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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La epidemia de las enfermedades cardiometabólicas en latinoamérica: características diferentes que acciones particulares]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">     <p>    <center><b><font size="4">La epidemia de las enfermedades  cardiometab&oacute;licas en latinoam&eacute;rica: caracter&iacute;sticas diferentes  que acciones particulares  </font></b> </center></p>     <p>    <center><font size="3"><b>Epidemics of Cardiometabolic Diseases in Latin America: different    characteristics that require special actions</b></font></center></p>     <p>    <center>Patricio L&oacute;pez-Jaramillo, MD., PhD.</center></p> <hr size="1">     <p><b> <font size="3">Introducci&oacute;n</font></b></p>     <p>Latinoam&eacute;rica sufre una epidemia de enfermedades cardiovasculares y diabetes  mellitus tipo 2, las cuales son responsables de 46% del total de muertes reportadas  (1). Esta epidemia es un fen&oacute;meno generalizado en los pa&iacute;ses en  desarrollo, al punto que en 2001, 79% de todas las muertes relacionadas con enfermedades  cr&oacute;nicas en el mundo entero, ocurrieron en esos pa&iacute;ses (2). El aumento  de la expectativa de vida en los pa&iacute;ses latinoamericanos, que se logr&oacute;  gracias a la eficacia de programas preventivos como el Programa Ampliado de Inmunizaciones,  es una de las razones que influyen en la epidemia en cuesti&oacute;n. As&iacute;  por ejemplo, en Colombia la expectativa de vida en promedio en los dos g&eacute;neros,  aument&oacute; de 55 a&ntilde;os en 1955 a 72,2 a&ntilde;os en 2005; es decir,  un incremento de 20 a&ntilde;os en tan solo un per&iacute;odo de 50 a&ntilde;os  (3). Pero adem&aacute;s, el acelerado proceso de urbanizaci&oacute;n que experimentan  los pa&iacute;ses latinoamericanos, junto con la implementaci&oacute;n generalizada  en todas las clases sociales de los estilos de vida occidental, dieron origen  a un aumento en la prevalencia de sobrepeso, obesidad, hipertensi&oacute;n arterial,  s&iacute;ndrome metab&oacute;lico, diabetes mellitus tipo 2 y enfermedades cardiovasculares  (3, 4).</p>     <p>Los cambios en los h&aacute;bitos nutricionales y en la actividad f&iacute;sica  son las caracter&iacute;sticas m&aacute;s notables en relaci&oacute;n con la acelerada  transici&oacute;n econ&oacute;mica que sufren los pa&iacute;ses en desarrollo  en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la cual origin&oacute; a una migraci&oacute;n  masiva del campo a la ciudad (5). A esa transici&oacute;n econ&oacute;mica se  sumaron en algunos pa&iacute;ses Latinoamericanos, como es el caso de Colombia,  situaciones de orden p&uacute;blico que llevaron a desplazamientos masivos de  campesinos a los centros urbanos (6). La urbanizaci&oacute;n determina un cambio  en la dieta; se pasa de una alimentaci&oacute;n rica en fibra vegetal en el medio  rural, a una dieta rica en harinas procesadas y en bebidas azucaradas (3, 4, 7).  Si bien estos cambios son notables, lo son mucho m&aacute;s aquellos que se relacionan  con el gasto energ&eacute;tico que ata&ntilde;e a las actividades cotidianas,  debido a la mecanizaci&oacute;n de las mismas en el medio urbano, pero en especial  por la mecanizaci&oacute;n de las actividades recreativas, sobre todo en los ni&ntilde;os,  quienes sustituyen los juegos tradicionales de mucha actividad f&iacute;sica y  con gran gasto energ&eacute;tico, por los sedentarios frente al televisor y a  los aparatos de juegos electr&oacute;nicos (4, 8). Ya no se ven ni&ntilde;os en  las tranquilas calles de las ciudades latinoamericanas jugando al f&uacute;tbol  con pelotas de trapo. Ahora juegan al f&uacute;tbol sentados frente al juego electr&oacute;nico,  al computador o al televisor (8). Estos cambios que obedecen a la urbanizaci&oacute;n,  probablemente son los motivos por los cuales el sobrepeso y la obesidad se convirtieron  en el m&aacute;s importante problema de salud p&uacute;blica en los adultos latinoamericanos,  pero tambi&eacute;n en los ni&ntilde;os y adolescentes (8, 9), m&aacute;s a&uacute;n  si se consideran las observaciones que nos llevaron a proponer que esta poblaci&oacute;n  presenta mayor susceptibilidad para desarrollar resistencia a la insulina e inflamaci&oacute;n  de bajo grado, a menores niveles de obesidad abdominal que los reportados en los  pa&iacute;ses desarrollados (3, 4). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Existen varias evidencias que dan soporte a esta propuesta; por ejemplo, los resultados  de la &uacute;ltima Encuesta Nacional de Salud y Nutrici&oacute;n en los Estados  Unidos, demostraron mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad en ni&ntilde;os  de grupos minoritarios hispanos en relaci&oacute;n con los blancos cauc&aacute;sicos,  lo cual indica que la poblaci&oacute;n pedi&aacute;trica hispana en Estados Unidos  tiene, por motivos no definidos en la encuesta, mayor predisposici&oacute;n para  desarrollar mayor adiposidad corporal y obesidad (10). Nosotros interpretamos  estos resultados con base en la hip&oacute;tesis del &laquo;fenotipo ahorrador&raquo;  (11), la cual propone que cuando la nutrici&oacute;n fetal es pobre por la mala  nutrici&oacute;n materna, existe una respuesta adaptativa del feto en desarrollo,  la cual permite el crecimiento de ciertos &oacute;rganos claves en detrimento  de otros, situaci&oacute;n que lleva a un metabolismo post natal alterado. Seg&uacute;n  esta propuesta, el mecanismo adaptativo fetal est&aacute; dise&ntilde;ado para  aumentar la posibilidad de sobrevivencia post natal bajo condiciones cr&oacute;nicas  de mala nutrici&oacute;n similares a las intrauterinas. En verdad, al momento  se ha demostrado que la mala nutrici&oacute;n materna y la desnutrici&oacute;n  fetal intrauterina, dan como resultado una p&eacute;rdida de unidades estructurales  como nefronas, cardiomiocitos y c&eacute;lulas beta pancre&aacute;ticas durante  el desarrollo del sistema org&aacute;nico fetal, lo que determina que al nacimiento  el producto de una madre mal nutrida no s&oacute;lo presenta menor peso al nacer  sino tambi&eacute;n menor masa de c&eacute;lulas beta pancre&aacute;ticas y menor  masa renal, cardiaca y muscular (12). Estas adaptaciones a una deficiente nutrici&oacute;n  materna durante la programaci&oacute;n y el desarrollo fetal, pueden ser perjudiciales  si en estos individuos la alimentaci&oacute;n se vuelve abundante en el per&iacute;odo  post natal (12), propuesta que ha sido reforzada por la serie de trabajos realizados  en Europa en sujetos que fueron concebidos durante el per&iacute;odo de hambruna  ocasionada por la Segunda Guerra Mundial. As&iacute;, a los 50 a&ntilde;os de  edad los sujetos concebidos y que nacieron en la &eacute;poca transitoria de hambruna,  presentaron mayores tasas de obesidad, intolerancia a la glucosa y enfermedad  arterial coronaria que los sujetos de la misma edad, g&eacute;nero, etnia y regi&oacute;n  que no estuvieron expuestos a dicha condici&oacute;n (13-15). </p>     <p> Estas observaciones apoyan fuertemente la visi&oacute;n de que las deficiencias  nutricionales que ocurren en etapas cr&iacute;ticas del desarrollo ontog&eacute;nico  fetal, pueden tener influencias de largo alcance a trav&eacute;s del control de  la expresi&oacute;n de varios genes por medio de los denominados mecanismos epigen&eacute;ticos,  los cuales alteran la conformaci&oacute;n de la cromatina por medio de metilaci&oacute;n  o demetilaci&oacute;n de histonas, que a su vez cambian la expresi&oacute;n de  ciertos genes, sobre-expres&aacute;ndolos o silenci&aacute;ndolos, y determinan  una mayor o menor s&iacute;ntesis de prote&iacute;nas controladas por esos genes,  lo que se conoce como epigen&oacute;mica (16, 17). Adem&aacute;s, los mecanismos  que ocurren a nivel cromos&oacute;mico tambi&eacute;n alteran la accesibilidad  a factores de trascripci&oacute;n, lo que contribuye a los fen&oacute;menos epigen&oacute;micos  (16, 17). </p>     <p> En un art&iacute;culo reciente, al que referimos para una discusi&oacute;n m&aacute;s  profunda (18), propusimos que estos mecanismos son los que participan en los procesos  adaptativos desarrollados por el ser humano para sobrevivir, en diferentes momentos  hist&oacute;ricos, a las diferentes formas de relacionarse con el medio ambiente.  As&iacute;, cuando el ser humano fue n&oacute;mada, recolector de frutos, cazador  y pescador, su mecanismo adaptativo fue desarrollar grandes adipocitos viscerales  para almacenar la mayor cantidad de energ&iacute;a posible durante el per&iacute;odo  alimentario del verano y la primavera, para utilizarla durante el tiempo de invierno  en el cual deb&iacute;a refugiarse en cuevas donde ten&iacute;a poca disponibilidad  de agua y alimentos. Por tanto, el mecanismo epigen&eacute;tico que permiti&oacute;  su supervivencia al hambre, a la sed y a las infecciones, fue la sobre-expresi&oacute;n  en el adipocito visceral, de los genes que regulan la s&iacute;ntesis de angiotensina  II y citoquinas pro inflamatorias como interleucina 6 y factor de necrosis tumoral,  lo que resulta en un estado pro inflamatorio y de resistencia a la insulina, que  le permiti&oacute; ahorrar agua y energ&iacute;a, y defenderse de las infecciones.  </p>     <p> Luego de siglos, con el desarrollo de la sociedad moderna, y en esencia despu&eacute;s  del per&iacute;odo de industrializaci&oacute;n y urbanizaci&oacute;n, el ser humano  cambi&oacute; de manera radical la forma de relaci&oacute;n con su medio ambiente,  volvi&eacute;ndose sedentario y citadino, y desarroll&oacute; sistemas eficientes  para la producci&oacute;n de alimentos y la f&aacute;cil adecuaci&oacute;n a los  cambios clim&aacute;ticos. En la &eacute;poca actual el ser humano se enfrenta  a una vida sedentaria con sobre-oferta de bebidas azucaradas y comida rica en  grasas saturadas, que lo condujeron a la acumulaci&oacute;n excesiva de energ&iacute;a  en el tejido adiposo, y a un estado de inflamaci&oacute;n de bajo grado y de resistencia  a la insulina, mecanismos que llevan al desarrollo de diabetes mellitus tipo 2  y aterosclerosis, enfermedades que lo est&aacute;n matando. Por tanto, para sobrevivir  a esta nueva relaci&oacute;n con su medio ambiente, debe desarrollar mecanismos  de adaptaci&oacute;n epigen&eacute;ticos y epigen&oacute;micos. Con base en la  reciente descripci&oacute;n del denominado obeso metab&oacute;licamente sano,  es decir del individuo del primer mundo que por varias generaciones ha estado  expuesto a los excesos de la vida moderna, y quien a pesar de la excesiva acumulaci&oacute;n  de grasa visceral, no presenta resistencia a la insulina ni inflamaci&oacute;n  de bajo grado y su riesgo de diabetes y de enfermedades cardiovasculares no es  elevado, hemos propuesto que &eacute;ste ha desarrollado un sistema de sobre-expresi&oacute;n  del gen que controla la s&iacute;ntesis de adiponectina en el adipocito visceral,  hormona que tiene caracter&iacute;sticas anti-inflamatorias y que sensibiliza  al m&uacute;sculo y al tejido graso a la acci&oacute;n de la insulina, y que adem&aacute;s  tiene efectos anorex&iacute;genos (18). Al contrario, el ser humano del tercer  mundo, particularmente el latinoamericano que est&aacute; en proceso de engordar  debido a la r&aacute;pida urbanizaci&oacute;n y occidentalizaci&oacute;n de su  estilo de vida, cambios experimentados apenas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os,  es m&aacute;s reactivo a presentar resistencia a la insulina e inflamaci&oacute;n  de bajo grado, situaci&oacute;n que se traduce en la epidemia de enfermedades  cardio-metab&oacute;licas que se observa en estos pa&iacute;ses (18). </p>     <p> Al momento, un creciente cuerpo de evidencias da soporte a nuestra propuesta de  que adem&aacute;s de la herencia del &laquo;genotipo ahorrador&raquo;, los individuos  con s&iacute;ndrome metab&oacute;lico en Latinoam&eacute;rica sufren una &laquo;programaci&oacute;n  epigen&eacute;tica&raquo; alterada durante el desarrollo fetal/post natal por  causa de una nutrici&oacute;n materna inadecuada, caso que se evidencia en la  vida post natal y que expone al sujeto a excesos nutricionales, y a los disturbios  metab&oacute;licos caracter&iacute;sticos del s&iacute;ndrome metab&oacute;lico,  como la resistencia a la insulina y la inflamaci&oacute;n de bajo grado (18).  Estos individuos experimentan, adem&aacute;s, &laquo;efectos transgeneracionales&raquo;  a causa de la herencia que reciben por los cambios epigen&eacute;ticos que en  primer lugar experimentan sus padres y abuelos, o ambos (17).</p>     <p> Estas observaciones pueden explicar por qu&eacute; en los pa&iacute;ses en desarrollo  en donde existe una alta frecuencia de desnutrici&oacute;n materno-fetal y/o restricci&oacute;n  del crecimiento placentario y de la funci&oacute;n de la placenta por la alta  incidencia de enfermedades como la pre-eclampsia (19), existen adaptaciones epigen&eacute;ticas  que aumentan la posibilidad de la sobrevivencia fetal, pero que en el futuro pueden  contribuir a la clara asociaci&oacute;n entre desnutrici&oacute;n intrauterina  y mayor riesgo de hipertensi&oacute;n arterial, s&iacute;ndrome metab&oacute;lico,  diabetes mellitus tipo 2 y enfermedades cardiovasculares en la vida adulta, ya  que, como se discuti&oacute;, la imposici&oacute;n agresiva del estilo de vida  occidental en los pa&iacute;ses en desarrollo, contribuye a una alta ingesti&oacute;n  de alimentos hipercal&oacute;ricos, de grasa animal y vegetal y de az&uacute;cares  refinados (16, 17).</p>     <p> El impacto de esta transici&oacute;n nutricional y de los cambios en el estilo  de vida en el riesgo de infarto agudo del miocardio en Am&eacute;rica Latina,  se demostr&oacute; recientemente en el estudio mundial de factores de riesgo para  infarto agudo del miocardio conocido como INTERHEART (20, 21), mediante la identificaci&oacute;n  de los factores de riesgo que se asocian con la presentaci&oacute;n de un primer  infarto agudo del miocardio y la determinaci&oacute;n del riesgo poblacional atribuible.  A pesar de que los nueve factores de riesgo que se identificaron (alteraciones  en el perfil lip&iacute;dico, tabaquismo, hipertensi&oacute;n arterial, obesidad  abdominal, estr&eacute;s psico-social, alteraciones en el metabolismo de la glucosa,  inactividad f&iacute;sica, inadecuado consumo de frutas y vegetales, menor consumo  de bebidas alcoh&oacute;licas) explican m&aacute;s del 90% del riesgo poblacional  atribuible tanto para hombres como para mujeres en el mundo entero, existi&oacute;  una diferencia importante en los pa&iacute;ses sudamericanos incluidos (Chile,  Colombia, Brasil y Argentina), en donde ese riesgo poblacional atribuible para  obesidad abdominal fue el m&aacute;s importante (48,5%), cifra mucho mayor a la  que se observ&oacute; en el resto del mundo (30,2%). Adem&aacute;s, en un estudio  poblacional similar realizado en Costa Rica (22), el riesgo poblacional atribuible  para infarto agudo del miocardio en 889 individuos que no ten&iacute;an historia  de diabetes mellitus tipo 2 y que no recibieron f&aacute;rmacos, la obesidad abdominal  fue el factor de riesgo m&aacute;s relevante (riesgo poblacional atribuible de  29,3%), sobre todo en las mujeres (riesgo poblacional atribuible de 35%). Estos  resultados destacan la importancia que tiene la obesidad abdominal en la poblaci&oacute;n  latinoamericana como principal factor de riesgo para infarto agudo del miocardio,  lo cual es muy preocupante de frente a la epidemia de sobrepeso y obesidad que  experimentan estos pa&iacute;ses (9). </p>     <p> Mayor sensibilidad para presentar inflamaci&oacute;n de bajo grado y resistencia  a la insulina en Latinoam&eacute;rica</p>     <p> Recientemente (23), en una muestra representativa de los ni&ntilde;os escolares  de Bucaramanga, se seleccionaron 325 escolares (edad promedio 10 a&ntilde;os),  en quienes se demostr&oacute; la existencia de una correlaci&oacute;n positiva  entre &iacute;ndice de masa corporal, presi&oacute;n arterial sist&oacute;lica  y prote&iacute;na C-reactiva, lo que confirma en ni&ntilde;os esta correlaci&oacute;n  que previamente se demostr&oacute; en adultos colombianos (3), y refuerza la propuesta  de una interrelaci&oacute;n entre el contenido de adipocitos viscerales y el aumento  de las concentraciones plasm&aacute;ticas de marcadores de inflamaci&oacute;n  como la prote&iacute;na C reactiva.</p>     <p> Varios estudios evaluaron las concentraciones de prote&iacute;na C reactiva en  escolares de pa&iacute;ses desarrollados (24-29). Cook y colaboradores (27) midieron  las concentraciones de prote&iacute;na C reactiva en una muestra representativa  de la poblaci&oacute;n de Inglaterra y Gales que incluy&oacute; 699 ni&ntilde;os  de 10 a 11 a&ntilde;os de edad. All&iacute; se observ&oacute; que las concentraciones  s&eacute;ricas de prote&iacute;na C reactiva se correlacionaron de manera positiva  con &iacute;ndice de masa corporal, frecuencia cardiaca, presi&oacute;n arterial  sist&oacute;lica, fibrin&oacute;geno y HDL, pero no con otras fracciones de l&iacute;pidos.  Como dato curioso, se constat&oacute; que un peque&ntilde;o n&uacute;mero de ni&ntilde;os  originarios del sudeste asi&aacute;tico, presentaron valores de prote&iacute;na  C reactiva 2,04 veces superiores a los que se encontraron en los ni&ntilde;os  cauc&aacute;sicos de la misma edad, g&eacute;nero e &iacute;ndice ponderal (95%  intervalo de confianza (IC) 1,23-3,36). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> De otra parte, Ford (24) analiz&oacute; los resultados de la Encuesta Nacional  de Nutrici&oacute;n y Salud de los Estados Unidos (NHANES, 1999-2000), en la que  participaron 2.486 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as de 3 a 17 a&ntilde;os de edad,  y demostr&oacute; en el an&aacute;lisis de regresi&oacute;n lineal m&uacute;ltiple  que el &iacute;ndice de masa corporal es el mejor predictor de los niveles plasm&aacute;ticos  de prote&iacute;na C reactiva. En este estudio tambi&eacute;n se encontraron diferencias  relacionadas con el origen &eacute;tnico en los ni&ntilde;os de 8 a 17 a&ntilde;os  y en las ni&ntilde;as de 8 a 11 a&ntilde;os. Espec&iacute;ficamente se observ&oacute;  mayor concentraci&oacute;n de prote&iacute;na C reactiva en los ni&ntilde;os de  origen mexicano-americano (valores geom&eacute;tricos de 0,60 y 0,76 mg/L, p =  0,023 y 0,015) en comparaci&oacute;n con los ni&ntilde;os americanos de origen  cauc&aacute;sico (valores geom&eacute;tricos de 0,35 y 0,39 mg/L). En Colombia,  encontramos una significativa correlaci&oacute;n positiva entre el &iacute;ndice  de masa corporal y la prote&iacute;na C reactiva y, en consecuencia, valores m&aacute;s  altos de prote&iacute;na C reactiva entre los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as  en el tercil superior del &iacute;ndice de masa corporal. Es importante se&ntilde;alar  que las concentraciones de prote&iacute;na C reactiva que hallamos en el segundo  tercil de &iacute;ndice de masa corporal de ambos g&eacute;neros en nuestra poblaci&oacute;n,  fueron tan altas como las que reportaron para ni&ntilde;os americanos y europeos  de origen cauc&aacute;sico, de edad similar, que presentaban sobrepeso y obesidad  (28, 29).</p>     <p> A pesar de las posibles diferencias de car&aacute;cter metodol&oacute;gico en  la cuantificaci&oacute;n de la prote&iacute;na C reactiva entre los diferentes  estudios, pero con base en los datos de nuestro estudio en ni&ntilde;os, as&iacute;  como en los resultados de estudios previos realizados en nuestra poblaci&oacute;n  adulta (30-32), es posible proponer que la poblaci&oacute;n pedi&aacute;trica  latinoamericana y los ni&ntilde;os de Asia Meridional, comparten una predisposici&oacute;n  a presentar mayor respuesta inflamatoria a menores niveles de adiposidad que los  que se reportan para poblaciones cauc&aacute;sicas. Esta predisposici&oacute;n  regional tambi&eacute;n la demostraron otros autores en adultos latinoamericanos,  quienes son m&aacute;s propensos a desarrollar resistencia a la insulina, inflamaci&oacute;n  de bajo grado y mayor riesgo cardiovascular con menores niveles de per&iacute;metro  abdominal que lo descrito en la poblaci&oacute;n cauc&aacute;sica (33, 34).</p>     <p> En el estudio en ni&ntilde;os realizado en Colombia, las concentraciones de prote&iacute;na  C reactiva fueron 25% m&aacute;s altas en las ni&ntilde;as que en los ni&ntilde;os;  sin embargo, esta diferencia no alcanz&oacute; significaci&oacute;n estad&iacute;stica.  En adultos, varios estudios reportan que los niveles de prote&iacute;na C reactiva  son m&aacute;s elevados en las mujeres y que las correlaciones entre el &iacute;ndice  de masa corporal y los niveles de prote&iacute;na C reactiva, son m&aacute;s fuertes  en comparaci&oacute;n con los hombres (34, 35). Ford (24), adem&aacute;s, realiz&oacute;  observaciones similares en adolescentes norteamericanos. As&iacute;, en la NHANES  1999-2000, se inform&oacute; que en las mujeres de edades entre 16 a 19 a&ntilde;os  se tuvieron mayores concentraciones de prote&iacute;na C reactiva que en los hombres  del mismo grupo de edad. Por otra parte, en una muestra representativa de los  j&oacute;venes en la provincia de Quebec, Canad&aacute;, Lambert y colaboradores  (35) encontraron que las concentraciones de prote&iacute;na C reactiva fueron  superiores en las mujeres con edades de 9 a 16 a&ntilde;os que en los varones  de la misma edad.</p>     <p> Estas variaciones en los niveles de prote&iacute;na C reactiva asociados al &iacute;ndice  de masa corporal y al g&eacute;nero entre los diferentes grupos &eacute;tnicos,  y entre sujetos de una misma etnia pero que viven en pa&iacute;ses con diferente  tiempo de exposici&oacute;n a los estilos de vida occidental y a marcadas diferencias  socio-econ&oacute;micas, dan soporte a nuestra hip&oacute;tesis de que algunas  poblaciones y algunas clases sociales pueden tener una predisposici&oacute;n especial  para desarrollar resistencia a la insulina, inflamaci&oacute;n de bajo grado y  mayor riesgo cardiovascular, lo cual puede tener importantes implicaciones no  s&oacute;lo en los criterios diagn&oacute;sticos utilizados para definir entidades  como el s&iacute;ndrome metab&oacute;lico y la pre-diabetes, sino tambi&eacute;n  en las conductas de prevenci&oacute;n y en la eficacia y en el costo-beneficio  de intervenciones terap&eacute;uticas (3, 18).</p>     <p> De hecho, recientemente (36) realizamos un an&aacute;lisis de los resultados reportados  en tres importantes estudios dirigidos a determinar la eficacia de los cambios  terap&eacute;uticos de los h&aacute;bitos de vida y del uso de metformina en la  prevenci&oacute;n de la progresi&oacute;n a diabetes mellitus tipo 2 en sujetos  con glucemia en ayunas alterada o con respuesta gluc&eacute;mica a las dos horas  alterada a la sobrecarga de glucosa (pre-diabetes) en tres poblaciones con diferencias  &eacute;tnicas y socio-econ&oacute;micas. </p>     <p> El Estudio Finland&eacute;s de Prevenci&oacute;n de la Diabetes (DPS) (37), el  Programa de Prevenci&oacute;n de Diabetes (DPP) en Estados Unidos (38) y el Programa  de Prevenci&oacute;n de la Diabetes en India (IDPP; 39) fueron ensayos controlados,  aleatorizados, en pacientes con intolerancia a la sobrecarga de glucosa, que se  efectuaron con el fin de determinar si la incidencia de diabetes mellitus tipo  2 podr&iacute;a ser modificada por intervenciones en los estilos de vida o por  intervenciones farmacol&oacute;gicas. </p>     <p> El DPS incluy&oacute; 522 participantes, con el grupo de intervenci&oacute;n (n  = 257) que recibi&oacute; asesoramiento nutricional individualizado encaminado  a reducir el peso, la ingesti&oacute;n total de grasa y de grasa saturada, y aumentar  el consumo de fibra vegetal y la actividad f&iacute;sica. La duraci&oacute;n media  del seguimiento fue de 3,2 a&ntilde;os. </p>     <p> El DPP fue un estudio con un gran n&uacute;mero de pacientes norteamericanos (n  = 3234), doble ciego, controlado con placebo cuya duraci&oacute;n promedio de  seguimiento fue de 2,8 a&ntilde;os. </p>     <p> El IDPP no fue un estudio ciego controlado con placebo. Sin embargo, los investigadores  principales fueron cegados a los resultados. La media de seguimiento fue de 30  meses. El DPP incluy&oacute; 1.082 personas al grupo placebo, 1.073 en el grupo  que recibi&oacute; metformina y 1.079 individuos en quienes se realiz&oacute;  un estricto control de los cambios en el estilo de vida. El IDPP incluy&oacute;  136 individuos que continuaron con las indicaciones normales que otorga el sistema  de Salud P&uacute;blica de la India a los pacientes con intolerancia a la glucosa,  133 fueron incluidos en el grupo con control estricto de cambios de estilo de  vida y 133 fueron tratados con metformina. El promedio de edad de los pre-diab&eacute;ticos  finlandeses fue 55 a&ntilde;os, de los norteamericanos 50 a&ntilde;os, y de los  hind&uacute;es 45 a&ntilde;os. Los finlandeses tuvieron un &iacute;ndice de masa  corporal promedio de 31 con un promedio de per&iacute;metro abdominal de 101 cm,  glucosa en ayunas promedio de 110 mg/dL, que a las dos horas post-carga subi&oacute;  a 159 mg/dL. De otra parte, los norteamericanos tuvieron un &iacute;ndice de masa  corporal promedio de 34, con un promedio de per&iacute;metro abdominal de 105  cm, glucosa en ayunas promedio de 106 mg/dL que a las dos horas post carga subi&oacute;  a 165 mg/dL. Y, finalmente, los hind&uacute;es tuvieron un &iacute;ndice de masa  corporal promedio de 25 con un promedio de per&iacute;metro abdominal de 90 cm,  glucosa en ayunas promedio de 98 mg/dL, que a las dos horas post carga subi&oacute;  a 153 mg/dL. Es decir, los hind&uacute;es bajo los criterios diagn&oacute;sticos  obtenidos de estudios realizados en el primer mundo, son totalmente normales,  a no ser por la respuesta aumentada de la glucemia a la sobrecarga con glucosa.  </p>     <p> Las claras diferencias en la edad, la antropometr&iacute;a y en los niveles de  glucosa en ayunas de los pacientes pre-diab&eacute;ticos en los tres estudios,  tambi&eacute;n se evidenciaron en la tasa de progresi&oacute;n de intolerancia  a la glucosa a la presencia de diabetes mellitus franca, la cual fue muy elevada  en los sujetos hind&uacute;es aparentemente normales, mas j&oacute;venes y con  menos adiposidad, como lo demuestra una incidencia acumulada de diabetes de 55%  en tres a&ntilde;os (18,3% anual), cifra que fue significativamente m&aacute;s  alta que la de los finlandeses (6% anual) y los norteamericanos (11% anual). Es  importante se&ntilde;alar que la metformina en dosis m&aacute;s bajas (500 mg/d&iacute;a)  fue m&aacute;s eficaz en la reducci&oacute;n de la tasa de progresi&oacute;n de  intolerancia a la glucosa a diabetes en la poblaci&oacute;n de hind&uacute;es  que en la poblaci&oacute;n norteamericana, en la cual la dosis utilizada fue de  1.700 mg/d&iacute;a. As&iacute;, la reducci&oacute;n absoluta de nuevos casos  de diabetes en el IDPP fue de 14,5%, cifra que duplica la del DPP (7,2%). Esta  dram&aacute;tica diferencia tambi&eacute;n se refleja en el menor n&uacute;mero  necesario de individuos a ser tratados para evitar un nuevo caso de diabetes,  que fue de 6,9 en el IDPP, mientras que en el DPP fue de 13,9. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Este an&aacute;lisis demuestra que no es posible utilizar los mismos indicadores  para definir riesgo y beneficio entre poblaciones con diferencias &eacute;tnicas,  socio-econ&oacute;micas y de tiempo de adaptaci&oacute;n a las condiciones de  vida de excesos de la denominada vida occidental, situaci&oacute;n crucial para  la toma de decisiones de pol&iacute;ticas de Salud P&uacute;blica con relaci&oacute;n  a programas preventivos y curativos.</p>     <p> Adem&aacute;s, de cara a la creciente prevalencia de morbi-mortalidad por complicaciones  micro y macro vasculares que presentan los pacientes diab&eacute;ticos, y que  significa enormes costos sociales y econ&oacute;micos a los Sistemas de Salud  por la alta mortalidad cardio-cerebro-reno-vascular, procedimientos de di&aacute;lisis  renal, amputaciones de miembros, etc., y dados los decepcionantes resultados que  se obtuvieron de ensayos cl&iacute;nicos que estudiaron el efecto de intervenciones  agresivas e intensivas para un control metab&oacute;lico adecuado y reducci&oacute;n  de la morbi-mortalidad cardiovascular en pacientes diab&eacute;ticos, creemos  que es imprescindible una apropiada interpretaci&oacute;n de los mismos bajo la  &oacute;ptica de las diferencias regionales (40-42). Las contradicciones que se  encontraron en los resultados de estos estudios cl&iacute;nicos podr&iacute;an,  de alguna manera, explicarse por el hecho que en los an&aacute;lisis no se han  considerado las implicaciones que podr&iacute;an tener en los resultados el origen  &eacute;tnico o la regi&oacute;n, no geogr&aacute;fica pero s&iacute; socio-econ&oacute;mica,  en donde fueron reclutados los pacientes, en una situaci&oacute;n semejante a  la recientemente (43) demostrada por nuestro equipo con relaci&oacute;n a la oportunidad  del inicio del control intensivo de los trastornos metab&oacute;licos de la diabetes,  puesto que es su tiempo de duraci&oacute;n el que determina una alteraci&oacute;n  irreversible de la v&iacute;a L-arginina-&oacute;xido n&iacute;trico a nivel de  los tejidos vascular y nervioso perif&eacute;rico. </p>     <p> Por tanto, es imperiosa la consideraci&oacute;n del d&oacute;nde, es decir en  qu&eacute; pa&iacute;s se realiza la intervenci&oacute;n; el qui&eacute;n, es  decir cu&aacute;les son las caracter&iacute;sticas &eacute;tnicas y socio-econ&oacute;micas  de los pacientes en quienes se realiza la intervenci&oacute;n, y el cuando comenzar  las acciones preventivas de los eventos vasculares. Adem&aacute;s, las acciones  preventivas y correctivas deben tener un enfoque global, de control no s&oacute;lo  de la glucosa sino de los dem&aacute;s factores de riesgo.</p>     <p> Las observaciones anteriores son un buen ejemplo que sustenta nuestra insistente  propuesta (3, 4, 18, 19, 36) de que las diferencias socio-econ&oacute;micas que  existen entre el primer mundo y el mundo en desarrollo, se reflejan tambi&eacute;n  en diferencias epig&eacute;neticas, todav&iacute;a no bien definidas, y que determinan  un comportamiento biol&oacute;gico adaptativo diferente a la vida moderna, que  probablemente se relaciona con el tiempo que determinada sociedad se encuentra  sometida al estilo de vida sedentario y a la nutrici&oacute;n occidentalizada.  Estas son razones que dan soporte a la necesidad de la realizaci&oacute;n de m&aacute;s  investigaciones en nuestros pa&iacute;ses, bajo nuestras propias condiciones.  Mientras tanto debemos ser cuidadosos y cr&iacute;ticos en aceptar necesariamente  como v&aacute;lidos los criterios diagn&oacute;sticos, las medidas preventivas  y las intervenciones terap&eacute;uticas recomendadas por los consensos de conductas  que indican los organismos acad&eacute;micos del mundo desarrollado, consensos  alcanzados con base en resultados de investigaciones realizadas en poblaciones  que tienen caracter&iacute;sticas socio-econ&oacute;micas diferentes a las de  los pa&iacute;ses en desarrollo.</p>     <p> En conclusi&oacute;n, el desarrollo de estudios que identifiquen el peso espec&iacute;fico  de cada uno de los factores de riesgo y que eval&uacute;en el impacto de las medidas  de prevenci&oacute;n y de intervenci&oacute;n terap&eacute;utica bajo las propias  condiciones de las poblaciones del tercer mundo, son una obligaci&oacute;n de  todos los actores involucrados con la Salud P&uacute;blica, es decir Ministerios,  Universidades, Sociedades Cient&iacute;ficas e Institutos de Investigaci&oacute;n.  Por lo tanto, es fundamental para los pa&iacute;ses latinoamericanos dise&ntilde;ar  ensayos cl&iacute;nicos bien estructurados y que permitan de forma estricta, evaluar  la eficacia de intervenciones dirigidas a la prevenci&oacute;n y recuperaci&oacute;n  de las enfermedades cardiovasculares y metab&oacute;licas que hoy en d&iacute;a  son los problemas de salud m&aacute;s importantes en estos pa&iacute;ses. Este  tipo de estudios deben ser coordinados y financiados, en lo posible, por los Sistemas  Nacionales de Ciencia y Tecnolog&iacute;a y deben tener independencia de cualquier  conflicto de inter&eacute;s comercial; as&iacute; mismo, deben ser concebidos  para mostrar resultados que permitan obtener un cambio positivo en la pr&aacute;ctica  m&eacute;dica y en las pol&iacute;ticas de Salud P&uacute;blica.</p>     <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <p>1. Murray CJL, L&oacute;pez AD, eds. The global burden of disease: a comprehensive  assessment of mortality and disability from diseases, injuries, and risk factors  in 1990 and projected to 2020. Boston, Mass: Harvard School of Public Health;  1996.</p>     <p> 2. Murray CJ, L&oacute;pez AD. Global mortality, disability, and the contribution  of risk factors: Global Burden of Disease Study. Lancet 1997; 349: 1436-1442.</p>     <p> 3. L&oacute;pez-Jaramillo P, Pradilla LP, Castillo VR, Lahera V. Socioeconomic  pathology as a cause of regional differences in the prevalence of metabolic syndrome  and pregnancy-induced hypertension. Rev Esp Cardiol 2007; 60: 168-178.</p>     <p> 4. Lopez-Jaramillo P, Casas JP, Bautista L, Serrano NC, Morillo CA. An integrated  proposal to explain the epidemic of cardiovascular disease in a developing country.  From socioeconomic factors to free radicals. Cardiology 2001; 96: 1-6.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 5. La otra guerra: destierro y despoblamiento. Boletin COHDES, abril de 2003.</p>     <p> 6. Rep&uacute;blica de Colombia. Ministerio de Defensa Nacional. Informe anual    de derechos humanos y derecho internacional humanitario 2002 y avances per&iacute;odo    presidencial 2003. Disponible en: <a href="http://www.mindefensa.gov.co/index.php?%20page=181&id=371" target="_blank">http://www.mindefensa.gov.co/index.php?    page=181&amp;id=371</a> </p>     <p> 7. Albala C, Vio F, Kain J, Uauy R. Nutrition transition in Latin America. Nutr  Rev 2001; 59: 170-176.</p>     <p> 8. G&oacute;mez LF, Parra DC, Lobelo F, Samper B, Moreno J, Jacoby E, Lucum&iacute;  DI, Matsudo S, Borda C. Television viewing and its association with overweight  in Colombian children: results from the 2005 National Nutrition Survey: A cross  sectional study. Int J Behav Nutr Phys Act 2007 19; 4: 41. </p>     <p> 9. Rueda-Clausen C, Silva F, L&oacute;pez-Jaramillo P. Epidemic of obesity and  overweigh in Latin America and the Caribbean. Int J Cardiol 2008; 125: 111-112.</p>     <p> 10. Ogden CL, Flegal KM, Carroll MD, Johnson CL. Prevalence and trends in overweight  among US children and adolescents, 1999&#8211;2000. JAMA 2002; 288: 1728-1732.</p>     <p> 11. Hales C, Barker D. Type 2 (non-insulin-dependent) diabetes mellitus: the thrifty  phenotype hypothesis. Diabetol 1992; 35: 595-601.</p>     <p> 12. McMillen IC, Robinson JS. Developmental origins of the metabolic syndrome:  prediction, plasticity, and programming. Physiol Rev 2005; 85: 571-633.</p>     <p> 13. Ravelli A, van der Meulen J, Osmond C, Barker D, Bleker O. Obesity at the  age of 50 years in men and women exposed to famine prenatally. Am J Clin Nutr  1999; 70: 811-6.</p>     <p> 14. Painter RC, de Rooij SR, Bossuyt PM et al. Early onset of coronary artery  disease after prenatal exposure to Dutch famine. Am J Clin Nutr 2006; 84: 322-7.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 15. De Rooij SR, Painter RC, Roseboom TJ et al. Glucose tolerance at age 59 and  the decline of glucose tolerance in comparison with age 50 in people prenatally  exposed to the Dutch famine. Diabetol 2006; 49: 637-43.</p>     <p> 16. Waterland RA, Garza C. Potential mechanisms of metabolic imprinting that lead  to chronic disease. Am J Clin Nutr 1999; 69: 179-197</p>     <p> 17. Gallou-Kabani C, Junien C. Nutritional epigenomics of metabolic syndrome.  New perspective against the epidemic. Diabetes 2005; 54: 1899-1906.</p>     <p> 18. L&oacute;pez-Jaramillo P, Silva SY, Rodr&iacute;guez-Salamanca N, Dur&aacute;n  A, Mosquera W, Castillo V. Are nutrition-induced epigenetic changes the link between  socioeconomic pathology and cardiovascular diseases? Am J Therapeut 2008; 15:  362-372.</p>     <p> 19. L&oacute;pez-Jaramillo P, Garc&iacute;a R, L&oacute;pez M. Preventing pregnancy-induced  hypertension: are there regional differences for this global problem? J Hypertens  2005; 23: 1121-1129.</p>     <p> 20. Yusuf S, Hawken S, Ounpuu S, Dans T, Avezum A, Lanas F, et al, for the INTERHEART  Study Investigators. Effect of potentially modifiable risk factors associated  with AMI in 52 countries (the INTERHEART study): case-control study. Lancet 2004;  364: 937-952.</p>     <p> 21. Lanas F, Avezum A, Bautista LE, D&iacute;az R, Luna M, Islam S, Yusuf S, INTERHEART  Investigators in Latin America. Risk factors for acute myocardial infarction in  Latin America: the INTERHEART Latin American study. Circulation 2007; 115: 1067-1074.</p>     <p> 22. Kabagambe EK, Baylin A, Campos H. Nonfatal acute myocardial infarction in  Costa Rica: modifiable risk factors, population-attributable risks, and adherence  to dietary guidelines. Circulation 2007; 115: 1075-1081.</p>     <p> 23. L&oacute;pez-Jaramillo P, Herrera E, Garc&iacute;a R, Camacho PA, Castillo  V. Relationship of body mass index, C-reactive protein and blood pressure in a  Hispanic Pediatric Population. Am J Hypertens 2008; 21: 527-532.</p>     <p> 24. Ford ES. C-reactive protein concentration and cardiovascular disease risk  factors in children: findings from the National Health and Nutrition Examination  Survey 1999&#8211;2000. Circulation 2003; 108: 1053-1058.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 25. Gillum RF. Association of serum C-reactive protein and indices of body fat  distribution and overweight in Mexican American children. J Natl Med Assoc 2003;  95: 545-552.</p>     <p> 26. Visser M, Bouter LM, McQuillan GM, Wener MH, Harris TB. Low-grade systemic  inflammation in overweight children. Pediatrics 2001; 107: E13.</p>     <p> 27. Cook DG, Mendall MA, Whincup PH, Carey IM, Ballam L, Morris JE, et al. C-reactive  protein concentration in children: relationship to adiposity and other cardiovascular  risk factors. Atherosclerosis 2000; 149: 139-150.</p>     <p> 28. Aeberli I, Molinari L, Spinas G, Lehmann R, l&#8217;Allemand D, Zimmermann  MB. Dietary intakes of fat and antioxidant vitamins are predictors of subclinical  inflammation in overweight Swiss children. Am J Clin Nutr 2006; 84: 748-755.</p>     <p> 29. Weiss R, Dziura J, Burgert TS, Tamborlane WV, Taksali SE, Yeckel CW, et al.  Obesity and the metabolic syndrome in children and adolescents. N Engl J Med 2004;  350: 2362-2374.</p>     <p> 30. Perez M, Casas JP, Cubillos-Garz&oacute;n LA, Serrano NC, Silva F, Morillo  CA, et al. Using waist circumference as a screening tool to identify Colombian  subjects at cardiovascular risk. Eur J Cardiovasc Prev Rehabil 2003; 10: 328-335.</p>     <p> 31. Bautista L, L&oacute;pez-Jaramillo P, Vera LM, Casas JP, Otero AP, Guaracao  AI. Is C-reactive protein an independent risk factor for essential hypertension?  J Hypertens 2001; 19: 857-861.</p>     <p> 32. Garc&iacute;a RG, P&eacute;rez M, Maas R, Schwedhelm E, B&ouml;ger RH, L&oacute;pez-Jaramillo  P. Plasma Concentrations of Asymmetric Dimethylarginine (ADMA) in Metabolic Syndrome.  Int J Cardiol 2007; 122: 176-178.</p>     <p> 33. Lear SA, Chen MM, Birmingham L, Frohlich JJ. The relationship between simple  anthropometric indices and C-reactive protein: ethnic and gender differences.  Metabolism 2003; 52: 1542-1546.</p>     <p> 34. Khera A, McGuire DK, Murphy SA, Stanek HG, Das SR, Vongpatanasin W, Wians  FH, Grundy SM, de Lemos JA. Race and gender differences in C-reactive protein  levels. J Am Coll Cardiol 2005; 46: 464-469.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> 35. Lambert M, Delvin EE, Paradis G, O&#8217;Loughlin J, Hanley JA, Levy E. C-reactive  protein and features of the metabolic syndrome in a population-based sample of  children and adolescents. Clin Chem 2004; 50: 1762-1768.</p>     <p> 36. L&oacute;pez-Jaramillo P. Defining the research priorities to fight the burden  of cardiovascular diseases in Latin America. J Hypertens 2008; 26.</p>     <p> 37. Tuomilehto J, Lindstrom J, Eriksson JG et al. Prevention of type 2 diabetes  mellitus by changes in lifestyle among subjects with impaired glucose tolerance.  N Engl J Med 2001; 344: 1343-1350.</p>     <p> 38. Knowler WC, Barrett-Connor E, Fowler SE et al. Reduction in the incidence  of type 2 diabetes with lifestyle intervention or metformin. Diabetes Prevention  Program Research Group. N Engl Med 2002; 346: 393-403.</p>     <p> 39. Ramachandran A, Snehalatha C, Mary S, Mukesh B, Bhaskar AD, Vijay V, Indian  Diabetes Prevention Programme (IDPP). The Indian diabetes prevention programme  shows that lifestyle modification and metformin prevent type 2 diabetes in Asian  Indian subjects with impaired glucose tolerance (IDPP-1). Diabetol 2006; 49: 289-297.</p>     <p> 40. The Action to Control Cardiovascular Risk in Diabetes Study Group. Effects  of intensive glucose lowering in type 2 diabetes. N Engl J Med 2008; 358: 2545-59.</p>     <p> 41. The Advance Collaborative Group. Intensive blood glucose control and vascular  outcomes in patients with type 2 diabetes. N Engl J Med 2008; 358: 2560-72.</p>     <p> 42. Mellbin LG, Malmberg K, Norhammar A, Wedel H, Ryden L, for the DIGAMI 2 Investigators.  The impact of glucose lowering treatment on long-term prognosis in patients with  type 2 diabetes and myocardial infarction: a report from the DIGAMI 2 trial. Eur  Heart J 2008; 29: 166-176.</p>     <p>43. Garc&iacute;a RG, L&oacute;pez-Jaramillo P. Cardiovascular prevention in high-risk  patients with type 2 diabetes mellitus: when to start it? Eur Heart J 2008.</p> </font>       ]]></body>
</article>
