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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align=center><font size="4"><b>EL GRIEGO Y EL LAT&Iacute;N EN LA CONFORMACI&Oacute;N DEL PENSAR COMO CIENCIA</b></font></p>     <p align="center">Jaime Escobar Fern&aacute;ndez<sup>*</sup></p>     <p><sup>* </sup>Licenciado en Filosof&iacute;a y Letras Pontificia Universidad Javeriana, Bogot&aacute;.</p> <hr>     <p align="right"><i>Lo que tuvo lugar tendr&aacute; todav&iacute;a lugar otra vez hoy aunque de una forma muy diferente, a pesar de que yo no lo se&ntilde;ale ni lo subraye cada vez</i></p>     <p align="right">Jacques Derrida</p>     <p>Pericles inicia su celeb&eacute;rrima oraci&oacute;n f&uacute;nebre con estas palabras que tomo en pr&eacute;stamo:</p>     <blockquote>     <p>La mayor&iacute;a de cuantos me han precedido en esta tribuna han establecido la costumbre de esta exposici&oacute;n &#91;...&#93; puesto que a nuestros antecesores esto pareci&oacute; una buena costumbre es necesario que yo cumpla con esa ley al tratar de atender el deseo y parecer de cada uno de ustedes, de la mejor manera posible.</p> </blockquote>     <p>Agradezco a nuestro Decano y al grupo de profesores que seguramente lo secundaron, el que me hayan tenido en cuenta para reflexionar sobre la contribuci&oacute;n del griego y del lat&iacute;n en la conformaci&oacute;n del pensar como ciencia en esa especie de eterno retorno que nos trae de presente Derrida y que he puesto como ep&iacute;grafe de esta conversaci&oacute;n: &quot;Lo que tuvo lugar tendr&aacute; todav&iacute;a lugar otra vez hoy, aunque de una forma muy diferente a pesar de que yo no lo se&ntilde;ale ni lo subraye cada vez&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Acept&eacute; la invitaci&oacute;n no porque estuviera convencido de haber acumulado m&eacute;ritos suficientes para ocupar esta tribuna sino porque interpret&eacute; el ofrecimiento como la promulgaci&oacute;n oficial de la pol&iacute;tica de la facultad para abrirle campo a la posibilidad de que estudiantes y profesores por igual pudieran tener acceso directo a documentos que est&aacute;n en la base de todo el monumento de la filosof&iacute;a perenne y porque &quot;Lo que tuvo lugar tendr&aacute; todav&iacute;a lugar otra vez hoy aunque de una forma muy diferente&quot;. Tratar&eacute; de estar a la altura de las espectactivas.</p>     <p>Convergen en esta ocasi&oacute;n dos circunstancias que me resultan particularmente emocionantes y que, abusando de su benevolencia, voy a compartir. La primera est&aacute; relacionada con que este encuentro tiene lugar en el edificio consagrado por la Universidad a la memoria de uno de los grandes humanistas cl&aacute;sicos del siglo pasado: Manuel Brice&ntilde;o J&aacute;uregui, S.I., honor que comparten con &eacute;l, otros ilustres jesu&iacute;tas entre los cuales es necesario destacar las figuras de Daniel Restrepo, S.I.; Jos&eacute; Celestrino Andrade, S.I.; Eduardo Ospina, S.I. y el mayor de todos, F&eacute;lix Restrepo Mej&iacute;a, S.I., m&aacute;s conocido como el Padre F&eacute;lix, fundador del Instituto Caro y Cuervo, y renovador de la Academia Colombiana de la Lengua. La universidad ha consagrado a la memoria del P. F&eacute;lix nuestro mayor auditorio y uno de los edificios de la Universidad. Restrepo y Brice&ntilde;o conservaron hasta su muerte el honor y la responsabilidad singular de ocupar la presidencia de la Academia Colombiana de la Lengua.</p>     <p>La segunda circunstancia tiene que ver con que estamos en el auditorio Jaime Hoyos V&aacute;squez, S.I. de quien no fui disc&iacute;pulo directo, pero quien enterado por no s&eacute; qu&eacute; caminos, de mis coqueteos con la cultura grecolatina, me trat&oacute; siempre con especial deferencia, y pese a ser &eacute;l un brillante intelectual, se interesaba no solamente por los modestos avances de mis trabajos sobre cl&aacute;sicos, sino que con espontaneidad admirable me hac&iacute;a consultas que yo trataba de responder con temor y temblor. De esa estirpe acad&eacute;mica de los Hoyos V&aacute;squez queda la memoria no solamente del P. Jaime sino tambi&eacute;n del recordad&iacute;simo exrector el P. Jorge y el Dr. Guillermo, nuestro apreciado &#39;Guillo&#39;, defensor a ultranza del griego y el lat&iacute;n no solamente en la formaci&oacute;n del fil&oacute;sofo sino en la de cualquier intelectual respetable. Ning&uacute;n lugar, pues, m&aacute;s apropiado ni ocasi&oacute;n mejor <i>&mdash;&iexcl;cairos</i>&mdash; que &eacute;sta, para explorar la contribuci&oacute;n del griego y del lat&iacute;n en la conformaci&oacute;n del pensar como ciencia. &iquest;C&oacute;mo proceder para cumplir con tal cometido? Quiz&aacute; la evoluci&oacute;n de estos idiomas, sus repetidas &#39;presencias&#39; y &#39;ausencias&#39; en la cultura occidental permitan seguirle los pasos al griego y el lat&iacute;n en la conformaci&oacute;n del pensar como ciencia y desde luego para darle cumplimiento a la maldici&oacute;n de Saramago: &quot;Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria hist&oacute;rica porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia&quot;.</p>     <p><b>Viajeros sin retorno</b></p>     <p>&iquest;Por qu&eacute; y c&oacute;mo el griego y el lat&iacute;n se mantienen contra viento y marea a lo largo de los siglos? &iquest;Qu&eacute; fuerza oculta les ha permitido superar los embates de la condici&oacute;n humana a cuyos golpes desaparecieron (Gordon, 1968: <i>passim) </i>lenguajes como hitita, urrita, s&aacute;nscrito, acadio, sumerio, asirio, canana&iacute;ta, minoico, amorreo, ebla&iacute;ta (Pettinato, 2000: 338ss.), dalm&aacute;tico, ven&eacute;tico, c&eacute;ltico, mesapiano, ligurio, osco-umbro, etrusco, todos ellos en la ra&iacute;z de la cultura occidental? Imposible negar que tenemos ra&iacute;ces que se hunden profundamente en un pasado glorioso del que somos leg&iacute;timos herederos. &iquest;C&oacute;mo sucedi&oacute; todo esto?</p>     <p><b>Entre el habla y el raciocinio</b></p>     <p>Cuando decimos filosof&iacute;a, metaf&iacute;sica, est&eacute;tica, l&oacute;gica, fen&oacute;meno, no&eacute;tica, proped&eacute;utica, pr&oacute;logo, ep&iacute;logo, ep&iacute;tome, s&iacute;ntoma, met&aacute;fora, per&iacute;frasis, proleg&oacute;menos, &eacute;tica, ortodoxo, pat&eacute;tico, ep&iacute;teto, par&aacute;sito, prol&eacute;ptico, tesis, s&iacute;ntesis, ant&iacute;tesis, hip&oacute;tesis, estamos hablando en griego: uno estar&iacute;a tentado a pensar que el griego es por naturaleza el lenguaje de la filosof&iacute;a &iquest;Registra la historia de las ideas otro lenguaje tanto o m&aacute;s apropiado para conformar el pensar como ciencia?</p>     <p><b>Un lejano pasado</b></p>     <p>Los pueblos del Oriente remoto, probablemente 3.000 a&ntilde;os o m&aacute;s, a.C., empezaron el largo y laborioso esfuerzo para encontrar la manera de darle forma permanente y estable a la fugacidad y a la variabilidad de la comunicaci&oacute;n oral. &iquest;De qu&eacute; otra manera podr&iacute;a transmitirse a las siguientes generaciones las conquistas, los procesos y los valores personales, familiares, tribales y &eacute;tnicos? Era necesario disponer de medios invariables, duraderos, almacenables, aptos para circular de mano en mano y no de boca en boca: la palabra enunciada era reversible; pero la escrita, no. El pensar dio su primer fruto con la escritura, fruto que quiz&aacute; fuese una de las primeras ciencias de la humanidad y con ella, se inaugura la capacidad de navegar por el r&iacute;o del tiempo entre sosobras y tormentas, pero siempre a flote. Siglos despu&eacute;s Hayakawa rescatar&iacute;a este conocimiento: &quot;Aprender a escribir es aprender a pensar. Nada se sabe con claridad a menos que se pueda poner por escrito&quot; (1997).</p>     <p>Los signos acordados por convenci&oacute;n comunitaria entraron a sumplir la necesidad de la presencia f&iacute;sica del rey, del sacerdote, del profeta, del rapsoda y del cham&aacute;n para transmitir de una generaci&oacute;n a otra el saber acumulado a partir de la experiencia, y con el tiempo, el saber sobre el saber para darle comienzo a la configuraci&oacute;n del... &iquest;Ser&iacute;a impropio pues declarar en este momento el nacimiento de la metacognici&oacute;n?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es evidente que nuestros antepasados descubrieron pronto la fuerza del arte de pensar y la manera de transformarla en ciencia. El saber a partir de ese momento qued&oacute; incrustado entre el tiempo y la eternidad (Restrepo 1960), como lo denominara el P. F&eacute;lix en uno de sus ilustrados ensayos, expresi&oacute;n que casi 50 a&ntilde;os despu&eacute;s Ilya Prigogine (1992) escoger&iacute;a como t&iacute;tulo de su discusi&oacute;n sobre el tiempo, la irreversibilidad de los fen&oacute;menos f&iacute;sicos, la entrop&iacute;a y la complejidad del mundo en las perspectivas de la nueva f&iacute;sica. &iquest;Acaso la escritura pueda llegar a ser aceptada por el f&iacute;sico cu&aacute;ntico como fen&oacute;meno irreversible? Cuando las autoridades jud&iacute;as exigen al acobardado Poncio Pilato que cambie el letrero que ha mandado poner a la cabeza del crucificado y no a sus pies, responde tajante, seg&uacute;n el texto b&iacute;blico: &quot;Lo escrito, escrito est&aacute;&quot;.</p>     <p><b>La fuerza arrolladora del griego y el lat&iacute;n</b></p>     <p>Desde los confines del Oriente probablemente donde el g&eacute;nesis b&iacute;blico ubicara al Jard&iacute;n del Ed&eacute;n, oleadas interminables de migrantes hacia esta parte del mundo llevaron consigo informaci&oacute;n escrita que fue quedando en el camino, y del mismo modo que Pulgarcito, mil veces m&aacute;s astuto que su estatura del tama&ntilde;o de un pulgar (Grimm, 1977), se las ingeniaron para evadir los aviesos planes de comerciantes, de ladrones, de titiriteros y de toda cala&ntilde;a de hombres de los que est&aacute; lleno el camino de la historia; siglos despu&eacute;s, los arque&oacute;logos ir&iacute;an detr&aacute;s de esos vestigios y, con paciencia benedictina develar&iacute;an el enigma de lenguajes perdidos que hablaron en su momento aquellos extra&ntilde;os seres a quienes los helenos denominar&iacute;an <i>&#39;Barbaroi&#39;, </i>en cuanto su hablar parec&iacute;a un mon&oacute;tono e interminable &#39;bar, bar, bar, bar&#39; que despu&eacute;s de m&uacute;ltiples esfuerzos no lo fue para arque&oacute;logos y ling&uuml;&iacute;stas, infatigables descifradores de lenguajes ya desaparecidos.</p>     <p><b>El parad&oacute;jico papel de los <i>&#39;Barbaroi&#39;</i></b></p>     <p>Fueron los &#39;Barbaroi&#39; quienes, entrando por el norte de la pen&iacute;nsula griega, arrasaron todos los reinos que hab&iacute;an sido regidos por castas sacerdotales y guerreros audaces: cay&oacute; la legendaria Micenas, &#39;rica en oro&#39; y con ella, el reino de Agamen&oacute;n; cayeron Pilos, Phaistos, Malia y Cnosos, palacio cretense que desenterr&oacute; y reconstruy&oacute; Sir Arthur Evans para dar a la luz p&uacute;blica abundante documentaci&oacute;n en bloques de arcilla, punta de ese hilo de Ariadna mediante el cual Chadwik (1973) descifrar&iacute;a un protogriego: el Lineal B, griego verdadero aunque escrito en car&aacute;cteres fenicios y gracias al cual pudimos entender un poco los tiempos previos a esa cat&aacute;strofe que origin&oacute; aquello que los historiadores han llamado &#39;La edad oscura en el pasado de Grecia&#39;: por varios siglos Grecia vio desaparecer de sus dominios el minoico de tiempos esplendentes.</p>     <p><b>El surgir de las cenizas</b></p>     <p>Barridos los reinos con sus monarcas, destruidos sus palacios, arruinados sus campos, saqueadas sus riquezas, las comunidades quedaron en las mismas deplorables circunstancias que los compa&ntilde;eros de Eneas luego de la terrible tempestad que los vientos del rey Eolo, a ruegos de la rencorosa Juno, descargaran su furia contra la modesta flota del padre de los desplazados por la guerra: el P&iacute;o Eneas. <i>&quot;Apparent rari nantes in gurgite vasto&quot; (Aen. </i>I, 118) dice Virgilio en la <i>Eneida: </i>se puede ver a uno que otro nadando en la hirviente inmensidad del mar.</p>     <p>Las comunidades que sobrevivieron al tsunami de las hordas b&aacute;rbaras quedaron como &quot;ovejas sin pastor&quot;, seg&uacute;n expresi&oacute;n b&iacute;blica; pero, &quot;lo que tuvo lugar tendr&aacute; todav&iacute;a lugar otra vez hoy aunque de una forma muy diferente&quot;: sin sus &#39;pastores&#39; las &#39;ovejas&#39; tuvieron que volv&eacute;rselas a arreglar, esta vez por su cuenta, en el dise&ntilde;o de la reconstrucci&oacute;n de su tejido social, de sus instituciones, del manejo de conflictos y de su ideal de vida. Esta fue la circunstancia exacta cuando de las cenizas que dejaron las ruinas de los reinos, emergi&oacute; t&iacute;mida pero pujante la <i>Polis, </i>la ciudad, madre nutricia y fecunda de la filosof&iacute;a. Sin la <i>Polis, </i>sin la ciudad, quiz&aacute; no hubiera sido posible hacer del pensar el modo privilegiado del conocer; de la Filosof&iacute;a. La escuela de Mileto no experiment&oacute; la contemplaci&oacute;n de La raz&oacute;n; le dio la primera configuraci&oacute;n de racionalidad.</p>     <p>Jean-Pierre Vernant en su reflexi&oacute;n sobre los or&iacute;genes del pensamiento griego, encuadra con sencilla precisi&oacute;n el fen&oacute;meno:</p>     <blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta raz&oacute;n griega no es la raz&oacute;n experimental de las ciencias contempor&aacute;neas orientada hacia la exploraci&oacute;n del medio f&iacute;sico mediante m&eacute;todos, herramientas intelectuales y paradigmas con los que a lo largo de los &uacute;ltimos tiempos, mediante laboriosos esfuerzos, se busca conocer a la Naturaleza para dominarla. Cuando Arist&oacute;teles define al hombre como &quot;animal pol&iacute;tico&quot; destaca aquello que separa la raz&oacute;n griega de entonces, de nuestra raz&oacute;n. Si el <i>homo sapiens </i>es a los ojos antiguos el hombre pol&iacute;tico es porque la Raz&oacute;n, en su esencia, es pol&iacute;tica. (1981: 131)</p> </blockquote>     <p>Cuando Eduard de Bono se pregunta por el origen de nuestra naturaleza pol&eacute;mica, fuente de interminables conflictos, cree encontrarla en este culto griego a la raz&oacute;n y espec&iacute;ficamente en la dial&eacute;ctica surgida de la experiencia social que se convirti&oacute; para los griegos en reflexi&oacute;n positiva favorecida por la convivencia ciudadana que se organiza a trav&eacute;s del debate p&uacute;blico argumentado.</p>     <p>La decadencia del mito empez&oacute; cuando los primeros sabios que ellos signaron con el m&aacute;gico n&uacute;mero siete, sometieron a discusi&oacute;n el orden c&oacute;smico y humano para hacerlo inteligible por s&iacute; mismo y traducirlo a f&oacute;rmulas accesibles a la inteligencia de los ciudadanos para que ellos pudieran aplicar la norma a la medida de sus relaciones con los dem&aacute;s y con la naturaleza. El lenguaje de Homero y Hes&iacute;odo cede el paso a otro: al pol&iacute;tico, exterior a la religi&oacute;n y f&eacute;rtil en otros puntos de vista &#39;te&oacute;ricos&#39;, conceptos, principios y vocabulario. La nueva idea de civilizaci&oacute;n se instala en la sociedad griega: el hombre no es independiente del ciudadano, es ciudadano, y la <i>phronesis, </i>la reflexi&oacute;n, es el privilegio de los hombres libres que ejercen tanto el derecho al uso de la raz&oacute;n como al ejercicio de sus derechos c&iacute;vicos. El pensar se constituye por cuenta propia en la raz&oacute;n de ser del hombre griego y Arist&oacute;teles desarrollar&iacute;a despu&eacute;s la norma que habr&iacute;a de mantener en el camino apropiado al ejercicio de la raz&oacute;n; quedar&iacute;a as&iacute; coronado y consolidado el pensar como ciencia.</p>     <p>La reconstrucci&oacute;n de la sociedad luego de las cat&aacute;strofes hizo a la vida griega adulta, al liberarla de la dependencia del pensar ajeno para confiarla a la capacidad de hacerlo de manera aut&oacute;ctona y de forma aut&oacute;noma; quiz&aacute; este tenga que ser el destino de nuestra propia cultura. Vernant sintetiza el papel de la ciudad en el desarrollo del pensar, de esta manera:</p>     <blockquote>     <p>La raz&oacute;n griega es aquella que de manera positiva, reflexiva y met&oacute;dica permite actuar sobre la sociedad sin intentar extender su influjo sobre la naturaleza. En sus limitaci&oacute;n como en sus logros, la raz&oacute;n griega es hija de la ciudad. (Vernant, 1981: 133ss.)</p> </blockquote>     <p><b>La lengua griega en la vitalidad del pensamiento</b></p>     <p>El mundo intelectual griego fue intenso en todos los campos, al menos desde el siglo VI a.C. hasta nuestros d&iacute;as, y el veh&iacute;culo privilegiado para &eacute;ste ha sido su lengua que todav&iacute;a se habla regularmente en la rep&uacute;blica hel&eacute;nica con casi doce millones de personas, entre nativos e inmigrantes, y se calcula que puede haber otro tanto disperso por el mundo. Los hombres de la di&aacute;spora hel&eacute;nica se comunican en griego con la familia y con los amigos. Hoy podr&iacute;amos estar hablando de cerca de veinticinco millones de personas que se interrelacionan en el idioma con m&aacute;s hondas ra&iacute;ces en un pasado remot&iacute;simo, y lo hacen empleando tres formas de griego surgidas de las circunstancias: el <i>cathareusa </i>o griego culto; el dem&oacute;tico o habla popular y el <i>grekeesh </i>o nueva forma que emerge entre los fan&aacute;ticos de la <i>web </i>siempre &aacute;vidos de expresar con menos y de cualquier manera aquello que necesita de m&aacute;s y deformas selectas. No importa en qu&eacute; rinc&oacute;n del mundo habiten: la descendencia hel&eacute;nica de una a otra generaci&oacute;n se comunica en griego. Desde finales del siglo XIX hay comunidades grecoparlantes en Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Canad&aacute;, Australia, Brasil, Chile, Uruguay, Argentina y por supuesto en Colombia. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s har&aacute; falta para evitar que se siga diciendo que el griego es lengua muerta?</p>     <p><b>Lengua latina, norma social, orden jur&iacute;dico y administraci&oacute;n</b></p>     <p>Si cuando decimos filosof&iacute;a, metaf&iacute;sica, est&eacute;tica, l&oacute;gica, fen&oacute;meno, no&eacute;tica, proped&eacute;utica, pr&oacute;logo, ep&iacute;logo, ep&iacute;tome, s&iacute;ntoma, met&aacute;fora, per&iacute;frasis, proleg&oacute;menos, &eacute;tica, ortodoxo, pat&eacute;tico, ep&iacute;teto, par&aacute;sito, prol&eacute;ptico, tesis, s&iacute;ntesis, ant&iacute;tesis, hip&oacute;tesis, estamos hablando griego; cuando decimos universidad, facultad, misi&oacute;n, visi&oacute;n, maestro, educaci&oacute;n, colegio, curr&iacute;culo, pensum, nota, grado, estudio, lecci&oacute;n, investigaci&oacute;n, maestr&iacute;a, doctorado, alma mater, alumno, estamos hablando lat&iacute;n. Si la filosof&iacute;a parece expresarse naturalmente en griego, la educaci&oacute;n lo hace en lat&iacute;n. &iquest;De d&oacute;nde nos llega este lenguaje de la educaci&oacute;n y del orden jur&iacute;dico? Los &#39; <i>barbaroi&#39; </i>volvieron a cumplir su parad&oacute;jica misi&oacute;n: crear nuevas realidades a partir de la destrucci&oacute;n f&iacute;sica y cultural: el texto b&iacute;blico otra vez tiene raz&oacute;n: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no dar&aacute; fruto (Jn. 12, 24) y, en visi&oacute;n m&aacute;s profana, la sentencia aquella de Derrida: &quot;Lo que tuvo lugar tendr&aacute; todav&iacute;a lugar otra vez hoy aunque de una forma muy diferente&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Probablemente hacia finales del a&ntilde;o 2000 a.C. la avanzadilla de otra horda de <i>&#39;barbaroi&#39; </i>provenientes tal vez de m&aacute;s all&aacute; del mar Negro y mucho m&aacute;s al oriente, llega a la pen&iacute;nsula it&aacute;lica comunic&aacute;ndose en un dialecto que con el tiempo se convertir&iacute;a en la lengua latina.</p>     <p>Los reci&eacute;n llegados apenas logran asentarse en la parte menos atractiva de esa tira de tierra que es Italia: en el Lacio, regi&oacute;n llana, inundable, malsana, ubicada en las riberas del r&iacute;o T&iacute;ber y rodeada de vecinos raizales poco amistosos que se expresaban en dialectos locales: falisco<sup><a name="s1" href="#1">1</a></sup>, osco<sup><a name="s2" href="#2">2</a></sup>, sab&eacute;lico<sup><a name="s3" href="#3">3</a></sup>, volsco, umbro<sup><a name="s4" href="#4">4</a></sup> o etrusco.</p>     <p>No hab&iacute;a pasado mucho tiempo desde que se empezara a levantar el monumento literario de la <i>Il&iacute;ada; </i>del momento en el que Hes&iacute;odo elucubrara sobre la naturaleza de las cosas, adem&aacute;s de la manera de cultivar la tierra; del melanc&oacute;lico d&iacute;a en el que Safo, la poetisa ardiente, se lamentara de tener qu&eacute; pasar otra noche durmiendo sola y de que P&iacute;ndaro exaltara en tonos marciales las glorias de los h&eacute;roes.</p>     <p>Con evidente sentido de fuerte identidad y sentido de pertenencia, los reci&eacute;n llegados a Italia se resisten a dejar que su lengua nativa se disuelva ante la presi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica de los etruscos y de los osco-umbros: quedaba establecida y marcada la tenacidad del naciente pueblo romano y de su maravillosa lengua que llega hasta nuestros d&iacute;as en las palabras y en las sonoridades del habla en rumano, en italiano, en franc&eacute;s, en portugu&eacute;s, en espa&ntilde;ol (Claflin, 1941) y, como van las cosas, habr&aacute; que a&ntilde;adir el Catal&aacute;n. &iquest;C&oacute;mo se lleg&oacute; a este punto en el caso de nuestro idioma? Nadie m&aacute;s autorizado que Don Ram&oacute;n Men&eacute;ndez Pidal para contarlo.</p>     <p>Despu&eacute;s de la disoluci&oacute;n del Imperio hacia mediados del primer milenio de nuestra era, las provincias continuaron comunic&aacute;ndose y administrando los asuntos oficiales en un lat&iacute;n despreocupado de las finuras literarias por estar a cargo de colonos, legionarios, magistrados y conquistadores que se hicieron grandes mediante el poder pol&iacute;tico, el talento administrativo y la superioridad de una cultura capaz de arrasar con idiomas nativos ineptos para atender los complejos requerimientos de la nueva vida exigida por el proceso de colonizaci&oacute;n.</p>     <p>Se ha podido recuperar con bastante exactitud la evoluci&oacute;n del lat&iacute;n que se apropi&oacute; de vocablos acu&ntilde;ados por dialectos locales: etrusco, falisco, osco y, por supuesto, en gran medida del griego que se hablaba con regularidad en el litoral mediterr&aacute;neo de tiempo atr&aacute;s. &iquest;No ser&aacute; la leyenda de Eneas, el h&eacute;roe troyano, el reconocimiento de la temprana presencia del griego en la formaci&oacute;n del lat&iacute;n?</p>     <p>A la manera de los griegos que se expresan en formatos populares para la comunicaci&oacute;n cotidiana, y la de los artistas y creadores literarios que pulen y aquilatan esas voces de abajo para elevarlas a cotas superiores propias del lenguaje literario; tambi&eacute;n en el lat&iacute;n se puede seguir ese rastro dem&oacute;tico o popular, en las comedias de Plauto, y el literario, exquisito, r&iacute;tmico y solemne, en Virgilio, Lucrecio, Ovidio, Horacio, Cicer&oacute;n y la pl&eacute;yade de imitadores que intentar&iacute;an emularlos despu&eacute;s. De San Jer&oacute;nimo dicen sus bi&oacute;grafos que le remord&iacute;a la conciencia ser m&aacute;s ciceroniano que cristiano.</p>     <p>Roma se hizo due&ntilde;a del mundo y lo ense&ntilde;ore&oacute; por casi un milenio tambi&eacute;n con su idioma que lleg&oacute; a ser <i>&#39;lingua franca&#39; </i>para los negocios, la administraci&oacute;n, las relaciones internacionales, la ense&ntilde;anza, la evangelizaci&oacute;n cristiana, el registro hist&oacute;rico, el ejercicio del derecho, para la teolog&iacute;a y la filosof&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; pasaba entretanto con el griego?</p>     <p>Literalmente estaba hibernando en la m&iacute;tica Alejandr&iacute;a, la de la Biblioteca, la curadora del acervo matem&aacute;tico, la del pat&iacute;bulo de Hypat&iacute;a (G&aacute;lvez, 2004), la de la mujer que se atrevi&oacute; a invadir el campo de los n&uacute;meros; Alejandr&iacute;a huerto exclusivo, jard&iacute;n del ed&eacute;n, de los cofrades de Euclides, hogar de los cultores de la astronom&iacute;a, de la f&iacute;sica y de las &#39;ciencias duras del momento&#39;, dominio excluyente y exclusivo establecido por los hombres de ciencia y campo de las peores suspicacias sobre las mujeres y su capacidad de incursionar en el pensar como ciencia. En mala hora llegaron los legionarios de Julio C&eacute;sar quienes mientras su gran capit&aacute;n cortejaba a la opulenta Cleopatra, redujeron a cenizas aquellos tesoros que no se perdieron del todo gracias a que a lo largo de toda la costa africana del mediterr&aacute;neo los celosos propagadores de la nueva fe cristiana y sus m&aacute;s destacados pensadores reinterpretaban las filosof&iacute;as griegas, para darle un cuerpo intelectual digno a las nuevas doctrinas salvadoras que empezaban a difundirse por el mundo y llegar&iacute;an hasta Roma de la mano de Agust&iacute;n de Hipona, lector fren&eacute;tico de Plat&oacute;n en el silencio de sus meditaciones cotidianas, y orador latino en sus escritos y manifestaciones p&uacute;blicas.</p>     <p>Solamente hacia la mitad del siglo III de nuestra era, cuando el lat&iacute;n reemplaza al griego como lengua lit&uacute;rgica de la comunidad cristiana de Roma, se establecer&aacute; definitivamente el uso de la lengua del Lacio como lengua literaria cristiana que empezar&aacute; con Tertuliano, se prolongar&aacute; en Minucio F&eacute;lix iluminado por Cicer&oacute;n, tal como lo har&iacute;a luego Lactancio y Ambrosio quien inspirado en el <i>De officiis, </i>redactar&aacute; los <i>officii ministrorum </i>destinados al clero y acogidos por el cristiano simple.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La reflexi&oacute;n latina del siglo IV se debi&oacute; al <i>Timeo. </i>En el libro VI de su <i>De re publica, </i>Cicer&oacute;n pone en boca de Escipi&oacute;n Emiliano (el segundo africano) la narraci&oacute;n de un sue&ntilde;o en el que su padre, Escipi&oacute;n Africano, le muestra Cartago y le anticipa la victoria; para incitarle al bien, le revela que las almas de quienes le han prestado un buen servicio a la patria son recompensados por el dios supremo con una vida feliz despu&eacute;s de la muerte y su morada es la v&iacute;a l&aacute;ctea.</p>     <p>La Edad Media conoci&oacute; al <i>Timeo </i>de Plat&oacute;n por un fragmento de la traducci&oacute;n latina que hab&iacute;a hecho Cicer&oacute;n, pero sobre todo por la traducci&oacute;n de Calcidio, tambi&eacute;n fragmentada, y por el comentario inspirado en el de Posidonio con el que la hab&iacute;a enriquecido: el platonismo hab&iacute;a empezado a expresarse en lat&iacute;n con el impulso final que le da Agust&iacute;n de Hipona.</p>     <p>Cada siglo que pasa va mostrando con mayor evidencia que el griego y el lat&iacute;n dieron forma al ejercicio del pensar en leg&iacute;tima fuente de saber confiable: en ciencia.</p>     <p><b>La barbarie ataca de nuevo</b></p>     <p>Volvi&oacute; la barbarie y &quot;Lo que tuvo lugar tendr&aacute; todav&iacute;a lugar otra vez hoy aunque de una forma muy diferente&quot;: se desmoron&oacute; el Imperio. Las guerras de expansi&oacute;n de los romanos dejaron heridas profundas en los pueblos subyugados que por a&ntilde;os hab&iacute;an estado a la expectativa de la crisis del gigante para dar el zarpazo final sobre la fiera herida de muerte. Otras hordas se volcaron sobre el mundo civilizado y como torrentes salidos de madre se desparramaron por Europa para dejar a su paso un panorama que podr&iacute;a sintetizarse con los versos de <i>Anarkos </i>del maestro Guillermo Le&oacute;n Valencia<sup><a name="s5" href="#5">5</a></sup> cuando describe al gozque callejero que despierta en la ma&ntilde;ana:</p>     <blockquote>     <p>&#91;...&#93; ese perro nost&aacute;lgico y lanudo    <br> sacude so&ntilde;oliento la cabeza    <br> y se echa a andar por la fragosa v&iacute;a,    <br> con su ce&ntilde;o de inv&aacute;lido mendigo,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> mientras mueren las r&aacute;fagas del d&iacute;a    <br> para tornar a su fangoso abrigo.    <br> Hundido en la cloaca    <br> la agita con sus manos temblorosas,    <br> y de esa tumba miserable, saca    <br> tiras de piel, cad&aacute;veres de cosas.</p> </blockquote>     <p>La desolaci&oacute;n cundi&oacute; por todo Occidente; el griego y el lat&iacute;n quedaron al borde de la desaparici&oacute;n &quot;aunque de una forma diferente&quot;, seg&uacute;n sentencia derridiana.</p>     <p>A lo largo de 200 a&ntilde;os, en el transcurso de los siglos V y VI, dos personajes terminar&iacute;an acaparando la atenci&oacute;n de historiadores de las ideas en siglos posteriores: Boecio y Gregorio Magno. Con Boecio, la filosof&iacute;a en lat&iacute;n llegar&iacute;a a convertirse en una fuente de consolaci&oacute;n para las penalidades de la vida, pero, sobre todo, como S&oacute;crates a la espera de la hora suprema de morir bajo el peso de una acusaci&oacute;n injusta. Gregorio el Magno (540-604), por su parte, ser&iacute;a el &uacute;ltimo baluarte de la tradici&oacute;n latina; tradici&oacute;n que bebi&oacute; desde la cuna gracias a que hab&iacute;a nacido en una familia patricia de Roma y heredado, como por derecho de nacimiento, la cultura tradicional de su terru&ntilde;o la cual dej&oacute; marca en la obra escrita de El Magno quien afirm&oacute;: &quot;Puesto que es en la Escritura donde est&aacute; el origen de nuestra exposici&oacute;n, conviene que ese hijo se parezca a su madre&quot;. El lat&iacute;n cristiano suceder&iacute;a al lat&iacute;n cl&aacute;sico que desaparec&iacute;a de la escena cultural del momento hasta cuando la civilizaci&oacute;n anglosajona invadi&oacute; a Occidente poco a poco con el lat&iacute;n y el griego que llevaba en su maleta de viaje.</p>     <p>En el siglo VI, la vena de la antigua cultura romana parece poco menos que agotada. Los Padres latinos hab&iacute;an dilatado su sobrevivencia explot&aacute;ndola al servicio del pensamiento cristiano, no obstante, en esa &eacute;poca, termina por descomponerse el Imperio Romano en el que dicha cultura hab&iacute;a nacido.</p>     <p>En el 768, Carlo Magno asume el trono del Sacro Imperio Romano Germ&aacute;nico, que para Voltaire ni era sacro ni era rom&aacute;nico, ni era germ&aacute;nico. El reino carolingio fue concebido como la prolongaci&oacute;n, en el tiempo, del antiguo Imperio Romano que hab&iacute;a muerto, pero cuya cultura la Iglesia cat&oacute;lica salvar&aacute; de su extinci&oacute;n al depositar mucho de ella en los pueblos de Occidente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No m&aacute;s asumido el trono, Carlo Magno a trav&eacute;s de informes que provienen de todos los rincones del mundo y que le son le&iacute;dos, porque &eacute;l mismo no estaba en condiciones de hacerlo, constata que se halla ante verdaderos monumentos (obras p&uacute;blicas, construcciones) ante la ausencia de las m&aacute;s elementales letras del conocimiento, y llega a la conclusi&oacute;n de que no hay nada m&aacute;s peligroso que un ignorante con poder; entonces, en aras de la gobernabilidad, toma la decisi&oacute;n de emprender la formaci&oacute;n masiva e intensa de los funcionarios a trav&eacute;s de escuelas palatinas con asiento en las cortes y catedralicias en las iglesias; &eacute;l mismo se matricula en clases de lat&iacute;n. Se comienzan a incubar lo que pocos siglos despu&eacute;s ser&iacute;an las grandes universidades de Europa. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los maestros para tama&ntilde;a empresa?</p>     <p><b>De nuevo el ave f&eacute;nix</b></p>     <p>En la agon&iacute;a del imperio romano, el papa hab&iacute;a enviado celosos y eruditos misioneros con el encargo vehemente de convertir a Inglaterra a la verdadera fe. Oleadas de fervorosos e inquietos misioneros no solamente llevaron la religi&oacute;n, tambi&eacute;n portaban consigo una numerosa y notabil&iacute;sima colecci&oacute;n de libros sagrados y profanos escritos en la m&aacute;s pura latinidad, terreno f&eacute;rtil donde crecer&iacute;a poco despu&eacute;s la semilla prodigiosa &mdash;a pesar de la mala prensa&mdash; de la Edad Media, y con ella la consolidaci&oacute;n del libro como &uacute;ltima autoridad, fuente de todas las ciencias; de ah&iacute; la cultura de la credibilidad en el escrito aumentada por el sello de la antig&uuml;edad y la vigencia de la tradici&oacute;n: todo esto, en lat&iacute;n.</p>     <p>Clive Stapless Lewis, (el autor de las <i>Cr&oacute;nicas de Narnia), </i>junto con J. R. R. Tolkien, (el de <i>El Se&ntilde;or de los Anillos), </i>Charles Williams y Owen Bartfiel, contribuyeron significativamente al esclarecimiento de la literatura medieval y, de paso, abrieron la l&iacute;nea de investigaci&oacute;n, filosof&iacute;a y literatura. Lewis afirma:</p>     <blockquote> 	    <p>La Edad Media es la &eacute;poca de la autoridad; solemos referirnos a la autoridad de la Iglesia pero fue la &eacute;poca no s&oacute;lo de la autoridad de esta &uacute;ltima sino tambi&eacute;n de las autoridades. &#91;...&#93; Todo escritor, a poco que puede, se basa en un escritor antiguo, sigue a un  	<i>auctour </i>preferentemente latino. Es esta una de las caracter&iacute;sticas que diferencian aquel periodo hist&oacute;rico casi tanto del mundo primitivo como de la civilizaci&oacute;n moderna. &#91;...&#93; la Edad Media depend&iacute;a predominantemente de los libros. Aunque el n&uacute;mero de personas que sab&iacute;an leer era muy inferior al de ahora, la lectura era en cierto modo el ingrediente m&aacute;s importante de la cultura en conjunto. &#91;... &#93; La Edad Media ten&iacute;a ra&iacute;ces en el norte y oeste &quot;b&aacute;rbaros&quot;, adem&aacute;s de en la tradici&oacute;n grecorromana que le lleg&oacute; principalmente por los libros. &#91;...&#93; Los medievales eran librescos. En verdad, cre&iacute;an en los libros a pie juntillas. Les costaba mucho creer que algo que un antiguo  	<i>auctour </i>hubiese dicho fuera pura y simplemente falso (Lewis, 1997: 11-18).</p> </blockquote>     <p>Toda la reflexi&oacute;n que produjo el encanto fantasioso de esta edad asombrada y asombrosa estuvo pensada, fue comunicada y conservada por escrito, en lat&iacute;n.</p>     <p>Europa se fue llenando de nuevas voces y al contacto de los pueblos con doctores de la guerra y analfabetos del arte, qued&oacute; sembrada la semilla que luego florecer&iacute;a en lo que hoy se ha dado en llamar: lenguas romances; con estos nuevos protagonistas en escena, el lat&iacute;n vuelve a &quot;hacer mutis por el foro&quot;, como se dice en el lenguaje teatral equivalente a se sale por la puerta de atr&aacute;s y Derrida volver&aacute; a tener, otra vez, raz&oacute;n: &quot;Lo que tuvo lugar tendr&aacute; todav&iacute;a lugar otra vez hoy aunque de una forma muy diferente&quot;.</p>     <p>Con el nacimiento de la escol&aacute;stica, el lat&iacute;n regresa a ocuparse del conocer y los resultados de esa <i>&#39;scientia&#39; </i>llegan hasta nosotros en tratados de todo tipo: desde los m&aacute;s eruditos y ponderados hasta las veleidades de saberes de dudosa consistencia y poca fiabilidad. Nombres famosos, autores menos c&eacute;lebres y charlatanes se ocupan de mantener vigente el esfuerzo continuo por explicar el mundo en todas sus dimensiones. La lista de ilustres personajes se har&iacute;a interminable, pero el panorama podr&iacute;a percibirse en un solo ejemplo.</p>     <p>La reina Margarita de Saboya (1598-1655), sin ser la mujer superior de la leyenda cortesana, era una reina que conoc&iacute;a su oficio; someti&oacute; la propia vida a examen y descubri&oacute; que hab&iacute;a procurado por todos los medios enriquecer la mente y estar al d&iacute;a en los conocimientos de su &eacute;poca, pero le faltaba la caracter&iacute;stica que los c&iacute;rculos cortesanos del momento le atribu&iacute;an generosamente: la de &#39;mujer culta&#39;... entonces decidi&oacute; estudiar las lenguas cl&aacute;sicas y en una carta a su maestro Marco Minghetti le confesaba:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>     <p>Le estoy muy agradecida por haberme abierto con tanta paciencia y bondad el mundo encantado de la cultura cl&aacute;sica; era un deseo vivo y constante para m&iacute;; me parec&iacute;a ver una puerta magn&iacute;fica de metal reluciente pero cerrada herm&eacute;ticamente y con un candado demasiado fuerte para mis manos (Fornaciari, s.f.: 15).</p> </blockquote>     <p>Hasta bien entrado el siglo XIX s&oacute;lo era consideraba &#39;persona culta&#39; quien pudiera tener acceso directo a textos fundamentales de las culturas cl&aacute;sicas griega y latina.</p>     <p>Los avances formidables en el conocimiento logrado por las ciencias naturales entre los siglos XIX y XX, adem&aacute;s de la utilidad pr&aacute;ctica e inmediata de sus resultados, empezaron a menoscabar el prestigio de las ciencias humanas incapaces, por el momento, de competir en aspectos de utilidad pr&aacute;ctica: el humanismo cl&aacute;sico que era la joya de la corona en la formaci&oacute;n del hombre integral, del caballero, del hombre culto, languideci&oacute; ante el impulso optimista de las nuevas tecnolog&iacute;as y pas&oacute; a ocupar puestos casi invisibles en los nuevos programas acad&eacute;micos obsesionados por formar t&eacute;cnicos capaces de sostener e impulsar la revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica en plena marcha a partir de la posguerra.</p>     <p>La primera mitad del siglo XX contempla ya una batalla campal entre los pocos que todav&iacute;a defienden las humanidades cl&aacute;sicas centradas en el binomio griego-lat&iacute;n y quienes las impugnan con toda clase de argumentos. Erwin Schr&oacute;dinger (1887-1961), quien con su famosa &quot;ecuaci&oacute;n de onda&quot; le fue otorgado del Premio Nobel de F&iacute;sica en 1933, estaba en el pin&aacute;culo de su fama como f&iacute;sico te&oacute;rico cuando se hizo m&aacute;s aguda la discusi&oacute;n sobre la incompatibilidad entre las ciencia naturales y el humanismo que estaba siendo atacado por &quot;in&uacute;til y sin futuro&quot; en amplios sectores de la academia. El Instituto de Estudios Superiores de la University College de Dubl&iacute;n, le propuso a Schr&oacute;dinger el dif&iacute;cil reto de que en el ciclo de conferencias hablara sobre &quot;La ciencia como elemento del humanismo&quot;; algo as&iacute; como juntar el agua con el aceite en el ambiente de la &eacute;poca y estamos hablando de poco m&aacute;s de 50 a&ntilde;os atr&aacute;s.</p>     <p>Schr&ouml;dinger hizo una s&iacute;ntesis personal de su posici&oacute;n ante la ciencia y ante la vida, posici&oacute;n que se hace evidente en su intento por interpretar el esfuerzo cient&iacute;fico como parte del empe&ntilde;o humano por comprender la situaci&oacute;n del hombre; nada distinto al humanismo y con may&uacute;sculas. Desafiando al auditorio, &eacute;l mismo se formula esta pregunta:</p>     <blockquote>     <p>Tendr&aacute;n sin duda en la punta de la lengua la pregunta &iquest;Cu&aacute;l es el valor de la ciencia natural? Respondo: su objetivo, alcance y valor son los mismos que los de cualquier otra rama del saber humano pero ninguna de ellas por s&iacute; sola tiene alg&uacute;n valor o alcance si no van unidas y este valor tiene una definici&oacute;n muy simple: obedecer el mandato de la deidad d&eacute;lfica &gamma;&nu;&#8182;&theta;&iota; &sigma;&epsilon;&alpha;&upsilon;&tau;&oacute;&nu;  <i>(gn&#333;thi seaut&oacute;n), </i>con&oacute;cete a ti mismo o por decirlo en pocas palabras, seg&uacute;n la profunda ret&oacute;rica de Plotino: &#7969;&mu;&epsilon;&#297;&sigmaf; &delta;&#941;, &tau;&#8055;&nu;&epsilon;&sigmaf; &delta;&#941; &#7969;&mu;&epsilon;&#297;&sigmaf; <i>(h&#275;me&#297;s d&eacute;, t&iacute;nes d&eacute; h&#275;me&#297;s), </i>nosotros &iquest;qu&eacute; somos al fin de cuentas? [...] Parece claro y evidente pero hay qu&eacute; decirlo: el saber aislado, conseguido por un grupo de especialistas en un campo limitado carece de  valor; &uacute;nicamente su s&iacute;ntesis con el resto del saber y esto en tanto que esta s&iacute;ntesis contribuya realmente a responder el interrogante &tau;&#8055;&nu;&epsilon;&sigmaf; &delta;&#941; &#7969;&mu;&epsilon;&#297;&sigmaf; <i>(t&iacute;nes d&eacute; h&#275;me&#297;s): </i>&iquest;qui&eacute;nes somos en realidad? (Schr&ouml;dinger, 1998: 14).</p> </blockquote>     <p>No fue suficiente la enconada defensa ni el prestigio intelectual de Schr&oacute;dinger para evitar que se abriera a&uacute;n m&aacute;s la brecha entre ciencia y humanismo; tampoco fue eficaz su impresionante familiaridad con el mundo cl&aacute;sico que le permit&iacute;a, en favor de su idea, citar con toda naturalidad testimonios tan distantes y autorizados como el del Or&aacute;culo de Delfos o el inefable Plotino; no fue suficiente la voz autorizada de otros pensadores europeos como Etienne Gilson (1884-1978) quien en sus reflexiones sobre la unidad en la experiencia filos&oacute;fica (7he <i>Unity of Philosophical Experience, </i>1937), afirmaba que &quot;Los griegos en los tiempos cl&aacute;sicos nunca renunciaron a su convicci&oacute;n de que de todo cuanto se pueda encontrar en la naturaleza, el hombre es quien ocupa el puesto m&aacute;s alto y entre todas las cosas m&aacute;s importantes que deba conocer el hombre, conocerse a s&iacute; mismo no es superado por nada&quot;.</p>     <p>S&oacute;crates luego su de fracaso en el manejo de los problemas f&iacute;sicos, se dedic&oacute; exclusivamente al estudio del hombre; conocerse a s&iacute; mismo no solamente es la piedra angular de la cultura griega sino tambi&eacute;n de la Occidental. Los griegos dejaron a la posteridad enormes vol&uacute;menes de conocimiento especialmente sobre la naturaleza humana y sus necesidades: la l&oacute;gica que es la ciencia sobre el pensar; las filosof&iacute;as que llevan a la &eacute;tica y a la pol&iacute;tica, ciencias sobre los modos de vida; memorables ejemplos de historia, elocuencia pol&iacute;tica sobre sus forma de vida en la ciudad, y en cuanto aquello que hoy podemos llamar la ciencia positiva: las matem&aacute;ticas, conocimiento que se deriva de su esfuerzo mental antes que de la tiran&iacute;a de las evidencias materiales; la medicina cuya finalidad es el bienestar del organismo humano. Se detuvieron en sus especulaciones cuando experimentaron el confuso sentimiento de que lo dem&aacute;s no merec&iacute;a ser tenido en cuenta, por lo menos en aquello que tiene que ver con el precio que la mente humana tendr&iacute;a que pagar por ello: &quot;su independencia de la materia y su libertad espiritual&quot; (Gilson, 1937: 801).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para amargura de quienes persisten en afirmar la inutilidad del griego y del lat&iacute;n para fines cient&iacute;ficos, tendr&aacute;n que mirar para otro lado y hacerse los distra&iacute;dos cuando los bi&oacute;logos encuentren nuevas especies vegetales que tendr&aacute;n que clasificar en lat&iacute;n, o nuevas bacterias que perpetuar&aacute;n su naturaleza en lat&iacute;n. Las nuevas especies de seres vivos cargar&aacute;n eternamente su fe de bautismo y el registro civil de su existencia, en lat&iacute;n.</p>     <p>En la reflexi&oacute;n de Gilson que les compart&iacute;a hac&iacute;a un momento, se asoma una especie de nostalgia por el griego y por el lat&iacute;n, nostalgia a la que todav&iacute;a se aferran nuestros intelectuales; de esto paso a ocuparme ahora comparti&eacute;ndoles algunos ejemplos tomados al azar de personajes que quiz&aacute; nos pueden resultar familiares.</p>     <p><b>La nostalgia del lat&iacute;n</b></p>     <p>En el cuento de Borges &quot;El Congreso&quot;, uno de los cuentos del <i>El libro de arena, </i>Alejandro Ferri est&aacute; encargado de identificar la lengua que deber&aacute;n usar los participantes en el Congreso del Mundo &quot;que representar&iacute;a a todos los hombres de todas las naciones&quot;. Ferri cuenta que: &#91;...&#93; en busca de un idioma que fuera digno del Congreso del Mundo &#91;...&#93; Consider&eacute; los argumentos en pro y en contra de resucitar el lat&iacute;n, cuya nostalgia no ha cesado de perdurar al cabo de los siglos&quot; (1997: 27).</p>     <p>El mismo Borges en &quot;Utop&iacute;a de un hombre que est&aacute; cansado&quot;, publicado tambi&eacute;n en el <i>Libro de arena </i>(1997: 96), el mundo de los tiempos futuros en el que se ha perdido el narrador, ha vuelto a la unidad ling&uuml;&iacute;stica. El visitante del porvenir, Eudoro Acevedo, profesor de letras inglesa y americana, escritor de cuentos fant&aacute;sticos y que tiene su escritorio en la calle M&eacute;xico donde estaba la Biblioteca Nacional cuyo director fue Borges, no sabe c&oacute;mo comunicarse con el hombre alto que encuentra en la llanura: &quot;Ensay&eacute; diversos idiomas y no nos entendimos. Cuando &eacute;l habl&oacute; lo hizo en lat&iacute;n. Junt&eacute; mis ya lejanas memorias de bachiller y me prepar&eacute; para el di&aacute;logo&quot;. Le dice el hombre: &quot;Por la ropa, veo que llegas de otro siglo. La diversidad de las lenguas favorec&iacute;a la diversidad de los pueblos y aun de las guerras; la tierra ha regresado al lat&iacute;n. Hay quienes temen que vuelva a degenerar en franc&eacute;s, en lemos&iacute;n o en papiamento, pero el riesgo no es inmediato&quot;. &iquest;C&oacute;mo no recordar a Derrida? &quot;Lo que tuvo lugar tendr&aacute; todav&iacute;a lugar otra vez hoy aunque de una forma muy diferente&quot;.</p>     <p>Bernardo Hoyos entrevist&oacute; a personalidades del mundo acad&eacute;mico y en muchos de ellos &quot;aflor&oacute;&quot; la nostalgia por el lat&iacute;n en frases m&aacute;s menos expl&iacute;citas. Al ex presidente Belisario Betancur Cuartas, le pregunta Bernardo si el humanismo est&aacute; bien representado en la formaci&oacute;n t&eacute;cnica que se imparte en el pa&iacute;s; el ex presidente le respondi&oacute;: &quot;&#91;...&#93; se siguen formando t&eacute;cnicos pero t&eacute;cnicos que tienen conocimiento de las humanidades y que saben qui&eacute;nes fueron Plat&oacute;n, Arist&oacute;teles y S&oacute;crates y que son capaces de asomarse al conocimiento human&iacute;stico y al conocimiento cient&iacute;fico con igual asombro&quot; (Hoyos, 1998: 39).</p>     <p>Ricardo D&iacute;ez-Hochleitner, Presidente de Honor del Club de Roma, en alg&uacute;n momento asesor del Ministerio de Educaci&oacute;n de Colombia, le dijo a Bernardo Hoyos: &quot;Nosotros estamos tratando de separar artificialmente la ciencia y la tecnolog&iacute;a de la cultura literaria humanista. La cultura verdadera o es tambi&eacute;n cultura cient&iacute;fica o es nada; el humanismo debe tener una carga cient&iacute;fica, debe enriquecerse con los bienes positivos de la tecnolog&iacute;a o tampoco es humanismo. La ciencia y la tecnolog&iacute;a son producto del hombre, al fin de cuentas y de su capacidad creadora&quot; (Hoyos, 1998: 46).</p>     <p>Hoyos le pregunta a Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, nuestro Gabo: &quot;Gabriel &iquest;te habr&iacute;a gustado terminar una carrera universitaria?&quot; Respondi&oacute;: &quot;Me hubiera encantado aprender lat&iacute;n porque ahora me he dado cuenta, con lo poquito que he estudiado ya de mayor, c&oacute;mo crear una perspectiva del lenguaje que hubiera sido muy interesante. Ya la tengo pero me ha costado much&iacute;simo trabajo tenerla y hubiera sido m&aacute;s f&aacute;cil aprender lat&iacute;n que hacer todos los estudios posteriores sobre el lenguaje&quot; (Hoyos, 1998: 61).</p>     <p>Bernardo Hoyos le confiesa a Jaime Ni&ntilde;o D&iacute;ez, ex ministro de educaci&oacute;n, pol&iacute;tico, soci&oacute;logo y destacado servidor p&uacute;blico: &quot;Me llama la atenci&oacute;n que usted resalte su educaci&oacute;n cl&aacute;sica en lat&iacute;n y en griego y el orgullo que siente de haber estudiado los cl&aacute;sicos latinos cuando pas&oacute; por el seminario&quot;. Ni&ntilde;o D&iacute;ez, se lo confirma: &#39;Yo estuve unos a&ntilde;os en el seminario, no muchos lamentablemente pues all&iacute; recib&iacute; una extraordinaria formaci&oacute;n, una gran base cultural a trav&eacute;s del lat&iacute;n, a trav&eacute;s de la excelente educaci&oacute;n en la gram&aacute;tica espa&ntilde;ola, en el estudio del castellano&quot; (Hoyos, 1998: 109).</p>     <p><b>&iquest;Para qu&eacute; es &quot;&uacute;til&quot; el lat&iacute;n y griego?</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El autor a quien le debemos la an&eacute;cdota de la reina Margarita de Saboya arde en entusiasmo al formular la respuesta a los defensores de los conocimientos &uacute;tiles y a su vez, detractores de los &#39;in&uacute;tiles&#39;:</p>     <blockquote>     <p>De todas las definiciones que hemos le&iacute;do de la cultura, la m&aacute;s aguda, la m&aacute;s pertinente, la que nos ha causado mayor impresi&oacute;n es la de Edouard Herriot, el conocido pol&iacute;tico franc&eacute;s &mdash;pero tal vez m&aacute;s que suya, exhumada por &eacute;l&mdash; que dice: &quot;Cultura es lo que queda en la mente del hombre despu&eacute;s de haber olvidado todo cuanto ha aprendido&quot;. Para Herriot, la cultura es algo an&aacute;logo al perfume que queda impregnando en un frasco despu&eacute;s de haberle vaciado el l&iacute;quido oloroso que conten&iacute;a; es la cualidad de saber orientarse en las cuestiones de principio, de car&aacute;cter general, con ideas propias y con esp&iacute;ritu cr&iacute;tico; es la capacidad de saber ver no un solo aspecto de las cosas &mdash;como hacen siempre los ignorantes&mdash; sino todos, en sus rec&iacute;procas relaciones; es la posibilidad de estudiar r&aacute;pidamente por cuenta propia y de entender problemas particulares de los cuales nunca nos hab&iacute;amos ocupado (Fornaciari, s.f.: 9).</p> </blockquote>     <p>La civilizaci&oacute;n occidental moderna madur&oacute; en la cuenca del Mediterr&aacute;neo luego de las invasiones a fines del II milenio a.C. y de padecer otras destrucciones b&aacute;rbaras; culmin&oacute; con la ca&iacute;da del Imperio Romano hacia mitad del I milenio de nuestra era. Una parte muy importante del mundo contempor&aacute;neo es imposible de entender sin el m&aacute;s m&iacute;nimo conocimiento de sus antecedentes. Nuestras ideas sobre ley, ciudadan&iacute;a, libertad, gobierno; los avances en poes&iacute;a y literatura; nuestros actuales logros en ciencia pol&iacute;tica, metaf&iacute;sica, est&eacute;tica y filosof&iacute;a moral; nuestro sistema met&oacute;dico de b&uacute;squeda de la verdad en distintas actividades experimentales; as&iacute; como muchos de los asuntos vitales del mundo religioso, deben sus manifestaciones en el arte y en el pensamiento al mundo cl&aacute;sico forjado a golpes de griego y lat&iacute;n.</p>     <p>Muchas obras se han perdido irreparablemente, otras perseveran en fragmentos, y unas cuantas resistieron &iacute;ntegras todos los peligros de una historia llena de guerras, de invasiones, de destrucciones, de cat&aacute;strofes naturales y de la maldad de personas que desaparec&iacute;an esas joyas bajo el simple argumento de que no comulgaban con ciertas ideas personales o religiosas: todo ese acervo filos&oacute;fico, literario, cient&iacute;fico y cultural regido y consolidado hoy por el quehacer cient&iacute;fico con m&eacute;todos propios en concordancia con esos temas, se origin&oacute; al impulso del griego y el lat&iacute;n que le dieron forma definitiva al pensar como ciencia llevado a su punto m&aacute;s alto en la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica.</p>     <p>Al coronar esta reflexi&oacute;n, temo haberme dejado involucrar en el torbellino hegeliano de buscar la s&iacute;ntesis de un pensar como ciencia a partir del contraste entre un griego y un lat&iacute;n nacidos al fragor del embate de pueblos b&aacute;rbaros porque, casi sin pensarlo, me encuentro en la plena apor&iacute;a de c&oacute;mo explicar que de lo menos puede salir lo m&aacute;s. Que Hegel me perdone y espero contar con la benevolencia de todos, pues mi intenci&oacute;n no era otra que dar cumplimiento a la recomendaci&oacute;n que a las puertas de la muerte nos dej&oacute; en su <i>blog </i>el recientemente fallecido Premio Nobel, Jos&eacute; Saramago: &quot;Creo que en la sociedad actual nos falta filosof&iacute;a. Filosof&iacute;a como espacio, lugar, m&eacute;todo de reflexi&oacute;n que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia que avanza para satisfacer objetivos; nos falta reflexionar, pensar; necesitamos el trabajo de pensar y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte&quot;. Corono este <i>ultimatum </i>de Saramago: ser&aacute; necesario hacerlo; pero, en griego y en lat&iacute;n.</p>     <p>Muchas gracias.</p> <hr>     <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>     <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup>Falisco: dialecto de Faleri, territorio etrusco, donde est&aacute; ahora  Civita Castellana en la provincia de Viterbo.    <br> <sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup>Osco: lengua de los antiguos samnitas hablada en el Samnio y en Campania.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a href="#s3" name="3">3</a></sup>Eran dialectos sab&eacute;licos el peli&ntilde;o, marrucino, vestino, m&aacute;rsico y sabino.    <br> <sup><a href="#s4" name="4">4</a></sup>Hablado entre el T&iacute;ber y el Nera en la antigua Umbria, era el m&aacute;s septentrional de los dialectos it&aacute;licos y es el que mejor conocemos gracias a las &quot;tablas igubinas&quot;.    <br> <sup><a href="#s5" name="5">5</a></sup>Tomado de:  <a target="_blank" href="http://www.lablaa.org/blaavirtual/biografias/valeguil.htm">www.lablaa.org/blaavirtual/biografias/valeguil.htm </a>(el 30 de junio de 2010).</p> <hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Ausubel, D.; Novak, J.; &amp; Hanesian, H. (1978). <i>Educational Psychology: A Cognitive View (2nd Ed.). </i>New York: Holt, Rinehart &amp; Winston.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-5323201000020001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Borges, J. L. (1997). El congreso. En <i>El libro de arena. </i>Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-5323201000020001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Chadwick, J. (1973). <i>El enigma mic&eacute;nico. El descubrimiento del Lineal B., 2 </i>ed. Madrid: Ediciones Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-5323201000020001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Claflin, E. F. (1941). Lingua viva. <i>The Classical Journal, </i>37(1), 7-16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-5323201000020001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Derrida, J. (2005). <i>Canallas. Dos ensayos sobre la raz&oacute;n. </i>Madrid: Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-5323201000020001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Fornaciari, M. (s.f.). <i>Latinorum. Gu&iacute;a pr&aacute;ctica para los padres cuyos hijos estudian lat&iacute;n. </i>C. Matons Rossi (trad.). Barcelona: Gustavo Gili, S.A.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-5323201000020001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>G&aacute;lvez, P. (2004). <i>Hypatia. La mujer que am&oacute; la ciencia. </i>Barcelona: Lumen.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-5323201000020001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gilson, &Eacute;. (1937). The Breakdown of Modern Philosophy from <i>The Unity of Philosophical Experiencie. </i>Citado en (1966). L. G. Locke (ed). <i>Readings for Liberal Education. </i>New York: Holt, Rinehart and Winston.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-5323201000020001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Gordon, C. H. (1968). <i>Forgotten Scripts, the Story of their Decipherment. </i>London: Thames and Hudson Ltd.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-5323201000020001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Grimm, J. &amp; Grimm, G. (1977). <i>Cuentos de los hermanos Grimm, </i>Barcelona: Editorial Noguera.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-5323201000020001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hayakawa, S. I. (1997). <i>El lenguaje, en el pensamiento y en la acci&oacute;n. </i>M&eacute;xico: UTEHA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-5323201000020001300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hoyos, B. (1998). <i>Educaci&oacute;n sin aulas. Reflexiones de trece expertos internacionales. </i>Bogot&aacute;: Instituto Colombiano para el Fomento de la Educaci&oacute;n Superior (ICFES).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-5323201000020001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lewis, C. S. (1997). <i>La imagen del mundo. Introducci&oacute;n a la literatura medieval y renacentista. </i>Barcelona: Pen&iacute;nsula.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-5323201000020001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Pettinato, G. (2000). <i>Ebla. Una ciudad olvidada. </i>M. Molina (trad.). Barcelona: Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-5323201000020001300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Prigogine, I. &amp; Stengers, I. (1992). <i>Entre el tiempo y la eternidad. </i>Buenos Aires: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-5323201000020001300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Restrepo Mej&iacute;a, F., S. I. (1960). <i>Entre el tiempo y la eternidad. </i>Medell&iacute;n: Voluntad.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-5323201000020001300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Schr&ouml;dinger, E. (1998). <i>Ciencia y humanismo. </i>F. Mart&iacute;n (trad.). Barcelona: Tusquets / Metatemas 10.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-5323201000020001300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Vernant, J-P. (1981). <i>Les origines de la pens&eacute;e grecque. </i>Paris: Presses Universitaires de France.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-5323201000020001300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>     ]]></body>
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