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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Answering the challenge of Hegel's idealism and its perceived logocentrism, has arguably been a defining feature of nineteenth-and twentieth-century philosophy. In this essay, I offer a reflection on the legacy of Hegel by reconstructing a Hegelian notion of legacy. I develop this notion in response to Jacques Derrida's discussion of inheritance. Both Hegel and Derrida articulate the structure of legacy, inheritance, and history on the basis of the structures of gathering. For both, gathering is an act of memory that determines a legacy as a legacy, a history as a history. Gathering determines an event, norm, idea, or institution as something to be passed on for a future to come. While Derrida concludes that inheritance implies decision, Hegel's recollection provides the basis for what I will call a critical history.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="verdana">     <p align="center"><font size="4"><b>EL LEGADO DE HEGEL</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>HEGEL'S LEGACY</b></font></p>     <p align="center">Roc&iacute;o Zambrana*</p>     <p>* University of Oregon, Oregon, USA. </p>     <p>Quisiera ofrecer mi m&aacute;s sincero agradecimiento a Mario Roberto Solarte por su invitaci&oacute;n al Simposio &quot;El legado de Hegel 180 a&ntilde;os desde su muerte,&quot; llevado a cabo en la Pontificia Universidad Javeriana. Tambi&eacute;n, agradezco a los participantes del simposio, en especial, a Mar&iacute;a del Rosario Acosta, por sus agudas preguntas y comentarios acerca de este texto. Finalmente, le agradezco a Martha Jeaneth Pati&ntilde;o, Pontificia Universidad Javeriana, por esta excelente traducci&oacute;n del ingl&eacute;s al castellano.</p>     <p>Recibido: 23.02.12  Aceptado: 19.06.12</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>Responder al reto del idealismo de Hegel y su observado logocentrismo ha sido una preocupaci&oacute;n permanente dentro de la filosof&iacute;a de los siglos diecinueve y veinte. En lo que sigue, ofrezco una reflexi&oacute;n acerca del legado de Hegel mediante la reconstrucci&oacute;n de la noci&oacute;n hegeliana de legado. Desarrollo esta noci&oacute;n en respuesta a la discusi&oacute;n de Jacques Derrida sobre la noci&oacute;n de herencia. Tanto Hegel como Derrida articulan la estructura del legado, la herencia y la historia sobre la base de la estructura de la recolecci&oacute;n -reuni&oacute;n y recuerdo. Para ambos, la reuni&oacute;n es un acto de memoria que define un legado como un legado, una historia como una historia. Reunirse determina un evento, norma, idea, o instituci&oacute;n como algo a ser transmitido a un futuro por venir. Mientras Derrida concluye que la herencia implica decisi&oacute;n, la recolecci&oacute;n hegeliana ofrece las bases para lo que llamar&eacute; una historia cr&iacute;tica.</p>     <p><i><b>Palabras clave:</b> </i>Hegel, Derrida, saber absoluto, cr&iacute;tica inmanente, <i>Fenomenolog&iacute;a del Espiritu</i></p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>Answering the challenge of Hegel's idealism and its perceived logocentrism, has arguably been a defining feature of nineteenth-and twentieth-century philosophy. In this essay, I offer a reflection on the legacy of Hegel by reconstructing a Hegelian notion of legacy. I develop this notion in response to Jacques Derrida's discussion of inheritance. Both Hegel and Derrida articulate the structure of legacy, inheritance, and history on the basis of the structures of gathering. For both, gathering is an act of memory that determines a legacy as a legacy, a history as a history. Gathering determines an event, norm, idea, or institution as something to be passed on for a future to come. While Derrida concludes that inheritance implies decision, Hegel's recollection provides the basis for what I will call a critical history.</p>     <p><i><b>Key words:</b> </i>Hegel, Derrida, absolute knowing, immanent critique, <i>Phenomenology of Spirit</i></p> <hr>     <p>En <i>Espectros de Marx, </i>Jacques Derrida sostiene que &quot;&#91;s&#93;i la legibilidad de un legado fuera dada, natural, transparente, un&iacute;voca, si no requiriera y al mismo tiempo desafiara la interpretaci&oacute;n, nunca se heredar&iacute;a nada de &eacute;ste. Estar&iacute;amos afectados por &eacute;l como por una causa &mdash;natural o gen&eacute;tica&quot; (Derrida, 1994: 18). La posibilidad misma de un legado -dejar algo a un futuro por venir- implica que una tradici&oacute;n o un texto nunca est&aacute;n totalmente cerrados. La supervivencia de un legado requiere manejar lo que Derrida llama una &quot;heterogeneidad radical y necesaria&quot; (Derrida, 1994: 18)<sup><a href="#1" name="1.">1</a></sup>. Tal heterogeneidad no es simplemente la consecuencia de una multiplicidad de textos, tradiciones, o posibles interpretaciones de eventos. La herencia sigue la estructura de lo que Derrida llama <i>el rastro </i>donde la negatividad del tiempo establece la necesidad de inscripci&oacute;n espacial. La inscripci&oacute;n permite la retenci&oacute;n de un ahora que expira tan pronto como acontece. La supervivencia de lo pasado para un futuro por suceder depende del rastro de aquello que ya no es. Ahora bien, el rastro mismo est&aacute; sujeto a la destrucci&oacute;n. La inscripci&oacute;n no asegura el destino del pasado en el presente o del futuro por venir.</p>     <p>La herencia entonces implica <i>reunir </i>aquello que ya no es para un futuro por venir. Por esta raz&oacute;n, heredar es un acto de determinaci&oacute;n. Sin embargo, &quot;una herencia no est&aacute; jam&aacute;s reunida junta,&quot; escribe Derrida, &quot;nunca es una consigo misma. Su presunta unidad, si existe, puede consistir solamente en <i>el mandato de reafirmar mediante la escogencia. Es necesario </i>significa es necesario filtrar, seleccionar, criticar, es necesario arreglar &#91;o clasificar&#93; varias de las posibilidades que habitan el mismo mandato&quot; (Derrida, 1994: 18). Lo que sobrevive para ser transmitido hacia delante no lo es necesariamente. La herencia implica discriminaci&oacute;n y en &uacute;ltimas requiere <i>decisi&oacute;n. </i>Lo que es transmitido por reafirmaci&oacute;n &mdash;aquello que es, en efecto, determinado como legado&mdash; lo es a costa de las posibilidades de una tradici&oacute;n, una pr&aacute;ctica, un <i>corpus </i>que pueden o no ser relevantes. Por esta raz&oacute;n, legar requiere tomar decisiones que, independientemente de intenciones, fines y resultados, implican violencia. En efecto, llevar una herencia significa negociar una l&oacute;gica de inclusi&oacute;n-exclusi&oacute;n. Mantener una memoria de lo que es pasado para un futuro por venir implica calcular lo incalculable, dado que se requiere decidir qu&eacute; ser&aacute; recordado a costa de lo que ser&aacute; olvidado. Tal negociaci&oacute;n es precisamente lo que est&aacute; en juego en la legibilidad de un legado.</p>     <p>La posici&oacute;n de Derrida sobre la herencia y la l&oacute;gica de la decisi&oacute;n que sigue de all&iacute;, es de lo m&aacute;s lejano que podemos imaginar de lo que se ha entendido es la idea hegeliana de la historia. Armado con su dial&eacute;ctica especulativa Hegel, es de suponer, establece el poder de lo infinito sobre lo finito, de la idea sobre la materia. Aunque Hegel es un pensador de la negatividad, su dial&eacute;ctica especulativa aparentemente emplea la negatividad para establecer que la raz&oacute;n es infinitamente auto-referencial. Hegel mismo, parece, explicita estas suposiciones logoc&eacute;ntricas cuando de manera notable &mdash;o quiz&aacute;, infamemente&mdash; discute que la imagen adecuada de la verdadera infinitud de la raz&oacute;n es un c&iacute;rculo, esencialmente &quot;cerrado, totalmente presente, sin comienzo ni fin&quot; (Hegel, 2010: 199/1969a, 5:163). El <i>Esp&iacute;ritu (Geist), </i>en consecuencia, da cuenta de s&iacute; mismo exterioriz&aacute;ndose a s&iacute; mismo en el ser, la naturaleza, y la historia. La historia es, de este modo, la progresiva comprensi&oacute;n de libertad mediante el deceso de lo finito. Las glorias y desgracias de los individuos actuando en la historia tan s&oacute;lo expresan la comprensi&oacute;n de la libertad del esp&iacute;ritu (ver Hegel, 1997).</p>     <p>Responder al reto del idealismo de Hegel y su observado logocentrismo ha sido una preocupaci&oacute;n permanente dentro de la filosof&iacute;a de los siglos diecinueve y veinte<sup><a href="#2" name="2.">2</a></sup>. Rechazar la insistencia de Hegel sobre la autoridad del concepto sobre lo no-conceptual, la identidad sobre la diferencia, el esp&iacute;ritu sobre la naturaleza, el individuo sobre el otro, ha establecido a Hegel como una figura que no se puede evitar. Hoy, en medio de un aut&eacute;ntico renacimiento de Hegel que atraviesa diversas tradiciones filos&oacute;ficas, simpatizar con Hegel es mucho mejor recibido. Por ejemplo, Slavoj &#142;i&#158;ek ha trabajado en pos de la recuperaci&oacute;n del absoluto hegeliano a fin de superar las fronteras de la filosof&iacute;a cr&iacute;tica y del giro ling&uuml;&iacute;stico. En efecto, &eacute;l ha sostenido que tanto la ontolog&iacute;a como la pol&iacute;tica del siglo veintiuno debieran ser hegelianas (&#142;i&#158;ek, 2011)<sup><a href="#3" name="3.">3</a></sup>. Si un rasgo caracter&iacute;stico de la filosof&iacute;a de los siglos diecinueve y veinte ha sido su respuesta al aparente logocentrismo de Hegel, hoy el legado de Hegel es tan diverso como duradero.</p>     <p>En lo que sigue, no entrar&eacute; en los debates acerca del estatus del idealismo de Hegel puesto que me interesa ofrecer una reflexi&oacute;n acerca de su herencia mediante la reconstrucci&oacute;n de una noci&oacute;n hegeliana de legado que responda a la de Derrida. Para tal fin, ofrezco una lectura del t&eacute;rmino <i>Erinnerung </i>(recolecci&oacute;n - reuni&oacute;n/recuerdo), <i>wirkliche Geschichte </i>(historia actual o historia en su actualidad), y <i>Begriffne Geschichte </i>(historia conceptual) en el cap&iacute;tulo final de la <i>Fenomenolog&iacute;a del Esp&iacute;ritu, </i>a la luz de la noci&oacute;n de herencia de Derrida<sup><a href="#4" name="4.">4</a></sup>. Tanto Hegel como Derrida articulan la estructura del legado, la herencia y la historia, sobre la base de la estructura de la <i>recolecci&oacute;n -reuni&oacute;n/recuerdo. </i>Para ambos, la reuni&oacute;n es un acto de memoria que define un legado <i>como </i>un legado, una historia <i>como </i>una historia. Reunir determina un evento, norma, idea, o instituci&oacute;n como algo a ser transmitido a un futuro por venir. Esta determinaci&oacute;n, sin embargo, es adem&aacute;s una forma de olvido, dado que un legado es determinado como un legado, una historia como una historia, de acuerdo con compromisos que tienen autoridad en el presente. Mientras Derrida concluye que la herencia implica decisi&oacute;n, la recolecci&oacute;n hegeliana ofrece las bases para lo que llamar&eacute; una <i>historia cr&iacute;tica, </i>la cual contribuye a tal decisi&oacute;n en maneras cruciales. La noci&oacute;n de Hegel de <i>historia en su actualidad </i>desarrolla una perspectiva normativa que permite la evaluaci&oacute;n de un legado de manera inmanente, es decir, sobre la base de sus compromisos vigentes, actuales. En lugar de implicar una norma final y definitiva para evaluar, una historia cr&iacute;tica hegeliana permite la evaluaci&oacute;n sobre la marcha de una forma de vida. Una historia cr&iacute;tica es una historia que es consciente de, y maneja de manera activa, la negatividad irreducible de la recolecci&oacute;n, es decir, la violencia estructural involucrada en cualquier reuni&oacute;n/recuerdo.</p>     <p>Es cierto que los m&aacute;s importantes trabajos de Hegel culminan expl&iacute;citamente en un cierre. Finalizan con figuras de conocimiento absoluto que aparentemente se&ntilde;alan el final de la indagaci&oacute;n cr&iacute;tica en el texto dado. Hegel finaliza la <i>Fenomenolog&iacute;a </i>con la figura del saber absoluto; la <i>Ciencia de la L&oacute;gica, </i>con la figura de la idea absoluta; la <i>Enciclopedia, </i>con la figura del esp&iacute;ritu absoluto (con la filosof&iacute;a como la m&aacute;s alta forma del esp&iacute;ritu absoluto). Aquello que es com&uacute;nmente soslayado por cr&iacute;ticos de Hegel, sin embargo, es la <i>formalidad </i>radical de estas formas de absoluto. De hecho, &eacute;stas no pretenden conocer en su totalidad la materia bajo indagaci&oacute;n &mdash; la sociedad, la historia, el pensamiento mismo y, dem&aacute;s. M&aacute;s bien, &eacute;stas <i>tematizan </i>la cr&iacute;tica del material bajo indagaci&oacute;n y proveen una reflexi&oacute;n meta-te&oacute;rica de su exposici&oacute;n. Este es el caso especialmente en la <i>Fenomenolog&iacute;a </i>y en <i>la L&oacute;gica. </i>Estos dos trabajos finalizan con exposiciones meta-fenomenol&oacute;gicas y meta-l&oacute;gicas del movimiento de <i>negaci&oacute;n determinada<sup><a href="#5" name="5.">5</a></sup>. </i>El saber absoluto y la idea absoluta como m&eacute;todo, son <i>reflexiones meta-te&oacute;ricas </i>sobre la negaci&oacute;n determinada<sup><a href="#6" name="6.">6</a></sup>. Al ser afirmaciones sistem&aacute;ticas de la irreductibilidad de la mediaci&oacute;n, aclaran el estatus de la idealidad.</p>     <p>La noci&oacute;n de <i>historia conceptual </i>que aparece al final de la <i>Fenomenolog&iacute;a </i>designa una historia comprendida desde el punto de vista del conocimiento absoluto, del esp&iacute;ritu conoci&eacute;ndose a s&iacute; mismo como esp&iacute;ritu (Hegel, 1977: 808/1969: 590)<sup><a href="#7" name="7.">7</a></sup>. La historia es conceptualmente comprendida de tres maneras formales, que representan formas diferentes en las que el esp&iacute;ritu se conoce a s&iacute; mismo como esp&iacute;ritu. Son aspectos diferentes del modo de auto-conocimiento que Hegel llama saber absoluto. Primera, el esp&iacute;ritu se comprende a s&iacute; mismo como una forma de vida espec&iacute;fica. Esp&iacute;ritu <i>(Geist), </i>como un comentarista recientemente formula, es &quot;el t&eacute;rmino de Hegel para todo lo que tiene una <i>historia </i>en lugar de una <i>naturaleza; </i>o, puesto de otro modo, todo cuya naturaleza es esencialmente hist&oacute;rica&quot; (Brandom, manuscrito). Instituciones, visiones del mundo, y formas de auto-comprensi&oacute;n individual y colectiva son materia de una fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu. Esta comprensi&oacute;n implica el trabajo de recoleci&oacute;n: reunir, ordenar y, por tanto, determinar eventos, ideas, normas, instituciones y dem&aacute;s como contribuciones a la presente forma de vida, a la presente configuraci&oacute;n del esp&iacute;ritu. Segunda, el esp&iacute;ritu comprende el trabajo mismo de reunir y, por ende, la l&oacute;gica de una fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu. Esta comprensi&oacute;n transforma la fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu en una <i>ciencia </i>del conocimiento fenom&eacute;nico (die <i>Wissenschaftdes erscheinenden Wissens). </i>Tercera, el esp&iacute;ritu se comprende a s&iacute; mismo como el autor de la determinaci&oacute;n y autoridad de una forma de vida. El esp&iacute;ritu comprende que su actividad es constitutiva de su configuraci&oacute;n. Esta comprensi&oacute;n, sin embargo, no es una comprensi&oacute;n metaf&iacute;sica. La auto-determinaci&oacute;n del esp&iacute;ritu, m&aacute;s bien, es tematizada como el logro de la modernidad. La libertad es entendida como el compromiso normativo fundamental de la modernidad. Hegel discute en forma expl&iacute;cita los dos primeros modos de auto-conocimiento bajo el emblema de la <i>historia conceptual </i>(Hegel, 1977: 808/1969: 590), y el tercero, bajo el distintivo de la <i>historia en su actualidad </i>(Hegel, 1977: 803/1969: 585).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La noci&oacute;n de historia conceptual que aparece en las l&iacute;neas finales de <i>la Fenomenolog&iacute;a, </i>es la articulaci&oacute;n meta-te&oacute;rica de la estructura de recolecci&oacute;n (reunir/recordar). Recordar est&aacute; vinculado a la historia como el doble movimiento de exteriorizaci&oacute;n <i>(EntauPerung) </i>e interiorizaci&oacute;n (Er-<i>innerung). </i>Primero, Hegel sostiene que la historia es esp&iacute;ritu en su contingencia temporal, esp&iacute;ritu en su <i>mera </i>existencia (Hegel, 1977: 808/1969: 589)<sup><a href="#8" name="8.">8</a></sup>. El tiempo, para Hegel, no es sino la auto-negaci&oacute;n de algo; es en s&iacute; mismo pura negatividad, puro instante<sup><a href="#9" name="9.">9</a></sup>. En su &quot;existencia impermanente,&quot; un evento es algo que llega a ser y desaparece. La exteriorizaci&oacute;n del esp&iacute;ritu &mdash;esp&iacute;ritu en su contingencia temporal&mdash; es, por consiguiente, existencia <i>disipada. </i>Los eventos aislados no tienen significado autorizado con respecto a una historia o tradici&oacute;n. En su aislamiento, los eventos no son ideales, puesto que no son entendidos como un legado, como algo a ser transmitido a un futuro por venir. Como tales, no han excedido su moment&aacute;nea y necesariamente ef&iacute;mera existencia. No han transgredido su propio deceso (no han &quot;anulado el tiempo,&quot; como dice Hegel) siendo reunidos en una historia<sup><a href="#10" name="10.">10</a></sup>. Por ende, un evento es contingente si no es a&uacute;n considerado como un momento en el despliegue de una historia, si no es <i>tomado como </i>parte de la historia de la configuraci&oacute;n presente del esp&iacute;ritu.</p>     <p>El punto crucial aqu&iacute; es que la idealidad es el resultado del trabajo de recolecci&oacute;n - reunir/recordar. Recordar es reunir lo contingente en una secuencia que constituye una historia. La historia es una &quot;sucesi&oacute;n de esp&iacute;ritus, una galer&iacute;a de im&aacute;genes,&quot; cada una de las cuales est&aacute; &quot;provista con la completa riqueza del esp&iacute;ritu&quot; (Hegel, 1977: 808/1969: 589). Ahora, la recolecci&oacute;n es una reconstrucci&oacute;n del pasado <i>desde la perspectiva del presente </i>que convierte eventos pasados en un pasado, en una historia. Ordena momentos que han sido se&ntilde;alados como contribuciones significativas a una tradici&oacute;n o legado. La perspectiva del presente &mdash;de compromisos presentes relevantes&mdash; establece un evento, idea, norma o modo de auto-comprensi&oacute;n como <i>autorizado. </i>N&oacute;tese que Hegel est&aacute; sugiriendo que la historia es existencia o realidad que ha ganado idealidad, y no que la historia es raz&oacute;n que se ha comprendido a s&iacute; misma en la historia. Los eventos enga&ntilde;an a la destrucci&oacute;n del tiempo, pero s&oacute;lo lo hacen ganando <i>autoridad normativa. </i>Una vez m&aacute;s, la insistencia de Hegel no es en s&iacute; misma normativa; es descriptiva o anal&iacute;tica. Hegel est&aacute; articulando en este lugar el que la determinaci&oacute;n de cualquier configuraci&oacute;n del esp&iacute;ritu es en &uacute;ltimas el resultado de su autoridad normativa. Aunque un evento puede sobrevivir a su existencia moment&aacute;nea deviniendo en legado, su autoridad puede colapsar en el futuro. El trabajo de recolecc&iacute;on (recordar y reunir), por lo tanto, no puede asegurar el destino de lo finito m&aacute;s all&aacute; de toda destrucci&oacute;n y p&eacute;rdida. La autoridad normativa no es nunca final, ni totalmente autorizada, sino precaria. La <i>Fenomenolog&iacute;a </i>misma documenta las maneras en las cuales la autoridad de diversas configuraciones del esp&iacute;ritu colapsa.</p>     <p>Deviniendo legado, siendo parte de una historia, un evento llega a formar parte de la &quot;conciencia auto-mediada que llega-a-ser&quot; el esp&iacute;ritu en su contingencia (Hegel, 1977: 808/1969: 589; trad. mod.). La historia es &quot;consciente&quot; y &quot;auto-mediaci&oacute;n,&quot; para Hegel, porque la actividad de reunir hace posible el auto-conocimiento del esp&iacute;ritu. Por consiguiente, el saber absoluto, escribe Hegel, <i>&quot;re&uacute;ne juntos </i>los momentos individuales, cada uno de los cuales, en su principio, exhibe la vida de todo el esp&iacute;ritu&quot; (Hegel, 1977: 797/1969: 580; ver, adem&aacute;s, 1977: 808/1969: 589). El esp&iacute;ritu se conoce a s&iacute; mismo reuni&eacute;ndose en una narrativa acerca de c&oacute;mo ha llegado a ser lo que es. En consecuencia, la recolecci&oacute;n, sostiene Hegel, es un movimiento hacia adentro <i>(in-sich-gehen) </i>y, en &uacute;ltima instancia, es una interiorizaci&oacute;n <i>(Er-innerung). </i>Reuni&eacute;ndose, el esp&iacute;ritu renuncia a su <i>mera </i>existencia. Reflexivamente entiende c&oacute;mo ha llegado a ser <i>esta </i>configuraci&oacute;n particular. Adem&aacute;s, el esp&iacute;ritu comprende que reunir/recordar es su actividad propia y, por lo tanto, que es fundamentalmente <i>hist&oacute;rico. </i>Con estas comprensiones, la historia no es m&aacute;s una galer&iacute;a de im&aacute;genes, una sucesi&oacute;n de eventos que reconstruyen el llegar a ser del esp&iacute;ritu. La historia es ahora conceptualmente comprendida. El saber absoluto es absoluto, entonces, en tanto en cuanto el esp&iacute;ritu conoce su historia, la estructura de ordenaci&oacute;n que forma su historia, y su car&aacute;cter fundamentalmente hist&oacute;rico<sup><a href="#11" name="11.">11</a></sup>.</p>     <p>Hegel elabora este muy abstracto argumento en concreto a lo largo del libro entero, incluyendo las partes tempranas del cap&iacute;tulo sobre el saber absoluto. El libro mismo es una reuni&oacute;n del legado de la idea de <i>libertad </i>constitutiva de la modernidad<sup><a href="#12" name="12.">12</a></sup>. La <i>fenomenolog&iacute;a </i>es una <i>reconstrucci&oacute;n racional </i>que re&uacute;ne momentos que contribuyen a una comprensi&oacute;n de la libertad como <i>auto-determinaci&oacute;n </i>en la cultura occidental. En consecuencia, Hegel somete a indagaci&oacute;n cr&iacute;tica los paradigmas epistemol&oacute;gicos, las posiciones filos&oacute;ficas romanas, la iglesia cat&oacute;lica medieval, los paradigmas cient&iacute;ficos de los siglos dieciocho y diecinueve, la tragedia griega, la Ilustraci&oacute;n, la Revoluci&oacute;n Francesa, la moralidad Kantiana, as&iacute; como versiones de una &eacute;tica de la conciencia y las religiones del mundo. Como posiciones aisladas, estas formas de conciencia <i>(Gestalten des Bewuptseins) </i>y configuraciones del esp&iacute;ritu <i>(Gestalten des Geistes) </i>son insostenibles (Hegel, 1977: 793/1969: 577-8)<sup><a href="#13" name="13.">13</a></sup>. Sin embargo, combinadas se reconcilian en o constituyen la <i>historia </i>del esp&iacute;ritu (Hegel, 1977: 808/1969: 589)<sup><a href="#14" name="14.">14</a></sup>. Reconstruida en la <i>fenomenolog&iacute;a, </i>la historia del esp&iacute;ritu es la historia de una <i>tradici&oacute;n espec&iacute;fica: </i>la idea europea-occidental de la libertad. Es una historia de la idea de libertad como auto-determinaci&oacute;n.</p>     <p>En el contexto de la <i>Fenomenolog&iacute;a, </i>la contribuci&oacute;n de la moralidad kantiana y una &eacute;tica fichteana de la conciencia son decisivas. Hegel es cr&iacute;tico de ambas, pero afirma que las dos hacen una contribuci&oacute;n crucial a la comprensi&oacute;n de la libertad como auto-determinaci&oacute;n. Como fracasan est&aacute;n en el centro de las discusiones de Hegel sobre el saber absoluto, como lo han se&ntilde;alado varios comentaristas (ver esp. Hegel, 1977: 792-6/1969: 574-80)<sup><a href="#15" name="15.">15</a></sup>. Se ha discutido que la cr&iacute;tica de la conciencia <i>(Gewissen) </i>es fundamental, dado que <i>el perd&oacute;n </i>para Hegel es la condici&oacute;n de posibilidad para la historia. Recordemos que el cap&iacute;tulo sobre el esp&iacute;ritu finaliza con una escena de reconocimiento negado, una que supone una forma hiperb&oacute;lica de reconciliaci&oacute;n &mdash;el perd&oacute;n<sup><a href="#16" name="16.">16</a></sup>. La conciencia <i>(Gewissen) </i>es una figura de lo que Hegel llama conciencia actuante (das <i>handelnde Bewuptsein), </i>cuya ambig&uuml;edad moral reside en reclamar validez universal por su acci&oacute;n particular. La conciencia actuante es considerada <i>mala </i>por lo que Hegel la llama la conciencia juzgante (das <i>beurteilende Bewuptsein). </i>La conciencia juzgante es una entre varias versiones de la figura del alma bella que examina Hegel, ya que esta figura desea retener su pureza moral y, para tal fin, est&aacute; dispuesta a no actuar. En un intento por ganar reconocimiento de su acto consciente, la conciencia actuante articula su posici&oacute;n a la consciencia juzgante (Hegel, 1977: 666/1969: 488-9). Al declarar p&uacute;blicamente las razones para su acci&oacute;n, la conciencia actuante se somete a la evaluaci&oacute;n. La conciencia actuante confiesa, y espera que la conciencia juzgante le devuelva el reconocimiento. La conciencia juzgante se revela a s&iacute; misma como vana e hip&oacute;crita, sostiene Hegel, ya que rehusa el reconocimiento pero espera que tal negaci&oacute;n sea entendida como evidencia de <i>su </i>valor moral (Hegel, 1977: 667/1969: 489-90). De este modo, tanto la conciencia actuante como la que juzga, encuentran su auto-comprensi&oacute;n invertida. La conciencia actuante considerada mala revela la responsibilidad y la necesidad del reconocimiento como ireducibles para lo moral. La conciencia juzgante revela que la negaci&oacute;n de la responsabilidad y el reconocimiento hacen imposible la moralidad. Para Hegel, estas inversiones establecen que una explicaci&oacute;n consistente de la libertad como auto-determinaci&oacute;n requiere abandonar la idea de que la libertad est&aacute; vinculada con la autoridad absoluta del individuo. Requiere, por tanto, abandonar la fantas&iacute;a de una subjetividad soberana<sup><a href="#17" name="17.">17</a></sup>.</p>     <p>Las inversiones que la conciencia que act&uacute;a y que juzga sobrellevan son experimentadas como formas de da&ntilde;o, puesto que representan una violaci&oacute;n de las expectativas que estructuran la relaci&oacute;n entre yo y el otro, a saber, la expectativa de reconocimiento rec&iacute;proco. Estas inversiones, sin embargo, dan fe de una sistem&aacute;tica falta de reconocimiento y un sistem&aacute;tico reconocimiento negado. La escena del no-reconocimiento y del reconocimiento negado expresan una l&oacute;gica de pura negatividad o, como Hegel la llama, negatividad abstracta (Hegel, 1977: 670/1969: 491-2). Oscilar entre estos dos modos de no-reconocimiento es perpetuar el da&ntilde;o, haciendo imposible un pasado y un futuro compartido. El perd&oacute;n frena una indefinida l&oacute;gica del da&ntilde;o. En una escena de falta de reconocimiento sistem&aacute;tica, entonces, el perd&oacute;n hace posible <i>ir hacia adelante. </i>De hecho, el perd&oacute;n rompe el coraz&oacute;n duro. La ruptura del coraz&oacute;n duro es un acto de <i>renuncia a s&iacute; mismo </i>&mdash;el coraz&oacute;n duro se libera a s&iacute; mismo, dice Hegel&mdash; que hace posible la reconciliaci&oacute;n de dos posiciones parciales (Hegel, 1977: 669, 670/1969: 491-2). Perdonar es un dejar ir al otro como otro y, por ende, un hallazgo de uno mismo en este acto de desprendimiento. En esto consiste el reconocimiento rec&iacute;proco, lo que Hegel llama esp&iacute;ritu absoluto (Hegel, 1977: 670/1969: 491). Frenando as&iacute; la negaci&oacute;n abstracta y, por ende, la l&oacute;gica del da&ntilde;o, el &quot;s&iacute; reconciliador&quot; (das <i>vers&otilde;hnende </i>Ja) que sigue a la ruptura del coraz&oacute;n duro hace la historia posible. Hace posible determinar un pasado como pasado y permite un futuro como algo por venir. De este modo, Hegel dice provocadoramente, las &quot;heridas del esp&iacute;ritu sanan y no dejan cicatrices&quot; (Hegel, 1977: 669/1969: 491). Las heridas del esp&iacute;ritu sanan en la medida en que las criaturas espirituales <i>(geistige) </i>son la clase de criaturas que puede convertir el pasado en pasado<sup><a href="#18" name="18.">18</a></sup>. Tal transformaci&oacute;n del pasado como pasado, sin embargo, requiere un dejar atr&aacute;s que hace posible determinaciones alternativas, nuevos comienzos. El perd&oacute;n est&aacute; vinculado con la memoria, entonces, porque opera como la condici&oacute;n de posibilidad de recolectar, reunir, reconfigurar. Consolidar eventos en una narrativa acerca de c&oacute;mo el esp&iacute;ritu ha llegado a ser lo que es, implica detener la infinidad mala de la l&oacute;gica del da&ntilde;o. El s&iacute; reconciliador distintivo del perd&oacute;n es un dejar ir o dejar atr&aacute;s que hace posible la reuni&oacute;n.</p>     <p>Es muy cierto que Hegel otorga un puesto de honor a la l&oacute;gica del perd&oacute;n en el cap&iacute;tulo sobre el saber absoluto. Como hemos visto, el perd&oacute;n es una condici&oacute;n estructural. El perd&oacute;n es un &quot;abandono de la autosuficiencia&quot; necesario para cualquier vida compartida y, por ende, para una historia (Hegel, 1977: 796/1969: 579-80). Sin embargo, la dial&eacute;ctica del perd&oacute;n aparece al final del libro como transici&oacute;n de una exposici&oacute;n meta-fenomenol&oacute;gica del perd&oacute;n a una exposici&oacute;n filos&oacute;fica de la historia. Existen razones fundamentales por las que Hegel hace esta transici&oacute;n al final del libro. La determinaci&oacute;n de una configuraci&oacute;n espec&iacute;fica del esp&iacute;ritu no se da o se establece por medio de la renuncia abstracta de la fantas&iacute;a de la subjetividad soberana. Se requiere negociar las instituciones y los modos de auto-comprensi&oacute;n que se encuentran en tensi&oacute;n, en crisis, con respecto a cuestiones espec&iacute;ficas a la mano, por ejemplo, instituciones basadas en la premisa de la fantas&iacute;a de la subjetividad soberana. En lugar de enfatizar una l&oacute;gica de la reconciliaci&oacute;n como puro liberar, Hegel termina el libro explicitando la estructura normativa de la reuni&oacute;n. Recolectar es siempre una reuni&oacute;n concreta y, por tanto, una determinaci&oacute;n concreta que implica negociar las especificidades de una forma de vida a la luz de un colapso normativo. Por ende, Hegel es un pensador consistente de la negaci&oacute;n determinada &mdash;un pensador de la <i>econom&iacute;a </i>del esp&iacute;ritu<sup><a href="#19" name="19.">19</a></sup>. Por esta raz&oacute;n, Hegel se mueve a elaborar la estructura de una <i>normatividad inmanente </i>operativa en la recolecci&oacute;n. Una vez m&aacute;s, es fundamental se&ntilde;alar que las afirmaciones de Hegel no son en s&iacute; mismas normativas; son de car&aacute;cter descriptivo o anal&iacute;tico. Hegel aqu&iacute; esta tematizando la <i>estructura </i>normativa de cualquier forma del esp&iacute;ritu y la <i>perspectiva </i>normativa hecha posible por la historicidad del esp&iacute;ritu. Hegel trata estos temas bajo la insignia de la <i>historia en su actualidad.</i></p>     <p>&quot;El movimiento de impulsar hacia adelante la forma de su auto-conocimiento,&quot; escribe Hegel, &quot;es el trabajo que realiza el esp&iacute;ritu como <i>historia actual&quot; </i>(Hegel, 1977: 803/1969: 585). La historia es actual, <i>wirkliche, </i>cuando el esp&iacute;ritu se conoce a s&iacute; mismo como esp&iacute;ritu. Hegel es aqu&iacute; m&aacute;s preciso que en su discusi&oacute;n de la historia conceptual, dado que precisa que el esp&iacute;ritu se conoce a s&iacute; mismo como esp&iacute;ritu cuando comprende el compromiso normativo fundamental que estructura su forma particular. Como hemos visto, en la <i>Fenomenolog&iacute;a, </i>a Hegel le preocupa el legado de la idea de libertad constitutiva de la modernidad. Hegel, por tanto, vincula la historia en su actualidad con la apuesta fundamental del libro. En el prefacio, notablemente, Hegel sostiene que todo gira en torno a entender sustancia como sujeto (Hegel, 1977: 25/1969: 27-8; ver tambi&eacute;n 1977: 802/1969: 584). En el cap&iacute;tulo sobre el saber absoluto, Hegel sostiene que comprender sustancia como sujeto es un <i>logro hist&oacute;rico. </i>&quot;Siempre y cuando el esp&iacute;ritu no se haya llevado <i>a s&iacute; mismo </i>a consumarse como esp&iacute;ritu del mundo <i>(Weltgeist),&quot; </i>escribe Hegel, &quot;no podr&aacute; alcanzar su consumaci&oacute;n como esp&iacute;ritu auto-consciente&quot; (Hegel, 1977: 802/1969: 584)<sup><a href="#20" name="20.">20</a></sup>. La historia actual (o la historia en su actualidad), contin&uacute;a Hegel, se realiza una vez se ha superado la representaci&oacute;n religiosa del esp&iacute;ritu. La religi&oacute;n es una instituci&oacute;n pr&aacute;ctica, y un modo de auto-comprensi&oacute;n en el cual, seg&uacute;n Hegel, el esp&iacute;ritu se representa a s&iacute; mismo pero de modo inadecuado. En la religi&oacute;n, el esp&iacute;ritu confunde su propia actividad por la de un otro m&aacute;s all&aacute; de este mundo<sup><a href="#21" name="21.">21</a></sup>. El esp&iacute;ritu se conoce a s&iacute; mismo como esp&iacute;ritu cuando comprende que es su propia actividad la cual es constitutiva de sus diversas configuraciones, es decir, de diversas formas de vida a trav&eacute;s de la historia. El esp&iacute;ritu se conoce a s&iacute; mismo como esp&iacute;ritu, en otras palabras, cuando se conoce como el autor de sus instituciones y de sus modos de auto-comprensi&oacute;n. Esta comprensi&oacute;n es precisamente lo que est&aacute; involucrado en la comprensi&oacute;n de la sustancia como sujeto. La libertad infinita del esp&iacute;ritu, en efecto, se refiere al hecho de que esp&iacute;ritu es la fuente de sus propias configuraciones. Tal comprensi&oacute;n, sostiene Hegel, est&aacute; vinculada con el advenimiento de la modernidad. No obstante, esta comprensi&oacute;n tambi&eacute;n tematiza algo estructural sobre esp&iacute;ritu, a saber, que es fundamentalmente hist&oacute;rico. Una comprensi&oacute;n filos&oacute;fica del esp&iacute;ritu es adecuada, seg&uacute;n Hegel, porque le permite al esp&iacute;ritu comprenderse a s&iacute; mismo a la luz de su compromiso normativo primordial, a saber, la libertad.</p>     <p>La historia es historia en su actualidad, por ende, cuando hace posible que el esp&iacute;ritu se conozca a s&iacute; mismo como <i>esta </i>configuraci&oacute;n del esp&iacute;ritu estructurada por <i>este </i>compromiso normativo, modernidad y libertad, respectivamente. Mediante la reconstrucci&oacute;n del legado de la libertad, el esp&iacute;ritu explicita para s&iacute; mismo la norma que se halla en acci&oacute;n en su actividad de reunir y recordar, y la presenta para los prop&oacute;sitos de una historia en su actualidad. Tal reconstrucci&oacute;n, por lo tanto, hace posible la <i>cr&iacute;tica inmanente<sup><a href="#22" name="22.">22</a></sup>. </i>Permite la autocomprensi&oacute;n sobre la base de los compromisos normativos fundamentales estructurando una forma de vida y, por tanto, hace posible la evaluaci&oacute;n de esa forma de vida. La recolecci&oacute;n aqu&iacute;, expl&iacute;citamente, re&uacute;ne a la luz de compromisos normativos que estructuran una configuraci&oacute;n del esp&iacute;ritu. Las normas mismas, sin embargo, no est&aacute;n aisladas de los efectos de la negatividad. A trav&eacute;s de la <i>Fenomenolog&iacute;a </i>se aprende que las normas en acci&oacute;n en la recolecci&oacute;n implican un olvido. Consolidar una historia como historia sobre la base de compromisos vigentes supone que algunos eventos, ideas, instituciones, modos de auto-comprensi&oacute;n individuales y colectivos son olvidados, sepultados, o invisibilizados. Formas de conciencia y configuraciones del esp&iacute;ritu se ocultan, son dejados atr&aacute;s, o no aparecen en absoluto en el libro. M&aacute;s a&uacute;n, olvidar no es el &uacute;nico efecto negativo co-extensivo con el potencial cr&iacute;tico de recordar. Eventos, normas, modos de auto-comprensi&oacute;n pueden ser patologizados, aparecer como desviados, malignos, irracionales: Ant&iacute;gona se convierte en criminal, la conciencia se vuelve malvada. La norma misma puede, adem&aacute;s, legitimar instituciones y modos de auto-comprensi&oacute;n opuestos a la norma vigente: la libertad se convierte en Terror en la Revoluci&oacute;n Francesa. Normas como la libertad, en efecto, nunca son totalmente estables, para Hegel, pero son siempre reversibles. Las instituciones y modos de auto-comprensi&oacute;n basados en la libertad nunca est&aacute;n totalmente autorizados.</p>     <p>En lugar de una norma, entonces, la historia en su actualidad constituye una <i>perspectiva </i>para evaluar el n&uacute;cleo de compromisos normativos <i>en la pr&aacute;ctica. </i>Una historia cr&iacute;tica es aquella en la cual la realidad de una forma de vida est&aacute; sometida a indagaci&oacute;n a la luz de sus propios compromisos normativos. La cr&iacute;tica, por tanto, implica refutar, revocar, defender y revisar los compromisos normativos que estructuran una forma de vida. Con este fin, la historia de una norma &mdash;c&oacute;mo lleg&oacute; a ser legado, algo qu&eacute; transmitir al futuro por venir&mdash; es fundamental. La historia de una norma aclara el compromiso que la norma representa. Pero lo que es m&aacute;s importante, aclara el modo en que llevar adelante un legado implica a la vez olvidar, excluir, patologizar. Adicionalmente, aclara el riesgo insuperable al interior del compromiso en cuesti&oacute;n, a saber: que puede sostener precisamente lo opuesto de aquello que quiere representar. La historia es cr&iacute;tica, entonces, cuando el auto-escrutinio se convierte en una pr&aacute;ctica continua. Precisamente por esta raz&oacute;n, una historia cr&iacute;tica implica un &quot;saber absoluto&quot; &mdash;una comprensi&oacute;n de las constricciones formales y del trabajo concreto de la recolecci&oacute;n junto con una conciencia de la necesidad de la cr&iacute;tica. El legado de Hegel, sugiero entonces, es el legado de las posibilidades de la cr&iacute;tica.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P><b>Pie de p&aacute;gina</b></P>     <p><a name="1" href=#1.><sup>1</sup></a>Ver H&aacute;gglund (2008), quien hace un tratamiento sist&eacute;mico del rastro, la supervivencia y la l&oacute;gica de la decisi&oacute;n en Derrida. Aqu&iacute; sigo la versi&oacute;n de H&aacute;gglund.    <br> <a name="2" href=#2.><sup>2</sup></a>Hoy es posible afirmar que Hegel es una de entre las varias figuras 'can&oacute;nicas' cuyo <i>corpus </i>es un punto de convergencia entre la Filosof&iacute;a Continental y Anal&iacute;tica, as&iacute; como entre la Filosof&iacute;a Europea, Latinoamericana y Asi&aacute;tica. Para tener perspectivas generales acerca de la recepci&oacute;n de Hegel en la Filosof&iacute;a Anal&iacute;tica, ver Redding (2007), Rockmore (2005) y Nuzzo (2010a). Para aproximaciones generales sobre la recepci&oacute;n de Hegel en el Pragmatismo Norteamericano, ver, e.g., Bernstein (2010) y Stern (2009). Es posible rastrear la recepci&oacute;n de Hegel en el pensamiento Latinoamericano en, e.g., Dussel (2003), Schutte (1993) y Bosteels (2011). Perspectivas generales acerca de la recepci&oacute;n de Hegel en el pensamiento japon&eacute;s, ver, e.g., Suares (2010).    <br> <a name="3" href=#3.><sup>3</sup></a>La defensa del absoluto hegeliano que ofrezco aqu&iacute; est&aacute; vinculada con las lecturas kantianas de Hegel, las cuales representan objetivos cr&iacute;ticos para &#142;i&#158;ek (2011) y sus coeditores.    <br> <a name="4" href=#4.><sup>4</sup></a>Las modificaciones a la traducci&oacute;n de Miller (Hegel, 1977) siguen las de Pinkard (manuscrito).    <br> <a name="5" href=#5.><sup>5</sup></a>Forma, para Hegel, no es sino la negaci&oacute;n de la inmediatez. La negaci&oacute;n, por lo tanto, requiere contenido para ser negaci&oacute;n. Por esta raz&oacute;n, la negaci&oacute;n deriva en una determinaci&oacute;n alternativa.    <br> <a name="6" href=#6.><sup>6</sup></a>Para una lectura sistem&aacute;tica de la idea absoluta como m&eacute;todo a lo largo de estas l&iacute;neas, ver Zambrana (2010).    <br> <a name="7" href=#7.><sup>7</sup></a><i>&quot;f&#93;...der sich als Geist (Esp&iacute;ritu) wissende Geist (Esp&iacute;ritu)...&quot; </i>(Hegel, 1969: 509).    <br> <i><a name="8" href=#8.><sup>8</sup></a></i>&quot;. <i>. . der an die Zeit ent&atilde;uPerte Geist </i>(Esp&iacute;ritu)&quot; (Hegel, 1969: 589).    <br> <a name="9" href=#9.><sup>9</sup></a>Para Hegel, &quot;la &#91;n&#93;egatividad de este modo propuesta, por s&iacute; misma es tiempo&quot; (Hegel, 1977: &sect;201). Ver, adem&aacute;s, la discusi&oacute;n de Hegel sobre el tiempo en la L&oacute;gica de Jena de 1804-5, y Houlgate (2006).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="10" href=#10.><sup>10</sup></a>&quot;El <i>Esp&iacute;ritu (Geist) </i>necesariamente aparece en el tiempo,&quot; Hegel afirma, &quot;en tanto no comprenda su concepto puro, en tanto no acumule tiempo&quot; (Hegel, 1977: 801/1969: 583).    <br> <a name="11" href=#11.><sup>11</sup></a>Cf. Nuzzo (2008) y (2010b). En su agudo estudio de dos partes, Nuzzo desarrolla lo que ella llama la memoria individual, &eacute;tica, y l&oacute;gica en el sistema de Hegel, y aclara la comprensi&oacute;n Hegeliana de <i>Weltgeschichte </i>como <i>Weltgericht.</i>    <br> <a name="12" href=#12.><sup>12</sup></a>Ver Habermas (1990), Pippin (1997), y Pinkard (2002).    <br> <a name="13" href=#13.><sup>13</sup></a>&quot;Para s&iacute; mismos, esos momentos son individuales, y es s&oacute;lo su unidad espiritual lo que constituye la fuerza de esta reconciliaci&oacute;n&quot; (Hegel, 1977: 793/1969: 577).    <br> <a name="14" href=#14.><sup>14</sup></a>Por ende, Hegel abre el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la <i>Fenomenolog&iacute;a </i>narrando los momentos m&aacute;s significativos de una fenomenolog&iacute;a del esp&iacute;ritu (ver Hegel, 1977: 788-793/1969: 574-8).    <br> <a name="15" href=#15.><sup>15</sup></a>Ver el excelente texto Bernstein (1997), y sus seminarios sobre la Fenomenolog&iacute;a en New School for Social Research (2007). V&eacute;ase tambi&eacute;n el agudo texto de Comay (2010) y refi&eacute;rase a Brandom (manuscrito).    <br> <a name="16" href=#16.><sup>16</sup></a>Cf. la oposici&oacute;n de Derrida entre perd&oacute;n y reconciliaci&oacute;n (2001).    <br> <a name="17" href=#17.><sup>17</sup></a>Para una espl&eacute;ndida reconstrucci&oacute;n de la cr&iacute;tica de Hegel a la subjetividad soberana, ver Neuhouser (2008).    <br> <a name="18" href=#18.><sup>18</sup></a>Bernstein (2007) Recuperado: 4.25.07.    <br> <a name="19" href=#19.><sup>19</sup></a>Cf. Derrida (2001), esp. la discusi&oacute;n de un perd&oacute;n puro &quot;a-econ&oacute;mico.&quot;    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a name="20" href=#20.><sup>20</sup></a>Hegel establece que &quot;el contenido de la religi&oacute;n expresa lo que <i>es </i>el <i>esp&iacute;ritu </i>en tiempos previos a la ciencia, pero la ciencia es el verdadero conocimiento del esp&iacute;ritu en s&iacute; mismo&quot; (Hegel, 1977: 802/1969: 584).    <br> <a name="21" href=#21.><sup>21</sup></a>Hegel escribe: &quot;Lo que en religi&oacute;n era <i>contenido, </i>esto es, la forma de representarse otro, es aqu&iacute; la actividad propia del <i>self </i>(Hegel, 1977: 797/1969: 581).    <br> <a name="22" href=#22.><sup>22</sup></a>Cf. la noci&oacute;n Hegeliana de <i>Erfahrung </i>en el prefacio e introducci&oacute;n a la <i>Fenomenolog&iacute;a, </i>esp. como ha sido reconstruida por Pippin (2008).</p>  <hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Bernstein, R.J. (2010). Hegel and Pragmatism, <i>The Pragmatic Turn. </i>London: Polity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-5323201200020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bernstein, J.M. (2007-2008). Hegel's <i>Phenomenology of Spirit, </i>Seminarios en New School for Social Research. <a target=_blank href="http://www.bernsteintapes.com">www.bernsteintapes.com</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0120-5323201200020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bernstein, J.M. (1996). Confession and Forgiveness: Hegel's Poetics of Action, <i>Beyond Representation and Poetic Imagination. </i>Richard Eldridge (Ed.). Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0120-5323201200020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Bosteels, B. (2011). Hegel in America. <i>Hegel and the Infinite: Religion, Politics and Dialectic. </i>&#142;i&#158;ek, S. Crockett, C. and Davis, C. (Eds). New York: Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0120-5323201200020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Brandom, R. <i>A Spirit of Trust: A Systematic Reading of Hegel's Phenomenology. </i>V&eacute;ase: <a target=_blank href="http://www.pitt.edu/~brandom/index.html">http://www.pitt.edu/~brandom/index.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0120-5323201200020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Comay, R. (2011). <i>Mourning Sickness: Hegel and the French Revolution. </i>Palo Alto: Stanford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-5323201200020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Derrida, J. (2001). <i>On Cosmopolitanism and Forgiveness. </i>(Trads. Mark Dooley and Michael Hughes). London: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-5323201200020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Derrida, J. (1994). <i>Specters of Marx. </i>(Trad. Peggy Kamuf). London: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-5323201200020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Dussel, E. (2003). Philosophy in Latin America in the Twentieth Century: Problems and Currents. <i>Latin American Philosophy: Currents, Issues, Debates. </i>Eduardo Mendieta (Ed.). Bloomington: Indiana University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-5323201200020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J. (1990). Hegel's Theory of Modernity. En: <i>The Philosophical Discourse of Modernity: Twelve Lectures. </i>Cambridge: MIT Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-5323201200020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>H&aacute;gglund, M. (2008). <i>Radical Atheism: Derrida and the Time of Life. </i>Palo Alto: Stanford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-5323201200020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hegel, G.W.F. (Manuscript). <i>Phenomenology ofSpirit. </i>(Trad. Pinkard). Cambridge: Cambridge University Press. <a target=_blank href="http://web.mac.com/titpaul/Site/About_Me.html">http://web.mac.com/titpaul/Site/About_Me.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-5323201200020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hegel, G.W.F. (2010). <i>The Science of Logic. </i>(Trad. George Di Giovanni). Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-5323201200020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Hegel, G.W.F. (1977). <i>Phenomenology of Spirit. </i>(Trad. A.V. Miller). Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-5323201200020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hegel, G.W.F. (1969). <i>Ph&atilde;nomenologie des Geistes. </i>Moldenhauer, E and Michel, K.M. (Eds.) <i>Werke in zwanzig B&atilde;nden. </i>Vol. 3. Frankfurt am Main: Suhrkamp Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-5323201200020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hegel, G.W.F. (1969a). <i>Wissenschaft der Logik. </i>Eva Moldenhauer, E and K.M. Michel (Ed.) <i>Werke in zwanzig B&atilde;nden. </i>Vol. 6. Frankfurt am Main: Suhrkamp Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-5323201200020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Houlgate, S. (2006). Time for Hegel. <i>Bulletin of the Hegel Society of Great Britain </i>53/4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-5323201200020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Neuhouser, F. (2009). Desire, Recognition, and the Relation Between Bondsman and Lord. <i>Blackwell Guide to Hegel's </i>Phenomenology of Spirit. Merold Westphal (Ed.). London: Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-5323201200020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Nuzzo, A. (2010a). <i>Hegel and the Analytic Tradition. </i>London: Continuum.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-5323201200020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Nuzzo, A. (2010b). Memory, History, and Justice in Hegel's System. <i>Graduate Faculty Philosophy Journal </i>31:2 (pp. 349-389).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-5323201200020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Nuzzo, A. (2008). History and Memory in Hegel's. <i>Phenomenology, Graduate Faculty Philosophy Journal </i>29:1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-5323201200020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pinkard, T. (2002). <i>German Philosophy 1760-1860: The Legacy of Idealism. </i>Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-5323201200020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pippin, R. (2008). The 'Logic of Experience' as 'Absolute Knowledge'. <i>Hegel's Phenomenology of Spirit: A Critical Guide. </i>Dean Moyar and Michael Quante (Eds). Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-5323201200020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Pippin, R. (1997). <i>Idealism as Modernism: Hegelian Variations. </i>Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-5323201200020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Redding, P. (2007). <i>Analytic Philosophy and the Return of Hegelian Thought. </i>Cambridge: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-5323201200020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rockmore, T. (2005). <i>Hegel, Idealism, and Analytic Philosophy. </i>New Haven: Yale University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-5323201200020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Schutte, O. (1993). <i>Cultural Identity and Social Liberation in Latin American Thought. </i>Albany: SUNY Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-5323201200020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Stern, R. (2009). <i>Hegelian Metaphysics. </i>Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-5323201200020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Suares, P. (2010). <i>The Kyoto School's Takeover of Hegel: Nishida, Nishitani, and Tanabe Remake the Philosophy ofSpirit. </i>Lanham, MD: Lexington Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-5323201200020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Zambrana, R. (2010). Hegel's Hyperbolic Formalism. <i>Bulletin of the Hegel Society of Great Britain </i>61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-5323201200020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>&#142;i&#158;ek, S. (2011). <i>Hegel and the Infinite: Religion, Politics and Dialectic, </i>Preface. &#142;i&#158;ek, S., Crockett, C. and Davis, C. (Eds.). New York: Columbia University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-5323201200020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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<surname><![CDATA[&#381;i&#382;ek]]></surname>
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