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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Biomarcadores cardíacos: presente y futuro]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[En la actualidad, las enfermedades cardiovasculares se consideran la pandemia más significativa del siglo XXI. Dentro de ellas, la enfermedad coronaria es la más prevalente y la que más morbi-mortalidad genera; en el caso particular de Colombia, es la principal causa de muerte en individuos mayores de 45 años. La característica silenciosa de esta enfermedad ha impulsado la investigación de moléculas que permitan su diagnóstico precoz y sirvan como predictores pronóstico tanto en la fase crónica como en la aguda. Fruto de estas investigaciones, en los últimos treinta años se ha producido un avance importante en el desarrollo de biomarcadores cardiacos. Entre ellos están los recién desarrollados ensayos de troponinas ultrasensibles para diagnóstico temprano, la medición de la albúmina modificada por isquemia que cuenta con alto valor predictivo negativo para la detección de isquemia miocárdica, el ligando de CD40 soluble para la clasificación e individualización del tratamiento, la utilidad de la proteína C reactiva como marcador de riesgo de enfermedad coronaria y las diversas técnicas de alto rendimiento como la proteómica, que permite la detección de múltiples biomarcadores potenciales. A pesar de ello, aún no se dispone de evidencia suficiente para sustituir los marcadores que recomiendan las asociaciones científicas por los nuevos marcadores que se han ido desarrollando, y continúa el debate sobre qué combinación utilizar para alcanzar mayor rendimiento diagnóstico, pronostico y terapéutico. A continuación se revisan los avances actuales en biomarcadores cardiacos y su potencial integración a la práctica clínica habitual.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana">     <P>       <center><font size="4"><B>     Biomarcadores card&iacute;acos: presente y futuro   </B></font></center> </P>     <P>       <center><font size="4"><B>     Cardiac biomarkers: present and future  </B></font> </center> </P>     <p>       <center>     Eduardo Fern&aacute;ndez, MD.<sup>(1)</sup>; Carlos Garc&iacute;a, MD.<sup>(1,2)</sup>; Rafael de la Espriella, MD.<sup>(3)</sup>; Carmelo R. Due&ntilde;as, MD.<sup>(1,2)</sup>;      Fernando Manzur, MD.<sup>(1,2)</sup>   </center> </p>     <p><sup>(1)</sup> Universidad de Cartagena. Cartagena, Colombia.    <br>   <sup>(2)</sup> Nuevo Hospital Bocagrande. Cartagena, Colombia.    <br>   <sup>(3)</sup> Hospital General de Valencia. Valencia, Espa&ntilde;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Correspondencia</b>: Dr. Eduardo Fern&aacute;ndez, correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:efernandezdaza@gmail.com">efernandezdaza@gmail.com</a> Dr.  Carlos Garc&iacute;a, correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:cargaries@yahoo.es">cargaries@yahoo.es</a></p>     <p>Recibido: 04/04/2011. Aceptado: 21/07/2012.</p> <hr size="1">     <p> En la actualidad, las enfermedades cardiovasculares se consideran la pandemia m&aacute;s significativa del siglo XXI. Dentro de ellas, la enfermedad coronaria es la m&aacute;s prevalente y la que m&aacute;s morbi-mortalidad genera; en el caso particular de Colombia, es la principal causa de muerte en individuos mayores de 45 a&ntilde;os. La caracter&iacute;stica silenciosa de esta enfermedad ha impulsado la investigaci&oacute;n de mol&eacute;culas que permitan su diagn&oacute;stico precoz y sirvan como predictores pron&oacute;stico tanto en la fase cr&oacute;nica como en la aguda.</p>     <p>Fruto de estas investigaciones, en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os se ha producido un avance importante en el desarrollo de biomarcadores cardiacos. Entre ellos est&aacute;n los reci&eacute;n desarrollados ensayos de troponinas ultrasensibles para diagn&oacute;stico temprano, la medici&oacute;n de la alb&uacute;mina modificada por isquemia que cuenta con alto valor predictivo negativo para la detecci&oacute;n de isquemia mioc&aacute;rdica, el ligando de CD40 soluble para la clasificaci&oacute;n e individualizaci&oacute;n del tratamiento, la utilidad de la prote&iacute;na C reactiva como marcador de riesgo de enfermedad coronaria y las diversas t&eacute;cnicas de alto rendimiento como la prote&oacute;mica, que permite la detecci&oacute;n de m&uacute;ltiples biomarcadores potenciales. A pesar de ello, a&uacute;n no se dispone de evidencia suficiente para sustituir los marcadores que recomiendan las asociaciones cient&iacute;ficas por los nuevos marcadores que se han ido desarrollando, y contin&uacute;a el debate sobre qu&eacute; combinaci&oacute;n utilizar para alcanzar mayor rendimiento diagn&oacute;stico, pronostico y terap&eacute;utico. A continuaci&oacute;n se revisan los avances actuales en biomarcadores cardiacos y su potencial integraci&oacute;n a la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica habitual.</p>     <p><b><i>Palabras clave</i></b>: biomarcadores, cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica, inflamaci&oacute;n, infarto agudo del miocardio. </p> <hr size="1">     <p>En la actualidad, las enfermedades cardiovasculares se consideran la pandemia m&aacute;s significativa del siglo XXI. Dentro de ellas, la enfermedad coronaria es la m&aacute;s prevalente y la que m&aacute;s morbi-mortalidad genera; en el caso particular de Colombia, es la principal causa de muerte en individuos mayores de 45 a&ntilde;os. La caracter&iacute;stica silenciosa de esta enfermedad ha impulsado la investigaci&oacute;n de mol&eacute;culas que permitan su diagn&oacute;stico precoz y sirvan como predictores pron&oacute;stico tanto en la fase cr&oacute;nica como en la aguda.</p>     <p>Fruto de estas investigaciones, en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os se ha producido un avance importante en el desarrollo de biomarcadores cardiacos. Entre ellos est&aacute;n los reci&eacute;n desarrollados ensayos de troponinas ultrasensibles para diagn&oacute;stico temprano, la medici&oacute;n de la alb&uacute;mina modificada por isquemia que cuenta con alto valor predictivo negativo para la detecci&oacute;n de isquemia mioc&aacute;rdica, el ligando de CD40 soluble para la clasificaci&oacute;n e individualizaci&oacute;n del tratamiento, la utilidad de la prote&iacute;na C reactiva como marcador de riesgo de enfermedad coronaria y las diversas t&eacute;cnicas de alto rendimiento como la prote&oacute;mica, que permite la detecci&oacute;n de m&uacute;ltiples biomarcadores potenciales. A pesar de ello, a&uacute;n no se dispone de evidencia suficiente para sustituir los marcadores que recomiendan las asociaciones cient&iacute;ficas por los nuevos marcadores que se han ido desarrollando, y contin&uacute;a el debate sobre qu&eacute; combinaci&oacute;n utilizar para alcanzar mayor rendimiento diagn&oacute;stico, pronostico y terap&eacute;utico. A continuaci&oacute;n se revisan los avances actuales en biomarcadores cardiacos y su potencial integraci&oacute;n a la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica habitual.</p>     <p><b><i>Keywords</i></b>: biomarkers, ischemic heart disease, inflammation, acute myocardial infarction.</p> <hr size="1">     <P>Introducci&oacute;n</P>     <p>Seg&uacute;n la Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en todo el mundo y para el 2020 ser&aacute;n responsables de 25 millones de muertes al a&ntilde;o (1). En toda Colombia, el infarto agudo del miocardio ocupa el segundo lugar en mortalidad tanto en hombres como en mujeres, con altas tasas de morbilidad (3), a excepci&oacute;n de Cartagena donde ocupa el tercero. Adem&aacute;s, es la principal causa de muerte en individuos mayores de 45 a&ntilde;os, superando las muertes violentas y el c&aacute;ncer juntos (4).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Durante a&ntilde;os, se han utilizado los criterios de Framingham para predecir el riesgo de padecer eventos cardiovasculares en la poblaci&oacute;n general, pese a lo cual se sigue observando una elevada incidencia de eventos isqu&eacute;micos agudos no detectados. Por esa raz&oacute;n, grandes grupos de investigaci&oacute;n han centrado su atenci&oacute;n en el estudio molecular de las enfermedades cardiovasculares con el objetivo de implementar el desarrollo de marcadores novedosos con fines preventivos, diagn&oacute;sticos y pron&oacute;sticos que permitan predecir, con mayor sensibilidad y especificidad, el desarrollo de un evento coronario agudo, especialmente en pacientes con riesgo intermedio y bajo (5).</p>     <p>En la &uacute;ltima d&eacute;cada se ha producido un importante avance cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico, que ha permitido el desarrollo de t&eacute;cnicas innovadoras que se cre&iacute;an de ciencia ficci&oacute;n a&ntilde;os atr&aacute;s, como son las micromatrices de ADN, la prote&oacute;mica y la nanotecnolog&iacute;a. Tales t&eacute;cnicas han favorecido el descubrimiento de nuevas mol&eacute;culas con utilidad potencial como biomarcadores; sin embargo, su papel en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica habitual a&uacute;n debe establecerse (6-8) (<a href="#tabla1">Tabla 1</a>).</p>     <p>       <center>     <a name="tabla1"></a>    <br>     <img src="img/revistas/rcca/v19n6/v19n6a6t1.gif">   </center> </p>     <P>Biomarcadores cardiovasculares</P>     <p>Los biomarcadores son considerados como mol&eacute;culas, prote&iacute;nas o enzimas medibles en plasma, que proporcionan un valor diagn&oacute;stico y pron&oacute;stico independiente que refleja un estado de enfermedad o trastorno subyacente.</p>     <p>El biomarcador ideal en el s&iacute;ndrome coronario agudo, por ejemplo, debe elevarse r&aacute;pidamente y permanecer as&iacute; por un amplio per&iacute;odo de tiempo; debe ser espec&iacute;fico del tejido card&iacute;aco, aparecer en cantidades proporcionales a la extensi&oacute;n del da&ntilde;o, su proceso de medici&oacute;n debe ser exacto, estar estandarizado y su resultado ser f&aacute;cil de interpretar. Los marcadores que son empleados para cribado deben ser econ&oacute;micos y altamente sensibles, mientras aquellos que se usan para monitoreo de tratamiento deben contar con baja variabilidad biol&oacute;gica y su costo es menos importante (7, 9).</p>     <p>A continuaci&oacute;n se estudiar&aacute;n algunos de los marcadores con m&aacute;s evidencia cient&iacute;fica actual en el contexto fisiopatol&oacute;gico, desde la lesi&oacute;n ateroscler&oacute;tica hasta el infarto agudo del miocardio y su pron&oacute;stico (<a href="img/revistas/rcca/v19n6/v19n6a6f1.gif" target="_blank">Figura 1</a>). </p>     <p><b>Marcadores de disfunci&oacute;n endotelial</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La aterosclerosis es una enfermedad inflamatoria cr&oacute;nica en la que el metabolismo de las lipoprote&iacute;nas es un elemento clave en su patogenia. Cada vez se presta m&aacute;s atenci&oacute;n a los niveles plasm&aacute;ticos de los l&iacute;pidos y al papel de los f&aacute;rmacos hipolipemiantes en la enfermedad coronaria (10). Las c&eacute;lulas endoteliales, en condiciones normales, captan las lipoprote&iacute;nas de baja densidad (LDL) circulantes y las transportan hacia el espacio subendotelial, donde interact&uacute;an con proteoglicanos formando un complejo que es captado por los macr&oacute;fagos locales (11). Cuando los niveles de LDL aumentan en el plasma, se incrementa su concentraci&oacute;n en la pared vascular y entran en contacto con los radicales libres liberados por las c&eacute;lulas endoteliales, macr&oacute;fagos y c&eacute;lulas musculares lisas, siendo modificados a LDL oxidado, para posteriormente ser fagocitados por c&eacute;lulas musculares lisas y macr&oacute;fagos activados, los cuales hidrolizan y reesterifican el colesterol en gotitas lip&iacute;dicas transform&aacute;ndose en c&eacute;lulas espumosas (12). Los efectos biol&oacute;gicos de las LDL oxidadas (Ox-LDL) son diversos e incluyen: reducci&oacute;n de la s&iacute;ntesis de &oacute;xido n&iacute;trico, disfunci&oacute;n endotelial y estimulaci&oacute;n de la expresi&oacute;n de mol&eacute;culas de adhesi&oacute;n como el ICAM-1 (mol&eacute;cula de adhesi&oacute;n intercelular-1) y VCAM-1 (mol&eacute;cula de adhesi&oacute;n vascular-1). En concentraciones elevadas poseen efectos citot&oacute;xicos, lo cual predispone a la desestabilizaci&oacute;n y ruptura de la placa (13). Dentro de los biomarcadores con m&aacute;s evidencia cient&iacute;fica en esta fase se encuentran: LDL-OX, VCAM-1 e ICAM-1 y PAAP-1.</p>     <p><b>LDL oxidada (LDL-OX)</b></p>     <p>El papel de los niveles plasm&aacute;ticos de LDL-OX en el s&iacute;ndrome coronario agudo ha sido objeto de varios estudios, y se ha mostrado que puede ser un importante marcador de cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica. Imazu y colaboradores (14), examinaron la relaci&oacute;n entre los niveles plasm&aacute;ticos de LDL-OX, medida por inmunoensayo enzim&aacute;tico utilizando un anticuerpo contra LDL-OX (FOH1a/DLH3) y apolipoprote&iacute;na B, en 94 pacientes, y encontraron que los niveles plasm&aacute;ticos elevados de LDL-OX se asociaron con enfermedad coronaria, en especial con s&iacute;ndrome coronario agudo. Los niveles plasm&aacute;ticos de LDL-OX fueron significativamente mayores en pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo de reciente aparici&oacute;n que en aquellos con progresi&oacute;n de un s&iacute;ndrome coronario agudo ya establecido (2,98 frente a 1,53 mg/dL, p=0,002). En el estudio de Ehara y colaboradores (15) se midieron los niveles de LDL-OX en 135 pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo, y se mostr&oacute; que en los pacientes con infarto agudo del miocardio, los niveles de LDL-OX fueron significativamente mayores que en los pacientes con angina inestable (p &lt;0,0005) o angina estable (p&lt;0,0001) o en los controles (p&lt;0,0001) (infarto agudo del miocardio: 1,95 &plusmn; 1,42 ng/5 microgramos de prote&iacute;na LDL; angina inestable: 1,19 &plusmn; 0,74 ng/5 microgramos de prote&iacute;na LDL y grupo control: 0,58 &plusmn; 0,23 ng/5 microgramos de prote&iacute;na LDL). Este estudio sugiere que los niveles de LDL-OX muestran una correlaci&oacute;n positiva significativa con la severidad de las distintas modalidades de s&iacute;ndrome coronario agudo.</p>     <p>Hoy se ha demostrado que los niveles de LDL oxidada mediante el uso de anticuerpos monoclonales E06, reportados como el contenido de LDL oxidada  por cada part&iacute;cula de apoB-100 (relaci&oacute;n LDLox &ndash; apoB 100), se asocian fuertemente con enfermedad coronaria documentada por angiograf&iacute;a (estenosis de m&aacute;s del 50% del di&aacute;metro luminal) (14-18). Sin embargo, se requieren m&aacute;s estudios para determinar si la cuantificaci&oacute;n de los niveles de oxidaci&oacute;n de las lipoprote&iacute;nas sirve como predictor de futuros eventos coronarios; hasta la fecha su empleo ha sido con fines investigativos y aun no se cuenta con m&eacute;todos estandarizados para su aplicaci&oacute;n en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica.</p>     <p><b>Prote&iacute;na A plasm&aacute;tica asociada al embarazo (PAPP-A)</b></p>     <p>La prote&iacute;na A asociada al embarazo (PAPP-A) es una metaloproteinasa de alto peso molecular que fue identificada originalmente en el plasma de las mujeres embarazadas y se utiliz&oacute; primariamente para el tamizaje de la trisom&iacute;a fetal en el primer trimestre de gestaci&oacute;n. La PAPP-A puede ser detectada en la sangre de pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo y se cree que es producida por las c&eacute;lulas activadas en las placas inestables para posteriormente ser liberada hacia la matriz extracelular (19). La PAPP-A se ha encontrado muy expresada en las placas erosionadas e inestables, pero solo m&iacute;nimamente en las estables (20). Un estudio reciente, publicado por Mei y colaboradores, incluy&oacute; 129 pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo sin elevaci&oacute;n del segmento ST con estenosis &uacute;nica a quienes se les cuantificaron los niveles de PAPP-A y PCRus antes de ser sometidos a intervenci&oacute;n coronaria percut&aacute;nea. Se observ&oacute; que los pacientes con niveles de PAPP-A y PCRus m&aacute;s elevados (29,85 &plusmn; 19,51 mIu/L vs. 20,47 &plusmn; 14,33 mIu/L, p=0,007, y 5,63 &plusmn; 2,13 mg/L vs. 4,11 &plusmn; 1,28 mg/L, p=0,014, respectivamente), experimentaron m&aacute;s eventos cardiovasculares que aquellos con valores normales (21). En otro estudio publicado por You en 70 pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo (18 con angina inestable, 37 con infarto agudo del miocardio, 15 con angina estable y 15 controles sanos) a quienes se les cuantificaron los niveles de PAPP-A, PCRus y factor de necrosis tumoral alfa, se encontr&oacute; que los niveles de PAPP-A fueron significativamente mayores en los pacientes con angina inestable e infarto agudo del miocardio (22).</p>     <p>Los niveles de PAPP-A mayores a 2,9 mIu/L predicen un incremento de 4,6 veces el riesgo de muerte cardiovascular, infarto agudo del miocardio o revascularizaci&oacute;n incluso sin elevaci&oacute;n de las troponinas (23). Sin embargo, la evidencia sobre la PAPP-A como biomarcador para enfermedad coronaria a&uacute;n es escasa y se requieren m&eacute;todos estandarizados para su implementaci&oacute;n en el escrutinio sistem&aacute;tico del s&iacute;ndrome coronario agudo.</p>     <p><b>Mol&eacute;culas de adhesi&oacute;n: ICAM-1 y VCAM-1</b></p>     <p>Las mol&eacute;culas de adherencia intercelular (ICAM-I) y las mol&eacute;culas de adherencia a las c&eacute;lulas vasculares (V-CAM1), son muy importantes en el reclutamiento celular hacia el interior de la pared vascular. El ICAM-1, miembro de la superfamilia de las inmunoglobulinas, cumple un papel importante en la adhesi&oacute;n de c&eacute;lulas mononucleares a las c&eacute;lulas del endotelio vascular, ya que promueve la progresi&oacute;n de la placa ateroscler&oacute;tica y transforma una placa estable en una inestable a trav&eacute;s de la invasi&oacute;n de monocitos al ateroma (24). Existe evidencia disponible que muestra que los niveles elevados de ICAM-1 sirven como indicador del avance del proceso ateroscler&oacute;tico, de la tendencia a la inestabilidad y ruptura de la placa, y del riesgo de padecer eventos coronarios (25, 26).</p>     <p>En el estudio PRIME se evaluaron los niveles s&eacute;ricos de ICAM-1 y VCAM-1 de 317 pacientes que sufrieron un evento coronario y 632 controles, durante cinco a&ntilde;os de seguimiento. El riesgo relativo asociado con los niveles de ICAM-1 mayores comparados con los menores (&gt; 625 vs. &lt; 502) fue 2,45 (95% IC: 1,64-3,65, p&lt;0,001) y permanecieron elevados despu&eacute;s del ajuste para PCR (RR: 1,90; 95%, IC: 1,21-2,96, p=0,005). Se observ&oacute; que los niveles plasm&aacute;ticos elevados de ICAM-1 se asociaron con mayor riesgo de infarto y muerte por enfermedad coronaria, y concluyeron que los niveles plasm&aacute;ticos de ICAM-1 pueden servir como marcadores de futuros eventos coronarios cualquiera que sea su presentaci&oacute;n cl&iacute;nica. Adem&aacute;s, al asociarse las mediciones simult&aacute;neas de PCR e ICAM-1 se define mejor el riesgo (27). De otra parte, Postadzhiyan evalu&oacute; los niveles s&eacute;ricos de ICAM-1, VCAM-1, PCR ultrasensible y troponina T en 75 pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo, 36 con angina de pecho estable y 25 sanos, y encontr&oacute; que los niveles s&eacute;ricos de ICAM-1 y VCAM-1 discriminaron significativamente los pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo de aquellos con angina estable (p=0,014 y 0,05, respectivamente) y de los sanos (p&lt;0,001 y 0,05 respectivamente) (28). El estudio ATHEROGENE demostr&oacute; que concentraciones elevadas de ICAM-1, VCAM-1 y selectina E, se asociaron con causas de muerte cardiovascular en pacientes con enfermedad coronaria, correlacion&aacute;ndose de manera independiente los niveles de VCAM-1 como un factor predictivo de riesgo de eventos cardiovasculares (29).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por otro lado, otros estudios obtuvieron resultados menos alentadores, en los que se demostr&oacute; que los niveles de ICAM-1 no proporcionaban valor pron&oacute;stico diferente a los factores de riesgo convencionales (30, 31).</p>     <P>Marcadores de inflamaci&oacute;n</P>     <p>Los factores de riesgo pro-inflamatorios (tabaquismo, hiperglicemia, dislipidemia e hipertensi&oacute;n arterial), desencadenan una serie de est&iacute;mulos nocivos que estimulan la producci&oacute;n de leucocitos y mol&eacute;culas de adhesi&oacute;n, las cuales a su vez facilitan la uni&oacute;n de los monocitos a las c&eacute;lulas endoteliales, su entrada y su acumulaci&oacute;n en el espacio subendotelial. Una vez acumulados, dan inicio a la cascada inflamatoria, promoviendo el crecimiento, la desestabilizaci&oacute;n y la ruptura de la placa ateroscler&oacute;tica, exponiendo as&iacute; el n&uacute;cleo ateronecr&oacute;tico a la sangre perif&eacute;rica donde inducen la activaci&oacute;n plaquetaria y activan la cascada inflamatoria y dan inicio a la trombosis (<a href="img/revistas/rcca/v19n6/v19n6a6f2.gif" target="_blank">Figura 2</a>). La inflamaci&oacute;n representa un elemento clave en todas las etapas de la enfermedad ateroscler&oacute;tica, desde el inicio hasta el desenlace de las complicaciones tromb&oacute;ticas (32). Por ello, los mediadores de la inflamaci&oacute;n son atractivos como potenciales marcadores de esta enfermedad.</p>     <p>Existen m&uacute;ltiples estudios que muestran una asociaci&oacute;n entre la inflamaci&oacute;n y la enfermedad coronaria a trav&eacute;s de la medici&oacute;n de gran variedad de biomarcadores. Sin embargo, s&oacute;lo algunos de ellos son viables para su utilizaci&oacute;n en la pr&aacute;ctica cl&iacute;nica despu&eacute;s de considerar su estabilidad, la disponibilidad comercial de los reactivos, la estandarizaci&oacute;n que permita comparar resultados y la precisi&oacute;n de los ensayos medidos a trav&eacute;s del coeficiente de variaci&oacute;n (33). De los marcadores de inflamaci&oacute;n con m&aacute;s evidencia cient&iacute;fica disponible, el m&aacute;s utilizado cl&iacute;nicamente es la prote&iacute;na C reactiva ultrasensible (PCR-us), aunque a&uacute;n persiste la controversia sobre su utilidad cl&iacute;nica en los diferentes estadios de la enfermedad ateroscler&oacute;tica y su presentaci&oacute;n cl&iacute;nica.</p>     <p><b>Prote&iacute;na C reactiva ultrasensible (PCR-us)</b></p>     <p>La prote&iacute;na C reactiva, miembro de la familia de las pentraxinas, es sintetizada por los adipocitos hep&aacute;ticos en respuesta a la inflamaci&oacute;n. Desde 1944 se conoce que el plasma de los pacientes que han sufrido un infarto agudo del miocardio tiene una alta concentraci&oacute;n de PCR (34), pero m&aacute;s que su alza tras la necrosis, interesa la elevaci&oacute;n antes de &eacute;sta.</p>     <p>A pesar de conocer su v&iacute;nculo con la enfermedad coronaria, los ensayos est&aacute;ndar no pose&iacute;an la suficiente sensibilidad para detectar inflamaci&oacute;n en el rango establecido como normal. M&aacute;s recientemente, con el reconocimiento de que la inflamaci&oacute;n es un componente cr&iacute;tico en la determinaci&oacute;n de la estabilidad de la placa y con la disponibilidad de ensayos ultra sensibles, los niveles de PCR por debajo del rango establecido inicialmente como &quot;normal&quot; empezaron a tener un valor predictivo en los individuos con riesgo de enfermedad coronaria (35-37).</p>     <p>Evidencia reciente sugiere que la PCR-us puede ser sintetizada localmente por c&eacute;lulas musculares lisas y macr&oacute;fagos en las lesiones ateroscler&oacute;ticas (38, 39), por lo que puede tener efectos pro-inflamatorios directos y contribuir al inicio y progresi&oacute;n de la enfermedad ateroscler&oacute;tica al inducir la expresi&oacute;n monoc&iacute;tica de mol&eacute;culas de adhesi&oacute;n intracelular y vascular del endotelio. Tambi&eacute;n produce la disminuci&oacute;n de la concentraci&oacute;n de la &oacute;xido n&iacute;trico sintetasa y de prostaciclinas en las c&eacute;lulas endoteliales, aumentando a su vez la concentraci&oacute;n de endotelina-1. Adem&aacute;s, los monocitos expuestos a la PCR aumentan la liberaci&oacute;n de factor tisular, estimulando la migraci&oacute;n celular y la adhesi&oacute;n de lipoprote&iacute;nas de baja densidad oxidadas, lo que estimula la activaci&oacute;n plaquetaria y la v&iacute;a del factor tisular.</p>     <p>M&uacute;ltiples estudios prospectivos de diferentes cohortes han demostrado que las concentraciones elevadas de PCR-us se asocian con aumento en el riesgo de eventos coronarios despu&eacute;s del ajuste multivariable de los factores de riesgo tradicionales (40-41), por lo que seg&uacute;n las gu&iacute;as del American College of Cardiology (ACC), la principal utilidad de la PCR-us es como adyuvante a la estratificaci&oacute;n de riesgo cardiovascular en la poblaci&oacute;n sana con riesgo moderado (recomendaci&oacute;n con nivel de evidencia IIaB).</p>     <p>Un meta-an&aacute;lisis publicado por Danesh encontr&oacute; que los individuos con niveles de PCR-us ubicados en el tercil superior tuvieron un riesgo relativo de 1,45 (IC 95%, 1,25-1,68) de eventos cardiacos mayores despu&eacute;s del ajuste para los factores de riesgo convencionales comparados con los individuos con niveles en el tercil inferior (41).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Evidencia reciente del Women's Health Study sugiere que la adici&oacute;n de los niveles de PCR-us y la historia familiar de infarto agudo del miocardio prematuro a la escala global de riesgo del ATP III (Tercer panel de tratamiento del adulto, Framingham), proporciona una evaluaci&oacute;n m&aacute;s espec&iacute;fica del riesgo de eventos coronarios (42). En otro estudio publicado por Morrow y colaboradores, se defini&oacute; que en pacientes con enfermedad coronaria estable y/o s&iacute;ndrome coronario agudo la PCR-us predice la recurrencia de episodios independiente de las troponinas card&iacute;acas (43). Por otro lado, con el estudio JUPITER (44), que evalu&oacute; el uso de estatinas en pacientes asintom&aacute;ticos con niveles de LDL por debajo de 130 mg/dL (3,4 mmol por litro) y de PCR-us por encima de 2 mg/L, se estableci&oacute; el valor predictivo de la PCR para enfermedad coronaria en poblaci&oacute;n aparentemente sana.</p>     <p>A pesar de la literatura abundante que hay en la actualidad sobre la PCR-us, las l&iacute;neas gu&iacute;as internacionales s&oacute;lo la recomiendan con grado IIa como &uacute;til para seleccionar pacientes para terapia con estatinas, si cumplen los siguientes requisitos:</p>     <p>&bull;	Pacientes de g&eacute;nero masculino de 50 a&ntilde;os o m&aacute;s.    <br>   &bull;	Mujeres de 60 a&ntilde;os o m&aacute;s, con colesterol menor de 130 mg/dL, que no tomen hipolipemiantes, sin terapia de reemplazo hormonal o inmunosupresora y sin enfermedad cardiovascular cl&iacute;nica, enfermedad renal o contraindicaciones a las estatinas.</p>     <p><b>Interleucina 6 (IL-6)</b></p>     <p>Es una glicoprote&iacute;na de cadena simple producida por muchos tipos celulares, incluyendo monocitos/macr&oacute;fagos activados, c&eacute;lulas endoteliales y adipocitos.</p>     <p>Es capaz de estimular la secreci&oacute;n de prote&iacute;na 1-quimioatrayente por parte de los macr&oacute;fagos y participar en la proliferaci&oacute;n de las c&eacute;lulas musculares lisas del endotelio vascular. Representa la principal citocina procoagulante, pero su funci&oacute;n m&aacute;s importante es la amplificaci&oacute;n de la cascada inflamatoria, por lo que interviene directamente en el proceso aterotromb&oacute;tico.</p>     <p>En un estudio prospectivo de cohortes realizado por Rus, se evalu&oacute; el valor de la IL-6 como predictor de riesgo en sujetos sin enfermedad vascular y se report&oacute; que los niveles de &eacute;sta eran indicadores de enfermedad coronaria, ictus e insuficiencia card&iacute;aca (45). En el Health ABC study, se hizo seguimiento de los pacientes hospitalizados que presentaron infarto agudo del miocardio, angina refractaria o muerte, y se determin&oacute; que tuvieron mayores niveles de IL-6 al ingreso que los sujetos que permanecieron estables (46).</p>     <p>Estudios experimentales muestran que las c&eacute;lulas inmunes y las funciones inmunitarias var&iacute;an con el ritmo circadiano. Los efectos biol&oacute;gicos de las citocinas ex&oacute;genas cambian durante el ciclo noche/d&iacute;a (47, 48). Recientes avances en psiconeuroinmunolog&iacute;a muestran que la secreci&oacute;n de citoquinas yace bajo control neuroendocrino (49), en el que la hip&oacute;fisis ejerce un papel preponderante en la inmunidad a trav&eacute;s de la secreci&oacute;n circadiana de melatonina (50, 51). Varios autores exponen teor&iacute;as en las que proponen que el d&eacute;ficit nocturno de melatonina en los pacientes con s&iacute;ndrome coronario, puede contribuir al incremento de los niveles de IL-6 produciendo aumento de la reacci&oacute;n inflamatoria presente en la placa ateroscler&oacute;tica, y por ende riesgo de su ruptura (52). Sin embargo, no existen gu&iacute;as de pr&aacute;ctica cl&iacute;nica basadas en la evidencia que recomienden el uso de la IL-6 como marcador de s&iacute;ndrome coronario agudo.</p>     <p><b>CD40L</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El ligando CD40 es una glicoprote&iacute;na transmembranosa que contiene un dominio hom&oacute;logo al factor de necrosis tumoral y es expresado principalmente por plaquetas y linfocitos T activados. La subsecuente fragmentaci&oacute;n por metaloproteasas produce el ligando CD40 soluble, el cual es un fragmento soluble de 18 Kda utilizado para determinar la actividad biol&oacute;gica de CD40L (53). La uni&oacute;n de la forma soluble con el receptor de los linfocitos B lleva a su proliferaci&oacute;n, adhesi&oacute;n y diferenciaci&oacute;n. Por otro lado, la uni&oacute;n con el receptor de las c&eacute;lulas endoteliales tiene efectos proinflamatorios e indica la coagulaci&oacute;n al inducir la expresi&oacute;n del factor tisular en los monocitos y c&eacute;lulas endoteliales. Adem&aacute;s, esta uni&oacute;n produce la liberaci&oacute;n de metaloproteasas que desestabilizan la placa ateroscler&oacute;tica iniciando la trombosis coronaria (54-56). Dada la importancia del sistema CD40/sCD40L en la g&eacute;nesis de la aterotromb&oacute;sis, tambi&eacute;n se ha intentado analizar si la determinaci&oacute;n de sus valores plasm&aacute;ticos tiene un valor pron&oacute;stico.</p>     <p>En el estudio CAPTURE se observaron concentraciones plasm&aacute;ticas de sCD40L en pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo, las cuales se asociaron con un incremento en el riesgo de muerte e infarto agudo del miocardio no fatal (57). En el estudio OPUSTIMI16, se encontr&oacute; que el valor predictivo del CD40L era independiente de las concentraciones de PCR y troponina I (58). Por su parte, en el ASAP se evidenci&oacute; que el tratamiento con hipolipemiantes disminuye las concentraciones plasm&aacute;ticas de CD40L independiente de las reducciones en el colesterol (59).</p>     <p>La mayor utilidad de esta prote&iacute;na es permitir la individualizaci&oacute;n del tratamiento, as&iacute; los pacientes que tienen concentraciones plasm&aacute;ticas m&aacute;s elevadas se benefician del tratamiento con antagonistas de los receptores IIb/IIIa y se reduce el riesgo de sufrir infarto o muerte en los siguientes meses (60).</p>     <p>Sin embargo, numerosos estudios reportan incrementos en los niveles de sCD40L en varias enfermedades diferentes al s&iacute;ndrome coronario; enfermedades inflamatorias y enfermedades autoinmunes, esclerosis m&uacute;ltiple, diabetes mellitus e hipercolesterolemia, que lo convierten en un marcador inespec&iacute;fico (11). Por otro lado, se han detectado incrementos de sCD40L durante el procesamiento de las pruebas pre-anal&iacute;ticas, lo que sugiere que la activaci&oacute;n plaquetaria in vitro puede participar en la liberaci&oacute;n de esta prote&iacute;na, de manera que es necesario interpretar con cautela los resultados (61, 62). Adem&aacute;s, a pesar de que se comercializan varios enzimoinmunoan&aacute;lisis, no se describe un principio de medida estandarizado ni materiales de referencia certificados para el ligando CD40 soluble.</p>     <p><b>Mieloperoxidasa (MPO)</b></p>     <p>Es una hemoprote&iacute;na tetram&eacute;rica que est&aacute; presente y es secretada por los fagocitos activados en los sitios de inflamaci&oacute;n. Esta enzima genera productos intermedios del ox&iacute;geno al catalizar la conversi&oacute;n del per&oacute;xido de hidr&oacute;geno y cloruro a &aacute;cido hipocloroso, induciendo da&ntilde;o oxidativo a las c&eacute;lulas y tejidos. En las placas ateromatosas de pacientes con enfermedades aterotromb&oacute;ticas hay fagocitos y por consiguiente mayor actividad de la enzima, y ya que &eacute;sta utiliza como substrato al &oacute;xido n&iacute;trico, es capaz de generar especies reactivas que da&ntilde;an l&iacute;pidos y prote&iacute;nas, lo que contribuye a la peroxidaci&oacute;n lip&iacute;dica y por tanto a la formaci&oacute;n de c&eacute;lulas espumosas. Lo anterior indica como la MPO participa en la progresi&oacute;n de desestabilizaci&oacute;n de la placa aterotromb&oacute;tica y contribuye a su vulnerabilidad (63, 64).</p>     <p>En el estudio CAPTURE, Baldus y colaboradores (57) midieron los niveles de MPO en 1.090 pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo que presentaron muerte e infarto agudo del miocardio durante seis meses de seguimiento, y hallaron que aquellos con niveles elevados de MPO (&gt; 350 &micro;g/L; 31,3%) tuvieron mayor riesgo (tasa de riesgo relativo 2,25 &#91;1,32-3,82&#93;; p=0,003). Concluyeron que los niveles altos de MPO son un fuerte predictor de riesgo para eventos cardiovasculares subsecuentes y extienden la informaci&oacute;n pron&oacute;stica de los biomarcadores tradicionales. De igual forma, Brennan (65) obtuvo resultados similares en un grupo de 604 pacientes que acudieron a urgencias con dolor tor&aacute;cico sin evidencia inicial de infarto del miocardio, y demostr&oacute; que los niveles de MPO predijeron su desarrollo independientemente de otros marcadores de inflamaci&oacute;n, as&iacute; como la muerte y la revascularizaci&oacute;n a los seis meses despu&eacute;s del evento inicial. De otra parte, Apple sugiri&oacute; que los pacientes con s&iacute;ntomas de s&iacute;ndrome coronario agudo que presentan niveles elevados de troponina y MPO, aumentan los episodios adversos en 43% (66). A pesar de ello, a&uacute;n no se dispone de m&eacute;todos estandarizados para la medici&oacute;n de la MPO y hasta el momento su principal utilidad cl&iacute;nica estriba en la estratificaci&oacute;n de riesgo del paciente con s&iacute;ndrome coronario agudo, dado que es m&aacute;s un marcador de desestabilizaci&oacute;n de la placa que de da&ntilde;o oxidativo.</p>     <P>Marcadores de isquemia</P>     <p>La isquemia cardiaca es el mecanismo m&aacute;s com&uacute;n del s&iacute;ndrome coronario agudo subyacente, y cuando se instaura por periodos prolongados, puede inducir da&ntilde;o mioc&aacute;rdico y muerte celular.</p>     <p>El diagn&oacute;stico de isquemia es dif&iacute;cil en pacientes con dolor precordial agudo, particularmente en aquellos con electrocardiograma normal. Ninguna de las variables cl&iacute;nicas tradicionales (electrocardiograma de 12 derivaciones, biomarcadores de necrosis, t&eacute;cnicas de imagen) se consideran lo suficientemente sensibles ni espec&iacute;ficas en la identificaci&oacute;n de la isquemia card&iacute;aca. Por tanto, se necesitan marcadores tempranos y altamente sensibles que permitan hacer un diagn&oacute;stico precoz.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Alb&uacute;mina modificada por isquemia</b></p>     <p>La alb&uacute;mina es la prote&iacute;na de m&aacute;s alta concentraci&oacute;n plasm&aacute;tica; entre sus funciones se encuentra el transporte de iones met&aacute;licos. Posee cuatro puntos de uni&oacute;n con diferentes especificidades para estos iones. Dos de ellas se ubican en su extremo aminoterminal y confieren la capacidad de unirse a los metales de transici&oacute;n. Cuando hay isquemia, en los capilares hipox&eacute;micos se produce un cambio en el octap&eacute;ptido terminal que reduce esta capacidad de uni&oacute;n. Probablemente, las especies reactivas de ox&iacute;geno son el agente causal de este cambio conformacional en la mol&eacute;cula de alb&uacute;mina, haci&eacute;ndola actuar como antioxidante con el fin de reducir el da&ntilde;o (67).</p>     <p>El car&aacute;cter de marcador de isquemia ha quedado en evidencia en varios estudios. Bar-Or evalu&oacute; 114 pacientes con enfermedad coronaria, sin evidencia de s&iacute;ndrome coronario agudo, sometidos a angiograf&iacute;a, y 163 controles. En ellos, se determinaron los niveles de alb&uacute;mina modificada por isquemia (IMA), prote&iacute;na C reactiva ultrasensible (PCR-us) y p&eacute;ptido natriur&eacute;tico cerebral (NT-proBNP). Los niveles de IMA, PCR-us y NT-proBNP fueron mayores en los pacientes que en los controles. Para el diagn&oacute;stico de enfermedad coronaria, el mejor punto de corte de la IMA fue 101,5 KU/L con sensibilidad y especificidad de 87,7% y valor predictivo negativo de 83,3%. Por otro lado, los niveles de IMA se asociaron con mayor riesgo de enfermedad coronaria (OR= 1,23, 95% CL: 1,16-1,31; p &lt; 0,001) (68).</p>     <p>Kazanis estudi&oacute; 208 pacientes que ingresaron al servicio de urgencias con dolor tor&aacute;cico de menos de tres horas de evoluci&oacute;n a quienes se les realiz&oacute; un electrocardiograma de 12 derivaciones y muestras de sangre para medir troponinas y niveles de IMA. La sensibilidad de la alb&uacute;mina modificada por isquemia fue de 82% comparada con 45% para el electrocardiograma y 20% para las troponinas. Las combinaciones IMA con electrocardiograma e IMA con troponinas, proporcionaron una sensibilidad de 92% y 90% respectivamente. Por &uacute;ltimo, evaluaron la sensibilidad de las tres pruebas combinadas, para hallar una sensibilidad de 95% para detectar dolor tor&aacute;cico de origen isqu&eacute;mico (69).</p>     <p>La alb&uacute;mina modificada por isquemia aumenta la sensibilidad diagn&oacute;stica de los biomarcadores cardiacos convencionales. En un estudio publicado por Sinha, en 200 pacientes admitidos al servicio de urgencia con sospecha de isquemia mioc&aacute;rdica a quienes midieron niveles de mioglobina, isoforma 2 de la creatincinasa (CK-MB), troponina I (TnI) y alb&uacute;mina modificada por isquemia, la combinaci&oacute;n mioglobina, CK-MB y TnI proporcion&oacute; una sensibilidad diagn&oacute;stica de 57%, mientras que cuando se evaluaron en combinaci&oacute;n con la IMA la sensibilidad aumento a 97% con un valor predictivo negativo de 92% (70). Debido a este alto valor predictivo negativo, la medici&oacute;n de la alb&uacute;mina modificada por isquemia confiere informaci&oacute;n valiosa en el estudio del paciente con s&iacute;ndrome coronario agudo, y puede ayudar a excluir pacientes con baja probabilidad de isquemia mioc&aacute;rdica. Sin embargo, la IMA es una prueba que se puede elevar en cualquier situaci&oacute;n que curse con isquemia, por lo que su empleo como &uacute;nica prueba en el estudio del paciente con dolor tor&aacute;cico que se sospecha es de origen isqu&eacute;mico, tiene una especificidad diagn&oacute;stica inaceptable, 13,6% (71). Por otro lado, es preciso tener cautela al momento de interpretar los resultados en pacientes con concentraciones bajas de alb&uacute;mina, ya que se ha visto una correlaci&oacute;n negativa entre ambas mediciones (72).</p>     <p>El principio usado para la detecci&oacute;n de la alb&uacute;mina modificada por isquemia es la espectrometr&iacute;a de absorci&oacute;n molecular UV-visible, que consiste en la detecci&oacute;n de un complejo coloreado producto de la uni&oacute;n del cobalto a&ntilde;adido libre al ditiotreitol. Actualmente, se est&aacute; desarrollando un inmunoan&aacute;lisis (73).</p>     <p><b>Gluc&oacute;geno fosforilasa isoenzima BB</b></p>     <p>La gluc&oacute;geno fosforilasa (GP) hace parte fundamental en la regulaci&oacute;n del metabolismo de los carbohidratos al catalizar el primer paso de la glucogen&oacute;lisis, en el cual el gluc&oacute;geno es convertido en glucosa 1-fosfato, utilizando fosfato inorg&aacute;nico. Se han descrito tres isoformas diferentes: GPLL (hep&aacute;tica), GPMM (m&uacute;sculo) y GPBB (cerebro), de las cuales la MM y la BB est&aacute;n presentes en el coraz&oacute;n, y predomina la GPBB (74).</p>     <p>La GP est&aacute; unida al gluc&oacute;geno y al ret&iacute;culo sarcoplasm&aacute;tico formando un complejo macromolecular, denominado complejo ret&iacute;culo sarcoplasm&aacute;tico-glucogen&oacute;lisis. El grado de asociaci&oacute;n de la GP al complejo est&aacute; determinado por el estado metab&oacute;lico del miocardio. En situaciones de hipoxia tisular, la GP es liberada del complejo acumul&aacute;ndose en el citoplasma como una part&iacute;cula soluble, generando un gradiente de concentraci&oacute;n de GPBB en el compartimiento del ret&iacute;culo perisarcoplasm&aacute;tico, el cual, junto con el aumento de la permeabilidad capilar producto de la hipoxia, facilita la liberaci&oacute;n de la GPBB hacia la circulaci&oacute;n perif&eacute;rica (75).</p>     <p>La GPBB es liberada hacia la circulaci&oacute;n perif&eacute;rica dos a cuatro horas despu&eacute;s de iniciada la isquemia mioc&aacute;rdica y regresa a valores normales despu&eacute;s de uno a dos d&iacute;as. Su detecci&oacute;n se hace mediante t&eacute;cnicas de ELISA (76).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En un estudio publicado por Rabitzsch, en el que se incluyeron 107 pacientes con dolor tor&aacute;cico, se encontr&oacute; que la GPBB fue m&aacute;s sensible que la CK, la CK-MB, la mioglobina y la troponina T para el diagn&oacute;stico de infarto agudo del miocardio y angina inestable dentro de las primeras cuatro horas de iniciado el dolor, con un valor predictivo positivo (VPP) de 94%, un valor predictivo negativo (VPN) de 78% y un &aacute;rea bajo la curva (AUC) de 0,91 (77). Un estudio m&aacute;s reciente publicado por Peetz, incluy&oacute; 61 pacientes con s&iacute;ndrome coronario agudo en quienes compar&oacute; la GPBB con los marcadores convencionales (troponina T, CPK-MBmasa y mioglobina). Luego de seis horas de iniciado el dolor, la GPBB tuvo mayor sensibilidad (95,5%-100%) y especificidad (94%-96%) que la mioglobina (sensibilidad 85%-95%) y que la CPK-MBmasa (sensibilidad 71,4%-91,3%) (78).</p>     <p>La GPBB es un marcador prometedor para el diagn&oacute;stico temprano del s&iacute;ndrome coronario agudo; sin embargo, se requieren m&aacute;s estudios sobre su especificidad y el desarrollo de m&eacute;todos estandarizados que permitan su utilizaci&oacute;n de forma sistem&aacute;tica.</p>     <p><b>Marcadores de necrosis</b></p>     <p>El t&eacute;rmino infarto al miocardio deber&iacute;a utilizarse cuando existe evidencia de necrosis mioc&aacute;rdica en el contexto cl&iacute;nico de isquemia mioc&aacute;rdica (8). Actualmente, la piedra angular en el diagn&oacute;stico del infarto al miocardio, seg&uacute;n las gu&iacute;as de la NACB (79) as&iacute; como las de la ESC y el ACC, son las troponinas cardiacas (recomendaci&oacute;n con grado de evidencia IA) y el electrocardiograma (8, 80, 81). Este &uacute;ltimo usualmente es insuficiente para el diagn&oacute;stico debido a su baja sensibilidad y especificidad (82). En su parte, las troponinas son muy espec&iacute;ficas de da&ntilde;o mioc&aacute;rdico, pero poco sensibles al momento de presentaci&oacute;n del paciente, ya que para hacer el diagn&oacute;stico de infarto agudo del miocardio se requiere monitoreo prolongado (m&iacute;nimo seis horas) y muestras seriadas (recomendaci&oacute;n con grado de evidencia clase I) (83). Recientemente, el desarrollo tecnol&oacute;gico en los ensayos de troponinas cardiacas, ha permitido desarrollar nuevas t&eacute;cnicas mucho m&aacute;s sensible y con mejor precisi&oacute;n. El estudio APACE evalu&oacute; 786 pacientes que se presentaron al servicio de urgencias con cl&iacute;nica sugestiva de s&iacute;ndrome coronario agudo a quienes se les tomaron muestras para medir niveles de troponinas ultrasensibles mediante cuatro ensayos diferentes (Abbot-architect troponin I, Roche high-sensitive troponin T, Roche troponin I, y Siemens troponin I ultra) y muestras para medir troponinas mediante el ensayo convencional (Roche troponin T) (<a href="#figura3">Figura 3</a>). Se identific&oacute; infarto agudo al miocardio en 123 pacientes, en quienes se demostr&oacute; la mejor efectividad diagn&oacute;stica de los ensayos ultrasensibles frente a la t&eacute;cnica convencional (ABC para el Abbott&ndash;Architect Troponin I, 0,96; 95% intervalo de confianza &#91;IC&#93;, 0,94 a 0,98; para Roche High-Sensitive Troponin T, 0,96; 95% IC, 0,94 a 0,98; para Roche Troponin I, 0,95; 95% IC, 0,92 a 0,97; y para el Siemens Troponin I Ultra, 0,96; 95% IC, 0,94 a 0,98; vs. ABC para el ensayo convencional, 0,90; 95% IC, 0,86 a 0,94). El mismo comportamiento se observ&oacute; en los pacientes con menos de tres horas de iniciado el dolor anginoso, el ABC fue 0,93 (95% IC, 0,88 a 0,99), 0,92 (95% IC, 0,87 a 0,97), 0,92 (95% IC, 0,86 a 0,99) y 0,94 (95% IC, 0,90 a 0,98) respectivamente, y para la t&eacute;cnica convencional fue 0,76 (95% IC, 0,64 a 0,88) (84). Un estudio multic&eacute;ntrico de Keller publicado en 2009, incluy&oacute; 1.818 pacientes con sospecha de infarto agudo del miocardio en quienes se midieron niveles de troponina I mediante una t&eacute;cnica ultra sensible (Troponin I ultra) y niveles de troponinas mediante la t&eacute;cnica convencional (ensayo troponina T) al ingreso y a las tres y seis horas despu&eacute;s del ingreso. De las muestras obtenidas al ingreso, la efectividad diagn&oacute;stica fue mayor con el ensayo de troponina I ultrasensible, &aacute;rea bajo la curva 0,96 comparado con la t&eacute;cnica convencional (ABC 0,85); la sensibilidad diagn&oacute;stica fue 90,7% y la especificidad de 90,2%. Tambi&eacute;n se observ&oacute; que los niveles superiores a 0,04 ng/mL son un factor de riesgo independiente para el desarrollo de complicaciones a treinta d&iacute;as (85). Con base en lo anterior, las nuevas t&eacute;cnicas de detecci&oacute;n de troponinas mediante ensayos ultrasensibles, aumentan la efectividad diagn&oacute;stica en la detecci&oacute;n temprana del s&iacute;ndrome coronario agudo; no obstante, a&uacute;n se requieren m&aacute;s estudios para estandarizar la metodolog&iacute;a y evaluar su costo-efectividad al momento de ser implementada en los servicios de urgencias.</p>     <p>       <center>     <a name="figura3"></a>    <br>     <img src="img/revistas/rcca/v19n6/v19n6a6f3.gif">   </center> </p>     <P>Conclusiones</P>     <p>La b&uacute;squeda del biomarcador ideal contin&uacute;a y probablemente no acabar&aacute; nunca. Sigue la evaluaci&oacute;n de las m&uacute;ltiples mol&eacute;culas disponibles y de los nuevos marcadores potenciales como ensayos &uacute;nicos y combin&aacute;ndolos entre s&iacute;. El futuro en el tratamiento del s&iacute;ndrome coronario probablemente ir&aacute; enfocado en el an&aacute;lisis multimarcador; sin embargo nuestro conocimiento acerca del rol de cada uno de estos p&eacute;ptidos en la historia natural de la enfermedad, a&uacute;n es restringido. Todos los marcadores mencionados en esta revisi&oacute;n tienen limitaciones; muchos de los estudios usan la muerte o los eventos cardiovasculares mayores como desenlace principal al ser f&aacute;cilmente medibles; no obstante, esos desenlaces son el resultado de una constelaci&oacute;n de eventos fisiopatol&oacute;gicos que aun no est&aacute;n claramente establecidos y que podr&iacute;an ejercer un papel fundamental en el diagn&oacute;stico, pron&oacute;stico y tratamiento de la enfermedad cardiovascular. Con base en nuestra revisi&oacute;n de la literatura, los marcadores que parecen estar m&aacute;s cerca de cumplir los criterios de un biomarcador &oacute;ptimo son las troponinas ultrasensibles, la alb&uacute;mina modificada por isquemia, la mieloperoxidasa y el ligando CD40S (<a href="img/revistas/rcca/v19n6/v19n6a6t2.gif">Tabla 2</a>). Estos, junto con los que se encuentran ya incluidos en las gu&iacute;as publicadas por las sociedades cient&iacute;ficas (troponina I y T, PCR-us, CPK-MB, mioglobina), podr&iacute;an ampliar las fronteras de lo que se conoce acerca de la cardiopat&iacute;a isqu&eacute;mica. A pesar de ello, de momento no es posible emitir una recomendaci&oacute;n espec&iacute;fica teniendo en cuenta la evidencia actual.</p>     <P>Bibliograf&iacute;a</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1.	Organizaci&oacute;n Panamericana de la Salud. World Health Statistics 2007. Disponible en: <a href="http://www.paho.org" target="_blank">www.paho.org</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-5633201200060000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2.	Kesteloot H, Sans S, Kromhout D. Dynamics of cardiovascular and all-cause mortality in Western and Eastern Europe between 1970 and 2000. Eur Heart J. 2006; 27: 107-13.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-5633201200060000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>3.	Ministerio de la Protecci&oacute;n Social. Informe sobre la situaci&oacute;n de salud en Colombia-Indicadores de salud; 2007.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-5633201200060000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>4.	Pinedo J, Egea K, Mazenett E. Perfil epidemiol&oacute;gico de Cartagena de Indias, a&ntilde;o 2010. Alcald&iacute;a Mayor de Cartagena.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0120-5633201200060000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>5.	Vivanco F, Mart&iacute;n-Ventura JL, Duran MC, Barderas MG, Blanco-Colido L, Dard&eacute; VM, et al. Quest for novel cardiovascular biomarkers by proteomic analysis. J Proteome Res. 2005; 4: 1181-91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-5633201200060000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>6.	Lander ES, Linton LM, Birren B, Nusbaum C, Zody MC, Baldwin J, et al. International human genome sequencing consortium. Initial sequencing and analysis of the human genome. Nature 2001; 409: n860-921.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-5633201200060000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>7.	Vasan R. Biomarkers of cardiovascular disease: molecular basis and practical considerations. Circulation 2006; 113: 2335-62.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-5633201200060000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>8.	Clerico A. The increasing impact of laboratory medicine on clinical cardiology. Clin Chem Lab Med. 2003; 41: 871-83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-5633201200060000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>9.	LaBaer J. So, you want to look for biomarkers. J Proteome Res. 2005; 4: 1053-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-5633201200060000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>10.	Brown MS, Goldstein JL. Lipoprotein metabolism in the macrophage. Ann Rev Biochem. 1983; 52: 223-61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-5633201200060000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>11.	Steinberg D. Lewis A. Conner memorial lecture: oxidative modification of LDL and atherogenesis. Circulation 1997; 95: 1062-71.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-5633201200060000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>12.	Jialal I, Devaraj S. The role of oxidized low-density lipoprotein in atherogenesis. J Nutr 1996; 126 (Suppl 4): S1053-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-5633201200060000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>13.	Chatterjee S. Role of oxidized human plasma low density lipoproteins in atherosclerosis: effects on smooth muscle cell proliferation. Moll Cell Biochem 1992; 111: 143-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-5633201200060000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>14.	Imazu M, Ono K, Tadehara F, et al. Plasma levels of oxidized low density lipoprotein are associated with stable angina pectoris and modalities of acute coronary syndrome. Int Heart J. 2008; 49 (5): 515-24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-5633201200060000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>15.	Tsimikas S, Bergmark C, Beyer RW, et al. Temporal increases in plasma markers of oxidized low-density lipoprotein strongly reflect the presence of acute coronary syndromes. J Am Coll Cardiol. 2003; 41: 360-370.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-5633201200060000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>16.	Tsimikas S, Lau HK, Han KR, et al. Percutaneous coronary intervention results in acute increases in oxidized phospholipids and lipoprotein(a): short-term and long-term immunologic responses to oxidized low-density lipoprotein. Circulation 2004; 109: 3164-3170.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-5633201200060000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>17.	Sotirios T, et al. Oxidized phospholipids, Lp(a) lipoprotein, and coronary artery disease. N Engl J Med 2005; 353: 46-57.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-5633201200060000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>18.	Libby P, Simon DI. Inflammation and thrombosis: the clot thickens. Circulation 2001; 103: 1718-20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-5633201200060000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>19.	Heeschen C, et al. Pregnancy-associated plasma protein-A levels in patients with acute coronary syndromes: comparison with markers of systemic inflammation, platelet activation, and myocardial necrosis. J Am Coll Cardiol. 2005; 45 (2): 229-37.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-5633201200060000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>20.	Bayes-Genis A, Conover CA, Overgaard MT, et al. Pregnancy-associated plasma protein A as a marker of acute coronary syndromes. N Engl J Med. 2001; 345: 1022-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0120-5633201200060000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>21.	Mei WY, et al. Pregnancy-associated plasma protein predicts outcomes of percutaneous coronary intervention in patients with non-ST-elevation acute coronary syndrome. Heart Lung. 2010.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0120-5633201200060000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>22.	You L et al. A pilot study of the clinical relevance of the relationship between the serum level of pregnancy-associated plasma protein A and the degree of acute coronary syndrome. J Int Med Res. 2010; 38 (2): 625-32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0120-5633201200060000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>23.	Lund J, Qin QP, Ilva T, Pettersson K, Voipio-Pulkki LM, Porela P, Pulkki K. Circulating pregnancy-associated plasma protein a predicts outcome in patients with acute coronary syndrome but no troponin I elevation. Circulation 2003; 108: 1924-1926.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0120-5633201200060000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>24.	Ridker PM, Hennekens CH, Roitman-Johnson B, Stampfer MJ, Allen J. Plasma concentration of soluble intercellular adhesion molecule 1 and risks of future myocardial infarction in apparently healthy men. Lancet 1998; 351: 88-92.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0120-5633201200060000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>25.	Hwang SJ, Ballantyne CM, Sharrett R, et al. Circulating adhesion molecules VCAM-1, ICAM-1, and E-selectin in carotid atherosclerosis and incident coronary heart disease cases: the atherosclerosis risk in communities (ARIC) study. Circulation 1997; 96: 4219-25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0120-5633201200060000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>26.	Malik I, Danesh J, Whincup P, Bhatia V, Papacosta O, Walker M, et al. Soluble adhesion molecules and prediction of coronary heart disease: a prospective study and metaanalysis. Lancet 2001; 358: 971-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0120-5633201200060000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>27.	Luc G, Arveiler D, Evans A, Amouyel P, Ferrieres J, Bard JM, et al. Circulating soluble adhesion molecules ICAM-1 and VCAM-1 and incident coronary heart disease: the PRIME Study. Atherosclerosis 2003; 170: 169-176.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0120-5633201200060000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>28.	Postadzhiyan AS, Tzontcheva AV, Kehayov I, Finkov B. Circulating soluble adhesion molecules ICAM-1 and VCAM-1 and their association with clinical outcome, troponin T and C-reactive protein in patients with acute coronary syndromes. Clin Biochem 2008; 41: 126-133.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0120-5633201200060000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>29.	Blankenberg S, Rupprecht HJ, Bickel C, Peetz D, Hafner G, Tiret L, et al. Circulating cell adhesion molecules and death in patients with coronary artery disease. Circulation 2001; 104: 1336-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0120-5633201200060000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>30.	Malik I, Danesh J, Whincup P, Bhatia V, Papacosta O, Walker M, et al. Soluble adhesion molecules and prediction of coronary heart disease: a prospective study and meta-analysis. Lancet 2001; 358: 971-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0120-5633201200060000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>31.	Hansson GK. Mechanisms of disease inflammation, atherosclerosis, and coronary artery disease. N Engl J Med 2005; 352: 1685-95.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-5633201200060000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>32.	Thomas A. Pearson, George A. Mensah, R. Wayne Alexander, et al. Markers of inflammation and cardiovascular disease: application to clinical and public health practice: a statement for healthcare professionals from the centers for disease control and prevention and the american heart association. Circulation 2003; 107: 499-511.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-5633201200060000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>33.	L&ouml;fstr&ouml;m G. Comparison between the reaction of acute phase serum with Pneumococcus C-polysaccharide and with Pneumococcus type 27. Br J Exp Pathol. 1944; 25: 21-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-5633201200060000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>34.	Liuzzo G, Biasucci LM, Gallimore JR, et al. The prognostic value of C-reactive protein and serum amyloid A protein in severe unstable angina. N Engl J Med. 1994; 331: 417-424.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-5633201200060000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>35.	Morrow D, Rifai N, Antman E, et al. C-reactive protein is a potent predictor of mortality independently and in combination with troponin T in acute coronary syndromes. J Am Coll Cardiol. 1998; 31: 1460-1465.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-5633201200060000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>36.	Biasucci LM, Liuzzo G, Grillo RL, et al. Elevated levels of C-reactive protein at discharge in patients with unstable angina predict recurrent instability. Circulation 1999; 99: 855-860.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-5633201200060000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>37.	Kushner I, Broder ML, Karp D. Control of the acute phase response. Serum C-reactive protein kinetics after acute myocardial infarction. J Clin Invest 1978; 61: 235-42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0120-5633201200060000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>38.	Calabro P, Willerson JT, Yeh ET. Inflammatory cytokines stimulated C-reactive protein production by human coronary artery smooth muscle cells. Circulation 2003; 108: 1930-2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0120-5633201200060000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>39.	Yasojima K, Schwab C, McGeer EG, McGeer PL. Generation of C-reactive protein and complement components in atherosclerotic plaques. Am J Pathol 2001; 158: 1039-51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0120-5633201200060000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>40.	Mora S, Musunuru K, Blumenthal RS. The clinical utility of high-sensitivity C-reactive protein in cardiovascular disease and the potential implication of JUPITER on current practice guidelines. Clin Chem 2009; 55: 219-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0120-5633201200060000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>41.	Danesh J, Wheeler JG, Hirschfield GM, Eda S, Eiriksdottir G, Rumley A, et al. C-reactive protein and other circulating markers of inflammation in the prediction of coronary heart disease. N Engl J Med 2004; 350: 1387-1397.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0120-5633201200060000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>42.	Cook NR, Buring JE, Ridker PM. The effect of including C-reactive protein in cardiovascular risk prediction models for women. Ann Intern Med 2006; 145: 21-29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0120-5633201200060000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>43.	Morrow D, Rifai N, Antman E, Weiner DL, McCabe CH, Cannon CP, et al. C-reactive protein is a potent predictor of mortality independently of and in combination with troponin T in acute coronary syndromes: a TIMI 11A substudy. Thrombolysis in myocardial infarction. J Am Coll Cardiol. 1998; 31: 1460-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0120-5633201200060000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>44.	Fonseca FA, Izar MC, et al. Primary prevention of vascular events in patients with high levels of C-reactive protein: the JUPITER study. Expert Rev Cardiovasc Ther. 2009; 7 (9): 1041-56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0120-5633201200060000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>45.	Rus HG, Vlaicu R, Niculescu F. Interleukin-6 and inteleukin-8 protein and gene expression in human arterial atherosclerotic wall. Atherosclerosis 1996; 127: 263-271.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0120-5633201200060000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>46.	Cesari M, Penninx BW, Newman AB, Kritchevsky SB, Nicklas BJ, Sutton-Tyrrell K, et al. Inflammatory markers and onset of cardiovascular events: results from the Health ABC study. Circulation 2003; 108: 2317-22.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0120-5633201200060000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>47.	Abo T, Kawate K, Itoh K, Kumagai K. Studies on the bioperiodicity of the immune response. Circadian rhythms of human T, B and K cell traffic in the peripheral blood. J Immunol 1981; 126: 1360-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0120-5633201200060000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>48.	Maestroni GJM, Conti A, Pierpaoli W. Pineal melatonin, its fundamental immunoregulatory role in aging and cancer. Ann N Y Acad Sci 1988; 521: 140-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0120-5633201200060000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>49.	Guerrero JM, Reiter RJ. Melatonin-immune system relationship. Curr Top Med Chem 2002; 2: 167-79.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0120-5633201200060000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>50.	Dom&iacute;nguez-Rodr&iacute;guez A, Abreu-Gonz&aacute;lez P, Garc&iacute;a M, Ferrer J, de la Rosa A, Vargas M, et al. Light/dark patterns of interleukin-6 in relation to the pineal hormone melatonin in patients with acute myocardial infarction. Cytokine 2004; 26: 89-93.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0120-5633201200060000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>51.	Schonbeck U, Libby P. The CD40/CDE154 receptor/ligand dyad. Cell Moll Life Sci 2001; 58: 4-43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0120-5633201200060000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>52.	Van Kooten C, Banchereau J. CD40-CD40 ligand. J Leukoc Biol 2000; 67: 2-17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0120-5633201200060000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>53.	Henn V, Steinbach S, Buchner P, Presek P, Kroczek RA. The inflammatory action of CD40 ligand (CD154) expressed on activated human platelets is temporally limited by coexpressed CD40. Blood 2001; 15: 1047-54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0120-5633201200060000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>54.	Schonbeck U, Libby P. CD40 signaling and plaque instability. Circ Res 2001; 89: 1092-103.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0120-5633201200060000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>55.	Heeschen C, Dimmeler S, Hamm CW, van den Brand MJ, Boersma E, Zeiher AM, et al. Soluble CD40 ligand in acute coronary syndromes. N Engl J Med 2003; 348: 1104-11.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0120-5633201200060000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>56.	Andre P, Prasad KS, Denis CV, He M, Papalia JM, Hynes RO, et al. CD40L stabilizes arterial thrombi by a beta3 integrin-dependent mechanism. Nat Med. 2002; 8: 247-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0120-5633201200060000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>57.	Baldus S, Heeschen C, Meinertz T, Zeiher AM, Eiserich JP, Munzel T, CAPTURE Investigators, et al. Myeloperoxidase serum levels predict risk in patients with acute coronary syndromes. Circulation. 2003; 108: 1440-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0120-5633201200060000600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>58.	Varo N, de Lemos JA, Libby P, Morrow DA, Murphy SA, Unzo R, et al. Soluble CD40L: risk prediction after acute coronary syndromes. Circulation 2003; 108: 1049-52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0120-5633201200060000600058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>59.	Semb AG, Van Wissen S, Ueland T, Smilde T, Waehre T, Tripp MD, et al. Raised serum levels of soluble CD40 ligand in patients with familial hypercholesterolemia: down regulatory effect of statin therapy. J Am Coll Cardiol. 2003; 41: 275-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0120-5633201200060000600059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>60.	Kinlay S, Schwartz GG, Olsson AG, Rifai N, Sasiela WJ, Szarek M, et al. Effect of atorvastatin on risk of recurrent cardiovascular events after an acute coronary syndrome associated with high soluble CD40 ligand in the myocardial ischemia reduction with aggressive cholesterol lowering (MIRACL) study. Circulation. 2004; 110: 386-91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0120-5633201200060000600060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>61.	Weber M, Rabenau B, Stanisch M, Elsaesser A, Mitrovic V, Heeschen C, et al. Influence of sample type and storage conditions on soluble CD40 ligand assessment. Clin Chem 2006; 52: 888-91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0120-5633201200060000600061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>62.	Halldorsdottir AM, Stroker J, Porche-Sorbet R, Eby CS. Soluble CD40 ligand measurement inaccuracies attributable to specimen type, processing time, and ELISA method. Clin Chem 2005; 51: 1054-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0120-5633201200060000600062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>63.	Sugiyama S, Okada Y, Sukhova G, Virmani R, Heinecke J, Lobby P. Macrophage myeloperoxidase regulation by granulocyte macrophage colony-stimulating factor in human atherosclerosis and implications in acute coronary syndromes. Am J Pathol. 2001; 158: 879-91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0120-5633201200060000600063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>64.	Nicholls SJ, Hazen SL. The role of myeloperoxidase in the pathogenesis of coronary artery disease. Jpn J Infect Dis. 2004; 57: S21-2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0120-5633201200060000600064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>65.	Brennan ML, Penn MS, Van Lente F, Nambi V, Shishehbor MH, Aviles RJ, et al. Prognostic value of myeloperoxidase in patients with chest pain. N Engl J Med. 2003; 349: 1595-604.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0120-5633201200060000600065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>66.	Apple FS, Pearce LA, Chung A, Ler R, Murakamim MAM. Multiple biomarker use for detection of adverse events in patients presenting with symptoms suggestive of acute coronary syndrome. Clin Chem. 2007; 53: 874-81.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0120-5633201200060000600066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>67.	Mothes E, Faller P. Evidence that the principal CoII-binding site in human serum albumin is not at the N-terminus: implication on the albumin cobalt binding test for detecting myocardial ischemia. Biochemistry 2007; 46: 2267-74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0120-5633201200060000600067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>68.	Bar-Or D, Curtis G, Rao N, Bampos N, Lau E. Characterization of the Co(2+) and Ni(2+) binding amino-acid residues of the N terminus of human albumin. An insight into the mechanism of a new assay for myocardial ischemia. Eur J Biochem. 2001; 268: 42-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0120-5633201200060000600068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>69.	Kazanis K, et al. Ischemia modified albumin, high-sensitivity c-reactive protein and natriuretic peptide in patients with coronary atherosclerosis. Clinica Chimica Acta 2009; 408 (1-2).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0120-5633201200060000600069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>70.	Sinha MK, Roy D, Gaze DC, Collinson PO, Kask JC. Role of ''Ischemia Modified Albumin'', a new biochemical marker of myocardial ischemia, in the early diagnosis of acute coronary syndromes. Emerg Med J. 2004; 21: 29-34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0120-5633201200060000600070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>71.	Anwaruddin S, Januzzi Jr JL, Baggish AL, Lewandrowski EL, Lewandrowski KB. Ischemia-modified albumin improves the usefulness of standard cardiac biomarkers for the diagnosis of myocardial ischemia in the emergency department setting. Am J Clin Pathol. 2005; 123: 140-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S0120-5633201200060000600071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>72.	Keating L, Benger JR, Beetham R, Bateman S, Veysey S, Kendall J, et al. The PRIMA study: presentation ischaemia modified albumin in the emergency department. Emerg Med J. 2006; 23: 764-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0120-5633201200060000600072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>73.	Zapico Mu&ntilde;iz E, Santalo' Bel M, Merce' Munta&ntilde;ola J, Montiel JA, Mart&iacute;nez Rubio A, Ordo&ntilde;ez Llanos J. Ischemia-modified albumin during skeletal muscle ischemia. Clin Chem. 2004; 50: 1063-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0120-5633201200060000600073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>74.	Sinhg et al. Cardiac biomarkers - the old and the new: a review. Coronary Artery Disease 2010; 21: 244-256.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S0120-5633201200060000600074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>75.	Krause EG, Rabitzsch G, Noll F, Mair J, Puschendorf B. Glycogen phosphorylase isoenzyme BB in diagnosis of myocardial ischaemic injury and infarction. Mol Cell Biochem 1996; 160-161: 289-295.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S0120-5633201200060000600075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>76.	Mair J. Glycogen phosphorylase isoenzyme BB to diagnose ischaemic myocardial damage. Clin Chim Acta 1998; 272: 79e86.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000242&pid=S0120-5633201200060000600076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>77.	Rabitzsch G, Mair J, Lechleitner P, et al. Immunoenzymometric assay of human glycogen phosphorylase isoenzyme BB in diagnosis of ischemic myocardial injury. Clin Chem 1995; 41: 966e78.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000244&pid=S0120-5633201200060000600077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>78.	Peetz D, Post F, Schinzel H, et al. Glycogen phosphorylase BB in acute coronary syndromes. Clin Chem Lab Med 2005; 43: 1351e8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S0120-5633201200060000600078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>79.	National Academy of Clinical Biochemistry. National Academy of Clinical Biochemistry Laboratory medicine practice guidelines: Clinical characteristics and utilization of biochemical markers in acute coronary syndromes. Clin Chem. 2007; 53: 552-74.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000248&pid=S0120-5633201200060000600079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>80.	Anderson JL, Adams CD, Antman EM, et al. ACC/AHA 2007 guidelines for the management of patients with unstable angina/non ST-elevation myocardial infarction: a report of the American College of Cardiology/American Heart Association Task Force on Practice Guidelines (Writing Committee to Revise the 2002 Guidelines for the Management of Patients With Unstable Angina/Non ST-Elevation Myocardial Infarction): developed in collaboration with the American College of Emergency Physicians, the Society for Cardiovascular Angiography and Interventions, and the Society of Thoracic Surgeons: endorsed by the American Association of Cardiovascular and Pulmonary Rehabilitation and the Society for Academic Emergency Medicine. Circulation 2007; 116 (7): e148-e304.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000250&pid=S0120-5633201200060000600080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>81.	Bassand JP, Hamm CW, Ardissino D, et al. Guidelines for the diagnosis and treatment of non-ST-segment elevation acute coronary syndromes. Eur Heart J 2007; 28: 1598-660.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000252&pid=S0120-5633201200060000600081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>82.	Wang K, Asinger RW, Marriott HJ. ST segment elevation in conditions other than acute myocardial infarction. N Engl J Med 2003; 349: 2128-35.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000254&pid=S0120-5633201200060000600082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>83.	Macrae AR, Kavsak PA, Lustig V, et al. Assessing the requirement for the 6-hour interval between specimens in the American Heart Association Classification of Myocardial Infarction in Epidemiology and Clinical Research Studies. Clin Chem 2006; 52: 812-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000256&pid=S0120-5633201200060000600083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>84. Reichlin T, Hochholzer W, Bassetti S, Steuer S, Stelzig C, Hartwiger S, et al. Early diagnosis of myocardial infarction with sensitive cardiac troponin assay. N Engl J Med 2009; 361: 858-67.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000258&pid=S0120-5633201200060000600084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>85.	Keller T, Zeller T, Peetz D, et al. Sensitive troponin I assay in early diagnosis of acute myocardial infarction. N Engl J Med 2009; 361: 868-877.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000260&pid=S0120-5633201200060000600085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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