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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL DEPARTAMENTO DE ANTROPOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES CUMPLE SUS PRIMEROS CUARENTA AÑOS]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>EL DEPARTAMENTO DE ANTROPOLOG&Iacute;A DE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES CUMPLE SUS PRIMEROS CUARENTA A&Ntilde;OS</b></font></p>     <br>      <p><i>Doctor Rodrigo Querub&iacute;n, Presidente de Asociaci&oacute;n de exalumnos de la Universidad de los Andes;</i>    <br> <i>Doctora Drisha Fern&aacute;ndez, presidenta del cap&iacute;tulo de Antropolog&iacute;a; Colegas Ang&eacute;lica Rojas y Roc&iacute;o Rubio;</i>    <br> <i>Profesora Claudia Steiner, Directora del Departamento de Antropolog&iacute;a; Profesores, profesoras, apreciados antrop&oacute;logos uniandinos, amigos y amigas.</i></p>     <br>      <p>Por gentileza de Drisha Fern&aacute;ndez y de la junta directiva del cap&iacute;tulo de Aexandes, se me ha pedido realizar un breve recuento de la historia de nuestro Departamento de Antropolog&iacute;a, cuyos 40 a&ntilde;os, en realidad 41, nos convoca. Agradezco su confianza, y no sin algo de aprehensi&oacute;n me atrevo a hacer algunas pinceladas, ante todos ustedes, verdaderos actores de este proceso, ya sea como profesores o como antiguos estudiantes, de la vida del Departamento; en sus memorias y pr&aacute;cticas reposa tambi&eacute;n la historia de su trayectoria. Alg&uacute;n c&eacute;lebre historiador dir&iacute;a que la &laquo;historia es una canci&oacute;n que deber&iacute;a cantarse a muchas voces&raquo;, con lo que quer&iacute;a significar que simult&aacute;neamente hay muchas historias vividas, sufridas o representadas. &iquest;Y qu&eacute; decir en 40 a&ntilde;os?</p>      <p>Recordemos que en estas cuatro d&eacute;cadas, desde su fundaci&oacute;n en 1964, se han graduado m&aacute;s de 766 antrop&oacute;logos de sus pregrados y por lo menos 40 de postgrado. Sin duda, una cifra respetable en el &aacute;mbito de los Departamentos de Antropolog&iacute;a y casi un 35% del total de antrop&oacute;logos del pa&iacute;s. Tambi&eacute;n, por sus aulas e instalaciones, m&aacute;s de 160 profesores han participado en la tarea de formar a sus estudiantes; profesores de diversa formaci&oacute;n y orientaci&oacute;n, muchos de ellos no colombianos. Esto representa un esfuerzo intelectual considerable, una notable cadena de relevos, pero al fin y al cabo un trabajo colectivo -al cual se suma el de su personal administrativo y tambi&eacute;n acad&eacute;mico del Departamento, de la Facultad y de la Universidad-. Tambi&eacute;n forma parte de la biograf&iacute;a del Departamento, el casi millar de trabajos -si sumamos los antiguos trabajos de campo- realizados por sus egresados en el pregrado y posgrado, muchos de los cuales constituyen contribuciones significativas y &uacute;nicas a las ciencias sociales. Tambi&eacute;n hay que destacar la Revista del Departamento (creada por all&aacute; en los a&ntilde;os 80 por el profesor Jorge Morales), y las publicaciones -en forma de art&iacute;culos o de libros- promovidas por el Departamento y la Facultad.</p>      <p>La proyecci&oacute;n de los antrop&oacute;logos uniandinos en el pa&iacute;s es tambi&eacute;n, en alguna forma, un patrimonio de su Departamento. Sin duda, la arqueolog&iacute;a, la ling&uuml;&iacute;stica, la antropolog&iacute;a f&iacute;sica, la etnohistoria, la antropolog&iacute;a social, entre otros campos, no ser&iacute;an las mismas sin la contribuci&oacute;n de todos ustedes.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Nuestra historia arranca, como es de conocimiento de muchos de ustedes, en un avi&oacute;n, m&aacute;s exactamente en un viejo <i>Constellation</i> que hac&iacute;a la ruta Cartagena-Bogot&aacute;. All&iacute;, dos grandes personajes, dos grandes intelectuales, cruzaron su destino.</p>      <p>Uno de ellos, el profesor Gerardo Reichel; el otro, don Ram&oacute;n de Zubir&iacute;a, nuestro querido y contertulio rector. Reichel -seg&uacute;n nos contara don Ram&oacute;n unos pocos meses antes de morir- le confesaba no querer nunca m&aacute;s regresar a las aulas, debido aparentemente a una mala experiencia en la Universidad de Cartagena, donde una huelga o un tropel, hab&iacute;a afectado seriamente su laboratorio de arqueolog&iacute;a hasta casi destruirlo.</p>      <p>Unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, Don Ram&oacute;n regresaba de Medell&iacute;n, de una c&eacute;lebre reuni&oacute;n de rectores y directivos universitarios, encabezada por Camilo Torres; all&iacute; se hab&iacute;a decido la suerte de los futuros estudios sociales en Colombia, en respuesta a una eventual financiaci&oacute;n de la Ford. All&iacute; se decidi&oacute; la fundaci&oacute;n en los Andes de un Departamento de Antropolog&iacute;a, en vista de que en la Nacional hab&iacute;a ya en marcha una Facultad de Sociolog&iacute;a, bajo la direcci&oacute;n de Orlando Fals Borda, establecida inicialmente como Departamento bajo la rector&iacute;a, en la Nacional, de Mario Laserna.</p>      <p>Don Ram&oacute;n se acord&oacute; de su conversaci&oacute;n en la ruta Cartagena-Bogot&aacute;, y ya en la ciudad se comunic&oacute; con Reichel. Le propon&iacute;a, a pesar de su juramento de no volver a las aulas, crear el Departamento de Antropolog&iacute;a de los Andes. Y Reichel cay&oacute; en la tentaci&oacute;n, pic&oacute; el anzuelo. Quiz&aacute;s la presencia del Doctor Hernando Groot, en la Decanatura de la antigua Facultad de Artes y Ciencias, influy&oacute; en su decisi&oacute;n.</p>      <p>Helo ah&iacute; en 1968, graduando a nuestro primer egresado: el paname&ntilde;o Juan Yangues, brillante estudiante, futuro alumno y disc&iacute;pulo de Donald Lathrop, y quien ser&iacute;a tambi&eacute;n docente del departamento.</p>      <p>Sin duda, Reichel y su brillante equipo de profesores -su esposa, do&ntilde;a Alicia Duss&aacute;n, Jos&eacute; de Recas&eacute;ns, Silvia Broadbent, Stanley Long, Juan Villamar&iacute;n, Egon Schaden, Segundo Bernal, Germ&aacute;n Colmenares, Jon Landaburu, Ann Osborn, entre otros-, atrajeron a estudiantes de otras facultades, los estimularon -a trav&eacute;s de sus c&aacute;tedras- a desertar de ser ingenieros o arquitectos para convertirse en antrop&oacute;logos o antrop&oacute;logas.</p>      <p>En los antiguos e inmensos salones, verdaderos galpones, donde ahora est&aacute; la cafeter&iacute;a de estudiantes, Reichel cautiv&oacute; a algunos potenciales ingenieros o arquitectos, relat&aacute;ndoles su experiencia entre los kogui, entre esta gente de la Sierra Nevada obsesionada por la Madre Universal.</p>      <p>Ya por entonces el Departamento se instalar&iacute;a en su vieja morada. En esta casa de madera, fr&iacute;a, sostenida por grandes horcones, que cruj&iacute;a ante el peso de sus estudiantes, a la que ascend&iacute;amos por el camino de piedra, o por otras v&iacute;as seg&uacute;n los afanes; all&iacute;, permanecer&iacute;a durante casi treinta y cinco a&ntilde;os, hasta ser trasladada -por obra y gracia de los planificadores- a su nueva sede en el quinto piso del edificio Franco, al que en un comienzo se design&oacute; (despu&eacute;s nos acostumbramos) la BP, por su aire ejecutivo, por sus cub&iacute;culos y muebles, por su verdadero estilo empresarial. Lo que no es malo, naturalmente.</p>      <p>Aquella antigua casona -hoy un verdadero lugar de memoria- ve&iacute;a pasar en esa &eacute;poca a j&oacute;venes vestidos muy informalmente, que contrastaban con otros estudiantes de la Universidad, ataviados con saco y corbata. Tambi&eacute;n por entonces, una joven de cabello negro, m&aacute;s bien bajita, ojos caf&eacute; oscuro, revoloteaba por el Departamento como asistente de Reichel en el lavado de sus tiestos arqueol&oacute;gicos, actividad en la que se volver&iacute;a una experta. Ven&iacute;a de trabajar con los esposos Hunter, de clasificar las monstruosas moscas mutadas en el laboratorio de gen&eacute;tica. Esta joven, Anita de Yasso, permanecer&iacute;a en el Departamento casi treinta y cinco a&ntilde;os m&aacute;s, para convertirse en la memoria viviente de su historia, en la guardiana de sus archivos, de sus centenares de mime&oacute;grafos, hasta que alguien en un d&iacute;a aciago para la historia de la Antropolog&iacute;a decidi&oacute;, aprovechando la ausencia de Anita, botarlos.</p>      <p>Pertenezco a la generaci&oacute;n del Departamento -junto con muchos de los aqu&iacute; presentes- que le toc&oacute; sufrir el primer gran terremoto: la renuncia de Reichel y de sus m&aacute;s allegados colaboradores. Este evento, que se ha convertido para la historia de la antropolog&iacute;a colombiana en una verdadera obsesi&oacute;n, como el tama&ntilde;o de la carpa de Malinowski para los antrop&oacute;logos brit&aacute;nicos, marc&oacute; los rumbos de la antropolog&iacute;a, no s&oacute;lo de los Andes sino del pa&iacute;s. &iquest;Qu&eacute; hubiera sido del Departamento y de la Antropolog&iacute;a en Colombia si los Reichel y su equipo hubiesen continuado?</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pasada la tormenta, vino un hurac&aacute;n, una especie de tif&oacute;n, para la Universidad. Es cierto que el Departamento sobrevivi&oacute; -incorpor&oacute; a nuevos y distinguidos profesores (N&eacute;stor Miranda, Piedad G&oacute;mez, &Aacute;lvaro Ch&aacute;vez) pero la mar no parec&iacute;a calmarse pero esta vez por causa de sus estudiantes que en forma masiva participaron en el movimiento estudiantil. Unos en el Moir, otros en el Bloque Socialista, ninguno, o casi ninguno, curiosamente, en la JUCO. Los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada del setenta vio a la Universidad estremecerse con los escalerazos, con los <i>happenings</i>, con las representaciones de teatro de Ricardo Camacho; los estudiantes se formaban en la cafeter&iacute;a, discutiendo, conversando, con un poco de marihuana algunos de ellos, es cierto, estudiando y leyendo <i>Pekin Informa</i>, a Lenin, a Marx, a Althusser, a Martha Harnecker. Cre&iacute;amos saber que era o deb&iacute;a ser la antropolog&iacute;a, lo que explica el por qu&eacute;, en una c&eacute;lebre asamblea de estudiantes, a finales de 1972, cuando nos renunciaron en masa, nuevamente, todos nuestros profesores, no nos inquietamos; al contrario, nos pusimos a identificar y seleccionar -en una reuni&oacute;n en el antiguo centro Enmmanuel Mounier- quienes deber&iacute;an ser nuestros maestros.</p>      <p>Algunos de los estudiantes, de nuestros compa&ntilde;eros, fueron expulsados, y fue gracias a la gestiones de ese gran profesor y director, Alvaro Ch&aacute;vez, que lograron reintegrarse. A la generaci&oacute;n del 70 le toc&oacute; asumir en gran parte las responsabilidades docentes hasta casi nuestros d&iacute;as, y gran parte de la historia de la antropolog&iacute;a universitaria no se entiende sin esta marca de nacimiento.</p>      <p>En 1973, asumi&oacute; la direcci&oacute;n nuestro colega &Aacute;lvaro Soto, exalumno del Departamento. Entonces, tambi&eacute;n, unos a&ntilde;os m&aacute;s, unos a&ntilde;os menos, otros exalumnos de nuestro Departamento asumieron responsabilidades docentes, algunos de ellos hasta nuestros d&iacute;as -como es el caso de los profesores Jorge Morales y Elena Uprimny-. Entre aquellos primeros docentes exalumnos tambi&eacute;n se encontraron Oscar Osorio, Manuel Jos&eacute; Guzm&aacute;n y Fabricio Cabrera.</p>      <p>Con Soto -a la saz&oacute;n, Director tambi&eacute;n del ICAN-, la antropolog&iacute;a tuvo una gran proyecci&oacute;n a trav&eacute;s de la Estaciones Antropol&oacute;gicas, que descentralizaron gran parte de la antropolog&iacute;a y con el tiempo el Departamento se concentr&oacute; en gran medida en el proyecto de Ciudad Perdida. Muchos egresados participaron en uno y otro proyecto, modificando en ciertos casos las situaciones regionales. En Ciudad Perdida se formaron tambi&eacute;n estudiantes no s&oacute;lo de antropolog&iacute;a sino de otras Facultades de la Universidad.</p>      <p>Despu&eacute;s vino lo que se ha llamado con raz&oacute;n el per&iacute;odo Uribe, durante el cual se reform&oacute; el pensum de antropolog&iacute;a y se aglutin&oacute; alrededor de Carlos Uribe un grupo de profesores que sentar&iacute;a las bases del Departamento durante gran parte de la d&eacute;cada del 80 y 90, hasta nuestros d&iacute;as. Algunos de ellos, como Enrique Mendoza, prematuramente nos abandonaron. Este per&iacute;odo vio nacer, entre otros, grandes proyectos: los estudios de Felipe C&aacute;rdenas Arroyo sobre las momias muiscas; el Proyecto de La Plata en asocio con Robert Drenann de la Universidad de Pittsburg y, en 1984, el CCELA, Centro Colombiano de Ling&uuml;&iacute;stica Aborigen, bajo la direcci&oacute;n de Jon Landaburu, gracias tambi&eacute;n al inter&eacute;s de la profesora Grethel Werner, un verdadero &aacute;ngel de la guardia para el Departamento durante sus largos a&ntilde;os de decanatura.</p>      <p>Estos &uacute;ltimos a&ntilde;os est&aacute;n marcados por la apertura de la Maestr&iacute;a en Antropolog&iacute;a, cuyos m&aacute;s de 40 egresados representan ya una contribuci&oacute;n significativa en el orden de la educaci&oacute;n superior.</p>      <p>Sin duda, cada promoci&oacute;n y generaci&oacute;n podr&iacute;a exaltar las figuras de algunos de sus profesores. Perm&iacute;taseme, en mi caso, exaltar la figura de uno de ellos, no s&oacute;lo por su particular contribuci&oacute;n a la antropolog&iacute;a colombiana, a lo largo de estos 40 a&ntilde;os, sino por su especial dedicaci&oacute;n al Departamento de Antropolog&iacute;a a lo largo de diversos per&iacute;odos.</p>      <p>Jon Landaburu se vincul&oacute; muy joven al Departamento de Antropolog&iacute;a, durante la &eacute;poca de Reichel-Dolmattoff. A pesar de la implacable rigurosidad en los cursos de ling&uuml;&iacute;stica -terror de muchos compa&ntilde;eros- influy&oacute; ostensiblemente en la vida de varias generaciones de estudiantes, a&uacute;n retirado Reichel-Dolmatoff. En diversas ocasiones fue profesor del Departamento de Antropolog&iacute;a y sobretodo, en 1984 form&oacute; en el CCELA el primer postgrado de Antropolog&iacute;a, en Etnoling&uuml;&iacute;stica, del pa&iacute;s. En 16 a&ntilde;os cubri&oacute; 35 de las 64 lenguas de Colombia. Form&oacute; casi cuarenta ling&uuml;istas, entre ellos algunos ind&iacute;genas. El CCELA le dio al Departamento un estatus internacional y lo convirti&oacute; en una verdadera alternativa al Instituto Ling&uuml;&iacute;stico de Verano.</p>      <p>En vez de concentrarse exclusivamente en sus intereses personales de tipo investigativo como miembro del CNRS, Landaburu consagr&oacute; gran parte de su actividad al fortalecimiento de la ciencia nacional. Trabaj&oacute; con desprendimiento, hasta que diversas circunstancias y miop&iacute;a de ciertos sectores de la Universidad lo forzaron retirarse.</p>      <p>Sin duda, uno de los retos m&aacute;s grandes que tiene el Departamento consiste en recuperar su proyecci&oacute;n etnoling&uuml;&iacute;stica no s&oacute;lo por razones acad&eacute;micas sino por su responsabilidad ante el pa&iacute;s.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Durante estos cuarenta a&ntilde;os, el Departamento sin duda ha tenido cambios. Si los soles se apagan, si los continentes se mueven, si los r&iacute;os cambian de curso, porqu&eacute; no el Departamento. A lo largo del mismo han pasado por sus aulas e instalaciones -como dijimos- un gran n&uacute;mero de profesores y profesionales. Tiene, ahora, una nueva casa, un grupo de excelentes nuevos profesores. Ha habido ganancias y p&eacute;rdidas. Muchos de nuestros mejores docentes y algunos de nuestros compa&ntilde;eros han partido. Sin embargo, hay un hilo de continuidad, una especie de historia de familia, que arranca con el parricidio y se proyecta en un pensum que, a pesar de algunos cambios, mantiene una sorprendente uniformidad.</p>      <p>En 1990, cuando la Universidad de los Andes le otorg&oacute; a Reichel el Doctorado <i>Honoris Causa</i>, el profesor declaraba su esperanza de que la semillas que hab&iacute;a sembrado hubiesen fructificado. Quince a&ntilde;os m&aacute;s tarde, quiz&aacute;s pudi&eacute;ramos afirmar que las ense&ntilde;anzas de nuestros maestros fructificaron sobretodo en su lecci&oacute;n de que la antropolog&iacute;a no es s&oacute;lo una profesi&oacute;n sino un estilo de vida en la que el compromiso con los valores que all&iacute; aprendimos gu&iacute;a en nuestras diferentes actividades -a&uacute;n aquellas aparentemente distanciadas de lo que convencionalmente llamamos antropolog&iacute;a-.</p>      <p>Esta es una de las conclusiones de los numerosos encuentros que el cap&iacute;tulo de Antropolog&iacute;a organiz&oacute; con sus egresados m&aacute;s dis&iacute;miles. Todos, o al menos la mayor&iacute;a, dieron testimonio de su visi&oacute;n antropol&oacute;gica, de su tarea y oficio -como administrador, como joyera, como empresaria, como funcionario, etc.-. Todos aman la antropolog&iacute;a, y este logro se debe al compromiso de profesores, funcionarios, estudiantes y egresados del Departamento, a lo largo de estas largas cuatro d&eacute;cadas.</p>      <p>Esta breve historia quedar&iacute;a incompleta si no mencion&aacute;ramos el inmenso esfuerzo de las antrop&oacute;logas uniandinas por organizarnos y darnos visibilidad: Marina Villamizar, y en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Drisha, Ang&eacute;lica y Roc&iacute;o han promovido nuestro imagen de antrop&oacute;logos y explicado, en encuentros y reuniones, nuestro oficio y pertinencia. Sin duda, los estudios de la historia del Departamento de Antropolog&iacute;a tendr&aacute;n que narrar este esfuerzo de asociar a los antrop&oacute;logos uniandinos para que enfrentemos -desde esta trinchera- los grandes problemas del pa&iacute;s.</p>       <p>Gracias.</p>      <p><b>Roberto Pineda-Camacho<sup><a name=nu1></a><a href="#num1">1</a></sup>    <br> Antrop&oacute;logo</b></p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>      <p><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Antrop&oacute;logo de la Universidad de los Andes, Mag&iacute;ster en Historia de la Universidad Nacional de Colombia y Doctor en Sociolog&iacute;a con especialidad en Antropolog&iacute;a Social de la Universidad de la Sorbona, Par&iacute;s III. Roberto Pineda Camacho ha sido profesor de las universidades de los Andes y Nacional de Colombia por m&aacute;s de 20 a&ntilde;os.</p>  </font>      ]]></body>
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