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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PRESENTACIÓN: EL ESTUDIO DE LA VIOLENCIA MÁS ALLÁ DEL ESPECTÁCULO DE LA SANGRE]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[PRESENTATION: STUDYING VIOLENCE BEYOND THE BLOODY SPECTACLE MARCO JULIÁN MARTÍNEZ]]></article-title>
<article-title xml:lang="pt"><![CDATA[APRESENTAÇÃO: O ESTUDO DA VIOLÊNCIA ALÉM DO ESPETÁCULO DO SANGUE]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional de Colombia Centro de Estudios Sociales Antropólogos]]></institution>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">      <p align="center"><font size="4"><b>PRESENTACI&Oacute;N: EL ESTUDIO DE LA VIOLENCIA M&Aacute;S ALL&Aacute; DEL ESPECT&Aacute;CULO DE LA SANGRE</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>PRESENTATION: STUDYING VIOLENCE BEYOND THE BLOODY SPECTACLE MARCO JULI&Aacute;N MART&Iacute;NEZ</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>APRESENTA&Ccedil;&Atilde;O: O ESTUDO DA VIOL&Ecirc;NCIA AL&Eacute;M DO ESPET&Aacute;CULO DO SANGUE</b></font></p>      <br>      <p align="center">Marco Juli&aacute;n Mart&iacute;nez    <br> Carlos Jos&eacute; Su&aacute;rez    <br> Antrop&oacute;logos    <br> Centro de Estudios Sociales    <br> Universidad Nacional de Colombia</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<br>      <p>En este n&uacute;mero 67 de la Revista de Antropolog&iacute;a y Sociolog&iacute;a Universitas Human&iacute;stica se contin&uacute;a la exploraci&oacute;n del horizonte en las investigaciones sociales que analizan de manera cr&iacute;tica fen&oacute;menos de violencia relevantes en diversos contextos de la sociedad. Los art&iacute;culos que se presentan conducen a una reflexi&oacute;n que invita a superar posiciones maniqueas, para preguntarse sobre la fenomenolog&iacute;a de aquellas acciones que se salen de la raz&oacute;n, el orden y las explicaciones pol&iacute;ticamente correctas, complejizando la realidad para entender los juegos de poder que igualmente la configuran.</p>      <p>Una posici&oacute;n cr&iacute;tica en la investigaci&oacute;n social hace de la violencia un concepto muchas veces dif&iacute;cil de aprehender, analizar e interpretar, pues para entender sus manifestaciones debe recurrirse a las motivaciones, expectativas, sentimientos e historicidad de las agencias involucradas en los conflictos. Por supuesto, esta posici&oacute;n puede llegar a ser inc&oacute;moda para sectores sociales que consideran que su raz&oacute;n es leg&iacute;tima, justa y ben&eacute;fica, llegando incluso a calificar estas propuesta anal&iacute;ticas como excesivamente relativistas, subversivas o irracionales, lo cual impedir&iacute;a tener o respaldar horizontes encaminados a la integraci&oacute;n social alrededor de una u otra teor&iacute;a pol&iacute;tica. Por el contrario, consideramos que los estudios sociales que buscan entender el marco de referencia y de normalidad desde el cual las personas, instituciones y diversas agencias sociales act&uacute;an, tienen una preocupaci&oacute;n por cambiar &oacute;rdenes que deshumanizan, procurando dar pistas para garantizar la dignidad de las personas.</p>      <p>Sobre este punto, el Padre Germ&aacute;n Guzm&aacute;n Campos, coautor del cl&aacute;sico texto La Violencia en Colombia: Estudio de un Proceso Social, junto con Orlando Fals Borda y Eduardo Uma&ntilde;a Luna (1962), entre las razones que lo llevaron a participar en la Comisi&oacute;n Investigadora de las Causas y Situaciones Presentes de la Violencia en el Territorio Nacional de 1958, menciona lo siguiente:</p>      <p><ol>&#91;...&#93; la violencia no debe indagarse solamente en las salas de los gerentes ni en el despacho de los gobernadores, ni en las cuentas bancarias. La violencia est&aacute; en las diversas esferas y tambi&eacute;n en los campos. Hay violentos en las ciudades y los montes. Partamos de una verdad aparentemente trivial: para cazar tigres es necesario ir adonde haya tigres. Si queremos investigar y frenar la violencia, vamos adonde est&aacute;n los violentos y hablemos con ellos donde sea (Guzm&aacute;n, 1991: 47).    </ol></p>      <p><font size="3"><b>Estudios socioculturales, violencia y naci&oacute;n</b></font></p>      <p>Precisamente el libro resultante de la Comisi&oacute;n de 1958 marc&oacute; un hito en cuanto a publicaciones porque fue el primer intento de una comisi&oacute;n que buscaba la verdad en el pa&iacute;s, describiendo lo acontecido y reconociendo la responsabilidad de los sectores y actores que participaban en el conflicto. As&iacute;, los autores describieron la participaci&oacute;n de las elites dominantes, los campesinos, la polic&iacute;a y fuerzas armadas, las autoridades eclesi&aacute;sticas, entre otros, en la generaci&oacute;n y reproducci&oacute;n del conflicto. Igualmente, este libro fue la primera propuesta de an&aacute;lisis diacr&oacute;nico y regional del fen&oacute;meno de la llamada Violencia en la reci&eacute;n nacida Facultad de Sociolog&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia. De esta manera, afirma la antrop&oacute;loga Catalina Villamil (2007), La Violencia en Colombia se inscribe en la constituci&oacute;n de un discurso nacional enmarcado en un espacio acad&eacute;mico y apoyado por la validez cient&iacute;fica.</p>      <p>Para finales de la d&eacute;cada de 1980 el gobierno nacional convoc&oacute; una Comisi&oacute;n de estudios sobre la violencia que integr&oacute; a acad&eacute;micos con el fin de describir y analizar fen&oacute;menos de violencia y las posibilidades para &laquo;frenar su inquietante avance&raquo; en el pa&iacute;s<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup>. El informe de esta Comisi&oacute;n resalta los cambios estructurales en la configuraci&oacute;n de la violencia pol&iacute;tica, se&ntilde;alando la importancia anal&iacute;tica y pol&iacute;tica de otras modalidades de violencia: sociopol&iacute;tica, sociocultural y sobre los territorios (las cuales se reproducen a trav&eacute;s de la familia, la escuela y los medios de comunicaci&oacute;n), que hac&iacute;an m&aacute;s dif&iacute;cil una salida pac&iacute;fica al conflicto del pa&iacute;s. Los investigadores de la comisi&oacute;n consideraron que los &uacute;ltimos gobiernos nacionales hab&iacute;an prestado demasiada atenci&oacute;n a la violencia pol&iacute;tica y al narcotr&aacute;fico, subvalorando otras modalidades de violencia que generaban m&aacute;s v&iacute;ctimas y afectaban de manera m&aacute;s cercana el diario vivir de los colombianos. Ya en este momento, la Comisi&oacute;n convocaba a la integraci&oacute;n de la sociedad nacional en la democratizaci&oacute;n de las relaciones sociales y a la defensa de los derechos humanos, entendiendo la complejidad de la din&aacute;mica de la violencia (Comisi&oacute;n de estudios sobre la violencia, 1989).</p>      <p>Tras la Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de 1991, donde se reconoce igualmente el car&aacute;cter diverso de la sociedad nacional, el inter&eacute;s por develar la complejidad en la configuraci&oacute;n de la violencia hace que los estudios sociales aborden aspectos cada vez m&aacute;s contextuales de la realidad vivida por personas y agrupaciones en las diferentes regiones del pa&iacute;s, sobrepasando el &eacute;nfasis que hasta el momento parec&iacute;an obvios, como la ausencia institucional o la lucha de clases (Arocha <i>et al</i>., 1998). La descripci&oacute;n y an&aacute;lisis cultural cobra una importante relevancia en la producci&oacute;n antropol&oacute;gica alrededor de los discursos, pr&aacute;cticas, simbolismos, estructuras, sensibilidades, representaciones y relaciones que configuran los contextos -hist&oacute;ricos y contempor&aacute;neos- de la violencia pol&iacute;tica, familiar, hacia las mujeres, regional, urbana, &eacute;tnica, juvenil, etc.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Antropolog&iacute;a y compromiso social</b></font></p>      <p>De manera particular para la antropolog&iacute;a, la violencia y el conflicto no han sido temas nuevos; no obstante, en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os los estudios antropol&oacute;gicos en Colombia muestran c&oacute;mo la violencia es vivida e interpretada desde marcos culturales que legitiman las acciones de las agencias involucradas en conflictos, matanzas, peleas, robos, tomas, formas de correcci&oacute;n entre otras situaciones. De este modo, antrop&oacute;logos y antrop&oacute;logas construimos horizontes de interpretaci&oacute;n hist&oacute;rica y cultural del diario vivir de personas y comunidades comunes. Adem&aacute;s, contribuimos a la construcci&oacute;n de narrativas que asignan coherencia y sentido a las experiencias traum&aacute;ticas, teniendo en cuenta el testimonio de las v&iacute;ctimas, los discursos de las instituciones nacionales e internacionales que circulan a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n y la academia (Ortega, 2008).</p>      <p>Al tiempo que contribuimos a construir el discurso nacional sobre la violencia, tambi&eacute;n somos cr&iacute;ticos a su establecimiento como historia pol&iacute;tica hegem&oacute;nica que explica el conflicto y la violencia en el pa&iacute;s desde la confrontaci&oacute;n entre el Estado y la insurgencia, la cual se manifiesta con distinta intensidad y mecanismos en todos los niveles de la sociedad nacional. En este sentido Elsa Blair, Marisol Grisales y Ana Mar&iacute;a Mu&ntilde;oz en su art&iacute;culo &laquo;Conflictividades Urbanas vs. "Guerra" Urbana: otra "clave" para leer el conflicto en Medell&iacute;n&raquo; proponen interpretar el conflicto urbano en Medell&iacute;n de acuerdo a factores locales, con una historicidad propia, que imprimen la din&aacute;mica y las relaciones entre los actores armados de una comuna en Medell&iacute;n. Las autoras describen los diferentes momentos de ingreso de actores armados, ligados a la econom&iacute;a ilegal del narcotr&aacute;fico y el paramilitarismo, sus interacciones con los actores locales y con la misma ciudad. Adem&aacute;s, ahondan en la reconstrucci&oacute;n del territorio desde la perspectiva de las v&iacute;ctimas de las masacres, considerando aspectos significativos para los residentes de los barrios analizados, los cuales otorgan m&uacute;ltiples acentos a la representaci&oacute;n de actores armados as&iacute; como los v&iacute;nculos generados entre ellos.</p>      <p>Por otro lado, investigar en un pa&iacute;s &laquo;signado por la violencia&raquo; implica que estamos inmersos en un contexto donde investigadores y sujetos de estudio hacemos parte de la misma sociedad, donde las diferencias socioculturales nos ofrecen el suficiente extra&ntilde;amiento para estudiar diferencias e historicidades, aunque para el resto del conjunto nacional no sean m&aacute;s que expresiones folcl&oacute;ricas que explican y naturalizan la violencia. Ante esta situaci&oacute;n, el investigador no puede llamarse totalmente nativo, mas tampoco es un perfecto extra&ntilde;o. El trabajo constante y met&oacute;dico del etn&oacute;grafo, ya se sabe, puede llegar a superar la empat&iacute;a, el <i>rapport</i>, cuesti&oacute;n que es explorada en el art&iacute;culo de Nicol&aacute;s Espinosa, &laquo;Etnograf&iacute;a de la violencia en la vida diaria. Aspectos metodol&oacute;gicos de un estudio de caso&raquo;.</p>      <p>Espinosa describe las condiciones de vida de los campesinos de la Serran&iacute;a de la Macarena, quienes, adem&aacute;s del temor constante, han adoptado estrategias y gram&aacute;ticas sociales para poder superar esta situaci&oacute;n. C&oacute;digos al hablar, silencios forzados dentro de las conversaciones, y de nuevo, la rutinizaci&oacute;n de la violencia como algo normal, son las formas de evitar problemas con los actores armados de la regi&oacute;n. Este cuadro es el contexto donde el autor destaca que el compartir la vida diaria es diferente en medio del conflicto, la armon&iacute;a que romp&iacute;a el etn&oacute;grafo cl&aacute;sico con su irrupci&oacute;n a la aldea del nativo ahora se ha transformado en la convivencia con el coterr&aacute;neo. La posici&oacute;n pol&iacute;tica que adopta el antrop&oacute;logo no es la del inspector de colonias, ya que se supone que un lazo m&aacute;s estrecho nos debe unir como conciudadanos. Se tienden entonces lazos emocionales intensos entre el investigador y su sujeto de estudio, que giran alrededor de una asociaci&oacute;n en medio del miedo a la muerte.</p>      <p>Esta preocupaci&oacute;n por interpretar a la violencia y muchas veces vivir en medio de ella denota la relaci&oacute;n de compromiso entre la producci&oacute;n te&oacute;rica de la antropolog&iacute;a del pa&iacute;s y las sociedades participantes en las investigaciones. De acuerdo con Myriam Jimeno, &laquo;la vecindad sociopol&iacute;tica entre los sujetos de estudio y los antrop&oacute;logos se ha traducido en una producci&oacute;n te&oacute;rica con una vocaci&oacute;n cr&iacute;tica, pues busca dar cuenta de la presencia perturbadora de Otros&raquo; (Jimeno, 2005: 46). Con ello se busca, adem&aacute;s de comprender al Otro, contribuir a la construcci&oacute;n de naci&oacute;n y ciudadan&iacute;a (Jimeno, 2005). Los trabajos antropol&oacute;gicos sobre violencia tienen entonces una responsabilidad &eacute;tica de suma importancia ante el conflicto y la violencia.</p>      <p>La relaci&oacute;n entre los ciudadanos y el Estado es de gran importancia para la investigaci&oacute;n antropol&oacute;gica de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, pues sirve para revertir el conocimiento generado en recomendaciones y procesos de intervenci&oacute;n que buscan garantizar el deber del Estado como garante de derechos. Para referencia, en una investigaci&oacute;n sobre sexualidad en j&oacute;venes de la calle en siete ciudades de Colombia (Barrios <i>et al</i>., 2006) se mostr&oacute; c&oacute;mo no era suficiente la acci&oacute;n medicalizada del Estado para controlar a esta poblaci&oacute;n indomable y problem&aacute;tica para las pol&iacute;ticas sociales de salud sexual, control de la familia y establecimiento de la paz. Ante todo, se determin&oacute; la alta incidencia de la violencia intrafamiliar para el abandono de los hogares, as&iacute; como episodios de drogadicci&oacute;n en estos j&oacute;venes, que desatan eventos criminales. Con ellos se lleg&oacute; a recomendar a instituciones del sistema de bienestar familiar que la apuesta no es el confinamiento de lo abyecto, sino el desarrollo de herramientas para la transformaci&oacute;n de los contextos de violencia que expulsaban a estos j&oacute;venes. As&iacute;, se buscaba articular las acciones estatales con el trabajo en comunidad, alej&aacute;ndose de la medicalizaci&oacute;n centrada en el paciente, el doliente o el vulnerable.</p>      <p>Desde la perspectiva de la antropolog&iacute;a m&eacute;dica, C&eacute;sar Abad&iacute;a y Diana Oviedo (2008, 2009) hacen una cr&iacute;tica del sistema de salud colombiano, cuyas acciones transitan desde la absoluta negligencia hasta la &laquo;tortura&raquo; psicol&oacute;gica. A trav&eacute;s del estudio de la vivencia de la enfermedad y los itinerarios de las personas a trav&eacute;s de la burocracia estatal, donde se establece la relaci&oacute;n entre agencia y estructura, se devela un andamiaje estatal que se expresa en violencia por el sistema de salud colombiano regido por el mercado. Abad&iacute;a y Oviedo se&ntilde;alan c&oacute;mo el sistema legal colombiano niega la atenci&oacute;n, propiciando el abandono hacia los pacientes m&aacute;s pobres que deben, en casos de vida o muerte, exigir de manera rotunda su derecho a la salud. Lo anterior no hace m&aacute;s que prolongar el sufrimiento.</p>      <p><font size="3"><b>Violencia leg&iacute;tima y democratizaci&oacute;n</b></font></p>      <p>El deseo por entender el orden social para procurar la dignidad de las personas y grupos part&iacute;cipes en las investigaciones sobre violencia ha llevado a la cr&iacute;tica del estado moderno como ideal de organizaci&oacute;n social pacifista. El &eacute;nfasis anal&iacute;tico se centra en los procesos de democratizaci&oacute;n y transformaci&oacute;n del r&eacute;gimen pol&iacute;tico, los cuales han sido acompa&ntilde;ados por un aumento en los &iacute;ndices de criminalidad, el conflicto armado, el desorden social y la injusticia, como sucede en Sud&aacute;frica, Brasil, Venezuela y Colombia. De manera impl&iacute;cita, se cuestiona el uso de la violencia &laquo;leg&iacute;tima&raquo; por parte del Estado, como la mejor manera de regular poblaciones dentro del territorio, y las posiciones morales donde las acciones de los estados son necesariamente buenas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde la historiograf&iacute;a, el norteamericano Charles Tilly (1985) al analizar la genealog&iacute;a de los modernos estados europeos, particularmente Francia e Inglaterra, muestra las poderosas relaciones entre la violencia, el control de los territorios y la capacidad de extracci&oacute;n de riquezas en la edificaci&oacute;n de estas naciones, desde las monarqu&iacute;as absolutistas de los siglos XV y XVI. Para este autor la capacidad de los se&ntilde;ores para mantener los medios de producci&oacute;n y de esta manera preservar un ej&eacute;rcito de reserva constante, y asimismo la capacidad del se&ntilde;or para administrar la seguridad en las rutas de mercados, garantizaba la dominaci&oacute;n violenta y coactiva de sus enemigos. Lo anterior concuerda con lo dicho a&ntilde;os m&aacute;s tarde por Jean y John Comaroff (2004), quienes consideran que la violencia es una operaci&oacute;n l&iacute;cita para lograr el estado de derecho y mantener el mercado.</p>      <p>Por su parte, el trabajo de Iris Marion Young (2000) sobre la justicia se centra principalmente en el an&aacute;lisis de los conceptos de opresi&oacute;n y dominaci&oacute;n en la sociedad actual, tomando el caso particular de las luchas y reclamos de los movimientos sociales en los Estados Unidos. La opresi&oacute;n como relaci&oacute;n entre grupos, cuenta para esta autora con cinco aspectos centrales: explotaci&oacute;n, marginaci&oacute;n, carencia de poder, imperialismo cultural y violencia. Esta &uacute;ltima la define como &laquo;una pr&aacute;ctica social, un hecho social reconocido que todos saben que sucede y que volver&aacute; a suceder&raquo; (Young, 2000: 108), mencionando que la tolerancia de la violencia es el paso a su legitimaci&oacute;n, como la herramienta coercitiva de los gobernantes para mantener su poder.</p>      <p>A esta se le suma la concepci&oacute;n de Catherine Lutz y Donald Nonini (2005) sobre las relaciones entre las formas de violencia y las de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica, particularmente como importantes elementos de an&aacute;lisis de las investigaciones antropol&oacute;gicas. Ellos no ven a la violencia como un fen&oacute;meno aislado de los procesos econ&oacute;micos, sino como una narrativa con fuerza institucional. Al hacer una definici&oacute;n de violencia, esta  <ol>tiene formas legitimas e ilegitimas (guerra y terrorismo), patrocinadas por el estado e individuales (pena de muerte o asesinato), f&iacute;sica o simb&oacute;lica (golpes a la esposa o humillaci&oacute;n de clase), y la antropolog&iacute;a tiene una larga historia de detallada atenci&oacute;n en alguna de ellas (Lutz y Nonini, 2005: 74).    </ol></p>      <p>El proceso de democratizaci&oacute;n est&aacute; acompa&ntilde;ado de la instauraci&oacute;n del miedo y la institucionalizaci&oacute;n de la seguridad; tambi&eacute;n de la complicidad entre actores legales y e ilegales, quienes se necesitan para mantener el orden del Estado. Lo anterior remite al estudio de las culturas pol&iacute;ticas en relaci&oacute;n a su uso de la violencia como forma de gobierno. Achilles Mbembe (2004) analiza la concomitancia entre la democratizaci&oacute;n y la informalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y las estructuras del estado en Sud&aacute;frica despu&eacute;s del r&eacute;gimen del Apartheid. Existe para el autor desde el inicio de este proceso una escasez de las condiciones materiales necesarias para que el Estado ejerza plenamente su poder coercitivo. Adicionalmente se&ntilde;ala una excesiva privatizaci&oacute;n de los agentes estatales que amenaza la solvencia del erario. La diferenciaci&oacute;n de los ej&eacute;rcitos y su pauperizaci&oacute;n es fuente de desorden p&uacute;blico en muchos pa&iacute;ses, se&ntilde;ala Mbembe. Dentro de estas condiciones, la tropa tiene adem&aacute;s la capacidad de requisar ilegalmente y realizar incursiones para la confiscaci&oacute;n y usurpaci&oacute;n de pertenencias a los civiles. El militarismo que se presenta como cultura pol&iacute;tica, separa cada vez m&aacute;s al Estado de la sociedad. As&iacute;, el poder es infinitamente m&aacute;s brutal que durante los per&iacute;odos autoritarios. La guerra se configura como &uacute;nica forma de gobernabilidad, mediante discursos que la legitiman, fundados en la manipulaci&oacute;n violenta de las utop&iacute;as, donde la guerra aparece como una enorme terapia lit&uacute;rgica.</p>      <p>El contexto para el an&aacute;lisis de Rosalind Morris (2004) es una zona minera de Sur&aacute;frica donde existen tensiones de poder que se revelan sobre los cuerpos. Para este caso la violencia sexual es vista como el coraz&oacute;n de la crisis criminal y es le&iacute;da como la falla en la conformaci&oacute;n de la esfera p&uacute;blica y de la restauraci&oacute;n de instituciones da&ntilde;adas como la familia. Pero adem&aacute;s la violencia sexual es reconocida como un modo de violencia pol&iacute;tica y como la falla del establecimiento del Estado de derecho. En este marco, las relaciones entre la ley y la violencia, el deseo y el lenguaje se reescriben. Sin embargo, es la violencia sexual que se da en el &aacute;mbito dom&eacute;stico la que se criminaliza en el discurso. La casa, afirma Morris, aparece as&iacute; como el lugar imaginario donde la violencia sexual se normaliza y criminaliza. Cuando esta violencia es perpetrada contra ni&ntilde;os y ancianos, aparece un llamado al Estado para que se restablezca la funci&oacute;n del hogar, pues se reconoce que la familia es incapaz de contenerla. La violencia sexual consigue as&iacute; su m&aacute;ximo poder comunicativo dentro de la violencia misma, superando su pretensi&oacute;n de mimesis de la guerra.</p>      <p>Para Jean y John Comaroff (2004) la ficci&oacute;n criminal conjura una moral compartida y personifica una existencia que va m&aacute;s all&aacute; de la ley y que es al mismo tiempo imponente y sublime: los grandes criminales, dicen los autores parafraseando a Benjamin, inspiran una secreta admiraci&oacute;n en el p&uacute;blico. La figura del gran criminal parece tener funciones similares en varios lugares, sirviendo de base sobre la que una metaf&iacute;sica del orden, de la naci&oacute;n como una comunidad moral resguardada por el estado, puede ser celebrada y aun demandada. La violencia se convierte as&iacute; en algo sumamente productivo, en tanto son los cr&iacute;menes m&aacute;s llamativos p&uacute;blicamente, pues usurpa la representaci&oacute;n, revela los l&iacute;mites del Estado y justifica el monopolio del mismo sobre los medios de coerci&oacute;n.</p>      <p><font size="3"><b>Poder, violencia y gobierno</b></font></p>      <p>Acerca de las relaciones entre la legitimaci&oacute;n y la espectacularizaci&oacute;n de la violencia, Leon Litwack (2004) nos ofrece el ejemplo de los linchamientos a negros en Estados Unidos, que se dieron principalmente entre 1880 hasta 1960 en los estados sure&ntilde;os. A pesar de ser condenas sumarias y extrajudiciales, estas ejecuciones se llevaban a cabo como una escena familiar, donde se convocaba a las personas de diferentes condados mediante anuncios de prensa. Incluso, el autor anota la banalizaci&oacute;n de este fen&oacute;meno cuando los padres compraban a sus hijos los recuerdos del linchamiento: cenizas, dedos, ropa del condenado. La longitud de la tortura serv&iacute;a en este caso s&oacute;lo para la complacencia de la multitud voyerista. Tales actos, como marcas, estaban inscritas en la dualidad propia del negro: por un lado deb&iacute;a ser d&oacute;cil mientras fuera esclavo, pero ya liberto, se convert&iacute;a en una amenaza al orden al ser vistos por los blancos como salvajes y lujuriosos.</p>      <p>Otro estudio de segregaci&oacute;n y sometimiento, pero en una escala distinta es el expuesto por Liisa Malkki (2004) al exponer el simbolismo en los actos violentos de los tutsi contra los hutu. Los primeros, los perpetradores, son elegantes y perezosos, altos y erguidos, quienes desprecian a los hutu, bajos y torpes, mal hablados y narizones. En los actos violentos, se busca simb&oacute;licamente introducir el cuerpo del estirado tutsi dentro del rechoncho hutu: el empalamiento con una vara de bamb&uacute;, con referencias sexuales, es la tortura m&aacute;s com&uacute;n para los hombres, feminizados con esta violaci&oacute;n. Las mujeres embarazadas son obligadas a devorar sus fetos en un acto de autofagia que niega la vida. Para 1995, tras el genocidio y el desplazamiento forzado, los tutsi segu&iacute;an siendo considerados los forasteros, quienes romp&iacute;an la armon&iacute;a de Burund&iacute;.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De otro lado, la investigadora costarricense Mar&iacute;a del Carmen Araya nos presenta otra forma de espectacularizaci&oacute;n de la violencia, m&aacute;s sutil, pero no menos efectiva: la utilizaci&oacute;n del miedo como pol&iacute;tica. En su art&iacute;culo &laquo;El miedo asecha y el consumo seduce. Dos caras del modelo psicol&oacute;gico dominante en tiempos de globalizaci&oacute;n&raquo;, incluido en esta publicaci&oacute;n, Araya analiza la instauraci&oacute;n del miedo a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n de Costa Rica para imponer sensaciones de terror, nerviosismo e inseguridad de una sociedad otrora ejemplo de paz para el resto de Am&eacute;rica Latina. Esta conformaci&oacute;n de una cultura del miedo es una forma de gobierno para presionar la integraci&oacute;n social alrededor de la conveniencia de firmar un tratado de libre comercio para el pa&iacute;s, el cual es visto por algunos sectores sociales del pa&iacute;s como una nociva arma de dominaci&oacute;n. De este modo, considera que la intenci&oacute;n del Estado es la de mantener estos p&aacute;nicos morales como marcadores de las conductas que pueden ser reprochables para la sociedad, marcando as&iacute; un l&iacute;mite para los parias urbanos en la ciudad.</p>      <p>Para el caso colombiano Juliana Molina analiza el fen&oacute;meno del desplazamiento forzado como noticia circulante en los diarios del pa&iacute;s, cuya complejidad social es fragmentada, espectacularizada y homogenizada, impidiendo que la sociedad nacional se integre alrededor del sufrimiento y reconozca la singularidad de los diversos eventos de destierro en el pa&iacute;s. En el art&iacute;culo &laquo;La representaci&oacute;n social del fen&oacute;meno del desplazamiento forzado en la prensa colombiana&raquo;, la autora analiza la representaci&oacute;n de v&iacute;ctimas y agresores y plantea la discusi&oacute;n sobre la responsabilidad social de los medios de comunicaci&oacute;n en la configuraci&oacute;n de este fen&oacute;meno. Adem&aacute;s menciona que a la persona desplazada se le excluye en la construcci&oacute;n del discurso de representaci&oacute;n de ella misma, considerando que s&oacute;lo la prensa escrita tiene el poder discursivo de ordenar, regular y controlar el discurso en la escala nacional. De este modo el sujeto es convertido en objeto, lo cual termina siendo poco significativo para movilizar a la sociedad a favor de la protecci&oacute;n de las personas desplazadas.</p>      <p>El estudio del miedo, las estrategias de terror y la deshumanizaci&oacute;n por distintos actores sociales, tienen en cuenta las emociones y sensaciones que envuelven la teatralidad del momento disruptivo y sus huellas en la memoria, resaltando el drama humano y los testimonios. Helka Quevedo (2008), tras sus investigaciones forenses al servicio del sistema judicial colombiano, expone claramente un ejemplo de esta situaci&oacute;n por medio de las &laquo;escuelas de la muerte&raquo; en Colombia: lugares de entrenamiento de guerreros en donde se prueba la fidelidad al grupo armado con el asesinato sedicioso de familiares o vecinos para establecer la ley en regiones del pa&iacute;s por fuera del orden civil. Diana Taylor (1997) describe la feminizaci&oacute;n que requiere el cuerpo de hombres torturados durante el r&eacute;gimen militar en Argentina. Mediante un performance ejecutado por el Estado, que representa el padre ordenador, &eacute;ste toma posesi&oacute;n del cuerpo descarriado de la naci&oacute;n y, por medio de la tortura y la muerte, le devuelve la gloria del pasado a una sociedad que no puede existir sin vigilancia. Detr&aacute;s de toda esta teatralidad se banaliza la crueldad de la violencia y de los actos del Estado.</p>      <p>Por otro lado, Elsa Blair (2005) menciona que el exceso y la teatralidad en las masacres en los j&oacute;venes sicarios de Medell&iacute;n y en las innumerables masacres ocurridas en Colombia. De igual manera G&oacute;ngora y Su&aacute;rez (2008) explican los <i>modus operandi</i> de diversas bandas de delincuentes del centro de Bogot&aacute;, quienes marcan los cuerpos de sus enemigos muertos. Las Pira&ntilde;as, una antigua banda, enterraba radios de motocicletas con puntas en el coraz&oacute;n de sus v&iacute;ctimas para que sea reconocido sin lugar a dudas el perpetrador. Los policias rematan a quienes traspasan los l&iacute;mites de la moralidad, por ejemplo, maniatando a los ni&ntilde;os de la calle, asfixi&aacute;ndolos con boxer y luego disparando en est&oacute;mago y cabeza, imponiendo marcas territoriales a los comportamientos no aceptados dentro de la sociedad cuando ubican estos cuerpos en lugares espec&iacute;ficos de la ciudad.</p>      <p>Al respecto, las descripciones que hizo Mar&iacute;a Victoria Uribe en el a&ntilde;o 2008 durante la serie de conferencias <i>Las fuentes del Mal</i><sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> sobre la d&eacute;cada siguiente al Bogotazo, no dejaron de impregnar con un escalofr&iacute;o a los oyentes: el miedo y el dolor gestados desde el nacimiento, cuando las madres cortaban los cordones umbilicales con culos de botella, el horroroso sonido del cuerno de venado anunciando la llegada de la chusma liberal, dispuesta a matar y quemar y la motosierra que ya en esos a&ntilde;os se usaba como indispensable elemento de tortura. En fin, ya la polic&iacute;a encarnaba lo m&aacute;s salvaje y lo m&aacute;s miserable para los testigos de esos d&iacute;as. Indefectiblemente, aparece de nuevo la asociaci&oacute;n entre los desmanes de las instituciones del Estado con el mal. Sin embargo, los actos de esos a&ntilde;os, tan presentes ahora, fueron cubiertospor un manto de oscuridad para las personas que los viveron.</p>      <p><font size="3"><b>Las pol&iacute;ticas de lo correcto y los nuevos criminales</b></font></p>      <p>En el proceso de instauraci&oacute;n del miedo y el terror que acompa&ntilde;a los procesos de democratizaci&oacute;n devienen nuevos actores sociales que resultan potencialmente peligrosos para la instauraci&oacute;n de un nuevo orden ciudadano, en contraposici&oacute;n a &oacute;rdenes sociojur&iacute;dicos considerados tradicionales, hist&oacute;ricos, patriarcales o locales, entre otras denominaciones. Entonces, actores institucionales, representantes de la ley, el orden o el Estado, identifican y estigmatizan sujetos que ven cuestionadas sus creencias, forma de vida y autoridad, consider&aacute;ndolos obst&aacute;culos para consolidar la utop&iacute;a humanista y democr&aacute;tica. El abordaje etnogr&aacute;fico de esta relaci&oacute;n entre ley y orden ha permitido entender la distancia de la norma como ideal y como pr&aacute;ctica cotidiana, as&iacute; como entre el discurso de los derechos y su puesta en acci&oacute;n (Jimeno <i>et al</i>., 2007); tambi&eacute;n el andamiaje cultural de sistemas jur&iacute;dicos que se encuentran en el ejercicio de la ciudadan&iacute;a, en el encuentro entre la burocracia estatal y las comunidades por fuera de la democracia (Mart&iacute;nez, 2003, 2007).</p>      <p>Dentro de ciertas concepciones sociales, la violencia y la maldad se encarnan en ciertos tipos de comportamientos y sectores sociales, estudiados por Teresa Caldeira (1996) en el Brasil. Ella menciona que la representaci&oacute;n del delincuente es principalmente la del &laquo;hombre joven y pobre&raquo;, que adem&aacute;s es promiscuo, consumidor de drogas y vive en las villas de miseria en la periferia de la ciudad. Dentro de la sociedad brasilera el aumento de la delincuencia se encuentra asociado con la debilidad de la autoridad, ya sea en la familia, el colegio, la polic&iacute;a, la Iglesia o el sistema de justicia estatal. Se establece as&iacute; que existe un contagio del mal, que no es una met&aacute;fora sino una explicaci&oacute;n social que justifica la violencia del Estado: el mal se propaga hacia los m&aacute;s d&eacute;biles, como una enfermedad, es decir a estos j&oacute;venes pobres, con la mente confundida debido a las drogas. Este mal, sin embargo, ya instalado en el individuo no puede ser expurgado, y por eso la &uacute;nica soluci&oacute;n es la muerte.</p>      <p>Para M&eacute;xico, Susana Reguillo (2000) muestra c&oacute;mo el miedo es una construcci&oacute;n social que parte del paradigma actual del riesgo y la fragilidad constante, categor&iacute;as utilizadas en el discurso oficial para caracterizar y controlar poblaciones vulnerables. Este miedo construido est&aacute; representado en la sociedad mejicana de finales de siglo por tres figuras paradigm&aacute;ticas para la gente del com&uacute;n. En primer t&eacute;rmino el narcotraficante, cuyos atributos son la violencia, la ilegalidad y la contaminaci&oacute;n, corruptor absoluto del orden social. Al militar le corresponde la imagen bondadosa, quien protege y salva al pa&iacute;s en medio de la incertidumbre. Finalmente aparecen dos figuras de la abyecci&oacute;n: los homosexuales y los indigentes; sus atributos se relacionan directamente con los &laquo;vicios&raquo;: corrupci&oacute;n, enga&ntilde;o, trasgresi&oacute;n, depravaci&oacute;n, ego&iacute;smo, inconformismo y amoralidad. La &uacute;nica soluci&oacute;n para estos &uacute;ltimos resulta clara: la aniquilaci&oacute;n, desaparecerlos, confinarlos o matarlos. El miedo, dice ella, &laquo;se libera de su vergüenza y parece constituirse en la &uacute;nica emoci&oacute;n capaz de acercar la salvaci&oacute;n&raquo; (Reguillo, 2000: 187).</p>      <p>Otros trabajos se centran la posici&oacute;n de quien es estigmatizado como criminal, aquel sujeto responsable de la inestabilidad social, donde se resalta la posici&oacute;n en el contexto social de los sujetos y la valoraci&oacute;n de su subjetividad para entender los conflictos y su relaci&oacute;n con el orden socialmente legitimado por la ley. En su trabajo de campo, Philippe Bourgois (2003) desciende al Hades de los vendedores de droga portorrique&ntilde;os en Nueva York, donde presencia violaciones y oye oscuras historias de muertos. Afirma que estos expendedores pretenden la imposici&oacute;n de una modelo de masculinidad, la autocracia perdida de los abuelos, que se expresa tanto en sus hogares como en la vida p&uacute;blica. Lo anterior Bourgois lo relaciona con una cultura de la calle &laquo;ilegal&raquo; dominada por la zozobra y el miedo, que se resiste a la explotaci&oacute;n econ&oacute;mica y de la denigraci&oacute;n cultural.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En este &uacute;ltimo enfoque Javier Pineda y Francisco Quiroz nos ofrecen en este volumen su art&iacute;culo &laquo;Subjetividad, identidad y violencia: masculinidades encrucijadas&raquo;. En &eacute;l los autores describen el discurso de los perpetradores de la violencia intrafamiliar en Bogot&aacute; y analizan elementos de la subjetividad e identidad masculina a partir de entrevistas a hombres de estratos medios y bajos que fueron denunciados por sus parejas ante Comisar&iacute;as de Familia en Bogot&aacute;. De este modo tenemos oportunidad de entender tensiones entre las pr&aacute;cticas cotidianas de representaci&oacute;n de s&iacute; con las codificaciones sociales y culturales que los inscribe comos sujetos activos de violaci&oacute;n de derechos. Adem&aacute;s, nos permite entender las justificaciones y &laquo;t&aacute;cticas argumentativas&raquo; para justificar su uso de la violencia, al igual que el tono exculpatorio sus discursos, en donde se condensan tanto la &laquo;simplicidad del crimen &#91;como&#93; la complejidad de la trama social en la cual acontece&raquo; (Jimeno, 2003a: 110).</p>      <p>Por otro lado, el trabajo de Norma Castillo en el art&iacute;culo &laquo;&iquest;Por qu&eacute; razones distintas a la filiaci&oacute;n pol&iacute;tica nos mat&aacute;bamos los colombianos en los a&ntilde;os 50?&raquo; nos presenta la identificaci&oacute;n de los contenidos culturales del c&oacute;digo del honor aceptados como causa del homicidio entre parejas, los cuales fueron asumidos por el sistema judicial colombiano de la &eacute;poca de La Violencia como argumento para la rebaja de penas del victimario. A trav&eacute;s del an&aacute;lisis del discurso de las noticias del semanario <i>Sucesos</i> entre 1956 y 1962, la autora argumenta que las creencias y los valores relacionados la norma de g&eacute;nero es el sustrato que legitima dichas acciones de violencia contra las mujeres. Adem&aacute;s menciona que este tipo de investigaciones sirven para entender la historicidad de problem&aacute;ticas relevantes para la sociedad actual como es la violencia de g&eacute;nero.</p>      <p><font size="3"><b>Debatiendo la &laquo;cultura de la violencia&raquo;</b></font></p>      <p>Si bien la perspectiva de los trabajos mencionados suele ser criticados por sectores acad&eacute;micos y de movimientos sociales de defensa de los derechos humanos, pues los consideran faltos de compromiso pol&iacute;tico o excesivamente relativistas, consideramos que ellos debaten nociones del sentido com&uacute;n que suele asignar a la cultura la causa de la violencia en la sociedad o la indiferencia o falta de solidaridad hacia los otros. La riqueza anal&iacute;tica permite develar los marcos de referencia de origen hist&oacute;rico y cultural que moldean y legitiman ciertas formas de violencia (Jimeno <i>et al</i>., 2007). Por el contrario, esta postura en la investigaci&oacute;n es cr&iacute;tica a la investigaci&oacute;n sociojur&iacute;dica asistencial, causal y paternalista que subvalora  <ol>la comprensi&oacute;n de los mecanismos propios de cada expresi&oacute;n de violencia y &#91;as&iacute;&#93; se confunda la explicaci&oacute;n de los sucesos violentos que ofrecen los actores de la violencia y los mecanismos culturales de superaci&oacute;n del sufrimiento, con indiferencia y h&aacute;bito (Jimeno <i>et al</i>., 1998).    </ol></p>      <p>De este modo, estas investigaciones plantean tanto retos como alternativas de investigaci&oacute;n e intervenci&oacute;n de la violencia enfocada al restablecimiento del tejido social.</p>      <p>Esta es precisamente la perspectiva de las investigaciones de Myriam Jimeno y varios de los investigadores del grupo Conflicto Social y Violencia alrededor de la violencia dom&eacute;stica (Jimeno <i>et al</i>., 1996, 1998 y 2007) donde se argumenta que el uso de la violencia en la familia tambi&eacute;n tiene consecuencias sobre la seguridad de las personas en el entorno social. La violencia deja huellas emocionales y cognitivas en quienes la han sufrido, produciendo desconfianza en el entorno, sobre todo en quienes representan la autoridad, pues son temibles e impredecibles (Jimeno, 2003b). Esta perspectiva debate argumentos donde se asume a la violencia como un ciclo que condena a la repetici&oacute;n a las personas del medio social donde se ejerce. Las implicaciones cognitivas y emocionales de la violencia sobrepasan la replicaci&oacute;n de la violencia por algunas personas, incluyendo incluso a quienes no la reproducen, pues quien la vive se ve afectado en su manera de concebir las relaciones con los otros y en su percepci&oacute;n sobre la autoridad en la sociedad.</p>      <p>Los actos de violencia est&aacute;n inscritos en valores, orientaciones, motivaciones, creencias, que se aprenden en la vida en sociedad. Por ello, la violencia, como acto social, es moldeada por la cultura particular donde sucede y sucede dentro de relaciones espec&iacute;ficas entre las personas y grupos sociales. Desde esta perspectiva, la cultura se entiende como el sistema de referencia que otorga sentido a los actos cotidianos, a las pr&aacute;cticas y discursos, que cambia con la sociedad y la historia del grupo (Jimeno, 1998). Esta es la perspectiva psicocultural que vale la pena explorar a los estudios para no restringirse a las evidencias emp&iacute;ricas de los efectos de la violencia en la familia, ayudando as&iacute; a formular mejores pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en este campo (Jimeno <i>et al</i>., 2007).</p>      <p>En este breve panorama, para la antropolog&iacute;a la violencia ha sido un significante que se inscribe en el cuerpo y deja marcas en la memoria; as&iacute; como un acto expresivo para ejercer efectivamente la autoridad, que al pasar de los tiempos se convierte en un cron&oacute;topo, hito fundacional o acontecimiento. Tambi&eacute;n ha constituido una marca social para quienes se rebelan contra el statu quo, a la vez que un dispositivo moral que sanea los comportamientos desviados. Se la ha interpretado como desintegradora del orden, caos que contamina y desestructura las comunidades y las personas, generando un trauma en quienes le sobreviven; igualmente, como un ingrediente activo del cambio social, instrumento de control y gobierno, mercanc&iacute;a pol&iacute;tica utilizada por las demagogias, marca de los niveles de enajenaci&oacute;n de los individuos dentro del sistema o met&aacute;fora que ayuda a separar de la racionalidad del embrujo, la afecci&oacute;n de la mente, la descomposici&oacute;n de la sociedad, que ayuda a perder totalmente la cordura.</p>      <p>Este recorrido adem&aacute;s nos muestra c&oacute;mo estas investigaciones se encuentra en una tensi&oacute;n pol&iacute;tica, pues por un lado se plantea una cr&iacute;tica al estado de cosas vigente, que estructura la violencia, mientras se defiende al Estado moderno y democr&aacute;tico como organizaci&oacute;n y sistema con posibilidades para procurar la dignidad de las personas y grupos sociales.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con todo, no sobra se&ntilde;alar el papel pol&iacute;tico de antrop&oacute;logos y antrop&oacute;logas y los riesgos que enfrentan en sus trabajos de campo y el cuidado en el lenguaje para evitar interpretaciones equivocadas que comprometan la seguridad de los autores y de las comunidades que nos comparten sus experiencias y recuerdos (Bourgois, 2003). Ante esto, David Arias (2006) nos recuerda que el quehacer antropol&oacute;gico transita entre lo legal y lo ilegal, entre la complicidad y la autocensura para proteger la vida. En estas condiciones se rompe la noci&oacute;n cl&aacute;sica del nativo y del informante, ya que el investigador que se encuentra inmerso en el conflicto de su propia sociedad no puede apartarse de una obligatoria &laquo;toma de partido&raquo;. Entonces, dentro del contexto de violencia que estudia el antrop&oacute;logo, la politizaci&oacute;n de la investigaci&oacute;n se hace inevitable. Dejamos planteado el inter&eacute;s en sistematizar y reflexionar a&uacute;n m&aacute;s sobre la incidencia pol&iacute;tica del quehacer antropol&oacute;gico en la construcci&oacute;n de naci&oacute;n y sociedad, en el reconocimiento de la diferencia y la singularidad en contextos sociopol&iacute;ticos cada vez m&aacute;s polarizados y dogm&aacute;ticos.</p>      <p>Para finalizar, agradecemos a los y las autoras que participaron en los n&uacute;meros 66 y 67 de esta revista y a los lectores que contribuyeron al exigente proceso de refinamiento de los art&iacute;culos. Igualmente queremos reconocer la amable invitaci&oacute;n para participar como editores a la directora de la revista Consuelo Uribe Mallarino, al editor general Leonardo Montenegro y al Comit&eacute; Editorial, as&iacute; como el agradecer el siempre grato trabajo de coordinaci&oacute;n y seguimiento con H&eacute;ctor Garc&iacute;a.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>  <sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Esta comisi&oacute;n estuvo integrada por Gonzalo S&aacute;nchez, Jaime Arocha, &Aacute;lvaro Camacho, Dar&iacute;o Fajardo, &Aacute;lvaro Guzm&aacute;n, Carlos Eduardo Jaramillo, Carlos Miguel Ortiz, Santiago Pel&aacute;ez, Eduardo Pizarro y el General (r) Luis Alberto Andrade.    <br>  <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Coordinado por el Departamento de Filosof&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      <!-- ref --><p>Abad&iacute;a, C&eacute;sar y Diana Oviedo. 2008. &laquo;Intersubjetividades estructuradas: la salud como dilema epistemol&oacute;gico y pol&iacute;tico para las ciencias sociales&raquo;. <i>Universitas Humanistica</i>. 66: 57-82.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-4807200900010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Abad&iacute;a, C&eacute;sar y Diana Oviedo. 2009. "Bureaucratic Itineraries in Colombia. A theoretical and methodological tool to assess managed-care health care systems". <i>Social Science &amp; Medicine</i>. 68: 1153-1160.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-4807200900010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arias, David. 2006. &laquo;Un trabajo de campo en situaci&oacute;n de conflicto&raquo;, en <i>Cuadernos de los Seminarios</i>. <i>Ensayos de la Maestr&iacute;a en Antropolog&iacute;a</i>. Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-4807200900010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arocha, Jaime, Fernando Cubides y Myriam Jimeno. 1998. &laquo;Introducci&oacute;n&raquo;, en <i>Las violencias: inclusi&oacute;n creciente</i>. Jaime Arocha, Fernando Cubides y Myriam Jimeno (comp.). Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-4807200900010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Barrios, Miguel, Andr&eacute;s G&oacute;ngora y Carlos Jos&eacute; Su&aacute;rez. 2006. <i>&iquest;Derechos deshechos? Modelo de gesti&oacute;n para la garant&iacute;a de los derechos sexuales y reproductivos de ni&ntilde;os, ni&ntilde;as, adolescentes y j&oacute;venes</i>. Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, Uni&oacute;n Europea, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-4807200900010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Blair, Elsa. 2005. <i>Muertes violentas, la teatralizacion del exceso</i>. Medell&iacute;n, Editorial Universidad de Antioquia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-4807200900010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bourgois, Phillipe. 2003. <i>In search of respect: selling crack in El Barrio</i>. Nueva York, Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-4807200900010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Caldeira, Teresa Pires do Rio. 1996. &laquo;La delincuencia y los derechos individuales: redefiniendo la violencia en Am&eacute;rica Latina&raquo;, en <i>Construir la democracia: derechos humanos, ciudadan&iacute;a y sociedad en Am&eacute;rica Latina</i>. Elizabeth Jelin y Eric Hershberg (coords.). Caracas, Ed Nueva Sociedad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-4807200900010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Comaroff, Jean y John Comaroff. 2004. "Law and disorder in the postcolony: An introduction", en Jean Comaroff y John Comaroff (eds.), <i>Law and Disorder in the Postcolony</i>. Chicago, The University of Chicago Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-4807200900010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Comisi&oacute;n de estudios sobre la violencia. 1989. <i>Colombia: violencia y democracia</i>. Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, COLCIENCIAS.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-4807200900010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>G&oacute;ngora, Andr&eacute;s y Carlos Jos&eacute; Su&aacute;rez. 2008. &laquo;Por una Bogot&aacute; sin mugre. Violencia, vida y muerte en la cloaca urbana&raquo;.<i>Universitas Humanistica</i>. 66: 107-138.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-4807200900010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guzm&aacute;n Campos, Germ&aacute;n. 1991. &laquo;Reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre el libro La Violencia en Colombia&raquo;, en <i>Pasado y presente de la violencia en Colombia</i>. Gonzalo S&aacute;nchez y Ricardo Pe&ntilde;aranda (comp.). Bogot&aacute;, Fondo Editorial CEREC.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-4807200900010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Guzm&aacute;n Campos, Germ&aacute;n, Orlando Fals- Borda y Eduardo Uma&ntilde;a Luna. 1962. <i>La Violencia en Colombia: estudio de un proceso social, Tomo I</i>. Bogot&aacute;, Ediciones Tercer Mundo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-4807200900010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jimeno, Myriam, Ismael Rold&aacute;n, David Ospina, Luis Jaramillo, J. Calvo y Sonia Chaparro. 1996. <i>Las sombras arbitrarias. Violencia y autoridad en Colombia</i>. Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-4807200900010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jimeno, Myriam, Ismael Rold&aacute;n, David Ospina, Luis Jaramillo, J. Calvo y Sonia Chaparro. 1998. <i>Violencia cotidiana en la sociedad rural</i>. <i>En una mano el pan y en la otra el rejo</i>. Bogot&aacute;, Universidad Sergio Arboleda.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-4807200900010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jimeno, Myriam. 2003a. &laquo;Unos cuantos piquetitos. Violencia, mente y cultura&raquo;, <i>Palimpsesto 3</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-4807200900010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jimeno, Myriam. 2003b. &laquo;Elementos para un debate sobre la comprensi&oacute;n de la violencia&raquo;. <i>Cuadernos del CES No. 1</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-4807200900010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jimeno, Myriam. 2005. &laquo;La vocaci&oacute;n cr&iacute;tica de la antropolog&iacute;a latinoamericana&raquo;. <i>Ant&iacute;poda</i> 1: 43-65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-4807200900010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Jimeno, Myriam, Andr&eacute;s G&oacute;ngora, Marco Martinez, Carlos Jos&eacute; Su&aacute;rez. 2007. <i>Manes, mansitos y manazos. Una metodolog&iacute;a de trabajo sobre violencia intrafamiliar y sexual</i>. Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-4807200900010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Litwack, Leon. 2004 &#91;2000&#93;. "From Hellhounds", en Phillipe Bourgois y Nancy Scheper-Hughes (eds.), <i>Violence in war and peace</i>. An anthology. Cornwall, Blackwell Publishing.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-4807200900010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lutz, Catherine y Donald Nonini. 2005 &#91;1999&#93;. "The economies of violence and the violence economies", en Henrietta Moore (ed.), <i>Anthropological Theory Today</i>. Cambridge, Polity Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-4807200900010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Malkki, Liisa. 2004. "From Purity and exile: violence, memory and nacional cosmology among hutu refugees in Tazmania", en Phillipe Bourgois y Nancy Scheper-Hughes (eds.), <i>Violence in war and peace. An anthology</i>. Cornwall, Blackwell Publishing.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-4807200900010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mart&iacute;nez, Marco Juli&aacute;n. 2007. &laquo;Etnograf&iacute;a y procesos de cambio social inducido&raquo;. Ponencia presentada en el simposio Cultura, cambio social y &eacute;tica: debates desde la intervenci&oacute;n social, XIII Congreso de Antropolog&iacute;a en Colombia. Bogot&aacute;, 12-16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-4807200900010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mart&iacute;nez, Marco Juli&aacute;n. 2003. &laquo;Paz, modernidad y desarrollo en la construcci&oacute;n de la identidad nacional colombiana: el Gobierno de Andr&eacute;s Pastrana&raquo;, en Andr&eacute;s G&oacute;ngora, Marco Mart&iacute;nez, Claudia Rivera, Manuel Rodr&iacute;guez (eds.), <i>Etnograf&iacute;as contempor&aacute;neas: otros sujetos, otras aproximaciones en la labor antropol&oacute;gica</i>. Bogot&aacute;, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-4807200900010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mbembe, Achille. 2004. "On politics as a form of expenditure", en Jean Comaroff y John Comaroff (eds.), <i>Law and Disorder in the Postcolony</i>. Chicago, The University of Chicago Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-4807200900010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Morris, Rosalind A. 2004. "The mute and the unspeakeble: Political subjetivity, violent crime, and 'the sexual thing'", en Jean Comaroff y John Comaroff (eds.), <i>Law and Disorder in the Postcolony</i>. Chicago, The University of Chicago Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-4807200900010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ortega Mart&iacute;nez, Francisco. 2008. &laquo;Violencia social e historia: el nivel del acontecimiento&raquo;. <i>Universitas Humanistica</i> 66: 31-56.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-4807200900010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Quevedo, Helka. 2008. &laquo;Escuela de la muerte. Una mirada desde la antropolog&iacute;a forense&raquo;. <i>Universitas Humanistica</i> 66: 139-153.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-4807200900010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Reguillo, Susana. 2000. &laquo;La construcci&oacute;n social del miedo. Narrativas y pr&aacute;cticas urbanas&raquo;, en Susana Rotker (ed.), <i>Ciudadan&iacute;as del miedo</i>. Caracas, Nueva Sociedad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-4807200900010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Taylor, Diana. 1997. <i>Disappearing Acts. Spectacles of gender and nacionalism in Argentina's "Dirty War"</i>. Durham, Duke University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-4807200900010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Tilly, Charles. 1985. "War making and state making as organized crime", en Peter Evans, Dietrich Rueschemeyer y Theda Stocpol (eds.), <i>Bringing the State Back In</i>. Cambridge, Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-4807200900010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Uribe, Mar&iacute;a Victoria. 2008. &laquo;De c&oacute;mo el mal se hace pasar por el bien&raquo;. Conferencia dictada en el marco del curso Las Fuentes del Mal, coordinado por el Departamento de Filosof&iacute;a, Universidad Nacional de Colombia. Bogot&aacute;, enero-junio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-4807200900010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Villamil, Catalina. 2007. &laquo;Muerte y sevicia en: "La violencia en Colombia: estudio de un proceso social"&raquo;. Ponencia presentada en el Simposio el Sangrado Coraz&oacute;n: violencia y subjetividad en Colombia, XII Congreso de Antropolog&iacute;a en Colombia. Bogot&aacute;, 12-16 de octubre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-4807200900010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Young, Marion Iris. 2000 &#91;1990&#93;. <i>La Justicia y la pol&iacute;tica de la diferencia</i>. Madrid, Ed. C&aacute;tedra.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-4807200900010000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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