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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Anti humanitarismo y Políticas de Estado en Salud]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">      <p>        <center>     <font size="4"><b>Anti humanitarismo y Pol&iacute;ticas de Estado en Salud</b></font>    </center> </p>     <p>        <center>     <font size="3"><b>Antihumanitarianism and State Health Policies</b></font>    </center> </p>     <center>       <p>Roberto Esguerra, MD., FACP.</p> </center>     <p><b>Correspondencia</b>: Dr. Roberto Esguerra. Fundación Santa Fe de Bogotá,    Av. 9 No. 116-20 cons. 604, Bogotá, DC., Colombia. Correo electrónico: <a href="mailto:roberto.esguerragutierrez@gmail.com">roberto.esguerragutierrez@gmail.com</a></p>     <p> Recibido: 08/05/2010. Aceptado: 19/05/2010.</p> <hr size="1">     <p>Con frecuencia se habla de humanismo o anti humanismo en pol&iacute;ticas de    salud, t&eacute;rmino que no resulta correcto cuando nos referimos a entidades    o a entes impersonales. En efecto, la definici&oacute;n que de humanismo trae    el Diccionario de la Real Academia (DRA)<sup><a href="#1">1</a></sup> <a name="11"></a>es    : &laquo;cultivo o conocimiento de las letras humanas&raquo;, es decir, aquello    que nutre el alma y el esp&iacute;ritu. Ese humanismo es el que quisi&eacute;ramos    como distintivo de los m&eacute;dicos, es el que deseamos se cultive en escuelas    de medicina desde el primero hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a y el que impregne    corredores de hospitales y cl&iacute;nicas a toda hora. Ese es el humanismo    que distingui&oacute; a los m&eacute;dicos por siglos y que ahora no hace parte    de sus atributos sobresalientes. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El humanismo distingue a los seres humanos que lo cultivan y no puede ser una    caracter&iacute;stica de entes abstractos como son el Estado o el Sistema de    Salud, que a pesar de estar conformados por seres humanos, por s&iacute; mismos    no pueden conocer y cultivar las letras humanas.</p>     <p>Por otra parte, humanitarismo es definido por nuestro diccionario como &laquo;compasi&oacute;n    de las desgracias ajenas&raquo; y humanitario como: &laquo;que mira o se refiere    al bien del g&eacute;nero humano&raquo;. Es decir, compasi&oacute;n y beneficencia    conjugan el humanitarismo con lo humanitario y son a la vez esencia fundamental    de la profesi&oacute;n m&eacute;dica.</p>     <p>Tambi&eacute;n ha sido preocupaci&oacute;n de la sociedad volver a &laquo;humanizar&raquo;    los servicios de salud, ya que a medida que se han extendido los criterios econ&oacute;micos    dentro de ellos y que se ha sofisticado la tecnolog&iacute;a, la gente percibe    que la medicina se ha &laquo;des humanizado&raquo;. Humanizar, es decir hacer    &laquo;humano, familiar y afable&raquo;, tiene que ver con el humanitarismo    ya que la acepci&oacute;n correspondiente de humano es: &laquo;que se compadece    de las desgracias de sus semejantes&raquo;.</p>     <p>As&iacute; las cosas, concluyo que lo que quisi&eacute;ramos que distinguiera    a los sistemas de salud es el humanitarismo, pues aspiramos a que est&eacute;n    impregnados de la compasi&oacute;n por el sufrimiento de los semejantes y de    la beneficencia, que busca el bien del g&eacute;nero humano. Tambi&eacute;n    responder&iacute;amos al clamor de la sociedad por una atenci&oacute;n m&eacute;dica    m&aacute;s humana, que se lograr&aacute; con mayor dimensi&oacute;n en la medida    en que nuestros m&eacute;dicos sean estandartes de humanismo.</p>     <p>Dif&iacute;cil hablar de estos temas en nuestra querida naci&oacute;n colombiana,    sacudida por una devastadora p&eacute;rdida de valores que ha progresado inexorablemente    en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, hasta el extremo en que el valor m&aacute;ximo    de una sociedad, la propia vida de las personas, ha perdido su significado sublime.    No se le aprecia ni se le respeta, hasta el punto en que por unos pocos pesos    se acaba con la vida de personas, para zanjar una simple disputa o con el fin    de quitar a alguien de en medio, por el solo hecho de que piense diferente o    porque se ha convertido en obst&aacute;culo para alcanzar alg&uacute;n objetivo    econ&oacute;mico o de poder.</p>     <p>El dinero f&aacute;cil y el poder se han convertido en los nuevos valores que    los j&oacute;venes tienen como norte en sus vidas. Hacerse rico por cualquier    medio pero lo m&aacute;s r&aacute;pido posible, con el fin de no tener que trabajar    m&aacute;s y alcanzar el poder que les permita perpetuar su situaci&oacute;n,    parece ser la f&oacute;rmula ideal de realizaci&oacute;n personal. Para lograrlo    fue indispensable penetrar la sociedad en todos sus niveles e invadir la pol&iacute;tica    para controlar el estado, sin que se confinara all&iacute;, sino que tambi&eacute;n    extendi&oacute; sus tent&aacute;culos al sector privado. El narcotr&aacute;fico,    c&aacute;ncer maldito, ha estado detr&aacute;s de esta feroz arremetida de la    corrupci&oacute;n desbocada e incontrolable.</p>     <p>Creo que desde este rinc&oacute;n de la salud, en la medida en que logremos    que el humanismo distinga nuevamente a nuestros m&eacute;dicos y el humanitarismo    caracterice al sistema, lograremos impulsar en buena parte el ejemplo que despierte    a nuestra juventud para que se re encuentre con los valores morales y &eacute;ticos    superiores que la regresen a su cauce, de manera que su cultura no se forje    en las novelas de las pantallas de televisi&oacute;n, que con frecuencia son    un culto a esos valores que queremos que abandonen y que, por el contrario,    regresen a la lectura, a la m&uacute;sica, a las artes...</p>     <p>Tenemos que cambiar las se&ntilde;ales que enviamos a la sociedad, que agobiada    con estas circunstancias no puede entender c&oacute;mo el estado elimina de    su estructura los ministerios de justicia y de salud, dos &aacute;reas cr&iacute;ticas    en esta situaci&oacute;n, que requieren la m&aacute;xima atenci&oacute;n de    todos y los mayores esfuerzos de las distintas instancias sociales. Es indispensable    que estas dos carteras se restablezcan lo m&aacute;s pronto posible, para demostrar    as&iacute; el compromiso del estado y de la sociedad con temas tan vitales para    alcanzar un mejor futuro.</p>     <p>Regresando al sistema de salud, lo que hemos vivido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os    ha sido la irrupci&oacute;n de los criterios econ&oacute;micos que se imponen    y priman, desplazando, ignorando o desechando todas las dem&aacute;s consideraciones    humanas que deber&iacute;an tenerse en cuenta. De esta manera parece que hubi&eacute;ramos    olvidado que la &uacute;nica raz&oacute;n de ser de un servicio de salud son    los ciudadanos y que su &uacute;nico objetivo debe ser su bienestar, mejorando    su estado de salud y no limit&aacute;ndose &uacute;nicamente a curar sus enfermedades.  </p>     <p>La consecuencia natural de esta situaci&oacute;n ha sido que los sistemas de    salud en las &uacute;ltima d&eacute;cadas han transitado por el camino del anti    humanitarismo y de la des humanizaci&oacute;n. Por eso vale la pena revisar    brevemente c&oacute;mo los criterios econ&oacute;micos irrumpieron con tanta    fuerza dentro de este sector.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si nos remontamos a finales del siglo XVIII, veremos que para entonces los    sistemas de salud no se hab&iacute;an estructurado como tales, se prestaban    servicios muy elementales, principalmente por parte de &oacute;rdenes religiosas    y organizaciones de beneficencia, que se enfocaban en proporcionar el cuidado    esencial de higiene y alimentaci&oacute;n a las personas m&aacute;s pobres y    m&aacute;s enfermas. Los pocos hospitales que ya exist&iacute;an como tales    no pod&iacute;an proporcionar mucho m&aacute;s y por lo tanto los costos para    los estados no eran mayores.</p>     <p>En esos a&ntilde;os el escoc&eacute;s Adam Smith acababa de publicar su famoso    &laquo;Ensayo sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones&raquo;    que lo convirti&oacute; en el padre de la econom&iacute;a moderna. Las teor&iacute;as    all&iacute; esbozadas, basadas en el libre mercado y el libre cambio, que la    escuela francesa llam&oacute; el &laquo;Laissez faire&raquo; y se ha denominado    en nuestra lengua como &laquo;dejar hacer y dejar pasar&raquo;, fue la caracter&iacute;stica    m&aacute;s sobresaliente del estado liberal de aquellos a&ntilde;os hasta la    primera mitad del siglo XIX.</p>     <p>Ese era el ambiente que imperaba en la segunda mitad del siglo XIX, cuando    en Alemania nacen las teor&iacute;as de la social democracia y en Europa Occidental    el concepto de Estado de Beneficencia o Estado Benefactor. En esta concepci&oacute;n    los servicios sociales, en particular los sanitarios, la educaci&oacute;n y    el empleo, desempe&ntilde;an un papel fundamental en el n&uacute;cleo de lo    que deber&iacute;a ofrecer el Estado a sus ciudadanos. Para lograrlo era fundamental    la intervenci&oacute;n estatal, por un lado para corregir los efectos de los    ciclos de la econom&iacute;a, como lo postul&oacute; Lord Keynes, y por el otro    para poder proveer directamente esos servicios sociales. El llamado liberalismo    social termina de conformarse con los efectos de la crisis de 1930 y el &laquo;new    deal&raquo; con sus reformas sociales que implant&oacute; el presidente Franklin    D. Roosevelt en los Estados Unidos.</p>     <p>Simult&aacute;neamente en esos a&ntilde;os estaban ocurriendo importantes avances    en la ciencia m&eacute;dica, se estructuran los servicios de salud y los grandes    hospitales ganaban reputaci&oacute;n. Hab&iacute;an hecho su aparici&oacute;n    la anestesia, lo que abri&oacute; las puertas al desarrollo de la cirug&iacute;a,    especialmente luego de la introducci&oacute;n de la antisepsia por parte de    Lister, el siglo XX comenz&oacute; con el descubrimiento de los rayos X y ya    se hab&iacute;a iniciado la enfermer&iacute;a como actividad profesional. Es    decir, estaban creadas las condiciones esenciales del hospital que conocemos    hoy. Poco antes hab&iacute;an ocurrido las reformas a la educaci&oacute;n m&eacute;dica    sugeridas por Flexner y los hospitales universitarios se erig&iacute;an como    estandartes del conocimiento cient&iacute;fico. </p>     <p>A mediados del siglo XX ocurren grandes avances cient&iacute;ficos, aparecen    los conceptos de cuidado intensivo y las primeras unidades de terapia intensiva    a la vez que se inician los trasplantes de &oacute;rganos. Simult&aacute;neamente    los costos de la atenci&oacute;n m&eacute;dica comenzaron a crecer de manera    acelerada y los estados empezaron a tener dificultades para financiar los sistemas,    al tiempo que una nueva crisis econ&oacute;mica mundial hac&iacute;a su aparici&oacute;n,    caracterizada principalmente por la inflaci&oacute;n desbordada.</p>     <p>Esas circunstancias propiciaron el nacimiento del neoliberalismo o liberalismo    neocl&aacute;sico, liderado en el mundo por Margaret Tatcher y Ronald Reagan,    que predica en su teor&iacute;a una disminuci&oacute;n en el tama&ntilde;o del    Estado y su nivel de intervenci&oacute;n, a la vez que invita a disminuir la    prestaci&oacute;n de servicios sociales directamente por los gobiernos, incentivando    la participaci&oacute;n privada. Este movimiento impulsa muchas reformas de    fondo en varias naciones, entre ellas la nuestra, que cambi&oacute; su constituci&oacute;n    en 1991, acogiendo muchos de los postulados neoliberales, que en el campo de    la salud se plasmaron en la Ley 100 de 1993.</p>     <p>En estos a&ntilde;os la preocupaci&oacute;n por los costos de los sistemas    de salud aparece pr&aacute;cticamente en todo el mundo, pero especialmente en    los Estados Unidos, en donde se decide iniciar un gran esfuerzo para que estos    no alcancen el nivel del 15% con relaci&oacute;n al PIB, cifra que se consideraba    como insostenible. Fue as&iacute; como comenzaron a hacer parte del sector aseguradores,    &laquo;terceros pagadores&raquo;, sistemas de control como el &laquo;managed    care&raquo;, auditor&iacute;as y diversas formas de restricci&oacute;n a la    autonom&iacute;a profesional del m&eacute;dico, todo ello con &uacute;nico fin:    disminuir los costos.</p>     <p>Es de esta manera como hemos llegado a donde estamos hoy. La salud dej&oacute;    de ser el objetivo social de los estados para convertirse en un negocio en el    cual el inter&eacute;s econ&oacute;mico ha primado sobre todas las dem&aacute;s    consideraciones. Naturalmente esto se ha reflejado en profundos cambios en la    atenci&oacute;n de los pacientes en buena parte de los pa&iacute;ses del mundo    occidental.</p>     <p>El an&aacute;lisis de las consecuencias devastadoras que ha tenido este cambio    en el deterioro de la relaci&oacute;n del m&eacute;dico con el paciente, de    la progresiva p&eacute;rdida de imagen del m&eacute;dico ante la sociedad y    la consecuente disminuci&oacute;n de la confianza de los ciudadanos, llevar&iacute;a    mucho tiempo por lo que ahora quiero detenerme a analizar un solo aspecto, que    para mi gusto est&aacute; en el centro de todos estos cambios, que es el de    la autonom&iacute;a profesional del m&eacute;dico. En efecto, muchas voces se    han levantado para afirmar que el tel&oacute;n de fondo de la deshumanizaci&oacute;n    en la atenci&oacute;n m&eacute;dica es la p&eacute;rdida o la limitaci&oacute;n    de la autonom&iacute;a profesional.</p>     <p>El contrato social de una profesi&oacute;n involucra varios conceptos, que    han sido ampliamente reconocidos<sup><a href="#2">2</a></sup><a name="22"></a>.    El primero de ellos es el monopolio que confiere la sociedad del uso de un conocimiento    especializado, que no es f&aacute;cil de adquirir por el com&uacute;n de los    ciudadanos. A cambio de ello la sociedad espera que los miembros de la profesi&oacute;n    utilicen este conocimiento de manera altruista, que se incremente mediante la    investigaci&oacute;n y se preserve mediante la ense&ntilde;anza. Por otra parte,    la sociedad confiere la autonom&iacute;a, entendida como la libertad intelectual    para aplicar el conocimiento en la toma de las decisiones profesionales, a cambio    de lo cual espera que los profesionales se auto-regulen con el fin de alcanzar    los mayores est&aacute;ndares de calidad y de comportamiento &eacute;tico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El contrato social as&iacute; descrito tiene toda la claridad y responde principios    de equidad, justicia y conveniencia social, adem&aacute;s de ajustarse completamente    a la &eacute;tica. Todas las profesiones se atienen a &eacute;l sin que se requiera    legislaci&oacute;n especial alguna para definirlo o imponerlo.</p>     <p>El tema de la autonom&iacute;a, que nos ocupa, es pues pilar central de la    profesi&oacute;n m&eacute;dica y de cualquier otra profesi&oacute;n. Por lo    tanto, cualquier situaci&oacute;n que la limite tiende a desprofesionalizar,    porque la gran diferencia entre un oficio t&eacute;cnico y una profesi&oacute;n    precisamente radica all&iacute;. Un t&eacute;cnico no requiere autonom&iacute;a,    s&oacute;lo instrucciones precisas porque al seguirlas producir&aacute; el resultado    esperado. En cambio, el profesional requiere de la libertad para tomar sus decisiones    profesionales, aplicando su criterio y su conocimiento y teniendo en cuenta    las circunstancias particulares en las que debe actuar.</p>     <p>Como todos sabemos, las caracter&iacute;sticas especiales de la medicina, derivadas    de la complejidad que encierra cada ser humano enfermo, hacen mucho m&aacute;s    dif&iacute;cil y diverso el espectro de alternativas entre las que el profesional    debe tomar sus decisiones. Es por eso que en nuestra profesi&oacute;n la autonom&iacute;a    adquiere una dimensi&oacute;n mayor pues sin ella el m&eacute;dico no podr&aacute;    actuar de una manera profesional y responsable.</p>     <p>Pero nos encontramos ante los hechos de todos los d&iacute;as que, en el entorno    econ&oacute;mico antes descrito, interfieren con la pr&aacute;ctica correcta    de la profesi&oacute;n m&eacute;dica. Limitaciones impuestas con un criterio    exclusivo de ahorrar recursos a las empresas o a los sistemas de salud. En nuestro    pa&iacute;s recientemente se ha llegado hasta el extremo de imponer multas a    los m&eacute;dicos que se aparten de los llamados &laquo;est&aacute;ndares de    atenci&oacute;n en salud&raquo;, en lo que constituye el m&aacute;s aberrante    atropello a la profesi&oacute;n m&eacute;dica.</p>     <p>Como t&iacute;pico ejemplo de anti humanitarismo en los sistemas de salud hay    que mencionar los decretos que al amparo de una Emergencia Social dict&oacute;    hace unas semanas el gobierno nacional. Lo es porque atropella los derechos    de los ciudadanos al ignorar sus derechos y al someterlos a unos tr&aacute;mites    burocr&aacute;ticos in- imaginables cuando padecen enfermedades que no est&eacute;n    incluidas en el plan obligatorio de salud y que hasta en su mismo nombre el    estado ha discriminado, al denominarlas &laquo;prestaciones excepcionales en    salud&raquo;<sup><a href="#3">3</a></sup><a name="33"></a>.</p>     <p>Quiero hacer &eacute;nfasis en el tendencioso y equivocado enfoque que se ha    dado a la autonom&iacute;a profesional del m&eacute;dico en estas leyes, que    la definen as&iacute;: &laquo;enti&eacute;ndase por autonom&iacute;a de las    profesiones m&eacute;dica y odontol&oacute;gica la prerrogativa que la sociedad    les confiere para auto regularse de acuerdo con lo establecido en este art&iacute;culo,    mediante est&aacute;ndares que una vez adoptados son de obligatorio cumplimiento&raquo;<sup><a href="#4">4</a><a name="44"></a></sup>.    El solo enunciado se anula a s&iacute; mismo, cuando hablando de autonom&iacute;a    se refiere al obligatorio cumplimiento; adem&aacute;s, desde el punto de vista    jur&iacute;dico atropella los derechos establecidos en la Constituci&oacute;n    Colombiana.</p>     <p>Ya hemos definido la autonom&iacute;a profesional como la libertad para tomar    decisiones profesionales; autonom&iacute;a, en general, es definida en el DRA    como: &laquo;condici&oacute;n del individuo que de nadie depende en ciertos    conceptos&raquo;, definici&oacute;n que en nada ri&ntilde;e con la de autonom&iacute;a    profesional, si aceptamos que en aquella los &laquo;ciertos conceptos&raquo;    son los que se refieren a las decisiones profesionales. La definici&oacute;n    de autonom&iacute;a naturalmente no es la expresada en el decreto, cuando adem&aacute;s,    en mi opini&oacute;n, de manera equivocada se le equipara con la auto regulaci&oacute;n,    porque la auto-regulaci&oacute;n es una obligaci&oacute;n que el Estado impone    a cambio de disfrutar de la autonom&iacute;a y de ninguna manera es una concesi&oacute;n    generosa para los m&eacute;dicos, que es como se ha pretendido presentar posteriormente.</p>     <p>Ahora bien, c&oacute;mo conciliar la autonom&iacute;a profesional del m&eacute;dico    con la necesidad de regular los costos en un sistema de salud, atendiendo al    hecho sabido de que &eacute;stos no son infinitos? Yo creo que es perfectamente    posible hacerlo simplemente limitando con claridad el campo de cada uno, aceptando    que el m&eacute;dico no es un agente econ&oacute;mico dentro del sistema sino    un agente cient&iacute;fico y que como tal su responsabilidad se limita a tomar    las decisiones cient&iacute;ficas acertadas.</p>     <p>Es innegable que las decisiones profesionales de los m&eacute;dicos tienen    un impacto econ&oacute;mico, pero su fin primario no es el de ocasionar un costo    o un gasto, sino el de curar a un enfermo. No resisto la tentaci&oacute;n de    traer en este momento a cuento unas sabias palabras de ese gran internista y    pensador m&eacute;dico, sir William Osler, cuando afirm&oacute;: &laquo;La pr&aacute;ctica    de la medicina es un arte no un comercio; una vocaci&oacute;n no un negocio;    vocaci&oacute;n en la que el coraz&oacute;n y la cabeza debe ser ejercitados    por igual&raquo;.<sup><a href="#5">5</a><a name="55"></a></sup></p>     <p>Entonces viene la discusi&oacute;n sobre qui&eacute;n debe tener la responsabilidad    de controlar los costos del sistema de salud; para m&iacute; la respuesta es    clara y simple: el estado. La cuesti&oacute;n est&aacute; entonces en c&oacute;mo    debe hacerlo, que es el punto de mayor pol&eacute;mica. Una, es la v&iacute;a    facilista de imponer restricciones a los m&eacute;dicos y prohibirles salirse    de unos l&iacute;mites establecidos, situaci&oacute;n en la cual quien afronta    el conflicto es el m&eacute;dico, lo cual no es justo pues adem&aacute;s de    agredir directamente su autonom&iacute;a profesional, lo enfrenta unas veces    y casi siempre lo distancia del paciente y le impide cumplir con su obligaci&oacute;n    profesional de ofrecer las soluciones que considere m&aacute;s adecuadas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otra v&iacute;a es la de incentivar largas filas de espera para determinados    procedimientos costosos, como ocurre en muchos pa&iacute;ses europeos. Esta    no deja de ser injusta e inequitativa, adem&aacute;s de inhumana, pues se basa    en el supuesto de que mientras esperan su turno, muchos pacientes desisten y    se resignan a vivir con su limitaci&oacute;n, su incapacidad o su dolor, otros    que tienen la forma deciden hacerlo con sus propios recursos y muchos simplemente    mueren. Todo lo cual logra el objetivo de ahorrar costos.</p>     <p>Tambi&eacute;n es posible explorar otras v&iacute;as en las que los estados    busquen una mayor eficiencia en la aplicaci&oacute;n de los recursos disponibles    de manera que los costos de transacci&oacute;n disminuyan radicalmente y que    todos los componentes de la cadena agreguen valor y no simplemente esperen lucrarse    de un jugoso negocio. Muchos estudios realizados en diversas partes demuestran    que en sistemas que tienen las caracter&iacute;sticas del nuestro casi 50% de    los recursos se pierde en la cadena y no llega a convertirse en servicios a    la poblaci&oacute;n.</p>     <p>En cualquier escenario un Estado y un gobierno responsables educan a la poblaci&oacute;n    definiendo con claridad aquello a lo que tienen derecho y aquello a lo que no.    Pero ante todo un estado responsable invierte con prioridad recursos y esfuerzos    en promoci&oacute;n de la salud y en prevenci&oacute;n de la enfermedad, para    lograr que el costo de los servicios curativos se reduzca de manera importante.    Se puede suponer que si uno alcanza este objetivo y adem&aacute;s logra la eficiencia    que reduzca dr&aacute;sticamente las p&eacute;rdidas en la cadena, es posible    aspirar a una soluci&oacute;n en la que no hubiera que negar servicios o recurrir    a pr&aacute;cticas inhumanas.</p>     <p>Regresar&iacute;amos as&iacute; al escenario ideal en donde el m&eacute;dico    cumple con su deber de tomar las decisiones profesionales haciendo uso de la    libertad que le confiere su autonom&iacute;a profesional y a su vez el estado    asume la responsabilidad de velar por el bienestar de la sociedad tomando la    responsabilidad que le corresponde, as&iacute; como asumiendo los costos pol&iacute;ticos    de tomar decisiones de fondo, pero sin atropellar a quienes luchan para poder    hacer bien su trabajo.</p>     <p>&iquest;Qu&eacute; papel juega la auto regulaci&oacute;n en todo este tema?    En mi opini&oacute;n abarca dos campos diferentes; el primero de ellos es el    de la &eacute;tica profesional y el comportamiento &eacute;tico de los m&eacute;dicos.    Por tradici&oacute;n esta regulaci&oacute;n ha sido de pares y ha sido realizada    siempre por los mismos m&eacute;dicos. En nuestro pa&iacute;s est&aacute; ejercida    por los tribunales de &eacute;tica m&eacute;dica establecidos por la ley 23    de 1981.</p>     <p>El segundo tipo de auto regulaci&oacute;n es aquel que se orienta a buscar    los m&aacute;s altos est&aacute;ndares de calidad y los mejores resultados posibles    para los enfermos. Para lograrlo existen varias formas como la certificaci&oacute;n    y re certificaci&oacute;n profesional, la educaci&oacute;n m&eacute;dica continuada    y las gu&iacute;as de atenci&oacute;n m&eacute;dica. Estas &uacute;ltimas son    referentes, muchos de ellos basados en la evidencia cient&iacute;fica, que deben    servir a los m&eacute;dicos como referentes, para orientarse y para documentarse    acerca de la mejor manera de tratar a su paciente. Pero ante todo, jam&aacute;s    deben ser adoptadas como m&aacute;ximos o como pasos obligatorios que al ser    sobrepasados expongan a sanciones a los profesionales.</p>     <p>Es cierto que en algunas circunstancias se han adoptado est&aacute;ndares de    atenci&oacute;n, entendidos como m&iacute;nimos que deben realizarse ante una    situaci&oacute;n determinada, con el fin de garantizar un resultado favorable    y que de no hacerse van en contra de los intereses del paciente. Naturalmente    por encima de esos est&aacute;ndares m&iacute;nimos la autonom&iacute;a permite    moverse sin restricciones.</p>     <p>Se ha discutido mucho acerca de cu&aacute;l debe ser el alcance de la autonom&iacute;a,    pues no se trata de la lucha por una libertad ilimitada e irresponsable. En    primer lugar, su campo &uacute;nicamente abarca la toma de decisiones profesionales,    en segundo lugar, es claro que debe ser usada de manera responsable en el sentido    de la responsabilidad profesional, que implica un sustento cient&iacute;fico,    un criterio l&oacute;gico y una acci&oacute;n &eacute;tica.</p>     <p>Para terminar, quiero compartir con ustedes mi absoluta convicci&oacute;n en    que rescatando el humanismo y aplicando el humanitarismo lograremos que los    sistemas de salud encuentren el camino de la atenci&oacute;n m&eacute;dica m&aacute;s    humana que reclama la sociedad y que tanto extra&ntilde;amos los m&eacute;dicos,    porque en nuestra esencia llevamos esta bella definici&oacute;n de Osler: &laquo;El    m&eacute;dico necesita una cabeza clara y un coraz&oacute;n amable; su trabajo    es arduo y complejo, y requiere el ejercicio de las m&aacute;s altas facultades    de la mente, mientras apela constantemente a los m&aacute;s puros sentimientos    y emociones&raquo;.</p>     <p>______    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <sup>1 </sup><a name="1"></a>Diccionario de la Lengua Espa&ntilde;ola. Real    Academia Espa&ntilde;ola. Vig&eacute;sima primera edici&oacute;n. Madrid;1992.    <a href="#11">regresar arriba</a>     <br>   <sup>2</sup> <a name="2"></a>Starr P. The social Transformation of American    Medicine. Basic Books. New York: Harper Collins. 1982.<a href="#22">regresar arriba</a>    <br>   <sup>3</sup> <a name="3"></a>Rep&uacute;blica de Colombia. Ministerio de la    Protecci&oacute;n Social. Decreto 128. 21 de enero de 2010.<a href="#33">regresar arriba</a>    <br>   <sup>4</sup> <a name="4"></a>Rep&uacute;blica de Colombia. Ministerio de la    Protecci&oacute;n Social. Decreto 131, art&iacute;culo 23 Par&aacute;grafo 1.    21 de enero de 2010.<a href="#44">regresar arriba</a>    <br>   <sup>5</sup> <a name="5"></a>Osler W. Counsels and ideals &amp; selected aphorisms.    Birmingham: The classic Medicine Library; 1985.<a href="#55">regresar arriba</a></p> </font>       ]]></body>
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