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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL PLANETA TIERRA COMO UN RECEPTÁCULO DE VIDA: ¿UN PLANETA CORRIENTE O UNA RAREZA EN EL UNIVERSO?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Life is based on elements that have their origins within the centers of stars. Then organic molecules are formed in the interstellar medium. They can make part of planets some of them appropriate for the origin and prosperity of life. Extrasolar planets are currently discovered and observed by astronomers and are abundant, but extraterrestrial life or at least complex life seems to be scarce]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <P align="center" ><font size="4">EL PLANETA TIERRA COMO UN RECEPT&Aacute;CULO DE VIDA: &iquest;UN PLANETA CORRIENTE O UNA RAREZA EN EL UNIVERSO? </font></P >     <p align="center"    >The Earth Planet as a Repository of Life: A Common Planet or a Rarity in the Universe? </p >     <P   >JOS&Eacute; GREGORIO PORTILLA<Sup>1</Sup>, M. Sc. <Sup>1</Sup>Observatorio Astron&oacute;mico Nacional.   Universidad Nacional de Colombia. Bogot&aacute;, Colombia.   <a href="mailto:jgportillab@unal.edu.co">jgportillab@unal.edu.co</a> </P >     <P   >Presentado 8 de febrero de 2011, aceptado 9 de junio de 2011, correcciones 1 de julio de 2011. </P ><hr size="1">     <P   >RESUMEN </P >     <P   >La vida est&aacute; basada en elementos qu&iacute;micos que en su mayor&iacute;a tienen su origen en el interior estelar. Luego las mol&eacute;culas org&aacute;nicas se forman en el medio interestelar y pueden terminar en planetas aptos para la creaci&oacute;n y prosperidad de la vida. Los planetas extrasolares, ahora detectados por los astr&oacute;nomos, son bastante abundantes, pero aun as&iacute; la vida extraterrestre parece ser escasa o al menos lo es la vida compleja. Un aut&eacute;ntico enigma es el hecho de que aun no se haya hecho contacto con civilizaciones extraterrestres. </P >     <P   >Palabras clave: vida, vida extraterrestre, exoplanetas. </P ><hr size="1">     <p    >ABSTRACT </p >     <P   >Life is based on elements that have their origins within the centers of stars. Then organic molecules are formed in the interstellar medium. They can make part of planets some of them appropriate for the origin and prosperity of life. Extrasolar planets are currently discovered and observed by astronomers and are abundant, but extraterrestrial life or at least complex life seems to be scarce. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   >Key words: lifeLife, extraterrestrial life, exoplanets. </P ><hr size="1">     <p    >INTRODUCCI&Oacute;N </p >     <P   >El prop&oacute;sito de esta comunicaci&oacute;n, la versi&oacute;n escrita de la conferencia con el mismo t&iacute;tulo que hizo parte de la C&aacute;tedra de Sede Jos&eacute; Celestino Mutis -Todo lo que usted quiere saber de gen&eacute;tica y no se atrevi&oacute; a preguntar-, es exponer de forma simplificada el estado del tema relacionado con la presencia de vida compleja en la Tierra y la posibilidad de que pueda existir en otros lugares del Universo. A pesar de los notables avances en diversos campos de la astronom&iacute;a realizados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la existencia del fen&oacute;meno que llamamos vida permanece hasta el momento como privilegio exclusivo del planeta Tierra. Pero a la luz de lo que conocemos del tama&ntilde;o del Universo, la ubicuidad de las fuerzas f&iacute;sicas que lo permean, de la presencia de sistemas, cuerpos y bloques b&aacute;sicos que lo integran, obligan a pensar un&aacute;nimemente que la vida deber ser prol&iacute;fica en incontables nichos existentes a lo ancho y largo del cosmos muchos de los cuales han de presentar un ambiente semejante al terrestre que permita el surgimiento y mantenimiento de la vida, al menos como la conocemos. Iniciaremos con una descripci&oacute;n del origen de los elementos qu&iacute;micos, luego con el de las biomol&eacute;culas para luego explicar el origen del Sistema Solar y de la Tierra. Posteriormente describiremos c&oacute;mo los astr&oacute;nomos han detectado planetas extrasolares, para luego comentar sobre la teor&iacute;a de la -Tierra rara- y posibles explicaciones del porqu&eacute; los extraterrestres, que han de ser bastante comunes, aun no se dan detectado. </P >     <P   >ORIGEN DE LOS ELEMENTOS QU&Iacute;MICOS </P >     <P   >Los seres vivos est&aacute;n conformados por elementos qu&iacute;micos. Un ser humano, por ejemplo, est&aacute; integrado por ox&iacute;geno, carbono, hidr&oacute;geno y nitr&oacute;geno en un 96% en masa y el 4% conformado por una amplia variedad de elementos qu&iacute;micos m&aacute;s pesados entre los que se encuentran el calcio, el potasio, el f&oacute;sforo y el azufre, solo para nombrar unos cuantos. Una explicaci&oacute;n sobre el origen de las mol&eacute;culas que conforman los seres vivos, demanda primero una explicaci&oacute;n del origen de los elementos qu&iacute;micos en el cosmos.</P >     <P   > En la actualidad casi un&aacute;nimemente se considera que el Universo (materia, espacio y tiempo) surgi&oacute; de un punto singular que, por razones no bien esclarecidas del todo, dio origen a un estado de densidad de energ&iacute;a de enormes temperaturas que r&aacute;pidamente se expandi&oacute; y enfri&oacute; formando con el tiempo las estructuras que actualmente observamos. La teor&iacute;a que explica este proceso se conoce como <I>Big Bang </I>(gran explosi&oacute;n). Su respaldo observacional es fuerte: por un lado, los espectros de galaxias indican que estas se alejan las unas de las otras con una velocidad que es proporcional a la distancia entre ellas (Hubble, 1929) y dado que la fuerza de gravedad tiene un comportamiento atractivo se concluye que en el pasado ellas debieron surgir de alg&uacute;n punto com&uacute;n con una fuerza de gran magnitud que debi&oacute; superar su mutua atracci&oacute;n. Por otro lado, en los a&ntilde;os sesenta del siglo pasado se descubri&oacute; radiaci&oacute;n en microondas que proviene de cada rinc&oacute;n del Universo (Penzias y Wilson, 1965), la cual se interpreta como la radiaci&oacute;n f&oacute;sil originada unos 400.000 a&ntilde;os despu&eacute;s del <I>Big Bang</I>, cuando el Universo ya era lo bastante fr&iacute;o como para que los &aacute;tomos se pudieran formar liberando as&iacute; radiaci&oacute;n electromagn&eacute;tica. </P >     <P   >Recientes medidas observacionales indican que el <I>Big Bang </I>ocurri&oacute; hace 13.7 mil MA de a&ntilde;os (Hinshaw <I>et al</I>., 2009). A causa de nuestro desconocimiento sobre los procesos f&iacute;sicos que suceden a muy altas energ&iacute;as, hay algo de especulaci&oacute;n sobre lo que ocurri&oacute; con el Universo en los primer&iacute;simos instantes transcurridos despu&eacute;s del <I>Big Bang</I>, esto es, a edades inferiores a los 10<Sup>-37 </Sup>segundos. Sin embargo, despu&eacute;s de ese tiempo es posible pronunciarse sobre las posibles condiciones y cambios que se sucedieron. Al parecer ocurri&oacute; un proceso denominado -inflaci&oacute;n c&oacute;smica- (Albrecht y Steinhardt, 1982), en el que el Universo creci&oacute; de forma exponencial. Se cree que a unos 10<Sup>-6 </Sup>segundos del tiempo cero se combinaron part&iacute;culas elementales llamadas quarks y gluones para dar origen a neutrones y protones (siendo este &uacute;ltimo el n&uacute;cleo del &aacute;tomo m&aacute;s abundante del Universo, hidr&oacute;geno). A medida que el Universo se enfri&oacute;, al cabo de pocos minutos de haberse dado la expansi&oacute;n, cuando la temperatura descendi&oacute; a mil millones grados Kelvin, neutrones y protones se fundieron para dar origen a los n&uacute;cleos de deuterio (is&oacute;topo de hidr&oacute;geno consistente en un prot&oacute;n y un neutr&oacute;n) y de helio. En ese momento, el Universo qued&oacute; constituido, en lo que a materia bari&oacute;nica se refiere, en 75% de hidr&oacute;geno y en 25 % de helio, con cantidades muy peque&ntilde;as de litio. En otros t&eacute;rminos, el hidr&oacute;geno y la mayor parte de helio que existe en el Universo se remonta casi al mismo momento en que surgi&oacute; el Universo. La historia del origen de los elementos restantes es m&aacute;s elaborada.</P >     <P   > Al ir expandi&eacute;ndose y enfri&aacute;ndose, el Universo comenz&oacute; a formar estructuras que dar&iacute;an lugar a las galaxias aproximadamente unos 100 millones de a&ntilde;os (MA) despu&eacute;s del <I>Big Bang </I>(Larson y Bromm, 2001). Y en estas, el gas presente (H y He) comenz&oacute; a colapsar masivamente dando origen a las primeras estrellas. Una estrella es en esencia una estructura conformada por gas caliente, dotada de simetr&iacute;a esf&eacute;rica donde ocurren dos fuerzas con sentidos opuestos: la gravedad, que trata de llevar toda la masa hacia el centro, y una fuerza de presi&oacute;n surgida de este que se opone a la primera. Esta &uacute;ltima requiere una fuente de energ&iacute;a de grandes proporciones y cuya naturaleza fue algo dif&iacute;cil de elucidar. En los a&ntilde;os treinta del siglo pasado se demostr&oacute; que en el interior de las estrellas puede ocurrir fusi&oacute;n nuclear en el que n&uacute;cleos de &aacute;tomos livianos se unen, bajo condiciones excepcionales de temperatura y presi&oacute;n, para dar n&uacute;cleos m&aacute;s pesados (Bethe, 1939). En la actualidad se reconocen dos secuencias de fusi&oacute;n nuclear que pueden darse en las estrellas: el ciclo p-p, que funciona preferencialmente en estrellas con masas del orden de la del Sol; para estrellas m&aacute;s masivas se presenta el ciclo denominado CNO. El Sol y estrellas semejantes a &eacute;l funden, la mayor parte de su vida, hidr&oacute;geno para producir helio. Cuando el hidr&oacute;geno se torna escaso en el n&uacute;cleo la temperatura se incrementa a niveles en que el helio, que era un producto de una reacci&oacute;n, pasa a convertirse en materia prima y se funde con otros n&uacute;cleos para producir carbono. Y cuando los n&uacute;cleos de helio se agotan, los mismos n&uacute;cleos de &aacute;tomos de carbono comienzan a generar reacciones que producen n&uacute;cleos de &aacute;tomos m&aacute;s pesados. En otros t&eacute;rminos, la estrella se las arregla para extraer energ&iacute;a de &aacute;tomos cada vez con mayor n&uacute;mero at&oacute;mico. La s&iacute;ntesis de elementos qu&iacute;micos para estrellas de baja masa se detiene hasta carbono y ox&iacute;geno. Pero para estrellas m&aacute;s masivas (superiores a 9 veces la masa del Sol), la estrella continua sintetizando elementos de n&uacute;mero at&oacute;mico cada vez mayor. Pero el proceso tiene l&iacute;mite, cuando finalmente el n&uacute;cleo de estas estrellas masivas produce hierro, sucede algo que condena a la estrella a una muerte violenta. En todas las reacciones vistas hasta ahora los n&uacute;cleos ligeros se funden para producir n&uacute;cleos m&aacute;s pesados y generar con ello energ&iacute;a, la cual a su vez ha servido para sostener la estructura de la estrella y evitar as&iacute; colapso gravitacional. El problema con el hierro es que si bien puede generar &aacute;tomos m&aacute;s masivos, lo hace a costa de consumir energ&iacute;a, no de generarla. Sin una fuente de energ&iacute;a la estrella colapsa repentinamente, liberando energ&iacute;a en forma de una explosi&oacute;n colosal denominada supernova tipo II. Los &aacute;tomos que se han sintetizado al interior de la estrella salen de este modo al medio interestelar.</P >     <P   > Otro mecanismo adicional de enriquecimiento de elementos qu&iacute;micos al medio interestelar lo constituye la eyecci&oacute;n de las capas externas de aquellas estrellas de baja masa en su etapa de gigantes rojas. A trav&eacute;s de ese gas expelido pueden salir los &aacute;tomos sintetizados en las zonas m&aacute;s internas de la estrella. </P >     <P   >ORIGEN DE LAS MOL&Eacute;CULAS </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   >Los &aacute;tomos que han sido sintetizados en los n&uacute;cleos estelares y que con el tiempo pasan a enriquecer el medio interestelar a trav&eacute;s de varios procesos (principalmente de gas expulsado de estrellas gigantes) comienzan a formar mol&eacute;culas. </P >     <P   >Se cree que lo primero que se forma son los denominados granos de polvo de estrellas (<I>stardust</I>) en los que &aacute;tomos como silicio, carbono, hierro y ox&iacute;geno forman n&uacute;cleos densos de naturaleza qu&iacute;mica inerte y altamente refractarios tales como carburo de silicio, grafito y &oacute;xido de aluminio. Este polvo es relativamente resistente al medio hostil que reina entre las estrellas, a causa de las ondas de choque de supernovas cercanas, rayos c&oacute;smicos y radiaci&oacute;n ultravioleta de estrellas calientes. Los granos son importantes ya que sobre su superficie pueden catalizar gran diversidad de reacciones qu&iacute;micas, dando origen, por ejemplo, a hidr&oacute;geno molecular (McCrea y McNally, 1960), agua, etanol y amoniaco (Aikawa <I>et al</I>., 2003). Al mismo tiempo las protege de la destrucci&oacute;n que pueden producir las radiaciones de alta frecuencia. Puede ocurrir tambi&eacute;n que sobre el polvo se formen varios tipos de mol&eacute;culas simples (ej. H2O, CH4, NH3) formando una especie de envoltorio de hielo alrededor del grano. </P >     <P   >Independientemente de la presencia de granos se presentan en el medio interestelar reacciones en fase gaseosa de tipo i&oacute;n-mol&eacute;cula (Herbst y Klemperer, 1973). &Aacute;tomos (y mol&eacute;culas ya formadas) pueden estar ionizados por colisiones con rayos c&oacute;smicos. Ejemplos pueden ser He<Sup>+</Sup>, O<Sup>+ </Sup>y H2<Sup>+</Sup>. A su vez estos iones pueden colisionar con otras mol&eacute;culas y dar origen a mol&eacute;culas neutras a trav&eacute;s de sucesivas reacciones del tipo: A<Sup>+</Sup>+ B -> C<Sup>+ </Sup>+ D. En regiones llamadas nubes moleculares gigantes, que consisten en vastas extensiones de gas molecular (tama&ntilde;os entre 50 y 500 a&ntilde;os luz) y en cuyo interior se forman estrellas, pueden ocurrir una amplia gama de reacciones qu&iacute;micas, favorecidas por la radiaci&oacute;n ultravioleta proveniente de esas estrellas. Esto facilita la formaci&oacute;n de mol&eacute;culas m&aacute;s complejas, desde alcoholes, aldeh&iacute;dos, pasando por hidrocarburos arom&aacute;ticos polic&iacute;clicos (PAH, por sus siglas en ingl&eacute;s).</P >     <P   > Se han descubierto m&aacute;s de 120 mol&eacute;culas en el medio interestelar (y principalmente en las nubes moleculares), b&aacute;sicamente aprovechando el hecho de que emiten fotones de bajas frecuencias a trav&eacute;s de transiciones vibracionales y rotacionales las cuales se detectan utilizando radiotelescopios. De hecho, se ha encontrado de este modo la mol&eacute;cula de glicina (Kuan <I>et al</I>., 2003), un amino&aacute;cido, esto es, uno de los constituyentes fundamentales de las prote&iacute;nas. Recientemente, con ayuda del telescopio infrarrojo Spitzer, se detectaron mol&eacute;culas de la familia de los fulerenos (60 a 70 &aacute;tomos de carbono) en una nebulosa planetaria (Cami <I>et al</I>., 2010).</P >     <P   > Otra forma de estudiar el tipo de mol&eacute;culas org&aacute;nicas que pueden formarse en las nubes moleculares y, espec&iacute;ficamente, en aquella que dio lugar a nuestro sistema solar, es a trav&eacute;s del estudio de meteoritos. De notable importancia es la informaci&oacute;n proveniente del meteorito de Murchison, clasificado como condrita carbon&aacute;cea y que cay&oacute; en Australia en 1969. En &eacute;l se han identificado cerca de 14.000 compuestos moleculares (Schmitt-Kopplin <I>et al</I>., 2010) y entre ellos unos 70 amino&aacute;cidos. Estos son particularmente notables en dicho meteorito, ya que se descubri&oacute; que los mismos est&aacute;n presentes en exceso enantiom&eacute;rico (Engel y Nagy, 1982), lo que tiene profundas implicaciones sobre el origen de la vida en la Tierra. Recientemente se anunci&oacute; el descubrimiento de amino&aacute;cidos al interior del asteroide 2008 TC3, convertido despu&eacute;s en meteorito al impactar con la Tierra y ser recuperado. Lo interesante de estos amino&aacute;cidos es que debieron formarse en ausencia de agua, a causa de la naturaleza violenta del cuerpo parental que produjo el asteroide (Glavin <I>et al</I>., 2010). </P >     <P   >FORMACI&Oacute;N DEL SISTEMA SOLAR </P >     <P   >La observaci&oacute;n sugiere que es en las nubes moleculares (molecular hace referencia a que el hidr&oacute;geno est&aacute; en ese estado) donde ocurre la formaci&oacute;n de estrellas. Al parecer, el hecho de que las temperaturas al interior de ellas sean bajas (~10 &ordm;K) y que sus densidades sean relativamente altas (10<Sup>2</Sup>-10<Sup>3 </Sup>part&iacute;culas/cm<Sup>3</Sup>) hacen que la fuerza de gravedad en ciertos sectores vaya superando la fuerza proveniente de la presi&oacute;n interna de los gases. Si ello ocurre, sucede el colapso gravitacional de la nube. El colapso puede originarse por causas externas: una onda de choque generada por una supernova cercana o la colisi&oacute;n con otra nube molecular. En el proceso del colapso ocurren fragmentaciones subsecuentes de nubes m&aacute;s peque&ntilde;as, tambi&eacute;n en colapso, hasta que dichas nubes alcanzan masas similares a las de una estrella. Como cada fragmento de nube va disminuyendo su tama&ntilde;o, hay un aumento de la energ&iacute;a potencial gravitacional lo que genera energ&iacute;a que se emite hacia el exterior. Es claro entonces que la densidad del gas aumenta con el tiempo, lo que hace opaco al gas y con ello menos eficiente el proceso de difusi&oacute;n de energ&iacute;a al exterior. Llega un momento en donde cada fragmento en colapso es opaco a su propia radiaci&oacute;n. Aqu&iacute; los granos de polvo juegan un papel importante, pues son calentados a temperaturas entre 60-100 &ordm;K lo que les permite irradiar la energ&iacute;a de exceso a trav&eacute;s de longitudes de onda en el infrarrojo, que s&iacute; son transparentes en la nube. Al aumentar la temperatura, las mol&eacute;culas de hidr&oacute;geno se disocian y luego los &aacute;tomos de hidr&oacute;geno y helio se ionizan. En un punto, el n&uacute;cleo se hace convectivo y soporta el peso de la parte exterior (equilibrio hidrost&aacute;tico) logrando con ello detener en un primer momento el colapso (en tal punto el sistema se conoce como protoestrella). La existencia de un disco alrededor de la estrella hace que algo del material contin&uacute;e siendo absorbido por la protoestrella y probablemente algo de &eacute;l sobreviva en forma de protoplanetas. Aunque en un principio la fuente de energ&iacute;a de la protoestrella sigue siendo la contracci&oacute;n gravitacional llega un punto, en el n&uacute;cleo, donde el hidr&oacute;geno entra en fusi&oacute;n y el material que aun no ha ca&iacute;do a la estrella r&aacute;pidamente es expulsado hacia el exterior. Con ello termina la fase protoestelar y se da inicio a la fase denominada de secuencia principal.</P >     <P   > Creemos que un proceso gen&eacute;rico como el que se acaba de describir (de forma por dem&aacute;s bastante simplificada) ocurri&oacute; con el Sol, hace ya 4600 MA. La nube de donde emergi&oacute; el Sol se denomina nebulosa solar. Su disco protoplanetario qued&oacute; perpendicular al eje de rotaci&oacute;n del protosol y se fragment&oacute; en varios anillos que vendr&iacute;an luego a colapsar para formar protoplanetas, los que a su vez recibieron fuertes impactos unos con otros y absorbieron tambi&eacute;n grandes cantidades de polvo y gas. A unos 150 millones de kil&oacute;metros del Sol qued&oacute; situada la prototierra que se form&oacute; alrededor de unos 4.54 mil MA; unos 10 a 20 MA despu&eacute;s se complet&oacute; fundamentalmente el proceso de acreci&oacute;n de la Tierra (Yin <I>et al</I>., 2002).  </P >     <P   >No es nuestro inter&eacute;s comentar aqu&iacute; sobre el problema del origen de la vida en la Tierra,   ya que este t&oacute;pico es examinado en otro art&iacute;culo de este n&uacute;mero. Nos basta con men   cionar que hasta donde sabemos, en nuestro sistema solar la vida parece haber tenido las condiciones adecuadas para su origen y preservaci&oacute;n solo en la Tierra, aunque hay que admitir que la exploraci&oacute;n de nuestro sistema solar ha sido marginal. Por ello no hay que dejar de lado los anuncios de posible actividad biol&oacute;gica en lugares ajenos a la Tierra donde no ser&iacute;a extra&ntilde;o que existiera vida microbiana. Es el caso de Marte y la detecci&oacute;n de metano en su atm&oacute;sfera (Mumma <I>et al</I>., 2009) o el de la ausencia de acetileno en la atm&oacute;sfera de Tit&aacute;n, la luna m&aacute;s grande de Saturno (Clark <I>et al</I>., 2010). </P >     <P   >Casi todos los cuerpos que integran el sistema solar poseen condiciones f&iacute;sicas extremas para un fen&oacute;meno tan relativamente sensible como es la vida. Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; del sistema solar est&aacute; el dominio de las estrellas, en cantidades abrumadoras y que hacen pensar en un n&uacute;mero muy grande de sistemas solares algunos de los cuales puedan albergar planetas similares a nuestra Tierra. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   >ABUNDANCIA DE PLANETAS </P >     <P   >Por bastante tiempo se especul&oacute; sobre la existencia de planetas en torno a otras estrellas, aparte, por supuesto, de nuestro propio sistema solar. Sin embargo, observarlos directamente como puntos luminosos en torno a su estrella materna, como bien cabe esperar fue (y aun hoy lo es para casi todos los casos) una tarea no exenta de gran dificultad debido a que el brillo de una estrella excede del orden de 10<Sup>9 </Sup>el brillo que reflejan sus posibles planetas. Por ello los esfuerzos de los astr&oacute;nomos se han concentrado en detectarlos indirectamente. Los m&eacute;todos indirectos descansan en una simple consideraci&oacute;n: si la estrella, que es lo que el astr&oacute;nomo observa, est&aacute; rodeada por uno o m&aacute;s planetas, su movimiento o su brillo ser&aacute;n afectados por la presencia de estos. Pero esto requiere que la estrella est&eacute; monitoreada continuamente para que las variaciones mencionadas se hagan en el tiempo, evidentes. Existen varios de tales m&eacute;todos indirectos; sin embargo, haremos aqu&iacute; una descripci&oacute;n de solo tres de ellos. Simples consideraciones de orden f&iacute;sico, como el que hace que el centro de masas de un sistema de n cuerpos deba seguir una trayectoria rectil&iacute;nea en el espacio, har&aacute; que una estrella con planetas describa un movimiento zigzagueante, con relaci&oacute;n a las estrellas vecinas. Dicho m&eacute;todo se llama astrom&eacute;trico. Otro m&eacute;todo, que descansa en la misma consideraci&oacute;n f&iacute;sica del primero, esto es, el que se acerque y se aleje con respecto a su movimiento en l&iacute;nea recta en el espacio, crea variaciones sutiles de la velocidad radial de la estrella (la componente de velocidad en la direcci&oacute;n del observador) a causa del efecto Doppler, esto es, la variaci&oacute;n de la frecuencia o longitud de onda que emite la estrella por ser una fuente emisora de radiaci&oacute;n electromagn&eacute;tica en movimiento. Los desplazamientos, muy sutiles y dif&iacute;ciles de detectar, se observan en las l&iacute;neas de absorci&oacute;n presentes en el espectro de la estrella. Este m&eacute;todo, conocido como de velocidades radiales, ha demostrado ser el m&aacute;s exitoso a la hora de descubrir planetas en otras estrellas. El tercer m&eacute;todo, denominado de tr&aacute;nsito, consiste en monitorear cambios peri&oacute;dicos sutiles en la cantidad de luz que llega de la estrella que es debido al paso de un planeta o planetas por en frente del disco estelar (Dvorak, 2008). </P >     <P   >Al iniciar el a&ntilde;o 2011 cerca de 519 planetas extrasolares han sido descubiertos, de los cuales m&aacute;s de 75% han sido descubiertos por el m&eacute;todo de velocidades radiales y un 20% por el m&eacute;todo de tr&aacute;nsito. Los primeros planetas extrasolares (llamados tambi&eacute;n exoplanetas) en ser descubiertos resultaron ser objetos del orden de la masa del planeta J&uacute;piter (cuya masa es 300 veces mayor que la de la Tierra) y a distancias muy cortas de su estrella materna (muchos de ellos ubicados m&aacute;s cerca de lo que est&aacute; Mercurio del Sol). Tal es el caso de 51Pegb, el primer planeta en ser descubierto en una estrella de tipo solar, de masa 0,5 de la J&uacute;piter y con una distancia siete veces menos de lo que est&aacute; Mercurio del Sol (Mayor y Queloz, 1995). </P >     <P   >Esto constituy&oacute; una sorpresa, pues los modelos de sistemas solares de ese entonces predec&iacute;an que los planetas gigantes como J&uacute;piter deber&iacute;an estar a distancias varias veces de la Tierra con respecto al Sol. Debido a la naturaleza de los m&eacute;todos indirectos de detecci&oacute;n, aquellos objetos masivos y con per&iacute;odos orbitales muy cortos (llamados tambi&eacute;n jovianos calientes) fueron los primeros en descubrirse y constituyen por ahora la gran mayor&iacute;a de los exoplanetas hasta ahora descubiertos. Pero con el tiempo se han venido detectando planetas con masas m&aacute;s parecidas a las de Neptuno o incluso menores, del orden de la terrestre. Un estudio reciente que contiene el resultado de la observaci&oacute;n de 166 estrellas de tipo solar concluye que cerca de 23% de las mismas albergan planetas rocosos con masas semejantes a la de la Tierra (Howard, 2010). Considerando que la galaxia posee 2X10<Sup>11 </Sup>estrellas, el n&uacute;mero de planetas parecidos a la Tierra ha de ser de miles de millones solo en la V&iacute;a L&aacute;ctea. </P >     <P   >Sin embargo, el hecho de que existan exoplanetas semejantes al nuestro no significa que necesariamente deba darse el fen&oacute;meno de la vida en cada uno de ellos. Hasta donde se sabe, para que la vida se origine y prospere, es un requisito indispensable la existencia de agua en estado l&iacute;quido (Cataldo y Keheyan, 2003). Y ello requiere que el planeta se ubique dentro de un intervalo de distancia de su estrella materna denominado zona de habitabilidad. En esencia es una zona en torno de la estrella que queda definida por el tama&ntilde;o y la temperatura superficial de la misma dentro de la cual es posible tener una temperatura superficial de un planeta rocoso con valores que hagan posible la existencia de agua en estado l&iacute;quido.</P >     <P   > Puesto que la gran mayor&iacute;a de exoplanetas son del tipo joviano caliente, y solo hasta ahora comienzan a salir a la luz planetas con masas del orden de la de la Tierra se conoce a la fecha solo un exoplaneta (presumiblemente rocoso) dentro de la zona de habitabilidad. Es el caso del planeta Gliese 581g que hace parte de un sistema de seis planetas en torno a una estrella fr&iacute;a situada a 20 a&ntilde;os luz catalogada como Gliese 581 (Vogt <I>et al</I>., 2010). Pero en raz&oacute;n a que existen actualmente varios telescopios en tierra y en el espacio dedicados exclusivamente a la detecci&oacute;n de exoplanetas, tales como la misi&oacute;n Kepler, un observatorio espacial que actualmente monitorea el brillo de 145.000 estrellas por el m&eacute;todo de tr&aacute;nsito, es de esperarse en pocos a&ntilde;os una avalancha de descubrimientos en planetas extrasolares del tipo terrestre algunos de los cuales pueden estar ubicados dentro de la zona de habitabilidad de sus estrellas. </P >     <P   >&iquest;D&Oacute;NDE EST&Aacute;N? </P >     <P   >Admitamos entonces que puede existir un n&uacute;mero muy grande de planetas rocosos, tal y como se&ntilde;alan las observaciones. Potencialmente muchos de ellos tambi&eacute;n pueden ubicarse en la zona de habitabilidad. Extrapolando en tales objetos lo que ha ocurrido en la Tierra con respecto al surgimiento, evoluci&oacute;n biol&oacute;gica y emergencia de seres autoconscientes creadores de cultura y civilizaci&oacute;n, se infiere entonces que en muchos sitios, a lo largo y ancho de la galaxia, deben existir seres an&aacute;logos a los seres humanos. Sin embargo, este razonamiento enfrenta un serio obst&aacute;culo, denominado t&eacute;cnicamente como paradoja de Fermi: si las civilizaciones, muchas de las cuales pueden llevarnos MA de adelanto tecnol&oacute;gico, abundan en el cosmos, entonces, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n? Llevamos en la Tierra varios centenares de a&ntilde;os de desarrollo cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico, con exploraci&oacute;n humana al terreno en un objeto cercano (la Luna) y exploraci&oacute;n rob&oacute;tica de los principales miembros del sistema solar, aunado a la tecnolog&iacute;a para observar y recoger se&ntilde;ales electromagn&eacute;ticas pr&aacute;cticamente a todo lo largo del espectro, habiendo explorado cada rinc&oacute;n de la superficie continental de nuestro planeta y aun as&iacute; no ha sido posible encontrar la m&aacute;s m&iacute;nima evidencia (que resista un an&aacute;lisis serio) que soporte la idea de la existencia de vida inteligente de origen extraterrestre. A estas alturas el lector puede preguntarse: &iquest;y entonces d&oacute;nde coloca usted toda la serie de avistamientos de objetos voladores no identificados al igual que las sugerencias de que algunas de las construcciones realizadas en la antig&uuml;edad, por su grandiosidad y complejidad, hayan sido en realidad construidas por extraterrestres? </P >     <P   >Es cierto que los medios de comunicaci&oacute;n modernos divulgan constantemente este tipo de ideas a un p&uacute;blico que en su mayor&iacute;a es cient&iacute;ficamente analfabeto, permeando en la cultura popular la existencia de seres extraterrestres que no tienen otra cosa mejor que hacer que estar espiando constantemente a los humanos a trav&eacute;s de sus naves espaciales con forma de platillo. Sin embargo, y como ya se dijo, no existe en la actualidad una prueba irrefutable y contrastable que demuestre la existencia de seres extraterrestres, sean estos unicelulares o pluricelulares. </P >     <P   >Una posible soluci&oacute;n al dilema de la ausencia de extraterrestres (cuando deber&iacute;an estar por doquier o al menos manifestar su presencia de forma indirecta) es la denominada hip&oacute;tesis de la -Tierra rara- (Ward y Brownlee, 2000). En esencia, esta idea sostiene que la vida es muy abundante en el Universo, pero la misma se limita, en la gran mayor&iacute;a de los nichos en que se origina, a seres unicelulares o acaso a seres muy simples. Sin embargo, en la Tierra, siguiendo con la idea, han ocurrido toda una serie de -coincidencias- que ha ocasionado no solo que la vida haya surgido y prosperado por casi 4X10<Sup>9 </Sup>a&ntilde;os, dando origen a seres vivos con gran complejidad, sino que ha dado lugar, casi azarosamente, a seres como nosotros. </P >     ]]></body>
<body><![CDATA[<P   >Dentro de las -coincidencias- que se han dado se pueden contar las siguientes: 1. Ubicaci&oacute;n del sistema solar dentro de la zona de habitabilidad gal&aacute;ctica, esto es, a una distancia del n&uacute;cleo de la galaxia lo suficientemente grande como para no sufrir los efectos de episodios violentos y de gran despliegue de energ&iacute;a que suelen darse en esos sitios donde residen agujeros negros supermasivos, pero no tan lejana del centro ya que se requiere que existan elementos qu&iacute;micos pesados, los cuales no son tan abundantes en las zonas externas de la galaxia. 2. Existencia de la explosi&oacute;n c&aacute;mbrica: en la Tierra, las cianobacterias y otros organismos unicelulares y algunos pluricelulares muy simples duraron como due&ntilde;os y se&ntilde;ores del planeta por cerca de 3.500 MA hasta que en un episodio sorprendente la referida explosi&oacute;n acaecida hace 530 MA fue testigo de la aparici&oacute;n, relativamente r&aacute;pida, de organismos macrosc&oacute;picos multicelulares. Se han propuesto varias ideas sobre lo que ocasion&oacute; la explosi&oacute;n que van desde un aumento en la concentraci&oacute;n de ox&iacute;geno en la atm&oacute;sfera hasta la sucesi&oacute;n de periodos de baja temperatura que cubrieron de hielo por entero al planeta, eventos que fomentaron o presionaron evolutivamente a los seres vivos que exist&iacute;an en ese entonces. 3. Existencia de placas tect&oacute;nicas, que permiten mantener los niveles de gases de invernadero (como di&oacute;xido de carbono) a niveles peque&ntilde;os y controlables, lo que hizo aumentar la temperatura de la superficie terrestre de forma moderada (permitiendo agua en estado l&iacute;quido) pero sin llegar al extremo de lo que ocurre con el planeta Venus, cuya temperatura diurna alcanza los 730 &ordm;K. Tambi&eacute;n se ha sugerido que las placas tect&oacute;nicas permiten una diferencia de temperatura a trav&eacute;s del n&uacute;cleo que genera c&eacute;lulas convectivas necesarias para generar el campo magn&eacute;tico terrestre, impidiendo de ese modo que part&iacute;culas cargadas de alta energ&iacute;a (como el viento solar y rayos c&oacute;smicos), muy lesivas para los seres vivos, lleguen directamente a la superficie. 4. Existencia de la Luna terrestre, esto es, de un objeto en torno a la Tierra con una masa relativamente grande en relaci&oacute;n a la masa terrestre (del orden de 1/81) que ha impedido que el eje de rotaci&oacute;n terrestre adquiera un amplio rango de valores e incluso que el planeta termine al rev&eacute;s (como lo est&aacute; en la actualidad Venus). La oblicuidad de la Tierra (&aacute;ngulo entre el eje de rotaci&oacute;n con respecto a la normal del plano ecl&iacute;ptico) se ha mantenido, gracias a la presencia de la Luna, alrededor de 23 grados con amplitudes que no han superado los 2 o 3 grados, lo que ha evitado cambios clim&aacute;ticos catastr&oacute;ficos que de otro modo hubiesen ocurrido, produciendo serias extinciones en masa. 5. Existencia de un planeta masivo m&aacute;s all&aacute; de la Tierra. El planeta J&uacute;piter, situado a 5,2 unidades astron&oacute;micas del Sol, cuya masa es 320 veces la terrestre, y por ende, con un campo gravitacional muy intenso, ha servido como un atractor efectivo de numerosos cuerpos peque&ntilde;os tales como asteroides y cometas. De no existir J&uacute;piter habr&iacute;a un alto flujo de estos cuerpos menores hacia los planetas rocoso-met&aacute;licos, como la Tierra, lo que conlleva a una mayor tasa de colisiones de estos objetos con la superficie terrestre, esto es, a eventos como la extinci&oacute;n KT ocurrida hace 65 MA. </P >     <P   >La implicaci&oacute;n de la hip&oacute;tesis de la Tierra rara es que nuestro planeta constituye un lugar bastante at&iacute;pico en el cosmos, porque ha estado protegido de sucesos energ&eacute;ticos y catastr&oacute;ficos (comunes y constantes) que, a escalas de miles de MA permiti&oacute; el surgimiento de diversas variantes en seres complejos y que a la postre condujo, tal vez por puro azar, a los seres humanos. Sin embargo, si se considera el n&uacute;mero tan enorme de estrellas estimado en la V&iacute;a L&aacute;ctea, desde un punto de vista estad&iacute;stico, el n&uacute;mero de planetas -especiales- (esto es, aun asumiendo la hip&oacute;tesis de Tierra rara) como el nuestro es aun alto. Un estimativo (Bounama <I>et al</I>., 2007) coloca en cerca de 2.5 millones de planetas semejantes a la Tierra solo en la Galaxia y que bien podr&iacute;an dar lugar a seres complejos. En la actualidad hay propuestas de construcci&oacute;n de constelaciones de telescopios espaciales tanto en Europa como en Estados Unidos (misi&oacute;n Darwin y -buscador de planetas terrestres-, respectivamente) que utilizar&iacute;an la t&eacute;cnica de interferometr&iacute;a de la radiaci&oacute;n electromagn&eacute;tica. No solo podr&iacute;an localizar planetas similares a la Tierra sino tambi&eacute;n encontrar evidencia de vida en ellos. Sin embargo, las dos propuestas han quedado a la espera indefinidamente por razones presupuestales. </P >     <P   >No deja de ser entonces perturbador el hecho de que civilizaciones extraterrestres no hayan hecho contacto aun con nosotros cuando todo apunta a que deben ser bastante numerosas. Otra posible explicaci&oacute;n a esta paradoja es la hip&oacute;tesis del zool&oacute;gico (Ball, 1973). Esta propuesta sugiere que los extraterrestres han puesto a la Tierra como planeta bajo observaci&oacute;n, una especie de zona de preservaci&oacute;n o zool&oacute;gico limitando al m&aacute;ximo su interacci&oacute;n con nosotros. </P >     <P    >COMUNIC&Aacute;NDOSE CON LOS EXTRATERRESTRES </P >     <P    >Al margen de las especulaciones anteriores, algunos astr&oacute;nomos han dedicado sus esfuerzos a enviar (y recolectar) se&ntilde;ales de radio con la esperanza de recoger la transmisi&oacute;n de una civilizaci&oacute;n cercana o que esta reciba la que se ha enviado desde la Tierra. Ya desde finales del siglo XIX se sugiri&oacute; la utilizaci&oacute;n de ondas electromagn&eacute;ticas para contactar posibles formas de vida inteligentes. Pero esta idea adquiri&oacute; un respaldo cient&iacute;fico solo hasta mediados del siglo XX (Cocconi y Morrison, 1959) y particularmente con la creaci&oacute;n del proyecto Ozma, la primera iniciativa dentro de lo que se conoce hora como SETI (acr&oacute;nimo en ingl&eacute;s de b&uacute;squeda de inteligencia extraterrestre), un conjunto de actividades realizadas por cient&iacute;ficos de distintas disciplinas quienes buscan contacto con otra civilizaci&oacute;n distinta a la nuestra. Ozma utiliz&oacute; el radiotelescopio de <I>Green Bank </I>para recoger se&ntilde;ales en 1.42 Ghz proveniente de dos estrellas. Desde entonces otros varios radiotelescopios han sido utilizados para recoger y enviar se&ntilde;ales de radio, sin mayores resultados hasta la fecha. Lo &uacute;nico digno de menci&oacute;n de anotar aqu&iacute; es la llamada se&ntilde;al -wow-, la recepci&oacute;n de una transmisi&oacute;n de 72 segundos de duraci&oacute;n recogida en el radiotelescopio <I>The Big Ear </I>de la Universidad Estatal de Ohio el 15 de agosto de 1977 y proveniente de un punto cercano a la estrella Tau Sagitario. Infortunadamente, la se&ntilde;al no se ha vuelto a recibir a pesar de varias observaciones con instrumentos m&aacute;s sensibles (Gray y Marvel, 2001). </P >     <p    >CONCLUSI&Oacute;N </p >     <P    >Los elementos qu&iacute;micos y las mol&eacute;culas que constituyen la base de la vida como la conocemos est&aacute;n por doquier a trav&eacute;s del Cosmos. El n&uacute;mero de planetas que pueden albergar vida es, estad&iacute;sticamente hablando, bastante grande. Y aun as&iacute;, la vida en el Universo parece, por el momento, restringirse solo a la Tierra. Solo es cuesti&oacute;n de tiempo, mientras la ciencia y la tecnolog&iacute;a avanzan, para dejar m&aacute;s all&aacute; de toda duda razonable si el sistema solar es inerte a la vida con excepci&oacute;n de nuestro planeta. Y aunque no se descarta que una civilizaci&oacute;n haga contacto con nosotros en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, la probabilidad de que ello ocurra es baja. Pero de llegarse a presentar, nuestra percepci&oacute;n del mundo cambiar&aacute; a escalas que ni siquiera imaginamos. </P >     <p    >AGRADECIMIENTOS </p >     <P    >El autor agradece las sugerencias de las profesoras Nubia Matta y Martha Bueno as&iacute; como los aportes y recomendaciones de un &aacute;rbitro an&oacute;nimo. </P >     <p    >BIBLIOGRAF&Iacute;A </p >     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P    >AIKAWA Y, OHASHI N, HERBST E. Molecular Evolution in Collapsing Prestellar Cores. II. The Effect of Grain-Surface Reactions. Astrophys J. 2003;593:906-924. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-548X201100030000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >ALBRECHT A, STEINHARDT PJ. Cosmology For Grand Unified Theories With Radiatively Induced Symmetry Breaking. Phys Rev Lett. 1982;48(17):1220-1223. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0120-548X201100030000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >BALL JA. The Zoo Hypothesis. Icarus.1973;19(3):347-349. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0120-548X201100030000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >BETHE H. Energy Production in Stars. PhysRev.1939;55:434-456. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0120-548X201100030000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >BOUNAMA C, VON BLOH W, FRANCK S. How Rare Is Complex Life in the Milky Way?. Astrobiology. 2007;7(5):745-756. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-548X201100030000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >CAMI J, BERNARD-SALAS J, MALEK SE. Detection of C60 and C70 in a Young Planetary Nebula. Science. 2010;329(5996):1180-1182. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S0120-548X201100030000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >CATALDO F, KEHEYAN Y. The Problem of the Origin of Life: A General Survey with a Exobiological Cut. En Studies in Biochemistry and Biochemistry, G.E. Zaikov & V.M.M. Lobo (Editores), Nova Science Publishers, New York; 2003. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0120-548X201100030000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >CLARK RN, CURCHIN JM, BARNES JW, JAUMANN R, SODERBLOM L, <I>et al</I>. Detection and Mapping of Hydrocarbon Deposits on Titan. J Geophysical Res. 2010;115;E10005: doi:10.1029/2009JE003369. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S0120-548X201100030000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >COCCONI G, MORRISON P. Searching for Interstellar Communication. Nature. 1959;184:844-846. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0120-548X201100030000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >DVORAK R. Extrasolar Planets. Darmstadt: Wiley-VCH Verlag GmbH & Co; 2008. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S0120-548X201100030000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >ENGEL MH, NAGY B. Distribution and Enantiomeric Composition of Amino Acids in the Murchison Meteorite. Nature. 1982;296;837-840. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0120-548X201100030000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >GLAVIN DP, AUBREY AD, CALLAHAN MP, DWORKIN JP, ELSILA JE, PARKER ET, <I>et al</I>. Extraterrestrial Amino Acids in the Almahata Sitta Meteorite. Meteorit Planet Sci. 2010;45(10-11):1695-1709. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S0120-548X201100030000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >GRAY R, MARVEL K. A VLA Search for the Ohio State -Wow-. Astrophys J. 2001;546(2):1171-1177. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0120-548X201100030000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >HERBST E, KLEMPERER W. The Formation and Depletion of Molecules in Dense Interstellar Clouds. Astrophys J. 1973;185:505-534. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-548X201100030000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >HINSHAW G. Five Year Wilkinson Microwave Anisotropy Probe (WMAP) Observations: Data Processing, Sky Maps and Basic Results. Astrophys J Suppl Ser. 2009;180(2):225-245. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-548X201100030000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >HOWARD A. The Occurrence and Mass Distribution of Close-in Super-Earths, Neptunes, and Jupiters. Science. 2010;330:653-655. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-548X201100030000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >HUBBLE E. A Relation Between Distance and Radial Velocity Among Extra-Galactic Nebulae. Proc Natl Acad Sci U S A. 1929;15(3):168-173. </P >     &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-548X201100030000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P    >KUAN Y J, CHARNLEY SB, HUANG HC, TSENG WL, KISIEL Z. Interstellar Glycine. 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