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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El concepto de ciencia como sistema, el positivismo, neopositivismo y las "investigaciones cuantitativas y cualitativas"]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The purpose of this paper is to analyze the current epistemological positivism, logical positivism, quantitative and qualitative research related to the concept of science as a system and how are you confused currents specific methods of particular sciences with "quantitative research" and discusses the false tradeoff between the type of research mentioned above.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>El concepto de ciencia como sistema, el positivismo, neopositivismo y las &quot;investigaciones cuantitativas y cualitativas&quot;</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>The science concept as a system, positivism, neopositivism and &quot;quantitative and qualitative research</b></font></p>     <p>V&iacute;ctor Patricio D&iacute;az Narv&aacute;ez<sup>1</sup>,<sup>2</sup></p>     <p><sup>1</sup> Profesor Investigador. Facultad de Odontolog&iacute;a. Universidad San Sebasti&aacute;n. Av. Cumming # 40. Santiago Centro. Chile.</p>     <p><sup>2</sup> Investigador Asociado. Universidad Aut&oacute;noma de Chile. Chile.</p> <hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p><i>El objeto de este trabajo es analizar las corrientes epistemol&oacute;gicas del positivismo, neopositivismo, las investigaciones cuantitativas y cualitativas asociadas al concepto de ciencia como sistema, y c&oacute;mo estas corrientes confunden los m&eacute;todos espec&iacute;ficos de las ciencias particulares con las &quot;investigaciones cuantitativas&quot;. Se analiza la falsa disyuntiva entre el tipo de investigaciones antes descritas.</i></p>     <p><b>Palabras clave: </b>ciencia como sistema, positivismo, investigaci&oacute;n cuantitativa y cualitativa, epistemolog&iacute;a.</p> <hr>     <p><b>Abstract</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>The purpose of this paper is to analyze the current epistemological positivism, logical positivism, quantitative and qualitative research related to the concept of science as a system and how are you confused currents specific methods of particular sciences with &quot;quantitative research&quot; and discusses the false tradeoff between the type of research mentioned above.</i></p>     <p><b>Key words: </b>science as a system, positivism, quantitative and qualitative research, epistemology.</p> <hr>      <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>La controversia en el campo de la filosof&iacute;a, de la teor&iacute;a del conocimiento (gnoseolog&iacute;a o epistemolog&iacute;a) y de la metodolog&iacute;a de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en torno a la construcci&oacute;n del conocimiento se ha desarrollado hist&oacute;ricamente (1). Una de las caracter&iacute;sticas principales de dicha controversia no estriba en el n&uacute;mero y tipos de enfoques (disciplinario, interdisciplinario, transdisciplinario, sist&eacute;mico, complejo, entre otros), dise&ntilde;os (experimental y no experimental) o m&eacute;todos (espec&iacute;ficos para una ciencia determinada) para producir el conocimiento, sino en la fundamentaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n filos&oacute;fica que se realizan a partir de los productos de la aplicaci&oacute;n de estos (2-4). No son los enfoques, los dise&ntilde;os y los m&eacute;todos en s&iacute; mismos los que permiten obtener conocimiento, sino la actividad cient&iacute;fica propiamente tal, y estos dise&ntilde;os y m&eacute;todos act&uacute;an como orientadores y amplificadores de la realidad (5). Es por esta raz&oacute;n que diferentes objetos de investigaci&oacute;n eventualmente pueden ser estudiados con un mismo tipo de ellos e, inversamente, diferentes tipos de enfoques, dise&ntilde;os o m&eacute;todos pueden servir para estudiar un mismo objeto de investigaci&oacute;n. Como consecuencia, el hecho de confundir alguno de ellos (o todos) como el objeto de la actividad cient&iacute;fica o como la fuente esencial de obtenci&oacute;n de conocimientos o ambos a la vez, es confundir la forma con el contenido y constituye un error &quot;metodol&oacute;gico&quot; (hiperbolizaci&oacute;n de una faceta del proceso del conocimiento) (1). Tambi&eacute;n constituye un error la confusi&oacute;n entre la actividad cient&iacute;fica con las posturas epistemol&oacute;gicas, tal como ocurre entre la fase emp&iacute;rica del conocimiento con las epistemolog&iacute;as que hiperbolizan dicha fase en el proceso del conocimiento (1,6). Los enfoques, dise&ntilde;os y m&eacute;todos son indispensables para el desarrollo de la ciencia, pero la ciencia no se reduce a ellos. Por otra parte, se ha discutido el concepto de paradigma en las ciencias en general (7-9). Si entendemos el paradigma como una representaci&oacute;n te&oacute;rica de un objeto, no es posible soslayar que dichos paradigmas est&aacute;n tambi&eacute;n sujetos a la influencia de la posici&oacute;n filos&oacute;fica asumida por el cient&iacute;fico (1,6,10). Como consecuencia, cuando se requiere valorar la &quot;influencia&quot; de ciertas corrientes gnoseol&oacute;gicas <b><i>en la generaci&oacute;n de conocimiento de cualquiera ciencia </i></b>(11-13) se debe conocer y dominar, por una parte, las diferencias conceptuales profundas que existen entre la actividad cient&iacute;fica y la concepci&oacute;n filos&oacute;fica que el cient&iacute;fico adopte para comprender y generalizar las leyes emp&iacute;ricas y te&oacute;ricas generadas y, por otra, el papel y rol que juegan los &quot;m&eacute;todos&quot; en general en el desarrollo del conocimiento. Lo anteriormente expresado no quiere decir que en el proceso de la actividad cient&iacute;fica, los &quot;m&eacute;todos&quot; y la adopci&oacute;n de una concepci&oacute;n del mundo no forman parte de un mismo sistema. Pero atribuirles a los &quot;m&eacute;todos&quot; en general la esencialidad del proceso del conocimiento podr&iacute;a influir negativamente <b><i>en la generaci&oacute;n de conocimiento en cualquiera ciencia. </i></b>En este trabajo se intentar&aacute; transitar por varios conceptos fundamentales (especialmente el de ciencia), que es necesario fijar y, sobre la base de la extensi&oacute;n y del dominio del contenido de estos conceptos, intentar valorar la &quot;influencia&quot; de las corrientes gno-seol&oacute;gicas del positivismo y neopositivismo en el desarrollo de la ciencia en general.</p>     <p><b>Concepto de ciencia</b></p>     <p>Es una forma de conciencia social que se construye hist&oacute;ricamente como un sistema ordenado de conocimientos en forma de conceptos, juicios te&oacute;ricos, hip&oacute;tesis te&oacute;rias y leyes te&oacute;ricas (6). La significaci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico radica en el car&aacute;cter general, universal, necesario y objetivo de su veracidad. Es el producto de sucesivas e infinitas aproximaciones hacia la verdad. Las verdades observadas, obtenidas en instantes hist&oacute;ricamente dados, son absolutas, parciales y relativas al mismo tiempo, las cuales posteriormente son negadas dial&eacute;cticamente por el propio desarrollo cient&iacute;fico. Ejemplo: el mundo es plano; el mundo es &quot;redondo&quot;. La negaci&oacute;n dial&eacute;ctica en este caso consiste en constatar que, efectivamente, el mundo no es plano, sino esf&eacute;rico; sin embargo, un plano cualquiera es una parte de una esfera de di&aacute;metro infinito. La ciencia tiene como objetivo descubrir y estudiar las leyes objetivas; el conocimiento de tales leyes permite orientar la <b><i>actividad te&oacute;rica y pr&aacute;ctica consciente hacia un determinado objetivo y se verifica su existencia objetiva mediante la praxis social. </i></b>Como consecuencia, el progreso de la ciencia consiste en pasar del descubrimiento de nexos de causa-efecto y de conexiones esenciales relativamente simples <b><i>a la formulaci&oacute;n de leyes del ser y del pensar m&aacute;s profundas y esenciales </i></b>(5,6). La ciencia se haya vinculada con la concepci&oacute;n filos&oacute;fica del mundo por el hecho de que la filosof&iacute;a: a) le entrega a la ciencia las leyes m&aacute;s generales del desarrollo del mundo; b) est&aacute; relacionada con la teor&iacute;a del conocimiento (gnoseolog&iacute;a o epistemolog&iacute;a) y c) est&aacute; tambi&eacute;n relacionada con la metodolog&iacute;a de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. La filosof&iacute;a es tambi&eacute;n una ciencia que est&aacute; constituida por un sistema con sus propias categor&iacute;as, principios y leyes; dicho sistema trata sobre las leyes universales de la existencia, el funcionamiento y desarrollo de los procesos y objetos cognoscibles del mundo. Se hayan subordinadas a la filosof&iacute;a tanto el <b><i>ser (naturaleza y sociedad) </i></b>como el <b><i>pensamiento del hombre y el proceso del</i></b> <b><i>conocimiento: </i></b>naturales y sociales (qu&iacute;mica, biolog&iacute;a, qu&iacute;mica-f&iacute;sica, biof&iacute;sica, medicina, ecolog&iacute;a, psicolog&iacute;a, sociolog&iacute;a, enfermer&iacute;a, kinesiolog&iacute;a 'entre otras' y pueden ser ca-tegorizadas como <i>ciencias particulares). </i>La diferencia entre la filosof&iacute;a como ciencia y las ciencias particulares es el dominio que ocupan como objeto de atenci&oacute;n (estas &uacute;ltimas se ocupan del conocimiento de las leyes que rigen regiones y procesos espec&iacute;ficos o m&aacute;s restringidos del mundo objetivo) (1). Como consecuencia de esto, no es posible confundir el objeto de investigaci&oacute;n de la filosof&iacute;a y el objeto m&aacute;s acotado de las otras ciencias, ni mezclar los m&eacute;todos espec&iacute;ficos de dichas ciencias con las posturas epistemol&oacute;gicas derivadas naturalmente de las posiciones filos&oacute;ficas.</p>     <p>Por tanto, no se puede confundir la actividad cient&iacute;fica de una ciencia por otra. <b><i>Mientras que las ciencias particulares tratan de los fen&oacute;menos espec&iacute;ficos que pertenecen al dominio de cada una de ellas, la filosof&iacute;a se ocupa de las generalizaciones m&aacute;ximas posibles de obtener de ellas para ayudarse a explicar lo m&aacute;s general del mundo (incluyendo en ella a la teor&iacute;a del conocimiento o gnoseolog&iacute;a).</i></b></p>     <p><b>Teor&iacute;a del conocimiento (gnoseolog&iacute;a o epistemolog&iacute;a)</b></p>     <p>Trata de las facultades del ser humano para poder alcanzar un conocimiento de la realidad, acerca de las fuentes, de las formas y de los m&eacute;todos del conocimiento, acerca de la verdad y de los caminos para llegar a conocerla (5). La direcci&oacute;n que tome la gno-seolog&iacute;a, como rama de la filosof&iacute;a, tiene que ver exactamente con el hecho de que admitamos la existencia o no del mundo objetivo, pues este es el problema fundamental de la filosof&iacute;a. Por una parte, si el mundo objetivo no existe, entonces este mundo se crea en el proceso de percepci&oacute;n, dado que los objetos son complejos de sensaciones o que el conocimiento es un reflejo de una idea m&iacute;stica; por otra, se acepta que el mundo objetivo existe, pero se dan dos soluciones opuestas: a) que es objetivo, que existe, pero que es incognoscible por diferentes y m&uacute;ltiples razones y b) que es tambi&eacute;n objetivo pero cognoscible (14). Como consecuencia, la soluci&oacute;n que se produzca en torno a la existencia del mundo objetivo tiene un impacto directo sobre la direcci&oacute;n gnoseol&oacute;gica antes nombrada y no solo explica las diferentes posiciones, corrientes y matices que existen en el campo de la gnoseolog&iacute;a en particular, sino tambi&eacute;n de la concepci&oacute;n filos&oacute;fica del investigador en general, todo lo cual permite sistematizar racional y l&oacute;gicamente todas las posiciones que se adopten y los matices y derivaciones que se producen entre las posiciones adoptadas. La clasificaci&oacute;n no tiene importancia en s&iacute; misma, pero el contenido que subyace a la representaci&oacute;n y la influencia que esta podr&iacute;a tener sobre los procesos cognoscitivos implicados en la actividad cient&iacute;fica no es una cuesti&oacute;n menor. Si admitimos que la realidad es &quot;un complejo de sensaciones&quot; o &quot;que es la proyecci&oacute;n en nuestro pensamiento de una idea m&iacute;stica&quot; (idealismo), entonces la ciencia, como la conocemos, poco tiene que hacer, y los datos, hechos y procesos que observamos ser&iacute;an ca&oacute;ticos, pues tal observaci&oacute;n depende exclusivamente del espec&iacute;fico complejo de sensaciones que tiene cada uno de los sujetos. Si la realidad existe, pero no la podemos conocer por diferentes razones, entonces la ciencia tampoco tiene mucho trabajo. El mundo existe, pero no podemos saber con certeza nada acerca de &eacute;l, toda vez que se podr&aacute; indagar en &eacute;l, pero en alguna etapa de esa indagaci&oacute;n surgir&aacute; alg&uacute;n fen&oacute;meno que cercenar&aacute; la posibilidad cognoscitiva de la realidad e impedir&aacute; seguir adelante. Por &uacute;ltimo, si el mundo objetivo existe y admitimos que es cognoscible, independientemente de la dificultad que el proceso de cognici&oacute;n pueda tener por la complejidad del objeto o por estado del desarrollo hist&oacute;rico de una ciencia o ambos al mismo tiempo, entonces la ciencia tendr&aacute; trabajo permanente (y dif&iacute;cil), cuyas verdades parciales ser&aacute;n sometidas a prueba constantemente por la pr&aacute;ctica social de la humanidad.</p>     <p><B>El concepto de ciencia como sistema</B></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La ciencia como sistema est&aacute; constituida por dos fases: emp&iacute;rica y te&oacute;rica (<a href="#g_01">figura 1</a>) (6), las cuales se subdividen solo por motivos descriptivos, pero son dos aspectos indisolubles en el proceso de la actividad cient&iacute;fica. Ambas fases interact&uacute;an entre s&iacute; y contribuyen al conocimiento cient&iacute;fico desde su propio &quot;sustrato&quot; de acci&oacute;n. La fase emp&iacute;rica pretende observar y describir el comportamiento externo de los fen&oacute;menos (caracter&iacute;sticas externas) con la mayor rigurosidad posible, en concordancia con el desarrollo del potencial cognoscitivo de los m&eacute;todos de obtenci&oacute;n de informaci&oacute;n y de la teor&iacute;a asociada al objeto estudiado; mientras que la teor&iacute;a tiene la funci&oacute;n de encontrar las causas esenciales por las cuales los fen&oacute;menos se manifiestan externamente de una forma determinada y no de otra, en condiciones espec&iacute;ficas. Por tanto, desde el punto de vista de su potencial cognoscitivo, la fase te&oacute;rica es capaz de penetrar en las esencialidades de los objetos, a diferencia de la fase emp&iacute;rica, que solo puede abarcar lo externo de los fen&oacute;menos (aspecto fenomenol&oacute;gico).</p>     <p align="center"><a name="g_01"></a><img src="img/revistas/sun/v30n2/v30n2a14f01.jpg"></p>     <p>De esta manera, la fase emp&iacute;rica del proceso del conocimiento cient&iacute;fico tiene como funci&oacute;n primaria la realizaci&oacute;n de los siguientes &quot;pasos&quot;: a) <b><i>La obtenci&oacute;n de datos. </i></b>El concepto de &quot;dato&quot; no debe confundirse con la cerrada acepci&oacute;n de concebirlo asociado estrictamente al de &quot;n&uacute;mero&quot;. El dato es el resultado de la observaci&oacute;n (6) (cualquiera que esta sea) por medios que garanticen una apreciaci&oacute;n objetiva, o cada vez m&aacute;s objetiva, de las <b><i>caracter&iacute;sticas externas </i></b>del fen&oacute;meno. De aqu&iacute; se derivan dos aspectos necesarios de subrayar. El primero es que todo dato debe ser el producto de la aplicaci&oacute;n de un m&eacute;todo que permita obtenerlo. Por tanto, el conocimiento del potencial cognoscitivo de dicho m&eacute;todo, por parte del investigador, le proveer&aacute; de la posibilidad de tener conocimiento (5) de la &quot;profundidad&quot; con que esas caracter&iacute;sticas externas ser&aacute;n descubiertas o descritas. El segundo es que el conocimiento del potencial cognoscitivo del m&eacute;todo no solo es referido a las cualidades emp&iacute;ricas propiamente tales de dichos m&eacute;todos, sino fundamentalmente te&oacute;ricos de los mismos. Con otras palabras, dominar los fundamentos emp&iacute;ricos y te&oacute;ricos de dicho potencial permite aumentar la posibilidad de conocer cu&aacute;les son las manifestaciones externas del fen&oacute;meno de la forma m&aacute;s rigurosa posible para, posteriormente, dar un salto cualitativo en el pensamiento que logre arribar a las esencialidades del objeto estudiado y, tambi&eacute;n, comprender c&oacute;mo esas esencialidades determinan ciertas manifestaciones externas del objeto. Si as&iacute; no ocurriera, entonces ning&uacute;n m&eacute;todo emp&iacute;rico podr&iacute;a garantizar que lo que est&aacute; observ&aacute;ndose es la manifestaci&oacute;n externa de fen&oacute;menos internos. Esta relaci&oacute;n es una de las formas de imbricaci&oacute;n permanente de lo te&oacute;rico y lo emp&iacute;rico en el proceso de la actividad cient&iacute;fica y permea, en un grado u otro, a todos los &quot;pasos&quot; examinados; b) <b><i>Los datos requieren ser &quot;generalizados&quot;. </i></b>Con otras palabras, los datos de observaciones individuales no entregan informaci&oacute;n directa de lo que existe en com&uacute;n de los objetos investigados; ello requiere de m&eacute;todos que permitan generalizarlos y observar en ellos las manifestaciones comunes que existen. Cuando la actividad cient&iacute;fica observa un mismo resultado (una misma generalizaci&oacute;n emp&iacute;rica a partir de los datos) en varias y diferentes investigaciones de un mismo fen&oacute;meno (estudiado bajo las mismas condiciones y con los mismos m&eacute;todos) es posible se&ntilde;alar que esos resultados comunes de observaciones van a constituir los hechos cient&iacute;ficos. Los hechos cient&iacute;ficos tienen caracter&iacute;sticas que han sido estudiadas (14). El concepto de hecho cient&iacute;fico est&aacute; asociado a la obtenci&oacute;n de ciertas proposiciones que reflejan no solo las manifestaciones de caracter&iacute;sticas individuales, sino tambi&eacute;n las interrelaciones, y las interconexiones entre estas caracter&iacute;sticas y entre fen&oacute;menos, los cuales son independientes de las concepciones filos&oacute;ficas o epistemol&oacute;gicas de los sujetos que realizan la actividad cient&iacute;fica. Si los hechos no fueran independientes de las concepciones antes se&ntilde;aladas, entonces existir&iacute;an tantos &quot;hechos&quot; como concepciones individuales, lo cual har&iacute;a imposible el desarrollo de la ciencia. Si la ciencia se ha desarrollado lo suficiente, los datos son el resultado de la medici&oacute;n de un concepto, sus resultados ser&aacute;n num&eacute;ricos y deben ser tratados, a su vez, por m&eacute;todos espec&iacute;ficos para tales efectos (los denominados m&eacute;todos cuantitativos). Si esos datos no pueden ser medidos, debido a que el objeto sujeto a estudio es uno nuevo o relativamente nuevo (un nuevo concepto) y, por tanto, se caracteriza por una nula o pobre evidencia emp&iacute;rica y te&oacute;rica, <b><i>la aproximaci&oacute;n al reconocimiento de las caracter&iacute;sticas externas del fen&oacute;meno estudiado </i></b>requiere de m&eacute;todos diferentes, y en estos pudieran incluirse los denominados m&eacute;todos cualitativos. Un ejemplo es la historia de la construcci&oacute;n del concepto &quot;inteligencia&quot; en psicolog&iacute;a; el cual logra (despu&eacute;s de muchos estudios dirigidos a descubrir las caracter&iacute;sticas externas de su manifestaci&oacute;n) su operacionalizaci&oacute;n mediante el &quot;Coeficiente de Inteligencia&quot; (CI). Este logro no significa que el concepto &quot;inteligencia&quot; est&eacute; definitivamente definido y comprendido en toda su esencia, y es posible que actualmente solo estemos en los inicios de la comprensi&oacute;n profunda de su significado en extensi&oacute;n y contenido. Por tanto, en primera instancia, la diferencia sustancial entre ambos m&eacute;todos (cuantitativos y cualitativos) solo estriba en las diferentes &quot;calidades&quot;, &quot;grados&quot; y &quot;formas&quot; en que abarcan la caracterizaci&oacute;n de la manifestaci&oacute;n externa de la o las esen-cialidades de los objetos de estudio; c) <b><i>Los hechos deben ser explicados </i></b>primariamente desde el &aacute;ngulo emp&iacute;rico. Por tanto, a partir de ellos surgen las hip&oacute;tesis emp&iacute;ricas, las cuales dan razones de por qu&eacute;, tal vez, ciertas caracter&iacute;sticas pudieran comportarse en forma diferente o iguales en grupos &quot;iguales&quot; o &quot;diferentes&quot; de objetos, de c&oacute;mo pudieran distribuirse esas caracter&iacute;sticas en diferentes grupos o familias de grupos o de las asociaciones que puedan existir entre fen&oacute;menos en estos objetos (15,16). La aplicaci&oacute;n de m&eacute;todos de observaci&oacute;n en dise&ntilde;os (experimental y no experimental) es lo que permite entregar informaci&oacute;n relevante para comprobar si las hip&oacute;tesis cient&iacute;ficas (no estad&iacute;sticas) (16) son verdaderas o falsas. Nuevamente hay que hacer notar que el proceso de formulaci&oacute;n de hip&oacute;tesis emp&iacute;ricas requiere de la intervenci&oacute;n de la teor&iacute;a. Por m&aacute;s que el proceso de comprobaci&oacute;n emp&iacute;rica de las hip&oacute;tesis del mismo car&aacute;cter se realice en el plano efectivamente emp&iacute;rico, la necesidad de aplicar o construir nuevos m&eacute;todos que contribuyan a tal tarea implica necesariamente la participaci&oacute;n del conocimiento te&oacute;rico en relaci&oacute;n con el potencial cognoscitivo de estos en conjunto con las leyes esenciales, conocidas hasta el momento, que rigen los fen&o    acute;menos sometidos a observaci&oacute;n; d) <b><i>La comprobaci&oacute;n de las hip&oacute;tesis emp&iacute;ricas </i></b>transforma el hecho cient&iacute;fico en leyes emp&iacute;ricas. La acumulaci&oacute;n de datos, hechos, hip&oacute;tesis emp&iacute;ricas y, fundamentalmente, de leyes emp&iacute;ricas crea las condiciones para que surja <b><i>la necesidad objetiva de la ciencia de explicar el comportamiento de la esencia de esas leyes emp&iacute;ricas </i></b>y, por tanto, <b><i>surge la necesidad de desarrollar la teor&iacute;a. </i></b>Sin embargo, este proceso no se puede entender como una secuencia de ca&iacute;das de fichas apiladas consecutivamente. La acumulaci&oacute;n antes se&ntilde;alada permitir&aacute; crear las condiciones para que sea posible dar un salto en el pensamiento: el pensamiento te&oacute;rico. Sin embargo, los procesos emp&iacute;ricos y te&oacute;ricos no se desarrollan necesariamente en los mismos tiempos, aunque su marcha sea en &quot;paralelo&quot;; todo lo cual explica el comportamiento hist&oacute;rico del desarrollo de la ciencia, consistente en que en determinadas &eacute;pocas y momentos del desarrollo de esta existe una &quot;preponderancia&quot; de un tipo sobre otro.</p>     <p>La fase te&oacute;rica podr&iacute;a ser &quot;subdividida&quot; en las siguientes &quot;pasos&quot;: a) <b><i>elaboraci&oacute;n de conceptos. </i></b>El ladrillo b&aacute;sico del pensamiento te&oacute;rico es la construcci&oacute;n y estructuraci&oacute;n de conceptos (6). Entendemos el concepto como la forma en que la esencia de los fen&oacute;menos puede ser entendida en nuestro cerebro en un proceso complejo de reflejo activo y din&aacute;mico (jam&aacute;s pasivo) (5,6,14,17,18). Los conceptos se desarrollan hist&oacute;ricamente y se elevan en su complejidad desde lo inferior a lo superior. Esta es la raz&oacute;n de por qu&eacute; est&aacute;n siempre en un permanente estado de desarrollo. Un ejemplo son los conceptos de &quot;salud&quot; y &quot;calidad de vida&quot; (19-21). La historia ha demostrado que con el adelanto de las disciplinas como la epidemiolog&iacute;a, salud p&uacute;blica, sociolog&iacute;a, psicolog&iacute;a, enfermer&iacute;a, entre otras, estos conceptos han cambiado, lentamente pero de forma constante, y resulta l&oacute;gico esperar que sean cada vez m&aacute;s complejos su contenido y su extensi&oacute;n. El concepto logra &quot;su realizaci&oacute;n f&iacute;sica, observable&quot; en el lenguaje (22). La funci&oacute;n b&aacute;sica del concepto permite separar mentalmente los objetos del conocimiento mismo de ellos. De esta manera es posible conectar objetos determinados con la ayuda del lenguaje (palabras) y poder operar con las palabras en el proceso de pensamiento en el cual se constata y se procesa el significado de la extensi&oacute;n y contenido de ellos. Todo concepto es una abstracci&oacute;n, pero esto no implica una separaci&oacute;n con la realidad, toda vez que el mismo es el reflejo (activo y din&aacute;mico) de lo esencial de los objetos en nuestro pensamiento. Por tanto, los conceptos pueden ser el reflejo en nuestro pensamiento de esencialidades generales, particulares e incluso de realidades singulares. Pero, al mismo tiempo, debemos considerar que tal reflejo, aunque sea activo y din&aacute;mico, puede ser distorsionado en relaci&oacute;n con una realidad determinada; es decir, puede ser la realidad mal conceptualizada. Precisamente, esta apropiaci&oacute;n relativa, distorsionada o incompleta de un objeto como un todo en su esencialidad contiene en ella misma la soluci&oacute;n del problema de la abarcabilidad distorsionada del objeto sujeto a procesos cognoscitivos. Tal soluci&oacute;n es la revisi&oacute;n permanente y sistem&aacute;tica de los conceptos, en todo proceso de desarrollo de las ciencias, mediante la comparaci&oacute;n de dichas representaciones contenidas en el concepto con los nuevos datos, hechos y leyes emp&iacute;ricas que la ciencia logra descubrir mediante los procesos de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. Esta es una forma de comprobar si estos reflejos son productos de errores que se han cometido en los diferentes procesos involucrados en la actividad cient&iacute;fica: emp&iacute;rico o te&oacute;rico o ambos; b) <b><i>los juicios te&oacute;ricos. </i></b>Es un producto m&aacute;s elevado del pensamiento te&oacute;rico. Son el resultado de la asociaci&oacute;n dial&eacute;ctica de conceptos y, por tanto, son producto de la asociaci&oacute;n entre diferentes esencialidades de los objetos, que permite suponer la existencia de hechos m&aacute;s complejos como son las interconexiones de propiedades y atributos, entre y dentro de objetos, vistos antes de manera aislada. Sin embargo, la interconexi&oacute;n entre diferentes esencialidades no puede provenir de simples agrupamientos y amontonamientos de conceptos realizados an&aacute;rquicamente. Por el contrario, esos juicios debieran representar (al menos potencialmente) el reflejo real de las conexiones y asociaciones entre los objetos que ocurren en la realidad misma, con una mayor o menor complejidad. Es por esta raz&oacute;n que los juicios te&oacute;ricos deben ser siempre sometidos a &quot;comprobaci&oacute;n&quot; te&oacute;rica y emp&iacute;rica. Es decir, sometidos a la l&oacute;gica del pensamiento cient&iacute;fico y contrastados con los adelantos de la ciencia, ambos componentes de la praxis social de la humanidad; c) <b><i>las hip&oacute;tesis te&oacute;ricas. </i></b>Estas se caracterizan por ser las posibles explicaciones te&oacute;ricas m&aacute;s complejas de la existencia de procesos de conexi&oacute;n e interconexi&oacute;n entre los distintos objetos de la realidad. Estas hip&oacute;tesis te&oacute;ricas son cada vez m&aacute;s veros&iacute;miles, en la medida que la fase emp&iacute;rica del conocimiento se desarrolla y va &quot;proveyendo&quot; de evidencia probatoria objetiva (datos, hechos, hip&oacute;tesis emp&iacute;ricas y leyes emp&iacute;ricas) de forma directa o indirecta, de tal forma que la explicaci&oacute;n te&oacute;rica expuesta en las hip&oacute;tesis te&oacute;ricas tiene m&aacute;s verosimilitud en el sentido de que pueden ser efectivamente una abstracci&oacute;n correcta de las concretas esencialidades interconectadas de forma compleja en el concreto objeto estudiado; d) <b><i>las leyes te&oacute;ricas. </i></b>Cuando la evidencia emp&iacute;rica logra una &quot;masa cr&iacute;tica&quot; y dicha masa tiende a apoyar una hip&oacute;tesis te&oacute;rica, entonces aumenta la verosimilitud de esta en t&eacute;rminos suficientes para ser aceptada o cada vez m&aacute;s aceptada. Esto conlleva a la posibilidad de que se produzca un salto cognoscitivo. Lo que fue ayer una hip&oacute;tesis te&oacute;rica, bajo las circunstancias se&ntilde;aladas, se transforma en ley te&oacute;rica. El conocimiento de la ley supone el paso del pensamiento emp&iacute;rico (fenomenol&oacute;gico) a la esencia &uacute;ltima del objeto cognoscente (en un sentido temporal y relativo), y esto solo es posible mediante el pensamiento abstracto. Las leyes te&oacute;ricas, por tanto, son las expresiones de las regularidades que operan dentro y entre las esencialidades de los objetos. Por esta raz&oacute;n, es imposible que el pensamiento emp&iacute;rico pueda dar origen directamente al conocimiento te&oacute;rico; esto requiere que se produzca un salto de lo fenomenol&oacute;gico a la esencia y permite la posibilidad de predecir una cualidad concreta de un objeto concreto mediante las leyes te&oacute;ricas. Dichas leyes siempre reflejar&aacute;n de forma parcial las esencialidades y no &quot;toda la esencia&quot; de un objeto. Por tanto, ser&aacute;n siempre susceptibles de desarrollo y profundizaci&oacute;n. Aunque no es objeto de este art&iacute;culo, el pensamiento te&oacute;rico tiene sus propios m&eacute;todos: an&aacute;lisis y s&iacute;ntesis, inducci&oacute;n y deducci&oacute;n, hipot&eacute;tico-deductivo, an&aacute;lisis hist&oacute;rico y l&oacute;gico, el tr&aacute;nsito de lo abstracto a lo concreto y el de modelaci&oacute;n (6).</p>     <p><B>Niveles de organizaci&oacute;n del mundo</B></p>     <p>Si se consideran como ciertos aquellos postulados que consideran que en la naturaleza (mundo objetivo) existen diferentes tipos de movimiento (1) y que existe, adem&aacute;s, una relaci&oacute;n jer&aacute;rquica entre ellos (unos inferiores y otros superiores) (23, 24), entonces esto implica que los objetos de investigaci&oacute;n, as&iacute; como los m&eacute;todos que se empleen para indagar acerca de dichos objetos y sus caracter&iacute;sticas, no solo var&iacute;an entre s&iacute;, debido a las diversas caracter&iacute;sticas y objetos estudiados dentro de un mismo tipo de movimiento, sino a la profundidad con que se quiera abarcar al objeto de estudio dentro de un propio movimiento y entre movimientos m&aacute;s complejos. Visto de esta manera, quiere decir que el conocimiento tiene dos fuentes posibles: a) las leyes que surgen de la naturaleza de un sistema concreto (f&iacute;sica, qu&iacute;mica, entre otros, y con una mayor o menor complejidad dentro de ellos) y b) las leyes que surgen de la naturaleza de los sistemas complejos o cada vez m&aacute;s complejos (biolog&iacute;a, neurofisiolog&iacute;a, kinesiolog&iacute;a, enfermer&iacute;a, medicina, sociolog&iacute;a, ecolog&iacute;a, entre otros) y que no pueden obtenerse de las leyes descubiertas en sistemas concretos que se corresponden con movimientos del mundo objetivo de orden &quot;inferior&quot; (1, 4, 25-27). Desde luego, en la medida que el movimiento del mundo objetivo que se estudie sea m&aacute;s complejo, esto implicar&aacute; y obligar&aacute; necesariamente al empleo de enfoques y m&eacute;todos cient&iacute;ficos generales e integradores de la ciencia, es decir, m&aacute;s complejos (1). En este tipo de investigaciones se presupone que se utilizar&aacute;n diferentes disciplinas con un enfoque integrativo, tales como el interdisciplinario, bio-psico-social, sist&eacute;mico, complejo y el global (entre otros) (1, 18, 28). Estos enfoques y m&eacute;todos consideran las leyes particulares de cada una de un grupo de disciplinas que se &quot;unen&quot; para tratar de explicar un fen&oacute;meno que en principio no es posible hacerlo a partir de cada una de estas disciplinas consideradas en forma aislada. Esta &quot;uni&oacute;n&quot; tiene el potencial de descubrir nuevas leyes que explican el objeto estudiado desde un &aacute;ngulo y caracter&iacute;sticas nuevas que pueden ser resumidos como el resultado de interacciones complejas que se manifiestan en forma de regularidades. Es claro que tales &quot;uniones&quot; no son la simple suma de leyes y se plantea el concepto de uni&oacute;n en el sentido de una &quot;compleja interacci&oacute;n sin&eacute;rgica&quot; que requerir&aacute; complejas aprehensiones de la realidad con los m&eacute;todos adecuados para tal altura cognoscitiva.</p>     <p>Lo anteriormente planteado supone que existe una correlaci&oacute;n entre formas inferiores y superiores del movimiento: no se puede explicar las s&iacute;ntesis de prote&iacute;nas sin conocer las caracter&iacute;sticas del DNA; no se puede conocer las causas de la depresi&oacute;n si no se conocen las bases neurofisiol&oacute;gicas, psicol&oacute;gicas y sociol&oacute;gicas y la interacci&oacute;n entre estos factores (y muchos), todo lo cual se basa en el principio de la unidad indisoluble entre estos tipos de movimientos mediante la presencia del enlace de la forma superior e inferior (1,6). Es precisamente este enlace el que permite concebir las investigaciones con los enfoques antes descritos, no solo como forma casual en el devenir del desarrollo hist&oacute;rico-gnoseol&oacute;gico del proceso el conocimiento humano, sino que constituye una necesidad, por tanto, una ley que ha comenzado a expresarse independientemente y cada vez con m&aacute;s fuerza en correspondencia con el desarrollo del conocimiento.</p>     <p><B>El empirismo, positivismo y neopositivismo</B></p>     <p>Se ha escrito extensamente en la literatura acerca de las bases filos&oacute;ficas e hist&oacute;ricas del empirismo, positivismo y neopositivismo (29-35). D&iacute;az y Calzadilla (16) han planteado que hasta hoy persiste en la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica la influencia del positivismo y neo-positivismo como la &quot;filosof&iacute;a de la ciencia&quot;. Estos autores se plantean dos preguntas: <i>a) </i>&quot;&iquest;Por qu&eacute; se debe necesariamente considerar a la realidad dividida en acontecimientos, objetos y procesos y no <i>simplemente en otros tipos de fragmentos de dicha realidad tales como objetos o propiedades y relaciones entre propiedades?&quot; </i>y <i>b) </i>&quot;&iquest;C&oacute;mo poder asociar los acontecimientos reales, los objetos y procesos con el conocimiento cient&iacute;fico-te&oacute;rico para que los primeros puedan servir de punto de partida en la elaboraci&oacute;n de la teor&iacute;a cient&iacute;fica y de criterio de aceptabilidad y que la teor&iacute;a pueda lograr explicar los acon<i>tecimientos y procesos reales?&quot;.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como es conocido, nos obligamos a &quot;dividir&quot; la realidad en fragmentos debido a las limitaciones que tenemos para observar dicha realidad como un todo. Tal situaci&oacute;n se debe a las propias limitaciones de los medios de conocimiento, por los procesos de esque-matizaci&oacute;n, idealizaci&oacute;n y especificaci&oacute;n y no porque la propia realidad est&eacute; divida en fragmentos. Por otra parte, estos mismos autores, tratando de definir el concepto de hecho cient&iacute;fico, preguntan lo siguiente:</p>     <p><i>&quot;&iquest;Cambian las propiedades o caracter&iacute;sticas enunciadas anteriormente para el establecimiento de un hecho cient&iacute;fico en la medida de que el n&uacute;mero de conexiones y transiciones del objeto o los objetos analizados se tornan m&aacute;s complejos, dado que el objeto de atenci&oacute;n se torna del mismo modo?&quot;.</i></p>     <p>La respuesta a todas estas preguntas depender&aacute; de los postulados iniciales que se consideren. Si se asumen los postulados de positivistas, neopositivistas o cualquiera de sus variantes, los cuales plantean, en esencia, que &quot;el mundo exterior debe considerarse como una acumulaci&oacute;n infinita, como un simple mont&oacute;n de hechos 'elementales' absolutamente independientes unos de otros, y la 'correcta' definici&oacute;n de cada uno de ellos debe ser independiente de la definici&oacute;n de cualquier otro hecho (11,17), entonces &quot;el estudio cient&iacute;fico del mundo&quot; se limitar&aacute; a la uni&oacute;n puramente formal y verbal de un c&uacute;mulo de hechos sueltos, mediante su puesta en un mismo t&eacute;rmino bajo un mismo &quot;com&uacute;n&quot; (14). Este &quot;com&uacute;n&quot;, interpretado como &quot;significaci&oacute;n del t&eacute;rmino o signo&quot;, siempre resultar&aacute; algo completamente arbitrario o &quot;establecido de antemano por acuerdo&quot;, es decir, &quot;convencional&quot; (14). Como consecuencia, lo com&uacute;n (la unidad y la identidad), como &uacute;nico resultado de la elaboraci&oacute;n &quot;cient&iacute;ficamente l&oacute;gica&quot; de los &quot;hechos elementales&quot;, no es el resultado de la realidad, sino de la &quot;significaci&oacute;n del t&eacute;rmino&quot;, convencionalmente establecido de antemano (17). La consecuencia que tiene para la ciencia estos postulados no es poco relevante. Bajo esta concepci&oacute;n, los objetos simples, menos aun los complejos, no podr&iacute;an abarcarse, puesto que las posturas epistemol&oacute;gicas planteadas niegan la posibilidad de interconexiones profundas sujetas a leyes entre los hechos que existen. Planteadas as&iacute; las cosas, la filosof&iacute;a no podr&iacute;a constituirse como una herramienta m&aacute;s del conocimiento, toda vez que las conexiones reales de la realidad misma no existen y son el resultado solo de las significaciones de los t&eacute;rminos. Y no solo la filosof&iacute;a, de esta forma, si estas corrientes gnoseol&oacute;gicas tuvieran raz&oacute;n, ser&iacute;a imposible explicar los fen&oacute;menos estudiados por las ciencias disciplinarias y, aun menos, por las ciencias m&aacute;s complejas como son las ciencias de las salud y sociales (32), dado que estas son el resultados de complejas interacciones de numerosos factores que ocurren en la realidad misma, donde el peso espec&iacute;fico de algunas de ellas puede mantenerse relativamente constante en el tiempo, mientras que otras pueden variar de una forma suave o brusca en ella.</p>     <p>Como consecuencia de todo lo anteriormente expresado resulta interesante preguntarse si la epistemolog&iacute;a positivista y neopositivista realmente ha sido beneficiosa para el desarrollo de las disciplinas de la salud como ciencias. El empirismo, que reconoce el mundo objetivo, no es m&aacute;s que la hiperbolizaci&oacute;n de la fase emp&iacute;rica y niega toda forma de conocimiento te&oacute;rico (5,36). El positivismo considera que no existe otro conocimiento que el que proviene de la experiencia, por tanto, niega la posibilidad de que la teor&iacute;a puede ser una fuente de conocimiento y, es m&aacute;s, niega la posibilidad de que la filosof&iacute;a pueda contribuir al conocimiento cient&iacute;fico (5,14,37). El neopositivismo es una simple reducci&oacute;n de la filosof&iacute;a al an&aacute;lisis del lenguaje (5, 14, 38,39). En resumen, el positivismo y el neopositivismo son solo formas, matices o versiones del empirismo.</p>      <p>Los problemas materiales y las necesidades reales que tiene la sociedad juegan un papel esencial en el desarrollo de la ciencia. Como consecuencia, el desarrollo de la ciencia est&aacute; determinado por dos factores: objetivos y subjetivos (6). A su vez, los factores objetivos est&aacute;n determinados por el requerimiento que la sociedad hace a la ciencia para que esta resuelva sus problemas y, adem&aacute;s, por las soluciones que se realizan en su propio seno a partir de las contradicciones internas que se producen dentro de ella, las cuales despiertan el inter&eacute;s permanente y constante de los cient&iacute;ficos en tratar de encontrarles soluci&oacute;n. Aeste proceso se le domina l&oacute;gica interna del desarrollo de la ciencia (6). Este rasgo constituye el motor impulsor fundamental del progreso posterior de la ciencia y est&aacute; sujeta a ley. Los factores subjetivos son aquellos asociados a los procesos de apropiaci&oacute;n cognoscitiva del mundo circundante, las caracter&iacute;sticas de la personalidad, los intereses particulares del sujeto cognoscente, la formaci&oacute;n &eacute;tica y moral del cient&iacute;fico o colectivo de cient&iacute;ficos. Una cualidad fundamental del investigador es su motivaci&oacute;n intr&iacute;nseca por la ciencia, su preocupaci&oacute;n por solucionar los problemas de la sociedad e impulsar su desarrollo. Este tipo de motivaci&oacute;n interna es el resultado de <i>la <b>interiorizaci&oacute;n por el sujeto de las demandas de la ciencia y de las necesidades humanas (pr&aacute;ctica social); lo social-significativo adquiere el car&aacute;cter de personal-significativo, </b></i>y se manifiesta en necesidades cognoscitivas de exploraci&oacute;n de nuevos aportes al desarrollo cient&iacute;fico, que inducen al sujeto a trabajar y solucionar problemas reales de la humanidad con creatividad y efectividad (6).</p>     <p>Las ciencias particulares (y sus procesos) se caracterizan por su relativa autonom&iacute;a de la influencia de otros &quot;factores&quot; &quot;ajenos&quot; a ella, como la filosof&iacute;a y la epistemolog&iacute;a. Por tanto, dichas ciencias no requieren, al menos directamente, de est&iacute;mulos externos de este tipo para impulsar su desarrollo (fuera de los descritos anteriormente), lo cual no significa que estos no puedan influir en la <b><i>direcci&oacute;n general de la interpretaci&oacute;n </i></b>de los resultados que emanan de estas ciencias, pero ellas no se rigen por principios extr&iacute;nsecos.</p>     <p>Seguel-Palma et al. (11) plantean que &quot;Las metodolog&iacute;as investigativas positivistas y pospositivistas son las m&aacute;s utilizadas por los profesionales de enfermer&iacute;a, en concordancia con el paradigma existente...&quot; En este juicio se habla de la &quot;metodolog&iacute;as investigativas positivistas y pospositivistas&quot;, pero no se entiende, o no fue explicado en dicho art&iacute;culo cu&aacute;les son estas &quot;metodolog&iacute;as&quot;. En general, si esta referencia est&aacute; asociada a la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica (figura 1), es claro que la fase emp&iacute;rica de la ciencia no est&aacute; relacionada para nada con el positivismo y neopositivismo (ni con ninguna epistemolog&iacute;a y filosof&iacute;a), y los m&eacute;todos que desarrolla la fase emp&iacute;rica de la ciencia son metodolog&iacute;as espec&iacute;ficas de las propias ciencias particulares y caracter&iacute;sticas de la fase emp&iacute;rica de ellas. No existe nada m&aacute;s desligado de la epistemolog&iacute;a que una electroforesis. Por tanto, esta sentencia expresa una confusi&oacute;n entre la fase emp&iacute;rica asociada a las propias ciencias particulares (y con los m&eacute;todos que desarrollan ellas mismas) en relaci&oacute;n con los principios epistemol&oacute;gicos que sustentan el positivismo, el pospositivismo, los cuales hiperbolizan los procesos emp&iacute;ricos (o una fase interna de ellos), atribuy&eacute;ndole la fuente esencial del conocimiento humano.</p>     <p>La determinaci&oacute;n del mundo &quot;por fragmentos&quot; inconexos o la adquisici&oacute;n de conocimientos mediante el &quot;dato sensorial&quot; y que todo lo que se encuentra &quot;detr&aacute;s&quot; del dato son &quot;seudoproblemas metaf&iacute;sicos&quot; (40) es una concepci&oacute;n que no influye para nada en la investigaci&oacute;n emp&iacute;rica (a no ser que el cient&iacute;fico haga interpretaciones epistemol&oacute;gicas en forma posterior a los hechos observados por &eacute;l); por el contrario, atenta directamente con la posibilidad de desarrollar la teor&iacute;a (1,6).</p>     <p>Si partimos de la base de que existe una conexi&oacute;n regular general de los fen&oacute;menos del universo y dicha &quot;... conexi&oacute;n universal general de todos los fen&oacute;menos se refleja precisamente tambi&eacute;n en forma de conexi&oacute;n universal general de las distintas ramas y partes del conocimiento cient&iacute;fico &uacute;nico del hombre sobre el mundo&quot; (18), quiere decir que hay que considerar seriamente la circunstancia de que las conexiones entre los fen&oacute;menos de la realidad pueden expresarse en forma directa o intermediada.</p>     <p>Algunos fen&oacute;menos que est&aacute;n directamente relacionados entre s&iacute; aparecen como relaciones de causa-efecto. Pero adem&aacute;s de los fen&oacute;menos conectados directamente uno con el otro <b><i>existen conexiones m&aacute;s alejadas, </i></b>las cuales tambi&eacute;n tienen que reflejarse en el sistema de las ciencias, debido a que las ciencias m&aacute;s alejadas se conectan entre s&iacute; por eslabones intermedios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los estudios realizados para proponer m&eacute;todos y enfoques con objeto de tratar de reflejar de alguna manera la variedad y complejidad de las conexiones que existen dentro y entre los objetos de estudio (40-44) permiten confirmar no solo el car&aacute;cter de las conexiones, sino su existencia real. De otra manera no ser&iacute;a de inter&eacute;s de los cient&iacute;ficos poner atenci&oacute;n a la formulaci&oacute;n de nuevos m&eacute;todos y enfoques que permitan elaborar hechos cient&iacute;ficos complicados en su regi&oacute;n del conocimiento. Como consecuencia, es dif&iacute;cil inferir si las premisas antes establecidas son ciertas, que las posturas epistemol&oacute;gicas positivistas y sus derivaciones puedan ser &quot;&uacute;tiles&quot; para el desarrollo de las diferentes disciplinas; toda vez que los mismos atentan contra toda posibilidad de conocer el mundo mediante el desarrollo te&oacute;rico. Esa limitaci&oacute;n no ha sido ajena a profesionales e investigadores, y varios autores (con toda legitimidad cient&iacute;fica y preocupaci&oacute;n te&oacute;rica) han llamado la atenci&oacute;n sobre la necesidad de desarrollar la teor&iacute;a en aquellas disciplinas que a&uacute;n son &quot;j&oacute;venes&quot; en el desarrollo hist&oacute;rico de la ciencia (45-47), no solo por la necesidad objetiva de &quot;llenar un vac&iacute;o&quot;, sino como la principal forma requerida para profundizar en las complejidades de las disciplinas cient&iacute;ficas, complejidades que abarcan varias dimensiones y complejas interacciones (48).</p>     <p><b>Investigaciones cuantitativas y cualitativas: &iquest;confusi&oacute;n conceptual y falsa dicotom&iacute;a?</b></p>     <p>Saavedra y Castro (49) plantean que &quot;En el enfoque cuantitativo tradicional, apoy&aacute;ndose en las bases del positivismo, encontramos una fuerte divisi&oacute;n entre el sujeto que investiga y el objeto del conocimiento&quot;. Este juicio denota la confusi&oacute;n de los defensores de la &quot;investigaci&oacute;n cualitativa&quot; acerca de lo que es una &quot;investigaci&oacute;n cuantitativa&quot;. En primer lugar, el &quot;enfoque cuantitativo tradicional&quot; (y cualquier enfoque cient&iacute;fico) no se apoya en las bases del positivismo, ni de ninguna epistemolog&iacute;a en general, sino en la necesidad de describir los objetos que existen en la realidad, y que tal descripci&oacute;n se puede realizar, en primera instancia y entre otras formas, mediante la medici&oacute;n de las caracter&iacute;sticas externas del objeto. Por otra parte, se apoya en las leyes del desarrollo de la ciencia y, espec&iacute;ficamente, en el desarrollo de la l&oacute;gica interna (antes descrita), la cual es independiente de toda gnoseolog&iacute;a. El positivismo, como se ha constatado anteriormente, es una forma de interpretaci&oacute;n del producto de los conocimientos que genera la ciencia, como lo hace cualquier epistemolog&iacute;a. No solo la ciencia no se apoya en el positivismo, sino, como se ha planteado en este trabajo, el positivismo es una forma de la teor&iacute;a del conocimiento que se opone al desarrollo de la ciencia al oponerse a su desarrollo te&oacute;rico; como consecuencia, es leg&iacute;timo plantearse si existe una disciplina que considere con seriedad renunciar a su desarrollo te&oacute;rico. En segundo lugar, la &quot;investigaci&oacute;n cuantitativa&quot; no es toda la investigaci&oacute;n que desarrolla la ciencia. Por tanto, arribamos a otra confusi&oacute;n: la ciencia no se reduce a la &quot;investigaci&oacute;n cuantitativa&quot;. La ciencia se ocupa de conocer el mundo objetivo con toda su riqueza y complejidad, y para ello emplea todos los enfoques, dise&ntilde;os y m&eacute;todos necesarios, con la condici&oacute;n de que estos m&eacute;todos puedan caracterizar de un modo objetivo, o lo m&aacute;s objetivamente posible (en t&eacute;rminos hist&oacute;ricos), las caracter&iacute;sticas externas del fen&oacute;meno, sin permitir que las limitaciones de la propia ciencia puedan dar cabida a formas no cient&iacute;ficas del conocimiento (el experimento de Hershey-Chase no requiri&oacute; de ning&uacute;n &quot;dato num&eacute;rico&quot; para descubrir la funci&oacute;n del DNA, y a pesar de los positivistas y otras derivaciones de esta epistemolog&iacute;a, se requiri&oacute; mucho conocimiento te&oacute;rico). Luego, uno o varios de estos enfoques, dise&ntilde;os o m&eacute;todos pueden tener la caracter&iacute;stica de poseer la capacidad de medir el fen&oacute;meno que se estudia debido al desarrollo del conocimiento de ese objeto. En tercer lugar, la ciencia (&iquest;&quot;la investigaci&oacute;n cuantitativa&quot;?) no plantea que exista una &quot;fuerte divisi&oacute;n entre el sujeto que investiga y el objeto del conocimiento&quot;. Lo que plantea es que, a pesar de que el mundo objetivo es dif&iacute;cil de captar por parte del sujeto cognoscente, es posible para &eacute;l conocerlo y que existen, adem&aacute;s, los mecanismos necesarios para comprobar si ese conocimiento es correcto o no lo es. Por el contrario, la &quot;investigaci&oacute;n cualitativa&quot; se basa en la imposibilidad de conocer el mundo objetivo sobre la base, en esencia, de que el conocimiento opera como un sistema determinado solo desde el interior mediante sus propias estructuras y que esto trae como consecuencia que el observador no puede dar explicaciones de la realidad, sino de las que han sido producidas por sus propias operaciones y que ocasionan un cambio estructural determinado en su estructura, debido a lo cual existen tantas explicaciones como observadores participen en ellas (50-53). Si somos consecuentes con este pensamiento, entonces no tendremos la m&aacute;s m&iacute;nima oportunidad de abarcar la realidad y, mucho menos, de establecer hechos cient&iacute;ficos simples o complejos, pues estaremos impedidos de saber si una de esas tantas explicaciones se corresponde con una realidad com&uacute;n (y objetiva, adem&aacute;s) y si el proceso de establecimiento del propio hecho cient&iacute;fico vaya incidiendo sobre un observador en forma distinta respecto a otro, en virtud de que en cada uno de ellos se producen operaciones singulares que ocasionan cambios estructurales singulares de su propia singular estructura (6,14). Esta concepci&oacute;n tiene mucho de agnosticismo, entendiendo por tal aquella tendencia filos&oacute;fica que admite la existencia de la realidad objetiva pero, a su vez, se&ntilde;ala la imposibilidad de conocerla (5), es decir, una suerte de solipsismo.</p>     <p>Como consecuencia de lo expresado anteriormente, existe un falso problema: la oposici&oacute;n entre &quot;investigaci&oacute;n cuantitativa e investigaci&oacute;n cualitativa&quot;. Este falso problema ha sido descrito por algunos autores (54-56), y refleja esencialmente el hecho de que los seguidores de la &quot;investigaci&oacute;n cualitativa&quot; pretenden atribuirles a los procesos cient&iacute;ficos una influencia epistemol&oacute;gica que no es capaz de reflejar toda la realidad existente y que es necesario &quot;otro tipo de investigaciones&quot; que permita &quot;construir una realidad&quot; que, al mismo tiempo, carece de posibilidades de conocerse a s&iacute; misma. Al mismo tiempo, consideran que las &quot;investigaciones cuantitativas&quot; son influidas por epistemolog&iacute;as determinadas, pero no describen cu&aacute;les son las epistemolog&iacute;as que influyen en las &quot;investigaciones cualitativas&quot;. Por tanto, concretamente no existen las &quot;Investigaciones cuantitativas y cualitativas&quot;, y en esto el autor de este trabajo coincide con Campos (55). Lo que existe son m&eacute;todos cualitativos y cuantitativos que tratan de abarcar la realidad en concordancia con las caracter&iacute;sticas del objeto estudiado, m&eacute;todos que pertenecen a la fase emp&iacute;rica de la ciencia.</p>     <p>La aplicaci&oacute;n de los m&eacute;todos cualitativos es una necesidad cuando el objeto no es conocido o cuando efectivamente las caracter&iacute;sticas del objeto lo requieren. En cualquier caso, los m&eacute;todos cualitativos ser&aacute;n efectivos si pueden desentenderse de su carga epistemol&oacute;gica y focalizan su atenci&oacute;n al desarrollo de su potencial cognoscitivo para que los mismos puedan ser capaces de descubrir nuevas caracter&iacute;sticas emp&iacute;ricas en los objetos de su atenci&oacute;n. Con el devenir del desarrollo de la ciencia, los m&eacute;todos cuantitativos, en aquellos casos que sea pertinente, se transforman en natural relevo de los cualitativos, pues del &quot;descubrimiento&quot; hay que pasar a la descripci&oacute;n de lo descubierto, y tal acto, en alg&uacute;n momento, es la estricta medici&oacute;n de las caracter&iacute;sticas del objeto estudiado (6). En otros casos, el objeto estudiado requiere la participaci&oacute;n inmediata y directa de los cuantitativos para su descripci&oacute;n.</p>      <p>De lo expresado anteriormente se desprende que no existen las &quot;investigaciones cuantitativas y cualitativas&quot; con el car&aacute;cter del contenido de la definici&oacute;n que manejan los defensores de las &quot;investigaciones cualitativas&quot;. Coincidimos con Campos nuevamente (55) cuando plantea que existen dos grandes grupos de investigaci&oacute;n: los que se realizan con m&eacute;todos experimentales y los efectuados con m&eacute;todos no experimentales. Este autor clasifica los m&eacute;todos cualitativos dentro de los &quot;estudios de campo&quot; en las investigaciones no experimentales. Esta clasificaci&oacute;n obedece al concepto de &quot;dise&ntilde;o de la investigaci&oacute;n&quot;. Sin embargo, esta descripci&oacute;n es insuficiente porque las investigaciones se pueden clasificar, adem&aacute;s, en concordancia con el grado de profundidad con que se requiera hacer una investigaci&oacute;n y dependen del grado de desarrollo que pueda existir en una disciplina determinada. Estas pueden ser clasificadas como &quot;tipos de investigaci&oacute;n&quot;: exploratorias, descriptivas, correlacionales y explicativas (6). Las exploratorias tienen como finalidad &quot;descubrir&quot; potenciales variables de inter&eacute;s. Por tanto, cualquier disciplina que tenga poco desarrollo te&oacute;rico requiere intensificar las investigaciones de este tipo, puesto que estas proporcionar&aacute;n a dicha disciplina nuevos potenciales conceptos y obligar&aacute; a la misma a desarrollar los otros tipos de investigaci&oacute;n. En este contexto, las investigaciones cualitativas pueden tener un gran campo de acci&oacute;n y sus justificaci&oacute;n no requiere de fundamentos epistemol&oacute;gicos situados en el entorno del solipsismo para demostrar su potencial. Por tanto, el esclarecimiento del significado de lo que es llamado &quot;investigaciones cuantitativas y cualitativas&quot; es de mucha importancia para las disciplinas cient&iacute;ficas del &aacute;rea de las ciencias de la salud (entre otras), por el &quot;simple hecho&quot; de que: a) en ambas convergen sin&eacute;rgicamente distintas disciplinas y b) el objeto de investigaci&oacute;n es, por tanto, complejo. Como consecuencia, es necesario tener la preparaci&oacute;n y la capacidad para poder <b><i>aplicar los m&eacute;todos adecuados en concordancia con las caracter&iacute;sticas concretas del fen&oacute;meno estudiado, de tal manera que el movimiento siempre se realiza desde le objeto al m&eacute;todo y no desde el m&eacute;todo al objeto. </i></b>En este sentido es como se explican las conclusiones de Oliva y Buhring (57) al analizar la evidencia en salud y las limitaciones que tiene la investigaci&oacute;n cualitativa para producir tal evidencia; sin embargo, estos autores se limitan a describir las consecuencias de las limitaciones, pero no las causas que las producen. Por otra parte, lo expuesto no es menor, dado que existen disciplinas como la enfermer&iacute;a y la kinesio-log&iacute;a (a modo de ejemplo) que requieren de desarrollo te&oacute;rico, pero para tal desarrollo es necesaria la acumulaci&oacute;n del material emp&iacute;rico suficiente que permita ir fundamentando y estimulando el desarrollo te&oacute;rico. Y esta es una necesidad sujeta a ley, v&aacute;lida para cualquier disciplina cient&iacute;fica por &quot;simple&quot; o compleja que esta sea.</p>     <p><b>Conflicto de inter&eacute;s: </b>ninguno.</p>     <p><b>Financiaci&oacute;n: </b>recursos propios.</p> <hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>1. D&iacute;az-Narv&aacute;ez VP, Calzadilla A. El Reduccionismo, Antirreduccionismo y el papel de los enfoques y m&eacute;todos generales del conocimiento cient&iacute;fico. <i>Revista de Ciencias Sociales Cinta de Moebio </i>2001. Disponible en: URL: <a href="http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/scr/inicio/ArtPdfRed.jsp?&iexcl;Cve=10101108" target="_blank">http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/scr/inicio/ArtPdfRed.jsp?&iexcl;Cve=10101108</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0120-5552201400020001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Baquedano S. &iquest;C&oacute;mo logra Schopenhauer tomar conciencia de la voluntad en cuanto a la cosa en s&iacute;? <i>Revista de Filosof&iacute;a </i>2011; 67:10921.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-5552201400020001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>3. Santib&aacute;&ntilde;ez C. Ciencia, Inconmensurabilidad y Reglas: Cr&iacute;tica a Thomas Kuhn. <i>Revista de Filosof&iacute;a </i>2008; 64: 163-82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0120-5552201400020001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4. Lorenzano P. Leyes fundamentales y leyes de la biolog&iacute;a. <i>Scientae Studia </i>2007; 5 (2): 185-214.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-5552201400020001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Rosental M, Iudin P. <i>Diccionario Filos&oacute;fico. </i>Argentina: Ediciones Universo; 1973.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0120-5552201400020001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. D&iacute;az Narv&aacute;ez VP. <i>Metodolog&iacute;a de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y bioestad&iacute;stica para profesionales y estudiantes de Ciencias de la Salud. </i>2<sup>a</sup> ed. Santiago de Chile: RiL Editores; 2009.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0120-5552201400020001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>7. Sanabria L, Otero M, Urbina O. Los paradigmas como base del pensamiento actual en la profesi&oacute;n de enfermer&iacute;a. <i>Rev Cubana Educ Med Sup </i>2002; 16(4); 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0120-5552201400020001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Trivi&ntilde;o Z, Sanhueza O. Paradigmas de Investigaci&oacute;n en Enfermer&iacute;a. <i>Ciencia y enfermer&iacute;a </i>2005; 11(1):17-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0120-5552201400020001400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9. Irigibel-Uriz X. Paradigmas de enfermer&iacute;a (no) posibles. <i>La necesidad de la ruptura extraordinaria </i>2010; 19 (4): 274-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-5552201400020001400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Corona L, Fonseca M, Hern&aacute;ndez Y. Vinculaci&oacute;n de los fundamentos filos&oacute;ficos del m&eacute;todo de simulaci&oacute;n con la modelaci&oacute;n como m&eacute;todo cient&iacute;fico general de investigaci&oacute;n. <i>Rev Cubana Educ Med Super </i>2002; 16 (3): 204-210.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-5552201400020001400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Seguel-Palma F, Valenzuela-Suazo S, Sanhueza-Alvarado O. Corriente epistemol&oacute;gica positivista y su influencia en la generaci&oacute;n del conocimiento en enfermer&iacute;a. <i>Aquich&aacute;n </i>2012; 12 (2): 160-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-5552201400020001400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>12. Bueno LS. Aspectos ontol&oacute;gicos y epistemol&oacute;gicos de las visiones de enfermer&iacute;a inmersas en el quehacer profesional. <i>Ciencia y Enfermer&iacute;a </i>2011; 17(1): 37-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-5552201400020001400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. Dur&aacute;n MM. Marco epistemol&oacute;gico de la enfermer&iacute;a. <i>Aquich&aacute;n </i>2002; 2 (2): 7-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-5552201400020001400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14. D&iacute;az-Narv&aacute;ez VP, Calzadilla A, L&oacute;pez H. Una aproximaci&oacute;n al concepto de hecho cient&iacute;fico. <i>Rev Austral de Ciencias Sociales</i> 2005; 8:3-16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-5552201400020001400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. P&aacute;jaro-Huertas D. <i>La Formulaci&oacute;n de Hip&oacute;tesis. </i>Cap. 9. Epistemolog&iacute;a de las Ciencias Sociales. Francisco Osorio (editor). Ediciones Universidad Cat&oacute;lica Silva Henr&iacute;quez; 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-5552201400020001400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. D&iacute;az-Narv&aacute;ez VP, Calzadilla A. La hip&oacute;tesis y la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en las ciencias m&eacute;dicas y biol&oacute;gicas. <i>Salud Uninorte </i>(Barranquilla, Colombia) 2009; 25 (2): 362-73.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-5552201400020001400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>17. Ili&eacute;nkov E V. <i>L&oacute;gica Dial&eacute;ctica. </i>La Habana: Editorial de Ciencias Sociales; 1984. p. 22-53&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-5552201400020001400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Kedrov BM. <i>Clasificaci&oacute;n de las Ciencias, </i>t. I. Mosc&uacute;: Editorial Progreso; 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-5552201400020001400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>19. Schwartzmann L. Calidad de vida relacionada con la Salud: Aspectos conceptuales. <i>Cienc Enfermer </i>2003; 9 (2): 9-21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-5552201400020001400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. Padilla G. Calidad de vida: panor&aacute;mica de investigaciones cl&iacute;nicas. <i>Rev Colombiana de Psicolog&iacute;a </i>2005; 13 (1): 80-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-5552201400020001400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Botero BE, Pico ME. Calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) en adultos mayores de 60 a&ntilde;os: una aproximaci&oacute;n te&oacute;rica. <i>Hacia promoc Salud </i>2007; 12 (1): 11-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-5552201400020001400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. Alvarez C. La Relaci&oacute;n entre lenguaje y pensamiento de Vigotsky en el desarrollo de la psicolingü&iacute;stica moderna. <i>RLA </i>2010; 48 (2): 13-32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-5552201400020001400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. Bertalanffy L. <i>Teor&iacute;a General de los Sistemas. </i>M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica; 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-5552201400020001400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>24. Bertalanffy L, Ross W, Weinberg GM et al. <i>Tendencias en la teor&iacute;a general de los sistemas. </i>Madrid: Edit. Alianza Universidad; 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-5552201400020001400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Caponi G. C&oacute;mo y porqu&eacute; de lo viviente. <i>Ludus Vitales </i>2000; 14: 67-102.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-5552201400020001400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. Caponi G. Biolog&iacute;a Funcional v/s Biolog&iacute;a Evolutiva. <i>Episteme </i>2001; 12: 23-46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-5552201400020001400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. Caponi G. Experimentos en biolog&iacute;a evolutiva: &iquest;qu&eacute; tienen ellos que los otros no tengan? <i>Episteme </i>2003; 16: 61-97.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-5552201400020001400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28. Delgado J. El pensamiento complejo: &iquest;realidad o utop&iacute;a en la educaci&oacute;n postgraduada? <i>Revista Iberoamericana de Educaci&oacute;n. </i>Disponible en: <a href="http://www.rieoei.org/deloslectores/2377Delgado.pdf" target="_blank">http://www.rieoei.org/deloslectores/2377Delgado.pdf</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-5552201400020001400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Nubiola J. Neopositivismo y filosof&iacute;a anal&iacute;tica: balance de un siglo. <i>Acta Philosophica </i>1999; 8 (2): 197-222.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-5552201400020001400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>30. Abarca R. La epistemolog&iacute;a: herramienta para precisar los campos cient&iacute;ficos. <i>Entele</i><i>quia </i>2007; 3. 75-83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-5552201400020001400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>31. Ariza C. Desarrollo epistemol&oacute;gico en enfermer&iacute;a. <i>Revista de Enfermer&iacute;a Universitaria </i>2011, 8 (2): 18-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-5552201400020001400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>32. Trivi&ntilde;o Z, Sanhueza O. Paradigmas de investigaci&oacute;n en enfermer&iacute;a. <i>Ciencia y Enfermer&iacute;a </i>2005; 11 (1): 17-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-5552201400020001400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>33. Seguel-Palma F, Valenzuela-Suazo S, San-hueza-Alvarado O. Corriente epistemol&oacute;gica positivista y su influencia en la generaci&oacute;n del conocimiento en enfermer&iacute;a. <i>Aquich&aacute;n </i>2012; 12 (2): 160-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-5552201400020001400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>34. Bueno LS. Aspectos ontol&oacute;gicos y epistemol&oacute;gicos de las visiones de enfermer&iacute;a inmersas en el quehacer profesional. <i>Ciencia y Enfermer&iacute;a </i>2011; 17 (1): 37-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-5552201400020001400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>35. Kornblihtt A. Objetividad y subjetividad en el conocimiento cient&iacute;fico. <i>Medicina </i>2001; 61 (2): 232-34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-5552201400020001400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>36. Vera J. La imposibilidad de separar lo observado de lo interpretado: la falsedad del impirismo y del interpretativismo como m&eacute;todos distintos. <i>Episteme </i>2005; 2(6). Disponible en: <a href="http://www.uvmnet.edu/investigacion/episteme/numero505/colaboracion/a_observacion.asp" target="_blank">http://www.uvmnet.edu/investigacion/episteme/numero505/colaboracion/a_observacion.asp</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-5552201400020001400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>37. Mart&iacute;nez A. Constructivismo, &iquest;una vuelta a los principios filos&oacute;ficos del positivismo? <i>Comunicaci&oacute;n, Lenguaje y Educaci&oacute;n </i>1995; 28: 5-13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-5552201400020001400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>38. Pacheco PA. Rese&ntilde;a de &quot;Neopositivismo y marxismo&quot; de Ludovico Geymonat y Fabio Minazzi. <i>Redes </i>2008; 14 (27): 229-245.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-5552201400020001400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>39. Solana JL. El pensamiento complejo como alternativa al neopositivismo y al posmodernismo en antropolog&iacute;a. <i>Synergies Monde</i> 2008; 4:235-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-5552201400020001400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>40. Melondo T. Para "salvar" la filosof&iacute;a primera frente a sus versiones "d&eacute;biles". El positivismo l&oacute;gico, el primer Wittgenstein, Carnap, la hermen&eacute;utica de Gadame. &#91;fecha de consulta: 18 de octubre de 2012&#93;. Disponible en: URL: <a href="http://www.geocities.com/Athens/Forum/5284/melondo1.html" target="_blank">www.geocities.com/Athens/Forum/5284/melondo1.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-5552201400020001400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>41. D&iacute;az VP, Calzadilla A. Papel de las Investigaciones Interdisciplinarias en el desarrollo del conocimiento. Una aproximaci&oacute;n te&oacute;rica. <i>Revista Ensayo y Error </i>(Caracas: Universidad Sim&oacute;n Rodr&iacute;guez) 2001; 10(21): 97-110.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-5552201400020001400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>42. Arnold M, Osorio F. Introducci&oacute;n a los Conceptos B&aacute;sicos de la Teor&iacute;a General de Sistemas. <i>Cinta de Moebio </i>1998; 3:20. Disponible en: <a href="http://www.moebio.uchile.cl/03/frprinci.htm" target="_blank">http://www.moebio.uchile.cl/03/frprinci.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-5552201400020001400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>43. Ricci R. Acerca de una Epistemolog&iacute;a Integradora. 1999. Disponible en: <a href="http://www.moebio.uchile.cl/05/ricci.htm" target="_blank">http://www.moebio.uchile.cl/05/ricci.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-5552201400020001400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>44. Bar, A. Una tipolog&iacute;a de M&eacute;todos Generales desde una Perspectiva Sist&eacute;mica. <i>Cinta de Moebio </i>2000; 15. Disponible en:  <a href="http://www.moebio.uchile.cl/07/bar02.htm" target="_blank">www.moebio.uchile.cl/07/bar02.htm</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-5552201400020001400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>45. Dur&aacute;n MM. Marco Epistemol&oacute;gico de la enfermer&iacute;a. <i>Aquich&aacute;n </i>2002; 2 (2): 7-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0120-5552201400020001400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>46. Bueno LS. Aspectos ontol&oacute;gicos y epistemol&oacute;gicos de las visiones de enfermer&iacute;a inmersas en el quehacer profesional. <i>Cienc enferm </i>2011; 17 (1): 37-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0120-5552201400020001400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>47. Trivi&ntilde;o Z, Sanhueza A. Paradigmas de Investigaci&oacute;n en enfermer&iacute;a. <i>Cienc enferm</i> 2005; 11(1): 1-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0120-5552201400020001400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>48. Agramonte A, Leiva J. Influencia el pensamiento humanista y filos&oacute;fico en el modo de actuaci&oacute;n profesional de enfermer&iacute;a. <i>Rev</i> <i>Cubana Enfermer </i>2007; 23 (1): 99-111.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0120-5552201400020001400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>49. Saavedra E, Castro A. La Investigaci&oacute;n Cualitativa, una discusi&oacute;n presente. <i>LIBERABIT</i> 2007; 13:63-69.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0120-5552201400020001400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>50. M&aacute;rquez ML. Metodolog&iacute;a Cualitativa o la puerta de entrada de la emoci&oacute;n en la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica. <i>LIBERABIT </i>2007; 13:53-56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0120-5552201400020001400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>51. Maturana H. <i>El sentido de lo humano. </i>Santiago de Chile: Dolmen Ediciones; 1977.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0120-5552201400020001400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>52. Maturana H, Varela F. <i>De m&aacute;quinas y seres vivos. Autopoiesis: La organizaci&oacute;n de lo vivo. </i>5<sup>a</sup> ed. Santiago de Chile: Editorial Universitaria; 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-5552201400020001400052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>53. Ruiz AB. The contributions of Humberto Maturana to the sciencies of complexity and psychology. <i>J Constructivist Psychology </i>1996; 9 (4): 283-302.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-5552201400020001400053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>54. Salgado AC. Investigaci&oacute;n Cualitativa: Dise&ntilde;os, Evaluaci&oacute;n del Rigor Metodol&oacute;gico y Retos. <i>LIBERABIT </i>2007, 13: 71-80.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-5552201400020001400054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>55. Campos M. El (Falso) Problema Cuantitativo-Cualitativo. <i>LIBERABIT </i>2007; 13: 5-18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-5552201400020001400055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>56. Cuenya L, Ruetti E. Controversias epistemol&oacute;gicas entre el paradigma cualitativo y cuantitativo en psicolog&iacute;a. <i>Revista Colombiana de Psicolog&iacute;a </i>2010; 19 (2): 271-277.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-5552201400020001400056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>57. Oliva P, Buhring K. La investigaci&oacute;n cualitativa y evidencia: Respuestas fundamentales para su comprensi&oacute;n. <i>Rev Chil Salud P&uacute;blica </i>2011; 15 (3): 173-179.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-5552201400020001400057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>     ]]></body>
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