&oacute;n de estos dualismos. Estos descansan en la sospechosa afirmaci&oacute;n de que los elementos de la dualidad son conceptos claros y definidos que corresponden a alg&uacute;n tipo de existencias independientes. Pero en ocasiones estos dualismos, como afirmaba John Dewey, limitan nuestro entendimiento del asunto.</p>      <p><a href="#v4" name="4">4.</a>Steven Ross hace un se&ntilde;alamiento similar cuando cuestiona que asuntos de verdad y de justificaci&oacute;n deban ir juntos; v&eacute;anse Ross 1998 y 2001.</p>      <p><a href="#v5" name="5">5.</a>Para una mayor discusi&oacute;n acerca de la especificidad de dominio, v&eacute;ase Leiter 2001 y Raz 1999.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#v6" name="6">6.</a>Esta frase pertenece a Nagel (1986, p. ;11).</p>      <p><a href="#v7" name="7">7.</a>V&eacute;ase Sellars 1956/1997; Davidson 1984; y Rorty 1979.</p>      <p><a href="#v8" name="8">8.</a>Esto involucra no s&oacute;lo un sentido procedimental de objetividad, sino tambi&eacute;n un sentido disciplinario. Allan Megill (1994) hace esta diferenciaci&oacute;n cuando distingue entre cuatro sentidos de objetividad: 1) <i>objetividad absoluta</i>, que deriva del ideal de "representar las cosas tal como son"; 2) ;<i>disciplinario</i>, que toma el consenso entre los miembros de comunidades de investigaci&oacute;n particulares como su criterio de objetividad; 3) <i>dial&eacute;ctico</i>, que sostiene que los objetos est&aacute;n constituidos como objetos en el curso de la interacci&oacute;n entre el sujeto y el objeto; 4) <i>procedimental</i>, que busca la pr&aacute;ctica de un m&eacute;todo impersonal de investigaci&oacute;n o de administraci&oacute;n.</p>      <p><a href="#v9" name="9">9.</a>V&eacute;ase, por ejemplo, McDowell 2000. Este art&iacute;culo parece ser m&aacute;s acerca de una rehabilitaci&oacute;n de la idea de verdad como responsividad (<i>answerability</i>) ante el mundo, que Rorty ha atacado, que una verdadera rehabilitaci&oacute;n de la objetividad. Por otro lado, esta tambi&eacute;n ha sido la l&iacute;nea detr&aacute;s de la rehabilitaci&oacute;n de la verdad desde una perspectiva antirrealista, como la que ha realizado Crispin Wright (1992). Dado que la verdad no es una propiedad exclusiva del realismo, hay una forma, para el antirrealista, de salvar la objetividad, puesto que esta &uacute;ltima depende de la primera. Sin embargo, aqu&iacute; cabr&iacute;a preguntarse si el antirrealismo de Wright no termina subsumiendo verdad a justificaci&oacute;n.</p>      <p><a href="#v10" name="10">10.</a>Rorty tambi&eacute;n ha distinguido entre dos sentidos de objetividad, uno que involucra el concepto de verdad, pero entendido como correspondencia, y otro que involucra consideraciones adoptadas por un consenso de agentes racionales que discuten, y este tiene que ver con normas aceptadas de justificaci&oacute;n. Esta es toda la objetividad a la que podemos aspirar, nos dice, y deber&iacute;amos deshacernos del primer sentido y del concepto de verdad completamente. A pesar de que mi distinci&oacute;n puede parecer similar, no creo que debamos deshacernos del concepto de verdad o, para el caso, reducirla a la justificaci&oacute;n -;tal como Rorty y otros lo hacen-; y no creo tampoco que tengamos que comprometernos con ninguna teor&iacute;a particular de la verdad para salvaguardar a la objetividad. Mis dos sentidos de objetividad, a pesar de que est&aacute;n relacionados, se aplican en dominios diferentes. Para esta afirmaci&oacute;n v&eacute;ase Rorty (1979, pp. ;361ss), v&eacute;ase tambi&eacute;n Rorty 1991 y 1995, en donde iguala verdad y justificaci&oacute;n. Un cr&iacute;tica de algunas de sus ideas al respecto puede encontrarse en Bilgrami 2000.</p>      <p><a href="#v11" name="11">11.</a>Cfr. Nozick 2001, p. ;100. V&eacute;ase tambi&eacute;n el concepto de "objetividad por grados" en Longino 1990, pp. ;76 ss; y Nagel 1979, p. ;206.</p>      <p><a href="#v12" name="12">12.</a>No parece haber ninguna raz&oacute;n para que agentes racionales que discuten, por ejemplo, en una situaci&oacute;n libre de dominaci&oacute;n tengan que llegar a un acuerdo; sobre todo cuando concepciones sustantivas del bien est&aacute;n en juego, es esperable que los desacuerdos no solo sobrevivan, sino que se acent&uacute;en, sin que esto deba tener ninguna consecuencia para nuestra imagen de la racionalidad de los agentes o de la sociedad a la que pertenecen. Para una posici&oacute;n en este sentido, v&eacute;ase Rescher 1993.</p>      <p><a href="#v13" name="13">13.</a> Present&eacute; versiones anteriores de este ensayo en un encuentro organizado por la Universidad Nacional de Colombia, en Bogot&aacute;, as&iacute; como parte de la C&aacute;tedra Jos&eacute; Gaos, en la Universidad Complutense de Madrid. Agradezco los comentarios de las audiencias en ambos encuentros.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>Bilgrami, A. (2000). Is Truth a Goal of Inquiry?: Rorty and Davidson on Truth. En R. Brandom (ed.). <i>Rorty and His Critics</i> (pp. 242-262). Oxford, UK: Blackwell Publishing Ltda.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-4688201300010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Brandom, R. (comp.) (2000). <i>Rorty and his Critics</i>. Oxford, UK: Blackwell Publishing Ltda.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-4688201300010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Davidson, D. (1984). <i>On the Very Idea of a Conceptual Scheme. Inquiries into Truth and Interpretation</i>. Oxford, UK: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-4688201300010000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Foot, P. (1994). Argumentos morales. En P. Foot (ed.) <i>Las virtudes y los vicios y otros ensayos de filosof&iacute;a moral</i> (C. Mart&iacute;nez, Trad.). (pp. 117-131). M&eacute;xico D.F.: UNAM.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-4688201300010000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Hooker, B. (comp.) (1996). <i>Truth in Ethics</i>. Oxford, UK: Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-4688201300010000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Leiter, B. (2001). Introduction. En B. Leiter (comp.). <i>Objectivity in Law and Morals </i>(pp. 1-11). New York, USA: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-4688201300010000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Longino, H. (1990). <i>Science as Social Knowledge. Values and Objectivity in Scientific Inquiry</i>. Princeton (NJ), USA: Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-4688201300010000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mackie, J. (1977). <i>Ethics. Inventing Right and Wrong</i>. Harmondsworth - New York, UK - USA: Penguin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-4688201300010000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mcdowell, J. (2000). Towards Rehabilitating Objectivity. En R. Brandom. <i>Rorty and his Critics</i> (pp. 109-123). Oxford, UK: Blackwell Publishing Ltda.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-4688201300010000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Megill, A. (1994). Introduction: Four Senses of Objectivity. En A. Megill (comp.). <i>Rethinking Objectivity</i> (pp. 1- 21). London, UK: Duke University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-4688201300010000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Nagel, T. (1979). Subjective and Objective. En T. Nagel. <i>Mortal Questions</i> (pp. 196-214). Cambridge, UK: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-4688201300010000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Nagel, T. (1986). <i>The View from Nowhere</i>. New York, USA: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-4688201300010000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Nozick, R. (2001). <i>Invariances. The Structure of the Objective World</i>. Cambridge, UK: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-4688201300010000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ortiz-Mill&aacute;n, G. (2006). Changes of Mind: Beliefs and Value Judgments. <i>Manuscrito</i>, 29, 9-36.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-4688201300010000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>Raz, J. (1999). Notes on Value and Objectivity. En J. Raz. <i>Engaging Reason</i> (pp. 194-233). Oxford, UK: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-4688201300010000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rescher, N. (1993). <i>Pluralism. Against the Demand for Consensus</i>. Oxford, UK: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-4688201300010000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rescher, N. (1997). <i>Objectivity. The Obligations of Impersonal Reason</i>. Notre Dame - London, France - England: University of Notre Dame Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-4688201300010000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rorty, R. (1979). <i>Philosophy and the Mirror of Nature</i>. Princeton (NJ): Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-4688201300010000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Rorty, R. (1991). Solidarity or Objectivity. En R. Rorty. <i>Objectivity, Relativism, and Truth.</i> Philosophical Papers v.1. (pp. 21-34.). New York, USA: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-4688201300010000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Rorty, R. (1995). Is Truth a Goal of Inquiry?: Davidson vs. Wright. <i>Philosophical Quarterly,</i> 45, 287-300.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-4688201300010000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ross, S. (1998). The Nature and Limits of Moral Objectivism. <i>Philosophical Forum,</i> 29, 28-49.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-4688201300010000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ross, S. (2001). Two Problems of Moral Objectivity. <i>Croatian Journal of Philosophy,</i> 1, 49-62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-4688201300010000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Sellars, W. (1956/1997). <i>Empiricism and the Philosophy of Mind</i>. Cambridge (MA), USA: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-4688201300010000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Toulmin, S. (1950). <i>An Examination of the Place of Reason in Ethics</i>. Cambridge - New York, UK - USA: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-4688201300010000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Wiggins, D. (1991). Truth as Predicated of Moral Judgments. En D. Wiggins. <i>Needs, Values, Truth</i> (pp. 139-184) 2a ed. Oxford, UK: Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-4688201300010000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Wiggins, D. (1996). Objective and Subjective in Ethics, with Two Postscripts about Truth. En B. Hooker (ed.) <i>Truth in ethics</i> (pp. 35-50). Oxford, UK: Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-4688201300010000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Wright, C. (1992). <i>Truth and Objectivity</i>. Cambridge (MA), USA: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-4688201300010000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Wright, C. (1996). Truth in Ethics. En B. Hooker (ed.) <i>Truth in ethics</i> (pp. 1-18). Oxford, UK: Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-4688201300010000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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