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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>LA CIENCIA COMO ACCI&Oacute;N</b></font></p>     <p align="center">Juan Carlos Moreno Ortiz*</p>     <p>*Pontificia Universidad Javeriana, Bogot&aacute;, Colombia.</p> <hr>     <p align="center"><b>Para citar este art&iacute;culo</b></p>     <p>Moreno Ortiz, J.C (2014). La ciencia como acci&oacute;n. <i>Universitas Philosophica, </i>31(63), pp. 289-301, ISSN 0120-5323, ISSN en l&iacute;nea 2346-2426, doi:  <a target="_blank" href="http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.uph31-63.lcca">http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.uph31-63.lcca</a></p> <hr>     <p>El t&iacute;tulo de esta lecci&oacute;n sugiere entender el quehacer cient&iacute;fico como una forma de acci&oacute;n, espec&iacute;ficamente, la que se coloca en juego en el &quot;hacer&quot;. Buena parte de los fil&oacute;sofos que estudiamos, especialmente los modernos, nos han cimentado la idea de que la ciencia es producto de una raz&oacute;n desvinculada de la acci&oacute;n, de que el entendimiento moldea el conocimiento cient&iacute;fico y de que la acci&oacute;n, en su sentido productivo, poco tiene que ver con el desarrollo de tal conocimiento. Yo quiero plantear lo contrario a partir del camino que desde el siglo XVII mostr&oacute; Giambattista Vico, a trav&eacute;s de su expresi&oacute;n: <i>Verum ipsum factum, </i>es decir, el conocimiento verdadero es el que hacemos, el que producimos de forma activa. Esto quiere decir que el conocimiento verdadero no se reduce a una actividad pura de nuestro pensamiento, sino que es algo activo, operativo, material, un hacer productivo.</p>     <p>Cuando se habla de la &quot;acci&oacute;n&quot; en la ciencia, se abre el abanico de orientaciones hacia varias opciones. En primer lugar se puede pensar, desde un punto de vista muy com&uacute;n, que propone una reflexi&oacute;n sobre la forma como se aplican los conocimientos cient&iacute;ficos o sobre las implicaciones pr&aacute;cticas que tendr&iacute;a la ciencia. Desde una perspectiva m&aacute;s filos&oacute;fica, muchos podr&iacute;an suponer que el problema de la acci&oacute;n en la ciencia tendr&iacute;a que ver especialmente con el sentido &eacute;tico, axiol&oacute;gico o pol&iacute;tico implicado en el desarrollo del conocimiento cient&iacute;fico, planteado por autores como Nicol&aacute;s Rescher, Evandro Agazzi o Javier Echeverr&iacute;a, por mencionar algunos. Desde un punto de vista m&aacute;s anal&iacute;tico, se puede pensar en la extensi&oacute;n de una teor&iacute;a general de la acci&oacute;n al campo concreto del conocimiento cient&iacute;fico; es decir, en el planteamiento de un an&aacute;lisis sobre el car&aacute;cter causal o no causal de la acci&oacute;n, sobre su sentido intencional, sobre los agentes, sobre la justificaci&oacute;n racional de la acci&oacute;n o, tambi&eacute;n, sobre el car&aacute;cter normativo involucrado en ella. Por este camino se tendr&iacute;a que acudir a autores como Davidson o von Wright.</p>     <p>Pero tambi&eacute;n, de una forma muy general, se habla de acci&oacute;n en la ciencia cuando se quiere, a manera de contrapeso, mostrar lo que significa estudiarla desde el punto de vista de sus pr&aacute;cticas, de sus procesos de producci&oacute;n, de la historia, de la sociolog&iacute;a u otra disciplina que devele sus pr&aacute;cticas, y no entendida como un producto, ni como un conjunto de teor&iacute;as o resultados finales. En este sentido se puede ubicar el t&iacute;tulo del libro de Bruno Latour (1987), <i>La ciencia EN acci&oacute;n, </i>como un tipo de reflexi&oacute;n que coloca la atenci&oacute;n en la forma como ha sido practicada la ciencia, a partir del giro acontecido desde Thomas Kuhn hacia el estudio de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas.</p>     <p>Tambi&eacute;n, desde un punto de vista muy espec&iacute;fico, se podr&iacute;a orientar la reflexi&oacute;n sobre la acci&oacute;n en la ciencia por el camino que plantea Alfredo Marcos con su texto <i>Ciencia y acci&oacute;n </i>(2010). Este autor propone comprender la racionalidad cient&iacute;fica, a partir de Arist&oacute;teles, no como te&oacute;rica sino como pr&aacute;ctica prudencial. Es decir, como un tipo de racionalidad falible, de acuerdo con lo que han mostrado Peirce y Popper, que puede satisfacer condiciones epist&eacute;micas especiales procediendo de manera prudencial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por ninguno de estos caminos se va a orientar la presente reflexi&oacute;n. Sin desconocer estas tendencias, esta disertaci&oacute;n pretende comprender el conocimiento cient&iacute;fico como acci&oacute;n en su sentido m&aacute;s material y mundano, es decir, como &quot;hacer productivo&quot;. Recalco la fuerza de las palabras &quot;como acci&oacute;n&quot; propuestas en el t&iacute;tulo de esta lecci&oacute;n, para indicar que mi intenci&oacute;n es hacer un planteamiento sobre una forma de entender el conocimiento cient&iacute;fico y no una reflexi&oacute;n sobre la relaci&oacute;n de la ciencia con el &aacute;mbito de la acci&oacute;n.</p>     <p>A manera de tesis quiero plantear que el quehacer cient&iacute;fico en el sentido de un hacer productivo tiene una funci&oacute;n epistemol&oacute;gica fundamental: quehacer y conocer en la ciencia no son dos instancias separadas, sino &iacute;ntimamente vinculadas. Pero, sobre todo, quiero analizar c&oacute;mo el tipo de acci&oacute;n caracter&iacute;stica del hacer productivo cumple un papel mediador en la producci&oacute;n de conocimiento.</p>     <p>Es lamentable que nuestra tradici&oacute;n filos&oacute;fica occidental se haya parcializado hacia una concepci&oacute;n mentalista, racionalista y representacionalista del conocimiento, que haya soslayado el papel del hacer productivo como un tipo de actividad est&eacute;ril y secundaria para el desarrollo del conocimiento, invisibilizando una buena parte de lo que se encuentra involucrado en el quehacer intelectual, tanto en la ciencia como en muchos otros tipos de conocimiento. Esta tradici&oacute;n ha sostenido una distinci&oacute;n radical entre racionalidad te&oacute;rica y racionalidad pr&aacute;ctica, haci&eacute;ndonos suponer que la comprensi&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico solo pertenece al &aacute;mbito de la racionalidad te&oacute;rica, lo que afianza la vieja separaci&oacute;n entre ciencia y t&eacute;cnica.</p>     <p>Sin embargo, procesos activos como el hacer experimental, el hacer instrumental, el hacer t&eacute;cnico y tecnol&oacute;gico, los procesos de codificaci&oacute;n y registro de datos, etc., no son instancias triviales en t&eacute;rminos epistemol&oacute;gicos, subordinadas al desarrollo te&oacute;rico, sino procesos activos que pueden cumplir un papel cognitivo importante en el desarrollo de la ciencia. Y con mayor raz&oacute;n lo son tambi&eacute;n los dem&aacute;s procesos activos habituales del quehacer intelectual y cient&iacute;fico, es decir, el hacer c&aacute;lculos, inferencias, descubrimientos, justificaciones, debates, etc.</p>     <p>El papel epistemol&oacute;gico del hacer y el papel activo del conocer se contraponen a las suposiciones ampliamente asumidas por la marcada orientaci&oacute;n racionalista asumida en la Filosof&iacute;a de la Ciencia, desde el positivismo l&oacute;gico hasta Kuhn, pero tienen un largo antecedente filos&oacute;fico y cient&iacute;fico, desde los siete sabios griegos, pasando por autores como Fil&oacute;n, Ficino, Da Vinci, Cardano, Bacon, Galileo, como lo muestra Rodolfo Mondolfo en su texto <i>Verum Factum </i>(1971), hasta autores m&aacute;s recientes como Piaget, y actuales como Ian Hacking, Bruno Latour, Peter Galison, Andrew Pickering. Para comprender el sentido de mi planteamiento propongo realizar enseguida una r&aacute;pida revisi&oacute;n del tipo de funci&oacute;n epistemol&oacute;gica analizada en la ciencia como hacer, por algunos importantes y conocidos autores de la tradici&oacute;n filos&oacute;fica.</p>     <p>Rodolfo Mondolfo en el texto mencionado explora los antecedentes de la concepci&oacute;n activista del conocimiento cient&iacute;fico, desde los siete sabios griegos hasta Marx, condensada en la expresi&oacute;n <i>Verum Factum </i>de Giambattista Vico. Seguramente Vico ha sido el autor cl&aacute;sico que mejor ha analizado el sentido epistemol&oacute;gico del hacer. Su famosa expresi&oacute;n, entendida como: solo conocemos verdaderamente lo que hacemos, es una clara expresi&oacute;n de su epistemolog&iacute;a activista. Para el fil&oacute;sofo napolitano el <i>factum </i>no es una realidad independiente de nosotros, que se presenta a nuestra observaci&oacute;n, sino algo que nosotros mismos hacemos, por lo que podemos conocerla verdaderamente.</p>     <p>Seg&uacute;n Mondolfo (1971, p. 21), para Vico, la expresi&oacute;n <i>&quot;factum </i>no significa una realidad (de acontecimientos o de cosas) que se ofrece al sujeto cognoscente, sino que quiere se&ntilde;alar la acci&oacute;n creadora del sujeto, que conquista verdaderamente el conocimiento <i>(verum) </i>en cuanto lo hace, es decir, en cuanto &eacute;l mismo es el autor y como tal conoce el producto de su propia obra&quot;. <i>Factum </i>es la condici&oacute;n esencial para la conquista del verdadero conocimiento <i>(verum).</i></p>     <p>Ahora bien, la argumentaci&oacute;n de Mondolfo contin&uacute;a con las palabras de Vico en la <i>segunda respuesta </i>de su texto <i>Discursos inaugurales: </i>&quot;por lo tanto, el criterio de tener ciencia de una cosa es llevarla a efecto... El conocimiento del &#91;hecho&#93; y la operaci&oacute;n es una misma cosa&quot; (Vico citado por Mondolfo, 1971, p. 22). Con esto, Vico no est&aacute; diciendo que el conocer de forma verdadera precede al hacer, o que el hacer precede el conocer, sino que <i>factum </i>y <i>verum, </i>hacer y conocer verdaderamente, son equivalentes, por ello, &quot;lo verdadero es una misma cosa con lo hecho &#91;y&#93; en tanto Dios es lo primero verdadero en cuanto es el primer hacedor o creador&quot; (Vico citado por Mondolfo, 1971, p. 22).</p>     <p>Este doble sentido del <i>factum </i>no solo como algo dado, sino como algo que se hace y se produce, lo se&ntilde;ala Latour en su famoso texto <i>La vida en el laboratorio, </i>del siguiente modo:</p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&laquo;Hecho&raquo; puede tener dos significados contradictorios &#91;...&#93;&laquo;hecho&raquo; se deriva de la ra&iacute;z<i>facere, factum 	</i>(hacer o fabricar). Por otro lado, se considera que &laquo;hecho&raquo; se refiere a alguna entidad objetivamente independiente que, en virtud de su &laquo;car&aacute;cter externo&raquo; no se puede modificar a voluntad y no es susceptible de cambio bajo cualesquiera circunstancias. (Latour, 1995, p. 196)</p> </blockquote>     <p>Un tema de gran relevancia en varios estudios hist&oacute;ricos recientes ha sido el an&aacute;lisis de la constituci&oacute;n de lo que se llama &quot;hechos&quot; en la ciencia. Espec&iacute;ficamente, me refiero a la famosa investigaci&oacute;n de Shapin y Shaffer sobre la bomba de vac&iacute;o (2005), y a la investigaci&oacute;n ya mencionada de Latour (1995). En ambos estudios se analiza el surgimiento o el nacimiento de objetos de estudio que han gozado posteriormente del estatuto de hechos, como el vac&iacute;o o la hormona liberadora de la tirotropina. Su constituci&oacute;n de hechos se encuentra ligada al establecimiento de la evidencia a trav&eacute;s de complejos procesos instrumentales y experimentales.</p>     <p>Volviendo a nuestra revisi&oacute;n sobre los antecedentes del tema, el car&aacute;cter epist&eacute;mico del hacer hunde sus ra&iacute;ces hasta la antig&uuml;edad griega, como lo se&ntilde;ala Mondolfo. Este muestra que durante el siglo V y la edad de la cultura sof&iacute;stica, el significado de <i>techn&eacute; </i>equivale al de <i>episteme </i>y que, incluso en Plat&oacute;n, se evidencia una promiscuidad terminol&oacute;gica entre esos dos conceptos (Mondolfo, 1971, p. 14).</p>     <p>Seg&uacute;n Mondolfo (1971, p. 14):</p>     <blockquote> 	    <p>Un documento sumamente significativo, tal vez el m&aacute;s significativo de todos, sobre el valor epistemol&oacute;gico que tiene el recurso a las t&eacute;cnicas en el antiguo naturalismo griego, lo constituye el escrito hipocr&aacute;tico,  	<i>De los alimentos. </i>El escritor hipocr&aacute;tico al presentar las t&eacute;cnicas del forjador, del batanero, el remend&oacute;n, del carpintero, del constructor, del m&uacute;sico, del curtidor, del cestero, del refinador de oro, del escultor, del alfarero, del copista, como imitaciones de los procesos naturales del organismo humano (...) convierte en teor&iacute;a consciente y expl&iacute;cita la utilizaci&oacute;n que hac&iacute;an todos los presocr&aacute;ticos de las sugerencias de la t&eacute;cnica para la interpretaci&oacute;n de la naturaleza.</p> </blockquote>     <p>Para Hip&oacute;crates las t&eacute;cnicas imitan los procesos naturales del organismo humano y por eso nos revelan sus secretos. La t&eacute;cnica interpreta la naturaleza. Entonces, existe una semejanza entre los procesos fisiol&oacute;gicos y las t&eacute;cnicas que proviene de una misteriosa ense&ntilde;anza divina sobre la que no tienen conciencia los hombres: &quot;los hombres no comprenden c&oacute;mo se puede observar lo oculto mediante lo manifiesto&quot; (Hip&oacute;crates citado por Mondolfo, 1971, p. 15).</p>     <p>Lo oculto y lo desconocido son los procesos de la naturaleza que se desarrollan sin la intervenci&oacute;n alguna del hombre; lo manifiesto y lo conocido, procesos de la t&eacute;cnica, que los hombres mismos realizan y que, por consiguiente, conocen verdadera y precisamente porque los realizan, los hacen. Para Hip&oacute;crates, pues, el hacer penetra en la naturaleza de las cosas, mientras la contemplaci&oacute;n pasiva no logra un conocimiento de la naturaleza. Los hombres &quot;conocen lo que hacen e ignoran lo que imitan&quot; (Hip&oacute;crates citado por Mondolfo, 1971, p. 15). Por ello, los hombres no saben que pueden observar lo invisible por medio de lo visible, puesto que al emplear t&eacute;cnicas semejantes a la naturaleza humana no se dan cuenta de ello. La mente de los dioses, en efecto, les ense&ntilde;&oacute; a imitar los procesos de la naturaleza, conociendo lo que hacen, pero sin conocer lo que imitan.</p>     <p>La exploraci&oacute;n en los autores antiguos que le asignan un sentido epistemol&oacute;gico al hacer podr&iacute;a ser muy amplia y, por lo mismo, no la vamos a realizar en esta lecci&oacute;n. Tambi&eacute;n se encuentran antecedentes de este planteamiento en algunos autores modernos como Da vinci, Cardano, Galileo, Bacon, Campanella. Como nos lo recuerda Hacking, Bacon ense&ntilde;aba que, &quot;no s&oacute;lo deber&iacute;amos observar la naturaleza en vivo, sino que tambi&eacute;n deber&iacute;amos &quot;torcerle la cola al le&oacute;n&quot;, esto es, manipular nuestro mundo para aprender sus secretos&quot; (Hacking, 1996, p. 177).</p>     <p>Algo similar se puede ver en Galileo. Sus experimentos con los planos inclinados fueron importantes no porque permitieran contrastar emp&iacute;ricamente una hip&oacute;tesis previamente formulada sobre el movimiento uniformemente acelerado, como se esperar&iacute;a desde una epistemolog&iacute;a kantiana; tampoco lo son porque develaran a la observaci&oacute;n alg&uacute;n tipo de relaci&oacute;n entre el tiempo y el espacio no advertida por otro camino. Fueron importantes porque mediaron la comprensi&oacute;n de situaciones f&iacute;sicas dif&iacute;ciles de enfrentar por el simple razonamiento, como el car&aacute;cter infinitesimal y continuo del movimiento. Las m&uacute;ltiples manipulaciones experimentales realizadas por Galileo permitieron de forma activa u operativa encontrar las soluciones f&iacute;sicas y matem&aacute;ticas del movimiento, que la mera raz&oacute;n no pod&iacute;a hallar mientras permaneciera hundida en las paradojas que se desprenden del an&aacute;lisis racional del car&aacute;cter infinitesimal y continuo del movimiento, paradojas que desde muy antiguo hab&iacute;a advertido ya Zen&oacute;n de Elea<sup><a name="s1" href="#1">1</a></sup>. Tambi&eacute;n, para Galileo, el telescopio fue m&aacute;s que un instrumento, pues cambi&oacute; la manera de establecer la experiencia en la astronom&iacute;a. Fue un mediador, un <i>&quot;sidereus nuncius&quot;, </i>o un mensajero celeste entre dos mundos que antes se encontraban totalmente separados: el mundo lunar del orden celeste y el mundo sublunar de la experiencia humana.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Siguiendo con el an&aacute;lisis del surgimiento de la experimentaci&oacute;n en el siglo XVII, el bar&oacute;metro de Torricelli y la bomba de vac&iacute;o construida por Boyle y Hooke fueron importantes porque instauraron un nuevo espacio para definir y analizar el vac&iacute;o, no ya como un concepto metaf&iacute;sico, tal como se analizaba en la f&iacute;sica aristot&eacute;lica, sino como un concepto f&iacute;sico, un efecto que se puede producir. La elaboraci&oacute;n del efecto supuso el establecimiento de condiciones emp&iacute;ricas para el desarrollo de un nuevo campo de la f&iacute;sica como la neum&aacute;tica, y de una nueva forma de an&aacute;lisis de la idea de vac&iacute;o importante en la nueva f&iacute;sica planteada por Newton (Shapin y Shaffer, 2005).</p>     <p>En estos casos distintos la elaboraci&oacute;n de experimentos y de instrumentos sirvi&oacute;, utilizando un t&eacute;rmino arquim&eacute;dico, de palanca cognitiva. &quot;&iexcl;Eureka!&quot;, o el proceso de descubrimiento/invenci&oacute;n/producci&oacute;n, no fueron en estos casos meros saltos creativos del entendimiento, sino saltos creativos mediados por el hacer productivo. En ellos el hacer cumpli&oacute; un papel mediador para el acto <i>poi&eacute;tico. </i>Por lo que dicho acto no fue solo un descubrimiento sino tambi&eacute;n una producci&oacute;n material.</p>     <p>En relaci&oacute;n con el an&aacute;lisis del papel epistemol&oacute;gico del hacer no podemos dejar de mencionar a un autor contempor&aacute;neo como Piaget. Desde la perspectiva de una teor&iacute;a del desarrollo, Piaget ha mostrado c&oacute;mo algunas nociones matem&aacute;ticas como la adici&oacute;n, la sustracci&oacute;n, la conmutaci&oacute;n, la transitividad, etc. se desarrollan en el ni&ntilde;o a trav&eacute;s de acciones relacionadas con la manipulaci&oacute;n de objetos en acciones como la utilizaci&oacute;n de los dedos de las manos para contar, o la reuni&oacute;n y separaci&oacute;n, la distribuci&oacute;n y clasificaci&oacute;n de objetos. En las operaciones l&oacute;gico-matem&aacute;ticas se procede de la aplicaci&oacute;n de operaciones a objetos f&iacute;sicos, a la interiorizaci&oacute;n de operaciones manipulables simb&oacute;licamente. De las acciones f&iacute;sicas con objetos, a las acciones mentales con s&iacute;mbolos.</p>     <p>En t&eacute;rminos generales, Piaget, en su art&iacute;culo &quot;El mito del origen sensorial de los conocimientos cient&iacute;ficos&quot;, afirma lo siguiente (1971, p. 88):</p>     <blockquote> 	    <p>Nuestros conocimientos no provienen &uacute;nicamente ni de la sensaci&oacute;n ni de la percepci&oacute;n, sino de la totalidad de la acci&oacute;n con respecto de la cual la percepci&oacute;n solo constituye la funci&oacute;n de se&ntilde;alizaci&oacute;n. En efecto, lo propio de la inteligencia no es contemplar, sino transformar y su mecanismo es esencialmente operatorio.</p> </blockquote>     <p>Incluso, el desarrollo de las nociones matem&aacute;ticas no solo se moldea a trav&eacute;s de las acciones, sino que tiene como condici&oacute;n una degradaci&oacute;n inicial de lo representational, en lugar de un mayor desarrollo. La acci&oacute;n requiere de percepciones, pero &uacute;nicamente de las que Piaget denomina propioceptivas, que cumplen una funci&oacute;n especialmente relacionada con la se&ntilde;alizaci&oacute;n de la acci&oacute;n.</p>     <p>Lo importante no son las acciones consideradas aisladamente, sino el esquema de dichas acciones. Sin embargo, el esquema no es, como para buena parte de la epistemolog&iacute;a moderna, producto de las representaciones perceptuales, sino de la acci&oacute;n misma. &quot;El esquema no sale de la percepci&oacute;n, sea propioceptiva o de otro tipo; el esquema es el resultado directo de la generalizaci&oacute;n de las acciones mismas y no de su percepci&oacute;n; como tal, el esquema no es perceptible en absoluto&quot; (Piaget, 1971, p. 91).</p>     <p>Piaget plantea que el esquema es m&aacute;s rico que la percepci&oacute;n correspondiente. Por ejemplo, la noci&oacute;n de espacio es m&aacute;s rica que la percepci&oacute;n del espacio, y esto por dos razones: de un lado, porque el esquema o la noci&oacute;n no consiste simplemente en traducir el dato perceptivo, sino tambi&eacute;n en corregirlo; de otro, por todo lo que la acci&oacute;n a&ntilde;ade a la percepci&oacute;n.</p>     <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>As&iacute; pues, de los resultados precedentes podemos sacar dos conclusiones. Por una parte, los conocimientos no proceden nunca exclusivamente de la sensaci&oacute;n o de la percepci&oacute;n, sino tambi&eacute;n de los esquemas de acciones o de los esquemas operatorios, que son, tanto unos como otros, irreductibles a la percepci&oacute;n sin m&aacute;s. Por otra parte, la percepci&oacute;n misma no consiste en una simple lectura de los datos sensoriales, sino que implica una organizaci&oacute;n activa en la que intervienen decisiones y pre-inferencias y que se debe a la influencia sobre la percepci&oacute;n como tal del esquematismo de las acciones o de las operaciones. (...)    <br> 	(...) en cada una de sus manifestaciones el conocimiento cient&iacute;fico refleja la inteligencia humana que, por su naturaleza operatoria, procede de la acci&oacute;n completa. (Piaget, 1971, pp. 111-112)</p> </blockquote>     <p>Con esta r&aacute;pida revisi&oacute;n de autores hemos mostrado que la idea de identificar un sentido epistemol&oacute;gico en el hacer tiene un largo antecedente.</p>     <p>No obstante, para comprender bien c&oacute;mo el hacer es un camino para el conocimiento en la ciencia es preciso entender c&oacute;mo en el hacer se produce una mediaci&oacute;n o un proceso operatorio que contribuye a la constituci&oacute;n de la experiencia.</p>     <p>Esta idea se comprendemejor si hacemos un contraste con la epistemolog&iacute;a kantiana. Para Kant la sensibilidad es pasiva, y el entendimiento, activo. De acuerdo con lo que &eacute;l denomina &quot;la espontaneidad del entendimiento&quot; solo este puede producir conceptos fuera de la experiencia o no derivados de ella. De este modo, la sensibilidad, mediada por el hacer productivo, no tendr&iacute;a un sentido pasivo sino activo. En el terreno del hacer la espontaneidad, la condici&oacute;n de elaborar conceptos y establecer la experiencia, se extender&iacute;a m&aacute;s all&aacute; del papel exclusivo del entendimiento, para ubicarse en un campo de mediaci&oacute;n determinado a trav&eacute;s de la interacci&oacute;n entre lo que la sensibilidad dispone, lo que el entendimiento produce y lo que el hacer media.</p>     <p>La complejidad de las ideas acerca del modo como se produce la mediaci&oacute;n del hacer y de c&oacute;mo este asume un sentido positivo epistemol&oacute;gico, se puede comprender en el &aacute;mbito espec&iacute;fico del trabajo experimental e instrumental, como campos privilegiados del hacer en la ciencia. Ian Hacking y Andrew Pickering nos ayudan en esta tarea.</p>     <p>El desarrollo de la ciencias experimentales, para Hacking y Pickering, no es el despliegue de un proceso te&oacute;rico que se hace pr&aacute;ctico a trav&eacute;s de los procesos experimentales e instrumentales, sino que es el ajuste mutuo de elementos te&oacute;rico-pr&aacute;cticos como las teor&iacute;as, el desarrollo de aparatos, el establecimiento de registros, etc. Este ajuste no se produce a priori, de antemano, sino en el curso de las acciones.</p>     <p>Hacking anota que el trabajo cient&iacute;fico en las ciencias de laboratorio guarda correspondencia con los ajustes &quot;robustos&quot; de diferentes elementos heterog&eacute;neos obtenidos en las intervenciones, en el tiempo real de las pr&aacute;cticas, y no con la adecuaci&oacute;n a algo predefinido o preestablecido. Al respecto el fil&oacute;sofo sostiene que:</p>     <blockquote> 	    <p>El trabajo de laboratorio requiere que consigamos un ajuste robusto entre aparatos, creencias y an&aacute;lisis de datos y teor&iacute;as. Antes de que se haya alcanzado un ajuste robusto, no est&aacute; determinado cu&aacute;l ser&aacute; ese ajuste. Ni determinado por c&oacute;mo es el mundo, ni determinado por la tecnolog&iacute;a  ahora existente, ni determinado por las pr&aacute;cticas sociales de los cient&iacute;ficos,  ni determinado por intereses o redes, ni determinado por el genio, ni  determinado por nada (...).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	No se trata de elegir una teor&iacute;a, o un instrumental o una fenomenolog&iacute;a entre las disponibles, &quot;(...) sino de trastear con la teor&iacute;a, los aparatos y las descripciones de lo que est&aacute;n haciendo los aparatos&quot;. (Hacking, 2001, pp. 125-126)</p> </blockquote>     <p>De manera detallada Pickering (1995) nos explica el proceso mediador del hacer como un proceso performativo, que denomina &quot;el modelamiento de la pr&aacute;ctica&quot;. M&aacute;s all&aacute; del ajuste entre el conocimiento subjetivo y el mundo objetivo, o entre las teor&iacute;as y los hechos observables, se trata de un proceso de acomodaciones para resolver las resistencias y buscar ajustes robustos, practicado a la manera de una &quot;puesta a punto&quot;, en sentido an&aacute;logo de la 'sintonizaci&oacute;n' <i>(tuning) </i>de una emisora en la radio o de la 'sincronizaci&oacute;n' de un autom&oacute;vil. Esas adaptaciones o ajustes no se pueden definir de antemano, sino en la pr&aacute;ctica o en el curso de las acciones.</p>     <blockquote> 	    <p>Los contornos de la agencia material nunca se conocen de antemano de manera decisiva, los cient&iacute;ficos tienen que explorarlos en su trabajo continuamente, los problemas surgen siempre y tienen que ser resueltos en el desarrollo, por ejemplo, de nuevas m&aacute;quinas. Y tales soluciones, -si se encuentran- toman la forma, como m&iacute;nimo, de un tipo de material delicado posicion&aacute;ndose o poni&eacute;ndose a punto  	<i>(tuning), </i>donde utilizo &quot;poni&eacute;ndose a punto&quot; <i>(tuning)  	</i>en el sentido de sintonizaci&oacute;n de un radio o del motor del coche, con la salvedad de que el car&aacute;cter de la &quot;se&ntilde;al&quot; no se conoce de antemano en la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. (Pickering, 1995, p. 14)<sup><a name="s2" href="#2">2</a></sup></p> </blockquote>     <p>Lo m&aacute;s importante de esta concepci&oacute;n es que el car&aacute;cter de la se&ntilde;al o, dicho de otro modo, de la especificaci&oacute;n de los contenidos y de las trayectorias materiales, no se conoce de antemano o no es producto de la red conceptual previa. Esos contenidos y trayectorias materiales solo se especifican en la interacci&oacute;n entre artefactos, ideas y marcas, para producir el fen&oacute;meno, pues no son la expresi&oacute;n de un ajuste predise&ntilde;ado.</p>     <p>Estos mutuos ajustes se dan en el tiempo real de la pr&aacute;ctica, es decir, no sobrepasan el transcurso de las acciones. Por ejemplo, un autom&oacute;vil solo se puede sincronizar ensuci&aacute;ndose las manos o en la acci&oacute;n directa de modificar las partes del autom&oacute;vil guiado por la habilidad pr&aacute;ctica del mec&aacute;nico. As&iacute;, las expresiones particulares de la m&aacute;quina se acoplan con la experiencia y las habilidades adquiridas por el agente a trav&eacute;s del entrenamiento. Con todo, desde este punto de vista, la ciencia no es un mero pensar y la tecnolog&iacute;a no se reduce a un hacer subordinado, guiado por el pensar.</p>     <p>No quiero extender esta reflexi&oacute;n m&aacute;s de lo necesario y justo para la ocasi&oacute;n. El inter&eacute;s primordial era suscitar el debate sobre algunas ideas y no analizar de manera extensa un tema. Entonces, quiero finalizar mi intervenci&oacute;n haciendo una sencilla exhortaci&oacute;n, desde los planteamientos que he expuesto, para el desarrollo del ejercicio filos&oacute;fico. Espec&iacute;ficamente deseo llamar la atenci&oacute;n sobre el car&aacute;cter activo del quehacer filos&oacute;fico. A los fil&oacute;sofos nos han estigmatizado como pensadores puros. La imagen del fil&oacute;sofo reflexivo, como la de la escultura del pensador de Rodin, manifiesta solo un aspecto de la forma de conocer de esta disciplina, y omite otra forma importante que queda consignada en la frase ordinaria: &quot;hacer filosof&iacute;a&quot;. En efecto, ni la filosof&iacute;a ni la ciencia tienen su asidero en un &quot;pensar&quot; separado de la acci&oacute;n como &quot;hacer&quot; productivo. Ellas son un &quot;hacer&quot; que produce ideas, teor&iacute;as, modelos interpretativos, etc.</p>     <p>Tanto la ciencia como la filosof&iacute;a se &quot;hacen&quot;, en todo el sentido de la palabra, en las disertaciones emprendidas con los amigos y colegas mientras se toma un caf&eacute;; en las interacciones sostenidas en el aula de clase; en el intercambio de ideas realizado en un congreso, simposio o foro; en la paciente y dispendiosa labor de enfrentarse a una pantalla en blanco para escribir un art&iacute;culo o una ponencia; en el tortuoso trabajo de hacer o dirigir una tesis; en el ingrato esfuerzo de conseguir recursos para la investigaci&oacute;n con Colciencias. Esto es, en labores que despliegan muchas formas del hacer productivo.</p>     <p>Espero que esta sencilla <i>Lectio </i>haya permitido entender el significado epistemol&oacute;gico que tienen las palabras &quot;hacer&quot; y &quot;producir&quot;, en los dominios de la ciencia y la filosof&iacute;a, y que motiven la curiosidad filos&oacute;fica de algunos, la comprensi&oacute;n m&aacute;s amplia del quehacer cient&iacute;fico y filos&oacute;fico y, sobre todo, el &quot;hacer filosof&iacute;a&quot; en su sentido activo, operativo y productivo justo en el momento en que inauguramos un nuevo semestre acad&eacute;mico.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Pie de p&aacute;gina</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup>A esta conclusion se puede llegar a partir del an&aacute;lisis de las cuatro dificultades que Galileo enfrento antes de considerar aceptada la ley de la ca&iacute;da de los cuerpos en su texto de los <i>Discorsi </i>(Galileo, 1988a). Estas dificultades tienen que ver con una comprensi&oacute;n especialmente l&oacute;gica y filos&oacute;fica del movimiento de ca&iacute;da de los cuerpos. Para la gran mayor&iacute;a de los especialistas sobre el tema ha quedado claro que Galileo no dedujo racionalmente esa ley, ni la infiri&oacute; o justific&oacute; a trav&eacute;s de los experimentos con el plano inclinado, a pesar de haber realizado cuidadosamente muchos experimentos de ese tipo, como consta en los an&aacute;lisis de sus manuscritos (Galileo, 1988b). Lo m&aacute;s seguro es que los experimentos cumplieron fundamentalmente una funci&oacute;n heur&iacute;stica.    <br> <sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup>&quot;The <i>contours of material agency are never decisively known in advance, scientists continually have to explore them in their work, problems always arise and have to be solved in the development of, say, new machines. And such solutions -if they are found at all- take the form, at minimum, of a kind of delicate material positioning or tuning, where I use &quot;tuning&quot; in the sense of tuning a radio set or car engine, with the caveat that the character of the &quot;signal&quot; is not known in advance in scientific research&quot;.</i></p> <hr>     <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p>Galileo, G. (1988a). Discursos y demostraciones matem&aacute;ticas en torno a dos nuevas ciencias relativas a la Mec&aacute;nica y los Movimientos Locales. C. Azc&aacute;rate, D. Garc&iacute;a &amp; J. Romo (Eds.), <i>Galileo Galilei: La nueva ciencia del movimiento. Selecci&oacute;n y edici&oacute;n cr&iacute;tica de los </i>Discorsi, Vol. 2. Barcelona: Edici&oacute;n de la Universidad Polit&eacute;cnica de Catalu&ntilde;a y Publicaci&oacute;n de la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-5323201400020001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Galileo, G. (1988b). Manuscritos. C. Azc&aacute;rate, D. Garc&iacute;a &amp; J. Romo (Eds.), <i>Galileo Galilei: La nueva ciencia del movimiento. Selecci&oacute;n y edici&oacute;n cr&iacute;tica de los </i>Discorsi (pp. 147-153/159-169/363-448). Barcelona: Edici&oacute;n de la Universidad Polit&eacute;cnica de Catalu&ntilde;a y Publicaci&oacute;n de la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-5323201400020001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hacking, I. (2001). <i>&iquest;La Construcci&oacute;n Social de Qu&eacute;? </i>(Trad. J. S&aacute;nchez). Barcelona/Buenos Aires: M&eacute;xico: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-5323201400020001300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hacking, I. (1999). <i>The Social Construction of WHAT? </i>Cambridge/London: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-5323201400020001300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hacking, I. (1996). <i>Representar e Intervenir. </i>(Trad. S. Mart&iacute;nez). M&eacute;xico: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-5323201400020001300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kuhn, T.S. (1997). <i>La estructura de las revoluciones cient&iacute;ficas. </i>(Trad. A. Cont&iacute;n). Madrid: F.C.E.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-5323201400020001300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Latour, B. &amp; Woolgar, S. (1995). <i>La vida en el laboratorio. La construcci&oacute;n de los hechos cient&iacute;ficos. </i>(Trad. S. P&eacute;rez). Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-5323201400020001300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Latour, B. &amp; Woolgar, S. (1986). <i>Laboratory Life: The Construction of Scientific Facts. </i>Princeton: Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-5323201400020001300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Latour, B. (1992). <i>Ciencia en acci&oacute;n: c&oacute;mo seguir a los cient&iacute;ficos e ingenieros a trav&eacute;s de la sociedad. </i>Barcelona: Labor.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-5323201400020001300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Latour, B. (1987). <i>Science in Action: How to Follow Scientists and Engineers through Society. </i>Cambridge: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-5323201400020001300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Lynch, M. (1993). <i>Scientific Practice and Ordinary Action: Ethnomethodology and Social Studies of Science. </i>New York: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-5323201400020001300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Marcos, A. (2010). <i>Ciencia y acci&oacute;n. Una filosof&iacute;a pr&aacute;ctica de la ciencia. </i>M&eacute;xico: F.C.E.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-5323201400020001300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mondolfo, R. (1971). <i>Verum Factum, desde antes de Vico hasta Marx. </i>M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-5323201400020001300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Piaget, J. (1971). El mito del origen sensorial de los conocimientos cient&iacute;ficos. <i>Psicolog&iacute;a y epistemolog&iacute;a. </i>Barcelona: Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-5323201400020001300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pickering, A. (1995). <i>The Mangle of Practice. Time, Agency, and Science. </i>Chicago: The University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-5323201400020001300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pickering, A. (Ed.). (1992). <i>Science as Practice and Culture. </i>Chicago/London: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-5323201400020001300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pickering, A. (1989). Living in the Material World. D. Gooding, P. Trevor &amp; S. Schaffer (Eds.). <i>The Uses of Experiment. </i>New York: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-5323201400020001300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Schaffer, S. &amp; Shapin, S. (2005). <i>El Leviathan y la bomba de vac&iacute;o Hobbes, Boyle y la vida experimental. </i>(Trad. A. Buch). Quilmes: Universidad Nacional de Quilmes Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-5323201400020001300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Schatzki, T. et al. (2001). <i>The Practice Turn in Contemporary Theory. </i>London/ New York: Routledge.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-5323201400020001300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Vico, G. (2008). <i>Ciencia Nueva. </i>Madrid: Tecnos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-5323201400020001300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Vico, G. (2002). <i>Obras, </i>Vols. 1 y 2. Barcelona: &Aacute;nthropos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-5323201400020001300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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