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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="Verdana, Geneva, sans-serif">      <p align="center"><font size="4"><b>NOTA EDITORIAL</b></font></p>      <p><i>Fran&ccedil;ois Gagin</i>    <br> Editor General, Revistas Praxis Filos&oacute;fica, Universidad del Valle, Cali, Colombia.    <br> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:revistapraxis@correounivalle.edu.co">revistapraxis@correounivalle.edu.co</a></p>      <p>Querido Lector,</p>      <p>Deseamos, a menudo, que todo encuentro fortuito o provocado sea una  buena ocasi&oacute;n para filosofar. La ocasi&oacute;n oportuna no es buena <i>per se</i>, ella  lo es en tanto que uno la acoge; y ello, en la medida que uno se dispuso en  estar al tono con ese encuentro, mediante una sensibilidad aguda, orientada y  regulada en pro de asentar un sentido para con la existencia. Esa disposici&oacute;n  queremos avivarla y, si fuese posible, tonarla en una prueba, la de un examen  de s&iacute; con impronta socr&aacute;tica, en una suerte de h&aacute;bito de un n&uacute;mero a otro<sup><a name="text1" href="#foot1">1</a></sup>.</p>      <p>Ese modo de ser filos&oacute;fico se asienta, por un lado, en la presencia  figurada de la lectura cr&iacute;tica de los Cl&aacute;sicos y, por otro, en la dimensi&oacute;n  &aacute;lgida y -&iquest;por qu&eacute; no?- ir&oacute;nica que se da despu&eacute;s de un ordenamiento  racional de las emociones en pro de un di&aacute;logo filos&oacute;fico donde las voces  y las metodolog&iacute;as se frecuentan en el <i>vis-&agrave;-vis</i> de los rostros invocados  y convocados por esa misma <i>disciplina</i> que etimol&oacute;gicamente es deseo y  amor de la <i>sabidur&iacute;a</i>.</p>      <p>Un indicio de lo primero -el confrontarse con los Cl&aacute;sicos- se propicia  a partir de un examen cr&iacute;tico con enfoque hermen&eacute;utico del <i>contextualismo</i>  de Skinner; el ejercicio loable de confrontarse con la la tarea de un  historiador de las ideas se lleva a cabo con la invocaci&oacute;n de Maquiavelo  que sirve, de ilustraci&oacute;n, para situar hist&oacute;rica e ideol&oacute;gicamente unas  orientaciones pol&iacute;ticas y para, al mismo tiempo, prolongar eficazmente  esas cuestiones de cara a <i>nuestra</i> actualidad pol&iacute;tica. El di&aacute;logo entre  antiguos y modernos es inevitable e ineludible; su evidente necesidad reposa  sobre la constituci&oacute;n del <i>sujeto</i> filos&oacute;fico desde un despliegue hist&oacute;rico  sujetado a un cuestionamiento din&aacute;mico y fruct&iacute;fero que implica un <i>parti  pris</i> metodol&oacute;gico hasta un modo de ser o de vivir filos&oacute;ficamente. Y, de  hecho, todos los art&iacute;culos que presentamos tienen la <i>virtud</i> de enlazar la  constituci&oacute;n argumentativa de enunciados en tiempos que <i>nos</i> son bastante  ajenos con una voluntad de apropiaci&oacute;n que, para unos, ser&aacute; voluntad de  verdad y, para otros, voluntad de deshacerse de prejuicios o postulados  metodol&oacute;gicos. Por ello, la tonalidad esc&eacute;ptica -enti&eacute;ndase como la duda  met&oacute;dica o como el asombro, la inquietud, la preocupaci&oacute;n que es siempre  una manera de revelar la insuficiencia vulgar de la <i>doxa</i> o de sospechar  de los criterios epistemol&oacute;gicos (cuando no son sicol&oacute;gicos) derivados de  los <i>dogmas</i> o inmanentes a ellos- es requerida y cultivada, no solamente  porque est&aacute; inscrita en el coraz&oacute;n de la filosof&iacute;a, en su apropiaci&oacute;n originaria  y <i>escolar</i> del <i>logos</i>, sino tambi&eacute;n porque es inherente a las subjetividades  e individualidades modernas y filos&oacute;ficas que intuyen los l&iacute;mites de la  racionalidad humana. Al inicio de ese n&uacute;mero es precisamente la confusi&oacute;n  filos&oacute;fica la que es denunciada gracias al m&eacute;todo wittgensteiniano, la que  sirve de base para analizar y relativizar los prop&oacute;sitos de Davidson seg&uacute;n  los cuales las razones son causas de la acci&oacute;n; la s&iacute;ntesis argumentativa de  ambas posiciones y el rol de la primera persona se dan en este escrito, todo  ello facilita en la lectura ese distanciamiento cr&iacute;tico y esa tonalidad esc&eacute;ptica  que evocamos. Igualmente, despu&eacute;s del corpus, en la traducci&oacute;n del art&iacute;culo  de Bolzani, esa inquietud ser&aacute;, una vez m&aacute;s, nutrida con el conocimiento  ya adquirido o avivado de las modalidades acad&eacute;micas y pirr&oacute;nicas de la  escuela esc&eacute;ptica en la Antig&uuml;edad y de su v&iacute;nculo con la Modernidad.</p>      <p>Los antiguos se responden entre s&iacute; y los modernos encaran a los  antiguos, tanto para abrirse a las posibilidades de unos nuevos mundos  como para figurar un presente y una presencia filos&oacute;ficos. Muchos de los  art&iacute;culos presentados en ese n&uacute;mero se nutrieron del continuo debate que  el Departamento de Filosof&iacute;a ha venido promoviendo con varios profesores  del Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas de la Universidad Nacional  Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. La presencia de m&aacute;s de unas decenas de egresados  de nuestro Departamento adelantando estudios de pregrado y posgrado en  la instituci&oacute;n p&uacute;blica mexicana, as&iacute; como el actual canje con la prestigiosa  revista <i>Dianoia<sup><a name="text2" href="#foot2">2</a></sup></i> revelan el dinamismo filos&oacute;fico latinoamericano. Este es un  ejemplo loable, junto con otros tipos de intercambios con otros continentes<sup><a name="text3" href="#foot3">3</a></sup>,  de una aproximaci&oacute;n a una suerte de pol&iacute;tica acad&eacute;mica de excelencia. Unos  podr&iacute;an llamar esto como la instauraci&oacute;n de una aristocracia del pensamiento,  otros ven ac&aacute; un deseo de vivir la democracia desde el embate privilegiado  de voces y escritos filos&oacute;ficos.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La consonancia tem&aacute;tica y cronol&oacute;gica entres antiguos y modernos  deb&iacute;a de empezar con el enfoque plat&oacute;nico; desde ese suelo que fundamenta  para bien, para mal, el despliegue occidental del filosofar, se recuerda la  anteposici&oacute;n y las posturas ag&oacute;nicas entre la filosof&iacute;a y lo que denominar&iacute;amos  impropiamente las Bellas Artes y, m&aacute;s precisamente, el lugar de los poetas  en <i>La Rep&uacute;blica</i>. Este examen conlleva a matizar la opini&oacute;n tradicional  de un rechazo tendencioso por parte del fundador de la Academia hacia la  poes&iacute;a imitativa con sus consecuencias pol&iacute;ticas y educativas. La <i>theoria</i>  y la <i>praxis</i> no es una exclusividad propiciada solamente por el g&eacute;nero  literario del di&aacute;logo: la expresividad del modo de vivir filos&oacute;ficamente se  da y se mide mediante las compilaciones biogr&aacute;ficas. La conocida Vidas  de Di&oacute;genes Laercio fomenta dicha expresividad, pero esa doxograf&iacute;a es  reveladora de unos intereses categoriales por parte de su autor, ya que la  estructura de esa suerte de escritos facilita su intromisi&oacute;n. Al confrontarse  con el suelo moderno de esos h&aacute;bitos biogr&aacute;ficos en la invocaci&oacute;n del <i>Vita  Platonis</i> de Marsilio Ficino se har&aacute; m&aacute;s evidente todav&iacute;a la orientaci&oacute;n y  la pervivencia de ese modelo.</p>      <p>En la confrontaci&oacute;n con el campo de las Ideas, el m&aacute;s brillante disc&iacute;pulo  de Plat&oacute;n no dud&oacute; en pensar a su vez las posibilidades, las condiciones y  los fines de la acci&oacute;n humana. La raz&oacute;n y el <i>car&aacute;cter</i> son privilegiados en  los modos interpretativos para saber en qu&eacute; reposa la tarea de establecer los  fines (de la acci&oacute;n). En la confrontaci&oacute;n de las tesis intelectualistas y anti- intelectualistas y de sus l&iacute;mites estamos invitados a considera un tercer lugar  metodol&oacute;gico en donde las virtudes de ambas tesis se sintetizan en pro de  una mejor comprensi&oacute;n y reconstrucci&oacute;n de la concepci&oacute;n del h&aacute;bito en el  pensamiento del Estagirita. El voluntarismo, que determina y acompa&ntilde;a a la  acci&oacute;n se prolonga en otra perspectiva para intentar delimitar en la esfera de  la moral de qu&eacute; modo se reconoce la responsabilidad (en la acci&oacute;n voluntaria)  y sus derivados expresivos v&iacute;a el elogio o el reproche; una vez m&aacute;s se fomenta  el v&iacute;nculo entre las nociones de deseo, deliberaci&oacute;n y elecci&oacute;n de cara a  la de <i>car&aacute;cter</i>. Las cuestiones &eacute;ticas, en el mundo antiguo, son relativas a  las metaf&iacute;sicas; al interrogar a las primeras y al reproducir su estructura  te&oacute;rica, el investigador no puede ser ajeno a un cuestionamiento sobre las  segundas. Al regresar a <i>La Metaf&iacute;sica</i> y examinar la tesis seg&uacute;n la cual las  sustancias tienen una definici&oacute;n, se est&aacute; valorando tambi&eacute;n los efectos de  pensar los predicados esenciales (de un <i>sujeto</i>). Es un intento exhaustivo  de reconstruir el argumento de Arist&oacute;teles (en <i>Metaf&iacute;sica Z5</i>) para juzgar  con propiedad de la posibilidad o no de definir predicados no-sustanciales,  todo ello tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con el examen de estudios cr&iacute;ticos actuales  relevantes en el tema. En conjunto se anota, como era de suponer, que una  apropiaci&oacute;n de esto que fue la <i>naturaleza</i> humana, desde los modos de ser  y de filosofar del fundador del Liceo ata&ntilde;en inevitablemente y, a la vez, a  unos <i>m&eacute;todos</i> ontol&oacute;gicos, epistemol&oacute;gicos, l&oacute;gicos y &eacute;ticos.</p>      <p>La Modernidad, en lo que sigue, entra de nuevo en materia con  ese enfoque metaf&iacute;sico y se discute, desde Leibniz, el hecho de que las  propiedades extr&iacute;nsecas de una substancia se fundamenta en sus propiedades  intr&iacute;nsecas. M&aacute;s espec&iacute;ficamente el principio de identidad, al provocar una  estrecha correspondencia entre lo cuantitativo y lo cualitativo, significa  un dilema cada vez que ese modelo quiere aplicarse a las relaciones  espaciales. De hecho, uno de los roles del historiador de la filosof&iacute;a es  mostrar cu&aacute;nto hay de apor&iacute;as y paradojas en un sistema filos&oacute;fico, no por  el placer narcisita de asentarse en una duda que tiene toda la apariencia de  ser la marca de una voluntad sarc&aacute;stica sino para apreciar, si fuese posible  y en su justa <i>medida</i>, el genio propio de una obra y los aportes de su  autor en la innovaci&oacute;n y resoluci&oacute;n de un <i>problema</i>. El intento de socavar  los postulados metodol&oacute;gicos que imperan en las metodolog&iacute;as y en los  discursos cient&iacute;ficos pone a prueba el poder epist&eacute;mico de las met&aacute;foras,  las im&aacute;genes y los experimentos mentales asentados, en definitiva, en una  inferencia <i>contraf&aacute;ctica</i>; como siempre, no se trata de hacer una <i>tabula rasa</i>,  como si el escepticismo fuese un estado de renuncia para siempre a unas  herramientas metodol&oacute;gicas. De lo que se trata, m&aacute;s bien, es de mostrar los  l&iacute;mites en los usos de dichas herramientas; en definitiva deriva de ello una  apuesta o una postura tolerante sin la cual el di&aacute;logo y el distanciamiento  cr&iacute;tico no son posibles. Finalmente, se ofrece un debate que es, de hecho,  una r&eacute;plica sana con dos maneras de entender la relaci&oacute;n entre intuiciones y  conceptos en Kant, de donde se derivar&iacute;a que las intuiciones tienen contenido  no-conceptual. Esa derivaci&oacute;n est&aacute; puesta en duda; he ah&iacute; una suerte de  invitaci&oacute;n indirecta que se nos hace en sopesar cr&iacute;ticamente lo expresado,  sea para tomar partido, sea para suspender el juicio.</p>      <p>Querido Lector, no dudamos en decir que cualquier escrito es un  organismo vivo, esto es posible gracias al esfuerzo de jugar cr&iacute;ticamente.</p>      <p>Los matices que resultan a partir del debate y de la discusi&oacute;n amena son  parte fundamental de ese organismo vivo. Para nosotros, las m&uacute;ltiples voces  se comunican entre los art&iacute;culos, de un continente a otro, y nos involucran  tanto con <i>a priori</i> metodol&oacute;gico como con experiencias existenciales que  configuran, entre pasado y presente, el <i>pathos</i> filos&oacute;fico. Es con Usted que  volteamos ya las p&aacute;ginas para disponernos a converger, de nuevo, en el  pr&oacute;ximo n&uacute;mero.</p>     <p><font size="3"><b>Notas de Pie</b></font></p>      <p><a name="foot1" href="#text1">1</a>. El Lector de Praxis Filos&oacute;fica que lo somos desde el momento de su aprehensi&oacute;n t&aacute;ctil  y visual se percata de esa incidencia reiterada, y ello desde las notas editoriales anteriores.</p>     <p><a name="foot2" href="#text2">2</a>. V&eacute;ase, para una mayor informaci&oacute;n, el sumario del n&uacute;mero 75 en el &iacute;tem final: Publicidad  de otras revistas.</p>     <p><a name="foot3s" href="#text3">3</a>. La consulta virtual de la p&aacute;gina del Departamento de Filosof&iacute;a de la Universidad del  Valle revela la diversidad de ofertas y del acercamiento acad&eacute;mico a otras instituciones  universitarias. Praxis Filos&oacute;fica propicia, en la medida de lo posible, prolongar ese dinamismo  filos&oacute;fico.</p>       <p><img src="img/revistas/pafi/n43/CC.jpg">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  Praxis Filos&oacute;fica cuenta con una licencia Creative Commons <a href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.5/co/" target="_blank">"reconocimiento, no comercial y sin obras derivadas 2.5 Colombia"</a></p>  </font>      ]]></body>
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