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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="3"><b>FENOMENOLOG&Iacute;A, CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES</b></font></p>     <p align="center">Guillermo Hoyos V&aacute;squez</p>     <p>Cumplido ya un mes de la desaparici&oacute;n de Guillermo Hoyos V&aacute;squez, la Facultad de Filosof&iacute;a rindi&oacute; sentido homenaje a su vida y obra en la muy concurrida <i>Lectio Inauguralis </i>del primer semestre acad&eacute;mico de 2013. Presentamos dos obituarios del Maestro escritos por Adriana Mar&iacute;a Urrea Restrepo y &Aacute;ngela Calvo de Saavedra para otros medios impresos, y que fueron le&iacute;dos en la <i>Lectio </i>antes de la proyecci&oacute;n del video de la &uacute;ltima conferencia que dictara Guillermo en Manizales, cuyo texto tambi&eacute;n entregamos aqu&iacute;.</p>     <p><font size="3"><b><i>Obituario<sup><a name="s1" href="#1">1</a></sup></i></b></font></p>     <p>Ocurren encuentros que marcan la vida de una persona de manera definitiva. Son escasos y, por ende, excepcionales. Dejan una huella honda sobre la que han de encontrar un lugar las experiencias y encuentros por venir, e incluso los anteriores. Ahondan un camino emprendido o lo desv&iacute;an para siempre. Que Guillermo Hoyos V&aacute;squez haya sido, para una multitud de hombres y mujeres en Colombia, uno de estos seres excepcionales que signan vidas, dan testimonio los homenajes p&uacute;blicos de que fue objeto por parte de estudiantes antiguos y recientes, y colegas de la Universidad del Norte (2008) y de veintisiete universidades y ocho entidades (2010) de este pa&iacute;s. En noviembre de 2012, apenas dos meses antes de su muerte y despu&eacute;s de cuarenta a&ntilde;os de magisterio, el Ministerio de Educaci&oacute;n de Colombia le otorg&oacute; la condecoraci&oacute;n <i>Sim&oacute;n Bol&iacute;var - Orden Gran Maestro. </i>Reconoc&iacute;a, quiz&aacute;s que, para este fil&oacute;sofo, la actividad pedag&oacute;gica constituy&oacute; la responsabilidad pol&iacute;tica por excelencia. Aquella que educa en valores, y no s&oacute;lo en normas, para la ciudadan&iacute;a.</p>     <p>Oriundo de Medell&iacute;n, a su regreso de Alemania, tras haberse graduado como te&oacute;logo en la Universidad <i>Sankt Georgen Graduate Shool ofPhilosophy </i>(Francfort) y haber culminado con honores su doctorado en filosof&iacute;a en la</p>     <p>Universidad de Colonia, sobre el pensamiento de Edmund Husserl, hizo de Bogot&aacute; su sede de trabajo: Universidad Javeriana y Universidad Nacional de Colombia, de la que fue profesor em&eacute;rito, y a la que siempre reconoci&oacute; como la mejor universidad del pa&iacute;s. Al jubilarse de esta instituci&oacute;n en el a&ntilde;o 2000, retorn&oacute;, invitado por el entonces rector de la Universidad Javeriana, el padre Gerardo Remolina, S.J., para asumir las riendas del Instituto de Estudios Sociales y Culturales Pensar. Desde all&iacute; impuls&oacute; lo que &eacute;l consideraba el <i>ethos </i>universitario: tender un puente din&aacute;mico entre universidad y la sociedad a la que pertenece, sin el cual el sentido del quehacer universitario termina por regirse por el principio de la competitividad y no por el de cooperaci&oacute;n; por el de la reflexi&oacute;n ensimismada y no por el de la comunicaci&oacute;n. Retomando una propuesta del fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol Reyes Mate, dirigi&oacute; entonces este instituto bajo el principio de <i>pensar en p&uacute;blico </i>desde y para propiciar la diferencia y la cr&iacute;tica. Y, tambi&eacute;n, desde la idea de <i>pensar en espa&ntilde;ol, </i>es decir, pensar el presente en una lengua que permita comprender la compleja historia com&uacute;n de vencedores y vencidos en Am&eacute;rica Latina. Con ello fue, por una parte, leal al proyecto: <i>Enciclopedia Iberoamericana de Filosof&iacute;a, </i>que fund&oacute; a principios de la d&eacute;cada de los noventa con Javier Muguerza y Reyes Mate. Por otra, afirmaba su idea de que el fil&oacute;sofo como pol&iacute;glota es el llamado, m&aacute;s que cualquier otro, a hacer memoria y a pensar las consecuencias del principio de analog&iacute;a: somos diferentes y semejantes en la diferencia.</p>     <p>Su convicci&oacute;n en las palabras como armas por excelencia para encontrar salidas a los siempre existentes conflictos en la sociedad, hizo que afinara una escucha atenta y respetuosa ante la voz del estudiante m&aacute;s ingenuo, del maestro de escuela, del funcionario p&uacute;blico o del colega m&aacute;s arrogante, y los reconociera a todos como interlocutores v&aacute;lidos en sus clases de educaci&oacute;n formal o informal, o en las innumerables conferencias que dict&oacute; a lo largo de su vida. Siempre, eso s&iacute;, exigiendo llevar esta acci&oacute;n comunicacional al terreno de la argumentaci&oacute;n, sin temor alguno a las disonancias y las disidencias que en &eacute;l pudieran surgir. Al contrario, consideraba que las confrontaciones entre antagonistas propiciaban la configuraci&oacute;n de las propuestas que el fil&oacute;sofo puede lanzar a la sociedad para remover las estructuras que conllevan injusticia, inequidad y discriminaciones, todas caldos de cultivo de una guerra perpetua.</p>     <p>El pensar de Guillermo Hoyos V&aacute;squez, el fil&oacute;sofo m&aacute;s importante en Colombia en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, como ya ha afirmado el profesor Oscar Mej&iacute;a, buscaba abrir desde la argumentaci&oacute;n los espacios pol&iacute;ticos y sociales, confinados por lo que el llamaba el mito de la ciencia, tecnolog&iacute;a e innovaci&oacute;n, la productividad y la eficacia, a un empobrecimiento de las dimensiones humanas. En su adolescencia, se interes&oacute; en la f&iacute;sica; fue luego profesor de esta disciplina para estudiantes de bachillerato, en su &eacute;poca de jesuita. Como profesor universitario, ya ubicado en el &aacute;mbito de la filosof&iacute;a, gracias a las ense&ntilde;anzas de su maestro Landgrebe, con quien ley&oacute; a Husserl, y a su encuentro con Habermas, tutelar en su vida filos&oacute;fica, Rawls y, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os Derrida, por mencionar los m&aacute;s persistentes en su insaciable curiosidad, no olvid&oacute; que hab&iacute;a sido educado bajo los preceptos de Horacio y su <i>aurea mediocritas: </i>&quot;M&aacute;s rectamente vivir&aacute;s, Licinio, / si no navegas siempre por alta mar, / ni, mientras cauto temes las tormentas, / costeas el abrupto litoral. / Todo el que ama una &aacute;urea median&iacute;a carece, libre de temor, de la miseria de un techo vulgar; carece tambi&eacute;n, / sobrio, de un palacio envidiable.&quot;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute;, no cej&oacute; de advertir a las universidades que la sociedad no s&oacute;lo requiere investigadores sino, por sobre todo, ciudadanos deliberativos, comprometidos con la reciprocidad y la solidaridad. De acuerdo con el profesor de la universidad de Durham, Richard Smith, en su art&iacute;culo: &quot;Abstracci&oacute;n y finitud. Educaci&oacute;n, azar y democracia&quot;<sup><a name="s2" href="#2">2</a></sup>, Guillermo Hoyos V&aacute;squez propone una educaci&oacute;n que le permita a los miembros de una sociedad &quot;moverse en las encrucijadas&quot;, como aquella de perdonar lo imperdonable. Es decir, que forme, como la tragedia griega, para asumir que la contingencia y la finitud son las caracter&iacute;sticas m&aacute;s propias de la condici&oacute;n humana. Una educaci&oacute;n, pues, alejada del ideal de perfecci&oacute;n y que aliente la exposici&oacute;n al mundo de la vida, que &eacute;l asociaba a la sociedad civil entendida como conflicto y no como organizaci&oacute;n.</p>     <p>Guillermo Hoyos V&aacute;squez es desde hace ya casi treinta y tres a&ntilde;os marca indeleble en mi vida. Resuena siempre su viva y potente voz en mi quehacer profesional, en mis roles sociales y en mi tonalidad afectiva. Y veo sus manos que convocaban el pensamiento y el gozo, que afloraba en una sonrisa, cuando reconoc&iacute;a la belleza de una idea filos&oacute;fica. Y, ante todo, llev&oacute; incrustada en m&iacute; la gratuidad con la que &eacute;l y Patricia Santamar&iacute;a, su esposa y c&oacute;mplice incondicional, me acogieron. Gracias.</p>     <p><font size="3"><b><i>Obituario<sup><a name="s3" href="#3">3</a></sup></i></b></font></p>     <p>El 5 de enero de 2013 se apag&oacute; la voz de Guillermo Hoyos V&aacute;squez, ya aquilatado como el pensador colombiano m&aacute;s importante de los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os. Testimonio de la relevancia de esa voz ha sido el polif&oacute;nico y sentido homenaje que, a escasos quince d&iacute;as de su muerte, se le ha rendido tanto en los principales medios p&uacute;blicos del pa&iacute;s y del mundo de habla espa&ntilde;ola, como en innumerables mensajes privados que expresan la profundidad y amplitud de la huella que su pensamiento dejara en las dos &uacute;ltimas generaciones de fil&oacute;sofos, cient&iacute;ficos sociales y educadores nacionales.</p>     <p>Doctor en Filosof&iacute;a y Te&oacute;logo, el hilo que articula su trayectoria intelectual y personal es el del humanista que, con la consigna de <i>pensar en p&uacute;blico, </i>recorri&oacute; las instituciones educativas colombianas y latinoamericanas para dar aliento al proyecto de universidad que retome -a contrapelo de la tendencia dominante de la educaci&oacute;n como productividad y competitividad-el <i>ethos </i>moral &iacute;nsito en la tradici&oacute;n filos&oacute;fica y pedag&oacute;gica, la cooperaci&oacute;n y la solidaridad. Consciente de la importancia de instituciones ancladas en principios de justicia, destac&oacute; siempre c&oacute;mo &eacute;stas, para garantizar una sociedad estable y plural, requieren de actores sociales formados para la ciudadan&iacute;a democr&aacute;tica. Expresi&oacute;n de esa confianza en la formaci&oacute;n es la m&aacute;xima que atraviesa sus m&uacute;ltiples presentaciones p&uacute;blicas y escritos: &quot;La educaci&oacute;n es comunicaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n se constituye en la clave para la formaci&oacute;n humanista de ciudadanos y ciudadanas&quot;.</p>     <p>Su excelsa experiencia formativa, que comenz&oacute; con su pregrado en filosof&iacute;a en la Universidad Javeriana y culmin&oacute; con su doctorado en Colonia, la vivi&oacute; como jesuita en el contexto privilegiado del movimiento estudiantil de mayo del 68 y de los ecos de la transformaci&oacute;n suscitada por el Concilio Vaticano II. Sin duda, ese entorno en el que tuvo la oportunidad de estudiar la tradici&oacute;n filos&oacute;fica con grandes pensadores contempor&aacute;neos, aviv&oacute; su insaciable curiosidad intelectual y gener&oacute; su convicci&oacute;n en el poder de la palabra como art&iacute;fice de la mente y del coraz&oacute;n. A su temprano estudio de los cl&aacute;sicos, se sum&oacute; su encuentro con Kant, Husserl y la Teor&iacute;a Cr&iacute;tica de la Sociedad, en especial, con el ep&iacute;gono de su segunda generaci&oacute;n: J&uuml;rgen Habermas; ellos ser&iacute;an los pilares sobre los cuales edificar&iacute;a su discurso filos&oacute;fico.</p>     <p>Lejos del esp&iacute;ritu de sistema de sus maestros, la originalidad de su esp&iacute;ritu filos&oacute;fico proviene de su concepci&oacute;n del quehacer filos&oacute;fico mismo, entendido como di&aacute;logo orientado, m&aacute;s que a la ex&eacute;gesis minuciosa y solitaria de textos, a plantear preguntas a los autores que los conviertan en cajas de herramientas para pensar las cosas mismas, el presente, el abigarrado mundo de la vida, g&eacute;nesis y horizonte del acontecer de las ideas y de su puesta en escena en el &aacute;mbito educativo. De Kant, hizo suyos dos planteamientos cruciales: primero, la distinci&oacute;n entre el conocer y el pensar, entre el uso te&oacute;rico y el uso pr&aacute;ctico de la raz&oacute;n, entre la ciencia y la moral, la pol&iacute;tica y el derecho, entre el conocimiento de lo que es y el proyecto de lo que debe ser, de tal manera que en su complementariedad se abra la doble imagen de mundo, escenario para la forja y el despliegue del segundo planteamiento: el ideal de la Ilustraci&oacute;n, de la autonom&iacute;a del uso p&uacute;blico de la raz&oacute;n, la vocalidad, la figura por excelencia de la intersubjetividad. De Husserl, sobre cuyo pensamiento versara su tesis doctoral, adopt&oacute; el <i>ethos </i>del fil&oacute;sofo como funcionario de la humanidad, en tanto &eacute;sta y la cultura toda, como camino de libertad, es &quot;cong&eacute;nita con el nacimiento de la filosof&iacute;a&quot;. As&iacute; mismo, descubre en la categor&iacute;a &quot;mundo de la vida&quot; el escenario en el que se articula la polimorfa sociedad civil, el di&aacute;logo abierto de la multiplicidad de perspectivas. La vuelta de la filosof&iacute;a al mundo de la vida significa tanto la conciencia de la contingencia y de la finitud como la rehabilitaci&oacute;n de la <i>Doxa, </i>de la opini&oacute;n precient&iacute;fica, desde la cual cobra sentido toda pretensi&oacute;n de objetividad. De manera m&aacute;s radical, como lo interpreta Habermas en uno de sus escritos m&aacute;s recientes, ese mundo de la vida es la cosa en s&iacute; kantiana, la as&iacute;ntota de aquello que no podemos conocer pero, s&iacute; pensar y construir, en perspectiva comunicacional. Desde el cambio de paradigma instaurado por Habermas, de la filosof&iacute;a de la conciencia a la teor&iacute;a del actuar comunicacional, exprime las simientes kantianas y fenomenol&oacute;gicas de la intersubjetividad -a mi juicio, fortaleciendo su pensamiento m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de sus creadores- para potenciar la fuerza d&eacute;bil de la palabra como art&iacute;fice de la &eacute;tica y la pol&iacute;tica razonable, capaz de beber con entusiasmo de la diferencia y de apostar, m&aacute;s all&aacute; de la tolerancia, por la inclusi&oacute;n plena, por la hospitalidad.</p>     <p>Anclado en estos s&oacute;lidos pilares, el tono original que Guillermo Hoyos imprimi&oacute; a su filosof&iacute;a fue convertirla en una casa de puertas abiertas: lector tan infatigable como riguroso, desarroll&oacute; a la perfecci&oacute;n el m&eacute;todo reconstructivo habermasiano para propiciar di&aacute;logos in&eacute;ditos entre puntos de vista filos&oacute;ficos divergentes e, incluso, habitualmente considerados inconmensurables. Como se puede apreciar en todos y cada uno de sus escritos, su inter&eacute;s no fue nunca la disputa erudita que termina por ser dogm&aacute;tica sino, por el contrario, ir introduciendo nuevos interlocutores en la tarea infinita de pensar las cosas mismas, de encontrar en conversaciones cada vez m&aacute;s inclusivas, claves para contribuir a la construcci&oacute;n de una sociedad razonable. Su agilidad inigualable en pescarse vecindades en la diferencia hac&iacute;a de sus conferencias y seminarios sorprendentes experiencias de interlocuci&oacute;n; adem&aacute;s de hacer sugerente y facilitar el abordaje de fil&oacute;sofos bien complejos, nos ense&ntilde;&oacute; a leer de manera creativa, con el esp&iacute;ritu del detective cuidadoso e imaginativo, capaz de hacer hablar a los datos y a los hechos a la luz de problemas bien planteados. Muchas veces sus estudiantes, fascinados por sus clases, iban a los textos en b&uacute;squeda de ampliar y profundizar lo que hab&iacute;an escuchado y, con cierta desilusi&oacute;n, en la sesi&oacute;n siguiente, manifestaban su desconcierto al no haber encontrado nada semejante a lo que el maestro hab&iacute;a extra&iacute;do de ellos. Su humilde respuesta era autodefinirse como &quot;lector juicioso&quot; pero, en virtud de la experiencia maravillosa de los seminarios que dictamos juntos desde su retorno a la Javeriana en el a&ntilde;o 2000 hasta el semestre pasado en la Maestr&iacute;a en Filosof&iacute;a, me atrevo a afirmar sin asomo de duda lo que muchas veces manifest&eacute; en ese contexto: &eacute;l ten&iacute;a el dominio y la destreza suficientes para &quot;mejorar&quot; el pensamiento de los autores que trabajaba.</p>     <p>Quienes conocimos a Guillermo sabemos que la perspectiva comunicacional del filosofar no fue para &eacute;l prioritariamente un recurso te&oacute;rico: fue su forma de vida. La pasi&oacute;n con la que se dirig&iacute;a a los m&aacute;s diversos p&uacute;blicos, su elocuencia sin par, corresponde a la importancia que le otorgaran los humanistas latinos en la forja de la virtud c&iacute;vica, importancia controvertida en la modernidad, a partir del surgimiento de la ciencia y su af&aacute;n de encontrar el lenguaje preciso, anal&iacute;tico, para denotar el mundo. Este debate entre l&oacute;gica y ret&oacute;rica encontr&oacute; en David Hume una salida brillante al ilustrar, mediante la met&aacute;fora del anatomista y el pintor, dos maneras de hacer filosof&iacute;a moral: la una, orientada a formar el entendimiento; la otra, a motivar desde la sensibilidad, el actuar. Lo original de Hume es pensar en su complementariedad como recurso id&oacute;neo para la verdadera filosof&iacute;a; as&iacute; lo destaca en la <i>Investigaci&oacute;n sobre el entendimiento humano: </i>&quot;&iexcl;Felices de nosotros si podemos unir los l&iacute;mites de las distintas clases de filosof&iacute;a al reconciliar la investigaci&oacute;n profunda con la claridad, la verdad con la novedad! Y &iexcl;a&uacute;n m&aacute;s felices si, razonando de esta manera sencilla, podemos socavar los cimientos de una filosof&iacute;a abstrusa, que hasta ahora parece haber servido nada m&aacute;s que de cobijo para la superstici&oacute;n, el absurdo y el error!&quot;. Me permito traer esta met&aacute;fora humeana no s&oacute;lo porque Hoyos la usara como introducci&oacute;n para su libro: <i>La teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa como nuevo paradigma de la investigaci&oacute;n en ciencias sociales: las ciencias de la discusi&oacute;n<sup><a name="s4" href="#4">4</a></sup>, </i>y yo retomara el tema en mi contribuci&oacute;n al libro homenaje a su vida filos&oacute;fica al cumplir sus 70 a&ntilde;os, obra escrita por sus amigos cercanos europeos y latinoamericanos<sup><a name="s5" href="#5">5</a></sup> sino, sobre todo, porque despu&eacute;s del largo trasegar con Hume para mi tesis doctoral<sup><a name="s6" href="#6">6</a></sup> bajo la direcci&oacute;n de Guillo, cada vez encuentro mayores vecindades entre sus dos proyectos filos&oacute;ficos: hacer filosof&iacute;a p&uacute;blica en el horizonte de la forja de una ciudadan&iacute;a justa y solidaria. Ambos pensadores se comprometieron, como pocos, en buscar en la escritura la mejor correspondencia autor-lector, no en perspectiva de expertos sino de hombres de mundo alentados por el programa de ilustraci&oacute;n de la humanidad, de salida de la barbarie hacia la civilizaci&oacute;n. La preocupaci&oacute;n que los dos llevaron hasta su lecho de muerte fue tener que callar cuando a&uacute;n los hombres y mujeres comunes no hab&iacute;an acabado de asumir el reto de pensar por s&iacute; mismos, de convertirse en interlocutores v&aacute;lidos.</p>     <p>El riesgo del uso p&uacute;blico de la palabra es mucho m&aacute;s que intelectual: es &eacute;tico, en tanto compromete la acci&oacute;n y exige fortaleza de esp&iacute;ritu, un car&aacute;cter generoso, consciente de su val&iacute;a mas no arrogante; tolerante, sensible a las demandas y posibilidades de todo otro; amigo de sus amigos, leal sin condiciones, respetuoso de la diferencia, capaz de mirar con humor y sencillez la propia perspectiva, al saberla contingente y revisable. Si Guillermo Hoyos merece recordarse como el fil&oacute;sofo m&aacute;s importante y el &quot;maestro&quot; colombiano de nuestro tiempo, como ya ha propuesto Oscar Mej&iacute;a Quintana, es preciso acentuar que lo fue porque en &eacute;l se aunaron de manera singular las virtudes intelectuales y morales de alguien que orient&oacute; la vida a la b&uacute;squeda de la sabidur&iacute;a. El sentimiento que en su despedida acompa&ntilde;a la inmensa gratitud por su vida es la nostalgia, esa que Kierkegaard caracterizara como &quot;el dolor que causa la proximidad de lo lejano&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font size="3"><b>FENOMENOLOG&Iacute;A, CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES</b><sup><a name="s7" href="#7">7</a></sup></font></p>     <p align="center">Guillermo Hoyos V&aacute;squez</p>     <p>Somos temporalidad y corporeidad en nuestro existir, presente viviente, contingencia, finitud, acontecer; y, seremos nuestra memoria. Un pasaje de esa memoria es Manizales, con el que quiero comenzar agradeciendo, en tono autobiogr&aacute;fico. A mi regreso de Europa en julio de 1973, doctorado en Filosof&iacute;a con una disertaci&oacute;n: <i>Intencionalidad como responsabilidad. Teleolog&iacute;a de la historia y teleolog&iacute;a de la intencionalidad en Edmund Husserl, </i>escrita bajo la direcci&oacute;n de Ludwig Landgrebe, disc&iacute;pulo de Husserl, y su asistente en compa&ntilde;&iacute;a de Eugen Fink y Mart&iacute;n Heidegger, asum&iacute; mi actividad en la Pontificia Universidad Javeriana y, a&ntilde;o y medio m&aacute;s tarde, en la Universidad Nacional de Colombia. Una de las primeras invitaciones fuera de Bogot&aacute;, el lunes 21 de febrero de 1977, fue la de &Aacute;ngela Mar&iacute;a Botero, Directora de la &quot;Oficina Interuniversitaria de Asuntos Culturales, OIAC&quot;, iniciativa de la Universidad de Caldas y la Facultad de Ingenier&iacute;a de la Universidad Nacional en Manizales. En ese entonces, hab&iacute;a filosof&iacute;a en el sector p&uacute;blico en Colombia s&oacute;lo en la Nacional, en Bogot&aacute;, en la Universidad del Valle y en la Universidad de Caldas. Se trataba de un coloquio sobre filosof&iacute;a moderna, con motivo de los 300 a&ntilde;os de la muerte de Baruch Spinoza, inaugurado precisamente por el entonces Rector de la Universidad de Caldas, Guillermo Arcila, M&eacute;dico-Psicoanalista, humanista de alta formaci&oacute;n, con su Conferencia sobre Spinoza. Participamos, entre otros, Jaime V&eacute;lez Correa, Ram&oacute;n P&eacute;rez Mantilla, Rub&eacute;n Sierra, Carlos Enrique Ruiz, Luciano Mora Osejo y algunos colegas de las universidades de Manizales. Yo habl&eacute; de fenomenolog&iacute;a.</p>     <p>No pasaron muchos a&ntilde;os sin que Manizales volviera a ocupar mi agenda filos&oacute;fica. Rub&eacute;n Sierra, en el Departamento de Filosof&iacute;a de la Nacional, nos entusiasm&oacute; con traer a Manizales la reci&eacute;n creada Maestr&iacute;a en Filosof&iacute;a. Semanalmente, nos turnamos varios profesores para formar en filosof&iacute;a moderna un grupo de veinte colegas de varias universidades del eje cafetero. Recuerdo a todos pero no sus nombres: Carlos Emilio Garc&iacute;a, Patricia Noguera, Martha Cecilia Betancur, Carlos Alberto Ospina, Daniel Meneses, In&eacute;s S&aacute;nchez, Jos&eacute; Clareth Bonilla, Amado Osorio, Alejandro Pati&ntilde;o y Jos&eacute; Jim&eacute;nez... Mis temas en la Maestr&iacute;a: Kant y Husserl.</p>     <p>Inspirado en la fenomenolog&iacute;a y en su relaci&oacute;n con la <i>Dial&eacute;ctica de la Ilustraci&oacute;n </i>en las cr&iacute;ticas al positivismo, present&eacute; en el Foro Nacional de Filosof&iacute;a de Manizales, &quot;El fil&oacute;sofo funcionario de la humanidad&quot;, ponencia que fue publicada en la Revista de la Universidad de Caldas. All&iacute; retomaba tesis del &uacute;ltimo Husserl, especialmente de su <i>Crisis de las ciencias europeas </i>y de su <i>L&oacute;gica formal y trascendental, </i>ideas expuestas en sus Conferencias de Viena y Praga (mayo y noviembre de 1935 respectivamente).</p>     <p>La tesis del fundador de la fenomenolog&iacute;a es enf&aacute;tica: la ciencia moderna ha fracasado en su funci&oacute;n con respecto al hombre y a la sociedad actual. &quot;Ciencias de hechos&quot;, afirma, producen &quot;meros hombres de hechos&quot; (Husserl, 1934-1937: 4). En el momento que las ciencias no superan el nivel de la mera facticidad se llega a pensar que su autor, el hombre, no tiene tampoco que superar este nivel: a ello ha contribuido no poco cierta concepci&oacute;n de las ciencias sociales seg&uacute;n la cual, su objeto, el hombre y sus relaciones sociales, puede llegar a ser comprendido gracias a elementos te&oacute;rico-metodol&oacute;gicos que no trascienden lo descriptivo y lo meramente funcional.</p>     <p>Ahora bien, frente a la funcionalidad f&aacute;ctica y t&eacute;cnica de las instituciones dentro del sistema de administraci&oacute;n total que caracteriza nuestra sociedad, y frente a la ideolog&iacute;a de rendimiento y eficiencia -Husserl habla de <i>Prosperity-</i>(Husserl, 1934-1937: 5) que determina la actividad pretendidamente te&oacute;rica, se plantea la necesidad de alternativas radicales tanto a nivel pol&iacute;tico como a nivel de la producci&oacute;n cient&iacute;fica. Recu&eacute;rdese que tambi&eacute;n Husserl habla de alternativas radicales ante la situaci&oacute;n de crisis y de barbarie. (Husserl, 1934-1937: 347). Pero, las alternativas abortan las m&aacute;s de las veces por no analizar detenidamente el sentido de la crisis: se piensa que las alternativas se deben buscar en un obrar estrat&eacute;gico o t&aacute;ctico, meramente pragm&aacute;tico.</p>     <p>Es notable la alusi&oacute;n que hace Husserl en Praga al impacto de esta crisis de la ciencia en la educaci&oacute;n, la cual, despojada de los valores propios de la Ilustraci&oacute;n, prepara generaciones a las que nada les dir&aacute; la coral de Schiller y Bethoven, culturas lejanas de lo est&eacute;tico po&eacute;tico. La coral fue dirigida por Leonhard Bernstein, poco antes de morir, un mes despu&eacute;s de tumbado el muro frente a la puerta de Brandenburgo con mil voces juveniles de toda Europa; y, se cant&oacute; no: <i>Freude Freude, </i>alegr&iacute;a alegr&iacute;a, sino <i>Friede Friede: </i>paz paz.</p>     <p>Para el fenomen&oacute;logo, la crisis es <i>Lebensweltvergessenheit, </i>olvido del mundo de la vida y de la subjetividad, es decir, de la imaginaci&oacute;n, la sensibilidad, la raz&oacute;n y la reflexi&oacute;n, frente al &eacute;xito del objetivismo de las ciencias en su apropiaci&oacute;n de la naturaleza y frente al sistema de administraci&oacute;n total. &iquest;Pero no es esto un racionalismo redivivo? Husserl sabe que tales objeciones toman todo su poder sugestivo de los prejuicios de moda y de la fraseolog&iacute;a con que se adornan. Lo aqu&iacute; expuesto -dice en Viena- &iquest;no ser&iacute;a una tentativa, de muy mal gusto, de salvar el honor del racionalismo, de la 'ilustracionitis' <i>(Aujklarerei) </i>de todo ese intelectualismo que se pierde en teor&iacute;as al margen de lo real, con sus inevitables desastrosas consecuencias, la man&iacute;a de la cultura vac&iacute;a, el esnobismo intelectual? &iquest;Es querer volver otra vez a esa fatal ilusi&oacute;n seg&uacute;n la cual la teor&iacute;a hace al hombre sabio y est&aacute; llamada a crear una humanidad aut&eacute;ntica, pac&iacute;fica y a la vez due&ntilde;a de su destino? (Husserl, 1934-1937: 337-338).</p>     <p>La respuesta de Husserl es taxativa: &quot;Creo en la forma m&aacute;s absoluta que yo, el pretendido reaccionario, soy ampliamente m&aacute;s radical y m&aacute;s revolucionario que quienes en la hora actual se pavonean, de labios para afuera, de radicales&quot; (E. Husserl, 1934-1937: 337-338).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&Eacute;sta es mi cr&iacute;tica de entonces al positivismo cient&iacute;fico, muy cercana, por supuesto, a la <i>Dial&eacute;ctica de la Ilustraci&oacute;n. </i>Para los padres de la teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad, la ilustraci&oacute;n prometi&oacute; emancipaci&oacute;n y, al encomendarla s&oacute;lo a la raz&oacute;n, no tuvo en cuenta que la raz&oacute;n instrumental y estrat&eacute;gica podr&iacute;a convertir modernidad en modernizaci&oacute;n, emancipaci&oacute;n en autorregulaci&oacute;n y mero autosostenimiento y autorreproducci&oacute;n. Un texto que retomaba las relaciones entre fenomenolog&iacute;a y teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad para interpretar la crisis social de Colombia fue valorado como no pertinente para un libro sobre el tema. Espero que haya sido rechazado por impertinente. Para Horkheimer, la filosof&iacute;a cuanto m&aacute;s in&uacute;til tanto m&aacute;s filosof&iacute;a.</p>     <blockquote> 	    <p>Entonces, hoy podr&iacute;a comenzar de nuevo, en Manizales: &quot;como dec&iacute;amos ayer&quot;...    <br>&quot;Die 	<i>Idee der Wissenschaft ist Forschung, die der Philosophie ist Deutung&quot;;    <br> 	</i>&quot;La idea de la ciencia es investigaci&oacute;n, la de la filosof&iacute;a, interpretaci&oacute;n&quot; (Adorno, 1991: 82).</p> </blockquote>     <p>Adorno quiere mostrar c&oacute;mo la filosof&iacute;a ya no tiene por qu&eacute; ocuparse de la totalidad; &eacute;sta debe ser fraccionada y, luego, si se insiste en ello, ser reconstruida como quien recompone un rompecabezas. Ni siquiera, la fenomenolog&iacute;a, desde una renovada subjetividad trascendental en el mundo de la vida, ni como ontolog&iacute;a fundamental, ni como fenomenolog&iacute;a material de los valores. Hay que partir de la relaci&oacute;n entre ciencias y filosof&iacute;a, lo que no es lo mismo que filosof&iacute;a de las ciencias. &Eacute;l explicaba la afirmaci&oacute;n que hemos puesto de ep&iacute;grafe en di&aacute;logo con Heidegger refiri&eacute;ndose a la casa del ser en la que se nos abre la verdad del ser:</p>     <blockquote> 	    <p>Uno de los fil&oacute;sofos acad&eacute;micos con mayor influencia en la actualidad habr&iacute;a respondido a la pregunta por las relaciones entre sociolog&iacute;a y filosof&iacute;a m&aacute;s o menos lo siguiente: mientras el fil&oacute;sofo, a semejanza de un arquitecto, ofrece y desarrolla el proyecto de una casa, el soci&oacute;logo ser&iacute;a el que escala las fachadas, el que por fuera trepa y saca todo lo que est&eacute; a su alcance. Me inclinar&iacute;a a aceptar la comparaci&oacute;n y a desarrollarla en beneficio de las funciones de la sociolog&iacute;a respecto a la filosof&iacute;a. Pues la casa, esa gran casa, hace tiempo que est&aacute; a punto de desplomarse desde sus mismos cimientos amenazando no s&oacute;lo con aplastar a todos los que se encuentran en ella, sino tambi&eacute;n con hacer que se pierdan todas las cosas que all&iacute; se custodian, algunas de las cuales son insustituibles. Si ese escalador de fachadas roba algunas de esas cosas a menudo semiolvidadas, har&aacute; un buen trabajo, en la medida en que as&iacute; las pondr&aacute; a salvo; dif&iacute;cilmente, las retendr&aacute; en su poder mucho tiempo, pues a &eacute;l le resultan de poco valor. Claro que el reconocimiento de la sociolog&iacute;a por parte de la interpretaci&oacute;n filos&oacute;fica precisa de alguna restricci&oacute;n. Para la filosof&iacute;a interpretativa, se trata de construir alguna clave que haga abrirse de golpe a la realidad. En cuanto al tama&ntilde;o de esas categor&iacute;as clave, la cosa est&aacute; planteada de una forma muy peculiar. El antiguo idealismo eligi&oacute; unas demasiado grandes; as&iacute; que no entraban de ninguna manera en el ojo de la cerradura. El puro sociologismo filos&oacute;fico las elige demasiado peque&ntilde;as; entrar, entran, pero la puerta no se abre. Una gran parte de los soci&oacute;logos lleva tan lejos el nominalismo que los conceptos se vuelven demasiado peque&ntilde;os para organizar los dem&aacute;s a su alrededor, para formar una constelaci&oacute;n con ellos. S&oacute;lo dejan tras de s&iacute; un sistema inabarcable e inconsecuente de meras definiciones del tipo &laquo;esto-ah&iacute;&raquo;, que se burla de toda organizaci&oacute;n y que no arroja como resultado ninguna clase de criterio (Adorno, 1991: 82).</p> </blockquote>     <p>Por mi parte, hoy pretendo ver si la fenomenolog&iacute;a ayuda a dar todav&iacute;a raz&oacute;n de una concepci&oacute;n amplia de los saberes, no restringida por las ciencias emp&iacute;rico anal&iacute;ticas, ni por su metodolog&iacute;a. No bastar&iacute;a, entonces, con criticar el positivismo en sus diversas formas, sino que ser&iacute;a necesario mostrar c&oacute;mo la fenomenolog&iacute;a puede hoy abrirnos a y abrir las humanidades y las ciencias sociales en ese di&aacute;logo de saberes que pudiera responder a las preguntas de Kant con respecto al hombre: lo que podemos conocer, lo que debemos hacer y lo que nos es permitido esperar.</p>     <p>Parto de la sospecha expresada por Paul Ricoeur en su trabajo para los <i>Estudios Kantianos, </i>en 1954, sobre &quot;Kant y Husserl&quot;, en el sentido de que, en especial, el primer Husserl estuvo m&aacute;s cerca del neokantismo que de Kant mismo: &quot;Husserl, como los neokantianos, ha perdido la dimensi&oacute;n ontol&oacute;gica del fen&oacute;meno y al mismo tiempo ha perdido la posibilidad de una meditaci&oacute;n sobre los l&iacute;mites y el fundamento de lo fenom&eacute;nico&quot; (Ricoeur, 2004: 296).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con esto, quieren indicar Ricoeur y otros cr&iacute;ticos, que la fenomenolog&iacute;a de Husserl no logra superar el sentido metodol&oacute;gico de la descripci&oacute;n de los fen&oacute;menos en los que se me da el mundo y en las modalidades en las que se me da, sin profundizar en la dimensi&oacute;n ontol&oacute;gica de los mismos, expresada por Kant en su doctrina de la &quot;cosa en s&iacute;&quot;, de lo noum&eacute;nico, de la distinci&oacute;n entre el conocer y el pensar. Esta sospecha viene confirmada por el privilegio que confiere Husserl en sus an&aacute;lisis al sentido del <i>percibir, </i>del <i>fassen, </i>en el que se me dan los fen&oacute;menos, algo motivado, ciertamente, por la problem&aacute;tica del psicologismo y el escepticismo que enfrenta la fenomenolog&iacute;a en sus primeros a&ntilde;os. Se trata de mostrar el sentido y la validez (verdad) del conocimiento objetivo. A este tipo de conocimiento tambi&eacute;n pertenecen las &quot;ciencias del esp&iacute;ritu&quot;, llamadas as&iacute; en esos a&ntilde;os, a las que Husserl dedica sus <i>Ideas II, </i>y aunque all&iacute; conoce ya la motivaci&oacute;n, y la distingue de la causalidad, como fen&oacute;meno a la base de los objetos de las ciencias sociales y humanas, su especificidad y su relaci&oacute;n con la libertad y la moral no se desarrollan suficientemente.</p>     <p>Podr&iacute;amos decir que en la primera fase de la fenomenolog&iacute;a, hasta el descubrimiento del mundo de la vida a mediados de los a&ntilde;os 20, el inter&eacute;s epistemol&oacute;gico de Husserl, tambi&eacute;n presente en sus lecciones de &eacute;tica hasta esos a&ntilde;os, le impide la tematizaci&oacute;n de las dimensiones pr&aacute;ctica y est&eacute;tica del ser humano, condicionadas de todas formas por un darse el mundo intersubjetivamente y, tambi&eacute;n, m&iacute;tica, po&eacute;tica, religiosa (trascendentemente).</p>     <p>Husserl mismo confirma este sesgo epistemol&oacute;gico al aludir al sentido de cultura de Schiller:</p>     <blockquote> 	    <p>El desarrollo de la <i>teor&iacute;a universal de la ciencia </i>(teor&iacute;a de la raz&oacute;n y l&oacute;gica) es un &oacute;rgano y a la par una etapa del desarrollo de la humanidad hacia su autorrealizaci&oacute;n superior; y, por otra parte, la teor&iacute;a de la ciencia es, como la propia ciencia estricta que ella origina, una pieza fundamental de toda cultura superior en un sentido objetivo, en el sentido del universo de valores espirituales objetivos que se construyen como correlatos del desarrollo de la raz&oacute;n en la humanidad. En raz&oacute;n de esta sobresaliente funci&oacute;n culturizadora, corresponde a la doctrina de la ciencia y a la propia ciencia universal una posici&oacute;n sobresaliente frente al dominio cultural del arte; de suerte que la atribuci&oacute;n al arte por principio de una funci&oacute;n an&aacute;loga a la de la ciencia (como Schiller lo intent&oacute;, Cartas para la educaci&oacute;n est&eacute;tica del hombre), es cosa que no puede probarse en absoluto. (Husserl, 2002: 62)</p> </blockquote>     <p>Volvemos, entonces, a Ricoeur quien, en una especie de salto mortal, nos muestra c&oacute;mo Kant, a partir de su doctrina de la &quot;cosa en s&iacute;&quot; y de su distinci&oacute;n entre el conocer y el pensar <i>(erkennen und denken), </i>constituye el &aacute;mbito de la libertad y la moral, diferente del propio del conocimiento cient&iacute;fico, gracias al imperativo categ&oacute;rico, como la necesidad de obrar por respeto a la ley: &quot;Obra s&oacute;lo de tal forma que no te sirvas de la humanidad ni en tu persona, ni en la de ning&uacute;n otro, nunca s&oacute;lo como medio, sino siempre tambi&eacute;n como fin&quot; (Kant, 1994: A429). Para Ricoeur, la intersubjetividad tiene su especificidad en el mundo de la moral y la libertad. El acudir al imperativo categ&oacute;rico, especialmente a la segunda formulaci&oacute;n del hombre siempre como fin y nunca s&oacute;lo c&oacute;mo medio es correcto, pero s&oacute;lo una vez descubierto el hombre moral. Husserl no lo hace porque est&aacute; obsesionado por la objetividad de la &eacute;tica a partir de procesos cognitivos en un sujeto trascendental. En otros lugares he insistido en el fracaso de Husserl por constituir la intersubjetidad.</p>     <p>Precisamente, este fracaso es el que nos llev&oacute; a inspirarnos en P. F. Strawson (1974) y la interpretaci&oacute;n de Habermas y Tugendhat de su doctrina de los sentimientos morales, para hablar de una fenomenolog&iacute;a de la sensibilidad moral y proponer una &eacute;tica fenomenol&oacute;gica, a la base de una fenomenolog&iacute;a del mundo social, contradistinta de la que se ocupa del mundo objetivo de las ciencias, en especial, del de las ciencias sociales positivizadas y funcionalistas.</p>     <p>El mismo Husserl, ante la positivizaci&oacute;n de las ciencias tanto de la naturaleza como del esp&iacute;ritu, insiste en su Conferencia de Viena (mayo de 1935), en volver al mundo de la vida para no olvidar la subjetividad, y en su Conferencia de Praga (noviembre de 1935) propone que la fenomenolog&iacute;a trascendental y la psicolog&iacute;a de inspiraci&oacute;n en Hume, en lugar de distanciarse, se hermanen para que el mundo de la vida se exprese tambi&eacute;n en t&eacute;rminos de sentimientos morales y la psicolog&iacute;a no sea mera ciencia emp&iacute;rica positiva.</p>     <p>El asunto, entonces, es bien sencillo: se trata de analizar en plena actitud fenomenol&oacute;gica la forma como se me da la moral en la sociedad: en sentimientos morales que expresan nuestra sensibilidad moral, sentimientos que son vivencias, pero distintas de las vivencias cognitivas que son las privilegiadas por Husserl. Estos son, por ejemplo, los sentimientos de resentimiento cuando me ofendes de tal forma que creo que no hay raz&oacute;n para que hagas lo que hagas conmigo; el sentimiento de culpa analiza, al contrario, mi capacidad de reconocer que me equivoqu&eacute; en mi comportamiento con respecto al otro que, con toda raz&oacute;n, se resiente por mi acci&oacute;n. Finalmente, el sentimiento de indignaci&oacute;n -hoy, en el ambiente de las democracias, fetiche-, se me da ante la ofensa de un tercero a otro tercero. En rigor, yo no tengo que ver nada con lo que entre ellos suceda, pero que, por ejemplo, una masacre, una violaci&oacute;n, la injusticia y la desigualdad, sin involucrarme directamente a m&iacute;, me irriten, parece confirmarme la idea de que en el ser humano habita un sentimiento de humanidad (Hume), debido a su ser gen&eacute;rico (Marx).</p>     <p>A partir de los sentimientos morales, de la sensibilidad moral, podemos construir sistem&aacute;ticamente las ciencias sociales en su especificidad, puesto que su tema es, entonces, la sociedad conformada por personas que se van constituyendo a diario en su &quot;insociable sociabilidad&quot; como sujetos morales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No negamos que Husserl conociera esta posibilidad. De hecho, &eacute;l se acerca a ella desde la psicolog&iacute;a. A &eacute;sta la designa como el campo de las decisiones&quot; <i>(Das Feld der Entscheidungen), </i>por cuanto es en el an&aacute;lisis de la conciencia donde encuentra el objeto de toda psicolog&iacute;a. Es m&aacute;s, Husserl comienza por la psicolog&iacute;a viniendo de la matem&aacute;tica: el n&uacute;mero viene del numerar, en la conciencia intencional, el c&aacute;lculo del calcular, la integral del integrar, la operaci&oacute;n matem&aacute;tica del operar con entidades formales. En esta etapa, Husserl interpreta las operaciones psicol&oacute;gicas como s&oacute;lo emp&iacute;ricas y de aqu&iacute; su cr&iacute;tica de entonces, en <i>La filosofia de la aritm&eacute;tica, </i>al antipsicologismo de Gottlob Frege, de la cual se retractar&aacute; significativamente en los <i>Proleg&oacute;menos a una l&oacute;gica pura </i>en su obra fundadora de la fenomenolog&iacute;a: <i>Investigaciones l&oacute;gicas, </i>de 1900.</p>     <p>La psicolog&iacute;a sigue siendo el campo de las decisiones porque es en la conciencia del fenomen&oacute;logo donde tienen lugar las vivencias, en el caso de las relaciones sociales, los sentimientos. Por ello, no es de extra&ntilde;ar que Husserl, al final de su obra, dedique reflexiones significativas a las relaciones entre fenomenolog&iacute;a y psicolog&iacute;a, como el apartado B de la tercera parte de la <i>Crisis </i>titulado: &quot;El camino hacia la filosof&iacute;a trascendental desde la psicolog&iacute;a&quot; (Husserl, 1934-1937: 194 ss.) y, en especial, sus conferencias de Praga de fines de 1935. En <i>Crisis, </i>antes de entrar a tematizar el sentido de una ontolog&iacute;a del mundo de la vida a la base de las ciencias, tanto de las naturales como de las sociales, en debate con el sentido de mundo de Kant y el de Hume, cuyo fundamental escrito para esta tem&aacute;tica <i>&quot;Treatise'&quot; </i>no conoci&oacute; el autor de las <i>Cr&iacute;ticas, </i>toma partido por el empirista al constatar que en la conciencia acontecen como ficci&oacute;n, si no se tiene en cuenta el sentido de intencionalidad, &quot;raz&oacute;n, conocimiento, tambi&eacute;n los valores verdaderos de los verdaderos ideales de cada quien, tambi&eacute;n los de toda clase de <i>&eacute;tica&quot; </i>(Husserl, 1934-1937: 90). Hay quienes, sin embargo, todav&iacute;a hoy confunden &eacute;tica con <i>consolatio animoe </i>y descalifican la reflexi&oacute;n sobre el positivismo como nostalgia piadosa.</p>     <p>Nada extra&ntilde;o, entonces, que sus Conferencias de Praga lleven como t&iacute;tulo: &quot;La sicolog&iacute;a en la crisis de la ciencia europea&quot;. En ellas, estampa t&eacute;rminos de cr&iacute;tica al positivismo que hemos recogido antes y figuran tambi&eacute;n en la Introducci&oacute;n al libro <i>Crisis, </i>cuya s&iacute;ntesis podr&iacute;a rezar: &quot;el positivismo decapita, por as&iacute; decir, la filosof&iacute;a&quot; (Husserl, 1934-1937: 90). Al final de las Conferencias, Husserl, en di&aacute;logo con su disc&iacute;pulo Fink, hace la siguiente propuesta revolucionaria, tanto para las ciencias sociales representadas aqu&iacute; por la sicolog&iacute;a (y por la antropolog&iacute;a como lo indicar&aacute; Husserl), como sobre todo, para la fenomenolog&iacute;a trascendental: el problema de ambas en la historia de la modernidad ha sido que se han separado cada vez m&aacute;s. La una, en su forma emp&iacute;rica cient&iacute;fica y, la otra, como subjetividad trascendental. Lo que corresponde es que se unan cada vez m&aacute;s, que se hermanen, de suerte que la sicolog&iacute;a reconozca que lo que se me da fenom&eacute;nicamente no son meros datos, sino vivencias de sentimientos din&aacute;micos en los que se manifiesta, como lo hemos insinuado antes, la insociable sociabilidad del hombre. As&iacute; lo expresa Husserl en esta larga cita:</p>     <blockquote> 	    <p>La crisis de las ciencias tiene su fundamento en una crisis del autocomprenderse del hombre. La superaci&oacute;n de esta crisis s&oacute;lo puede lograrse si se llega m&aacute;s profundamente en la autocomprensi&oacute;n del hombre. La visi&oacute;n general hist&oacute;rica que procuramos dar en nuestra conferencia se ocupaba nada menos que de la historia de los dos caminos, en los cuales han luchado los pensadores representativos desde Descartes tratando de encontrar la autocomprensi&oacute;n del hombre. Hab&iacute;a que mostrar, por tanto, c&oacute;mo en la especulaci&oacute;n trascendental puja por expresarse un saber oscuro y pleno de sugerencias en torno a una profundidad de la vida del sujeto, que nunca puede ser puesta totalmente al descubierto en actitud objetiva; su liberaci&oacute;n ten&iacute;a que fracasar por falta de un m&eacute;todo anal&iacute;tico; adem&aacute;s hab&iacute;a que mostrar c&oacute;mo, por otro lado, la sicolog&iacute;a no pod&iacute;a llegar a su tema, la esencia propia de lo an&iacute;mico, mientras permanec&iacute;a en la proscripci&oacute;n de la actitud objetivista y en la fascinaci&oacute;n met&oacute;dica por el modelo de la ciencia natural. Y sobre todo se trataba de presentar la demostraci&oacute;n de ese ins&oacute;lito engatillamiento, a saber, del fracaso final de la filosof&iacute;a trascendental con el fracaso de la sicolog&iacute;a, no porque hubieran estado unidas y hubieran as&iacute; corrido con la misma suerte, sino precisamente porque permanecieron separadas. Con esta intelecci&oacute;n se nos ha presentado 	<i>eo ipso </i>la tarea de liberar a la psicolog&iacute;a de la proscripci&oacute;n del objetivismo naturalista y de poner en marcha la filosof&iacute;a trascendental en el m&eacute;todo anal&iacute;tico de las preguntas concretas y de la exposici&oacute;n de la subjetividad, tal como debe ser conformada primero por una psicolog&iacute;a reformada (Husserl, 1934-1937: 138).</p> </blockquote>     <p>Esto permite, entonces, a Fink y Husserl terminar, despu&eacute;s de aludir expresamente a Hume, en el sentido de la Conclusi&oacute;n de Kant a la <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica, </i>admirando la condici&oacute;n humana:</p>     <blockquote> 	    <p>El universo en la enormidad de la extensi&oacute;n de su espacio con millones de estrellas, entre las cuales persiste un ser diminuto insignificante; este universo inmenso en cuya infinitud el hombre est&aacute; amenazado con desaparecer, no es m&aacute;s que una producci&oacute;n de sentido, una formaci&oacute;n de validez en la vida del hombre, a saber en las profundidades de su vida trascendental. Y as&iacute; puede ahora la fenomenolog&iacute;a pronunciar el nuevo saber, el saber trascendental sobre el hombre con la antigua expresi&oacute;n orgullosa: &#940;&#957;&#952;&#961;&#969;&#960;&#959;&#962; &#956;&#941;&#964;&#961;&#959;&#957; &#960;&#940;&#957;&#964;&#969;&#957;, el hombre es la medida de todas las cosas. (Husserl, 1934-1937: 139.)</p> </blockquote>     <p>Podemos concluir, entonces, que la fenomenolog&iacute;a me permite comprender el sentido de validez de las ciencias duras y de las ciencias sociales positivas a partir de una ontolog&iacute;a del mundo de la vida, como la propone <i>in extenso </i>Husserl en la tercera parte de la <i>Crisis. </i>El compromiso de la fenomenolog&iacute;a en sus primeros a&ntilde;os con la cr&iacute;tica al psicologismo y al escepticismo no le permite tematizar los sentimientos como se me dan y, por tanto, no puede ocuparse de las ciencias sociales cr&iacute;ticas no naturalistas ni positivistas, basadas, en &uacute;ltimas, en el enigma de la subjetividad (das <i>Ratsel der Subjektivitat), </i>que no es otro que el de la insociable sociabilidad, es decir, el de la intersubjetividad como realidad y, a la vez, como problema y como tarea por resolver. Es el enigma al que alude Adorno en su lecci&oacute;n inaugural y que dice que s&oacute;lo puede ser resuelto al reconstruir c&oacute;mo se rearma un rompecabezas, tomando las piezas que la ciencia investiga, interpret&aacute;ndolas y acomod&aacute;ndolas en su lugar. O, si se quiere, se busca volver el pensar a su elemento, liber&aacute;ndolo del objetivismo y naturalismo cientifista que ha reducido a la filosof&iacute;a a pensar en lo seco, seg&uacute;n la met&aacute;fora heideggeriana en la <i>Carta sobre el humanismo.</i></p>     <p>Ahora, con esta nueva apertura de Husserl a la psicolog&iacute;a y a la antropolog&iacute;a (Tugendhat ha terminado hablando de &quot;Antropolog&iacute;a en lugar de metaf&iacute;sica como filosof&iacute;a primera&quot;), ya no en plan de cr&iacute;tica, sino de reconciliaci&oacute;n y de hermandad, vemos que la relaci&oacute;n con las ciencias sociales cr&iacute;ticas est&aacute; establecida: el mundo de la vida se me da en estricta actitud fenomenol&oacute;gica; tambi&eacute;n, en sentimientos que puedo interpretar, comprender, analizar y tematizar. En esta &eacute;poca, Husserl afirma enf&aacute;ticamente, con cierto sentido de retractaci&oacute;n: &quot;filosof&iacute;a como ciencia estricta, filosof&iacute;a como ciencia rigurosa, <i>der Traum ist ausgetraumt, </i>damos el sue&ntilde;o por so&ntilde;ado&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Faltar&iacute;a, entonces, explicitar de qu&eacute; modo se me da el mundo de la vida en la dimensi&oacute;n est&eacute;tica, la de las humanidades y las artes. Nos inspiramos para ello en la <i>Postontolog&iacute;a </i>de Wolfgang Janke (1988), texto traducido a cuatro manos en 1988 con mi hermano Jaime Hoyos, uno de los mayores promotores de la Sociedad Colombiana de Filosof&iacute;a y su primer secretario. All&iacute;, el disc&iacute;pulo de Karl Heinz Volkmann-Schluck, asistente de Heidegger, propone un desarrollo del sentido del darse el mundo de la vida que supere la pura ontolog&iacute;a, prisionera todav&iacute;a de categor&iacute;as objetivistas epistemol&oacute;gicas. La tesis de Janke es que una concepci&oacute;n de nuestro mundo de vida que no explicite la dimensi&oacute;n m&iacute;tica, po&eacute;tica, religiosa del ser humano, sigue en peligro de ser articulada en t&eacute;rminos del positivismo, expuesta de nuevo al escepticismo y al nihilismo de la modernizaci&oacute;n. En lugar de la <i>&quot;proecisio mundx&quot;, </i>propia del m&eacute;todo cient&iacute;fico, tambi&eacute;n del de las &quot;ciencias&quot; sociales y humanas, propone Janke una <i>proecultio mundi, </i>una cultura que constituya mundo, una actitud en el mundo de la vida, que nos permita superar la del espectador, investigador, que toma al mundo, a la vida, a la persona humana, a la naturaleza, m&aacute;s como derecho y recurso que como &quot;don&quot;, en el sentido de los antiguos: la vida es sagrada, <i>vita hominis, gloria Dei, </i>en consonancia con los primeros padres de la Iglesia.</p>     <p>Inspirado en H&otilde;lderlin y en Heidegger, Janke afirma:</p>     <blockquote> 	    <p>Desde hace mucho tiempo -desde la superaci&oacute;n del mito por la f&iacute;sica de un Tales de Mileto- es propio de la &eacute;poca aprovecharse de todas las fuerzas celestiales: el agua de la fuente, la lluvia de las nubes, el soplo de los vientos, el ardor del sol, el rayo de luz. Y en sacralidad arcaica tambi&eacute;n la tierra nutricia o los r&iacute;os productores de parajes y los mares que unen son divinos. Quien los pone a su servicio es obvio que no vuelve a agradecer por luz y aire, pan y vino. Lo que alguna vez se tuvo por don se ha transformado ahora en reservas disponibles para la promoci&oacute;n de la t&eacute;cnica moderna (Janke, 1988: 48).</p> </blockquote>     <p>Venimos, como enfatiza Janke citando a Nietzsche, de una cr&iacute;tica radical al positivismo: &quot;Ma&ntilde;ana gris. Primer bostezar de la raz&oacute;n. Quiquiriqueo del positivismo&quot; y, prosigue: &quot;D&iacute;a claro (...) regreso del <i>bon sens </i>y de la hilaridad (...) alboroto diab&oacute;lico de todos los esp&iacute;ritus libres&quot;. Y, concluye Janke:</p>     <blockquote> 	    <p>La alborada del positivismo liberado del peso de la religi&oacute;n y de su moral negadora de la vida gracias al triunfo del m&eacute;todo y de la ciencia precisa. El positivista abandona las extravagancias de la metaf&iacute;sica y vuelve a la sencillez del sano sentido com&uacute;n. Pero el nihilismo consumado ha superado esta fase. El &uacute;ltimo estadio del ocaso de los dioses se llama: &quot;Medio d&iacute;a; instante de la m&aacute;s corta sombra; fin del m&aacute;s largo error. Punto culminante de la humanidad: incipit Zarathustra (Janke, 1988: 48).</p> </blockquote>     <p>La <i>Postontolog&iacute;a </i>nos ofrece la posibilidad de desligarnos de la primac&iacute;a de lo ontol&oacute;gico y su unilateralidad epistemol&oacute;gica e, incluso, cr&iacute;tica de lo m&iacute;tico, simb&oacute;lico, ret&oacute;rico y po&eacute;tico, para abrirnos a lo trascendente. No deber&iacute;amos pensar en la vida y la salud como un recurso, sino como un don; la naturaleza, antes que recurso, es acontecer y facticidad gratuitos que se me dan como dones para cultivar y agradecer en gratuidad originaria; no son recursos o derechos para administrar y reclamar: recursos naturales, recursos humanos, capital social, son todos t&eacute;rminos de una ontolog&iacute;a objetivista y naturalista.</p>     <p>La ampliaci&oacute;n postontol&oacute;gica de la fenomenolog&iacute;a hacia un sentido del mundo de la vida, como lo dado y dispuesto gratuitamente, como lo indeterminado de lo determinado y ulteriormente determinable, horizonte de horizontes que nos abre originariamente a la experiencia de existir y del ser, nos permite desarrollar los discursos de las ciencias emp&iacute;rico anal&iacute;ticas, desde la racionalidad instrumental; los de las ciencias sociales cr&iacute;ticas, desde su justificaci&oacute;n moral, &eacute;tico y pol&iacute;tica, y las humanidades desde su perspectiva hermen&eacute;utica, ret&oacute;rica, po&eacute;tica, simb&oacute;lica, para comprender inicialmente vivencias como el <i>eros, </i>la <i>filia, </i>el deseo y todo lo m&aacute;s cercano a lo m&iacute;tico religioso. Es el sentido que quiere darle J&uuml;rgen Habermas (2009: 203270), en reciente intervenci&oacute;n, al mundo de la vida de la fenomenolog&iacute;a en t&eacute;rminos del pensar la &quot;cosa en s&iacute;&quot; de Kant. De aqu&iacute; mi propuesta heterodoxa de detrascendentalizar el sujeto trascendental de la fenomenolog&iacute;a en camino hac&iacute;a un sentido comunicacional dialogal del mundo de la vida.</p>     <p>Estudios recientes sobre la filosof&iacute;a en Latinoam&eacute;rica, en los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os, nos muestran c&oacute;mo en todos los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, quiz&aacute; con excepci&oacute;n s&oacute;lo de Colombia, el paso de la escol&aacute;stica despu&eacute;s de la independencia a la modernidad, llev&oacute; a un desarrollo notable del positivismo de Comte, superado luego en todos los pa&iacute;ses por el intuicionismo de Bergson, de talante idealista, para ser completado por la fenomenolog&iacute;a de Husserl, Scheler y Heidegger. Este es apenas el momento en que, en contra de la Iglesia Cat&oacute;lica y el partido conservador, que en tiempos de florecimiento del positivismo resolvieron expulsar el utilitarismo y sus aliados de la educaci&oacute;n colombiana, se pudo, en &eacute;pocas de liberalismo en la Universidad Nacional -despu&eacute;s de que Monse&ntilde;or Rafael Mar&iacute;a Carrasquilla hubiera imperado en la educaci&oacute;n colombiana desde el Colegio del Rosario durante medio siglo-, fundar una modernidad postergada en Colombia (tesis de Rub&eacute;n Jaramillo), en filosof&iacute;a, de la mano de Rafael Carrillo y de Danilo Cruz V&eacute;lez alumnos, por momentos, de Heidegger en Friburgo y apasionados de las cosas mismas. Se privilegian, en un primer momento, temas de filosof&iacute;a pr&aacute;ctica y derecho pero, muy pronto, se establece la correlaci&oacute;n ideas y valores, plasmada luego en: <i>Ideas y Valores. Revista Colombiana de Filosof&iacute;a. </i>Se comienza con ello lo que se ha llamado el proceso de normalizaci&oacute;n en el que, sobre todo, la filosof&iacute;a anal&iacute;tica y del lenguaje pero, tambi&eacute;n, el marxismo y la as&iacute; llamada filosof&iacute;a latinoamericana, de talante no chauvinista, las corrientes francesas, la postmodernidad y los estudios culturales, han encontrado su lugar en el di&aacute;logo de saberes, a partir del sentido de interpretaci&oacute;n propuesto por Adorno y, de comprensi&oacute;n, desarrollado por la hermen&eacute;utica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En ese amplio espacio del pensar abierto por la cosa en s&iacute; kantiana y por el mundo de la vida fenomenol&oacute;gico, hemos interpretado tres formas de d&aacute;rsenos las cosas mismas: como perceptibles en cuanto objetivamente verdaderas, como evaluables desde el punto de vista de la sensibilidad moral y, finalmente, como lo absolutamente gratuito, fundador de relaciones originarias con la realidad natural y social. En este sentido radical de gratuidad he querido exponer estas tesis como agradecimiento a quienes me invitaron a este IV&deg; Congreso de nuestra Sociedad y a quienes me acompa&ntilde;an.</p>     <p>Muchas gracias.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>     <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup>Obituario publicado en la <i>Revista Arcadia </i>el 22.01.13 y le&iacute;do por la autora: Adriana Mar&iacute;a Urrea, profesora de la Facultad de Filosof&iacute;a de la Pontificia Universidad Javeriana, en la <i>Lectio Inauguralis </i>de la misma Facultad, el 7 de febrero de 2013. Versi&oacute;n Online: <a target="_blank" href="http://t.co/8vvEFyhWQg">http://t.co/8vvEFyhWQg</a>    <br> <sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup>Smith, R. (2004). Abstracci&oacute;n y finitud. Educaci&oacute;n, azar y democracia. <i>Congreso Bienal de  INPE<b>. </b> </i>Madrid: Universidad Complutense de Madrid. Versi&oacute;n Online:  <a target="_blank" href="http://200.26.134.109:8080/endeporte/hermesoft/portal/home_1/rec/arc_1512.pdf">http://200.26.134.109:8080/endeporte/hermesoft/portal/home_1/rec/arc_1512.pdf</a>    <br> <sup><a href="#s3" name="3">3</a></sup>Obituario publicado en <i>Raz&oacute;n P&uacute;blica </i>el 20.01.13 y le&iacute;do por la autora: &Aacute;ngela Calvo de Saavedra, profesora titular de la Facultad de Filosof&iacute;a de la Pontificia Universidad Javeriana, en la <i>Lectio Inauguralis </i>de la misma Facultad, el 7 de febrero de 2013. Versi&oacute;n Online: <a target="_blank" href="http://t.co/d82wgugefD">http://t.co/d82wgugefD</a>    <br> <sup><a href="#s4" name="4">4</a></sup>Hoyos Vasquez , G. &amp; Vargas Guillen, G. (2002). <i>La teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa como nuevo paradigma de la investigaci&oacute;n en ciencias sociales: las ciencias de la discusi&oacute;n. </i>Bogot&aacute;: Instituto Colombiano para el Fomento de la Educaci&oacute;n Superior, ICFES.    <br> <sup><a href="#s5" name="5">5</a></sup>A. Rocha (ed.) (2008). <i>La responsabilidad del pensar. </i>Barranquilla: Uninorte.    <br> <sup><a href="#s6" name="6">6</a></sup>Calvo de Saavedra, A. (2012). <i>El car&aacute;cter de la 'verdadera filosof&iacute;a' en David Hume. </i>Bogot&aacute;: Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Colecci&oacute;n <i>Laureata.</i>    <br> <sup><a href="#s7" name="7">7</a></sup>Conferencia pronunciada el 26 de septiembre de 2012 durante el IV&deg; Congreso Colombiano de Filosof&iacute;a, Manizales, septiembre 24 al 28. El v&iacute;deo de esta conferencia fue proyectado como <i>Lectio Inauguralis </i>de la Facultad de Filosof&iacute;a de la Pontificia Universidad Javeriana, en el auditorio Jaime Hoyos, el 7 de febrero de 2013.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p>Adorno, T. W. (1991). Lecci&oacute;n inaugural como Docente en Frankfurt en 1931. <i>Actualidad de la filosofia. </i>Barcelona: Paid&oacute;s. (pp. 71-102).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-5323201300010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J. (2009). &quot;Von den Weltbildern zur Lebenswelt&quot;. <i>Philosophische Texte, Bd. S, Kritik der Vernunft. </i>Frankfurt am Main: Suhrkamp. (pp. 203-270).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-5323201300010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Husserl, E. (2002). <i>Renovaci&oacute;n del hombre y de la cultura. Cinco lecciones. </i>(Trad. A. Serrano de Haro). M&eacute;xico/Barcelona: &Aacute;nthropos Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-5323201300010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Husserl, E. (1934-1937). <i>Die Krisis der europaischen Wissenschaften und die traszendentale Phanomenologie. Erganzungsband. Texte aus dem Nachlass. </i>Husserliana, Vol. XXIX. Dordrecht / Boston / London: Kluwer Academic Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-5323201300010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Janke, W. (1988). <i>Postontolog&iacute;a. </i>(Trad. G. Hoyos V&aacute;squez). Bogot&aacute;: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-5323201300010001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kant, I. (1994). <i>Fundamentaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica de las costumbres. </i>(Trad. M. Garc&iacute;a Morente). Madrid, Espasa-Calpe.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-5323201300010001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ricoeur, P. (2004). Kant et Husserl. <i>A L'&eacute;cole de la ph&eacute;nom&eacute;nologie. </i>Paris: Vrin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-5323201300010001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Strawson, P. F. (1974). <i>Freedom and Resentement and other Essays. </i>London: Methuen.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-5323201300010001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p></font>      ]]></body><back>
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