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</front><body><![CDATA[   <font  face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Pr&oacute;logo</b></font>     <p align="center"><font size="3" face="verdana"><b>La complementariedad necesaria entre &eacute;tica y comunicaci&oacute;n</b></font></font>     <p align="left"><font size="2" face="verdana"><b>GUILLERMO HOYOS V&Aacute;SQUEZ*</b></b></font></p>       <p><font size="2" face="verdana">* <b>Guillermo Hoyos V&aacute;squez.</b> Colombiano. Graduado de Humanidades Cl&aacute;sicas, Filosof&iacute;a y Letras y de Matem&aacute;ticas, Pontificia Universidad Javeriana. Licenciado en Filosof&iacute;a y Letras, Universidad Javeriana, y en Teolog&iacute;a, Universidad St. Georgen, Frankfurt am Main, Alemania. Doctor en Filosof&iacute;a, Universidad de Colonia. Profesor de filosof&iacute;a en la Universidad Nacional de Colombia, entre 1975 y 2000. Fue director del Instituto de Estudios Sociales y Culturales PENSAR de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente es profesor del Departamento de Filosof&iacute;a y del Doctorado de Ciencias Sociales y Humanas en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogot&aacute;. Es miembro fundador de la Deutsche Gesellschaft f&uuml;r Ph&auml;nomenologie, de la Sociedad Colombiana de Filosof&iacute;a y del C&iacute;rculo Latinoamericano de Fenomenolog&iacute;a (CLAFEN). Ha escrito numerosos art&iacute;culos, ponencias y libros en coedici&oacute;n. <b>Correo electr&oacute;nico:</b><a href="mailto:ghoyos@javeriana.edu.co"> ghoyos@javeriana.edu.co</a></font></p> <hr> <font  face="verdana" size="2">     <p>Bajo el t&iacute;tulo &quot;&eacute;tica y comunicaci&oacute;n&quot; se agrupan hoy en d&iacute;a m&uacute;ltiples tem&aacute;ticas, como lo muestra, precisamente, la publicaci&oacute;n que estamos prologando. Por ejemplo: &iquest;cu&aacute;l es la responsabilidad social del comunicador, la del propietario de los medios con los comunicadores y la de &eacute;stos con los due&ntilde;os? &iquest; Qu&eacute; responsabilidad cabe a los medios, a sus due&ntilde;os y a los periodistas en general ante determinada interpretaci&oacute;n de las encuestas? El reciente caso de Claudia L&oacute;pez y el peri&oacute;dico <i>El Tiempo<sup><a href="#1" name="n1">1</a></sup>. </i>o la tesis del presidente &Aacute;lvaro Uribe acerca del Estado de opini&oacute;n como fase superior de la democracia bastar&iacute;an para ilustrar desde diversas perspectivas la pertinencia del tema.</p>     <p>Si bien la problem&aacute;tica de la &eacute;tica y los medios fue de las primeras en anunciarse cuando se habl&oacute; de &eacute;ticas aplicadas, hoy reviste un renovado inter&eacute;s bajo el t&iacute;tulo, amenazado por el desgaste de las modas, responsabilidad social empresarial (RSE). Por ello es muy importante, antes de que se desdibuje y se oculte &quot;la cosa misma&quot;, reflexionar y discutir sobre el significado de la &eacute;tica para los medios de comunicaci&oacute;n y su actividad hoy en d&iacute;a.</p>     <p>Pretendemos aqu&iacute;, de la mano de J&uuml;rgen Habermas y gracias a su teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa, orientar la reflexi&oacute;n en torno a las diversas facetas del tema, para radicalizar el planteamiento alrededor de las relaciones entre &eacute;tica y medios de comunicaci&oacute;n, profundizando en la que creemossu tesis: que la comunicaci&oacute;n humana, como relaci&oacute;n originaria del hombre y la mujer con las otras y los otros y con el mundo, por su naturaleza &eacute;tica, se constituye en <i>ethos </i>de la especie. Y si al mismo tiempo podemos mostrar que el sentido de la &eacute;tica discursiva, como viene siendo desarrollada por el mismo Habermas y sus alumnos, es que la &eacute;tica es comunicaci&oacute;n, podemos concluir que su imperativo se nos revela en la comunicaci&oacute;n humana en el mundo de la vida. Podemos, por tanto, llegar a afirmar que la crisis de las relaciones sociales y la de la moral no ha consistido en que la &eacute;tica y la comunicaci&oacute;n no se hayan diferenciado suficientemente, sino, al contrario, en que no se las ha desarrollado en la relaci&oacute;n intr&iacute;nseca y esencial que las deber&iacute;a mantener como necesariamente complementarias.</p>     <p>Un mes antes de cumplir 8o a&ntilde;os, el 18 de junio de 2009, Habermas public&oacute; sus <i>Textos filos&oacute;ficos, </i>en edici&oacute;n de estudio, en la que ha sido su casa editorial: Suhrkamp, en Frankfurt a. M. (2009a). Se trata de una compilaci&oacute;n de 46 de sus mejores ensayos, escritos despu&eacute;s del &quot;cambio de paradigma&quot;; es decir, despu&eacute;s de <i>Conocimiento e inter&eacute;s </i>y bajo el SIGNO de la raz&oacute;n comunicativa, la mayor&iacute;a ya conocidos y, por supuesto, traducidos al espa&ntilde;ol, y ahora con introducciones amplias del mismo Habermas a cada uno de los cinco peque&ntilde;os tomos, titulados: <i>Fundamentaci&oacute;n te&oacute;rico-ling&uuml;&iacute;stica de la sociolog&iacute;a, Teor&iacute;a de la racionalidad y del lenguaje, &Eacute;tica discursiva, Teor&iacute;a pol&iacute;tica y Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n. </i>Ya la secuencia de estos t&iacute;tulos podr&iacute;a significar un programa de trabajo, lo que justifica que la interpretemos partiendo del cambio de paradigma de la filosof&iacute;a de la conciencia a la teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa, como un desarrollo de dicha teor&iacute;a y su articulaci&oacute;n en la &eacute;tica discursiva, y, a partir de ella, en la filosof&iacute;a pol&iacute;tica; todo ello, en el marco de un pensar postmetaf&iacute;sico, como cr&iacute;tica de la raz&oacute;n.</p>     <p><b>El cambio de paradigma</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para solucionar el problema epistemol&oacute;gico de las ciencias sociales y humanas consistente en que el investigador de estos campos del saber forma parte, de alguna forma, del horizonte de sentido de lo que se quiere investigar -obst&aacute;culo resuelto falazmente por ciertas metodolog&iacute;as que insisten en la necesidad de que la actitud de quien investiga sea la del &quot;observador&quot; desinteresado-, propone Habermas un cambio de paradigma que rehabilite al investigador tambi&eacute;n como &quot;participante&quot; en la problem&aacute;tica de su inter&eacute;s. Para ello hay que cambiar de la filosof&iacute;a de la conciencia y de la reflexi&oacute;n, del &quot;di&aacute;logo del alma consigo misma&quot; (Plat&oacute;n y Edmund Husserl), de la epistemolog&iacute;a de la cl&aacute;sica teor&iacute;a cr&iacute;tica del conocimiento anclada en una raz&oacute;n trascendental, a la teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa, a la del di&aacute;logo real en el mundo de la vida y en la sociedad civil, lo que equivale a detrascendentalizar la raz&oacute;n y permite al investigador asumir la actitud de &quot;participante&quot;. Se pasa, por tanto, de una raz&oacute;n centrada subjetivamente (autoconocimiento, autorreflexi&oacute;n, autodeterminaci&oacute;n, autoconstituci&oacute;n), autista, a una razonabilidad intersubjetiva, comprensiva y discursiva. Este cambio de paradigma posibilita una reconstrucci&oacute;n gen&eacute;tica del materialismo hist&oacute;rico, a partir de la siguiente pregunta: &iquest;qu&eacute; ocurrir&iacute;a al marxismo si se cambiara su categor&iacute;a fundamental de an&aacute;lisis, la de trabajo social, por la de actuar comunicacional? (Habermas, 1985b).</p>     <p>Detallemos la propuesta. En un primer momento, en sus obras en torno a <i>Conocimiento e inter&eacute;s, </i>de 1968, Habermas profundiza la distinci&oacute;n entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producci&oacute;n; esta distinci&oacute;n corresponde a la diferencia entre acci&oacute;n instrumental por finalidad y acci&oacute;n comunicativa, o entre un concepto de hombre como productor de instrumentos y un concepto de hombre como animal que habla, que puede ser reprimido y en su represi&oacute;n es capaz de fantasear. La distinci&oacute;n en todos estos casos permite mostrar c&oacute;mo el desarrollo humano consiste, a la vez, en el progreso t&eacute;cnico y en la emancipaci&oacute;n pol&iacute;tica, en el avance de la ciencia y en el de la cr&iacute;tica p&uacute;blica, en la reproducci&oacute;n material y en el desarrollo simb&oacute;lico del mundo de la vida. Esta &iacute;ntima relaci&oacute;n es la que permite plantear una caracterizaci&oacute;n de sociedad en t&eacute;rminos de racionalidad sist&eacute;mica y de razonabilidad comunicativa, gracias a la complementariedad necesaria entre sistema y mundo de la vida.</p>     <p>En su primera propuesta de reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico, Habermas muestra c&oacute;mo a partir del an&aacute;lisis del desarrollo de la especie y del individuo se pueden caracterizar tres tipos de acciones fundamentales, constitutivas del mundo de la vida: trabajo, lenguaje e interacci&oacute;n social con base en el reconocimiento mutuo. En estos tres tipos de acciones se articulan tres tipos de intereses: en los procesos de trabajo se manifiesta un inter&eacute;s t&eacute;cnico de dominio de la naturaleza; en la utilizaci&oacute;n del lenguaje, un inter&eacute;s pr&aacute;ctico de comprensi&oacute;n de los contextos hist&oacute;ricos y sociales; y, finalmente, en los procesos de interacci&oacute;n, el inter&eacute;s emancipatorio, heredado de la tradici&oacute;n idealista.</p>     <p>Son, precisamente, estos intereses los que orientan el desarrollo del conocimiento en los diversos tipos de ciencias: las emp&iacute;rico-anal&iacute;ticas permiten, gracias a un inter&eacute;s t&eacute;cnico de dominio de la naturaleza, una racionalizaci&oacute;n cada vez mayor de los procesos de trabajo; las hist&oacute;rico-hermen&eacute;uticas, movidas por un inter&eacute;s pr&aacute;ctico de apropiaci&oacute;n de las tradiciones, proporcionan una relaci&oacute;n cada vez m&aacute;s razonable con la dimensi&oacute;n significativa de la cultura, articulada en textos, en comunicaci&oacute;n y en lenguaje; finalmente, las as&iacute; llamadas ciencias cr&iacute;tico-sociales, orientadas por el inter&eacute;s de emancipaci&oacute;n, se constituyen en un saber cada vez m&aacute;s consciente de las diversas formas de poder que conforman la cotidianidad humana: gracias a este saber es posible una cr&iacute;tica desestabilizadora de la dominaci&oacute;n en la b&uacute;squeda de formas de organizaci&oacute;n social, capaces de resistir la pregunta por su legitimidad.</p>     <p>Podr&iacute;amos hacer un primer ejercicio con respecto a las &quot;ciencias&quot; de la comunicaci&oacute;n y el lenguaje recorriendo con ellas los tres escenarios de esta novedosa tipolog&iacute;a postweberiana. En efecto, la comunicaci&oacute;n y el lenguaje tienen su origen en las ciencias hist&oacute;rico-hermen&eacute;uticas, mediadas por un inter&eacute;s de tipo pr&aacute;ctico, se pueden desarrollar privilegiando intereses libertarios en el &aacute;mbito de las ciencias cr&iacute;tico-sociales, sin despreciar los dispositivos propios de las ciencias emp&iacute;rico-anal&iacute;ticas signadas por un inter&eacute;s t&eacute;cnico-tecnol&oacute;gico. Su positivizaci&oacute;n instrumental se presenta cuando este &uacute;ltimo inter&eacute;s pasa a determinar el sentido de eficiencia y eficacia de la comunicaci&oacute;n en una sociedad medi&aacute;tica.</p>     <p>Estos an&aacute;lisis de <i>Conocimiento e inter&eacute;s </i>(Habermas, 1973-1975) de los a&ntilde;os sesenta tienen sus m&eacute;ritos. Al caracterizar Habermas el positivismo como &quot;el renegar de la reflexi&oacute;n&quot;, busca reconstruir cr&iacute;ticamente las cicatrices de la reflexi&oacute;n negada; por ello, la cr&iacute;tica reconstruye el aut&eacute;ntico sentido de experiencia como algo mediado por intereses vitales de la cotidianidad, y no meramente como observaci&oacute;n de datos; con esto se determinan los m&eacute;todos cient&iacute;ficos como respuesta de la raz&oacute;n astuta a determinados intereses; y, finalmente, la aplicaci&oacute;n de las ciencias se devela como algo dependiente de los intereses que en cada momento orientan el conocimiento a partir del mundo de la vida y de sus contextos culturales, sociales y pol&iacute;ticos. Llegado a este punto, advierte Habermas que sus planteamientos siguen todav&iacute;a prisioneros del paradigma epistemol&oacute;gico, que ha hecho crisis en la modernidad, porque la epistemolog&iacute;a no es la <i>via regia </i>de la teor&iacute;a social<sup><a href="#2" name="n2">2</a></sup>.</p>     <p>Hay que superar, por tanto, el <i>paradigma epistemol&oacute;gico </i>de la filosof&iacute;a de la reflexi&oacute;n, presente todav&iacute;a en los planteamientos del libro <i>Conocimiento e inter&eacute;s </i>(1982), publicado originalmente en 1968. Si se trata de una teor&iacute;a cr&iacute;tica del conocimiento, no se ve c&oacute;mo en ella pueda ocupar un lugar sistem&aacute;tico relevante el lenguaje, ya que si se privilegia la epistemolog&iacute;a se est&aacute; dando prioridad al sujeto individual, a la conciencia y a la autorreflexi&oacute;n en sentido idealista. Tampoco aparece claro c&oacute;mo es posible una <i>teor&iacute;a </i>cr&iacute;tica de la sociedad que supere lo que s&oacute;lo era una <i>cr&iacute;tica </i>de la sociedad en el pensamiento de Adorno y Horkheimer. Despu&eacute;s de la cr&iacute;tica radical, expuesta en <i>Dial&eacute;ctica de la</i> Ilustraci&oacute;n necesariamente hay que preguntarse: &iquest;es posible todav&iacute;a una verdadera teor&iacute;a de la sociedad?, &iquest;con qu&eacute; elementos? (Bernstein, 1985).</p>     <p>El siguiente es el recorrido desde las tesis de <i>Conocimiento e inter&eacute;s </i>hacia la razonabilidad comunicativa (Habermas, 1985a). La reflexi&oacute;n sobre los intereses t&eacute;cnico y pr&aacute;ctico, que dan origen a las ciencias causales y a las ciencias comprensivas, pretende superar su objetivismo refiri&eacute;ndolas a su origen en el mundo de la vida. Pero s&oacute;lo la reflexi&oacute;n sobre el inter&eacute;s emancipatorio que determina las ciencias cr&iacute;tico-sociales puede abrir en toda su riqueza dicho mundo, como espacio p&uacute;blico y lugar de interacci&oacute;n comunicativa: a la vez como contexto de significaciones y como fuente de validaci&oacute;n de las pretensiones de objetividad de los diversos saberes. Esto nos conduce a la cr&iacute;tica de un objetivismo de las ciencias sociales, que ha pretendido bagatelizar la dimensi&oacute;n hermen&eacute;utica de la comprensi&oacute;n. La positivizaci&oacute;n de las ciencias sociales consiste en absolutizar la formalizaci&oacute;n, olvidando la relaci&oacute;n gen&eacute;tica del proceso de investigaci&oacute;n social con sus fuentes en la comunicaci&oacute;n mundovital.</p>     <p>Es necesario, por tanto, profundizar en el sentido de las relaciones entre intereses y conocimiento, de suerte que la autorreflexi&oacute;n de las ciencias sociales nos descubra la manera de trascender, sin negar, los intereses particulares de los contextos mundo vitales, hacia propuestas cognitivas con pretensiones de validez hipot&eacute;ticamente universales. Estas propuestas s&oacute;lo puede hacerlas una raz&oacute;n comunicativa que se abra a la &quot;multiplicidad de las voces&quot;, lecturas, escrituras, formas de vida, teor&iacute;as, etc., y que a trav&eacute;s de ellas busque, con base en los mejores argumentos, cierta &quot;unidad&quot; de la raz&oacute;n en acuerdos y consensos no coactivos (Habermas, 1990b). Esto se logra cuando la acci&oacute;n comunicativa parte de las perspectivas de los participantes, pero busca trascender la perspectividad de las perspectivas en una actividad comunicacional propositiva.</p>     <p>Los intereses permiten explicitar el sentido de aplicaci&oacute;n de los diversos saberes a contextos mundovitales. Los conocimientos de las ciencias emp&iacute;rico-anal&iacute;ticas adquieren relaci&oacute;n con la pr&aacute;ctica cotidiana como acci&oacute;n instrumental (tecnolog&iacute;as, estrategias, t&eacute;cnicas), mientras que los conocimientos procedentes de la interpretaci&oacute;n simb&oacute;lica del mundo de la vida tienen su aplicaci&oacute;n en un actuar comunicativo. Esto indica que la acci&oacute;n instrumental y la acci&oacute;n comunicativa tienen el sentido de &quot;categor&iacute;as&quot; constitutivas de dos aspectos fundamentales del mundo de la vida: lo objetivo y lo social. Sin embargo, la relaci&oacute;n del sujeto con el mundo de la vida, desde el punto de vista instrumental y comunicativo, es una relaci&oacute;n hist&oacute;rica, evolutiva, en la cual la constituci&oacute;n de los objetos de las ciencias naturales y sus aplicaciones debe adquirir su sentido de las posibilidades de acuerdo social de los agentes hist&oacute;ricos; y esto se debe a la acci&oacute;n comunicativa. Es una racionalidad comunicativa la que puede hacer realidad el inter&eacute;s emancipatorio que determina las ciencias sociales, por cuanto &eacute;stas hacen consciente a la sociedad de estructuras de exclusi&oacute;n, represi&oacute;n y explotaci&oacute;n, que por el hecho de ser conocidas no son suprimidas. Pero si su comprensi&oacute;n lleva simult&aacute;neamente a reconstruir aut&eacute;nticas estructuras comunicativas y organizativas, con ello ya se est&aacute; llegando a acuerdos sociales que permitan ir realizando ideales libertarios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De esta forma, la reflexi&oacute;n sobre los intereses que constituyen las diversas regiones del mundo de la vida (trabajo, lenguaje e interacci&oacute;n social) y ayudan a explicar la conformaci&oacute;n de diversos tipos de ciencias nos conduce hasta el punto en el cual se hace necesario un cambio de paradigma, de modo que el reconocimiento reflexivo de estructuras patol&oacute;gicas pueda transformarse en actividad comunicativa que critique dichas estructuras, pero, al mismo tiempo, reconstruya razonablemente las competencias comunicativas que sean mediaci&oacute;n para transformar dichas estructuras.      <p><b>El actuar comunicacional</b><sup><a href="#3" name="n3">3</a></sup>.     <p>Lo anterior permite determinar las caracter&iacute;sticas de la acci&oacute;n comunicativa; en especial, su sentido de <i>pragm&aacute;tica universal </i>y su normatividad &eacute;tica. La objetividad en el conocimiento se alimenta, por un lado, de las perspectivas, a partir del mundo de la vida, de quienes participan en la comunicaci&oacute;n, y, por otro, del poder argumentativo del lenguaje, cuyo sentido de nuevo se retroalimenta en el mundo de la vida, pero se consolida y valida en la comunicaci&oacute;n misma. Seg&uacute;n Habermas, quien se inspira en planteamientos de Wilhelm von Humboldt, en el lenguaje -no en la conciencia intencional-, radica un <i>telos </i>hacia la comprensi&oacute;n y, por tanto, hacia la racionalidad.</p>     <p>Realizado el cambio de paradigma de la manera que se ha explicado, lo primero que se debe analizar es el nivel de comprensi&oacute;n que se puede lograr gracias a la comunicaci&oacute;n cotidiana, a la clarificaci&oacute;n y explicaci&oacute;n de los significados.</p>     <p><b>a)</b>&nbsp;Se trata de un nivel hermen&eacute;utico de la comunicaci&oacute;n. En &eacute;l, el mundo de la vida es horizonte universal de significaciones. Si alguien no comprende algo pide ayuda a los dem&aacute;s, se ampl&iacute;a lo que se busca comprender con ejemplos, analog&iacute;as, nuevos puntos de vista.</p>     <p><b>b)</b>&nbsp;Es necesario insistir en que comprender a otro o a otra cultura no nos obliga a estar de acuerdo con lo que se comprende, ni, menos aun, con el que busca ser comprendido. Los &uacute;nicos acuerdos que se buscan son aquellos que proceden precisamente de procesos de comprensi&oacute;n.</p>     <p><b>c)</b>&nbsp;El momento de la comprensi&oacute;n es de apertura a otros puntos de vista, a otras &eacute;pocas y a otras culturas. Por ello, la comunicaci&oacute;n, antes de buscar &quot;verdades&quot;, puntos de vista comunes, se interesa por las diferencias, por lo nuevo, por lo otro. Esto explica lo importantes que son las redes de innovaci&oacute;n.</p>     <p><b>d)</b>&nbsp;En un primer momento la comunicaci&oacute;n implica el reconocimiento del otro como diferente; es decir, como interlocutor v&aacute;lido. S&oacute;lo quien reconoce esto sigue interesado en la comunicaci&oacute;n con los dem&aacute;s, dado que considera que puede aprender de ellos. Este es el punto de partida de toda &eacute;tica: el reconocimiento del otro como diferente. Ya en la comprensi&oacute;n con base en la comunicaci&oacute;n se establece el principio fundamental de la moral, principio que orienta la constituci&oacute;n de redes sociales con base en el respeto a la dignidad humana de las personas con las que colaboramos y al aprecio que tenemos por sus aportes.</p>     <p><b>e)</b>&nbsp;En los procesos de comprensi&oacute;n se desarrolla y fortalece no s&oacute;lo el sentido de tolerancia, sino, sobre todo, el de pluralismo. La comprensi&oacute;n enriquece el pluralismo si se apoya no en la intolerancia, sino en la finitud y contingencia de los participantes en la sociedad civil.</p>     <p><b>f)</b>&nbsp;El sentido de pluralismo le confiere todo su significado al multiculturalismo. Los diversos discursos de las ciencias sociales se enriquecen, ante todo, por los di&aacute;logos interculturales, y esto constituye, precisamente, la riqueza y fortaleza de la comunicaci&oacute;n social.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>g)</b>&nbsp;Se podr&iacute;a se&ntilde;alar, por tanto, que el nivel de la comprensi&oacute;n logrado gracias a la conversaci&oacute;n y a la comunicaci&oacute;n originaria es una especie de momento postmoderno de la comunicaci&oacute;n, por cuanto en este nivel se disuelven todos los dogmas y puntos de vista preestablecidos en sus componentes originarios: tradiciones, perspectivas, puntos de vista relativos y diferentes. Es el modo de ser del mundo de la vida en cuanto horizonte de horizontes, en el que se manifiesta la perspectividad de las perspectivas de los diversos participantes en la comunicaci&oacute;n, tanto en el presente como en la perspectiva del pasado, de la memoria, y en la del futuro, de los proyectos y de los planes de vida de los participantes.</p>     <p>Para caracterizar el aporte de la hermen&eacute;utica filos&oacute;fica a la construcci&oacute;n de las ciencias de la discusi&oacute;n -como podemos llamar ahora las ciencias sociales-, podr&iacute;amos decir lo siguiente: ante todo, se presupone un nivel b&aacute;sico de comprensi&oacute;n de los significados de las proposiciones y de las expresiones gracias a la actitud comunicativa de los participantes. En este nivel &quot;hermen&eacute;utico&quot; es posible aclarar gradualmente el sentido de los enunciados: dado que &eacute;stos se construyen en contextos determinados, por ello las expresiones de lenguaje tienen un sentido proposicional. Este nivel de la comprensi&oacute;n es el que abre a otras comprensiones de lo mismo desde perspectivas diferentes: a otras personas, culturas y &eacute;pocas hist&oacute;ricas. Es el reconocimiento del otro o de la otra como diferente lo que hace posible todo pluralismo razonable, para superar la mera tolerancia, que, si nos quedamos en ella, puede llegar a degenerar en una actitud fr&iacute;vola y parcialmente negativa. Este momento inicial de la comunicaci&oacute;n es el de los encuentros, dado que comprender al otro no nos obliga a aceptar sin analizarlo lo que &eacute;l diga, pero s&iacute; hace posible que estemos de acuerdo, o sepamos por qu&eacute; no podemos estar de acuerdo.</p>     <p>La urgencia de explicar el sentido de la argumentaci&oacute;n para dar razones y motivos, en busca de acuerdos m&iacute;nimos, tiende a considerar este uso comprensivo del lenguaje como un momento superado mediante los <i>consensos; </i>pero, precisamente, la posibilidad del <i>disenso, </i>aspecto din&aacute;mico de la comunicaci&oacute;n, se nutre de este nivel de la comprensi&oacute;n, que crea significados nuevos y permite imaginar soluciones posibles. En esto radica la creatividad no s&oacute;lo de las redes de conocimiento e innovaci&oacute;n, sino, especialmente, de las redes sociales. Por otro lado, la necesidad de esta comprensi&oacute;n de sentido de lo que se explica y de lo que se propone, y la relatividad unida a los contextos en los que se nos da toda comprensi&oacute;n, lleva a muchos al extremo de negar toda posibilidad de teor&iacute;a correcta en el &aacute;mbito de lo social: tampoco es necesaria, como dicen, la correcci&oacute;n de las teor&iacute;as, dado que la funci&oacute;n de los discursos en el &aacute;mbito de lo social y lo pol&iacute;tico es, m&aacute;s bien, la exhortaci&oacute;n y el impacto p&uacute;blico. Por eso se oye hablar hoy con frecuencia de la relatividad absoluta de toda apreciaci&oacute;n sobre lo social y lo cultural.</p>     <p>El reto actual, en medio de estos dos extremos -el de un renovado dogmatismo y el de un relativismo total-, es asumir la mediaci&oacute;n de la interpretaci&oacute;n en todo proceso de investigaci&oacute;n, pedag&oacute;gico y de discusi&oacute;n social, para superar as&iacute; la mera descripci&oacute;n de los fen&oacute;menos sociales. No se puede negar cierto relativismo debido a los contextos en el estudio de lo social, pero tampoco se pueden absolutizar los m&eacute;todos para restringir el alcance de las contextualizaciones. Si la comprensi&oacute;n de sentido, como paso previo para todo acuerdo, amenaza cierto tipo de objetividad, es dicha comprensi&oacute;n la que permite acercarse, de la manera m&aacute;s aut&eacute;ntica y desde diversas perspectivas, a los problemas sociales. Con ello se gana un tipo de objetividad m&aacute;s comprometedor, que consiste en analizar no s&oacute;lo diversas comprensiones de un mismo fen&oacute;meno, sino llegar de manera m&aacute;s inmediata, pluralista y concertada a las razones que subyacen a las diferentes interpretaciones. Ni los llamados &quot;datos&quot; de la investigaci&oacute;n ni las condiciones objetivas para la acci&oacute;n colectiva se dan aislados de los contextos culturales y de los procesos sociales en los que han sido constituidos; s&oacute;lo se dan con su sentido originario a quien participa en dichos procesos.</p>     <p>En este proceso, el <i>participante virtual </i>no s&oacute;lo renuncia a ver el mundo &uacute;nicamente desde su perspectiva, su &quot;cosmovisi&oacute;n&quot;, sino que al esforzarse por verlo desde las perspectivas de otros y de otras va comprendiendo la complejidad del mundo de la vida: tanto la del propio, descontextualizado gradualmente, como la del &quot;ajeno&quot;, que va tejiendo significativamente mediante la comunicaci&oacute;n. Gracias a ella, el mundo se descentra y diferencia en un &quot;mundo de objetos&quot; (objetivo, ciencias naturales, cultura como relato), en un &quot;mundo social&quot; (relaciones sociales, ciencias sociales, sociedad) y en un &quot;mundo subjetivo&quot; (habitado por personas, &aacute;mbito del arte y de la persona en cuanto identidad que se expresa en un escenario de lo p&uacute;blico). Esta diferenciaci&oacute;n de &quot;regiones del mundo&quot; muestra al investigador, educador y gestor social la necesidad de los discursos especializados en las diversas &aacute;reas del saber y de la acci&oacute;n social: lo cient&iacute;fico-t&eacute;cnico, lo moral-pr&aacute;ctico y lo est&eacute;tico-expresivo. Pero tambi&eacute;n muestra la importancia de relacionar entre s&iacute; estos saberes, sin perder su rigor espec&iacute;fico, referidos al mundo de la vida.</p>     <p>As&iacute; como toda comunicaci&oacute;n comienza por la comprensi&oacute;n, es posible, a partir de ella y con base en razones y motivos (argumentos), llegar a acuerdos y convenios. As&iacute;, se pasa del nivel de los significados y de la comprensi&oacute;n de &eacute;stos al nivel de validez de las proposiciones. Por ello, los participantes en procesos de comunicaci&oacute;n no s&oacute;lo buscan que sus expresiones sean comprendidas, sino que con ellas enuncian tres tipos de pretensiones de validez (Habermas, 1987), ya que al participar real o virtualmente en la comunicaci&oacute;n:</p> </font>    <p><font size="2" face="verdana"><b>a)</b>&nbsp;pretenden que las proposiciones con las cuales se expresan sean verdaderas, o que los presupuestos de existencia de lo que enuncian en ellas se cumplen o se pueden cumplir efectivamente. Esta es una pretensi&oacute;n de verdad y se refiere a un mundo objetivo, que se va reproduciendo en forma de ciencia, t&eacute;cnica y cultura en general. En el &aacute;mbito del mundo objetivo la acci&oacute;n comunicativa es teleol&oacute;gica, por cuanto mediante ella se busca obtener determinados fines o transformar situaciones concretas; en este sentido, se puede hablar tambi&eacute;n de acci&oacute;n instrumental por finalidad. En esta regi&oacute;n habitan las llamadas ciencias exactas, cuyos argumentos est&aacute;n hechos con base en experimentos a los que se somete la realidad emp&iacute;rica. Este es el lugar de los medios de comunicaci&oacute;n en general, y en especial, de las as&iacute; llamadas TIC.</font></p>     <p><font size="2" face="verdana"><b>b)</b>&nbsp;pretenden que la acci&oacute;n indicada mediante expresiones de lenguaje es correcta en relaci&oacute;n con un contexto normativo, o que todo cuanto pretende tal acci&oacute;n es leg&iacute;timo y puede ser justificado mediante razones y motivos. Esta es una pretensi&oacute;n de rectitud que apunta a lo &quot;correcto&quot;, a lo justo, y se refiere a un mundo social, que se va reproduciendo en las diversas formas de sociedad. En este &aacute;mbito del mundo social la acci&oacute;n del hombre es normativa, por cuanto se orienta por reglas m&aacute;s o menos leg&iacute;timas. En esta regi&oacute;n del mundo de la vida habitan las ciencias de la discusi&oacute;n y sus argumentos est&aacute;n hechos de relaciones sociales, de solidaridad; en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, de la reciprocidad que constituye al hombre como ser gen&eacute;rico, y que explica, precisamente, el reconocimiento de las diferencias. Este es el &aacute;mbito de la comunicaci&oacute;n, en cuanto generadora de comunidad y de todo tipo de acci&oacute;n colectiva.</font></p> <font  face="verdana" size="2"></font>    <p><font size="2" face="verdana"><b>c) </b>pretenden, finalmente, que la intenci&oacute;n manifiesta en el lenguaje es tal como se expresa. Esta es una pretensi&oacute;n de credibilidad, de veracidad y autenticidad, y se refiere a un mundo subjetivo, que se va reproduciendo en procesos de formaci&oacute;n de la persona. En el &aacute;mbito del mundo subjetivo la acci&oacute;n humana es dramat&uacute;rgica, ya que tiende a expresar vivencias subjetivas en un contexto de comprensi&oacute;n. En este mundo subjetivo habitan las personas desde el punto de vista de su autocomprensi&oacute;n, y los discursos que se utilizan se hacen con base en la identidad personal de quienes est&aacute;n dispuestos a dar razones y motivos de sus acciones. Tambi&eacute;n aqu&iacute; habita la comunicaci&oacute;n, por cuanto se debe contar con credibilidad y confianza, y, por tanto, con la autenticidad y veracidad de los participantes en ella.</font></p> <font  face="verdana" size="2">    <p>La comprensi&oacute;n, propia del di&aacute;logo y la comunicaci&oacute;n puede, y algunas veces debe, ser superada gracias al uso discursivo razonable del lenguaje que se apoya en argumentos con respecto a la verdad en el mundo objetivo, a la correcci&oacute;n en el mundo social y a la veracidad en el mundo subjetivo. En efecto, comprender otra cultura, otro grupo social, otra forma de vida, lo mismo que comprender opiniones y puntos de vista de otras personas, no significa estar de acuerdo con lo que se comprende y con las personas o culturas a las que se comprende. Por tanto, una vez que se cree haber comprendido dichos &quot;textos&quot; en actitud participativa, es posible, y, a veces, necesario, continuar la comunicaci&oacute;n, para llegar a determinados acuerdos, que son la base de acciones colectivas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A la largo de esta clarificaci&oacute;n de las estructuras de la comunicaci&oacute;n humana se desarrolla un sentido fundamental de moral y &eacute;tica. Veamos, entonces, la relaci&oacute;n intr&iacute;nseca entre comunicaci&oacute;n y &eacute;tica discursiva.</p>     <p><b>La &eacute;tica discursiva</b></p>     <p>El tercer tomo de los <i>Textos filos&oacute;ficos </i>de Habermas (2009b), a los que nos refer&iacute;amos al principio, titulado <i>&Eacute;tica discursiva, </i>contiene los siguientes ensayos:</p> </font>    <p><font size="2"><b>I</b></font><b><font size="2" face="verdana">. Teor&iacute;a moral</font></b></p> <font  face="verdana" size="2"></font>    <p><font size="2">I</font><font size="2" face="verdana">. &Eacute;tica discursiva. Notas sobre un programa de fundamentaci&oacute;n</font></p> <font  face="verdana" size="2">    <p>2.&nbsp;&iquest;Afectan las objeciones de Hegel contra Kant tambi&eacute;n a la &eacute;tica del discurso?</p>     <p>3.&nbsp;&Eacute;tica del discurso y teor&iacute;a de la sociedad. Una entrevista con T. Hviid Nielsen</p>     <p>4.&nbsp;Aclaraciones a la &eacute;tica del discurso</p>     <p>5.&nbsp;Una consideraci&oacute;n geneal&oacute;gica acerca del contenido cognitivo de la moral</p>     <p><b>II. Acerca de una consideraci&oacute;n sistem&aacute;tica de los discursos pr&aacute;cticos</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>1.&nbsp;Del uso pragm&aacute;tico, &eacute;tico y moral de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica</p>     <p>2.&nbsp;Correcci&oacute;n vs. verdad. Acerca del sentido de obligaci&oacute;n de los juicios y normas morales</p>     <p>3.&nbsp;Acerca de la arquitect&oacute;nica de la diferenciaci&oacute;n de discursos. Peque&ntilde;a replica a una gran confrontaci&oacute;n.</p>     <p>De acuerdo con lo propuesto en estos ensayos, podr&iacute;a desarrollarse la propuesta habermasiana de una &eacute;tica discursiva, en los siguientes pasos<sup><a href="#4" name="n4">4</a></sup>: </font>    <p><font size="2" face="verdana">Partimos de una fenomenolog&iacute;a de lo moral, para explicitar c&oacute;mo la moral se ocupa de sentimientos y experiencias concretas, as&iacute; tenga necesariamente que expresarse no en sentimientos, sino en juicios y principios. La sociedad misma, como horizonte concreto de fen&oacute;menos morales, debe ser considerada desde esta perspectiva, tanto en sus aspectos de infraestructura como, sobre todo, en sus posibilidades de encuentro, de fomento de la cultura y de fortalecimiento de la solidaridad ciudadana. Comencemos por explicitar diversos tipos de sentimientos morales en determinadas situaciones del mundo de la vida (Strawson, 1974):</font></p> <font  face="verdana" size="2">    <p><b>a) </b>El &quot;resentimiento&quot; es mi sentimiento al ser ofendido por otro, cuando considero que &eacute;l, efectivamente, estaba en sus cabales. Si esto no es as&iacute;, debo suspender mi actitud resentida, ya que &eacute;l en esa acci&oacute;n no pod&iacute;a controlarse, en cierta manera no era due&ntilde;o de s&iacute;, &quot;no era &eacute;l&quot;. De lo contrario, puedo reclamar por la injusticia de la que soy objeto y justificar mi resentimiento frente a conductas que van contra mis derechos. El resentimiento devela una interrelaci&oacute;n originaria, en la que nos encontramos en el mundo de la vida, la cual es violada por aquel con quien nos resentimos, porque consideramos que &eacute;l es consciente de haber querido romper ese v&iacute;nculo humano.</p>     <p><b>b)</b>&nbsp;Un segundo sentimiento es el de &quot;indignaci&oacute;n&quot;. La sentimos usted y yo cuando nos damos cuenta de que un tercero injuria a otro como si lo hubiera hecho con usted o conmigo. Lo interesante en este sentimiento es que la ofensa es considerada independientemente de que tuviera que ver con nosotros mismos; en este escenario somos espectadores, pero no de algo objetivo, sino de algo intersubjetivo, y la indignaci&oacute;n nos descubre una especie de impl&iacute;cito de solidaridad humana.</p>     <p><b>c)</b>&nbsp;Si cambiamos de nuevo de actitud hacia la participaci&oacute;n personal en el mundo social, podemos tematizar un tercer sentimiento: el de culpa, en el cual nos avergonzamos de la ofensa provocada a otro. Ahora somos nosotros los agentes, no los pacientes ni los observadores, de acciones que lesionan derechos de otros, los cuales se me presentan a m&iacute; como un &aacute;mbito de obligaciones.</p>     <p>Aqu&iacute; deben destacarse tres tipos de situaciones en las que se nos dan hechos relevantes desde el punto de vista moral (Honnet, 1999): una herida f&iacute;sica puede provocar sentimientos morales (resentimiento a quien la padece, indignaci&oacute;n a quien la presencia, culpa a quien la causa), si se reconoce la intenci&oacute;n de lesionar al otro por parte del agresor. Por ello, causan diferentes sentimientos morales el sicario y el m&eacute;dico que para aliviar a otro tiene que operarlo. El enga&ntilde;o provoca sentimientos morales semejantes, si se detecta la intenci&oacute;n de enga&ntilde;ar de su autor. Finalmente, la humillaci&oacute;n, la cual es una negaci&oacute;n todav&iacute;a m&aacute;s sutil del otro u otra por parte de quien humilla, y por ello suscita, igualmente, sentimientos morales todav&iacute;a m&aacute;s profundos.</p>     <p>Es importante destacar la estructura y la vocaci&oacute;n eminentemente comunicativa de los sentimientos morales, en la cual, por ejemplo, el resentimiento ayuda a descubrir situaciones en las que quien se resiente ha sido lesionado en sus relaciones interpersonales; la indignaci&oacute;n lleva a tematizar situaciones en las que un tercero ha sido lesionado por otro tercero; y la culpa me pone de presente situaciones en las cuales yo he lesionado a otro. Es claro que dichos sentimientos morales no constituyen ellos mismos la sustancia de una &eacute;tica de la sociedad civil. Ellos explicitan un sentido de moral que debe ser justificado intersubjetiva y p&uacute;blicamente. Quien se indigna ante determinadas acciones tiene que estar dispuesto a justificar p&uacute;blicamente, aduciendo razones y motivos, el porqu&eacute; de su indignaci&oacute;n. Lo mismo podr&iacute;a decirse de los otros dos sentimientos. Es especialmente relevante lo que significa el sentimiento de culpa, porque quien no reconoce su culpa, siendo culpable, no puede pedir perd&oacute;n, y por ello tampoco merece que se le perdone. Y la actitud de quien pide este perd&oacute;n y de quien lo otorga, sobre todo en situaciones extremas de violencia, es la &uacute;nica capaz de ayudar a reconstruir los tejidos de una sociedad que se ha acostumbrado a negar la vida. Por ello, afirmamos que s&oacute;lo una actitud que pueda dar razones y motivos en relaci&oacute;n con el comportamiento p&uacute;blico y los sentimientos que eventualmente puede suscitar en los participantes es la que va conformando determinadas culturas ciudadanas.</p> </font>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="verdana">La vocaci&oacute;n comunicativa de los sentimientos morales significa que si no se expresan se corre el peligro de que &quot;se infecten&quot; y gangrenen, y contagien el todo social. La soluci&oacute;n de la carga que llevan los sentimientos morales es la de la comunicaci&oacute;n, el di&aacute;logo, la concertaci&oacute;n, el discurso y el debate p&uacute;blico, seg&uacute;n el caso. As&iacute;, la sensibilidad moral se constituye en punto de partida para la &eacute;tica discursiva: los sentimientos morales son base psicol&oacute;gica para una especie de proceso de &quot;inducci&oacute;n&quot;, en el que se pasa de experiencias durante las cuales se nos dan hechos morales, a leyes en las que expresamos principios de acci&oacute;n. Tales principios se formulan a partir de una especie de principio puente de la moral, de un &quot;transformador moral&quot;, que me permite pasar de sentimientos morales a principios morales, para transformar sentimientos en leyes y normas, sin requerir para esto la religi&oacute;n u otras convicciones, sino s&oacute;lo con base en la facultad humana de comunicar, discutir y llegar a consensos y disensos sobre lo fundamental. En este nuevo imperativo moral se parte de m&aacute;ximas subjetivas, para llegar, gracias a la voluntad libre de los participantes en la vida social, a leyes universales. La reformulaci&oacute;n comunicativa del principio de universalizaci&oacute;n de la moral es la siguiente: &quot;En lugar de proponer a todos los dem&aacute;s una m&aacute;xima como v&aacute;lida y que quiero que sea ley general, tengo que presentarles a todos los dem&aacute;s mi m&aacute;xima con el objeto de que comprueben discursivamente su pretensi&oacute;n de universalidad. El peso se traslada de aquello que cada uno puede querer sin contradicci&oacute;n como ley general, a lo que todos de com&uacute;n acuerdo quieren reconocer como norma universal&quot; (Th. McCarthy, citado en Habermas, 1985d).</font></p> <font  face="verdana" size="2">    <p>Pensemos, por ejemplo, en los derechos humanos. La indignaci&oacute;n que nos provoca la noticia de una masacre nos permite reconocer en el imperativo moral del respeto a la vida por sobre cualquier otro valor, algo en lo que pensamos que todos podr&iacute;amos ponernos de acuerdo, si consideramos que ha de ser posible la convivencia social, teniendo en cuenta todas las diferencias posibles. Quiere decir que el puente moral se construye comunicativamente, y que en el di&aacute;logo radica la justificaci&oacute;n posible de la &eacute;tica discursiva.</p>     <p>Se puede ahora afirmar que los elementos integrantes del principio puente son las tradiciones y los contextos en los que se conforman situaciones moralmente relevantes. Esta es la verdad de las diversas morales de m&aacute;ximos: el comunitarismo, el utilitarismo, el liberalismo, las morales materiales como el neomarxismo, etc. Se busca ahora la relaci&oacute;n entre estas propuestas en la competencia comunicativa. Si el principio puente se cohesiona gracias a la comunicaci&oacute;n, &eacute;sta debe partir del uso informador del lenguaje y del sentido contextualizador de la dimensi&oacute;n expresiva y simb&oacute;lica del mismo lenguaje, para intentar dar razones y motivos, un uso de lenguaje diferente, en el cual se articulan el &quot;poder de la comunicaci&oacute;n&quot; (H. Arendt) y la fuerza de la argumentaci&oacute;n. Esta debe orientarse a solucionar conflictos y consolidar propuestas con base en acuerdos sobre m&iacute;nimos que nos lleven, por convicci&oacute;n, a lo correcto, lo justo, lo equitativo. La argumentaci&oacute;n no desdibuja el primer aspecto: el de la constataci&oacute;n de las preferencias; menos a&uacute;n, el de la complejidad de las situaciones, que, desde un punto de vista moral, son comprendidas. Busca, m&aacute;s bien, a partir de la comprensi&oacute;n, llevar a acuerdos sobre m&iacute;nimos con base en las mejores razones, vinieren de donde vinieren. La actividad argumentativa en moral es en s&iacute; misma normativa, lo que indica que en moral el principio comunicativo y dialogal es fundamental.</p>     <p>Todo lo anterior nos permite comprender la &iacute;ntima relaci&oacute;n entre <i>morales de m&aacute;ximos </i>(religiosas, filos&oacute;ficas, ideol&oacute;gicas, etc.) omnicomprensivas y una <i>&eacute;tica de m&iacute;nimos, </i>base de la Constituci&oacute;n y del Estado de derecho democr&aacute;tico. S&oacute;lo gracias al pluralismo de los m&aacute;ximos es posible apostarle democr&aacute;ticamente a la construcci&oacute;n de m&iacute;nimos con base en la participaci&oacute;n ciudadana, el debate p&uacute;blico, la educaci&oacute;n para la democracia, etc. Los m&iacute;nimos son el resultado de un consenso entrecruzado -el <i>overlapping consensus </i>de John Rawls (1993)- a partir del pluralismo razonable de los m&aacute;ximos y con base en la comunicaci&oacute;n, el debate, la pol&iacute;tica deliberativa y la democracia participativa.</p>     <p>Pero el di&aacute;logo y la comunicaci&oacute;n pueden llegar a constituirse en principio puente &uacute;nico, absoluto y v&aacute;lido por s&iacute; mismo, y convertirse as&iacute; en principio meramente formal, no muy distinto de la pura forma de un imperativo categ&oacute;rico. La condici&oacute;n para que la comunicaci&oacute;n no se formalice es su vinculaci&oacute;n con los aspectos utilitaristas y pragm&aacute;ticos de las decisiones con base en intereses y preferencias: es el uso pragm&aacute;tico de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica (Habermas, 2000); el uso &eacute;tico nos lleva a la explicitaci&oacute;n del condicionamiento contextualizador del lenguaje y el reconocimiento de las diversas posibilidades de llegar a acuerdos sobre m&iacute;nimos, con base en formas de expresi&oacute;n m&aacute;s ricas que las de la mera l&oacute;gica formal, como lo son, entre otras, la ret&oacute;rica, la negociaci&oacute;n pol&iacute;tica, los movimientos sociales, la misma desobediencia civil, etc. Y finalmente el uso moral de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica nos abre a discursos ut&oacute;picos, a una dimensi&oacute;n est&eacute;tica, en algunos casos religiosa, de la existencia humana, en cuyo horizonte se ubica &quot;el principio esperanza&quot; (Bloch), &quot;el principio responsabilidad&quot; (Hans Jonas), &quot;el perd&oacute;n de lo imperdonable&quot; (Derrida).</p>     <p>La relaci&oacute;n entre consenso y disenso debe ser pensada con especial cuidado. Absolutizar el consenso es privar a la moralidad de su din&aacute;mica, caer en nuevas formas de dogmatismo y autoritarismo. Absolutizar el sentido del disenso es darles la raz&oacute;n al escepticismo radical y al anarquismo ciego. La relaci&oacute;n y la complementariedad de las dos posiciones ponen en movimiento la argumentaci&oacute;n moral. Todo consenso debe dejar, necesariamente, lugares de disenso, y todo disenso debe significar posibilidad de buscar diferencias y nuevos caminos para aquellos acuerdos que se consideren necesarios.</p>     <p>Esta dial&eacute;ctica entre consensos y disensos nos devuelve al principio, al mundo de la vida y a la sociedad civil, en la cual los acuerdos tienen su significado para solucionar conflictos y buscar posiciones compartidas, y los disensos, a la vez, nos indican aquellas situaciones que requieren un nuevo tratamiento, porque se&ntilde;alan posiciones minoritarias, actitudes respetables de quienes estiman que deben decir &quot;no&quot; en circunstancias en las que cierto unanimismo puede ser incluso perjudicial para la sociedad, en las que los mismos medios de comunicaci&oacute;n manipulan la opini&oacute;n p&uacute;blica, al convertirse en cortesanos o en aduladores del d&eacute;spota.</p> </font>    <p><font size="2" face="verdana"><b>Conclusi&oacute;n: </b>    <br>     <b>comunicaci&oacute;n, &eacute;tica y pol&iacute;tica para democratizar la democracia</b></font>.</p> <font  face="verdana" size="2">     <p>El prop&oacute;sito de estas reflexiones era mostrar la complementariedad necesaria entre comunicaci&oacute;n y &eacute;tica, para desarmar en los procesos de formaci&oacute;n de la opini&oacute;n y la voluntad el escepticismo valorativo y el dogmatismo normativo. Despu&eacute;s de ganar la posibilidad de la formaci&oacute;n cr&iacute;tica y dialogal en valores, podemos ahora recoger algunas de las incidencias de dicha pr&aacute;ctica y de la argumentaci&oacute;n &eacute;tica en la sociedad civil; en especial, con respecto a la pol&iacute;tica deliberativa y a la superaci&oacute;n de la democracia meramente representativa, que amenaza con volverse fetiche.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la modernidad el derecho, las instituciones, incluido como totalidad el Estado democr&aacute;tico de derecho (que no el &quot;Estado de opini&oacute;n&quot;), no pueden legitimarse ni en la religi&oacute;n, ni en la metaf&iacute;sica, ni en ninguno de los metarrelatos de turno. Se busca, entonces, su justificaci&oacute;n en un sentido deliberativo discursivo de la pol&iacute;tica y en una concepci&oacute;n pol&iacute;tica de la justicia que valide la legitimidad depositada en las diversas formas de institucionalizaci&oacute;n del poder. Dicha forma de pol&iacute;tica tiene que basarse en las estructuras de la opini&oacute;n p&uacute;blica, la cual capta problemas globales de la sociedad y los hace conscientes en amplios sectores de la poblaci&oacute;n: all&iacute; radica, en &uacute;ltima instancia, toda esperanza normativa, la cual depende de los procesos comunicativos de las ciudadanas y ciudadanos y de la formaci&oacute;n de la opini&oacute;n a partir de las estructuras comunicativas de la sociedad civil en general, como tejido cultural y pol&iacute;tico del mundo de la vida.</p>     <p>Las estructuras comunicativas del mundo de la vida permiten vincular el pluralismo razonable y el consenso como etapas de un proceso de participaci&oacute;n pol&iacute;tica y de g&eacute;nesis democr&aacute;tica del derecho. En efecto, en el mundo de la vida como horizonte ilimitado de contextos, nivel hermen&eacute;utico de la comunicaci&oacute;n, donde comprender otras culturas no me obliga a identificarme con ellas, pero s&iacute; es paso necesario para consensos y disensos, se tejen las redes de la sociedad civil en el m&aacute;s originario sentido de lo p&uacute;blico. El compromiso valorativo y los sentimientos morales no s&oacute;lo no son obst&aacute;culo epistemol&oacute;gico para la raz&oacute;n pr&aacute;ctica, sino que son fuerza motivacional para la participaci&oacute;n democr&aacute;tica. En este reino de la diferencia, donde en un buen sentido &quot;todo da lo mismo&quot;, antes que pluralismo razonable es necesario el reconocimiento del otro como interlocutor v&aacute;lido; es decir, como quien, en igualdad de derechos y desde perspectivas diversas lucha, negocia, argumenta y, en una palabra, participa en favor de concepciones del bien y de la vida que logren la reciprocidad, la solidaridad y la cooperaci&oacute;n social. En este segundo momento de la comunicaci&oacute;n, provocado por la multiplicidad de puntos de vista del primero, se despliega en toda su riqueza la pol&iacute;tica deliberativa: &eacute;sta consigue en el mundo de la vida, que tambi&eacute;n es fuente inagotable de recursos para validar lo &quot;correcto&quot;, que tanto los consensos como los disensos no s&oacute;lo tengan la fuerza de convicci&oacute;n propia del discurso, sino tambi&eacute;n, en el mismo acto, el poder &eacute;tico motivacional del acuerdo ciudadano. La democracia participativa es, al mismo tiempo, vida de la sociedad civil, al reconstruir la solidaridad, y procedimiento para llegar a consensos y disensos de relevancia pol&iacute;tica, jur&iacute;dica y constitucional. En una sociedad medi&aacute;tica, esto, al parecer, se lo debe cada vez m&aacute;s a la &iacute;ntima relaci&oacute;n entre comunicaci&oacute;n y eticidad.</p><hr>     <p><a href="#n1" name="1"><sup>1</sup></a>. El 13 de octubre de 2009 la periodista colombiana Claudia L&oacute;pez escribi&oacute; para el peri&oacute;dico <i>El Tiempo </i>una columna titulada &quot;Reflexiones sobre un esc&aacute;ndalo&quot;, donde criticaba la manera en que el peri&oacute;dico cubri&oacute; una noticia pol&iacute;tica de gran importancia. Al final de la columna publicada, la direcci&oacute;n del peri&oacute;dico agreg&oacute; una nota de dos l&iacute;neas donde p&uacute;blicamente dec&iacute;a que entend&iacute;a la columna como la carta de renuncia de la columnista.</p>     <p><a href="#n2" name="2"><sup>2</sup></a>. Para los planteamientos que siguen nos orientamos por las dos entrevistas de Habermas: &quot;Dialektik der Rationalisierung&quot; y &quot;Ein Interview mit der New Left Review&quot; (1985c).</p>     <p><a href="#n3" name="3"><sup>3</sup></a>. Para todo este apartado, v&eacute;ase &quot;La introducci&oacute;n&quot; (primeras 200 p&aacute;ginas) de Habermas (1987).</p>     <p><a href="#n4" name="4"><sup>4</sup></a>. Aqu&iacute; me apoyo, en parte textualmente, en mi ensayo: &quot;&Eacute;tica y educaci&oacute;n para una ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica&quot; (Hoyos V&aacute;squez, 2004).</p><hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Bernstein, R. (1985), &quot;Introduction&quot;, en <i>Habermas and Modernity, </i>Oxford, Cambridge: Polity Press, 1985, pp. 11-15. (En espa&ntilde;ol: <i>Habermas y la modernidad, </i>Madrid, Tecnos, 1987).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-4823200900020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Habermas, J. (1973-1975), &quot;Conocimiento e inter&eacute;s&quot;, Hoyos, G. (trad.), en: <i>Ideas y Valores, </i>n&uacute;ms. 42-45, pp. 61-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-4823200900020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>-&nbsp;(1982), <i>Conocimiento e inter&eacute;s, </i>Madrid, Taurus.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-4823200900020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><font size="2" face="verdana">-&nbsp;(1985a), &quot;9. Ein Fragment (1977): Objektivismus in den Sozialwissenschaften&quot;, en J. Habermas, <i>Zur Logik der Sozialwissenschaften, </i>Frankfurt a. M., Suhrkamp, 1985, pp. 541-607 &#91;En espa&ntilde;ol: <i>L&oacute;gica de las ciencias sociales, </i>Madrid, Tecnos, 1990&#93;.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-4823200900020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>-&nbsp;(1985b), Der <i>Philosophische Diskurs der Moderne,</i>Frankfurt, a. M., Suhrkamp, p. 395 &#91;En espa&ntilde;ol&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-4823200900020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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