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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p><font size="4" face="verdana"><b>La peregrinaci&oacute;n de Manuel Anc&iacute;zar en el   siglo xix</b></font></p>      <p>   <b>Gilberto Loaiza Cano.</b> Manuel Anc&iacute;zar y su &eacute;poca.   Biograf&iacute;a de un pol&iacute;tico hispanoamericano del siglo xix.   Editorial Universidad de Antioquia, Fondo Editorial Universidad Eafit, Medell&iacute;n, 2004, 521 p.</p>     <p>   Firmaba como Padre Alpha, y se le recuerda m&aacute;s por los   relatos de viaje que escribi&oacute; con mirada de etn&oacute;grafo   y acuciosidad de notario en La peregrinaci&oacute;n de Alpha &mdash;cuando acompa&ntilde;&oacute; a la Comisi&oacute;n Corogr&aacute;fica en calidad de secretario, entre 1850 y 1851&mdash;, que por su militancia en el Partido Liberal y en la Gran Logia Mas&oacute;nica, o por su impulso a instituciones educativas tan importantes como la Universidad Nacional.</p>     <p>   En esta monumental y exhaustiva biograf&iacute;a,   Gilberto Loaiza Cano reconstruye la trayectoria del   conspicuo personaje en sus facetas de cient&iacute;fico, pol&iacute;tico,   diplom&aacute;tico, periodista y pedagogo y, m&aacute;s all&aacute;   de la cronolog&iacute;a, analiza el alcance de sus ideas y de   sus obras en el contexto de la &eacute;poca, y en los &aacute;mbitos continental y nacional, teniendo en cuenta sus a&ntilde;os de   formaci&oacute;n y sus influencias intelectuales.</p>     <p>   Nuevamente, el profesor del Departamento   de Historia de la Universidad del Valle demuestra   su capacidad para enfrentar los grandes desaf&iacute;os de   la biograf&iacute;a, como antes lo hizo con Luis Tejada y   la lucha por una nueva cultura. Colombia 1898-1924   (Premio Nacional de Cultura, en 1994). Incluso el   primer cap&iacute;tulo ofrece al lector las claves para comprender   la biograf&iacute;a desde la perspectiva de los m&aacute;s   reconocidos cultores y te&oacute;ricos, y revive los debates en   torno al tradicional g&eacute;nero, tan ex&oacute;tico en Colombia,   donde figuras de la talla de Manuel Anc&iacute;zar estaban   olvidadas en la historiograf&iacute;a, como tantos otros en la   historia de la vida intelectual colombiana, retomando   las palabras del autor.</p>     <p>   Justamente el valor de este libro est&aacute; en el rescate   del personaje, pero tambi&eacute;n en el m&eacute;todo elegido por   el bi&oacute;grafo, que reconstruye minuciosamente la rica   par&aacute;bola vital de Anc&iacute;zar a partir de los archivos privados   y p&uacute;blicos y de la confrontaci&oacute;n de fuentes documentales,   hasta llegar a problematizar su vida p&uacute;blica   y privada mediante interpretaciones osadas, ajenas a la   mitificaci&oacute;n y al paneg&iacute;rico, y manteniendo siempre   una sana distancia con su objeto de indagaci&oacute;n.</p>     <p>   Sin duda, a Loaiza Cano se le apareci&oacute; el genio   de la botella cuando tuvo acceso al archivo Anc&iacute;zar   que la familia guardaba celosamente. Del arc&oacute;n va   sacando todos los documentos que ilustran desde la   dram&aacute;tica huida de la familia de Santa Fe de Bogot&aacute;   a La Habana, donde el hijo mejor, Manuel, tuvo su   formaci&oacute;n como mas&oacute;n librepensador; pero donde   tambi&eacute;n sufri&oacute; soledad y pobreza tras perder a su   madre y hermanos y las comodidades de que gozaban   en el virreinato por su origen espa&ntilde;ol.</p>     <p>   De Venezuela, donde cumpli&oacute; una destacada   labor como pedagogo e impulsor de empresas culturales   de la magnitud de la Biblioteca Nacional, lo   trajo el presidente Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, en   1846 (cuando contaba 25 a&ntilde;os), para participar en la   Comisi&oacute;n Corogr&aacute;fica liderada por el italiano Agust&iacute;n   Codazzi, pero tambi&eacute;n para montar la imprenta Neogranadina,   en la cual se imprimi&oacute; La Gaceta Oficial   y naci&oacute; el primer peri&oacute;dico moderno del siglo xix, El   Neogranadino, donde Anc&iacute;zar public&oacute; por entregas sus   relatos de viaje por las provincias del norte del pa&iacute;s,   bajo el t&iacute;tulo La peregrinaci&oacute;n de Alpha.</p>     <p>   En esta luminosa empresa cultural que fue El   Neogranadino, Anc&iacute;zar sent&oacute; su credo de francmas&oacute;n y liberal radical y abri&oacute; secciones novedosas destinadas   a la cr&oacute;nica cultural de la capital, a los folletines   literarios, a la informaci&oacute;n internacional, local, econ&oacute;mica   y agr&iacute;cola necesaria para la modernizaci&oacute;n   del pa&iacute;s. Adem&aacute;s, introdujo modernas t&eacute;cnicas de   impresi&oacute;n con la litograf&iacute;a y dot&oacute; a este peri&oacute;dico de   un car&aacute;cter cultural y cient&iacute;fico, adem&aacute;s del consabido   pol&iacute;tico y sectario que predominaba en las numerosas   publicaciones que surgieron con los partidos. Es as&iacute;   como el semanario El Neogranadino se enfrentaba a El   Nacional, de dos ide&oacute;logos del conservatismo: Mariano   Ospina Rodr&iacute;guez y Jos&eacute; Eusebio Caro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Despu&eacute;s de documentar su periplo en la diplomacia   por Ecuador, Per&uacute; y Chile en las m&aacute;s ingratas   y precarias condiciones, pero en el cual divulg&oacute; sin   pausa su modelo republicano liberal, el bi&oacute;grafo   contextualiza las otras empresas pol&iacute;ticas y culturales   que alent&oacute; Anc&iacute;zar, como la Constituci&oacute;n de Rionegro   de 1863, inspirada en los principios de la Gran   Logia Universal, que instauraba el modelo racional   positivista para combatir la hegemon&iacute;a del clero en la   vida p&uacute;blica. Con ese mismo prop&oacute;sito de secularizar   la educaci&oacute;n, particip&oacute; en la fundaci&oacute;n de ese &ldquo;templo   laico de la cultura&rdquo; que fue la Universidad Nacional en   1867 &mdash;donde desempe&ntilde;&oacute; la primera rector&iacute;a&mdash; y de   nuevo volvi&oacute; a encender la fogata de las ideas radicales   desde el peri&oacute;dico El Tiempo, de su amigo y futuro   cu&ntilde;ado Jos&eacute; Mar&iacute;a Samper (quien luego depondr&iacute;a   su anticlericalismo y se pasar&iacute;a a las toldas de la   Regeneraci&oacute;n). Este peri&oacute;dico fue el &oacute;rgano oficial   del liberalismo radical desde 1855 y durante seis a&ntilde;os   lleg&oacute; a circular con 800 ejemplares, un amplio tiraje   para la &eacute;poca.</p>     <p>   En esta apasionante biograf&iacute;a de una figura tan   influyente en la pol&iacute;tica y en el periodismo colombiano   no falta el detalle menudo sobre la intimidad del   personaje, sobre su tard&iacute;o matrimonio con Agripina   Samper &mdash;una de las pocas mujeres instruidas en la   machista sociedad santafere&ntilde;a&mdash;, sobre sus amigos   m&aacute;s cercanos dentro y fuera de la Logia, sobre sus   vacilaciones, sus conflictos de buen burgu&eacute;s con el   proyecto reformista del liberalismo y con la poderosa   familia pol&iacute;tica Samper Agudelo, que lo acogi&oacute; y   convirti&oacute; en socio de sus pr&oacute;speras empresas, con lo   que la independencia de criterio abandon&oacute; al veterano   pol&iacute;tico, ahora m&aacute;s preocupado por asegurarles una   buena educaci&oacute;n y bienes a sus hijos.</p>     <p>   Consciente de su aporte a la formaci&oacute;n de las ideas   liberales en Colombia, Manuel Anc&iacute;zar aliment&oacute; el   archivo privado que sus descendientes supieron proteger,   y Loaiza Cano le sac&oacute; el mejor partido durante   diez a&ntilde;os de trabajo con este libro de impecable factura,   que combina pasajes de fluido relato y sugestivas   hip&oacute;tesis que conducen la interpretaci&oacute;n por una esclarecedora   cadena de razonamientos y evidencias. Es as&iacute;   como el lector que se sumerge en las 500 p&aacute;ginas de   este libro emerge con una visi&oacute;n renovada de la historia   colombiana del siglo xix, sobre todo por los hallazgos   relacionados con la influencia de la francmasoner&iacute;a en   Am&eacute;rica del Sur en los procesos de independencia y   en las interminables luchas de los intelectuales criollos   por lograr la hegemon&iacute;a cultural, que en las nacientes   rep&uacute;blicas comenzaba por secularizar la educaci&oacute;n.   Proceso la mar de complicado en Colombia donde   la &eacute;lite neogranadina estaba m&aacute;s interesada en la   formaci&oacute;n libresca y especulativa que en la t&eacute;cnica y   cient&iacute;fica, y donde la presencia o ausencia de los jesuitas   era suficiente motivo para iniciar una guerra.</p>     <p>   La edici&oacute;n conjunta de las universidades de   Antioquia y Eafit, acompa&ntilde;ada de invaluables   testimonios gr&aacute;ficos, da prueba del profesionalismo   y del respeto por los lectores caracter&iacute;sticos de las   editoriales acad&eacute;micas, tan tristemente distantes del   mercado editorial y de la parafernalia publicitaria.   Cuando t&iacute;tulos como &eacute;ste ingresen a las listas de los   m&aacute;s vendidos, estaremos hablando de un pa&iacute;s culto,   deseoso de conocer su memoria. Por lo pronto, que lo   siga descubriendo esa minor&iacute;a de lectores afectos a la   biograf&iacute;a hist&oacute;rica.</p>     <p>   Maryluz Vallejo      <br> Departamento de Comunicaci&oacute;n</p> </font>      ]]></body>
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