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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL DARWINISMO EN COLOMBIA: VISIONES DE LA NATURALEZA Y LA SOCIEDAD]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[As was the case in other Latin-American countries, during the last quarter of the 19th century in Colombia, Darwinism generated intense discussion between its followers and its opponents. In the present work, I describe the social environment in which these polemics occurred and the participation of different groups, including naturalists, physicians, intellectuals, lawyers, politicians and university students, all of whom linked the theory of evolution to their different concerns. I present evidence about how the debate was simultaneously scientific and political and covered themes such as educational reform and the education of young people and women, religion and the relations between the Church and the State, and fundamental questions about the nation and the racial constitution of the population. The polemics around Darwinism were indistinctly related to the positivism of Spencer and his ideas about society, human nature and the limits of scientific naturalism.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"> <b>PARTE I</b> </font></P >     <P   align="center" ><font size="4">EL DARWINISMO EN COLOMBIA:VISIONES DE LA NATURALEZA Y LA SOCIEDAD.</font></P >     <P align="center">Darwinism in Colombia: Visions of nature and society.     <BR></P>      <P>OLGA RESTREPO FORERO<Sup>1</Sup>, Ph. D. <Sup>1</Sup>Profesora Asociada, Departamento de Sociolog&iacute;a, Facultad de CienciasHumanas, Universidad Nacional de Colombia. Sede Bogot&aacute;,Ciudad Universitaria, Carrera 30 # 45-03. A.A. 14490.<a href="mailto:omrestrepof@unal.edu.co">omrestrepof@unal.edu.co</a> </P >     <P   >Presentado 7 de octubre de 2009, aceptado 16 de noviembre de 2009, correcciones 29 de abril de 2010. </P > <hr size="1">     <p>RESUMEN </P >     <P   >Como ocurr&iacute;a en otros pa&iacute;ses latinoamericanos, durante el &uacute;ltimo cuarto del siglo XIX, el darwinismo gener&oacute; en Colombia intensas discusiones entre sus partidarios y opositores. En el presente trabajo se describe el ambiente social en que se inscribieron las pol&eacute;micas y se muestra la diferente participaci&oacute;n que tuvieron distintos grupos, entre ellos, naturalistas, m&eacute;dicos, intelectuales, abogados, pol&iacute;ticos y estudiantes universitarios, quienes vincularon la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n a sus diversas preocupaciones. Se evidencia c&oacute;mo el debate fue simult&aacute;neamente cient&iacute;fico y pol&iacute;tico, y abarc&oacute; temas como la reforma educativa y la educaci&oacute;n de los j&oacute;venes y de las mujeres, la religi&oacute;n y las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y preguntas fundamentales acerca de la naci&oacute;n y la constituci&oacute;n racial de la poblaci&oacute;n. Las pol&eacute;micas en torno al darwinismo involucraron indistintamente al positivismo de Spencer y sus ideas acerca de la sociedad, la naturaleza humana y los l&iacute;mites del naturalismo cient&iacute;fico. </P >     <P   >Palabras clave: Colombia, darwinismo, historia de la biolog&iacute;a, positivismo, siglo XIX. </P > <hr size="1">ABSTRACT </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   >As was the case in other Latin-American countries, during the last quarter of the 19th century in Colombia, Darwinism generated intense discussion between its followers and its opponents. In the present work, I describe the social environment in which these polemics occurred and the participation of different groups, including naturalists, physicians, intellectuals, lawyers, politicians and university students, all of whom linked the theory of evolution to their different concerns. I present evidence about how the debate was simultaneously scientific and political and covered themes such as educational reform and the education of young people and women, religion and the relations between the Church and the State, and fundamental questions about the nation and the racial constitution of the population. The polemics around Darwinism were indistinctly related to the positivism of Spencer and his ideas about society, human nature and the limits of scientific naturalism. </P >     <P   >Key words: Colombia, Darwinism, history of biology, positivism, XIXth Century. </P ><hr size="1">     <p>Hace muchos a&ntilde;os, hubiera podido parecer in&uacute;til emprender una investigaci&oacute;n sobre el darwinismo en Colombia, de haber aceptado como v&aacute;lidos los comentarios realizados por un reconocido historiador sobre la &ldquo;inexistencia de un debate sobre Darwin ni sobre cualquier otro concepto cient&iacute;fico durante el siglo XIX en el pa&iacute;s (Safford, 1985)&rdquo;. En efecto, en 1985, el historia-dor Frank Safford incluso ensayaba hip&oacute;tesis para explicar este hecho &ldquo;sorprendente&rdquo;, se&ntilde;alando que probablemente se deb&iacute;a a la presunta &ldquo;autoridad m&iacute;tica&rdquo; que en Colombia ten&iacute;a la &ldquo;ciencia moderna&rdquo;, lo cual explicaba que ni aun el clero se atreviera a desafiarla. </P >     <p>Muy en contra de las apresuradas ideas de este historiador, un estudio minucioso emprendido en 1994 con Diego Becerrra Ardila, mostr&oacute; que durante el siglo XIX el darwinismo hab&iacute;a generado enorme inter&eacute;s y debate en Colombia tal como hab&iacute;a ocurrido en muchos pa&iacute;ses europeos, en la misma Gran Breta&ntilde;a, en Estados Unidos y en toda Iberoam&eacute;rica (Restrepo y Becerra, 1995a; Restrepo y Becerra, 1995b; Restrepo y Becerra, 1997). Que un especialista colombiano en el siglo XIX como Safford no haya reconocido la existencia de los textos del debate darwinista lleva indudablemente a preguntar por qu&eacute; se invisibiliz&oacute; esta historia del darwinismo en Colombia. Sin embargo, con tantas historias importantes que se han invisibilizado y se invisibilizan en nuestro pa&iacute;s acaso no valga la pena detenernos en este tema. Valga decir, de todas maneras, que la instauraci&oacute;n de la Regeneraci&oacute;n en 1886, y posteriormente la hegemon&iacute;a conservadora, aunque no impidi&oacute; que se polemizara en torno al darwinismo, como tanto se ha dicho, s&iacute; contribuy&oacute; a hacer que dichas discusiones fueran menos visibles y que el evolucionismo no tuviera el impulso institucional que hab&iacute;a tenido hasta ese momento. </P >     <p>CONSIDERACIONES METODOL&Oacute;GICAS PARA ESTUDIAR EL DARWINISMO EN COLOMBIA </P >     <p>Antes de examinar en qu&eacute; consistieron esos debates, qui&eacute;nes participaron y cu&aacute;les fueron los temas m&aacute;s controvertidos, vale la pena hacer varias consideraciones metodol&oacute;gicas. Como ha se&ntilde;alado uno de los bi&oacute;grafos m&aacute;s importantes de Darwin y un estudioso del darwinismo como fen&oacute;meno social, para este estudio resulta m&aacute;s interesante examinar c&oacute;mo era usada la expresi&oacute;n &ldquo;darwinismo&rdquo; por los actores hist&oacute;ricos, que tratar de dar definiciones normativas o hist&oacute;ricas del fen&oacute;meno estudiado. As&iacute;, en su estudio hist&oacute;rico, James Moore, muestra c&oacute;mo el c&iacute;rculo cercano a Darwin fue cambiando sus definiciones de lo que era propiamente el darwinismo, a medida que las circunstancias del grupo y del momento iban cambiando. De una definici&oacute;n relativamente laxa, aceptada en 1860, que lo conceb&iacute;a fundamentalmente como &ldquo;un naturalismo evolutivo indiferenciado con acento anticreacionista&rdquo;, se pas&oacute; en 1871 a definir e identificar al darwinismo fundamentalmente con el principio de selecci&oacute;n natural (Moore, 1991). Esta definici&oacute;n, como varios autores, incluido el propio Moore han se&ntilde;alado, c&oacute;mo procuraba diferenciar el darwinismo de cualquier conexi&oacute;n metaf&iacute;sica, pol&iacute;tica o ideol&oacute;gica. Esta diferenciaci&oacute;n era &uacute;til a los prop&oacute;sitos de un grupo ascendente de cient&iacute;ficos profesionales que aspiraban a desplazar a te&oacute;logos, p&aacute;rrocos, y cl&eacute;rigos de los puestos de control que alguna vez hab&iacute;an tenido sobre la ense&ntilde;anza de las ciencias naturales y sobre las academias y sociedades cient&iacute;ficas. A finales del siglo XIX, con el declive en la aceptaci&oacute;n de la selecci&oacute;n natural, nuevamente el campe&oacute;n de la causa darwinista, Thomas Huxley redefini&oacute; el darwinismo como lo que &ldquo;siempre&rdquo; hab&iacute;a sido, de acuerdo con &eacute;l, la defensa de la evoluci&oacute;n de las especies y su origen com&uacute;n a partir de una pocas formas primitivas. As&iacute;, seg&uacute;n ha mostrado Moore, en tres momentos distintos, el mismo Huxley, el llamado <I>bulldog</I>de Darwin, defini&oacute; de maneras diferentes el darwinismo atendiendo a circunstancias cambiantes que se relacionaban m&aacute;s con procesos de formaci&oacute;n de una red social de apoyo que con definiciones conceptuales. La sem&aacute;ntica del t&eacute;rmino darwinismo y la pol&iacute;tica del grupo de defensores de la doctrina estaban claramente entrelazadas en estos tres momentos. En el primero, se buscaban aliados para la causa del evolucionismo, contra las posiciones creacionistas m&aacute;s recalcitrantes. El debate m&aacute;s simb&oacute;lico de este momento es el que sostuvieron, en una reuni&oacute;n de la Sociedad Brit&aacute;nica para el Avance de la Ciencia, Joseph Hooker y Thomas Henry Huxley con el obispo de Oxford, Samuel Wilberforce, el 30 de junio de 1860 (Caudill, 1994). En el segundo momento, una vez alcanzado el triunfo del movimiento, se requer&iacute;a producir una mayor diferenciaci&oacute;n que dejara por fuera de las toldas del darwinismo tanto a un sector moderado de cl&eacute;rigos que hab&iacute;an logrado conciliar teolog&iacute;a natural y evoluci&oacute;n, como a un conjunto de radicales y aficionados que podr&iacute;an tomar su nombre para diferentes fines de reforma social. Al defender una definici&oacute;n m&aacute;s restringida del darwinismo, se buscaba promover la secularizaci&oacute;n y la profesionalizaci&oacute;n de la ciencia, favoreciendo al grupo social de cient&iacute;ficos profesionales integrados en torno a las nuevas asociaciones cient&iacute;ficas (Fichman, 1984). Las anteriores consideraciones sirven para justificar una aproximaci&oacute;n al estudio del caso colombiano que no se propone partir de definiciones normativas del darwinismo para proceder a establecer hasta qu&eacute; punto quienes se dec&iacute;an darwinistas en Colombia lo eran o no &ldquo;realmente&rdquo;, sino que procura m&aacute;s bien examinar para qu&eacute; y c&oacute;mo determinados actores hist&oacute;ricos usaron su proclamado darwinismo. </P >     <p>Otra consideraci&oacute;n es importante. Al igual que en Inglaterra, muchos defensores del evolucionismo o la transmutaci&oacute;n de las especies, pod&iacute;an ser seguidores de Darwin y tambi&eacute;n de las ideas expuestas por el fil&oacute;sofo y soci&oacute;logo Herbert Spencer, por el proponente franc&eacute;s del transmutacionismo, el bi&oacute;logo Jean Baptiste Lamarck, o por Ernst Haeckel, el m&aacute;s conocido int&eacute;rprete de Darwin en Alemania. En algunos casos, se produjeron enfrentamientos entre autores que se&ntilde;alaban que no se deber&iacute;an confundir el evolucionismo de Spencer y el Darwin, o el transmutacionismo teleol&oacute;gico y optimista de Lamarck con el transmutacionismo de la selecci&oacute;n natural, pero tambi&eacute;n muchos otros autores combinaron las ideas como si se tratara de ideas complementarias (Moore, 1989). Lo interesante aqu&iacute;, desde un punto de vista hist&oacute;rico, es se&ntilde;alar cu&aacute;ndo y por qu&eacute; se dieron esas pol&eacute;micas, antes que convertir el trabajo de la historiadora en dispensadora de r&oacute;tulos normativos sobre qui&eacute;nes eran o no verdaderos darwinistas o si en cambio eran m&aacute;s bien spencerianos, lamarquistas, o haeckelianos (Restrepo Forero, 2002). </P >     <p>Por &uacute;ltimo, vale la pena tomar en cuenta que en ingl&eacute;s la expresi&oacute;n &ldquo;Darwinismo social&rdquo; apareci&oacute; por primera vez en 1897. Antes de esa fecha, en tiempos del mismo Darwin, la expresi&oacute;n hubiera carecido de sentido, al no existir un campo sem&aacute;ntico diferenciado para el darwinismo y el darwinismo social, como dos entidades diferentes. A partir de la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XIX, en Francia, Alemania e Italia se acu&ntilde;a la expresi&oacute;n darwinismo social, al tiempo que se debate su contenido en las nacientes ciencias sociales profesionalizadas. Es entonces cuando los seguidores del darwinismo, al verlo separado de la selecci&oacute;n natural como su componente espec&iacute;fico, neutral y no ideol&oacute;gico, y al verlo de nuevo en manos de toda clase de reformadores sociales, procuran diferenciar una vertiente leg&iacute;tima, biol&oacute;gica y naturalista, de una vertiente pol&iacute;tica, ideol&oacute;gica, demasiado contaminada de sociedad. El problema con esa distinci&oacute;n, es que vale la pena estudiarla como versi&oacute;n interesada que pusieron en circulaci&oacute;n las partes en una controversia, en cambio de presentarla como una manera de distinguir conceptualmente entre un darwinismo cient&iacute;fico, puro y bueno, y un darwinismo social, ideol&oacute;gico y corrupto. Como han mostrado entre muchos autores James Moore y Robert Young, el darwinismo siempre fue social. Fue social en sus or&iacute;genes, sus met&aacute;foras y en sus contenidos (Moore, 1986; Young, 1985). Otra cosa es que el esfuerzo del c&iacute;rculo de Darwin por usarlo como ideolog&iacute;a en defensa del cientificismo demandara purificarlo (en sus or&iacute;genes, sus asociaciones y sus consecuencias) para as&iacute; mantener la idea de la neutralidad y asepsia de la ciencia, como hace tiempo se&ntilde;alaron Shapin y Barnes, 1979. </P >     <p>ACTORES, ESPACIOS Y TEMAS POL&Eacute;MICOS. </P >     <p>Durante el &uacute;ltimo tercio del siglo XIX, el darwinismo se discuti&oacute; en Colombia en diferentes espacios sociales, como universidades, sociedades profesionales, grupos, salones y tertulias literarias. Los medios de publicaci&oacute;n del debate fueron libros y peri&oacute;dicos de circulaci&oacute;n nacional, peri&oacute;dicos y gacetas universitarias y estudiantiles, novelas, poemas y folletos, libros y tesis estudiantiles, conferencias p&uacute;blicas, revistas y actas de sociedades profesionales y literarias. Los part&iacute;cipes fueron un buen n&uacute;mero de intelectuales, publicistas, cient&iacute;ficos, literatos, pol&iacute;ticos y estudiantes universitarios, todo esto constituye una buena muestra de la amplitud del fen&oacute;meno en Colombia. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   >El centro de todos los debates fue sin duda el &aacute;mbito universitario. No solo porque a &eacute;l pertenec&iacute;an casi de manera natural buena parte de los pol&iacute;ticos m&aacute;s destacados de la &eacute;poca, as&iacute; como un n&uacute;mero importante de los m&aacute;s connotados intelectuales y cient&iacute;ficos, sino porque lo que se ense&ntilde;aba en la universidad se convirti&oacute; en fuente permanente de controversia, desde los tempranos a&ntilde;os de la Rep&uacute;blica, cuando el vicepresidente Francisco de Paula Santander introdujo la ense&ntilde;anza del utilitarismo de Bentham (Bushnell, 1966). Durante el siglo XIX, la ense&ntilde;anza universitaria era fuertemente controlada, puesto que all&iacute; se formaban y reproduc&iacute;an las &eacute;lites intelectuales en el poder. Este fen&oacute;meno era claramente percibido por contempor&aacute;neos, que dejaron consignadas en memorias sus a&ntilde;os universitarios y las encendidas que se dieron por el control de los textos universitarios, especialmente en aquellas &aacute;reas que eran percibidas como formadoras de ideas, valores y pr&aacute;cticas relativas al manejo del estado y la comprensi&oacute;n de la sociedad (R&ouml;thlisberger, 1963; Garc&iacute;a, 1966; Samper, 1971; Mora, 1972; Palacio, 1984). Es interesante observar al respecto, que el evolucionismo, el darwinismo y el positivismo spenceriano fueron concebidos ampliamente en Colombia como un conjunto unificado de ideas con claras consecuencias pol&iacute;ticas en tanto contribu&iacute;an a redefinir competencias en relaci&oacute;n con la comprensi&oacute;n del comportamiento del individuo, al tiempo que permit&iacute;an entender cambios en la constituci&oacute;n de sociedades enteras. Quienes se resist&iacute;an a perder su capacidad de hablar autorizadamente acerca de la moral y el comportamiento individual y social ten&iacute;an dos opciones a su alcance. Por un lado, oponerse directamente al darwinismo, que constitu&iacute;a seg&uacute;n sus defensores el &ldquo;n&uacute;cleo duro&rdquo;, es decir el aspecto puramente cient&iacute;fico de donde se podr&iacute;an derivar tales consecuencias. Tambi&eacute;n pod&iacute;an elegir mostrarse relativamente tolerantes del &ldquo;transformismo&rdquo;, siempre y cuando no se hablara del origen del hombre, ni mucho menos se intentara extender las ideas darwinistas a campos de la moral, la religi&oacute;n y la pol&iacute;tica en los que no deber&iacute;a tener aplicaci&oacute;n. Estas opciones fueron usadas, incluso alternativamente por la mismas personas. Por ejemplo, Monse&ntilde;or Rafael Mar&iacute;a Carrasquilla, quien regenta el Colegio del Rosario entre 1891 y 1930, acusa (en sus Lecciones de Metaf&iacute;sica y &eacute;tica, publicadas tard&iacute;amente, en 1914) a &ldquo;los disc&iacute;pulos de Darwin (quienes) modificaron la doctrina del maestro, y muchos proclamaron como tesis cient&iacute;ficas lo que Darwin hab&iacute;a propuesto como meras hip&oacute;tesis&rdquo;. Su primera regla parece decir: no conviene atacar innecesariamente al cient&iacute;fico m&aacute;s prestigioso, cuando de manera m&aacute;s eficaz se pueda criticar a sus disc&iacute;pulos. De otra parte, al observar que &ldquo;el transformismo es falso, pero no absurdo&rdquo;, Carrasquilla aplica su segunda regla, que consiste en presentar un ataque con matices, que censure de manera m&aacute;s dr&aacute;stica la &ldquo;faz antropol&oacute;gica del sistema&rdquo;, cuando se aplica para entender la &ldquo;procedencia del hombre&rdquo;, el surgimiento del alma humana, la evoluci&oacute;n del lenguaje y la &eacute;tica (Carrasquilla, 1956: t3/v2, 156, 162). Esta manera de enfrentar el darwinismo parec&iacute;a ser m&aacute;s eficaz que la mera oposici&oacute;n directa. El pol&iacute;tico conservador Laureano G&oacute;mez, quien fue alumno ocasional de la c&aacute;tedra de Carrasquilla (ca. 1908), recordaba a Carrasquilla como m&aacute;s tolerante frente al darwinismo, que sus profesores en el Colegio de San Bartolom&eacute;: &ldquo;El contraste era especialmente vivo en la manera de presentar en uno y otro plantel (en los colegios de San Bartolom&eacute; y del Rosario) la doctrina evolucionista de Darwin. Mientras en San Bartolom&eacute; se acostumbraba una refutaci&oacute;n airada, con tono col&eacute;rico, rechazando la teor&iacute;a como disparate y herej&iacute;a abominable, el doctor Carrasquilla adoptaba un tono de raciocinio en que reconoc&iacute;a el valor de los fundamentos cient&iacute;ficos en que se apoyaba el fil&oacute;sofo ingl&eacute;s, dejando claro que todo ello era aceptable para la filosof&iacute;a cat&oacute;lica, con excepci&oacute;n de la creaci&oacute;n del alma, que era obra de Dios, inmediatamente a la aparici&oacute;n del ser humano&rdquo; (citado por: Saldarriaga, 2007: 504). </P >     <p>Entre quienes participaron en los debates y formaban parte del mundo universitario se cuentan tres presidentes (Rafael N&uacute;&ntilde;ez, Miguel Antonio Caro y Marco Fidel Su&aacute;rez) y secretarios del Despacho, directores de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica y miembros de las c&aacute;maras legislativas que ense&ntilde;aban en la universidad. Entre ellos, el antiguo miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1863 y secretario de Hacienda, Salvador Camacho Rold&aacute;n y o el antiguo director de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica de Cundinamarca, Enrique Cort&eacute;s, ambos partidarios del darwinismo y del positivismo de Spencer. Solo unos cuantos de los part&iacute;cipes en la controversia no ten&iacute;an c&aacute;tedras en la universidad o estaban completamente alejados de los claustros universitarios (por ejemplo, el escritor y poeta Jorge Isaacs). La docencia estaba muy lejos de convertirse en una actividad profesional como lo es hoy, solo tres profesores estaban dedicados por entero a ella. Combinar la actividad pol&iacute;tica con la c&aacute;tedra universitaria y el periodismo no solo era frecuente en los niveles m&aacute;s altos de la intelectualidad colombiana, sino que constitu&iacute;a una aut&eacute;ntica marca de clase, deseable para quien quisiera tener &eacute;xito en la actividad p&uacute;blica; ejercer como catedr&aacute;tico era visto como un honor, m&aacute;s que como un medio de ganarse la vida. As&iacute;, por ejemplo, a finales del siglo, el intelectual y comerciante liberal, Salvador Camacho Rold&aacute;n, dictaba sus cursos en la Universidad Republicana y en el Externado sin aceptar remuneraci&oacute;n alguna. No todos ten&iacute;an igual suerte: se ha dicho que poco antes de su destierro, el expresidente Santiago P&eacute;rez depend&iacute;a para su subsistencia de las c&aacute;tedras que dictaba en la Universidad Externado de Colombia (Rodr&iacute;guez, 1985). </P >     <p>En Bogot&aacute;, la formaci&oacute;n universitaria se imparte en la reci&eacute;n creada Universidad Nacional, el Colegio de San Bartolom&eacute;, adscrito a &eacute;sta, y en el Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario. Como al menos desde 1863, los liberales radicales controlan el poder, tambi&eacute;n controlan la educaci&oacute;n superior. Hasta el a&ntilde;o de 1886, estos centros educativos se convierten en &ldquo;f&aacute;bricas de hacer liberales&rdquo;; en la versi&oacute;n de un estudiante de entonces, &ldquo;(un) ambiente pol&iacute;tico cargado de azufre, y una filosof&iacute;a de miras estrechas, armada de ca&ntilde;ones, dominaba en las aulas&rdquo; (Mora, 1972: 59). Identificado con la orientaci&oacute;n de la universidad, un profesor suizo escrib&iacute;a que a ella &ldquo;asist&iacute;an, casi sin excepci&oacute;n, j&oacute;venes liberales y de tendencia radical, y por ello era muy aborrecida por la gente retr&oacute;grada&rdquo; (R&ouml;thlisberger, 1963: 145). Este mismo profesor, Ernst R&ouml;thlisberger, ejemplifica bien el ambiente polarizado que se viv&iacute;a en la universidad colombiana del momento. En el a&ntilde;o 1882, es tra&iacute;do al pa&iacute;s por el entonces presidente Rafael N&uacute;&ntilde;ez. Los radicales critican que en lugar de &ldquo;mec&aacute;nicos, f&iacute;sicos y matem&aacute;ticos&rdquo; se traigan profesores de historia y filosof&iacute;a; anticipan que se trata de una manera de &ldquo;asestar&rdquo; un &ldquo;rudo golpe&rdquo; al partido del cual el presidente estaba desertando, ya que suponen que su c&aacute;tedra se enfilar&aacute; contra la reforma educativa impulsada por ellos desde1870.Sinhaberloconocido,elconservadorMiguelAntonioCarolodefiendeanunciandoque &ldquo;por informes que juzgamos exactos&rdquo;, el profesor es &ldquo;espiritualista&rdquo;, no &ldquo;grande inquisidor en las logias mas&oacute;nicas&rdquo; y &ldquo;estudia y medita las obras de grandes pensadores&rdquo; (Caro, 1962b: 630-633). Una vez R&ouml;thlisberger inicia sus cursos en la universidad y dicta sus conferencias p&uacute;blicas, la situaci&oacute;n cambia totalmente. Entonces los radicales lo acogen en su seno, ya que se presenta como defensor de la reforma educativa, seguidor de Spencer y partidario del darwinismo. Por el contrario, los intelectuales conservadores lo atacan duramente. Marco Fidel Su&aacute;rez se pronuncia duramente en 1884 contra su &ldquo;filosof&iacute;a antifilos&oacute;fica&rdquo;, Miguel Antonio Caro (Caro, 1962b:1430) critica que se le paguen &ldquo;cosa de $400 mensuales, am&eacute;n de vi&aacute;ticos, por chapurrar mal tejidas teor&iacute;as&ldquo; </P >     <p>Despu&eacute;s de 1890, los liberales prefirieron estudiar en la Universidad Externado (1886) y la Republicana (1890), ambas fundadas para escapar a las censuras impuestas a la educaci&oacute;n p&uacute;blica como consecuencia de la Constituci&oacute;n del 1886 y la firma del Concordato en 1887. En estas universidades se predicaba la tolerancia, aunque &ldquo;siempre con el criterio de la escuela inglesa&rdquo;. Pocos padres de alumnos conservadores o independientes se animaban a enviar a sus hijos a estas aulas: &ldquo;Prefiero &mdash;dec&iacute;a la madre de un estudiante&mdash; que con tu ignorancia te vayas al cielo, a que te pierdas con tu ciencia&rdquo; (Mora, 1972: 61). Como se&ntilde;alaba el profesor Jos&eacute; Ignacio Espinosa en la introducci&oacute;n a su libro Filosof&iacute;a Experimental. Extracto de las doctrinas filos&oacute;ficas de Herbert Spencer de 1891, en el Externado &ldquo;el plan de estudios, el orden que se sigue en el aprendizaje, la naturaleza y la extensi&oacute;n de los cursos, y su mutuo enlace, todo obedece a las leyes que, seg&uacute;n los modernos conocimientos, rigen el desarrollo mental&rdquo;, que en palabras del profesor de biolog&iacute;a, Juan David Herrera, su maestro en esos claustros y prologuista de su libro, se resum&iacute;a en &ldquo;la pr&aacute;ctica de la verdad&rdquo; (Espinosa, 1910: vi, xii). En el Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, despu&eacute;s de 1886 se restituyeron las constituciones que mandaban defender en estos claustros las doctrinas de Santo Tom&aacute;s. All&iacute; tambi&eacute;n se hablaba de tolerancia, claro est&aacute;, para quienes se mantuvieran fieles a las ideas del ang&eacute;lico doctor. </P >     <p>Los estudiantes universitarios constitu&iacute;an una peque&ntilde;a &eacute;lite fuertemente socializada en las ideas pol&iacute;ticas de la hegemon&iacute;a de turno. Durante los a&ntilde;os finales del per&iacute;odo de los radicales, el presidente Rafael N&uacute;&ntilde;ez los califica como el &ldquo;cuarto poder&rdquo;; los universitarios &ldquo;fanatizados &mdash;seg&uacute;n su expresi&oacute;n&mdash; por la pr&eacute;dica utilitarista&rdquo;. Estos estudiantes universitarios se hab&iacute;an lanzado en un &ldquo;noble arranque de abnegacion i patriotismo&rdquo;<Sup>1</Sup>, como dec&iacute;a el propio rector de la universidad, en defensa del gobierno liberal, participando en la guerra de 1876, que enfrent&oacute; a sectores liberales y conservadores a favor y en contra de la reforma educativa &ldquo;instruccionista&rdquo; (Tavera, 1877: 320). Tambi&eacute;n, los estudiantes participar&iacute;an en las guerras de 1885, de 1895 y en la m&aacute;s cruenta de todas, la de los Mil D&iacute;as, unos en defensa, otros en contra del gobierno. Aquellos no eran j&oacute;venes situados al margen de las contiendas pol&iacute;ticas; como dec&iacute;a un estudiante de la &eacute;poca, &ldquo;En el estado de continuas revoluciones en que hab&iacute;a vivido Colombia, para un joven la guerra era en cierto modo un medio de completar su educaci&oacute;n, como entre los viejos romanos&rdquo; (Mora, 1972:134). Y el tono ir&oacute;nico de la cita no debe ocultar que en efecto muchos j&oacute;venes perdieron la vida en las tantas guerras que enfrentaron a liberales y conservadores, y a distintas facciones durante el siglo XIX (y XX). Uno de los part&iacute;cipes en las pol&eacute;micas darwinistas cuando a&uacute;n era estudiante, el abogado liberal Santiago Calvo, muri&oacute; en la Guerra de los Mil D&iacute;as, entre celebraciones de sus enemigos que anunciaron su muerte como la de un &ldquo;r&eacute;probo&rdquo;, y en medio de agrias pol&eacute;micas en torno a sus pretendidas convicciones frenol&oacute;gicas (citado en 1903, por Caro, 1962b: 638). </P >     <p>EL DARWINISMO EN EL AMBITO UNIVERSITARIO. </P >     <p>Podemos reconstruir parcialmente lo que sucede en las aulas por medio de los programas de los cursos (aunque bien sabemos que los programas no necesariamente muestran las pr&aacute;cticas docentes, ni representan una gu&iacute;a segura de lo que ocurre en las aulas). Muchos escritos autobiogr&aacute;ficos contienen tambi&eacute;n narraciones sobre la vida universitaria (aunque estas fuentes tampoco sean transparentes, como que est&aacute;n mediadas por la memoria y la visi&oacute;n retrospectiva de los autores). Tambi&eacute;n se publican revistas estudiantiles que contienen valiosa informaci&oacute;n sobre lo que se ense&ntilde;a y se discute, aunque tampoco estos datos puedan tomarse como la &uacute;ltima palabra, ya que esas fuentes se enmarcan en contextos sociales saturados de pol&eacute;micas. </P >     <p>Los programas de las asignaturas se publicaban en un &oacute;rgano propio creado para tal fin, conforme hab&iacute;a sido dispuesto en la ley misma de creaci&oacute;n de la Universidad Nacional, que ordenaba crear un medio de difusi&oacute;n donde se dieran a conocer: &ldquo;el resultado de los ex&aacute;menes, cert&aacute;menes i grados, las resoluciones de los Consejos i de los altos empleados, las Conferencias p&uacute;blicas, los programas de los trabajos escolares, los trabajos i noticias cient&iacute;ficas e industriales, i todo cuanto conduzca a hacer conocer la organizacion i marcha de la Universidad, i a difundir en el pais conocimientos &uacute;tiles&rdquo;<Sup>2</Sup>. La publicaci&oacute;n creada y lanzada inmediatamente se llam&oacute; Anales de la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia. Repertorio de instrucci&oacute;n p&uacute;blica, literatura, filosof&iacute;a i ciencias matem&aacute;ticas, f&iacute;sicas, m&eacute;dicas i legales. Peri&oacute;dico oficial de la Universidad, destinado al fomento i cultivo de las ciencias, la literatura i la instruccion p&uacute;blica en los Estados Unidos de Colombia<Sup>2</Sup>. De estos Anales de la Universidad se publicaron nueve tomos y 76 n&uacute;meros, entre septiembre de 1868 y diciembre de 1875. </P >     <p>Una visi&oacute;n somera de los cursos puede resumirse del siguiente modo. Ya en 1868, en el curso de Bot&aacute;nica de Francisco Bay&oacute;n, se estudia &ldquo;la organizaci&oacute;n vegetal&rdquo;, la &ldquo;metodolog&iacute;a bot&aacute;nica&rdquo;, comparando distintos sistemas de clasificaci&oacute;n, y la &ldquo;jeograf&iacute;a bot&aacute;nica de la Am&eacute;rica del sur&rdquo;<Sup>2</Sup>; all&iacute; se discute en torno al &ldquo;estado anterior y orijen probable de las especies&rdquo;<Sup>2 </Sup>y se dan &ldquo;lijeras nociones sobre el estudio de los vejetales f&oacute;siles&rdquo;.<Sup>2 </Sup>Al decir de uno de sus contempor&aacute;neos, Bay&oacute;n fue &ldquo;el primer catedr&aacute;tico neogranadino que ha ense&ntilde;ado en el pa&iacute;s la filosof&iacute;a de la bot&aacute;nica&rdquo;. En el mismo a&ntilde;o, el profesor de zoolog&iacute;a Fidel Pombo, culmina su materia con el estudio de la &ldquo;zoolog&iacute;a filos&oacute;fica&rdquo;.Aqu&iacute;setratanasuntoscomo:&ldquo;el plan jeneral de la naturaleza en la organizacion animal&rdquo; y los &ldquo;diferentes instintos de los animales en lo que hace referencia a la conservacion del individuo i de la especie, i de la relacion del animal para con sus compa&ntilde;eros&rdquo;. En un discurso pronunciado en los cert&aacute;menes de clausura del a&ntilde;o lectivo de 1868, el estudiante Carlos Michelsen Uribe, quien despu&eacute;s llegar&aacute; a ser profesor de la misma escuela, se&ntilde;ala &ldquo;las analoj&iacute;as que existen entre los reinos animal y vejetal&rdquo;, un tema claramente sugerido en el contenido final de este programa. En el curso de anatom&iacute;a comparada y clase superior de zoolog&iacute;a, se especula sobre el origen del hombre. En 1871, el catedr&aacute;tico de geolog&iacute;a y paleontolog&iacute;a, Jos&eacute; Mar&iacute;a Gonz&aacute;lez Benito &mdash;un ingeniero que hab&iacute;a recibido cursos de astronom&iacute;a y ciencias f&iacute;sicas en Par&iacute;s y director, por entonces, del Observatorio Astron&oacute;mico Nacional&mdash; dedica amplio espacio a examinar las circunstancias que favorecen o impiden la formaci&oacute;n de f&oacute;siles; a su lado, sus alumnos estudian los procesos de &ldquo;consolidaci&oacute;n de la corteza terrestre anterior a la aparicion de los animales&rdquo;. Durante un breve per&iacute;odo, tambi&eacute;n en el Instituto de Agricultura de Garc&iacute;a Rovira, tambi&eacute;n se dictaron clases de geolog&iacute;a en que se mezclaban ideas catastrofistas con rudimentos de un confuso transformismo que conclu&iacute;a afirmando la importancia de la educaci&oacute;n agr&iacute;cola y en un pa&iacute;s como Colombia.<Sup>3 </Sup></P >     <p>En conclusi&oacute;n, como se ve por los programas, se puede afirmar que en las aulas de la Escuela de Ciencias Naturales se estudian temas evolutivos que hubieran podido parecer controversiales. Sin embargo, all&iacute; no se generan mayores sobresaltos, ya que inicialmente parec&iacute;a reinar perfecta armon&iacute;a intelectual entre estudiantes, profesores y cuerpo administrativo. Los naturalistas no inician una campa&ntilde;a p&uacute;blica de defensa del darwinismo ni articulan una comunidad o un programa de investigaciones orientado por este nuevo paradigma. No se ve qu&eacute; hubieran podido ganar de haber participado en debates p&uacute;blicos. Ya ocupaban las pocas plazas para la docencia de las ciencias naturales en el &aacute;mbito universitario, y por el momento nadie amenazaba quitarles esas posiciones. Este no era el caso de muchos de sus contempor&aacute;neos en Inglaterra: en Oxford y Cambridge, profesores y alumnos deb&iacute;an todav&iacute;a jurar lealtad a los art&iacute;culos de la Iglesia Anglicana. Muchos j&oacute;venes cient&iacute;ficos que empezaban a surgir en Inglaterra sent&iacute;an que los puestos ocupados porcl&eacute;rigos y te&oacute;logos de la vieja guardia en realidad deb&iacute;an pertenecerle a la nueva &eacute;lite en trance de profesionalizarse (Caudill, 1994). Ello explica en buena parte la virulencia que alcanzaron los debates entre figuras como Thomas Huxley y Joseph Hooker y personajes como el famoso obispo Wilberforce. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En cuanto a la investigaci&oacute;n que realizan los naturalistas colombianos, basta decir que ocupados como est&aacute;n en la tarea de producir clasificaciones de la flora y la fauna, el programa darwinista les resulta relativamente menos &uacute;til para sus pr&aacute;cticas de investigaci&oacute;n. De modo que aunque acogiesen bien las ideas de Darwin, no tienen mucha oportunidad de integrar muchas de estas ideas en sus trabajos. Aunque el programa de buscar l&iacute;neas filogen&eacute;ticas y clasificar a los seres vivos de este modo parec&iacute;a deseable, la &ldquo;revoluci&oacute;n darwinista&rdquo;, (si la hubo durante el siglo XIX) no se produjo en la taxonom&iacute;a, muy en contra de las expectativas del propio Darwin, quien ve&iacute;a en la clasificaci&oacute;n &ldquo;la s&iacute;ntesis del conjunto del conocimiento zool&oacute;gico y bot&aacute;nico&rdquo; (Crowson, 1985: 51-52). No obstante, en varias obras los naturalistas colombianos expresan su visi&oacute;n predominante de apoyo al darwinismo, como por ejemplo en el trabajo publicado en 1904 por Santiago Cort&eacute;s, uno de los pocos egresados de la Escuela de Ciencias Naturales. En su monograf&iacute;a de las leguminosas, al tratar el problema de la clasificaci&oacute;n natural y filogen&eacute;tica de las plantas, escribe: &ldquo;En los g&eacute;neros de especies numerosas muchos de los pretendidos tipos espec&iacute;ficos son variedades climat&eacute;ricas de una misma especie, &oacute; tal vez especies en v&iacute;a de evoluci&oacute;n&rdquo; (Cort&eacute;s, 1904: 19). </P >     <p>Cercanos a los temas que se ense&ntilde;aron en la Escuela de Ciencias Naturales, pero quiz&aacute;s de mayor impacto y difusi&oacute;n, son los cursos que se dictan en el Instituto Nacional de Agricultura, fundado por los radicales con el prop&oacute;sito de formar a la &eacute;lite de agricultores cient&iacute;ficos para un pa&iacute;s agroexportador. Juan de Dios Carrasquilla, el director del Instituto y editor de El Agricultor, revista de la Sociedad de Agricultores de Colombia, intervino en las pol&eacute;micas a favor del darwinismo. Sus cursos en el Instituto, el texto que prepar&oacute; para los estudiantes, titulado Conferencias de Agronom&iacute;a, y los muchos art&iacute;culos de difusi&oacute;n que tradujo y public&oacute; en la revista para los agricultores ampl&iacute;an la influencia de sus ideas a un p&uacute;blico de criadores de ganado y empresarios agricultores. Uno de sus alumnos, Laureano Garc&iacute;a Ort&iacute;z, recordaba haber o&iacute;do explicar &ldquo;al sabio doctor Juan de Dios Carrasquilla, con m&eacute;todo severamente cient&iacute;fico, las teor&iacute;as darwinianas, al propio tiempo que las de M. de Quatrefages, el m&aacute;s eminente de los adversarios de Darwin&rdquo; (Garc&iacute;a, 1966: 105). En reuni&oacute;n de la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogot&aacute;, en febrero de 1888, Carrasquilla present&oacute; un discurso titulado: &ldquo;Del influjo de las ciencias naturales en la civilizaci&oacute;n y el progreso&rdquo;, que constituy&oacute; una amplia exposici&oacute;n y defensa de las ideas darwinistas y en general de la importancia del desarrollo de las ciencias biol&oacute;gicas para el pa&iacute;s. La justificaci&oacute;n que proporciona Carrasquilla para hablar sobre Darwin sin querer &ldquo;suscitar nuevas tempestades, ni examinar una teor&iacute;a que lleva treinta a&ntilde;os de discusiones (...) (es) presentar un ejemplo de la poderosa influencia que el estudio de las ciencias naturales ejerce en el progreso y la civilizaci&oacute;n de la humanidad&rdquo;, en particular destacaba Carrasquilla que la zootecnia fue &ldquo;la primera de las ciencias t&eacute;cnicas que utiliz&oacute; las observaciones de Darwin&rdquo;. Invirtiendo, podr&iacute;amos decir, los t&eacute;rminos de la relaci&oacute;n, Carrasquilla se&ntilde;alaba que Inglaterra deb&iacute;a su &ldquo;supremac&iacute;a indiscutible en la cr&iacute;a de sus animales dom&eacute;sticos a &ldquo;la aplicaci&oacute;n de las leyes del transformismo&rdquo;. Al final de su discurso instaba a la Sociedad a &ldquo;conservar el fuego sagrado de la ciencia en Colombia&rdquo;quepercib&iacute;a amenazado (Carrasquilla, 1888:28-29, 39). No obstante, sus palabras en defensa del darwinismo, con todo y ser aparentemente muy bien acogidas por el p&uacute;blico asistente que &ldquo;aplaud&iacute;a con inusitado entusiasmo&rdquo;, no fueron bien recibidas por el cuerpo m&eacute;dico, a juzgar por la aclaraci&oacute;n inserta en el acta de la sesi&oacute;n, a petici&oacute;n del doctor Bernardino Medina, en el sentido de indicar que las &ldquo;opiniones sobre el darwinismo emitidas en la sesi&oacute;n solemne (...) son puramente personales, pues la Sociedad de Medicina y Ciencias naturales jam&aacute;s se ha ocupado de este asunto&rdquo;. </P >     <p>En general los naturalistas colombianos simpatizan con las ideas darwinistas, sin producir mucho ruido. Se mostraron precavidos en su uso y participaron poco en debates p&uacute;blicos abiertamente en defensa del darwinismo, aunque s&iacute; participaron en pol&eacute;micas relacionadas con las razas, la inmigraci&oacute;n y otros asuntos igualmente importantes. Ocupados como est&aacute;n en consolidar sus posiciones y desarrollar su programa clasificatorio-descriptivo de investigaci&oacute;n, solo defienden aquellas ideas que les van sirviendo a sus prop&oacute;sitos investigativos o expositivos sin buscar necesariamente cautivar p&uacute;blicos m&aacute;s amplios (Restrepo, 1993). Cuando lo hacen, como en el caso del naturalista antioque&ntilde;o Joaqu&iacute;n Antonio Uribe, 1985, procuran mostrar c&oacute;mo ciencia y fe son perfectamente conciliables en la piadosa empresa de la investigaci&oacute;n de la naturaleza. Tambi&eacute;n se presentan cargados de autoridad cient&iacute;fica cuando intervienen en discusiones sobre el tema de las razas. No hay que creer que su trabajo fue inocuo pol&iacute;ticamente. A trav&eacute;s de sus cursos los naturalistas ejercen influencia indirecta sobre estudiantes y profesores de otras facultades, particularmente las de derecho, donde hay mayor emoci&oacute;n y alboroto, donde se discuten los grandes temas pol&iacute;ticos del siglo. </P >     <p>Las ideas de Spencer y Darwin encuentran espacio abonado en clases de filosof&iacute;a, moral e historia, durante las d&eacute;cadas de los a&ntilde;os setenta y en los cursos de biolog&iacute;a y sociolog&iacute;a, que se dictan a partir de 1882. A estos cursos asisten los estudiantes de la Escuela de Literatura y Filosof&iacute;a que corresponde a los a&ntilde;os finales del bachillerato, y estudiantes de derecho e ingenier&iacute;a. All&iacute; fundamentalmente se discuten temas relacionados con la administraci&oacute;n p&uacute;blica y el control social. Ya se trate de evaluar las mejores formas de gobierno, la reforma social, la importancia de la educaci&oacute;n p&uacute;blica y cu&aacute;les deber&iacute;an de ser sus contenidos, la relaci&oacute;n entre el estado y la religi&oacute;n, o se discutan cuestiones metaf&iacute;sicas y teol&oacute;gicas, o se examine el origen hist&oacute;rico del sentido moral, la evoluci&oacute;n de las sociedades, la constituci&oacute;n de las naciones, la formaci&oacute;n nacional de Colombia, la evoluci&oacute;n humana y la relaci&oacute;n entre las razas, la educaci&oacute;n de las mujeres y la relaci&oacute;n entre los sexos, todos ellos son temas altamente controversiales y de inter&eacute;s para la vida pol&iacute;tica de los ciudadanos. Si tenemos en cuenta que a la universidad asist&iacute;a la peque&ntilde;a &eacute;lite que despu&eacute;s ocupar&iacute;a los altos cargos p&uacute;blicos en la conducci&oacute;n del estado, podremos comprender la importancia pol&iacute;tica de lo que all&iacute; se ense&ntilde;a y se discute. </P >     <p>Un espacio en que se percibe claramente el contenido pol&iacute;tico de los asuntos que se debaten en el &aacute;mbito universitario, y tambi&eacute;n se puede ver el avance de la polarizaci&oacute;n partidista, son las ceremoniasdeclausuradela&ntilde;olectivoquesecelebrabanenelmesdediciembreenelSal&oacute;ndeAulas de la Universidad Nacional. Se trata de eventos solemnes y politizados en donde se pronuncian discursos en que se expresa la importancia social y pol&iacute;tica de la universidad para mantener o contestar las hegemon&iacute;as pol&iacute;ticas y culturales. A estas sesiones solemnes asisten el ciudadano presidente de turno, los secretarios de su despacho, entre ellos el de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, el cuerpo diplom&aacute;tico y consular (entre ellos casi siempre el embajador brit&aacute;nico), los miembros de las cortes y las asambleas legislativas del Estado de Cundinamarca, el procurador, el rector de la universidad, los rectores de las escuelas y los alumnos. Adem&aacute;s concurre nutrido p&uacute;blico de damas y caballeros, engalanados para la ocasi&oacute;n. De modo que el escenario es propicio para proponer y debatir all&iacute; los candentes asuntos cient&iacute;ficos y pol&iacute;ticos mencionados. Veamos brevemente dos ejemplos de controversias surgidas en este espacio que permiten examinar la amplitud de temas que se trataban con perspectiva evolucionista, as&iacute; como la relevancia pol&iacute;tica de &eacute;stos. Es importante observar c&oacute;mo las teor&iacute;as que aqu&iacute; se exponen no son simplemente tomadas y transcritas tal cual, sino que son usadas y adaptadas a circunstancias espec&iacute;ficas del contexto colombiano. </P >     <p>El catedr&aacute;tico de moral y l&iacute;der de la reforma educativa &ldquo;instruccionista&rdquo; de 1870, Enrique Cort&eacute;s, es quiz&aacute;s el primer defensor p&uacute;blico de las ideas darwinistas y spencerianas en Colombia. En el discurso que pronuncia para cerrar el a&ntilde;o lectivo de 1872, defiende la reforma educativa reci&eacute;n aprobada con argumentos que se refieren a la ley del progreso en lo biol&oacute;gico y lo social que sostiene estas &ldquo;tres verdades&rdquo;: &ldquo;1.<Sup>a </Sup>que el progreso indefinido es una lei del hombre; 2.<Sup>a </Sup>que ha viajado en una direccion definida i constante; i 3.<Sup>a </Sup>que ya se alcanzan a distinguir la tendencia que lleva i el punto que conducir&aacute; a la raza humana&rdquo;. Al esp&iacute;ritu humano, dice, no le ser&aacute; negado el conocimiento, siempre que &ldquo;busquemos pacientemente (y) toquemos audazmente; con fe, con valor, sin temores rid&iacute;culos (...) la mente humana tiene derechode penetrarlo todo, de investigarlo todo&rdquo;<Sup>4</Sup>. Para demostrar estos asertos, explica c&oacute;mo al lado de la ley de la gravitaci&oacute;n est&aacute; la ley del desarrollo &ldquo;que los m&aacute;s recientes investigadores alcanzan a distinguir dominando el universo entero&rdquo;. Charles Lyell ha demostrado que &ldquo;la tierra ha vivido, es decir, que ha sufrido transformaciones&rdquo; y Darwin, cuya &ldquo;atrevida teor&iacute;a&rdquo; ha sido aceptada por los sabios, ha establecido &ldquo;la lei de la eleccion natural i de la concurrencia vital, (que) presiden a la formacion i aparicion de mas perfectos j&eacute;neros i de nuevas i mas maravillosas especies; coronamiento de las cuales es la especie humana, que ha hecho su aparicion tras la callada labor de mil sucesivas transformaciones, en escala ascendente&rdquo;. Finalmente, Cort&eacute;s menciona que &ldquo;esta misma teor&iacute;a del desarrollo progresivo acaba de producir en Inglaterra un nuevo sistema de filosof&iacute;a moral i &eacute;tica llamado la &lsquo;teor&iacute;a de la evolucion moral&rsquo;, cuyo atrevido expositor es Mr. Herbert Spencer&rdquo;. Avalado por tales descubrimientos y eminentes cient&iacute;ficos, concluye Cort&eacute;s su discurso con un llamado a continuar la obra educativa radical que traer&aacute;, por fin, la redenci&oacute;n humana (Cort&eacute;s, 1868: 573, 577). Aqu&iacute; pues, el evolucionismo es un arma para blandir en defensa de la educaci&oacute;n liberal, secular y laica, y en contra del control de la educaci&oacute;n en manos de la Iglesia. La evoluci&oacute;n y el progreso se ponen del lado de la obra educativa de los radicales en el poder sosteniendo sus aspiraciones hegem&oacute;nicas. </P >     <p>Ocho a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en este mismo escenario se habr&aacute;n de enfrentar el ciudadano presidente Rafael N&uacute;&ntilde;ez, ya en trance de conversi&oacute;n al partido conservador, y el catedr&aacute;tico de la Escuela de Literatura y Filosof&iacute;a, Carlos E. S&aacute;enz. En 1880, el presidente hace el elogio de la sociolog&iacute;a, &ldquo;elocuente maestra de la tolerancia que es nuestra gran necesidad pol&iacute;tica&rdquo;; critica el sistema de estudios, en particular el uso de los textos de Jeremy Bentham y Destutt de Tracy; recomienda orden y disciplina en los claustros, mayor respeto por la autoridad y las jerarqu&iacute;as; cita a Littr&eacute;, para mostrar c&oacute;mo la ciencia no debe entrometerse en los campos de la teolog&iacute;a &ldquo;porque ese dominio carece de los elementos que se prestan a investigaciones concretas&rdquo;.<Sup>5 </Sup>Pero a&ntilde;os despu&eacute;s confesar&aacute; haber introducido el estudio de la sociolog&iacute;a con el fin de &ldquo;desviar la obsesi&oacute;n benthamista&rdquo;, en lo que calificaba como &ldquo;un ensayo de evoluci&oacute;n hacia altas esferas&rdquo; (N&uacute;&ntilde;ez, 1945a: 175). Estas esferas ser&iacute;an las que le permitir&iacute;an encontrarse con Miguel Antonio Caro en el programa de la Regeneraci&oacute;n. Tambi&eacute;n ser&iacute;an las que lo alejar&iacute;an del naturalismo, al que en 1887 le anunciaba &ldquo;su hora de reflujo&rdquo;, dado que, como se&ntilde;alaba, &ldquo;la creencia de un ser que, seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Spencer, se halla arriba de nosotros, est&aacute; invadiendo a los mismos altos sacerdotes de la evoluci&oacute;n&rdquo; (N&uacute;&ntilde;ez, 1945b:295). A&ntilde;os despu&eacute;s tambi&eacute;n se&ntilde;alar&iacute;a que la comprensi&oacute;n de la moral no podr&iacute;a restringirse a una mirada naturalista: &ldquo;Wallace &ndash;el ilustre disc&iacute;pulo de Darwin (sic)&ndash; ya ha modificado el car&aacute;cter de los principios de selecci&oacute;n y variaci&oacute;n, proclamando la necesidad de admitir, respecto del adelanto intelectual y moral, la intervenci&oacute;n de alguna ley, o agencia, superior a aquellos principios&rdquo; (N&uacute;&ntilde;ez, 1946: 53). Y en un art&iacute;culo escrito en 1890, se apoyaba en Huxley para concluir con &eacute;l &ldquo;pronunci&aacute;ndose contra el orden natural como lo explica el darwinismo; orden seg&uacute;n el cual sobreviven, no los m&aacute;s fuertes moralmente, ni siquiera los de mayor perfecci&oacute;n f&iacute;sica, sino simplemente los m&aacute;s h&aacute;biles para el combate y la destrucci&oacute;n&rdquo; (N&uacute;&ntilde;ez, 1945a: 278). </P >     <P   >El profesor S&aacute;enz, contesta el discurso del presidente con un ataque al pesimismo de alguna &ldquo;secta filos&oacute;fica que sostiene que la vida es un mal&rdquo;. En una declaraci&oacute;n de fe positivista se&ntilde;ala: &ldquo;el gran principio de la seleccion natural, (...) es hoi en antropoloj&iacute;a, lo que en f&iacute;sica la lei de la gravedad&rdquo;. En consecuencia &mdash;contin&uacute;a S&aacute;enz&mdash; los alumnos de la universidad deben obedecer las leyes del progreso, defender la educaci&oacute;n de la mujer y convertirse en campeones en la lucha contra el oscurantismo. Como se estila en tales actos, a nombre de sus compa&ntilde;eros un estudiante agradece a sus maestros; pero aprovecha la ocasi&oacute;n para rogar al presidente Rafael N&uacute;&ntilde;ez que mire &ldquo;con m&aacute;s ben&eacute;volos ojos&rdquo; a la Universidad, ya que en &ldquo;ella se forman los que mas tarde han de dirijir los destinos del pais&rdquo;. </P >     <p>Vemos as&iacute;, que la discusi&oacute;n en torno a la evoluci&oacute;n y el progreso se relacionan con el control de la educaci&oacute;n p&uacute;blica y la educaci&oacute;n superior, el lugar donde se reproducen las &eacute;lites del poder. Especialmente aguda se torna la pol&eacute;mica en cuanto se aplica a debatir la reforma educativa impulsada por los radicales en 1870 (Rausch, 2009). Desde el otro lado del espectro pol&iacute;tico, a no dudarlo, se profieren condenas al &ldquo;instruccionismo&rdquo; y a quienes opinan que dar instrucci&oacute;n es lo mismo que formar sanos principios morales. </P >     <p>En este sentido se hab&iacute;a pronunciado, por ejemplo, Carlos Eduardo Coronado, quien al hacer una extensa cr&iacute;tica a la obra de Spencer sobre la educaci&oacute;n (en su traducci&oacute;n francesa), se&ntilde;alaba &ldquo;los perniciosos efectos &aacute; que est&aacute; ocasionado su sistema cientista en cuanto reduce las inteligencias, apaga el entusiasmo de lo grande y de lo bello, inspira &aacute; la juventud ideas falsas, y sacrifica la educaci&oacute;n al culto exclusivo de la naturaleza bruta&rdquo;, al reducir la educaci&oacute;n a la ense&ntilde;anza de la ciencia (Coronado, 1880b: 189). Para este mismo autor, el materialismo constitu&iacute;a el elemento com&uacute;n y criticable de esa escuela &ldquo;de pensadores, para quienes la naturaleza visible es todo, el hombre un mero accidente, una mera manifestaci&oacute;n de ella (...) Estos hombres duros como la materia &aacute; quien adoran, ven en el hombre, como hace Darwin, solo un bruto perfeccionado por la naturaleza&rdquo; (Coronado, 1880a: 120). </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El segundo ejemplo es el del discurso pronunciado en la sesi&oacute;n solemne de la Universidad Nacional, el 10 de diciembre de 1882 por Salvador Camacho Rold&aacute;n. Aqu&iacute; encontramos un tema en com&uacute;n con el anterior ejemplo, cual es el de la presentaci&oacute;n y defensa de la sociolog&iacute;a, curso que Salvador Camacho Rold&aacute;n hab&iacute;a inaugurado en ese a&ntilde;o lectivo. Pero tambi&eacute;n aparece un tema nuevo, cual es el del origen de las naciones y el an&aacute;lisis de los fundamentos de la nacionalidad. Al introducir en el pa&iacute;s el estudio de la sociolog&iacute;a, Camacho procura elaborar una justificaci&oacute;n en t&eacute;rminos de relevancia local, se&ntilde;alando que conocer las &ldquo;leyes fisiol&oacute;gicas&rdquo; que regulan la vida de los seres individuales y colectivos es imperativo para los &ldquo;pueblos americanos, surgidos recientemente &aacute; la luz de la historia sin tradiciones bien conocidas, &aacute; impulso de un esfuerzo revolucionario&rdquo;. La sociolog&iacute;a se justifica porque promete dar respuesta a preguntas persistentes sobre la constituci&oacute;n f&iacute;sica y moral de los colombianos con la autoridad que le dan las &ldquo;leyes de la biolog&iacute;a&rdquo;, &ldquo;leyes universales&rdquo; que desde ya se anuncia tendr&iacute;an &ldquo;papel muy importante en las investigaciones de la ciencia social&rdquo; (Camacho, 1983, tomo 1: 210). Dentro de la visi&oacute;n naturalista impulsada por Camacho y por muchos de los defensores colombianos del evolucionismo no hay un claro l&iacute;mite entre biolog&iacute;a y sociolog&iacute;a, sino una zona de intercambio amplia, en que conceptos, met&aacute;foras se mueven libremente en una y otra direcci&oacute;n. De modo que las leyes que Camacho enuncia son a la vez biol&oacute;gicas y sociales. Estas leyes son: crecer y multiplicarse, la herencia fisiol&oacute;gica, la selecci&oacute;n natural y la selecci&oacute;n antropol&oacute;gica y social. Armado con sus leyes se ocupa de examinar la constituci&oacute;n y organizaci&oacute;n de las naciones, &ldquo;obra de los siglos&rdquo;. Para Camacho los componentes principales de la naci&oacute;n son: &ldquo;Lengua, tradici&oacute;n, costumbres, jurisprudencia, historia, literatura, aspiraciones y esperanzas comunes&rdquo;. De esta definici&oacute;n excluye a la religi&oacute;n y a la raza como fundamentos de la naci&oacute;n. Al desestimar la unidad de raza en las rep&uacute;blicas hispanoamericanas como fuente de la nacionalidad, Camacho afirma que las razas ind&iacute;genas y africanas est&aacute;n adaptadas al medio tropical y la mezcla de las tres permite resistir el influjo del medio f&iacute;sico en ciertas regiones. Aqu&iacute; incorpora impl&iacute;citamente el concepto de la supervivencia de los m&aacute;s adaptados, que para &eacute;l son la raza mezclada (&ldquo;la &uacute;nica que tiene el poder de resistir las influencias pal&uacute;dicas de los valles anegadizos y de los deltas de nuestras grandes arterias comerciales&rdquo;); los ind&iacute;genas (que ten&iacute;an &ldquo;la adaptaci&oacute;n secular que piden las regiones tropicales&rdquo;) y los colonos africanos (sin quienes &ldquo;hubiera sido imposible la colonizaci&oacute;n de los valles ardientes (...) y de las costas insalubres&rdquo;). No obstante sus acentos positivos, este discurso tambi&eacute;n se elabora desde la perspectiva del tr&aacute;nsito deseable de lo diverso a lo homog&eacute;neo: de las tres razas a la raza mestiza, producto de una fusi&oacute;n que Camacho juzga bien adelantada, al se&ntilde;alar que &ldquo;m&aacute;s de la mitad ya de nuestra poblaci&oacute;n pertenece al producto mixto de variados enlaces y constituye el grupo dominante en nuestra vida pol&iacute;tica &eacute; industrial&rdquo; (Camacho, 1983, tomo 1: 224). Es decir, el discurso se hace desde la l&oacute;gica del blanqueamiento de la poblaci&oacute;n y la desaparici&oacute;n simb&oacute;lica y biol&oacute;gica de los ind&iacute;genas y negros. </P >     <P   >El avance del naturalismo que se expresa en el discurso de Camacho encuentra fuerte oposici&oacute;n en el sector conservador que busca proteger el imperio y la autoridad que la religi&oacute;n y el clero todav&iacute;a tienen sobre los fen&oacute;menos que se consideran espirituales y morales. Parad&oacute;jicamente, el ataque conservador y clerical a la visi&oacute;n naturalista del mestizaje, como el que expresa desde el peri&oacute;dico El Conservador, Nicol&aacute;s Tanco Armero, no se hace defendiendo la igual dignidad moral de todas las razas, tampoco se hace defendiendo la irreductible dimensi&oacute;n espiritual o cultural (dir&iacute;amos hoy) del ser humano, sino desde una posici&oacute;n igualmente reduccionista y fisiol&oacute;gica, que condena la mezcla de los blancos con razas inferiores. As&iacute;, despu&eacute;s de se&ntilde;alar que &ldquo;consideramos todas las razas como hermanas&rdquo; y de decir que &ldquo;todos somos miembros de la gran familia humana y susceptibles de perfecci&oacute;n y de cultura&rdquo; concluye contra Camacho: &ldquo;protestamos contra la fusi&oacute;n con razas inferiores y no creemos que la mezcla con negros produzca, como dice el Sr. Camacho, una raza altiva &eacute; inteligente&rdquo;. En el mismo sentido se pronuncia el intelectual conservador Sergio Arboleda, editor de El Conservador, quien a pie de p&aacute;gina del art&iacute;culo de Tanco incluye su propia opini&oacute;n sobre algunas afirmaciones de Camacho: &ldquo;A tal extremo lo arrastra su deseo de agradar que, seg&uacute;n &eacute;l, la raza mezclada que est&aacute; apareciendo del cruzamiento de nuestros hermanos africanos con la blanca y con la ind&iacute;gena es, al propio tiempo que inteligente y altiva, una de las m&aacute;s BELLAS y robustas que han conocido los ojos humanos. &iquest;De veras creer&aacute; el Sr. Camacho Rold&aacute;n que la mezcla de indio y negro da el tipo de la humana belleza? Perm&iacute;tanos que lo dudemos; supuesto que en el curso de su vida ha probado con hechos, tener sobre la belleza convicciones contrarias. Por el conocimiento personal que de &eacute;l tenemos, no vacilamos en afirmar que, as&iacute; de la belleza f&iacute;sica como de la moral, &eacute;l y nosotros poseemos id&eacute;nticas nociones, y que de las ideas que sobre el particular ha emitido en su discurso son pour l&eacute;xportation&rdquo; (Camacho <I>et al., </I>1982:18). Este inusual recurso de introducir infidencias y comentarios personales solo parece indicar que Arboleda expresa algo m&aacute;s que una simple inconformidad con la pretendida falta de sinceridad de Camacho. Arboleda parece decirle a Camacho que est&aacute; cruzando una l&iacute;nea simb&oacute;lica inaceptable, que est&aacute; cometiendo una transgresi&oacute;n que implica poner en entredicho el conocimiento compartido por su grupo social. Es debido a que, como ha se&ntilde;alado la etnometodolog&iacute;a, el conocimiento compartido adquiere una dimensi&oacute;n moral, que Arboleda le reclama a Camacho aceptar con &eacute;l su com&uacute;n apreciaci&oacute;n sobre la inferioridad de indios, negros y mestizos, y la evaluaci&oacute;n en com&uacute;n de las elites en relaci&oacute;n con la belleza y la moralidad de estos habitantes del pa&iacute;s. As&iacute;, este episodio ilustra otro de los temas importantes que se debat&iacute;a en el momento, simult&aacute;neamente con el darwinismo y haciendo uso de &eacute;ste, cual es el de la constituci&oacute;n nacional, el significado de las razas y el porvenir nacional. </P >     <P   >ANTIDARWINISMO MILITANTE </P >     <P   >Del lado de los principales opositores al darwinismo y al positivismo spenceriano, tambi&eacute;n se produjeron escritos que evidencian las ideas que estos intelectuales defend&iacute;an en sus c&aacute;tedras o en sus escritos m&aacute;s p&uacute;blicos. Tal es el caso de los ya nombrados Miguel Antonio Caro, Marco Fidel Su&aacute;rez y Rafael Mar&iacute;a Carrasquilla, que figuran entre los intelectuales conservadores-cat&oacute;licos m&aacute;s prominentes en la historia de Colombia. Miguel Antonio Caro, se opuso a la obra de Jorge Isaacs, Estudio sobre las tribus ind&iacute;genas del Estado del Magdalena, quien alude a Darwin de manera enteramente superficial. En su estudio, fechado en 1884, pero publicado en 1886 en los Anales de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica de los Estados Unidos de Colombia, Isaacs se presenta como seguidor de Darwin y tambi&eacute;n especula sobre el origen del hombre americano y examina brevemente los debates entre monogenistas y poligenistas. Su comentario ligero se presenta cuando aporta su interpretaci&oacute;n de una de las planchas en que se representan algunos petroglifos encontrados en sus viajes. Dice Isaacs: &ldquo;Toler&aacute;ndolo mis lectores muy susceptibles los partidarios de la teor&iacute;a darwiniana, podr&iacute;amos suponer que la figura n&uacute;mero 12, mitad simia y de rostro muy raro, es representaci&oacute;n de la forma que tuvo el animal, temible como se ve, que precedi&oacute; al hombre en la escala de perfeccionamiento&rdquo; (Isaacs, 1983). Este fr&iacute;volo comentario alusivo a Darwin fue suficiente para que Miguel Antonio Caro produjera su extenso art&iacute;culo, titulado &ldquo;El darwinismo y las misiones&rdquo;, en el cual vinculaba su rechazo a los dos temas que le interesaba relacionar y criticar: el darwinismo y el anticlericalismo liberal, en cabeza del escritor Jorge Isaacs. Su cr&iacute;tica es demoledora y sin tregua y se publica dos veces: originalmente, en dos entregas, en el peri&oacute;dico El Repertorio Colombiano (1886-1887), y una vez asumido el control de la educaci&oacute;n p&uacute;blica, se reimprime en los Anales de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica de la Rep&uacute;blica de Colombia (1887), que es el nuevo nombre con que se marca el fin del control radical de la publicaci&oacute;n de la Universidad Nacional. Se trata de una descalificaci&oacute;n personal de Isaacs, de quien afirma que no tiene estudios cient&iacute;ficos (&ldquo;no hizo, ni ha tenido tiempo para hacer estudios cient&iacute;ficos en ninguna parte. Sin previos conocimientos met&oacute;dicos no hay rumbo ni br&uacute;jula en ninguna investigaci&oacute;n cient&iacute;fica&rdquo;), y una descalificaci&oacute;n del darwinismo, al menos &ldquo;en el punto repugnante de esa teor&iacute;a, en lo que toca con el hombre&rdquo;, ya que en su criterio: &ldquo;Seg&uacute;n la doctrina materialista que profesa sin rebozo nuestro explorador darwiniano, el hombre es descendiente de animal como cualquier otro, e inferior a otras especies que vendr&aacute;n con el tiempo; criatura sin alma ni destinos inmortales, sometida a la ciega evoluci&oacute;n de la inexorable naturaleza&rdquo;. Por &uacute;ltimo, y ello explica el t&iacute;tulo del escrito de Caro y su empe&ntilde;o en atacar el libro de Isaacs, en el ambiente polarizado de la &eacute;poca (de aquella y de esta), cuando se est&aacute; firmando un Concordato con el Vaticano para dejar en poder de la Iglesia Cat&oacute;lica el control de la educaci&oacute;n y la evangelizaci&oacute;n y pretendida &ldquo;civilizaci&oacute;n&rdquo; de los ind&iacute;genas, no se puede permitir que impunemente un reconocido escritor haga &ldquo;gala de incredulidad y de odio al clero&rdquo;, ya que en opini&oacute;n de Caro: &ldquo;El que hace guerra a la religi&oacute;n es enemigo de la patria&rdquo; (Caro, 1962a). </P >     <P   >El intelectual conservador y futuro presidente de Colombia, Marco Fidel Su&aacute;rez critica al profesor R&ouml;thlisberger, quien en sus cursos de historia y filosof&iacute;a en la universidad y en sus conferencias p&uacute;blicas se&ntilde;ala que las ciencias positivas han ido reduciendo el espacio de la filosof&iacute;a, al punto que &eacute;sta deber&iacute;a redefinirse completamente. En una serie de art&iacute;culos entre los cuales se destacan los titulados &ldquo;Filosof&iacute;a antifilos&oacute;fica&rdquo; (1884), &ldquo;El positivismo&rdquo; (1893) y &ldquo;El progreso&rdquo; (1882), Su&aacute;rez condena a este profesor y a todos los que sostienen ideas similares. En este &uacute;ltimo art&iacute;culo concluye, con Federico Schlegel, que el cristianismo constituye la influencia m&aacute;s poderosa para el progreso porque ofrece el &ldquo;ideal m&aacute;s excelso de perfecci&oacute;n&rdquo;. Contra quienes admiten la idea de un progreso indefinido de los seres sostiene: &ldquo;las especies son persistentes, ha dicho la historia natural; el hombre procede siempre del hombre, ense&ntilde;a la antropolog&iacute;a; y el lenguaje que tanta profundidad suele guardar, denomina con palabras afines generaci&oacute;n, o producci&oacute;n de seres vivos, y los g&eacute;neros o grupos persistentes que ellos forman&rdquo; (Su&aacute;rez, 1958b:1256). </P >     <P   >Monse&ntilde;or Rafael Mar&iacute;a Carrasquilla, quien retorna el Colegio Mayor del Rosario al respeto de sus constituciones, al publicar sus Lecciones de Metaf&iacute;sica y &eacute;tica, compendia sus ideas filos&oacute;ficas bastante opuestas a la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n por selecci&oacute;n natural y al positivismo spenceriano. Tambi&eacute;n dirige un buen n&uacute;mero de trabajos estudiantiles y tesis de grado que atacan estas ideas. Otro tanto hace el profesor Juli&aacute;n Restrepo, 1917, el disc&iacute;pulo preferido de Carrasquilla (Ort&iacute;z, 2003), con sus Lecciones de Antropolog&iacute;a, texto minucioso, que manifiesta abierta oposici&oacute;n a la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n y particularmente a cualquier pretensi&oacute;n de aplicar tales ideas a la antropolog&iacute;a. Por &uacute;ltimo, los alumnos en el Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario y en la Universidad Nacional, Emilio Cuervo M&aacute;rquez y Santiago Calvo, se enfrentaron en una formidable y excepcional pol&eacute;mica en torno al darwinismo. </P >     <P   >Primero el joven Emilio Cuervo M&aacute;rquez, reci&eacute;n ingresado a la Escuela de Derecho y Ciencias Pol&iacute;ticas de la Universidad Nacional gana, en 1891, un premio con su obra: Estudio sobre el sistema evolucionista. Lo obtiene en el concurso convocado para los estudiantes de segundo a&ntilde;o de filosof&iacute;a y metaf&iacute;sica del Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario, con tema preciso: analizar comparativamente el sistema evolucionista de Darwin y &ldquo;la doctrina monog&eacute;nica de la Sagrada Escritura&rdquo;. Emilio Cuervo M&aacute;rquez es sobrino del fil&oacute;logo Rufino Jos&eacute; Cuervo, y llegar&iacute;a a ser escritor y ensayista de cierta fama. Fue alcalde de Bogot&aacute;, entre 1913 y 1914. Gran amigo de Jos&eacute; Asunci&oacute;n Silva, escribir&aacute; en los a&ntilde;os 30, con el entusiasmo de la Revoluci&oacute;n en Marcha, una biograf&iacute;a del poeta y una cr&iacute;tica mordaz de la censura, el enclaustramiento y el clericalismo de estos a&ntilde;os. En 1937 env&iacute;a desde Europa a la Academia Colombiana de Historia una obra titulada &ldquo;Introducci&oacute;n al estudio de la Filosof&iacute;a de la Historia&rdquo;, que espera pueda ser publicada a pesar de contener &ldquo;ideas sobre puntos de orden filos&oacute;fico o cient&iacute;fico que pueden ser controvertibles&rdquo;. La Academia publica al a&ntilde;o siguiente el libro, aunque ya p&oacute;stumamente. Entre los puntos controversiales del trabajo, seguramente se refer&iacute;a el autor a sus exposiciones sobre la evoluci&oacute;n del ser humano, que hab&iacute;a combatido decididamente a&ntilde;os atr&aacute;s. Pero volvamos a 1891, cuando Cuervo escribe para participar y ganarse un concurso en el que estaba clara qu&eacute; tipo de obra podr&iacute;a aspirar al primer premio. Seis meses despu&eacute;s, el estudiante de la Escuela de Derecho y Ciencias Pol&iacute;ticas de la Universidad Nacional, Santiago Calvo, publica la r&eacute;plica al libro de Cuervo, bajo el t&iacute;tulo: El evolucionismo en su aspecto f&iacute;sico, psicol&oacute;gico, moral y pol&iacute;tico. Los dos j&oacute;venes, formados en claustros distintos terminan enfrentados en una pol&eacute;mica en torno al evolucionismo, que es tambi&eacute;n un debate religioso y pol&iacute;tico y filos&oacute;fico. Infortunadamente, como se&ntilde;alaba al comienzo, la carrera de Calvo ser&aacute; radicalmente m&aacute;s corta: muere asesinado durante la Guerra de los Mil D&iacute;as, mientras recoge con sus copartidarios los cad&aacute;veres del &uacute;ltimo combate. </P >     <P   >UN DARWINISMO CONTAMINADO DE SOCIEDAD </P >     <P   >Este ensayo ha proporcionado una visi&oacute;n panor&aacute;mica y bastante resumida de un panorama complejo de los debates en torno al darwinismo y el evolucionismo en la Colombia de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX. El trabajo se extender&iacute;a mucho m&aacute;s para dar cuenta de las diversas manifestaciones que tuvieron los debates sobre el evolucionismo, el darwinismo y el positivismo en Colombia durante este per&iacute;odo. La muestra presentada ha permitido subrayar las m&uacute;ltiples dimensiones pol&iacute;ticas y sociales que abarcaron y la variedad de temas que cubrieron. Se podr&iacute;a decir que muy poco de esto alude al darwinismo real, al darwinismo puro de Darwin, un darwinismo que com&uacute;nmente se presenta purificado de sus enormes connotaciones e implicaciones pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas, y ajeno al convulsionado mundo que lo produjo con su &ldquo;naturaleza roja en colmillo y garra&rdquo;, sobre la que escrib&iacute;a Lord Tennyson, y distanciado de las leyes de pobres malthusianas, de la implacable revoluci&oacute;n industrial, del miedo al Cartismo y al fantasma que recorr&iacute;a a Europa. Pero mucho antes de que se inventara la ficci&oacute;n de un darwinismo social completamente separado del darwinismo incontaminado de la naturaleza, los seguidores del darwinismo en Colombia como en otras partes ya hab&iacute;an descubierto sus m&uacute;ltiples usos posibles y sus asociaciones peligrosas. </P >     <P   >PIES DE P&Aacute;GINA</P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   ><Sup>1</Sup>Se conserva la ortograf&iacute;a original.</P >     <P   ><Sup>2 </Sup>Se conserva la ortograf&iacute;a original.</P >     <P   >   <Sup>3 </Sup>Todas las citas son de los siguientes n&uacute;meros de los Anales de la Universidad: 2(7): 4-5, marz., 1869; 1(3): 291-295,nov., 1868; 1(3): 296-300, nov., 1868; 1(4): 351-353; 5(34/35): 512-521, oct.-nov., 1871; 5(27): 190-197, 1883;6(33): 160-168, 1883.</P >     <P   ><Sup>4 </Sup>Todas las negrillas y cursivas incluidas en citas corresponden a los originales.</P >     <P   > <Sup>5 </Sup>Sesi&oacute;n Solemne del 19 de diciembre de 1880. Anales de la Universidad; dic., 1880;1(4):232-253.</P >     <P   >AGRADECIMIENTOS </P >     <p>Este trabajo se ha adelantado en el marco del proyecto: &ldquo;El darwinismo le&iacute;do a trav&eacute;s de las fronteras culturales&rdquo;, apoyado por Colciencias (c&oacute;digo 110145221332). </P >     <p>BIBLIOGRAF&Iacute;A </P >     <!-- ref --><p>BUSHNELL D. El r&eacute;gimen de Santander en la Gran Colombia. Primera edici&oacute;n. Bogot&aacute;: Coedici&oacute;n de Ediciones Tercer Mundo y Facultad de Sociolog&iacute;a (Secci&oacute;n de Investigaci&oacute;n Social), Universidad Nacional; 1966. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0120-548X200900040000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CAMACHO S, TANCO N, N&Uacute;&Ntilde;EZ R. Cien a&ntilde;os de la sociolog&iacute;a en Colombia, 1882-1982 (Fasc&iacute;culo conmemorativo que contiene documentos de la &eacute;poca e interpretaciones actuales a cargo de los profesores Carlos H. Uribe, Alberto Henao V. Miguel A. Hern&aacute;ndez del Departamento de Sociolog&iacute;a), Ciudad Universitaria (Bogot&aacute;), Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas. Departamento de Sociolog&iacute;a; 1982. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0120-548X200900040000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CAMACHO S. Escritos varios. Bogot&aacute;: Editorial Incunables; 1983. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0120-548X200900040000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CARO MA. El darwinismo y las misiones. Obras completas. Bogot&aacute;: Instituto Caro y Cuervo; 1962a. p. 1049-1107. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-548X200900040000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CARO MA. Obras completas. Bogot&aacute;: Instituto Caro y Cuervo; 1962b. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0120-548X200900040000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CARRASQUILLA JD. Del influjo de las ciencias naturales en la civilizaci&oacute;n y el progreso. Revista M&eacute;dica. 1888;XII(124):16-39. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-548X200900040000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CARRASQUILLA RM. Obras completas. Recopiladas por Monse&ntilde;or Jos&eacute; Eusebio Ricaurte. Bogot&aacute;: Empresa Nacional de Publicaciones, Imprenta Nacional; 1956. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-548X200900040000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CAUDILL E. The Bishop-Eaters: The Publicity Campaign for Darwin and on the Origin of Species. J Hist Ideas. 1994;55(3):441-460. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-548X200900040000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CORONADO   CE. El ideal de la educaci&oacute;n   seg&uacute;n un instruccionista de moda. Parte I (Comentario   al libro De l education intellectuelle, morale et physique par Herbert   Spencer. Traduit de l anglais. 2   &eacute;dition. Paris: libraire Bailli&egrave;re &amp;   Cie; 1879.). El Repertorio Colombiano 1880a:113-129. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-548X200900040000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CORONADO   CE. El ideal de la educaci&oacute;n   seg&uacute;n un instruccionista de moda. Parte II.   (Comentario al libro De l education intellectuelle, morale et physique   par Herbert Spencer.Traduit de l anglais. 2   &eacute;dition. Paris: libraire   Bailli&egrave;re &amp; Cie; 1879.). El Repertorio   Colombiano 1880b:189-212.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-548X200900040000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CORT&Eacute;S E. Discurso pronunciado en la sesi&oacute;n solemne de distribuci&oacute;n de premios de 1872. Anales de la Universidad. 1868;6(48):569-83. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-548X200900040000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CORT&Eacute;S S. Monograf&iacute;a de las leguminosas, &eacute; introducci&oacute;n al estudio de la Flora de Colombia. Bogot&aacute;: Imprenta Nacional; 1904. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-548X200900040000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CROWSON RA. Darwin y la clasificaci&oacute;n. En: Barnett SA, editor. Un siglo despu&eacute;s de Darwin. 5 ed. Madrid: Alianza Editorial; 1985. p. 25-59. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-548X200900040000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ESPINOSA IV. Filosof&iacute;a Experimental. Extracto de las doctrinas filos&oacute;ficas de Herbert Spencer. Bogot&aacute;: Imprenta de Lleras y C&iacute;a.; 1910. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-548X200900040000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FICHMAN M. Ideological Factors in the Dissemination of Darwinism in England 1860 1900. En: Mendelsohn E, editor. Trasformation and Tradition in the Sciences. Essays in Honour of I. Bernard Cohen. Cambridge: Cambridge University Press; 1984. p. 471-485. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-548X200900040000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARC&Iacute;A L. Conversando... Bogot&aacute;: Editorial Kelly; 1966. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-548X200900040000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ISAACS J. Las tribus ind&iacute;genas del Magdalena. Bogot&aacute;: Editorial Incunables; 1983. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-548X200900040000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MOORE JR. Deconstructing Darwinism: the Politics of Evolution in the 1860s. J Hist Biology. 1991;24:353-408. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-548X200900040000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MOORE JA. The History of Evolutionary Concepts and the Nature of the Controversies. En: Hecht MK, editor. Evolutionary Biology at the Crossroads. Flushing, New York: Queens College Press; 1989. p. 5-19. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-548X200900040000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MOORE J. Socializing Darwinism: Historiography and the Fortunes of a Phrase. En: Levidow L, editor. Science as politics. London: Free Association Books; 1986. p. 38-80. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-548X200900040000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MORA LM. Croniquillas de mi ciudad. Bogot&aacute;: Banco Popular; 1972. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-548X200900040000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>N&Uacute;&Ntilde;EZ R. La reforma pol&iacute;tica en Colombia. Tomo III (7). Colecci&oacute;n de art&iacute;culos y discursos publicados en -El Impulso- y -El Porvenir- de Cartagena, -La Naci&oacute;n- de Bogot&aacute;.- De 1888 a 1890. Bogot&aacute;: Biblioteca Popular de Cultura Colombiana; 1945a. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-548X200900040000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>N&Uacute;&Ntilde;EZ R. La reforma pol&iacute;tica en Colombia. Tomo II (6). Colecci&oacute;n de art&iacute;culos y discur-sos publicados en -El Impulso- y -El Porvenir- de Cartagena, -La Naci&oacute;n- de Bogot&aacute;.- De 1878 a 1888. Bogot&aacute;: Biblioteca Popular de Cultura Colombiana; 1945b. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-548X200900040000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>N&Uacute;&Ntilde;EZ R. La reforma pol&iacute;tica en Colombia. Tomo V (10). Colecci&oacute;n de art&iacute;culos y dis-cursos publicados en -El Impulso- y -El Porvenir- de Cartagena, -La Naci&oacute;n- de Bogot&aacute;.-De 1890 a 1892. Bogot&aacute;: Biblioteca Popular de Cultura Colombiana; 1946. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-548X200900040000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>ORT&Iacute;Z &Aacute;P. Historia de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, 1890-1930. Bogot&aacute;: Centro Editorial Universidad del Rosario; 2003. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-548X200900040000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>PALACIO JH. Historia de mi vida. Segunda edici&oacute;n. Bogot&aacute;: Editorial Incunables; 1984. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-548X200900040000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RAUSCH JM. La educaci&oacute;n durante el federalismo. La reforma escolar de 1870. Santa f&eacute; de Bogot&aacute;: Instituto Caro y Cuervo, Universidad Pedag&oacute;gica Nacional; 2009. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-548X200900040000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RESTREPO O. Naturalistas, saber y sociedad en Colombia. En: Restrepo O, Arboleda LC, Bejarano JA, editores. Historia social de las ciencias. Tomo 3. Historia natural y ciencias agropecuarias. 1993. p. 13-327. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-548X200900040000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RESTREPO FORERO O. Leyendo historias sobre el Darwinismo. En: Puig-Samper M&Aacute;, Ruiz R, Galera A, editores. Evolucionismo y cultura. Darwinismo en Europa e Iberoam&eacute;rica. M&eacute;rida: Junta de Extremadura; 2002. p. 21-45. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-548X200900040000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RESTREPO O, BECERRA D. Lectio, disputatio, dictatio en el nombre de la ciencia: una pol&eacute;mica evolucionista en Colombia. Historia Cr&iacute;tica. 1995a;(10):73-87. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-548X200900040000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RESTREPO O, BECERRA D. El darwinismo en Colombia. Naturaleza y sociedad en el discurso de la ciencia. Rev Acad Colomb Cienc Exactas Fis Nat. 1995b;19(74):547-68. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-548X200900040000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RESTREPO O, BECERRA D. La Representaci&oacute;n de la ciencia en las pol&eacute;micas sobre el darwinismo y el positivismo. En: Universidad Pedag&oacute;gica y Tecnol&oacute;gica de Colombia, Archivo General de la Naci&oacute;n, Asociaci&oacute;n Colombiana de Historia, editores. Cultura y mentalidades en la historia de Colombia. Ciencias, profesiones y vida cotidiana. 1997. p. 204-19. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-548X200900040000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RESTREPO J. Lecciones de antropolog&iacute;a. Bogot&aacute;: Casa Editorial de Arboleda y Valencia; 1917. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-548X200900040000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RODR&Iacute;GUEZE.Dieza&ntilde;osdepol&iacute;ticaliberal,1892-1902.Bogot&aacute;:EditorialIncunables;1985. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-548X200900040000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>R&Ouml;THLISBERGER E. El Dorado. Estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericana. Bogot&aacute;: Banco de la Rep&uacute;blica; 1963. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-548X200900040000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SAFFORD F. Acerca de la incorporaci&oacute;n de las ciencias naturales en la periferia: el caso de Colombia en el siglo XIX. Quipu. 1985;2(3):423-435.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-548X200900040000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >SALDARRIAGA &Oacute;. Rafael Mar&iacute;a Carrasquilla (1857-1930). En: Castro-G&oacute;mez S, Fl&oacute;rez-Malag&oacute;n A, Hoyos V&aacute;squez G, Mill&aacute;n de Benavides C, editores. Pensamiento colombiano del siglo XX. Bogot&aacute;: Pontificia Universidad Javeriana. Instituto Pensar; 2007. p. 481-523. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-548X200900040000100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >SAMPER JM. Historia de un alma, 1834 &aacute; 1881. Medell&iacute;n: Editorial Bedout; 1971. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-548X200900040000100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >SHAPIN S, BARNES B. Darwinism and Social Darwinism: Purity and History. En: Barnes B, Shapin S, editores. Natural Order: Historical Studies of Scientific Culture. London: Sage; 1979. p. 125-42. SU&Aacute;REZ MF. Filosof&iacute;a antifilos&oacute;fica. Obras completas. Bogot&aacute;: Instituto Caro y Cuervo; 1958a. p. 1282-1309. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-548X200900040000100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-548X200900040000100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >SU&Aacute;REZ MF. Obras completas. Bogot&aacute;: Instituto Caro y Cuervo; 1958b. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-548X200900040000100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >TAVERA GA. Informe del Rector de la Universidad Nacional. Anales de la Universidad de los Estados Unidos de Colombia. 1877;11(84):317-358. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-548X200900040000100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >URIBE JA. Cuadros de la naturaleza. Medell&iacute;n: Ediciones Gr&aacute;ficas; 1985. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-548X200900040000100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P   >YOUNG RM. Darwinism is Social. En: Kohn D, editor. The Darwinian Heritage. Princeton, N.J.: Princeton University Press, in association with Nova Pacifica; 1985. p. 609-38.</P > </font>     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-548X200900040000100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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