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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Milton Fisk Bienes Públicos y Justicia Radical: Una moralidad política para la Resistencia Solidaria]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Milton Fisk</b></font></p>     <p align="center"><font size="4" face="verdana"> <b>Bienes P&uacute;blicos y Justicia    Radical. Una moralidad pol&iacute;tica para la Resistencia Solidaria.</b></font></p> <font face="verdana" size="2">     <p> Programa Editorial Universidad del Valle, Cali, 2004. Primera Edici&oacute;n.    246 Pp.</p>     <p> <b>Jefferson Jaramillo Mar&iacute;n</b></p>     <p> Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) <a href="mailto:jefferson.jaramillo@javeriana.edu.co">jefferson.jaramillo@javeriana.edu.co</a></p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p> El libro de Milton Fisk, profesor de la Universidad de Indiana, publicado    por el Programa Editorial de la Universidad del Valle, se constituye b&aacute;sicamente    en una inflexi&oacute;n interesante frente a la propuesta del liberalismo pol&iacute;tico    de corte rawlsiano. En su texto, conformado por seis cap&iacute;tulos, se realzan    en el debate contempor&aacute;neo los conceptos de libertad y justicia desde    la &oacute;ptica de la solidaridad y las metas sociales, elementos claves para    posicionar un debate cr&iacute;tico frente a las formas corporativas de dominio    liberal. Incluso, tradicionalmente, estos conceptos que fueron abordados desde    la tradici&oacute;n liberal, en Kant y Stuart Mill hasta los m&aacute;s radicales    como Nozick, como derechos absolutos del individuo, son vistos desde una &oacute;ptica    totalmente cr&iacute;tica y renovada en la versi&oacute;n de Fisk.</p>     <p> No obstante, siendo justos con la tradici&oacute;n que precede a Fisk, es    necesario reconocer que ya con pensadores como Rawls, los mismos conceptos sirvieron    de plataforma para pensar la posibilidad de reorientar la vida com&uacute;n    de las personas en sociedades democr&aacute;ticas liberales, atendiendo a la    idea de que la justicia y la libertad no son asuntos &uacute;nicamente de individuos    sino tambi&eacute;n componentes b&aacute;sicos de las instituciones p&uacute;blicas.    Aunque, la verdad sea dicha, con la introducci&oacute;n del concepto de bien    primario que realiz&oacute; Rawls (1997), en su ya c&eacute;lebre publicaci&oacute;n    Teor&iacute;a de la Justicia, sigui&oacute; primando la perspectiva individualista    en el abordaje, ya que se conceb&iacute;an, como todos aquellos recursos, libertades    y medios que todo ciudadano necesita, dentro de una sociedad justa o con un    sistema justo de cooperaci&oacute;n y, por ende, bien ordenado, para realizar    sus fines particulares o su plan de vida racional.</p>     <p>Fisk consciente de las riquezas pero tambi&eacute;n de las fragilidades de    esa tradici&oacute;n idealista y procedimentalista, teniendo en cuenta otras    perspectivas cr&iacute;ticas como las de Amartya Sen, John Elster y Gerald Cohen,    y, adem&aacute;s, enfrentado a la dificultad de seguir pensando la libertad    y la justicia como &laquo;cuestiones de voluntad&raquo; o de sujetos con motivaciones    racionales en un mundo cada vez m&aacute;s embargado por las extremas desigualdades    sociales y econ&oacute;micas, decide introducir su noci&oacute;n de bien p&uacute;blico,    al cual se refiere, en principio, como todo aquel bien que una sociedad necesita    para hacerse viable como proyecto solidario (Fisk, 2004:25). A este concepto,    suma a su vez, una plataforma ideol&oacute;gica interesante, la cual sustenta    a lo largo de su texto: la noci&oacute;n de justicia radical como marco y horizonte    de posibilidad donde se logra hacer efectivo y emerger volc&aacute;nicamente    el bien p&uacute;blico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Ahora bien, el punto crucial de la perspectiva del profesor Fisk en su texto,    que de comienzo a fin cuestiona algunos de los fundamentos del liberalismo pol&iacute;tico,    es que define el bien p&uacute;blico por el nivel de solidaridad que &eacute;ste    involucra entre los ciudadanos, as&iacute; como por el contenido material (sentimiento    comunitario) que implica, adem&aacute;s de la relaci&oacute;n que &eacute;l    puede tener con los fines sociales y con los bienes comunes de grupos con distintos    intereses (Fisk, 2004:26). A diferencia de Rawls, quien caracteriza el bien    p&uacute;blico por su car&aacute;cter de indivisibilidad, su perspectiva sit&uacute;a    el problema de las desigualdades sociales en un marco mucho m&aacute;s amplio    de abordaje de la libertad y la justicia, marco que va m&aacute;s all&aacute;    de la visi&oacute;n cl&aacute;sica y formalista del liberalismo que tiende a    situarse en un campo neutral y no toma en cuenta u olvida f&aacute;cilmente    &laquo;visiones m&aacute;s sustantivas del pleno desarrollo humano&raquo; (Fisk,    2004:45).</p>     <p> Pero la pregunta que asalta al respecto es &iquest;por qu&eacute; le interesan    tanto a Fisk las metas sociales y la solidaridad a la hora de pensar los temas    de la justicia y la libertad? Seg&uacute;n el mismo autor, y es algo que esboza    en varios de los cap&iacute;tulos de este sugestivo libro, &eacute;stos son    los componentes b&aacute;sicos para un nuevo tipo de resistencia, aspecto impensable    seg&uacute;n los presupuestos b&aacute;sicos del liberalismo pol&iacute;tico,    que tiene como objetivo ir m&aacute;s all&aacute; de la &laquo;simple indignaci&oacute;n    emotiva o f&iacute;sica&raquo;, siendo (la resistencia) procesada y adaptada    como un proyecto solidario, es decir, como un proyecto en el que seg&uacute;n    las palabras del mismo fil&oacute;sofo: &laquo;una persona no deje solos a los    dem&aacute;s en la lucha por conseguirla (la resistencia), sino que busque,    consultando con los dem&aacute;s, c&oacute;mo ayudarles mejor&raquo; (Fisk,    2004:49). De hecho, Fisk se opone a un liberalismo pol&iacute;tico que delega    absolutamente toda la responsabilidad al individuo en cuestiones tan &laquo;radicalmente&raquo;    colectivas como la justicia y la libertad, por ejemplo, en cuestiones tan cruciales    como la salud, el empleo o la educaci&oacute;n. Incluso, digamos por ahora que    en esta perspectiva es posible encontrar un acuerdo con Rawls para quien es    posible un predominio de las visiones p&uacute;blicas de justicia sobre las    percepciones privadas de la misma, o una priorizaci&oacute;n de lo razonable    sobre lo racional. Aunque en Rawls tanto lo racional como lo razonable son ideas    complementarias (Rawls, 2002:67-70).</p>     <p> Lo que adicionalmente llama la atenci&oacute;n en la ruta de an&aacute;lisis    cr&iacute;tica seguida por Fisk en su libro, es que considera que la llamada    libertad liberal es una entre otras metas sociales, pero quiz&aacute; no la    m&aacute;s importante. Y en esto se&ntilde;ala ya una distancia con la tradici&oacute;n    liberal m&aacute;s reputada. Puesto que la &laquo;paz, el trabajo, el reconocimiento,    la educaci&oacute;n y la salud van m&aacute;s all&aacute; de la mera liberaci&oacute;n    de la voluntad&raquo;. Fisk considera en tal sentido que no debe existir una    primac&iacute;a absoluta de la libertad, lo que conlleva a tener que buscar    un balanceo entre la libertad liberal y estas otras metas sociales. Aqu&iacute;    por supuesto tambi&eacute;n se pone en entredicho ese postulado de primac&iacute;a    lexicogr&aacute;fica rawlsiana de la libertad sobre la igualdad.</p>     <p> Adicionalmente, el profesor Fisk advierte en su an&aacute;lisis contra la    idea, que ha hecho una carrera vertiginosa en los an&aacute;lisis contempor&aacute;neos    de la cultura, de encubrir estas metas sociales bajo el ropaje de las llamadas    identidades sociales, presupuesto bien caro a las democracias liberales que    insisten en el respeto a la diversidad cultural, bajo la r&uacute;brica de que    cada cual tiene el derecho de construir una identidad social diferente. Pero    este modelo, seg&uacute;n el razonamiento del fil&oacute;sofo, resulta siendo    muy precario y, sospechoso incluso, en tanto lo que produce es una fractura    sistem&aacute;tica en las metas sociales, ya que se delega a los individuos,    atomizados y fragmentados, la defensa de lo identitario.</p>     <p> Por supuesto en el fondo de la cuesti&oacute;n y de la discusi&oacute;n se    encuentran, entre otros factores, primero, que los grupos que defienden aisladamente    sus propias identidades pueden ser enfrentados unos con otros por parte de los    grupos dominantes; es decir, en la medida en que est&aacute;n m&aacute;s fragmentados    son m&aacute;s vulnerables. Segundo, que bajo un sistema que defiende fragmentadamente    las identidades sociales de diverso tipo, no se quiere ni tampoco se busca la    cohesi&oacute;n democr&aacute;tica de esos grupos. En tal sentido, un sistema    que se plantea &uacute;nica y exclusivamente bajo la l&oacute;gica, &laquo;de    la b&uacute;squeda de identidades sin la cohesi&oacute;n que ofrece el tener    un n&uacute;mero de metas comunes no soporta arreglos democr&aacute;ticos&raquo;    (Fisk, 2004:52) que no garantiza un proyecto de justicia radical.</p>     <p>En el fondo, la cuesti&oacute;n a la que presta m&aacute;s atenci&oacute;n    Fisk es a ese supuesto del liberalismo de defensa individual de la identidad    y al resquebrajamiento de las metas colectivas. Pero veamos esto con m&aacute;s    atenci&oacute;n.</p>     <p> Desde luego, la b&uacute;squeda de un sistema o arreglo pol&iacute;tico y    social que soporte el mayor n&uacute;mero de metas, se ve enfrentada a tener    que plantear en el debate &iquest;qu&eacute; se entiende por identidad? Fisk    acude, con miras a trazar un camino de debate al respecto, a enfrentar directamente    los planteamientos del liberalismo. En tal sentido comenta que no se puede ignorar    el hecho que en una sociedad diferentes grupos de resistencia tengan metas en    conflicto y diferentes prioridades en cuanto al momento de actuar frente a una    meta que pueden estar compartiendo. Sin embargo, lo que le preocupa es que en    el liberalismo se ha planteado como un dilema el que si un grupo persigue la    unidad, tiene que sacrificar la libertad y viceversa. Fisk responder&aacute;    que la unidad no implica la negaci&oacute;n de la libertad a la multiplicidad    de identidades sociales que tengan metas en conflicto o compartidas.</p>     <p> De otra parte, en este tipo de unidad que plantea Fisk, y que no es m&aacute;s    que una unidad en la resistencia, existir&aacute; siempre la posibilidad de    negociar cu&aacute;ndo entrar y cu&aacute;ndo salir; es decir, que para cada    grupo existir&aacute; la posibilidad de decidir qu&eacute; tanto de su identidad    negocia, qu&eacute; porciones arriesga y qu&eacute; tanto deja inc&oacute;lume    frente a unas metas trazadas. Incluso frente a la idea de que la defensa de    la libertad implica el sacrificio de la unidad, Fisk es claro al argumentar    que en tanto la libertad no se entienda como un simple voluntarismo de corte    liberal, sino m&aacute;s bien como una intencionalidad que se ve contextualizada    a cada momento por las metas sociales, se podr&aacute; captar entonces realmente    que la b&uacute;squeda de ella no es la negaci&oacute;n de la unidad, sino m&aacute;s    bien la b&uacute;squeda de un proyecto solidario que es asumido libremente,    sin imposiciones ni sumisiones por los individuos. En tal sentido, se entiende    la pretensi&oacute;n de una democracia radical, planteamiento central aunque    no exclusivo de Fisk, donde, siempre ser&aacute; aceptado y reconocido que &laquo;los    individuos persigan diferentes metas&raquo; (Fisk, 2004:55).</p>     <p> Ahora bien, una cuesti&oacute;n trascendental que se plantea Fisk en su texto    es la que est&aacute; resumida en la siguiente pregunta &iquest;qu&eacute; se    necesita para que la unificaci&oacute;n de distintos grupos se d&eacute; a trav&eacute;s    de un movimiento de resistencia radical? Al respecto, Fisk plantea que la unidad    debe ser elaborada por los distintos grupos involucrados a trav&eacute;s de    un cruce de afinidades (por ejemplo, los que sufren y son vulnerables). Pero    la afinidad por s&iacute; sola tampoco es suficiente; se necesita lo que se    llama una &laquo;base de afinidad&raquo;, algo as&iacute; como un sustrato que    no permita que se filtren aquellas afinidades que generen conflictos entre quienes    son m&aacute;s vulnerables y sufren (Fisk, 2004:56). En tal sentido, en una    lucha radical habr&iacute;a que reivindicar paulatinamente la reducci&oacute;n    de las estigmatizaciones sociales sin dejar de lado la esencia de la defensa    de los m&aacute;s vulnerables que ser&iacute;a lo que permitir&iacute;a formar    esa base.</p>     <p> Pareciera entonces que con esa base de afinidad, desde el planteamiento de    Fisk, &iquest;se estuvieran negando las m&uacute;ltiples identidades y afiliaciones    de los individuos o de los distintos grupos? Desde luego que no. La base de    afinidad lo que plantea es la entrada imparcial para cada grupo subordinado;    lo que no admite es que se universalice un tipo de identidad o afiliaci&oacute;n    por encima de otro, y especialmente por encima de las exclusiones que dieron    lugar a la base de afinidad. En resumen, lo que est&aacute; diciendo Fisk es    que en el caso concreto de un trabajador, para partir de un ejemplo, se pueden    defender y compartir incluso ciertas reivindicaciones con otro trabajador contra    problem&aacute;ticas como el racismo, el sexismo, la homofobia, pero sin olvidar    que existen ciertas situaciones de vulnerabilidad social que surgen de una situaci&oacute;n    com&uacute;n para los dos (para &eacute;l y para m&iacute;) y que se traducen    en una afinidad basada en una necesidad de tener empleo, la cual al ser defendida    posibilita m&aacute;s radicalmente la defensa contra cualquier otro tipo de    amenaza contra su bienestar. En resumidas cuentas dir&aacute; Fisk el sentido    de la vulnerabilidad mutua profundiza la solidaridad de la lucha (Fisk, 2004:61,196).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <font size="3"><b>Fisk y las complejas relaciones entre justicia radical y bienes    p&uacute;blicos</b></font></p>     <p> En el camino de construir una visi&oacute;n de justicia que se ajuste a proyectos    y metas comunes en medio de la globalidad corporativa, Fisk tambi&eacute;n se    enfrenta a ciertas visiones de la democracia discursiva o comunicativa, por    ejemplo las de Habermas e Iris Marion Young, que pretenden ser incluyentes salvando    la libertad liberal a toda costa al no permitir que el cambio se d&eacute;,    sino por la v&iacute;a de la deliberaci&oacute;n racional en una especie de    acuerdo cooperativo. Tambi&eacute;n es cr&iacute;tico de las posiciones de Hart    y de Negri que plantean, desde el texto Imperio que la resistencia contra la    globalidad corporativa se puede hacer a trav&eacute;s de una colectividad amorfa    y sin unidad. Pero Fisk se pregunta &iquest;es posible resistir mediante una    sumatoria descentralizada? o &iquest;es posible hacerlo desde el acuerdo cooperativo?,    o, peor a&uacute;n, &iquest;el capitalismo actual o la globalidad corporativa    se combaten s&oacute;lo de estas formas?</p>     <p>A su entender es un poco sospechoso ese llamado actual de ciertos te&oacute;ricos    al considerar que una resistencia centralizada y radical compromete las libertades    liberales (Fisk, 2004:64). En tal sentido, insiste mucho, y esto puede resultar    problem&aacute;tico hoy para los que defienden la descentralizaci&oacute;n de    la protesta, en que hay que construir la unidad de la resistencia y que &eacute;sta    s&oacute;lo se logra en un sentido formal en el concepto de clase, pero en un    sentido sustantivo y material en la adopci&oacute;n de metas sociales (Fisk,    2004:64). Igualmente considera que es posible desde esas metas sociales construir    un socialismo cooperativo y democr&aacute;tico. Por supuesto que es consciente    de que la resistencia en contra de las estructuras sociales &laquo;atrincheradas    en sus m&uacute;ltiples formas&raquo; requieren, algunas, una planeaci&oacute;n    m&aacute;s cuidadosa a mediano y largo plazo y, otras, respuestas m&aacute;s    flexibles y diversas.</p>     <p> Una discusi&oacute;n que mantiene Fisk en la perspectiva de su versi&oacute;n    de la justicia radical es que los bienes primarios hasta ahora defendidos por    cierto liberalismo, son bienes formales, instrumentalizados, los cuales se derivan    de una concepci&oacute;n de justicia que los defiende y los soporta y que le    teme a la defensa de bienes sociales sustantivos, porque considera que &eacute;stos    negar&iacute;an a las personas su libertad. En esta &oacute;ptica su cr&iacute;tica    va dirigida a Rawls qui&eacute;n coloca la primac&iacute;a de la justicia sobre    la de bienes. Es decir, que para Rawls, los bienes se construyen s&oacute;lo    desde una sociedad en la que los ciudadanos tienen necesidades primarias, una    sociedad bien ordenada, o como dice Fisk, los bienes &laquo;son construidos    desde el concepto de ciudadan&iacute;a, y por tanto los bienes primarios que    satisfacen estas necesidades de la ciudadan&iacute;a son, como bienes, derivados    del concepto de ciudadan&iacute;a&raquo; (Fisk, 2004:191). Pero entonces uno    se podr&iacute;a preguntar &iquest;es la construcci&oacute;n de ciudadan&iacute;a    un bien pol&iacute;tico com&uacute;n? , o &iquest;el bien p&uacute;blico es    anterior a la justicia? En &uacute;ltimas, la cr&iacute;tica a Rawls y a muchos    otros pensadores formalistas, es que sit&uacute;an todo el debate m&aacute;s    all&aacute; de la adopci&oacute;n de ciertas metas sociales sustantivas. De    all&iacute; que Fisk considere que por fuera del contexto de las metas sociales,    ese principio de la equidad en la igualdad de oportunidades sea simple y llanamente    vac&iacute;o (Fisk, 2004:222-223).</p>     <p> La propuesta de Fisk ser&aacute; b&aacute;sicamente localizar la norma de    equidad en un bien com&uacute;n, ya que &eacute;ste la enra&iacute;za en los    intereses, en luchas democr&aacute;ticas o si se quiere, en un amplio consenso.    Y es que la propuesta del profesor Fisk es mostrar que hasta ahora han sido    bien d&eacute;biles los intentos de construir proyectos de justicia sin la consideraci&oacute;n    de los bienes comunes. En tal sentido,desde la perspectiva de Fisk los bienes    p&uacute;blicos representan una alternativa a la insignia de la competencia    en el mercado libre. Sin embargo, ubicarlos como la piedra angular de sociedades    democr&aacute;ticas liberales implicar&iacute;a realizar en ellas cambios estructurales    (Fisk, 2004:225).</p>     <p> En este &uacute;ltimo sentido, Fisk comenta que es muy delicado asumir la    idea, muy extendida por cierto, de bienes p&uacute;blicos estandarizados, ya    que desde esta &oacute;ptica en las sociedades democr&aacute;ticas liberales    ciertos bienes ser&iacute;an instrumentos para el beneficio de los individuos,    ya sean personas, grupos o pa&iacute;ses. Desde su percepci&oacute;n el bien    com&uacute;n, por el contrario, debe ser entendido como el medio para alcanzar    metas sociales. El problema entonces no es tanto el que se refiere a los bienes,    sino a los fines a los cuales est&aacute;n dirigidos &eacute;stos (Fisk, 2004:    230-231). Desde all&iacute; entonces defiende la idea de que los bienes p&uacute;blicos    son todos aquellos que nos ayudan a alcanzar un modelo de sociedad incluyente    para todos y no s&oacute;lo para unos pocos. &iquest;Y qu&eacute; implica esa    apelaci&oacute;n a lo social? Definitiva y radicalmente la construcci&oacute;n    de un acuerdo o pacto social que no sea para nada ilusorio, que no abandone    el compromiso con la cooperaci&oacute;n y la solidaridad y que enfrente de manera    mundial (no con un Estado mundial sino con un compromiso cosmopolita), tanto    el voraz embate de la globalizaci&oacute;n corporativa, como las visiones demasiado    estatistas o los mismos desacuerdos, por la multiplicidad de intereses pol&iacute;ticos    y econ&oacute;micos, de las naciones respecto de lo que son realmente los bienes    p&uacute;blicos.</p>     <p> Finalmente el texto de Fisk es importante hoy para canalizar discusiones que    no s&oacute;lo cruzan lo filos&oacute;fico, sino tambi&eacute;n las esferas    de las ciencias sociales en relaci&oacute;n con problem&aacute;ticas tan pertinentes    como la defensa de la salud en sociedades que enfrentan una mercantilizaci&oacute;n    de los servicios de salud y una subordinaci&oacute;n de la protecci&oacute;n    social de las personas a un modelo de libre elecci&oacute;n (Fisk, 2004; Fisk,    2000). Aqu&iacute;, para quienes tengan el gusto de leer y saborear el texto,    Fisk toma posiciones que para nada son neutrales, discutiendo fuertemente con    te&oacute;ricos como Rawls y Dworkin, especialmente cuando asume que cualquier    discusi&oacute;n sobre temas como estos no se da necesariamente en contextos    ideales de igualdad de los participantes, sino casi siempre en escenarios donde    existen posiciones subordinadas y marginales, capacidad de elecci&oacute;n no    tan clara y por ende relaciones de poder asim&eacute;tricas frente a las cuales    hay que oponer una resistencia radical y siempre solidaria, enfocando siempre    la atenci&oacute;n sobre los &laquo;problemas comunes de la gran mayor&iacute;a&raquo;    (Fisk, 2004:242).</p>     <p><font size="3"><b>Referencias Bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>     <p> Fisk, Milton. 2004. Bienes P&uacute;blicos y Justicia Radical. Una moralidad    pol&iacute;tica para la Resistencia Solidaria (1&ordf; ed.). Cali: Programa    Editorial Universidad del Valle.</p>     <p> Fisk, Milton. 2000. Toward a Healthy Society. Kansas: University Press of    Kansas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Rawls, John. 1997. Teor&iacute;a de la Justicia. M&eacute;xico: Fondo de Cultura    Econ&oacute;mica.</p>     <p> Rawls, John. 2002. Liberalismo Pol&iacute;tico. M&eacute;xico: Fondo de Cultura    Econ&oacute;mica.</p> </font>  </font>     ]]></body>
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