<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0120-5633</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Cardiología]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Rev. Colomb. Cardiol.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0120-5633</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Sociedad Colombiana de Cardiologia. Oficina de Publicaciones]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0120-56332006000400002</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Tulio Enrique Parra Mejía: "estudiante de medicina"]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Reyes Ordoñez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Luis Carlos]]></given-names>
</name>
</contrib>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Restrepo Cuartas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jorge Alberto]]></given-names>
</name>
</contrib>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sarmiento Díaz]]></surname>
<given-names><![CDATA[Juan José]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<volume>13</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>3</fpage>
<lpage>6</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0120-56332006000400002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0120-56332006000400002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0120-56332006000400002&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">     <p>    <center>     <font size="4"><b>Tulio Enrique Parra Mej&iacute;a &laquo;El estudiante de      medicina&raquo; </b> </font>    </center></p>     <p>    <center> Luis Carlos Reyes Ordo&ntilde;ez, MD. Cirug&iacute;a Cardiovascular    (Y punto&#8230; y coma).    <br>   Jorge Alberto Restrepo Cuartas, MD. Anestesiolog&iacute;a, Reanimaci&oacute;n,    Inmersi&oacute;n a Pulm&oacute;n Libre y Tiro al Arco.    <br>   Juan Jos&eacute; Sarmiento D&iacute;az, MD. Medicina Interna, Filosof&iacute;a    y Bio&eacute;tica (&laquo;Y hasta m&aacute;s...&raquo;). </center></p> <hr size="1">     <p><img src="/img/revistas/rcca/v13n1/a2f1.jpg" align="left">Por    iniciativa de Pablo Guerra Le&oacute;n, compa&ntilde;ero de trabajo y amigo    &iacute;ntimo de Tulio Enrique Parra Mej&iacute;a durante tantos a&ntilde;os,    varios de sus compa&ntilde;eros de semestre que vivimos en Medell&iacute;n,    nos reunimos a recordarlo.</p>     <p> Tuvimos la suerte y el honor de ser compa&ntilde;eros de vida,    un largo rato, de Tulio. Varios de nosotros iniciamos estudios de medicina en    la Universidad Nacional de Colombia en 1969, (s&oacute;lo hab&iacute;a, en la    Bogot&aacute; de entonces tres facultades de Medicina: La Javeriana, El Rosario    y La Nacional). La mayor&iacute;a llegamos como &laquo;extranjeros&raquo; o    no nativos de Bogot&aacute;, y siendo casi todos limitados de recursos econ&oacute;micos,    vivimos en residencias universitarias como la Santander y la Camilo Torres o    &laquo;Gorgona&raquo; dentro de la Ciudad Universitaria, o como la llamada &laquo;10    de mayo&raquo; en el Centro Urbano Antonio Nari&ntilde;o.</p>     <p> Tuvimos tambi&eacute;n la fortuna de compartir con &eacute;l    un apartamento durante m&aacute;s de tres a&ntilde;os a partir de 1972, en la    Unidad Residencial &laquo;Hans Drews Arango&raquo;, en la Avenida Caracas con    calle 4&ordf;., cerca del Hospital de la Misericordia y no lejos del Hospital    Universitario San Juan de Dios y del Instituto Materno- Infantil, de modo que    al iniciar s&eacute;ptimo semestre de semiolog&iacute;a, comenzamos a llevar    una vida de estudios en los hospitales, ya sin tener que regresar a la Ciudad    Universitaria.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Tulio se fue, muriendo joven y sin dejar &laquo;hijos carnales    conocidos&raquo;, como a&ntilde;adir&iacute;a &eacute;l, burl&aacute;ndose de    s&iacute; mismo y de la vida, y aclarando tambi&eacute;n que: &laquo;Muriendo    s&iacute;, pero ya no tan joven;&#8230;adem&aacute;s, no hay que quejarse mucho,    sabiendo que a otros, m&aacute;s de malas que uno, les va peor&#8230;&raquo;</p>     <p> En estas circunstancias no dejamos de recordar ese poema cl&aacute;sico    y siempre vigente de Jorge Manrique (1440 &#8211; 1479) de &laquo;Coplas a la    muerte de mi padre, el Maestre Don Rodrigo&raquo;:</p>     <p> &laquo;Recuerde el alma dormida,    <br>   Avive el seso y despierte    <br>   contemplando    <br>   c&oacute;mo se pasa la vida,     <br>   c&oacute;mo se viene la muerte, tan callando&#8230;    <br>   Cu&aacute;n pronto se va el placer,     <br>   c&oacute;mo, despu&eacute;s de recordado da dolor;    <br>   c&oacute;mo, a nuestro parecer,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   todo tiempo pasado fue mejor&#8230;&raquo;</p>     <p> Vivimos esos a&ntilde;os setenta api&ntilde;ados, pero felices,    en ese para nosotros id&iacute;lico &laquo;apartamento 8-42&raquo;, con Carlos    Julio Rodr&iacute;guez Velandia (&laquo;Charlie Brown&raquo;: por los contrastes    y porque los dos, como un personaje de Truffaut, eran hombres a los que amaban    las mujeres); Luis Vicente Pineda (el &laquo;Mono&raquo;, no por &laquo;simiesco&raquo;,    sino por rubio y por &laquo;pispito&raquo;), Jorge Arturo Pinz&oacute;n (&laquo;Cachetes&raquo;:    por &laquo;boyacacuno cari-colorado&raquo;), Jos&eacute; Gilberto Velandia,    Jorge Alberto Restrepo Cuartas (el &laquo;Flaco&raquo;, o &laquo;el Paisita&raquo;,    su confidente y compa&ntilde;ero de habitaci&oacute;n de toda esa &eacute;poca;    para Tulio, &eacute;l era &quot;Mi compadre Jorge Alberto&quot;), Luis Carlos    Reyes (&laquo;Olafo&raquo;, no por &laquo;panz&oacute;n&raquo; ni por cornudo    o amargado, &iexcl;Ni m&aacute;s faltaba!, sino por &laquo;barba-roja&raquo;),    con Chucho Parra Mej&iacute;a, su hermano, quien lamentablemente se enferm&oacute;    gravemente mientras viv&iacute;a con nosotros, y con el propio Tulio.</p>     <p> &Eacute;ramos muy frecuentemente acompa&ntilde;ados y visitados    por amigos entra&ntilde;ables, especialmente por Mario P&eacute;rez, Augusto    Pe&ntilde;aranda, Ernesto Potes y Juan Jos&eacute; Sarmiento (&laquo;Monse&ntilde;or&raquo;,    por haber &laquo;dizque estudiado&raquo; en el Seminario y por su t&iacute;o    Obispo). Todos estos apodos fueron inventados por Tulio, con alg&uacute;n doble    o triple sentido, siempre especialista desde joven en apuntes mordaces, ir&oacute;nicos    y burlones, pero nunca destructivos.</p>     <p> Compart&iacute;amos todo, el desayuno, las clases, las pr&aacute;cticas    con pacientes, la comida y el reposo y, como no ten&iacute;amos televisor ni    hab&iacute;a computadores, habl&aacute;bamos mucho todas las noches. Tulio sacaba    tiempo, todos los d&iacute;as, para leer textos de medicina, pero nos cont&aacute;bamos    todo. No todo lo hicimos bien y por supuesto no &eacute;ramos perfectos, pero    cumplimos con la Universidad y con lo que las familias esperaban de nosotros.    Todos los d&iacute;as &eacute;l nos daba ejemplo de estudio, saliendo de clase    o de visitas a los pacientes, a la Biblioteca, y no dejaba de sorprendernos,    pues aunque siempre fue matr&iacute;cula de honor todos los semestres, siempre    fue tambi&eacute;n uno de los nuestros, jam&aacute;s fue un &laquo;nerd&raquo;    petulante o un &laquo;mazo&raquo; fastidioso; nunca humill&oacute; con su sabidur&iacute;a    o sus conocimientos ni compar&oacute; sus altas calificaciones con las de nadie,    y su pasi&oacute;n por la lectura la viv&iacute;a casi como un vicio secreto.    &laquo;Hiper-mega&raquo; responsable, como dicen ahora los muchachos, pero buen    conversador y buen amigo.</p>     <p> Siempre fue misterioso con su vida afectiva y sexual; siempre    fue &laquo;zanahorio&raquo;, prudente y parco con el alcohol, nunca prob&oacute;    ninguna droga psicotr&oacute;pica y siempre se le ve&iacute;a &aacute;vido por    conocer y preocupado m&aacute;s por comprender el mundo que por vivir la vida.    Adem&aacute;s de medicina, le&iacute;a sobre historia y ciencias y un poco de    filosof&iacute;a y de literatura.</p>     <p> Nunca quiso acumular triunfos ni bienes materiales, ni coleccionar    aventuras amorosas. Nunca le lanz&oacute; una piedra a la Polic&iacute;a en    las manifestaciones. Fue agn&oacute;stico en la religi&oacute;n, admirador del    esfuerzo y el trabajo y enemigo de las desigualdades, pero defensor del di&aacute;logo    y radicalmente pacifista en la pol&iacute;tica.</p>     <p>Siempre rechaz&oacute; los extremismos y el recurso a la violencia,    seguramente marcado por la muerte de su padre, quien siendo miembro de la Polic&iacute;a    Nacional, fue v&iacute;ctima de la violencia liberal -conservadora- y fue asesinado    en Norte de Santander, cuando Tulio y Chucho eran todav&iacute;a unos ni&ntilde;os.</p>     <p> Tuvimos una serie de profesores maravillosos (&laquo;vacas    sagradas&raquo; de la medicina colombiana), como Alfredo Rubiano Caballero,    quien nos introdujo a la Morfolog&iacute;a y a la Histolog&iacute;a, pero tambi&eacute;n    trat&oacute; de aficionarnos a la m&uacute;sica cl&aacute;sica, sintonizando    la emisora &laquo;H.J.C.K. El mundo en Bogot&aacute;&raquo;, o la &laquo;Radio    Nacional de Colombia&raquo; durante las pr&aacute;cticas y los laboratorios,    e invitando a los buenos estudiantes al &laquo;gallinero&raquo; del Teatro Col&oacute;n    los viernes en la noche a o&iacute;r a la Orquesta Sinf&oacute;nica de Colombia,    conducida por el Maestro Olav Roots, quien nos &laquo;descrestaba&raquo;, sobretodo    cuando dirig&iacute;a de memoria, sin partitura.</p>     <p> Fueron nuestros maestros y ejemplos para seguir de Tulio,    personajes como Elsy Vera en Biolog&iacute;a Molecular y Emilio Yunis en Gen&eacute;tica,    Harlem Poveda de Ruiz en Bioqu&iacute;mica, Rams&eacute;s Hakim en Fisiolog&iacute;a,    Manuel Elkin Patarroyo como nuestro monitor de Inmunolog&iacute;a y profesor    en Medicina Interna; en Semiolog&iacute;a al Profesor Reverand y a Jaime Campos;    en Medicina Interna a An&iacute;bal R&iacute;os y Hernando Forero Caballero,    entre otros; en Endocrinolog&iacute;a a Bernardo Reyes Leal, en Neumolog&iacute;a    a Jos&eacute; Mar&iacute;a Pacheco y Fernando Latorre; a Fernando Chalem en    Reumatolog&iacute;a. En Patolog&iacute;a, a los famosos Egon Lichtenberger,    Guillermo Fergusson y Ovidio M&eacute;ndez. A Jaime Potes S&aacute;nchez en    Neurolog&iacute;a, y en Cardiolog&iacute;a a Hernando del Portillo Carrasco    a Hernando Matiz Camacho (reci&eacute;n desempacado de &laquo;la USA&raquo;),    a Cicer&oacute;n Fandi&ntilde;o y a Augusto Leyva Samper, quien acababa de llegar    de Francia, en donde vivi&oacute; el famoso mayo del 68 y comenz&oacute; siendo    nuestro profesor de Fisiolog&iacute;a Cardiovascular, de Cardiolog&iacute;a,    de Cuidados Intensivos, de la vida&#8230; </p>     <p>En Cirug&iacute;a General, tuvimos a personas de la talla de    &Aacute;lvaro Caro Mendoza, Jaime Escobar Triana, Rafael Casas Morales, Erix    Boz&oacute;n Mart&iacute;nez, &Aacute;lvaro Murcia quien ya impulsaba la Cirug&iacute;a    Vascular, Federico Pe&ntilde;aloza, Francisco Buitrago, Carlos Ibla Camacho    y Miguel Ernesto Otero Cadena. En Pediatr&iacute;a a Ernesto Plata Rueda (&laquo;&#8230;ahora    la plata rueda tambi&eacute;n por las librer&iacute;as&raquo;, se burlaba el    Tulio cuando el &laquo;profe&raquo; public&oacute; el primer libro colombiano    de Pediatr&iacute;a). En Cirug&iacute;a Pedi&aacute;trica a Mizrahim M&eacute;ndez    y Jorge Bonilla. En Cirug&iacute;a Cardiovascular, especialidad que Tulio decidi&oacute;    seguir despu&eacute;s, a Emilio Echeverri de la Roche, Jaime de la Hoz de la    Hoz, Camilo Cabrera y Herbert Escobar. En Ginecolog&iacute;a a Fernando S&aacute;nchez    Torres, &Aacute;lvaro Velasco Chiriboga y &Aacute;lvaro Espinosa y Espinosa.    Tulio era feliz &laquo;chismoseando&raquo; de sus profesores.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Qu&eacute; l&aacute;stima no recordar todos los nombres de    esa pl&eacute;yade de profesores quienes nos ense&ntilde;aron que hab&iacute;a    que pensar y estudiar antes de actuar, que hab&iacute;a que esforzarse para    responder a la confianza que los pacientes depositan en los m&eacute;dicos,    que hab&iacute;a que tratar a todos los pacientes por igual, al General y al    Soldado, al Burgu&eacute;s y al Proletario, al Monaguillo y al Obispo&#8230;</p>     <p> Aunque Tulio ten&iacute;a m&aacute;s esp&iacute;ritu de investigador    puro y te&oacute;rico o, al menos, de internista), vio en la Cirug&iacute;a    una oportunidad de comprometerse con la realidad y con la pr&aacute;ctica y    de ser &uacute;til a los dem&aacute;s. Tambi&eacute;n la cirug&iacute;a era    un reto, pues Tulio dec&iacute;a que: &laquo;&#8230;es m&aacute;s f&aacute;cil    aprender a hacer las cosas siempre bien con la cabeza, que hacerlas siempre    bien con las manos&#8230;&raquo; Varias veces hablamos de que tratar de hacer    las cosas bien, no deber&iacute;a ser para tratar de conmover a un lejano Dios    a que perdonara nuestros pecados (incluyendo hasta los que no hab&iacute;amos    cometido, como &laquo;el pecado original&raquo;), ni tampoco para hacer &laquo;el    gran negocio&raquo; de ganarse un mejor lugar en un cielo incierto, sino que    deber&iacute;amos hacer a los dem&aacute;s exactamente lo mismo que quisi&eacute;ramos    que nos hicieran a nosotros, o a nuestros seres queridos y as&iacute; poner    nuestro grano de arena para pasarla un poco mejor en este valle de l&aacute;grimas,    mientras a cada uno tambi&eacute;n le llegaba su inevitable turno de morir.</p>     <p> Tulio, como dec&iacute;amos atr&aacute;s, era feliz hablando    de sus profesores. &iquest;Y c&oacute;mo no haber tenido la tentaci&oacute;n    de ser primero cirujano y despu&eacute;s cardiovascular, habiendo visto y o&iacute;do    a tan insignes profesores?</p>     <p> L&aacute;stima que Tulio se nos hubiera ido tan pronto porque    como se pregunta un personaje de Sartre: &laquo;&#8230;Dentro de doscientos    a&ntilde;os, &iquest;Qui&eacute;n se acordar&aacute; de nosotros?...&raquo;</p>     <p> No alcanz&oacute; Tulio a la conmemoraci&oacute;n de los 30    a&ntilde;os de grado de Medicina General que tendremos en enero de 2007. Ahora    lamentamos no haber hecho esfuerzos para haberlo frecuentado m&aacute;s, para    haber seguido siendo sus amigos cercanos, a pesar de compromisos y distancias.    Tulio fue un hombre reservado tal vez &quot;de bajo perfil&quot; (aunque era    el Jefe de Cirug&iacute;a Cardiovascular del Hospital Militar central, despu&eacute;s    de suceder a su &quot;querido Profesor Clavijo&quot;), pero bueno y honesto,    amigo de la cr&iacute;tica inteligente, pero enemigo de la ofensa y del enfrentamiento,    despreocupado por el prestigio y el dinero o la ostentaci&oacute;n, tal vez    un poco pesimista, t&iacute;mido y temeroso de los compromisos afectivos, pero    maestro de la tolerancia y la iron&iacute;a, siempre listo a cuestionarse y    a cuestionar a la vida, a los hechos y a los dem&aacute;s, con un breve y agudo    comentario burl&oacute;n que, al mejor estilo de Voltaire, pero sobre todo de    S&oacute;crates, arrancaba una sonrisa mientras pon&iacute;a a pensar.</p>     <p> Hagamos esfuerzos por volver a dar oportunidad a esas amistades    de la prolongada &laquo;adolescencia universitaria&raquo;, cuando solemos ser    absolutamente transparentes, cuando la solidaridad y la identificaci&oacute;n    superan la competitividad, las envidias, los celos y recelos, las reservas,    los c&aacute;lculos y las segundas intenciones, las apariencias, las rivalidades    y las desconfianzas. Cuando exploramos con dudas el mundo de las ideas y buscamos    modelos de identificaci&oacute;n y vacilamos tratando de encontrar una posici&oacute;n    en una profesi&oacute;n y en la sociedad y cuando, por estar buscando, tenemos    poco que defender o que ocultar.</p>     <p> D&eacute;mosle oportunidades a esos amigos de juventud que    en alg&uacute;n sentido fueron, cada uno a su manera, sin propon&eacute;rselo    y sin pasar cuentas de cobro, como modelos a veces positivos y otras veces negativos,    nuestros ejemplos y maestros, y que son realmente nuestra m&aacute;s inmediata    semejanza.</p>     <p> Recordaremos a ese Tulio, &laquo;mamagallista&raquo; y &laquo;buena-gente&raquo;,    siempre que hagamos memoria de nuestro pasado y rememoremos nuestra vida universitaria.  </p> </font>      ]]></body>
</article>
