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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DARWIN Y LOS DILEMAS SOCIALES]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[I describe the project of a Darwinian explanation of morality following Darwin’s basic ideas as expressed in The Descent of Man. In contrast to the traditional interpretation, I argue that Darwin did not assume, nor is it necessary to assume in a Darwinian perspective, an inevitable conflict between individual and group selection in the explanation of morality. Both operate in synergy to favor traits that support moral behavior. I also argue that two teachings result from this Darwinian project, one for moral philosophy and the other for the theory of natural selection. The first puts social dilemmas in the heart of human morality; the second puts cooperation in the core of natural selection. I illustrate the second point with recent research into the evolution of multicellular organisms.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2"><font size="4">     <p align="center" >DARWIN Y LOS DILEMAS SOCIALES </P ></font>     <p align="center" >Darwin and the Social Dilemmas </p >     <P   >ALEJANDRO ROSAS<Sup>1</Sup>, Ph. D. <Sup>1</Sup>Departamento de Filosof&iacute;a, Universidad Nacional de Colombia,   Sede Bogot&aacute;. Colombia.   KLI for Evolution and Cognition Research   <a href="mailto:alejandro.rosas@kli.ac.at">alejandro.rosas@kli.ac.at</a> </P >     <p >Presentado el 21 de septiembre de 2009, aceptado el 29 de diciembre de 2009, correcciones 14 de mayo de 2010. </P ><hr size="1">     <p >RESUMEN </p >     <p >Describo el proyecto de explicaci&oacute;n darwiniana de la moral siguiendo los lineamientos b&aacute;sicos de Darwin, como fueron expuestos en el Origen del hombre. A diferencia de la interpretaci&oacute;n tradicional, sostengo que Darwin no asumi&oacute;, y que no es forzoso asumir en una perspectiva darwiniana, un conflicto inevitable entre la selecci&oacute;n individual y la selecci&oacute;n de grupo en la explicaci&oacute;n de la moral. Ambas trabajan en sinergia favoreciendo los rasgos que soportan el comportamiento moral en humanos. Sostengo tambi&eacute;n que de este proyecto se derivan dos ense&ntilde;anzas importantes, una para la filosof&iacute;a moral y otra para la concepci&oacute;n de la selecci&oacute;n natural. La primera es que los dilemas sociales est&aacute;n en el coraz&oacute;n de la moral humana; la segunda es que la cooperaci&oacute;n est&aacute; en el n&uacute;cleo de la selecci&oacute;n natural. Ilustro el segundo punto con investigaciones recientes sobre la evoluci&oacute;n de los organismos multicelulares. </P >     <p >Palabras clave: cooperaci&oacute;n, dilemas sociales, evoluci&oacute;n de organismos multicelulares, moral, selecci&oacute;n multinivel. </P ><hr size="1">     <p >ABSTRACT </p >     <p >I describe the project of a Darwinian explanation of morality following Darwin&rsquo;s basic ideas as expressed in The Descent of Man. In contrast to the traditional interpretation, I argue that Darwin did not assume, nor is it necessary to assume in a Darwinian perspective, an inevitable conflict between individual and group selection in the explanation of morality. Both operate in synergy to favor traits that support moral behavior. I also argue that two teachings result from this Darwinian project, one for moral philosophy and the other for the theory of natural selection. The first puts social dilemmas in the heart of human morality; the second puts cooperation in the core of natural selection. I illustrate the second point with recent research into the evolution of multicellular organisms. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p >Key words: cooperation, evolution of multi-cellular organisms, morality, multi-level selection, social dilemmas. </P ><hr size="1">     <p   align="justify" >1. LA FILOSOF&Iacute;A Y LA EXPLICACI&Oacute;N DE LA MORAL </p >     <p >Cuando la filosof&iacute;a se enfrenta al proyecto cient&iacute;fico de una explicaci&oacute;n seleccionista o adaptacionista del comportamiento moral, surgen inmediatamente varias preguntas t&iacute;picamente filos&oacute;ficas. Si podemos explicar evolutivamente la existencia de los mecanismos psicol&oacute;gicos que dan origen al comportamiento moral, quiz&aacute; podamos tambi&eacute;n explicar a trav&eacute;s de esos mecanismos los comportamientos particulares; y la filosof&iacute;a se pregunta si no desaparecer&iacute;a entonces la libertad humana. Y si no hay libertad, &iquest;c&oacute;mo podemos hablar de responsabilidad moral? Adem&aacute;s, la explicaci&oacute;n cient&iacute;fica parece incompatible con la idea de la objetividad de los juicios morales. Pues estos parecen suponer la existencia de una dimensi&oacute;n de valores que explica el comportamiento moral de una manera muy distinta a un proceso natural. Todas estas preguntas filos&oacute;ficas tienen su raz&oacute;n de ser. Los fil&oacute;sofos han intentado responderlas sin necesidad de apelar a los detalles de las explicaciones, y han llegado siempre a respuestas contradictorias. A mi juicio, las preguntas no pueden ser respondidas de manera precisa hasta que las explicaciones biol&oacute;gicas o de otra &iacute;ndole no hayan hecho algunos avances. Las preguntas anteriores desv&iacute;an la atenci&oacute;n de los detalles de la explicaci&oacute;n cient&iacute;fica como si no fueran importantes y como si el fil&oacute;sofo nada tuviera que aportar en esa empresa explicativa. Como fil&oacute;sofo me interesan los detalles de la explicaci&oacute;n cient&iacute;fica misma y, hasta tanto no tengamos de ella una idea m&aacute;s clara y completa, prefiero dejar por el momento desatendidos los problemas t&iacute;picamente filos&oacute;ficos. Estamos todav&iacute;a lejos de tener esa idea, pero vale la pena mirar algunos proyectos y esbozos. </P >     <p >Conviene no olvidar que las reflexiones filos&oacute;ficas cl&aacute;sicas sobre la moral incluyeron siempre alg&uacute;n tipo de explicaci&oacute;n del fen&oacute;meno moral. En el medioevo, las reflexiones conectaban con la idea de una divinidad creadora, lo que le daba a la ley moral un contexto de autoridad externa. Pero la modernidad se deslig&oacute; del contexto te&iacute;sta, y la naturaleza humana se volvi&oacute; el fundamento &uacute;ltimo. Kant pon&iacute;a el &eacute;nfasis en la raz&oacute;n pura; Hume lo pon&iacute;a en los sentimientos y en el origen de instituciones sociales clave como la justicia y el gobierno. Este desarrollo abri&oacute; las puertas a una visi&oacute;n secular, y por qu&eacute; no, evolucionista, de la naturaleza humana como fundamento de la moral. </P >     <p >Cuando digo -evolucionista&rsquo; pienso en primer lugar en la evoluci&oacute;n por selecci&oacute;n natural. La idea de que la naturaleza humana dise&ntilde;ada por la selecci&oacute;n natural es un fundamento posible para la moral ha ejercido una atracci&oacute;n moderada entre fil&oacute;sofos. No se ha podido lograr un consenso filos&oacute;fico amplio al respecto, en buena parte porque la idea misma requiere que el fil&oacute;sofo logre distanciarse de intuiciones muy arraigadas en su disciplina. Algunas se refieren a la moral; otras a la selecci&oacute;n natural. Por ejemplo, una intuici&oacute;n com&uacute;n dice que la selecci&oacute;n natural es un proceso ciego. Pero en realidad, es m&aacute;s plausible ver la selecci&oacute;n natural como un proceso inteligente, aunque no postule un agente dise&ntilde;ador por fuera y por encima del proceso. El proceso inteligente sin dise&ntilde;ador se genera una vez que existen las primeras entidades biol&oacute;gicas que se adaptan al entorno y son capaces de reproducirse. Ese proceso consiste en la reproducci&oacute;n de soluciones adaptativas: aqu&eacute;llas que, en &uacute;ltima instancia, mantienen y propagan el ajuste inteligente de todo viviente a su entorno. Los retos que se plantean hoy al paradigma de la selecci&oacute;n natural darwiniana, y que a veces se re&uacute;nen bajo la etiqueta de evo-devo, probablemente conduzcan a enfatizar aun m&aacute;s el car&aacute;cter de agente inteligente que tiene todo ser vivo. Esos planteamientos no me parecen incompatibles con la visi&oacute;n seleccionista o adaptacionista, pero este punto ser&aacute; tema de otras ponencias en esta celebraci&oacute;n. </P >     <p >No es realista proponerse despejar aqu&iacute; todas las intuiciones filos&oacute;ficas que se oponen al proyecto evolucionista. Eso ser&aacute; probablemente un proceso largo y dif&iacute;cil. Pero podemos contribuir algo para andar ese camino. Podemos hacerlo adem&aacute;s, con una reflexi&oacute;n sobre el proyecto esbozado por el mismo Darwin y as&iacute; honrar su memoria. En efecto, creo que el estudio del proyecto de explicaci&oacute;n darwiniana de la moral (EDM), tanto en su versi&oacute;n original como en los desarrollos posteriores, proporciona dos ense&ntilde;anzas te&oacute;ricas muy importantes, una para la filosof&iacute;a moral y otra para la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n por selecci&oacute;n natural. Voy a enunciar, primero, estas dos ense&ntilde;anzas de manera breve. </P >     <p > <OL   type="1" >   <LI   align="justify" >El proyecto EDM pone a los dilemas sociales en el coraz&oacute;n de la moral. </LI >   <LI   align="justify" >El proyecto EDM pone la cooperaci&oacute;n en el coraz&oacute;n de la selecci&oacute;n natural. </LI > </OL >     <p >Enunciadas as&iacute; las dos ense&ntilde;anzas, mi intenci&oacute;n es mostrar que ellas efectivamente se desprenden del proyecto EDM, como se dibuja en Darwin, pues no es inmediatamente obvio para quienes tengan alguna familiaridad con sus reflexiones. Tambi&eacute;n sostengo que se trata de dos ense&ntilde;anzas que hacen avanzar tanto a la teor&iacute;a moral como a la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n por selecci&oacute;n natural, y que concuerdan con los desarrollos contempor&aacute;neos y los anticipan. En la secci&oacute;n 2 describo el proyecto de explicaci&oacute;n de la moral como Darwin lo esboz&oacute; y como suele entenderse en relaci&oacute;n con la paradoja del altruismo. En la secci&oacute;n 3 voy a sostener una interpretaci&oacute;n distinta que liga el proyecto de Darwin a una concepci&oacute;n de moral en donde los dilemas sociales y las normas que los resuelven ocupan un lugar central. Finalmente en la secci&oacute;n 4 explico por qu&eacute; este proyecto pone a la cooperaci&oacute;n en el centro de la selecci&oacute;n natural y por qu&eacute; esto es significativo en el contexto de la teor&iacute;a evolucionista contempor&aacute;nea. </P >     <p   align="justify" >2. EL PROYECTO DARWINIANO: LA MORAL COMO ADAPTACI&Oacute;N Y LA PARADOJA DEL ALTRUISMO </p >     <p >Hay dos t&eacute;rminos clave utilizados en la literatura biol&oacute;gica contempor&aacute;nea cuando se trata de pensar las ra&iacute;ces biol&oacute;gicas de la moral: altruismo y cooperaci&oacute;n. Ninguno de ellos es utilizado por Darwin en el contexto de su reflexi&oacute;n sobre la moral (Darwin, 1989 (1877)). Cuando habla de la moral humana, Darwin menciona el sacrificio que algunos individuos valerosos hacen por su tribu en la guerra contra otras tribus. Este tipo de conducta valerosa y arriesgada en defensa de la tribu puede sugerir que Darwin liga la moral a un altruismo fuerte (Wilson, 1979). -Altruismo fuerte&rsquo; significa que el comportamiento moral se aplica a conductas en las que un individuo transfiere un beneficio a otro u otros individuos de su grupo, y no obtiene ning&uacute;n beneficio a trav&eacute;s de su acto de transferencia. En otras palabras, el individuo moral sufre, por ser moral, una p&eacute;rdida neta en aptitud biol&oacute;gica. Esta interpretaci&oacute;n es posible y es la que muchos int&eacute;rpretes ven en Darwin. Permite afirmar que Darwin se estaba enfrentando a la -paradoja del altruismo&rsquo; cuando reflexion&oacute; sobre la moral humana. La paradoja consiste en que el altruismo parece incompatible con la selecci&oacute;n natural. Darwin sugiere esta lectura al utilizar el t&eacute;rmino -sacrificio&rsquo;. Creo, sin embargo, que esta interpretaci&oacute;n es equivocada, al menos parcialmente. La posici&oacute;n de Darwin es m&aacute;s sutil y deja espacio a una lectura distinta. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p >Conviene entender por qu&eacute; esa interpretaci&oacute;n se ha afianzado y c&oacute;mo los textos la sugieren. Cuando Darwin entra a tratar el tema de la moral humana en el cap&iacute;tulo 5 del Origen del hombre (Darwin, 1989 (1877)), menciona virtudes como el coraje en el enfrentamiento b&eacute;lico, la benevolencia y la fidelidad, virtudes todas expresadas por individuos hacia los miembros de su tribu o grupo; y menciona al ego&iacute;smo como el rasgo inmoral por excelencia. Las virtudes mencionadas hacen que una tribu florezca y venza a otras tribus en competencia con ellas, mientras que el ego&iacute;smo trae su ruina. Darwin se pregunta de inmediato c&oacute;mo se incrementaron esas cualidades dentro de las tribus, si ten&iacute;an que competir con el ego&iacute;smo. Y ah&iacute; sostiene que es dif&iacute;cil creer que los m&aacute;s benevolentes, fieles y valientes, dispuestos a arriesgar su vida en defensa de su tribu, dejen m&aacute;s descendencia que los ego&iacute;stas. Los virtuosos son, en efecto, los que mueren primero en las guerras intertribales. En otras palabras, los altruistas pierden en la competencia reproductiva, que es lo que en &uacute;ltima instancia decide, desde el punto de vista de la selecci&oacute;n natural, los rasgos de los organismos existentes. Pero la moral existe, y aparentemente de modo universal, en todo grupo humano. &iquest;C&oacute;mo explicarla entonces? </P >     <p >Como soluci&oacute;n a este problema, que se conoce como la -paradoja del altruismo&rsquo;, Darwin plantea que la selecci&oacute;n natural actu&oacute; al nivel de la tribu o grupo. Darwin sostiene que las luchas intertribales del pasado ejemplifican procesos prolongados de competencia entre grupos. Una disposici&oacute;n biol&oacute;gica a las virtudes mencionadas evolucionar&iacute;a por el beneficio producido a los grupos y por la competencia entre grupos, a pesar de que los ego&iacute;stas sean m&aacute;s aptos que los virtuosos dentro de un mismo grupo. Desde el punto de vista de la l&oacute;gica de la selecci&oacute;n natural, las virtudes morales tienen un efecto ambiguo: aumentan la aptitud de los grupos, pero desmejoran la aptitud de los individuos virtuosos en comparaci&oacute;n con la de los ego&iacute;stas dentro de cada grupo. Para que esa conducta evolucione por selecci&oacute;n natural, se necesita de una fuerza de selecci&oacute;n entre grupos que sea capaz de vencer a la fuerza de la selecci&oacute;n entre individuos que favorece a los ego&iacute;stas. Grupos con una mayor&iacute;a de altruistas habr&iacute;an suplantado a grupos con una mayor&iacute;a de ego&iacute;stas; y de ese modo la moral se habr&iacute;a difundido en la especie humana. Darwin habr&iacute;a afirmado, entonces, que la fuerza de la selecci&oacute;n de grupos en favor de los virtuosos es mayor y vence a la fuerza de la selecci&oacute;n individual en favor de los ego&iacute;stas.         </P >     <p >De manera sucinta, esta es la interpretaci&oacute;n tradicionalmente aceptada. Un problema m&aacute;s o menos obvio para ella es que deja sin explicar c&oacute;mo llegan los grupos humanos a tener una mayor&iacute;a de altruistas o virtuosos. Este problema desaparece, en cambio, si interpretamos a Darwin de otro modo. En particular, sostengo que Darwin no cre&iacute;a que los individuos virtuosos est&eacute;n en desventaja biol&oacute;gica frente a los ego&iacute;stas. Si la virtud trae desventajas a los virtuosos, (<a href="#tabla1">Tabla 1</a>), queda dif&iacute;cil explicar c&oacute;mo llegaron los virtuosos a predominar en n&uacute;mero frente a los ego&iacute;stas en algunos grupos ancestrales. Pero si los virtuosos no est&aacute;n en desventaja compitiendo frente a los ego&iacute;stas, el problema desaparece. Darwin no habr&iacute;a sostenido que los virtuosos son altruistas en sentido biol&oacute;gico. No perdamos de vista que no estamos pensando en la psicolog&iacute;a de los virtuosos, que es probablemente altruista en cuanto a las intenciones. No son las intenciones las que preocupan en primer lugar a Darwin en este contexto, sino las consecuencias de la virtud moral sobre el &eacute;xito reproductivo.</P >    <p>    <center><a name="tabla1"></a><img src="img/revistas/abc/v14s1/v14n4a27t1.jpg"></center></p>     <p > 4. DARWIN Y LOS DILEMAS SOCIALES    <br> Para entender por qu&eacute; los virtuosos pueden ser individualmente m&aacute;s aptos que los ego&iacute;stas, es necesario poner las virtudes en el contexto social en el que Darwin las piensa. Se trata de un contexto social normativo que apela a las pr&aacute;cticas sociales de la alabanza y el reproche (praise and blame). En el cap&iacute;tulo 5 del Origen del hombre, Darwin sostiene que la alabanza y reproche ejercieron su influencia desde tiempos muy remotos y fueron un est&iacute;mulo muy poderoso en la evoluci&oacute;n de las virtudes sociales: </P >     <p >    <br>   La alabanza y el reproche de sus camaradas influenci&oacute; al hombre primitivo desde tiempos muy remotos. Es obvio que los miembros de una misma tribu aprobar&iacute;an la conducta conducente al bien com&uacute;n, y desaprobar&iacute;an la que pareciese mala. Hacer el bien a otros &ndash; hacer a otros como quisieras que te hagan &ndash; es el fundamento de la moral. (Darwin, 1989 (1877):131-132).</P >     <p >    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   La alabanza y el reproche tienen su efecto en conexi&oacute;n con los sentimientos morales; la indignaci&oacute;n mueve a las v&iacute;ctimas; la verg&uuml;enza, el arrepentimiento y el remordimiento predisponen a los ofensores a reparar a las v&iacute;ctimas bajo la presi&oacute;n social y p&uacute;blica. El efecto conjunto de esas pr&aacute;cticas y los sentimientos concomitantes es el de configurar un entorno que termina  imponiendo costos y reduciendo la aptitud biol&oacute;gica de los ego&iacute;stas. Es importante notar que Darwin ligaba la moral a principios o normas, aunque se refiriese a ella a veces como a un instinto social semejante al que exhiben los animales sociales. La alabanza y el reproche son instituciones sociales y p&uacute;blicas destinadas a transmitir y mantener las normas que rigen la vida en grupo. Las normas son gu&iacute;as de conducta expl&iacute;citamente formuladas y compartidas. Son de dominio p&uacute;blico y su transmisi&oacute;n es parte fundamental de la vida en grupo, al menos en humanos. </P >     <p >En las ciencias sociales, las normas suelen entenderse por su funci&oacute;n como soluci&oacute;n a los dilemas sociales. Aunque no es usual conectar EDM con los dilemas sociales, eso es lo que quiero proponer aqu&iacute;. Muy brevemente, los dilemas sociales se presentan en interacciones entre agentes en donde est&aacute;n en juego los costos y beneficios de la cooperaci&oacute;n. La utilidad de cada agente depende de su estrategia y de la de su oponente y las estrategias posibles se representan generalmente como cooperar y no cooperar. Cuando la interacci&oacute;n tiene la estructura de un dilema de prisioneros, nocooperar es la mejor respuesta a cualquier acci&oacute;n del oponente, y en ese sentido es la elecci&oacute;n racional para el individuo. Pero colectivamente, todos estar&iacute;an mejor cooperando. El dilema se produce por el conflicto entre lo que es mejor para todos y lo que es mejor para cada uno. Dado este conflicto, no parece posible lograr el resultado cooperativo porque la racionalidad individual recomienda no cooperar. Esto vale en especial para el dilema de prisioneros de varias personas, tambi&eacute;n conocido como el problema de la provisi&oacute;n de bienes p&uacute;blicos, o como la tragedia de los comunes cuando se trata de la preservaci&oacute;n de esos bienes. En estos casos, la provisi&oacute;n o preservaci&oacute;n del bien p&uacute;blico es costosa; pero si todos contribuyen, los costos de la contribuci&oacute;n ser&aacute;n ampliamente compensados por el bien producido o preservado. Pero como el disfrute del bien p&uacute;blico no puede f&aacute;cilmente impedirse a quienes no contribuyen, hay un incentivo para disfrutar sin contribuir, pues la utilidad individual es en este caso mayor. As&iacute;, es predecible que habr&aacute; quienes no contribuyan. Si la provisi&oacute;n o preservaci&oacute;n del bien p&uacute;blico supone interacciones repetidas, los ego&iacute;stas contagian gradualmente a todo el grupo y el bien p&uacute;blico se frustra. </P >     <p >El dilema social pone de manifiesto situaciones en las que la producci&oacute;n de un beneficio colectivo puede frustrarse por las decisiones de los ego&iacute;stas que quieren ganar a expensas de los dem&aacute;s. Hay un paralelo obvio con la ventaja o desventaja selectiva de la moral como la plante&oacute; Darwin. En ambos casos la teor&iacute;a est&aacute; interesada en las consecuencias de las acciones para individuos y para grupos. En ambos casos lo que beneficia al grupo no beneficia al individuo, y viceversa, lo que beneficia al individuo no beneficia al grupo. Tambi&eacute;n llama la atenci&oacute;n que la defensa del grupo en la guerra, mencionada por Darwin como ejemplo de conducta moral, cabe perfectamente dentro de la definici&oacute;n de bien p&uacute;blico: contribuyentes y no-contribuyentes se benefician por igual, pero solo los que contribuyen a la defensa incurren en costos. Es racional, y tambi&eacute;n biol&oacute;gicamente m&aacute;s apto, no contribuir; pero si nadie o muy pocos contribuyen, el bien p&uacute;blico no se produce y todos pierden. </P >     <p >Me parece correcto, entonces, decir que Darwin dio expresi&oacute;n al dilema social al contraponer el beneficio para el individuo al beneficio para el grupo, en el contexto de su reflexi&oacute;n sobre la moral y la selecci&oacute;n natural. Con ello pone el problema de la provisi&oacute;n de bienes p&uacute;blicos en el coraz&oacute;n de la moral. Darwin est&aacute; aqu&iacute; pr&oacute;ximo a autores modernos como Hobbes y Hume, con qui&eacute;nes los dilemas sociales entraron al n&uacute;cleo de la filosof&iacute;a moral y pol&iacute;tica. Hume vi&oacute; en las reglas de la justicia una invenci&oacute;n humana para resolver los dilemas que se presentan en relaci&oacute;n con la distribuci&oacute;n de los costos y beneficios de la cooperaci&oacute;n. Darwin vio los mismos dilemas presentes en los esfuerzos del peque&ntilde;o grupo o tribu (Darwin, 1989 (1877):98, 106, 108, 117) por mantener el bien com&uacute;n, que consiste en &ldquo;hacer florecer el mayor n&uacute;mero de individuos con pleno vigor y salud, con todas sus facultades perfectas&rdquo; (Darwin, 1989 (1877):121). El bien com&uacute;n debe ser protegido por normas y sanciones, porque los ego&iacute;stas buscan los beneficios sin asumir los costos. </P >     <p > La tesis de que los virtuosos no son altruistas biol&oacute;gicamente hablando, es decir, que no pierden en la competencia reproductiva frente a los ego&iacute;stas, requiere que nos enfoquemos en la soluci&oacute;n del dilema social en el contexto de las pr&aacute;cticas de la alabanza y el reproche, de los sentimientos morales y de las normas que representan el bien com&uacute;n. Esas pr&aacute;cticas, sentimientos y normas ponen una barrera contra el ego&iacute;smo moralmente reprobable e impiden que el dilema se genere. Sentimientos como el arrepentimiento y remordimiento act&uacute;an como un freno interno. Operan en coordinaci&oacute;n con otros sentimientos como la indignaci&oacute;n y las emociones agresivas que subyacen a la disposici&oacute;n a castigar a los ego&iacute;stas (Darwin, 1989 (1877):116). Gracias a la sanci&oacute;n social y al castigo de las conductas ego&iacute;stas, los que cumplen las normas se reservan un acceso exclusivo a los beneficios de la cooperaci&oacute;n, excluyendo a los que no cumplen. &Eacute;stos &uacute;ltimos pueden obtener alguna ganancia a corto plazo, pero por el castigo pierden, a mediano y largo plazo, m&aacute;s de lo que ganaron por incumplir. As&iacute;, Darwin sostiene, en mi opini&oacute;n, que la especie humana cuenta con un sistema psicol&oacute;gico y social que asegura el car&aacute;cter adaptativo de la moral, tambi&eacute;n a nivel individual. Esto no implica que la selecci&oacute;n grupal deje de jugar un papel. M&aacute;s bien, Darwin habr&iacute;a defendido a una posici&oacute;n seg&uacute;n la cual tanto la selecci&oacute;n individual como la grupal act&uacute;an conjuntamente (<a href="#tabla2">Tabla 2</a>), es decir, en sinergia, para favorecer al comportamiento moral (Rosas, 2007).</p>     <p>    <center><a name="tabla2"></a><img src="img/revistas/abc/v14s1/v14n4a27t2.jpg"></center></p>     <p > 5. SELECCI&Oacute;N NATURAL: COMPETICI&Oacute;N Y COOPERACI&Oacute;N    <br> Darwin entendi&oacute; la moral como un fen&oacute;meno psicosocial complejo, involucrando normas, emociones morales, y sanciones internas y externas. La moral as&iacute; entendida empieza a ocupar hoy, de nuevo, un lugar central en el proyecto EDM gracias a la simbiosis de la teor&iacute;a evolucionista de la cooperaci&oacute;n con la econom&iacute;a experimental (Fehr y Fischbacher, 2003; Fehr y Fischbacher, 2004; Sigmund, 2007). Incluso los te&oacute;ricos que desarrollan con t&eacute;cnicas formales y computacionales modelos poblacionales de agentes sociales en evoluci&oacute;n, no temen hablar de normas y de dilemas sociales y aprecian la perspectiva que aportan las ciencias sociales. Entre fil&oacute;sofos, en cambio, esta perspectiva no es usual. El dilema social no se reconoce como ocupando el n&uacute;cleo de la moral, a pesar de que juega un rol importante en las filosof&iacute;as morales de Hobbes y de Hume. Sin embargo, recientemente hay una mayor receptividad filos&oacute;fica hacia los dilemas sociales. Ello se debe al &eacute;xito de filosof&iacute;as morales que apelan a nociones contractualistas y ponen la moral en relaci&oacute;n con las instituciones sociales que rigen la distribuci&oacute;n de los beneficios y costos de la cooperaci&oacute;n. Esta forma de entender el fen&oacute;meno moral permite a la filosof&iacute;a abordarlo en un tratamiento interdisciplinario, y en consecuencia cient&iacute;ficamente m&aacute;s satisfactorio, involucrando disciplinas como la econom&iacute;a, la psicolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a.         Finalmente aludo al otro beneficio te&oacute;rico mencionado al inicio, a saber, que el proyecto EDM pone la cooperaci&oacute;n en el n&uacute;cleo de la selecci&oacute;n natural. La selecci&oacute;n natural se identifica a menudo con la lucha por la existencia, la competencia salvaje y la supervivencia del m&aacute;s fuerte, ideas que traen a la memoria episodios tristes de la historia e ideolog&iacute;as demenciales. Cabe recordar aqu&iacute; que la sociobiolog&iacute;a, por ejemplo, fue objeto de fuertes cr&iacute;ticas que le atribuyeron una peligrosa cercan&iacute;a a esas ideolog&iacute;as. Tambi&eacute;n viene a la memoria el genial aunque controvertido libro El gen ego&iacute;sta de Dawkins, 1975, que, independientemente de lo que uno piense de sus tesis, contribuy&oacute; como quiz&aacute;s ning&uacute;n otro libro a difundir en las ciencias sociales y humanas un inter&eacute;s por las ciencias biol&oacute;gicas y en particular por la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n por selecci&oacute;n natural.       <p >Hoy estamos en condiciones de ver que la conexi&oacute;n entre la selecci&oacute;n natural y el ego&iacute;smo es una verdad a medias. Digo esto, si se me permite, desde una perspectiva apol&iacute;tica, la de alguien convencido que las ideas cient&iacute;ficas no se reducen a una lucha por el poder o se subordinan a ella. La idea seg&uacute;n la cual la selecci&oacute;n natural condena a las unidades biol&oacute;gicas al ego&iacute;smo no es falsa, pero es incompleta y oculta la otra cara de la verdad. Se trata de la comprobaci&oacute;n sencilla de que la mejor manera de promover la propia aptitud biol&oacute;gica es, a menudo, permitiendo que la cooperaci&oacute;n prevalezca sobre la competencia. Desde que Darwin introdujo la idea de que la selecci&oacute;n natural puede operar sobre grupos, y pasando por la accidentada historia cient&iacute;fica que ha tenido esta idea, parece ahora acercarse el momento de su aceptaci&oacute;n definitiva. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<p >El argumento m&aacute;s sencillo y convincente es, simplemente, detenerse a reflexionar sobre la siguiente caracter&iacute;stica del mundo de los seres vivos: &eacute;ste se compone de una jerarqu&iacute;a de niveles de organizaci&oacute;n, donde unidades biol&oacute;gicas de nivel superior se descomponen en otras de nivel inferior. Las unidades de nivel superior son, en realidad, grupos de unidades de nivel inferior, aunque funcionen como individuos propiamente dichos. Quien acepte la evoluci&oacute;n aceptar&aacute; tambi&eacute;n que la compleja jerarqu&iacute;a de niveles de organizaci&oacute;n no existi&oacute; desde el comienzo de la vida, sino que evolucion&oacute;. En los or&iacute;genes, las unidades m&aacute;s simples pod&iacute;an subsistir independientemente. &Eacute;stas comenzaron a agruparse con otras de su mismo nivel para eventualmente convertirse en unidades aut&oacute;nomas de nivel superior; y &eacute;stas, a su vez, se combinaron con otras de su nivel para generar grupos, y luego unidades, a un nivel a&uacute;n m&aacute;s alto en la jerarqu&iacute;a. As&iacute;, los genes se agrupan en genomas; la c&eacute;lula eucariota naci&oacute; como una agrupaci&oacute;n &ndash; simbiosis &ndash; de c&eacute;lulas procariotas. La c&eacute;lulas eucariotas se agrupan con otras para formar organismos multicelulares. Los organismos multicelulares cooperan para formar colonias o grupos sociales que a menudo son verdaderos superorganismos. </P >     <p >Si esta jerarqu&iacute;a de unidades biol&oacute;gicas anidadas unas dentro de otras evolucion&oacute;, la consecuencia obvia es que la selecci&oacute;n natural act&uacute;o sobre grupos de unidades de nivel <I>n</I>antes de que ese grupo se convirtiera en una unidad de nivel <I>n + 1</I>. La selecci&oacute;n operando sobre los grupos explica c&oacute;mo esos grupos adquirieron adaptaciones que los convirtieron en unidades biol&oacute;gicas con aptitud propia y heredable. El paradigma de organismo individual, el organismo multicelular, es en realidad un grupo: desciende de ancestros que en su momento fueron agrupaciones de c&eacute;lulas individuales. En un pasado muy remoto, estas unidades se agruparon y lograron la transici&oacute;n hacia los primeros casos de organismos multicelulares. Es impensable que la jerarqu&iacute;a de unidades anidadas unas dentro de otras haya evolucionado de otro modo que por selecci&oacute;n de grupos, es decir, por el beneficio que los grupos trajeron a las unidades de nivel inferior que se asociaron para conformarlos. </P >     <p >Esta visi&oacute;n ya se est&aacute; imponiendo en la biolog&iacute;a. Los bi&oacute;logos han propuesto modelos serios para el g&eacute;nero de algas <I>Volvox </I>que explican y describan c&oacute;mo pudo haber evolucionado un organismo multicelular, por ejemplo <I>Volvox cartieri </I>(<a href="#fig1">Fig. 1</a>), a partir de ancestros unicelulares que cooperan en grupos. Estos modelos incluyen la reconstrucci&oacute;n filogen&eacute;tica (Kirk, 2005) a partir de las especies existentes, as&iacute; como tambi&eacute;n el modelo de costos y beneficios que pudo haber jalonado el proceso selectivo. El an&aacute;lisis de costos y beneficios se hace apelando a la teor&iacute;a de la selecci&oacute;n operando a m&uacute;ltiples niveles y muestra que el individuo de nivel superior evoluciona cuando los beneficios de la vida en grupo no son superados por los beneficios que pueda obtener el individuo sin el grupo (Michod, 1997; Herron y Michod, 2008). </P >    <p>    <center><a name="fig1"></a><img src="img/revistas/abc/v14s1/v14n4a27f1.jpg"></center></p>     <p >Esta manera de ver la evoluci&oacute;n biol&oacute;gica ha sido defendida tambi&eacute;n por Maynard Smith y Szathm&aacute;ry, 1995, en su reconocido libro <I>The Major Transitions in Evolution</I>. Ella pone la cooperaci&oacute;n en el n&uacute;cleo de la selecci&oacute;n natural. La selecci&oacute;n natural promueve los grupos de individuos que cooperan. Los individuos logran cooperando beneficios que no pueden obtener de otra manera; y gracias a la cooperaci&oacute;n surge la estructura jer&aacute;rquica de unidades biol&oacute;gicas anidadas unas dentro de otras de nivel superior. </P >     <p >Al enfrentarse al problema de la cooperaci&oacute;n humana, Darwin fue el primero en expresar con claridad la idea de que la selecci&oacute;n natural opera sobre grupos y los promueve generando adaptaciones de estos en las unidades que los conforman. La teor&iacute;a de la selecci&oacute;n multinivel contempor&aacute;nea ha recogido positivamente esta idea de Darwin. Sin embargo, creo que hay una diferencia, a mi juicio importante, entre la idea original en Darwin y su versi&oacute;n contempor&aacute;nea: esta sostiene que la fuerza de la selecci&oacute;n grupal tiene que vencer a la fuerza de la selecci&oacute;n individual para que los grupos se mantengan y se conviertan en unidades propias (<a href="#tabla1">Tabla 1</a>). Pero como he expuesto, Darwin defendi&oacute;, al menos en el caso humano, que el complejo de normas, emociones morales y sanciones externas le otorga una ventaja biol&oacute;gica a los individuos virtuosos que cohesionan al grupo social (<a href="#tabla1">Tabla 2</a>). Darwin defendi&oacute; que la moral beneficia tanto al individuo como al grupo. Creo que este alineamiento de fuerzas a distintos niveles de selecci&oacute;n es importante en todas las transiciones evolutivas. Las unidades que favorecen al grupo son tambi&eacute;n individualmente m&aacute;s aptas que las que lo perjudican. Ellas facilitan que un grupo se convierta en un individuo con aptitud propia. Me atrevo aqu&iacute;, por tanto, a sugerir una enmienda a la lectura de Darwin de dos grandes bi&oacute;logos evolucionistas contempor&aacute;neos, quienes recientemente resumieron su visi&oacute;n: &ldquo;El ego&iacute;smo vence al altruismo dentro de los grupos. Los grupos de altruistas vencen a los grupos de ego&iacute;stas&rdquo; (Wilson y Wilson, 2007:345). Propongo esta otra interpretaci&oacute;n de la visi&oacute;n de Darwin: &ldquo;La cooperaci&oacute;n vence al ego&iacute;smo, tanto en la competencia dentro de los grupos como en la competencia entre grupos.&rdquo; </P >     <p >AGRADECIMIENTOS </p >     <p >Agradezco a la Universidad Nacional de Colombia y al <I>Konrad Lorenz Institute for Evolution and Cognition Research </I>el apoyo institucional y financiero de la investigaci&oacute;n realizada para este art&iacute;culo. </P >     <p >BIBLIOGRAF&Iacute;A </p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p >DARWIN C. (1877). The Descent of Man, and Selection in relation to Sex. Segunda Edici&oacute;n, revisada y argumentada. New York: New York University Press; 1989. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-548X200900040002700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >DAWKINS R. The Selfish Gene. Oxford: Oxford University Press; 1975. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0120-548X200900040002700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >FEHR E, FISCHBACHER U. The Nature of Human Altruism. 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Freeman; 1995. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0120-548X200900040002700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >MICHOD RE. Cooperation and conflict in the evolution of individuality. I. Multi-level selection of the organism. Am Nat. 1997;149:607-645. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0120-548X200900040002700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >ROSAS A. Beyond the sociobiological dilemma: social emotions and the evolution of morality. 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