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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">     <p><font size="4" face="Verdana"><b>    <center>Diagn&oacute;stico fractal aplicado a la cardiolog&iacute;a</center></b></font></p>     <p><font size="3" face="Verdana"><b>    <center>Fractal Diagnosis Applied to Cardiology </center></b></font></p>     <p>    <center> Rub&eacute;n Caycedo, MD.<sup>(1)</sup></center></p>     <p><sup>(1) </sup>Departamento de Cirug&iacute;a, Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia. Bogot&aacute;, Colombia.</p>     <p><b>Correspondencia</b>: Rub&eacute;n Caycedo, MD. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:uniacadc_fmbog@unal.edu.co">uniacadc_fmbog@unal.edu.co</a></p>     <p> Recibido: 20/09/2012. Aceptado: 26/09/2012.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Estad&iacute;sticas mundiales y nacionales demuestran que en nuestra sociedad actual hay una clara prevalencia de enfermedades cardiovasculares. Seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS), son la principal causa de muerte en el mundo, y afectan principalmente a pa&iacute;ses de bajos ingresos (1). En Colombia, la tasa de mortalidad para enfermedades cardiovasculares para 2008 fue de 28%, con 28.650 casos atribuibles a enfermedades isqu&eacute;micas del coraz&oacute;n, de acuerdo con las estad&iacute;sticas vitales del Departamento Administrativo Nacional de Estad&iacute;stica (DANE) (2). Por este motivo se manifiesta la importancia de crear nuevas metodolog&iacute;as que permitan no s&oacute;lo diagnosticar sino tambi&eacute;n predecir enfermedades cardiovasculares y evaluar el impacto de diferentes intervenciones terap&eacute;uticas, motivo por el cual en el mundo se est&aacute;n empleando teor&iacute;as f&iacute;sicas y matem&aacute;ticas para el desarrollo de las mismas.</p>       <p>La enfermedad arterial oclusiva es el resultado final de la acumulaci&oacute;n de placas de ateroma en las paredes de las arterias coronarias que irrigan el miocardio. Si bien los s&iacute;ntomas y signos de la enfermedad s&oacute;lo se observan en estados avanzados, la enfermedad progresa durante varias d&eacute;cadas en el individuo hasta que finalmente algunas placas ateromatosas se rompen y, junto con la activaci&oacute;n del sistema de coagulaci&oacute;n, comienzan a limitar el flujo sangu&iacute;neo al coraz&oacute;n. La aterosclerosis coronaria estenosante avanzada se asocia con 90% de los casos de cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica, patolog&iacute;a que a su vez produce 80% de las muertes de origen cardiaco (3), y la enfermedad arterial oclusiva es la causa m&aacute;s com&uacute;n de muerte s&uacute;bita.</p>       <p>En la naturaleza se ha evidenciado que utilizar medidas euclidianas para medir objetos irregulares presenta resultados contradictorios y poco exactos, pues por un lado, &eacute;stos var&iacute;an dependiendo de la escala que se utilice y por otro, hacen generalizaciones bas&aacute;ndose &uacute;nicamente en el an&aacute;lisis de la parte del objeto que haya sido evaluado (4, 5). Debido a que casi todas las partes del cuerpo humano son irregulares, en la actualidad est&aacute;n siendo evaluadas a trav&eacute;s de teor&iacute;as construidas con el fin de caracterizar de manera apropiada objetos irregulares, esto es, geometr&iacute;a fractal. Es por ello que hoy en d&iacute;a existen estudios de aplicaci&oacute;n de geometr&iacute;a fractal para la medici&oacute;n de c&eacute;lulas neopl&aacute;sicas, ramificaciones pulmonares, neuronas, membranas alveolares y ramificaciones vasculares, entre otros (6, 7). </p>       <p>Una herramienta diagn&oacute;stica para la enfermedad arterial oclusiva es la angiograf&iacute;a coronaria, un m&eacute;todo invasivo en el cual se eval&uacute;a el nivel de estenosis por comparaci&oacute;n con un segmento adyacente de referencia que se presume libre de enfermedad, lo cual se denomina &quot;lumenograma&quot; (8). La angiograf&iacute;a coronaria por tomograf&iacute;a computarizada (ACTC), es otro m&eacute;todo diagn&oacute;stico capaz de excluir enfermedad arterial oclusiva con alta especificidad, pero falla al identificar enfermedad en aproximadamente la mitad de los pacientes con resultados positivos. Tambi&eacute;n var&iacute;a ampliamente en la habilidad para identificar la severidad exacta de la estenosis luminal y por lo tanto su relevancia hemodin&aacute;mica (9). Otros estudios son las pruebas de perfusi&oacute;n mioc&aacute;rdica y la prueba de estr&eacute;s, las cuales tienen alta sensibilidad para estratificar riesgo; sin embargo, basar el manejo del paciente en el resultado de la estratificaci&oacute;n de riesgo no asegura su mejor&iacute;a, su bienestar o la supervivencia (10). </p>       <p>Por tanto, se evidencia la misma limitaci&oacute;n en todos los estudios mencionados, uso de geometr&iacute;a euclidiana para medici&oacute;n de objetos irregulares, y de esta forma, se obvia por completo la irregularidad de la ramificaci&oacute;n coronaria izquierda y se eval&uacute;a s&oacute;lo una parte de la integridad de la red arterial. Por otro lado, debido a que estos m&eacute;todos se encuentran sujetos al criterio del examinador, los resultados no son objetivos ni reproducibles. </p>       <p>En este trabajo destacable, Rodr&iacute;guez y colaboradores presentan la din&aacute;mica fractal de la ramificaci&oacute;n coronaria izquierda de cada paciente evaluando dimensiones fractales de un objeto en movimiento, a trav&eacute;s de un conjunto de medidas en el tiempo. Estas medidas se tomaron con el m&eacute;todo de box-counting y fueron evaluadas bajo conceptos de variabilidad y diferencia neta, evidenciando el impacto de la obstrucci&oacute;n sobre la totalidad de la ramificaci&oacute;n coronaria. Los resultados obtenidos muestran que los pacientes sin enfermedad arterial oclusiva y enfermedad arterial oclusiva moderada, tienen mayor variabilidad en comparaci&oacute;n con aquellos con enfermedad arterial oclusiva severa, caracterizada en general por diferencias netas distintas de cero.</p>       <p>En la actualidad no existe una metodolog&iacute;a que integre la informaci&oacute;n de los ex&aacute;menes que eval&uacute;an la fisiolog&iacute;a y la morfolog&iacute;a cardiacas, por lo que hay un gran debate frente a cual de las aproximaciones debe utilizarse para la evaluaci&oacute;n y el manejo de un paciente. Por este motivo, es de resaltar que este trabajo abre las puertas al desarrollo de un modelo unificado en donde se integren diferentes ex&aacute;menes para establecer un diagn&oacute;stico global que no dependa de la subjetividad del examinador. Por otro lado, este modelo permitir&iacute;a, adem&aacute;s, la evaluaci&oacute;n de intervenciones terap&eacute;uticas de manera sencilla y acertada. </p>       <p><font size="3" face="Verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>       <!-- ref --><p>1.	WHO. Global atlas on cardiovascular disease prevention and control. Policies, strategies and interventions. 2011.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000021&pid=S0120-5633201200050000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>2.	Robledo R, Escobar FA. Las enfermedades cr&oacute;nicas no transmisibles en Colombia. Bolet&iacute;n del Observatorio en Salud 2010; 3 (4): 1-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000023&pid=S0120-5633201200050000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>3.	American Heart Association. Heart disease and stroke statistics, 2003 update. Dallas (Tex): American Heart Association; 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000025&pid=S0120-5633201200050000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>4.	Mandelbrot B. Introducci&oacute;n. En: Mandelbrot B. Los objetos fractales. Barcelona: Tusquets Eds. S.A.; 2000. p. 13-26.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000027&pid=S0120-5633201200050000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>5.	Mandelbrot B. &iquest;Cu&aacute;nto mide la costa de Breta&ntilde;a? En: Mandelbrot B. Los objetos fractales. Barcelona: Tusquets Eds. S.A.; 2000. p. 27, 50.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000029&pid=S0120-5633201200050000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>6.	Goldberger AL, West BJ. Fractals in physiology and medicine. Yale Journal Biol. 1987; 60: 421-35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000031&pid=S0120-5633201200050000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>7.	Glenny H, et al. Applications of fractal analysis to physiology. J Appl Physicl. 1991; 70 (6): 2351-2367.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000033&pid=S0120-5633201200050000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>8.	Rozo R, Merch&aacute;n A, Calder&oacute;n J. Cardiolog&iacute;a. 1&ordf;. edici&oacute;n. Ediciones M&eacute;dicas Latinoamericanas, Bogot&aacute; 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000035&pid=S0120-5633201200050000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>9.	Budoff MJ, Dowe D, Jollis JG, et al. Diagnostic performance of 64-multidetector row coronary computed tomographic angiography for evaluation of coronary artery stenosis in individuals without known coronary artery disease: results from the prospective multicenter ACCURACY (Assessment by Coronary Computed Tomographic Angiography of Individuals Undergoing Invasive Coronary Angiography) trial. J Am Coll Cardiol. 2008; 52: 1724-1732.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000037&pid=S0120-5633201200050000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>       <!-- ref --><p>10.	Tamarappoo B, Hachamovitch R. Myocardial perfusion imaging versus CT coronary angiography: When to use which? J Nucl Med. 2011; 52 (7): 1079-86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0120-5633201200050000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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