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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b><i>Paranoia. La locura que hace la historia.</i></font>    <br> (Trad. M.J. De Ruschi).    <br> Zoja, L. (2013).    <br> Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    <br> ISBN: 978-950557-991-4. N&uacute;mero de p&aacute;ginas: 567.</b></p>     <p align="center">doi: <a target="_blank" href="http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.uph31-63.rplh">http://dx.doi.org/10.11144/Javeriana.uph31-63.rplh</a></p>     <p>Presentar el m&aacute;s reciente libro del profesor Luigi Zoja: <i>Paranoia. La locura que hace la historia, </i>publicado por la editorial Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, en la versi&oacute;n castellana de M.J. Ruschi, es una tarea que por su magnitud acojo con cierto temor y respeto, dado que implica hacer eco al pensamiento que en este libro se expresa, sin traicionar su esp&iacute;ritu original ni simplificarlo en formulaciones m&aacute;s o menos generales. Al leerlo. descubr&iacute; a un pensador sincero que logra ver con agudeza la complejidad de las configuraciones modernas de nuestra interioridad, y consigue develar. a la vez, los mecanismos emocionales y ps&iacute;quicos que se ponen en juego en ciertos acontecimientos que han marcado nuestra historia. Me encontr&eacute;, igualmente, con un escritor ejemplar que logra comunicar sus pensamientos con rigor y sin abandonar al lector pues quiere, en efecto, entablar un di&aacute;logo honesto con &eacute;l y no, simplemente, proponerle un modelo de erudici&oacute;n acad&eacute;mica sobre un tema de profunda actualidad: un caso de enfermedad mental. La trayectoria acad&eacute;mica y, ante todo vital del autor, me anim&oacute; a intentar esta presentaci&oacute;n que quiz&aacute; sea solo un instrumento o un pretexto de amplificaci&oacute;n y resonancia de las posibilidades de comprensi&oacute;n de s&iacute; que el libro nos abre.</p>     <p>Para lograr un mejor acercamiento a los asuntos humanos, la tem&aacute;tica que aborda este texto resalta la necesidad de buscar v&iacute;as m&aacute;s amplias a las normalmente emprendidas en los l&iacute;mites cerrados de las disciplinas o en los modelos simplificados del comercio de las ideas o de la promoci&oacute;n de respuestas edificantes, con el fin de plantear interrogantes m&aacute;s serios e ineludibles por cuanto se anclan en nuestro m&aacute;s profundo interior, como dir&iacute;a el fil&oacute;sofo de Konigsberg, Immanuel Kant. De los diversos asuntos humanos que hoy es necesario asumir quiero resaltar, en primer lugar, el del sufrimiento y, correlativo con &eacute;l, el de la fragilidad emocional a la que estamos expuestos en nuestros d&iacute;as. La consideraci&oacute;n del sufrimiento humano ha dejado de ser un tema exclusivo de las denominadas ciencias de la salud o de la mente, para retornar a su nicho originario, a saber, el esfuerzo del hombre por comprender lo que le pasa y por comprenderse en el trabajo del pensamiento de s&iacute;, del s&iacute;mbolo y de la met&aacute;fora.</p>     <p>El prop&oacute;sito del profesor Luigi Zoja no es el de construir una historia de la paranoia en el marco de la conceptualizaci&oacute;n moderna de la enfermedad mental se&ntilde;alando, por ejemplo, su etiolog&iacute;a, sus tipolog&iacute;as y las diversas formas de tratamiento terap&eacute;utico o farmacol&oacute;gico, como es usual en la mayor&iacute;a de los libros de psiquiatr&iacute;a o de psicopatolog&iacute;a cl&iacute;nica. Tampoco tiene como objetivo realizar el psicoan&aacute;lisis de algunos personajes de la historia que han marcado con acciones de violencia, destrucci&oacute;n y odio, el destino de individuos y pueblos enteros, revelando sus conflictos m&aacute;s &iacute;ntimos, sus ilusiones y sus deseos. La obra de Luigi Zoja, ciertamente, se aparta de los modelos habituales de descripci&oacute;n o explicaci&oacute;n de aquellos deseos y comportamientos humanos que a&uacute;n hoy nos dejan perplejos porque nos revelan el lado m&aacute;s oscuro de nosotros mismos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ante el reconocimiento sincero de los dispositivos <i>tim&oacute;ticos </i>de la locura que hace historia, Zoja no se presenta como un juez o m&eacute;dico que busca develar una cierta culpa primordial emergente de lo m&aacute;s profundo de los sujetos que han llenado de odio y desconfianza nuestro mundo interior y social. Antes bien, se propone asumir con sumo cuidado la tarea de pensar la enorme complejidad que se revela en este trastorno emocional que afecta no solo la percepci&oacute;n del mundo sino, ante todo, la creaci&oacute;n de v&iacute;nculos con los dem&aacute;s y con lo otro de nosotros mismos. Hoy, antes de estar animado por sentimientos de solidaridad y confianza, nuestro mundo compartido se ha venido quebrando de manera progresiva, debido a la promoci&oacute;n contagiosa de una desconfianza extrema e irracional hacia los otros y hacia todo aquello que en cada uno de nosotros percibimos como extra&ntilde;o o, simplemente, diferente.</p>     <p>Actualmente, no podemos seguir sosteniendo que el motor de la historia es la raz&oacute;n, como en otros tiempos lo sol&iacute;a defender de manera entusiasta un pensador movido por la conquista de la ciencia y de los supuestos progresos morales de una visi&oacute;n de mundo plenamente ilustrada, o en continuo proceso ascendente. No olvidemos que en el despertar de nuestra civilizaci&oacute;n y cultura occidental uno de los m&aacute;s grandes pensadores del mundo griego, Her&aacute;clito, el oscuro, hab&iacute;a se&ntilde;alado que el <i>polemos, </i>la guerra, es el padre de todas las cosas; ahora podemos agregar, siguiendo a Zoja, que este padre afirma su poder gracias al dispositivo de la paranoia que impregna de odio y desconfianza al mundo humano. En efecto, nuestra historia est&aacute; labrada desde un comienzo por el odio enfermizo hacia los dem&aacute;s.</p>     <p>Pero, ante este despliegue hist&oacute;rico de la potencia de lo negativo, no podemos emprender cruzadas morales contra los que ven en el otro la fuente del mal o son incapaces de mostrar sus propias posibilidades de locura sin verlas reflejadas en los dem&aacute;s. Como pensador, Zoja no busca sugerir una terapia para un problema tan complejo pues, como &eacute;l mismo lo indica, esto no ser&iacute;a realista. Este libro no pretende, entonces, ser una ayuda para desterrar una cierta psicopatolog&iacute;a individual o colectiva, sino abrir un horizonte de comprensi&oacute;n moral de aquellas posibilidades que se alojan en lo m&aacute;s profundo de nuestro psiquismo, esto es, &quot;evocar una verg&uuml;enza y un problema de conciencia porque todos hemos hecho, al menos una vez, en mayor o menor medida, alg&uacute;n aporte a esta entidad maligna&quot; (p. 446). Por lo tanto, la tarea m&aacute;s dif&iacute;cil no consiste en describir de manera exhaustiva esta enfermedad, sino en reconocerla como &quot;una posibilidad presente en todos nosotros: como un arquetipo, en el sentido que le da a este t&eacute;rmino Carl Gustav Jung&quot; (p. 31).</p>     <p>Para poder alcanzar este reconocimiento debemos aceptar ser interpelados. El que emprende la tarea de leer este libro es aqu&iacute; a la vez le&iacute;do; no simplemente alcanza un punto de vista para divisar lo que acontece o ha acontecido a los dem&aacute;s o para evaluar el decurso hist&oacute;rico de pueblos particulares en determinados momentos de su historia. Antes bien, a trav&eacute;s de estas p&aacute;ginas, el lector se descubre a s&iacute; mismo en sus posibilidades m&aacute;s &iacute;ntimas y, como lo se&ntilde;ala Ernst J&uuml;nger, se le revela su gran verdad pues, cuando somos capaces de abrir las puertas de lo m&aacute;s &iacute;ntimo, a saber, de nuestro m&aacute;s profundo dolor y sufrimiento, y somos capaces de ponernos a la altura del dolor o de sobrepasarlo, logramos &quot;acceder a las fuentes de que mana su poder y al secreto que se esconde tras su dominio&quot; (J&uuml;nger, 1995, p. 13). Encarar este secreto tiene, por lo tanto, un efecto liberador, aunque no de manera inmediata y evidente. En un mundo dominado por la velocidad y lo efectivo, el develamiento de un secreto interior que demanda la sinceridad del reconocimiento es algo que no resulta bien valorado. Hoy buscamos respuestas y f&oacute;rmulas abreviadas que nos permitan resolver con prontitud aquello que nos inquieta; pero nos falta, a&uacute;n, detenernos en nosotros mismos con la paciencia de la mirada aguda y de la pregunta. Sin duda, el libro de Zoja es un magn&iacute;fico ejemplo de tal agudeza y paciencia.</p>     <p>Como sabemos, el mundo griego nos indic&oacute; el camino para acceder al conocimiento del cosmos tanto externo como interno, y nos mostr&oacute; tambi&eacute;n lo que podemos esperar si no somos capaces de orientar nuestra vida de modo racional y de construir, con ello, una forma social y pol&iacute;tica de convivencia que est&eacute; o pueda estar en plena conformidad con nuestra naturaleza. Es decir, nos leg&oacute; el deseo de alcanzar el conocimiento adecuado de todo lo que ocurre a nuestro alrededor y en nosotros mismos para poder llevar una vida digna. Pero tambi&eacute;n nos ense&ntilde;&oacute; de manera cruda las profundas contradicciones y tensiones de aquellas fuerzas oscuras que inundan nuestro interior y que a menudo adquieren, pese a nosotros mismos, una espantosa presencia exterior en nuestras acciones afectando, de modo consciente o inconsciente, a todos los que est&aacute;n cerca de nosotros, y alterando as&iacute; el ordenamiento del mundo social que compartimos. Estas fuerzas oscuras, como las Furias, son capaces de perturbar nuestra mente y psiquismo, hundi&eacute;ndonos en la soledad de la locura y del delirio.</p>     <p>Poner ante la mirada del espectador esas fuerzas en tensi&oacute;n y sus devastadores efectos en la vida emocional del individuo y de una comunidad determinada fue, sin duda, uno de los logros m&aacute;s significativos de los grandes tr&aacute;gicos. En la tragedia, el deseo del conocimiento de s&iacute; encontr&oacute; su m&aacute;s fiel escudero; ese conocimiento es inalcanzable si le damos la espalda a aquello que desde la sombra es capaz de alterar la cordura que tanto buscamos o presuponemos. De manera acertada el profesor Zoja encuentra en la tragedia griega, en particular en el <i>&Aacute;yax </i>de S&oacute;focles, no solo el punto de partida para emprender el camino hacia el reconocimiento de esta locura colectiva que hace historia, sino tambi&eacute;n para enmarcar su misterio pues, en ocasiones de gran confusi&oacute;n emocional, fuerzas oscuras toman posesi&oacute;n de nosotros tanto en el plano individual como en el colectivo.</p>     <p>La mirada a la tragedia nos permite as&iacute; alcanzar una perspectiva que articula el drama individual con el despliegue hist&oacute;rico de esta pasi&oacute;n colectiva que cubre con el velo de la sospecha y la desconfianza nuestras relaciones con los otros. La escena de la locura de &Aacute;yax, en la que movido por el desenfreno y la ira mata cabras en lugar de enemigos y se pone en rid&iacute;culo frente a los dioses y a sus propios enemigos, siendo &eacute;l en efecto un gran guerrero, nos permite captar el dispositivo an&iacute;mico que se pone en juego en la paranoia, donde la mente se ve afectada por sus propios recursos al invertir todo el ordenamiento ps&iacute;quico interior, pues &quot;en las mentes armadas por la sospecha la creatividad de los s&iacute;mbolos se transforma en destructividad; el proceso vital, en proceso de muerte&quot; (p. 23). El alcance de esta inversi&oacute;n se puede corroborar no solo en el drama sino, ante todo, en la historia de los seres humanos.</p>     <p>Por esta raz&oacute;n, Zoja ve reflejado el proceder an&iacute;mico paranoico escenificado por S&oacute;focles en su <i>&Aacute;yax </i>en algunos personajes de la historia como Hitler, Musolini, Stalin, Bush, entre otros, y tambi&eacute;n en acontecimientos hist&oacute;ricos marcados de devastaci&oacute;n y muerte como, por ejemplo, la conquista del Nuevo Mundo, el despunte del nacionalismo europeo de los siglos XVII y XVIII, la consolidaci&oacute;n del proceso de colonizaci&oacute;n de Estados Unidos, la Gran Guerra, la Segunda Guerra Mundial, la explosi&oacute;n de la bomba at&oacute;mica en Hiroshima y Nagasaki, la Guerra Fr&iacute;a, los procesos nacionalistas y racistas de los siglos XIX y XX como r&eacute;dito paranoico, y el despliegue en el siglo XX de la cultura de masas anclada en un pensamiento de profunda sospecha y desconfianza de todo lo existente. Aqu&iacute; la tragedia y la historia dicen una oscura verdad que es tambi&eacute;n la nuestra: la enorme fragilidad de nuestra estructura emocional que, en algunos momentos de gran tensi&oacute;n, tergiversa las relaciones entre lo simb&oacute;lico y lo real, y despliega una vecindad fatal entre el bien y el mal.</p>     <p>En la articulaci&oacute;n entre la tragedia y la historia, Zoja quiere examinar los mecanismos ps&iacute;quico-emocionales que se ponen en juego en la paranoia colectiva. Sin duda, este es un aporte decisivo no solo al campo de la psicopatolog&iacute;a social, sino tambi&eacute;n a las tareas para pensar nuestro presente a la luz de una comprensi&oacute;n integral de los procesos mentales, emocionales y sem&aacute;nticos que nos han configurado y a&uacute;n hoy siguen determinando nuestro actuar en el mundo. Para esto, el autor examina con sumo cuidado los diversos dispositivos que se ponen en juego en aquello que, m&aacute;s que una patolog&iacute;a determinada, es una posibilidad presente en la cultura, en la sociedad y, ante todo, en nosotros mismos. Consider&eacute;moslos, brevemente:</p>     <p>El proceder paranoico cierra al individuo en una profunda soledad que impide la interacci&oacute;n efectiva con los otros, pues lo a&iacute;sla y encierra en un s&iacute; mismo autorreferencial que niega todo verdadero contacto con los dem&aacute;s, al asumirlos simplemente como extra&ntilde;os o enemigos potenciales. Con esto, la imagen que se tiene de s&iacute; mismo se ve tergiversada por la megaloman&iacute;a, que sirve a la vez de mecanismo compensatorio a la sensaci&oacute;n de ser poca cosa frente a la presencia abrumadora de una imagen falseada de lo otro, los otros y de su v&iacute;nculo. Esta imagen provoca un sentimiento profundo de envidia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este sentimiento se ve reforzado por una actitud constante de sospecha frente a todos los dem&aacute;s, a lo existente y a lo venidero; esta sospecha exagerada no abre al individuo a nuevas posibilidades, sino que lo acorrala generando la convicci&oacute;n de ser v&iacute;ctima de un complot exterior fraguado con el &uacute;nico objetivo de aniquilarlo y de borrar toda huella de su presencia en el mundo. Obviamente, las respuestas que el individuo paranoico da a las dificultades con las que se topa son siempre exageradas, pues son producto de una falsa comprensi&oacute;n de la realidad y de sus posibilidades de intervenci&oacute;n en ella. Es decir, el individuo paranoico obra seg&uacute;n una l&oacute;gica delirante que tiene como base un presupuesto falso, convierte todo lo que le acaece o inquieta en una cuesti&oacute;n vital, esto es, en un asunto de vida o muerte del que hace depender sus respuestas, y no de consideraciones ponderadas de las situaciones que lo afectan. Para &eacute;l, nada es circunstancial o pasajero; todo tiene una dimensi&oacute;n esencial para su vida y para el modelo de relaciones que quiere instaurar.</p>     <p>El profesor Zoja caracteriza la l&oacute;gica argumentativa del proceder de una mente paranoica con la expresi&oacute;n &quot;inversi&oacute;n de las causas&quot;, ya que en la actitud de desconfianza generalizada se da como hecho aquello que es mera posibilidad, y a partir de ah&iacute; se busca justificar lo que se presupone. Esta inversi&oacute;n se enreda en una circularidad viciosa en la que el otro es tomado siempre como un mero enemigo real o potencial, puesto que no es uno mismo. La argumentaci&oacute;n falaz de esta l&oacute;gica al rev&eacute;s, en la que lo que se debe mostrar se da ya por sentado, perturba tanto al n&uacute;cleo emocional del individuo como a su mente. Una vez se ha desatado un proceder paranoico, este se alimenta a s&iacute; mismo, reforz&aacute;ndose y cortando la posibilidad de su reversi&oacute;n. A este movimiento circular Zoja lo denomina <i>autotropismo.</i></p>     <p>En la medida en que es propio de nosotros ser-con-otros y configurarnos a trav&eacute;s de la relaci&oacute;n, el proceder de una mente paranoica se proyecta en el mundo social, reforzando la actitud individual y contaminando a los dem&aacute;s de modo colectivo. Esto amerita una atenci&oacute;n m&aacute;s cuidadosa por parte del lector. La actitud paranoica se genera y se refuerza en su despliegue hist&oacute;rico y comunitario. No es solo una posibilidad patol&oacute;gica de nuestro psiquismo en su n&uacute;cleo emocional l&oacute;gico argumentativo, pues se expande tambi&eacute;n como una cierta patolog&iacute;a de la cultura, sobre todo a partir de la Modernidad, y afecta al modo como comprendemos los v&iacute;nculos sociales y proyectamos los modelos de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y comunitaria.</p>     <p>Parafraseando a Julia Kristeva, podr&iacute;amos decir que los dispositivos paranoicos examinados por Zoja en su libro, muestran c&oacute;mo en nuestro momento hist&oacute;rico se ha venido incrementando el despliegue de una nueva enfermedad del alma que afecta nuestro entorno social, cultural y pol&iacute;tico y que, esencialmente, es un asunto pol&iacute;tico y moral. Esta enfermedad es, justamente, el encerramiento de una psique anclada en una comprensi&oacute;n de s&iacute; ego&iacute;sta y, sobre todo, emocionalmente perturbada, que enturbia y falsea el verdadero encuentro con lo otro de s&iacute; y con los otros. Con el pretexto de estar en todo momento informado y al d&iacute;a, la cultura del rumor y los mecanismos de comunicaci&oacute;n masiva refuerzan el aislamiento paranoico, minando con ello todo esfuerzo de implementar una visi&oacute;n m&aacute;s tolerante de las diferencias y de la fragilidad constitutiva de lo humano. La conformaci&oacute;n de los reg&iacute;menes totalitarios, denunciada por la posici&oacute;n cr&iacute;tica de fil&oacute;sofos sociales de la altura de Hannah Arendt o Elias Canetti, entre otros, y el incremento de posiciones nacionalistas, chovinistas y raciales, tienen como elemento estructurador los modelos de una interioridad emocionalmente enferma, que se cubre de visiones de mundo aparentemente plausibles y blindadas a todo cuestionamiento cr&iacute;tico, incapaces de calidez, de humor y de perd&oacute;n.</p>     <p>El diagn&oacute;stico de nuestro actual momento cultural exige una mirada que pueda develar nuestro m&aacute;s &iacute;ntimo secreto, esto es, la de ser capaces de descender con sinceridad a los recodos m&aacute;s oscuros de nosotros mismos para reconocernos tambi&eacute;n ah&iacute;, pues la sombra es tan nuestra como la tan anhelada claridad. Ampliar el horizonte de esta mirada es tarea, sin duda, de las ciencias sociales, la psicolog&iacute;a, la historia, la antropolog&iacute;a, la filosof&iacute;a social y de la cultura, el an&aacute;lisis pol&iacute;tico pero, sobre todo, del pensamiento moral, pues este es un asunto que a todos nos incumbe y que, por ello, nos llama a cada uno de nosotros a emprender una defensa individual y colectiva de un espacio de libertad que sirva de contrapeso a la actitud paranoica frente al mundo y a nuestro propio interior. Tal vez, por esta raz&oacute;n, el profesor Zoja no quiere cerrar su libro con un simple cap&iacute;tulo conclusivo que presente de manera breve los alcances te&oacute;ricos o pr&aacute;cticos de su empresa. Al final del texto, cuando el tel&oacute;n cae, como &eacute;l mismo dice, buscando en el susurro de Yago poder asir el poder salv&iacute;fico de la palabra, el interrogante queda desplazado a cada uno de nosotros que hemos acompa&ntilde;ado al autor en su recorrido por esta lectura de la historia de Occidente, que es al mismo tiempo la historia del odio, la desconfianza y la sospecha, esto es, nuestra propia historia.</p>     <p>Tenemos ahora en nuestras manos la palabra para decir <i>no </i>a esta posibilidad tendenciosa que nos inclina a la soledad y al aislamiento. Si en nosotros se halla latente la posibilidad de hundirnos en la locura que ha hecho nuestra historia, tambi&eacute;n tenemos la otra posibilidad abierta y, ante todo, el deber hist&oacute;rico de revertir nuestra tendencia y de ser de nuevo nacimiento, como lo dir&iacute;a Arendt. Obviamente, no se trata aqu&iacute; de levantar programas edificantes con tintes moralistas ni de impulsar reformas educativas, sociales o pol&iacute;ticas para que todos las acojamos de modo comunitario. La salud est&aacute; en nuestras manos, pues solo puede florecer desde nuestro m&aacute;s &iacute;ntimo interior, aunque el camino no lo veamos <i>prima facie. </i>Es un asunto de decisi&oacute;n y, por tanto, atraviesa de manera estructural el conjunto de nuestra vida emocional y mental. Esta situaci&oacute;n, en mis t&eacute;rminos, profundamente existencial, Luigi Zoja la ejemplifica con un claro gesto de ampliaci&oacute;n simb&oacute;lica, apelando a la f&aacute;bula <i>cherokee </i>de los dos lobos: &quot;Un anciano le dice a un ni&ntilde;o: dentro de ti dos lobos combaten una lucha mortal. Uno es bueno, generoso, sereno, humilde y sincero. El otro est&aacute; lleno de rencor, de agresividad, de orgullo, de un sentimiento de superioridad y de ego&iacute;smo. &laquo;&iquest;Qui&eacute;n vencer&aacute;?&raquo;, pregunta el ni&ntilde;o espantado. &laquo;El que t&uacute; alimentes&raquo;, le responde el adulto&quot; (p. 448). Esta pregunta est&aacute; de nuevo abierta y su respuesta depende de lo que alimente el interior de cada uno de nosotros. Solo me resta invitarlos a leer este apasionante libro con la certeza de que lo disfrutar&aacute;n, como yo lo he hecho, y tambi&eacute;n a permitirse el ser interpelados, eso s&iacute;, con humor y dulzura.</p> <hr>     <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>     <!-- ref --><p>J&uuml;nger, E. (1995). <i>Sobre el dolor. </i>Barcelona: Tusquets Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000030&pid=S0120-5323201400020001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> <hr>     <p>Luis Fernando Cardona Su&aacute;rez    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Pontificia Universidad Javeriana    <br> <a target="_blank" href="mailto:fcardona@javeriana.edu.co">fcardona@javeriana.edu.co</a></p> </font>      ]]></body><back>
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