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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LAS REINAS DE LA NOVELA ROSA EN ESPAÑA Y ALEMANIA: CORÍN TELLADO Y HEDWIG COURTHS-MAHLER*]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[THE QUEENS OF THE ROMANCE NOVEL IN SPAIN AND GERMANY: CORÍN TELLADO AND HEDWIG COURTHS-MAHLER]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Corín Tellado, in Spain, and Hedwig Courths-Mahler, in Germany, are the most successful female authors of their countries. Within completely different historical, social, and cultural contexts, they assumed and developed the popular form of the romance novel. In a first approach, we will ask for the space they and their oeuvre have occupied in the past and still occupy in the present. A second approach shall lead us to the -counterfactual- promises that the two authors offer to their readers by means of the romantic novel genre.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">          <p align="center"><font size="4"><b>LAS REINAS DE LA NOVELA ROSA EN ESPA&Ntilde;A Y ALEMANIA: COR&Iacute;N TELLADO Y HEDWIG COURTHS-MAHLER<a href="#*a" name="*b">*</a></b></font></p>          <p align="center"><font size="3"><b>THE QUEENS OF THE ROMANCE NOVEL IN SPAIN AND GERMANY: COR&Iacute;N TELLADO AND HEDWIG COURTHS-MAHLER</b></font></p>        <p>&nbsp;</p>          <p><b>Hubert P&ouml;ppel</b></p>          <p><i>Universit&auml;t Regensburg, Alemania, <a href="mailto:hubert.poeppel@sprachlit.uni-regensburg.de">hubert.poeppel@sprachlit.uni-regensburg.de</a>.</i></p>     <p>Recibido: 14/03/2014 - Aceptado: 02/04/2014</p> <hr size="1" />          <p>&nbsp;</p>          <p><b>Resumen</b></p>          <p>La espa&ntilde;ola Cor&iacute;n Tellado y la alemana Hedwig Courths-Mahler  son las autoras que m&aacute;s libros han vendido en sus pa&iacute;ses. En contextos  hist&oacute;ricos, sociales y culturales diferentes a lo largo del siglo XX, ellas supieron asumir y desarrollar perfectamente el  g&eacute;nero narrativo-popular de la novela rosa. Surge entonces la  pregunta por los lugares que han ocupado ellas y sus obras dentro de las dos culturas, tanto  en el pasado como en el presente. Partiendo de ah&iacute; esta contribuci&oacute;n indaga en las promesas -contraf&aacute;cticas-  que las dos autoras ofrecen a sus lectores a trav&eacute;s  de la novela rosa.</p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p><i>Palabras clave</i>: literatura popular, novela rosa, Espa&ntilde;a, Alemania, siglo XX.</p>  <hr size="1" />          <p>&nbsp;</p>          <p><b>Abstract</b></p>          <p>Cor&iacute;n Tellado, in Spain, and Hedwig Courths-Mahler, in Germany, are  the most successful female authors of their  countries. Within completely different historical, social, and cultural contexts, they assumed  and developed the popular form of the romance novel. In a first approach, we will ask for  the space they and their oeuvre have occupied in the past and still occupy in the present. A  second approach shall lead us to the -counterfactual- promises that  the two authors offer to their readers by means of the romantic novel genre.</p>     <p><i>Keywords</i>: popular literature, romance novel, Spain, Germany, 20<sup>th</sup> century.</p>  <hr size="1" />          <p>&nbsp;</p>          <p><b>1. Introducci&oacute;n</b></p>          <p>Superlativos encuentra el que se acerca  a las dos escritoras Cor&iacute;n Tellado (1927- 2009)<sup><a href="#1a" name="1b">1</a></sup> y Hedwig  Courths-Mahler (1867-1950). <i>La  reina de las novelas rosas </i>y <i>la m&aacute;s vendida </i>son  los ep&iacute;tetos que constantemente acompa&ntilde;an sus nombres. Por cierto, ellas no inventaron la novela rosa, ni la una en  Alemania ni la otra en Espa&ntilde;a. Pero en sus respectivos pa&iacute;ses y culturas son ellas las  autoras m&aacute;s representativas de un g&eacute;nero literario tildado tantas veces de ser <i>subliteratura</i>.</p>     <p>Es in&uacute;til querer indagar en los detalles que, de todas  formas, dif&iacute;cilmente se dejan aclarar en cifras absolutamente comprobables y  comparables. Hay que contentarse con algunas informaciones que se suelen repetir hasta el  cansancio. La una, la alemana, con unas 200 novelas, ha alcanzado ventas de m&aacute;s  de 80 millones de ejemplares y traducciones en m&aacute;s de una docena de idiomas  (Graf, 2000, pp.7-9). De los 80 millones, unos 50 se vendieron despu&eacute;s de la  Segunda Guerra Mundial y despu&eacute;s de la muerte de la autora en 1950.<sup><a href="#2a" name="2b">2</a></sup>  Hedwig Courths-Mahler no es, por ende, solamente un fen&oacute;meno de los a&ntilde;os anteriores y posteriores a  la Primera Guerra Mundial, sino de todo el siglo XX.</p>     <p>Para la estad&iacute;stica es todav&iacute;a m&aacute;s complejo el caso de Cor&iacute;n  Tellado. Se dice que ella ha publicado m&aacute;s de 4.000 t&iacute;tulos entre 1949 y su  muerte en 2009, pero por lo general no se especifica si se trata de libros completos o  si tambi&eacute;n se cuentan sus fotonovelas y las novelas breves que public&oacute; en la revista <i>Vanidades</i>. Sea  como sea, se estima que, a lo largo de su vida, se vendieron m&aacute;s de 400  millones de ejemplares de sus textos (Andreu, 2010, p.13). Adem&aacute;s hay traducciones a m&aacute;s  de dos docenas de idiomas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Considerando estas cantidades, realmente no importa el  detalle, sino el asombro ante el tama&ntilde;o del &eacute;xito y la pregunta por las causas que lo  hicieron posible. En &uacute;ltima instancia, lo que interesa es la pregunta por el lugar que  ocupan el fen&oacute;meno Hedwig Courths-Mahler en la cultura alemana y  el fen&oacute;meno Cor&iacute;n Tellado en la cultura espa&ntilde;ola.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>2.  Los lugares de la novela rosa: hacia los m&aacute;rgenes</b></p>     <p>En el transcurso de una investigaci&oacute;n, a veces la b&uacute;squeda  de informaci&oacute;n se   convierte en la informaci&oacute;n buscada. Ante la ausencia de  obras de Cor&iacute;n Tellado   en las bibliotecas universitarias (alemanas), esta  contribuci&oacute;n tuvo sus inicios en el   centro de Madrid con su sinn&uacute;mero de librer&iacute;as.</p>     <p>Lo que al principio fue el simple intento de adquirir  libros, lentamente se convirti&oacute; en el estudio de las reacciones de los empleados de las  librer&iacute;as. Los m&aacute;s j&oacute;venes entre ellos, por lo general, no supieron qu&eacute; responder a la  pregunta por una tal Cor&iacute;n Tellado. Los m&aacute;s adultos, por su parte, oscilaron entre  gestos de incredulidad, de indignaci&oacute;n y de repugnancia. Cor&iacute;n Tellado y una  librer&iacute;a seria, aprendemos, constituyen una especie de contradicci&oacute;n en s&iacute; misma. Quiz&aacute;  todav&iacute;a m&aacute;s que en Alemania, donde el nombre de Hedwig Courths-Mahler por lo  menos no trae la reacci&oacute;n de repugnancia. Cor&iacute;n Tellado se encuentra, por  ende, fuera de los m&aacute;rgenes de la cultura alta. Ella est&aacute; presente en los rincones  polvorientos de las casetas de la Cuesta de Moyana o en quioscos, especialmente en el  lugar que da fe de una fidelidad mutua a lo largo de medio siglo: la revista <i>Vanidades</i>.</p>     <p>Pero debajo de la superficie tan clara, debajo de la  separaci&oacute;n absoluta en dos mundos literarios y culturales, hab&iacute;a algo adicional que  aportaban los clientes en las librer&iacute;as -casi siempre mujeres-, y una que otra empleada,  despu&eacute;s de escuchar la pregunta por la reina espa&ntilde;ola de la novela rosa. He aqu&iacute;  los comentarios: &laquo;Claro, Cor&iacute;n Tellado&raquo;; &laquo;Claro que la le&iacute;amos, pero hoy ya no&raquo;; &laquo;Eso  ya no se lee&raquo;; &laquo;Con ella crecimos&raquo;; e incluso: &laquo;De ella aprendimos&raquo;. En estos  comentarios est&aacute;n ausentes la indignaci&oacute;n y la repugnancia. En ellos se percibe cierta  nostalgia de una juventud, en la cual las novelas de Cor&iacute;n Tellado constitu&iacute;an un  refugio perfecto para una fuga de la dura realidad. Una nostalgia parecida ha  acompa&ntilde;ado desde el principio a Courths-Mahler, aunque en ella prevalezca m&aacute;s la nostalgia  de un mundo perdido, una querencia lejana, ya no recuperable dentro de la novela,  una nostalgia que se percibe muchas veces en la ambientaci&oacute;n de la historia  contada en sus textos. Acaso, y exagerando un poco, podemos decir en un primer acceso que  el lugar de la novela rosa siempre est&aacute; en el pasado. ¿O ser&aacute; que este pasado  desde siempre significa un no lugar, una utop&iacute;a, un cuento de hadas?</p>     <p>Los comentarios nos ayudan para ilustrar un segundo aspecto  de nuestra indagaci&oacute;n   sobre la novela rosa en Alemania y Espa&ntilde;a. Entrar en una  librer&iacute;a, especialmente   si de una librer&iacute;a anticuaria prestigiosa se trata,  significa superar una barrera, una   delimitaci&oacute;n. La barrera que, como ya sabemos, no han  logrado traspasar los libros   de Cor&iacute;n Tellado y de Hedwig Courths-Mahler. Pero ser&iacute;a  demasiado simple abrir   una brecha sociol&oacute;gica: por un lado, las empleadas de las  casas burguesas, o las trabajadoras que le&iacute;an a Tellado en el metro, o las  esposas de los trabajadores que   en su reducido mundo de la casa so&ntilde;aban con el mundo de los  ricos y con el amor   verdadero, mientras buscaban, durante la dictadura de  Franco, su peque&ntilde;a felicidad;   por el otro, los de arriba, los representantes de la alta  cultura, que desde&ntilde;aban y desde&ntilde;an   esos peque&ntilde;os y a veces tan necesarios sue&ntilde;os literarios,  tild&aacute;ndolos de ilusos. Sin embargo, las que hoy compran libros en las librer&iacute;as  anticuarias prestigiosas y que, a pesar de ello, se acuerdan todav&iacute;a de sus lecturas de  Cor&iacute;n Tellado de anta&ntilde;o, seguramente caben mejor en el segundo grupo que en el  primero. Sin lugar a dudas, proven&iacute;a y proviene la absoluta mayor&iacute;a de los lectores de  la reina de la novela rosa de estratos bajos o modestos. Pero hay que ser cautelosos,  puesto que, ya en su &eacute;poca, la misma Hedwig Courths-Mahler se pregunt&oacute; en una carta:  &laquo;Pensando en la cantidad de lectoras que yo tengo, ¿es verdad que hay tantas  sirvientas?&raquo; (T&ouml;pelmann, 2001, p.143). ¿Podemos acaso decir que la brecha entre la  cultura alta y la cultura baja o popular no es tan abismal? ¿Acaso existen m&aacute;s  intelectuales y m&aacute;s mujeres de estratos elevados que le&iacute;an y leen a Cor&iacute;n Tellado de lo  que nos imaginamos?</p>     <p>Un tercer elemento nos ense&ntilde;an los comentarios. Hab&iacute;a muchas  latinoamericanas   que se inmiscu&iacute;an con sus comentarios en los di&aacute;logos entre  el comprador frustrado   y los libreros. Ellas recordaban los tiempos en que casi  todas las mujeres, j&oacute;venes y   adultas, le&iacute;an a la espa&ntilde;ola. En este contexto es  significativo que, con ocasi&oacute;n de la   muerte de Cor&iacute;n Tellado en abril de 2009, muchas revistas y  peri&oacute;dicos espa&ntilde;oles   convocaron, en rara unanimidad, a los -subrayo: <i>los</i>-  escritores latinoamericanos   para los art&iacute;culos necrol&oacute;gicos: escribi&oacute; Mario Vargas Llosa  (2009), el omnipresente,   quien elogi&oacute; a la &laquo;fabuladora nata&raquo; como &laquo;fen&oacute;meno social y  cultural extraordinario   &raquo;; casi todos citaron a Guillermo Cabrera Infante, quien la  hab&iacute;a conocido cuando   &eacute;l trabajaba en la Cuba de los a&ntilde;os cincuenta para <i>Vanidades </i>y quien,  m&aacute;s tarde,   le hab&iacute;a dedicado el ensayo &laquo;Una inocente porn&oacute;grafa&raquo;  (Cabrera Infante, 1975); el   venezolano Boris Izaguirre (2009) cont&oacute; la historia de su  tata, que hab&iacute;a aprendido   a leer con Cor&iacute;n Tellado y lo hab&iacute;a llevado a leerla  tambi&eacute;n; el mismo Jorge Orlando   Melo, por largos a&ntilde;os director de la biblioteca m&aacute;s  importante de Colombia,   confes&oacute; haberla le&iacute;do con cierta verg&uuml;enza, no por la (falta  de) calidad literaria, sino   por &laquo;el despertar sugerido pero nunca descrito de la sexualidad&raquo;  (Melo, 2009); el   chileno Luis Sep&uacute;lveda (2009), autor de <i>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</i>, destac&oacute;   que, gracias a los miles de novelas de Cor&iacute;n Tellado,  millones de personas se   hab&iacute;an acercado por primera vez a un libro. Los dos datos,  los comentarios de las   mujeres y los elogios de los hombres, adem&aacute;s de reconfirmar  la sospecha de que   tambi&eacute;n intelectuales sol&iacute;an leer novelas rosa, por lo menos  a veces, nos plantean   la pregunta por los lugares hist&oacute;rico-geogr&aacute;ficos de la  recepci&oacute;n de las dos obras.</p>     <p>En el caso de Cor&iacute;n Tellado tenemos una especie de  simbiosis, voluntaria o no, con la editorial Bruguera y con <i>Vanidades</i>, la  revista de la moda, de la belleza y de las celebridades (Andreu, 2010,  pp.117-126). Desde los a&ntilde;os cincuenta la revista significaba un &eacute;xito sin precedentes para la escritora  asturiana, primero en Cuba y despu&eacute;s en toda la Am&eacute;rica Latina. Pero por esa &eacute;poca ella  ya hab&iacute;a invadido pr&aacute;cticamente todos los quioscos y todas las tiendas de  cambio y de alquiler de libros en Espa&ntilde;a, escribiendo para distintas colecciones de  Bruguera. Los libritos peque&ntilde;os colmaban la demanda de la gente en los a&ntilde;os  dif&iacute;ciles de la postguerra, y todav&iacute;a lo hac&iacute;an en la &eacute;poca de las reformas, dentro del  franquismo, de los a&ntilde;os sesenta. Estaban destinados a una poblaci&oacute;n inexperta en  lecturas m&aacute;s sofisticadas; poblaci&oacute;n, sin embargo, que ten&iacute;a suficiente tiempo para  leer, aunque fuera en trenes o autobuses; una poblaci&oacute;n que, mayormente por falta de  recursos, no dispon&iacute;a de muchas alternativas para pasarlo bien en las horas del ocio.  Este p&uacute;blico ansiaba olvidarse de la dura realidad para entregarse completamente  al entretenimiento y al mundo mejor que pintaban, en todos los colores, las  novelas de Cor&iacute;n Tellado.</p>     <p>Mucha diferencia no hab&iacute;a entre la Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os  cincuenta o sesenta y los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina en la misma &eacute;poca (Andreu 2010,  pp.49-52), con sus esfuerzos en asuntos de la alfabetizaci&oacute;n, de la industrializaci&oacute;n  y con el vertiginoso crecimiento de sus ciudades. No es de extra&ntilde;ar, entonces,  que hacia finales de los a&ntilde;os cincuenta Bruguera se atreviera a exportar su producto  clave, Cor&iacute;n Tellado. Este paso, junto con la prohibici&oacute;n de <i>Vanidades </i>en Cuba y  su subsiguiente implementaci&oacute;n en pr&aacute;cticamente todos los pa&iacute;ses de habla hispana, la  convirti&oacute; definitivamente en la reina absoluta de la literatura de entretenimiento.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El &eacute;xito de Cor&iacute;n Tellado solamente pudo ser superado por  Cor&iacute;n Tellado misma, especialmente en Am&eacute;rica Latina. Hacia finales de los a&ntilde;os  sesenta inventaron para ella un nuevo producto: la fotonovela. Apta tambi&eacute;n para la  gente semianalfabeta, pero abierta para un p&uacute;blico que se acostumbraba lentamente  a la fuerza de la imagen. Y, en cierto sentido, la fotonovela -todav&iacute;a exitosa-  significaba el comienzo de la lenta decadencia de Cor&iacute;n Tellado. A la autora misma no le  gustaba este medio, porque no encajaba con las historias que ella sab&iacute;a componer (cf.  Carmona Gonz&aacute;lez, 2002, p.158). A partir de este experimento -hay que repetirlo:  absolutamente exitoso-, siguieron otros: radionovelas, unas novelas abiertamente er&oacute;tico-pornogr&aacute;ficas  despu&eacute;s de la muerte de Franco<sup><a href="#3a" name="3b">3</a></sup> o ensayos de historias seriadas que desembocar&iacute;an en una especie de telenovela.<sup><a href="#4a" name="4b">4</a></sup> Junto con la bancarrota de Bruguera en 1986, esas  excursiones a campos ajenos a su especialidad -la novela completa de  unas 100 p&aacute;ginas- demuestran cambios fundamentales en la recepci&oacute;n de su  literatura. Para no ir m&aacute;s lejos tenemos, por el lado espa&ntilde;ol, el final del r&eacute;gimen de  Franco, la Transici&oacute;n, la nueva libertad sin la censura, con nuevas ofertas  medi&aacute;ticas, literarias y de entretenimiento. Por el lado de Am&eacute;rica Latina, el cambio m&aacute;s decisivo fue  probablemente el auge de la telenovela como heredera de la novela rosa. No  es que la asturiana haya dejado de escribir o de vender a lo largo de los &uacute;ltimos  veinte o treinta a&ntilde;os, pero su posici&oacute;n de dominaci&oacute;n absoluta de la novela rosa en la  cultura hispana ha ido derrumb&aacute;ndose con la lenta disoluci&oacute;n de este segmento espec&iacute;fico  dentro de una amplia gama de nuevas ofertas y demandas culturales y  literarias.</p>     <p>Para encontrar el lugar que ocupa la obra de Hedwig  Courths-Mahler en la Alemania de hoy, las pesquisas, por ejemplo en las bases de  datos de los libreros, arrojan resultados desalentadores. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hay  un par de novelas de ella publicadas en un club de lectores, unos audio-libros,  un DVD con una pel&iacute;cula rodada en 2005, unas cuantas traducciones. Nada que se  parezca a la obra de la escritora alemana m&aacute;s vendida de todos los tiempos. En cuanto  a estudios cr&iacute;ticos: una biograf&iacute;a (Graf, 2000), un extenso ensayo (Ochs, 2004),  una tesis de doctorado en Francia (Atzenhoffer, 2005), tres o cuatro art&iacute;culos. En  realidad, no es mucho lo que se ha publicado sobre ella en los &uacute;ltimos diez, quince a&ntilde;os.</p>     <p>Pero el problema de la desaparici&oacute;n de Courths-Mahler radica  fundamentalmente en la forma de buscarla por la v&iacute;a, digamos, acad&eacute;mica.  Solamente hay que cambiar el rumbo para que ella resucite: en las estaciones de tren,  en los quioscos del centro de las ciudades, en los supermercados de los barrios. Las  obras de la reina de la novela rosa alemana se encuentran en los estantes donde se  venden las novelitas seriadas, baratas, uniformadas, invariablemente del mismo  tama&ntilde;o: las del Oeste y de espionaje, las de Jerry Cotton, las de m&eacute;dicos y las de  amor. Y no es que en este segmento del mercado de la literatura popular la autora  tuviera que contentarse con aparecer de vez en cuando en una de las tantas colecciones;  por el contrario, ella sola constituye, todav&iacute;a hoy, una colecci&oacute;n que lleva su  nombre, algo extraordinario en un medio que prefiere el anonimato o los seud&oacute;nimos.</p>     <p>En los a&ntilde;os setenta, la editorial Bastei adquiri&oacute; los  derechos y desde esa &eacute;poca publica una novela por semana. Lo cual significa que un  material de unas 200 novelas equivale a un ciclo de cuatro a&ntilde;os. Los ciclos se han ido  repitiendo a lo largo de los 40 a&ntilde;os y se encuentran actualmente en la 9<sup>a</sup> o 10<sup>a</sup>  edici&oacute;n, con m&aacute;s de tres millones y medio de ejemplares al a&ntilde;o, o sea, unos 70.000  folletos por semana; aunque en este punto la editorial quiz&aacute; exagera un poco.<sup><a href="#5a" name="5b">5</a></sup>  Adem&aacute;s de llamarse <i>Hedwig  Courths-Mahler</i>, esta colecci&oacute;n tiene otra se&ntilde;a de  identidad que la diferencia de las dem&aacute;s. La car&aacute;tula lo anuncia: &laquo;¡Impreso en letra grande!&raquo;.  En lugar de las 64 p&aacute;ginas reglamentarias para este tipo de publicaciones, se utilizan,  desde hace algunos a&ntilde;os, 78 p&aacute;ginas. O sea, los lectores, y sobre todo las  lectoras, los vamos a tener que ubicar en el grupo de los de mayor edad (cf. Graf, 2000,  p.144).</p>     <p>En este contexto quiz&aacute; sea pertinente anotar una gran  diferencia con respecto a Cor&iacute;n Tellado. Para Courths-Mahler, las 64 u 80 p&aacute;ginas en  formato 15,4 x 22,5 cm no constituyeron la medida ordinaria de sus novelas. Sus  libros de tapas duras, que se publicaron todav&iacute;a en los a&ntilde;os setenta, y los libros de  bolsillo, que de vez en cuando aparecen hoy, ofrecen sus textos completos que alcanzan por  lo general las 200 o 300 p&aacute;ginas. Esto significa que, para los folletos, la  editorial Bastei recorta rigurosamente sus novelas. La espa&ntilde;ola, en cambio, sol&iacute;a escribir siempre  un texto para que cupiera perfectamente en las 112 p&aacute;ginas del peque&ntilde;o  formato 10,5 x 17,5 cm de la editorial Bruguera. Ella, adem&aacute;s de cumplir con el  esquema de la novela rosa, ten&iacute;a que tener presente las especificidades t&eacute;cnicas del  producto. En este sentido, la alemana, con sus novelas m&aacute;s extensas, se sinti&oacute; un poco m&aacute;s  libre. Pero quiz&aacute; sea esta una diferencia en &uacute;ltima instancia marginal. La una,  Courths-Mahler, hizo de su escritura una empresa familiar, todav&iacute;a con rasgos de  artesan&iacute;a. La otra, Tellado, la convirti&oacute; en una producci&oacute;n industrial en cadena,  subyugada a las exigencias de la editorial, de la revista y del mercado. En algunos aspectos  del estilo, en las descripciones o en los di&aacute;logos se ven las diferencias en el acabado, lo  cual, sin embargo, no afecta a las preguntas centrales.</p>     <p>Por el momento podemos decir que la reina alemana de la  novela rosa, m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, sufre de algunos achaques  de la vejez. Pero, en general, disfruta todav&iacute;a de una envidiable salud. En  cambio s&iacute; cabe constatar que se encuentra un tanto marginada de los centros de la  vida literaria y cultural. En los a&ntilde;os setenta hubo ediciones, casi podr&iacute;amos decir que  lujosas, de sus libros, acompa&ntilde;adas de varios rodajes para la televisi&oacute;n que  tuvieron una cuota de audiencia alrededor del 50% (Graf, 2000, p.146). Courths-Mahler  desempe&ntilde;aba un papel central en las culturas populares, casi tan central como  antes de la Guerra. Por cierto, nunca estuvo a punto de penetrar en las capas de la cultura  alta, pues ella misma sab&iacute;a que su literatura no estaba hecha para ese p&uacute;blico.  Por el contrario, ella siempre fue consciente de escribir en otro nivel que un Thomas Mann,  un Kafka o las vanguardias, y se ufanaba de ello. Simplemente quiso contar  sus &laquo;cuentos de hadas&raquo;, como ella los sol&iacute;a llamar: una literatura de  entretenimiento para la gente sencilla; y se sorprend&iacute;a cada vez que alguien de fuera de este grupo se  pon&iacute;a en contacto con ella para agradecerle las agradables horas de lecturas; al  parecer hubo, incluso, una gran duquesa entre ellos  (M&uuml;ller-Waldeck, 2001, p.145).</p>     <p>El lugar hist&oacute;rico-geogr&aacute;fico de la recepci&oacute;n de la obra de  Hedwig Courths- Mahler es la Alemania del siglo xx, lo cual significa, en &uacute;ltima  instancia, cinco o seis Alemanias. La primera fase abarca la escritura y  publicaci&oacute;n de la casi totalidad de su obra, desde el Segundo Imperio de comienzos de siglo  hasta los primeros a&ntilde;os del r&eacute;gimen nazi, incluyendo la Primera Guerra Mundial y la  Rep&uacute;blica de Weimar. Hay en estos treinta a&ntilde;os un constante aumento de fama y de  ventas. Las novelas se publicaron en peri&oacute;dicos y revistas, en forma de libro,  como adaptaciones al teatro y para el cine, con un &eacute;xito tal que no paraban las  caricaturas, las parodias y los debates sobre el valor de su obra (cf. Reimann, 1922,  con caricaturas de George Grosz). Para los nazis, la novela rosa era un segmento de la  literatura de entretenimiento burgu&eacute;s que no toleraban, y, aunque ella no opusiera  resistencia activa, Courths-Mahler tampoco estuvo dispuesta a escribir seg&uacute;n las  nuevas exigencias. Se retir&oacute; completamente a la vida privada y, a pesar de  todo, se siguieron editando y vendiendo algunas de sus obras, incluso durante la Segunda  Guerra Mundial. Su &uacute;ltima novela se imprimi&oacute; en 1948. Fue un manuscrito  terminado probablemente diez a&ntilde;os antes y al que a&ntilde;adi&oacute; un manifiesto en contra de  la Guerra y a favor de sus &laquo;cuentos de hadas&raquo;, que ojal&aacute; lograsen, &laquo;como por arte  de magia, darles, por unas horas siquiera, un para&iacute;so de paz a alguno que otro  coraz&oacute;n lleno de dolor y de sufrimiento&raquo; (Graf, 2000, p.133).</p>     <p>Pr&aacute;cticamente, con su muerte, en 1950, se separan las dos  Alemanias de la postguerra, y con ellas la recepci&oacute;n de su obra. En la  Alemania Oriental, Hedwig Courths-Mahler qued&oacute; prohibida: para este tipo de literatura  trivial y decadente no hab&iacute;a espacio en la cultura socialista. En la Alemania  Occidental, por el contrario, empieza un renacimiento de la autora que culmina en los a&ntilde;os  setenta. Los a&ntilde;os ochenta significan un breve declive, hasta que, con la  Alemania Reunificada, se abre tambi&eacute;n el mercado del este, no solamente con reimpresiones  de la obra como libros de bolsillo -adem&aacute;s de los folletos con las versiones  recortadas- para cubrir la demanda de la ex Alemania Oriental, sino tambi&eacute;n con una  cantidad hasta el momento sin precedentes de traducciones a idiomas del este de  Europa.<sup><a href="#6a" name="6b">6</a></sup> Los  primeros a&ntilde;os del siglo xxi, sin embargo, arrojan para Hedwig Courths-Mahler  el arriba mencionado diagn&oacute;stico de cierta marginaci&oacute;n del mercado, lo cual, por  cierto, no significa una crisis para el g&eacute;nero literario que ella cultiv&oacute;. De hecho,  podr&iacute;amos hablar incluso de un auge de la novela rosa en Alemania en los libros de  bolsillo, en los clubes de lectores y, sobre todo, en la  televisi&oacute;n.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>3.  Lugares comunes de las novelas: <i>amor vincit omnia</i></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La novela rosa pertenece al sector de la literatura que  suele llamarse literatura   trivial o de mero entretenimiento, con un esquema  preestablecido y perfectamente   reconocible por parte de los lectores. El final ha de ser  feliz, con m&iacute;nimamente un   matrimonio y mucho amor. Desde las primeras p&aacute;ginas tenemos  que saber qui&eacute;nes son   los buenos y qui&eacute;nes los malos, para no cometer el error de  identificarnos con alguien   que despu&eacute;s resulta no ser digno de nuestra simpat&iacute;a o  compasi&oacute;n. Generalmente   asistimos al ascenso social de uno de los protagonistas: por  lo menos no debe haber   un descenso definitivo en los dos que se casan. Los  acontecimientos se desarrollan   siempre en la actualidad de la escritura de la novela, a lo  sumo unos a&ntilde;os antes,   pero nunca en el pasado remoto o en el futuro. Para los  escenarios no hay reglas:   Courths-Mahler prefiere a Alemania, m&aacute;s espec&iacute;ficamente al  este de Alemania, que   personalmente conoce muy bien; Cor&iacute;n Tellado, por el  contrario, ubica sus historias   en cualquier pa&iacute;s, aunque con preferencia en Estados Unidos -lo  cual facilita los   acuerdos con la censura- o en Espa&ntilde;a. De nuevo acorde con  las reglas del g&eacute;nero,   ambas evitan a toda costa menciones de cuestiones pol&iacute;ticas  concretas. Pero se sobrentiende   que, con el mismo esquema, con las posiciones morales que  sostienen los   protagonistas o con la preferencia por ciertos temas, ellas  impl&iacute;citamente configuran   opiniones pol&iacute;ticas conservadoras, o bien una imagen del  mundo primordialmente   burguesa.<sup><a href="#7a" name="7b">7</a></sup> Lo que sorprende es que ambas autoras, a veces, rompen por  lo menos   parcialmente con este mundo prefijado: por ejemplo, con  figuras femeninas que   se sublevan contra el orden patriarcal. Pero tambi&eacute;n ellas  al final tienen que ceder   a la fuerza domadora del amor que las subyuga al hombre de  su vida. Una &uacute;ltima   constante de las novelas rosa: el erotismo brota por doquier  en los textos, pero jam&aacute;s   puede haber una escena demasiado directa, jam&aacute;s la  descripci&oacute;n de un acto sexual. Todo es alusi&oacute;n e imaginaci&oacute;n, especialmente en Cor&iacute;n  Tellado, que, quiz&aacute; gracias a la censura, ha llegado a una maestr&iacute;a inalcanzada en  sustituir toda menci&oacute;n directa a lo prohibido, sustituy&eacute;ndolo especialmente por medio de  los copiosos besos.</p>       <p>Las caracter&iacute;sticas propias de cada una de nuestras autoras  las podemos resumir brevemente. As&iacute;, Hedwig Courths-Mahler tiene fama de ubicar  sus historias en ambientes todav&iacute;a demasiado aristocr&aacute;ticos para su &eacute;poca,  donde abundan los condes, los barones y los due&ntilde;os -nobles o nobilizados por  su trabajo- de viejas posesiones en el campo. Se dice<sup><a href="#8a" name="8b">8</a></sup>  que sus novelas est&aacute;n plagadas de una nostalgia del tiempo pasado. Sin embargo, este es solamente un aspecto de  sus textos. Tambi&eacute;n los hay con miembros de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a de ciudades  peque&ntilde;as, con acaudalados fabricantes o con nobles paup&eacute;rrimos que, o bien intentan  casar sus hijas con los nuevos ricos, o bien aceptan el mundo nuevo y empiezan a  trabajar en cualquier profesi&oacute;n para lograr estabilidad y ascenso social.</p>     <p>Las mujeres, o, mejor dicho, las v&iacute;rgenes jovencitas de unos  veinte a&ntilde;os que al final se casan, son bellas, de una nobleza innata, bien  educadas -por lo menos se esfuerzan por conseguir una buena formaci&oacute;n-, en la mayor&iacute;a  de las veces esbeltas, rubias y elegantemente vestidas, a pesar de que muchas veces  se contentan con atuendos sencillos que hacen lucir tanto m&aacute;s su figura y  comportamiento perfecto. Los hombres protagonistas destacan por tener unos diez a&ntilde;os  m&aacute;s de edad que sus futuras esposas. Ellos representan el ideal masculino:  fuertes, en&eacute;rgicos, llenos de virtudes, a pesar de que algunos de ellos todav&iacute;a trabajan  en la superaci&oacute;n de un pasado con ciertas manchas -lo cual se explica con el mayor  br&iacute;o natural y con la libertad que la sociedad les concede para acumular  experiencias de vida. Nunca son gordos o dejativos, siempre se enfrentan a las adversidades  de la realidad, aunque, a veces, se les concede una fase de melancol&iacute;a o de  depresiones pasajeras. En este caso las protagonistas se encargan de superar este estado  tan peligroso para su felicidad futura, incluso, si hace falta, desempe&ntilde;&aacute;ndose como  detectives para limpiar a sus amados de una sospecha infundada, restituyendo su honor  (p. ej., en <i>Griseldis</i>).</p>     <p>Para ambas autoras vale: el control de los protagonistas  sobre sus cuerpos, sus emociones, sus reacciones y su imagen en la vida p&uacute;blica  funcionan perfectos; es precisamente en este punto donde, a trav&eacute;s de una mirada  llena de odio, por medio de un desliz marginal de su comportamiento, se reconocen los  opositores que invariablemente intentan separar a la pareja ideal. En las caracter&iacute;sticas  de los protagonistas apenas hay diferencias entre Hedwig Courths-Mahler y Cor&iacute;n  Tellado.<sup><a href="#9a" name="9b">9</a></sup> Quiz&aacute; la alemana tiene m&aacute;s espacio para sus textos y pone m&aacute;s  &eacute;nfasis en descripciones detalladas, mientras que la espa&ntilde;ola prefiere los bocetos r&aacute;pidos,  estereotipados: la figura, los cabellos, los ojos, las manos y, como  preferencia personal para poner desde el principio el hincapi&eacute; en el erotismo semivelado, la  insistencia en la estrechez de los pantalones y de las blusas para que resalte el perfecto,  t&uacute;rgido busto en no menos perfecta concordancia con las piernas largas y las caderas  redondas, femeninas. Tanto atrevimiento va de la mano con una absoluta  superabundancia de besos que, por cierto, se suelen emplear como sustitutos del acto  sexual, que queda reservado para el matrimonio feliz.</p>     <p>En cuanto a lugares para desarrollar la acci&oacute;n, la espa&ntilde;ola  no conoce l&iacute;mites. La ciudad o el campo, Espa&ntilde;a, Estado Unidos o cualquier otro  pa&iacute;s sirven. La diferencia entre la nobleza y los ricos burgueses ya no desempe&ntilde;a un  papel central en la &eacute;poca en la cual ella escribe. Pero, eso s&iacute;, todo tiene que  aparecer en superlativos: la casa m&aacute;s grande, el autom&oacute;vil m&aacute;s nuevo, la moda m&aacute;s elegante y,  sobre todo, el hombre m&aacute;s rico o la chica de la familia m&aacute;s acaudalada.</p>     <p>Que en Cor&iacute;n Tellado las muchachas sean atrevidas, fumen  constantemente, manejen su propio autom&oacute;vil, elijan su profesi&oacute;n seg&uacute;n sus  criterios, a veces incluso en contra de la voluntad del padre, esa es la aportaci&oacute;n de  la reina de la novela rosa espa&ntilde;ola al feminismo, y con esta imagen progresiva de la  mujer ella a veces estaba en franca oposici&oacute;n con la pacata Espa&ntilde;a franquista. Pero  Hedwig Courths-Mahler, a la que tildaron tantas veces de conservadora, no se queda  mucho atr&aacute;s, a pesar de haber escrito sus novelas unos cincuenta a&ntilde;os antes que Tellado.  Una chica bella y joven, heredera de una f&aacute;brica de acero, es fumadora; la  hija de un ministro maneja su propio coche; algunas mujeres enamoradas, como ya  dijimos, se convierten en detectives para poder casarse con el hombre; otra jovencita  se rebela contra la estrechez peque&ntilde;oburguesa de su t&iacute;o, se casa con el primer hombre  guapo que conoce, fracasa, busca trabajo, se divorcia, y el hombre ideal la  acepta incluso divorciada. En Cor&iacute;n Tellado, en cambio, tenemos una historia  paradigm&aacute;tica -tan dif&iacute;cil es decir paradigm&aacute;tica ante la avalancha de textos- en la que  el hombre bueno, que ama locamente a la mujer buena y rica, no la acepta porque  hab&iacute;a escuchado antes, de un falso amigo, que ellos, el amigo y la amada, se hab&iacute;an  besado locamente, o sea, descifra que se hab&iacute;an acostado. Y &eacute;l, el bueno, &laquo;no  podr&iacute;a nunca, jam&aacute;s, coger los despojos de otro cari&ntilde;o&raquo; (Tellado, 1967, p.84). Esa  exigencia de absoluta virginidad de la protagonista no se explica, ni con la intervenci&oacute;n de  la censura ni con las cuestiones t&eacute;cnicas de la trama. Tiene que haber otras  causas.</p>     <p>Que quede claro: para Courths-Mahler, el sexo, antes o fuera  del matrimonio, tambi&eacute;n sol&iacute;a estar vedado, especialmente para las muchachas  buenas -los hombres buenos, a veces, tienen sus experiencias; de los malos, ni  hablar. Pero la cuesti&oacute;n se maneja de forma distinta en ambas autoras. Quiz&aacute; no sea  errado apoyarnos, para la explicaci&oacute;n, en la diferencia que las separa de manera  clara. Guiada por la &eacute;tica protestante la una, estricta y r&iacute;gida, pero tambi&eacute;n  realista, con la posibilidad de aceptar el divorcio como <i>ultima  ratio</i>: en ella, la alemana, incluso a veces  ocurre que los malos se suicidan en un acto de arrepentimiento para  dejar el camino libre a la felicidad de la pareja buena; cat&oacute;lica la otra, sin la  posibilidad de recurrir a estas soluciones, y representando una &eacute;tica en la cual el pecado -naturalmente  la falta contra el Sexto Mandamiento: de los otros pecados no se  ocupa demasiado Cor&iacute;n Tellado- constituye un elemento sumamente atrayente que  hay que aprovechar para la trama, para despu&eacute;s llevarla de nuevo hacia cauces m&aacute;s  tranquilos y permitidos.</p>     <p>A modo de comprobaci&oacute;n -por cierto imposible ante el mero n&uacute;mero  de novelas- tenemos el ejemplo (<i>Tu pasado me condena</i>) de una mujer, viuda, que por razones poco claras permite que su jefe, un monstruo de  hombre, por supuesto multimillonario, abuse de ella vilmente. Esa mancha de honor  solamente puede ser subsanada a trav&eacute;s del matrimonio con el hombre,  naturalmente despu&eacute;s de que este haya cambiado radicalmente y se haya convertido en un hombre  generoso e ideal. O este otro ejemplo (<i>Estoy  casada con &eacute;l</i>) donde una jovencita se casa y el  hombre la deja porque ella no es capaz de dar todo su amor -entre  l&iacute;neas se entiende que el problema radica en el amor carnal. A&ntilde;os m&aacute;s tarde se vuelven  a encontrar. El hombre no la reconoce porque sufre de amnesia. Se enamoran, esta  vez ella sabe qu&eacute; significa el amor verdadero y completo, y se acuestan. Para ella,  obviamente, este acto no es pecado porque siguen estando casados, a pesar de que &eacute;l no  lo sepa. De esa manera, bastante artificial, los l&iacute;mites &eacute;tico-morales cat&oacute;licos, en  la interpretaci&oacute;n de Cor&iacute;n Tellado, se traspasan y se guardan a la vez: <i>amor vincit omnia</i>.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>4.  El mandamiento narrativo: &laquo;¡no hables!&raquo;</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Volvemos a los elementos que ambas autoras comparten. El  lema del amor que   supera todos los obst&aacute;culos es, sin lugar a dudas, el com&uacute;n  denominador de las   dos obras, junto con el otro tema que ocupa la imaginaci&oacute;n y  las ansias del p&uacute;blico   lector, para no decir de las sociedades del siglo xx. Este  tema se puede resumir en   la f&oacute;rmula: &laquo;dinero, dinero, dinero&raquo; (T&ouml;pelmann, 2001,  p.146). Esa es la promesa   ut&oacute;pica e ilusoria para los lectores: con rectitud y con tus  propios esfuerzos lograr&aacute;s   conseguir el amor verdadero y la estabilidad econ&oacute;mica.</p>     <p>Dejando de lado esta mezcla de rudo materialismo y el no  menos rudo idealismo, nos interesa c&oacute;mo las novelas logran que, en las &uacute;ltimas p&aacute;ginas,  las parejas por fin se besen para salir rumbo al viaje de novios. La cr&iacute;tica ya  ha detallado extensamente la estructura de la novela rosa y el manejo que las dos  autoras les dan a las tramas y a los intr&iacute;ngulis para aplazar el final feliz. En &uacute;ltima  instancia, es bastante f&aacute;cil. Tenemos una situaci&oacute;n inicial que ofrece el escenario para  el encuentro de los dos protagonistas. Pero suele faltar algo: a veces el amor  verdadero, a veces el dinero, a veces la libertad, a veces un proyecto o un trabajo concreto  para que el hombre o la mujer se realicen como personas. Sigue la parte central de  la obra, con los conflictos: la intervenci&oacute;n de los malos, unas circunstancias externas  adversas, las dudas que surgen en los protagonistas. En las &uacute;ltimas p&aacute;ginas, sin  embargo, los conflictos se solucionan como por arte de magia y desembocan en  m&iacute;nimamente un matrimonio, fundado siempre en el verdadero amor que comprende lo  espiritual y lo corporal.</p>     <p>Ahora bien, dentro de las incontables variaciones de lo  mismo, que permiten desarrollar este esquema, tanto en Cor&iacute;n Tellado como en Hedwig  Courths-Mahler resulta decisivo el momento poco antes de que la pareja se d&eacute; el  beso definitivo. Observemos algunos ejemplos. En <i>Die  Kraft der Liebe</i>, la directora de la f&aacute;brica de acero  recibe una carta de su amado que anuncia que no ha muerto como ella  hab&iacute;a cre&iacute;do hasta este momento. Es tambi&eacute;n una carta la que absuelve en <i>Griseldis </i>al conde  Harro de la sospecha de haber asesinado a su primera esposa, despu&eacute;s  de que Griseldis, instada por un sue&ntilde;o inexplicable y con la ayuda de algunos avisos  enviados por el cielo, hab&iacute;a reconstruido el caso. En <i>Heiligtum des Herzens</i>, el conde Dieter encuentra por azar un papelito que le permite escuchar una  conversaci&oacute;n secreta, descubrir el enga&ntilde;o de la esposa, separarse de ella y casarse con la  amada. El temprano regreso del entierro de su madre le permite a la protagonista de <i>K&auml;thes Ehe </i>encontrar  a su esposo <i>in  flagranti </i>con otra mujer, y pocas p&aacute;ginas despu&eacute;s  se casa con el hombre que ama de verdad. En <i>Der  Scheingemahl </i>es una conversaci&oacute;n escuchada en una <i>chambre separ&eacute;e </i>de  un restaurante la que le abre los ojos a un padre que aspira a un matrimonio demasiado alto para su hija. En <i>Dein ist mein Herz</i>, Courths-Mahler utiliza nuevamente el recurso de una carta para convencer a  la muchacha, que por poco se suicida, de que su amado bar&oacute;n G&uuml;nther realmente la  ama.</p>     <p>Veamos los trucos narrativos de Cor&iacute;n Tellado. El magnate  Carl de <i>Tu pasado me</i> <i>condena </i>est&aacute;  desesperado porque la enigm&aacute;tica muchacha que &eacute;l hab&iacute;a utilizado y despu&eacute;s amado desapareci&oacute; sin dejar rastros, hasta que, un  d&iacute;a, se presenta de nuevo, con su verdadera identidad, ofreci&eacute;ndole todo su amor. El  m&eacute;dico de <i>¿Quieres ser</i> <i>mi mujer? </i>necesita  escuchar por casualidad una conversaci&oacute;n de su rica colega para convencerse de que ella no hab&iacute;a tenido amantes antes de &eacute;l.  Lo mismo ocurre en <i>Odio a mi cu&ntilde;ado</i>,  donde Patricia llega a saber, sin quererlo, que el esposo de su fallecida hermana no es tan odioso como ella pensaba, y dos  p&aacute;ginas despu&eacute;s se van de viaje de bodas. En el momento decisivo de <i>Estoy casada con &eacute;l</i>,  la amnesia de G&eacute;rard desaparece y los dos pueden reanudar el matrimonio  fracasado nueve a&ntilde;os antes. M&aacute;s complicado todav&iacute;a es el caso de Irene en <i>Comprar&eacute; un marido</i>:  la rica y joven millonaria norteamericana busca un esposo por  anuncios y se casa con &eacute;l, sin conocerlo, por poderes, pero se enamora de otro y, dos  p&aacute;ginas antes de terminar la novela, se entera de que los dos son el mismo.</p>     <p>No vamos a preguntarnos por la verosimilitud de estas  construcciones: ser&iacute;a una pregunta f&uacute;til. Lo que importa es la t&eacute;cnica dram&aacute;tica  que se busca con tales procedimientos. Los lectores saben desde las primeras  p&aacute;ginas que los dos se van a casar y se identifican con su destino. Pero las figuras de  las novelas dudan, des conocen, se callan o vacilan hasta que el <i>deus ex machina </i>interviene  para disolver el nudo. En las novelas constantemente se habla, con  di&aacute;logos bastante elaborados en Courths-Mahler, con conversaciones r&aacute;pidas, m&aacute;s  informales, que raras veces comprenden parlamentos de m&aacute;s de dos l&iacute;neas en Cor&iacute;n  Tellado. Pero lo importante por lo general no se dice. Los verdaderos obst&aacute;culos para la  pareja no provienen, en &uacute;ltima instancia, de los malos, sino de la falta de  comunicaci&oacute;n. La muchacha no se atreve a confesar su amor porque cree que el hombre todav&iacute;a  ama a otra. El hombre se retira de la relaci&oacute;n porque tiene un secreto del que  cree que no puede hablar con ella. La joven obedece a las &oacute;rdenes de la familia en lugar  de hablar francamente de sus preferencias. Los empleados dom&eacute;sticos saben algo,  pero no se pronuncian porque no es de su incumbencia. Un personaje, que podr&iacute;a  hablar, hab&iacute;a prometido a alguien que va a conservar el secreto. Un hombre cree que  callando logra enamorar a su adorada, hasta que ella (casi) se casa con otro. Y as&iacute;  todos se la pasan llorando y sufriendo, y esperan hasta que por fin el <i>deus ex machina </i>evita  la cat&aacute;strofe.</p>     <p>¿Ejemplos? Basta con abrir cualquiera de las novelas.  Tomemos una de las no muy logradas de Courths-Mahler: <i>Im Waldhof</i>. Cuando  su hermano, el due&ntilde;o de una granja enorme, se muere, Klaus Hendrichsen regresa a  su tierra natal para administrar la herencia familiar y para hacerse cargo de su  sobrina Anne-Dore, de unos doce a&ntilde;os. Con el tiempo se enamora de ella, a pesar de  la diferencia de edad y del grado de parentesco -las cuestiones &eacute;ticas o jur&iacute;dicas  no desempe&ntilde;an un papel en la historia, y por ende no vamos a juzgarlas nosotros.  Ella lo quiere como t&iacute;o y segundo padre, pero lentamente percibe que su amor se  transforma. Al final se casan y viven felices el resto de sus d&iacute;as. Buscando las  situaciones donde no se habla a su debido tiempo, descubrimos a cada paso algo. Klaus, rico  y con la reputaci&oacute;n de ser un cient&iacute;fico reconocido, est&aacute; seguro de que se va a  casar con la hija de un empleado p&uacute;blico. Ella, sin embargo, busca el ascenso social  y cuece a fuego lento a varios candidatos, sin hablar sinceramente con ninguno.  Con el regreso de Klaus al campo, lo borra de la lista. Cuando este, a&ntilde;os despu&eacute;s,  se da cuenta de que ama a su sobrina, &laquo;ya no como un padre o un hermano, sino como el  macho que ama a la hembra&raquo; (Courths-Mahler, 2008, p.30), y que la ama m&aacute;s que a  la mujer de anta&ntilde;o, decide encerrar sus sentimientos en la profundidad de su  coraz&oacute;n, porque cree que ella todav&iacute;a ve en &eacute;l al t&iacute;o adorado. La sobrina, por su  parte, que siempre le hab&iacute;a contado todo, ahora, igualmente enamorada, por primera vez  se calla. A cada rato el &laquo;fuego caliente y desasosegado&raquo; la invade, pero no sabe  si su amor es suficiente para casarse con Klaus. En estas andan cuando llega un  pintor para quedarse con ellos durante el verano. Klaus cree ver que los dos se  enamoran. Pero el pintor quiere casarse con otra. El obst&aacute;culo es la falta de dinero. Por  alguna raz&oacute;n le descubre su secreto a Anne-Dore, pidiendo guardarlo. Ella quiere ayudar  y le pregunta a su t&iacute;o si tiene recursos para comprar en secreto unos cuadros del  pintor. Pero la joven no dice por qu&eacute; quiere que el t&iacute;o lo haga. Klaus tampoco  pregunta, porque ve reconfirmada su sospecha. El pintor observa lo que pasa y se calla, sin  que sepamos bien por qu&eacute;. Despu&eacute;s de su partida, Anne-Dore encuentra en un ba&uacute;l una  vieja carta de Klaus dirigida a su padre, contando sus intenciones de casarse con  la mujer de la ciudad. Por eso ella cree que &eacute;l todav&iacute;a est&aacute; enamorado de la otra:  llora, sufre y no pegunta. Klaus la ve llorando, cree que lo hace por la ausencia del  pintor y sufre como un perro. La empleada de toda la vida, clarividente, lo sabe  todo. Pero se calla porque cree que no es su papel hablar. &laquo;Y as&iacute; disimularon sus  sentimientos m&aacute;s &iacute;ntimos y se presentaron mutuamente una comedia, ansiosos de no  delatarse ante el otro. Y ambos, prisioneros de una idea fija, tomaron las comedias  como realidad porque no osaron enfrentarse a la verdad&raquo; (Courths-Mahler, 2008,  p.71). Faltan pocas p&aacute;ginas de la novela cuando el narrador se pronuncia de esta manera.  Pero la soluci&oacute;n no puede consistir en el simple hecho de que alguien -Klaus,  Anne-Dore o la empleada- abra la boca. No, lo que falta es el elemento del <i>deus ex machina</i>:  en este caso, la carta salvadora. El pintor la env&iacute;a, anunciando su  matrimonio. Por fin los protagonistas se abrazan, se besan y hablan.</p>     <p>En Cor&iacute;n Tellado, el procedimiento es el mismo. Tomemos de  ella una novela que no es del todo corriente. Filmada en 1996, <i>Tu pasado me condena </i>sali&oacute; como libro en la colecci&oacute;n &laquo;Las novelas de verano&raquo; del peri&oacute;dico <i>El Mundo </i>en 1998.  La historia ya la mencionamos brevemente arriba. Hedy aparece  de sopet&oacute;n en la vida del millonario Carl. Este la emplea como secretaria, la  obliga a acostarse con &eacute;l, la ultraja y la humilla y, sin embargo, ella se enamora de &eacute;l.  Pero antes del <i>happy end</i>, ella desaparece tan misteriosamente como lleg&oacute;. Solamente  cuando est&aacute; segura de que &eacute;l ha cambiado de actitud y ya se ha convertido en un  hombre de principios y virtudes, escenifica la soluci&oacute;n final donde ella misma hace  las partes del <i>deus ex</i> <i>machina</i>, descubriendo  su verdadera identidad. Toda la novela est&aacute; atravesada por el secreto del pasado de Hedy: un accidente automovil&iacute;stico en  el cual muri&oacute; su amado esposo y ella perdi&oacute; el ni&ntilde;o que esperaba. La pel&iacute;cula  inventa algo m&aacute;s s&oacute;rdido, pero no importa. Alrededor de este secreto principal se agrupan  unos secretos menores. La hermana de Carl, Elsa, se cas&oacute; con su amado sin el  consentimiento del jefe de la familia. Este, Carl, en cambio, logra encubrir su vida  sexual irregular con sus secretarias, que se callan por miedo a las represalias del patr&oacute;n. Hedy  conoce el secreto de Elsa y promete ayudar, d&aacute;ndoles a ella y a su esposo de  vez en cuando oportunidades para encontrarse. Un d&iacute;a Carl sorprende a la pareja en la  cama de Hedy y cree que es ella con otro hombre. En lugar de descubrir el  secreto de Elsa, Hedy permite que el magnate la trate como a una prostituta. A pesar de  las violaciones y abusos, se enamora de &eacute;l. Sin embargo, cuando el secreto de la  hermana se desvela y Carl y Hedy se confiesan mutuamente su <i>amour fou</i>, ella  todav&iacute;a no habla sobre su anterior matrimonio y sobre el accidente. Desaparece, para volver a  aparecer diez p&aacute;ginas despu&eacute;s como abogada estrella y, obviamente, rica. Como <i>deus ex machina </i>hubiera podido servir ya mucho antes el embarazo de Elsa, que da  inicio a toda una serie de confesiones. Pero no, a esta altura de la historia Carl  todav&iacute;a no hab&iacute;a sufrido y llorado lo suficiente. Hab&iacute;a que esperar otra vuelta de la  tuerca, que se llama aplazamiento del final feliz, para que todos resultasen realmente  felices.</p>     <p>La meta narrativa de los secretos omnipresentes en las  novelas es obvia: una trama, o bien no muy original, o bien demasiado inveros&iacute;mil,  tiene que durar m&iacute;nimamente 100 p&aacute;ginas, en el caso de Cor&iacute;n Tellado, o 200 p&aacute;ginas, en  el de Hedwig Courths-Mahler. La soluci&oacute;n se retarda entonces en la misma  medida en que la comunicaci&oacute;n se bloquea. Si uno de los implicados rompiese  el silencio, la novela se acabar&iacute;a despu&eacute;s de veinte o treinta p&aacute;ginas en la m&aacute;s  absoluta trivialidad. Sin embargo, podr&iacute;amos a&ntilde;adir la sospecha, en el nivel del  contenido, de que ambas autoras est&aacute;n convencidas de que, solamente el amor que ha  pasado por todas las pruebas de fuego posibles, resulta ser suficientemente  fuerte para valer como amor verdadero. Pero quiz&aacute; se esconde un tercer aspecto detr&aacute;s de  la orden de callar que se impone con tanta fuerza en las novelas.</p>     <p>Si solamente habl&aacute;ramos de Cor&iacute;n Tellado, y de ella como  autora para el mercado espa&ntilde;ol de la &eacute;poca de Franco, ser&iacute;a f&aacute;cil sacar un  resultado. El mandamiento &laquo;¡no hables!&raquo; se corresponder&iacute;a, entonces, con la realidad de la  dictadura que prohibi&oacute; el discurso libre sobre cualquier asunto de la vida p&uacute;blica  y privada. La promesa y la utop&iacute;a del <i>deus  ex machina </i>tendr&iacute;a en este caso quiz&aacute; un  fundamento tambi&eacute;n pol&iacute;tico: el de la posibilidad de una comunicaci&oacute;n sin  presiones ni obst&aacute;culos. Para Hedwig Courths-Mahler podr&iacute;amos acaso construir una  explicaci&oacute;n parecida para la &eacute;poca de antes de la Segunda Guerra Mundial, en la que la  sociedad obedec&iacute;a a reglas y reglamentaciones de la convivencia m&aacute;s estrictas, sobre  todo para las mujeres. Sin embargo, los lugares de la recepci&oacute;n, como vimos, no  permiten aventurarnos con una tesis tan espec&iacute;fica. Pero probablemente no hay que buscar  la explicaci&oacute;n tan lejos. Los obst&aacute;culos comunicativos tan artificiales que observamos  en las novelas a lo mejor son un tema tan universal y tan atemporal que su  implementaci&oacute;n en las tramas tiene su origen en una realidad que aqueja a todos los  lectores de ambas autoras, independientemente de un sistema pol&iacute;tico, social o moral  determinado. Adem&aacute;s del sue&ntilde;o del amor verdadero y de la utop&iacute;a de un ascenso social  para personas honradas con una marcada &eacute;tica del trabajo, la novela rosa, tal y  como la divulgaron de manera paradigm&aacute;tica Hedwig Courths-Mahler y Cor&iacute;n Tellado a lo  largo del siglo xx y en contextos culturales de producci&oacute;n y recepci&oacute;n completamente  diferentes, conlleva tambi&eacute;n la promesa consoladora -por cierto contraf&aacute;ctica,  pero no por eso menos anhelada- de la superaci&oacute;n de un estado de incomunicaci&oacute;n  generalizada en el final feliz: <i>amor vincit omnia</i>.</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>_____________________________    <br> <b>Notas</b>    <br> <a href="#*b" name="*a">*</a> Este art&iacute;culo deriva del proyecto de investigaci&oacute;n &laquo;Espa&ntilde;oles y alemanes: una comparaci&oacute;n de culturas&raquo;, del Forschungszentrum Spanien (Centro de Estudios Hisp&aacute;nicos) de la Universit&auml;t Regensburg, Alemania.    <br> <a href="#1b" name="1a">1</a> Agradezco a Matilde Salazar Vargas, en Medell&iacute;n, por su valiosa ayuda en lo que se refiere a la obra de Cor&iacute;n Tellado.    <br> <a href="#2b" name="2a">2</a> Para ser exactos, del a&ntilde;o 1954 existen c&aacute;lculos sobre unos treinta millones de ejemplares (Sichelschmidt, 1967, p.32); Graf (2000, p.9) habla, al final del siglo, de ochenta millones, mientras que las cifras de la editorial Bastei (v&eacute;ase apartado 2) tienden a insinuar incluso cifras m&aacute;s altas para los fasc&iacute;culos de la serie Courths-Mahler con las novelas abreviadas.    <br> <a href="#3b" name="3a">3</a> Colecci&oacute;n &laquo;Venus&raquo;, de Bruguera, con 26 t&iacute;tulos bajo los seud&oacute;nimos Ada Miller y Ada Miller Leswy (cf. lvarez, 2000, p.153; Carmona Gonz&aacute;lez, 2002, pp.191-195; Andreu, 2010, pp.85-90). Recientemente (abril de 2014) han sido reeditados en formato electr&oacute;nico (por ejemplo, <i>Fruto prohibido</i>, de 2012) por la editorial Leer-e de Pamplona, al igual que unas 350 novelas de Cor&iacute;n Tellado.    <br> <a href="#4b" name="4a">4</a> Por ejemplo, <i>Ambiciones</i>, emitida en 1998 por Antena 3 en 53 cap&iacute;tulos.    <br> <a href="#5b" name="5a">5</a> Datos tomados del sitio web de la editorial Bastei: <a href="http://www.bastei.de/indices/index_allgemein_329.html" target="_blank">http://www.bastei.de/indices/index_allgemein_329.html</a>.    <br> <a href="#6b" name="6a">6</a> Seg&uacute;n la existencia de ediciones de obras de Courths-Mahler en el cat&aacute;logo de la Deutsche Nationalbibliothek (Biblioteca Nacional Alemana).    <br> <a href="#7b" name="7a">7</a> Para el caso de Cor&iacute;n Tellado, cf. por ejemplo los estudios de Erhart (1974) y M&eacute;ndez (1986); Diez Borque (1972, pp.180-183), por su parte, habla, en este contexto, de la &laquo;mitagog&iacute;a&raquo; de la cultura de masas.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#8b" name="8a">8</a> En los elementos que mencionamos a continuaci&oacute;n coinciden pr&aacute;cticamente todos los estudios.    <br> <a href="#9b" name="9a">9</a> Para Cor&iacute;n Tellado cf. en este contexto nuevamente los an&aacute;lisis de Diez Borque (1972), Erhart (1973), M&eacute;ndez (1986), adem&aacute;s del excelente estudio de Andr&eacute;s Amor&oacute;s (1968).</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></p>     <!-- ref --><p>1. &Aacute;lvarez, B. (2000). Cor&iacute;n Tellado: mantilla y matrimonio.  En Mart&iacute;nez de la   Hidalga, F. <i>et  al</i>. (Eds.). <i>La novela popular en Espa&ntilde;a</i>. (147-153). Madrid:   Robel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-5587201400020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>2. Amor&oacute;s, A. (1968). <i>Sociolog&iacute;a  de la novela rosa</i>. Madrid: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-5587201400020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3. Andreu, A. (2010). <i>La  construcci&oacute;n editorial de Cor&iacute;n Tellado</i>. Vigo:  Academia del Hispanismo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-5587201400020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>4. Atzenhoffer, R. (2005). <i>Ecrire  l'amour kitsch. Approches narratologiques de</i> <i>l'oeuvre romanesque de Hedwig Courths-Mahler  (1867-1959)</i>. Bern: Peter Lang.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-5587201400020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5. Cabrera Infante, G. (1975). Una inocente porn&oacute;grafa.  Manes y desmanes de Cor&iacute;n Tellado. En <i>O. </i>(39-60). Barcelona: Seix Barral.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-5587201400020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6. Carmona Gonz&aacute;lez, &Aacute;. (2002). <i>Cor&iacute;n Tellado. El erotismo rosa</i>. Madrid: Espasa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-5587201400020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7. Courths-Mahler, H. (1919). <i>Die  Kraft der Liebe</i>. Leipzig:  Rothbarth.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-5587201400020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8. Courths-Mahler, H. (1971). <i>Dein ist  mein Herz</i>. M&uuml;nchen:  Lichtenberg.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-5587201400020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>9. Courths-Mahler, H. (1971). <i>Griseldis</i>. M&uuml;nchen: Lichtenberg.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-5587201400020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10. Courths-Mahler, H. (1972). <i>Heiligtum  des Herzens</i>. Stuttgart:  Titania.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-5587201400020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11. Courths-Mahler, H. (1974). <i>Der  Scheingemahl</i>. M&uuml;nchen: Lichtenberg.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-5587201400020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12. Courths-Mahler, H. (2008). <i>Im  Waldhof</i>. Bergisch  Gladbach: Bastei.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-5587201400020000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13. Courths-Mahler, H. (2009). <i>K&auml;thes  Ehe</i>. Bergisch Gladbach: Bastei.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-5587201400020000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>14. Diez Borque, J. M. (1972). <i>Literatura y cultura de masas. Estudio de la novela</i> <i>subliteraria</i>. Madrid:  Al-Borak.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-5587201400020000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15. Erhart, V. (1973). Amor, ideolog&iacute;a y enmascaramiento en  Cor&iacute;n Tellado. En Acosta, L. (Ed.). <i>Penetraci&oacute;n  cultural en Am&eacute;rica Latina</i>. (71-123). Bogot&aacute;: Los Comuneros.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-5587201400020000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16. Graf, A. (2000). <i>Hedwig  Courths-Mahler</i>. M&uuml;nchen: DTV.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-5587201400020000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17. Izaguirre, B. (2009). Palabras de despedida para Cor&iacute;n  Tellado. <i>El Pa&iacute;s</i>, 11 de abril. Recuperado de:  <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2009/04/11/actualidad/1239400805_850215.html" target="_blank">http://cultura.elpais.com/cultura/2009/04/11/actualidad/1239400805_850215.html</a> &#91;Consultado el 14 de marzo  de 2014&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-5587201400020000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     <!-- ref --><p>18. Melo, J. O. (2009). <i>El  erotismo rosa</i>. Recuperado de: <a href="http://www.jorgeorlandomelo.com/corin.htm" target="_blank">http://www.jorgeorlandomelo.com/corin.htm</a> &#91;Consultado el 14 de marzo de  2014&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-5587201400020000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>19. M&eacute;ndez, J. L. (1986). The Novels  of Cor&iacute;n Tellado. <i>Studies of Latin American</i>   <i>Popular  Culture</i>, 5, 31-40.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-5587201400020000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20. M&uuml;ller-Waldeck, G. (2001). Die &laquo;gro&szlig;e Realistin&raquo;. <i>Neue Deutsche Literatur</i>, 535, 140-155.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-5587201400020000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21. Ochs, E. (2004). <i>&laquo;Herrenmenschen&raquo;  und &laquo;Vollnaturen&raquo;. Das M&auml;nnerideal in</i> <i>den  Romanen von Hedwig-Courths-Mahler</i>. Hagen:  Fernuniversit&auml;t.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-5587201400020000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22. Reimann, H. (1922). <i>Hedwig  Courths-Mahler. Schlichte Geschichten f&uuml;rs traute</i> <i>Heim</i>. Hannover:  Paul Steegemann.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-5587201400020000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23. Sep&uacute;lveda, L. (2009). Cor&iacute;n. <i>Le  Monde Diplomatique</i>, 11 de abril. Recuperado de: <a href="http://www.lemondediplomatique.cl/Corin.html" target="_blank">http://www.lemondediplomatique.cl/Corin.html</a> &#91;Consultado  el 14 de marzo de 2014&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-5587201400020000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>24. Sichelschmidt, G. (1967). <i>Hedwig  Courths-Mahler. </i><i>Deutschlands erfolgreichste</i>   <i>Autorin</i>. Bonn:  Bouvier.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-5587201400020000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25. Tellado, C. (1966). <i>Comprar&eacute;  un marido</i>. Barcelona: Bruguera.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-5587201400020000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26. Tellado, C. (1967). <i>¿Quieres  ser mi mujer? </i>Barcelona: Bruguera.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-5587201400020000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27. Tellado, C. (1970). <i>Estoy  casada con &eacute;l</i>. Madrid: Roll&aacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-5587201400020000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28. Tellado, C. (1998). <i>Tu  pasado me condena</i>. Madrid: El Mundo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-5587201400020000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
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