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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p><font face="verdana" size="4"><b>Pr&oacute;logo</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Comunicaci&oacute;n y cultura mundo: nuevas din&aacute;micas mundiales de lo cultural</b></font></p>     <p align="left"><b>JES&Uacute;S MART&Iacute;N BARBERO<sup>*</sup></b></p>       <p><b><sup>*</sup> Jes&uacute;s Mart&iacute;n Barbero</b> Nacido en Espa&ntilde;a y nacionalizado en Colombia. Es uno de los pensadores m&aacute;s importantes en el campo de comunicaci&oacute;n, medios y cultura en Am&eacute;rica Latina. Doctorado en Filosof&iacute;a por la Universidad de Lovaina (B&eacute;lgica) y posdoctorado en Antropolog&iacute;a y Semi&oacute;tica por la Escuela de Altos Estudios (Par&iacute;s, Francia). Se ha desempe&ntilde;ado como asesor de pol&iacute;ticas culturales en la UNESCO, la OEI y el CAB, y fue fundador y director del Departamento de Comunicaci&oacute;n de la Universidad del Valle (Cali, Colombia). Su obra est&aacute; compuesta por numerosos libros y art&iacute;culos, entre los que sobresalen <i>Comunicaci&oacute;n masiva: discurso y poder </i>(1978), <i>De los medios a las mediaciones </i>(1987), y <i>Oficio de cart&oacute;grafo </i>(2002). Doctor Honoris Causa en Comunicaci&oacute;n por la Pontificia Universidad Javeriana en Bogot&aacute;, Colombia, y la Universidad Nacional de Rosario, en Argentina. <b>Correo electr&oacute;nico: </b><a href="mailto:jemartin@cable.net.co" target=_blank>jemartin@cable.net.co</a></p> <hr>      <blockquote>     <p><i>La globalizaci&oacute;n no se deja pensar como mera extensi&oacute;n cuantitativa o cualitativa de la sociedad nacional dado que &eacute;sta responde a un paradigma que no puede ya dar cuenta ni hist&oacute;rica ni te&oacute;ricamente de toda la realidad en la que se insertan hoy individuos y clases, naciones y nacionalidades, culturas y civilizaciones.</i></p>     <p>Milton Santos</p> </blockquote>      <p><b>I. De la sumatoria de naciones a la globalidad del mundo</b></p>     <p>As&iacute; como la <i>moderna </i>sociedad del Estado-naci&oacute;n implic&oacute; un quiebre profundo con las anteriores formas de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y cultural de la <i>comunidad tradicional, </i>y en las que estaban basadas las culturas locales, la <i>sociedad global </i>tambi&eacute;n introduce ahora fuertes rupturas con la sociedad nacional, pues "el globo ha dejado de ser una figura astron&oacute;mica para adquirir plenamente significaci&oacute;n hist&oacute;rica" (Ianni, 1996). Una primera incitaci&oacute;n a pensar <i>el mundo </i>nos vino de la geograf&iacute;a, desde la que el brasile&ntilde;o Milton Santos plante&oacute; primero la preocupante ausencia de categor&iacute;as anal&iacute;ticas y de historia del presente que nos permitan desanclar <i>lo global </i>del tiempo/espacio de las relaciones internacionales, pues lo que ahora estamos necesitando pensar es <i>el mundo: </i>el paso de la internacionalizaci&oacute;n a la <i>mundializaci&oacute;n. </i>Proceso en el que las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n desempe&ntilde;an un papel crucial, pues no s&oacute;lo intercomunican los lugares, sino que est&aacute;n transformando <i>el sentido del lugar en el mundo.</i></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Lo que significa la globalizaci&oacute;n del mundo</b></p>     <p>De lo que habla el <i>sistema-mundo </i>(I. Wallerstein) es de una nueva manera de estar en el mundo tanto de las sociedades como de los territorios y las culturas. Para Milton Santos, la nueva significaci&oacute;n del mundo ya no es derivable de la que hasta hace poco fue una de las categor&iacute;as centrales de las ciencias sociales, la del Estado-naci&oacute;n. Y si la globalizaci&oacute;n no se deja pensar como mera extensi&oacute;n cuantitativa o cualitativa de la sociedad nacional no es porque esa categor&iacute;a y esa sociedad no sigan teniendo vigencia la expansi&oacute;n y exasperaci&oacute;n de los nacionalismos de toda laya as&iacute; lo atestiguan, sino porque el conocimiento acumulado sobre lo nacional responde a un paradigma que "no puede ya dar cuenta ni hist&oacute;rica ni te&oacute;ricamente de toda la realidad en la que se insertan hoy individuos y clases, naciones y nacionalidades, culturas y civilizaciones" (Santos, 1993).</p>      <p>La resistencia de las ciencias sociales a aceptar que se trata de un <i>objeto nuevo </i>son muy fuertes, y de ah&iacute; la tendencia a subsumir ese objeto en los paradigmas cl&aacute;sicos del evolucionismo y el historicismo, lo que permite focalizar s&oacute;lo aspectos parciales econ&oacute;micos o ecol&oacute;gicos que parecer&iacute;an seguir siendo comprensibles desde una continuidad sin traumas con la idea de lo nacional.</p>      <p>Junto con esa valoraci&oacute;n de la nueva significaci&oacute;n del <i>mundo, </i>Milton Santos hace un an&aacute;lisis fuertemente cr&iacute;tico de la globalizaci&oacute;n enferma y perversa que atravesamos, ya que se trata de una globalizaci&oacute;n que busca <i>unificar </i>m&aacute;s que unir, y "lo que hoy es unificado a nivel mundial no es una voluntad de libertad sino de dominio, no es el deseo de cooperaci&oacute;n sino de competici&oacute;n" (Santos, 1996). En su &uacute;ltimo libro antes de morir, <i>Por uma outra globalizacao, </i>M. Santos dota a&uacute;n de mayor coherencia su desafiante visi&oacute;n de la globalizaci&oacute;n, a la vez como <i>perversidad </i>y como <i>posibilidad. </i>Por un lado la globalizaci&oacute;n fabula el proceso avasallador del mercado, un proceso que al mismo tiempo que uniforma el planeta profundiza las diferencias locales, desuni&eacute;ndolo cada d&iacute;a m&aacute;s. De ah&iacute; la <i>perversidad sist&eacute;mica </i>que implica y produce el aumento de la pobreza y la desigualdad, del desempleo tornado ya cr&oacute;nico, de enfermedades que, como el sida, se tornan epidemia devastadora en los continentes no m&aacute;s pobres, sino m&aacute;s saqueados.</p>      <p>Pero la globalizaci&oacute;n tambi&eacute;n representa un conjunto extraordinario de <i>posibilidades, </i>cambios ahora posibles que se apoyan en hechos radicalmente nuevos: la enorme y densa mezcla de pueblos, razas, culturas y gustos que se producen hoy aunque con muchas diferencias y asimetr&iacute;as en todos los continentes, una mezcla posible s&oacute;lo en la medida en que emergen con mucha fuerza otras filosof&iacute;as que ponen en crisis la hegemon&iacute;a del racionalismo occidental; tambi&eacute;n una fuerte reconfiguraci&oacute;n de la relaci&oacute;n entre poblaciones y territorios: la mayor parte de la poblaci&oacute;n se aglomera en &aacute;reas cada d&iacute;a menores e imprimen un dinamismo desconocido al mestizaje de culturas y cosmovisiones, pues "las masas de que hablara Ortega y Gasset a comienzos del siglo xx" cobran una nueva cualidad en virtud de su aglomeraci&oacute;n y diversificaci&oacute;n; y el otro hecho profundamente nuevo e innovador es que las nuevas tecnolog&iacute;as est&eacute;n siendo crecientemente apropiadas por grupos de los sectores subalternos, posibilit&aacute;ndoles una verdadera "revancha sociocultural"; esto es, la construcci&oacute;n de una contrahegemon&iacute;a a lo largo del mundo.</p>      <p>Ese conjunto de <i>posibilidades </i>abren la humanidad por primera vez en la historia a una "universalidad emp&iacute;rica" y de ah&iacute; a una nueva narrativa hist&oacute;rica. Pero la construcci&oacute;n de esa narrativa pasa por una "mutaci&oacute;n pol&iacute;tica", un nuevo tipo de <i>utop&iacute;a </i>capaz de asumir la envergadura de los desaf&iacute;os provenientes de la reorganizaci&oacute;n del capitalismo. La peculiaridad de la <i>crisis </i>que atraviesa el capitalismo reside en el <i>entrechoque continuo de los factores de cambio </i>que ahora rebasan las viejas gradaciones y mensurabilidades, y desbordan territorios, pa&iacute;ses y continentes.</p>      <p>Hecho de una extrema <i>movilidad de las relaciones </i>y una gran, ese entrechoque reintroduce "la centralidad de la periferia", no s&oacute;lo en el plano de los pa&iacute;ses, sino de lo social marginado por la econom&iacute;a y ahora recentrado como "la nueva base en la afirmaci&oacute;n del reino de la pol&iacute;tica" (Santos, 2000).</p>      <p>Desde Europa, Ulrich Beck dedica tambi&eacute;n uno de sus &uacute;ltimos libros (Beck, 2005) a diferenciar <i>globalismo </i>"la ideolog&iacute;a que proclama y legitima la reducci&oacute;n de la econom&iacute;a pol&iacute;tica a un modelo financiero uniforme y universal en el cual el protagonismo pasa de los ciudadanos a los inversores" de la <i>globalizaci&oacute;n, </i>cuya comprensi&oacute;n exige partir de la superaci&oacute;n del paradigma nacional, pues desde &eacute;l no se pueden ya analizar los fen&oacute;menos m&aacute;s importantes que est&aacute;n operando hoy, el terrorismo islamista o la gripe aviar, las violencias en los barrios de la periferia parisina o la masificaci&oacute;n del desempleo. Y de ah&iacute; la esquizofrenia entre lo que sucede en la realidad y las categor&iacute;as con que se quiere explicarla: en las ciencias sociales estamos trabajando con <i>an&aacute;lisis zombis, con muertos-vivos.</i></p>      <p>Pero la mirada cosmopolita no tiene nada que ver con sue&ntilde;os o delirios de una confraternizaci&oacute;n general de los pueblos o con los de una rep&uacute;blica universal. La mirada cosmopolita ve al mundo en la vastedad de sus conflictos y la heterogeneidad de sus culturas, y es precisamente la novedad radical de esos procesos la que trata de asumir. Desde el &aacute;mbito de los cambios que en la vida personal producen las experiencias de la globalizaci&oacute;n del espacio hasta los efectos globales del terrorismo, pues, por m&aacute;s que sus efectos materiales hayan sido bastante limitados, su repercusi&oacute;n ha llevado el miedo a todos los rincones del planeta, ahora todos se sienten amenazados.</p>      <p><b>Cuando la cultura deviene mundo</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ligado a sus dimensiones tecnocomunicativas, la <i>globalizaci&oacute;n </i>pone en marcha un proceso de interconexi&oacute;n a escala mundial, que conecta todo lo que <i>instrumentalmente </i>vale empresas, instituciones, individuos, al mismo tiempo que desconecta todo lo que no vale para esa raz&oacute;n. Este proceso de inclusi&oacute;n/exclusi&oacute;n a escala planetaria est&aacute; convirtiendo la cultura en espacio estrat&eacute;gico de compresi&oacute;n de las tensiones que desgarran y recomponen el "estar juntos", y en lugar de anudamiento de sus crisis pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas con las religiosas y &eacute;tnicas. De ah&iacute; que sea desde la diversidad cultural de las historias y los territorios, desde las experiencias y las memorias, desde donde no s&oacute;lo se resiste, sino, tambi&eacute;n, se interact&uacute;a con la globalizaci&oacute;n, y desde donde se acabar&aacute; por transformarla.</p>      <p>Lo que galvaniza hoy a las identidades como motor de lucha es inseparable de la <i>demanda de reconocimiento y de sentido, </i>y ni el uno ni el otro son formulables en meros t&eacute;rminos econ&oacute;micos o pol&iacute;ticos, pues ambos se hallan referidos al n&uacute;cleo mismo de la cultura, en cuanto &aacute;mbito del <i>pertenecer a </i>y del <i>compartir con. </i>Raz&oacute;n por la cual la identidad se constituye hoy en la fuerza m&aacute;s capaz de introducir contradicciones en la hegemon&iacute;a de la raz&oacute;n instrumental.</p>      <p><b>Entre l&oacute;gicas de mercado y din&aacute;micas de la cultura</b></p>     <p>De ah&iacute; la estrat&eacute;gica necesidad de diferenciar, por m&aacute;s intrincadas que se hallen, las l&oacute;gicas unificantes de la globlalizaci&oacute;n econ&oacute;mica de las que <i>mundializan la cultura. </i>Pues la mundializaci&oacute;n cultural no opera desde afuera sobre esferas dotadas de autonom&iacute;a, como eran antes lo nacional o lo local.</p>      <blockquote>     <p>La mundializaci&oacute;n es un proceso que se hace y deshace incesantemente. Y en ese sentido ser&iacute;a impropio hablar de una 'cultura global' cuyo nivel jer&aacute;rquico se situar&iacute;a por encima de las culturas nacionales o locales. El proceso de mundializaci&oacute;n es un fen&oacute;meno social total, que para existir se debe localizar, enraizarse en las pr&aacute;cticas cotidianas de los pueblos y los hombres. (Ortiz, 1994)</p> </blockquote>      <p>La mundializaci&oacute;n no puede confundirse con la <i>estandarizaci&oacute;n </i>de los diferentes &aacute;mbitos de la vida, que fue lo que produjo el proceso de industrializaci&oacute;n, incluido el &aacute;mbito de las industrias culturales. Ahora nos encontramos ante otro tipo de proceso, que se expresa en hondos cambios producidos en el mundo de la vida; eso es, en el del trabajo, la pareja, la comida, el ocio. Es porque la jornada continua ha hecho imposible para millones de personas almorzar en casa, y porque cada d&iacute;a m&aacute;s mujeres trabajan fuera de ella, y porque los hijos se independizan mentalmente de los padres muy temprano, y porque la figura patriarcal se ha devaluado tanto como se ha valorizado la de la mujer; la comida ha dejado de ser un ritual que congrega a la familia y, <i>desimbolizada, </i>la comida diaria ha encontrado su forma en el <i>fast-food. </i>De ah&iacute; que el &eacute;xito de McDonald's o de Pizza Hut hable, m&aacute;s que de la imposici&oacute;n de la comida norteamericana, de los profundos cambios en la vida cotidiana de la gente, cambios que esos productos, sin duda, expresan y rentabilizan.</p>      <p>Pero es la desincronizaci&oacute;n de los tiempos rituales de anta&ntilde;o y de los lugares que simbolizaban la convocatoria familiar y el respeto a la autoridad patriarcal la que rige los nuevos modos y gustos en la alimentaci&oacute;n, pues: "pierden la rigidez de los territorios y las costumbres convirti&eacute;ndose en informaciones ajustadas a la polisemia de los contextos" (Laclau, 1996, p. 48). Reconocer eso no significa desconocer la creciente monopolizaci&oacute;n de la distribuci&oacute;n, o la descentralizaci&oacute;n que concentra poder, y el desarraigo que empuja a las culturas a hibridarse. Ligados estructuralmente a la globalizaci&oacute;n econ&oacute;mica, pero sin agotarse en ella, se producen fen&oacute;menos de mundializaci&oacute;n de imaginarios ligados a m&uacute;sicas, a im&aacute;genes y a personajes que representan estilos y valores desterritorializados, y a los que corresponden tambi&eacute;n nuevas figuras de la memoria. Pero as&iacute; como con el Estado-naci&oacute;n no desaparecieron las culturas locales aunque cambiaron profundamente sus condiciones de existencia, tampoco la globalizaci&oacute;n va a hacer desaparecer la heterogeneidad cultural, lo que constatamos por ahora es su <i>revival </i>e, incluso, su exasperaci&oacute;n fundamentalista.</p>      <p><b>Innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica y globalizaci&oacute;n desde abajo</b></p>     <p>El <i>lugar </i>de la cultura en la sociedad cambia cuando la <i>mediaci&oacute;n </i>tecnol&oacute;gica (Meyrowitz, 1985; Chartron, 1994; Manzini, 1991) de la comunicaci&oacute;n deja de ser meramente instrumental para espesarse, densificarse y convertirse en estructural. La tecnolog&iacute;a remite hoy no s&oacute;lo, y no tanto, a nuevos aparatos, sino a nuevos modos de percepci&oacute;n y de lenguaje, a nuevas sensibilidades y escrituras. Al radicalizar la experiencia de desanclaje producida por la modernidad, la tecnolog&iacute;a deslocaliza los saberes y modifica tanto el estatuto cognitivo como institucional de las <i>condiciones del saber </i>y de las <i>figuras del conocimiento, </i>lo que est&aacute; conduciendo a un fuerte emborronamiento de las fronteras entre raz&oacute;n e imaginaci&oacute;n, saber e informaci&oacute;n, naturaleza y artificio, arte y ciencia, saber experto y experiencia profana.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al mismo tiempo, afrontamos una <i>perversi&oacute;n del sentido de las demandas socioculturales </i>que encuentra de alg&uacute;n modo expresi&oacute;n en los medios de comunicaci&oacute;n y las tecnolog&iacute;as de informaci&oacute;n. Se trata de una creciente oleada de fatalismo tecnol&oacute;gico que, en su combinaci&oacute;n con el m&aacute;s radical pesimismo pol&iacute;tico, lo que busca es legitimar la <i>omnipresencia mediadora del mercado. </i>Pero ello no puede, sin embargo, desvalorizar lo que de estrat&eacute;gico entra&ntilde;a una mutaci&oacute;n tecnol&oacute;gica que ha entrado a configurar un nuevo <i>ecosistema comunicativo. </i>La experiencia audiovisual transformada por la revoluci&oacute;n digital apunta hacia la constituci&oacute;n de nuevas temporalidades ligadas a la <i>compresi&oacute;n del espacio </i>y la informaci&oacute;n, y tambi&eacute;n hacia la emergencia de una <i>visibilidad cultural </i>convertida en escenario de una decisiva batalla pol&iacute;tica contra el viejo poder de la letra, mediante la alianza entre las oralidades y visualidades culturales de las mayor&iacute;as con los lenguajes de la virtualidad y la velocidad desde los que se est&aacute;n dando nueva forma a sus tradiciones culturales.</p>      <p>Ah&iacute; se sit&uacute;a, justamente, la reflexi&oacute;n de Arjun Appadurai (2001), para quien los flujos financieros, culturales o de derechos humanos se producen en un movimiento de vectores, que hasta ahora fueron convergentes por su articulaci&oacute;n en el Estado nacional, pero que, al proyectarse sobre el espacio de lo global, se transforman en vectores de <i>disyunci&oacute;n. </i>Es decir que, aunque son coet&aacute;neos e isomorfos en cierto sentido, esos movimientos potencian hoy sus diversas temporalidades con los muy diversos ritmos que los cruzan y en muy diferentes direcciones. Lo que constituye un desaf&iacute;o colosal para unas ciencias sociales que todav&iacute;a siguen siendo profundamente monote&iacute;stas, creyendo que hay un solo principio organizador y compresivo de todas las dimensiones y procesos de la historia. Claro que entre esos movimientos hay articulaciones estructurales, pero la globalizaci&oacute;n no es ni un paradigma ni un proceso, sino multiplicidad de procesos que a la vez que se entrecruzan caminan en direcciones bien distintas.</p>      <p>Lo que se convierte para Appadurai en la posibilidad y la exigencia de construir una <i>globalizaci&oacute;n desde abajo: </i>que es el esfuerzo por articular la significaci&oacute;n de esos procesos justamente desde sus conflictos, articulaci&oacute;n que ya se est&aacute; produciendo en la imaginaci&oacute;n colectiva actuante en lo que &eacute;l llama "las formas sociales emergentes" desde el &aacute;mbito ecol&oacute;gico al laboral, y desde los derechos civiles a las ciudadan&iacute;as culturales. En esa lucha desempe&ntilde;a un papel estrat&eacute;gico <i>la imaginaci&oacute;n social, </i>pues la imaginaci&oacute;n ha dejado de ser un asunto de genio individual, un modo de escape a la inercia de la vida cotidiana o una mera posibilidad est&eacute;tica, para convertirse en una facultad de la gente del com&uacute;n que le permite pensar en emigrar, en resistir a la violencia estatal, en buscar reparaci&oacute;n social, en dise&ntilde;ar nuevos modos de asociaci&oacute;n o nuevas formas de cooperaci&oacute;n que cada vez m&aacute;s trascienden las fronteras nacionales.</p>      <blockquote>     <p>Appadurai escribe:</p>     <p>Si es a trav&eacute;s de la imaginaci&oacute;n que hoy el capitalismo disciplina y controla a los ciudadanos contempor&aacute;neos, sobre todo a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n, es tambi&eacute;n la imaginaci&oacute;n la facultad a trav&eacute;s de la cual emergen nuevos patrones colectivos de disenso, de desafecci&oacute;n y cuestionamiento de los patrones impuestos a la vida cotidiana. A trav&eacute;s de la cual vemos emerger formas sociales nuevas, no predatorias como las del capital sino formas constructoras de nuevas convivencias humanas. (2000)</p> </blockquote>      <p><b>II. Universal no centrado y universalidad sin totalidad</b></p>     <p>Proyect&aacute;ndose sobre las nuevas y conflictivas relaciones entre lo global y lo local se carga a&uacute;n de mayor significaci&oacute;n el debate entre universalismo y particularismo. "&iquest; Son las relaciones entre universalismo y particularismo de mutua exclusi&oacute;n?", se pregunta E. Laclau (1996). A lo que responde con un an&aacute;lisis hist&oacute;rico de los tres momentos que ha vivido esa relaci&oacute;n en Occidente. Primero fue la filosof&iacute;a antigua-cl&aacute;sica que planteaba la dicotom&iacute;a: o lo particular realiza en s&iacute; mismo lo universal pues hace parte de ello o lo particular niega lo universal afirm&aacute;ndose como particularismo, con lo cual la universalidad no puede ya ser sino <i>una particularidad definida por una exclusi&oacute;n ilimitada.</i></p>     <p>El segundo momento es el del cristianismo, refiriendo la universalidad al entrelazamiento de los acontecimientos por la escatolog&iacute;a: entre lo universal y lo particular, que es el cuerpo en que se encarna, ninguna posibilidad de mediaci&oacute;n fuera del designio de Dios. Pero justamente esa posibilidad de <i>encarnaci&oacute;n </i>de lo universal en lo particular va a introducir en la historia una l&oacute;gica que, secularizada, marcar&aacute; a Occidente en forma indeleble: la l&oacute;gica del "agente privilegiado de la Historia, cuyo cuerpo particular era el veh&iacute;culo de una universalidad que lo trascend&iacute;a" (Laclau, 1996, p. 48). Ah&iacute; est&aacute; la "clase universal" postulada por el marxismo, encarnada en el proletariado, representada por el partido y hecha palabra en la voz del aut&oacute;crata de turno. Y est&aacute; tambi&eacute;n el <i>eurocentrismo, </i>su expansi&oacute;n imperialista convertida en funci&oacute;n universal de civilizaci&oacute;n y modernizaci&oacute;n, condenando a los "pueblos sin historia", ya que en su resistencia a la modernizaci&oacute;n lo que expresan es su incapacidad para acceder a lo universal.</p>      <p><b>Ni universalismo excluyente ni particularismo tribal</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El momento actual est&aacute; movilizando un pensamiento capaz de asumir que los particularismos puros no ofrecen salida a los conflictos culturales y pol&iacute;ticos que vivimos. Pues lo particular una minor&iacute;a &eacute;tnica s&oacute;lo puede constituirse dentro de un <i>contexto de derechos, </i>como lo ha sido hist&oacute;ricamente el Estado nacional, y ello porque: "sus reivindicaciones no pueden ser formuladas en t&eacute;rminos de diferencia sino en relaci&oacute;n a ciertos principios universales que la minor&iacute;a comparte con el resto de la comunidad: el derecho a buenas escuelas, a una vida decente, a participar en el espacio p&uacute;blico de la ciudadan&iacute;a, etc." (Laclau, 1996, p. 56). Frente a los viejos y pesados lastres del mesianismo que hoy revive en los populismos, y a los particularismos atrapados en la l&oacute;gica implosiva del <i>apartheid, </i>a&uacute;n es posible afirmar un universal que emerge de lo particular, pero no ya como algo que subyace en su adentro, sino como <i>horizonte siempre lejano, como s&iacute;mbolo de una plenitud ausente, </i>que moviliza a las sociedades a extender los derechos a la igualdad a m&aacute;s y m&aacute;s diferencias. No hay diferencia que pueda manifestarse como tal por fuera de una comunidad con la que comparte los derechos en que se basan sus reivindicaciones. Sin valores universales no hay posibilidad de convivencia entre grupos particulares.</p>      <p>Ahora bien, lo que el dif&iacute;cil reconocimiento pol&iacute;tico del <i>multiculturalismo </i>ha puesto ya en evidencia en el &aacute;mbito de los Estados nacionales es que las instituciones liberal-democr&aacute;ticas se han quedado estrechas para acoger la envergadura de demandas y los desgarradores conflictos que conlleva la diversidad cultural. Desgarradura que s&oacute;lo puede ser suturada con una pol&iacute;tica de extensi&oacute;n de los derechos y valores universales a todos los sectores de la poblaci&oacute;n que han vivido por fuera de la aplicaci&oacute;n de esos derechos, sean minor&iacute;as &eacute;tnicas, mujeres u homosexuales.</p>      <p>Michel Wiewiorka (1997) ha formulado esta reflexi&oacute;n con una decisiva nitidez, al negarse a escoger entre el universalismo heredado de la ilustraci&oacute;n, que dejaba de lado sectores enteros de la poblaci&oacute;n, y un <i>diferencialismo </i>tribal que se afirma en la exclusi&oacute;n racista y xen&oacute;foba, pues esa disyuntiva es mortal para la democracia. La imposibilidad de pensar un orden humano sin conflicto hace que el desaf&iacute;o crucial que hoy se le plantea a la democracia sea c&oacute;mo transformarse en una "democracia pluralista", esto es, capaz de asumir la discriminaci&oacute;n nosotros/ellos de manera que la posici&oacute;n de ellos sea reconocida como leg&iacute;tima. Saldremos, s&oacute;lo entonces, de la ilusoria b&uacute;squeda de una reabsorci&oacute;n de la alteridad en alg&uacute;n todo unificado. As&iacute; como la alteridad es irreductible, la <i>democracia pluralista </i>debe tambi&eacute;n verse como un "bien imposible", que s&oacute;lo existe mientras no se pueda lograr perfectamente.</p>      <p><b>Universalidad sin centro ni totalizaci&oacute;n</b></p>     <p>El primero en nombrar y formular la idea fue Michel Serres, a mediados de los a&ntilde;os noventa. En su largo esfuerzo por superar el dualismo metaf&iacute;sico que ha impedido al pensamiento occidental construir una l&oacute;gica que incluyera al "tercero excluido", Serres introduce la reflexi&oacute;n sobre el <i>espacio de en medio, </i>sobre <i>el entre, </i>sobre la intersecci&oacute;n, el tr&aacute;nsito, el intervalo. Pensar el espacio <i>de en medio </i>para comprender la l&oacute;gica de agenciamiento de lo que no se agota ni en lo particular ni en lo universal, pensados como entidades exteriores la una a la otra. Es la configuraci&oacute;n paradojal de la membrana, que es a la vez interior y exterior al cuerpo, paradoja que Valery expres&oacute; en toda su fecundidad al afirmar: "lo m&aacute;s profundo es la piel". Pues el <i>espacio de en medio </i>no tiene nada que ver con la <i>posici&oacute;n, </i>que es el estatuto que rige a la <i>virtud griega </i>de la equidistancia o el equilibrio. El espacio de <i>en medio </i>es <i>no-lineal, </i>es m&aacute;s bien <i>circular, </i>en el sentido del <i>intercambiador </i>vial que para poder coger el carril de la derecha exige salir a la izquierda de aqu&eacute;l por el que voy, esto es, no puedo ir directa, linealmente, a la derecha.</p>      <p>Es por esos caminos que Serres, en un libro sintom&aacute;ticamente titulado <i>Atlas, </i>llega a la formulaci&oacute;n de un <i>universal no centrado. </i>Frente a un universo liso, regido por un centro &uacute;nico, habitamos ahora otro universo en el que el centro ha perdido su potencia unificante e imperial para encontrarse: "en cualquier lugar, pues cualquier grupo, cualquier hombre, cualquier cosa, ocupan, al menos en derecho, un lugar focal" (1995).</p>      <p>Todo centro deviene relativo cuando se halla entrelazado a conexiones infinitas en cuya interacci&oacute;n emerge <i>la virtualidad, </i>no como el otro de lo real, sino como su m&aacute;s escondido <i>potencial. </i>Que es el de la <i>globalidad del mundo, </i>hoy en cuanto h&aacute;bitat construible de lo humano, y cuya comprensi&oacute;n pasa por la invenci&oacute;n de una palabra: hominescencia (Serres, 2001). Palabra para nombrar lo no pensado desde los conceptos de humanismo y humanizaci&oacute;n, palabra cuya conformaci&oacute;n fon&eacute;tica nos sit&uacute;a en la l&iacute;nea de palabras como adolescencia, efervescencia, incandescencia, en las que resuena el significado de un momento crucial, de un paso a otro estado de cosas, y, por tanto, de turbulencia y zozobra. Que es de lo que habla Serres al ver en nuestra &eacute;poca emerger un proceso de <i>hominizaci&oacute;n, </i>esto es, de <i>mutaciones en la condici&oacute;n humana. </i>Con lo que ellas entra&ntilde;an de posibilidades de emancipaci&oacute;n, a la vez que de cat&aacute;strofe planetaria.</p>      <p>Pero lo que diferencia el momento que vivimos es la inmersi&oacute;n de lo humano en una situaci&oacute;n radicalmente nueva, aqu&eacute;lla en que sus cambios derivan ya no de la natural <i>evoluci&oacute;n selectiva, </i>sino de la <i>mutaci&oacute;n producida </i>por la t&eacute;cnica del hombre, tanto por lo que introduce la biolog&iacute;a gen&eacute;tica en la configuraci&oacute;n de la corporeidad como por lo que la informaci&oacute;n implica en la nueva <i>socialidad.</i></p>      <p>De todo ello se desprende la urgencia de una <i>reeducaci&oacute;n </i>en humanidad: otro tipo de aprendizaje que nos permita a los humanos descifrar, junto con el mapa del genoma que traza los avatares y resultados de nuestra evoluci&oacute;n biol&oacute;gica, ese otro mapa que dibujan nuestros sue&ntilde;os/ pesadillas de inmortalidad individual y colectiva, y nuestra utop&iacute;a de comunidad solidaria, ahora, como nunca antes, contradictoria. Pues se hallan en formaci&oacute;n nuevos y desconcertantes modos del <i>nosotros </i>que responden a transformaciones de la espacialidad como experiencia que replantea el alcance y hasta el sentido de la pregunta por &iquest;qui&eacute;n es ahora es mi <i>vecino, </i>mi pr&oacute;jimo o mi <i>socius? </i>Y el m&aacute;s innovador de todos esos modos de "estar juntos" es el que se corresponde con la actual posibilidad y exigencia de que al nombrar<i> la tierra entera </i>ello est&eacute; significando por primera vez nombrar real, efectivamente no abstracta ni sentimentalmente a <i>la humanidad.</i></p>      <p>A la experiencia de esa <i>Tierra-global </i>corresponde, entonces, un <i>humanismo descentrado y un universal potencial: </i>ahora que la Tierra empieza a tener historia, ella se constituye en sujeto pol&iacute;tico. Nuestro malestar en el nuevo espacio que inauguran las redes de lo virtual tiene su expresi&oacute;n m&aacute;s crucial y angustiante en las enormes dificultades que experimenta la institucionalidad de la pol&iacute;tica para pensar/dise&ntilde;ar la impostergable <i>gobernance </i>de lo mundial.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Parad&oacute;jicamente, ese malestar en lo virtual responde, tambi&eacute;n, a la orfandad en que nos deja la despotenciaci&oacute;n de la idea de <i>totalidad </i>y de sus despliegues en dispositivos de totalizaci&oacute;n y totalitarismos. Tanto las religiones, como muchas ideolog&iacute;as, nos han formado en una concepci&oacute;n unitaria del <i>sentido, </i>cuyo resultado es la oclusi&oacute;n sem&aacute;ntica y <i>la unidad de raz&oacute;n </i>que la modernidad incorpor&oacute; a nuestra comprensi&oacute;n del mundo y de la vida a trav&eacute;s de su idea de orden<sup><a name="1" href="#1.">1</a></sup>.</p>      <p>Una raz&oacute;n que deviene en buena medida eficaz con base en su capacidad de reducir el <i>sentido </i>al <i>valor, </i>y &eacute;ste a lo econ&oacute;mico, como punta de lanza de su expansi&oacute;n al mundo entero de la vida y de la tierra. Es en cuanto "unidad estabilizada del sentido de la diversidad" que la totalizaci&oacute;n estalla en la experiencia virtual, a la que nos da acceso la <i>cibercultura; </i>seg&uacute;n Pierre L&eacute;vy: "el ciberespacio engendra una nueva cultura de lo universal porque <i>de hecho </i>est&aacute; en todas partes, y porque su forma y su idea implica <i>en derecho </i>al conjunto de los seres humanos" (1996). Sin ceder a optimismos tecnocr&aacute;ticos ni a determinismos tecnol&oacute;gicos, es posible enunciar la nueva paradoja: <i>cuanto m&aacute;s interconectivamente universal, menos totalizable es el mundo. </i>Pues la multiplicidad de conexiones potencia, al menos tendencialmente, la heterogeneidad legible de lo mundial, cuanto mayor es el desorden tanto m&aacute;s se multiplican las singularidades.</p>      <p>&iquest;Qu&eacute; entender, entonces, por <i>universal? </i>"La presencia (virtual) de la humanidad a s&iacute; misma", responde L&eacute;vy. De manera que lo m&aacute;s emancipador de la concepci&oacute;n ilustrada de lo universal es recuperado en la cibercultura, mediante la potenciaci&oacute;n de la libertad que alienta la multiplicaci&oacute;n de <i>las comunidades en debate y argumentaci&oacute;n, </i>y mediante la expansi&oacute;n de la solidaridad a la que apela la <i>reciprocidad </i>de los intercambios y las interacciones exigidos por las actuales condiciones de la socialidad-en-red. Es la nueva universalidad que practican ya los movimientos sociales, que, como los reunidos en el Foro Social Mundial, hacen visibles las nuevas potencialidades de un estar-en-el-mundo sin perder la singularidad de cada comunidad-proyecto.</p>      <p><b>III. La globalizada comunicaci&oacute;n de las culturas</b></p>     <blockquote>     <p><i>Los intercambios virtuales configuran nuevos rasgos culturales a medida que tales intercambios se densifican y expanden hacia una gama creciente de &aacute;mbitos de vida de la gente. Al respecto se habla cada vez m&aacute;s de "culturas virtuales" para aludir a los cambios en las pr&aacute;cticas comunicativas por efecto de medios interactivos a distancia, que modifican la sensibilidad de los sujetos, sus formas de comprensi&oacute;n del mundo, la relaci&oacute;n con los otros y las categor&iacute;as para aprehender el entorno. Las culturas virtuales son mediaciones entre cultura y tecnolog&iacute;a, constituyen sistemas de intercambio simb&oacute;lico mediante los cuales se configuran sentidos colectivos y formas de representarse lo real.</i></p>     <p>Martin Hopenhayn</p> </blockquote>      <p>La mirada intelectual a&uacute;n hegem&oacute;nica sobre las relaciones entre comunicaci&oacute;n y cultura es todav&iacute;a la que separa y opone el elevado &aacute;mbito de la <i>cultura </i>al mundano y mercantil espacio de la <i>comunicaci&oacute;n. </i>Un purismo, exacerbado por la banalizaci&oacute;n de la comunicaci&oacute;n y la masiva y perversa mercantilizaci&oacute;n de los medios, est&aacute; reconduciendo a hacer de la cultura el desnudo &aacute;mbito de lo simb&oacute;lico, como si ese &aacute;mbito no hubiera estado siempre entrecruzado por el oscuro espesor del intercambio social que anuda la creaci&oacute;n a la producci&oacute;n y al ejercicio del poder. Quiz&aacute; el mejor ejemplo de la insoslayable hibridaci&oacute;n entre cultura y comunicaci&oacute;n se halle hoy en la relaci&oacute;n entre m&uacute;sica y sensibilidades j&oacute;venes: haciendo parte del m&aacute;s pr&oacute;spero y sesgado negocio medi&aacute;tico, la m&uacute;sica es, a la vez, parte de la m&aacute;s expresiva experiencia de apropiaci&oacute;n, de creatividad cultural y de empoderamiento social por parte de los j&oacute;venes.</p>      <p>Pero no s&oacute;lo entre las &eacute;lites intelectuales, tambi&eacute;n en la <i>gesti&oacute;n de las instituciones </i>culturales, lo que concierne a los medios es a&uacute;n mirado sospechosamente desde un complejo-reflejo cultural apoyado m&aacute;s en la nostalgia que en la historia, lo que est&aacute; impidiendo asumir en serio la <i>heterogeneidad de la producci&oacute;n </i>simb&oacute;lica (Lahire, 2004; Maigret y Mac&eacute;, 2005) que hoy representan las culturas, para poder responder a las nuevas demandas culturales y enfrentar sin fatalismos las l&oacute;gicas de la industria cultural. Lo que a su vez implica asumir que aquello que pone en juego la intervenci&oacute;n de la pol&iacute;tica en la comunicaci&oacute;n y la cultura no concierne solamente a la gesti&oacute;n de unas instituciones o unos servicios, a la distribuci&oacute;n de unos bienes o la regulaci&oacute;n de unas frecuencias, sino a la producci&oacute;n misma del sentido de lo social y sus modos de reconocimiento entre los ciudadanos.</p>      <p>Es por ah&iacute; que pasan unas desfasadas concepciones de la comunicaci&oacute;n que siguen desconociendo la competencia comunicativa de los ciudadanos (Winocourt, 2002). La comunicaci&oacute;n en la cultura deja, entonces, de tener la figura del intermediario entre creadores y consumidores, para asumir la tarea de disolver esa barrera social y simb&oacute;lica al <i>descentrar y desterritorializar </i>las posibilidades mismas de la producci&oacute;n cultural y sus dispositivos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Al corroborar esa imbricaci&oacute;n entre cultura y comunicaci&oacute;n emergen los dos procesos que est&aacute;n transformando radicalmente el <i>lugar </i>de la cultura en nuestras sociedades: la revitalizaci&oacute;n de las<i> identidades </i>y la revoluci&oacute;n de las <i>tecnicidades. </i>Los procesos de globalizaci&oacute;n est&aacute;n reavivando la cuesti&oacute;n de las identidades culturales &eacute;tnicas, raciales, locales, regionales, hasta el punto de convertirlas en dimensi&oacute;n protag&oacute;nica de muchos de los m&aacute;s violentos y complejos conflictos internacionales de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, al mismo tiempo que las identidades, incluidas las de g&eacute;nero y de edad, est&aacute;n reconfigurando la fuerza y el sentido de los lazos sociales, y las posibilidades de convivencia en lo nacional y en lo local. Y es que en cuanto proceso de inclusi&oacute;n/exclusi&oacute;n a escala planetaria, la globalizaci&oacute;n est&aacute; convirtiendo la cultura en espacio estrat&eacute;gico de compresi&oacute;n de las tensiones que desgarran y recomponen el "estar juntos", y en lugar de anudamiento de todas sus crisis pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas, religiosas, &eacute;tnicas, est&eacute;ticas y sexuales.</p>      <p>De ah&iacute; que sea desde la diversidad cultural de las historias y los territorios, desde las experiencias y las memorias, desde donde no s&oacute;lo se resiste, sino que se negocia e interact&uacute;a con la globalizaci&oacute;n, y desde donde se acabar&aacute; por transformarla. Pues lo que galvaniza hoy a las identidades como motor de lucha es inseparable de la <i>demanda de reconocimiento y de sentido. </i>Y ni el uno ni el otro son formulables en meros t&eacute;rminos econ&oacute;micos o pol&iacute;ticos, pues ambos se hallan referidos al n&uacute;cleo mismo de la cultura, en cuanto mundo del <i>pertenecer a </i>y del <i>compartir con. </i>Raz&oacute;n por la cual la identidad se constituye hoy en la fuerza m&aacute;s capaz de introducir contradicciones en la hegemon&iacute;a de la raz&oacute;n instrumental.</p>      <p>Por otra parte, atravesamos una revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica cuya peculiaridad no reside tanto en introducir en nuestras sociedades una cantidad inusitada de nuevas m&aacute;quinas, sino en configurar un nuevo entorno o ecosistema comunicativo. Es al constituirse en <i>tercer </i>entorno (Echeverr&iacute;a, 1999; L&eacute;vi, 1998; Fisher, 2001) que se imbrica en los entornos natural y urbano/social como la tecnolog&iacute;a digital est&aacute; configurando nuestros modos de habitar el mundo y las formas mismas del lazo social.</p>      <p><b>Cuando la tecnicidad se torna estructural</b></p>     <p>Lo que la <i>convergencia tecnol&oacute;gica </i>nos pone a pensar es, en primer lugar, el surgimiento de una raz&oacute;n comunicacional, cuyos dispositivos la fragmentaci&oacute;n que disloca y descentra, el flujo que globaliza y comprime, la conexi&oacute;n que desmaterializa e hibrida agencian el devenir mercado del conjunto de la sociedad. Frente al consenso dialogal con el que Habermas (1989) identifica la <i>raz&oacute;n comunicativa </i>descargada de las contradicciones pol&iacute;ticas que introducen la mediaci&oacute;n tecnol&oacute;gica y mercantil, lo que estamos necesitando descifrar es la <i>hegemon&iacute;a comunicacional </i>del mercado, al agenciar un nuevo modelo de sociedad en el que la comunicaci&oacute;n/informaci&oacute;n resulta siendo el m&aacute;s eficaz motor del desenganche e inserci&oacute;n de las culturas &eacute;tnicas, nacionales o locales en el espacio/tiempo del mercado.</p>      <p>Pero la globalizaci&oacute;n no es un puro avatar de la econom&iacute;a y el mercado, sino un movimiento que, al hacer de la <i>comunicaci&oacute;n </i>y <i>la informaci&oacute;n </i>la clave de un nuevo modelo de sociedad, empuja todas las sociedades hacia una intensificaci&oacute;n de sus contactos y sus conflictos, al exponer todas las culturas unas a otras como jam&aacute;s lo estuvieron antes (Appaduray, 2001). Hasta las comunidades n&oacute;madas de la Amazon&iacute;a que reh&uacute;yen en forma manifiestamente violenta su encuentro con los otros se topan frecuentemente hoy con esos n&oacute;madas modernos que patrocina el "turismo ecol&oacute;gico", esa especie de antiturismo que sale de su mundo para ir justamente al encuentro de los otros, &iexcl;en b&uacute;squeda de experiencias del otro! La antropol&oacute;gicamente constitutiva relaci&oacute;n entre cultura y comunicaci&oacute;n se acent&uacute;a cuando algunas de las transformaciones culturales m&aacute;s decisivas provienen de las mutaciones que atraviesa el entramado tecnol&oacute;gico de la comunicaci&oacute;n y afecta la percepci&oacute;n que las comunidades culturales tienen de s&iacute; mismas y sus modos de construir las identidades.</p>      <p>La actual reconfiguraci&oacute;n de las culturas ind&iacute;genas, locales y nacionales, responde, especialmente, a <i>la intensificaci&oacute;n de la comunicaci&oacute;n e interacci&oacute;n de esas comunidades con las otras culturas del pa&iacute;s y del mundo. </i>Desde dentro de las comunidades locales, los actuales procesos de comunicaci&oacute;n son cada d&iacute;a mejor percibidos como una oportunidad de interacci&oacute;n con el conjunto de la naci&oacute;n y del mundo. Y sin dejar de luchar por sus tierras, esa lucha hace hoy parte de su lucha por el Estado, esto es, por contar a la hora de construir pa&iacute;s.</p>      <p><b>De la convergencia como transparencia comunicativa a la convergencia como conectividad e interacci&oacute;n cultural</b></p>     <p><i>Convergencia digital </i>es el nuevo nombre de un proceso y un paradigma cuya primera figura fue, desde fines de los a&ntilde;os ochenta, la de la "transparencia comunicativa". Se trat&oacute; de un paradigma plenamente <i>integrado </i>(en el sentido que a esa palabra le ha dado Umberto Eco), pues lo que en verdad se propon&iacute;a desde &eacute;l era la ideolog&iacute;a del "todo es comunicaci&oacute;n", que en su traducci&oacute;n en t&eacute;rminos de <i>informaci&oacute;n </i>vino a legitimar descaradamente las l&oacute;gicas de la desregulaci&oacute;n de los mercados. De manera que la envergadura pol&iacute;tica de esa primera figura de la convergencia tecnol&oacute;gica es nada m&aacute;s y nada menos que la justificaci&oacute;n t&eacute;cnica de la concentraci&oacute;n econ&oacute;mica.</p>      <p>En el redise&ntilde;o de nuestros Estados por las pol&iacute;ticas neoliberales, el descentramiento alentado por las nuevas configuraciones de la tecnolog&iacute;a ha pasado a servir de cobertura ideol&oacute;gica a la m&aacute;s desvergonzada concentraci&oacute;n de medios en oligopolios impensables hace unos pocos a&ntilde;os. Del arranque que marcara la compra de Time-Warner por a. o. l., en Estados Unidos, y la fusi&oacute;n entre Vivendi-Seagram-Canal+ en Europa, la <i>hiperconectividad </i>como segunda figura (Tv-Internet-telefon&iacute;a m&oacute;vil) nos enfrenta a la intensificaci&oacute;n en el plano de la concentraci&oacute;n econ&oacute;mica de lo que significa la <i>digitalizaci&oacute;n sin barreras </i>en el plano t&eacute;cnico.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero todo ese proceso de convergencia/ concentraci&oacute;n del poder medi&aacute;tico no puede llevarnos a invisibilizar ni desvalorizar su otra vertiente, esto es lo que de estrat&eacute;gico entra&ntilde;a una mutaci&oacute;n tecnol&oacute;gica que ha entrado a potenciar y densificar el nuevo ecosistema comunicativo. La experiencia cultural audiovisual trastornada por la revoluci&oacute;n digital apunta hacia la constituci&oacute;n de nuevas modalidades de <i>comunidad </i>(art&iacute;stica, cient&iacute;fica, cultural) y de <i>una nueva esfera de lo p&uacute;blico. </i>Ambas se hallan ligadas al surgimiento de una <i>visibilidad cultural, </i>escenario de una decisiva batalla pol&iacute;tica que hoy pasa por la deslocalizaci&oacute;n de los saberes que trastorna sus viejas, pero a&uacute;n prepotentes, jerarqu&iacute;as (Mignolo, 2001); disemina los espacios donde el conocimiento se produce y los circuitos por los que transita, y posibilita a los individuos y las colectividades insertar sus cotidianas culturas orales, sonoras y visuales, en los nuevos lenguajes y las nuevas escrituras.</p>      <p>En Am&eacute;rica Latina, nunca el <i>palimpsesto de las memorias culturales m&uacute;ltiples </i>de su gente tuvo mayores posibilidades de apropiarse del <i>hipertexto </i>en que se entrecruzan e interact&uacute;an <i>lectura y escritura, saberes y haceres, artes y ciencias, pasi&oacute;n est&eacute;tica y acci&oacute;n pol&iacute;tica.</i></p>      <p><i>Convergencia tecnol&oacute;gica </i>significa, entonces, la emergencia de una nueva <i>econom&iacute;a cognitiva, </i>regida por el desplazamiento del estatuto del n&uacute;mero, que, de signo del dominio sobre la naturaleza, est&aacute; pasando a convertirse en mediador universal del saber y del operar t&eacute;cnico/est&eacute;tico, lo que viene a significar la primac&iacute;a de lo sensorio/simb&oacute;lico sobre lo sensorio/motriz. Pues la <i>numerizaci&oacute;n </i>digital hace posible una nueva forma de interacci&oacute;n entre la abstracci&oacute;n y lo sensible, al replantear por completo las fronteras entre la diversidad de saberes y de modos de hacer. La velocidad de la expansi&oacute;n de la telefon&iacute;a m&oacute;vil y del acceso al correo electr&oacute;nico a los estratos m&aacute;s pobres en nuestros pa&iacute;ses marca un proceso inesperado de conexi&oacute;n de las mayor&iacute;as a la red digital, que entran, as&iacute;, a habitar el nuevo <i>espacio comunicacional </i>desde el que pueden conectar los territorios de la emigraci&oacute;n con los del propio pa&iacute;s, al intercambiar m&uacute;sicas y fotograf&iacute;as con sus parientes y amigos del otro lado del Atl&aacute;ntico y del mundo.</p>      <p>Una particular y pionera experiencia de convergencia cultural digitalmente mediada, a la que a&uacute;n no se le est&aacute; prestando toda la atenci&oacute;n que merece desde el campo acad&eacute;mico, es la de los adolescentes y los j&oacute;venes. Para ellos el computador no es ya una m&aacute;quina, sino una <i>tecnicidad cognitiva </i>y creativa (Scolari, 2004; Barganza y Cruz, 2001; Dede, 2000). Mientras toda la historia de la evoluci&oacute;n de lo humano es una historia plena de hibridaciones, de transfusiones de lo natural en lo artificial, y viceversa, el racionalismo en que se convirti&oacute; el idealismo antiguo ha pretendido mantener en mundos separados el conocimiento y la t&eacute;cnica, dotando al primero de todo el positivismo de la invenci&oacute;n y reduciendo la t&eacute;cnica a mero instrumento o utensilio. Lo que nos ha impedido radicalmente pensar las <i>relaciones constitutivas </i>que siempre hubo pero que nunca como hoy se hicieron patentes entre ciencia y t&eacute;cnica. De ah&iacute; que la existencia de la <i>tecnociencia </i>nos desaf&iacute;e a pensar no la singularidad del "mundo de la t&eacute;cnica", sino, como advirtiera Heidegger, <i>la tecnicidad del mund</i>o; esto es, la t&eacute;cnica como dimensi&oacute;n constituyente de lo humano (1997).</p>      <p>La convergencia digital introduce en las pol&iacute;ticas culturales una profunda renovaci&oacute;n del <i>modelo de comunicabilidad, </i>pues del unidireccional, lineal y autoritario paradigma de la <i>transmisi&oacute;n de informaci&oacute;n, </i>hemos pasado al modelo de la <i>red, </i>esto es, al de la <i>conectividad </i>y la <i>interacci&oacute;n </i>que transforma la mec&aacute;nica forma de la comunicaci&oacute;n a distancia por la electr&oacute;nica del <i>interfaz de proximidad. </i>Nuevo paradigma que se traduce en una pol&iacute;tica que privilegia la sinergia entre muchos peque&ntilde;os proyectos, por sobre la complicada estructura de los grandes y pesados aparatos, tanto en la tecnolog&iacute;a como en la gesti&oacute;n.</p>      <p><b>IV Por unas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de convergencia cultural</b></p>     <p>La diversidad cultural atraviesa hoy una bien peculiar <i>situaci&oacute;n. </i>Por una parte, la convergencia digital constituye hoy el &aacute;mbito de dos cruciales oportunidades: primero, la que abre la digitalizaci&oacute;n y posibilita la puesta en un <i>lenguaje com&uacute;n </i>de datos, textos, sonidos, im&aacute;genes y videos, al desmontar la hegemon&iacute;a racionalista del dualismo que hasta ahora opon&iacute;a lo inteligible a lo sensible y lo emocional, la raz&oacute;n a la imaginaci&oacute;n, la ciencia al arte, y tambi&eacute;n la cultura a la t&eacute;cnica o el libro a los medios audiovisuales. Segundo, la configuraci&oacute;n de un nuevo espacio p&uacute;blico construido desde los movimientos sociales, las comunidades culturales y los medios comunitarios.</p>      <p>Ambas oportunidades se hallan configuradas por una enorme y diversa pluralidad de actores, pero que <i>convergen </i>sobre un compromiso emancipador y una cultura pol&iacute;tica en la que la resistencia es, al mismo tiempo, forjadora de iniciativas y de alternativas. Por otra parte, una creciente conciencia del valor de la <i>diferencia, </i>de la <i>diversidad </i>y de la <i>heterogeneidad </i>en el plano de las civilizaciones y las culturas &eacute;tnicas, locales y de g&eacute;nero, se enfrenta a un poderoso movimiento de <i>uniformidad de los imaginarios cotidianos </i>en las modas del vestir y los gustos musicales, en los modelos de cuerpo y las expectativas de &eacute;xito social, en las narrativas con mayor p&uacute;blico en el cine, la televisi&oacute;n y el videojuego.</p>      <p>Esa tensi&oacute;n ha sido resuelta por el mercado, al convertir la diferencia cultural en estratagema de <i>reterritorializaci&oacute;n y personalizaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas de diferenciaci&oacute;n social. </i>Como observa sagazmente David Harvey, el mecanismo opera mediante: "la paradoja de que cuanto menos decisivas se tornan las barreras espaciales tanto mayor es la sensibilidad del capital hacia las diferencias del lugar y tanto mayor el incentivo para que los lugares se esfuercen por diferenciarse como forma de atraer el capital" (1989). Paradoja que en el &aacute;mbito individual puede ser traducida al aportar el <i>esfuerzo por diferenciarse </i>en el centro de la lucha de los individuos por salir del anonimato social a que les condena el propio sistema.</p>      <p>La posibilidad de unas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que se propongan asumir la complejidad de estos procesos pasa por el establecimiento de unos <i>marcos regulatorios de alcance a la vez mundial y local, </i>que son los dos espacios estrat&eacute;gicos en que se mueve hoy tanto la econom&iacute;a, como la tecnolog&iacute;a y la cultura. Marcos regulatorios que s&oacute;lo podr&aacute;n salir de una <i>negociaci&oacute;n </i>entre los actores p&uacute;blicos, privados e independientes, de los &aacute;mbitos local, nacional e internacional. Pues, como lo demuestran los foros mundiales de Davos y Porto Alegre, y especialmente las reuniones preparatorias de la Cumbre msi, esos actores cuentan hoy con <i>organismos, organizaciones y asociaciones </i>capaces de representar los diferentes intereses en juego.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esto quiere decir que lo que la presencia de las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n (tic) est&aacute; produciendo a lo largo y ancho del mundo no es comprensible, ni proyectable pol&iacute;ticamente, m&aacute;s que a partir de una <i>visi&oacute;n integral </i>capaz de ubicar en el entorno de <i>los procesos </i>de desarrollo econ&oacute;mico-social, y de las pr&aacute;cticas de participaci&oacute;n democr&aacute;tica, <i>los impactos y las potencialidades </i>de esas tecnolog&iacute;as.</p>      <p>Lo planteado contrasta con la ausencia del sector p&uacute;blico en la conducci&oacute;n de los cambos tecnol&oacute;gicos, ausencia hecha visible por el salto de unas pol&iacute;ticas <i>legalistas y voluntaristas </i>en comunicaci&oacute;n y cultura durante los a&ntilde;os setenta y ochenta <i>a la m&aacute;s pura y dura desregulaci&oacute;n </i>que en los a&ntilde;os noventa deja libre al mercado para marcar las l&oacute;gicas y las din&aacute;micas de la transformaci&oacute;n de las tic. Con un agravante: mientras eso sucede en el plano de las telecomunicaciones y de los grandes medios, el Estado regula hasta el extremo a los peque&ntilde;os medios, como las emisoras de radio y las televisiones locales y comunitarias, y multiplica las trabas legales a su funcionamiento y expansi&oacute;n.</p>      <p>Por eso, adem&aacute;s de la enorme brecha entre los pa&iacute;ses del Norte y el Sur, encontramos que en los pa&iacute;ses m&aacute;s grandes y econ&oacute;micamente fuertes del Sur las oportunidades de conectarse a las redes ofrecen el &iacute;ndice de desigualdad m&aacute;s brutal: seg&uacute;n la cepal: "en el a&ntilde;o 2004 el grupo de ingresos m&aacute;s altos en Brasil alcanzaba una tasa de conectividad del 82% mientras que la tasa nacional era s&oacute;lo del 12%". Pues la "brecha digital" <i>es en realidad una brecha social, </i>esto es, no remite a un mero efecto de la tecnolog&iacute;a digital, sino a una organizaci&oacute;n de la sociedad que impide a la mayor&iacute;a acceder y apropiarse tanto f&iacute;sica, como econ&oacute;mica y mentalmente de las tic.</p>      <p>Pero, frente a esa situaci&oacute;n tambi&eacute;n encontramos en Am&eacute;rica Latina algunos escenarios estrat&eacute;gicos de intervenci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, escenarios especialmente apropiados para poner la convergencia digital al servicio del intercambio y la potenciaci&oacute;n de la diversidad cultural, y el m&aacute;s revelante es el potencial estrat&eacute;gico que representan ya las redes digitales que tejen la <i>integraci&oacute;n sociocultural del espacio latinoamericano, </i>al movilizar investigaciones cient&iacute;ficas, experimentaciones art&iacute;sticas y medios comunitarios de radio y televisi&oacute;n. Tanto desde los peque&ntilde;os municipios rurales, como desde grandes barrios urbanos, los sectores populares estamos ya sea mediante el protagonismo de j&oacute;venes o incluso en algunas comunidades ind&iacute;genas ante una intensiva apropiaci&oacute;n <i>comunitaria </i>de la radio y la televisi&oacute;n para comunicar a las comunidades locales entre s&iacute; y a &eacute;stas con otras en el mundo, con el objetivo de rehacer el tejido colectivo de memoria y contrainformaci&oacute;n, y movilizar la imaginaci&oacute;n para participar en la construcci&oacute;n de lo p&uacute;blico.</p>      <p>Un segundo escenario es que el ofrecen las redes tejidas por los emigrantes, desde los emigrantes ecuatorianos en Espa&ntilde;a que se comunican en quechua, o de los mexicanos en Estados Unidos que <i>pasean </i>por la web a la Virgen de Guadalupe vestida de chicana y en moto, o las del <i>netart </i>pl&aacute;stico y musical que los j&oacute;venes hacen circular ya no s&oacute;lo entre los connacionales, sino entre todos los migrantes latinos o sudacas, y mediante las cuales la convergencia digital hace ya parte constitutiva del espacio cultural iberoamericano en construcci&oacute;n.</p>      <p>Un tercer escenario, aunque a&uacute;n con retraso y precarias condiciones, es la <i>escuela p&uacute;blica, </i>que comienza a converger con las tecnolog&iacute;as digitales desde las que se est&aacute;n reconfigurando profundamente tanto los modos de producci&oacute;n y circulaci&oacute;n del conocimiento, como los mapas laborales y profesionales. Pues los cambios m&aacute;s de fondo que acarrea la sociedad de la informaci&oacute;n tienen justamente que ver con las nuevas destrezas mentales requeridas por los nuevos oficios, las nuevas modalidades de aprendizaje formales y no formales, las nuevas formas de relaci&oacute;n entre trabajo y juego, entre el espacio dom&eacute;stico y el lugar de trabajo.</p>      <p>Un cuarto escenario lo constituye la creciente conciencia de que los <i>derechos a la informaci&oacute;n y el conocimiento </i>hacen parte integral de los <i>derechos humanos. </i>Nos referimos al derecho de los ciudadanos y los grupos sociales al acceso a la informaci&oacute;n, no s&oacute;lo como receptores, sino, tambi&eacute;n, como productores; y tambi&eacute;n al <i>derecho a la participaci&oacute;n del, y en, el conocimiento. </i>Pues, por un lado, la hipervaloraci&oacute;n de la <i>informaci&oacute;n </i>est&aacute; produciendo una fuerte devaluaci&oacute;n de los saberes tradicionales no "informatizables", como las estrategias campesinas de supervivencia, las experiencias de vida en los inmigrantes, la memoria cultural de los ancianos, etc. De modo que, en &uacute;ltimas, <i>sociedad de la informaci&oacute;n </i>est&aacute; significando en nuestros pa&iacute;ses la expansi&oacute;n de una <i>sociedad del desconocimiento, </i>esto es, del <i>no reconocimiento </i>de la pluralidad de saberes y competencias culturales, que, al ser compartidas por las mayor&iacute;as populares o las minor&iacute;as ind&iacute;genas o regionales, no est&aacute;n siendo incorporadas como tales a los mapas de la sociedad, ni siquiera a los de sus sistemas educativos.</p>      <p>Tambi&eacute;n hoy nos enfrentamos a una de las m&aacute;s rentables trampas por medio de las cuales opera el proceso de expropiaci&oacute;n de las mayor&iacute;as a los bienes culturales de la humanidad: la protecci&oacute;n a la <i>propiedad intelectual. </i>Categor&iacute;a espuria, pues en ella lo intelectual queda equiparado y reducido a lo mercantilmente apropiable, y mistificadora del <i>derecho de autor, </i>un derecho que es definitivamente cooptado por la idea de <i>patente </i>y su pseudojurisprudencia comercial.</p>      <p>Necesitamos poner al descubierto las formas y alcances del actual sometimiento que sufren el cocimiento cient&iacute;fico y la experimentaci&oacute;n est&eacute;tica, por el desmantelamiento de las m&uacute;ltiples modalidades de regulaci&oacute;n que imped&iacute;an la extensi&oacute;n e invasi&oacute;n de la <i>propiedad </i>a los terrenos de los saberes, las pr&aacute;cticas y los servicios antes considerados p&uacute;blicos y que Internet transforma hoy en <i>bienes comunes.</i></p>      <p>As&iacute; es como funciona la m&aacute;s nueva y quiz&aacute; una de las m&aacute;s fecundas figuras de la convergencia cultural hoy, la de las <i>redes </i>culturales (Finquelevich, 2000; Molina, 2001; Varios autores, 2002; Tirado Serrano y Domenech (2006), animadas cotidianamente por artistas y por gestores, por formadores y por instituciones municipales y comunidades barriales. Con la enorme ganancia que entra&ntilde;a el que una de las tareas asumidas por muchos de los nuevos actores es la de veedores ciudadanos, empe&ntilde;ados en la fiscalizaci&oacute;n de los proyectos y las decisiones de las que parten, de los dineros y de los tipos de intercambio promovidos. Las <i>redes culturales </i>se est&aacute;n convirtiendo en el nuevo <i>espacio p&uacute;blico de intermediaci&oacute;n </i>entre actores diversos de un mismo pa&iacute;s, entre actores del mismo &aacute;mbito pol&iacute;ticas, gesti&oacute;n, formaci&oacute;n en diversos pa&iacute;ses, o bien movilizando transversalidades y <i>transdisciplinas </i>que enriquecen desde el campo pol&iacute;tico el trabajo acad&eacute;mico y desde el de la creaci&oacute;n art&iacute;stica, el campo pol&iacute;tico.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estamos ante la posibilidad hist&oacute;rica, no s&oacute;lo tecnol&oacute;gica, sino ciudadana, de renovar radicalmente el entramado pol&iacute;tico de la interculturalidad, al tejer redes que enlacen cada d&iacute;a m&aacute;s el mundo de los artistas y trabajadores culturales con el de instituciones territoriales y las organizaciones sociales. Y lo vamos a necesitar, pues s&oacute;lo al densificar y potenciar al m&aacute;ximo el tejido de los actores sociales e institucionales de nuestras culturas, y al crear a lo largo del mundo alianzas lo m&aacute;s anchas posibles, podremos hacer frente a la ofensiva de desmovilizaci&oacute;n pol&iacute;tica e instrumentalizaci&oacute;n cultural que la globalizaci&oacute;n del miedo y las nuevas industrias de la seguridad ya han emprendido.</p>      <p>No puedo terminar esta reflexi&oacute;n sin enlazarla con las "razones de mi esperanza" (de las que Borges habl&oacute; en un temprano libro titulado <i>El tama&ntilde;o de mi esperanza), </i>que son las que articulan la investigaci&oacute;n al hacer pol&iacute;tico del que esto escribe. Me refiero a "la segunda oportunidad" (Garc&iacute;a M&aacute;rquez), que, para los que han vivido <i>Cien a&ntilde;os de soledad, </i>puede entra&ntilde;ar la convergencia entre sus oralidades culturales y las nuevas <i>visualidades </i>y escrituras cibern&eacute;ticas si las culturas letradas aceptaran transformar su didactismo autoritario en mediaci&oacute;n ciudadana performativa. Pues la subordinaci&oacute;n de las oralidades, sonoridades y visualidades de las mayor&iacute;as al orden excluyente de la letra sufre actualmente una erosi&oacute;n creciente e imprevista, que se origina, por un lado, en la deslocalizaci&oacute;n y diseminaci&oacute;n de los "tradicionalmente modernos" circuitos del conocimiento, y, por otro, en los nuevos modos de producci&oacute;n y circulaci&oacute;n de lenguajes y nuevas escrituras que emergen por medio de la tecnicidad electr&oacute;nica, y, especialmente, en Internet.</p>      <p>Estamos, as&iacute;, ante un nuevo escenario cultural y pol&iacute;tico que puede ser estrat&eacute;gico, primero, para la transformaci&oacute;n de un sistema educativo excluyente no s&oacute;lo cuantitativa, sino, sobre todo, cualitativamente, y profundamente anacr&oacute;nico por relaci&oacute;n a las mutaciones que atraviesan las culturas cotidianas; segundo, para que la democratizaci&oacute;n de nuestras sociedades llegue al mundo de las culturas de las mayor&iacute;as y posibilite a las poblaciones apropiarse, desde sus propias culturas, de los nuevos saberes, lenguajes y escrituras.</p> <hr>      <p><a href="#1" name="1."><sup>1.</sup></a>Z. Bauman analiza la centralidad epist&eacute;mica y antropol&oacute;gica de el orden para la racionalidad moderno en <i>Modernidade e ambivalencia </i>(Zahar, 1999).</p> <hr>      <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Alfaro, R. M. (ed.) (2005), <i>Comunicaci&oacute;n y pol&iacute;tica en una democracia &eacute;tica, </i>Lima, Veedur&iacute;a Ciudadana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-4823201000020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Appadurai, A. (2000), "Grassroots Globalization and the Research Imagination", <i>Public Culture, </i>n&uacute;m. 30, Duke University Press,  p. 7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-4823201000020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>- (2001), <i>La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalizaci&oacute;n, </i>Buenos Aires, Trilce/F. c. e.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-4823201000020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Barganza, J. A. y Cruz, M. T. (2001), <i>Cr&iacute;tica das logacoes na Era da T&eacute;cnica, </i>Porto, Tropismos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-4823201000020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <!-- ref --><p>Beck, U. (2005), <i>La mirada cosmopolita, </i>Barcelona, Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-4823201000020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Chartron, G. (1994), <i>Pour Une nouvelle economie du savoir, </i>Par&iacute;s, Presses Universitaires de Rennes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-4823201000020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Dede, C. (comp.) (2000), <i>Aprendiendo con tecnolog&iacute;a, </i>Barcelona, Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-4823201000020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Echeverr&iacute;a, J. (1999), <i>Los se&ntilde;ores del aire, tel&eacute;polis y el tercer entorno, </i>Barcelona, Destino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-4823201000020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Finquelevich, S. (coord.) (2000), <i>&iexcl;Ciudadanos a la red! Los v&iacute;nculos sociales en el ciberespacio, </i>Buenos Aires, Ciccus/La Cruj&iacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-4823201000020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Fischer, H. (2001), <i>Le Choc\ numerique. A l'aube de une nouvelle civilisatuon, </i>Montreal, BLV.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-4823201000020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Habermas, J. (1989), <i>Teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa, </i>Madrid, Tauros.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-4823201000020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Harvey, D. (1989), "The experience of space and time", <i>The Condition of Postmodernity, Cambridge, </i>Basil Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-4823201000020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Heidegger, M. (1997), <i>Filosof&iacute;a, ciencia y t&eacute;cnica, </i>traducci&oacute;n de Soler, F. y Acevedo, J., Santiago de Chile, Editorial Universitaria.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-4823201000020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ianni, O. (1996), <i>Teor&iacute;as de la globalizaci&oacute;n, </i>M&eacute;xico, Siglo  XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-4823201000020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Laclau, E. (1996), <i>Emancipaci&oacute;n y diferencia, </i>Buenos Aires, Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-4823201000020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Lahire, B. (2004), <i>La Culture des individus. Dissonances culturelles et distinction de soi, </i>Par&iacute;s, L&eacute;vi, P. (1996), "Essai Sur la cyberculture: l'universel sans totalit&eacute;", <i>Rapport au Conseil de L'Europe, </i>Par&iacute;s, p. 4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-4823201000020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>- (1998), <i>A inteligenticia coletiva, </i>Sao Paulo, Loyola.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-4823201000020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Maigret, E. y Mac&eacute;, E. (2005), <i>Pensar les mediacultures. Nouvelles practique et nouvelles appriches de la representation du monde, </i>Par&iacute;s, Armand Collin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-4823201000020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Manzini, E. (1991), <i>Artefacts. Vers une nouvelle &eacute;cologie de Venvironement artificiel, </i>Par&iacute;s, cgp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-4823201000020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Meyrowitz, J. (1985), <i>No Sense of Place. The Impact of Electronic Media on Social Behavior, </i>Nueva York, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-4823201000020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mignolo, W. (comp.) (2001), <i>Capitalismo y geopol&iacute;tica del conocimiento, </i>Buenos Aires, Signo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-4823201000020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Molina, J. L. (2001), <i>El an&aacute;lisis de redes sociales: una introducci&oacute;n, </i>Barcelona, Bellaterra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-4823201000020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Ortiz, R. (1994), <i>Mundializa&ccedil;ao e cultura, </i>Sao Paulo, Brasiliense.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-4823201000020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Santos, M. (1993), "Espa&ccedil;o, mundo globalizado, post-modernidade", en <i>Margen, </i>n&uacute;m. 1, p. 11.  (1996), <i>A natureza do espa&ccedil;o, </i>Sao Paulo, Hucitec.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-4823201000020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>- (2000), <i>Por urna outra globalizacao, </i>R&iacute;o de Janeiro, Record.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-4823201000020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Scolari, C. (2004), <i>Hacer clic. Hacia una sociose-mi&oacute;tica de las interacciones digitales, </i>Barcelona, Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-4823201000020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Serres, M. 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