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<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Cardiología]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Sociedad Colombiana de Cardiologia. Oficina de Publicaciones]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Hipertensión pulmonar idiopática o primaria]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Primary or idiopatic pulmonary hypertension]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Clínica de Marly  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Pulmonary arterial hypertension is a recently classified as primary and secondary entity according to its etiology. It is characterized by increased pulmonary artery pressure that results in progressive dilation, right ventricular failure and premature death. The incidence of this disease is low, but has severe physiopathologic implications. Many endogenous and exogenous causes that contribute to the development of the disease have been determined. Treatment is focused on improving ventricular function for which purpose vasodilators and new drugs directed to induce vascular smooth muscle relaxation are used. Besides, oxygen is used when it improves patient’s condition, as well as oral anticoagulation.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[hipertensión pulmonar idiopática]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[resistencia vascular pulmonar]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p>       <center>     <font size="4"><b>Hipertensión pulmonar idiopática o primaria</b></font>   </center> </p>     <p>       <center>     <font size="3"><b>Primary or idiopatic pulmonary hypertension</b></font>   </center> </p>     <p>       <center>     Vanessa Torres, MD.; Alberto Barón, MD.   </center> </p>     <p>Clínica de Marly, Bogotá, DC., Colombia.</p>     <p><b>Correspondencia</b>: Vanessa Torres Gómez, MD. Clínica de Marly, Calle 50    No. 9- 67 Oficina 605, Teléfono: 343 6600. Extensión: 1606 ó 2611. Correo electrónico:    <a href="mailto:vanetorres16@yahoo.com">vanetorres16@yahoo.com</a>.</p>     <p>Recibido: 15/09/06. Aprobado: 04/02/07.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La hipertensión arterial pulmonar es una entidad recientemente clasificada    como idiopática y secundaria, de acuerdo con su etiología. Se caracteriza por    el aumento de la presión de la arteria pulmonar que progresivamente ocasiona    dilatación, falla ventricular derecha y muerte prematura. La incidencia de la    enfermedad es baja, pero tiene implicaciones fisiopatológicas muy severas. Se    han determinado causas endógenas y exógenas que contribuyen al desarrollo de    la enfermedad. El tratamiento se enfoca en mejorar la función ventricular para    lo cual se emplean vasodilatadores y nuevos fármacos dirigidos a inducir la    relajación del músculo liso vascular. Además, se utiliza oxígeno si mejora el    estado del paciente, y anticoagulación oral. </p>     <p>Palabras clave: hipertensión pulmonar idiopática, resistencia vascular pulmonar,    falla ven-tricular derecha.</p> <hr size="1">     <p>Pulmonary arterial hypertension is a recently classified as primary and secondary entity according to its etiology. It is characterized by increased pulmonary artery pressure that results in progressive dilation, right ventricular failure and premature death. The incidence of this disease is low, but has severe physiopathologic implications. Many endogenous and exogenous causes that contribute to the development of the disease have been determined. Treatment is focused on improving ventricular function for which purpose vasodilators and new drugs directed to induce vascular smooth muscle relaxation are used. Besides, oxygen is used when it improves patient’s condition, as well as oral anticoagulation.</p>     <p>Key words: idiopatic pulmonary hypertension, pulmonary vascular resistance(PVR), right ventricular failure. </p> <hr size="1">     <p><font size="3"><b>Definición</b></font></p>     <p>La hipertensión pulmonar se define como un incremento progresivo de las resistencias    vasculares pulmonares, que conlleva un aumento de la presión en la arteria pulmonar    que genera falla ventricular derecha y como consecuencia muerte prematura (1).</p>     <p>Se caracteriza por el aumento de la presión media de la arteria pulmonar mayor    o igual a 25 mm Hg en reposo, o de 30 mm Hg durante el ejercicio (2-4). La hipertensión    pulmonar idiopática es una condición que se caracteriza por el aumento significativo    de la presión de la arteria pulmonar, sin una causa demostrable.</p>     <p>La hipertensión pulmonar se clasifica como idiopática (primaria en clasificaciones    anteriores) y asociada con otras condiciones o secundaria, dependiendo de la    presencia o ausencia de factores de riesgo o causas identificables etiológicas    como enfermedades del tejido conectivo, cardiopatías congénitas, hipertensión    portal e infección por virus de inmunodeficiencia adquirida; todas éstas con    alteraciones similares en la microvasculatura pulmonar, de tipo obstructivo    (5-7).</p>     <p>El diagnóstico de hipertensión pulmonar primaria es de exclusión, cuando se    han estudiado otras entidades sin encontrar la causa de la misma. En 1998 durante    la Segunda Reunión Mundial de Hipertensión Pulmonar en Evian (Francia), se propuso    trabajar en una clasificación de hipertensión pulmonar basada en hallazgos clínicos,    lo que la haría más práctica para su interpretación. Fue así como el objetivo    de la "Clasificación Evian" se dirigió a agrupar las enfermedades por categorías    de acuerdo con semejanzas en cuanto a su mecanismo fisiopatológico, presentaciones    clínicas y opciones terapéuticas. </p>     <p>En 2003 durante el Tercer Consenso Mundial de Hipertensión Pulmonar en Venecia    (Italia) se decidió realizar algunas modificaciones, dentro de las que se eliminó    el término "Hipertensión pulmonar primaria" y se reemplazó por «Hipertensión    pulmonar idiopática y se reclasificaron las enfermedades veno-oclusivas, congénitas    y aquellas derivadas de malformaciones vasculares pulmonares (8).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Incidencia</b></font></p>     <p>De acuerdo con estudios norteamericanos, se considera que la incidencia de    hipertensión pulmonar primaria es muy baja, uno a dos casos por cada millón    de habitantes de la población general (9). Se ha observado que el uso de supresores    del apetito incrementa el riesgo de hipertensión pulmonar primaria y más aún,    si se han usado de forma continua por más de tres meses. Los medicamentos asociados    son la fenfluramina y la dexfenfluramina, ambos inhibidores de la recaptación    de serotonina, y afectan de manera independiente el índice de masa corporal,    lo que indica que la obesidad per se, no aumenta el riesgo de desarrollar la    enfermedad. Debido al poco porcentaje de presentación, se ha propuesto la necesidad    de una predisposición genética o un rasgo heredado de forma mendeliana, caso    presentado en la hipertensión pulmonar familiar que tiene una herencia autonómica    dominante, al parecer por alteraciones del cromosoma X (10).</p>     <p><font size="3"><b>Fisiopatología</b></font></p>     <p>Se han identificado características endógenas y exógenas importantes, que generan    aumento de las resistencias vasculares de la arteria pulmonar.</p>     <p><b>Características endógenas</b></p>     <p>La primera y tal vez predominante, tiene que ver con un disbalance entre sustancias    vasodilatadoras-vasoconstrictoras, en las que sobresale este último mecanismo;    además hay proliferación de músculo liso y del endotelio y posterior trombosis    microvascular. </p>     <p>Esta alteración de la homeostasis de sustancias vasculo-efectoras es la responsable    de la lesión y disfunción endotelial. Es así como se ha evidenciado aumento    de tromboxano A2, potente vasoconstrictor y facilitador de la agregación plaquetaria,    y disminución importante en los niveles de prostaciclina con su efecto vasodilatador    antagónico. En la orina de pacientes con hipertensión pulmonar los niveles de    metabolitos de prostaciclina se encuentran disminuidos (6 keto-prostaciclin-F    2a) mientras que los niveles de metabolitos de tromboxano A2 (tromboxano B2)    se encuentran elevados (11).</p>     <p>Los niveles elevados de endotelina en pacientes con hipertensión pulmonar,    producen vasoconstricción y adicionalmente estimulan la proliferación de músculo    liso. La serotonina produce efectos vasoconstrictores similares en contraste    con los del óxido nítrico, un potente vasodilatador e inhibidor de la activación    plaquetaria, pero en pacientes con hipertensión pulmonar idiopática los niveles    son bajos (12).</p>     <p>En conejos el péptido intestinal vasoactivo se ha identificado como potente    vasodilatador que genera disminución de las resistencias de la arteria pulmonar,    y actualmente está en estudio en pacientes con hipertensión pulmonar en quienes    se ha encontrado disminución de esta sustancia en suero, por lo que en estos    pacientes se ha planteado el tratamiento inhalado de péptido intestinal vasoactivo    (13).</p>     <p><b>Características exógenas</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En forma general, la hipoxia induce vasodilatación sistémica; sin embargo,    en los vasos pulmonares induce vasoconstricción. Esto ocurre debido a que la    hipoxemia genera alteración del voltaje de la membrana celular y de los canales    de potasio con despolarización de la membrana y aumento intracelular de los    niveles de calcio, lo cual produce vasoconstricción, remodelación y proliferación    de células de músculo liso, constituyendo un círculo permanente. Aún así, la    hipoxia como tal, no es el desencadenante de la hipertensión, sino que contribuye    a perpetuar la entidad una vez se ha instaurado.</p>     <p>Los anorexígenos con compuestos de fenfluramina o dexfenfluramina, se relacionan    con aumento del riesgo para desarrollar hipertensión arterial pulmonar asociada    con la dosis y duración. Usualmente, las primeras manifestaciones se aprecian    hacia la tercera o cuarta semana de administración. Así mismo, el uso de cocaína    y estimulantes del sistema nervioso central como las metanfetaminas, aumentan    el riesgo de padecerla.</p>     <p><font size="3"><b>Manifestaciones clínicas</b></font></p>     <p>En pacientes con disnea, dolor torácico, síncope, debilidad, sensación de ahogo    con el ejercicio, en quienes se haya descartado enfermedad cardiaca y pulmonar,    sin otros signos específicos se debe sospechar hipertensión pulmonar y enfocar    sus estudios a corroborar la enfermedad (14, 15). La angina en estos pacientes    es el resultado de hipoperfusión subendocárdica secundaria al aumento de la    tensión de la pared del ventrículo derecho y de la demanda de oxígeno. Sin embargo,    se ha observado que un tronco pulmonar dilatado mayor de 40 mm de diámetro,    genera compresión dinámica de la arteria coronaria izquierda y produce dolor    torácico (16, 17).</p>     <p>En el examen físico es característico el aumento de la intensidad del segundo    ruido en el foco pulmonar y en casos severos se puede palpar la arteria pulmonar    en el segundo espacio intercostal izquierdo, donde es factible percutir un tono    mate dado por la arteria pulmonar dilatada. Es frecuente encontrar soplo sistólico    de regurgitación tricúspide, ingurgitación yugular con onda "v" prominentes    debido a la insuficiencia tricúspide, y puede existir reflujo hepatoyugular.    En casos más severos ingurgitación yugular bilateral, hepatomegalia, edema de    miembros inferiores o ascitis (18).</p>     <p><font size="3"><b>Diagnóstico</b></font></p>     <p>En el estudio de la hipertensión pulmonar el objetivo principal es confirmar    el diagnóstico. Para ello se realizan: electrocardiograma, radiografía de tórax,    ecocardiograma, pruebas de función pulmonar, cateterismo cardiaco, estudios    inmunológicos, entre otros (3).</p>     <p><b>Electrocardiograma</b></p>     <p>Es útil para evidenciar la severidad hemodinámica de la enfermedad. Se puede    encontrar hipertrofia del ventrículo derecho, eje desviado a la derecha y dilatación    auricular derecha (<a href="#figura1">Figura 1</a>). La hipertrofia del ventrículo    derecho y la desviación del eje a la derecha, se pueden evidenciar en cerca    del 80% de los pacientes con hipertensión pulmonar; sin embargo, la sensibilidad    y especificidad del estudio sólo permiten un tamizaje de los cambios esperados    en este tipo de patología. Un electrocardiograma normal nunca descarta la presencia    de la enfermedad (19-21).</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><a name="figura1" id="figura1"><img src="/img/revistas/rcca/v14n1/a3f1.jpg"></a></center></p>     <p><b>Radiografía de tórax</b></p>     <p>Se puede observar dilatación de la arteria pulmonar, en contraste con pérdida    de los vasos sanguíneos periféricos y dilatación aurículo-ventricular derecha    en casos severos de hipertensión pulmonar (<a href="#figura2">Figura 2</a>).    En pacientes con hipertensión post-capilar es importante descartar enfermedad    cardiaca. Una radiografía normal, no excluye la presencia de hipertensión pulmonar    (3).</p>     <p>    <center><a name="figura2" id="figura2"><img src="/img/revistas/rcca/v14n1/a3f2.jpg"></a></center></p>     <p><b>Ecocardiograma</b></p>     <p>El ecocardiograma es útil para demostrar hipertensión pulmonar y descartar    patología estructural que cause la enfermedad. Para el diagnóstico de la hipertensión    pulmonar, se deben tener en cuenta signos indirectos como dilatación e hipertrofia    de las cavidades derechas, dilatación de la arteria pulmonar y aplanamiento    del tabique interventricular que con frecuencia cambia la dirección de sus movimientos    en sentido paradójico (<a href="#figura3">Figura 3</a>). Aunque se han descrito    diversos métodos para cuantificar la presión pulmonar, el más práctico es medir    el gradiente sistólico de regurgitación tricúspide a través de la ecuación de    Bernaulli modificada (DP= 4xV2) y sumando la presión estimada para la aurícula    derecha (41). De igual manera, se puede estimar la presión diastólica, si hay    insuficiencia pulmonar, determinando el gradiente diastólico final. </p>     <p>    <center><a name="figura3" id="figura3"><img src="/img/revistas/rcca/v14n1/a3f3.jpg"></a></center></p>     <p>Para descartar patología estructural como comunicación interauricular o interventricular,    ductus arterioso, estenosis mitral, etc. es importante hacer un estudio completo    y detallado de todas las estructuras del corazón. En caso de duda se debe complementar    con contraste salino, que puede poner de manifiesto cortocircuitos que no son    evidentes en el ultrasonido, por ejemplo fístulas arteriovenosas extrapulmonares    o comunicación interauricular alta del tipo de seno venoso (22-25).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Pruebas de función pulmonar</b></p>     <p>Estos estudios son importantes para descartar patología parenquimatosa pulmonar.    En pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfermedad intersticial    pulmonar o fibrosis pulmonar y en las enfermedades intersticiales, puede presentarse    hipertensión pulmonar, aunque ésta es menos severa que la que aparece en pacientes    de etiología primaria. </p>     <p>En estos pacientes, las oximetrías nocturnas, pueden mostrar desaturaciones    que corresponden a apnea obstructiva del sueño, que progresivamente agravan    la hipertensión pulmonar debido a que la hipoxemia se comporta como un potente    vasoconstrictor, empeorando la hipertensión pulmonar. Sin embargo en cerca del    75% de los pacientes con hipertensión pulmonar, ocurre hipoxemia nocturna sin    apnea del sueño (26).</p>     <p>De igual manera, los estudios de ventilación/perfusión, las escanografías de    tórax, la resonancia magnética nuclear entre otros, pueden contribuir a establecer    causas de la enfermedad. </p>     <p><b><font size="3">Tratamiento</font></b></p>     <p>El tratamiento de la hipertensión pulmonar se enfoca directamente en las causas    de la enfermedad. Las estrategias terapéuticas se dirigen a mejorar la restricción    en la circulación pulmonar e incrementar la demanda de oxígeno que empeora progresivamente    la hipertensión pulmonar y la falla cardiaca derecha. Existen tres blancos a    intervenir, la vía de la endotelina, el óxido nítrico y la prostaciclina, la    anticoagulación y medidas de soporte general como la oxígenoterapia (27).</p>     <p><b>Manejo médico</b></p>     <p>Oxígeno: la hipoxemia en los pacientes con hipertensión pulmonar usualmente    es entre leve y moderada. En pacientes con malformaciones congénitas, el cortocircuito    derecha a izquierda es responsable de la hipoxemia, y ésta es directamente proporcional    al tamaño del defecto. En la actualidad no existen estudios que apoyen o se    opongan al uso de oxígeno dentro del manejo de estos pacientes, pero se ha documentado    la necesidad de mantener cifras de saturación de oxígeno por encima de 90% (27).</p>     <p>Anticoagulantes: en los pacientes con hipertensión pulmonar es importante el    manejo con anticoagulantes, debido al riesgo de eventos trombóticos en la microvasculatura,    secundarios al desequilibrio entre tromboxanos y prostaciclinas, dilatación    de cavidades derechas, estasis venosa y vida sedentaria entre otros. Varios    estudios han demostrado hallazgos de eventos trombóticos en cadáveres de pacientes    con hipertensión pulmonar. De igual modo, se ha determinado que el uso de warfarina    disminuye el número de eventos trombóticos o microtrombóticos, disminuyendo    así el riesgo de muerte. La dosis inicial es de 5 a 10 mg/día vía oral, pero    el tratamiento se debe individualizar de acuerdo con la morbilidad asociada,    con el objetivo de lograr mantener un INR de 2 a 2,5 como lo indica la mayor    parte de la literatura (34, 35).</p>     <p>Calcioantagonistas: el uso de calcioantagonistas va dirigido a sus tradicionales    efectos vasodilatadores. Se ha determinado aumento en la sobrevida de pacientes    que se manejan con calcioantagonistas, con hallazgos de disminución de hipertrofia    ventricular derecha y modulación de respuesta vasorreactiva en algunos pacientes    susceptibles. Usualmente son necesarios los tratamientos prolongados y a dosis    elevadas con calcioantagonistas para ver efectos favorables dentro del tratamiento.    Los medicamentos de elección son diltiazem y nifedipino, y la escogencia de    uno de ellos depende de la frecuencia cardiaca basal del paciente. Los pacientes    con tendencia a presentar bradicardia, se favorecen de nifedipino y aquellos    con taquicardia se benefician de diltiazem. El verapamilo no se usa por su importante    efecto inotrópico negativo. Las dosis que han demostrado eficacia son elevadas;    nifedipino de 120 a 240 mg/día, y diltiazem de 240 a 720 mg/día. Las situaciones    que limitan el uso de dosis altas de calcioantagonistas tienen que ver con sus    efectos hipotensores y con edemas periféricos (36, 37).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Bosentán: la endotelina estimula la proliferación de músculo liso vascular,    induce fibrosis y produce vasoconstricción de las arteriolas pulmonares. El    uso del Bosentán que es un antagonista selectivo de los receptores de endotelina    modula esta serie de alteraciones fisiopatológicas. Se ha demostrado que a dosis    de 125 mg dos veces al día mejora la hipertensión pulmonar. Es importante evaluar    la función hepática (28)</p>     <p>Sildenafil: el óxido nítrico es reconocido como un vasodilatador potente con    acción directa ya que relaja el músculo liso vascular, pero su duración de acción    es fugaz. Se ha demostrado que su administración por vía inhalada disminuye    en forma significativa la resistencia vascular pulmonar (42, 43). El sildenafil    (inhibidor de la 5 fosfodiesterasa) incrementa la actividad endógena del óxido    nítrico y produce un efecto vasodilatador directo. Actualmente se desarrollan    estudios para corroborar su efectividad, efectos adversos y seguridad (29, 30).</p>     <p>Epoprostenol inhalado: la vía de la prostaciclina I², producto del ácido araquidónico,    induce relajación del músculo liso vascular estimulando la vía del AMP cíclico,    y adicionalmente es un potente inhibidor de la agregación plaquetaria. Estudios    realizados con cohortes de pacientes revelan que a dosis de 100 a 150 mcg al    día inhalado, mejora de manera significativa la capacidad pulmonar frente al    ejercicio y el estado hemodinámico de los pacientes tratados, disminuyendo las    resistencias vasculares pulmonares (31-33).</p>     <p><b>Manejo quirúrgico</b></p>     <p>Septostomía atrial: ésta crea un cortocircuito que descomprime el volumen y    las presiones de las cavidades derechas. Es un manejo paliativo o en algunos    casos en paso previo a la estabilización del paciente que va a ser llevado a    trasplante de pulmón. En países en los que no hay disponibilidad de terapias    médicas avanzadas, probablemente esta medida se convierta en una opción de tratamiento    (38).</p>     <p>Trasplante de pulmón: está reservado para pacientes con franco deterioro de    su estado general, en quienes no ha sido posible mejorar su condición con manejo    médico. La sobrevida de pacientes con trasplante de pulmón usualmente es de    66% a 75% en el primer año. La mayoría de los centros de referencia hacen trasplante    pulmonar bilateral en pacientes con hipertensión pulmonar (39, 40).</p>     <p><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p>La hipertensión pulmonar es una enfermedad grave, progresiva, que tiende a    evolucionar hacia falla cardiaca y muerte prematura. Dado que los síntomas pueden    ser ambiguos, es importante la sospecha clínica basada en factores de riesgo    y hallazgos clínicos o paraclínicos. Se debe confirmar con electrocardiograma,    radiografía de tórax, ecocardiograma y cateterismo cardiaco.</p>     <p>El tratamiento se basa en tratar la causa subyacente si ésta existe, oxígeno,    anticoagulación y anticálcicos. Recientemente se han desarrollado nuevas opciones    terapéuticas como óxido nítrico, sildenafil, bosentán y cirugía.</p>     <p><font size="3"><b>Bibliografía</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. Simonneau G, Galie N, Rubin L et al. Clinical classification of pulmonary    arterial hypertension. J Am Coll Cardiol 2004; 43: S5-12.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-5633200700010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Gaine SP, Rubin LJ. Primary pulmonary hypertension. Lancet 1999; 353: 74.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-5633200700010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Lewis J, Rubin, David B, Badesch. Evaluation and management of the patient    with pulmonary arterial hypertension. Ann Intern Med. 2005; 143: 282-292.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-5633200700010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Harrison W, Farber L, et al, Pulmonary arterial hypertension. Mechanisms    of disease. N Engl J Med 2004; 351: 1655-1665&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-5633200700010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Galie N, Manes A, Uguccioni L et al. Primary pulmonary hypertension: insight    into pathogenesis from epidemiology. Chest 1998; 114: 1845-94S.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-5633200700010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Pietra GG, Edwards WD, Kay JM et al. Histopathology of primary pulmonary    hypertension. A quantitative study of pulmonary blood vessels from 58 patients    in the national heart lungs, and blood institute. Circulation 1989; 80: 1198-1206.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-5633200700010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Pietra GG, Capron F, Stewart S, et al. Pathologic assessment of vasculopathies    in pulmonary hypertension. J Am Coll of Cardiol. 2004: S25-32. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-5633200700010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Fischman AP. Primary pulmonary arterial hypertension: a look back. J Am    Coll Cardiol 204: 43: S2-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-5633200700010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Abenhaim L, Moride Y, Brenot F, et al. Appetite suppresant drugs and the    risk of primary pulmonary hypertension. N Engl J Med 1996; 335: 609-16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-5633200700010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Lewis J, Rubin MD. Primary pulmonary hypertension. Review article. N Engl    J Med 1997: 336: 111-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0120-5633200700010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Tuder RM, Cool CD, Geraci MW, et al. Prostacyclin synthase expression in    decreased in lungs from patients with severe pulmonary hypertension. Am J Respir    Crit Care Med 1999; 159: 1925-32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-5633200700010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Mason NA. High expression of endothelial nitric oxide synthase in plexiforms    lesions of pulmonary hypertension. J Pathol 1998; 185: 13-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0120-5633200700010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Petkov V, Mosgoeller W, et al. Vasoactive intestinal peptide as a new rug    or treatment of primary pulmonary hypertension. J Clin Invest 2003; 111: 1139-46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-5633200700010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Runo JR, Loyd, JE. Primary pulmonary hypertension. Lancet 2003; 361 (9368):    1533-44.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0120-5633200700010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Peacock AJ. Primary pulmonary hypertension. Thorax 1999; 54 (12): 1107-18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-5633200700010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Mesquita SM, Castro CR, Ikari NM, Oliveira SA, Lopes AA. Likelihood of    left main coronary artery compression based on pulmonary trunk diameter in patients    with pulmonary hypertension. Am J Med 2004; 116 (6): 369-74.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0120-5633200700010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Kawut SM, Silvestry FE, Ferrari VA, DeNofrio D, Axel L, et al. Extrinsic    compression of the left main coronary artery by the pulmonary artery in patients    with long-standing pulmonary hypertension. Am J Cardiol 1999; 83 (6): 984-6,    A10.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-5633200700010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Rich S. Primary pulmonary Hypertension. En: Harrison. Principles of Internal    Medicine. 16th Edition. Disorders of respiratory system. Section 2. Diseases    of respiratory System. Chapter 220. Primary Pulmonary Hypertension. Editorial    McGraw-Hill, New York, 2001. p. 1403-1408.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0120-5633200700010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Ahearn GS, Tapson VF, et al. Electrocardiography to define critical status    primary pulmonary hypertension and pulmonary arterial hypertension secondary    to collagen vascular disease. Chest 2002; 122: 524-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-5633200700010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Bossone E, Paciocco G, Iarussi D, Agretto A, Iacono A, Gillespie BW et    al. The prognostic role of the ECG in primary pulmonary hypertension. Chest    2002; 121 (2): 513-8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-5633200700010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Ahearn GS, Tapson VF, Rebeiz A, Greenfield JC Jr. Electrocardiography to    define clinical status in primary pulmonary hypertension and pulmonary arterial    hypertension secondary to collagen vascular disease. Chest 2002; 122 (2): 524-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-5633200700010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Bosone E, Rubenfire M, Bach DS, Ricciardi M, Armstrong WF. Range of tricuspid    regurgitation velocity at rest and during exercise in normal adult men: implications    for the diagnosis of pulmonary hypertension. J Am Coll Cardiol 1999; 33: 1662-6.  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-5633200700010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Bossone E, Bodini BD, Mazza A, Allegra L. Pulmonary arterial hypertension:    the key role of echocardiography. Chest 2005; 127 (5): 1836-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-5633200700010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Hinderliter AL, Willis PW, Long W, Clarke WR, Ralph D, Caldwell EJ, et    al. Frequency and prognostic significance of pericardial effusion in primary    pulmonary hypertension. PPH Study Group. Primary pulmonary hypertension. Am    J Cardiol 1999; 84 (4): 481-4, A10.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-5633200700010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Ommen SR, Nishimura DG et al. Assessment of right atrial pressure with    2-dimensional and Doppler echocardiography: a simultaneous catheterizacion and    echocardiographic study. Mayo Clin Proc 2000; 75: 24-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-5633200700010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Rafanan AL, Golish JA, Dinner DS et al. Nocturnal hypoxemia is common in    primary pulmonary hypertension. Chest 2001; 120: 894-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-5633200700010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Marc Humbert, Oliver Sitbon, Gerald Simonneau. Treatment of pulmonary arterial    hypertension. N Engl J Med 2004; 351: 1425-36.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-5633200700010000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Rubin LJ, Badesh DB, Barst RJ. Bosentan therapy for pulmonary arterial    hypertension. N Engl J Med 2002; 346: 896-903.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-5633200700010000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Methta S. Sildenafil for pulmonary arterial hypertension: exciting, but    protection required. Chest 2003; 123: 989-92.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-5633200700010000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Ghofrani HA, Wiedemann R, et al. Sildenafil for treatment of lung fibrosis    and pulmonary hypertension: a randomised controlled trial. Lancet 2002; 360:    895-900.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-5633200700010000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Olschewski H, Simonneau G, Nazareno G, et al. Inhaled Iloprost for severe    pulmonary hypertension. N Engl J Med 2002; 347: 322-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-5633200700010000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Mclaughlin V, Genther D, Panella M, et al. Reduction in pulmonary vascular    resistance with long-term Epoprostenol (prostacyclin) therapy in primary pulmonary    hypertension. N Engl J Med 1998: 338: 273-7. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-5633200700010000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Hoeper M, Schwarze M, Ehlerding S. et al. Long term treatment of primary    pulmonary hypertension with aerosolized Iloprost, a prostacyclin analogue. N    Eng J Med 2002; 342: 1886-70. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-5633200700010000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Fuster V, Steele PM, Edwards WD, Gersh BJ et al. Primary pulmonary hypertension:    natural history and the importance of thrombosis. Circulation 1984; 70 (4):    580-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-5633200700010000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Kawut SM, Horn EM, Berekashvili KK, Garofano RP, Goldsmith RL, et al. New    predictors of outcome in idiopathic pulmonary arterial hypertension. Am J Cardiol    2005; 95 (2): 199-203.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-5633200700010000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Rich S, Kaufmann E, Levy PS. The effect of high doses of calcium-channel    blockers on survival in primary pulmonary hypertension. N Engl J Med 1992; 327    (2): 76-81.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-5633200700010000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Rich S, Brundage BH. High-dose calcium channel blocking therapy for primary    pulmonary hypertension: evidence for log term reduction in pulmonary arterial    pressure and regression of right ventricular hypertrophy. Circulation 1987;    76: 135-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-5633200700010000300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Rothman A, Sklansky MS, Lucas VW, Kazan IA et al. Atrial septostomy as    a bridge to lung trasplantation in patients with severe pulmonary hypertension.    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