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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Foucault redefines philosophy in its very heart and practice folding in a very specific way the notions of «the real» and «the true». This process highlights some tensions: on what grounds can the philosopher support that philosophical speech does not tell the truth of "the real" but that, in the meanwhile, it is not out of the truth? And, if the philosophical speech does not tell the truth of the real, how could philosophy become real?]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="Verdana, Geneva, sans-serif">      <p align="center"><font size="4"><b>La filosof&iacute;a, <i>una apuesta sobre lo imposible</i>: di&aacute;logo filos&oacute;fico con Ren&eacute; Sch&eacute;rer</b></font></p>     <p><i>M&oacute;nica Marcela Jaramillo-Mahut</i>    <br>  Profesora, Escuela de Filosof&iacute;a, Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Colombia.    <br>  E-mail: <a href="mailto:'mjaramil@uis.edu.co'">mjaramil@uis.edu.co</a></p>     <p>Jorge Francisco Maldonado Serrano    <br>  Profesor, Escuela de Filosof&iacute;a, Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Colombia.    <br>  E-mail: <a href="mailto:jorgefcomaldonado@gmail.com">jorgefcomaldonado@gmail.com</a></p>    <hr>       <p>En d&iacute;as pasados tuvimos como hu&eacute;sped de honor en nuestra universidad al fil&oacute;sofo franc&eacute;s Ren&eacute; Sch&eacute;rer, uno de los m&aacute;s ilustres representantes del pensamiento contempor&aacute;neo en el &aacute;mbito internacional. Egresado de la c&eacute;lebre Escuela Normal Superior de Par&iacute;s (rue d'Ulm), Ren&eacute; Sch&eacute;rer es actualmente profesor em&eacute;rito de la Universidad Par&iacute;s 8 (Vincennes-Saint Denis). Inicialmente se dio a conocer gracias a sus trabajos sobre est&eacute;tica fenomenol&oacute;gica y fenomenolog&iacute;a de la comunicaci&oacute;n, as&iacute; como por su traducci&oacute;n, del alem&aacute;n al franc&eacute;s, de las Investigaciones l&oacute;gicas de Husserl y por la biograf&iacute;a y ensayo cr&iacute;tico del fil&oacute;sofo alem&aacute;n que escribi&oacute; en colaboraci&oacute;n con su amigo el fil&oacute;sofo Arion Kelkel. Se consagr&oacute;, luego, al estudio de problemas filos&oacute;ficos vinculados con la defensa de la utop&iacute;a, el sentido de la hospitalidad, la cr&iacute;tica de la pedagog&iacute;a, el reconocimiento de la diferencia y la inclusi&oacute;n del otro, el cosmopolitismo y la relaci&oacute;n entre la universidad y la pol&iacute;tica. Entre sus libros m&aacute;s importantes de los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, de una obra prol&iacute;fica, cabe mencionar: El alma at&oacute;mica (1986) escrito en colaboraci&oacute;n con Guy Hocquenghem, Apuesta sobre lo imposible (1989), Zeus hospitalario (1993), Utop&iacute;as n&oacute;madas (1996), Miradas sobre Deleuze (1998), La pedagog&iacute;a pervertida (1999), La Ecosof&iacute;a de Charles Fourier (2000), Infantiles (2003), Hospitalidades (2004) y su &uacute;ltimo libro, sobre el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini (2005).</p>     <p><i>Nos sentimos muy honrados de acogerlo en Bucaramanga y en la UIS. &iquest;Qu&eacute; impresi&oacute;n guarda de nuestra vida acad&eacute;mica y de su estad&iacute;a entre nosotros?</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una excelente impresi&oacute;n a la vez por la acogida que recib&iacute;, por la belleza del campus universitario, la oferta de eventos acad&eacute;micos y culturales de calidad que pude presenciar durante mi estad&iacute;a en la UIS -como el &laquo;Festival Internacional de Piano&raquo; y la &laquo;Semana de la diversidad sexual&raquo; que me sorprendieron gratamente- o el museo de petrograf&iacute;a de la Escuela de Geolog&iacute;a. Y, asimismo, por el contexto geogr&aacute;fico y urbano de Bucaramanga; es una ciudad muy hermosa y en sumo grado agradable para vivir, a causa del clima, de esta exuberante vegetaci&oacute;n, de ese verde por doquier de la tranquilidad que en cierta medida se respira en ella, porque aunque no deja de ser una gran urbe es tambi&eacute;n, un poco como muchas de las ciudades suramericanas, una ciudad que yo llamar&iacute;a provincial. Ciertamente, no digo esto de una manera peyorativa, sino para expresar una tangible impresi&oacute;n de comodidad, una sensaci&oacute;n relajante y en cierto modo de facilidad, desde luego al menos aparente, de la existencia.</p>     <p>Y, para volver sobre el primer aspecto de su pregunta, me siento tambi&eacute;n gratamente sorprendido por la calidad de la ense&ntilde;anza y por la informaci&oacute;n universitaria, ya que tuve la ocasi&oacute;n de conversar un poco con el p&uacute;blico estudiante (aunque, en verdad, no tengo un buen manejo del espa&ntilde;ol, eso fue posible gracias a la complacencia y a la competencia de ustedes). Debo se&ntilde;alar, por una parte, que me asombr&oacute; la copiosa afluencia del p&uacute;blico; hab&iacute;a much&iacute;sima gente y en Francia es raro que se pueda hablar ante una sala llena. Debo decir, pues, que hubo inclusive un momento en el que hab&iacute;a estudiantes sentados en la galer&iacute;a superior del auditorio. Por otra parte, hubo espont&aacute;neamente un gran n&uacute;mero de intervenciones que mostraban que los estudiantes eran realmente competentes; que no s&oacute;lo ten&iacute;an un buen conocimiento de la filosof&iacute;a, sino adem&aacute;s, lo que no deja de resultar sorprendente, de los pensamientos de Deleuze y de Foucault. Se trata de pensadores de dif&iacute;cil abordaje y que, inclusive en Francia, s&oacute;lo son conocidos en medios acad&eacute;micos restringidos, ya sea de personas que los frecuentaron o que hacen parte de grupos de especialistas en dichos autores. Termino, entonces, diciendo que la impresi&oacute;n que me hizo esta estad&iacute;a entre ustedes fue absolutamente de primer orden y de una excepcional calidad.</p>     <p><i>Ya que estamos hablando de acogida y que esto concierne al problema de la hospitalidad (una palabra que en su formulaci&oacute;n griega antigua se asocia, por un lado, con el xenos, "el extranjero' como hu&eacute;sped"; y, por otro, al menos de cierta manera, crea una forma de phil&iacute;a o de "amistad"), me gustar&iacute;a, si as&iacute; lo desea y en lo que a m&iacute; concierne, comenzar esta conversaci&oacute;n por preguntarle sobre el sentido que esa palabra de hospitalidad tiene para usted, as&iacute; como sobre su verdadero alcance pol&iacute;tico.</i></p>     <p>Toca Usted ah&iacute; un punto sensible y se lo agradezco, porque me he consagrado en gran parte, y durante muchos a&ntilde;os, al estudio y a la discusi&oacute;n alrededor de ese problema de la hospitalidad. En verdad no soy el &uacute;nico, pero creo haber insistido particularmente en la importancia de este tema de la hospitalidad en la situaci&oacute;n contempor&aacute;nea en Francia y en el mundo. Filos&oacute;ficamente hablando, y en este punto estoy enteramente de acuerdo con Jacques Derrida, a quien quisiera ahora rendir homenaje. Es una ocasi&oacute;n oportuna para hacerlo porque falleci&oacute; recientemente y hemos sido privados de su presencia. El hecho es que &eacute;l hab&iacute;a dedicado un seminario a la hospitalidad m&aacute;s o menos hacia la misma &eacute;poca que yo. De esto s&oacute;lo me di cuenta, lo ignoraba en ese momento, cuando su seminario fue retranscrito, al menos en parte, en un libro que se titula <i>La hospitalidad</i>1.</p>     <p>En lo que a m&iacute; respecta, en 1993 escrib&iacute; un libro consagrado a esta idea: <i>Zeus hospitalario</i>. Debo decir que yo hab&iacute;a iniciado un estudio sobre este tema desde 1990 que es la fecha circunstancial; es importante mencionarlo porque esto, de alguna manera, le sirve a la filosof&iacute;a para entrar en la historia a punto de hacerse en la historia contempor&aacute;nea. Era, en efecto, la fecha de la primera Guerra del Golfo, es decir, el momento en que hubo una intervenci&oacute;n contra Irak tras la invasi&oacute;n de Kuwait por los iraqu&iacute;es. Aunque desde hac&iacute;a mucho tiempo esta idea de hospitalidad y de cosmopolitismo me rondaba, por as&iacute; decirlo, en la cabeza, aqu&eacute;lla fue para m&iacute; una ocasi&oacute;n de desarrollarla en el marco de un curso -creo que esto coincidi&oacute; con el &uacute;ltimo a&ntilde;o en que fui profesor activo, porque me jubil&eacute; luego. Como dec&iacute;a, hice un curso acerca del tema del cosmopolitismo, del derecho cosmopol&iacute;tico, sobre todo a trav&eacute;s de Kant. Porque en esta &eacute;poca, si Usted recuerda, hubo muchos intelectuales, inclusive fil&oacute;sofos, que tomaron partido por una intervenci&oacute;n militar. Hab&iacute;a conmigo otros fil&oacute;sofos, y en particular Gilles Deleuze, que pens&aacute;bamos, por el contrario, que el fil&oacute;sofo no puede aprobar, y esto bajo ninguna circunstancia, una intervenci&oacute;n armada.</p>     <p>Por esta raz&oacute;n me consagr&eacute; en un seminario al estudio de ese libro c&eacute;lebre de Kant que se llama <i>Hacia la paz perpetua </i>en el que hab&iacute;a encontrado una terminolog&iacute;a interesante y un an&aacute;lisis, que fue para m&iacute; absolutamente fundamental, en torno a lo que &eacute;l mismo designa como la &laquo;hospitalidad universal&raquo;. Una terminolog&iacute;a, por una parte, porque Kant atrae nuestra atenci&oacute;n sobre este problema del cosmopolitismo que es el de la situaci&oacute;n contempor&aacute;nea: el cosmopolitismo significa que en la actualidad todo hombre no es simplemente el miembro de una naci&oacute;n, de un Estado particular, sino de alguna manera un &laquo;ciudadano del mundo&raquo;, en el sentido que los antiguos estoicos le daban a esa palabra; y, por otra parte, Kant establec&iacute;a como principio esencial de la paz universal, como principio de la condici&oacute;n misma de lo que &eacute;l llama el &laquo;derecho cosmopol&iacute;tico&raquo;, precisamente, una &laquo;hospitalidad universal&raquo;. Ahora bien, esta expresi&oacute;n me pareci&oacute; tanto m&aacute;s luminosa cuanto que, al analizar los conflictos pasados y contempor&aacute;neos, se ve&iacute;a que dichos conflictos resultaban siempre del simple hecho de que alguien no hab&iacute;a querido acordarle la hospitalidad a los otros; que alguien hab&iacute;a penetrado en su casa, que los hab&iacute;a desplazado del lugar en el que se encontraban, que se hab&iacute;an replegado en s&iacute; mismos.</p>     <p>Me parece que la hospitalidad como apertura al otro, a la vez en el sentido de una hospitalidad privada y p&uacute;blica, o de una hospitalidad que llamar&iacute;amos internacional, constituye un principio fundamental de la sociedad contempor&aacute;nea; y, yendo a&uacute;n m&aacute;s lejos, una de las condiciones de la verdadera mundializaci&oacute;n, es decir, de una mundializaci&oacute;n que no est&eacute; constantemente jalonada por conflictos remotos, renovados o enteramente inventados. Tal era, en t&eacute;rminos generales, el trasfondo de mi trabajo sobre la hospitalidad que me hizo remontarme hasta las fuentes antiguas. Aunque no quisiera prolongar m&aacute;s en este punto mi intervenci&oacute;n, tiene Usted raz&oacute;n al se&ntilde;alar que la antig&uuml;edad ha conceptualizado filos&oacute;ficamente y practicado pol&iacute;ticamente una muy amplia hospitalidad ya sea en su expresi&oacute;n comunitaria o privada. El estudio de la literatura, de la filosof&iacute;a y aun de la lengua antigua suscita nuestra particular atenci&oacute;n (por lo dem&aacute;s, no soy el &uacute;nico en haberlo hecho; no me considero en absoluto un pionero en ese dominio) sobre la conexi&oacute;n existente entre las palabras de &laquo;hu&eacute;sped&raquo; y de &laquo;extranjero&raquo;; porque la acogida es, de alg&uacute;n modo, un medio de conjurar esta amenaza que de continuo, casi podr&iacute;a decirse que desde siempre, ha estado representada por un extranjero desconocido pero que, precisamente, se transforma en amigo cuando se le acoge como hu&eacute;sped. Hay, pues, una dial&eacute;ctica inmanente a esta hospitalidad, en cuanto constituci&oacute;n de la conciencia hist&oacute;rica; y, ahondando m&aacute;s, afirmar&iacute;a que de la conciencia humana. En tal caso podr&iacute;a decirse que el hombre deviene hombre cuando acuerda la hospitalidad. S&oacute;lo de esta manera no se opone al enemigo, sino que, por el contrario, lo transforma, en definitiva, en su amigo.</p>     <p><i>El tema que Usted acaba de desarrollar contrasta con el problema de la exclusi&oacute;n del otro y con el miedo a la diferencia. Pues bien, vivimos hoy en Am&eacute;rica latina un desventurado avance de ciertas posturas de corte etno-nacionalista y una tendencia, por decir lo menos preocupante, hacia el repliegue cultural. Esto se explica, quiz&aacute; en parte, como consecuencia de una inquietud profunda -y a decir verdad, hasta cierto punto, justificada - frente a los fen&oacute;menos de la mundializaci&oacute;n o de la globalizaci&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;l podr&iacute;a ser, a su juicio, el papel de la filosof&iacute;a en la promoci&oacute;n de una aut&eacute;ntica cultura pol&iacute;tica y de una toma de conciencia que pudiera prevenirnos contra los riesgos de ese peligroso avance de los nacionalismos en Am&eacute;rica latina?</i></p>     <p>Pienso que, en el marco de una discusi&oacute;n limitada como &eacute;sta, no podr&iacute;a comprometerme en planes o especulaciones generales sobre asuntos de geopol&iacute;tica; y todav&iacute;a menos sobre Am&eacute;rica latina de la que soy ahora hu&eacute;sped y que a&uacute;n no conozco lo suficiente. Pero es indudable que hay all&iacute; un lugar indispensable para la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica. Afirmaba hace poco (no s&eacute; si en el curso de las discusiones que tuvimos con los estudiantes o quiz&aacute; en otra parte, en Bogot&aacute;, en donde se me interrogaba sobre el lugar de la filosof&iacute;a en la pol&iacute;tica) que, de todas maneras, la filosof&iacute;a es esencial a la existencia; algo totalmente indispensable para superar los puntos de vista limitados de una tecnolog&iacute;a, de la &oacute;ptica no menos limitada de una pr&aacute;ctica pol&iacute;tica, de un realismo. A&ntilde;&aacute;dase a esto que el fil&oacute;sofo no es nunca un realista pol&iacute;tico, sino m&aacute;s bien -para decirlo en un sentido que muchas veces se ha desacreditado pero que yo me creo en la obligaci&oacute;n de mantener- un ut&oacute;pico, es decir, alguien que no habla exactamente para la realidad contempor&aacute;nea en su hacerse; habla para algo que atraviesa las circunstancias actuales en el sentido de Nietzsche &#91;v&eacute;anse sus Meditaciones intempestivas o Consideraciones inactuales&#93;. As&iacute; pues, el fil&oacute;sofo es siempre intempestivo e inactual pero razona de modo m&aacute;s profundo y, precisamente, para el porvenir; luego, ha de estar siempre presto a pronunciarse, a criticar; de hecho, jam&aacute;s consiente una plena aceptaci&oacute;n de la situaci&oacute;n presente. Pienso que &eacute;sta es una de las condiciones fundamentales del discurrir filos&oacute;fico.</p>     <p> Ya Immanuel Kant hab&iacute;a expresado una idea del mismo tenor (frente a las amenazas que pesaban sobre &eacute;l por parte de Federico-Guillermo II de Prusia quien era un monarca bastante reaccionario, mientras que Federico II El Grande fue, en cambio, mucho m&aacute;s liberal en ese dominio); dec&iacute;a Kant, entonces, que la libertad de la filosof&iacute;a no puede tener l&iacute;mites, porque la condici&oacute;n misma del fil&oacute;sofo consiste en expresarse libremente y que, por lo tanto, no pudiendo hacerlo plenamente deber&iacute;a mejor callarse, porque no puede aprobar el poder dominante que est&aacute; siempre llamado a criticar. En tales condiciones -aunque no s&eacute;, empero, si la palabra del fil&oacute;sofo es escuchada, eso no depende de &eacute;l- pienso que el fil&oacute;sofo cumple, efectivamente, un papel considerable para instar a los poderes pol&iacute;ticos a su deber, a la puesta en obra de perspectivas de construcci&oacute;n de una humanidad futura; y esto, en particular, en el plano de la superaci&oacute;n de los chovinismos nacionales, de las fronteras nacionalistas, a favor de una mayor hospitalidad, aun si las circunstancias pol&iacute;ticas imponen en ocasiones ciertas restricciones; pero, en todo caso, urge all&iacute; la postulaci&oacute;n de un enunciado de principios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo que, precisamente, va en contra de la situaci&oacute;n actual (Usted habla de Am&eacute;rica latina, yo me refiero al caso de Francia) en la que parece que se considera al extranjero como una amenaza, cuando en realidad constituye siempre una aportaci&oacute;n: el aporte del otro, de lo nuevo, de una renovada perspectiva, de un punto de vista diferente que s&oacute;lo ha de resultar enriquecedor. He aqu&iacute; lo que ha de declarar el fil&oacute;sofo: &laquo;Ustedes hablan siempre de la amenaza del extranjero, de la invasi&oacute;n de lo for&aacute;neo; y, en cambio, nosotros los fil&oacute;sofos consideramos que la apertura hacia el extranjero constituye el primer deber tanto de los fil&oacute;sofos, como de los pol&iacute;ticos&raquo;. </p>     <p><i>La reflexi&oacute;n que Usted hace acerca del sentido de la palabra cr&iacute;tica del fil&oacute;sofo y de las perspectivas de construcci&oacute;n de una humanidad futura me suscita otro interrogante que me interesa particularmente plantearle: &iquest;C&oacute;mo constituir una comunidad filos&oacute;fica supranacional, como la que ambicionaba Husserl, para hacer pol&iacute;ticamente posible esa apertura hacia el otro que Usted evocaba hace un momento? Esto tiene que ver, asimismo, con el problema de la desterritorializaci&oacute;n de la filosof&iacute;a ya enunciado por Husserl, y que se encuentra tambi&eacute;n en el pensamiento de Deleuze. &iquest;Cu&aacute;l es, por lo dem&aacute;s, el sentido que ese problema de la desterritorializaci&oacute;n de la filosof&iacute;a tiene en Deleuze? </i></p>     <p>¡Ah! Frente a los razonamientos que aqu&iacute; hago no puedo, como se dice, "hacer hablar a los muertos". Pero, a pesar de todo, estimo que se pueden prolongar sus pensamientos o re-tomarlos para tenerlos en cuenta (lo que no significa del todo la misma cosa). Creo que, efectivamente, la concepci&oacute;n de Deleuze sigue enteramente esa v&iacute;a: que la filosof&iacute;a practica -lo que &eacute;l llama una desterritorializaci&oacute;n absoluta- no tiene fronteras en un plano de reflexi&oacute;n que es siempre el de la tierra, el de la humanidad; que no habla para pueblos separados y que no lo hace pura y llanamente desde un punto de vista nacional. Ahora, el que haya una comunidad supranacional de los fil&oacute;sofos constituye un problema interesante y que hoy se discute.</p>     <p>En efecto, tiene Usted raz&oacute;n de hablar de la fenomenolog&iacute;a de Husserl como una referencia igualmente interesante, porque al inicio de su obra, pienso que conserv&oacute; esta idea hasta el fin. Husserl pensaba la filosof&iacute;a fenomenol&oacute;gica como un plan de acuerdo general que pod&iacute;a crear un trabajo colectivo para todos los fil&oacute;sofos, de manera que pudiesen encontrar la posibilidad de colaborar en una obra com&uacute;n. Cierto es que quiz&aacute; no tuvo &eacute;xito en la realizaci&oacute;n de ese designio, porque tales posibilidades plantean el consiguiente problema de que Husserl, efectivamente, no tuvo en cuenta las diferencias de orientaci&oacute;n; el hecho de que en el dominio de la filosof&iacute;a, como quiz&aacute; tambi&eacute;n en el del arte o en el de la literatura, los pensamientos convergen pero nunca est&aacute;n guiados por una id&eacute;ntica orientaci&oacute;n o por un prop&oacute;sito igual. Cada fil&oacute;sofo constituye &eacute;l mismo su dominio conceptual y de pensamiento, y por tanto, ser&iacute;a dif&iacute;cil encontrar en filosof&iacute;a un plan sobre el cual se pudiese establecer una comunidad de investigaciones que, rigurosamente, estuviesen guiadas por un mismo m&eacute;todo. Creo que la riqueza de la filosof&iacute;a consiste en la existencia de m&eacute;todos diferentes. Algunas veces uno advierte que son m&aacute;s o menos convergentes o en ocasiones divergentes; pero pienso que, de todos modos, no se puede imponer un plan de investigaci&oacute;n, un m&eacute;todo &uacute;nico que, precisamente, ser&iacute;a contrario al principio mismo de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica. Hay, ciertamente, una diferencia fundamental en la construcci&oacute;n de sistemas o, como dec&iacute;a Deleuze, que Usted justamente menciona, en la creaci&oacute;n de conceptos.</p>     <p>Pero termino ah&iacute; para volver sobre lo que Usted planteaba al principio. Hay que decir tambi&eacute;n que no es frecuente que los fil&oacute;sofos puedan estar en verdadera oposici&oacute;n con respecto a muchos t&oacute;picos y, por lo menos y en particular, en el de la comunidad de esp&iacute;ritu de investigaci&oacute;n y de esp&iacute;ritu cr&iacute;tico; de esa suerte de sociedad de amigos que, pese a su car&aacute;cter un poco artificial y temporal, se crea, por ejemplo, en un momento dado en torno a los coloquios, en las conversaciones, en los congresos, en los intercambios. No se puede negar, empero, que hay all&iacute; algo absolutamente fundamental y que contrasta con los congresos internacionales de los Jefes de Estados. Mientras que los Jefes de Estado se re&uacute;nen con el objeto de decidir en com&uacute;n lo que, sin forzar los t&eacute;rminos, llamar&iacute;a la explotaci&oacute;n del mundo y, para emplear un t&eacute;rmino de Heidegger, su &laquo;agenciamiento&raquo; &#91;&laquo;arraisonnement&raquo;&#93;, los fil&oacute;sofos, en cambio, se re&uacute;nen para tratar de encontrar una verdad que vuelva el mundo m&aacute;s humano y que lo haga vivible. El gran problema del pensamiento en la actualidad consiste, a mi juicio, en hacer la tierra habitable para todos; en que no haya excluidos, desplazados, marginados de la sociedad, en que no existan topo oposiciones internacionales. Vuelvo sobre la idea que evocaba hace un momento con Usted, a saber, la de volver la tierra hospitalaria. He ah&iacute;, pues, cu&aacute;l pueda ser, quiz&aacute;, el problema central de la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea con respecto a esa famosa mundializaci&oacute;n que actualmente se propone y que, en cambio, parece guiada (sin que quiz&aacute; se haya querido que las cosas sucedieran de ese modo, pero por la fuerza de las circunstancias) por la generalizaci&oacute;n de la inhospitalidad; s&iacute;, realmente es as&iacute;. Y la filosof&iacute;a se piensa enteramente en contra de esta direcci&oacute;n. No se trata, en definitiva, de generalizar la inhospitalidad sino, por el contrario, de generalizar la hospitalidad; de volver la tierra hospitalaria, habitable; habitable para todos.</p>     <p><i>Para la mayor&iacute;a de los fil&oacute;sofos que Usted ha mencionado (hablo en particular de Kant y de Husserl pero tambi&eacute;n de Deleuze y de Foucault) la universidad ocupa un lugar de primer orden en el &aacute;mbito de sus preocupaciones filos&oacute;ficas, habi&eacute;ndola concebido como el espacio </i><i>privilegiado de la reflexi&oacute;n, del disenso y de la cr&iacute;tica, pero adem&aacute;s, como un lugar de acogida del otro y del reconocimiento activo de las diferencias. Ahora bien, con sus amigos Gilles Deleuze, Michel Foucault, Fran&ccedil;ois Ch&acirc;telet, Jean-Fran&ccedil;ois Lyotard y algunos otros, usted contribuy&oacute; a la creaci&oacute;n de la Universidad de Par&iacute;s 8 despu&eacute;s de los acontecimientos de mayo del 68. &iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n le merece hoy ese movimiento contestatario y, con base en sus primeras impresiones, qu&eacute; contraste podr&iacute;a establecer entre la universidad francesa y nuestras instituciones universitarias p&uacute;blicas?</i></p>     <p>Bien; &eacute;ste es un problema bien interesante y al que respondo de buen grado; le contestar&eacute; de manera breve porque ello ameritar&iacute;a muchas descripciones y suscitar&iacute;a demasiados interrogantes. Se trata, en efecto, de una cuesti&oacute;n que se halla ligada a lo hist&oacute;rico y cada vez que algo se halla ligado a la historia, resultan siempre de ello perspectivas diferentes. De manera que doy mi propia apreciaci&oacute;n de las cosas y, desde luego, sin comprometer a nadie. Los fil&oacute;sofos que Usted menciona, por desgracia hoy est&aacute;n muertos, lo que me resulta extremadamente triste porque fueron efectivamente amigos, mis amigos. Creamos una especie de clima de amistad alrededor de una investigaci&oacute;n que, aunque era diferente para cada uno de nosotros, nos era despu&eacute;s de todo com&uacute;n en sus orientaciones: en el deseo de abrir la universidad al m&aacute;ximo; creo que esa es la expresi&oacute;n que mejor conviene. Y de abrirla en dos sentidos: por una parte, en relaci&oacute;n con los problemas abordados, es decir, a que estos no estuvieran limitados a lo que llamar&iacute;a meros asuntos de conocimiento y de erudici&oacute;n universitaria, en particular la historia de la filosof&iacute;a; y, por otra parte, abrirla a una poblaci&oacute;n nueva, dado que las condiciones de ingreso a la universidad en Francia estaban exclusivamente circunscritas a la obtenci&oacute;n del bachillerato. En efecto, esta universidad de Vincennes-Paris 8 estuvo abierta, bajo ciertas condiciones que no eran en realidad demasiado estrictas, a personas que no eran titulares del bachillerato; y, en cuanto simples visitantes, abierta a todo el mundo. Sin que pueda ahora precisar el momento exacto en el que las cosas sucedieron de ese modo, la universidad fue, al menos durante cierto tiempo, un lugar de libre paso; un lugar de encuentros y de discusiones cuyos resultados fueron muy fructuosos. Luego, por la fuerza de las circunstancias, hubo una reestructuraci&oacute;n, una suerte de reglamentaci&oacute;n un poco m&aacute;s rigurosa al interior de la universidad en lo concerniente a la obtenci&oacute;n de diplomas.</p>     <p>Considero, a pesar de todo, que esta orientaci&oacute;n ha sido permanente y que no s&oacute;lo modific&oacute; la ense&ntilde;anza al interior de la Universidad de Par&iacute;s 8, sino adem&aacute;s la universidad francesa y el modo de funcionamiento de las universidades extranjeras. Hab&iacute;a, en particular, muchos estudiantes extranjeros, sobre todo en Par&iacute;s 8. Por lo dem&aacute;s, esta acogida del extranjero se mantiene hoy en d&iacute;a, por desgracia con las restricciones impuestas por las legislaciones europeas, y creo que es una de las caracter&iacute;sticas de esta universidad. Entre los estudiantes extranjeros hab&iacute;a muchos procedentes de &Aacute;frica y de Am&eacute;rica latina. Tuve muchos estudiantes, como tambi&eacute;n Deleuze, Lyotard y Ch&acirc;telet, que volvieron luego a Am&eacute;rica latina, imbuidos del pensamiento de esos fil&oacute;sofos. Pienso, por ejemplo, que Colombia es un centro de reflexi&oacute;n, como lo es tambi&eacute;n Brasil, en torno a pensamientos inspirados por Deleuze y Guattari. No se puede negar, en todo caso, al menos en lo que concierne a los departamentos de filosof&iacute;a, que esta ense&ntilde;anza en la universidad de Par&iacute;s 8 tuvo una influencia ben&eacute;fica y que hasta cierto punto modific&oacute; la existencia, y tambi&eacute;n de alguna manera la vida universitaria, en las relaciones con los profesores y en la recepci&oacute;n, al interior de la universidad, de problemas que antes se mantuvieron al margen de la vida acad&eacute;mica, como los temas de sociedad, pol&iacute;ticos etc. </p>     <p>En lo que a m&iacute; respecta, sigo estando absolutamente convencido -creo que Deleuze pensaba lo mismo, ya que lo dijo alguna vez- de haber hecho parte de una experiencia in&eacute;dita. Y aclaro, para terminar, que en la &oacute;ptica de esa inauguraci&oacute;n de una universidad nueva no se buscaba, en modo alguno, la eliminaci&oacute;n del pensamiento cl&aacute;sico de los autores o de las referencias de rigor a dichos autores. Ya se trate de Spinoza, Leibniz y Nietzsche; o de los griegos, Her&aacute;clito, Plat&oacute;n o Arist&oacute;teles, la filosof&iacute;a ha estado siempre en relaci&oacute;n con los autores cl&aacute;sicos que le han permitido preservar, precisar su lenguaje, formar asimismo este concepto que comporta precisamente, desde siempre, este elemento cultural que interpela y que contrasta con el lenguaje puramente t&eacute;cnico, puramente utilitario y de una pragm&aacute;tica extremadamente recalcitrante del pensamiento corriente o del llamado pensamiento medi&aacute;tico que, por desgracia, est&aacute; tan expandido en el mundo actual.</p>     <p><i>Le agradecemos, Se&ntilde;or Sch&eacute;rer, por esas aclaraciones fundamentales. Me parece que esa relaci&oacute;n de la universidad a la pol&iacute;tica remite tambi&eacute;n, en parte, al v&iacute;nculo entre la filosof&iacute;a y la pol&iacute;tica y, por tanto, al lugar mismo de la filosof&iacute;a en la universidad. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a definirse hoy ese lugar?</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se trata de un tema dif&iacute;cil y al mismo tiempo muy interesante y acerca del cual yo mismo me he preocupado. Quisiera hacer aqu&iacute; particularmente referencia a un texto filos&oacute;fico, puesto que hablo frente a universitarios; a un peque&ntilde;o op&uacute;sculo de Immanuel Kant. Me di cuenta que ustedes conmemoraron este a&ntilde;o la muerte de Kant en su Escuela de Filosof&iacute;a. As&iacute;, pues, esta indicaci&oacute;n no ser&aacute; incongruente para la mayor&iacute;a de quienes van a escucharme o a leerme. El texto de Kant al que hago referencia se titula &laquo;El conflicto de las facultades&raquo;; en este texto trata, precisamente, de un problema universitario y de la diferencia existente entre las distintas facultades. Y distingue &#91;espec&iacute;ficamente&#93; cuatro: la facultad de teolog&iacute;a, la facultad de medicina, la de derecho y la de filosof&iacute;a. Hacia el exterior, establece una diferencia entre las facultades que est&aacute;n ligadas al poder del Estado, al poder institucional, y que han de divulgar un saber para la aplicaci&oacute;n de reglas y leyes que son tomadas por fuera de la facultad misma. Tal es el caso del derecho y de la teolog&iacute;a. La medicina se halla un poco matizada y, en todo caso, la filosof&iacute;a es una facultad que se da a s&iacute; misma sus propias leyes y sus propias reglas. </p>     <p>De esta manera, las facultades que dependen del Estado est&aacute;n sometidas a un poder y, en definitiva, se orientan hacia el aprendizaje de los medios t&eacute;cnicos necesarios para la puesta en aplicaci&oacute;n de una autoridad exterior, mientras que la filosof&iacute;a s&oacute;lo depende de s&iacute; misma; es ella la que representa en la universidad la libertad de pensar. Ahora bien, tiene Usted raz&oacute;n cuando dice que la filosof&iacute;a puede hablar en nombre de la universidad en general y es a causa de lo que digo, es decir, que lo propio de la universidad, sin ir en absoluto en detrimento de las diferentes facultades de la universidad, es que tiene un cometido a realizar. Y si bien hoy en d&iacute;a se han venido agregando otras facultades, como las de econom&iacute;a, econom&iacute;a pol&iacute;tica, gesti&oacute;n, inform&aacute;tica etc., de las que no se desconoce la importancia, quiz&aacute; la filosof&iacute;a ocupa incontestablemente un lugar central en la medida en que la universidad y la investigaci&oacute;n libre se identifican, y en que la filosof&iacute;a se da a s&iacute; misma sus propias pautas. Creo que una universidad en la que no existiese un Departamento de Filosof&iacute;a -ese problema tambi&eacute;n se debati&oacute; en Francia- estar&iacute;a amputada de una parte fundamental de s&iacute; misma. Considero que toda universidad debe, ciertamente, comportar una importante parte directiva, pero realmente constituyente, a saber, guiada por la filosof&iacute;a. As&iacute;, pues, la filosof&iacute;a es, justamente, el lugar en donde se ejercen la cr&iacute;tica y la libertad de pensamiento que, al fin y al cabo, son constitutivas de todo ejercicio del pensamiento.</p>     <p><i>Me gustar&iacute;a por mi parte preguntarle, si est&aacute; Usted de acuerdo, &iquest;c&oacute;mo a partir de los micro poderes, de esas fuerzas que operan de modo singular -y los hay de todo tipo no s&oacute;lo al interior de la universidad -podemos crear en nuestra sociedad latinoamericana formas de resistencia para neutralizar los poderes de dominaci&oacute;n? Pienso, espec&iacute;ficamente, en un problema que tiene, por ejemplo, una gran importancia en la obra de Foucault.</i></p>     <p>As&iacute; es. El aporte de Michel Foucault al an&aacute;lisis del pensamiento filos&oacute;fico y pol&iacute;tico de la sociedad consiste en haber descompuesto de una manera original la noci&oacute;n de poder; una noci&oacute;n que tradicionalmente ha sido reservada a la idea de que el poder es un fuerza que viene de arriba y que se ejerce, por parte de una autoridad superior, sobre el resto de la sociedad. Y Foucault analiz&oacute; en detalle un poder, o m&aacute;s bien poderes, que no estar&iacute;an &uacute;nicamente concentrados en el del gobierno o en el del Estado, sino que, por una parte, est&aacute;n repartidos en diferentes estratos institucionales -es as&iacute; como hay un poder m&eacute;dico, un poder psiqui&aacute;trico, que atrajo particularmente su atenci&oacute;n -; y que, por otra parte, se propagan al interior de la sociedad. De tal manera que cada vez que un grupo se constituye, hay poderes que se constituyen, en cierta medida aut&oacute;nomos, haciendo posible el ejercicio de poderes superiores; hay, por tanto, una jerarqu&iacute;a de poderes.</p>     <p>Mas, para resumir con una f&oacute;rmula muy simple, y un poco parad&oacute;jica, el pensamiento de Foucault, sucede siempre que los poderes no vienen de arriba si no de abajo. De manera que ese abajo tambi&eacute;n caracteriza el lugar a partir del cual el poder puede transformarse en otra cosa. Cuando viene de abajo eso significa que, en el lugar en el que se constituye, existen siempre posibilidades de rehusar ese poder. Yo no puedo recusar el poder que me es impuesto, digamos por la polic&iacute;a, el ej&eacute;rcito, los jefes de Estado, los dictadores o por el Parlamento, porque eso me desborda y porque, por encima de m&iacute;, hay de alguna manera un trascendente en relaci&oacute;n conmigo. Pero a lo que s&iacute; puedo negarme, es a ejercer el poder sobre mi vecino. Hay, por supuesto, fuerzas de resistencia que son siempre movilizables; micro poderes sobre los cuales, precisamente, el an&aacute;lisis filos&oacute;fico, la conciencia, puede tener un efecto. En el mismo momento en que Foucault razonaba sobre esos temas, en el que elaboraba su pensamiento sobre los micro poderes, Deleuze, Guattari y otros fil&oacute;sofos reflexionaban acerca de problemas que hab&iacute;an permanecido hasta entonces al margen de la pol&iacute;tica o que, por lo menos, s&oacute;lo hab&iacute;an sido parcialmente estudiados por los pol&iacute;ticos; por ejemplo, la situaci&oacute;n de las mujeres que es un problema absolutamente fundamental, la cuesti&oacute;n no menos importante de las minor&iacute;as sexuales o de la situaci&oacute;n de los ni&ntilde;os, de los menores, en relaci&oacute;n con la autoridad de los adultos, etc., que constituyeron en cierta forma, en ese nivel en el que se instituyen los micro poderes, todo un dominio de micro-pol&iacute;ticas y de micro pol&iacute;ticas de resistencia. Es all&iacute; justamente, en el nivel que pasa desapercibido para la pol&iacute;tica ordinaria, que puede crearse la resistencia.</p>     <p>No puedo responder m&aacute;s ampliamente a su pregunta, porque esto nos llevar&iacute;a a problemas que dependen, a la vez, de lo hist&oacute;rico, de la circunstancia, de la elecci&oacute;n individual etc., pero, al menos, trazo el esquema general, es decir, lo referente a la constituci&oacute;n de los micro poderes. Adem&aacute;s, el micro poder es tambi&eacute;n el de esos polos, el de esos terrenos inesperados de los cuales la pol&iacute;tica no se ocupa: los de las mujeres, homosexuales, ni&ntilde;os, j&oacute;venes, socialmente excluidos etc. Es all&iacute; donde las resistencias pueden constituirse, porque tocamos a algo que hace parte del dominio de la posibilidad individual, del deseo o, como afirmaban los estoicos, de &laquo;lo que depende de nosotros&raquo;; una resistencia es aquello que depende de nosotros. Por consiguiente, s&oacute;lo escapa a nuestra posibilidad lo que, precisamente, no depende de nosotros. Sobre esto se puede hacer una especulaci&oacute;n pol&iacute;tica, elaborar planes, planificaciones generales como se dice, especular, concebir sistemas, entre otros. Pero esto es mucho m&aacute;s aleatorio que el hecho de obrar sobre lo que depende de nosotros y respecto a lo cual se pueden constituir elementos de resistencia; eso compromete a cada individuo en su cotidianidad.</p>     <p>A&ntilde;ado, para terminar, que una perspectiva de este tipo hab&iacute;a sido vista por Jean-Paul Sartre (quiz&aacute; no lo expres&oacute; de la misma forma, pero ese es un rasgo de la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea, al menos en Francia). Sartre es tal vez, en su existencialismo, uno de los primeros en haber atra&iacute;do la atenci&oacute;n sobre esta responsabilidad y esta libertad individual de cada uno, que puede modificar su actitud con respecto al otro y para consigo mismo. Considero que es all&iacute; donde la filosof&iacute;a tiene un poder. Sobre lo dem&aacute;s puede ser, en efecto, incapaz de obrar por s&iacute; misma, si se toman en cuenta todas las fuerzas inmensas que est&aacute;n en juego. Sea como fuere, lo realmente importante en el &aacute;mbito de la filosof&iacute;a es la resistencia individual. Me parece que tambi&eacute;n una idea semejante, aunque tampoco expresada del mismo modo, hab&iacute;a sido entrevista, por ejemplo, en la resistencia pasiva que estuvo en la base de la pol&iacute;tica de Gandhi. Ahora bien, todos esos problemas en torno a las fuerzas de resistencia que pueden ser movilizadas en el nivel en el que se constituyen tales micro-poderes, pueden ser considerados como problemas que hacen parte del dominio de la pr&aacute;ctica pol&iacute;tica de la filosof&iacute;a.</p>     <p><i>El problema de la exclusi&oacute;n del otro, del cual acaba de suministrarnos un significativo aporte, puede ser abordado desde muy diversos paradigmas. Ahora bien, precisamente ayer, asisti&oacute; Usted a la &laquo;IV semana de la diversidad sexual&raquo; que tuvo lugar en la UIS y que le despert&oacute; un muy vivo inter&eacute;s. &iquest;Tendr&iacute;a ahora algo que decirnos acerca del significado de ese encuentro?</i></p>     <p>No asist&iacute; a la totalidad de las intervenciones -como Usted misma, por lo dem&aacute;s-; s&oacute;lo estuve en una &uacute;ltima sesi&oacute;n que gir&oacute; en torno a la recepci&oacute;n, si se puede decir as&iacute;, a la actitud bien a menudo de menosprecio que asume la poblaci&oacute;n con respecto a la homosexualidad. Se trata de un problema importante que surgi&oacute; en el mundo, creo que quiz&aacute; en los Estados Unidos en primer lugar y luego en Francia, alrededor de 1968. No conozco muy bien la posici&oacute;n americana, de manera que no podr&iacute;a pronunciarme al respecto. En Francia, por lo menos, el movimiento que concierne los homosexuales, hombres y mujeres, fue inaugurado m&aacute;s exactamente en 1971 cuando se crearon los llamados movimientos de resistencia o de liberaci&oacute;n, como el de las mujeres. Se constituy&oacute; luego un movimiento denominado el &laquo;Frente Homosexual de Acci&oacute;n Revolucionaria&raquo;, t&eacute;rmino un poco ambicioso pero que se acomodaba bien a la situaci&oacute;n de la &eacute;poca, en la que todo se pensaba en t&eacute;rminos de revoluci&oacute;n. De aqu&iacute; que se pensase que la transformaci&oacute;n de la actitud general con respecto a los homosexuales pod&iacute;a ser un elemento de revoluci&oacute;n general social. Era un poco ambicioso y tal no fue el caso, pero, indudablemente, eso tuvo de todos modos una influencia en la actitud de la sociedad, en Francia y en Europa, aunque el proceso fue lento y por m&aacute;s que en la actualidad no se pueda afirmar que haya en Europa, salvo en algunos pa&iacute;ses, una perfecta tolerancia, una perfecta adhesi&oacute;n en un plano de igualdad, entre los niveles de las minor&iacute;as sexuales y entre los homosexuales y los heterosexuales. Con todo, la actitud de lucha, de reivindicaci&oacute;n por una igualdad de derechos, sigue estando vigente aun en Francia. En Holanda hay quiz&aacute; una posici&oacute;n m&aacute;s avanzada y tolerante en funci&oacute;n de la actitud de tolerancia que fue siempre la de la Holanda Septentrional. No hay que olvidar que Holanda fue el pa&iacute;s de acogida de los refugiados, podr&iacute;amos casi decir de los refugiados del pensamiento, como Spinoza, Descartes, etc., desde el siglo XVII; el lugar en el que se editaban libros que no pod&iacute;an ser impresos en Francia, o en otros pa&iacute;ses, a causa de la censura real. De manera que hab&iacute;a asimismo esta libertad de la diferencia en la expresi&oacute;n de las actitudes sexuales.</p>     <p>Digo ahora, para terminar esta anotaci&oacute;n, que el problema de la inclusi&oacute;n de los homosexuales no es simplemente, a mi juicio, una cuesti&oacute;n de derecho -como bien pudo verse en la interesante discusi&oacute;n acerca de ese t&oacute;pico que, precisamente ayer, tuvo lugar en la UIS. Aunque la redacci&oacute;n de leyes es, ciertamente, esencial en la formaci&oacute;n de una tolerancia con respecto a lo que se denomina las minor&iacute;as sexuales, no se trata tan s&oacute;lo, repito, de un problema jur&iacute;dico. Hay siempre algo que excede esos problemas que no pueden ser codificados y que dependen de la modificaci&oacute;n de las mentalidades. El derecho mismo lo &uacute;nico que hace es expedir reglas; y, aunque es innegable que puede estimular un cambio en las mentalidades, no puede tener un real efecto en ellas si todo esto no va acompa&ntilde;ado de un esfuerzo permanente de educaci&oacute;n, de informaci&oacute;n, de apertura del esp&iacute;ritu, un poco como lo que se requiere tambi&eacute;n en el caso de la hospitalidad. Bien entendido que &eacute;ste es de igual modo un problema de derecho; puede permitir la promulgaci&oacute;n de un cierto n&uacute;mero de reglas de recepci&oacute;n referentes al extranjero, pero esto es algo que indiscutiblemente rebasa el &aacute;mbito del derecho por cuanto se trata de lo que bien podr&iacute;amos llamar un imperativo incondicional que no puede encuadrarse exclusivamente en el dominio jur&iacute;dico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Afirmar&iacute;a, por tanto, la misma cosa en relaci&oacute;n con la aceptaci&oacute;n, con la admisi&oacute;n de los homosexuales que no es, simplemente, una cuesti&oacute;n dependiente de la publicaci&oacute;n de un cierto n&uacute;mero de leyes, o en todo caso de las transformaciones de la legislaci&oacute;n, sino de problemas que competen a las mentalidades; que dependen de una reforma muy profunda que s&oacute;lo una actitud individual, con respecto a esta causa, puede realmente favorecer. Eso es todo lo que dir&iacute;a sobre ese aspecto. Pero, hemos de reconocer que se trata siempre, lo veo ahora en Colombia y en otros pa&iacute;ses como Francia, de un problema de actualidad, de una cuesti&oacute;n a debatir que la filosof&iacute;a puede y debe tomar en cuenta e inclusive, situar en el primer rango de sus preocupaciones. Debe tenerse en cuenta el hecho de que el sujeto del que habla la filosof&iacute;a, el sujeto al cual se dirige, no es nunca una abstracci&oacute;n; es siempre un individuo sexuado que se apasiona, que tiene sus propias formas de deseo, sus propias formas de acci&oacute;n. Por consiguiente, &eacute;ste es realmente un problema con el cual la filosof&iacute;a se ha comprometido y al que no puede sustraerse.</p>     <p><i>Usted parece tener, con respecto a ese problema del deseo, un eje de reflexi&oacute;n com&uacute;n con Gilles Deleuze. Me gustar&iacute;a hacerle tres preguntas acerca de ese fil&oacute;sofo que fue tambi&eacute;n su amigo y porque estamos ahora conmemorando el aniversario de los diez a&ntilde;os de su muerte.</i></p>     <p>¡Tres, no...esperen, todav&iacute;a tres preguntas! Vale, eso no importa, digamos que tres. Pero, ustedes podr&iacute;an poner quiz&aacute; en la redacci&oacute;n de su texto, para hacer esta conversaci&oacute;n mucho m&aacute;s vivaz, un «tres» horrorizado con un gran punto de exclamaci&oacute;n. Acaso as&iacute; les parecer&iacute;a menos irascible.</p>     <p><i>¡Ah! Eso no. Pensamos, por el contrario, que es Usted adorable y en verdad muy complaciente.</i></p>     <p><i>Hago entonces mi pregunta: Nosotros los latinoamericanos estamos casi obsesionados con la idea de progreso. Sin embargo, al interior de nosotros mismos producimos nuestro propio deseo, pongamos por caso en la literatura, la poes&iacute;a, el cine y la pintura. &iquest;Qu&eacute; posibilidad habr&iacute;a de conciliar esa doble tendencia, es decir, por una parte, la impulsi&oacute;n hacia el progreso a toda costa y, por otra, la orientaci&oacute;n hacia la afirmaci&oacute;n del deseo? Creo que el propio Deleuze ya hab&iacute;a entrevisto ese problema.</i></p>     <p>Entonces, esa es una de las primeras preguntas. Para darle mi respuesta no voy a remitirme a Deleuze, sino a alguien a quien ya tuve la ocasi&oacute;n de referirme en el curso de mis intervenciones en la UIS. Hablo de Pier Paolo Pasolini quien, como ustedes saben, fue a la vez cineasta, poeta, novelista, semi&oacute;tico y periodista y quien dio, adem&aacute;s, algunas perspectivas pol&iacute;ticas sobre esta cuesti&oacute;n de la relaci&oacute;n entre la pol&iacute;tica, tomada en su sentido ordinario, y los problemas de la pasi&oacute;n, del deseo y del amor. Hago as&iacute; menci&oacute;n a lo que escribi&oacute; y public&oacute; en el ep&iacute;tome que se titula Escritos corsarios. Me parece que se trata de escritos de una candente actualidad, pese a que fueron redactados en los a&ntilde;os sesenta, m&aacute;s o menos entre el 63 y el 70 (como ustedes recuerdan, Pasolini muri&oacute; asesinado en 1975). En ese texto hay un art&iacute;culo que se titula &laquo;Progreso y desarrollo&raquo;; es realmente muy interesante porque all&iacute; define una pol&iacute;tica y una perspectiva que quiz&aacute; hoy en d&iacute;a tienen total vigencia. Critica la pol&iacute;tica de izquierda en la Italia de ese momento, mas no en lo relativo a problemas directamente ligados a la sexualidad, aunque est&aacute;n implicados, sino a prop&oacute;sito de temas de ecolog&iacute;a; lo hizo inclusive, no estar&aacute; de m&aacute;s decirlo, antes de que se empezara a hablar de ecolog&iacute;a. Pasolini se hab&iacute;a mostrado en extremo sensible a la transformaci&oacute;n, a la destrucci&oacute;n del medio ambiente natural, del paisaje, de los modos de vida, de la flora y la fauna etc., en la Italia contempor&aacute;nea y en otros pa&iacute;ses mediterr&aacute;neos. Le reprocha a las municipalidades de izquierda el que hayan adoptado en relaci&oacute;n con tales temas, sin ning&uacute;n elemento cr&iacute;tico, todas esas modas simplificadoras que hoy en d&iacute;a conocemos hasta la saciedad: transformaciones y destrucciones del paisaje, de la naturaleza, deterioraciones del suelo (para evocar un problema de actualidad, ahora nos apercibimos del cambio de los climas que es una de las plagas de la ocupaci&oacute;n misma del planeta). </p>     <p>Ahora bien, Pasolini afirma que se ha confundido la idea de desarrollo con la de progreso. De ah&iacute; que no opone en este texto el progreso al deseo sino al desarrollo. A ese desarrollo, agregar&iacute;a yo, que hoy se asocia con el t&eacute;rmino de &laquo;crecimiento&raquo; y que ha llegado a convertirse en la principal obsesi&oacute;n de los gobiernos. Por tanto, ese desarrollo o crecimiento no toma en cuenta los deseos y sus finalidades. Todo esto no es m&aacute;s que una cuesti&oacute;n de palabras, pero creo que es tambi&eacute;n un problema de sentido; porque, en efecto, es siempre embarazoso decirse a s&iacute; mismo &laquo;no soy progresista&raquo;, tanto m&aacute;s cuanto que la filosof&iacute;a, el lenguaje, el pensamiento corriente, le acuerdan, a pesar de todo, una nota valorizante a esta idea de progreso. Cierto es que si uno se retrae del progreso, parece adherido al pasado, nost&aacute;lgico y reaccionario desde el punto de vista pol&iacute;tico, aunque la mayor&iacute;a de los pensadores -creo que no estoy forzando las cosas-, la mayor&iacute;a de los fil&oacute;sofos, gustan decirse de izquierda cuando, en definitiva, parecen ponerse del lado de la derecha, y de la derecha m&aacute;s reaccionaria, porque hacen una pol&iacute;tica que suprime el espacio del deseo.</p>     <p>Dejando de lado a Pasolini, y para volver directamente a su pregunta que me parece clara, creo que no hay conflicto entre deseo y progreso. Pienso, por el contrario, que la liberaci&oacute;n del deseo en sus diferentes matices, en sus diferencias imperceptibles, en lo que llamar&iacute;a su diferencial para emplear un t&eacute;rmino de tonalidad casi cient&iacute;fica, pertenece asimismo de una manera general al progreso. Lo que s&iacute; me parece contrario al progreso es la orientaci&oacute;n hacia un desarrollo unilateral que s&oacute;lo consiste en un dominio del hombre sobre la naturaleza; que no toma en cuenta lo que, con justa raz&oacute;n, podr&iacute;amos llamar las resistencias de la misma naturaleza y su incompatibilidad con respecto a esa dominaci&oacute;n unilateralmente t&eacute;cnica de la explotaci&oacute;n de los suelos, la vegetaci&oacute;n, los bosques etc. Vemos c&oacute;mo el ciclo de ese desarrollo juega, por ejemplo, un papel absolutamente nefasto, dram&aacute;tico, en la deforestaci&oacute;n, cuyos nocivos efectos son en la actualidad de una evidencia contundente a escala planetaria y que acaban inclusive por tocar los dominios mismos del desarrollo, del crecimiento, que se encuentran, precisamente, detenidos por esta acci&oacute;n involutiva de las transformaciones naturales de la deterioraci&oacute;n del clima, del calentamiento del planeta.    <br>  Retomando el sentido entrevisto en Pasolini, dir&iacute;a que no s&oacute;lo no hay conflicto entre el progreso y el deseo, sino que, por el contrario, tengo la convicci&oacute;n de que el deseo va en el sentido mismo del progreso. Como dec&iacute;a hace un momento a prop&oacute;sito de los homosexuales, de la liberaci&oacute;n de las mujeres, es decir, de la atribuci&oacute;n de una plena igualdad a las mujeres, del reconocimiento de sus valores y capacidades, as&iacute; como de la admisi&oacute;n de los homosexuales, todo esto va en el sentido del progreso y no en el de la reacci&oacute;n.</p>     <p>Lo que no va realmente en el sentido del progreso y que va, en cambio, en el sentido no de una reacci&oacute;n sino de una huida m&aacute;gica dram&aacute;tica, inconsiderada, que conduce la humanidad a un abismo, es el desarrollo, la subordinaci&oacute;n de todo el progreso a lo que se denomina el "crecimiento", que no es m&aacute;s que una recesi&oacute;n, aunque tal vez la palabra no sea enteramente justa, es decir, una destrucci&oacute;n o autodestrucci&oacute;n inconsciente de la humanidad por ella misma. Afirmar&iacute;a as&iacute;, para concluir esta cr&iacute;tica sobre los efectos del desarrollo o del crecimiento, que el problema no consiste, finalmente, en el hecho de crecer, sino en el de crear. Pero no se puede crecer sin crear y, sobre todo, sin creer en la virtud del deseo del hombre. He ah&iacute; la reflexi&oacute;n que personalmente propongo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Me parece que con la idea que acaba de desarrollar, se plantea asimismo la cuesti&oacute;n de la posibilidad de la filosof&iacute;a como pensamiento creador. Teniendo en cuenta, vuelvo una vez m&aacute;s sobre Deleuze, que la creaci&oacute;n no ha de ser propiamente entendida como un acto del sujeto, sino como el encuentro entre dos, o entre tres&hellip;&iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a, entonces, la clave de comprensi&oacute;n de la idea de la filosof&iacute;a como creaci&oacute;n? Y, finalmente, &iquest;esta idea podr&iacute;a extenderse a los dominios del pensamiento cient&iacute;fico y del pensamiento art&iacute;stico?</i></p>     <p>Ciertamente; pero es indudable que &laquo;creaci&oacute;n&raquo; se entiende en diferentes sentidos. La filosof&iacute;a -tomo aqu&iacute; la definici&oacute;n m&aacute;s c&oacute;moda porque es interesante y muy clara aunque no se pueda adoptar enteramente porque se podr&iacute;an quiz&aacute; refutar ciertas formulaciones-, la filosof&iacute;a es tal vez considerada, seg&uacute;n la distinci&oacute;n establecida por Deleuze y Guattari, como una creaci&oacute;n de conceptos; la ciencia, en cambio, es creaci&oacute;n de otra cosa, es decir, de esos modos de puesta en relaci&oacute;n de las cosas de una manera matem&aacute;tica o f&iacute;sica y que Deleuze y Guattari llaman asimismo funciones: el estudio de la variaci&oacute;n de ciertas cosas en conexi&oacute;n con ciertas otras, su puesta en relaci&oacute;n. Estuvimos ayer en la Escuela de Geolog&iacute;a de la UIS (en donde fuimos c&aacute;lidamente recibidos en su valioso museo de petrograf&iacute;a). Ahora bien, el estudio de la geolog&iacute;a consiste en poner en relaci&oacute;n un cierto n&uacute;mero de fen&oacute;menos, de transformaciones qu&iacute;micas que se concretizan en las cristalizaciones, en las estratificaciones de la tierra. Se puede, si se desea, llamarlos conceptos, pero, para distinguirlos de los conceptos filos&oacute;ficos, Deleuze y Guattari prefieren denominarlos funciones. Este es, por ejemplo, el caso de la relaci&oacute;n de una roca con formulaciones qu&iacute;micas, la presencia o la ausencia de un cierto n&uacute;mero de cuerpos elementales, de minerales, de materiales, de cuerpos simples. As&iacute;, es en funci&oacute;n de esta presencia o ausencia que var&iacute;an los cuerpos qu&iacute;micos, las rocas, porque en geolog&iacute;a es justamente de eso de lo que se trata, de las estratificaciones terrestres.</p>     <p>Pero hay tambi&eacute;n, por otra parte, creaci&oacute;n en el dominio art&iacute;stico; la creaci&oacute;n de lo que podr&iacute;a concebirse -todav&iacute;a en contraste con aquellos conceptos cient&iacute;ficos o con la puesta en funci&oacute;n de la ciencia- como la creaci&oacute;n, a la vez, de percepciones, de afecciones, de sentimientos nuevos. Una obra de arte -literatura, pintura, m&uacute;sica-, crea, suscita afectos, pasiones, sentimientos diferentes. Adem&aacute;s, para establecer una suerte de equilibrio con los conceptos, Deleuze y Guattari designan esta percepci&oacute;n nueva como los afectos; o aun, recreando una palabra relativamente reciente, los &laquo;perceptos&raquo;. Independientemente del hecho de que se adopte o no esa palabra, vemos en todo caso lo que significa, es decir, que la obra de arte crea en ese dominio transformaciones espaciales o temporales; que el papel del artista consiste en hacer surgir, en la obra de arte o en nuestra visi&oacute;n de las cosas, y por as&iacute; decirlo ante nuestros ojos, una nueva sensibilidad frente al espacio y al tiempo. Una sensibilidad frente al espacio, cuando se trata de obras pl&aacute;sticas; al tiempo, en el caso de las obras musicales; al Espacio-tiempo en lo que toca a los grandes movimientos, como en el cine.</p>     <p>El cine, declara Deleuze, es una manera de crear bloques -sus expresiones est&aacute;n siempre ornadas con im&aacute;genes-, de crear bloques de Espacio-tiempo. El filme nos sumerge siempre, cuando es bueno (hay, en efecto, filmes que son nulos y que no pueden crear bloques de Espacio-tiempo; otros que, en ese sentido, nos hacen alzar el vuelo). No tengo ejemplos que dar, cada cual encontrar&aacute; los suyos, aunque se puede pensar en Douglas Feirbanks, en Sergei Eisenstein, en Friesland, quienes nos arrastran de repente en esos bloques de Espacio-tiempo; y entre los m&aacute;s modernos, estar&iacute;a Jean Renoir. Cada uno crear&aacute;, a satisfacci&oacute;n, sus propias referencias. Termino sobre este punto diciendo que, efectivamente, existen dominios de creaci&oacute;n conceptualizados en la filosof&iacute;a como pertenecientes al &aacute;mbito esencial del quehacer filos&oacute;fico. La filosof&iacute;a no se contenta con reflexionar acerca de lo que ya se dijo, sino que crea de nuevo. &Eacute;sta es quiz&aacute; la diferencia de la filosof&iacute;a de Deleuze con la afirmaci&oacute;n de Hegel: &laquo;La filosof&iacute;a viene siempre demasiado tarde; en cuanto pensamiento del mundo, reflexiona sobre lo que ya ha pasado&raquo; &#91;v&eacute;ase la introducci&oacute;n a los Principios de la filosof&iacute;a del derecho&#93;. No discuto acerca de la apreciaci&oacute;n negativa que Deleuze da de Hegel; creo en verdad que hizo a menudo un juicio m&aacute;s severo de ese fil&oacute;sofo de lo que pensaba en el fondo; porque sent&iacute;a, por el contrario, una gran admiraci&oacute;n con respecto al pensamiento de Hegel, en la medida en que &eacute;ste es tambi&eacute;n muy creativo. Mas la formulaci&oacute;n de Hegel consistir&iacute;a en pensar -fue por ese motivo que se opuso a &eacute;l- que la filosof&iacute;a est&aacute; siempre a un paso de quedarse detr&aacute;s, rezagada, y que no puede obrar ni ser inventiva. Deleuze asume entonces la posici&oacute;n inversa, afirmando que la filosof&iacute;a no es tan s&oacute;lo reflexiva, sino adem&aacute;s creativa. Quisiera atraer la atenci&oacute;n en ese punto, respecto a la significaci&oacute;n que puede tener la idea de creaci&oacute;n. Desde luego, la filosof&iacute;a no es la &uacute;nica en hacerlo. Es incuestionable que la obra de arte, la ciencia, tambi&eacute;n son creaciones.</p>     <p><i>&iquest;Podr&iacute;a decirse, entonces, que, en Deleuze, el problema de la diferencia deviene, finalmente, el de la creaci&oacute;n?</i></p>     <p>Ciertamente. Y ser&eacute; breve, porque no hay nunca creaci&oacute;n sin diferencia. M&aacute;s exactamente, crear es siempre crear algo nuevo; es diferenciar, no repetir. Si dicha diferencia fuese pura y llanamente una repetici&oacute;n, no ser&iacute;a en tal caso una creaci&oacute;n. Ahora bien, hay siempre una intrincaci&oacute;n, es mejor no emplear el t&eacute;rmino dial&eacute;ctica porque tambi&eacute;n aqu&iacute; estar&iacute;amos en contrav&iacute;a del pensamiento deleuziano que no era muy dado a emplear esa palabra de dial&eacute;ctica, ya que &eacute;sta tiene, igualmente, un sentido particular bastante restringido. Yo no ser&iacute;a, por mi parte, reacio a emplear ese t&eacute;rmino que puede tratarse de muy diversas maneras. Dec&iacute;a, entonces, que se da una intrincaci&oacute;n, pongamos una combinaci&oacute;n, un tr&aacute;nsito permanente de la una a la otra; de la diferencia a la repetici&oacute;n hay cosas que se repiten, pero siempre haciendo surgir una diferencia. El mismo Deleuze utiliza la expresi&oacute;n &laquo;repetici&oacute;n de la diferencia&raquo;, cuando analiza el pensamiento de Nietzsche, etc.</p>     <p>Viene luego, incontestablemente, el que se d&eacute; una relaci&oacute;n muy estrecha entre la creaci&oacute;n de las diferencias o la adopci&oacute;n de la v&iacute;a de la diferencia, es decir, del acto que consiste en el hecho de penetrar en las diferenciaciones, en hacer deslizar el pensamiento, el lenguaje, hacia cosas que han de aparecer como diferencias y que al punto concentrar&aacute;n, o, tambi&eacute;n en un sentido repetir&aacute;n, diferencias que antes resultaban imperceptibles. Toda obra, en su surgimiento, opera ese movimiento, ese acto quir&uacute;rgico que consiste en dar cuenta de lo que antes pasaba inapercibido. Es as&iacute; como a partir de la obra, sea &eacute;sta filos&oacute;fica, cient&iacute;fica o art&iacute;stica, uno puede volverse sobre el pasado diciendo: &laquo; &iexcl;Ah! Eso era, y yo no me hab&iacute;a apercibido&raquo;. S&iacute;, creo que es de esta forma como hay que ver; que es as&iacute; como en realidad son las cosas. La operaci&oacute;n del fil&oacute;sofo, como dec&iacute;a a prop&oacute;sito de Deleuze, consiste en hacer ver. Y hab&iacute;a dado por t&iacute;tulo a mi primera conferencia: &laquo;Deleuze, un vidente&raquo;; en esto consiste el hacer ver, es decir, en ir en el sentido de la diferencia, cultivarla, en concentrarla de tal manera que por un acto de retracci&oacute;n, una reposici&oacute;n de las cosas, un retorno hacia atr&aacute;s, un giro de la mirada, pueda decirse: &laquo;S&iacute;, eso era. He ah&iacute; c&oacute;mo hay que ver las cosas; y ahora me doy cuenta que lo que precisaba no era m&aacute;s que lo que se llama una toma de conciencia&raquo;. Despu&eacute;s de todo lo que hemos dicho, la filosof&iacute;a es, finalmente, en su operaci&oacute;n, una toma de conciencia en relaci&oacute;n con las cosas que antes pasaban desapercibidas. Y esto est&aacute; siempre por rehacer, no se hace nunca de una vez por todas. O, tambi&eacute;n, esto adopta siempre la v&iacute;a progresiva de la diferencia.</p>     <p><i>Le agradecemos, Ren&eacute; Sch&eacute;rer, porque acabamos de vivir con Usted un momento de experiencia trascendental, de don filos&oacute;fico y de profunda alegr&iacute;a.</i></p>     <p>Gracias a ustedes.</p>      <p><img src="img/revistas/pafi/n40/CC.jpg">    ]]></body>
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