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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Cuestiones raciales y construcci&oacute;n de Naci&oacute;n en tiempos de multiculturalismo</b></font>     <p align="center"><b>Mara Viveros Vigoya<sup>1    <br> </sup></b>Universidad Nacional de Colombia<sup>2    <br> </sup><a target="_blank" href="mailto:mviverosv@unal.edu.co">mviverosv@unal.edu.co</a></p>     <p align="center"><b>Sergio Lesmes Espinel<sup>3    <br> </sup></b>Universidad Nacional de Colombia<sup>4    <br> </sup><a target="_blank" href="mailto:blacktigerfuture@gmail.com">blacktigerfuture@gmail.com</a></p>     <p><sup>1</sup>Doctora en Antropolog&iacute;a de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Par&iacute;s.    <br> <sup>2</sup>Profesora Asociada, Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup>3</sup>Antrop&oacute;logo y Maestrando en Estudios Culturales de la Universidad Nacional de Colombia.    <br> <sup>4</sup>Investigador asociado al Grupo Interdisciplinario de Estudios de G&eacute;nero (GIEG) de la Universidad Nacional de Colombia.</p>     <p>doi:10.11144/Javeriana.UH77.cryc</p> <hr>     <p>La palabra <i>raza </i>fue utilizada de manera corriente y trivial a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX (Hering, 2007; Wade, 2000). Sin embargo, la culpabilidad que suscit&oacute; en Europa el genocidio nazi gener&oacute; un profundo rechazo a su uso y nombrar las diferenciaciones y desigualdades sociales de las que siguen siendo objeto ciertas categor&iacute;as de poblaci&oacute;n, percibidas y tratadas como <i>otras </i>por su apariencia f&iacute;sica u otros rasgos culturales espec&iacute;ficos<sup><a name="s5" href="#5">5</a></sup>, se torn&oacute; un asunto dif&iacute;cil. La introducci&oacute;n de la palabra <i>etnia </i>intent&oacute; resolver las dificultades asociadas al uso del t&eacute;rmino de <i>raza, </i>proponiendo una expresi&oacute;n con menos historia y carga moral, sin implicaciones som&aacute;ticas, &uacute;til para designar grupos humanos definidos por su cohesi&oacute;n social, cuyos lazos pol&iacute;ticos pod&iacute;an ser diversos (Guillaumin, 2010/1992). Sin embargo, no solo no logr&oacute; borrar los presupuestos biogen&eacute;ticos del t&eacute;rmino <i>raza, </i>sino que adopt&oacute; de forma gradual su significado y hoy en d&iacute;a, el uso corriente de la palabra <i>etnia </i>supone impl&iacute;cita o expl&iacute;citamente, el car&aacute;cter hereditario de las diferencias fenot&iacute;picas, culturales y comportamentales.</p>     <p>En el caso de Am&eacute;rica Latina, el espacio pol&iacute;tico concedido a los problemas de <i>raza </i>y racismo fue importante en el momento de conformar las nuevas naciones que debieron lidiar de distintas formas con el dilema que les planteaba la composici&oacute;n racial de sus poblaciones  &mdash;visiblemente mezcladas&mdash; y el deseo y voluntad de acceder a las ventajas del progreso y la civilizaci&oacute;n propios de las naciones modernas. Desde inicios del siglo XX la b&uacute;squeda de soluciones a esta encrucijada abri&oacute; el espacio para la puesta en marcha de pol&iacute;ticas higienistas (Stepan, 1991), programas y medidas de renovaci&oacute;n urbana, incremento del acceso a la educaci&oacute;n y extensi&oacute;n a todos los grupos sociales de los valores ligados a la modernidad.</p>     <p>De manera acorde, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX se dieron transformaciones tendientes a ampliar el proceso de modernizaci&oacute;n y democratizaci&oacute;n de las sociedades latinoamericanas contempor&aacute;neas, con base en distintas concepciones del desarrollo, tanto a nivel local como a nivel internacional. Uno de los principales cambios fue el que llev&oacute; a las redefiniciones constitucionales a finales de la d&eacute;cada de 1980, para dar cuenta de la multiculturalidad de estas sociedades, es decir de su heterogeneidad cultural. La ruptura en el relato de la Naci&oacute;n que introdujeron estas nuevas constituciones es el fruto de la convergencia de intereses de distintos actores e instancias como el Estado, los grupos &eacute;tnicos, el &aacute;mbito acad&eacute;mico, las entidades internacionales como el Banco Mundial y de los requerimientos de los procesos de globalizaci&oacute;n y expansi&oacute;n del capitalismo neoliberal (Rojas y Castillo, 2005; Wade, 2004).</p>     <p>Las nuevas medidas pol&iacute;ticas de reconocimiento de la multiculturalidad y de derechos especiales de grupo con base en la autocton&iacute;a, la ancestralidad o los problemas hist&oacute;ricos de racismo y discriminaci&oacute;n racial, convirtieron estas problem&aacute;ticas en asuntos importantes para las agendas investigativas y de pol&iacute;tica p&uacute;blica e intervenci&oacute;n social (Urrea, Vi&aacute;fara y Viveros, en prensa). As&iacute;, poco a poco empez&oacute; a desarrollarse en Am&eacute;rica Latina un campo de estudios sobre la <i>raza </i>y el racismo y sobre las pol&iacute;ticas y programas sociales destinados a enfrentar la discriminaci&oacute;n racial. En el caso colombiano, muy pocos n&uacute;meros de revistas en ciencias sociales han asumido el riesgo de nombrar las cuestiones raciales como elemento central de las reflexiones que publican. En esta oportunidad, la revista <i>Universitas Human&iacute;stica </i>n&uacute;mero 77 acept&oacute; esta responsabilidad al hacer una convocatoria en torno a los v&iacute;nculos de las cuestiones raciales con la construcci&oacute;n de Naci&oacute;n.</p>     <p>La pertinencia social y acad&eacute;mica de este n&uacute;mero monogr&aacute;fico tiene que ver, en primer lugar, con los aportes que hace al an&aacute;lisis de los efectos de las redefiniciones de las identidades nacionales como multiculturales y pluri&eacute;tnicas en la comprensi&oacute;n de lo racial. En segundo lugar, con la posibilidad que ofrece de entender fen&oacute;menos como el surgimiento de pol&iacute;ticas de acci&oacute;n afirmativa, que en su conjunto han reconfigurado el sentido de lo racial y su lugar en los debates p&uacute;blicos. Tercero, en tanto ofrece el examen de la relaci&oacute;n entre el desarrollo hist&oacute;rico de las ciencias sociales en Am&eacute;rica Latina y la <i>raza </i>como categor&iacute;a anal&iacute;tica. Cuarto, con su capacidad de documentar, mediante trabajos emp&iacute;ricos, la forma en que se ejerce y se experimenta el racismo estructural y cotidiano contra las poblaciones racializadas como <i>indias </i>o <i>negras </i>en distintos &aacute;mbitos, como el de las aulas escolares, los medios de comunicaci&oacute;n, las representaciones art&iacute;sticas y muse&iacute;sticas y los espacios laborales. Finalmente, en cuanto muestra la forma articulada en que opera la dominaci&oacute;n racial con la dominaci&oacute;n de clase y de g&eacute;nero, apuntal&aacute;ndose mutuamente y creando exclusiones.</p>     <p>No sobra precisar el uso que hacen de la categor&iacute;a <i>raza </i>los distintos trabajos presentados. Con sus respectivos matices, cada uno de ellos emplea la <i>raza </i>como un concepto hist&oacute;rico, elaborado social, cultural y contextualmente y como una construcci&oacute;n ideol&oacute;gica que nunca ha existido fuera del marco de inter&eacute;s de los distintos grupos concernidos (Essed, 1991). Aqu&iacute;, la <i>raza </i>no es asumida como un rasgo ontol&oacute;gico de la organizaci&oacute;n humana sino como un concepto clasificatorio &uacute;til para crear unidades y diferencias en t&eacute;rminos de <i>nosotros </i>y <i>ellos </i>en las que intervienen otros factores como la clase, el g&eacute;nero y la sexualidad. De este modo, se convierte en una categor&iacute;a social de gran labilidad, pero de gran eficacia y poder que orienta comportamientos discriminatorios y al mismo tiempo funda identidades que pueden ser politizadas.</p>     <p><font size="3"><b>La raza, el multiculturalismo y la construcci&oacute;n de Naci&oacute;n</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El multiculturalismo entendido como r&eacute;gimen de comprensi&oacute;n y gobierno de las diferencias, ha sido un vector pol&iacute;tico dinamizador de las identidades colectivas e individuales en Am&eacute;rica Latina, as&iacute; como del modo en que son comprendidas y reguladas las diferencias y por lo tanto, las pertenencias al tejido de la Naci&oacute;n. Uno de sus objetivos principales es el reconocimiento de la multiplicidad y diversidad de grupos &eacute;tnicos que habitan la Naci&oacute;n y de la heterogeneidad de las culturas que la componen, en contraposici&oacute;n con los presupuestos decimon&oacute;nicos universalistas de <i>un solo pueblo, una sola lengua y una sola religi&oacute;n.</i></p>     <p>El reconocimiento de estas diferencias &eacute;tnicas y culturales ha generado fuertes tensiones y debates -de diferente matiz en cada uno de los pa&iacute;ses- en torno a los requerimientos exigidos por los Estados y aplicados por ellos para otorgar dicho reconocimiento<sup><a name="s6" href="#6">6</a></sup>. En el caso colombiano, desde la implementaci&oacute;n jur&iacute;dica del multiculturalismo en 1991, este r&eacute;gimen de gobierno de las diferencias ha tenido un fundamento &eacute;tnico que ha llevado al Estado a ajustar sus pol&iacute;ticas p&uacute;blicas a un modelo de comprensi&oacute;n de todas las diferencias en t&eacute;rminos de identidades &eacute;tnicas. Igualmente, ha apelado a la comprensi&oacute;n de estas como esencias auto-contenidas y est&aacute;ticas que es necesario corroborar a trav&eacute;s de <i>tests de identidad </i>o de lo que Manuel G&oacute;ngora denomina en este n&uacute;mero de la revista como un <i>check listing<sup><a name="s7" href="#7">7</a></sup>.</i></p>     <p>El modelo multicultural se funda tambi&eacute;n en la idea o pretensi&oacute;n de que toda diferencia se encuentra definida en torno a un &uacute;nico vector de diferenciaci&oacute;n (la etnicidad, el g&eacute;nero, la edad, etc.), ignorando la imbricaci&oacute;n de las relaciones de poder y las experiencias de personas que se encuentran en la intersecci&oacute;n de distintas opresiones como se&ntilde;alan los trabajos de Osmundo Pinho, Pietro Pisano, Rafael Hern&aacute;ndez y Klara Hellebrandov&aacute; en el presente n&uacute;mero, al referirse al modo en que el g&eacute;nero, la clase y la <i>raza </i>se apuntalan mutuamente. Tanto la ideolog&iacute;a del mestizaje como el multiculturalismo -en sus distintas versiones latinoamericanas- han encubierto no solo din&aacute;micas de <i>racializaci&oacute;n<sup><a name="s8" href="#8">8</a></sup> </i>viejas y estructurales, sino tambi&eacute;n el car&aacute;cter articulado del funcionamiento de estos &oacute;rdenes de poder. En Am&eacute;rica Latina la raza como un todo ha sido concebida y estructurada a trav&eacute;s de las relaciones sexuales. Los discursos, representaciones y pr&aacute;cticas en torno al sexo y al g&eacute;nero han sido modelados por el orden racial (Wade, 2009).</p>     <p>La adopci&oacute;n del multiculturalismo, como forma de gesti&oacute;n de la pluralidad cultural de las sociedades latinoamericanas, tiene como prop&oacute;sito reducir las desigualdades entre los distintos grupos &eacute;tnicos que las conforman y proteger sus derechos (Hall, 2001). Para tal objeto, ha proporcionado un conjunto de dispositivos legales que convierten la ancestralidad y la cultura en apuestas pol&iacute;ticas, pero evita referirse a las cuestiones raciales como elementos de exclusi&oacute;n social, privilegiando as&iacute; sus aspectos &eacute;tnicos y culturales. Al hacerlo, deja por fuera no solo gran parte de las problem&aacute;ticas de la poblaci&oacute;n negra o ind&iacute;gena urbana, sino tambi&eacute;n el cuestionamiento del racismo que estructura las principales instituciones y &aacute;reas de poder, como lo demuestran los estudios realizados en Colombia por Hellebrandov&aacute;, Quintero, Pisano, Botero y Gonzalez<sup><a name="s9" href="#9">9</a></sup>. En este sentido el multiculturalismo no ha constituido, como podr&iacute;a hacerlo seg&uacute;n Hall (2001), un desaf&iacute;o para el sentido com&uacute;n racializado, sus categor&iacute;as y supuestos.</p>     <p>Cabe preguntarse si las sociedades latinoamericanas son o no racistas y si lo son, de qu&eacute; manera. Durante muchos a&ntilde;os, intelectuales y l&iacute;deres pol&iacute;ticos latinoamericanos se&ntilde;alaron que el racismo era un problema de otros pa&iacute;ses como Estados Unidos o Sud&aacute;frica, donde la segregaci&oacute;n y violencia racial hab&iacute;an marcado sus historias, o era entendido como un asunto del pasado que el proceso de mestizaje de sus poblaciones hab&iacute;a tornado irrelevante (Wade, 2009; Pisano, 2012). Igualmente, se consideraba que las &uacute;nicas diferencias significativas para el ordenamiento social eran las de clase, ya que si bien se aceptaba que las clases sociales ten&iacute;an color, se argumentaba que estas no eran homog&eacute;neas racialmente. Por otra parte, se pensaba que las categor&iacute;as raciales no defin&iacute;an las interacciones cotidianas entre sus habitantes. Sin embargo, trabajos recientes (Urrea <i>et al., </i>en prensa) han permitido documentar los estrechos v&iacute;nculos existentes en Am&eacute;rica Latina entre las desigualdades de clase y <i>raza, </i>y la persistencia del racismo estructural y cotidiano contra ciertas personas racializadas como indias o negras, empero el reconocimiento oficial de la diversidad &eacute;tnica.</p>     <p>Asimismo es importante subrayar que lo que se encuentra en juego en este nuevo marco es la posibilidad de articular la defensa de los derechos culturales a la lucha por los derechos econ&oacute;micos. La exigencia de reconocimiento de las identidades &eacute;tnicas por parte de ind&iacute;genas y afrocolombianos al&iacute;a la b&uacute;squeda de admisi&oacute;n de sus implicaciones concretas con el autogobierno de sus territorios colectivos y con la defensa de nociones y pr&aacute;cticas <i>otras </i>de desarrollo y bienestar. Dicho de otra manera, el dilema que plantea la multiculturalidad (entendida como una situaci&oacute;n concreta) a la sociedad colombiana, no es solo una cuesti&oacute;n de reconocimiento y redistribuci&oacute;n, sino tambi&eacute;n de disputa y coexistencia de diversas concepciones sobre la producci&oacute;n y distribuci&oacute;n social de la riqueza. La instrumentalizaci&oacute;n del discurso multicultural -ya sea en forma esencialista o no- por parte de los distintos grupos &eacute;tnicos reconocidos, les ha abierto posibilidades y argumentos de fondo para exigir su leg&iacute;timo derecho a la tierra, desafiando muchas veces al Estado colombiano y a los capitales nacionales e internacionales.</p>     <p>En Am&eacute;rica Latina, el multiculturalismo ha sido adoptado y entendido de diversas maneras. Por una parte, pa&iacute;ses de la regi&oacute;n andina como Chile y Colombia (y en cierta medida Per&uacute;) han acogido pol&iacute;ticas de acci&oacute;n afirmativa bajo el modelo multiculturalista norteamericano -en el que la identidad se preserva como un bien econ&oacute;mico preciado y al mismo tiempo como una condici&oacute;n fija y est&aacute;tica- que priorizan el acceso a la educaci&oacute;n de las minor&iacute;as &eacute;tnicas y raciales. En contraposici&oacute;n, pa&iacute;ses como Bolivia y Ecuador han implementado medidas de corte intercultural que se oponen al modelo norteamericano con pol&iacute;ticas redistributivas m&aacute;s acordes a las necesidades locales.</p>     <p>En la bibliograf&iacute;a cr&iacute;tica especializada sobre el tema del multiculturalismo tambi&eacute;n se ha sugerido que en este contexto, la celebraci&oacute;n de las diferencias ha permitido operar complejas estrategias de comercializaci&oacute;n de la identidad y las diferencias a trav&eacute;s de su estetizaci&oacute;n o folklorizaci&oacute;n. Los art&iacute;culos presentados por Wahren, Botero y Gonz&aacute;lez analizan la forma en que las exposiciones de los museos y las conmemoraciones festivas incorporan las diferencias &eacute;tnico-raciales en el relato nacional. Estos textos ponen en discusi&oacute;n el problema de la representaci&oacute;n del <i>otro </i>(negro o ind&iacute;gena), en t&eacute;rminos de una celebraci&oacute;n folklorizada de sus diferencias; tambi&eacute;n polemizan el tema de la exclusi&oacute;n de su voz y agencia en dicha representaci&oacute;n. Wahren describe los usos y representaciones -que hicieron las &eacute;lites <i>indigenistas </i>de la Paz durante la primera mitad del siglo XX- de <i>lo ind&iacute;gena </i>como sin&oacute;nimo de lo tradicional y como alma de la Naci&oacute;n boliviana, a trav&eacute;s de un evento particular: la celebraci&oacute;n de la semana indianista de 1931. Mientras tanto, Botero y Gonz&aacute;lez estudian los efectos de incluir la diferencia &eacute;tnico-racial afrocolombiana en los lineamientos de dos exposiciones realizadas por el Museo Nacional de Colombia durante la primera d&eacute;cada del siglo XXI.</p>     <p>Las reflexiones de Wahren, Botero y Gonz&aacute;lez se encuentran ubicadas en dos momentos hist&oacute;ricos diferentes: las primeras, en el periodo de redefinici&oacute;n regional de las identidades nacionales en torno al indoamericanismo; las segundas en el contexto del multiculturalismo en vigor. Sin embargo, pese a estas diferencias temporales, los dos trabajos nos permiten apreciar un <i>continuum </i>hist&oacute;rico en la instrumentalizaci&oacute;n de las diferencias raciales. En el caso boliviano de principios del siglo XX, la estetizaci&oacute;n de la imagen del indio y particularmente del pasado ligado al hipot&eacute;tico imperio del Tiahuanaco-Huari, fue utilizada para proyectar un origen profundo de la Naci&oacute;n boliviana mientras se buscaba neutralizar la agencia de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena existente. Esta folklorizaci&oacute;n del indio fue implementada adem&aacute;s con el objeto de fijarlo en un lugar determinado: como vestigio del pasado, como elemento que singularizaba la Naci&oacute;n boliviana a los ojos extranjeros y como figura decorativa que requer&iacute;a ser estilizada para poder hacer parte del relato de la nueva y joven Naci&oacute;n.</p>     <p>En el caso colombiano, el reconocimiento actual de una <i>etnicidad afrocolombiana, </i>por parte de instituciones como el Museo Nacional, oper&oacute; en el marco de tensiones entre el deseo de resaltar el car&aacute;cter pluri&eacute;tnico y multicultural de la Naci&oacute;n y la necesidad de responder a las demandas internacionales de mercantilizaci&oacute;n y patrimonializaci&oacute;n promovidas por agencias como la UNESCO. Las autoras se&ntilde;alan adem&aacute;s, que estas demandas operan como instrumentos de gobierno de <i>los otros </i>que alteran la din&aacute;mica propia de estas culturas al insertarlas en relaciones econ&oacute;micas funcionales a las industrias culturales y el turismo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Las pol&iacute;ticas y el debate en torno a la acci&oacute;n afirmativa y a las cuotas en la educaci&oacute;n superior</b></font></p>     <p>La Conferencia Mundial contra el Racismo realizada en Durban en el a&ntilde;o 2001 puso en el centro de los debates el tema de la <i>esclavizaci&oacute;n, </i>la <i>trata </i>y <i>tr&aacute;fico transatl&aacute;ntico </i>como cr&iacute;menes de lesa humanidad. Esta preocupaci&oacute;n suscit&oacute; inter&eacute;s en los temas de la memoria colectiva y las reparaciones que hab&iacute;an estado ausentes hasta entonces. En este contexto surgieron las discusiones sobre las <i>afro-reparaciones, </i>las acciones afirmativas y las cuotas en la educaci&oacute;n superior para los grupos vistos en clave de minor&iacute;as (C&aacute;rdenas, 2012; Mosquera y Barcelos, 2007).</p>     <p>La aplicaci&oacute;n de pol&iacute;ticas de cuotas o de acci&oacute;n afirmativa en Am&eacute;rica Latina ha respondido a una confrontaci&oacute;n entre modelos <i>imperiales </i>como el estadounidense y modelos locales de gesti&oacute;n y gobierno de las diferencias. Sin embargo, pese al lugar central que ocupan los Estados Unidos en relaci&oacute;n con las pol&iacute;ticas de acci&oacute;n afirmativa, es necesario precisar, como lo hace G&oacute;ngora, que estas no nacieron all&iacute; como efecto del movimiento de los Derechos Civiles, ya que pa&iacute;ses como India, Sud&aacute;frica, Pakist&aacute;n, Indonesia, Malasia y Bangladesh hab&iacute;an desarrollado previamente pol&iacute;ticas exitosas de acci&oacute;n afirmativa hacia ciertas minor&iacute;as &eacute;tnicas y/o religiosas.</p>     <p>Se puede resaltar adem&aacute;s, que el modelo norteamericano de cuotas se encuentra articulado con pol&iacute;ticas de focalizaci&oacute;n y reducci&oacute;n de la inversi&oacute;n social. Estas convierten a ciertos grupos poblacionales en objetos de intervenci&oacute;n social con el prop&oacute;sito de que su <i>vulnerabilidad </i>no les impida ingresar al mercado. En consecuencia, en el caso de Chile y Colombia las pol&iacute;ticas de focalizaci&oacute;n no solo cuentan con el apoyo de &oacute;rganos gubernamentales encargados de validar la pertenencia &eacute;tnico/racial de quienes son beneficiarios de tales pol&iacute;ticas, sino que adem&aacute;s se han concentrado en el sector educativo, considerado un motor del desarrollo y cualificaci&oacute;n del capital humano.</p>     <p>A prop&oacute;sito de la cuesti&oacute;n educativa, Luanda Sito llama la atenci&oacute;n sobre las discusiones p&uacute;blicas que se dieron en Brasil en torno a la aplicaci&oacute;n de pol&iacute;ticas de acci&oacute;n afirmativa para el ingreso a la educaci&oacute;n superior de personas negras e ind&iacute;genas. Con base en un riguroso an&aacute;lisis cr&iacute;tico del discurso de dos manifiestos elaborados por intelectuales brasile&ntilde;os, su art&iacute;culo identifica perspectivas antag&oacute;nicas sobre las pol&iacute;ticas de acci&oacute;n afirmativa que expresan ideas o proyectos de Naci&oacute;n muy distintos. Uno de ellos presume la igualdad con base en una pretendida homogeneidad del cuerpo social como algo dado de antemano y el otro reconoce las relaciones hist&oacute;ricas de desigualdad social y la equidad como una aspiraci&oacute;n que puede realizarse por la v&iacute;a de las acciones afirmativas.</p>     <p>La perspectiva opositora a las cuotas se caracteriza por su resistencia a reconocer que la educaci&oacute;n superior es un campo hist&oacute;ricamente racializado, en un pa&iacute;s, supuestamente democr&aacute;tico en t&eacute;rminos raciales. Sus seguidores le atribuyen a las acciones afirmativas el poder de crear e instituir la divisi&oacute;n racial, haciendo existir la raza como una condici&oacute;n inseparable de las personas y de hacer operar el racismo como pol&iacute;tica de Estado, obligando a este &uacute;ltimo a responder a las demandas de quienes reclamen una particularidad concreta. En la perspectiva opuesta, favorable a las pol&iacute;ticas de cuotas raciales, se percibe el efecto del multiculturalismo no solo por el reconocimiento que hace de las diferencias, sino tambi&eacute;n por la comprensi&oacute;n que ofrece de la necesidad de reparar las inequidades hist&oacute;ricas que se le asocian y del papel que le concierne al Estado en dichas reparaciones.</p>     <p>Estas divergencias en torno a las pol&iacute;ticas de acci&oacute;n afirmativa revelan las dificultades de nombrar la <i>raza, </i>as&iacute; sea con el fin de visibilizar sus efectos sociales concretos. Tampoco es f&aacute;cil determinar hasta qu&eacute; punto puedan ser progresistas las pol&iacute;ticas de acci&oacute;n afirmativa -como lo percibimos a primera vista- o cu&aacute;nto responden a intereses y a modelos imperiales de gesti&oacute;n de las relaciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas internacionales, como lo sugiere el an&aacute;lisis de G&oacute;ngora.</p>     <p>Por otra parte, algunos trabajos como los de Oscar Quintero aportan valiosos elementos de informaci&oacute;n que permiten entender c&oacute;mo se manifiestan cotidianamente las discriminaciones y el racismo en la educaci&oacute;n superior y cu&aacute;les son sus efectos &quot;en la reproducci&oacute;n de las desigualdades educativas y sociales que afectan a las distintas minor&iacute;as racializadas en Colombia&quot;. Su estudio permite documentar las inequidades que buscan reparar las pol&iacute;ticas de acci&oacute;n afirmativa en las universidades. De esta manera, tiende el puente entre dos tipos de reflexi&oacute;n que han permanecido inconexas. De un lado, las que giran en torno a los aspectos legales de la implementaci&oacute;n de las cuotas en las universidades o los argumentos que se utilizan para justificarlas o censurarlas, como lo plantea la reflexi&oacute;n de Luanda Sito. De otro lado, las que describen y analizan el car&aacute;cter racializado del entorno universitario que se busca transformar y sus efectos, tanto en las subjetividades de las y los estudiantes racializados como en la reproducci&oacute;n de las desigualdades sociales, como en el caso de Quintero.</p>     <p>La investigaci&oacute;n de Oscar Quintero pone en evidencia los l&iacute;mites del <i>ethos </i>universalista sobre el cual se ha erigido hist&oacute;ricamente la Universidad, una instituci&oacute;n eminentemente meritocr&aacute;tica que no percibe las discriminaciones que se producen y reproducen en su interior. Para lograr desmitificar este presupuesto, Quintero acude a estrategias metodol&oacute;gicas que le permiten visibilizar la sutileza y el car&aacute;cter repetitivo de los mecanismos a trav&eacute;s de los cuales opera el racismo cotidiano hasta volver familiares y por ello imperceptibles, las discriminaciones raciales de las que son objeto las y los estudiantes universitarios en Colombia. Es indispensable tener en cuenta dichas discriminaciones, pues no basta poner en marcha acciones afirmativas si no se acompa&ntilde;an de programas y estrategias tendientes a erosionar el racismo que sigue existiendo de manera sostenida y foment&aacute;ndose en las universidades e instituciones educativas. El &eacute;xito de estas pol&iacute;ticas depender&aacute; en gran parte de su capacidad cuestionadora y transformadora de los entornos educativos en espacios sociales democr&aacute;ticos e incluyentes.</p>     <p><font size="3"><b>Las dimensiones de clase, g&eacute;nero y sexualidad de la <i>raza</i></b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las modalidades actuales de reconocimiento multicultural en el marco del neoliberalismo invisibilizan la persistente e hist&oacute;rica  racializaci&oacute;n de las relaciones sociales en Am&eacute;rica Latina. Los art&iacute;culos de Pietro Pisano y Rafael Alonso Hern&aacute;ndez problematizan en distintos contextos espaciales y temporales la racializaci&oacute;n de la clase. Pisano analiza las representaciones del ascenso social de las personas negras en varias publicaciones seriadas colombianas desde mediados del siglo XX hasta el presente. Sus resultados expresan el relativo fracaso o inadecuaci&oacute;n de sus trayectorias de ascenso a los valores y al <i>ethos </i>de las clases medias, que son al mismo tiempo racializadas como blancas o mestizas.</p>     <p>Por su parte, Hern&aacute;ndez estudia los procesos de jerarquizaci&oacute;n racial que operan en las relaciones laborales en la regi&oacute;n de Jalisco, norte de M&eacute;xico, en medio de la bonanza econ&oacute;mica que ha generado la producci&oacute;n del Tequila. Este autor se&ntilde;ala la sobreexplotaci&oacute;n, marginaci&oacute;n y estereotipaci&oacute;n de las cuales son objeto los jornaleros chiapanecos por parte de los pobladores locales de Jalisco, los alte&ntilde;os. Con base en una arbitraria definici&oacute;n &eacute;tnico-racial, estos se consideran a s&iacute; mismos como supuestos portadores de valores que resaltan las ra&iacute;ces cat&oacute;licas, hisp&aacute;nicas y blanco-mestizas o criollas de la nacionalidad mexicana, mientras que desprecian la mano de obra ind&iacute;gena, que migra desde el sur (principalmente desde Chiapas), percibida como clase operaria de segunda o tercera categor&iacute;a.</p>     <p>Pisano ubica su reflexi&oacute;n en el marco de la ideolog&iacute;a del mestizaje para mostrarnos que la pertenencia a la clase media se encontraba determinada racialmente y legitimada como blanco-mestiza. Las posibilidades que ten&iacute;an en ese periodo las personas negras de adecuarse a los valores de la clase media eran muy limitadas si tenemos en cuenta, como se&ntilde;ala el autor, que las asociaciones entre ser negro y ser pobre, al igual que las sospechas de incapacidad que generaba el color de la piel, se manten&iacute;an incluso en los casos de ascenso social.</p>     <p>El estudio de Hern&aacute;ndez se sit&uacute;a en un periodo marcado por el multiculturalismo y por los continuos flujos migratorios internacionales y nacionales ligados a la globalizaci&oacute;n. Este trabajo nos permite apreciar la continuidad hist&oacute;rica de las formas de racializaci&oacute;n negativa que pesan sobre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, la cual, no solo se opone al empresariado tequilero blanco-mestizo, sino tambi&eacute;n al proletariado blanco-mestizo de la regi&oacute;n de Jalisco. Seg&uacute;n el autor, los alte&ntilde;os se identifican como portadores de una cultura local que alberga los valores m&aacute;s profundos de la mexicanidad, particularmente los asociados a la hispanidad y a su relaci&oacute;n particular con la <i>vida de campo. </i>En este sentido, la reflexi&oacute;n de Hern&aacute;ndez permite apreciar la racializaci&oacute;n del espacio que en este caso se expresa a trav&eacute;s de la oposici&oacute;n entre el sur local (Chiapas) y el norte local (Jalisco), reproduciendo estructuras de valores jerarquizadas de cu&ntilde;o colonial.</p>     <p>Estos dos estudios revelan la existencia de formas abiertas de discriminaci&oacute;n racial que contradicen los presupuestos de la ideolog&iacute;a de la democracia racial que comparte buena parte de las naciones latinoamericanas. Las formas de racismo que estructuran las jerarqu&iacute;as de clase, haciendo que tanto negros como indios ocupen lugares sociales subalternos perviven tanto en el <i>asimilacionismo </i>del mestizaje como en el reconocimiento multiculturalista. Esto ha sido corroborado recientemente por la encuesta PERLA, aplicada en M&eacute;xico, Per&uacute;, Colombia y Brasil, al demostrar que efectivamente las clases populares tienden a estar m&aacute;s representadas estad&iacute;sticamente en los grupos<i> pardos </i>o de <i>piel m&aacute;s oscura. </i>Lo <i>pardo </i>y la <i>pobreza, </i>al coincidir estad&iacute;sticamente, terminan por confortar el sentido com&uacute;n racializado (Urrea <i>et al., </i>en prensa).</p>     <p>Tres de los art&iacute;culos del presente n&uacute;mero responden a las preguntas de la convocatoria de la revista en torno a las articulaciones de raza, clase, g&eacute;nero y sexualidad. Klara Hellebrandov&aacute; por ejemplo, se&ntilde;ala con pertinencia que la legislaci&oacute;n y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas colombianas que buscan responder a las demandas de la poblaci&oacute;n afrocolombiana no mencionan a las mujeres de manera espec&iacute;fica y que las leyes que buscan protegerlas de la violencia, las definen siempre como miembros de un grupo homog&eacute;neo. De esta manera desconocen las especificidades de los procesos hist&oacute;ricos de racializaci&oacute;n de que han vivido, as&iacute; como las particularidades de las violencias sufridas por las mujeres afrocolombianas. Las experiencias de estas mujeres, estructuradas en la intersecci&oacute;n del racismo y del sexismo, quedan simult&aacute;neamente excluidas de las pol&iacute;ticas &eacute;tnico-raciales y de las pol&iacute;ticas de g&eacute;nero y sexualidad del Estado. Situaciones como estas ponen de presente la importancia y la necesidad de abordar el tema de la <i>raza </i>desde una perspectiva interseccional<sup><a name="s10" href="#10">10</a></sup>.</p>     <p>Otro &aacute;mbito que ilustra la forma en que se refuerzan mutuamente estos dos &oacute;rdenes de dominaci&oacute;n es el de la belleza, como lo muestra su an&aacute;lisis del proyecto &quot;Blanco Porcelana&quot; de la artista pl&aacute;stica Margarita Ariza. Este proyecto sobre las pr&aacute;cticas cotidianas del blanqueamiento en Colombia visibiliza en primer lugar, el efecto desproporcionado del ideal de belleza blanca sobre las mujeres colombianas, convirtiendo en sin&oacute;nimos de belleza, la blancura y en segundo lugar, la persistencia de la aspiraci&oacute;n a esta al interior de las familias colombianas. Es evidente que dicho anhelo no puede concretarse sin un control de la sexualidad de las mujeres blancas o sin la b&uacute;squeda de alianzas con personas de piel m&aacute;s clara, dos mecanismos biopol&iacute;ticos que favorecen y fortalecen la perpetuaci&oacute;n del racismo en la sociedad colombiana. La constituci&oacute;n de los patrones est&eacute;ticos en torno a la blancura es el producto del estrecho entrelazamiento de las din&aacute;micas raciales, sexuales y de g&eacute;nero.</p>     <p>Osmundo Pinho aborda el asunto de las intersecciones de <i>raza </i>y g&eacute;nero desde otro &aacute;ngulo: el de la formaci&oacute;n de las identidades raciales brasileras y particularmente, el de las relaciones que establecen los j&oacute;venes negros de sectores populares con el &aacute;mbito escolar.</p>     <p>Esto le permite considerar las masculinidades como configuraciones e identidades de g&eacute;nero que operan en contextos estructurados por las desigualdades raciales y de clase, en los cuales la escuela, como instituci&oacute;n promotora de movilidad social, surte muy poco efecto.</p>     <p>A partir de una investigaci&oacute;n exploratoria de corte cualitativo con j&oacute;venes en dos ciudades del Estado de Bah&iacute;a, sobre experiencias y perspectivas ligadas a la educaci&oacute;n, Pinho describe y analiza la escuela y las aulas de clase como espacios que propician la construcci&oacute;n intersubjetiva de las identidades de g&eacute;nero. Por otra parte, muestra las actitudes diferenciadas de los padres y las madres frente a la educaci&oacute;n de los hijos e hijas y llega a la conclusi&oacute;n de que en los sectores populares de estas dos ciudades, el cuidado de la educaci&oacute;n de los hijos es un asunto femenino y que el buen comportamiento, en t&eacute;rminos generales y m&aacute;s a&uacute;n en la escuela, no es una cuesti&oacute;n de <i>machos.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los resultados del trabajo de Pinho conducen a pensar que la escuela es una instituci&oacute;n desvalorizada por los hombres j&oacute;venes, mientras que para las mujeres j&oacute;venes representa un escenario de realizaci&oacute;n y &eacute;xito acad&eacute;mico, sin que esto signifique que ellas vayan a tener mayores ingresos que ellos en el mundo laboral. La constataci&oacute;n de esta devaluaci&oacute;n de la instituci&oacute;n escolar es particularmente preocupante en el caso de los j&oacute;venes negros, ya que estos ocupan, seg&uacute;n lo confirman los datos estad&iacute;sticos disponibles, los &uacute;ltimos pelda&ntilde;os de la escala de desempe&ntilde;o escolar y van a sufrir todas las graves consecuencias sociales de un comportamiento que los aleja de las posibilidades de movilidad social. El abordaje a las dimensiones de g&eacute;nero de la experiencia racializada de estos j&oacute;venes es lo que permite descifrar parcialmente lo que Osmundo Pinho llama &quot;el enigma del fracaso escolar de los j&oacute;venes negros de los sectores populares&quot;.</p>     <p>El estudio de Pietro Pisano sobre las representaciones medi&aacute;ticas de los itinerarios de ascenso social de algunos personajes negros, femeninos y masculinos, de la segunda mitad del siglo XX, enfatiza la forma en que las representaciones de clase se articulan con las de <i>raza </i>y de g&eacute;nero. El an&aacute;lisis de estos entrecruzamientos le permite dar cuenta de varios elementos con mayor precisi&oacute;n: las especificidades de g&eacute;nero que siguieron estas trayectorias; los elementos valorados y censurados de estos procesos por la sociedad mayor con base en estereotipos racistas; y finalmente, los dilemas que enfrentaron ellas y ellos para insertarse en sectores sociales de clase media, regulados por normas y valores con una fuerte impronta blanca. En este caso, como en el trabajo de Hellebrandov&aacute;, el t&eacute;rmino <i>blanco </i>no designa &uacute;nicamente un fenotipo racial, sino tambi&eacute;n las cualidades de clase y g&eacute;nero que se le atribuyen (Viveros, 2013). Como nos recuerda Pisano, tanto <i>la mujer </i>y <i>el hombre modernos, </i>independientemente de los significados atribuidos a estas categor&iacute;as, fueron siempre representados en los medios de comunicaci&oacute;n como personas blancas de clase media o alta.</p>     <p>Revistas como <i>Cromos, </i>por su continuidad en el tiempo, se convierten en fuentes testimoniales del discurso producido por las &eacute;lites y de sus imaginarios y estereotipos sobre las personas negras, m&aacute;s all&aacute; de la posici&oacute;n que ocuparon en el espacio social colombiano. La articulaci&oacute;n de los prejuicios raciales, de clase y de g&eacute;nero explican en gran parte los fuertes obst&aacute;culos que enfrentaron las personas negras que a mitad y finales el siglo XX alcanzaron renombre, ya sea en el campo del deporte, las artes, el modelaje o el ejercicio de una profesi&oacute;n liberal, como el derecho. Cada uno de estos personajes desarroll&oacute; t&aacute;cticas y estrategias diferenciadas con base en los recursos culturales, sociales y personales de los que dispon&iacute;a para hacerse aceptar por una sociedad <i>pigmentocr&aacute;tica </i>e imbuida de prejuicios, pese a su discurso celebratorio del mestizaje.</p>     <p><font size="3"><b>El lugar de la raza en las ciencias sociales latinoamericanas</b></font></p>     <p>En Am&eacute;rica Latina la relaci&oacute;n de las ciencias sociales con la <i>raza </i>como categor&iacute;a anal&iacute;tica como se ha mencionado, ha sido muy compleja por diversas razones: la <i>anatemizaci&oacute;n </i>que sufri&oacute; esta categor&iacute;a despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial; la generalizaci&oacute;n del paradigma marxista de la clase como fundamento de todas las desigualdades sociales; y finalmente, la ideolog&iacute;a del mestizaje que invisibiliz&oacute; por mucho tiempo las desigualdades ligadas a la <i>raza. </i>Estos tres factores, la censura del uso de la categor&iacute;a <i>raza, </i>la hegemon&iacute;a del paradigma marxista y la ideolog&iacute;a del mestizaje explican el hecho de que solo hasta fechas recientes haya ganado visibilidad el campo de los estudios raciales, que ven&iacute;a abri&eacute;ndose paso desde la d&eacute;cada de 1970 en los trabajos de algunos cient&iacute;ficos sociales.</p>     <p>La conformaci&oacute;n de este campo ha supuesto la asunci&oacute;n de la idea de que los &uacute;nicos portadores de una diferencia cultural son los ind&iacute;genas; se presum&iacute;a que a los <i>negros, </i>la trata y la esclavizaci&oacute;n les hab&iacute;an arrebatado todos sus valores culturales. En consecuencia, se organiz&oacute; una divisi&oacute;n del trabajo en las ciencias sociales que naturaliz&oacute; la etnicidad como la categor&iacute;a m&aacute;s pertinente para el estudio antropol&oacute;gico de los ind&iacute;genas (Comaroff y Comaroff, 2009) mientras la <i>raza </i>fue percibida como la m&aacute;s adecuada para el estudio de las poblaciones negras, definidas por su apariencia f&iacute;sica.</p>     <p>El art&iacute;culo de Ver&oacute;nica Renata L&oacute;pez presente en el actual n&uacute;mero, da cuenta de la enorme dificultad que ha experimentado la antropolog&iacute;a mexicana para decodificar la cuesti&oacute;n ind&iacute;gena desde una perspectiva decolonial, con la cual sea posible apreciar los procesos de racializaci&oacute;n de la sociedad mexicana que pesan con mayor carga negativa sobre los pueblos ind&iacute;genas. Hasta antes de la d&eacute;cada de 1970, la comprensi&oacute;n antropol&oacute;gica de la cuesti&oacute;n ind&iacute;gena en M&eacute;xico estuvo sujeta a dos paradigmas. De una parte, al discurso del mestizaje como proyecto nacional en el cual <i>lo ind&iacute;gena </i>era entendido como un remanente del pasado de la Naci&oacute;n al tiempo que un obst&aacute;culo para su modernizaci&oacute;n. De otra, al paradigma marxista que invisibiliz&oacute; por mucho tiempo la diferencia cultural de los ind&iacute;genas, percibidos como parte del campesinado, en t&eacute;rminos de su posici&oacute;n en la estructura de clase.</p>     <p>En el caso de la antropolog&iacute;a mexicana, estos dos presupuestos han sido cuestionados y uno de los principales cambios al respecto ha consistido en aprehender la cuesti&oacute;n &eacute;tnica &quot;como un problema de car&aacute;cter te&oacute;rico y pol&iacute;tico&quot;. Las razones de este giro  &mdash;que posibilitaron pensar la modernidad y la colonialidad como dos caras de un mismo proceso hist&oacute;rico&mdash; son, entre otras: el reconocimiento jur&iacute;dico en la d&eacute;cada de 1980 de la pluralidad cultural constitutiva de la Naci&oacute;n mexicana; el alzamiento zapatista y su exigencia de autodeterminaci&oacute;n cultural y pol&iacute;tica; y finalmente, los debates y discusiones que gener&oacute; el sesquicentenario del <i>descubrimiento de Am&eacute;rica. </i>Sin embargo, la antropolog&iacute;a mexicana de hoy, seg&uacute;n nos dice L&oacute;pez, contin&uacute;a teniendo una tarea pendiente: contribuir a la descolonizaci&oacute;n de la sociedad mexicana. En este sentido, no basta descolonizar la disciplina, entendiendo por esto un proyecto te&oacute;rico o acad&eacute;mico, despojado de sus dimensiones pol&iacute;ticas y epist&eacute;micas.</p>     <p>El lugar emergente de la categor&iacute;a <i>raza </i>en las ciencias sociales y humanas en Am&eacute;rica Latina, un subcontinente pensado como asiento de la democracia racial ligada al mestizaje, ha levantado innumerables sospechas en el &aacute;mbito acad&eacute;mico. Los art&iacute;culos de G&oacute;ngora y Villegas dan cuenta de una de ellas, la que se refiere a la adhesi&oacute;n irrestricta a la agenda impuesta por la academia estadounidense con su concepci&oacute;n binaria <i>(white/non white) </i>y su clasificaci&oacute;n r&iacute;gida de las identidades raciales. Para G&oacute;ngora, esta adhesi&oacute;n se da en el marco de una &quot;transferencia vertical y unilateral&quot; de conocimientos expertos norteamericanos relacionados con la <i>raza, </i>las acciones afirmativas y el multiculturalismo de corte neoliberal que en su conjunto, han tenido efecto no solo en las ciencias sociales, sino tambi&eacute;n en el derecho, las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y las agendas pol&iacute;ticas de los movimientos sociales.</p>     <p>Sin embargo, el proceso no se ha desarrollado de igual manera en toda la regi&oacute;n. Pa&iacute;ses como Ecuador y Bolivia se resistieron a este paradigma mediante proyectos epist&eacute;micos alternativos. Para Villegas, cabe la pregunta de si el nuevo lugar que ocupa la <i>raza </i>en el debate acad&eacute;mico y pol&iacute;tico en la &uacute;ltima d&eacute;cada &quot;no es otra faceta m&aacute;s de las argucias de la raz&oacute;n imperialista&quot; y de la adopci&oacute;n del sentido com&uacute;n globalizado construido con base en la hegemon&iacute;a y difusi&oacute;n planetaria de las preocupaciones acad&eacute;micas estadounidenses.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por su parte, Villegas nombra el lugar que empieza a ocupar en Am&eacute;rica latina la academia brasilera, una de las m&aacute;s criticadas por su supuesta recepci&oacute;n acr&iacute;tica de las pol&iacute;ticas afirmativas estadounidenses en Brasil. Si bien este debate suscit&oacute; muchas reacciones por parte de numerosos acad&eacute;micos y acad&eacute;micas brasileros y gener&oacute; una fuerte polarizaci&oacute;n en el mundo universitario en torno a la aceptaci&oacute;n o rechazo de los programas de acci&oacute;n afirmativa en la educaci&oacute;n superior, como lo describe Luanda Sito, finalmente logr&oacute; demostrarse su pertinencia para responder a din&aacute;micas y problemas socio-hist&oacute;ricos nacionales.</p>     <p>La ideolog&iacute;a del mestizaje es un asunto vigente y como tal ha logrado perpetuarse tanto en las instancias acad&eacute;micas como gubernamentales. Algunos de sus efectos han sido la &quot;marginaci&oacute;n, negaci&oacute;n y velamiento&quot; de la cuesti&oacute;n racial, como fuente de desigualdad social. En su fase m&aacute;s reciente, el multiculturalismo ha abierto el espacio del debate sobre el racismo que puso de presente la agenda pol&iacute;tica post-Durban. La publicaci&oacute;n de este <i>dossier </i>constituye entonces un importante avance en la visibilizaci&oacute;n del racismo y la racializaci&oacute;n de los que son objeto, en los distintos pa&iacute;ses latinoamericanos, sus poblaciones ind&iacute;genas y <i>negras, </i>as&iacute; sean distintas en cada caso las modalidades de su ejercicio.</p>     <p>En el campo acad&eacute;mico empiezan a multiplicarse los trabajos, como los que re&uacute;ne este n&uacute;mero monogr&aacute;fico, que documentan las din&aacute;micas nacionales y locales de apropiaci&oacute;n de los discursos sobre las diferencias poblacionales y los nuevos significados de la Naci&oacute;n. Estas investigaciones historizan los v&iacute;nculos que establece el multiculturalismo entre las <i>diferencias &eacute;tnico-raciales </i>y la <i>vulnerabilidad social </i>de estas poblaciones y finalmente, desvinculan los derechos de los nuevos sujetos pol&iacute;ticos de su adecuaci&oacute;n a definiciones r&iacute;gidas de sus identidades &eacute;tnico-raciales.</p>     <p>En su conjunto, los trabajos informan sobre la jerarquizaci&oacute;n inherente a la ideolog&iacute;a del mestizaje, su interiorizaci&oacute;n en todos los grupos sociales y sus persistentes efectos en las pr&aacute;cticas cotidianas, inmersas todav&iacute;a en la hegemon&iacute;a de lo blanco como sin&oacute;nimo de progreso, belleza y respetabilidad. Por otra parte, algunos de los art&iacute;culos contribuyen a entender las articulaciones estructurales entre el racismo, el clasismo y el sexismo, as&iacute; como la pertinencia de vincular el an&aacute;lisis de las dimensiones raciales de la vida social con otras, como las de clase y g&eacute;nero. Con base en las consideraciones anteriores pensamos que los trabajos reunidos en este n&uacute;mero monogr&aacute;fico de la revista <i>Universitas Human&iacute;stica </i>se&ntilde;alan la importancia de incluir la categor&iacute;a de <i>raza </i>y sus interacciones con la clase y el g&eacute;nero en los an&aacute;lisis de las pol&iacute;ticas y proyectos multiculturales que se han desarrollado en las sociedades latinoamericanas contempor&aacute;neas.</p>     <p>En resumen y tal vez pensando con el deseo, creemos que esta publicaci&oacute;n podr&iacute;a llevarnos a entender que las redefiniciones de los proyectos nacionales que tuvieron lugar en Am&eacute;rica Latina en la d&eacute;cada de 1990 constituyen una valiosa oportunidad para hacernos pensar que el racismo no es solo un asunto de los grupos racializados no privilegiados, sino de toda la sociedad en su conjunto. Igualmente, que las maneras de entender y administrar las diferencias no se reducen a las que propone el multiculturalismo neoliberal: existe la posibilidad de construir proyectos pol&iacute;ticos y epist&eacute;micos alternativos. Si bien todas las categor&iacute;as y todos los grupos sociales no tienen los mismos intereses en plantear la cuesti&oacute;n racial, todas y todos podemos contribuir a construir una cultura pol&iacute;tica m&aacute;s all&aacute; de la <i>raza, </i>que haga posible el advenimiento de un <i>pluriversalismo </i>planetario.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>     <p><sup><a target="_blank" href="#s5" name="5">5</a></sup>Entre ellos, la lengua y las creencias religiosas.    <br> <sup><a target="_blank" href="#s6" name="6">6</a></sup>Una de las paradojas impl&iacute;citas en las <i>nuevas reglas de juego </i>que ofrece el multiculturalismo es que para el Estado colombiano, la instrumentalizaci&oacute;n del discurso &eacute;tnico por parte de las comunidades negras y los grupos ind&iacute;genas ha significado la obligaci&oacute;n de reconocerlos como nuevos sujetos pol&iacute;ticos &eacute;tnicos, pero al mismo tiempo la posibilidad de consolidar su gobierno y hegemon&iacute;a sobre el territorio nacional y sobre dichas poblaciones.    <br> <sup><a target="_blank" href="#s7" name="7">7</a></sup>Es decir, una suerte de inventario de las caracter&iacute;sticas que definen el acceso a la <i>membrec&iacute;a </i>del grupo que otorga derechos especiales como <i>poblaci&oacute;n vulnerable.</i>    <br> <sup><a target="_blank" href="#s8" name="8">8</a></sup>La <i>racializaci&oacute;n </i>significa hacer existir la cuesti&oacute;n racial, es decir, informar sobre una determinada manera de describir el mundo y de plantear problemas en el espacio p&uacute;blico. No es un fen&oacute;meno uniforme ni un&iacute;voco y se expresa de manera diferente en funci&oacute;n de los momentos, contextos, categor&iacute;as y grupos que se refieren o se reclaman con ella. Se puede relacionar con la esclavizaci&oacute;n, la colonizaci&oacute;n, la inmigraci&oacute;n poscolonial, el universalismo o el multiculturalismo y los valores trascendentes o las experiencias personales (Fassin, 2010; Viveros, 2013).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a target="_blank" href="#s9" name="9">9</a></sup>Sin embargo, no sobra precisar que en el periodo posterior a la Conferencia Mundial contra el racismo en Durban en el a&ntilde;o 2001, se reintrodujo y legitim&oacute; el uso de la categor&iacute;a <i>raza </i>en las discusiones sobre la justicia social en relaci&oacute;n con los afrodescendientes (C&aacute;rdenas, 2012).    <br> <sup><a target="_blank" href="#s10" name="10">10</a></sup>Es decir, la perspectiva te&oacute;rica y metodol&oacute;gica que busca dar cuenta de la percepci&oacute;n cruzada e imbricada de las relaciones de poder.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p>C&aacute;rdenas, R. (2012). Multicultural Politics for Afro-Colombians: An articulation &quot;Without Guarantees&quot;. En J. M. Rahier. <i>Black social movements in Latin America. From Monocultural Mestizaje to Multiculturalism </i>(pp. 113-134). New York: Palgrave Macmillan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-4807201400010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Comaroff, J. y Comaroff, J. (2009). <i>Ethnicity, Inc. </i>Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-4807201400010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Essed, P. (1991). <i>Understanding Everyday Racism. An Interdisciplinary Theory. </i>Newbury Park; California: Sage Publications.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-4807201400010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Fassin. (2010). Ni race ni racisme. Ce que racialiser veut dire. En D. Fassin (Dir.). <i>Les Nouvelles fronti&eacute;res de la Soci&eacute;t&eacute; fran&ccedil;aise. </i>(pp. 147-172). Paris: La D&eacute;couverte.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-4807201400010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guillaumin, C. (2010/1992). Una sociedad en orden. Sobre algunas de las formas de la ideolog&iacute;a racista. En O. Hoffmann, y O. Quintero (Coords.). <i>Estudiar el racismo. Textos y herramientas. Documento de trabajo No. 8 </i>(pp. 36-52). M&eacute;xico: Proyecto AFRODESC / EURESCL.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-4807201400010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hall, S. (2001). <i>The Multicultural Question. </i>Milton Keynes: Pavis Centre for Social and Cultural Research, Faculty of Social Sciences.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-4807201400010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hering, M. (2007). Raza: variables hist&oacute;ricas. <i>Revista de Estudios Sociales, </i>26, 16-27.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-4807201400010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mosquera, C. y Barcelos, L. C. (Eds.) (2007). <i>Afro-reparaciones: memorias de la esclavitud y justicia reparativa para negros, afrocolombianos y raizales. </i>Bogot&aacute;: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Trabajo Social [y] Centros de Estudios Sociales, Grupos de Estudios Afrocolombianos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-4807201400010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pisano, P. 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Estado, pol&iacute;ticas educativas y diferencia cultural en Colombia. </i>Cali: Universidad del Cauca.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-4807201400010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Stepan, N. (1991). <i>The Hour of Eugenics: Race, Gender and Nation in Latin America. </i>New York: Cornell University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-4807201400010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Urrea, F., Vi&aacute;fara, C. y Viveros, M. (en prensa). Colombia: A Social Pigmentocratic Pyramid. En E. Telles (Ed.). <i>Pigmentocracies: Social Science Findings fron the Project on Ethnicity and Race in Latin America (PERLA) in Brazil, Colombia, M&eacute;xico and Per&uacute;. </i>Chapel Hill: The University of North Carolina Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-4807201400010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Viveros, M. (2013, octubre 23-25). Blanqueamiento, ascenso social y multiculturalismo en una sociedad pigmentocr&aacute;tica. Tercera Conferencia <i>Etnicidad, raza y pueblos ind&iacute;genas en Am&eacute;rica Latina y el Caribe </i>- LASA (octubre 23-25). 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