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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p>        <center>     <font size="4"><b> Un p&aacute;lpito del humanismo a la medicina </b></font>    </center> </p>     <p>        <center>     <font size="3"><b>A heart of humanism into medicine</b></font>    </center> </p>     <p>        <center>     <font size="2" face="Verdana">Jorge Le&oacute;n Galindo MD., FACC.</font>    </center> </p>     <p><font size="2" face="Verdana">Editor, Revista Colombiana de Cardiolog&iacute;a.</font></p> <hr size="1">     <p>La Medicina est&aacute; viviendo en estos momentos una &eacute;poca dif&iacute;cil    y necesita un &laquo;p&aacute;lpito del humanismo&raquo;, aunque no parece que    un simple p&aacute;lpito pueda curar su situaci&oacute;n actual. Tal vez lo    necesario ser&iacute;a una descarga el&eacute;ctrica, una desfibrilaci&oacute;n    para volverla a su ritmo y a su filosof&iacute;a.</p>     <p>Vale la pena preguntarse sobre el significado del humanismo. Hay varias definiciones    y conceptos. Desde el punto de vista hist&oacute;rico el humanismo tuvo su origen    en el renacimiento, en los siglos XIV y XV. Este movimiento puso al hombre como    el centro del mundo. M&aacute;s tarde vino el humanismo cristiano, el cual defiende    una realizaci&oacute;n plena del hombre y de lo humano dentro de un marco de    principios cristianos. En el humanismo seg&uacute;n Jacques Maritain, el hombre    aspira a obtener un bien com&uacute;n, mejorar la vida humana haciendo que los    hombres vivan libres y puedan gozar de los frutos de la cultura y del esp&iacute;ritu.    A que aprecie esa libertad y comprenda que debe existir la igualdad entre &eacute;l    y los dem&aacute;s en medio del respeto y la fraternidad. Exalta e integra al    g&eacute;nero humano a trav&eacute;s de sus valores. Este movimiento renacentista    propuso retomar la cultura greco-romana para restaurar los valores humanos.    A comienzos del siglo XV el humanismo promov&iacute;a la formaci&oacute;n integral    de las personas. No acepta el ego&iacute;smo ni el consumismo, como tampoco    el narcisismo. Tiene sus cimientos en el arte, la cultura, el deporte, la pol&iacute;tica    y las profesiones liberales, entre otros. Seg&uacute;n el m&eacute;dico argentino    Albert Meinetti en su libro &laquo;La Transformaci&oacute;n de la Medicina,&raquo;    el humanismo en la medicina se sustenta en las humanidades m&eacute;dicas, en    la filosof&iacute;a de la medicina y en la bio&eacute;tica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Quiero plasmar en esta charla el concepto de humanismo no como el humanismo    del conocimiento del arte, la cultura, del saber de la historia. Deseo dirigir    mis ideas hacia conceptos del humanismo que involucra la libertad, la igualdad,    el respeto, la fraternidad entre dos polos, o actores en la profesi&oacute;n    m&eacute;dica, como lo son el paciente y el m&eacute;dico. Est&aacute; en el    Juramento Hipocr&aacute;tico el tener sensibilidad humana con un alto sentimiento    de humildad, de misericordia y caridad. Este concepto es prioritario frente    al conocimiento cient&iacute;fico adquirido, a la experiencia en la aplicaci&oacute;n    de la t&eacute;cnica del procedimiento diagn&oacute;stico o terap&eacute;utico.    Lo m&aacute;s importante en el acto m&eacute;dico es la confianza que el paciente    deposita en su m&eacute;dico. Es el producto de la conciencia y la responsabilidad    que el galeno ha puesto en este acto.</p>     <p>En forma anecd&oacute;tica quiero recordar lo que el caballero de la triste    figura Don Quijote de la Mancha le expres&oacute; a Sancho Panza, significando    lo que es el humanismo para el pueblo espa&ntilde;ol y que corresponde tal vez    a un pensamiento popular. Le dice: &laquo;Repara hermano Sancho que nadie es    m&aacute;s que otro si no hace m&aacute;s que otro&raquo;. Pero, qu&eacute;    parad&oacute;jico es el pensamiento humano cuando caemos en cuenta que el autor,    Don Miguel de Cervantes Saavedra no trata con humanismo a su caballero andante.    Al personaje producto de su imaginaci&oacute;n e ingenio. Por eso ha sido criticado    severamente por varios pensadores y escritores como Vladimir Nabokov y Henry    de Montherlant quienes no le perdonaron al autor el no haber tenido compasi&oacute;n,    sentido humanitario, ni haber escrito uno sola expresi&oacute;n contra los matones    vulgares que se burlaban y persegu&iacute;an sin tregua a nuestro vetusto h&eacute;roe.    No lo perdonaron por el trato casi s&aacute;dico administrado a nuestro caballero    a trav&eacute;s de la obra. Gustave Flaubert recuerda que la falta de humanismo,    de compasi&oacute;n, de la indiferencia, de la brutalidad de las bromas de Cervantes    hacia su personaje, hace que odiemos al autor, pero nos adentra en lo profundo    de la realidad de Don Quijote. Y es Don Miguel de Unamuno quien tambi&eacute;n    sale en defensa de Don Quijote frente a los vej&aacute;menes de Cervantes y    luego de escribir su libro &laquo;La Vida del Quijote y de Sancho Panza&raquo;,    denomina a Cervantes como una simple sombra y sale en defensa de Don Quijote    al decir que si no fuera por su personaje, el autor pr&aacute;cticamente hubiera    dejado de existir.</p>     <p>Y narra Sim&oacute;n Ledys: &laquo;Cuando Don Quijote yace a punto de morir,    tristemente sanado por su espl&eacute;ndida ilusi&oacute;n, cuando finalmente    ha desistido de su sue&ntilde;o, Sancho descubre que ha heredado la fe de &laquo;Su    Merced&raquo;, el haber adquirido tal como uno adquiere una enfermedad, a trav&eacute;s    del contagio que produce la fidelidad y el amor. Porque convirti&oacute; a Sancho,    Don Quijote no va a morir jam&aacute;s&raquo;.</p>     <p>Estos bellos juicios literarios que le hacen estos pensadores a Cervantes por    el trato que le otorg&oacute; a su personaje fant&aacute;stico son testimonios    de protesta ante un trato desigual, inhumano. </p>     <p>El m&eacute;dico debe tener conciencia del poder adquirido a trav&eacute;s    de su profesi&oacute;n y de la responsabilidad que tiene frente al enfermo.    En la condici&oacute;n de enfermo el ser humano se encuentra en estado de indefensi&oacute;n    frente a su m&eacute;dico. Pone su salud y su vida en manos del profesional.    &iexcl;Qu&eacute; inmensa responsabilidad!. El ser humano doliente queda vulnerable    ante el ataque muchas veces despiadado de una enfermedad. All&iacute; es cuando    pide ayuda e implora que lo traten con humanidad, caridad y respeto.</p>     <p>En este punto es interesante recordar las palabras del Emperador Adriano citadas    por el Dr. Mario Mendoza Orozco en su escrito &laquo;Reflexiones sobre el Humanismo    en Medicina&raquo; cuando cita a las &laquo;Memorias de Adriano&raquo; de Marguerite    Yourcenar cuando el emperador sinti&oacute; los s&iacute;ntomas de una insuficiencia    cardiaca congestiva que m&aacute;s tarde lo condujera a la muerte, acude a su    galeno y describe su reacci&oacute;n ante el acto m&eacute;dico: &laquo;...Es    dif&iacute;cil seguir siendo Emperador ante un m&eacute;dico, y tambi&eacute;n    es dif&iacute;cil guardar la calidad de hombre...esta ma&ntilde;ana pens&eacute;    por primera vez en mi cuerpo, ese compa&ntilde;ero fiel, ese amigo a quien conozco    m&aacute;s que a mi alma, no es m&aacute;s que un mostruo solapado que terminar&aacute;    por devorar a su amo...&raquo;. El gran Emperador romano y el hombre m&aacute;s    poderoso del mundo en la primera mitad del siglo II d.C., aficionado a la filosof&iacute;a    estoica y epic&uacute;rea, se sinti&oacute; impotente, dependiente y humilde    ante su m&eacute;dico. Confiaba, ten&iacute;a que confiar en &eacute;l para    mantenerse con esperanza y energ&iacute;a para poder vivir y gobernar.</p>     <p>En la situaci&oacute;n del Emperador Adriano al estar enfermo y frente a su    m&eacute;dico, las vanidades terrenales se desvanecen. Muchos enfermos sienten    que su cuerpo los ha traicionado, que no responde y tienen tanto un dolor f&iacute;sico    como un dolor moral. Presienten un fin cercano y anhelan con la esperanza de    la existencia de un m&aacute;s all&aacute;, lugar et&eacute;reo en donde permanecer&aacute;    su alma, que es su ser. Vale la pena recordar el poema que este emperador escribi&oacute;    en su lecho de muerte:</p> </font>     <blockquote>       <p><font size="2" face="Verdana">&laquo;Peque&ntilde;a alma errante    <br>     Hu&eacute;sped y amiga del cuerpo.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     &iquest;A donde morar&aacute;s ahora    <br>     P&aacute;lida, r&iacute;gida, desnuda    <br>     Incapaz de jugar como antes?...&raquo;</font></p> </blockquote> <font size="2" face="Verdana">     <p>En estos momentos es cuando el hombre recuerda a Dios e implora su ayuda. Frente    a la muerte el hombre se doblega, se da cuenta de su realidad, de lo pasajeros    que somos en este mundo y de lo corta y fr&aacute;gil que es la vida; suplica    que lo traten con humanidad.</p>     <p>Quiero referirme a un escrito del Padre Alfonso Llano S.J. publicado en el    peri&oacute;dico El Tiempo en d&iacute;as pasados y que titul&oacute;: &laquo;&iexcl;Qu&eacute;    duro es morir!&raquo;. Escribe el Padre: &laquo;El hombre se va dando cuenta    de que empieza a morir, de que llega la hora de disminuir, desaparecer, no figurar,    no contar para nada, ser marginado. Sencillamente, dram&aacute;ticamente, morir.    Empieza uno a disminuir no f&iacute;sicamente sino moralmente, realmente, angustiosamente,    de que se le escapa la vida, d&iacute;a a d&iacute;a, minuto a minuto, sin poder    detenerla, asirla, impedirle que se vaya llevando, a jirones, pedazos de vida...&raquo;    y contin&uacute;a: &laquo;Adi&oacute;s, adi&oacute;s, para siempre adi&oacute;s.    !Qu&eacute; duro es morir!.... Este proceso es tanto m&aacute;s noble y fecundo,    cuanto va acompa&ntilde;ado de la conciencia, darse cuenta de la propia disminuci&oacute;n    y desaparici&oacute;n. Desde la fe, es agridulce esta experiencia de morir;    lo digo por experiencia. Agria por la sensaci&oacute;n de ir pasando a la nada,    dulce, por ver crecer al que es infinitamente m&aacute;s grande que uno. Por    eso exclamaba Teilhard con el Bautista: Conviene que Jes&uacute;s crezca y que    yo disminuya&raquo;. </p>     <p>Desgarradoras palabras del Padre Llano, pero reales. El m&eacute;dico cada    vez que asiste a la muerte de un paciente, medita acerca de su propia muerte,    que vendr&aacute; inexorablemente. Al estar frente a un enfermo piensa en su    propia enfermedad, presente o futura. !Lo debe hacer! Es obligatorio tener esa    vivencia para comprender esta etapa del camino de la vida y entender que debe    tratar con cari&ntilde;o y piedad a su paciente. Pedirle al Se&ntilde;or que    al llegar su turno tambi&eacute;n lo trate con ese cari&ntilde;o, con piedad    y con poco sufrimiento. Y si el sufrimiento es mayor, que tenga a un m&eacute;dico    a su lado que sea capaz de darle soporte moral y que lo acompa&ntilde;e al final    del camino y le alivie el sufrimiento.</p>     <p>Tristemente en este instante de la vida y de la historia de la medicina en    Colombia y en casi todos los rincones del mundo, los m&eacute;dicos que creemos    en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica ejercida con humanidad, con respeto, con    misericordia y humildad, somos pocos. Somos como Don Quijote transitando por    la ruta de los caballeros andantes en un mundo en el cual los caballeros andantes    han desaparecido. Don Quijote ten&iacute;a una ilusi&oacute;n y un sue&ntilde;o,    el de ser caballero y salir en defensa de los d&eacute;biles, de los afligidos    como tambi&eacute;n en defensa de las bellas damas, como Do&ntilde;a Dulcinea    del Toboso. La recompensa es intelectual y moral. Los m&eacute;dicos debemos    salir como El Caballero de la Triste Figura, en defensa de los necesitados,    de los que sufren, en pos de quitar el dolor y el sufrimiento que es nuestra    verdadera misi&oacute;n en este mundo a veces irreal como el de Don Quijote,    luchando contra los molinos de viento, contra gigantes y monstruos. Debemos    salir a defender nuestra misi&oacute;n, defender el acto m&eacute;dico, acto    basado en la confianza y la conciencia. Nuestras armas son elementales, simples,    espont&aacute;neas, como la paciencia, la humildad, el disponer del tiempo para    escuchar a nuestros pacientes y sus familias. </p>     <p>El fin principal de nuestra profesi&oacute;n no es el protagonismo y el reconocimiento    que logremos ante la sociedad, ni los logros econ&oacute;micos, ni los cient&iacute;ficos,    ni los premios o galardones logrados por ellos, ni las c&aacute;tedras en nuestras    facultades de medicina, ni el sistema de salud vigente o futuro. El fin principal    de nuestra profesi&oacute;n es el paciente... nuestro paciente. Es el personaje    principal de nuestra obra, a &eacute;l lo tenemos que ayudar en la situaci&oacute;n    en que se encuentre, lo debemos guiar, aliviar y ojal&aacute; en algunos casos    curar. M&aacute;s que ser su m&eacute;dico, debemos ser su amigo y confidente.    Al lograr esta relaci&oacute;n, el m&eacute;dico se sentir&aacute; pleno en    su conciencia como profesional y con la satisfacci&oacute;n del deber cumplido.</p>     <p>Gran responsabilidad tenemos los m&eacute;dicos, especialmente quienes damos    docencia en las facultades de medicina. Estas ideas y m&aacute;s que ideas sentimientos,    debemos trasmit&iacute;rselos y ense&ntilde;&aacute;rselos a nuestros alumnos.    La mayor herencia que dej&oacute; mi padre a sus hijos fue el amor a su familia    y a sus pacientes. Ejemplo que perdurar&aacute; a trav&eacute;s de las generaciones    venideras de nuestras familias.</p>     <p>Para terminar quiero recordar las palabras sinceras expresadas por mi profesor    y amigo en la Escuela de Medicina de la Universidad de Tulane, el Dr. George    E. Burch, cardi&oacute;logo ilustre y ser humano incomparable, como tambi&eacute;n    pol&eacute;mico en extremo dando siempre batallas en defensa de los pacientes.    Luchador sin tregua contra la indiferencia de los m&eacute;dicos frente a los    pacientes. Contraventor con quienes al paciente no le informan el diagn&oacute;stico,    sino le comunican una sentencia fr&iacute;a en la cual le explican, o mejor,    le entregan un veredicto muy bien sustentado con porcentajes y estad&iacute;sticas.    Le dan las posibilidades de sobrevivir o de morir, y hasta los d&iacute;as de    vida que consideran le restan. Luego de haberle informado su veredicto con actitud    prepotente, o mejor omnipotente, dan media vuelta y se alejan sinti&eacute;ndose    tranquilos por el deber cumplido sin haber notado ni percibido el dolor y la    angustia que causaron. El Dr. Burch luch&oacute; contra esta actitud que fue    dominante en muchas escuelas de medicina en los a&ntilde;os setenta en los Estados    Unidos. En ellas le daban mayor importancia a las nuevas tecnolog&iacute;as    diagn&oacute;sticas o terap&eacute;uticas, a los resultados de nuevas investigaciones,    que al paciente. Estos colegas convirtieron a nuestro personaje central en un    simple n&uacute;mero, en un material de trabajo y de investigaci&oacute;n en    donde su importancia radica en la respuesta cl&iacute;nica positiva o negativa    frente a una terap&eacute;utica dada ya sea un estudio abierto o ciego. En este    pensamiento la importancia del paciente y el inter&eacute;s de estar en comunicaci&oacute;n    con &eacute;l radica en no perderlo pues alterar&iacute;a la base de datos de    la investigaci&oacute;n. O en la pr&aacute;ctica m&eacute;dica cotidiana el    enfermo simplemente es un caso cl&iacute;nico en quien se realizan numerosos    ex&aacute;menes para aclarar los s&iacute;ntomas olvid&aacute;ndose de su calidad    de ser humano, de sus sentimientos y temores. El Dr. Burch en sus rondas diarias    por el Charity Hospital o en las diferentes reuniones del Departamento insist&iacute;a    sobre este tema trasmiti&eacute;ndonos sus ideas y ense&ntilde;anzas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La deshumanizaci&oacute;n de la medicina en nuestro pa&iacute;s no solamente    se le puede achacar al m&eacute;dico, tambi&eacute;n al ambiente en que debe    trabajar, al sistema de salud actual que fomenta esta pr&aacute;ctica impersonal    y hasta irresponsable pues el galeno tiene muy poco tiempo para atender al paciente,    para pensar y darse cuenta del entorno en que se encuentra. Tiene que llenar    formularios requeridos por las empresas de la salud con los cuales &eacute;stas    llevan el control de gastos y un control estricto de la forma como ejerce su    profesi&oacute;n el m&eacute;dico. En resumen, el profesional gasta m&aacute;s    tiempo llenando papeles que interrogando y examinando al paciente. Tal vez lo    m&aacute;s grave ocurre que siendo la medicina una profesi&oacute;n esencialmente    liberal, en la cual el m&eacute;dico debe tener plena libertad para orientar    e investigar el caso y llegar a uno o varios diagn&oacute;sticos, ordenarle    con criterio cient&iacute;fico ex&aacute;menes paracl&iacute;nicos, tener el    diagn&oacute;stico y recetarle los medicamentos adecuados para la dolencia y    patolog&iacute;a de su paciente, no puede, se encuentra limitado en ordenar    los ex&aacute;menes que considera apropiados, al igual que tiene limitaci&oacute;n    en formular la medicaci&oacute;n adecuada, porque el sistema no se lo permite.  </p>     <p>Este sistema no puede funcionar correctamente pues fractura la esencia de la    pr&aacute;ctica m&eacute;dica que es el acto m&eacute;dico, la relaci&oacute;n    m&eacute;dico paciente. Seg&uacute;n la terminolog&iacute;a de nuestro Sistema    de Salud, el paciente se convirti&oacute; en el usuario y el m&eacute;dico en    el prestador del servicio. En otras palabras, el paciente es un elemento que    utiliza el sistema y quien previamente paga por su atenci&oacute;n, es qui&eacute;n    trae recursos econ&oacute;micos al sistema, o sea ganancias. El m&eacute;dico    es un prestador de un servicio a quien se le deben controlar los gastos del    negocio para que sea rentable. El buen galeno en este lenguaje es el que gasta    menos recursos econ&oacute;micos y trabaja mucho. La excelencia m&eacute;dica    no se valora, no se premia, por lo contrario muchas veces se castiga. Esto es    lo que a final de cuentas se ha convertido la salud en nuestro medio desde 1993    cuando el Estado se &laquo;libr&oacute;&raquo; del problema de la salud en el    pa&iacute;s y se la entreg&oacute; a unas empresas con &aacute;nimo de lucro    para que la manejaran a su mejor parecer, que es el lucrativo. Estas teor&iacute;as    econ&oacute;micas en su l&oacute;gica llevaron la pr&aacute;ctica m&eacute;dica    a la deshumanizaci&oacute;n. Se perdi&oacute; la confianza del paciente hacia    el m&eacute;dico y el m&eacute;dico no tiene el tiempo para hacer conciencia    de su responsabilidad en el acto m&eacute;dico.</p>     <p>Esta actitud perdura en muchos ambientes m&eacute;dicos. Sin embargo, hay instituciones    enfocadas en la defensa de los pacientes y hacen &eacute;nfasis en los derechos    de los pacientes y de los deberes de los m&eacute;dicos frente a ellos. Pensamos    que no todo est&aacute; perdido, por esto el Dr. Adolfo Vera nos ha invitado    a participar en este Encuentro sobre el Humanismo y Medicina en la Historia    de la Vida y al revisar el tema nuestro esp&iacute;ritu se llena de optimismo    y de ganas de defender nuestra profesi&oacute;n a trav&eacute;s de la defensa    de nuestros pacientes por medio del trato humanitario hacia ellos. Mil gracias.</p> </font>       ]]></body>
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