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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA CONSERVACIÓN BIOLÓGICA Y SU PERSPECTIVA EVOLUTIVA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper reviews three of the main threats to biological diversity, such as habitat fragmentation /habitat loss, and invasion of exotic species, mainly from their evolutionary implications. Effects of habitat fragmentation/habitat loss could be addressed by looking at the synergy between demographic and genetic factors that together shape evolutionary changes or otherwise bring populations to extinction vortex. Biological invasions, in spite of their strong negative effects on biological diversity, offer an interesting scenario to study contemporary evolutionary processes.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4">LA CONSERVACI&Oacute;N BIOL&Oacute;GICA Y SU PERSPECTIVA EVOLUTIVA </font></P >     <p align="center" >Biological Conservation and its Evolutionary Perspective </p >     <P   >OLGA L. MONTENEGRO<Sup>1</Sup>, Ph. D. <Sup>1</Sup>Profesora Asistente, Instituto de Ciencias Naturales.   Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute; D.C., Colombia.   <a href="mailto:olmontenegrod@unal.edu.co">olmontenegrod@unal.edu.co</a> </P >     <P    >Presentado 7 de diciembre de 2009, aceptado 18 de diciembre de 2009, correcciones 25 de mayo de 2010. </P ><hr size="1">     <p    >RESUMEN </p >     <P    > Este art&iacute;culo revisa tres de las principales causas de amenaza a la diversidad biol&oacute;gica, como son la fragmentaci&oacute;n y p&eacute;rdida del h&aacute;bitat, as&iacute; como la invasi&oacute;n de especies ex&oacute;ticas, principalmente en lo que compete a sus implicaciones evolutivas. Los efectos de la fragmentaci&oacute;n y/o p&eacute;rdida del h&aacute;bitat pueden revisarse a la luz de la sinergia entre factores demogr&aacute;ficos y gen&eacute;ticos que moldean cambios evolutivos o que llevan a las poblaciones al v&oacute;rtice de la extinci&oacute;n. Las invasiones biol&oacute;gicas, aunque han generado p&eacute;rdidas considerables en la diversidad biol&oacute;gica, ofrecen un escenario interesante para estudiar procesos evolutivos contempor&aacute;neos. </P >     <P    >Palabras clave: evoluci&oacute;n contempor&aacute;nea, fragmentaci&oacute;n, invasiones biol&oacute;gicas, p&eacute;rdida de h&aacute;bitat, v&oacute;rtices de extinci&oacute;n. </P ><hr size="1">     <p    >ABSTRACT </p >     <P    > This paper reviews three of the main threats to biological diversity, such as habitat fragmentation /habitat loss, and invasion of exotic species, mainly from their evolutionary implications. Effects of habitat fragmentation/habitat loss could be addressed by looking at the synergy between demographic and genetic factors that together shape evolutionary changes or otherwise bring populations to extinction vortex. Biological invasions, in spite of their strong negative effects on biological diversity, offer an interesting scenario to study contemporary evolutionary processes. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >Key words: Biological invasions, contemporary evolution, extinction vortex, fragmentation, habitat loss. </P ><hr size="1">     <p    >INTRODUCCI&Oacute;N </p >     <P    > Desde hace varias d&eacute;cadas la humanidad ha comenzado a reflexionar sobre los l&iacute;mites del crecimiento poblacional, la extracci&oacute;n de recursos, y en &uacute;ltimas a su propio futuro dado lo que muchos perciben como una crisis ambiental. Tales reflexiones provienen del reconocimiento que el mundo natural que experimentamos hoy, es muy diferente al que existi&oacute; 10.000 a&ntilde;os atr&aacute;s. En la actualidad, pr&aacute;cticamente todos los lugares de la tierra han sufrido alteraciones generadas por las acciones humanas. La magnitud de tales alteraciones var&iacute;a seg&uacute;n la regi&oacute;n, pero en general se reconoce que buena parte de la cobertura vegetal ha sido removida o alterada, cientos de toneladas de suelo han sido erosionadas, se han generado cambios en las redes hidrol&oacute;gicas, cientos de especies animales y vegetales se han extinguido prematuramente e incluso el clima del planeta se ha modificado como consecuencia de las actividades humanas (Meffe <I>et al.</I>, 2006). </P >     <P    >Se conoce que el crecimiento poblacional humano fue inicialmente lento dado el l&iacute;mite de tecnolog&iacute;as sencillas y con baja capacidad de alteraci&oacute;n a gran escala. Tambi&eacute;n eventos epid&eacute;micos hist&oacute;ricos contribuyeron al crecimiento demogr&aacute;fico lento. Por ejemplo, la llamada peste negra, ocurrida en el siglo XIV, caus&oacute; cerca de 25 millones de muertes en Europa, y de 30 a 40 millones en &Aacute;frica y Asia, generando un descenso en cerca de un tercio de la poblaci&oacute;n de entonces, al menos en Europa (Sean, 2001). Sin embargo, posterior a la revoluci&oacute;n industrial, ocurrida en la mitad del siglo XVIII y principios del XIX, la tasa de incremento poblacional humano entr&oacute; en una etapa exponencial. Este crecimiento acelerado obedeci&oacute; a grandes transformaciones socioecon&oacute;micas, tecnol&oacute;gicas y culturales consideradas entre las m&aacute;s significativas en la historia de la humanidad, desde el Neol&iacute;tico. Para 1850 la poblaci&oacute;n humana alcanzaba el bill&oacute;n de habitantes, y en solo 80 a&ntilde;os, esta cifra se hab&iacute;a duplicado (de Souza, 1990). En la primera d&eacute;cada del 2000 esta cifra pas&oacute; de seis mil millones de habitantes y se estima que a pesar de haber un leve descenso en la tasa de crecimiento demogr&aacute;fico en la &uacute;ltima d&eacute;cada, la poblaci&oacute;n mundial sobrepasar&aacute; los nueve billones en 2050 (World Population Prospects, 2008). </P >     <P    >Las implicaciones de esta forma de crecimiento demogr&aacute;fico son diversas, y no se limitan al tama&ntilde;o poblacional por s&iacute; mismo, sino a la demanda de recursos y servicios que trae consigo. Las tasas de consumo de los recursos naturales se han incrementado considerablemente en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os y la tendencia seguir&aacute; en aumento. Este consumo es notoriamente desigual a nivel mundial, siendo los pa&iacute;ses industrializados los responsables de las mayores tasas de consumo (World Wildlife Fund, 2004). </P >     <P    >La consecuencia generalizada de estos procesos es un deterioro significativo de la mayor&iacute;a de los ecosistemas terrestres, incluyendo una alta tasa de extinci&oacute;n de especies animales y vegetales. Por ejemplo, a finales de la d&eacute;cada de 1980 ya se hab&iacute;a documentado que desde 1600 hasta finales del siglo XX hab&iacute;a ocurrido la extinci&oacute;n de al menos 85 especies de mam&iacute;feros, 113 de aves, 21 de reptiles, dos de anfibios (aunque actualmente este n&uacute;mero es mucho mayor), 23 de peces, 98 de invertebrados y 384 de plantas con flores (Reid y Miller, 1989). </P >     <P    >El reconocimiento de estos hechos y sus implicaciones para la permanencia de la humanidad y las otras especies con las que comparte el planeta, ha dado origen a una disciplina relativamente reciente en las ciencias naturales, ahora conocida como biolog&iacute;a de la conservaci&oacute;n. Esta disciplina surge como una respuesta de la comunidad cient&iacute;fica a la actual crisis de la p&eacute;rdida de biodiversidad y tiene como finalidad, no solo investigar los efectos humanos sobre otros seres vivos, las comunidades biol&oacute;gicas, ecosistemas, sino buscar aproximaciones pr&aacute;cticas para prevenir la degradaci&oacute;n del h&aacute;bitat y la extinci&oacute;n de especies, restaurar ecosistemas, reintroducir poblaciones y restablecer relaciones sustentables entre las comunidades y los ecosistemas (Meffe <I>et al.</I>, 2006). </P >     <P    >Varios principios se han atribuido a la disciplina de la biolog&iacute;a de la conservaci&oacute;n. Los primeros, m&aacute;s de car&aacute;cter filos&oacute;fico, fueron postulados por Soul&eacute;, 1985, e incluyen que: 1. la diversidad de organismos es buena, 2. la complejidad ecol&oacute;gica es buena, 3. es bueno mantener el potencial gen&eacute;tico de las poblaciones y 4. la diversidad bi&oacute;tica tiene valor intr&iacute;nseco, independientemente de su valor de uso. Otros principios, m&aacute;s de car&aacute;cter biol&oacute;gico, fueron expresados por Meffe y Carroll, 1997, y resaltan que la evoluci&oacute;n es el axioma b&aacute;sico que une toda la biolog&iacute;a y que los sistemas ecol&oacute;gicos son din&aacute;micos y mayormente no permanecen en equilibrio. De all&iacute; se deriva que un programa de conservaci&oacute;n es exitoso cuando el sistema ecol&oacute;gico retiene la diversidad de su estructura y funci&oacute;n, y cuando se permite continuar los procesos de adaptaci&oacute;n evolutiva y cambio ecol&oacute;gico. </P >     <P    >Es precisamente la perspectiva evolutiva de la conservaci&oacute;n biol&oacute;gica la que motiva este art&iacute;culo. El prop&oacute;sito de este escrito es revisar tres de las causas principales de amenaza a la diversidad biol&oacute;gica, como son la fragmentaci&oacute;n y p&eacute;rdida del h&aacute;bitat, as&iacute; como la introducci&oacute;n e invasi&oacute;n de especies ex&oacute;ticas, principalmente en lo que compete a sus implicaciones evolutivas. En las siguientes secciones se revisa inicialmente el concepto de diversidad biol&oacute;gica y lo que se considera como sus principales amenazas, en el contexto de la conservaci&oacute;n biol&oacute;gica. Posteriormente, se examina la extinci&oacute;n como proceso natural y se contrasta con las extinciones actuales. M&aacute;s adelante se detallan los procesos de fragmentaci&oacute;n y p&eacute;rdida de h&aacute;bitat, as&iacute; como sus efectos evolutivos. Finalmente se exploran algunos ejemplos de invasiones biol&oacute;gicas y su relevancia evolutiva tanto en invasores como en poblaciones residentes. El prop&oacute;sito general es mostrar que m&aacute;s all&aacute; de la p&eacute;rdida de diversidad biol&oacute;gica, tanto la fragmentaci&oacute;n del h&aacute;bitat, como las invasiones biol&oacute;gicas constituyen nuevas presiones selectivas que moldean procesos evolutivos actuales. </P >     <P   >DIVERSIDAD BIOL&Oacute;GICA </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   >El t&eacute;rmino diversidad biol&oacute;gica (o biodiversidad como se empez&oacute; a usar en la d&eacute;cada de 1980) ha tenido muchas interpretaciones y como afirma Noss, 1996, puede significar diferentes cosas para diferentes personas. Desde su aparici&oacute;n, este t&eacute;rmino ha venido a complementar lo que los ec&oacute;logos inicialmente llamaron diversidad de especies o riqueza de especies. El concepto incluye no solo &eacute;stas &uacute;ltimas, sino que se extendi&oacute; a la diversidad de genes, organismos, poblaciones, comunidades y paisajes. </P >     <P    >Los aspectos de la diversidad m&aacute;s frecuentemente evaluados son la riqueza (o n&uacute;mero) de especies, y la distribuci&oacute;n proporcional del n&uacute;mero de individuos de cada especie. Estas mediciones son una forma de describir las comunidades ecol&oacute;gicas, en t&eacute;rminos de la dominancia o equidad, como otro componente de la diversidad. Se han propuesto muchos &iacute;ndices para la medici&oacute;n de la diversidad biol&oacute;gica que son ampliamente disponibles (Moreno, 2001; Magurran, 2003) entre muchos otros. Sin embargo, desde hace a&ntilde;os ha existido controversia sobre la interpretaci&oacute;n biol&oacute;gica de los &iacute;ndices y en general del concepto diversidad de especies, lo que ha llevado a algunos a cuestionar el valor conceptual del t&eacute;rmino (Hurlbert, 1971). </P >     <P    >Dados los patrones actuales en el uso de recursos naturales, se ha hecho necesario identificar, m&aacute;s que una definici&oacute;n universal de biodiversidad, una manera operativa de medir cambios en los componentes de la misma a lo largo del tiempo. Con este fin se ha propuesto utilizar tres atributos de la diversidad biol&oacute;gica (composici&oacute;n, estructura y funci&oacute;n), m&aacute;s que una definici&oacute;n particular (Noss, 1996). Esta aproximaci&oacute;n permite medir indicadores espec&iacute;ficos en cada uno de los niveles de organizaci&oacute;n (desde genes hasta paisajes). </P >     <p    >EXTINCI&Oacute;N </p >     <P    > La definici&oacute;n m&aacute;s simple de extinci&oacute;n es -la muerte de las especies- (Raup, 1991) o como escribi&oacute; Gould, 1983, -la extinci&oacute;n es a la especie lo que la muerte al individuo-. La extinci&oacute;n tambi&eacute;n puede definirse como la terminaci&oacute;n de un linaje sin sucesi&oacute;n, para diferenciarla de una pseudoextinci&oacute;n, en la cual especies ancestrales evolucionan hacia nuevas especies, un proceso conocido como especiaci&oacute;n. Este tipo de especiaci&oacute;n ocurrir&iacute;a gracias al proceso de selecci&oacute;n natural, siguiendo la esencia de la teor&iacute;a del origen de la especies de Darwin. </P >     <P    >Aqu&iacute; se hace referencia a las extinciones verdaderas, en las cuales las especies han desaparecido completamente, sin dejar descendientes. Las extinciones han ocurrido desde la aparici&oacute;n de la vida en la tierra y en esencia son un proceso hist&oacute;rico natural. Las estimaciones que varios han hecho, indican que actualmente pueden existir cerca de 40 millones de especies, pero que en el pasado entre cinco y cincuenta mil millones de especies vivieron y desaparecieron. Esto significa que el 99,9% de especies que alguna vez han existido sobre la tierra se han extinguido (Raup,1991).</P >     <P    >Tales extinciones, sin embargo, no han ocurrido de la misma manera. Se distingue entre dos formas de extinci&oacute;n, dependiendo de la velocidad de ocurrencia. Estas formas se conocen como extinci&oacute;n de fondo (continua), la cual ocurre a una tasa muy lenta, y las extinciones masivas, que ocurren en per&iacute;odos relativamente muy cortos, en la historia geol&oacute;gica de la tierra, y que involucran un gran n&uacute;mero de especies e incluso linajes completos. Se han documentado cinco extinciones masivas a lo largo de la historia de la vida en la tierra, ocurridas en el inicio de Ordov&iacute;cico (hace 488 millones de a&ntilde;os), entre el Ordov&iacute;cico y el Sil&uacute;rico (hace 444 millones de a&ntilde;os), en el Dev&oacute;nico (hace 360 millones de a&ntilde;os), el P&eacute;rmico (hace 251 millones de a&ntilde;os), y al final del per&iacute;odo Cret&aacute;cico (hace 65 millones de a&ntilde;os). De &eacute;stas, la extinci&oacute;n masiva del P&eacute;rmico fu&eacute; la m&aacute;s dram&aacute;tica, en la cual cerca del 95% de las especies existentes en ese momento se extinguieron (Wicander y Monroe, 1989). </P >     <P    >Las condiciones ambientales antes y despu&eacute;s de las extinciones masivas fueron probablemente muy diferentes. Posiblemente por esta raz&oacute;n, muchos de los grupos no extintos se diversificaron despu&eacute;s de eventos de extinci&oacute;n masiva. Adicionalmente, con la desaparici&oacute;n de muchas especies, se liberaron espacios ecol&oacute;gicos y geogr&aacute;ficos que pudieron ser ocupados por nuevas especies por radiaci&oacute;n adaptativa. Estos procesos de especiaci&oacute;n luego de una extinci&oacute;n masiva pueden tomar mucho tiempo. Por ejemplo, despu&eacute;s de la extinci&oacute;n masiva del P&eacute;rmico, tom&oacute; cerca de 100 millones de a&ntilde;os para que se diera una recuperaci&oacute;n en la diversidad (Futuyma, 2005). </P >     <P    >En este punto, surge la pregunta de &iquest;cu&aacute;l es el papel de la extinci&oacute;n en la diversidad? Al respecto, Raup, 1991, argumenta que sin la extinci&oacute;n de especies la biodiversidad hubiera incrementado hasta un grado de saturaci&oacute;n. La selecci&oacute;n natural hubiera continuado operando, pero posiblemente muchas de las innovaciones evolutivas (como nuevos modos de vida o formas corporales, por ejemplo) no habr&iacute;an surgido. De acuerdo con esta visi&oacute;n, el principal papel de la extinci&oacute;n en evoluci&oacute;n es proporcionar espacio (ecol&oacute;gico y geogr&aacute;fico) disponible para la innovaci&oacute;n. </P >     <P    >Entonces, &iquest;por qu&eacute; si la extinci&oacute;n es un proceso natural y es necesaria para la evoluci&oacute;n de nuevas especies, existe una preocupaci&oacute;n por las tasas de extinci&oacute;n actuales?. Aqu&iacute; es conveniente antes mencionar que las tasas de extinci&oacute;n actuales han llevado a que se considere que la diversidad mundial est&aacute; pasando por lo que muchos han llamado la sexta extinci&oacute;n masiva (Leakey y Lewin, 1996). </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >Para responder a la pregunta anterior, es conveniente tener en cuenta los dos aspectos siguientes : 1. Las extinciones masivas y posteriores eventos de especiaci&oacute;n previos a la aparici&oacute;n de la humanidad ocurrieron en tiempos comparativamente mucho m&aacute;s largos (millones de a&ntilde;os y cientos de millones de a&ntilde;os), mientras que las extinciones m&aacute;s grandes generadas por actividades humanas han ocurrido en tiempos mucho m&aacute;s cortos (pocos miles de a&ntilde;os). 2. Las extinciones masivas del pasado ocurrieron por causas diversas (sobre las cuales siempre ha existido controversia), pero ninguna ha sido causada por las actividades de una sola especie. La principal causa de extinciones actuales es la destrucci&oacute;n del h&aacute;bitat generada por las actividades y tecnolog&iacute;as desarrolladas por una sola especie, <I>Homo sapiens</I>. La preocupaci&oacute;n por las tasas de extinci&oacute;n actuales radica en que el futuro mismo de la especie causante de las actuales tasas de extinci&oacute;n est&aacute; comprometido. </P >     <p    >PRINCIPALES CAUSAS ACTUALES DE P&Eacute;RDIDA DE BIODIVERSIDAD Y SU RELEVANCIA EVOLUTIVA </p >     <P    > Los principales factores causantes de las actuales tasas de extinci&oacute;n son la p&eacute;rdida y fragmentaci&oacute;n de los h&aacute;bitats, la invasi&oacute;n de especies introducidas, la sobre-explotaci&oacute;n, y de forma indirecta, el cambio clim&aacute;tico global. De &eacute;stas, la m&aacute;s importante, dada su magnitud, es la p&eacute;rdida y fragmentaci&oacute;n de los h&aacute;bitats. Las otras causas son tambi&eacute;n relevantes, pero su severidad var&iacute;a seg&uacute;n el &aacute;rea geogr&aacute;fica, siendo la segunda o tercera causa de p&eacute;rdida de diversidad biol&oacute;gica, seg&uacute;n la regi&oacute;n. En las secciones siguientes la atenci&oacute;n se enfoca en las dos primeras. </P >      <p    >FRAGMENTACI&Oacute;N Y P&Eacute;RDIDA DE H&Aacute;BITATS </p >     <P    > El concepto de fragmentaci&oacute;n con frecuencia se confunde con el de p&eacute;rdida de h&aacute;bitat y debe ser examinado de forma independiente ya que sus efectos difieren en magnitud y consecuencias (Fahrig, 2002). </P >     <P    >La fragmentaci&oacute;n se ha definido como el rompimiento de la continuidad de un h&aacute;bitat, dando como resultado varias unidades m&aacute;s peque&ntilde;as, fragmentos o parches, aislados entre s&iacute; y con un &aacute;rea resultante mucho menor que el conjunto original (Saunders <I>et al.</I>, 1991; Meffe y Carroll, 1997). Los parches resultantes de un proceso de fragmentaci&oacute;n quedan inmersos en una matriz (el tipo de cobertura que domina en extensi&oacute;n) de la que difieren mucho en estructura y composici&oacute;n. Muchas veces esta matriz, se convierte en una barrera para el movimiento de los individuos, los cuales quedan aislados en los fragmentos. Este es un proceso que ocurre a escala de paisaje y puede tener diversos efectos en la diversidad biol&oacute;gica (Fahrig, 2002; Fahrig, 2003). </P >     <P    >La fragmentaci&oacute;n del h&aacute;bitat trae consigo efectos f&iacute;sicos y biol&oacute;gicos. Entre los primeros se encuentran alteraciones microclim&aacute;ticas, alrededor y dentro de los fragmentos, y el aislamiento de los mismos. Los efectos biol&oacute;gicos var&iacute;an seg&uacute;n el tempo de aislamiento, la distancia entre los fragmentos, la conectividad y los cambios en el paisaje circundante (Saunders <I>et al.</I>, 1991). </P >     <P    >Se ha estimado que existen umbrales de fragmentaci&oacute;n de h&aacute;bitat luego de los cuales la probabilidad de extinci&oacute;n de las poblaciones es muy alta (Fahrig, 2001). Tales umbrales var&iacute;an seg&uacute;n las especies afectadas, su habilidad de reproducci&oacute;n y de dispersi&oacute;n. Sin embargo, no todas las especies afectadas por la fragmentaci&oacute;n del h&aacute;bitat llegan a la extinci&oacute;n, especialmente si tienen varias poblaciones a lo largo de una amplia distribuci&oacute;n. Algunas de sus poblaciones pueden sufrir extinciones locales, pero la especie como entidad, sigue viva en otras localidades. Adem&aacute;s, dependiendo del patr&oacute;n de fragmentaci&oacute;n y de las caracter&iacute;sticas de la matriz circundante a los fragmentos, la extinci&oacute;n puede darse solo en algunas poblaciones, mientras otras pueden mantenerse si la matriz no es tan hostil. Sin embargo, generalmente son las especies generalistas y adaptadas a &aacute;reas perturbadas, las que pueden mantener poblaciones en ambientes fragmentados, mientras las especies con requerimientos m&aacute;s especializados generalmente desaparecen. Esto trae como consecuencia una simplificaci&oacute;n de la diversidad biol&oacute;gica regional. </P >     <P    >La p&eacute;rdida de h&aacute;bitat corresponde al proceso de modificaci&oacute;n de las condiciones de una regi&oacute;n al punto que no puede sostener las especies que la habitan. Tales cambios generan impactos tan severos, que todas o casi todas las especies resultan afectadas negativamente, y generalmente, el tiempo requerido para su recuperaci&oacute;n es extremadamente largo, si es que ocurre. Los efectos de la p&eacute;rdida del h&aacute;bitat son mucho m&aacute;s severos que los de la fragmentaci&oacute;n (Fahrig, 2001; Fahrig, 2002), y generalmente representan la extinci&oacute;n de las poblaciones animales y vegetales que habitan la regi&oacute;n afectada. Si la distribuci&oacute;n de las especies involucradas en el proceso de p&eacute;rdida de h&aacute;bitat est&aacute; restringida a las &aacute;reas afectadas, la extinci&oacute;n no solo es de las poblaciones, sino de las especies mismas. Es por esto que las especies end&eacute;micas (aquellas que solo habitan en una regi&oacute;n particular) son muy vulnerables a la extinci&oacute;n. </P >     <P    >Con frecuencia la fragmentaci&oacute;n ocasiona que las poblaciones naturales queden fraccionadas en unidades m&aacute;s peque&ntilde;as y aisladas. En estas condiciones las poblaciones pueden extinguirse por varios factores, ya sean estos demogr&aacute;ficos (incremento en la mortalidad, reducci&oacute;n en el &eacute;xito reproductivo, reducci&oacute;n en el reclutamiento y en general, reducci&oacute;n en la tasa de crecimiento poblacional), o gen&eacute;ticos (baja diversidad gen&eacute;tica, depresi&oacute;n endog&aacute;mica y deriva gen&eacute;tica). Todos estos efectos representan presiones selectivas que moldean procesos evolutivos actuales. A continuaci&oacute;n se examinan algunos de estos efectos y sus implicaciones evolutivas. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p    >EFECTOS DEMOGR&Aacute;FICOS DE LA FRAGMENTACI&Oacute;N Y P&Eacute;RDIDA DEL H&Aacute;BITAT </p >     <P    > En ambientes fragmentados y muy alterados los factores demogr&aacute;ficos, gen&eacute;ticos y estoc&aacute;sticos pueden actuar de forma sin&eacute;rgica en una poblaci&oacute;n, llevando a lo que se conoce como v&oacute;rtice de extinci&oacute;n (Gilpin y Soul&eacute;, 1986). La velocidad con la que una poblaci&oacute;n puede llegar a un v&oacute;rtice de extinci&oacute;n depende en buena parte de las caracter&iacute;sticas de la historia de vida de las especies. </P >     <P    >Usualmente los organismos de gran tama&ntilde;o tienen bajas tasas reproductivas derivadas de un bajo n&uacute;mero de cr&iacute;as, largos per&iacute;odos de cuidado parental y largos tiempos entre eventos reproductivos. Estas son alternativas en los rasgos de historia de vida, de las varias que surgieron por presiones selectivas a lo largo de la historia evolutiva de las especies. Algunos de estos rasgos son filogen&eacute;ticamente fijos (son compartidos por los miembros de un linaje y son relativamente constantes) y otros pueden cambiar por factores ecol&oacute;gicos. Por ejemplo, algunas especies pueden tener una sola cr&iacute;a por evento reproductivo, y este hecho no va a cambiar si hay modificaciones en el ambiente. </P >     <P    >Muchas de las especies amenazadas de extinci&oacute;n en la actualidad tienen rasgos de historia de vida como los mencionados arriba. Un ejemplo, entre especies neotropicales, se encuentra en los tapires o dantas. Estas especies llegan a la madurez sexual despu&eacute;s de los tres a&ntilde;os de edad, tienen una sola cr&iacute;a por parto, despu&eacute;s de una gestaci&oacute;n que dura hasta 14 meses. Los juveniles reciben cuidado parental por al menos un a&ntilde;o, per&iacute;odo en el cual la hembra no se reproduce. Por esta raz&oacute;n, el tiempo entre cada evento reproductivo es de al menos dos a&ntilde;os. </P >     <P    >El linaje que di&oacute; origen a estos animales apareci&oacute; en el Eoceno (hace cerca de 50 millones de a&ntilde;os) y fue mucho m&aacute;s diverso en el pasado. Sus representantes actuales se limitan a cuatro especies, tres de la cuales viven en Am&eacute;rica tropical. Contrario a lo que ocurri&oacute; con muchos linajes que aparecieron en esa &eacute;poca, los tapires han cambiado muy poco a lo largo de su historia evolutiva, al punto que algunos los han llamado f&oacute;siles vivientes (Janis, 1984). Los tapires est&aacute;n restringidos a la regi&oacute;n tropical, como -congelados en el tiempo- (Eisenberg <I>et al.</I>, 1987). </P >     <P    >Actualmente, todas las especies de tapires enfrentan en mayor o menor grado, riesgo a la extinci&oacute;n. De &eacute;stas, una de las m&aacute;s amenazadas es el tapir de monta&ntilde;a (<I>Tapirus pinchaque</I>) principalmente por la p&eacute;rdida y fragmentaci&oacute;n de su h&aacute;bitat natural (Lizcano <I>et al.</I>, 2002). Esta especie habita solamente en la regi&oacute;n andina de Colombia, Ecuador y el norte del Per&uacute;, en bosques altoandinos y p&aacute;ramos. Simulaciones de la trayectoria de tres poblaciones, una en cada uno de estos pa&iacute;ses, basadas en par&aacute;metros demogr&aacute;ficos, de historia de vida y las actuales presiones, predicen la extinci&oacute;n de estas poblaciones en un tiempo no mayor a 40 a&ntilde;os (Lizcano <I>et al.</I>, 2005). Aunque el prop&oacute;sito de tal ejercicio fue, m&aacute;s que la estimaci&oacute;n del tiempo a la extinci&oacute;n, la identificaci&oacute;n de prioridades en el manejo, los modelos predicen una tendencia que muy probablemente est&aacute;n siguiendo las pocas poblaciones que a&uacute;n persisten de esta especie. </P >     <P    >Aunque otras especies que conviven con el tapir de monta&ntilde;a tambi&eacute;n podr&iacute;an tener el mismo destino, la extinci&oacute;n de tapir de monta&ntilde;a (y en general de los tapires) puede considerarse una extinci&oacute;n mayor, debido a que todo un linaje de origen antiguo estar&iacute;a desapareciendo. Al parecer el poco cambio exhibido por los tapires a lo largo de su historia evolutiva y su aparente imposibilidad para adaptarse a otros ambientes diferentes de los bosques tropicales, son factores que contribuyen a su actual estado de conservaci&oacute;n. </P >     <p    >EFECTOS GEN&Eacute;TICOS DE LA FRAGMENTACI&Oacute;N Y P&Eacute;RDIDA DEL H&Aacute;BITAT </p >     <P    > Dado a que la fragmentaci&oacute;n del h&aacute;bitat puede generar que muchas poblaciones queden fraccionadas en unidades m&aacute;s peque&ntilde;as, generalmente aisladas, es de esperar que ocurran cambios en la diversidad gen&eacute;tica al interior de las mismas. Esto tiene implicaciones a largo plazo, porque el cambio evolutivo en una poblaci&oacute;n es proporcional a la cantidad de diversidad gen&eacute;tica disponible. La variaci&oacute;n gen&eacute;tica proporciona la materia prima para la adaptaci&oacute;n a condiciones cambiantes, por lo tanto es cr&iacute;tica para el cambio evolutivo continuo. </P >     <P    >La p&eacute;rdida de diversidad gen&eacute;tica que ocurre con la fragmentaci&oacute;n del h&aacute;bitat resulta de fen&oacute;menos como la reducci&oacute;n en el flujo gen&eacute;tico, la depresi&oacute;n endog&aacute;mica, la acumulaci&oacute;n de mutaciones delet&eacute;reas, y la deriva gen&eacute;tica, que por procesos estoc&aacute;sticos puede eliminar r&aacute;pidamente genotipos especialmente si las poblaciones son peque&ntilde;as. Todos estos factores contribuyen a aumentar el riesgo a la extinci&oacute;n (Frankham <I>et al.</I>, 2002). </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >Aunque todos los fen&oacute;menos mencionados anteriormente son de importancia, aqu&iacute; se examina solamente la depresi&oacute;n endog&aacute;mica, la cual ha sido bastante documentada en a&ntilde;os recientes, en poblaciones que est&aacute;n en riesgo a la extinci&oacute;n. En poblaciones muy peque&ntilde;as, hay alta probabilidad de que individuos muy cercanamente emparentados se entrecrucen, aumentando la probabilidad de que se expresen alelos recesivos delet&eacute;reos. Esto puede generar defectos que reducen la posibilidad de &eacute;xito y reproducci&oacute;n de los descendientes (reduce el <I>fitness, </I>como se conoce en ingl&eacute;s). </P >     <P    >Uno de los muchos ejemplos de especies que han exhibido depresi&oacute;n endog&aacute;mica es la pantera de Florida (<I>Puma concolor coryi</I>), un felino grande que habitaba en todo el sureste de los Estados Unidos. Debido a la p&eacute;rdida de h&aacute;bitat, de este felino sobrevive solamente una peque&ntilde;a poblaci&oacute;n en el sur de la pen&iacute;nsula de la Florida en donde ha estado aislada de otras poblaciones por m&aacute;s de un siglo (Maehr, 1997). Los principales efectos de la depresi&oacute;n endog&aacute;mica en este felino han sido defectos en los animales como el extremo distal de la cola retorcido, criptorquidia (no descenso de los test&iacute;culos en los machos), problemas cardiacos y una baja supervivencia de las cr&iacute;as (Roelke <I>et al.</I>, 1993). </P >     <P    >La preocupaci&oacute;n por la conservaci&oacute;n de la pantera de Florida llev&oacute;, a mediados de la d&eacute;cada de 1990, a la introducci&oacute;n de algunas hembras desde el estado de Texas, consideradas como una subespecie diferente (<I>Puma concolor stanleyana</I>). El resultado de este manejo fue la reducci&oacute;n significativa de la endogamia, con la desaparici&oacute;n de los defectos gen&eacute;ticos y el aumento de la supervivencia de las cr&iacute;as, por lo que se ha llamado a &eacute;ste como un caso de -rescate gen&eacute;tico- (Pimm <I>et al.</I>, 2006). Este tipo de manejo ha generado fuerte controversia por numerosas razones, siendo una de ellas la posible p&eacute;rdida de identidad taxon&oacute;mica de los h&iacute;bridos (Maehr y Lacy, 2002). A pesar del candente debate sobre este manejo, la poblaci&oacute;n actual ha incrementado en tama&ntilde;o y redujo los efectos de la depresi&oacute;n endog&aacute;mica r&aacute;pidamente, aunque algunos opinan que es muy pronto llamarla un &eacute;xito. Aunque es dif&iacute;cil probar, se espera que este rescate gen&eacute;tico aumente la posibilidad a la pantera de Florida de seguir su curso evolutivo y genere cambios adaptativos a las nuevas condiciones de alteraci&oacute;n del h&aacute;bitat. </P >     <P    >Otro ejemplo de rescate gen&eacute;tico se dio en una poblaci&oacute;n de la serpiente <I>Vipera berus </I>del sur de Suecia, la cual qued&oacute; aislada de otras poblaciones desde hace por lo menos un siglo (Madsen <I>et al.</I>, 1999). Esta poblaci&oacute;n qued&oacute; restringida a una delgada banda de h&aacute;bitat costero de 1 km de longitud y de 50 a 200 m de ancho, separada de la poblaci&oacute;n m&aacute;s cercana por 20 km de terrenos cultivados, no aptos para la especie. Luego de un descenso significativo en abundancia, la poblaci&oacute;n mostr&oacute; severos signos de depresi&oacute;n endog&aacute;mica como muerte o deformidades en reci&eacute;n nacidos, muy bajo reclutamiento de los juveniles y muy baja diversidad gen&eacute;tica. Esta poblaci&oacute;n detuvo su camino hacia la extinci&oacute;n gracias a la introducci&oacute;n temporal de 20 machos adultos en el a&ntilde;o 1992, provenientes de otra poblaci&oacute;n de mayor tama&ntilde;o y diversidad gen&eacute;tica. Luego de la introducci&oacute;n de estos machos, los signos de la depresi&oacute;n endog&aacute;mica se redujeron r&aacute;pidamente. De 1996 a 1999 se increment&oacute; la supervivencia y reclutamiento de los juveniles, aument&oacute; la diversidad gen&eacute;tica y la poblaci&oacute;n se recuper&oacute; dram&aacute;ticamente (Madsen <I>et al.</I>, 1999). </P >     <P    >Aunque ha existido una tendencia a dar m&aacute;s peso a los factores poblacionales o los gen&eacute;ticos, seg&uacute;n la orientaci&oacute;n de los distintos investigadores, hay evidencia de que es la sinergia, entre estos dos aspectos, lo que debe tenerse en cuenta en el an&aacute;lisis de v&oacute;rtices de extinci&oacute;n y en la b&uacute;squeda de acciones de conservaci&oacute;n (Brook, 2008). Ambas aproximaciones tienen relevancia evolutiva y deben considerarse en conjunto para el entendimiento del papel de la fragmentaci&oacute;n en los procesos de cambio adaptativo. </P >     <p    >INVASI&Oacute;N DE ESPECIES INTRODUCIDAS: PERSPECTIVA EVOLUTIVA </p >     <P    > Las especies introducidas o ex&oacute;ticas son aquellas que existen en un lugar, &aacute;rea o regi&oacute;n determinada como resultado del traslado directo o indirecto, deliberado o accidental realizado por los humanos, gracias a lo cual la especie ha cruzado barreras naturales para su dispersi&oacute;n (Noss y Cooperrider, 1994). </P >     <P    >Las importantes consecuencias de la colonizaci&oacute;n humana y la introducci&oacute;n de especies no-nativas ha sido de gran inter&eacute;s, especialmente porque &eacute;stas han coincidido con la extinci&oacute;n de muchas especies end&eacute;micas. Una de las consecuencias m&aacute;s severas de la introducci&oacute;n de especies no-nativas ocurre cuando &eacute;stas se convierten en invasoras. Esto no necesariamente caracteriza a todas las especies introducidas, pero cuando ocurre, tiene efectos severos sobre la biota local. Las especies invasoras pueden actuar como depredadores, competidores, pat&oacute;genos, par&aacute;sitos o hu&eacute;spedes (Mitchell <I>et al.</I>, 2006), afectando la supervivencia de las especies nativas. </P >     <P    >La introducci&oacute;n de especies ex&oacute;ticas parece haber sido una actividad relativamente temprana en la historia de la humanidad. Uno de los ejemplos m&aacute;s antiguos de introducci&oacute;n de especies ocurri&oacute; en las islas oce&aacute;nicas de Polinesia durante el Neol&iacute;tico. Los Polinesios (quienes se llamaron as&iacute; mismos Maori o nativos del suelo) llegaron a Nueva Zelandia y otras islas del Pac&iacute;fico desde el sureste asi&aacute;tico, gracias a sus grandes habilidades para la navegaci&oacute;n. Estos grupos humanos llegaron a las islas llevando consigo una gran diversidad de plantas alimenticias principalmente tub&eacute;rculos como el &ntilde;ame, taro, patata dulce, y algunos animales dom&eacute;sticos, como los perros y las ratas (&eacute;stas posiblemente inadvertidas en las canoas). </P >     <P    >Nueva Zelandia hab&iacute;a permanecido como un grupo de islas oce&aacute;nicas de n&uacute;mero, tama&ntilde;o y extensi&oacute;n cambiantes desde antes del Cenozoico. Muchos nichos ocupados por mam&iacute;feros terrestres en otras partes del mundo fueron llenados por aves no voladoras llamadas -moas-, insectos grandes y otras especies no mam&iacute;feras (Bull y Whitaker, 1975). </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >Tal vez el efecto m&aacute;s dram&aacute;tico de la colonizaci&oacute;n humana y la introducci&oacute;n de ratas y perros en Nueva Zelandia fue la extinci&oacute;n de las moas. &Eacute;stas especies evolucionaron en formas end&eacute;micas, en ausencia de mam&iacute;feros terrestres y llenaron parcialmente el nicho de los mam&iacute;feros herb&iacute;voros. La diversidad de estas especies estaba representada por diez especies de seis g&eacute;neros. Aunque existe un debate sobre las causas de la extinci&oacute;n de las moas (Marshall, 1984), es claro que ellas se extinguieron despu&eacute;s de que humanos prehist&oacute;ricos alcanzaran las islas (Anderson, 1984; Trotter y McCulloch, 1984). Adem&aacute;s de las moas, hubo al menos otras 15 especies de aves end&eacute;micas que se extinguieron tambi&eacute;n. Todas estas especies de aves ten&iacute;an en com&uacute;n gran tama&ntilde;o, baja fecundidad, inhabilidad para volar y alto grado de endemismo (Cassels, 1984). Algunas especies anidaban en colonias, sobre el suelo, hecho que pudo ser aprovechado por las ratas y los perros quienes fueron serios depredadores de nidos. Las moas hab&iacute;an evolucionado en ausencia de estos animales y no tuvieron tiempo de modificar sus h&aacute;bitos de anidaci&oacute;n, ni ninguna de sus otras caracter&iacute;sticas, lo que facilit&oacute; su r&aacute;pida extinci&oacute;n. </P >     <P    >Existen muchos otros ejemplos m&aacute;s recientes de extinciones causadas por la introducci&oacute;n de especies. Algunas de estas introducciones han sido accidentales, mientras otras han sido motivadas por el comercio, el deporte o el control de otras especies (Wonham, 2006). En ocasiones las especies introducidas se han expandido m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites internacionales de donde fueron inicialmente llevadas, como ha ocurrido con los castores americanos (<I>Castor canadensis</I>; Lizarralde, 1993), y los conejos europeos (<I>Oryctolagus cuniculus</I>) que fueron inicialmente introducidos en Chile, y actualmente ya tienen distribuci&oacute;n en Argentina (Bonino y Soriguer, 2004). Estas introducciones no solo afectan a la fauna nativa, sino a los ecosistemas en donde se establecen (Bonino y Soriguer, 2004; Lizarralde y Vanegas, 2001). </P >     <P    >Adem&aacute;s de la extinci&oacute;n de las especies nativas como consecuencia a la invasi&oacute;n de ex&oacute;ticas, se han venido documentando eventos de car&aacute;cter evolutivo que son de particular inter&eacute;s aqu&iacute;. Las especies involucradas en invasiones, tanto los invasores como las especies afectadas por los mismos, pueden cambiar fenot&iacute;picamente despu&eacute;s de la invasi&oacute;n. Esto puede ser el resultado de plasticidad fenot&iacute;pica, evoluci&oacute;n en el cambio gen&eacute;tico o ambos (Carroll y Fox, 2008). La plasticidad fenot&iacute;pica se refiere a la variaci&oacute;n en una caracter&iacute;stica (morfolog&iacute;a, comportamiento, historia de vida o cualquier otra) que se expresa dependiendo del ambiente. A continuaci&oacute;n se revisan cuatro ejemplos de especies invasoras y los cambios evolutivos que han ocurrido tanto en &eacute;stas como en especies residentes. </P >     <P    >La culebra arbor&iacute;cola caf&eacute;, <I>Boiga irregularis</I>, es un reptil cuya distribuci&oacute;n original es el norte de Australia. Esta especie lleg&oacute; accidentalmente a la isla de Guam a finales de la segunda guerra mundial (en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 60), presumiblemente en un avi&oacute;n de transporte militar. Pocos a&ntilde;os despu&eacute;s de su introducci&oacute;n, esta especie hab&iacute;a formado una poblaci&oacute;n muy alta y llevado a la extinci&oacute;n a casi toda la avifauna nativa, principalmente por depredaci&oacute;n. En su lugar de origen, esta culebra es nocturna y principalmente arbor&iacute;cola. Sin embargo, en Guam, esta especie se ha vuelto m&aacute;s diurna y terrestre, y ahora incluye en su dieta lagartos que permanecen refugiados durante la noche (Fritts y Rodda, 1998). Es posible que el cambio en los h&aacute;bitos de actividad en esta culebra se deban a plasticidad fenot&iacute;pica y su modificaci&oacute;n de dieta a cambios gen&eacute;ticos adaptativos (Carroll y Fox, 2008). </P >     <P    >Otro ejemplo similar lo ilustra el macaco cangrejero <I>Macaca fascicularis</I>, un primate original del sureste asi&aacute;tico (Wolfheim, 1983), que fue introducido hace cerca de 300 a&ntilde;os en la isla africana Mauricio (Sussman y Tattersall, 1986). Estos macacos se han identificado como la mayor causa de extinci&oacute;n de muchas especies de la flora y fauna local. Este macaco se considera en Mauricio como una especie plaga que explota con mucho &eacute;xito ambientes transformados por el hombre, alcanzando densidades altas y dispersando semillas de plantas introducidas. Los macacos cangrejeros tienen menos par&aacute;sitos en la isla Mauricio que en su regi&oacute;n de origen (Matsubayashi <I>et al.</I>, 1993). Adem&aacute;s, en su &aacute;rea de distribuci&oacute;n original, estos macacos co-existen con otras especies del mismo g&eacute;nero, como <I>Macaca nemstriana</I>, lo que parece influir en que tengan h&aacute;bitos arbor&iacute;colas, mientras que en la isla de Mauricio tienen h&aacute;bitos m&aacute;s terrestres (Sussman y Tattersall, 1986). Este cambio de h&aacute;bitos puede deberse tambi&eacute;n a plasticidad fenot&iacute;pica, que se expresa en ausencia de especies competidoras. </P >     <P    >El tercer ejemplo se refiere a la invasi&oacute;n del bufo <I>Rhinella marina </I>(conocida por mucho tiempo como <I>Bufo marinus</I>) en Australia. Este anfibio, nativo de Centro y Sur Am&eacute;rica, fue introducido en el noreste de Queensland en 1935 (Phillips <I>et al.</I>, 2007), para el control de un insecto plaga de los cultivos de ca&ntilde;a de az&uacute;car. Este control result&oacute; infructuoso, puesto que estos bufos no pueden saltar muy alto, y no pod&iacute;an alimentarse de los insectos que motivaron su introducci&oacute;n, ya que &eacute;stos viven principalmente en los tallos altos de la ca&ntilde;a de az&uacute;car. En lugar de alimentarse de los insectos plaga, como los agricultores hab&iacute;an planeado, los bufos empezaron a consumir todo lo dem&aacute;s: otros insectos (no necesariamente plagas), huevos de aves (Boland, 2004) e incluso ranas nativas. El bufo es t&oacute;xico para la fauna nativa, lo que pudo ayudarle en su r&aacute;pida naturalizaci&oacute;n. Se han documentado altas tasas de mortalidad de la fauna nativa como depredadores grandes, tanto terrestres (Phillips <I>et al.</I>, 2003) como acu&aacute;ticos (Letnic <I>et al.</I>, 2008), y mortalidad masiva de renacuajos de anfibios nativos, que parecen sufrir intoxicaci&oacute;n cuando consumen los huevos del bufo (Crossland <I>et al.</I>, 2008). </P >     <P    >Desde su introducci&oacute;n, el bufo se ha expandido por m&aacute;s de un mill&oacute;n de kil&oacute;metros cuadrados de la regi&oacute;n tropical y subtropical de Australia. La velocidad de expansi&oacute;n del bufo en Australia ha aumentado en 5 veces desde su introducci&oacute;n inicial (Phillips <I>et al.</I>, 2006). Actualmente se estima que los bufos expanden su invasi&oacute;n a una tasa de 55 km por a&ntilde;o. El seguimiento de bufos radiomarcados sugiere que esta alta tasa de expansi&oacute;n se debe principalmente a una habilidad de r&aacute;pido movimiento detectada en los bufos. Se ha estimado que en promedio un bufo en Australia puede desplazarse m&aacute;s de 200 m. por noche y se tiene el record de un bufo que en un per&iacute;odo de 30 d&iacute;as se desplaz&oacute; m&aacute;s de 21.800 m, siendo la tasa de movimiento m&aacute;s alta antes registrada para un anuro (Phillips <I>et al.</I>, 2007). </P >     <P    >La actual tasa de expansi&oacute;n del bufo en Australia parece estar asociada a un cambio en la velocidad de movimiento de este anfibio desde su llegada al pa&iacute;s. Se ha encontrado que los bufos de piernas m&aacute;s largas pueden moverse a mayor velocidad y pueden llegar a nuevos lugares m&aacute;s r&aacute;pidamente que otros bufos. Adem&aacute;s, se encontr&oacute; que los bufos que est&aacute;n en el frente de expansi&oacute;n tienen las piernas m&aacute;s largas que aquellos que llevan m&aacute;s tiempo establecidos (Phillips <I>et al.</I>, 2006). Estos cambios parecen reflejar un r&aacute;pido cambio adaptativo del bufo invasor, bajo una presi&oacute;n selectiva que favorece las caracter&iacute;sticas asociadas a la expansi&oacute;n de esta especie. </P >     <P    >Otro aspecto evolutivo interesante en esta historia es la adaptaci&oacute;n que parece estar experimentando una de las especies de depredador nativas de Australia. Es el caso de la culebra negra australiana (<I>Pseudechis porphyriacus</I>) cuyo comportamiento y resistencia fisiol&oacute;gica a la bufotoxina muestran una respuesta adaptativa sorprendentemente r&aacute;pida al bufo invasor. Las culebras provenientes de localidades donde existe este bufo han mostrado mayor resistencia a la toxina y una reducci&oacute;n en la b&uacute;squeda del mismo como presa. Estas respuestas adaptativas han evolucionado muy r&aacute;pidamente, pues han aparecido en menos de 23 generaciones de la culebra (Phillips y Shine, 2006). </P >     <P    >Aunque los efectos de las invasiones biol&oacute;gicas son generalmente negativos para la diversidad biol&oacute;gica, como lo han demostrado cientos de casos en el mundo, hay otro aspecto de las invasiones que tiene relevancia evolutiva. Se trata del papel de las especies invasoras en la diversificaci&oacute;n biol&oacute;gica. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P    >Un caso particular se da con la hibridaci&oacute;n entre especies que se originaron de forma alop&aacute;trida (creaci&oacute;n de nuevas especies por divergencia gen&eacute;tica en poblaciones geogr&aacute;ficamente separadas). La introducci&oacute;n de especies puede abrir la posibilidad para hibridaci&oacute;n y aparici&oacute;n de nuevas especies que pueden o no ser competidoras de las especies nativas. </P >     <P    >Un ejemplo de esta situaci&oacute;n es la hibridaci&oacute;n que ocurri&oacute; en la costa sur de Inglaterra a finales del siglo XIX entre la hierba nativa <I>Spartina maritima </I>y la especie <I>Spartina alterniflora, </I>introducida del este de Am&eacute;rica del Norte. El h&iacute;brido form&oacute; una nueva especie, <I>Spartina anglica</I>, con el doble de cromosomas, que es f&eacute;rtil y reproductivamente aislada de las dos especies parentales (Raybould <I>et al.</I>, 1991a). La especie parental <I>Spartina maritima </I>ha mostrado reducci&oacute;n en sus poblaciones, pero al parecer la especie nueva <I>Spartina anglica </I>no es la raz&oacute;n, ya que estas dos especies rara vez se encuentran ocupando el mismo h&aacute;bitat (Raybould <I>et al.</I>, 1991b). La perturbaci&oacute;n del h&aacute;bitat parece ser el factor involucrado en el estado poblaciones del <I>S. maritima. </I></P >     <P    >De los ejemplos en esta secci&oacute;n se puede ver que las invasiones biol&oacute;gicas tienen implicaciones evolutivas interesantes. La invasi&oacute;n de especies ex&oacute;ticas puede promover diversificaci&oacute;n evolutiva, a trav&eacute;s del incremento en la diferenciaci&oacute;n gen&eacute;tica entre poblaciones, y a trav&eacute;s de la hibridaci&oacute;n (Vellend <I>et al.</I>, 2007). A pesar de esto, el efecto negativo de las invasiones biol&oacute;gicas sobrepasa en gran magnitud sus efectos en la diversificaci&oacute;n biol&oacute;gica. Aunque el entendimiento del papel de la evoluci&oacute;n y su interacci&oacute;n con procesos ecol&oacute;gicos en las invasiones biol&oacute;gicas est&aacute; en su infancia (Carroll y Fox, 2008), es un tema que seguramente estimular&aacute; nuevas investigaciones. </P >     <p    >S&Iacute;NTESIS Y CONCLUSIONES </p >     <P    > El prop&oacute;sito de este escrito fu&eacute; revisar algunos de efectos de la fragmentaci&oacute;n y/o p&eacute;rdida de h&aacute;bitat y la invasi&oacute;n de especies ex&oacute;ticas, en relaci&oacute;n a ciertas implicaciones evolutivas. El alcance no fue hacer una revisi&oacute;n exhaustiva de estos dos temas, sino m&aacute;s bien ilustrar con algunos ejemplos, c&oacute;mo en la biolog&iacute;a de la conservaci&oacute;n, la teor&iacute;a evolutiva de la selecci&oacute;n natural, propuesta por Darwin hace 150 a&ntilde;os, sigue siendo muy relevante. </P >     <P    >La diversidad biol&oacute;gica es el resultado de procesos evolutivos que han operado en el pasado y que siguen operando, ahora en buena parte, modulados por nuevas presiones selectivas generadas por la acci&oacute;n humana en el planeta. Los efectos de la fragmentaci&oacute;n y/o p&eacute;rdida de h&aacute;bitat sobre la diversidad biol&oacute;gica pueden revisarse a luz de la sinergia entre factores demogr&aacute;ficos y gen&eacute;ticos que moldean cambios evolutivos o que llevan a las poblaciones al v&oacute;rtice de la extinci&oacute;n. </P >     <P    >La invasi&oacute;n de especies ex&oacute;ticas ha generado, por un lado, un buen n&uacute;mero de extinciones, reduciendo la diversidad biol&oacute;gica, pero por el otro, ha estimulado procesos evolutivos r&aacute;pidos tanto en los invasores como en los invadidos, contribuyendo a la diversificaci&oacute;n. Esto &uacute;ltimo, sin embargo, no compensa la magnitud en la p&eacute;rdida de diversidad, pero ofrece un escenario interesante para evaluar lo que algunos han llamado evoluci&oacute;n contempor&aacute;nea (que ocurre en lapsos de tiempo a la escala de la vida humana). </P >     <P    >El enfoque evolutivo en biolog&iacute;a de la conservaci&oacute;n no es nuevo, pero si ha ido en aumento, como se puede deducir de la literatura reciente. La expectativa es que este campo seguir&aacute; en aumento, y seguramente tendr&aacute; cada vez m&aacute;s influencia en la parte operativa de la conservaci&oacute;n biol&oacute;gica, a medida que decisiones de conservaci&oacute;n tomen en cuenta un marco conceptual evolutivo. </P >     <p    >AGRADECIMIENTOS </p >     <P    > La escritura de este art&iacute;culo y la participaci&oacute;n en las conferencias sobre diversos temas en evoluci&oacute;n dentro de la C&aacute;tedra Darwin 200 a&ntilde;os, fue estimulada por la amable invitaci&oacute;n de Eugenio Andrade, Profesor Titular del Departamento de Biolog&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia. Estoy agradecida con el Profesor Andrade por brindarme una excelente oportunidad para organizar algunas reflexiones sobre el aspecto evolutivo de la conservaci&oacute;n biol&oacute;gica. Tambi&eacute;n agradezco al grupo de estudiantes de la Carrera de Biolog&iacute;a de la Universidad Nacional de Colombia, que han colaborado en la organizaci&oacute;n de la c&aacute;tedra. En particular, deseo agradecer a Lina Caballero por su paciencia y colaboraci&oacute;n. Finalmente agradezco a los evaluadores del manuscrito, cuyos comentarios contribuyeron a mejorar versiones previas del mismo. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p    >BIBLIOGRAF&Iacute;A </p >     <!-- ref --><P    > ANDERSON A. The extinction of Moa in southern New Zealand. En: Martin PS, Klein RG, editors. Quaternary Extinctions. A prehistoric revolution. Tucson: The University of Arizona Press; 1984. p. 278-740. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-548X200900040001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >BOLAND CRJ. Introduced cane toads <I>Bufo marinus </I>are active nest predators and competitors of rainbow bee-eaters <I>Merops ornatus: </I>observational and experimental evidence. Biol Conserv. 2004;120(1)53-62. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-548X200900040001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >BONINO N, SORIGUER RC. Distribuci&oacute;n actual y dispersi&oacute;n del conejo europeo (<I>Oryctolagus cuniculus</I>) en Mendoza (Argentina). Mastozoolog&iacute;a Neotropical. 2004;11(2):237-241. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-548X200900040001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >BROOK BW. Demographics versus genetics in conservation biology. En: Carroll SP, Fox CW, editors. Conservation Biology: Evolution in Action. Oxford: Oxford University Press; 2008. p. 35-49.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-548X200900040001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >BULL PC, WITAKER AH. The amphibians, reptiles, birds and mammals. En: Kuschel G, editor. Biogeography and Ecology in New Zealand. Dr. W. Junk B. V. Publishers the Hague; 1975. p. 231-276.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-548X200900040001600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >CARROLL SP, FOX CW. The next communities: evolution and integration of invasive species. En: Carroll SP, Fox CW, editors. Conservation Biology: Evolution in Action. Oxford: Oxford University Press; 2008. p. 239-251. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-548X200900040001600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >CASSELS R. The role of prehistoric man in the faunal extinctions of New Zealand and other Pacific Islands. En: Martin PS, Klein RG, editors. Quaternary Extinctions. A prehistoric revolution. Tucson: The University of Arizona Press; 1984. p. 741-767, </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-548X200900040001600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >CROSSLAND MR, BROWN GP, ANSTIS M, SHILTON CM, SHINE R. Mass mortality of native anuran tadpoles in tropical Australia due to the invasive cane toad (<I>Bufo marinus</I>). Biol Conserv. 2008;141(9):2387-2394. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-548X200900040001600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >DE SOUZA AR. A Geography of World Economy. New York: Macmillan Publishing Company; 1990. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-548X200900040001600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >EISENBERG JF, GROVES CP, MACKINNON K. Tapire. En Grzimeks Encyclopadie, Saugetiere; 1987;4. p. 598-609. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-548X200900040001600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >FAHRIG L. How much habitat is enough? Biol Conserv. 2001;100(1):65-74. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-548X200900040001600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >FAHRIG L. Effect of habitat fragmentation on the extinction threshold: a synthesis. Ecol Appl. 2002;12(2):346-353. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-548X200900040001600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >FAHRIG L. Effects of habitat fragmentation on biodiversity. Annu Rev Ecol Evol Syst. 2003;34:487-515. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-548X200900040001600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >FRANKHAM R, BALLOU JD, BRISCOE DA. Introduction to conservation genetics. Cambridge, U.K: Cambridge University Press; 2002. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-548X200900040001600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >FRITTS RS, RODDA GH. The role of introduced species in the degradation of island ecosystems: A case history of Guam. Annu Rev Ecol Syst. 1998;39:113-140. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-548X200900040001600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >FUTUYMA DJ. Evolution. Sinauer Associates, Inc. Publishers. Sunderland. 2005. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-548X200900040001600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >GILPIN ME, SOUL&Eacute; ME. Minimum viable populations: Processes of species extinction. En: Soul&eacute; ME, editor. Conservation Biology: The science of scarcity and diversity. Sunderland: Sinauer Associates; 1986. p. 19-34. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-548X200900040001600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >GOULD SJ. Hen s teeth and horse s toes: Further reflections in natural history. New York.: W. W. Norton &amp; Company; 1983. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-548X200900040001600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >HURLBERT SH. The non-concept of species diversity: A critique and alternative parameters. Ecology. 1971;52(4):577-586. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-548X200900040001600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >JANIS C. Tapirs as living fossils. En: Eldredge N, Stanley S, editors. Living Fossils. New York: Springer Verlag; 1984. p. 80-86.</P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-548X200900040001600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    > LEAKEY R, LEWIN R. The Sixth Extinction: Patterns of life and the future of humankind. Anchor Books. New York: Random House, Inc; 1996. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-548X200900040001600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >LETNIC M, WEBB JK, SHINE R. Invasive cane toads (<I>Bufo marinus</I>) cause mass mortality of freshwater crocodiles (<I>Crocodylus johnstoni</I>) in tropical Australia. Biol Conserv. 2008;141(7):1773-1782. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-548X200900040001600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >LIZARRALDE MS. Current status of the introduced beaver (<I>Castor canadensis</I>) population in Tierra del Fuego, Argentina. Ambio. 1993;22 351-358. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-548X200900040001600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >LIZARRALDE MS, VANEGAS C. El castor: un ingeniero ex&oacute;tico en las tierras m&aacute;s australes del planeta. En Primack R, Rozzi R, Feinsinger P, Dirzo R y Massardo F, editores. Fundamentos de Conservaci&oacute;n Biol&oacute;gica: Perspectivas Latinoamericanas. Ciudad de M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica; 2001. p. 231-232. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-548X200900040001600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >LIZCANO DJ, PIZARRO V, CAVALIER J, CARMONA J. Geographic distribution and population size of the mountain tapir (<I>Tapirus pinchaque</I>) in Colombia. J Biogeogr. 2002;29(1):7-16. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-548X200900040001600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >LIZCANO DJ, MEDICI P, MONTENEGRO O, CARRILLO L, CAMACHO A, MILLER PS, editores. Taller de conservaci&oacute;n de la danta de monta&ntilde;a (<I>Tapirus pinchaque</I>). Reporte Final. 2005. IUCN/SSC Conservation Breeding Specialist Group, Apple Valley, MN, USA. Disponible en l&iacute;nea URL://<a href="http://www.tapirs.org" target="_blank">http://www.tapirs.org</a>.; 2009. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-548X200900040001600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >MADSEN T, SHINE R, OLSSON R, WITTZELL H. Restoration of an inbred adder population. Nature. 1999;402:34-35. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-548X200900040001600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >MAEHR DS. The Florida panther: life and death of a vanishing carnivore. Washington, DC: Island Press; 1997. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-548X200900040001600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >MAEHR DS, LACY RC. Avoiding the lurking pitfalls in Florida panther recovery. Wildl Soc Bull. 2002;30(3):971-978. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-548X200900040001600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >MAGURRAN AE. Measuring Biological Diversity. Malden: Wiley-Blackwell; 2003. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-548X200900040001600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >MARSHALL LG. Who killed Cock Robin? An investigation of the extinction controversy. En: Martin PS, Klein RG, editors. Quaternary Extinctions. A prehistoric revolution. Tucson: The University of Arizona Press; 1984. p. 785-823. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-548X200900040001600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >MATSUBAYASHI K, GOTOH S, KAWAMOTO Y, WATANABE T, NOZAWA K, <i>et al</i>. Clinical examinations on crab-eating macaques in Mauritius. Primates. 1993;33(2):281-288. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-548X200900040001600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >MEFFE GK, CARROLL CR, GROOM MJ. What is Conservation Biology? En: Groom MJ, Meffe GK, Carroll CR, editors. Principles of Conservation Biology. Third Edition. Sunderland: Sinauer Associates, Inc; 2006. p. 3-25. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-548X200900040001600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >MEFFE GK, CARROLL CR. Principles of Conservation Biology. Second Edition. Sunderland: Sinauer Associates, Inc; 1997. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-548X200900040001600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >MITCHELL CE, AGRAWAL AA, BEVERN JD, GILBERT GS, HUFBAUER RA, <i>et al</i>. Biotic interactions and plant invasions. Ecol Lett. 2006;9(6):726-740. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-548X200900040001600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >MORENO C. M&eacute;todos para medir la biodiversidad. M&amp;T-Manuales y Tesis SEA, Zaragoza; 2001. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-548X200900040001600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >NOSS RF. Indicators for monitoring biodiversity: A hierarchical approach. Conserv Biol. 1996;4(4):355-364. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-548X200900040001600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >NOSS RF, COOPERRIDER AY. Saving nature s legacy: Protecting and restoring biodiversity. Washington, D.C.: Island Press; 1994. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-548X200900040001600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >PHILLIPS BL, BROWN GP, SHINE R. Assessing the potential impact of cane toads on Australian snakes. Conserv Biol. 2003;17(6):1738-1747. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-548X200900040001600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >PHILLIPS RF, SHINE GP. An invasive species induces rapid adaptive change in a native predator: cane toads and black snakes in Australia. Proc R Soc Biol. 2006;273:1545-1550. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-548X200900040001600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >PHILLIPS BL, BROWN GP, WEBB JK, SHINE R. Invasion and the evolution of speed in toads. Nature. 2006;439:803. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-548X200900040001600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >PHILLIPS B, BROWN GP, GREENLESS M, WEBB JK, SHINE R. Rapid expansion of the cane toad (Bufo marinus) invasion front in tropical Australia. Austral Ecol. 2007;32(2):169-176. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-548X200900040001600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >PIMM SL, DOLLAR L, BASS OL. The genetic rescue of the Florida panther. Anim Conserv. 2006.9(2)115-122. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-548X200900040001600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >RAUP DM. Extinction. Bad genes or bad luck?. W.W. New York: Norton &amp; Company; 1991. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-548X200900040001600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >RAYBOULD AF, GRAY AJ, LAWRENCE MJ, MARSHALL DF. The evolution of Spartina anglica G. E. Hubbard (Gramineae): Origin and genetic variability. 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The Scientific Basis for Conserving Biodiversity. Washington, D.C.: World Resource Institute; 1989. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-548X200900040001600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >ROELKE ME, MARTENSON J, O BRIEN SJ. The consequences of demographic reduction and genetic depletion in the endangered Florida panther. Curr Biol. 1993;3(6):340-350. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-548X200900040001600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >SAUNDERS DA, HOBBS RJ, MARGULES CR. Biological consequences of ecosystem fragmentation: A review. Conserv Biol. 1991;5(1):18-32. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-548X200900040001600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >SEAN M. Black Death. Editorial Pocket Essentials; 2001. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-548X200900040001600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >SOUL&Eacute; ME. What is conservation biology? BioScience. 1985;35:727-734. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-548X200900040001600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >SUSSMAN RW, TATTERSALL I. Distribution, abundance and putative ecological strategy of Macaca fascicularis on the Island of Mauritius, southwestern Indian Ocean. Folia Primatol. 1986;46(1):28-43. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-548X200900040001600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >TROTTER MM, MCCULLOCH B. Moas, Men and Middens. En: Martin PS, Klein RG, editors. Quaternary Extinctions. 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Evolution of the earth and life through time. New York: Editorial West Publishing Company; 1989. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-548X200900040001600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >WOLFHEIM JH. Primates of the World: distribution, abundance and conservation. Seattle: University of Washington Press; 1983. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-548X200900040001600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >WONHAM M. Species invasions. En Groom MJ, Meffe GK y Carroll CR, editors. Principles of Conservation Biology. Third Edition. Sinauer Associates, Inc. Publishers; 2006. p. 293-331. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-548X200900040001600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >WORLD POPULATION PROSPECTS. The 2008 Revision Global Database. United Nations World Population Division. Disponible en: URL: <a href="http://un.org/unpp/" target="_blank">http://un.org/unpp/</a>. September 2009. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-548X200900040001600058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >WORLD WILDLIFE FUND. Living Planet Report 2004. World Wildlife Fund for Nature. Gland, Switzerland. Disponible en: URL: <a href="http://www.unep.org" target="_blank">http://www.unep.org</a>. September 2009. </P ></FONT>     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-548X200900040001600059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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