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<journal-title><![CDATA[Investigación y Educación en Enfermería]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Desarrollo de la autoestima profesional en enfermería]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyses from an historical perspective life experienced events in nursing and their effects in professional self esteem, first as caregivers and later as nurses. The article critically reflects about facts that stamped the practice of nursing during every one of its historical evolution phases: domestic, vocational, technical and professional; and how those facts could have influenced and how still influence the development of professional self- esteem. The principal problems of each phase are analysed in order to present some change proposals to improve the situations considered.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p><b>Desarrollo de la autoestima profesional  en enfermer&iacute;a</b></p>     <p>Alexandra Torres A.<sup>a</sup>, Olivia Sanhueza A.<sup>b</sup></p>     <p>a	Enfermera Magister en Bioestad&iacute;stica y Licenciada en Epidemiolog&iacute;a,   Docente Universidad San Sebasti&aacute;n, Candidata a Doctora Programa Doctorado   en Enfermer&iacute;a, Universidad de Concepci&oacute;n, Concepci&oacute;n, Chile.atorres@ssconcepcion.cl.</p>     <p>b	Doctora en Enfermer&iacute;a. Profesora Titular, Departamento de Enfermer&iacute;a,   Facultad de Medicina, Universidad de Concepci&oacute;n, Concepci&oacute;n,   Chile. osanhue@udec.cl.</p>     <p><b>C&oacute;mo citar este art&iacute;culo:</b> Torres A, Sanhueza O. Desarrollo   de la autoestima profesional en enfermer&iacute;a. Invest. educ. enferm. 2006; (24)2: 112-119.</p>     <p><b>Recibido:</b> 6 de septiembre de 2004. <b>Env&iacute;o para correcciones:</b> 22 de mayo de 2006. <b>Aprobado:</b> 24 de julio de 2006</p> <hr>     <p><b>RESUMEN </b></p>     <p>Este art&iacute;culo analiza, desde una perspectiva historica, los acontecimientos   vividos en el desarrollo de la enfermer&iacute;a   como profesi&oacute;n y sus efectos en la autoestima profesional de las enfermeras,   en primera instancia como encargadas del cuidado, y m&aacute;s tarde como enfermeras,   realizando una reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre los hechos que marcaron   la pr&aacute;ctica de enfermer&iacute;a en cada una de las etapas de su evoluci&oacute;n   hist&oacute;rica como profesi&oacute;n, esto es: la dom&eacute;stica, la vocacional,   la t&eacute;cnica y la profesional, y c&oacute;mo estos hechos pudieron incidir   y a&uacute;n repercuten en el desarrollo de la autoestima profesional. Se analizan   las principales problem&aacute;ticas que de cada etapa se derivan, y luego   se presentan algunas alternativas de cambio para mejorar la situaci&oacute;n expuesta.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> autoestima,  enfermer&iacute;a, historia de la enfermer&iacute;a</p>     <p><b>Professional self-esteem development in nursing</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>This article analyses from an historical perspective life experienced events   in nursing and their effects in professional self esteem, first as caregivers   and later as nurses. The article critically reflects about facts that stamped   the practice of nursing during every one of its historical evolution phases:   domestic, vocational, technical and professional; and how those facts could   have influenced and how still influence the development of professional self-   esteem. The principal problems of each phase are analysed in order to present some change proposals to improve the situations considered.</p>     <p><b>Key words</b>: self-esteem,  nursing, nursing history</p>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Creemos, siguiendo la escuela humanista, que la persona es un ser en busca   de identidad, b&uacute;squeda condicionada a factores personales y en la que   la autoestima se impone como un trascendente determinante de la eficacia que se desea alcanzar.</p>     <p>Se define la autoestima como la actitud adquirida hacia uno mismo; es la actitud, la forma habitual de pensar, amar, sentir y comportarse consigo mismo<sup>1</sup>.</p>     <p>Es la disposici&oacute;n permanente seg&uacute;n la cual nos enfrentamos a   nosotros mismos; ordenamos nuestras experiencias refiri&eacute;ndolas y configurando nuestro yo, es decir, son las l&iacute;neas que forman y motivan nuestra personalidad<sup>2</sup>. </p>     <p>Otras acepciones de este constructo se&ntilde;alan que es el &#8220;sentimiento   de aceptaci&oacute;n y aprecio, que va unido al sentimiento de competencia y val&iacute;a personal&#8221;<sup>3</sup>. Tambi&eacute;n se la define como &#8220;la   evaluaci&oacute;n o juicio personal que hace el individuo, y que generalmente   mantiene frente a s&iacute; mismo; que expresa una actitud de aprobaci&oacute;n   o de desaprobaci&oacute;n e indica el grado en que el individuo se considera capaz, con &eacute;xito y valioso&#8221; <sup>4, 5, 2</sup>.</p>     <p>Para Rosemberg, &#8220;la autoestima se aprende y como consecuencia se puede cambiar&#8221;<sup>6</sup>.</p>     <p>En general, la autoestima se entender&aacute; como el juicio personal acerca   de nosotros mismos, que se expresa en la forma de ser en sociedad y donde interaccionan diversos componentes de la personalidad: cognitivos, afectivos y conductuales<sup>7</sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El componente cognitivo: corresponde a la representaci&oacute;n mental que   nos formamos de nosotros mismos. Referido a los autoconceptos, autoconocimiento, autocomprensi&oacute;n y autopercepci&oacute;n.</p>     <p>El componente afectivo: conduce a la valoraci&oacute;n de lo que en nosotros   es positivo o negativo, lo favorable o desfavorable y lo que sentimos al respecto. Se refiere al autoaprecio, a la autovaloraci&oacute;n.</p>     <p>El componente conductual: se define como &#8220;el elemento activo, instigador   de conductas coherentes con los conocimientos y afectos relativos a nosotros   mismos. Significa tensi&oacute;n, integraci&oacute;n y decisi&oacute;n de actuar, de llevar a la pr&aacute;ctica un comportamiento consecuente y coherente&#8221;<sup>8</sup>. Componente referido a la autonom&iacute;a, a la responsabilidad y a la independencia. </p> </p>     <p>Considerando la autoestima como un proceso conductual integrado determinante   de nuestra personalidad, y que se va configurando como producto de la interacci&oacute;n   social a lo largo del desarrollo vital. El presente art&iacute;culo intenta   hacer una revisi&oacute;n cr&iacute;tica sobre el desarrollo de nuestra autoestima   profesional, resultado de la influencia de hechos hist&oacute;ricos determinantes en el desarrollo profesional. </p>     <p><b>ETAPAS EN LA PROFESI&Oacute;N    DE ENFERMER&Iacute;A Y EVOLUCI&Oacute;N  DE LA AUTOESTIMA</b></p>     <p><b>Etapa dom&eacute;stica</b></p>     <p>La evoluci&oacute;n hist&oacute;rica de los cuidados de enfermer&iacute;a   se inicia con la etapa dom&eacute;stica que abarca tanto los tiempos remotos   y las sociedades arcaicas (Babilonia, el pueblo hebreo, Egipto, India, China y el Nuevo Mundo) como el mundo cl&aacute;sico (Grecia antigua y Roma)<sup>9</sup>. En   este per&iacute;odo los cuidados estaban centrados en el mantenimiento de la   vida, basados en la promoci&oacute;n de la higiene y la adecuada alimentaci&oacute;n   y vestido. La cercan&iacute;a de las mujeres con la naturaleza en raz&oacute;n   de su funci&oacute;n reproductiva hace que hist&oacute;ricamente se les haya   asignado la funci&oacute;n de cuidar, a tal punto que la cultura lo interpreta   y asume como algo inherente<sup>10</sup>. Dada su aguda observaci&oacute;n e investigaci&oacute;n &#8220;no   cient&iacute;fica&#8221;, la acumulaci&oacute;n de su experiencia (saber) les   confiere poder, que m&aacute;s tarde ser&aacute; percibido por la iglesia como   una amenaza espiritual y que ser&aacute; reprimido hasta llegar a su total   desmantelamiento (siglos XVI y XVIII de nuestra era)<sup>11</sup>. Se definen para este   per&iacute;odo las siguientes caracter&iacute;sticas en los componentes de la autoestima:</p>     <p>El componente cognitivo: se adquiere por medio de los conocimientos, creencias   y opiniones de las mujeres encargadas del cuidado, quienes aprenden con la   estrategia del modelado, definida por Comier y Comier como el &#8220;proceso   de aprendizaje observacional donde el modelo act&uacute;a como est&iacute;mulo, por conductas de otro individuo&#8221;<sup>12</sup>, desarrollado y estudiado por Bandura<sup>13</sup>. </p>     <p>El componente afectivo: est&aacute; poco desarrollado. Por ser considerado   el conocimiento como &#8220;natural&#8221;, no adquiere las dimensiones afectivas   y conductuales esperadas. La hegemon&iacute;a del sexo masculino es muy poderosa,   y se da p&eacute;rdida del reconocimiento de un valor de paridad en la divisi&oacute;n sexual del trabajo<sup>11</sup>.</p>     <p>El componente conductual: es influenciado por las caracter&iacute;sticas de   los componentes precedentes, lo que se traduce en una mujer con el poder que   otorga el conocimiento, que tiene las condiciones de influir en su momento   hist&oacute;rico, pero que no lo hace debido a la sobrevaloraci&oacute;n masculina, la falta de reconocimiento y consideraci&oacute;n. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A manera de resumen se establecen las siguientes problem&aacute;ticas para el desarrollo de la autoestima en esta etapa:</p>     <p>1.	Divisi&oacute;n sexual del trabajo con funciones o roles de valores y sociales   distintos. predominancia de la valoraci&oacute;n f&iacute;sica y las habilidades   estrat&eacute;gicas. Construcci&oacute;n social que da origen a diferentes oportunidades de desarrollo.</p>     <p>2.	Valoraci&oacute;n social del cuidado ligado a la percepci&oacute;n de que es natural.</p>     <p>3.	Falta de valorizaci&oacute;n econ&oacute;mica del cuidado, por ser este reconocido s&oacute;lo como funci&oacute;n de prestar ayuda.</p>     <p>4. Reconocimiento del g&eacute;nero masculino en su funci&oacute;n de proveedor y mantenedor. </p>     <p><b>Etapa vocacional</b></p>     <p>La etapa vocacional comprende el inicio del mundo cristiano, la edad media   y el mundo moderno (siglos XVI, XVII Y XVIII) y el per&iacute;odo de transici&oacute;n,   conocido como el momento m&aacute;s oscuro de la historia de la enfermer&iacute;a (&uacute;ltima parte del siglo XVIII hasta la mitad del siglo XIX)<sup>4</sup>. El calificativo   vocacional est&aacute; asociado al nacimiento de la religi&oacute;n cristiana.   El enfermo, el que sufre, es un elegido de Dios y quien lo cuida y se consagra   a &Eacute;l tambi&eacute;n. Los conocimientos te&oacute;ricos son casi inexistentes   y los procedimientos aplicados muy rudimentarios. Lo importante es la actitud, centrada en la caridad, la sumisi&oacute;n y la religiosidad.</p>     <p>Las actividades de cuidar se relacionan con los conceptos cristianos de salud   y enfermedad, atribuidas a los designios de Dios. Aparece la figura de la cuidadora a la que Colli&egrave;re, llama la &#8220;mujer consagrada&#8221; <sup>11</sup>.</p>     <p>Las mujeres, poseedoras del conocimiento de los cuidados, se convierten en   objetos de persecuci&oacute;n y represi&oacute;n, porque representan dos grandes   amenazas para el poder de la iglesia, primero: El ser mujer incitar&iacute;a   al pecado de la carne, y en segundo lugar, el adquirir conocimientos por medio   de experiencias del cuerpo las alejar&iacute;a de Dios y la iglesia. A partir   del saber religioso, y sometido a &eacute;l, se desarrolla un nuevo sistema de conocimientos m&eacute;dicos s&oacute;lo para hombres<sup>11</sup>. Los acontecimientos   de este per&iacute;odo fomentan una devaluaci&oacute;n social de la mujer,   la cual es reconocida s&oacute;lo como un soporte espiritual. El cuidado constituye   una pr&aacute;ctica independiente de la pr&aacute;ctica m&eacute;dica<sup>14</sup>. La   valoraci&oacute;n econ&oacute;mica no existe, el trabajo de las mujeres s&oacute;lo   es recompensado por la salvaci&oacute;n del alma, gracias a ello la iglesia   encuentra una forma de usufructo y riqueza (exige y recibe donaciones para   el cuidado) aumentando su poder mediante el uso y abuso de la fe. Esta valoraci&oacute;n   econ&oacute;mica de los cuidados a&uacute;n repercute en nuestros d&iacute;as, en las que a&uacute;n se les otorga car&aacute;cter ben&eacute;fico a los cuidados.</p>     <p>En este contexto se destacan las siguientes caracter&iacute;sticas en el desarrollo de la autoestima:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El componente cognitivo es sublimado a dogmas de f&eacute; y g&eacute;nero.   El fundamentalismo religioso representa formas extremas de institucionalizaci&oacute;n de la violencia contra las mujeres poseedoras del conocimiento.</p>     <p>El componente afectivo se ve afectado por un manejo de las creencias y una   dictadura del pensamiento, lo que trastoca la valoraci&oacute;n real que cada persona hace de s&iacute; misma; los juicios de valor se limitan al poder religioso. </p>     <p>El componente conductual esta fuertemente influenciado, y el pensamiento cr&iacute;tico   es sublimado a concepto religioso. No existen sentimientos de val&iacute;a   personal, lo que prevalece es el discurso de la humildad como una forma m&aacute;s de represi&oacute;n. </p>     <p>Como resumen de la problem&aacute;tica de la autoestima en esta etapa se destaca:</p>     <p>1. La mujer es considerada un ser que incita al pecado, por lo que carga con un sentimiento de culpabilidad que debe expiar a lo largo de toda su vida.</p>     <p>2.	La persona encargada del cuidado, asociada al g&eacute;nero femenino, posee   conocimientos adquiridos, por lo que es considerada como una amenaza para la Iglesia, siendo perseguida y reprimida.</p>     <p>3.	Existe un poder hegem&oacute;nico de la Iglesia, la cual promueve s&oacute;lo   el desarrollo del conocimiento masculino, amparado por el dogmatismo de la fe.</p>     <p>4. La conducta de la mujer cuidadora es transformada por los valores de servilismo, caridad y abnegaci&oacute;n, en un marco abstracto y contemplativo.</p>     <p><b>Etapa t&eacute;cnica</b></p>     <p>Esta etapa abarca el mundo contempor&aacute;neo (siglos XIX y XX). Dicha &eacute;poca   se caracteriza por la nueva concepci&oacute;n del hombre acerca de la dicotom&iacute;a   enfermedad-salud, que ya no se concibe por gracia divina sino como producto de la lucha contra la enfermedad<sup>11</sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El gran desarrollo cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico de este per&iacute;odo   es transferido a la clase m&eacute;dica dominante, lo que le proporciona a&uacute;n   mayor conocimiento y poder, centrado en la enfermedad y el tratamiento. La   complejidad tecnol&oacute;gica hace necesaria la aparici&oacute;n de agentes   intermedios que asumen algunas tareas m&eacute;dicas. Este personal es denominado   param&eacute;dico con el advenimiento de lo que Colli&egrave;re llama &#8220;mujer, enfermera-auxiliar del m&eacute;dico&#8221; <sup>11</sup>. La enfermera asume en parte   ese rol social, reemplazando a las religiosas en el servicio a pobres y desamparados.   No se le reconoce dominio en el conocimiento, s&oacute;lo se le atribuye vocaci&oacute;n   de servir. En este per&iacute;odo se habla de una doble filiaci&oacute;n: la filiaci&oacute;n conventual y la filiaci&oacute;n m&eacute;dica.</p>     <p>La primera tiene relaci&oacute;n con el hecho de constituirse &#8220;en servidora   de un ideal&#8221;, evidenciado por Calmette, en el pr&oacute;logo de L&#8217;Infirmi&egrave;re   Fran&ccedil;aise: &#8220;La Enfermera ante todo debe aprender a servir, a no caminar jam&aacute;s delante del m&eacute;dico sino seguirle&#8221;<sup>15</sup>. Con   la segunda, el m&eacute;dico determina y ordena la actividad de la enfermera,   decide su quehacer y lo que debe saber. As&iacute; lo hace saber el m&eacute;dico   Sebileau cuando se dirige a las alumnas de enfermer&iacute;a de la Asistencia   P&uacute;blica de Paris &#8220;No aspir&eacute;is a sustituir a vuestros jefes   junto a sus enfermos, pero pensad que es necesario que conozc&aacute;is lo que podemos llamar los grandes elementos de la profesi&oacute;n m&eacute;dica&#8221;<sup>16</sup>. </p>     <p>El an&aacute;lisis de esta etapa, caracterizada por su forma tan peculiar   de estimaci&oacute;n social, nos proporciona un modelo de mujer enfermera marcado   por nuevas formas de dominio conductual. La enfermera cambia de la hegemon&iacute;a   del sexo a la de lo religioso, y de &eacute;sta al poder del hombre-m&eacute;dico, lo que impactar&aacute; fuertemente en su desarrollo como profesional.</p>     <p>Componente cognitivo: en esta nueva forma de dominio se frustra el desarrollo   personal y la creatividad de los integrantes de esta colectividad; se frenan   incluso el autocrecimiento y la autorrealizaci&oacute;n, como tambi&eacute;n   la iniciativa y la capacidad de pensar. Se crea el c&iacute;rculo de la mayor dominaci&oacute;n sin oposici&oacute;n.</p>     <p>Componente afectivo: los sentimientos y emociones, como resultantes del dominio   cognitivo, son significativamente impactados, se eliminan los deseos y emociones,   se trastocan y manipulan los valores personales y el acto de servir se transforma en servilismo.</p>     <p>Componente conductual: la sumisi&oacute;n de la enfermera, producto de la   desestima cognitiva y afectiva de esta etapa, hace que renuncie a toda forma   de expresi&oacute;n y defensa de los pensamientos (conocimientos, opiniones, creencias) y con ello a sus sentimientos y emociones. </p>     <p>Resumen de la problem&aacute;tica de la autoestima en esta etapa:</p>     <p>1.	En la medida que la ciencia m&eacute;dica se desarrolla en el campo del   saber, a las mujeres-enfermeras se les arrebata la autonom&iacute;a, convirti&eacute;ndolas en colaboradoras de los m&eacute;dicos.</p>     <p>2.	En el contexto de la subordinaci&oacute;n nace enfermer&iacute;a como profesi&oacute;n, dependiente de la autoridad masculina y del saber m&eacute;dico.</p>     <p>3.	La mujer&#8211;enfermera cambia de dominio: del dogm&aacute;tico religioso al poder m&eacute;dico. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>4.	Emergen fuertes sentimientos de falta de estimaci&oacute;n propia, como   la sumisi&oacute;n y la falta de autonom&iacute;a, que dan origen a sentimientos coercitivos como la culpabilidad y el miedo. </p>     <p>5.	Desde un punto de vista filogen&eacute;tico, la escasa oportunidad de desarrollo   personal y de autorrealizaci&oacute;n, impiden la progresiva adquisici&oacute;n   de una mayor conciencia de s&iacute; mismo, factor de importancia en el desarrollo de la autoestima en la profesi&oacute;n. </p>     <p><b>Etapa profesional </b></p>     <p>La evoluci&oacute;n hasta esta etapa fue caracterizada por un largo per&iacute;odo   de transici&oacute;n denominado como etapa oscura de la enfermer&iacute;a.   La aparici&oacute;n de la enfermera t&eacute;cnica y la separaci&oacute;n de   los poderes pol&iacute;ticos y religiosos permitieron el inicio de la enfermera   en v&iacute;as de profesionalizaci&oacute;n. Es indudable, a comienzos de esta   etapa, el aporte de Florence Nigthingale en el desarrollo de la enfermer&iacute;a   como profesi&oacute;n. Ella se da cuenta de la importancia de la formaci&oacute;n   de una enfermera poseedora de conocimientos t&eacute;cnicos y del desequilibrio   intelectual hombre-mujer, &#8220;Las mujeres anhelan una educaci&oacute;n que les ense&ntilde;e las reglas de la mente humana y c&oacute;mo aplicarlas&#8221;<sup>17</sup>.   A pesar de lo avanzado de su pensamiento, establece y mantiene una conexi&oacute;n   importante entre lo cient&iacute;fico y lo religioso, no permiti&eacute;ndoles desligarse a ambos elementos.</p>     <p>Se estructura para esta &eacute;poca un estilo de pensamiento conocido como   patrones nithingelianos, en los que la rigidez de la disciplina y la obediencia   a la jerarqu&iacute;a fueron el centro de la construcci&oacute;n del pensamiento en enfermer&iacute;a<sup>18</sup>.</p>     <p>La formaci&oacute;n y el ejercicio de las enfermeras en el &aacute;mbito hospitalario   primordialmente seguir&aacute;n estando por mucho tiempo profundamente marcados   por la influencia de los valores morales y religiosos. La formaci&oacute;n   y el ejercicio profesional de las enfermeras de Salud P&uacute;blica, ser&aacute;n   m&aacute;s tarde el factor que lleve a la progresiva liberaci&oacute;n de estos   valores, dado la necesidad de tener diversas fuentes de conocimiento y su contacto con diversos medios de vida y profesiones<sup>11</sup>. Como consecuencia de lo anterior,   las enfermeras se dan cuenta de que est&aacute;n perdiendo su identidad y tratan   de independizarse de su ligaz&oacute;n hist&oacute;rica a otras disciplinas<sup>19</sup>.   Surgen enfermeras investigadoras que a nivel te&oacute;rico y filos&oacute;fico   comienzan a perfilar el rol de la enfermera. Se inicia la etapa de la enfermer&iacute;a   profesional en cuya ense&ntilde;anza se contemplan el m&eacute;todo cient&iacute;fico   y las t&eacute;cnicas de investigaci&oacute;n. Sin embargo, a&uacute;n persiste   el oscuro legado hist&oacute;rico de la sumisi&oacute;n, definici&oacute;n   avalada muchas veces por la falta de un contenido profesional definido, actitudes y ense&ntilde;anzas en la propia profesi&oacute;n.</p>     <p>Hoy, la enfermera, producto de su peso hist&oacute;rico y provista de nuevas   capacidades de an&aacute;lisis y reflexi&oacute;n, es capaz de demostrar su   insatisfacci&oacute;n, relacionada principalmente con la valoraci&oacute;n   de su status profesional, aspectos t&eacute;cnicos, intelectuales, educativos   y formativos de la profesi&oacute;n: el principio de igualdad de remuneraci&oacute;n,   la necesidad de justipreciar la profesi&oacute;n, los problemas de delegaci&oacute;n, las condiciones de trabajo<sup>20</sup>, la formaci&oacute;n profesional, el desarrollo   de la carrera profesional, la participaci&oacute;n, el riesgo laboral y la dependencia m&eacute;dica, entre otros<sup>21</sup>.</p>     <p>A partir de este contexto se destacan las siguientes caracter&iacute;sticas de los componentes de la autoestima. </p>     <p><b>Componente cognitivo</b></p>     <p><b>Conocimiento: </b>la enfermera de hoy posee una s&oacute;lida preparaci&oacute;n,   competencias que le permiten sobresalir en cualquier &aacute;mbito laboral,   pero sigue coartada por su legado hist&oacute;rico vocacional. En su representaci&oacute;n   mental de autoconcepto mantiene una doble filiaci&oacute;n, la primera relacionada   con la capacidad de sentido cr&iacute;tico y reflexi&oacute;n y, la segunda, con la autoaceptaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Identidad:</b> la identidad profesional se da en Enfermer&iacute;a en un constructo   sociocultural, y en su desarrollo la comprensi&oacute;n del rol social de la profesi&oacute;n es b&aacute;sica<sup>22</sup>. Pero, &iquest;existe una identidad propia   de enfermer&iacute;a que la diferencia de otras disciplinas? &iquest;Tiene   un campo de acci&oacute;n propia, rigurosamente definida, en el cual las enfermeras   se consideren capaces de actuar? Como en todas las profesiones, los l&iacute;mites   de las respectivas esferas de competencia no son siempre totalmente claros; existen &aacute;reas grises en los l&iacute;mites<sup>23</sup>. </p>     <p><b>Autoimagen:</b> la enfermera ha formado parte del &#8220;paternalismo m&eacute;dico&#8221; hacia   el paciente y el medio que la rodea; se identifica f&aacute;cilmente con la   tradici&oacute;n y teme destacar. El corporativismo y asociativismo del medio   la pueden arrastrar, el miedo a adquirir fama de cr&iacute;ticas y que eso influya en futuras posibilidades de trabajo les impide ser coherentes y actuar. </p>     <p><b>Autoconcepto:</b> la decisi&oacute;n de ser enfermera hoy en d&iacute;a, muchas   veces no cumple con las expectativas de vida, y s&oacute;lo constituye una   opci&oacute;n por no tener una mejor. La elecci&oacute;n equivocada de la profesi&oacute;n   o las malas condiciones econ&oacute;micas y laborales, en ocasiones determinan   una existencia problem&aacute;tica, ya que la enfermera no vive de acuerdo   con su misi&oacute;n interna, no se realiza. Como resultado de ello, vive frustrada,   realiza un trabajo rutinario y mon&oacute;tono, producto de una deformaci&oacute;n   afectiva que ocasiona inseguridad en sus propias determinaciones y cuyos resultados deterioran su comportamiento en detrimento de su autoconcepto<sup>24</sup>, lo que se   puede manifestar en temor a la autoridad, poca creatividad e iniciativa, poco   liderazgo, resistencia al cambio y desarrollo de actitudes de opresi&oacute;n y agresi&oacute;n<sup>25</sup>.</p>     <p><b>Componente emocional</b></p>     <p><b>Autovaloraci&oacute;n: </b>la enfermera profesional, producto de la problem&aacute;tica   descrita en p&aacute;rrafos precedentes, demuestra sentimientos contradictorios   sobre su valoraci&oacute;n: por un lado, percibe su importancia como portadora   de una s&oacute;lida formaci&oacute;n y su profesionalizaci&oacute;n, y por   el otro, la permanente necesidad de justipreciar su profesi&oacute;n le produce sentimientos de agotamiento emocional y de inferioridad<sup>25</sup>.</p>     <p>En el contexto actual del trabajo gerencial del enfermero, las relaciones   sociales, estigmatizadas por manipulaciones, incomprensiones, conflictos, han tra&iacute;do consecuencias nocivas para su autoestima<sup>26</sup>. La enfermera debe reconocer sus estados de &aacute;nimo y proyectar socialmente su valoraci&oacute;n<sup>27</sup>.</p>     <p><b>Autoevaluaci&oacute;n:</b> este componente se relaciona con su nivel de satisfacci&oacute;n laboral. De acuerdo con estudios realizados<sup>28</sup>, la enfermera se encontrar&iacute;a   levemente satisfecha con su trabajo, y no existen diferencias significativas   entre enfermeras del &aacute;rea privada y del sector p&uacute;blico. En cuanto   a las condiciones f&iacute;sicas del trabajo, &eacute;ste trae mayor grado   de satisfacci&oacute;n a las enfermeras del sector privado. Ambos grupos demuestran   insatisfacci&oacute;n respecto a remuneraciones y ascensos. Todas destacan su mayor satisfacci&oacute;n personal que laboral.</p>     <p>	<b>Componente conductual</b></p>     <p>Autonom&iacute;a: durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os muchos autores han escrito sobre la falta de poder, real o percibida de las enfermeras<sup>29</sup>. Erlem   y Frost afirman que, &#8220;las enfermeras se sienten sin poder para influenciar la toma de decisiones &eacute;ticas relacionadas con el cuidado de sus pacientes&#8221; <sup>30</sup>.</p>     <p>En contra de la opini&oacute;n generalizada sobre la falta de poder y autonom&iacute;a,   Holmes y Gastaldo afirman que, &#8220;de distintas maneras, ellas ejercen poder   y que son un grupo profesional muy poderoso, con gran influencia sobre los   individuos y las poblaciones y que generan conocimiento e influyen en decisiones pol&iacute;ticas&#8221;<sup>31</sup>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Yarlin y M<sup>c</sup> Elmurry se&ntilde;alan que de la misma forma que los estudiantes   aprenden sobre autonom&iacute;a cuando comienzan a trabajar, tambi&eacute;n   descubren que no es tan sencillo ejercerla en la pr&aacute;ctica. &#8220;Las   enfermeras que en un hospital cuestionan abiertamente la estructura que da   autoridad a los m&eacute;dicos poderosos, arriesgan sus puestos de trabajo   y su bienestar econ&oacute;mico, aunque lo hagan en beneficio de los pacientes   y tengan razones de peso para actuar de esa manera&#8221;<sup>32</sup>.Para ello ser&iacute;a   necesario que desarrollaran un fuerte sentimiento de identidad profesional   y orgullo de lo que hacen. Se considera, adem&aacute;s, que las o los enfermeras/os   se han centrado demasiado en aspectos t&eacute;cnicos, descuidando las implicaciones pol&iacute;ticas de la profesi&oacute;n.</p>     <p><b>Actitud profesional:</b> Seg&uacute;n estudios realizados por Gonz&aacute;lez y Gonz&aacute;lez<sup>33</sup> sobre la actitud profesional de la enfermera, existe un   cambio de escenario para enfermer&iacute;a caracterizado por una mayor actitud   profesional. Un hallazgo significativo en este sentido demuestra que las enfermeras   colegiadas presentan mayor grado de actitud profesional, al igual que las enfermeras   j&oacute;venes menores de 30 a&ntilde;os y con menos de dos a&ntilde;os de   ejercicio profesional. Esto puede corresponder al &eacute;nfasis que se le   ha dado en la academia a enfermer&iacute;a como profesi&oacute;n, lo que no se visualiza en el campo ocupacional.</p>     <p><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p>El an&aacute;lisis de la problem&aacute;tica de Enfermer&iacute;a en el desarrollo de la autoestima muestra que:</p>     <p>Su desarrollo ha estado marcado por cada uno de los acontecimientos hist&oacute;ricos   de la humanidad. Todas las etapas de este desarrollo han tenido elementos comunes:   la subyugaci&oacute;n de g&eacute;nero, religiosa, m&eacute;dica, y la escasa   valoraci&oacute;n econ&oacute;mica y social de la profesi&oacute;n. Condiciones   que en nada propiciaron la autonom&iacute;a, la identidad, la creatividad, el autoconcepto y la autovaloraci&oacute;n.</p>     <p>Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha habido una transformaci&oacute;n   ideol&oacute;gica en la profesi&oacute;n, donde enfermeras convencidas de su   identidad han realizado aportes filos&oacute;ficos y te&oacute;ricos conformando   un referente te&oacute;rico sobre el rol de la enfermera/o. Sin embargo, a&uacute;n   persisten las relaciones de subordinaci&oacute;n frente a la profesi&oacute;n   m&eacute;dica, una escasa autonom&iacute;a t&eacute;cnica y una falta de definici&oacute;n   como disciplina con funciones independientes, aspectos que se relacionan con el desarrollo de la autoestima de la profesi&oacute;n.</p>     <p>Lo anterior, sumado a la indefinici&oacute;n de funciones, ha tra&iacute;do   consecuencias que le afectan en los planos econ&oacute;micos y sociales, propiciando menos oportunidades de desarrollo y crecimiento dentro de los sistemas de salud.</p>     <p>   <b>SUGERENCIAS</b></p>     <p>La propuesta es trabajar en una nueva imagen e identidad de la enfermera/o   basada en el perfeccionamiento, el dominio del conocimiento y el cambio de antiguos a nuevos paradigmas, esto es:</p>     <p>1)	La construcci&oacute;n de una verdadera identidad e imagen profesional. Desmarcarse de la influencia m&eacute;dica. Desmedicaliza los cuidados de enfermer&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2)	La autogesti&oacute;n de nuestros propios procesos de crecimiento profesional.</p>     <p>3)	La responsabilidad de nuestro campo de acci&oacute;n. Institucionalizar el rol de la enfermera en status profesional.</p>     <p>4)	La b&uacute;squeda de mejoras continuas: valorizar econ&oacute;micamente la profesi&oacute;n y los cuidados.</p>     <p>5)	El desarrollo y &eacute;nfasis en la investigaci&oacute;n y formaci&oacute;n.</p>     <p>6)	Evitar que los nuevos profesionales de enfermer&iacute;a se formen bajo   estructuras r&iacute;gidas; facilitar el desarrollo de la personalidad, formando alumnos con conocimientos, juicio cr&iacute;tico y personalidad.</p>     <p>7) Insertar en las mallas curriculares de pregrado y postgrado el desarrollo y problem&aacute;tica de nuestra profesi&oacute;n, fortaleciendo nuestra identidad.</p>     <p>8)	Practicar el autoan&aacute;lisis objetivo.</p>     <p>9)	Promover el cambio, la evoluci&oacute;n y la adaptaci&oacute;n.</p>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p>1.	Fundichely M, Zaldivar I. Autoestima en el personal de enfermer&iacute;a. Rev. Cubana Enfermer 1999; 15 (3): 184-189.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-5307200600020001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2.	Alc&aacute;ntara J. C&oacute;mo Educar la autoestima. 3 ed. Espa&ntilde;a: Ediciones Ceac; 1995. p. 107. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-5307200600020001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3.	Garc&iacute;a V. Autoestima. [Sitio en Internet]. Monograf&iacute;as.com.   Disponible en URL: http://www.monograf&iacute;as.com/trabajos5/autoest/autoest.shtml. Acceso el 29 abril 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-5307200600020001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Mederos M. Autoestima. Sexol Soc 1995; 1(1): 96-9. Citado por: Fundichely   M, Zaldivar I. Autoestima en el personal de enfermer&iacute;a. Rev. Cubana Enfermer 1999; 15 (3): 184-189.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-5307200600020001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5.	Gonz&aacute;lez J. La autoestima. Madrid: Edimat Libros; 1998.p.189.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-5307200600020001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Rosemberg M. Society and the adolescent self imagen. Princeton: University   Princeton. Citado por: Alc&aacute;ntara J. C&oacute;mo educar la autoestima. 3 ed. Espa&ntilde;a: Ceac; 1995. p.89.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-5307200600020001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7.	Cortes Arag&oacute;n L. La autoestima: comprensi&oacute;n y pr&aacute;ctica. Bogot&aacute;: Ediciones San Pablo; 1999. p. 239.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-5307200600020001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8.	Resines R. Qu&eacute; es la autoestima. [Sitio en internet]. Acropolix.   Disponible en: http/www.acropolix.com/Educacion7edu-autoestima.htm. Acceso el 29 abril 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-5307200600020001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9.	Garc&iacute;a C, Mart&iacute;nez M. Historia de la enfermer&iacute;a: evoluci&oacute;n hist&oacute;rica del cuidado. Madrid: Harcourt; 2001. p. 214. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-5307200600020001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10.	Uribe T, Jaramillo D. La condici&oacute;n femenina: influencia en el desarrollo   de la enfermer&iacute;a y en el desarrollo humano de los profesionales. Invest. educ. enferm 2002; 20(2): 132-139.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-5307200600020001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11.	Colli&egrave;re M. Promover la vida. 2 ed. Espa&ntilde;a: Interamericana Mc Graw-Hill; 1993. pp. 19-32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-5307200600020001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Cormier W, Cormier L. Estrategias de entrevistas para terapeutas. Bilbao:   DDB; 1994. Citado por: Puchol D. El modelado. [Sitio en internet] psicolog&iacute;a   on-line. Disponible en http://www.Psicolog&iacute;a-on line.com/colaboradores/dpuchol/modelado.shtml. Acceso el 12 marzo 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-5307200600020001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Bandura A. Social Foundations of thought and action. USA: prentice hall;   1986. Citado por: Boeree C, Bandura A. [Sitio en intrenet] Shippensburg University.   Disponible en http://www.ship.edu/-cgboeree/banduraesp.html. Acceso el 12 marzo 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-5307200600020001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14.	Almeida M, Rocha J. O saber da enfermagen En sua dimensao pr&aacute;ctica. 2 ed. Sao Paulo: Cortez;1989. p. 25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-5307200600020001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15.	Calmette A. Anteproyecto del primer n&uacute;mero de l` Infirmi&egrave;re   Francaise.1923-1924. Citado por: Colli&egrave;re M. Promover la vida. 2 ed. Espa&ntilde;a: Interamericana Mc Graw-Hill; 1993. pp. 59-87.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-5307200600020001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16.	Sebileau D. Ecoles des Infirmi&egrave;re de l`Assistance Publique. Citado   por: Colli&egrave;re M. Promover la vida. 2 ed. Espa&ntilde;a: Interamericana Mc Graw-Hill; 1993. pp. 59-87.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-5307200600020001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Nithingale F. Suggestions for thougt for searchers after religious truth.   Londres: Eyre &amp; Spoltiswoode; 1860. Citado por: Atewell A. Florence Nightingale. Rev. Perspectiva UNESCO 1998; (1): 173-179.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-5307200600020001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18.	Shubert V. El legado hist&oacute;rico del Modelo Nightingale. Su estilo de pensamiento y su Praxis. Horiz. enferm 1998; (1): 7-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-5307200600020001200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19.	Sanhueza O. El cuidado: Necesidad de Investigar en enermer&iacute;a. Cienc. enferm 2001; 7(1): 13-22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-5307200600020001200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20.	Letelier P, Valenzuela S. Violencia: fen&oacute;meno relevante de estudio   de campos cl&iacute;nicos intra-hospitalarios de enfermer&iacute;a. Cienc. enferm 2002; (2):13-19.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-5307200600020001200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21.	Brihaje A. Servicio de empleados y trabajadores intelectuales por la remuneraci&oacute;n   equitativa del personal de enfermer&iacute;a. [Sitio en internet] Organizaci&oacute;n   Internacional del Trabajo. Disponible en http://ilo.org/public/spanish/dialogue/sector/papers/enferme/enferm2.htm. Acceso el 30 abril 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-5307200600020001200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22.	Loo I. La identidad como proceso biol&oacute;gico-psicosocial y su construcci&oacute;n en enfermer&iacute;a. Rev. Enferm IMSS 2003; (1): 49-54.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-5307200600020001200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23.	Gyarmatti G. La profesi&oacute;n de enfermer&iacute;a: una aproximaci&oacute;n. Horiz. enferm 1998; (1): 4-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-5307200600020001200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24.	Arroyo G. Humanismo en enfermer&iacute;a. Rev Enferm IMSS 2000; (2): 61-63.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-5307200600020001200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25.	Maya M. Identidad profesional. Invest. educ. enferm 2003; (1): 98-104.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-5307200600020001200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Costa I, Trevisan M, Lourenco M. La gerencia aclarada en el trabajo del   enfermero. Rev. Latino Americana de Enfermagen. [Publicaci&oacute;n peri&oacute;dica   en linea] 2002. Sep &#8211; Oct [citada 30 abril 2004]; 10(5). Se encuentra en: http/www.scielo.br/scielo.php%3fscrip.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-5307200600020001200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27.	Jim&eacute;nez L. La inteligencia emocional: herramienta fundamental para el trabajador de la salud. Rev Enferm IMSS 2002; (3): 121-123.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-5307200600020001200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28.	Fern&aacute;ndez B, Paravic T. Nivel de satisfacci&oacute;n laboral en   enfermeras de hospitales p&uacute;blicos y privados de la provincia de Concepci&oacute;n, Chile. Cienc. enferm 2003; (2): 57-66.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-5307200600020001200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29.	Lerch V, Peter E, Gastaldo D. &iquest;Es &eacute;tica la sumisi&oacute;n de las enfermeras? Rev. bras. enfermagen 1994; 47 (2): 231-240.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-5307200600020001200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Erlen J, Frost B. Nurses perceptions or powerlessness in influencing ethical decisions. Wes J Nurs Res 1991; (3): 397-407.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-5307200600020001200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Holmes D, Gastaldo D. Nursing as jeans of governmentality. JAN 2002. Citado   por: Lerch V, Peter E, Gastaldo D. &iquest;Es &eacute;tica la sumisi&oacute;n de las Enfermeras? Rev. bras. enfermagen 1994; 47 (2): 231-240.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-5307200600020001200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Yarlin R, Mcelmurry B. The moral foundation of nursing. JANS 1986; 8(2):   70. Citado por: Lerch V, Peter E, Gastaldo D. &iquest;Es &eacute;tica la sumisi&oacute;n de las enfermeras? Rev. bras. enfermagen 1994; 47 (2): 231-240.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-5307200600020001200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33.	Gonz&aacute;lez L, Gonz&aacute;lez I. Actitud profesional. [Sitio en internet]   Colegio de enfermeras. Disponible en: URL: http://www.colegiodeenfermeras.cl/pdf/actitud.Profesionalismo.pdf. Acceso el 15 mayo 2004.<b>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-5307200600020001200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>   </b></p>      ]]></body><back>
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