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<article-title xml:lang="es"><![CDATA["LLEGANDO A ESCRIBIR ESTE CAPÍTULO". RECURSOS DE APERTURA Y CIERRE DE CAPÍTULO EN EL QUIJOTE DE 1615]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA["LLEGANDO A ESCRIBIR ESTE CAPÍTULO". CHAPTER OPENING AND CLOSING LITERARY DEVICES IN DON QUIXOTE (1615)]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In the 74 chapters of Don Quixote's Second part it is possible to find different relations between the chapters and the episodes narrated, one episode can be narrated in more than one chapter as well as one chapter can be part of more than one episode. Some of the novel stylistic complexity and conscience can be observed in the analysis of the seven chapter opening and closing literary devises covered in this work: suspense, advertisement, concurrency, break in the narrative, narrator presence, appeal to the receiver, characters change of space.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">     <p align="right"><b>ART&Iacute;CULOS</b></p>        <p align="center"><font size="4"><b>"LLEGANDO A ESCRIBIR ESTE CAP&Iacute;TULO".   RECURSOS DE APERTURA Y CIERRE DE CAP&Iacute;TULO EN EL <i>QUIJOTE </i>DE 1615<sup><a href="#*">*</a></sup><a name="b*"></a></b></b></font></p>       <p align="center"><font size="3"><b>"LLEGANDO A ESCRIBIR ESTE CAP&Iacute;TULO".   CHAPTER OPENING AND CLOSING LITERARY DEVICES IN <i>DON QUIXOTE </i>(1615)</b></font></p>       <p align="left"><b>Ana Elvira Vilchis Barrera</b></p>     <p align="left">Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, M&eacute;xico, <a href="mailto:anaelvira_15@hotmail.com"> anaelvira_15@hotmail.com</a></p>      <p align="center"><i>Recibido: 31/08/2014 &#8211; Aceptado: 05/10/2014</i></p>     <p><hr size="1" /> &nbsp;     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>En los 74 cap&iacute;tulos de la Segunda parte del <i>Quijote </i>es posible encontrar relaciones   complejas entre los cap&iacute;tulos mismos y los episodios que en ellos se narran, un episodio   puede narrarse en m&aacute;s de un cap&iacute;tulo al igual que un cap&iacute;tulo puede ser parte de m&aacute;s de un   episodio. Parte de la complejidad y conciencia estil&iacute;stica de la obra puede observarse en el   an&aacute;lisis de los siete recursos de apertura y cierre de cap&iacute;tulos presentados en este trabajo:   suspenso, anuncio, simultaneidad, descanso en la narraci&oacute;n, presencia del narrador, apelaci&oacute;n   al receptor y cambio de espacio de los personajes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>Palabras clave: </b>cap&iacute;tulos, suspenso, simultaneidad, narrador, espacio. </p>     <p><hr size="1" />     <p><b>ABSTRACT</b> </p>     <p>In the 74 chapters of <i>Don Quixote</i>'s Second part it is possible to find different   relations between the chapters and the episodes narrated, one episode can be narrated in   more than one chapter as well as one chapter can be part of more than one episode. Some of   the novel stylistic complexity and conscience can be observed in the analysis of the seven   chapter opening and closing literary devises covered in this work: suspense, advertisement,   concurrency, break in the narrative, narrator presence, appeal to the receiver, characters   change of space.</p>     <p><b>Keywords:</b> chapters, suspense, concurrency, narrator, space. </p>     <p><hr size="1" />     <p><font size="3"><b>1. Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>Abordar una obra tan conocida y estudiada como el <i>Quijote</i> nos enfrenta con   varias dificultades, desde integrar la impresi&oacute;n de una lectura profundamente   placentera hasta discernir entre los numerosos trabajos de la cr&iacute;tica. A partir de la   posibilidad de una lectura en voz alta, llama la atenci&oacute;n un aspecto b&aacute;sico de la estructura   de la obra, que por su misma simplicidad puede pasarse por alto: la divisi&oacute;n   de la obra en cap&iacute;tulos, hecho, aunque arbitrario, plenamente consciente por parte del   autor. Si bien es posible ubicar los episodios que tienen lugar en la obra, estos no se   corresponden un&iacute;vocamente con los cap&iacute;tulos; son muchos los episodios que abarcan   m&aacute;s de un cap&iacute;tulo, y son muchos los cap&iacute;tulos que narran tan solo un fragmento de   alguna aventura. En 74 cap&iacute;tulos que conforman la Segunda parte del <i>Quijote</i>, las   posibilidades son variadas; sin embargo, es posible observar una fuerte conciencia   estil&iacute;stica al analizar los procedimientos mediante los cuales la secuencia narrativa   se segmenta en cap&iacute;tulos, como se pretende mostrar a lo largo del presente trabajo;   Cervantes parece saber bien cu&aacute;l era el posible efecto de los recursos formales y estil&iacute;sticos   en la obra y las consecuencias que tendr&iacute;an en la manera en que los lectores   se aproximaran al texto.</p>     <p><font size="3"><b>2. Recursos de apertura y cierre</b></font></p>     <p>El objetivo de este trabajo es realizar una revisi&oacute;n de los siete recursos estil&iacute;sticos   que se encuentran en los principios y finales de los cap&iacute;tulos de la Segunda parte del   <i>Quijote</i>,<sup><a href="#1">1</a></sup><a name="b1"></a> que pueden presentarse independientemente o combinados: 1) suspenso,   2) anuncio, 3) simultaneidad, 4) descanso en la narraci&oacute;n, 5) presencia del narrador,   6) apelaci&oacute;n al receptor, 7) cambio de espacio de los personajes. Se propone que   los seis primeros responden a una finalidad oral de la obra y el &uacute;ltimo a un car&aacute;cter teatral de la misma.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>Cervantes, que le&iacute;a en silencio parece jugar con la idea de que tambi&eacute;n su <i>Quijote</i>   podr&iacute;a ser le&iacute;do oralmente. &#91;...&#93; Los cap&iacute;tulos del <i>Quijote</i> rara vez son largos y tienden   a una extensi&oacute;n regular, como ocurre tambi&eacute;n en muchos libros de caballer&iacute;as &#91;...&#93; Se   dir&iacute;a que en todos estos casos estaban planeados as&iacute; en funci&oacute;n de posibles lecturas orales, pues en ellas era importante no cansar a los oyentes. (Frenk, 2005, pp. 62-63)</blockquote>     <p>Esta posibilidad de lectura  oral puede apoyarse no solo en la extensi&oacute;n de los cap&iacute;tulos, sino tambi&eacute;n en  la manera en que estos comienzan y terminan, no de forma arbitraria, ni  concluyendo siempre con el episodio narrado, sino con un cuidadoso mantenimiento  del ritmo y de la atenci&oacute;n del receptor.<sup><a href="#2">2</a></sup><a name="b2"></a> La posibilidad de una lectura oral del texto nos da otra perspectiva de la  participaci&oacute;n del lector al acercarse a la obra; pensar en un lector que  escucha el<i> Quijote </i>sin la posibilidad  de controlar las pausas y el ritmo de lectura, ni de regresar una y otra vez  sobre el texto para retomar, recordar o reafirmar los detalles, implica que la  obra debe poseer los mecanismos necesarios para facilitar el acercamiento de  tal lector; como se ver&aacute; m&aacute;s adelante el suspenso, el anuncio, la simultaneidad  y el descanso en la narraci&oacute;n, aunque muy funcionales tambi&eacute;n en la lectura en  silencio, funcionan en la oralidad como auxiliares en el mantenimiento del  ritmo de lectura, permiten mantener el inter&eacute;s sin cansar al lector, y dan la  posibilidad de retomar, e incluso adelantar, informaci&oacute;n de otros fragmentos;  por su parte la presencia del narrador y apelaci&oacute;n al receptor, recursos mucho  m&aacute;s vinculados a una literatura oral, consideran al lector como un factor  activo y participativo en la obra, atrayendo su atenci&oacute;n y guiando la lectura  de manera expl&iacute;cita. </p>     <p><i>2.1.</i> <i>Suspenso</i>  </p>     <p>Si bien el momento m&aacute;s  recordado del<i> Quijote </i>por su efecto  de suspenso es el cap&iacute;tulo VIII de  la primera parte, en la segunda encontramos tambi&eacute;n numerosos finales de  cap&iacute;tulo marcados por una interrupci&oacute;n abrupta de la secuencia narrativa, que  provoca la "actitud tensa y expectante" (Berist&aacute;in, 2008, s.v. <i>suspenso</i>) del receptor.  </p>     <p>Desde el primer cap&iacute;tulo de la Segunda parte, que termina  con la interrupci&oacute;n del di&aacute;logo por las voces que dan el ama y la sobrina  (Cervantes, 2004, I, p. 560),<sup><a href="#3">3</a></sup><a name="b3"></a> cuyo motivo no se conoce hasta el cap&iacute;tulo siguiente, encontramos que la  informaci&oacute;n "est&aacute; limitada moment&aacute;neamente al conocimiento parcial que tienen  los propios personajes del relato" (Cacho Blecua, 2008, p. 100), con lo que algunos  cap&iacute;tulos se suspenden en un momento en que se genera la duda y expectaci&oacute;n  compartida por personajes y lectores u oyentes. Recordemos por poner un ejemplo  el final del cap&iacute;tulo XXII, que  termina con don Quijote dispuesto a relatar la aventura que acaba de vivir en  la cueva de Montesinos: "Levantada la arpillera, dijo don Quijote de la Mancha:  -No se levante nadie, y estadme, hijos, todos atentos." (XXII, 722), la voz del protagonista  solicitando la atenci&oacute;n del primo y Sancho es lo &uacute;ltimo que escuchamos en el  cap&iacute;tulo; sin embargo, esa llamada de atenci&oacute;n se hace extensiva tambi&eacute;n a los  lectores u oyentes, en el momento en que comparten la curiosidad por enterarse  de lo que pas&oacute; en la cueva.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>En la secuencia de episodios de los duques, las marcas de  suspenso se incrementan, los finales de cap&iacute;tulo alternan el suspenso con los  anuncios; sin embargo, a diferencia de estos &uacute;ltimos, el suspenso implica una  pausa abrupta, que genera una duda inminente: ya sea ante la interrupci&oacute;n en  los di&aacute;logos -"con semblante airado y alborotado rostro, se puso en pie y dijo  &#91;...&#93; Pero esta respuesta cap&iacute;tulo por s&iacute; merece" (XXXI, 792)- o ante la aparici&oacute;n de personajes -"doloroso y  pellizcado, confuso y pensativo, se qued&oacute; solo, donde le dejaremos deseoso de  saber qui&eacute;n hab&iacute;a sido el perverso encantador que tal le hab&iacute;a puesto" (XLVIII, 916)- aparecen las dudas: &iquest;qu&eacute;  le responder&aacute; don Quijote al eclesi&aacute;stico? (XXXI),  &iquest;qu&eacute; pedir&aacute; la Trifaldi? (XXXVI),  &iquest;c&oacute;mo se recuperar&aacute; del desmayo? (XXXIX),  &iquest;qui&eacute;n aparecer&aacute; en el &uacute;ltimo carro? (XXXIV),  &iquest;cu&aacute;ndo llegar&aacute; Clavile&ntilde;o? (XL),  &iquest;qui&eacute;nes son las fantasmas que han atacado en la oscuridad a don Quijote y a  do&ntilde;a Rodr&iacute;guez? (XLVIII), dudas  que pueden resolverse inmediatamente, en el siguiente cap&iacute;tulo o bien dejarse  pendientes por m&aacute;s tiempo, pero que de cualquier forma mantienen vivo el  inter&eacute;s por leer o escuchar un cap&iacute;tulo m&aacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>En los episodios de los duques el suspenso llega a aparecer,  adem&aacute;s, al inicio de cap&iacute;tulo. En estos casos, el suspenso funciona como gu&iacute;a  para las expectativas que se han de generar -y esperan ser resueltas- en ese  mismo cap&iacute;tulo: ante la tardanza de Clavile&ntilde;o dudamos si la aventura de  Clavile&ntilde;o realmente ser&aacute; para don Quijote (XLI),  &iquest;qui&eacute;nes son las dos mujeres enlutadas que irrumpen cuando est&aacute; a la  mesa con los duques? (LII), y &iquest;qu&eacute;  ocurrir&aacute; con Sancho, que ha ca&iacute;do inesperadamente en un honda cima al iniciar  el cap&iacute;tulo LV. Estos inicios de  cap&iacute;tulo, marcados por el suspenso, no se volver&aacute;n a encontrar, m&aacute;s que en un  gui&ntilde;o al lector u oyente, cuando se describe el t&uacute;mulo de Altisidora  -supuestamente muerta- sin nombrarla en el cap&iacute;tulo LXIX.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Una vez concluida la secuencia de episodios de los duques,  solo dos cap&iacute;tulos m&aacute;s tendr&aacute;n un final marcado por el suspenso, -LXI y LXIV-,  y en ambos casos debido a la aparici&oacute;n de un personaje -Antonio Moreno y el  Caballero de la Blanca Luna, respectivamente- cuya identidad, desconocida para  los protagonistas, no ser&aacute; explicada al lector u oyente sino en un cap&iacute;tulo  posterior,<sup><a href="#4">4</a></sup><a name="b4"></a> "al elegir la perspectiva de los propios personajes, los lectores asistimos a  la doble aventura: el acontecimiento relatado y su disposici&oacute;n narrativa, que  sirve para mantener la expectaci&oacute;n" (Cacho Blecua, 2008, p. 101).   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>El recurso de diferir y retrasar la resoluci&oacute;n de dudas y  el cumplimiento de expectativas con un matiz de admiraci&oacute;n y perplejidad (cf. <i>rae</i>, s.v. <i>suspenso</i>) implica a un lector participativo y atento. El efecto de  suspenso "provoca que &#91;lectores y oyentes&#93; tratemos de imaginarnos la  informaci&oacute;n, de la que carecemos en ese momento, sobre el desarrollo del  acontecimiento" (Iser, 2008, p. 108).<sup><a href="#5">5</a></sup><a name="b5"></a> &nbsp;</p>     <p><i>2.2.</i> <i>Anuncio</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Son tambi&eacute;n numerosos los  cap&iacute;tulos que inician y terminan con un anuncio de lo que ocurrir&aacute; en el  siguiente cap&iacute;tulo o incluso varios cap&iacute;tulos m&aacute;s adelante. Sin embargo, los  anuncios pueden cumplir una funci&oacute;n de ubicaci&oacute;n del cap&iacute;tulo no solo en relaci&oacute;n  con los hechos que se est&aacute;n anticipando, sino que lo vinculan con los sucesos  ya conocidos por el lector u oyente; es decir, al final de un cap&iacute;tulo puede  anunciarse el coloquio (VI, XI) o  las aventuras siguientes (XI), en  comparaci&oacute;n con el coloquio o la aventura inmediata anterior: "encerr&aacute;ronse los  dos en su aposento, donde tuvieron otro coloquio que no le hace ventaja al  pasado" (VII, 593), "al d&iacute;a  siguiente le sucedi&oacute; otra &#91;aventura&#93; con un enamorado y andante caballero, de  no menos suspensi&oacute;n que la pasada" (XI,  630). Si pensamos en los anuncios como un recurso enfocado hacia la lectura  oral de la obra, cobra sentido que en los fragmentos que delimitan un cap&iacute;tulo  se haga uso de un recurso que, al tiempo que llama la atenci&oacute;n del oyente por  anticipar los hechos, le permita retomar lo ya conocido y ubicar la narraci&oacute;n  presente al ponerla en relaci&oacute;n con lo que ya ha escuchado y lo que est&aacute; por  escuchar.</p>     <blockquote>Quien escribe para ser escuchado imprimir&aacute; a su  discurso un dinamismo atento a una recepci&oacute;n que fluye hacia adelante, sin  retorno posible. Privilegiando la variedad -en forma y contenido- y, cuando de  narraciones se trata, la estructura lineal y epis&oacute;dica, no rehuir&aacute; las  repeticiones y redundancias que afianzan lo ya dicho. (Frenk, 2005, p. 33)<sup><a href="#6">6</a></sup><a name="b6"></a></blockquote>     <p> Los anuncios pueden aparecer como una menci&oacute;n m&aacute;s dentro de  la secuencia narrativa, como los anuncios del duelo aplazado con Tosilos al  iniciar los cap&iacute;tulos LIV y LVI -"&#91;...&#93; De all&iacute; a dos d&iacute;as dijo el  duque a don Quijote como desde all&aacute; a cuatro vendr&iacute;a su contrario y se  presentar&iacute;a en el campo" (LIV,  959)-, o bien, puede ser independiente de la narraci&oacute;n, enfatizando as&iacute; la  plena conciencia del narrador de crear un puente hacia el siguiente cap&iacute;tulo: "y  lo que le sucedi&oacute; en ellas se dir&aacute; en el siguiente cap&iacute;tulo" (LXII, 1034).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Por otra parte, al igual que en los fragmentos marcados por  el suspenso, los personajes pueden ser conscientes de los anuncios; por  ejemplo, el gobierno de la &iacute;nsula lo anuncia la duquesa directamente a Sancho:  "yo satisfar&eacute; vuestras cortes&iacute;as con hacer que el duque mi se&ntilde;or lo m&aacute;s presto  que pudiere os cumpla la merced prometida del gobierno" (XXXII, 805). Sin embargo, en muchos  casos los anuncios van dirigidos m&aacute;s bien a los lectores u oyentes, como puede  verse en las anticipaciones de las burlas de los duques: &nbsp;</p>     <blockquote>       <p>entre los dos dieron traza y orden de hacer una  burla a don Quijote que fuese famosa y viniere bien con el estilo caballeresco,  en el cual le hicieron muchas tan propias y discretas, que son las mejores aventuras  que en esta grande historia se contienen. (XXXIII,  813)    </p>       <p>&#91;...&#93; se volvieron a su castillo, con prosupuesto de  segundar en sus burlas, que para ellos no hab&iacute;a veras que m&aacute;s gusto les diesen.  (XXXVI, 830) </p> </blockquote>     <p>O bien, en los anuncios del fin del gobierno de Sancho, que  ocurren al final del cap&iacute;tulo XLIX: "acab&oacute;  la ronda de aquella noche, y de  ah&iacute; a dos d&iacute;as el gobierno" (XLIX,  928), y al inicio del LIII: "&#91;...&#93; se acab&oacute;, se consumi&oacute;, se deshizo,  se fue como en sombra y humo el gobierno de Sancho" (LIII, 952); los personajes no est&aacute;n al tanto de los anuncios  anteriores: se trata de informaci&oacute;n con la que el narrador privilegia a los  lectores u oyentes y que no genera la expectativa de una resoluci&oacute;n inminente,  como el suspenso, sino que renueva el inter&eacute;s por saber ya no <i>qu&eacute;</i> ocurrir&aacute; -ya que la sorpresa se  pierde con el anuncio- sino <i>c&oacute;mo</i> ocurrir&aacute;n los hechos: si ser&aacute;n verdad las aventuras, se igualar&aacute;n o superar&aacute;n a  las anteriores, o bien, si tan solo es uno m&aacute;s de los juegos del narrador que  m&aacute;s adelante veremos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Cabe destacar el principio del &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la obra,  en el cual se anuncia desde las primeras l&iacute;neas la inminente muerte de don  Quijote, con una reflexi&oacute;n del narrador que se acerca mucho a la del inicio del  cap&iacute;tulo LIII, que ya  mencion&aacute;bamos y que anuncia el fin del gobierno de Sancho y que resulta mucho  m&aacute;s solemne que la narraci&oacute;n de la muerte en s&iacute; misma. Este anuncio en el  &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, es prueba de que el recurso del anuncio funciona, alternadamente  con el suspenso, equilibrando la sorpresa de este &uacute;ltimo, como la anticipaci&oacute;n  que elimina expectativas; sin embargo, son formas complementarias de mantener  la atenci&oacute;n del lector u oyente: no importa que al principio del cap&iacute;tulo  sepamos de antemano que don Quijote morir&aacute;; a&uacute;n as&iacute; interesa saber c&oacute;mo ser&aacute;  esa muerte y qu&eacute; tendr&aacute; que decirnos sobre ella el narrador. </p>     <p><i>2.3.</i> <i>Simultaneidad</i>  </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estrechamente relacionado  con los recursos que hasta ahora hemos visto, est&aacute;n las marcas de cap&iacute;tulos  simult&aacute;neos. Desde los primeros -II, III,  V, VI, VII- se encuentran sucesos que ocurren de manera simult&aacute;nea, lo  cual puede marcarse al inicio de un cap&iacute;tulo como introducci&oacute;n a la narraci&oacute;n  de hechos cuya temporalidad se comparte con lo que ya se ha dicho, es decir,  ubicando el cap&iacute;tulo que inicia en un tiempo pasado: "En tanto que Sancho Panza  y su mujer Teresa Cascajo pasaron la impertinente referida pl&aacute;tica, no estaban  ociosas la sobrina y el ama de don Quijote" (VI,  588),<sup><a href="#7">7</a></sup><a name="b7"></a> o bien, puede marcarse al final del cap&iacute;tulo a manera de anuncio de  otros hechos que tuvieron lugar al mismo tiempo, es decir, prolongando la  temporalidad de la narraci&oacute;n hasta los hechos que se narren en el cap&iacute;tulo  pr&oacute;ximo: "&#91;los escuderos&#93; se quedaron dormidos, donde los dejaremos por ahora,  por contar lo que el Caballero del Bosque pas&oacute; con el de la Triste Figura" (XIII, 644). Cuando la simultaneidad se  marca al final de cap&iacute;tulo, suele integrarse de manera expl&iacute;cita al lector u  oyente, con lo cual se le gu&iacute;a en el proceso de pausa y continuidad simult&aacute;nea  de la narraci&oacute;n. En la cita anterior "donde los dejaremos por ahora" implica  que no solo el narrador dejar&aacute; suspendida la relaci&oacute;n de hechos referentes a  los escuderos, sino que el lector u oyente dejar&aacute; en su memoria a los escuderos  ah&iacute;, en pausa, mientras pone atenci&oacute;n al coloquio de los caballeros; se muestra  que el narrador hace part&iacute;cipe a su receptor, ya que pretende que recorran  juntos el ir y venir temporal que implica la simultaneidad.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>La narraci&oacute;n de hechos simult&aacute;neos implica entonces la  necesidad de un lector atento -y de un oyente a&uacute;n m&aacute;s atento, por la imposibilidad  de regresar en la narraci&oacute;n-, ya que no solo debe mantenerse al tanto de la  narraci&oacute;n lineal -si bien guiada por recurrentes avisos, abruptamente interrumpida  para crear suspenso-, sino que debe atender tambi&eacute;n a lo que ocurre en m&aacute;s de  un espacio, al mismo tiempo y con la misma importancia. Mediante la relaci&oacute;n de  los sucesos narrados con otros, pasados o futuros -recurso propio tambi&eacute;n de  los libros de caballer&iacute;as- se consiguen varios efectos, como se&ntilde;ala Cacho  Blecua:  </p>     <blockquote>1&deg; Destaca la importancia del fragmento narrado en  esos momentos, &#91;...&#93; posibilita que el lector-oyente le preste una mayor atenci&oacute;n  para su retenci&oacute;n memor&iacute;stica. 2&deg; Crea dos espacios interrelacionados; el  relato de uno de ellos y la menci&oacute;n del anterior o posterior conectar&aacute; ambas situaciones.  3&deg; Se manifiesta la articulaci&oacute;n trabada de los materiales narrativos, que  obedecen a unos dise&ntilde;os previos. (Cacho Blecua, 2008, pp. 106-107)&nbsp;</blockquote>     <p>La mayor concentraci&oacute;n de marcas de simultaneidad en cortes  de cap&iacute;tulo se encuentra en el episodio de los duques, debido a la separaci&oacute;n  de Don Quijote y Sancho. El recurso resulta llamativo en estos episodios,  precisamente porque otorga unidad a las dos secuencias narrativas al  entrelazarlas. Son inicios y finales de cap&iacute;tulo donde, como hemos visto, el  narrador se hace muy presente y pone de manifiesto continuamente la  participaci&oacute;n din&aacute;mica y atenta que espera de parte de su lector/oyente: "se  acost&oacute; en su lecho, donde <i>le dejaremos  por ahora, porque nos est&aacute; llamando</i> el gran Sancho Panza, que quiere dar  principio a su famoso gobierno" (XLIV, 887);  "qu&eacute;dese aqu&iacute; el buen Sancho, que <i>es</i> <i>mucha la priesa que nos da su amo</i>,  alborotado con la m&uacute;sica de Altisidora" (XIV,  849). Como en los recursos antes mencionados, existe tambi&eacute;n en las  marcas de simultaneidad la posibilidad de una aparente conciencia por parte de  los personajes: en los ejemplos anteriores vemos que es Sancho quien <i>nos est&aacute; llamando </i>y don Quijote quien <i>nos da priesa</i>, creando as&iacute; este efecto  en el cual los personajes saben que la atenci&oacute;n se ha desplazado y quieren  recuperarla, ya que no tendr&iacute;a sentido continuar con sus hechos sin un narrador  que est&eacute; ah&iacute; para relatarlos y un p&uacute;blico que los escuche atento. Si bien, esto  no ocurre en todas las marcas de simultaneidad, es una posibilidad que se  relaciona con los juegos narrativos que veremos m&aacute;s adelante.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Finalmente, hay que mencionar un tipo de simultaneidad que  no tiene que ver propiamente con las acciones, sino con la narraci&oacute;n misma y la  presencia del narrador; tiene, al igual que la posibilidad mencionada en el  p&aacute;rrafo anterior, un tono l&uacute;dico, y puede funcionar como un descanso en la  sucesi&oacute;n de acciones para el receptor. Se trata de los cap&iacute;tulos en los que el  narrador debe explicar hechos pasados -generalmente relacionados con la identidad  oculta de alg&uacute;n personaje- y recurre a dejar en pausa las acciones de los  protagonistas <i>mientras </i>realiza la  explicaci&oacute;n; as&iacute; como los personajes, en momentos, parecen cobrar conciencia de  que sus hechos deben ser narrados, el narrador se muestra consciente de que al  estar ocupado explic&aacute;ndonos las intenciones de Carrasco (XIV-XV) o la identidad de Antonio Moreno  (LXII) los protagonistas deben  mantenerse ocupados con algo que pueda referirse brevemente, pero que abarque  el tiempo de la explicaci&oacute;n: "Don Quijote y Sancho volvieron a proseguir su  camino de Zaragoza, <i>donde los deja la  historia, por dar cuenta de qui&eacute;n era</i> el Caballero de los Espejos y su  narigante escudero" (XIV, 656).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Hasta aqu&iacute; hemos visto tres recursos encaminados a atraer y  mantener la atenci&oacute;n del lector u oyente y que permiten apoyar una finalidad  oral de la obra. Suspenso, anuncio y simultaneidad se intercalan e incluso  conviven para iniciar y terminar cap&iacute;tulos que tengan fuertes v&iacute;nculos con los  anteriores y siguientes y que, a la vez, permitan una pausa en la lectura, que  dejar&aacute; al lector/oyente con dudas y expectativas suficientes para desear  continuar con la lectura, y que permitan retomarla y reinsertarse en el hilo  narrativo con facilidad, manteniendo a un auditorio interesado y alerta (Frenk,  2005, p. 50). Veamos ahora un recurso si bien no contrario a los anteriores,  complementario, ya que implica una pausa en el ritmo de los hechos.</p>     <p><i>2.4.</i> <i>Descanso narrativo</i>  </p>     <p>Nos referimos aqu&iacute; a los  segmentos que sirven como puente entre una y otra aventura, y c&oacute;mo al principio  y al final de cap&iacute;tulos, estos segmentos se convierten en un recurso para  disminuir el ritmo narrativo e introducir un pasaje m&aacute;s bien descriptivo de las  emociones de los personajes o reflexivo por parte del narrador. Es frecuente  que el descanso narrativo coincida con el cambio de espacio de los personajes -aunque  existen numerosos cambios de espacio en los que no se presenta un descanso,  como m&aacute;s adelante veremos-. Debido a que generalmente la aventura est&aacute; asociada  a un espacio determinado, si la aventura termina, los protagonistas se  desplazan y durante ese periodo es que se inserta el descanso narrativo, que  puede coincidir con un descanso en las acciones de los protagonistas; por  ejemplo, que se detengan en el camino a comer o dormir -m&aacute;s Sancho que don  Quijote, claro est&aacute;-:  </p>     <blockquote>Al polvo y al cansancio que don Quijote y Sancho  sacaron del descomedimiento de los toros &#91;aventura terminada&#93; socorri&oacute; una  fuente clara y limpia que entre una gresca arboleda hallaron &#91;cambio de  espacio&#93;, en el margen de la cual, &#91;...&#93; amo y mozo se sentaron. Acudi&oacute; Sancho a  la reposter&iacute;a de sus alforjas &#91;momento de descanso de los personajes&#93;. (LIX, 999)</blockquote>     <p>Una vez terminada alguna aventura que ha mantenido al  lector u oyente tenso y expectante, resulta pertinente realizar una pausa,  retomar la narraci&oacute;n con un tono m&aacute;s lento, que permita recopilar los hechos  anteriores tanto en las reflexiones de los personajes como en la memoria de  lector y m&aacute;s a&uacute;n del oyente.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los descansos en principios de cap&iacute;tulo generalmente se  encuentran cuando en el cap&iacute;tulo anterior ha terminado una aventura, y en el  que inicia se marca una disminuci&oacute;n del ritmo de la narraci&oacute;n que sirve como  transici&oacute;n y breve recuento de la aventura reci&eacute;n terminada; por ejemplo,  despu&eacute;s de ver a Dulcinea "encantada", el cap&iacute;tulo XI inicia: "Pensativo  adem&aacute;s iba don Quijote por su camino adelante, considerando la mala burla que  le hab&iacute;an hecho los encantadores volviendo a su se&ntilde;ora Dulcinea en la mala  figura de la aldeana, y no imaginaba qu&eacute; remedio tendr&iacute;a" (XI, 623).  Si tenemos en cuenta las posibilidades de lectura, el descanso tambi&eacute;n lo  comparten los personajes con el lector u oyente, y de ser necesaria, una pausa  en la lectura, permite iniciar el cap&iacute;tulo con el recuento de los hechos,  siempre conveniente para el oyente que no puede volver sobre las p&aacute;ginas de la  obra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Los descansos que tienen lugar durante los episodios de los  duques no se relacionan con un cambio de espacio, ya que entre el palacio, sus  alrededores y la &iacute;nsula se albergan todas las aventuras. Es llamativo el  cap&iacute;tulo LI, que inicia y termina  con un descanso narrativo: el descanso que precede a la ronda, al inicio, y el  pasaje de las constituciones de Sancho, que es completamente descriptivo, al  final.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Ahora bien, el recurso del descanso narrativo se hace m&aacute;s  presente al terminar los tres principales episodios de <i>estancia </i>de don Quijote: al salir de casa de don Diego (XIX y XX),  al salir del castillo de los duques (LVIII  y LIX) y al salir de Barcelona (LXVI, LXVII,  LXVIII, LXX, LXXI); despu&eacute;s de estos episodios llenos de acci&oacute;n -f&iacute;sica,  verbal y emocional- para don Quijote, Sancho y, por ende, para el receptor es  necesario, para el equilibrio y el recuento de la narraci&oacute;n, un mayor espacio  para pasajes de descanso.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>A diferencia de la simultaneidad, el suspenso y el anuncio  que tienden a disminuir conforme nos acercamos al fin de la obra, el descanso  narrativo aumenta notablemente en los inicios y finales de los &uacute;ltimos nueve  cap&iacute;tulos. Parece que el autor preparara tanto a don Quijote como a sus  lectores para la muerte del caballero, otorgando mayor espacio para la  reflexi&oacute;n, para las acciones ya no interrumpidas, sino pausadas. Los cap&iacute;tulos  se introducen y se concluyen ya con un tono m&aacute;s reposado, pues tanto la vida  del protagonista como la obra y las expectativas que esta genera van  declinando: es tiempo de retomar y concluir. </p>     <p><i>2.5.</i> <i>Presencia del narrador</i>  </p>     <p>Hasta aqu&iacute; ha resultado  notoria, por marcas impl&iacute;citas, la presencia del narrador en la obra; que se  hace completamente evidente cuando el narrador -o bien Cide Hamete- se hace  presente expl&iacute;citamente. Estos segmentos, al igual que otros de los fen&oacute;menos  analizados, no aparecen exclusivamente en los inicios y finales de cap&iacute;tulo;  sin embargo, llaman la atenci&oacute;n estos porque funcionan, por un lado, como una pausa  en la sucesi&oacute;n de hechos -al igual que los descansos-, al ser segmentos m&aacute;s  bien reflexivos que versan ya sobre la historia, ya sobre la obra, el estilo y  el proceso narrativo en s&iacute; mismo: &nbsp;</p>     <blockquote>Real y verdaderamente, todos los que gustan de  semejantes historias como &eacute;sta deben de mostrarse agradecidos a Cide Hamete, su  autor primero, por la curiosidad que tuvo en contarnos las sem&iacute;nimas de ella  &#91;...&#93; Pinta los pensamientos, descubre las imaginaciones, responde a las t&aacute;citas,  aclara las dudas, resuelve los argumentos &#91;...&#93; (XL,  848)</blockquote>     <p>Por el otro lado, al igual que el suspenso, el anuncio y la  simultaneidad, exigen atenci&oacute;n y participaci&oacute;n del lector, suelen tener en la  mayor&iacute;a de los casos un tono l&uacute;dico: el narrador juega con el tono -por  ejemplo, al iniciar el episodio del gobierno de Sancho con una parodia de  invocaci&oacute;n a las musas (XLV), o al  reflexionar sobre la finitud de las cosas; de igual manera, para introducir el  t&eacute;rmino del gobierno ficticio de Sancho (LIII)  como el final de la vida de don Quijote (LXXIV)-  y juega tambi&eacute;n con las afirmaciones, con el sentido de la realidad cambiante  de don Quijote, muchas veces de manera sutil. Sin embargo, es posible afirmar  que el autor espera un lector atento, que note estos juegos y participe en  ellos, ya que en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n pide una lectura atenta, prometiendo a  cambio narrar hechos que merezcan esta lectura, es decir, "cosas que piden  nueva atenci&oacute;n y nuevo cr&eacute;dito" (IX, 613).   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>En los inicios y finales de cap&iacute;tulo, se encuentran  apariciones del narrador de maneras variadas que van desde simples juegos de  palabras: "Tem&iacute;a si quedar&iacute;a o no contrecho Rocinante, o <i>deslocado</i> su amo, que no fuera poca ventura si <i>deslocado</i> quedara" (LXIV, 1048),  o menciones de lo que no se cuenta, hasta el complejo ir y venir de la  realidad y la verdad de los hechos de don Quijote en correspondencia y  contraste con el narrador.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Esto &uacute;ltimo, la veracidad de la narraci&oacute;n, es una constante  que en los cierres de cap&iacute;tulo parece dar un giro al tono y con ello una  llamada de atenci&oacute;n bromista a los lectores; el narrador puede jugar con las  visi&oacute;n de la realidad de don Quijote, retom&aacute;ndola y haci&eacute;ndola suya durante un  instante, como ocurre durante la salida de la casa de don Diego: "con la buena  licencia de <i>la se&ntilde;ora del castillo</i>,  don Quijote y Sancho, sobre Rocinante y el rucio, se partieron" (XVIII, 689). No conforme con ceder a la  realidad del caballero, el narrador puede aumentar el juego en el siguiente  cap&iacute;tulo, al no decidirse por la realidad de don Quijote ni por la del resto de  los personajes, al recordar "el buen alojamiento que hab&iacute;a tenido en <i>el castillo o casa</i> de don Diego" (XIX, 697).<sup><a href="#8">8</a></sup><a name="b8"></a> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otro lado, el narrador juega tambi&eacute;n con la veracidad  de los hechos narrados, ya sea que Cide Hamete la ponga en duda: "todas las  aventuras hasta aqu&iacute; sucedidas han sido contingibles y veris&iacute;miles, pero esta  de esta cueva no le hallo entrada alguna para tenerla por verdadera" (XXIV, 734), o bien que el narrador caiga  en la iron&iacute;a de afirmar que "Cide Hamete promete de contar con la puntualidad y  verdad que suele contar las cosas de esta historia, por m&iacute;nimas que sean" (XLVII, 908), cuando en el cap&iacute;tulo anterior  afirma que la convalecencia de don Quijote dur&oacute; cinco d&iacute;as y en el siguiente  que dur&oacute; seis; en todos los casos, la aparici&oacute;n de un narrador objetivo que  valide que la obra est&aacute; contada desde la verdad -recurso propio de los libros  de caballer&iacute;as-<sup><a href="#9">9</a></sup><a name="b9"></a> se convierte aqu&iacute; en un  juego del narrador que requiere en todo momento la participaci&oacute;n, tambi&eacute;n  l&uacute;dica y atenta, del lector.   &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Llaman la atenci&oacute;n en consonancia con este trabajo,  especialmente, los pasajes en los que el narrador menciona de forma expl&iacute;cita  la estructura de la obra divida en cap&iacute;tulos: "Llegando a escribir el traductor  de esta historia <i>este quinto cap&iacute;tulo</i>,  dice que le tiene por ap&oacute;crifo" (V, 581);  "Y aqu&iacute; con <i>este breve cap&iacute;tulo</i> dio  fin el autor, y <i>comenz&oacute; el otro</i>" (XXXVII, 838), "Dicen que en el propio  original de esta historia se lee que llegando Cide Hamete a escribir <i>este cap&iacute;tulo</i> no le tradujo su int&eacute;rprete  como &eacute;l le hab&iacute;a escrito" (XLIV, 877).  As&iacute; pues, una de las formas en que el narrador se hace presente es  reflexionando -indirectamente- sobre el tema mismo de este trabajo: el narrador  nos indica que puede hablarse de un cap&iacute;tulo como una unidad sin que tal juicio  afecte al resto de la obra, y que la divisi&oacute;n est&aacute; hecha con profunda conciencia  estructural y narrativa. </p>     <p><i>2.6.</i> <i>Menciones del lector/oyente</i>  </p>     <p>Hemos visto a lo largo de  todo este trabajo que es marcada la presencia y participaci&oacute;n del lector u  oyente en la obra. Los recursos que el autor utiliza al inicio y final de  cap&iacute;tulos incluyen constantemente al lector/oyente; sin embargo, vale la pena  dedicar un apartado a estas menciones, como un recurso que, aunque convive con  los anteriores y al igual que otros puede presentarse tambi&eacute;n al interior de  los cap&iacute;tulos, tiene una importante presencia y funci&oacute;n en los segmentos iniciales  y finales.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Las menciones pueden implicar una petici&oacute;n directa al  lector u oyente de atenci&oacute;n o cr&eacute;dito, enfatizando, claro, que lo que se narra  es digno de ello; as&iacute; pues el autor parece confiar tanto en la calidad de la  obra como en la calidad del receptor, que se merecen mutuamente: "sucedieron  cosas que, por muchas, grandes y nuevas, <i>merecen  ser escritas y le&iacute;das</i>, como se ver&aacute; adelante" (X, 623).&nbsp;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Siguiendo con el tono l&uacute;dico del narrador, antes  mencionado, el llamado al receptor tambi&eacute;n puede conllevar un deseo de regocijo  para este; se hace expl&iacute;cito as&iacute; que una de las finalidades de la obra es la  diversi&oacute;n de quien la recibe: "la historia vuelve a hablar de &eacute;l &#91;de Sans&oacute;n  Carrasco&#93; a su tiempo, por no dejar de <i>regocijarse</i> ahora con don Quijote" (XV, 568).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Finalmente, est&aacute;n los numerosos segmentos en que el  narrador hace uso de una primera persona del plural que integra al lector con  los personajes mismos, de manera que todos esperamos ansiosos la continuaci&oacute;n  del relato que se ha anunciado, todos nos sorprendemos con el suspenso, todos  cambiamos de espacio en los cap&iacute;tulos simult&aacute;neos: "recibiolo la duquesa con  grand&iacute;simo gusto, con el cual la dejaremos, por contar el fin que tuvo el  gobierno del gran Sancho Panza" (LII, 953).  Este recurso actualiza el relato; los cap&iacute;tulos inician y terminan creando una  sensaci&oacute;n de que el narrador est&aacute; presente en el aqu&iacute; y el ahora del lector u  oyente, que es una <i>voz </i>que puede  escucharse conforme la historia avanza, una voz viva y presente, que no solo  manifiesta su voluntad y juega con el relato, sino que nos llama -con toda la  oralidad que ello implica- a ser parte de la obra. </p>     <p><i>2.7.</i> <i>Cambio de espacio</i>  </p>     <p>Para terminar con la  revisi&oacute;n de inicios y finales de cap&iacute;tulo, falta hacer menci&oacute;n de un recurso  que tiene un car&aacute;cter teatral, y por ende, no solo oral, sino visual, de la  obra. Combinados con los recursos anteriores o de manera independiente, son  numerosos los cap&iacute;tulos que abren o cierran con un cambio de espacio: puede ser  la entrada o salida de un personaje, o un desplazamiento de los protagonistas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     <p>Estos dos recursos resultan llamativos al ser ambos propios  de las didascalias y marcar cambios de escena en las obras teatrales. Si  pensamos que el<i> Quijote </i>est&aacute;  proyectado para una posible lectura oral, en un &aacute;mbito donde el teatro es un  fen&oacute;meno cultural muy cercano y cotidiano,<sup><a href="#10">10</a></sup><a name="b10"></a> con un posible p&uacute;blico de oyentes que estar&iacute;an acostumbrados al espect&aacute;culo  teatral, es completamente comprensible que en mucho casos, la &uacute;nica marca  estructural que justifique el cambio de cap&iacute;tulo es, precisamente, la salida o  llegada de alg&uacute;n personaje -como si se tratara de una entrada o salida de  escena-, generalmente cuando se trata de personajes secundarios o del cambio de  espacio de los protagonistas. &nbsp;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las entradas y salidas de personajes no solo delimitan los  cap&iacute;tulos, sino que marcan tambi&eacute;n el inicio y fin de la participaci&oacute;n de los  involucrados en las aventuras de don Quijote y Sancho: &nbsp;</p>     <blockquote>Detr&aacute;s de los tristes m&uacute;sicos comenzaron a entrar  por el jard&iacute;n adelante hasta cantidad de doce due&ntilde;as, repartidas en dos  hileras, todas vestidas de unos monjiles anchos &#91;...&#93; Tras ellas ven&iacute;a la condesa  Trifaldi, a quien tra&iacute;a de la mano el escudero Trifald&iacute;n de la Blanca Barba,  vestida de fin&iacute;sima y negra bayeta por frisar. (XXXVIII,  838)</blockquote>     <p> Algunas entradas, sobre todo durante los episodios de los  duques, est&aacute;n marcadas por una gran teatralidad, no solo se describe c&oacute;mo entra  el personaje, sino el acompa&ntilde;amiento, y el vestuario, acercando estos inicios  de cap&iacute;tulo a las acotaciones teatrales:</p>     <p>    <blockquote>Al comp&aacute;s de la agradable m&uacute;sica vieron que hacia  ellos ven&iacute;a un carro de los que llaman triunfales, tirado de seis mulas pardas,  encubertadas empero de lienzo blanco &#91;...&#93; y en un levantado trono ven&iacute;a sentada  una ninfa, vestida de mil velos de tela de plata, brillando por todos ellos  infinitas hojas de argenter&iacute;a de oro, que la hac&iacute;an, si no rica, a lo menos  vistosamente vestida. (XXXV, 822)</blockquote></p>     <p> En el caso de los desplazamientos de los protagonistas,  como se ha visto, tampoco se trata solamente de delimitar los cap&iacute;tulos, sino  de delimitar las aventuras mismas. Don Quijote y Sancho siguen un camino que  interrumpen debido a los encuentros y aventuras cuando entra un personaje a la<i> escena </i>de la narraci&oacute;n o ellos llegan a  alg&uacute;n sitio, se llama la atenci&oacute;n del lector u oyente, que sabe que esto  significa que una nueva aventura est&aacute; pr&oacute;xima, motivada ya sea por el nuevo  personaje, ya sea por lo que se encontrar&aacute;n en el nuevo lugar, y se crea el  efecto de que la aventura no solo se est&aacute; narrando por una voz presente, sino  que se narra como si estuviera ocurriendo a la vista de quien la escucha: &nbsp;  </p>     <p>    <blockquote>Por sus pasos contados y por contar, dos d&iacute;as  despu&eacute;s que salieron de la alameda llegaron don Quijote y Sancho al r&iacute;o Ebro, y  el verle fue de gran gusto a don Quijote, porque <i>contempl&oacute;</i> y <i>mir&oacute;</i> en &eacute;l la  amenidad de sus riberas, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso y la  abundancia de sus l&iacute;quidos cristales (XXIX,  771).</blockquote></p>     <p> Se crea adem&aacute;s el efecto de que lectores u oyentes  compartimos, -al igual que con recursos previamente mencionados- el paisaje del  sitio al que llegan. Este recurso tiene tambi&eacute;n puntos de contacto con los  libros de caballer&iacute;as, en los que "se describe un acontecimiento  represent&aacute;ndolo ante los ojos de los lectores-oyentes que as&iacute; pueden participar  de su desarrollo &#91;...&#93; Son f&oacute;rmulas de acercamiento del relato a los propios  receptores" (Cacho Blecua, 2008, p. 105).</p>     <p><font size="3"><b>3. Conclusi&oacute;n</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin duda, una revisi&oacute;n  como la anterior podr&iacute;a ampliarse y detallarse mucho m&aacute;s; sin embargo, de este  trabajo es posible concluir que tan solo al analizar segmentos de la obra ci&ntilde;&eacute;ndonos  al aspecto estructural de la delimitaci&oacute;n de los cap&iacute;tulos resulta evidente,  por un lado, la variedad de recursos y combinaciones de los que se vale la obra  para mantener, durante 74 cap&iacute;tulos, el inter&eacute;s y la curiosidad viva de su  receptor y, por otro lado, que la mayor&iacute;a de estos recursos implican una obra  que no es excluyente ni para el lector silencioso ni para el oyente, ya que lo  que se privilegia en todo momento es la integraci&oacute;n y participaci&oacute;n del  receptor en la obra; cada uno de los recursos aqu&iacute; analizados, hace posible que  el lector u oyente se sorprenda y descanse, camine y se detenga, retome la  narraci&oacute;n, concluya e inicie cada cap&iacute;tulo junto al narrador y los personajes,  y a su vez, estos recursos solo son posibles con un lector u oyente dispuesto a  permanecer atento, a captar los juegos y a acompa&ntilde;ar a don Quijote y a Sancho  hasta su definitivo regreso a ese incierto lugar de la Mancha. </p>     <p><hr size="1" />     <p><b>&nbsp;</b></p>     <p><font size="3"><b>NOTAS</b></font></p>     <p><a href="#b*">*</a><a name="*"></a> Art&iacute;culo de reflexi&oacute;n. </p>     <p><a href="#b1">1</a><a name="1"></a> Para dicho an&aacute;lisis se han considerado las apariciones de las categor&iacute;as que a continuaci&oacute;n se mencionan   en un promedio de 10 a 15 l&iacute;neas al inicio y al final de cada cap&iacute;tulo, en la edici&oacute;n que se menciona en la bibliograf&iacute;a.</p>     <p><a href="#b2">2</a><a name="2"></a> ""El cap&iacute;tulo cervantino raras veces coincide con una unidad  narrativa &#91;sino que presenta&#93; cesuras abruptas con las que bien se echa de ver  que lo que le importa al autor es mantener en pie la expectativa del lector o  tal vez -&iquest;por qu&eacute; no?- de un c&iacute;rculo de oyentes"" (Moner 1988, p. 124 ap.Frenk 2005, p. 63, n. 18). </p>     <p><a href="#b3">3</a><a name="3"></a> En adelante se cita el<i> Quijote</i> con n&uacute;mero de cap&iacute;tulo seguido de n&uacute;mero de p&aacute;gina; esta &uacute;ltima se omite cuando  basta la&nbsp; referencia al cap&iacute;tulo entero.</p>     <p><a href="#b4">4</a><a name="4"></a> En los libros de caballer&iacute;a "suele ser &#91;...&#93; relativamente frecuente la  presentaci&oacute;n de una aventura misteriosa con personajes desconocidos, para que  una vez resuelta se expliquen los pormenores y los antecedentes previos a su  desarrollo" (Cacho Blecua, 2008, p. 101). Recordemos aqu&iacute; tambi&eacute;n la aventura  con el Caballero del Bosque (XII-XV). </p>     <p><a href="#b5">5</a><a name="5"></a> Iser (2008, pp. 108-109) llama al efecto de suspenso la m&aacute;s  "primitiva" de las t&eacute;cnicas de corte, aunque "muy eficaz"; de acuerdo con este  autor, podr&iacute;amos pensar si el resto de los recursos aqu&iacute; tratados resultan "m&aacute;s  refinados" o elaborados que el suspenso, lo que es cierto es que en todos los  casos se mantiene abierta la pregunta "&iquest;c&oacute;mo continuar&aacute; la narraci&oacute;n?". En la  Segunda parte del <i>Quijote</i> existen  cinco secuencias narrativas -con menciones en los cortes de cap&iacute;tulo- que  atraviesan la narraci&oacute;n, quedando suspendidas durante un largo periodo para ser  resueltas muchos cap&iacute;tulos m&aacute;s adelante: el deseo de venganza de Sans&oacute;n  Carrasco (XV), el encuentro con  Ricote (LIV), el matrimonio de  Tosilos (LVI), los amores de  Altisidora (LVII), y,  principalmente, el desencanto de Dulcinea (X).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#b6">6</a><a name="6"></a> Llama la atenci&oacute;n el inicio del episodio de los duques, el cap&iacute;tulo XXX, en el cual se describe a don  Quijote melanc&oacute;lico por el encantamiento de Dulcinea y a Sancho preocupado por  los bienes; esta entrada se convierte en una pista de lectura que anuncia,  aunque impl&iacute;citamente, las dos l&iacute;neas que seguir&aacute;n las principales bromas de  los duques: la soluci&oacute;n al encanto de Dulcinea con la orden de Merl&iacute;n de los  azotes de Sancho y la respuesta a las preocupaciones materiales de Sancho con  el gobierno de la &iacute;nsula -aunque ninguna de las dos se vea realmente resuelta-;  sin embargo, los anuncios a los que nos referimos en este apartado no son de esta  &iacute;ndole, sino menciones expl&iacute;citas por parte del narrador, o bien de alg&uacute;n  personaje, en las que se anticipa alg&uacute;n suceso o bien, el car&aacute;cter del mismo.</p>     <p><a href="#b7">7</a><a name="7"></a> Los hechos pueden ser simult&aacute;neos a un momento del episodio anterior  y regresar inmediatamente al tiempo presente de la narraci&oacute;n previa (en el  cap&iacute;tulo XXXI el duque se adelanta  para dar indicaciones a su gente) o bien, pueden narrarse hechos que abarquen  el tiempo del cap&iacute;tulo previo, de manera que hay un tiempo paralelo y  equivalente en dos cap&iacute;tulos (como coloquio de Sancho y Teresa en los cap&iacute;tulos  V y VI o XIII: los  coloquios de escuderos y caballeros en los cap&iacute;tulos XIII y XIV).</p>     <p><a href="#b8">8</a><a name="8"></a> El juego se presenta desde el ep&iacute;grafe del cap&iacute;tulo XVIII "De lo que sucedi&oacute; a don Quijote  en <i>el castillo o casa </i>del Caballero  del Verde Gab&aacute;n, con otras cosas extravagantes" (XVIII, 679). </p>     <p><a href="#b9">9</a><a name="9"></a> "La posterior adici&oacute;n de un historiador cuya percepci&oacute;n est&aacute; limitada  te&oacute;ricamente significa un intento sistem&aacute;tico por narrar desde una verdad"  constituye una de las aportaciones del <i>Amad&iacute;s</i> (Cacho Blecua, 2008, p. 101).</p>     <p><a href="#b10">10</a><a name="10"></a> "En una cultura oral la creaci&oacute;n se produce en una situaci&oacute;n de tipo  teatral, una especie de representaci&oacute;n" (Frenk, 2005, p. 35).</p> <hr size="1" /> &nbsp;</p>      <p><font size="3"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>     <!-- ref --><p>Berist&aacute;in, H. (2008). <i>Diccionario de ret&oacute;rica y po&eacute;tica</i>,  M&eacute;xico: Porr&uacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-5587201500010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Cacho Blecua, J. M. (2008).  Introducci&oacute;n. En Cacho Blecua, J. M. (Ed.), <i>Amad&iacute;s  de Gaula</i> (pp. 17-206). Madrid: C&aacute;tedra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-5587201500010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Cervantes, M. de. (2004). <i>Don Quijote de la Mancha</i>, F. Rico (Ed.),  Real Academia Espa&ntilde;ola / Asociaci&oacute;n de Academias de la Lengua Espa&ntilde;ola.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-5587201500010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Frenk, M. (2005). <i>Entre la voz y el silencio. La lectura en  tiempos de Cervantes</i>, M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-5587201500010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Iser, W. 2008. El acto de la lectura:  consideraciones previas sobre una teor&iacute;a del efecto est&eacute;tico. En Rall, D.  (Coord.). <i>En busca del texto. Teor&iacute;a de  la recepci&oacute;n literaria</i> (pp. 121-143). M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma  de M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-5587201500010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>Moner, M. (1988). T&eacute;cnicas del arte verbal y  oralidad residual en los textos cervantinos. <i>Edad de Oro</i>, 7, 199-12&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-5587201500010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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