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<article-title xml:lang="en"><![CDATA[PERDONAR SÍ, OLVIDAR NO UNA APROXIMACIÓN A LA RECONCILIACIÓN EN COLOMBIA DESDE LOS SENTIMIENTOS MORALES]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In the development of the research "Believe in the reconciliation", direct contact with victims of massacres and forced displacement in Colombia, had been useful to confirm the relevance of theories of moral sentiments in order to prepare a possible reconciliation process which passes through a liberating experience of forgiveness by the victims and solidarity by civil society. These problems occupied the attention of Guillermo Hoyos at the end of his philosophical activity. This article is based on theories of moral sentiments to assess contributions of the Colombian philosopher and emphasize the importance of memory in fighting against impunity and overcoming indifference, necessary elements in the process of reconciliation.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>PERDONAR S&Iacute;, OLVIDAR NO UNA APROXIMACI&Oacute;N A LA RECONCILIACI&Oacute;N EN COLOMBIA DESDE LOS SENTIMIENTOS MORALES</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>FORGIVING, NOT FORGETTING AN APPROACH TO RECONCILIATION FROM MORAL SENTIMENTS IN COLOMBIA</b></font></p>     <p align="center">Edgar Antonio L&oacute;pez L&oacute;pez<sup>*</sup></p>     <p><sup>*</sup>Pontificia Universidad Javeriana, Bogot&aacute;.</p>     <p>Recibido: 23.09.13 Aceptado: 29.11.13</p> <hr>     <p><font size="3"><b>RESUMEN</b></font></p>     <p>En el desarrollo de la investigaci&oacute;n &quot;Creer en la reconciliaci&oacute;n&quot;, el contacto directo con las v&iacute;ctimas de masacres y desplazamientos forzados en Colombia ha servido para constatar la importancia que tienen las teor&iacute;as de los sentimientos morales en la preparaci&oacute;n de un posible proceso de reconciliaci&oacute;n, que pase por la experiencia liberadora del perd&oacute;n por parte de las v&iacute;ctimas y de la solidaridad por parte de la sociedad civil. Estos problemas ocuparon la atenci&oacute;n de Guillermo Hoyos durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su actividad filos&oacute;fica. Este art&iacute;culo se apoya en las teor&iacute;as de los sentimientos morales para valorar las contribuciones del fil&oacute;sofo colombiano y subrayar la importancia que tiene la memoria en la lucha contra la impunidad y la superaci&oacute;n de la indiferencia, elementos necesarios en los procesos de reconciliaci&oacute;n.</p>     <p><i><b>Palabras clave:</b> </i>memoria, v&iacute;ctimas, sentimientos morales, perd&oacute;n, reconciliaci&oacute;n</p> <hr>     <p><font size="3"><b>ABSTRACT</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>In the development of the research &quot;Believe in the reconciliation&quot;, direct contact with victims of massacres and forced displacement in Colombia, had been useful to confirm the relevance of theories of moral sentiments in order to prepare a possible reconciliation process which passes through a liberating experience of forgiveness by the victims and solidarity by civil society. These problems occupied the attention of Guillermo Hoyos at the end of his philosophical activity. This article is based on theories of moral sentiments to assess contributions of the Colombian philosopher and emphasize the importance of memory in fighting against impunity and overcoming indifference, necessary elements in the process of reconciliation.</p>     <p><i><b>Key words:</b> </i>memory, victims, moral sentiments, forgiveness, reconciliation</p> <hr>     <p>Al conocer directamente los testimonios de las v&iacute;ctimas de la violencia en Colombia, al reparar en la crueldad con la que han sido perpetradas muchas masacres y el horror con que muchas comunidades han sido obligadas a abandonar su tierra, el observador es afectado emocionalmente al sentirse invadido por la tristeza, la rabia y la impotencia. Escuchar narraciones llenas de dolor y reconstruir terribles escenas ponen en evidencia el sufrimiento que los grupos armados han causado a la poblaci&oacute;n civil. En esta experiencia, la primera pregunta que surge indaga por la aparente irracionalidad con que los perpetradores pudieron actuar con tanta crueldad contra sus semejantes pero, pronto se hace evidente que tal sevicia corresponde a la b&uacute;squeda instrumentalmente racional de intereses pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos que les permiten relativizar la dignidad humana.</p>     <p>La segunda pregunta que emerge inquiere por la indiferencia con la que la vida de muchos sectores del pa&iacute;s ha seguido adelante como si las v&iacute;ctimas de estos cr&iacute;menes no fuesen miembros de la comunidad nacional. Una indiferencia que ha hecho posible la ausencia de reparaci&oacute;n para las v&iacute;ctimas y la impunidad para los victimarios. Se trata de una extendida falta de solidaridad que termina por deshumanizar a las mayor&iacute;as. Es dif&iacute;cil comprender c&oacute;mo la desdicha de tantas comunidades y personas parece significar tan poco para la vida de una naci&oacute;n. El genocidio impune de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica, en el que murieron m&aacute;s de 5.000 personas; la continuaci&oacute;n de la masacre sin fin en Trujillo (Valle del Cauca), iniciada al final de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta; los permanentes desplazamientos de comunidades negras e ind&iacute;genas en el Choc&oacute;, son s&oacute;lo tres ejemplos de las tragedias que viven m&aacute;s de cinco millones de colombianos, mientras otros llevamos adelante nuestras vidas con parcial o total indiferencia.</p>     <p>Entonces surge una tercera pregunta, esta vez por las condiciones de posibilidad para que las personas y las comunidades que han sufrido estos horrores puedan perdonar a quienes han llenado de tanta pena su existencia. Esta pregunta apunta a las posibilidades que tienen estas personas y comunidades de superar el dolor que se prolonga en el tiempo amenaz&aacute;ndolas con reducir su existencia a la de ser s&oacute;lo v&iacute;ctimas de los hechos perpetrados. El perd&oacute;n aparece como posibilidad de liberaci&oacute;n al terminar con la acci&oacute;n del victimario sobre la v&iacute;ctima, que entonces es capaz de incorporar su doloroso pasado a una biograf&iacute;a que se proyecta sobre un presente de lucha por la justicia y un futuro que puede estar cargado de esperanza.</p>     <p>En su art&iacute;culo &quot;El perd&oacute;n es de lo imperdonable&quot;, publicado en el diario El Tiempo el 22 de octubre de 2012, Guillermo Hoyos presenta el perd&oacute;n como una virtud pol&iacute;tica necesaria en Colombia, pero lo asimila a la reconciliaci&oacute;n entre v&iacute;ctima y victimario: &quot;Es el perd&oacute;n mismo el que cura y &eacute;ste se da entre dos, el causante del dolor y el que lo ha sufrido y lo sigue sufriendo&quot; (Hoyos, 2012). Esta visi&oacute;n condiciona el perd&oacute;n a la voluntad de encuentro entre la v&iacute;ctima y el victimario, situaci&oacute;n poco probable en el contexto colombiano y quiz&aacute;s inconveniente para las v&iacute;ctimas. De ah&iacute; la necesidad de hacer una diferenciaci&oacute;n fundamental entre perd&oacute;n y reconciliaci&oacute;n, que permita ver el perd&oacute;n como una capacidad que puede tener la v&iacute;ctima para liberarse del sufrimiento, sin depender del reconocimiento de culpa, del arrepentimiento, de la reparaci&oacute;n o del prop&oacute;sito de no repetici&oacute;n por parte del victimario.</p>     <p>Luego de que las v&iacute;ctimas no tuvieran ning&uacute;n papel relevante en el proceso de desmovilizaci&oacute;n de los grupos paramilitares al final de la primera d&eacute;cada del siglo XXI, ahora en medio de los di&aacute;logos del gobierno colombiano con las FARC-EP y la posibilidad de un di&aacute;logo similar con el ELN, la perspectiva de las v&iacute;ctimas debe cobrar especial importancia para comprender las implicaciones que tiene un proceso de reconciliaci&oacute;n social en Colombia y para reconocer el papel que juegan en &eacute;l la virtud pol&iacute;tica del perd&oacute;n y el recurso prof&eacute;tico de la memoria.</p>     <p>Las v&iacute;ctimas son quienes mejor ponen de manifiesto los diversos sentidos complementarios de la tolerancia. Son ellas quienes efectivamente toleran el crimen, lo soportan, y son, tambi&eacute;n ellas quienes ofrecen la clave fundamental para la reconciliaci&oacute;n (...) Su experiencia del mal es reclamo permanente no s&oacute;lo para los victimarios sino para la sociedad en general (Hoyos, 2007: 11).</p>     <p>Desde la perspectiva de las v&iacute;ctimas la explicaci&oacute;n de la crueldad en el proceder de muchos victimarios, que pisotean sin pudor la dignidad humana, se da no s&oacute;lo desde el uso instrumental de la raz&oacute;n que justifica los medios a partir de fines estrat&eacute;gicos, sino desde la percepci&oacute;n de una falta de sensibilidad que hace posible obrar en contra de todo sentido de humanidad. De igual modo, la indiferencia de las mayor&iacute;as ante los cr&iacute;menes de lesa humanidad es vista desde esta &oacute;ptica como ausencia de una adecuada formaci&oacute;n del sentido moral en la reciprocidad y en la solidaridad. Son las v&iacute;ctimas, con su capacidad para perdonar y mediante el cultivo sano de su memoria, las que pueden salvar a la sociedad de la crueldad violenta y del olvido indiferente.</p>     <p>A partir del asombro generado por el dolor de las narraciones, la crueldad de los hechos narrados y la inexplicable indiferencia generalizada, este art&iacute;culo se apoya en la teor&iacute;a de los sentimientos morales para mostrar la importancia que tiene el sentido de humanidad en la valoraci&oacute;n moral de los hechos violentos padecidos por muchas comunidades colombianas. El art&iacute;culo tambi&eacute;n pretende subrayar la relevancia que tienen el resentimiento de las v&iacute;ctimas y la indignaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica como condiciones de posibilidad para llevar adelante un proceso de liberaci&oacute;n, mediante las experiencias del perd&oacute;n por parte de las v&iacute;ctimas y de la solidaridad por parte de toda la sociedad civil.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ante la posibilidad de superar el conflicto armado en que Colombia se halla atrapada desde hace m&aacute;s de medio siglo, ahora se presenta la encrucijada de optar por una justicia transicional en la que no sean procesados todos los cr&iacute;menes o por la aplicaci&oacute;n de ley para que de todos los culpables de ellos sean castigados. En este dilema entre una paz sin justicia punitiva plena y una justicia que no anticipe la paz, conviene reivindicar el papel prof&eacute;tico de la memoria para poner la lucha leg&iacute;tima contra la impunidad a salvo de su asociaci&oacute;n con la venganza y prevenir, a la vez, la indiferencia que viene del olvido.</p>     <p>Desafortunadamente, entre quienes est&aacute;n por la reconciliaci&oacute;n que nos lleve a la paz, la mayor&iacute;a piensa que la memoria que buscamos y la verdad que reclamamos son solamente para la reparaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas y para que se castiguen todos los delitos. Pero resulta que memoria y verdad tambi&eacute;n pueden llevar a reconocimiento de culpa por el victimario, a justicia transicional acompa&ntilde;ada de perd&oacute;n, que no siempre significa olvido, como piensan algunos al identificar perd&oacute;n y olvido (Hoyos, 2012).</p>     <p>En su comprensi&oacute;n del proceso de reconciliaci&oacute;n por el que debe transitar la sociedad colombiana, Hoyos se&ntilde;ala la importancia de la verdad y la memoria m&aacute;s all&aacute; del castigo y la reparaci&oacute;n. La memoria aparece entonces como recurso prof&eacute;tico que mantiene vigente la exigencia de conocer la verdad de los hechos dolorosos en la lucha por la justicia.</p>     <p>Ahora bien, es preciso advertir c&oacute;mo el cultivo de la memoria y la b&uacute;squeda de la verdad se nutren de las emociones humanas que funcionan como sensores ante la presencia del mal y posibilitan una reacci&oacute;n efectiva ante &eacute;l. El repudio generado hoy en Colombia al escuchar las narraciones sobre la crueldad con que los victimarios han violado, y contin&uacute;an violando, los derechos fundamentales de las v&iacute;ctimas, pone en evidencia la importancia de los sentimientos morales como instrumento de juicio moral ante la gravedad de estas acciones y como fuente de razones para buscar una justicia transicional en la lucha contra la impunidad.</p>     <p>Raz&oacute;n ten&iacute;a Hume al mostrar c&oacute;mo la falta de atenci&oacute;n a las emociones en la &eacute;tica puede conducir a la indiferencia y a la anomia. &quot;Extinguid todos los sentimientos y las predisposiciones a favor de la virtud, y toda repugnancia o aversi&oacute;n al vicio: haced a los hombres totalmente indiferentes hacia estas distinciones; y la moralidad ya no es un estudio pr&aacute;ctico, ni tiene tendencia a regular nuestras vidas y acciones&quot; (Hume, 1993: 35). En el mismo sentido, ponerse en el lugar del otro es un mecanismo propuesto por Adam Smith que sirve como puente entre el bien privado y el bien p&uacute;blico. &quot;Tratamos de examinar nuestra conducta tal como concebimos que lo har&iacute;a cualquier espectador recto e imparcial. Si al ponernos en su lugar podemos asumir cabalmente todas las pasiones y motivaciones que la determinaron, la aprobamos por simpat&iacute;a con la aprobaci&oacute;n de este juez presuntamente equitativo. En caso contrario caemos bajo su desaprobaci&oacute;n, y la condenamos&quot; (Simth, 1997: 228). Se trata de dos formulaciones distintas del mismo principio de humanidad formulado por la ilustraci&oacute;n escocesa.</p>     <p>Son los sentimientos suscitados al contrastar las acciones con los par&aacute;metros bajo los cuales se ha sido educado los que permiten establecer la bondad o maldad de una acci&oacute;n. &quot;Sea el caso de una acci&oacute;n reconociblemente viciosa: el asesinato intencionado, por ejemplo (...) Mientras os qued&eacute;is a considerar el objeto, el vicio se os escapar&aacute; completamente. Nunca podr&eacute;is descubrirlo hasta el momento en que dirij&aacute;is la reflexi&oacute;n a vuestro propio pecho y encontr&eacute;is all&iacute; un sentimiento de desaprobaci&oacute;n que en vosotros se levanta contra esa acci&oacute;n&quot; (Hume, 1988: 632-633). Es la desaprobaci&oacute;n moral derivada de los sentimientos la que conmueve, la que conduce a identificarse con las emociones de quienes han padecido la crueldad del mal como miembros de la misma comunidad moral.</p>     <p>Desde la perspectiva de los sentimientos morales no se puede estar al margen de la felicidad o la miseria de otra persona; los sentimientos de los dem&aacute;s determinan los propios y viceversa. En esto consiste el sentido de humanidad propuesto por la tradici&oacute;n escocesa que lleva al mismo resultado de la moral kantiana: el respeto de la dignidad humana en la propia persona y en la de los dem&aacute;s. As&iacute; lo propone Kant en su tradici&oacute;n fuertemente cognoscitiva: &quot;Obra de tal modo que uses la humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro siempre a la vez como un fin, nunca meramente como medio&quot; (Kant, 1996: 189).</p>     <p>Para los dos autores escoceses mencionados, la reciprocidad se basa en la simpat&iacute;a y en el sentido de lo agradable, mientras la moral se funda en una determinada forma de vivir que es compartida por un grupo social. Se trata de pasar del inter&eacute;s privado al inter&eacute;s de la comunidad y, desde all&iacute;, al respeto de la humanidad entera. En la &eacute;tica escocesa de los sentimientos morales la b&uacute;squeda del propio bienestar trae bien com&uacute;n y hace posible la obtenci&oacute;n de la justicia. Esto ha hecho falta en Colombia, pensar de modo rec&iacute;proco en la necesidad de obrar rectamente haciendo coincidir los intereses individuales con los intereses generales de la comunidad -as&iacute; se construye la justicia- y ser solidarios con el sufrimiento de las v&iacute;ctimas a trav&eacute;s del mecanismo de la simpat&iacute;a -as&iacute; se vive la solidaridad-.</p>     <p>En el pensamiento &eacute;tico contempor&aacute;neo, el enfoque cl&aacute;sico de la ilustraci&oacute;n escocesa de los sentimientos morales ha sido enriquecido por algunos autores bajo la influencia de la filosof&iacute;a del lenguaje y de la fenomenolog&iacute;a. Es el caso de Peter Strawson y Ernst Tugendhat, interlocutor de Hoyos en varios escenarios, y no pocas veces contradictor suyo. La teor&iacute;a contempor&aacute;nea de los sentimientos morales constituye una oportunidad para fijar la atenci&oacute;n en la funci&oacute;n que estos sentimientos reactivos tienen en las experiencias de perd&oacute;n, por parte de las v&iacute;ctimas, y de solidaridad con ellas, por parte de la sociedad civil. En Colombia hace falta reflexionar sobre el papel positivo del resentimiento y la indignaci&oacute;n en la construcci&oacute;n de la justicia.</p>     <p>Las actitudes y los sentimientos con que se responde ante la actuaci&oacute;n propia y ajena constituyen un equipamiento mental &quot;condicionado por el sistema de demandas sancionadas por la sociedad en que los individuos han sido educados y por el lenguaje, &uacute;nica dimensi&oacute;n en que es posible hacer p&uacute;blicas tales demandas&quot; (L&oacute;pez, 2004: 35). La fenomenolog&iacute;a que hace Strawson de la vida moral comparte la plataforma emp&iacute;rica de las teor&iacute;as de Hume y de Smith; su an&aacute;lisis del mundo moral pone en evidencia que la condena y la aprobaci&oacute;n ante las acciones observadas dependen a la vez de la emotividad y de la configuraci&oacute;n social del comportamiento. Las actitudes aprobadas por la sociedad devienen en normas que le dan forma a &eacute;sta y es esa misma sociedad la que sanciona las normas que la configuran. &quot;En esta dial&eacute;ctica aparecen la aprobaci&oacute;n y la desaprobaci&oacute;n moral como elementos constitutivos de la sociedad&quot; (L&oacute;pez, 2004: 36).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En continuidad con la tradici&oacute;n escocesa de los sentimientos morales, Strawson afirma que el orden de justicia y de libertad se sostiene en la sociedad gracias a los sentimientos relacionados con la aprobaci&oacute;n o el rechazo hacia ciertas acciones. Entre los miembros de una sociedad existe una expectativa rec&iacute;proca de buena voluntad, entendida &eacute;sta como una actitud benevolente que debe darse entre los individuos. En medio de las relaciones interpersonales, se demanda de los dem&aacute;s un grado de buena voluntad y se reacciona emocionalmente de diversa manera, dependiendo de la respuesta que se obtenga a esta demanda. En la interacci&oacute;n humana se da una amplia gama de manifestaciones que van desde la gratitud hasta el resentimiento, desde la admiraci&oacute;n hasta la indignaci&oacute;n, y que responden a las actitudes e intenciones que los dem&aacute;s presentan hacia cada persona, incluso la propia.</p>     <p>Sufrir una violaci&oacute;n de los derechos fundamentales y no experimentar resentimiento hacia el agente de esta ofensa es un indicador de que algo anda mal con la subjetividad de la v&iacute;ctima o de la configuraci&oacute;n social de la comunidad que ha sido violentada. Del mismo modo, presenciar una violaci&oacute;n de este tipo sin indignarse tambi&eacute;n indica una grave ausencia de sensibilidad moral. No se puede permanecer indiferente ante la vejaci&oacute;n de la que se es objeto o ante la injusticia que se tiene delante. La actitud pasiva de quienes han sido v&iacute;ctimas y la actitud indiferente de quienes son incapaces de solidarizarse con &eacute;stas s&oacute;lo sirven para que la violencia se prolongue en el tiempo gracias a la ausencia de la justicia. La memoria revela entonces su car&aacute;cter prof&eacute;tico al mostrarse como referente para que las comunidades morales y las sociedades en las que &eacute;stas se inscriben superen la impunidad y la indiferencia.</p>     <p>En la fenomenolog&iacute;a del mundo moral, mediada por el an&aacute;lisis del lenguaje, aparece la comunidad moral como elemento central de la vida en sociedad. Strawson pone en evidencia que compartir una determinada forma de vida humana, un juego de lenguaje moral, es lo que permite activar las actitudes reactivas ante la conducta propia y ajena.</p>     <p>Los afectados por una falta moral deben experimentar resentimiento frente al agente, como reacci&oacute;n ante la transgresi&oacute;n. La indignaci&oacute;n y la desaprobaci&oacute;n, al igual que el resentimiento, evidencian una limitaci&oacute;n reactiva de buena voluntad hacia el agente que ha incumplido la demanda conscientemente y ha roto la din&aacute;mica de reciprocidad. A este agente se le sigue considerando miembro de la comunidad moral, pero un miembro en deuda con ella (L&oacute;pez, 2004: 40).</p>     <p>Esto es muy importante en el caso colombiano, pues en diversas comunidades las v&iacute;ctimas se ven obligadas a convivir con sus victimarios, a compartir la vida cotidiana, muchas veces en medio del silencio y el temor.</p>     <p>Es necesario resaltar que las relaciones entre v&iacute;ctimas y victimarios no es un asunto exclusivamente suyo. Al extender los alcances de la reciprocidad m&aacute;s all&aacute; de las relaciones entre primeras y segundas personas para mostrar la importancia que tiene en el caso de terceros, el an&aacute;lisis de Strawson permite apreciar la importancia que tienen la desaprobaci&oacute;n y la indignaci&oacute;n en la apreciaci&oacute;n de las masacres, la siembra de minas, los secuestros, los desplazamientos y otros cr&iacute;menes de los que no se ha sido v&iacute;ctima ni perpetrador. Las reacciones actitudinales ante la abundancia o ausencia de buena voluntad entre terceros tambi&eacute;n determinan el mundo moral.</p>     <p>La experiencia del perd&oacute;n corrobora la mutua implicaci&oacute;n de los planos morales del sujeto agente y paciente, pero tambi&eacute;n la interdependencia de los sentimientos que cualquier miembro de la sociedad debe poder experimentar a partir de lo que se espera por parte de los otros o de uno mismo. Los sentimientos reactivos y auto-reactivos hacen que se pueda aceptar la sanci&oacute;n social, en caso que haya responsabilidad, sin dejar lugar para que surja el resentimiento, pues se considera que se trata de una sanci&oacute;n merecida. &quot;Sentir verg&uuml;enza moral, aceptar la indignaci&oacute;n de los dem&aacute;s y renunciar al resentimiento dispone para esperar la sanci&oacute;n o para pedir el perd&oacute;n&quot; (L&oacute;pez, 2004: 40). Es as&iacute; como el resentimiento y la indignaci&oacute;n pueden abrir el camino para el reconocimiento de la falta y la confesi&oacute;n de la verdad por parte de los victimarios; pero, una sociedad incapaz de resentimiento y de indignaci&oacute;n, no cuenta con las fuerzas suficientes para exigirlo a los perpetradores de cr&iacute;menes atroces ni para exigir al Estado que haga justicia.</p>     <p>No obstante, debe recordarse que si bien el reconocimiento de la propia responsabilidad por parte de quienes han violado los derechos fundamentales allana el camino para el perd&oacute;n, no lo determina. M&aacute;s all&aacute; de lo que se espera de los victimarios, la historia colombiana muestra que muchas veces el camino del perd&oacute;n debe ser emprendido por parte de las v&iacute;ctimas en ausencia del arrepentimiento de los victimarios y en medio de la impunidad. Si se condiciona el perd&oacute;n al reconocimiento p&uacute;blico de los cr&iacute;menes por parte de los perpetradores y al castigo que debe ser aplicado, es posible que las comunidades y las personas que han sido v&iacute;ctimas de los grupos armados prolonguen su sufrimiento a causa del mal recibido, sin poderse reponer y sin abrirse a un futuro mejor.</p>     <p>El perd&oacute;n de las v&iacute;ctimas y la transici&oacute;n de una sociedad hacia la paz anhelada no implican necesariamente impunidad, pero exige el ejercicio prof&eacute;tico de la memoria. &quot;Perd&oacute;n, para que valga la pena y pueda ser por tanto de lo imperdonable, ya que lo perdonable ser&aacute; perdonado sin problemas por alguna compensaci&oacute;n como castigo o reparaci&oacute;n, no puede significar olvido; todo lo contrario, exige que haya a qui&eacute;n y qu&eacute; perdonar&quot; (Hoyos, 2012).</p>     <p>El perd&oacute;n que brota desde el resentimiento ante la ofensa recibida no es algo que se imponga desde fuera a las v&iacute;ctimas en forma ideol&oacute;gica; se trata de una necesidad vital de las comunidades y las personas que deben seguir viviendo, muchas veces al lado de los victimarios. Tampoco est&aacute; asociado a la impunidad, pues perdonar no es olvidar a los seres queridos cuya vida fue segada, tampoco es olvidar el mal sufrido. Perdonar implica recordar para tener a qui&eacute;n perdonar por algo que hizo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hoyos se&ntilde;ala que el perd&oacute;n es una virtud c&iacute;vica y pol&iacute;tica, pero adem&aacute;s es una virtud moral. Tal virtud no ri&ntilde;e con el ejercicio de la memoria, sino que se alimenta de &eacute;l y puede conducir a que los victimarios asuman una actitud cr&iacute;tica ante su propia acci&oacute;n.</p>     <p>El perd&oacute;n de lo imperdonable, como se ve, es una virtud moral, relacionada con la pol&iacute;tica y lo jur&iacute;dico, pero no son lo mismo. Hay un perd&oacute;n pol&iacute;tico, amnist&iacute;a, indulto y figuras semejantes, que puede articularse en perd&oacute;n legal, rebaja de penas. Mientras el perd&oacute;n como virtud moral exige una actitud sincera de querer perdonar y de saber ser perdonado, la virtud pol&iacute;tica reconoce p&uacute;blicamente la culpa (Hoyos, 2012).</p>     <p>Por lo anterior, en el art&iacute;culo mencionado al comienzo de esta presentaci&oacute;n, Hoyos se&ntilde;alaba:</p>     <blockquote> 	    <p>Lo m&aacute;s importante es que los colombianos nos preguntemos qu&eacute; tan alta tenemos la virtud c&iacute;vica de la cultura del perd&oacute;n. Si llegamos a la actitud de querer poder perdonar lo imperdonable o si pensamos que el tema de la impunidad es asunto de justicia, no como equidad, sino como castigo, traducida en a&ntilde;os de c&aacute;rcel. Virtud c&iacute;vica sin cultura del perd&oacute;n, sin actitud moral de perdonar y solicitar ser perdonado, termina por marchitarse (Hoyos: 2012).</p> </blockquote>     <p>En la superaci&oacute;n de la violencia la voz de las v&iacute;ctimas debe ser privilegiada, y su cultivo de la memoria, muy apreciado, pues son ellas las que encarnan la posibilidad de la reconciliaci&oacute;n. Su voz debe ser escuchada ahora por los grupos armados, el gobierno y la sociedad civil. Al final de su vida acertadamente afirmaba Hoyos: &quot;El proceso de reconciliaci&oacute;n, como el que pretende poner en marcha el Gobierno, sin memoria, es ilusorio&quot; (Hoyos, 2012). En la misma l&iacute;nea, en un trabajo anterior, tambi&eacute;n hab&iacute;a advertido:</p>     <blockquote> 	    <p>No se puede pensar en una paz negociada ignorando el punto de vista de las v&iacute;ctimas. Ellas son tolerancia visible. Si se las tiene en cuenta y se les reconoce su punto de vista, es decir, su exigencia de verdad, se puede muchas veces constatar que su reclamo de justicia no es tanto el de un castigo ejemplar, sino el de la urgencia de crear condiciones que eviten, en el futuro, la repetici&oacute;n de actos violentos (Hoyos, 2007: 11).</p> </blockquote>     <p>Antes que nada, a las v&iacute;ctimas se les debe escuchar. Son ellas las que tienen la posibilidad de perdonar y suyo es el derecho de no olvidar el mal que padecieron y que no puede repetirse. Pueden perdonar, olvidar no.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Hoyos, G. (2012). El perd&oacute;n es de lo imperdonable. <i>Peri&oacute;dico El Tiempo. </i>Bogot&aacute;. 22.10.12.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-5323201300020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hoyos, G. (Ed.) (2007). <i>Las v&iacute;ctimas frente a la b&uacute;squeda de la verdad y la reparaci&oacute;n en Colombia. </i>(Pr&oacute;logo). Bogot&aacute;: Editorial Javeriana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0120-5323201300020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hume, D. (1993). <i>Investigaciones sobre el entendimiento humano y los principios de la moral. </i>Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-5323201300020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hume, D. (1990). <i>Disertaci&oacute;n sobre las pasiones y otros ensayos morales. </i>Madrid: &Aacute;nthropos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0120-5323201300020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hume. D. (1988). <i>Tratado de la naturaleza humana. </i>Madrid: Tecnos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0120-5323201300020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Kant, I. (1996). <i>Fundamentaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica de las costumbres. </i>Barcelona: Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0120-5323201300020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>L&oacute;pez, E. (2004). <i>De la autonom&iacute;a a la pasividad. Reflexiones en torno al sujeto moral. </i>Bogot&aacute;: Facultad de Teolog&iacute;a. Pontificia Universidad Javeriana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0120-5323201300020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Smith, A. (1997). <i>Teor&iacute;a de los sentimientos morales. </i>Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-5323201300020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Strawson, P. (1995). <i>Libertad y resentimiento. </i>Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-5323201300020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Strawson, P. (1975). <i>Los l&iacute;mites del sentido. Ensayo sobre la cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura de Kant. </i>Madrid: Revista de Occidente.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-5323201300020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Tugendhat, E. (1997). <i>Lecciones de &eacute;tica. </i>Barcelona: Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-5323201300020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Tugendhat, E. (1988). <i>Problemas de la &eacute;tica. </i>Barcelona: Cr&iacute;tica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-5323201300020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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