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<journal-title><![CDATA[Investigación y Educación en Enfermería]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Aproximaciones a la creación de competencias culturales para el cuidado de la vida]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The value of care from the cultural perspective]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Care as a subjective valuation owes its existence, sense and validity to the reactions of the person who evaluates it. Accordingly that valuation is real because it happens in the real world and it is not a fantasy of the subject. Care does not exist by self, floating in the air since it has to exist parasitically in a depositary. Thus we say that it is inherent to human life. As a value care is perceived by both the caregiver and the care receiver. To provide care is regarding the cultural ethos of the patient leads first to ignore the human being as product and as producer of culture and secondly to abolish the relation and character of care that makes its valuation possible]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[enfermería transcultural]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p><b>Aproximaciones a la creaci&oacute;n de competencias culturales para     el cuidado   de la vida</b> </p>     <p>Marta Lucia V&aacute;squez T.<sup>a</sup> </p>     <p>a	Enfermera. Doctora en Enfermer&iacute;a. Profesora titular, Universidad del Valle, Cali. e.mail: maluvasq@telesat.com.co</p>     <p><b>C&oacute;mo citar este art&iacute;culo</b>:   V&aacute;squez ML. Aproximaciones a la creaci&oacute;n de competencias culturales para el cuidado de la vida. Invest. educ. enferm. 2006; (24)2: 136-142.</p>     <p><b>Recibido</b>: 8 de agosto de 2005.   <b>Env&iacute;o para correcciones</b>: 27 de junio de 2006. <b>Aprobado</b>: 24 de julio de 2006</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El cuidado, como valor subjetivo, debe su existencia, su sentido, su validez,   a las reacciones del sujeto que valora. El cuidado no existe por s&iacute; solo,   flotando en el aire, sino que est&aacute; incorporado: la necesidad de un depositario   en qui&eacute;n descansar lo condena a una vida parasitaria. Por ello decimos   que es inherente a la vida humana. Como valor, el cuidado es percibido tanto   por el que cuida como por el que es cuidado. Cuidar, desconociendo el ethos   de la cultura de quien es cuidado nos llevar&iacute;a, de un lado, a ignorar   al ser humano como producto y productor de cultura, y de otro, a abolir el   car&aacute;cter relacional que tiene el cuidado, indispensable para que exista valoraci&oacute;n.</p>     <p><b>Palabras clav</b>e: cuidado, cultura,  enfermer&iacute;a transcultural</p>     <p><b>The value of care  from the cultural perspective</b></p>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Care as a subjective valuation owes its existence, sense and validity to the   reactions of the person who evaluates it. Accordingly that valuation is real   because it happens in the real world and it is not a fantasy of the subject.   Care does not exist by self, floating in the air since it has to exist parasitically   in a depositary. Thus we say that it is inherent to human life. As a value   care is perceived by both the caregiver and the care receiver. To provide care   is regarding the cultural ethos of the patient leads first to ignore the human   being as product and as producer of culture and secondly to abolish the relation and character of care that makes its valuation possible</p>     <p><b>Key words</b>: care, culture,  transcultural nursing</p>     <p><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>Es sencillo, con la palabra cuidado, evocar significados alentadores: afecto,   esmero, dedicaci&oacute;n, confianza, protecci&oacute;n, solidaridad entre   muchas otras. Igualmente la palabra cuidado evoca una variedad de respuestas.   El afecto, por ejemplo, viene a la mente con declaraciones como: &#8220;Cuido   para que mis ni&ntilde;os se alimenten bien&#8221;, en contraste con la ansiedad   y la preocupaci&oacute;n de frases como: &#8220;Me preocupa que do&ntilde;a   Mar&iacute;a no est&eacute; recibiendo una alimentaci&oacute;n apropiada&#8221;.   El cuidado tambi&eacute;n denota precauci&oacute;n o prudencia, como por ejemplo   en este caso: &#8220;Tenga cuidado cuando est&eacute; ba&ntilde;&aacute;ndose porque el piso es demasiado liso&#8221;.</p>     <p>Se cuida la vida en el hogar con actos simples y sencillos; con el amor que   se prodiga entre miembros de la familia y con el cuidado esmerado y grato de   una dieta sana; se cuida la vida en la escuela con la ense&ntilde;anza pr&aacute;ctica   del amor a la naturaleza y con las reflexiones y pr&aacute;cticas sobre la   necesidad de la convivencia pac&iacute;fica y arm&oacute;nica entre los integrantes   de una sociedad. Se cuida la vida en las casas de salud con el afecto y el   carisma con que se atiende un paciente o una paciente en cada contacto y con   el desarrollo de las mejores habilidades t&eacute;cnicas para operar complejos   instrumentos de soporte vital. Tambi&eacute;n se cuida la vida en la formulaci&oacute;n   y gesti&oacute;n legislativa de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, y con los   pronunciamientos serios y categ&oacute;ricos de una colectividad cuando detecta   que hay pol&iacute;ticas o decisiones gubernamentales que agreden su derecho a la vida digna. </p>     <p>El cuidado de la vida es quiz&aacute;s la acci&oacute;n m&iacute;nima fundamental   de un conglomerado humano. Es algo, no solamente relacionado con la reacci&oacute;n   instintiva de protegerse en forma individual o grupal ante un agente externo   amenazante sino que se trata de una acci&oacute;n conciente, concertada y premeditada, con hondas bases filos&oacute;ficas.</p>     <p>La vida humana no podr&iacute;a darse sin el cuidado, y por tanto, si el ser   humano no lo recibe desde que nace no podr&iacute;a vivir. Por ello, sin dudar   diremos que el cuidado es esencial e inherente a la vida humana. Como fen&oacute;meno   universal e hist&oacute;rico el cuidado, desde la era primitiva, ha estado   presente en sus diferentes niveles de diversidad y complejidad en la cultura de todos los pueblos.</p>     <p>As&iacute; como la palabra cuidado convoca significados y respuestas alentadoras, su opuesto, el descuido, nos impulsa a reflexionar sobre la crisis que desata.</p>     <p>El descuido y el desgre&ntilde;o al que estamos asistiendo en los &uacute;ltimos   tiempos, y en la medida que se avanza tecnol&oacute;gicamente, amenaza de manera   contundente la vida humana, pues parece que produce m&aacute;s pobres y excluidos y una mayor necesidad de practicar el cuidado.</p>     <p>Para ilustrar este proceso de exclusi&oacute;n y soledad en que cada vez nos   sumergimos podr&iacute;amos mencionar, como ejemplo, lo que le&iacute; en un peri&oacute;dico hace pocos<sup>1</sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se trata de una &#8220;novia virtual de bolsillo&#8221;: un <i>software</i> pr&oacute;ximo   a salir al mercado para los usuarios de los tel&eacute;fonos celulares. Estos   usuarios, seres humanos de carne y hueso, podr&aacute;n acceder, mediante sus   tel&eacute;fonos m&oacute;viles, a un programa que les permitir&aacute; establecer   una &#8220;relaci&oacute;n sentimental&#8221; con Vivienne, nombre asignado a una &#8220;ciberchica&#8221;.</p>     <p>Seg&uacute;n los innovadores, por m&oacute;dicos seis d&oacute;lares mensuales,   se podr&aacute; dar vida a este &#8220;ser humano virtual&#8221; sin los aspectos   negativos de una pareja real. Entre sus servicios se encuentran la capacidad   de conversar, traducir idiomas, e incluso aceptar una propuesta de matrimonio.   Actualmente se est&aacute; trabajando en acoplar el modelo de &#8220;novia   virtual&#8221; a los diferentes pa&iacute;ses y regiones para que est&eacute; en   consonancia con las costumbres del contexto donde se usar&aacute;. Por ejemplo,   en el mundo &aacute;rabe no se podr&aacute; ofrecer una versi&oacute;n de Vivienne ligera de ropas, ya que ese aspecto incidir&aacute; negativamente en su comercializaci&oacute;n.</p>     <p>El cuidado que se prodigar&aacute; a Vivienne denuncia la soledad e incomunicaci&oacute;n   en que viven los seres humanos en esta sociedad, en contradicci&oacute;n con   los grandes logros en la comunicaci&oacute;n. Pero anuncia tambi&eacute;n que   a pesar del descuido en que nos estamos sumiendo progresivamente, la esencia   humana no se ha perdido; ella se traduce en la forma de cuidado realizado a   un ente virtual, en vez de ser invertido en seres humanos concretos con necesidades   apremiantes: los ni&ntilde;os de la calle, los desplazados sin tierra y sin patria, nuestros familiares, nuestros colegas.</p>     <p>La Enfermer&iacute;a define magistralmente el quehacer de sus profesionales, como el de cuidadores y cuidadoras<sup>2,3</sup>. El alcance descomunal de ese sentido   del quehacer nos hace responsables de una tarea determinante para la existencia.   Como integrantes de equipos interdisciplinares tenemos una responsabilidad   compartida frente al prop&oacute;sito de lograr mejores condiciones para la   existencia de una persona o de un conglomerado. Nuestro papel en estos grupos   es diverso en lo operativo, pero es uno solo en lo axiol&oacute;gico: cuidar la vida. Nada m&aacute;s ni nada menos.</p>     <p>Para adentrarnos en el cuidado como valor, es necesario que puntualicemos   en su esencia como tal. El cuidado, como valor subjetivo, debe su existencia,   su sentido, su validez, a las reacciones del sujeto que valora. El cuidado   no existe por s&iacute; solo, flotando en el aire, sino que est&aacute; incorporado.   La necesidad de un depositario en qui&eacute;n descansar lo condena a una vida parasitaria. Por ello decimos que es inherente a la vida humana.</p>     <p>Como valor, el cuidado es percibido, evidenciado tanto por el que cuida como por el que es cuidado. Cuidar, desconociendo el <i>ethos</i> de la cultura de quien   es cuidado nos llevar&iacute;a, de un lado, a ignorar al ser humano como producto   y productor de cultura, y de otro, a abolir el car&aacute;cter relacional que tiene el cuidado, indispensable para que exista valoraci&oacute;n.</p>     <p>Este car&aacute;cter relacional se entiende porque el cuidado es un modo de   ser esencialmente humano, e implica una actitud de preocupaci&oacute;n, responsabilidad   y compromiso afectivo con las necesidades de otro ser humano. Por ello, s&oacute;lo   surge cuando la existencia de alguien tiene importancia para uno, y uno, por ende, puede dedicarse a participar en su destino<sup>4</sup>.</p>     <p>Concebir el cuidado participando con, por y para el otro precisa que nos involucremos   solidariamente en esa relaci&oacute;n de alteridad exenta de dominio, explotaci&oacute;n, desconfianza y paternalismo.</p>     <p>El cuidado, como actitud esencialmente humana, no podr&iacute;a tener la sinton&iacute;a necesaria si no se conoce la realidad cultural de su depositario.</p>     <p>No hay razones cient&iacute;ficas ni morales que justifiquen la pretensi&oacute;n   de imponer nuestras propias valoraciones. Desconocer los mitos, las visiones,   los s&iacute;mbolos, las creencias y valores conducir&iacute;a inexorablemente   al desconocimiento de los arquetipos que, como patrones de comportamiento existentes   en el inconsciente colectivo de la humanidad, representan las experiencias   b&aacute;sicas que orientan su vida. A todo ese sistema de valores, creencias   y s&iacute;mbolos, que son compartidos, aprendidos y transmitidos generacionalmente dentro de un grupo social, se lo denomina cultura<sup>5</sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por tanto, la cultura, que es lo propio de la sociedad humana, est&aacute; organizada   y es organizadora mediante el lenguaje, de los saberes/hacer aprendidos, de   las experiencias vividas, de la memoria hist&oacute;rica, de las creencias   m&iacute;ticas de una sociedad. De este modo se manifiesta la megadiversidad   de las &#8220;representaciones colectivas&#8221;, de la &#8220;conciencia colectiva&#8221; y del &#8220;imaginario colectivo&#8221;.</p>     <p>El hecho de que exista ese conocimiento cultural nos conduce a preguntas como &iquest;qu&eacute; hay   que conocer? y &iquest;c&oacute;mo hay que conocerlo?, no s&oacute;lo desde el exterior sino desde el interior de cada ser humano.</p>     <p>El estudio del cuidado, desde la perspectiva cultural, implica, por tanto,   describir qu&eacute; piensan las personas que son, qu&eacute; est&aacute;n   haciendo y con qu&eacute; finalidad piensan que lo est&aacute;n haciendo. Este   abordaje del conocimiento y comprensi&oacute;n del otro, esto es, de nuestro   sujeto de cuidado, requiere adquirir una formalidad operacional con los conjuntos   de significados en medio de los cuales &eacute;l transita. Eso, como propone Geertz<sup>6</sup>, no es pensar o sentir como el otro, lo cual es pr&aacute;cticamente imposible.</p>     <p>Cuando nos proponemos vivir como el sujeto que cuidamos nos involucramos en   una dial&oacute;gica cultural basada en la pluralidad/diversidad de los puntos   de vista. Esta dial&oacute;gica implica instituir un di&aacute;logo entre concepciones   del mundo, lo cual, a su vez, entra&ntilde;a conflictividad, es decir, antagonismo   de un punto de vista nativo con el propio nuestro, ejercicio que instituye   una relativa autonom&iacute;a del conocimiento diverso y favorece su evoluci&oacute;n.   Y es simplemente el conocimiento de esa diversidad de los puntos de vista, de cosmovisiones, lo que contrarresta, como lo afirma Morin<sup>7</sup>, el imprinting,   la normalizaci&oacute;n, pues no podr&iacute;amos, desd&eacute; la perspectiva del cuidado cultural, imponer certezas absolutas, oficiales y sacralizadas.</p>     <p>El cuidado, como concepto, ha prevalecido a lo largo de la historia humana;   lo que ha variado y var&iacute;a es la forma de aplicarlo. La vida toda pende   del hilo del cuidado. La esencia humana se encuentra enraizada en el cuidado,   en &eacute;l se encuentra el <i>ethos</i> fundamental de lo humano. &iquest;Qui&eacute;n   podr&iacute;a no entender que el cuidado es generador de vida y que sin &eacute;l   nadie vive ni sobrevive con sentido? &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a, en   el marco del cuidado, no comprender el dolor, el sufrimiento, el placer o la   alegr&iacute;a? Esto nos dice que los universales culturales existen; lo que   sucede es que lo universal de la cultura es su car&aacute;cter singular, particular y concreto en el que se configura siempre.</p>     <p>El cuidado, como cuidado de la vida, es universal, pero esa universalidad se enmarca en la diversidad generada por la cultura.</p>     <p>Si bien en la actualidad como nunca antes los adelantos de comunicaci&oacute;n   planetaria nos han puesto en contacto unos con otros redundando ello en una   gran diversidad de modos de vida, la historia de la especie humana est&aacute; llena   de grandes procesos de articulaci&oacute;n de diferentes culturas. Como procesos   autogenerativos las culturas nunca han estado cerradas del todo. Aqu&iacute; tambi&eacute;n   debemos pasar de una manera de pensar la diversidad humana como simple suma   de variedades una al lado de la otra, a una visi&oacute;n m&aacute;s compleja,   en la cual los v&iacute;nculos y las articulaciones son capacidades inherentes   a toda unidad. Por eso, pensar con l&oacute;gica hegem&oacute;nica que para   ofrecer el cuidado, nuestra perspectiva, que nos esmeramos en implantar, es   la v&aacute;lida, nos hace confrontarnos radicalmente con la realidad: cuando   nos adentramos m&aacute;s y m&aacute;s en nuestra subjetividad, en los rasgos   identitarios compartidos en el seno de nuestras comunidades, en los sistemas de significaciones que configuran cada cultura, no llegamos a un fondo esencial que ser&iacute;a algo as&iacute; como la ra&iacute;z primera, sino que accedemos a canales, a v&iacute;as de comunicaci&oacute;n intercultural.     <p>La comunicaci&oacute;n intercultural facilita la diversidad cultural, la cual   no s&oacute;lo tiene un valor inconmensurable por s&iacute; misma, como reflejo   de creatividad y del potencial humano, sino que tambi&eacute;n constituye una herramienta fundamental para la resistencia y la autoconfianza.     <p>Robertson, con el sencillo ejemplo que a continuaci&oacute;n se enuncia, nos   muestra los matices de la diversidad cultural y nos advierte que lo que para   unos es normal y cotidiano para otros puede parecer muy raro y hasta monstruoso. &#8220;Los   estadounidenses comen ostiones pero no caracoles. Los franceses comen caracoles   pero no grillos. Los zul&uacute;es comen grillos pero no pescado. Los jud&iacute;os   comen pescado pero no cerdo. Los hind&uacute;es comen cerdo pero no res. Los   rusos comen res pero no v&iacute;boras. Los chinos comen v&iacute;boras pero no personas. Los jal&eacute; de Nueva Guinea encuentran deliciosas a las personas&#8221;<sup>8</sup>.     <p>Hoy, m&aacute;s que nunca, cobra vigencia el rescate de este conocimiento,   dada la tendencia hacia la p&eacute;rdida y destrucci&oacute;n de sistemas   culturales que implican la desaparici&oacute;n de modelos &uacute;nicos de   organizaci&oacute;n social, pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, ling&uuml;&iacute;stica   y de otras expresiones culturales. Podemos decir con seguridad que tanto la   diversidad cultural como la diversidad biol&oacute;gica son garantes de la   riqueza de formas de vida. Gracias a la diversidad podemos re-crear y recrearnos sin cesar.     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Desde el cuidado, interactuar y respetar esa diversidad nos convoca para evitar   la homogenizaci&oacute;n cultural. Esta, desde la &eacute;poca del colonialismo,   ha sido una estrategia para el control centralizado. En ese tiempo, la eliminaci&oacute;n   de la diversidad cultural fue realizada por la Iglesia y por la imposici&oacute;n   del lenguaje de los colonizadores. Hoy, los medios de comunicaci&oacute;n y   la cultura consumista de las corporaciones son los principales agentes de mercantilizaci&oacute;n   y homogenizaci&oacute;n de la diversidad cultural. Y hoy nosotros, profesionales de la salud, y de Enfermer&iacute;a en particular, participamos desde nuestra cosmovisi&oacute;n, de la p&eacute;rdida fundamental de la herencia de la humanidad, porque desde la racionalidad cient&iacute;fica, sistem&aacute;ticamente tratada como superior, imponemos creencias y pr&aacute;cticas que van en contrav&iacute;a del pensar y el actuar de aquellos a quienes cuidamos.      <p>Esta discriminaci&oacute;n ideol&oacute;gica desestimula el florecimiento   de individualidades originales y creativas, fomenta los prejuicios y estereotipos,   excluye y marginaliza, y lo m&aacute;s importante, trae como resultado la p&eacute;rdida invaluable de conocimientos y pr&aacute;cticas acumuladas durante el tiempo.     <p>Se trata entonces de que bajo una cosmovisi&oacute;n qu&aacute;ntica del pensamiento   en el que hemos sido formados y formadas, contribuyamos a sentar las bases   de una sociedad complementaria, no intentando volver a las pr&aacute;cticas   del pasado, sino a completar la sabidur&iacute;a de nuestros antepasados y la racionalidad cient&iacute;fica de la Modernidad.     <p>Es aqu&iacute; donde sustentamos y reafirmamos la importancia de los conocimientos   de las distintas comunidades como una articulaci&oacute;n din&aacute;mica,   como patrimonio colectivo, como sistemas organizados de investigaci&oacute;n   y descubrimientos, con experiencias rutinarias de practicar, mirar, aprender,   aprehender, probar y transformar esa realidad, y es a partir de esa realidad   que desde el cuidado se deben descubrir, para preservar, negociar o reestructurar las pr&aacute;cticas en pro del bienestar de las comunidades<sup>9</sup>.     <p><b>&iquest;C&oacute;mo relacionar los conocimientos locales con los cient&iacute;ficos?</b>     <p>Situ&aacute;ndonos, como cuidadores, en una relaci&oacute;n dial&oacute;gica   con las personas a las que cuidamos podemos reflexionar sobre la manera como   rechazamos el conocimiento del cuidado tradicional por ser &#8220;supersticioso&#8221;, &#8220;m&aacute;gico&#8221; y &#8220;popular&#8221;.   Esta postura, adem&aacute;s de evidenciar poca inventiva y creatividad para   hacer eficaz el cuidado, nos aleja indefectiblemente de los actores sociales   a los que queremos llegar con nuestro cuidado. Un(a) cuidador(a) capaz de una &#8220;buena&#8221; interacci&oacute;n   con estos actores ser&aacute; siempre un portavoz de sus ansiedades y carencias   y por tanto de su verdad, haciendo visibles aquellas situaciones de vida que   est&aacute;n escondidas y que s&oacute;lo al ser expuestas se convertir&aacute;n   en elementos de denuncia del <i>statu-quo</i>. Esta postura por parte de los cuidadores   exige ir m&aacute;s all&aacute; de una escucha atenta, respetuosa y tolerante   con el punto de vista del &#8220;otro&#8221;. Esta relaci&oacute;n implica   un di&aacute;logo abierto y sin complejos entre ciencia y saber local, mediante   el cual se intenten buscar mejores alternativas de cuidado que enaltezcan y promuevan la vida, el vivir y el cuidar de ella.     <p>Este di&aacute;logo de saberes implica, adem&aacute;s del respeto por las   concepciones, percepciones y conocimientos de la gente, un estudio para lograr   descubrir la visi&oacute;n completa de su modo de ser, vivir y cuidar la vida.   Todo, en su conjunto, podr&aacute; darnos muchas claves con relaci&oacute;n   al cuidado para que sea congruente con la cultura.     <p>Descubrir las pr&aacute;cticas de cuidado de nuestras comunidades exige del   cuidador(a), un esp&iacute;ritu impregnado de paciencia y dedicaci&oacute;n con el fin de abordar nuestro sujeto de cuidado con conocimientos fundamentados.   Conocimientos adquiridos principalmente mediante m&eacute;todos de investigaci&oacute;n   cualitativa como la etnograf&iacute;a y la etnociencia, ya que la mayor&iacute;a   de los aspectos relacionados con el hecho de promover la vida mediante el cuidado   cultural, son de naturaleza social, y por tanto merecen modelos de indagaci&oacute;n   que permitan la exposici&oacute;n y consideraci&oacute;n de complejas interacciones   y que, en consecuencia, tengan en consideraci&oacute;n los m&uacute;ltiples significados que las personas adjudican a su propio cuidado, conductas y pr&aacute;cticas<sup>10,11</sup>.     <p><b><i>La competencia cultural como estrategia para brindar el cuidado</i></b>     <p>Partiendo, como hemos indicado antes, de que una sociedad plural descansa   en el reconocimiento de las diferencias, de la diversidad de las costumbres   y formas de vida, se hace necesario subrayar que el respeto a los dem&aacute;s   se consolida como pilar para entender que no hay mejores o peores creencias   y opiniones y que nadie tiene la verdad ni la raz&oacute;n absolutas. Esta   premisa, en cuanto al cuidado cultural se refiere, se convierte en plataforma   para avanzar en el cuidado desde la perspectiva del otro. Es l&oacute;gico   tambi&eacute;n, pensar que esta apertura podr&iacute;a conducirnos a un relativismo   cultural exagerado donde todo el comportamiento depende del contexto de donde   surja y no puede ser calificado bajo los patrones de otra cultura. Entonces, &iquest;a   d&oacute;nde vamos a llegar? &iquest;D&oacute;nde acaba el respeto por el otro   y empieza el etnocentrismo? &iquest;Es lo mismo el respeto por las diferencias   que la total libertad de costumbres? No olvidemos que las virtudes se sit&uacute;an,   para Arist&oacute;teles, en un t&eacute;rmino medio muy proclive a sucumbir   en el vicio por exceso y por defecto. &iquest;Cu&aacute;l es pues la justa medida en el cuidado cultural?     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si queremos ser respetuosos pero a la vez tener como norte cuidar y promover   la vida y la l&oacute;gica de lo vivo, es necesario comenzar por adentrarnos   en comprender la visi&oacute;n de las personas que cuidamos, c&oacute;mo piensan,   c&oacute;mo perciben y categorizan su mundo, qu&eacute; tiene sentido para ellos y c&oacute;mo se imaginan y explican las cosas.     <p>Este conocimiento desde el punto de vista del nativo, o sea el conocimiento   Emic, nos capacita para ofrecer un cuidado competente y sensitivo mediante   el cual podemos identificar lo que Leininger denomina los modos de acci&oacute;n del cuidado<sup>9</sup>. Esta autora, abanderada del cuidado cultural en Enfermer&iacute;a,   explicita que las decisiones y acciones de cuidado ser&aacute;n ben&eacute;ficas   y satisfactorias si se usan las tres formas de cuidar basadas en la evaluaci&oacute;n   de los beneficios y riesgos de creencias, valores y modos de vida. Dichas formas   de acci&oacute;n se refieren a la preservaci&oacute;n o mantenimiento de pr&aacute;cticas   y creencias; a su negociaci&oacute;n o acomodaci&oacute;n, y a la reestructuraci&oacute;n,   en caso de que el cuidado amerite un cambio sustancial por ser perjudicial para el bienestar de la persona.     <p>La preservaci&oacute;n o mantenimiento del cuidado cultural implica detenernos   un poco para pensar (antes de juzgar a alguien), si una creencia o pr&aacute;ctica   de cuidado podr&iacute;a permanecer, pues refuerza la autonom&iacute;a de autocuidado,   es inocua, o en el mejor de los casos, ben&eacute;fica para su salud. Si, por   el contrario, la creencia o pr&aacute;ctica puede llegar a ser un riesgo para   la salud, se podr&iacute;a negociar un acuerdo, posiblemente apoyando la creencia pr&aacute;ctica mas ben&eacute;fica. A veces la creencia o pr&aacute;ctica es potencialmente da&ntilde;ina, atenta contra la integridad de la vida pero tiene un arraigo cultural importante. En estos casos el proceso de reestructurar es m&aacute;s lento y dif&iacute;cil porque trasciende la habilidad de persuadir que el cuidador puede tener y se necesita el concurso de otros actores y sectores para lograr un cambio dram&aacute;tico en la manera de proteger la vida. Aqu&iacute;, el trabajo intersectorial y estructural es sumamente importante para lograr el objetivo en los marcos del respeto a la autonom&iacute;a y decisi&oacute;n individuales.     <p>Tener en cuenta estos tres modos de acci&oacute;n favorecer&aacute; un cuidado   diferencial, con lo cual damos cuenta de la singularidad del ser humano, pero   al mismo tiempo, si reconocemos la universalidad de las pr&aacute;cticas y   valores de los diferentes grupos y comunidades podremos determinar las generalidades del mismo.     <p>No es f&aacute;cil llevar a cabo estos procesos de negociaci&oacute;n, preservaci&oacute;n   o reestructuraci&oacute;n del cuidado, pues implican un trabajo inicial de   nosotros mismos como cuidadores para reconocer nuestro propio sistema de valores,   nuestros propios prejuicios y limitaciones para abordar a nuestro <i>alter   ego</i>.   Este proceso personal es, por tanto, continuo, inacabado e implica una re-visi&oacute;n y re-flexi&oacute;n permanentes.      <p>Adem&aacute;s de trabajar para hacernos conscientes de nuestros valores y   creencias, es necesario re-conocer nuestros estilos de comunicaci&oacute;n;   estos tambi&eacute;n tendr&aacute;n un impacto importante en la interacci&oacute;n   cultural. Una buena comunicaci&oacute;n se basa en la comprensi&oacute;n mutua   que se da cuando la versi&oacute;n del significado del receptor se acopla con el significado que propone el emisor<sup>12</sup>. Esto implica, m&aacute;s que hablar,   tener presente nuestro lenguaje corporal, el espacio que creamos cuando nos   dirigimos a las personas, el contacto visual, el toque adecuado y, por supuesto,   nuestro tono de voz. Toda esa gama de posibilidades har&aacute;, de acuerdo a su manejo, m&aacute;s o menos efectiva nuestra comunicaci&oacute;n cuando interactuamos.     <p><b><i>Caminos y recursos para llegar a ser culturalmente competentes cuando cuidamos</i></b>     <p>El desaf&iacute;o actual es la construcci&oacute;n de una plataforma de acciones   orientada a la docencia, la pr&aacute;ctica y la investigaci&oacute;n, que   incorpore el componente del cuidado de la vida y la salud desde la &oacute;ptica de la cultura de los individuos.     <p>Con relaci&oacute;n a la docencia ser&iacute;a recomendable desarrollar curr&iacute;culos   que privilegien, adem&aacute;s del cuidado como foco central, el estudio del mismo desde la perspectiva cultura<sup>13</sup>. Sensibilizar a los cuidadores desde su   formaci&oacute;n, en lo que es universal y lo que es particular en la cultura   del cuidado, posibilita una concepci&oacute;n solidaria y una cultura (en el   sentido que tiene el cultivo, culture, en la agricultura), de respeto a la   diferencia, y una necesidad recurrente de promover la vida. Lo anterior nos   induce a pensar que se trata de una actitud &eacute;tica que ha de sostenerse muy particularmente a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n.     <p>En cuanto a la pr&aacute;ctica, es necesario tener presente que tanto estudiantes   como profesionales de Enfermer&iacute;a han sido socializados desde la disciplina, en &aacute;mbitos culturales diferentes a los de las personas que se cuidan<sup>14</sup>.   Esto genera una cosmovisi&oacute;n de vida, salud y enfermedad muchas veces   muy diferente de la suya. Cuando un miembro de una tradici&oacute;n con est&aacute;ndares   definidos de cuidado interact&uacute;a con alguien perteneciente a otra cultura,   con est&aacute;ndares diferentes, a menudo se producen un conflicto y un choque.   Si adem&aacute;s de este momento de choque el cuidador no estimula acuerdos   y puestas en com&uacute;n, es muy posible que nuestro sujeto de cuidado se aleje.     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las instituciones de salud y los cuidadores(as) deben, por tanto, priorizar   la b&uacute;squeda de referenciales que tengan como foco central el cuidado,   respetando las diferencias e identificando las necesidades de los sujetos desde su perspectiva cultural.     <p>Para ello se hace indispensable apropiar a los cuidadores de habilidades para negociar, esto es, comenzar por   ser reconocidos(as) como interlocutores v&aacute;lidos por los seres que cuidamos,   y ser capaces de interactuar, sabiendo de antemano qu&eacute; se puede y qu&eacute; no   se puede realizar en el referente del cuidado. Estos procesos de negociaci&oacute;n   sugieren una l&oacute;gica de di&aacute;logo desde la autonom&iacute;a y una   l&oacute;gica de acci&oacute;n comprometida con la realidad de los seres que cuidamos.      <p>En esa v&iacute;a, nuestras instituciones de salud deber&iacute;an procurar   desarrollar en las pr&aacute;cticas de cuidado directo abordajes dial&oacute;gico-reflexivos   para que cuidadores y seres cuidados en conjunto, busquen nuevos y mayores   niveles de conciencia cr&iacute;tica en pro del cuidado de la vida humana.   A manera de ejemplo, podr&iacute;amos pensar en estimular la discusi&oacute;n,   el intercambio de informaci&oacute;n y de experiencias de profesionales cuidadores,   investigadores y comunidades locales en torno a la experiencia de lo vivido en el cuidado cultural.     <p>En lo atinente a la investigaci&oacute;n, es necesario continuar trabajando   para que los cuidadores se formen con rigor en las metodolog&iacute;as cualitativas   para aprehender y comprender los significados y significantes del cuidado.   Los cuidadores tenemos el laboratorio natural, esto es, la cotidianidad de   cada contacto con los individuos. En ese sentido la investigaci&oacute;n a partir de lo cotidiano es un constructo que se hace en la medida que se conoce<sup>15</sup>.   Adem&aacute;s, la investigaci&oacute;n del cuidado con perspectiva cultural   debe estar orientada a caracterizar, inventariar, evaluar, utilizar y conservar   la riqueza cultural que las comunidades tienen en torno al cuidado. Esta orientaci&oacute;n   implica nuestro compromiso denodado para descubrir en profundidad las diferentes   manifestaciones del cuidado en las culturas en que trabajamos, la revisi&oacute;n   y validaci&oacute;n, con la gente o en el contexto del estudio, de las formas   o maneras de cuidar y el an&aacute;lisis expl&iacute;cito de las intervenciones aplicadas a situaciones culturales espec&iacute;ficas.     <p>Objetivar este componente investigativo para que se consoliden y fortalezcan   grupos de investigaci&oacute;n y redes especializadas en temas de diversidad   cultural del cuidado facilitar&iacute;a una rica formaci&oacute;n de talento humano.     <p><b>Consideraciones finales</b>     <p>Si partimos de la premisa seg&uacute;n la cual una sociedad plural descansa   en el reconocimiento de las diferencias generadas por la diversidad de costumbres,   creencias y pr&aacute;cticas, el cuidado cultural, como valor para promover   la vida y la salud, implica <i>per se</i>, el des-cubrimiento y re-conocimiento de estas diferencias.     <p>Re-conocer las maneras de cuidarse para vivir saludablemente implica, por   tanto, expresar respeto a los dem&aacute;s aceptando dichas diferencias. Pero,   sobre todo, expresamos ese respeto cuando las diferencias nos importan. Quiere   decir, cuando esas diferencias nos parecen equivocadas porque no coinciden   con lo propio. El reto est&aacute; en distinguir, desde la &oacute;ptica de   la salud y de la vida, lo que las promueve o las perjudica, es decir, la dificultad   consiste en mantener la diversidad a salvo sin caer en el nihilismo del &#8220;todo   vale&#8221;. En una sociedad plural como la actual, no todos comparten la misma   noci&oacute;n de lo que perjudica o da&ntilde;a. Por tanto, el desaf&iacute;o   estriba en propiciar, analizando en el contexto, un reencuentro eficaz entre   el mundo de la raz&oacute;n, o mundo cient&iacute;fico, y el mundo de la vida.   Esto se traduce en saber aprovechar la inmensa riqueza de ideas, valores y   s&iacute;mbolos que nos aportan quienes piensan, viven y se cuidan en forma   diferente. Seguir considerando que lo diferente es peligroso y que quien no   vive y piensa como uno es extra&ntilde;o o malo, es un gran desacierto que   pone a la humanidad en un verdadero problema de supervivencia. La invitaci&oacute;n,   es pues, a optar por el descubrimiento, por la curiosidad para conocer ese   otro ser, con lo cual, sin duda, contribuiremos al entendimiento humano y a la apreciaci&oacute;n del mundo en toda su grandeza y en todas sus dimensiones.     <p>Finalmente quisiera traer para la reflexi&oacute;n un hermoso texto que Fernando   Savater en su libro <i>El valor de educar</i>, nos ofrece sobre la diversidad y la civilidad:     <p>&#8220;S&oacute;lo volviendo a la ra&iacute;z com&uacute;n que nos emparenta   podremos los hombres ser c&oacute;mplices de necesidades que conocemos bien   y no extra&ntilde;os encerrados en la fortaleza inasequible de nuestra peculiaridad (&#8230;)&#8221;     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ese contagio de unas culturas con otras es precisamente lo que puede llamarse   civilizaci&oacute;n, y es la civilizaci&oacute;n, no meramente la cultura, lo que la educaci&oacute;n debe aspirar a transmitir.     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b>     <!-- ref --><p>1.	Novia virtual de bolsillo. El Tiempo. Bogot&aacute;, Secci&oacute;n 2-6, 14 de Marzo 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-5307200600020001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  2. Leininger M, Mc Farland M. Transcultural nursing: Concepts, theories and   practices. 3ed. New York: Mc Graw Hill; 2002. p. 10.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-5307200600020001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  3. Watson J. Nursing human science and human care theory of nursing. New York: National League of Nursing Press; 1985. pp. 20-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-5307200600020001500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  4.	Boff L. Saber cuidar: &eacute;tica do humano-compaix&atilde;o pela terra. Petr&oacute;polis: Vozes; 1999. pp. 33-35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-5307200600020001500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  5.	Laraia R de B. Cultura um conceito antropol&oacute;gico. 10 ed. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Editor; 1986. pp. 15-16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-5307200600020001500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  6.	Geertz C. Nova luz sobre a antropolog&iacute;a. Rio de Janeiro: Textos &amp; Formas; 2001. pp. 68-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-5307200600020001500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  7.	Morin E. El m&eacute;todo. Las ideas. Madrid: Ediciones C&aacute;tedra; 1992. pp. 27-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-5307200600020001500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  8.	El Tiempo. El Libro de la convivencia. Bogot&aacute;: Casa Editorial del Tiempo. 2004. p.186.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-5307200600020001500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  9. Leininger M. Culture care diversity and university: a theory of nursing. New York: National League for Nursing Press; 1991. pp. 41-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-5307200600020001500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  10. Leininger M. Transcultural nursing. Concepts, theories, research &amp; practices. 2ed. New York: McGraw-Hill; 1995. pp. 4-11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-5307200600020001500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  11.	V&aacute;squez ML. Cuidado Transcultural en enfermer&iacute;a: Una necesidad en un mundo cambiante. Invest. educ. enferm 2001; 19(1): 48-54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-5307200600020001500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  12.	Lipson J. Temas culturales en el cuidado de enfermer&iacute;a. Invest. educ. enferm 2002; 20(1): 59-62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-5307200600020001500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  13. Narayanasamy A, White E. A review of transcultural nursing. NEDT 2005; 25(2): 102-111.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-5307200600020001500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  14.	Spector RE. Cultural diversity in health and illness. 3 ed. Norwalk:   Appleton &amp; Lange; 1991. p.24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-5307200600020001500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  15.	V&aacute;squez ML. El cuidado cultural adecuado: de la investigaci&oacute;n   a la pr&aacute;ctica. En: Grupo de Cuidado Facultad de Enfermer&iacute;a Universidad   Nacional de Colombia. El arte y la ciencia del cuidado. Bogot&aacute;: Unibiblos; 2002. pp. 315-322.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-5307200600020001500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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