<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0120-5323</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Universitas Philosophica]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Univ. philos.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0120-5323</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, D.C., Colombia.]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0120-53232012000100002</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PENSAR LA TÉCNICA]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[THINKING ABOUT TECHNOLOGY]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Vinck]]></surname>
<given-names><![CDATA[Dominique]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Université de Lausanne  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<volume>29</volume>
<numero>58</numero>
<fpage>17</fpage>
<lpage>37</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-53232012000100002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0120-53232012000100002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0120-53232012000100002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El artículo propone un recorrido por las formas de pensar la técnica y sus relaciones con las sociedades. Recuerda contribuciones de autores que nos han sido útiles en hallar las palabras para afrontar este tema: la técnica que impacta la sociedad, la técnica como realidad humana y como construcción social. También, hace énfasis en algunos de los desafíos que giran en torno al problema de pensar las articulaciones entre técnica y sociedad. Se pregunta por cómo hacer para no no pensar la técnica y la sociedad como dos objetos distintos, sino como una sola realidad.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper proposes a journey through the ways of thinking about technology and its relationships to societies. It reminds us contributions of some authors useful in finding the words to address this issue: technology and its impacts on society; technical and human reality as a social construction. Also it emphasizes some of challenges around the issue of thinking the very articulations between technology and society. It wonders about how to think of technology and society not as separate objects but as a single reality.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[filosofía de la tecnología]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[técnica]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[tecnología]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[redes socio-técnicas]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[cultura]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[philosophy of technology]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[technique]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[technology]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[sociotechnical networks]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[culture]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><font size="4"><b>PENSAR LA T&Eacute;CNICA</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>THINKING ABOUT TECHNOLOGY</b></font></p>     <p align="center">Dominique Vinck*</p>     <p>* Institut des Sciences Sociales, Universit&eacute; de Lausanne, Suisse. Art&iacute;culo solicitado al autor y recientemente publicado en: Forest, J. and Faucheux, M. (eds.). (2012). <i>New Elements of Technology, </i>Collection Sciences humaines et technologie. Belfort-Montb&eacute;liard, France: UTBM. P&ocirc;le editorial multim&eacute;dia: 113-129. (Trd. Cast: Francisco Sierra-G., de la versi&oacute;n original en franc&eacute;s y la traducci&oacute;n al ingl&eacute;s. Mantenemos el uso indistinto que el autor hace de los t&eacute;rminos 't&eacute;cnica' y 'tecnolog&iacute;a' en el original franc&eacute;s). </p>     <p>Art&iacute;culo solicitado: 31.08.11.</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El art&iacute;culo propone un recorrido por las formas de pensar la t&eacute;cnica y sus relaciones con las sociedades. Recuerda contribuciones de autores que nos han sido &uacute;tiles en hallar las palabras para afrontar este tema: la t&eacute;cnica que impacta la sociedad, la t&eacute;cnica como realidad humana y como construcci&oacute;n social. Tambi&eacute;n, hace &eacute;nfasis en algunos de los desaf&iacute;os que giran en torno al problema de pensar las articulaciones entre t&eacute;cnica y sociedad. Se pregunta por c&oacute;mo hacer para no no pensar la t&eacute;cnica y la sociedad como dos objetos distintos, sino como una sola realidad.</p>     <p><i><b>Palabras clave:</b> </i>filosof&iacute;a de la tecnolog&iacute;a, t&eacute;cnica, tecnolog&iacute;a, redes socio-t&eacute;cnicas, cultura</p> <hr>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>This paper proposes a journey through the ways of thinking about technology and its relationships to societies. It reminds us contributions of some authors useful in finding the words to address this issue: technology and its impacts on society; technical and human reality as a social construction. Also it emphasizes some of challenges around the issue of thinking the very articulations between technology and society. It wonders about how to think of technology and society not as separate objects but as a single reality.</p>     <p><b><i>Key words: </i></b>philosophy of technology, technique, technology, sociotechnical networks, culture</p> <hr>     <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>Nuestras sociedades contempor&aacute;neas est&aacute;n de tal modo impregnadas de tecnolog&iacute;as que se ha vuelto dif&iacute;cil pensar lo social, la econom&iacute;a, la pol&iacute;tica, la &eacute;tica, sin tomar en cuenta este hecho en nuestras formas de analizar el mundo. Pensar la sociedad supone pensar la t&eacute;cnica y viceversa porque ambos objetos conceptuales, de hecho, no son en realidad sino uno solo. Pero, &iquest;c&oacute;mo pensarlo?</p>     <p>Antes de sugerir algunas orientaciones program&aacute;ticas para pensar la t&eacute;cnica, empezaremos por recordar algunas de las contribuciones de algunos autores que nos han sido muy &uacute;tiles en hallar las palabras para afrontar esta cuesti&oacute;n. Tambi&eacute;n, haremos &eacute;nfasis en algunos de los desaf&iacute;os que giran en torno a este problema.</p>     <p align="right"><b>La t&eacute;cnica mal&eacute;fica</b></p>     <p>Puede decirse que pensar la t&eacute;cnica ya es, en cierto sentido, marginal. No abundan escritos te&oacute;ricos sobre el tema, a diferencia de lo que sucede con la naturaleza, la cultura, la ciencia y la sociedad. La tecnolog&iacute;a se asemeja al pariente pobre que recibe muy poca atenci&oacute;n de los fil&oacute;sofos, los cient&iacute;ficos sociales, as&iacute; como de los tecn&oacute;logos mismos. Estos &uacute;ltimos, probablemente m&aacute;s numerosos que los investigadores que se inclinan por la naturaleza o por la sociedad, producen tecnolog&iacute;a y explican sus beneficios, pero rara vez tienen la oportunidad de cuestionarse sobre su objeto &mdash;el acto o el hecho tecnol&oacute;gico&mdash; del modo como lo hace un grupo de cient&iacute;ficos de la naturaleza cuando toma &quot;la ciencia&quot; como objeto de sus reflexiones. Pensar la tecnolog&iacute;a no es, entonces, algo que cuente con el respaldo de una multitud de autores que pudiera acompa&ntilde;arnos en nuestra aventura socio-t&eacute;cnica.</p>     <p>La t&eacute;cnica es un objeto intelectualmente marginal, cuando probablemente es central en nuestras existencias individuales, incluso en nuestra humanidad y en nuestra sociedad. Carece de la nobleza que le corresponde a la naturaleza &mdash;la t&eacute;cnica ser&iacute;a una versi&oacute;n degradada y degradante de la misma&mdash; o que le pertenece a la cultura y a la ciencia &mdash; que elevan al ser humano y lo distinguen de la naturaleza. La tecnolog&iacute;a no s&oacute;lo es marginal como objeto de pensamiento, sino que moralmente tambi&eacute;n parece muy poco valorada; aparenta estar en la parte baja de la escala de la dignidad humana mientras que, de manera simult&aacute;nea, la humanidad se maravilla de ella y la insufla por completo en su ecosistema. En el mundo de los negocios, las carreras administrativas cuentan con m&aacute;s prestigio que las de los ingenieros, confinadas ya hace tiempo a la esfera t&eacute;cnica por los antiguos empleadores y consideradas como subalternas de la gerencia empresarial. Dentro del universo de los t&eacute;cnicos, la actividad productiva y la realizaci&oacute;n t&eacute;cnica, por lo menos en Francia, cuentan con menos peso que las ciencias en general, las ciencias para el ingeniero y el trabajo de dise&ntilde;o. En el &aacute;mbito acad&eacute;mico, se publican m&aacute;s f&aacute;cilmente los nuevos conceptos tecnol&oacute;gicos que los conocimientos y el <i>know-how </i>tecnol&oacute;gico que permiten obtener un mayor provecho de estos nuevos conceptos. Las ciencias sociales, la filosof&iacute;a, la sociolog&iacute;a y la historia de la ciencia son siempre m&aacute;s pretendidas y m&aacute;s prestigiosas que la filosof&iacute;a, la sociolog&iacute;a y la historia de las t&eacute;cnicas.</p>     <p>Desde la Antig&uuml;edad, la t&eacute;cnica est&aacute; relacionada con el trabajo y con la industria, ellos mismos considerados de poco valor, cuando no como un castigo divino e indigno de hombres libres y educados, a diferencia del <i>logos, </i>las artes y los asuntos de la ciudad. Arist&oacute;teles considera el Arte como uno de los modelos de la acci&oacute;n humana (siendo el otro la sabidur&iacute;a pr&aacute;ctica o la <i>praxis) </i>con sus cuatro causalidades (material, formal, eficiente y final). En este marco, la <i>techn&eacute; </i>es una disposici&oacute;n adquirida mediante un ejercicio sostenido, el saber-hacer <i>(know-how) </i>inherente a la acci&oacute;n eficaz que interviene como un elemento de la causa eficiente de un objeto; disposici&oacute;n cuyo valor puede ser la utilidad o el goce que produce el objeto hecho, o el conocimiento al que el proceso permite acceder. La <i>techn&eacute;, </i>en cuanto saber-hacer <i>(ciencia poi&eacute;tica), </i>es una etapa intermedia en la escala del conocimiento. Sin embargo, desde la Escuela de Alejandr&iacute;a, los fil&oacute;sofos mecanicistas dieron prueba de su m&aacute;s grande creatividad en el dise&ntilde;o y construcci&oacute;n de objetos y aut&oacute;matas, as&iacute; como en el desarrollo de las teor&iacute;as a ellos asociadas y, de manera muy significativa, con nociones que hoy podr&iacute;an ser descritas como nociones de programaci&oacute;n, de transmisi&oacute;n, de regulaci&oacute;n retroactiva y de automatizaci&oacute;n (Jacomy, 1990). Con Her&oacute;n de Alejandr&iacute;a, principalmente, los fen&oacute;menos involucrados en la mec&aacute;nica se convierten en objeto de ciencia, as&iacute; fueran estos s&oacute;lo &uacute;tiles (ingenier&iacute;a militar), o s&oacute;lo espectaculares (curiosidad y representaci&oacute;n teatral). A partir de all&iacute;, se deriva la formalizaci&oacute;n de un cuerpo de saberes que puede ser trasmitido, enriquecido y aplicado. En este sentido, esta tecnolog&iacute;a se suma a la idea de t&eacute;cnica que se encuentra en los sofistas, que se interesan por ella como conjuntos de reglas fijas trasmitidas por la educaci&oacute;n y se ocupan de artes &quot;&uacute;tiles&quot; tales como la pol&iacute;tica, la justicia y la moral (Espinas, 1897). Sin embargo, a pesar de la magnitud del trabajo de generaciones de ingenieros militares y civiles, la tecnolog&iacute;a sigue siendo un &aacute;rea infravalorada en todos los sistemas de pensamiento (filosof&iacute;a, religi&oacute;n, pol&iacute;tica, est&eacute;tica, moral, ciencia) que se desarrollan desde la Antig&uuml;edad.</p>     <p>Con Karl Marx, se recupera un pensamiento cr&iacute;tico de aquello en que ha venido a parar la t&eacute;cnica. Seg&uacute;n Marx, la t&eacute;cnica es una forma de apropiaci&oacute;n de la naturaleza por el hombre, una relaci&oacute;n instrumental, cuya evoluci&oacute;n marca la direcci&oacute;n de la historia de la humanidad. En el cap&iacute;tulo sobre el maquinismo (Marx, &#91;1867&#93; 1985), Marx rastrea con precisi&oacute;n esas transformaciones; da cuenta de la manera como &quot;el medio de trabajo&quot; ha pasado de &quot;instrumento manual&quot; a la m&aacute;quina. La m&aacute;quina-herramienta es, para Marx, el punto de partida de la revoluci&oacute;n industrial por la liberaci&oacute;n de la t&eacute;cnica que se opera frente al cuerpo humano; el n&uacute;mero de herramientas que puede ser operado simult&aacute;neamente ya no est&aacute; m&aacute;s limitado por la anatom&iacute;a humana. De inmediato, el papel del ser humano pasa a ser el de aquel que da inicio al movimiento de la m&aacute;quina, la supervisa y le corrige sus errores. Marx se opone a la definici&oacute;n de los mecanicistas que no ven en la m&aacute;quina sino una herramienta compuesta, porque les falta el componente social, a saber, la transformaci&oacute;n de las formas de divisi&oacute;n y de cooperaci&oacute;n laboral en las que se funda el maquinismo. La transformaci&oacute;n de la organizaci&oacute;n del trabajo condujo a la instauraci&oacute;n de una cooperaci&oacute;n entre m&aacute;quinas que operan conjuntamente y forman un gigantesco aut&oacute;mata, cuyo modo de empleo capitalista lo transforma en un aut&oacute;crata. Dadas las interdependencias que se establecen entre las empresas y entre los sectores industriales y agr&iacute;colas, toda la sociedad tiende a conformarse como sistema, un sistema de explotaci&oacute;n de la naturaleza y de la fuerza de trabajo de los obreros. El obrero disciplinado y sirviente de la m&aacute;quina, de ahora en adelante, se vuelve insignificante comparado con la grandeza y el poder de las ciencias de la m&aacute;quina y sus logros. Con la m&aacute;quina, el trabajo manual pierde su inter&eacute;s, mientras que el trabajo intelectual de dise&ntilde;o y optimizaci&oacute;n del aparato es lo mejor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La t&eacute;cnica est&aacute; sujeta a una cr&iacute;tica m&aacute;s radical por parte de Martin Heidegger quien la considera como un fen&oacute;meno mucho m&aacute;s general que el s&oacute;lo hecho de haber conminado al ser humano, asunto sobre el cual ya Marx hab&iacute;a denunciado su modo de aplicaci&oacute;n capitalista. Para Heidegger (1988), la t&eacute;cnica es un proceso en el que se conmina a la naturaleza a liberar los recursos que tiene para ofrecer; es una manera de pensar la relaci&oacute;n con el mundo (en t&eacute;rminos de medios y fines), y una forma de pensar que resulta de la historia humana (Kochan, 2010). La t&eacute;cnica es un <i>modo de develamiento<sup><a href="#1" name="1.">1</a></sup> </i>como es evidente en el gesto del artesano que aprende a conocer la materia, su objeto y a s&iacute; mismo en el propio movimiento (de interacci&oacute;n y transformaci&oacute;n) que hace que se de el producto; la t&eacute;cnica produce el conocimiento en la producci&oacute;n de lo bello y lo &uacute;til. Pero, la t&eacute;cnica moderna es ambigua por ser un modo de develamiento inaut&eacute;ntico, que oculta lo real como si fuera nada (vacuidad ontol&oacute;gica), un fondo del que la humanidad se apodera y se aprovisiona, pero fondo desprovisto de todo valor y de toda verdad. La t&eacute;cnica es un medio que se implementa con miras a un fin, pero que amenaza con escapar del control del hombre. El hecho que se presente la t&eacute;cnica como un instrumento aprisiona al ser humano en la voluntad de dominio y de control. De inmediato, la t&eacute;cnica amenaza el develamiento (de la verdad y de lo bello); completa a la metaf&iacute;sica y a la ciencia como formalizaci&oacute;n de lo real (de manera notable por su matematizaci&oacute;n) que le permite su control; en lo sucesivo, todo se presenta &uacute;nicamente bajo el modo del no ocultamiento del fondo y de sus recursos (Harman, 2009). En l&iacute;neas generales, es hora de liberarse de la metaf&iacute;sica de la que la t&eacute;cnica es su desastroso punto culminante, y encaminarse hacia el arte que puede desempe&ntilde;ar un papel salvador en tanto mediaci&oacute;n contemplativa (y no de control) de lo real.</p>     <p>La idea de que la tecnolog&iacute;a moderna escapa del control del ser humano y se hace aut&oacute;noma &mdash;impone su propia ley&mdash; es desarrollada, particularmente, por Jacques Ellul (1977). Al estudiar la evoluci&oacute;n de la sociedad moderna, Ellul pone de relieve el fen&oacute;meno de la tecnificaci&oacute;n creciente de lo humano y de su entorno. Peor a&uacute;n, la t&eacute;cnica se desarrolla de manera aut&oacute;noma e impone sus valores de eficacia a todas las dem&aacute;s esferas de la actividad humana. Y esto porque la t&eacute;cnica constituye ahora un sistema, es decir, un conjunto de elementos conectados entre s&iacute; de modo que los cambios en uno inciden en las modificaciones de todos. El sistema t&eacute;cnico s&oacute;lo depende de s&iacute; mismo, movido por la necesidad de buscar y optar siempre por los medios m&aacute;s eficientes. El desarrollo de las t&eacute;cnicas, impulsado por la b&uacute;squeda de objetivos establecidos por la sociedad o por sus miembros, termina por hacerse aut&oacute;nomo e impone la b&uacute;squeda continua de los medios de acci&oacute;n m&aacute;s eficientes como norma de su propio desarrollo. La t&eacute;cnica se caracteriza por su autonom&iacute;a, su universalidad y la falta de un prop&oacute;sito distinto a la preocupaci&oacute;n por la eficacia misma. El sistema se impone a la sociedad que debe adaptarse a &eacute;ste. La sociedad y los seres humanos se hallan tan estrechamente imbricados en este sistema que los condiciona. Ya no pueden ser pensados como cosas separadas de la t&eacute;cnica. El sistema t&eacute;cnico se ha convertido en un proceso sin sujeto, de naturaleza totalitaria. Invade y domina la humanidad a tal punto que reduce la diversidad (Marcuse, 1968). Su desarrollo se desboca y llega a amenazar la existencia de los seres humanos y de la sociedad. Esta din&aacute;mica del sistema t&eacute;cnico halla tambi&eacute;n soporte en la producci&oacute;n discursiva que lo acompa&ntilde;a, un discurso oscurantista, c&aacute;ndidamente optimista y simplista, calificado de <i>bluff </i>tecnol&oacute;gico (Ellul, 1988), que anuncia la resoluci&oacute;n de todos los problemas del mundo (hambre, salud, cambio clim&aacute;tico, crecimiento econ&oacute;mico, seguridad, desarrollo individual, inteligencia colectiva, supervivencia y mejora de la especie humana). El sistema t&eacute;cnico genera as&iacute;, a su alrededor, un clima favorable para su desarrollo. Incluso las reacciones de rechazo de la sociedad hacia t&eacute;cnicas monstruosas, sobrehumanas e inhumanas (las manipulaciones gen&eacute;ticas, el gran hermano, la invasi&oacute;n de <i>nanorobots) </i>son inducidas y alimentadas por el sistema t&eacute;cnico (filmes de ciencia ficci&oacute;n, libros de esc&aacute;ndalo), contribuyen a su desarrollo y nos preparan para los cambios que llegan. As&iacute;, mientras que la sociedad se asusta con estas ficciones tecnol&oacute;gicas y denuncia las monstruosidades que se anuncian, los ciudadanos generan la ilusi&oacute;n de que est&aacute;n realizando una vigilancia cr&iacute;tica que, de hecho, s&oacute;lo se refiere a fantas&iacute;as mientras que el desarrollo t&eacute;cnico efectivo no es ni inspeccionado ni evaluado de cerca. Cuando se introducen nuevas tecnolog&iacute;as concretas (discretas o amistosas), son finalmente aceptadas ya que no se parecen en nada a los monstruos que la sociedad se hab&iacute;a imaginado. Con todo, los beneficios que aporta el sistema t&eacute;cnico de ninguna manera lo hacen menos ambivalente, es decir, que a toda contribuci&oacute;n positiva le corresponde tambi&eacute;n su cuota de efectos negativos.</p>     <p align="right"><b>La t&eacute;cnica, constitutiva de la realidad humana</b></p>     <p>Otros autores desarrollan, por el contrario, un pensamiento positivo de la t&eacute;cnica. Las t&eacute;cnicas ser&iacute;an consubstanciales a la humanidad, incluso, constitutivas de ella. Es el caso de autores que se interesan por las condiciones en que aparece el ser humano y nos llevan a pensar de manera conjunta al ser humano y sus actividades, especialmente las t&eacute;cnicas. La presencia de herramientas se considera tambi&eacute;n como un criterio de humanidad mientras que las grandes culturas se caracterizan por su sistema t&eacute;cnico. Lo humano, el <i>Homo faber </i>de Henri Bergson (1907) es capaz de utilizar herramientas y, al mismo tiempo, su aparici&oacute;n (el proceso de hominizaci&oacute;n) es el producto del recurso y del desarrollo de t&eacute;cnicas. Esta antropog&eacute;nesis es pensada por Paul Alsberg (&#91;1922&#93; 1970) como un proceso de adaptaci&oacute;n exosom&aacute;tica espec&iacute;fico del ser humano, que pasa por <i>un distanciamiento entre el cuerpo y el entorno </i>gracias al desarrollo espont&aacute;neo pero razonado de herramientas. Esta concepci&oacute;n de la t&eacute;cnica se distingue del enfoque de Andr&eacute; Leroi-Gourhan para quien la t&eacute;cnica es <i>una proyecci&oacute;n corporal; </i>las herramientas son una prolongaci&oacute;n del cuerpo humano, un miembro extendido. Para Alsberg, las herramientas anulan el cuerpo humano (Sloterdijk, 2000). En vista de esta diferencia de enfoque, Fran&ccedil;ois Sigaut (2007) distingue dos categor&iacute;as de herramientas: las <i>herramientas auxiliares </i>que extienden la mano y de las que podemos prescindir, y las <i>herramientas necesarias </i>que no act&uacute;an de la manera como la mano del ser humano lo har&iacute;a.</p>     <p>En otro registro, pero un poco dentro del mismo esp&iacute;ritu, Lewis Mumford (1950) percibe una co-evoluci&oacute;n global de la t&eacute;cnica y de la sociedad. La t&eacute;cnica prolonga y refuerza el desarrollo de la sociedad, incluida su dimensi&oacute;n pol&iacute;tica. La t&eacute;cnica se ha desarrollado gracias al lenguaje y a las capacidades de simbolizaci&oacute;n del ser humano. Para Mumford, el lenguaje es la primera de las tecnolog&iacute;as. Gracias a ella, el ser humano ha podido desarrollar herramientas diversas y luego nuevas formas de organizaci&oacute;n social que le han permitido obtener un super&aacute;vit de bienes (para el sostenimiento de un clero y una burocracia) y administrar un gran n&uacute;mero de seres humanos. La m&aacute;quina es la materializaci&oacute;n de esta mega-m&aacute;quina pol&iacute;tica aparecida en la &eacute;poca de las pir&aacute;mides de Egipto y desarrollada a trav&eacute;s de la historia. &Eacute;l escribe: &quot;Los hombres se volvieron mec&aacute;nicos antes de haber puesto a punto m&aacute;quinas complicadas para expresar sus nuevas tendencias y su nuevo inter&eacute;s; antes de que &eacute;stas aparecieran en la f&aacute;brica, la voluntad de poder ya era manifiesta en los monasterios, el ej&eacute;rcito y las casas comerciales&quot; (Mumford, 1950: 15).</p>     <p>Los historiadores de las t&eacute;cnicas, como Bertrand Gille (1978) buscan, igualmente, desplegar un pensamiento social cuyos desarrollos concuerden m&aacute;s o menos con los de los sistemas t&eacute;cnicos correspondientes. Gille se concentra en los per&iacute;odos de transici&oacute;n y constata que una t&eacute;cnica aislada no existe sino que, por el contrario, depende de un conjunto de otras t&eacute;cnicas <i>afluentes; </i>y sugiere que se considere la historia como una sucesi&oacute;n de <i>sistemas t&eacute;cnicos, </i>definidos estos como conjuntos de t&eacute;cnicas, espec&iacute;ficas a cada per&iacute;odo y m&aacute;s o menos durables, entre las cuales se pueda observar sinergias. El an&aacute;lisis describe los conjuntos t&eacute;cnicos que se involucran entre s&iacute; (por ejemplo, el conjunto t&eacute;cnico para la fabricaci&oacute;n de hierro fundido supone el conjunto t&eacute;cnico para la extracci&oacute;n del mineral). Estos elementos y conjuntos se los hace coherentes e integrados, de lo contrario, el sistema sufrir&aacute; distorsiones y problemas. Las adaptaciones son a menudo necesarias para asegurar esta coherencia. Los desarrollos del sistema t&eacute;cnico conducen a transformaciones del sistema social y viceversa, aunque, seg&uacute;n el autor, el sistema t&eacute;cnico siempre toma la delantera frente a otros sistemas (jur&iacute;dico, pol&iacute;tico y econ&oacute;mico). Sin embargo, la expansi&oacute;n del sistema t&eacute;cnico se tropieza con ciertas limitaciones de costo, de recursos o de diferenciaci&oacute;n y adaptaci&oacute;n. Las fallas de coherencia pueden inducir el progreso si el sistema es capaz de integrar otras estructuras t&eacute;cnicas compatibles. Con todo, el sistema t&eacute;cnico siempre est&aacute; limitado desde el exterior por otros sistemas (sociales y pol&iacute;ticos) con los que debe ser compatible. Las deficiencias de coherencia pueden conducir a bloqueos del sistema t&eacute;cnico (lo que puede resultar en su desaparici&oacute;n). La decadencia de una sociedad (como la Grecia antigua) puede, en esta forma, bloquearse y conducir a una revoluci&oacute;n t&eacute;cnica que corresponda a una transici&oacute;n significativa en la historia de las sociedades humanas.</p>     <p>Como Mumford, Gille considera que no existe un sistema t&eacute;cnico &uacute;nico que se mueva por una l&oacute;gica intr&iacute;nseca, que se imponga a la humanidad y que pueda hacernos volver a un planteamiento metaf&iacute;sico general como el de la conminaci&oacute;n general de la naturaleza concebido por Heidegger. Por el contrario, la historia est&aacute; marcada por rupturas y revoluciones, as&iacute; como por fases de adaptaci&oacute;n del sistema y de b&uacute;squeda de consistencia con los otros sistemas de la sociedad. De alguna manera, Gille considera la t&eacute;cnica, en parte, como una realidad distinta, como lo hace tambi&eacute;n el fil&oacute;sofo Gaston Berger<sup><a href="#2" name="2.">2</a></sup> en la presentaci&oacute;n que de &eacute;l hace Gilbert Simondon. Berger habla de la t&eacute;cnica como una realidad espec&iacute;fica, m&aacute;s o menos articulada con otras esferas de la realidad como la social. Estas diversas esferas formar&iacute;an entonces un sistema compuesto de muchas partes en interacci&oacute;n, lo que autoriza a pensar la t&eacute;cnica en s&iacute; misma y, adem&aacute;s, en relaci&oacute;n con el resto del sistema.</p>     <p>Simondon (1958) mismo no plantea, de ninguna manera, el problema en estos t&eacute;rminos. Por el contrario, para &eacute;l, el sistema no contiene, inicialmente, ninguna realidad individual. Las individualidades, en particular las t&eacute;cnicas, son la culminaci&oacute;n de un proceso, de una g&eacute;nesis, ligada a los problemas internos del sistema y a su reorganizaci&oacute;n con miras a una resoluci&oacute;n de las incompatibilidades en nuestro pensamiento del mundo y de la humanidad. Como lo demuestra Xavier Guchet (2010), en Simondon, la t&eacute;cnica proviene del &quot;esfuerzo humano&quot; del que guarda su impronta; no s&oacute;lo porque es rica en significados y valores humanos sino tambi&eacute;n porque conserva, en su estructura y en su din&aacute;mica t&eacute;cnica interna algo de la naturaleza humana, a saber, ciertos patrones de funcionamiento an&aacute;logos al dinamismo humano. A este t&iacute;tulo, la t&eacute;cnica hace parte del mundo humano. Lo humano no es en s&iacute; mismo pensado como un dominio emp&iacute;rico separado sino como un proceso creador mediante el cual objetiva su relaci&oacute;n con el mundo. Esta objetivaci&oacute;n es, adem&aacute;s, m&uacute;ltiple; siendo la t&eacute;cnica tan s&oacute;lo una forma como lo son las religiones, las lenguas, las artes y las ciencias. Aunque la t&eacute;cnica no fuese un hecho solamente de lo humano, puesto que los animales son capaces de actividad t&eacute;cnica y, a la vez, del uso y fabricaci&oacute;n de herramientas, ella es pensada como &quot;esfuerzo humano&quot; o como empuje creador. El estudio de este orden operatorio se declina principalmente en t&eacute;rminos de tecnolog&iacute;a y sociolog&iacute;a. La tecnolog&iacute;a se centra en los procesos por los que se formaliza la relaci&oacute;n de humano con el mundo en sistemas coordinados de operaciones. La sociolog&iacute;a se focaliza en los procesos por los que se crea un modo de presencia m&aacute;s complejo que el del ser individual solo. La sociolog&iacute;a debe tambi&eacute;n, en este sentido, integrar la tecnolog&iacute;a como el estudio de los sistemas coordinados de operaciones. La t&eacute;cnica es, as&iacute;, seg&uacute;n Simondon, un operador de la articulaci&oacute;n de lo vital y de lo social que se abre al an&aacute;lisis de las t&eacute;cnicas del cuerpo (como lo hace Marcel Mauss en antropolog&iacute;a, Andr&eacute; Leroi-Gourhan en arqueolog&iacute;a, y tambi&eacute;n Maurice Merleau-Ponty en su fenomenolog&iacute;a) y a las t&eacute;cnicas de lo social (v&eacute;anse, por ejemplo, los an&aacute;lisis de Lewis Mumford en la historia de las t&eacute;cnicas). Simondon escribe: &quot;Hombre y m&aacute;quina son mediadores rec&iacute;procos&quot; (2005: 521). Si los elementos se condicionan rec&iacute;procamente y si las funciones contradictorias se integran a medida que las m&aacute;quinas se hacen m&aacute;s complejas por su diferenciaci&oacute;n interna, la m&aacute;quina entra a interactuar tambi&eacute;n con los elementos del entorno; se da acoplamiento y co-evoluci&oacute;n entre la m&aacute;quina y su medio asociado. Este acoplamiento proviene de los esquemas que emplean los inventores para capturar simult&aacute;neamente la t&eacute;cnica y su entorno. Otras m&aacute;quinas son m&aacute;s abiertas y pueden evolucionar en entornos poco preparados (como el nav&iacute;o en alta mar que se encuentra con corrientes y vientos imprevistos). En este caso, lo humano debe resolver constantemente problemas de compatibilidad. Tener en cuenta al entorno permite orientar los desarrollos t&eacute;cnicos, mientras los agenciamientos internos de las t&eacute;cnicas condicionan el rango de posibilidades. La t&eacute;cnica es constitutiva de la realidad humana y viceversa. La mediaci&oacute;n t&eacute;cnica es considerada por Simondon como parte integrante de lo que es m&aacute;s &iacute;ntimo al ser humano y de lo que es m&aacute;s social en su relaci&oacute;n con el mundo, creando, especialmente, una forma de homogeneidad de las operaciones de objetivaci&oacute;n.</p>     <p align="right"><b>La t&eacute;cnica, constructo social</b></p>     <p>Los enfoques precedentes piensan y explican la t&eacute;cnica como un fen&oacute;meno en s&iacute; mismo, y buscan caracterizar su naturaleza o su esencia. La t&eacute;cnica es un fen&oacute;meno m&aacute;s o menos sist&eacute;mico y aut&oacute;nomo que se enfrenta a lo humano o a los sistemas sociales, o que condiciona, restringe o determina lo humano y lo social. La t&eacute;cnica es un fen&oacute;meno que conserva tambi&eacute;n un registro de la sociedad y de los esquemas de funcionamiento humano siendo, a la vez, mediador de la humanizaci&oacute;n y de la constituci&oacute;n de las sociedades. Sin embargo, estos enfoques producen an&aacute;lisis generales que no siempre se enlodan con la verdad de los hechos y de la diversidad de situaciones. Los autores mencionados tienden a englobar todas las tecnolog&iacute;as concretas bajo un concepto muy global (la t&eacute;cnica) o a integrarlas en un sistema.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo, hay voces que se alzan y afirman que nada de esto es inevitable. Algunas de ellas tratar&iacute;an, por ejemplo, de refutar el discurso sobre la t&eacute;cnica como el vector-fuerza por excelencia, es decir, inevitable, de la realizaci&oacute;n de nuestros deseos, porque puede ser que este discurso sobre la tecnolog&iacute;a sea el que construye y justifica, en nombre de un progreso inocuo, su relativa autonom&iacute;a y empoderamiento. Ser&iacute;a conveniente, entonces, disociar la idea de bien de la del progreso t&eacute;cnico y hacer de nuevo leg&iacute;tima la reflexi&oacute;n acerca de los fines. La t&eacute;cnica tiene un fuerte impacto sobre la sociedad pero, a pesar de todo, &uacute;nicamente es s&oacute;lo uno de los factores de su desarrollo.</p>     <p>En este mismo sentido, desde 1960, se ha desarrollado un movimiento a favor de la Evaluaci&oacute;n Social de las Tecnolog&iacute;as <i>(Technology Assessment) </i>que defiende un control social de las mismas y un control humano sobre las decisiones. La hip&oacute;tesis sostiene que el desarrollo t&eacute;cnico aut&oacute;nomo no existe y que las elecciones entre tecnolog&iacute;as deben ser tomadas por la sociedad y no s&oacute;lo por los ingenieros o el mercado. Se trata, entonces, de analizar <i>el impacto </i>probable de una nueva tecnolog&iacute;a futura (sobre la sociedad y sobre el entorno), antes de invertir en su desarrollo. La sociedad puede elegir su tecnolog&iacute;a. Sin embargo, una vez elegida, la sociedad sufrir&aacute; las consecuencias. Alain Touraine (1980), refiri&eacute;ndose a la industria nuclear, muestra c&oacute;mo una tecnolog&iacute;a puede ser totalitaria e imponer a la sociedad un orden policivo, pero la sociedad debe seguir reteniendo el control de su desarrollo cambiando de tecnolog&iacute;a y de pol&iacute;tica. Por otra parte, la sociolog&iacute;a del trabajo muestra que los efectos de introducir una tecnolog&iacute;a dependen ampliamente de la forma como &eacute;sta es introducida e inscrita en la sociedad.</p>     <p>En los an&aacute;lisis de Georges Friedmann (&#91;1946&#93; 1961) sobre la introducci&oacute;n de la producci&oacute;n en l&iacute;nea y las m&aacute;quinas semi-autom&aacute;ticas, as&iacute; como en los an&aacute;lisis de Pierre Naville (1961) y Alain Touraine (1955) sobre la automatizaci&oacute;n y sus efectos laborales, su organizaci&oacute;n y las estructuras profesionales, se denuncia que la actitud fatalista de los patrones ante el progreso t&eacute;cnico muestra, de hecho, que ellos son los responsables de los efectos sociales de la mecanizaci&oacute;n. Ellos disponen de un margen de maniobra cualquiera sea la t&eacute;cnica y el nivel de producci&oacute;n impuesto. Por otra parte, el avance t&eacute;cnico abre nuevas posibilidades y el determinismo t&eacute;cnico se relaja. Muchas cosas dependen de las opciones pol&iacute;ticas. Rob Kling (1991) muestra que los cambios sociales debidos a las tecnolog&iacute;as dependen de la tecnolog&iacute;a escogida y del tipo de organizaci&oacute;n establecido. Sin embargo, a fuerza de mostrar que los &quot;impactos&quot; son m&aacute;s o menos completamente modulados y determinados por la sociedad que los recibe, la t&eacute;cnica desaparece de las explicaciones causales; no es nada, tan s&oacute;lo un pretexto u oportunidad que un grupo tiene de transformarse a s&iacute; mismo. Como un Totem, la t&eacute;cnica no es sino un artefacto sobre el que la sociedad proyecta su propia fuerza; es un transformador social, un blanqueador del origen social de la fuerza que la sociedad ejerce sobre s&iacute; misma. Se vuelve a encontrar, entonces, esta creencia popular (en los medios tecnol&oacute;gicos) seg&uacute;n la cual la t&eacute;cnica, en el fondo, es neutral e inocua; los efectos sociales asociados con su introducci&oacute;n dependen s&oacute;lo de lo que la sociedad haga con ella.</p>     <p>Otros autores muestran que la t&eacute;cnica no es neutral en cuanto materializa intenciones y relaciones de fuerza que provienen de la sociedad y ejercen su influencia v&iacute;a la t&eacute;cnica. En este sentido, la t&eacute;cnica es un vector de la influencia de la sociedad sobre ella misma o de la influencia de unos grupos sociales sobre otros. En todos los casos, entender la t&eacute;cnica supone investigar las causas sociales. As&iacute;, para Langdon Winner (1985), si algunas tecnolog&iacute;as son totalitarias, esto proviene de lo que los dise&ntilde;adores de las mismas han inscrito en ellas. David Noble (1985) muestra, por ejemplo, que las opciones t&eacute;cnicas que presiden el desarrollo de las m&aacute;quinas-herramientas digitalmente controladas, m&aacute;s que las anal&oacute;gicamente controladas, son resultado de luchas de poder entre grupos sociales en el momento mismo de concebirlas. Reflejan los intereses de estos grupos. Cuando una sociedad se involucra en el asunto de las t&eacute;cnicas, los soci&oacute;logos se interesan en las l&oacute;gicas sociales operativas en el dise&ntilde;o de las mismas; y, muestran c&oacute;mo las decisiones t&eacute;cnicas de los ingenieros vienen orientadas por sus valores, intereses, modos de razonamiento, su formaci&oacute;n, sus representaciones de la t&eacute;cnica y de sus consecuencias, sus carreras profesionales. Seg&uacute;n estos autores, los ingenieros inscriben en los objetos representaciones de lo humano &mdash;especialmente la idea de que la t&eacute;cnica es m&aacute;s fiable que lo humano; empero, otros grupos sociales no tendr&iacute;an necesariamente que inscribir las mismas cosas. Hay otros autores que muestran tambi&eacute;n c&oacute;mo las relaciones de g&eacute;nero configuran la t&eacute;cnica y c&oacute;mo los intereses masculinos son identificables en la elecci&oacute;n de las t&eacute;cnicas (Cockburn &amp; Ormrod, 1993; Cockburn &amp; First-Dilic, 1994). Bajo esta perspectiva, la tecnolog&iacute;a no es sino un constructo social; se explica por la sociedad y carece de autonom&iacute;a. No tiene una esencia propia. Se habla de construcci&oacute;n social de las t&eacute;cnicas (SCOT - <i>Social Construction of Technology). </i>Wiebe Bijker (1990), sugiere explicar tambi&eacute;n las t&eacute;cnicas a partir de las decisiones t&eacute;cnicas que se han tomado, de los actores (grupos sociales pertinentes) que han definido estas soluciones, de los problemas que se plantearon ellos, de sus interpretaciones y contextos de interpretaci&oacute;n del problema <i>(technological frame), </i>del papel que desempe&ntilde;a para ellos el objeto t&eacute;cnico, as&iacute; como de los mecanismos que condujeron a adoptar y a estabilizar una decisi&oacute;n t&eacute;cnica. Dada la variedad de marcos de referencia tecnol&oacute;gicos, y que algunos de los actores involucrados no quedan bien incluidos en ellos, se sigue que el desarrollo tecnol&oacute;gico nunca est&aacute; completamente predeterminado. Varios tipos de situaci&oacute;n se pueden resaltar aqu&iacute;:</p>     <blockquote> 	    <p>&mdash;&nbsp;No existe ning&uacute;n grupo social dominante: nadie logra imponer su esquema tecnol&oacute;gico para identificar tanto los problemas como las soluciones. La gama de soluciones posibles se extiende y el proceso de variaci&oacute;n (flexibilidad) tecnol&oacute;gica es central. Pueden surgir soluciones tecnol&oacute;gicas radicales. La estabilizaci&oacute;n de las opciones pasa, por ejemplo, por el hecho de redefinir el problema o la soluci&oacute;n de manera que sea preciso vincular a nuevos grupos sociales.</p> 	    <p>&mdash;&nbsp;Un grupo domina e impone su marco tecnol&oacute;gico: en este caso, la distinci&oacute;n entre actores que se vinculan de manera fuerte o d&eacute;bil es de gran importancia. Los ingenieros, fuertemente incluidos, son muy sensibles a los fracasos funcionales de su t&eacute;cnica, fracasos que los estimulan a mejorar y a optimizar, permaneciendo en su marco tecnol&oacute;gico. Por el contrario, los que son d&eacute;bilmente incluidos pueden percibir problemas diferentes.</p> 	    <p>&mdash;&nbsp;Varios grupos compiten por imponer su marco de referencia tecnol&oacute;gico: estos grupos se vuelven herm&eacute;ticos a los argumentos de sus competidores. S&oacute;lo las circunstancias exteriores (como la incorporaci&oacute;n de un nuevo actor) pueden modificar el equilibrio de fuerzas. De otra forma, si ning&uacute;n grupo se las arregla para ganar la batalla, la estabilizaci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a resultar&aacute; del debilitamiento de los actores y del amortiguamiento del conflicto.</p> </blockquote>     <p>En consecuencia, no tiene sentido elaborar una ciencia de la t&eacute;cnica porque las tecnolog&iacute;as son tan diversas y variadas, y reflejan una multitud de situaciones sociales e hist&oacute;ricas. Es mejor multiplicar los estudios de caso <i>(technology studies), </i>compararlos y confrontarlos, a fin de descubrir posibles tendencias. Existe, claramente, un desaf&iacute;o a la investigaci&oacute;n aqu&iacute;, que supone capitalizar diversidad de trabajos y realizar algunas s&iacute;ntesis intermedias. Tales estudios de caso y s&iacute;ntesis cr&iacute;ticas deber&iacute;an contribuir para el avance de una comprensi&oacute;n antropol&oacute;gica de los mundos socio-t&eacute;cnicos, para tomar en cuenta operaciones que integran naturaleza y humanidad, y para desarrollar formas de racionalidad t&eacute;cnica que tengan en cuenta el mundo concreto y la singularidad. Estos trabajos podr&iacute;an contribuir al desarrollo de una democracia t&eacute;cnica en la que las decisiones t&eacute;cnicas, que tienen que ver con el mundo y la naturaleza, no se tomen solamente en los c&iacute;rculos restringidos de los tecn&oacute;logos sino que se constituyan en momentos de evaluaci&oacute;n social que involucren la determinaci&oacute;n de los fines. Desde este punto de vista, la tecnolog&iacute;a ser&iacute;a una ciencia pol&iacute;tica.</p>     <p align="right"><b>Haciendo la t&eacute;cnica</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando Thomas Hughes (1983) analiza el desarrollo de sistemas tecnol&oacute;gicos tales como la electrificaci&oacute;n de los Estados Unidos, muestra que el cambio t&eacute;cnico es el resultado de un sinn&uacute;mero de peque&ntilde;os inventos cuyos autores, en la mayor&iacute;a de los casos, permanecen en el anonimato. Unos sacan provecho de las mejoras de otros y las integran en sus propios trabajos. Desde esta perspectiva, las tecnolog&iacute;as existentes condicionan la aparici&oacute;n de las nuevas. Sin embargo, no existe autonom&iacute;a en el desarrollo tecnol&oacute;gico. Aunque algunos paradigmas o marcos tecnol&oacute;gicos est&eacute;n presentes, no se pueden deducir de ellos trayectos tecnol&oacute;gicos porque siempre existen muchas formas de inspiraci&oacute;n de esos marcos. Con todo, las tecnolog&iacute;as no aparecen ni al azar ni de manera aislada. Surgen dentro de conjuntos de t&eacute;cnicas y de pr&aacute;cticas sociales sin los cuales no tendr&iacute;an ning&uacute;n sentido. La novedad debe integrarse a un conjunto que impone restricciones a quienes la conciben sin que por ello les imponga la soluci&oacute;n. En esta forma, el sistema tecnol&oacute;gico existente, que puede presentar una cierta inercia <i>(momentum), </i>orienta la concepci&oacute;n de soluciones (papel de las tecnolog&iacute;as existentes y de la integraci&oacute;n de lo nuevo al conjunto del sistema) y los problemas a resolver. Hughes emplea las expresiones: <i>frente de desarrollo tecnol&oacute;gico </i>(conformado por los adelantos en funci&oacute;n de objetivos pretendidos) y, <i>saliente invertida </i>(punto en el que la l&iacute;nea de frente encuentra una resistencia). Por lo general, los tecn&oacute;logos concentran sus esfuerzos en eliminar estas salientes invertidas, problemas cr&iacute;ticos o cuellos de botella, que impiden la consecuci&oacute;n de los objetivos, si bien, estos no son necesariamente reflexionados ni elegidos; a menudo son impuestos por la competencia econ&oacute;mica (reducci&oacute;n de costos, ampliaci&oacute;n de las cuotas del mercado), o militar o por el prestigio (la carrera a la luna). El desarrollo de las t&eacute;cnicas vuelve a actuar en un juego econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social. El cambio tecnol&oacute;gico es end&oacute;geno a la sociedad y refleja un estado de la misma. La segregaci&oacute;n social entre hombres y mujeres ha llevado a remunerar mejor a los primeros, haciendo superior el costo del trabajo masculino; se desarrollan, entonces, tecnolog&iacute;as que lo remplazan por mujeres, mal pagas y sin una organizaci&oacute;n colectiva. El cambio tecnol&oacute;gico est&aacute; estrechamente ligado al estado y a las transformaciones de la sociedad por complejos y finos lazos en todos los frentes. Los sistemas son indisociablemente t&eacute;cnicos y sociales &mdash;no existe un sistema t&eacute;cnico de un lado y un sistema social del otro, como en Gille. No se puede disociar la electrificaci&oacute;n de los Estados Unidos de los Estados Unidos mismos. Asimismo, no se puede comprender la realidad de los Estados Unidos sin su electrificaci&oacute;n.</p>     <p>Con la teor&iacute;a del actor-red (ANT) de Michel Callon y Bruno Latour, el pensamiento de la t&eacute;cnica se aproxima al de Hughes. T&eacute;cnica y sociedad no se disocian. Al contrario, s&oacute;lo hay <i>redes socio-t&eacute;cnicas </i>y <i>ensamblajes heterog&eacute;neos </i>en los que se mezclan elementos de todo tipo, de los que, en el l&iacute;mite, podr&iacute;a decirse que algunos son puramente naturales y otros puramente sociales.</p>     <p>En general, estos elementos, sean humanos o no, son todos en s&iacute; mismos <i>h&iacute;bridos, </i>es decir <i>cajas negras </i>que, si se las abre, se presentan ellas mismas como redes socio-t&eacute;cnicas. La caja negra permite olvidar, mientras que su funcionamiento sea bueno, la red de alianzas que la constituye. Estas redes socio-t&eacute;cnicas son m&aacute;s o menos estables o inestables, estrechas o amplias, densas o laxas. Est&aacute;n hechas de m&uacute;ltiples actores que tratan de plegar la red en funci&oacute;n de las estrategias que pretenden. Las entidades (actantes) que componen la red suelen forjarse en medio de controversias y negociaciones, pero terminan por fijarse en una configuraci&oacute;n estable. Durante estas negociaciones, innovaciones y controversias, los actores plantean nuevos puntos de vista <i>(problematizaciones) </i>de las cosas, de los entes y de sus agenciamientos, tratando de aferrarse de manera efectiva (con mayor inter&eacute;s y enrolamiento) y procurando estabilizar los v&iacute;nculos. Puesto que los diferentes actores pueden hacer todo esto, los lazos que se tienden y las nuevas definiciones y propiedades de las entidades involucradas se explican por estos juegos de inter-definici&oacute;n y de desplazamientos mutuos. El enlace entre dos entidades se define como una <i>traducci&oacute;n </i>de dos entidades la una por la otra. El innovador o <i>el ingeniero heterog&eacute;neo </i>redefine as&iacute; el mundo (social, t&eacute;cnico...), su desarrollo, as&iacute; como los problemas y la soluci&oacute;n de cada uno. Si las entidades de este mundo ingresan efectivamente en este actor-mundo y si sus nuevas definiciones y relaciones se estabilizan, se habr&aacute; constituido un nuevo actor-red, el cual puede convertirse en una nueva caja negra. A veces, la din&aacute;mica se invierte: las cajas negras son abiertas, se las pone en cuesti&oacute;n, se las controvierte y se las deconstruye; el actor-red pierde su consistencia y se vuelve un actor-mundo, un sue&ntilde;o, un fantasma. Basta con volver a plantear la controversia y con volver a abrir la caja negra para ver que las entidades que la componen no tienen una esencia, pura, estable y unificada. As&iacute;, cada entidad, dependiendo de la situaci&oacute;n, puede ser considerada como una caja negra, o como una red prol&iacute;fica.</p>     <p>Con la noci&oacute;n de <i>ensamblaje </i>(Latour, 2005), la revoluci&oacute;n en la manera de entender la t&eacute;cnica conoce un avance adicional. Esta noci&oacute;n brinda un marco que permite captar el acontecimiento de la sociedad y de su contextura socio-t&eacute;cnica, como una <i>multiplicidad </i>(Mol, 2002) de <i>procesos de realizaci&oacute;n pr&aacute;ctica, </i>de construcci&oacute;n y deconstrucci&oacute;n de relaciones y de redes entre entidades heterog&eacute;neas. La noci&oacute;n permite destacar la amplitud de la <i>multiplicidad </i>efectiva de lo real; no se trata s&oacute;lo de una diversidad de puntos de vista y de interpretaciones que tienen que ver con un mismo mundo, sino m&aacute;s bien de realizaciones <i>(enactements), </i>de <i>'performances', </i>de ensamblajes y de topolog&iacute;as alternativas, a veces en competencia o a veces complementarias. Ya no se considera m&aacute;s a la tecnolog&iacute;a ni como un objeto circunscrito e inscrito en un contexto espec&iacute;fico bien delimitado, ni como un conjunto de objetos, ni como un sistema, ni siquiera como una red socio-t&eacute;cnica sino como una pluralidad de ensamblajes. El &quot;mismo&quot; objeto (o actor), tomado en diferentes ensamblajes, no es, ontol&oacute;gicamente, el mismo. Muchos procesos se combinan. El conjunto es agitado y transformado en funci&oacute;n de acciones y desplazamientos; es <i>fluido </i>(deLael y Mol, 2000) o un m&oacute;vil mutable (por oposici&oacute;n a los <i>m&oacute;viles inmutables </i>que luchan por poner en circulaci&oacute;n, seg&uacute;n Latour, los investigadores que se proponen dominar el mundo que estudian), lo que justamente constituir&iacute;a su fuerza &mdash; fuerza que no provendr&iacute;a de estructuras y redes estables.</p>     <p>Pensar la t&eacute;cnica, en esta perspectiva, no es una filosof&iacute;a que se construye a distancia de su objeto. &Eacute;sta se hace en medio de placas de silicio, de tel&eacute;fonos m&oacute;viles, de panfletos anti-nanos, el polvo que contamina los nano-robots y los grandes hermanos que imaginan los tecn&oacute;logos como los opositores. No existe ni una esencia escondida de la t&eacute;cnica ni una l&oacute;gica implacable del sistema t&eacute;cnico; las cosas no son sino el conjunto de sus accidentes y de sus relaciones. No hay nada oculto. Los seres que explican la t&eacute;cnica se encuentran en la superficie del mundo, no en un universo subterr&aacute;neo en el que la mec&aacute;nica se nos habr&iacute;a escondido (Harman, 2009: 100). No hay nada misterioso a ser develado; se trata, y es preciso decirlo, de describir las mediaciones que les permiten a las cosas aparecer en su actualidad. Las tecnolog&iacute;as no son reductibles ni a su materialidad, ni a su causalidad social, ni a su ocurrencia en la conciencia del ser humano. Por el contrario, son ampliamente reductibles a sus relaciones con otras entidades, a las maneras como se afectan, se modifican y se perturban mutuamente, si bien se plantea la cuesti&oacute;n de saber si les queda algo de opacidad y de profundidad que se escape, aparte de pensar que esta parcela no existir&aacute; hasta que se la demuestre.</p>     <p align="right"><b>Conclusi&oacute;n</b></p>     <p>Con estas cuatro formas de pensar la t&eacute;cnica, disponemos tambi&eacute;n de un <i>estereoscopio, </i>es decir, de un instrumento que nos permite explorar un objeto multidimensional. El estereoscopio ordinario le permite al espectador explorar un volumen, un relieve, unas distancias en una tercera dimensi&oacute;n a partir de dos vistas de dos dimensiones, a condici&oacute;n de que exista una diferencia en la toma de la vista y en la restituci&oacute;n. El estereoscopio produce una impresi&oacute;n de volumen y de consistencia. De manera similar, la audici&oacute;n estereof&oacute;nica da la impresi&oacute;n de un volumen, de distancias y de consistencias en el flujo de los sonidos. Para los prop&oacute;sitos del an&aacute;lisis, las cuatro formas de pensar expuestas ameritan ser utilizadas de la forma como se trabaja con un est&eacute;reo-comparador que permite establecer las coordenadas de un punto topogr&aacute;fico y fabricar visualizaciones tridimensionales. En nuestra investigaci&oacute;n sobre las din&aacute;micas socio-t&eacute;cnicas deber&iacute;amos hablar de topolog&iacute;as y de entidades topol&oacute;gicas. Para producir un efecto satisfactorio, la est&eacute;reo-comparaci&oacute;n implica definir puntos de referencia comunes (puntos hom&oacute;logos) entre diversas im&aacute;genes comparadas. Esto puede implicar establecer puntos de encuadre conectados con una herramienta de an&aacute;lisis, desde un punto de encuadre &quot;absoluto&quot; definido por referencia externa al sistema o desde una serie de puntos comunes internos a diferentes im&aacute;genes. A partir de las informaciones construidas sobre las dimensiones propias de cada imagen</p>     <p>&mdash;se trata de establecer las coordenadas (x, y) sobre una fotograf&iacute;a, &mdash;     <br>se trata de producir una visi&oacute;n pluridimensional con las im&aacute;genes, y se trata de obtener las coordenadas (x, y, z) para hacer una representaci&oacute;n en 3D. Sin embargo, es inevitable que se presente un ligero residuo causado por las mediaciones singulares, e inevitables, empleadas para producir las im&aacute;genes. Exceptuado esto, es posible circular en un espacio perceptual (re)constituido. Si nos resistimos a la idea de reducir la percepci&oacute;n a la visi&oacute;n (estereosc&oacute;pica), se puede tambi&eacute;n intentar explorar nuestro objeto cerrando los ojos y, por el tacto, aprender a conocerlo y a reconstituirlo (estereognosia), cabe decir, imaginando que se lo corta (estereotom&iacute;a) para comprender la composici&oacute;n y la estructura interna. El problema es que el objeto que se estudia se parece mucho m&aacute;s a la m&uacute;sica que a un edificio. Habr&iacute;a entonces que imaginar c&oacute;mo, de manera estereof&oacute;nica, se puede circular en el volumen y en el tiempo de la m&uacute;sica, considerar tambi&eacute;n el poder sentirla, sabiendo que nuestra presencia en el objeto lo modifica y que revisitar esta m&uacute;sica del cambio socio-t&eacute;cnico no permite volver a encontrar exactamente lo que se hab&iacute;a percibido en la primera visita, puesto que el observador y el objeto, de hecho, ya han cambiado de interacci&oacute;n. Esta perspectiva nos permite estar lejos de los estereotipos, de los an&aacute;lisis hechos y que se repiten todos de forma id&eacute;ntica de un caso a otro, y que surgen de ciertas perspectivas cuyos autores no necesitan variar el punto de vista tal como este se produce, especialmente, cuando la investigaci&oacute;n parte de resultados (la t&eacute;cnica realizada y rutinaria) en cambio de hacer de la t&eacute;cnica o de la tecnolog&iacute;a, ciencia y producci&oacute;n de conocimiento. Dicho esto, para ser capaz de ver algo, en estereoscop&iacute;a o no, se necesita primero observar algo. La investigaci&oacute;n sobre din&aacute;micas tecnol&oacute;gicas concretas, desde este punto de vista, ciertamente es m&aacute;s fruct&iacute;fera cuando se intenta probar justamente preguntas, hip&oacute;tesis o conceptos.</p> <hr>    <p><b>Pie de P&aacute;gina</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="1" href=#1.><sup>1</sup></a>Riis (2008: 290) interpreta el modo de develamiento de Heidegger como un paradigma. La esencia de la t&eacute;cnica consiste en un proceso que configura la manera como interactuamos, pensamos y visualizamos el mundo.    <br> <a name="2" href=#2.><sup>2</sup></a>Alocuci&oacute;n publicada en el <i>Bulletin de la Soci&eacute;t&eacute; fran&ccedil;aise de philosophie, </i>t. LII, 1960, junto con la conferencia de Simondon: &quot;Forma, informaci&oacute;n, potenciales&quot;.</p> <hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Alsberg, P. (&#91;1922&#93; 1970). <i>In Quest of Man: A Biological Approach to the Problem of Man </i>s <i>Place in Nature. </i>Oxford: Pergamon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0120-5323201200010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bergson, H. (1907). <i>L'&Eacute;volution cr&eacute;atrice. </i>Paris: PUF.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0120-5323201200010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bijker, W., Hughes, T., Pinch, T. (Eds.). (1990). <i>The Social Construction of Technological Systems. </i>Cambridge MA: MIT Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0120-5323201200010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Cockburn, C. and First-Dilic, R. (1994). <i>Bringing Technology Home: Women, Gender and Technology, </i>Milton Keynes: Open University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0120-5323201200010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Cockburn, C. and Ormrod, S. (1993). <i>Gender &amp; Technology in the Making. </i>London: Sage Publications.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-5323201200010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>De Laet, M., and Mol, &#913;. (2000). The Zimbabwe Bush Pump: Mechanics of a Fluid Technology, <i>Social Studies of Science, </i>30(2), 225-263.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-5323201200010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ellul, J. (1977). <i>Le Syst&egrave;me technician. </i>Paris: Calmann-L&eacute;vy.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-5323201200010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ellul, J. (1988). <i>Le Bluff technologique. </i>Paris: Hachette.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-5323201200010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Espinas, &#913;. (1897). <i>Les Origines de la technologie. </i>Paris: F&eacute;lix Alcan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-5323201200010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Far&iacute;as, I., Bender, T. (Eds.). (2010). <i>Urban Assemblages. How Actor-Network Theory Changes Urban Studies. </i>London: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-5323201200010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Friedmann, G. (&#91;1946&#93; 1961). <i>Probl&egrave;mes Humains du machinisme industriel. </i>Paris: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-5323201200010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gille, B. (1978). <i>Histoire des techniques. </i>Paris: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-5323201200010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guchet, x. (2010). <i>Pour un humanisme technologique. Culture, technique et soci&eacute;t&eacute; dans la philosophie de Gilbert Simondon. </i>Paris: PUF.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-5323201200010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Harman, G. (2009). <i>Prince of Networks. Bruno Latour and Metaphysics. </i>Melbourne: re.press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-5323201200010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Heidegger, M. (1988). <i>Essais et conferences. </i>Paris: Gallimard.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-5323201200010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hughes, T. (1983). <i>Networks of Power. </i>Baltimore: John Hopkins University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-5323201200010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jacomy, B. (1990). <i>Une Histoire des techniques. </i>Paris: Seuil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-5323201200010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kling, R. (1991). Computerization and Social Transformations, <i>Science, Technology and Human Values, </i>16 (3), 342-367.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-5323201200010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kochan, J. (2010). Latour's Heidegger, <i>Social Studies of Science, </i>40 (4), 579-598.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-5323201200010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Latour, B. (2005). <i>Reassembling the Social. </i>Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-5323201200010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Marcuse, H. (1968). <i>L'Homme unidimensionnel. Essai sur l'id&eacute;ologie de la soci&eacute;t&eacute; industrielle avanc&eacute;e. </i>Paris: Minuit.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-5323201200010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Marx, K. (&#91;1867&#93; 1985). <i>Le Capital, </i>Livre I. Paris: Flammarion.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-5323201200010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mol, A.M. (2002). <i>The Body Multiple: Ontology in Medical Practice. </i>Durham, NC: Duke University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-5323201200010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mumford, L. (1950). <i>Technique et civilisation. </i>Paris: Seuil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-5323201200010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Naville, P. (1961). <i>L'Automation et le travail humain. </i>Rapport d'enqu&ecirc;te France 1957-1959. Paris: Ed. du CNRS.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-5323201200010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Nobel, D. (1985). Social choice in machine design: the case of automatically controlled machine tools. In MacKenzie D., Wajcman J., <i>The Social Shaping of Technology. </i>Milyon Keynes: Open University Press: 109-124.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-5323201200010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Riis, S. (2008). The symmetry between Bruno Latour and Martin Heidegger: The technique of turning a police officer into a speed bump, <i>Social Studies of Science, </i>38 (2), 285-301.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-5323201200010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sigaut, F. (2007). Les Outils et le corps, <i>Communications, </i>81, 9-30.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-5323201200010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Simondon, G. (1958). <i>Du Mode d'existence des objets techniques. </i>Paris: Aubier.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-5323201200010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Simondon, G. (2005). <i>L'Invention dans les techniques. Cours et conferences. </i>Paris: Seuil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-5323201200010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sloterdijk, P. (2000). <i>La Domestication de l'&Ecirc;tre. </i>Paris: Mille et une nuit.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-5323201200010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Touraine, &#913;. (1980). <i>La Proph&eacute;tie anti-nucl&eacute;aire. </i>Paris: Seuil.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-5323201200010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Touraine, &#913;. (1955). <i>L'&Eacute;volution du travail ouvrier aux usines Renault. </i>Paris: CNRS.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-5323201200010000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Winner, L. (1985). Do artefacts have politics? In MacKenzie D., Wajcman J., <i>The Social Shaping of Technology. </i>Milyon Keynes: Open University Press: 26-38.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-5323201200010000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Alsberg]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[In Quest of Man: A Biological Approach to the Problem of Man s Place in Nature]]></source>
<year>1970</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Pergamon Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bergson]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[L'Évolution créatrice]]></source>
<year>1907</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[PUF]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bijker]]></surname>
<given-names><![CDATA[W]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hughes]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pinch]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Social Construction of Technological Systems]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge^eMA MA]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[MIT Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cockburn]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[First-Dilic]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<collab>Open University</collab>
<source><![CDATA[Bringing Technology Home: Women, Gender and Technology, Milton Keynes]]></source>
<year>1994</year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cockburn]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Ormrod]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Gender & Technology in the Making]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Sage Publications]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[De Laet]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Mol]]></surname>
<given-names><![CDATA[&#913;]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Zimbabwe Bush Pump: Mechanics of a Fluid Technology]]></article-title>
<source><![CDATA[Social Studies of Science]]></source>
<year>2000</year>
<volume>30</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>225-263</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ellul]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Le Système technician]]></source>
<year>1977</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Calmann-Lévy]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Ellul]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Le Bluff technologique]]></source>
<year>1988</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Hachette]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Espinas]]></surname>
<given-names><![CDATA[&#913;]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Les Origines de la technologie]]></source>
<year>1897</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Félix Alcan]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Farías]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Bender]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Urban Assemblages: How Actor-Network Theory Changes Urban Studies]]></source>
<year>2010</year>
<publisher-loc><![CDATA[London ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Routledge]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Friedmann]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Problèmes Humains du machinisme industriel]]></source>
<year>1961</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gallimard]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gille]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Histoire des techniques]]></source>
<year>1978</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gallimard]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Guchet]]></surname>
<given-names><![CDATA[x]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Pour un humanisme technologique: Culture, technique et société dans la philosophie de Gilbert Simondon]]></source>
<year>2010</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[PUF]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Harman]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Prince of Networks: Bruno Latour and Metaphysics]]></source>
<year>2009</year>
<publisher-loc><![CDATA[Melbourne ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[re.press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Heidegger]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Essais et conferences]]></source>
<year>1988</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gallimard]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Hughes]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<collab>John Hopkins University</collab>
<source><![CDATA[Networks of Power]]></source>
<year>1983</year>
<publisher-loc><![CDATA[Baltimore ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Jacomy]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Une Histoire des techniques]]></source>
<year>1990</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Seuil]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kling]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Computerization and Social Transformations]]></article-title>
<source><![CDATA[Science, Technology and Human Values]]></source>
<year>1991</year>
<volume>16</volume>
<numero>3</numero>
<issue>3</issue>
<page-range>342-367</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kochan]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="fr"><![CDATA[Latour's Heidegger]]></article-title>
<source><![CDATA[Social Studies of Science]]></source>
<year>2010</year>
<volume>40</volume>
<numero>4</numero>
<issue>4</issue>
<page-range>579-598</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Latour]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<collab>Oxford University</collab>
<source><![CDATA[Reassembling the Social]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Marcuse]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[L'Homme unidimensionnel: Essai sur l'idéologie de la société industrielle avancée]]></source>
<year>1968</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Minuit]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Marx]]></surname>
<given-names><![CDATA[K]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Le Capital, Livre]]></source>
<year>1985</year>
<volume>I</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Flammarion]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mol]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<collab>Duke University</collab>
<source><![CDATA[The Body Multiple: Ontology in Medical Practice]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Durham^eNC NC]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mumford]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Technique et civilisation]]></source>
<year>1950</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Seuil]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Naville]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[L'Automation et le travail humain: Rapport d'enquête France 1957-1959]]></source>
<year>1961</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ed. du CNRS]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Nobel]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Social choice in machine design: the case of automatically controlled machine tools]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[MacKenzie]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Wajcman]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<collab>Open University</collab>
<source><![CDATA[The Social Shaping of Technology]]></source>
<year>1985</year>
<page-range>109-124</page-range><publisher-loc><![CDATA[Milyon Keynes ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Riis]]></surname>
<given-names><![CDATA[S]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The symmetry between Bruno Latour and Martin Heidegger: The technique of turning a police officer into a speed bump]]></article-title>
<source><![CDATA[Social Studies of Science]]></source>
<year>2008</year>
<volume>38</volume>
<numero>2</numero>
<issue>2</issue>
<page-range>285-301</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sigaut]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="fr"><![CDATA[Les Outils et le corps]]></article-title>
<source><![CDATA[Communications]]></source>
<year>2007</year>
<numero>81</numero>
<issue>81</issue>
<page-range>9-30</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Simondon]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Du Mode d'existence des objets techniques]]></source>
<year>1958</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Aubier]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Simondon]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[L'Invention dans les techniques: Cours et conferences]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Seuil]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sloterdijk]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La Domestication de l'Être]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Mille et une nuit]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Touraine]]></surname>
<given-names><![CDATA[&#913;]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La Prophétie anti-nucléaire]]></source>
<year>1980</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Seuil]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B33">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Touraine]]></surname>
<given-names><![CDATA[&#913;]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[L'Évolution du travail ouvrier aux usines Renault]]></source>
<year>1955</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CNRS]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B34">
<nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Winner]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Do artefacts have politics?]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[MacKenzie]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Wajcman]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<collab>Open University</collab>
<source><![CDATA[The Social Shaping of Technology]]></source>
<year>1985</year>
<page-range>26-38</page-range><publisher-loc><![CDATA[Milyon Keynes ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
